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En la Antología se presentan estudios de caso sobre la administración del agua. La presencia,
En la Antología se presentan estudios de caso sobre la administración del agua.
La presencia, la preferencia social y la resiliencia de organizaciones de base
para el gobierno y la operación de sistemas de riego y de sistemas de abasto de
agua para uso doméstico. La sinergia y el desfase entre los marcos jurídicos y
las capacidades de auto-organización comunitarias y multi-comunitarias.
ANTOLOGÍA SOBRE RIEGO
Instituciones para la gestión del agua:
La gobernanza del agua se considera un asunto urgente y esencial en el país,
sin embargo las propuestas de diseños organizativos han prestado poca o nula
atención a las capacidades organizativas de los usuarios y han ignorado la exis-
tencia de organizaciones de base eficaces.
vernáculas, alegales e informales
En el texto se argumenta que incorporar la realidad y experiencia de las auto-
organizaciones a la legislación nacional, permitiría una gobernanza del agua más
eficaz. Se argumenta que, a pesar de la ausencia de sinergia entre capacidades
de auto-organización y legislación, las organizaciones de base han sido asom-
brosamente resilientes.
Jacinta Palerm Viqueira
Tomás Martínez Saldaña
editores
ANTOLOGÍA SOBRE RIEGO
Palerm Viqueira, Martínez Saldaña. Editores.

ANTOLOGÍA SOBRE RIEGO

Instituciones para la gestión del agua: vernáculas, alegales e informales

ANTOLOGÍA SOBRE RIEGO

Instituciones para la gestión del agua: vernáculas, alegales e informales

Jacinta Palerm Viqueira Tomás Martínez Saldaña

editores

COLEGIO DE POSTGRADUADOS
COLEGIO DE
POSTGRADUADOS
vernáculas, alegales e informales Jacinta Palerm Viqueira Tomás Martínez Saldaña editores COLEGIO DE POSTGRADUADOS
vernáculas, alegales e informales Jacinta Palerm Viqueira Tomás Martínez Saldaña editores COLEGIO DE POSTGRADUADOS
vernáculas, alegales e informales Jacinta Palerm Viqueira Tomás Martínez Saldaña editores COLEGIO DE POSTGRADUADOS

Título de la obra:

Antología sobre riego:

Instituciones para la gestión del agua: vernáculas, alegales e informales

© Jacinta Palerm Viqueira

© Tomás Martínez Saldaña

Editores

© 1a Edición, 2013

Edición original publicada por:

D. R. © 2013, Colegio de Postgraduados Carretera México-Texcoco Km. 36.5 Montecillo, Texcoco 56230, Estado de México

Biblioteca Básica de Agricultura:

Colegio de Postgraduados Editorial del Colegio de Postgraduados Universidad Autónoma Chapingo Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura Grupo Mundi-Prensa

ISBN: 978-607-715-141-8

© Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción, total o

parcial de este libro ni el almacenamiento en un sistema informático, ni la transmisión de cualquier forma o cualquier medio, electrónico, mecánico, fotocopia, registro u otros medios sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.

Impreso en México PRINTING ARTS MEXICO, S. de R. L. de C. V. Calle 14 no. 2430, Zona Industrial Guadalajara, Jalisco, México. C.P. 44940 Fax: 3810 5567 www.tegrafik.com

Tiraje: 1000 ejemplares.

Prólogo José A. Rivera

Presentación

Tomás Martínez

Índice

Introducción: Capacidades de auto-organización de los regantes y legislación Jacinta Palerm Viqueira

I. Organizaciones autogestivas en los distritos de riego:

el caso del módulo II (Nazas) del Distrito de Riego 017 Carlos Cháirez Araiza, Jacinta Palerm Viqueira

II. Organizaciones autogestivas en los distritos de riego:

el caso del módulo III (San Jacinto) del Distrito de Riego 017 Carlos Cháirez Araiza, Jacinta Palerm Viqueira

III. Tradición hidráulica en el módulo de riego Valle de

Santiago Benito Rodríguez Haros

IV. Salvatierra, Distrito de Riego 011 Alto Lerma

Benito Rodríguez Haros, J. Trinidad Hernández Palmerín, Carla

María Pérez Hurtada

V. El sistema de riego Tepetitlán (México): mejoras en

la distribución del agua a partir de la transferencia Acela Montes de Oca Hernández, María Cristina Chávez-Mejía, Jacinta Palerm Viqueira

VI. Los reservorios secundarios (jagüeyes) en el siste-

ma de riego Tepetitlán: el control local Acela Montes de Oca Hernández, Jacinta Palerm Viqueira

VII. Movilizaciones en época de estiaje en el Distrito de Riego 003 Tula Guadalupe Venado, Jacinta Palerm Viqueira

VIII. Junta de Aguas del río Tejalpa y sus afluentes Noé Antonio Aguirre González, Roberto Montes Hernández, Jacinta Palerm Viqueira

IX. La Cañada de Huamuxtitlán: estructuras organiza-

tivas para la distribución del agua América Rodríguez Herrera, Berenise Hernández Rodríguez, Lidia Santos, Jacinta Palerm Viqueira

X. El riego por mangueras en ladera: los ejidos de Me-

tepec, Morelos Anabel González Pérez, Maligé Guzmán Puente, Jacinta Palerm Viqueira

XI. ¿Continuidad o Ruptura? El sistema de riego del río

Cuautitlán, Estado de México Israel Sandré Osorio

XII. La administración de sistemas de abasto de agua

para uso doméstico en la región de los volcanes: el pa- pel de las comunidades

Sara López, Tomás Martínez Saldaña, Jacinta Palerm Viqueira

XIII. Mujeres, agua potable y organización comunita- ria. Un estudio comparativo en la Sierra Mazateca de Oaxaca Alejandrina García Dávila, Verónica Vázquez García

XIV. Las aguas de los pueblos: legislación sobre aguas y

la propiedad corporada. Una breve revisión documental Rosa Josefina Bárcenas Argüello, Jacinta Palerm Viqueira

Prólogo

Los casos presentados en esta Antología confirman que, a pesar de los cambios en el ambiente legal, político y regulatorio, así como de las implacables fuerzas de la modernización y de las tendencias de control por el Estado burocrático, el auto-gobierno como sistema de administración del agua persiste —lo que es una hazaña asombrosa. Una observación paralela es que nosotros, como científicos so- ciales, continuamos estudiándolos, tal y como debemos hacerlo. Pues muchos de nosotros estamos intrigados por las asociaciones de regantes que se auto-organi- zan y auto-gobiernan, que desarrollan sus propias reglas y otros contratos sociales por los que se rige la comuna de regantes, y que, también, al ser amenazados por fuerzas externas, se movilizan para defender sus derechos y tradiciones. En estos tiempos de recesiones económicas es especialmente útil estudiar organizaciones autogestivas que operan al margen del Estado, y que sirven como instituciones mo- delo de autosuficiencia. Debemos también evaluar un conjunto de otras presiones sobre el uso de los recursos naturales, tales como el crecimiento demográfico y la urbanización, la variabilidad climática, el cambio tecnológico, la globalización, los efectos de los mercados y una mayor demanda de agua por todos los sectores de la sociedad. ¿Puede la auto-gestión de los sistemas de riego adaptarse satisfactoria-

mente a estas condiciones cambiantes, o habrá un punto de inflexión en el que son susceptibles al colapso? Los sistemas de riego auto-gobernados en México, tal como otros sistemas ad- ministrados por pequeños agricultores alrededor del mundo, enfrentan creciente- mente retos a su integridad institucional y funcional. Estas instituciones y organi- zaciones de regantes pueden ser desestabilizadas de varias maneras:

1. En el sentido técnico: El sistema de flujo por gravedad del riego por ace- quias requiere una cantidad mínima de carga hidráulica para empujar el agua a través de toda la red de distribución (el canal general o acequia madre y laterales). La extracción de grandes cantidades de agua, ya sea del río o del canal mismo, por ejemplo, podrían reducir la carga hidráulica, especialmente durante periodos de bajo flujo como bajo condiciones de sequía. Sin agua en la bocatoma, los incentivos para la acción colectiva están en riesgo.

2. En el sentido de la administración: Una administración adecuada y equita- tiva de la acequia requiere que se mantenga completa. Como miembros de un sistema de propiedad común, los regantes comparten equitativamente los costos y beneficios de administrar el sistema. Esto también incluye la responsabilidad por la conservación, mantenimiento, reparación y limpieza anual de la propiedad común: la estructura de derivación, las compuertas, drenes, así como la red misma, la acequia madre y laterales. Cuando el sis- tema pierde parte de esta capacidad humana, la carga debe ser traslada a los regantes restantes.

3. En el sentido económico: La obligación principal del sistema es entregar agua a los campos de los agricultores con el fin de hacer crecer los cultivos, ya sea para auto-consumo, trueque o venta a mercados externos. La dis- tribución del agua a los campos crea un paisaje del agua, o un paisaje de trabajo que en sí produce servicios ecosistémicos como un bien social, pero también provee directamente a los regantes beneficios críticos económicos e ingresos. Si los rendimientos económicos declinan o desaparecen, la capa- cidad del colectivo para pagar por la operación y mantenimiento amenaza la viabilidad financiera del sistema.

4. En el sentido político: Como sistemas de auto-gobierno, la funcionalidad de la acequia también depende de la participación constante y activa de to- dos los regantes; la pérdida de membresía puede erosionar la capacidad de estas democracias para establecer normas comunes, hacer decisiones ope- racionales, elegir autoridades, monitorear el cumplimiento, y llevar a cabo una supervisión adecuada de los asuntos de la acequia. Es también un cri- terio importante a considerar el reconocimiento –o su ausencia– por par- te de las agencias gubernamentales, por la legislación y las normativas. A menudo, bajo la apariencia de “reforma”, los cambios en las leyes usurpan la autoridad de los regantes sobre sus sistemas de riego a pesar de sus rei- vindicaciones históricas a la autonomía o a sus derechos de agua históricos.

En conjunto, estos factores pueden fusionarse, agravando la inestabilidad del sistema. Investigaciones sobre sistemas de propiedad común demuestran que los apropiadores de recursos naturales requieren un nivel mínimo de garantías de que su empresa de acción colectiva continuará funcionando como se diseñó original- mente, es decir, que sus derechos, privilegios y beneficios se mantendrán intactos en el futuro. Si se introducen cambios externos, o a veces internos, que amenacen estos acuerdos institucionales básicos, o si los costos son mayores que los recursos obtenidos, entonces sus incentivos para seguir invirtiendo en la empresa disminu- yen y todo el sistema puede desestabilizarse (Yang Tang, 1992). Los derechos de uso común a menudo proporcionan a los sistemas tradicionales cohesión social y una forma estable de administración del recurso que, a su vez, promueve una adap- tación eficiente a la cambiante disponibilidad de los recursos, pero la combinación de crecimiento demográfico, cambio tecnológico, cambio climático y políticas pú- blicas pueden y han desestabilizado a muchas instituciones de propiedad común existentes en el mundo (Runge, 1992). ¿Cómo puede el auto-gobierno contrarrestar estas y otras fuerzas potenciales de desestabilización? ¿Cuáles son los cimientos de estas organizaciones autogesti- vas, y cómo pueden fortalecerse en tiempos de perturbaciones del sistema natural o turbulencias en el entorno jurídico-político? Para analizar estas preguntas, con- sideremos los trabajos de Ostrom y Maass. Según Ostrom (1992), un sistema per- durable de propiedad común es uno que ha estado en funcionamiento por varias

generaciones, que establece límites claramente definidos, y que confecciona reglas para la apropiación y provisión del recurso adaptadas a las condiciones locales. En consonancia con los principios de diseño de Ostrom, los regantes modifican las re- glas de operación según las características específicas de su entorno y, cuando en- frentan una turbulencia inesperada, echan mano de un reservorio de adaptaciones pasadas y determinan cómo resolver los nuevos problemas que se presentan. En trabajos más recientes, Ostrom modificó sus principios de diseño para desarrollar un marco de trabajo que analiza las interacciones humano-ambientales como com- plejos sistemas socio-ecológicos con atributos de gobernanza que pueden afectar y ser afectados por los contextos, de mayor o menor escala, socioeconómicos, políti- cos y ecológicos en los que están inmersos (Ostrom, 2007; Cox, 2010). Según Maass (1978), el riego reduce la incertidumbre en un entorno de otra manera inhóspito, pero requiere que los agricultores mantengan un alto nivel de organización y auto-disciplina en sus procedimientos para distribuir una cantidad limitada de agua y para resolver conflictos sobre el desarrollo de suministros adicio- nales. ¿Cómo se organizan y cómo actúan los regantes colectivamente para controlar sus propios destinos como agricultores? ¿Las asociaciones de regantes operan bajo reglas de participación popular, control local y autoridad discrecional, y qué tanto se adhieren a los principios de justicia, equidad, y procedimientos para una ordena- da resolución de conflictos? Los sistemas de riego gestionados por agricultores que cumplen con los criterios establecidos por Maass son más propensos a perdurar, y las organizaciones exitosas se auto-renovarán cuando confronten amenazas a su solidaridad. Las perturbaciones y otros golpes al sistema colectivo a menudo abren oportunidades para renovar o reorganizarse en una nueva trayectoria, un elemento clave de capacidad adaptiva que se aprende a través de múltiples generaciones de memoria social sobre la institución (Folke, 2006). Ultimadamente, lo que parece importar más en la cuestión sobre qué tan ro- busto es el sistema consiste en la capacidad de la organización de auto-gobierno no sólo para adaptarse al cambio, sino también para amoldar el cambio a un futuro más deseable, por rutas de desarrollo que son sostenibles (Folke, 2006). Los casos en esta Antología señalan terreno fértil que nosotros, como científicos sociales, podemos seguir investigando más realizar análisis a mayor profundidad, especial- mente en colaboración con otras disciplinas de las ciencias físicas y naturales, y en

proyectos de investigación donde las asociaciones de usuarios del agua sean nues- tros colaboradores y co-investigadores. Los ensayos de los estudios de caso sobre sistemas auto-gobernados reunidos en este libro sugieren una serie de factores de resiliencia que podemos analizar no sólo para construir conocimiento, sino tam- bién para estimular el desarrollo de políticas públicas y legislación favorable a los sistemas de riego auto-gobernados:

1. La cultura de ayuda mutua

2. Reglas de gobernanza

3. Control local y autoridad sobre la toma de decisiones

4. La capacidad adaptiva para recuperarse

5. El poder y la solidaridad de la asociación

La supervivencia humana depende más de estrategias cooperativas de unión mu- tua que en los mezquinos intereses de los individuos motivados por la ganancia privada. A la resiliencia de los sistemas de riego auto-gobernados han contribuido muchos factores, pero el concepto de ayuda mutua recíproca es uno de los funda- mentos esenciales de la cohesión social. Los principios de mutualidad están inte- grados en las reglas para compartir y para la distribución equitativa del agua en un sistema rotativo de turnos. Los resultados de investigaciones de estudios de caso internacionales han concluido que los sistemas de gestión son más eficaces cuando las reglas de gobierno son diseñadas y se hacen cumplir por los mismos usuarios, y no impuestas por una remota burocracia. Cuando se compara con la adminis- tración por el Estado, el auto-gobierno tiende a ser más eficiente porque puede modificar las reglas de operación para adaptarse a las condiciones específicas del entorno social y físico, así como para responder a las contingencias en situaciones de cambio rápido (Yan Tang, 1992). El control local y la autoridad discrecional en el gobierno son elementos cla- ves en la resiliencia del sistema, pues estas organizaciones de auto-gobierno son instituciones locales que aprenden a desarrollar la capacidad para responder a la retroalimentación ambiental más rápido que las agencias centralizadas. Al estar in situ las instituciones de autogobierno están físicamente más cerca de los recur- sos, y hay un mayor peso de “aprender haciendo”, aprendizaje que se acumula en

la memoria colectiva de conocimiento ecológico práctico (Davidson-Hunt y Ber- kes, 2002). A su vez, la capacidad adaptiva de responder al cambio se ve reforzada por la memoria institucional de aprendizaje social y ecológico, esta memoria es un componente del capital cultural que ayuda con la recuperación y renovación cuan- do se producen eventos de crisis, debidos a los mercados externos, fallos en los re- cursos, nueva legislación, o políticas gubernamentales deficientes (Folke, Colding y Berkes, 2002). En sus muchas décadas de estudiar el significado cultural de paisajes hidráu- licos ancestrales alrededor del mundo, Glick (2006) aboga por la preservación de huertas, oasis, pólderes y chinampas como artefactos humanos que han sido pro- veedores estables de alimentos. Según el análisis de Glick, los sistemas agrícolas tradicionales son intensivos en conocimiento y el conocimiento del funcionamien- to del sistema en su conjunto lo detenta el colectivo de los regantes, particularmen- te en lo que se refiere a micro regiones distintivas: suelos, condiciones climáticas, cultivos, y los requerimientos de agua para todos los nichos adecuados para la agri- cultura. La mutualidad de los regantes deriva de los valores implícitos en las reglas

de operación para la distribución del agua, esto es la equidad, la justicia y el control local (Glick 2006). En el contexto global, el poder de la asociación es una enseñanza a compartir por todas las culturas, como una estrategia de supervivencia equitativa, adaptable

y perdurable. La diversidad cultural es en sí misma un recurso global, al igual que

las instituciones de base que proporcionan recursos vitales bajo normas de ayuda mutua y en concordancia con las costumbres, creencias y valores locales que son importantes para el bien colectivo. Para los legisladores y los organismos que di-

señan las políticas públicas, un sabio curso de acción sería el de reconocer, validar

e incorporar el capital social de las culturas tradicionales. El auto-gobierno de los

sistemas de riego no siempre es exitoso, pero estudios de caso de todo el mundo han demostrado que los regímenes jurídico-políticos que son más hospitalarios con las iniciativas locales es más probable que tengan como resultado organizacio- nes locales de auto-gobierno más efectivas (Yan Tang, 1992). Se debe presionar, especialmente a los gobiernos, a desarrollar programas de asistencia legal, técnica y financiera para apoyar en lugar de debilitar a las institu- ciones locales. Los proyectos de mejora de la infraestructura de riego deben incluir

los costos de participación por las asociaciones de usuarios del agua afectadas. Los financiadores de investigaciones deben presupuestar los costos de la participación de los regantes junto con otros gastos de la investigación. Para mejorar la cantidad y calidad de la participación local, las agencias públicas deben desarrollar progra- mas de fortalecimiento de las capacidades en colaboración con las asociaciones de regantes y sus autoridades, incluyendo las alianzas entre sistemas. La sinergia de estas relaciones horizontales probablemente se sumará a la capacidad de las organizaciones de regantes para movilizarse a favor del desarrollo de leyes y de políticas con una perspectiva “desde abajo” y no “desde arriba”.

José A. Rivera University of New Mexico

Agradecimientos. A Guiomar Palerm por la traducción del inglés.

Referencias

Cox, Michael 2010 Exploring the Dynamics of Social-Ecological Systems: The Case of the Taos Valley Acequias. Tesis doctorado, School of Public and Environmental Affairs, Indiana University. Davidson-Hunt, Iain J. y Fikret Berkes 2002 “Nature and society through the lens of resilience: Toward a human-in-ecosystem perspective.” In Navigating Social-Ecological Systems, Fikret Berkes, Johan Colding, y Carl Folke, eds. West Nyack, NY: Cambridge University Press, pp. 53-82. Folke, Carl 2006 “Resilience: The emergence of a perspective for social-ecological systems analysis.” Global Environmental Change 16: 253-267. Folke, Carl, Johan Colding, y Fikret Berkes 2002 “Synthesis: Building resilience and adaptive capacity in social-ecological systems.” In Navigating Social-Ecological Systems, Fikret Berkes, Johan Colding, y Carl Folke, eds. West Nyack, NY: Cambridge University Press, pp. 352-387. Glick, Thomas F. 2006 “Historical Status and Cultural Meaning of Historic Hydraulic Landscapes: Oases”, ponencia presentada en el Primer Congreso Internacional sobre Oasis y Turismo Sostenible, Elche, España. Maass, Arthur, y Raymond L. Anderson [1978] 1986 … and the Desert Shall Rejoice: Conflict, Growth and Justice in Arid Environments. Malabar, FL: Robert E. Krieger Publishing Co., pp. 1-10, 366-376. Ostrom, Elinor 1992 Crafting Institutions for Self-Governing Irrigation Systems. San Francisco:

Institute for Contemporary Studies, pp. 67-79. Ostrom, Elinor 2007 “A diagnostic approach for going beyond panaceas” Proceedings of the National Academy of Science 104 (39): 15181-15187. Runge, Ford C. 1992 “Common property and collective action in economic development.” In Making the Commons Work: Theory, Practice, and Policy, Daniel W. Bromley, ed. San Francisco:

Institute for Contemporary Studies, pp.17-39. Yan Tang, Shui 1992 Institutions and Collective Action: Self-Governance in Irrigation. San Francisco:

Institute for Contemporary Studies, pp. 22, 129-131, 136.

Presentación

El pequeño riego es un logro tecnológico de la antigüedad que ha llegado hasta nuestros días. Está presente en todas las sociedades; algunas de ellas le deben su origen y su organización. Se entiende por pequeño riego la infraestructura y la ca- pacidad autogestiva de una familia o una pequeña comunidad de campesinos para llevar agua a las tierras labrantías y así producir alimentos. Normalmente el peque- ño riego implica una organización siempre presente que ata a un número deter- minado de productores organizados en sistemas de manejo de agua y autogestión administrativa de derechos y responsabilidades con el fin de que éste se mantenga de manera permanente. El estudiar el pequeño riego es trascendente ya que la mitad de las cosechas del mundo se cultivan gracias a él: el arroz, el trigo, la cebada, el maíz son producidos por manos campesinas y productores rurales. Ni los grandes centros cerealeros en Estados Unidos o Europa, que alcanzan altísimos niveles de producción, de inver- sión y subsidio, compiten con los pequeños centros productores de todo el mundo en calidad y en resiliencia, sin contar con apoyos. En México la mitad del riego nacional se desarrolla gracias a los pequeños usuarios; la otra mitad es lo que se llama la gran irrigación, subvencionada por el Estado mexicano.

El libro que aquí se presenta es precisamente un aporte en este sentido. Des- pués de años de trabajo se logra conjuntar una serie de trabajos de campo, de infor- mes y de estudios que dan cuenta del proceso actual del pequeño riego en México. El recuento es directo, pesado, sin concesiones; se ve lo que existe, se presenta lo que se registró, virtudes de la investigación que permiten al lector acercarse al fe- nómeno del pequeño riego con cierta seguridad de acercarse y valorar por uno mis- mo lo que está sucediendo en la mitad del agro irrigado de México, precisamente el agro de la pequeña irrigación. A pesar de ser una muestra mínima a nivel nacional, los estudios de caso presentados en estas páginas nos aportan una imagen general compleja pero ilustrativa a nivel regional. El común denominador que vemos en los estudios, incluido el sucinto ejercicio introductorio, lo constituye la comunidad, el estado y la descripción de los siste- mas hidráulicos en pequeña escala, es decir, los regadíos en manos de pequeños usuarios. La lectura general del texto nos conduce a señalar como primer concepto básico a la comunidad, comprendida dentro de la estructura social donde se ubica el sistema de riego, sus usuarios, sus autoridades, sus relaciones de derecho con- suetudinario que facilitan su manejo y sobrevivencia. Otro común denominador que aparece caso por caso es la complejidad agraria de los sistemas agrícolas, es decir, las múltiples formas de organización que no registra el derecho agrario. Los sistemas sociales que surgen del pequeño riego –aun cuando sea difícil limitarlos, registrarlos y orientarlos hacia objetivos de política nacional –requieren de lega- lidad y legitimidad que sólo pueden ser derivadas del derecho. Este libro nos da muestra fehaciente de ello. Si calificáramos este proceso social de manejo comunitario de los sistemas de pequeño riego en términos de economía de energía diríamos que estamos delante de sistemas resilientes, o sea sistemas que tienen capacidad de sobrevivir, reprodu- cirse y continuar creciendo. El manejo del agua en forma comunitaria, no sólo en su conducción, sino en su captación y entrega, contribuye a estos fines. A final de cuentas es la organización autogestiva de la comunidad el motor de ésta y el riego, el inicio societario de la formación de su estructura social. A la interrogante de qué tanta autoridad y capacidad regulatoria tiene la comu- nidad, se enfocan algunos de los artículos de este libro, que trata de dar respuestas de manera etnográfica. También responde a cuestionamientos tales como cuál es

el papel del Estado como regulador del riego, qué indicadores deberían utilizarse para medir la eficiencia de la entrega del agua y si el Estado está cumpliendo su papel en esta importante función social. El valorar su papel es trascendente hoy en día porque el uso del agua en manos de intereses que buscan únicamente la espe- culación del capital ha resultado catastrófico, no sólo en el pequeño riego ni sólo en los países agrarios. Aún en los países desarrollados se ha abandonado la idea de privatizar el manejo del agua, haciendo caso omiso de la promoción de las institu- ciones monetarias internacionales en este sentido. Las voces de los estudiosos aquí reunidos se unen a otras voces autorizadas en otras partes del mundo en la visión de la necesidad de analizar este tema y propo- ner soluciones a los problemas derivados de la irrigación y de su papel en la bús- queda de un planeta más sustentable.

Tomás Martínez Saldaña Colegio de Postgraduados

Introducción:

Capacidades de auto-organización de los regantes y legislación

Jacinta Palerm Viqueira

Esta Antología aborda casos en los cuales los usuarios se auto-gobiernan y que, además de gobernarse a si mismos, se ocupan también de la operación, es decir prescinden de contratar personal especializado. En la primera parte de la Introducción presentamos el marco analítico: la dis- cusión sobre el impacto del regadío en la organización social, los límites a la au- togestión sin personal especializado y la importancia de un marco jurídico ade- cuado para estimular la autogestión. Se justifica el interés de explorar en el caso de México el impacto de un marco jurídico cambiante sobre las organizaciones de auto-gobierno. En la segunda parte de la Introducción presentamos el análisis de los resul- tados de la investigación de casos. Mientras la expectativa era de imposibilidad o dificultades de gestión en ausencia de un respaldo jurídico a la organización, lo que muestra el análisis es la resiliencia de las organizaciones. En la tercera parte de la Introducción presentamos una sinopsis de los estudios de caso compilados en esta Antología entrelazando legislación, políticas públicas y los estudios de caso realizados. Se hace referencia también a la dinámica y meto- dología utilizada por el equipo de investigación.

CAPACIDADES DE AUTO-ORGANIZACION Y LEGISLACIÓN

Los estudios sobre organización social y riego proponen que hay una respuesta o contra-parte organizativa a la infraestructura hidráulica. Aunque los autores difie- ren sobre la respuesta social a la práctica de la agricultura de riego, coinciden en que hay consecuencias institucionales. El debate sobre la respuesta social al regadío opuso la necesidad de un Estado administrador (para la gran irrigación) a la capaci- dad de los regantes de contar con instituciones cohesivas, democráticas y capaces de negociar con el Estado (Wittfogel, 1957; Maass et al, 1976; Glick, 1970; Hunt, 1988). En paralelo, se incorporó a la discusión la problemática específica de requeri- mientos distintos para la administración o, más visiblemente, para la operación de los pequeños y grandes sistemas de riego 1 . Los grandes sistemas, aun cuando se caractericen por contar con auto-gobierno 2 , requieren de personal contratado es- pecializado (de una burocracia o tecnocracia) (Mabry, 1996; Worster, 1985; Vaid- yanathan, 1985; Palerm, 2000, 2006). Por lo tanto es conveniente una tipología de la auto-gestión, como burocrática y no-burocrática. Adicionalmente se ha explorado cómo diseños de la estructura de administra- ción y gobierno basados en niveles organizativos enlazados atenúan los requeri- mientos burocráticos aun en grandes sistemas de riego o en redes hidráulicas, el caso de Bali y el caso de España son paradigmáticos. Cada nivel desde el barrio o la comunidad hasta la cuenca tiene su propia organización, la cual participa y se enlaza con otra organización. Por ejemplo, en el caso de la acequia real del Júcar en España, un nivel organizativo reúne a 20 pueblos que conforman la comuni- dad de regantes (35,000 regantes y 20,000 hectáreas) y se enlaza con otro nivel organizativo: el sindicato que reúne a las acequias hermanas (6 acequias y 45,000 hectáreas), y, finalmente, se enlaza con el nivel organizativo llamado confedera- ción hidrográfica, que es también administrador de las presas de almacenamiento,

1 Sobre el concepto de sistema de riego ver Hunt (1988), que define sistema desde la toma de una

fuente natural, lo que excluye presas de almacenamiento, coordinación a nivel de río y enlace entre

sistemas por aguas de drenaje. Para estos otros casos se utiliza el término red hidráulica (Cressier, 1995; Palerm y Martínez, 1997). Sobre tamaño del sistema, definido como superficie regada: pequeño (menor a 5,000 ha.), mediano (5,000 a 20,000 hectáreas) y grande (mayor a 20,000 hectáreas) ver Palerm (2006, 2009).

2 El auto-gobierno de grandes sistemas con tenencia de la tierra minifundista está todavía por

demostrarse.

nivel que ya corresponde a la administración por el Estado (Pimentel Equihua et al, 2009; para Bali ver Lansing, 1991). Este diseño se contrapone a aquel donde el gobierno de todo el espacio hidráulico se centraliza y se recurre a personal orga- nizado jerárquicamente en cadena de mando para la operación (Palerm, 2009b). La caracterización del tipo de administración: burocrática y no-burocrática, retoma la discusión sobre el regadío como generador de burocracias y de jerar- quías o, en contraparte, la capacidad de la gente común de construir y administrar estructuras complejas (Erickson, 2006). Los límites impuestos por el tamaño y número de usuarios del sistema de riego están por establecerse, no obstante hay casos empíricos que rebasan los tamaños que se consideran pequeños (Palerm, 2006; Mabry, 2000). Sin embargo, estas perspectivas, aunque demuestran la capacidad autogestiva de los regantes, con sus variaciones debidas al tamaño de los sistemas, número de usuarios y a los diseños de la estructura de administración y gobierno, no explican la variación entre regiones mundiales de la presencia de autogestión o de adminis- tración por el Estado para sistemas de riego comparables. Para abordar la variación entre regiones mundiales, Sengupta (2002) propone que la existencia de legislación estable y consistente a largo plazo que otorga un marco jurídico a las organizaciones de regantes favorece su existencia y fortale- za; mientras que su ausencia favorece la debilidad, inexistencia e invisibilidad de las organizaciones de regantes. La comparación que realiza entre el caso de Japón, Filipinas y la India es muy sugerente. Mientras en Japón y Filipinas hay reconoci- miento legal de las organizaciones de regantes, en la India hay un muy limitado y muy reciente reconocimiento; en acorde con el planteamiento realizado: Japón y Filipinas cuentan con organizaciones de regantes, pero la India carece de organi- zaciones de regantes excepto la organización no-oficial a nivel de comunidad. Bajo la perspectiva de que la capacidad de los regantes de auto-administrarse y de negociar con el Estado estaría muy vinculada a marcos jurídicos favorables a la existencia de organizaciones de regantes, se analizó el caso español. Se encontró (Giménez y Palerm, 2007) que desde las leyes de aguas de 1866 y 1879, en Espa- ña ha existido un reconocimiento jurídico como “comunidades de regantes”, y que, anteriormente y desde la reconquista, hubo reconocimiento jurídico, en forma in- dividualizada, para las organizaciones de regantes existentes. El análisis de otras

regiones mundiales (provincia de Mendoza, Chile, Perú y México) arroja resultados similares a la propuesta de Sengupta (Palerm, 2010a). La importancia del respaldo legal a las organizaciones existentes también es abordada de manera muy sugerente para los pequeños regadíos de la región andina (Boelens, 2003; Boelens et al, 2005). Cualquier marco jurídico, sin embargo, no es condición suficiente para promo- ver y consolidar la organización autogestiva. En el caso del Perú, por ejemplo, a principios del siglo XX se retomó la propuesta legislativa española, sin embargo la implementación provocó alzamientos campesinos; lo que, a su vez, llevó a revertir la legislación (Palerm, 2010a). Los marcos jurídicos basados en la “tradición” de autogestión parecen ser es- pecialmente exitosos. En el caso de España la legislación de fines del siglo XIX se basó en el caso empírico de la huerta de Valencia. La legislación, además de pro- poner lineamientos basados en el caso de la huerta de Valencia, indicó que se daba reconocimiento formal a cualquier organización preexistente. En el caso de Chile, el modelo que se sigue para la legislación nacional estuvo basado en los ordena- mientos o normativa de la Sociedad del Maipo; caso que también sirvió de ejemplo empírico a seguir en el siglo XIX cuando se produce la gran expansión del regadío en Chile. En el caso del Japón, la ley del río de 1896 complementa, pero no sustitu- ye a las organizaciones tradicionales (Sengupta, 2002; Sarker, 2012). Las organizaciones autogestivas tradicionales, a su vez y con anterioridad a las legislaciones nacionales, se sustentaron o crearon o recurrieron a marcos legales ad hoc, es decir para sistemas específicos, tal es el caso, ya mencionado, de España. En este mismo sentido, el caso de Holanda es especialmente ilustrativo, ya que las instituciones de diques y drenajes se desarrollaron a la par que la sociedad medie- val de los Países Bajos (Palerm, 2010b). La fortaleza o debilidad legal de las organizaciones de regantes es especialmen- te visible ante uno de los procesos que inhibe a las organizaciones de regantes: la expansión de la administración por el Estado. Sengupta (1993), dejando de lado la discusión sobre la respuesta social a la práctica de la agricultura de riego, propone que mientras en los pequeños regadíos dispersos es más difícil y costoso que el Es- tado coopte la administración de los sistemas de riego, en los grandes regadíos es más fácil para el Estado poner en marcha una administración burocrática. Esto es, en la terminología de Mitchell (1975:533-534), la decisión social de centralización.

En diversas regiones del mundo (India, Marruecos, Perú) se señalan como cau- sas de erosión y desaparición de las organizaciones tradicionales su substitución por una administración burocrática debido a la expansión de la administración por el Estado, coincidente o no con la incorporación de los regadíos tradicionales en proyectos modernos de regadío (Sengupta, 1993, Groenfeldt, 2004; Oré, 2005-a, 2005-b; Palerm, 2009a). La capacidad de las organizaciones de regantes para negociar exitosamente con el Estado constructor de gran obra hidráulica que argumenta Maass (1976), en debate con la hipótesis hidráulica de Wittfogel (1957), está basado en casos que pertenecen a regiones mundiales (Estados Unidos y España) en que ha habido una legislación es- table y consistente para otorgar un marco jurídico a las organizaciones de regantes. Es decir, aunque viejas o antiguas organizaciones autogestivas de regantes se correlacionan con instituciones fuertes, capaces de negociar con el Estado, susten- tables en el tiempo, con una buena gestión del agua (Maass, 1976; Ostrom, 1990), estas características no parecen depender únicamente de la capacidad de los re- gantes, sino también de una legislación nacional consistente en el largo plazo que otorga un marco jurídico estable a las organizaciones. En breve, una legislación nacional favorable y la capacidad de auto-organización hacen sinergia logrando consolidar instituciones. En los trabajos de Ostrom (1990), aunque se prioriza la capacidad de auto-organización, entre los principios de diseño para organizaciones autogestivas señala como un 7º principio, un mínimo reconocimiento de los dere- chos de organización por parte del Estado. En el libro más reciente de Boelens et al (2011: 86 y ss) se aborda no solo la importancia del reconocimiento legal sino también la capacidad de defensa o de acción, que proponen como un 10º principio de diseño. Ello es pertinente debi- do a que los cambios más recientes en la legislación mexicana –y de otras partes del mundo– sobre aguas, así como sobre las comunidades (ejidos y comunidades agrarias) beneficiarias del reparto agrario, reflejan las políticas neoliberales: indi- vidualización de los derechos de agua, compra-venta y renta de derechos de agua, implantación de modelos empresariales (burocráticos o profesionalizantes) para la administración (Ruf, 2011; Boelens et al, 2011; Murillo, 2012: 83-85, 89-100, 102-107). En la acequias de Nuevo México, se tiene el desarrollo de organizaciones en defensa de las acequias hispanas tradicionales (Rivera, 1998; Rodriguez, 2006).

En caso de que efectivamente exista una fuerte sinergia entre las capacidades auto-organizativas de los regantes y la legislación, existe también una gran res- ponsabilidad de los estados nacionales dado que la legislación emitida es clave para consolidar y fortalecer las organizaciones de regantes. La discusión y puesta a prueba de esta propuesta no es solo interesante para el debate teórico, sino tam- bién para las políticas públicas nacionales. Los estados nacionales y los organismos internacionales, cuando menos en el discurso, consideran indispensable una bue- na gestión del agua.

El caso de México En México no se reconoce antigüedad o historia a las instituciones de regantes: las instituciones de regantes, en el lenguaje oficial, se limitan a módulos, esto es, tra- mos de los Distritos de Riego transferidos a Asociaciones de Usuarios en la década de 1990; y a unidades de riego, cuya nomenclatura data de la legislación de aguas de 1992, aunque tiene el antecedente de las llamadas URDERALES (Unidades de Riego para el Desarrollo Rural), que data a su vez de legislación de 1972. Las orga- nizaciones de regantes reportadas en el Registro Público de Derechos de Agua (RE- PDA), instituido en 1992, son, sobre el papel, entes ahistóricos 3 (Garduño, 2001, 2005a, 2005b; Garduño et al, 2003). No obstante, México es un país con presencia de regadío desde la época prehispánica, con construcción de infraestructura hi- dráulica en el periodo novohispano y decimonónico, así como una muy importante expansión durante el siglo XX 4 –cabe preguntarse dónde están las instituciones de regantes de alcurnia o cuando menos las del arco temporal que va de principios del siglo XX a principios del siglo XXI. En acorde con la propuesta de la influencia del marco jurídico sobre la fortaleza de instituciones de regantes, miramos hacia la legislación. Al dar seguimiento a la legislación sobre instituciones de regantes, para sopesar su continuidad, encontra- mos que la legislación –federal—inicia a fines del siglo XIX, precisamente en un

it was estimated there

were about 300,000 water users by 1992 and only about 2,000 water use concessions were issued

3 El REPDA responde, aparentemente, a la regularización de concesiones: “

between 1917 and 1992

previas a 1917. El REPDA, se señala en la Agenda del Agua, tampoco es un registro confiable de usua-

rios y de extracciones del agua (Aboites et al, 2008).

4 De 2,000,000 de hectáreas antes de la Revolución mexicana, según Tamayo (1958: 66, 67 y 82), a

” (Garduño, 2001); adicionalmente no hay señalamiento de concesiones

los 6,000,000 de hectáreas que actualmente se reportan (Palerm, 2005).

proceso que se ha llamado de federalización de las aguas al pasar los asuntos de agua del nivel estatal al federal (Aboites, 1998). Con la Ley de Irrigación de 1926 nacen los Distritos de Riego y los reportes oficiales minuciosos sobre Distritos, así como la parquedad en los reportes sobre las superficies de riego fuera de los Dis- tritos. De hecho, el agregado de superficie regada fuera de los Distritos sorprendió (Escobedo, 1997a; Palerm y Martínez, 1997). A la federalización de las aguas, se añade otra ruptura, sin duda de mucho ma- yor impacto, producida por el reparto agrario 5 , que transformó la tenencia de la tie- rra y el acceso al agua de riego al pasar los derechos a los beneficiarios del reparto agrario; los sistemas de riego que abastecían a unos pocos usuarios empezaron a abastecer a multitud de campesinos regantes. Hay entonces un antes y después de la federalización de las aguas y del reparto agrario. Se evidencia también, en el curso del siglo XX, una expansión de la ad- ministración por el Estado y la supresión de organizaciones de regantes en el marco de los Distritos de Riego (Palerm, 2005). Hay organizaciones, oficiales, de regantes (asociación de regantes y junta de aguas) en –algunos– Distritos de Riego, hasta que en 1972 la administración de los Distritos pasa a ser atribu- to exclusivo de la federación (Rodríguez et al, 2007; Palerm, 2009a). En 1992 inicia la transferencia a los usuarios de tramos (llamados módulos de riego) de los Distritos de Riego, aunque el Estado federal conserva la administración de la obra de cabecera. En el arco temporal del siglo XX y principios del XXI, hay un marco jurídico cambiante y confuso para las organizaciones de regantes. (Palerm, 2005; Palerm y Rodríguez, 2005, 2008). Fuera de los Distritos de Riego, las nomenclaturas ofi- ciales principales para las organizaciones de regantes son juntas de aguas –desde 1930 hasta 1992, urderales (unidades de riego para el desarrollo rural) –desde 1972 hasta 1992, y unidades de riego –a partir de 1992. La documentación sobre las organizaciones de regantes está dispersa entre el Archivo Histórico del Agua (AHA), el grupo documental dotación y accesión de aguas del Archivo General Agrario (AGA) y los expedientes sobre urderales en SAGARPA.

5 Desde la ley agraria pre-constitucional de 1915, y se cierra con las modificaciones al artículo 27 constitucional en 1992. El reparto agrario se concentra en el periodo del presidente L. Cárdenas

(1934-1940).

Esta breve panorámica de los cambios en la legislación sobre agua en el curso del siglo XX debe complementarse con los cambios en la legislación agraria dado que esta última estaba por encima de la legislación sobre aguas desde 1915 (con la ley agraria pre-constitucional) hasta 1992 (Palerm, 2009c).

PROYECTO Y ANÁLISIS DE LOS ESTUDIOS DE CASO

Para dar respuesta a la pregunta planteada en el proyecto “Juntas de aguas, uni- dades de riego y otras organizaciones de regantes. Impacto de los cambios en la legislación sobre las capacidades autogestivas de los regantes” financiado por CONACyT, se dio seguimiento, en casos concretos, a la operacionalización de la legislación acerca de las instituciones para la gestión del agua de riego en el arco temporal de principios del siglo XX a principios del siglo XXI. En el Cuadro núm. 1 presentamos un concentrado de estudios de caso (de este proyecto y otros) en los que se documenta la situación organizativa en el arco temporal de principios del siglo XX a principios del siglo XXI. Los casos han sido seleccionados para mostrar la diversidad de la operacionalización de la legislación, ya que no parece posible afirmar que exista algún estilo de opera- cionalización sistemática. Son en total 19 casos que corresponden a sistemas o redes hidráulicas con varios sistemas que utilizan aguas superficiales o bien a es- pacios hidráulicos bajo una sola administración, de diversas regiones de México:

Coahuila, Chihuahua, Guanajuato, Michoacán, Estado de México, Hidalgo, Mo- relos, Puebla, Guerrero; tanto de Distritos, como de no-Distritos de Riego, y que, en conjunto, corresponden a una superficie regada de unas 85,000 hectáreas. En el cuadro num. 1 se presentan los diversos niveles organizativos existentes en cada caso, desde el nivel de comunidad (aunque también existen niveles organi- zativos más pequeños que la comunidad, por campos, por barrios o por sectores), hasta uno o dos niveles organizativos multicomunitarios. Se hace la distinción en el cuadro entre organizaciones multicomunitarios oficiales y aquellas no-oficiales, informales, alegales o vernáculas. En la presentación que sigue los números entre corchetes corresponden a los casos en el cuadro num. 1.

Análisis de los casos: El nivel multicomunitario La presencia del Estado:

número de intervenciones –nivel multicomunitario En algunos espacios de regadío, la presencia del gobierno en los asuntos de agua de riego se limitó al reparto agrario, como en el caso del valle Coeneo Huaniqueo [12] o, como en el caso de La Cañada [11], donde la intervención del gobierno en asuntos de agua, adicional a aquella del reparto agrario, tuvo lugar en fechas muy recientes. La ausencia de intervenciones por parte del gobierno para implantar una institución u organización de regantes, no impidió un desarrollo organizativo mul- ticomunitario, que se expresa en acuerdos horizontales entre las comunidades. En otros espacios de regadío, ha habido dos y hasta tres intervenciones por parte del gobierno para introducir una nueva institución. A continuación diversas modalidades encontradas. En un conjunto de casos una institución de auto-gobierno ha sido reemplaza- da por otra como resultado de esas intervenciones, para gestionar exactamente el mismo espacio hidráulico multicomunitario, por ejemplo en el caso del Cuautitlán [1], de junta de aguas pasó a urderal y luego a unidad de riego; en los casos de El Cubo [4] y del canal Tenango [9] de junta de aguas pasaron a unidad de riego; y, en el caso de San Juan Teotihuacan [8], de junta de aguas pasó a urderal. En otro conjunto de casos, la nueva institución de auto-gobierno (urderal y unidad de riego) no se hizo operativa a nivel multicomunitario, sino a nivel co- munitario; por ejemplo: urderal en los casos Nexapa [2] y Pilantitla [3], y uni- dad de riego en el caso Tejalpa [5]. La ausencia de reemplazo de la institución multicomunitaria (junta de aguas) en los casos del Nexapa [2] y Pilantitla [3] no tuvo mayor impacto, ya que en la legislación se mantiene el reconocimiento a las juntas de aguas hasta 1992. A partir de 1992, no tenemos información sobre el caso Pilantitla [3]; en el caso del Nexapa [2] hay apreciaciones divergentes, una de ellas indica que recibe un tratamiento especial por parte del gobierno, al darlo de alta como Distrito de Riego con la finalidad de ser sujeto a recibir apoyos para rehabilitación pero sin afectar los usos y costumbres organizativos –según in- formación de un funcionario de la Comisión Nacional del Agua (Rendón, 2005), otra indica que hubo modificaciones o propuestas de modificación de la organi- zación vernácula (Gómez Carpinteiro, 2005).

La introducción o reemplazo de una institución de auto-gobierno por otra, en la mayor parte de los casos, no parece haber causado más problemas que los trá- mites. Sin embargo, hay un caso, el del Tejalpa [5], en el cual no hay continuidad formal de una institución multicomunitaria, toda vez que la junta de aguas exis- tente no se reemplaza a partir de 1992 por una unidad de riego. Cabe señalar que hubo intervención gubernamental a partir de 1992, pero la intervención consiste en el establecimiento de unidades de riego en algunas comunidades, remplazando la estructura del ejido dedicada a los asuntos del agua. La operacionalización de la introducción de urderales y unidades de riego se hizo, aparentemente, bajo criterios distintos. La diferencia de criterio es significati- va ya que implica un vacío de gestión a nivel multicomunitario, cuando la introduc- ción de nuevas instituciones se realiza a nivel comunitario, sin prever la situación multicomunitaria –como en el caso del Tejalpa [5]. No tenemos evidencia de qué tan generalizada es esta situación 6 . La substitución, a nivel multicomunitario, de una institución ya existente por otra (junta de aguas, urderal, unidad de riego), sin que ello modifique las capacida- des locales de gestión, parece ser un excesivo gasto de dineros públicos. Finalmente, en otro conjunto de casos, también referido al nivel multicomuni- tario, se substituye una institución de auto-gobierno (junta de aguas) por otra bu- rocrática-gubernamental, es decir: la inclusión del espacio hidráulico en un Distri- to de Riego. Siguiendo la línea de tiempo, unas décadas después, se conforma una nueva institución de auto-gobierno (módulo de riego). En unos casos la anterior junta de aguas y el actual módulo de riego gestionan exactamente el mismo espa- cio hidráulico, estos son los casos de valle de Juárez [14], Cuautla [16] y Valle de Santiago [18]. En otros casos la anterior junta de aguas y el actual módulo de riego gestionan espacios hidráulicos distintos, estos son los casos del Nazas [6] y [7].

La supresión, por decreto, de instituciones multicomunitarias En ciertos casos la intervención del gobierno se enfocó a la supresión de institu- ciones multicomunitarias de auto-gobierno. Por ejemplo, en el caso de Valle de

6 La diferencia entre número de urderales y número de juntas de aguas, hace sospechar que este

proceso fue frecuente. Otra explicación es el registro, como urderales, de multitud de pozos y de pe- queños aprovechamientos de uso comunitario no contemplados en las juntas de aguas; así como la expansión misma de la frontera de la agricultura de riego en el curso del siglo XX:

Santiago [18] se suprimió, por decreto de 1938, una institución que databa de 1611. También en el caso del Cuautla se suprimió la junta de agua, por decreto de 1953;

y las juntas de aguas en el Nazas [6] y [7], por decreto de 1962.

Otro caso en que se suprime la junta de aguas es en Valle de Juárez [14], espa- cio hidráulico que contaba con una institución de antiguo arraigo, donde, al igual que en Valle de Santiago [18], no hubo ruptura por cambio de usuarios en el marco del reparto agrario. Es decir, la supresión no es imputable a la incapacidad de los nuevos usuarios, beneficiarios del reparto agrario.

La auto-gestión multicomunitaria no-oficial La legislación y la intervención del gobierno federal prevén la formación de insti- tuciones, es decir el conjunto del espacio hidráulico administrado tiene una mesa o comité directivo. Pero hay otro arreglo multicomunitario que consiste en acuerdos horizontales entre comunidades. Este arreglo es llamativo ya que evita la forma- ción de una institución. Es un arreglo típico de la época colonial y del siglo XIX en México, aunque para otras regiones del mundo parece ser atípico (Lipsett-Rivera, 1999; Palerm, 2010a). En México, en el siglo XX y XXI, se presenta en lo no-oficial. En el contexto de ausencia de presencia gubernamental para implantar institu- ciones multicomunitarias, ya mencionamos los casos del valle de Coeneo-Huani- queo [11] y de La Cañada [12], que se caracterizan por acuerdos horizontales entre comunidades. Los acuerdos de estos casos datan, hasta donde sabemos, desde el reparto agrario, tienen entonces unos 70 u 80 años de existencia. En espacios donde supuestamente la distribución del agua se había centraliza- do en el aparato burocrático del Distrito de Riego, se encuentran también acuerdos horizontales, como son los casos del Nazas [6] y [7]. Aun después de la transfe- rencia han mantenido estos arreglos horizontales, abandonarlos significaría una centralización de la distribución del agua en el módulo de riego. En los casos del

Nazas [6] y [7] la informalidad o el carácter no-oficial de los arreglos organizativos ha durado 50 años (desde 1962). En otros casos, también de Distritos de Riego, como en el Tepetitlán [13] y el Cuautla [16], ha habido un desarrollo de acuerdos horizontales entre comunidades

a partir de la transferencia. La efervescencia organizativa de base se ha dado a partir de las comunidades, poniéndose en contacto comunidades que comparten

canales para resolver problemas de distribución del agua. Estos procesos se han dado al margen o a pesar de la organización formal del módulo de riego (espacio hidráulico transferido del Distrito). En otros casos más, también de Distritos de Riego, con resistencia a la expan- sión de la operación por la burocracia-gubernamental, como en el caso de Valle de Juárez [14], se conservó la institución de junta de aguas. Formalmente, en 1972 se suprimen las organizaciones de auto-gobierno en los Distritos; de tal manera que la resistencia abarcó desde 1972 hasta la transferencia, es decir 20 años 7 . Es interesante que haya tanto conservación de viejas organizaciones, como creación de nuevas organizaciones. Es decir, por un lado, hay resistencia o con- servación de espacios de operación por los mismos usuarios en espacios hidráu- licos donde hubo una expansión de la operación burocrática-gubernamental. Por otro, al desaparecer la administración centralizada del Distrito, ha habido un proceso de efervescencia organizativa y expansión de la operación por los mismos usuarios. En otros casos más, las instituciones oficiales existentes de auto-gobierno crea- ron un nuevo nivel organizativo, un caso, del Nexapa [2], conjunta unas 8,000 hec- táreas, el otro, del Cuautitlán [1], unas 9,000 hectáreas. Ambos casos se caracteri- zan por tener tenencia de la tierra minifundista. En el caso del Nexapa [2] el nuevo nivel organizativo data de principios de la década de 1960, el caso del Cuautitlán [1] data de principios de la década de 1970. Es decir 47 y 37 años de existencia en lo no-oficial. Finalmente, hay formas organizativas que tienen que ver, no con la operación o la distribución del agua, sino con la negociación de volúmenes de agua en fechas determinadas, tal el caso de las movilizaciones por compuerta y por canal general del módulo Tepatepec [15].

Balance organizaciones multicomunitarias La observación de la operacionalización de la legislación sobre las organizaciones para la gestión del agua de riego, en el arco temporal de principios del siglo XX a principios del siglo XXI, nos debía permitir abordar la pregunta planteada en la

7 En Valle de Juárez, en el periodo del estudio de caso, estaban todavía negociando las condiciones

de la supuesta transferencia.

propuesta de investigación: el impacto de los cambios o discontinuidades en la legislación sobre la capacidad de auto-gestión. La perspectiva desde únicamente lo oficial, o desde lo realmente existente, es distinta. En primer lugar presentamos el balance de lo oficial, para enseguida hacer el balance integrando lo no-oficial. El balance de lo oficial muestra un deterioro, pero menor al que inicialmente habíamos supuesto. En el siglo XX, debido a los cambios de legislación y a cómo se hacen operati- vos, hay afectación a las instituciones oficiales de auto-gobierno multicomunita- rias. La afectación está directamente relacionada con la expansión de la adminis- tración por el Estado, por ejemplo los casos del Nazas [6] y [7], el caso de valle de Juárez [14], del Cuautla [16], de Valle de Santiago [18] –lo que era un fenómeno ya esperado (Palerm, 2009a). En el siglo XX, debido a los experimentos con tipos de instituciones multico- munitarias de auto-gobierno, hay reemplazos entre juntas de aguas, urderales y unidades de riego. La afectación fue mucho más limitada de que lo que habíamos esperado, parece limitarse a trámites burocráticos. No obstante, hay un caso, del Tejalpa [5], de pérdida del nivel multicomunitario oficial por omisión de segui- miento gubernamental; en 1992 se conforman unidades de riego en los ejidos y se pasa por alto la actualización, conforme a legislación vigente, de la organización multicomunitaria, con lo cual oficialmente desparece. En segundo lugar presentamos el balance, incorporando la organización no-oficial. El balance muestra el siguiente panorama:

persistencia de organizaciones multicomunitarias de auto-gestión a pesar de su desaparición oficial y supuesta substitución por expansión de la adminis- tración por la burocracia-gubernamental; esto es casos Nazas [6] y [7], valle de Juárez [14], valle de Santiago [18]; persistencia de organizaciones multicomunitarias de auto-gestión a pesar de su desaparición oficial; esto es caso Tejalpa [5]; creación de nuevas organizaciones multicomunitarias de auto-gestión: arreglos organizativos de acuerdos horizontales, al margen de lo oficial; esto es casos Nexapa [2], La Cañada [11], Valle de Coeneo-Huaniqueo [12], Tepetitlán [13], Cuautla [16]; creación de nuevos niveles organizativos multicomunitarios de auto-gestión

que abarcan espacios hidráulicos relativamente amplios (cerca de 10,000 hectáreas) y con multitud de usuarios (tenencia de la tierra minifundista) al margen de lo oficial; esto es Cuautitlán [1] y Nexapa [2]; creación de organizaciones para negociar el agua; esto es Tepatepec [15].

En el balance realizado destaca la persistencia y creación de organizaciones multicomunitarias no-oficiales. En el conjunto de casos (cuadro núm. 1) la orga- nización multicomunitaria existente es mucho mayor que aquella que corresponde únicamente a lo oficial. El gobierno federal actuó promoviendo y suprimiendo instituciones multico- munitarias para la administración de aguas de riego en el curso del siglo XX y lo que va del XXI. Sin embargo, la creación de organizaciones multicomunitarias no se limitó a la promoción por el gobierno. Los regantes, al margen de lo oficial, tam- bién participaron; no solo en la creación de instituciones multicomunitarias, sino también en la resistencia a su supresión. Desde la perspectiva de las políticas del gobierno federal, el balance señala un dispendio de las capacidades de auto-gestión de los regantes, y un excesivo gasto en duplicar la misma organización sin que ello modifique las capacidades locales o mejore la gestión del agua. Los experimentos en tipos de instituciones de auto-go- bierno, así como el experimento de gestión por una burocracia gubernamental, han sido costosos. En relación a la propuesta evaluada 8 , desde la perspectiva de lo visible, de lo oficial, puede sostenerse. Desde la perspectiva de lo invisible, de lo no-oficial, se encuentra una gran resiliencia de las organizaciones multicomunitarias, así como una efervescencia organizativa. A pesar de la ausencia de sinergia 9 entre capacidades organizativas y legislación, hay una persistencia y creación de orga- nizaciones. Es posible que, en otras regiones del mundo, al igual que en el caso de México o, más bien, al igual que en esta selección de casos, el problema esté en la visibilización de las organizaciones multicomunitarias existentes, más que en su inexistencia.

8 Esto es, la existencia de legislación estable y consistente a largo plazo que otorga un marco jurídico

a las organizaciones de regantes favorece su existencia y fortaleza, mientras que su ausencia favorece la debilidad, inexistencia e invisibilidad de las organizaciones de regantes.

9 Posiblemente, en lugar de ausencia de sinergia, habría que decir pobreza de sinergia.

Análisis de los casos: El nivel de la comunidad La importancia del nivel organizativo comunitario La comunidad organizada con funciones de operación o distribución del agua 10 parece jugar un papel central en dinamizar los arreglos multicomunitarios basa- dos en acuerdos horizontales, como en los casos de La Cañada [11] y valle de Coe- neo-Huaniqueo [12], así como el Nazas [6] y [7]. Las comunidades están detrás de la construcción del tercer nivel organizativo en el Cuautitlán [1] y en el Nexapa [2], además las comunidades están detrás de la persistencia de la organización multi- comunitaria para el sistema del Cuautitlán [1], una organización que tiene conti- nuidad desde la época prehispánica. En el caso de Tepetitlán [13] la importancia de las comunidades como unidades organizativas que distribuyen el agua al interior de cada comunidad y que dinamizan el sistema en su conjunto es evidente. No obstante, cabe señalar que no en todos los casos la comunidad tiene un lugar central. En Valle de Juárez [14] y en Valle de Santiago [18], donde los re- gantes son propietarios privados medianos, la comunidad no parece ser un com- ponente central. En otro caso, el módulo Tepatepec [15], la compuerta y el tramo de canal son nodos organizativos, pero no lo son las comunidades; ello debido a que los vecinos de una comunidad no coinciden en compuerta e, incluso, en canal general. La organización sigue las necesidades de operación y mantenimiento de la infraestructura. Así, por ejemplo, también el caso de riego por mangueras [17] los grupos se limitan a los socios que comparten la misma manguera y olla de agua en la comunidad. A pesar de estas excepciones, es evidente en el conjunto de casos la prevalencia de un nivel organizativo comunitario con funciones de distribución del agua; así como la contribución del nivel comunitario a la construcción de acuerdos horizon- tales y de niveles organizativos multicomunitarios. Es motivo de reflexión el que la dinamización de los niveles multicomunitarios parece muy vinculada a las comu- nidades organizadas, de tal manera que contar con el nivel organizativo comunita- rio parece un componente importante para construir un nivel multicomunitario o

10 En los Distritos también se encuentra participación de la comunidad organizada en manteni-

miento de los canales generales multicomunitarios. La participación en mantenimiento no necesa-

riamente va en paralelo con la participación en la distribución. Sin embargo los datos con los que

contamos sobre la participación en el mantenimiento son distribución.

más incompletos que aquellos sobre la

acuerdos horizontales entre comunidades, es decir construir organizaciones para administrar espacios hidráulicos más amplios. El papel de la comunidad obliga a considerar la situación jurídica del nivel co- munitario, bajo el supuesto de que la fragilización o resiliencia puede impactar la construcción de organizaciones que administran espacios hidráulicos más amplios. Conviene reflexionar, en la línea del equipo de trabajo de Boelens que las comu- nidades, a su vez, dependen de la conservación de los derechos de agua (Boelens, 2003; Boelens et al, 2005, 2011). Los cambios en la legislación, a partir de 1992, tales como la individualización de los derechos de agua, así como la renta y com- pra-venta de derechos de agua fragilizan la situación jurídica de la comunidad y la capacidad de defensa de los derechos de agua. Otra vertiente a considerar, es aquella referida específicamente a la persisten- cia o desaparición de la operación o distribución a nivel comunitario, considerando que la existencia misma de la comunidad organizada está estrechamente vinculada a su actividad de gestión (Wade, 1988; Agarwal et al, 1997, 2001; Palerm, 2009d). Cabe entonces considerar el impacto, posiblemente negativo, de la centralización de la administración debido a la supresión formal y efectiva de la administración a nivel de comunidad, como ocurrió en algunos Distritos y como parece ser el esque- ma en los módulos. La ausencia de un nivel de operación comunitario, o de algún equivalente local, posiblemente obliga a un modelo de gestión más burocrático, es decir con personal técnico contratado organizado jerárquicamente en cadena de mando (Palerm, 2000, 2006).

La presencia del Estado:

número de intervenciones –nivel comunitario Las comunidades de Mesoamérica pueden rastrearse hasta la época prehispánica, las comunidades de raíces mesoamericanas en el norte de México pueden rastrearse a la expansión o diáspora tlaxcalteca durante la colonia. La figura jurídica, durante la co- lonia, consistió en la llamada república, con bienes corporados y su propio gobierno. Las leyes de desamortización, que prohibieron la propiedad corporada, fueron un duro golpe para las comunidades. El reparto agrario de la primera mitad del siglo XX restaura en gran medida a las repúblicas de indios, con propiedad corpo- rada y gobierno propio. Las nuevas formas de tenencia de la tierra son los ejidos y

las comunidades agrarias (esta última corresponde a tenencia de la tierra de bienes comunales en virtud de la acción agraria de restitución). Aunque en el análisis de la organizaciones multicomunitarias de riego se ha planteado la discontinuidad por el reparto agrario, cabría otro análisis que consiste en explorar la continuidad del nivel organizativo de la comunidad, con derechos de agua en contracción durante la segunda mitad del XIX y recuperados con el reparto agrario, para nuevamente entrar en un periodo de erosión con las políticas neoli- berales. Estos cambios han ido en paralelo a la situación jurídica de la comunidad. La legislación agraria, hasta 1992, señala que los usuarios de riego del ejido o de la comunidad agraria deben nombrar un juez o comisionado de aguas para la distribución interna. En el curso del siglo XX, las intervenciones gubernamentales en el nivel comunitario, en el caso de los ejidos, han consistido en desplazar for- malmente la autoridad del ejido sobre el agua de riego. No obstante, la comunidad o los regantes de la comunidad han conservado la operación o distribución interior del agua. Es el caso de la conformación de urderales, que reúne a los regantes del ejido (González Luna, 1997); por ejemplo en el caso del Nexapa [2]. En otros casos, se reporta una organización a nivel de ejido que no está sujeta a las autoridades ejidales, es el caso del Cuautitlán [1] y, posiblemente también es el caso del canal Tenango [9]. También se han constituido unidades de riego a nivel de ejido, des- plazando a las autoridades ejidales de los asuntos del agua de riego, como en el caso del Tejalpa [5]. En todos estos casos parece estar reemplazándose una institución comunitaria para administrar el agua por otra (ejido, urderal, unidad de riego o algún otro tipo de asociación), pero sin que ello modifique las capacidades locales de gestión, lo que parece ser un excesivo gasto de dineros públicos. Sin embargo en los Distritos de Riego y, más recientemente, en los módulos, no hay evidencia de intervenciones para reemplazo de instituciones a nivel comunita- rio. Posiblemente debido a que supuestamente la administración está centralizada en el Distrito o en el módulo. Aparte de los ejidos y comunidades agrarias, no tenemos documentado para el siglo XX cuál es la situación organizativa formal de las comunidades con mini- fundio de propiedad privada, lo que fueron las aguas de los pueblos en el XIX y aguas de las repúblicas en la época colonial (Bárcenas et al, en esta Antología).

Otra vertiente organizativa de las comunidades, gira en torno a la legislación para comunidades indias (Avila, 2008). Para una discusión sobre el marco jurídico para el gobierno de las comunidades: el cuarto nivel de gobierno, es muy intere- sante el planteamiento de Olmedo (1995, 1999). No obstante, en la actualidad, la tendencia de la legislación es, aparentemente, la de desaparecer el nivel de gobierno comunitario.

La comunidad: un nivel organizativo y con funciones de operación Más que el reemplazo de instituciones formales comunitarias (o de su existencia formal), cabe destacar la alta frecuencia de un nivel organizativo comunitario

que se ocupa de administrar el agua a nivel comunitario. En el caso de las juntas de aguas, hay un reconocimiento formal del nivel comunitario en la legislación. Sin embargo, en los casos de las urderales y unidades de riego multicomunita- rias no se ha hecho el seguimiento jurídico sobre el ámbito de competencia de la comunidad. En el caso del Cuautitlán [1], con urderal multicomunitaria, hay un reconocimiento del nivel comunitario; así como en los casos del Cuautitlán [1]

y del Tenango [9] con unidades de riego multicomunitarias; pero en caso de El

Cubo [4], con unidad de riego multicomunitaria, aparentemente se ha limitado el papel de las comunidades. En los Distritos de Riego, la expansión de la administración por la burocracia gubernamental suprimió, en unos casos, a las juntas de agua pero no necesaria- mente suprimió el ámbito de competencia del ejido para hacerse cargo de la distri-

bución del agua al interior de los ejidos. Por ejemplo, en los casos de Tepetitlán [13]

y del Cuautla [16] se conservó la distribución interna por los ejidos, no obstante

que la tendencia de la gerencia del Distrito fue la de suprimir, o tratar de suprimir, la operación por la misma comunidad. En otros casos, también en Distritos, se suprimió formalmente el nivel multi- comunitario de las juntas, y, al parecer, también se propuso suprimir, o intentar suprimir, la distribución interior por los ejidos; sin embargo en los casos [6] y [7] del Distrito de Riego 017, se conservó, de hecho, la distribución interior, así como la distribución multicomunitaria. A partir de la transferencia, en el módulo del Cuautla [16] y en los módulos de la parte alta del Nazas [6] y [7] se ha conservado la distribución interior; al igual

que en el caso de Tepetitlán [13] 11 . La gestión por la comunidad, no obstante la transferencia, parece caer en el ámbito de lo informal. En el módulo Tepatepec [15] se tiene, desde antes de la transferencia, un cierta participación limitada a nivel compuerta con el nombramiento, por los usuarios de compuerta, de un zanjero. El nivel de compuerta, quizá promovido por el Distrito, carece de marco jurídico formal.

La comunidad: un nivel organizativo y con funciones de operación ¿oficial o informal? Los ejidos y comunidades agrarias comprendidos en juntas de aguas, como ya señalamos, tenían formalmente su propio ámbito de competencia. Sin embargo, para el caso del nivel comunitario en los Distritos de Riego, no se ha hecho el se- guimiento jurídico de la competencia del ejido (y de la comunidad agraria) para administrar, al interior, sus aguas. Tampoco se ha hecho el seguimiento jurídico de la competencia del ejido para los casos de las urderales y las unidades de riego multicomunitarias. El problema es saber qué legislación debe aplicarse. En la legislación de aguas, a partir de 1992, se prevé una sola institución (mó- dulo o unidad de riego) a la que se le extiende el título de concesión y la que es responsable de operar en todo el espacio hidráulico; de tal manera que, aparente- mente, la decisión de conservar un nivel organizativo comunitario, con capacidad de realizar la distribución interna, es asunto de cada módulo o unidad de riego. En el caso de los módulos, el diseño organizativo consiste en centralizar la operación, de tal manera que las comunidades participan en la elección de su representante a la Asamblea del módulo, pero no participan –formalmente– en la distribución interna del agua. Sin embargo, la legislación de aguas, a partir de 1992, también tiene un apar- tado sobre ejidos y comunidades agraria que no están incluidos en Distritos y Uni- dades de Riego; en estos casos, al parecer, las decisiones dependen del ejido y la comunidad agraria. El carácter formal o informal de la gestión del agua a nivel comunitario es difícil de determinar, aunque es posible que la situación jurídica se modifique según la

11 Aunque el sistema del Tepetitlán finalmente fue transferido como unidad de riego y no como

módulo.

comunidad esté ubicada en Distritos de Riego (antes de la transferencia), módulos de riego, juntas de aguas, urderales, unidades de riego o en ninguna organización oficial. El carácter formal o informal, también puede modificarse debido al tipo de tenencia de la tierra y por la etnia. Se hace mención de la etnia debido a que la nueva legislación sobre comunidades indias puede tener algún impacto en el grado de autonomía formalmente reconocida. Para fines del cuadro núm. 1, hemos deci- dido prescindir de tratar de determinar si la gestión del agua a nivel comunidad es formal o informal.

La importancia de la comunidad en la organización de la gestión de espacios hidráulicos multicomunitarios Conviene destacar que la discusión sobre la capacidad de los regantes de auto-or- ganizarse se refiere a la administración de sistemas que pueden ser considerados medianos, grandes o incluso muy grandes. El problema teórico radica en la ca- pacidad de auto-organizarse para administrar sistemas de riego medianos y grandes sin jerarquía y burocracias, o aún en el caso de contar o requerir de burocracia, la capacidad de controlar efectivamente a la burocracia. Desde la teoría no está en duda la capacidad de auto-organización para pequeños o muy pequeños regadíos. El problema de la gestión comunitaria es en todo caso de políticas públicas. Las políticas neoliberales actuales, al igual que las políticas liberales del siglo XIX que prefirieron la propiedad privada, la iniciativa individual y el mercado no con- sideran que la comunidad organizada o la acción colectiva no solo contribuyen a la economía de cada individuo gracias a la gestión colectiva de los recursos, sino también contribuyen a la defensa del recurso. Es decir la comunidad organizada tiene más posibilidades de defender colectivamente el recurso que el individuo (Boelens et al, 2011). Es posible que la fragilización de la capacidad de la comunidad, afecte no solo la gestión y defensa colectiva del recurso a pequeña escala, sino también aquellas organizaciones a mayor escala. Es decir que la comunidad organizada, cuando me- nos para los pequeños agricultores, sea una pieza fundamental (un building block) para aquellas auto-organizaciones que administran sistemas de riego medianos y grandes –y otros recursos de uso común de mayores dimensiones.

En este contexto la capacidad de la organización comunitaria de persistir parece fundamental para la persistencia de las organizaciones multicomunitarias no-bu- rocráticas. El proceso en marcha sobre la gestión de los sistemas de abasto de agua de uso doméstico para comunidades rurales puede ejemplificar la resiliencia y per- sistencia de la organización comunitaria, así como los límites de la administración de corte más bien burocrática, aquella del municipio u organismo operador.

El caso de la administración de sistemas de abasto de aguas de uso doméstico para comunidades rurales En el caso de la administración de sistemas de abasto de agua de uso doméstico en México, hay un desplazamiento legal de la comunidad que se ha hecho visible en conflictos que enfrentan al ayuntamiento con las comunidades por la gestión de los sistemas de abasto y las redes de distribución. El desplazamiento se debe a una conjunción de cambios en las políticas públicas y en la legislación: en 1981 la en- trega de los sistemas de agua potable y alcantarillado que operaba la federación a los estados y ayuntamientos; en 1983 la reforma al artículo 115 constitucional obli- ga al municipio a atender el abasto de agua de uso doméstico; en 1992 una nueva ley agraria que resta atribuciones a los ejidos y comunidades agrarias; también en 1992 una nueva ley de aguas (Galindo et al, 2012). La Ley de Aguas de 1992 y su reforma de 2004 deja únicamente resquicios complicados para que las comunidades puedan gestionar sus propios sistemas. Sin embargo las legislaciones estatales pueden re-introducir espacios de gestión comunitaria del agua. La variación entre las legislaciones estatales, en lo que compete a la auto-administración, es significativa. Por ejemplo, en Chihuahua, desde 1987, hay un Reglamento de las juntas rurales de agua potable; en Guana- juato la legislación de varios municipios, por ejemplo la del municipio de Moro- león con fecha de 1994, establece Comités Rurales de Agua; en San Luis Potosí la ley de aguas de 2006 contempla Comités de Agua Rural; en Tabasco el Regla- mento de la Ley de Usos de Agua del 2012 contempla para las comunidades rura- les la conformación de Unidades de Desarrollo Sustentable del Agua (UDESA). Al parecer, únicamente en dos estados, Guanajuato y Tabasco, hay políticas para promover la organización comunitaria y la auto-gestión de los sistemas de agua de uso doméstico.

Las políticas públicas de dotación de agua potable (por ejemplo, el crédito del BID para el Programa para la Sostenibilidad de los Servicios de Agua Potable y Saneamiento en Comunidades Rurales: PROSSAPYS, también llamado de Agua Potable y Saneamiento en Comunidades Rurales que está dirigido a comunidades con menos de 2,500 habitantes) en paralelo a los cambios en la legislación han hecho muy visible la problemática de elección de instituciones. La selección de institución para la gestión del agua de uso doméstico en pe- queñas comunidades rurales, se relaciona no solo con ciertas ventajas de la ges- tión comunitaria local: bajo costo, eficacia, equidad, legitimidad; sino también con problemas serios en la gestión por el municipio o por organismo operador, tales como altos costos incurridos por el pago de nómina del personal contratado, lenta respuesta a desperfectos en el sistema, cobrabilidad, falta de legitimidad 12 .

Balance: organizaciones comunitarias Los cambios en la legislación apuntan a un desplazamiento de la comunidad como gestora de sus aguas. No obstante, las comunidades mantienen una importante presencia en la gestión del agua. En las urderales y unidades de riego multico- munitarias, las comunidades, cuando menos en los estudios de caso considerados (cuadro núm. 1), mantienen su propio espacio de gestión. En los Distritos (antes de la transferencia) y en los módulos transferidos, la participación de las comuni- dades en la gestión del agua parece más bien caer en lo informal. En el caso de la gestión de sistemas de abasto de aguas de uso doméstico, las comunidades tienen una presencia indudable. Es evidente que la legislación (salvo excepciones) y las capacidades organizativas de las comunidades no actúan en sinergia. La centrali- zación de la gestión puede desplazar la gestión por la comunidad o, cuando menos, hacerla invisible.

Continuidades en la gestión comunitaria: las aguas de los pueblos En la historia del la gestión del agua de riego la investigación se ha centrado en gran medida en dos rompimientos: la llamada federalización de las aguas,

12 En el contexto del proyecto de investigación o con influencia del proyecto se desarrollaron estu-

dios de caso sobre gestión de sistemas de agua para uso doméstico en comunidades rurales (Galindo et al 2007, 2009, 2011, 2012; Galindo, 2012; Villegas, 2010; Navarro et al 2010; Pimentel et al, 2012; García, 2012; García et al, en esta Antología; López et al, en esta Antología).

sinónimo de centralización, y el reparto agrario, con la irrupción de multitud de nuevos usuarios. Sin embargo, en la búsqueda de continuidades, es intere- sante tomar como centro de atención a las comunidades que, por efecto de la legislación sobre desamortización, se vieron fuertemente afectadas y que, con el reparto agrario, recuperan en gran medida sus tierras y aguas. Las comuni- dades tienen su propia memoria histórica, es llamativo que en el Nexapa uno de los documentos clave para las comunidades es la llamada Sentencia Peñafiel, un repartimiento de 1635.

Sinergia entre auto-organización y legislación En la argumentación que hemos desarrollado y que se expresa en los estudios de caso, se destaca la capacidad autogestiva de los propios usuarios. La legislación y políticas públicas debieran proveer el marco jurídico para reforzar y potenciar la auto-organización, sin embargo ello no parece ser el caso. La persistencia y vitali- dad organizativa parecen darse a pesar de la legislación. Sin embargo no hay que olvidar que la expansión del regadío tiene un costo de aprendizaje (Escobedo, 1997: 317-319, ver también Serrano, 2000). En el caso del pequeño riego, donde hubo procedimientos para capacitar a los usuarios y entre- gar la obra (Fuentes et al, 1968), hay mención de evaluaciones 13 por la Secretaría de Recursos Hidráulicos en 1969 y por la Secretaría de Agricultura y Ganadería en 1976 que indican fracaso de las obras, en un caso 50%, en otro 75% (Palacios, 1997:

489 14 ; Martínez Saínos, 1998 15 ). La política pública tiene que mantener el delicado balance de apoyar las capaci- dades de auto-organización, evitando las consecuencias de la organización insufi- ciente, pero también evitando tanta intervención que desplace la auto-organización.

13 Las referencias son a los resultados de evaluaciones realizadas, no se cuenta con la evaluación

en si misma.

14 En 1969 la SRH realizó estudios de evaluación sobre el estado de las obras de pequeña irriga-

ción, encontrándose que muchas de ellas estaban en mal estado o definitivamente fuera de ser- vicio, estimándose éstas –-fuera de servicio– en cerca de 50% de las obras construidas (Palacios, 1997: 489). “

un compañero –Antelmo Morales– que estaba a cargo de la organización de los usuarios, estu-

vo verificando alrededor de 5,500 obras construidas [por el Departamento de Ingeniería Agrícola de la Dirección de Agricultura de la Secretaría de Agricultura y Ganadería] entre 1956 y 1976, encontró que aproximadamente el 75% de las obras estaban inutilizadas de una manera o de otra o no presta- ban ningún servicio. (entrevista al Ing. Fernando Martínez Saínos, noviembre 1998).

15

La intervención excesiva, como es el caso de la administración por el Estado,

fue una solución muy extendida en el mundo. Sin embargo, en las décadas de 1970

y 1980 algunos organismos internacionales comisionan estudios para evaluar la

operación y mantenimiento de los sistemas de riego resultado de fuertes inversio-

nes con fines de desarrollo. Con base en los resultados de los diagnósticos o evalua- ciones propusieron que una mayor participación de los usuarios o la entrega de la administración a los regantes, mejoraría la administración. El problema central que apuntan es la distribución inequitativa del agua en cantidad y oportunidad, lo que a su vez afecta la producción agrícola. Otro problema que señalan es el alto subsidio a las cuotas por servicio de riego, dado que los regantes pagan cuotas muy bajas (Chambers, 1979, 1980; Wade y Chambers, 1980; Bottrall, 1982; Easter, 1985; Bhandarkar et al, 1988; Wi- lkens-Wells et al, 1988; Freeman, 1988; Paranakian et al, 1988; Shinn et al, 1988; Freeman et al, 1989). La propuesta que se puso en marcha a nivel internacional es de la transferencia

o entrega de la administración a los regantes. En México, en 1992, se estableció,

por ley, la obligatoriedad de transferencia; probablemente el factor más impor- tante en México fue el alto subsidio. Sin embargo, en este nuevo proceso de orga- nización de los regantes, poco se está recurriendo a las experiencias organizativas propias de México. La convicción de los ingenieros-funcionarios de la CNA todavía no refleja la opinión del ingeniero Herrera y Lasso (1919, 1930) de que los usuarios son buenos para administrar.

LOS ESTUDIOS DE CASO EN ESTA ANTOLOGÍA

Los estudios de caso pretenden responder a la pregunta sobre el impacto de la operacionalización de los cambios en la legislación que regula cómo deben estruc- turarse (y llamarse) las organizaciones de regantes. El mismo tipo de problema se presenta para el caso de las aguas de uso doméstico en comunidades rurales, por lo que se incluyeron casos de este tipo. La centralidad de la comunidad en la gestión del agua, así como la posibilidad de analizar continuidades desde la perspectiva de las comunidades nos llevó a incluir avances sobre el marco jurídico en el siglo XIX relativo a las aguas de los pueblos.

El equipo de investigación tuvo a lo largo del desarrollo del proyecto (2008- 2012) talleres para presentar el proyecto, la metodología de investigación, avances de investigación, contrastes y comparaciones entre los estudios de caso. La metodología de investigación se encuentra descrita en detalle en otros textos (Palerm y Martínez, 1997; Palerm et al, 2000), pero brevemente consiste en observar a lo largo de la ruta que sigue el agua las acciones de distribución del agua, de mantenimiento de la infraestructura, de resolución conflicto y de nom- bramiento de las autoridades.

Sobre autoría y orden de co-autores en esta Antología.- Los lineamientos sobre autoría coinciden con aquellos de la Britsh Sociological Association (BSA). En “Authorship guidelines” de la BSA se señala que deben ser co-autores aquellos que han realizado contribuciones académicas en cuando menos dos de los cuatro com- ponentes de un artículo: a) concepto o diseño; b) recopilación y procesamiento de datos, c) análisis e interpretación de datos; d) redacción de partes importantes del texto. En cuanto al orden de autoría se sigue aquel acostumbrado en las llamadas ciencias duras: el co-autor con mayor antigüedad (líder del grupo de investigación) se ubica al final; de tal manera que se sigue la norma, señalada en Tasharntke et al (2007) de énfasis en primer y último autor. Se coincide con los lineamientos de la BSA, donde se sugiere que aquellos con mayor antigüedad otorguen a los colegas más jóvenes la oportunidad de ser primeros autores, cuando sea apropiado. Sobre los usos y costumbres en cuanto al orden de autoría en distintas disciplinas ver ade- más Lake (2010), Osborne y Holland (2009), Zukerman (1968).

Casos Distritos de Riego El supuesto con el que se realiza la transferencia de los Distritos de Riego en Méxi- co a fines del siglo XX es de ausencia de organización de los usuarios. Este supuesto prescinde del hecho de que muchos de los Distritos de Riego se crearon sobre vie- jos regadíos con organizaciones de regantes ya existentes, así como del hecho que hubo una política del Estado de conformación de organizaciones de regantes en los Distritos de Riego e incluso de entrega de Distritos a los usuarios organizados. El viraje formal en la política se presenta en 1972 cuando la legislación de aguas indica que es competencia del ejecutivo federal la administración de los Distritos,

aunque hubo supresión puntual de juntas de aguas en algunos Distritos anteriores a esa fecha, así como Distritos donde los usuarios se resistieron a la expansión de la operación por funcionarios del Estado (Palerm, 2009a; Rodríguez et al, 2007). En esta Antología se documentan casos adicionales de existencia y persistencia de la auto-organización, así como casos de nuevas organizaciones. Ensayos I y II el Nazas. La intervención federal, en el espacio regado por los ríos Nazas y Aguanaval, inicia a fines del siglo XIX con la reglamentación de los ríos y con presencia de operadores que realizan la distribución entre las bocato- mas; a finales de la década de 1930 tiene lugar el reparto agrario de la tierras de riego y en 1939 recibe por primera vez la denominación de Distrito de Riego. En el reglamento del Distrito de Riego de 1939, se señala la obligatoriedad de que cada canal cuente con una junta de aguas, nombrada por los mismos usuarios, con funciones de distribución del agua. En 1962 se suspende, por decreto, el funciona- miento de las juntas de aguas: “Acuerdo por el que se determina que la Secretaría de Recursos Hidráulicos asumirá también las funciones que ahora están a su cargo de las Juntas Locales y Jueces de Aguas 16 del Distrito de Riego número 17 de la Re- gión Lagunera” (Palerm et al, 2004; Palerm, 2009a). En 1962, la SRH asume la distribución y conservación de la infraestructura hidráulica existente e inmediatamente la SRH nombra canaleros y afora- dores a nivel de secciones y zona de riego, respectivamente, lo que tuvo el impacto de un golpe de estado para las Juntas de Agua … (Ensayo II, en esta Antología).

En la década de 1990, se transfiere o entrega a los usuarios constituidos en Asocia- ciones de Usuarios, tramos –llamados módulos– del espacio hidráulico del Distrito para su administración. El Distrito conserva la operación de las obras de cabecera y red principal. No obstante, desde antes de la transferencia y aún después de la transferen- cia, existe auto-organización de los usuarios para la distribución del agua en los

16 En las juntas de aguas con pocos usuarios en lugar de contar con un comité directivo (presidente,

secretario, tesorero) se tenía un juez de aguas (Art 220 del Reglamento de la ley de aguas de propie- dad nacional de 30 de agosto de 1934). Pero no debe confundirse este juez de aguas con aquel indi- cado en la legislación agraria para ser encargado de las aguas del ejido y nombrado por los mismos ejidatarios (Palerm, 2005-a, 2009).

pequeños sistemas de riego del Distrito localizados en la parte alta del río Nazas, espacio que corresponde actualmente a los denominados módulos I, II y III del río Nazas, así como en el espacio que actualmente corresponde al denominado módulo XIX “Jimulco” del río Aguanaval donde todavía hay entarquinamiento en cajas de aguas (Rodríguez et al, 2001). Los usuarios nombran, entre ellos mismos, regidores, que son los encargados de distribuir el agua; también tienen funciones para el mantenimiento que se realiza por faenas. La figura de regidores, se encuentra vinculada a las juntas de aguas cuyo fun- cionamiento fue suspendido en 1962. En el único reglamento que hemos localizado de juntas de aguas para La Laguna: Normas Provisionales para la Distribución interior del canal de San Jacinto, que deriva aguas del río Nazas (1941) se señala en el Art. 16 Para auxiliar a la Junta de Aguas en el reparto del agua, se nombrarán seis regidores distribuidores uno por cada sector de usuarios. Estos regidores serán nombrados por la Junta de Aguas, pero a propuesta de la mayoría de los componentes de cada sector o grupo de usuarios.

Es posible que desapareciese la organización de junta de aguas, pero continuasen los regidores. Todavía en un espacio regado por el río Aguanaval los regantes reportan que hace tiempo hubo jueces de aguas, además de los regidores (Rodríguez et al, 2001). En la parte alta del Nazas, con sistemas que tienen un par de centenas de hec- táreas de superficie de riego y el sistema más grande un par de miles de hectáreas de superficie de riego, no existe una organización centralizada, dependen de los acuerdos y coordinación horizontal entre los regidores. La existencia de juntas de agua implicaría una organización centralizada o unificada por canal, sin embargo carecemos de información sobre si realmente llegaron a hacerse operativas las jun- tas de aguas en la parte alta del Nazas. Los regidores de agua, no obstante, han persistido en la informalidad por más de 50 años, desde 1962 cuando se suspende el funcionamiento de las juntas de aguas. A la fecha siguen siendo organizaciones no-oficiales, ya que los módulos en que se ubican los sistemas solo han dado un reconocimiento parcial a los regidores. La persistencia de la auto-organización se vincula con los espacios menos in- tervenidos del Distrito de Riego 017 y en el Distrito hubo intervenciones de consi-

deración: desde la década de 1930 se construyeron dos presas de almacenamiento sobre el río Nazas y, en las décadas de 1960 y 1970, hubo un rediseño de canales, eliminación de las cajas de agua para entarquinamiento y expansión de la opera- ción por funcionarios del Distrito de Riego. En los espacios más intervenidos no parece haber persistencia de formas organizativas. Ensayos III y IV el Lerma. La intervención federal en el espacio regado de lo que sería el Distrito de Riego 011 Lerma inicia con la reglamentación del río y con presencia de operadores que realizan la distribución entre las bocatomas, así como con la reglamentación de canales y conformación de juntas de aguas en las décadas de 1920 y 1930. Las intervenciones más importantes en infraestructura son la construcción de la presa Tepuxtepec para energía hidroeléctrica y la presa de almacenamiento Solís para riego. El primer reglamento como Distrito de Riego data de 1930. En 1938 se suspendió por decreto el funcionamiento de las juntas

de aguas y las funciones de distribución del agua se centralizaron en el Distrito de Riego 011 Lerma. En uno de los espacios de riego del Distrito, aquel de Valle de Santiago, se logró establecer que tiene un largo historial organizativo (documentación en Palerm et al, 2004; Sandré et al 2011; Garma, 1921 y Ensayo III en esta Antología), por ejemplo:

1611 Ordenanzas de la villa de Salamanca hechas por el cabildo de la villa para el buen gobierno de ella 1721 el Virrey Marqués de Valero, expidió y otorgó la confirmación de un conve- nio que tuvieron los Labradores en una Junta el día 4 de octubre del mismo año, ante don Antonio Moreno de la Cerda, Alcalde Ordinario de Salaman- ca, que en extracto dice: “apruebo el compromiso celebrado por los labra- dores del valle de Santiago, de la Villa de Salamanca, sobre el repartimiento de las aguas del río para el riego de sus haciendas”

1780

Acuerdo para el uso de la Laguna de Yuriria

1850

Reglamento de aguas de Valle de Santiago, Guanajuato

1865

convenio solemne entre el representante de don Blas de los Heros, dueño

de la hacienda de San Nicolás y don Vicente González apoderado de los la- bradores del Valle, se estipuló hacer de calicanto los pilares de la presa de Santa Rita, cuya construcción fue costeada por los labradores del Valle y los fraccionistas de La Zanja

1916 Reglamento general del Laborío del Valle de Santiago, Guanajuato

1930 Reglamento para la distribución interior de las aguas del canal del Labo- río del Valle de Santiago, Guanajuato (SAF)

1932 Formación de la Asociación de usuarios del río Lerma y laguna de Yuriria (Laborío del Valle), Valle de Santiago

Es un caso de organización de regantes con alcurnia. Sin embargo, no obstante los siglos de funcionamiento autónomo, la decisión del Distrito de Riego fue de expan- sión de la operación por parte de los funcionarios del Distrito. En el caso de Valle de Santiago hubo continuidad de los usuarios, aunque tam- bién hay reparto agrario. El grupo de propietarios privados del Valle de Santiago se mantiene unido y envía a un representante a las oficinas del Distrito de Riego, los funcionarios del Distrito integran también a un representante de los ejidatarios de Valle de Santiago. Desde 1938 se mantiene una solidaridad y negociación común de los regantes de Valle de Santiago y, en la década de 1990, 50 años después, con la transferencia, la superficie de riego del Valle de Santiago: 13,480 hectáreas, queda nuevamente bajo la administración de los regantes constituidos en Asociación de Usuarios. El módulo de riego Valle de Santiago es el módulo más exitoso del Distrito de Riego 011 Lerma, definiendo exitoso por las empresas fundadas: Servicios Agríco- las del Módulo Valle, Fondo de Aseguramiento Agrícola del Módulo Valle, Socie- dad Cooperativa de Consumo Agrícola del Módulo Valle. Sin embargo, el esquema de funcionamiento del módulo para la administración del agua de riego no parece muy distinto de los otros módulos del Distrito, cuando menos, al igual que los otros módulos tiene una administración de tipo burocrática (Palerm, 2006). Está por hacerse una comparación sistemática con el funciona- miento de otros módulos en rubros tales como equidad en la distribución del agua, número de personal empleado, control de costos del módulo, etc. En el Ensayo IV se presenta el estudio de caso del módulo Salvatierra del Distrito de Riego 011 Lerma, con antecedentes como junta de aguas, conformada en 1930. Como todas las juntas del Distrito su funcionamiento fue suspendido en 1938. El módulo, como en su momento la junta, está compuesto por varios sistemas de riego (hay 6 presas derivadoras y 6 canales generales). La superficie

regable son 16,105.61 hectáreas, sin embargo, en 2009, se regaron sólo 7,753.78 hectáreas. La mayor parte de los usuarios son ejidatarios, es decir hubo un rom- pimiento de la continuidad de los usuarios con el reparto agrario. Actualmente el módulo presenta inequidad en la distribución entre aguas arriba y aguas abajo, parcialmente corregido por la presencia de pozos; tiene mucho personal contra- tado y presenta también costos muy altos que no se cubren con las cuotas por servicio de riego. Ensayos V y VI –el sistema de riego Tepetitlán. El sistema de riego Te- petitlán que riega una superficie de 9,768 hectáreas, pasó de manos de dos ha- ciendas unificadas en un solo propietario a multitud de usuarios con el reparto agrario. El sistema de riego se integró en algún momento al Distrito de Riego 033 edo de México, sin embargo, con la transferencia, se presentó el problema de no ubicar la declaratoria formal como Distrito de Riego. Es posible que hubiese un breve espacio de tiempo en que los nuevos regantes asumieron la operación del sistema. También es posible que durante cierto tiempo, a nivel de ejido, la distri- bución estuviese a cargo de jueces de agua nombrados entre los mismos regantes, cuando menos los jueces de agua a nivel ejido se reportan como auxiliares de los canaleros del Distrito 17 . Las intervenciones más importantes consistieron en la ampliación de la presa de almacenamiento y en un tercer canal principal, am- pliando la zona de riego. Las comunidades de etnia mazahua del sistema de riego Tepetitlán rehusaron una transferencia bajo el modelo burocrático (Palerm, 2000, 2006), es decir de oficinas y personal de oficina, de gerente técnico y canaleros bajo su supervisión, así como otro personal contratado –rehúsan fundamentalmente por razones de costos. El sistema fue desincorporado como unidad de riego. En lugar del esquema centralizado de toma de decisiones propuesto para la transferencia, consistente en que los representantes de cada comunidad (delega- dos) debían ser únicamente representantes a la Asamblea que a su vez debía nom- brar al Comité Directivo de la Asociación de Usuarios, que a su vez debía contratar al personal de operación y de oficinas; los delegados se asimilan a la figura de juez

17 En el Distrito de Riego 016 Morelos los ejidos sobre el río Cuautla nombran, aun durante la

centralización de la operación en el Distrito, jueces de agua para encargarse de la distribución in- terior del agua (Ávalos et al, 2010; Palerm et al, 2001), ello corresponde con la legislación agraria (Palerm, 2009-a).

de aguas y toman el liderazgo en la distribución del agua junto con las autoridades

locales 18 . La distribución de agua en el sistema de riego Tepetitlán se organiza fun- damentalmente con acciones de las comunidades mismas: hacia afuera abriendo

y cerrando compuertas sobre el canal principal, así como vigilando el agua y hacia

adentro: estableciendo el orden de riego de las parcelas. La desaparición de una autoridad centralizada en la distribución del agua, así como la existencia de dos Comités Directivos (por un conflicto entre los usuarios), llevó a realizar una evaluación sobre la situación de inequidad y posible deterioro en la distribución de agua desde la transferencia. Siguiendo una estrategia indi- recta: la variedad de maíz sembrado, se logró establecer que había mejoría en las

fechas de riego; es decir que, a partir de la transferencia la distribución del agua había mejorado. En el Ensayo VI se aborda el proceso más reciente de descentralización del manejo de los reservorios secundarios (jagüeyes) del sistema de riego Tepetitlán. También se aborda el papel de los reservorios secundarios en el sistema y, desde la década de 1960 y como Distrito, su progresiva eliminación, al parece por una preferencia ingenieril en el almacenamiento a nivel de la presa. En el caso del sistema Tepetitlán se está ante una nueva organización para el manejo del sistema en su conjunto, que esencialmente se basa en la organización

a nivel de comunidad. A su vez la organización a nivel de comunidad, siendo la

población de etnia mazahua, ancla su capacidad organizativa en tiempos remotos,

a su vez reforzada o re-creada por el reparto agrario; y, para el manejo del agua, da

continuidad a un cargo propuesto en la legislación agraria: los jueces de agua –car- go que ya ha desaparecido de la legislación agraria. Todos los cargos de autoridad que las comunidades reconocen como autoridad, salvo el de delegados, carecen de un respaldo jurídico en la legislación vigente. No está enteramente claro el rol de los dos Comités Directivos de la Asociación de Usuarios, las comunidades, a través de sus representantes (delegados), aparen- temente apoyan a uno u otro Comité según hayan cumplido con sus compromisos. Ensayo VII –el Mexquital. El valle de Mexquital se caracteriza desde prin- cipios del siglo XX por el riego con aguas negras de la Ciudad de México, hay

18 Los cambios desde 1992 en la legislación agraria implican la desaparición del juez de aguas en los

ejidos y comunidades agrarias (Palerm, 2009-a).

una compleja infraestructura que combina las salida de aguas negras (Tajo de Nochistongo, Emisor Central y Dren General del Valle) con cauces de ríos (río Salado, río Tula y sus afluentes) y vasos reguladores (presa Taximay, presa Re- quena, presa Endhó). Actualmente hay tres Distritos que dependen de estas aguas: 03 Tula, 100 Alfajayucan y 112 Ajacuba. El valle del Mezquital se caracte- riza por el minifundismo con tenencia de la tierra ejidal y de propiedad privada, aunque a partir de los cambios de la legislación, en 1992, el rentismo de tierras de riego es importante. A finales de 1990 se inició la transferencia de tramos del Distrito 03 Tula. La transferencia ha tenido poco éxito, unos módulos no han aceptado la transferen- cia, otros han sido intervenidos, en ambos casos la Comisión Nacional del Agua ha contratado la administración de los módulos con un tercero. El módulo 05 Tepatepec del Distrito de Riego 05 Tula, al igual que otros módu- los corresponde a un espacio contiguo pero regado por tres canales distintos: Canal Principal Requena, Canal Alto Requena y Canal Endhó. Ello significa que entre los usuarios del mismo módulo no hay una solidaridad de base hidrológica. Tampoco los usuarios de una misma comunidad coinciden en canal y compuerta. Por lo general cuando se analiza la presencia de auto-organización en sistemas de riego, la atención se centra en las capacidades de distribución, mantenimiento y manejo del conflicto, pero la auto-organización más importante del Distrito de Riego 03 Tula es aquella para negociar agua con la autoridades del Distrito. Es in- teresante la perspectiva de Chambers (1986) que enumera diversas acciones, entre ellas recorridos para búsqueda o confirmación de información, negociación, sobor- nos, como acciones basadas en la capacidad auto-organizativa. Las movilizaciones del Distrito de Riego 03 Tula se concentran en aquellos es- pacios con mayores restricciones de agua, es decir aquellas ubicadas aguas abajo, y, más particularmente, en aquellos canales generales con mayor inestabilidad de flujo, al depender principalmente del agua proveniente del Emisor Central, que carece de vaso regulador. La auto-organización es más importante en aquellos espacios con mayores restricciones, tal y como propone Wade (1979, 1988). La capacidad de auto-organización es esencial para construir organizaciones para la administración de sistemas de riego. Cabe preguntarse porqué no se con- creta en el módulo Tepatepec y otros módulos del Distrito. Entre las razones pro-

bablemente se encuentra que los usuarios de una misma comunidad reciben su agua de distintos canales y compuertas, de tal manera que la pertenencia a una comunidad no coincide con una solidaridad de base hidrológica; de igual manera, en el módulo, los usuarios reciben su agua de distintos canales y compuertas, de tal manera que la pertenencia al módulo –una construcción artificial realizada por el Distrito de Riego—no coincide con una solidaridad de base hidrológica. Tam- poco ayuda el que la solidaridad por compuerta es obstaculizada por los mismos canaleros de la empresa a cargo de la administración del módulo, al desplazar al representante por compuerta: el zanjero, nombrado por los mismos usuarios; así como al preferir el canalero de la empresa el no negociar el orden de distribución del agua con el conjunto de regantes por compuerta.

Casos de Juntas de Agua, URDERALES y Unidades de Riego 19 Hacia fines del siglo XIX inicia una política federal de reglamentación de corrien- tes. El reglamento consiste en un cuadro o tabla de distribución de las aguas a los concesionarios y debía ser implementado por una organización de usuarios llamada junta de aguas, que actuaba como agente del Ejecutivo Federal. La re- glamentación abarcó tramos de ríos y sistemas de riego y estuvo a cargo de la SAF (Secretaría de Agricultura y Fomento), posteriormente de la SRH (Secretaría de Recursos Hidráulicos) y de la SARH (Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráu- licos) –esta documentación se encuentra actualmente en el Archivo Histórico del Agua y existe una compilación de los reglamentos (Palerm et al, 2004). La Comi- sión Nacional Agraria 20 queda a cargo de elaborar y supervisar los reglamentos de los espacios donde sólo hay ejidos, y de participar cuando hay, además de ejidos, otros usuarios. Adicionalmente la Comisión Nacional Agraria queda a cargo de supervisar y sancionar los reglamentos internos (de los ejidos) sobre distribución del agua –esta documentación se encuentra en el en el grupo documental de Do- tación y Accesión de Aguas del Archivo General Agrario y existe una compilación de los reglamentos (Palerm et al, 2011). Las juntas de aguas tuvieron vigencia en la legislación hasta 1992.

19 El seguimiento a la legislación en Palerm (2005-a) y en Palerm y Martínez (2009).

20 La Comisión Nacional Agraria también fue cambiando de nombre, sucesivamente: Depar-

tamento Agrario, Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, Secretaría de la Reforma

Agraria.

Las urderales (Unidades de Riego para el Desarrollo Rural) aparecen en la le- gislación de 1972, en el texto de la ley se argumenta que son de apoyo a las comu- nidades rurales. Las urderales se registran en la SARH y los expedientes siguen en SAGARPA (Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación). Las urderales se crean en espacios de nueva infraestructura, pero también hay ejidos en que los ejidatarios con riego se constituyeron en urderal y otros casos en que la junta de aguas se trasformó en urderal –el proceso todavía está por estudiarse. Las urderales se encuadran en los CADER (Centro de Apoyo al Desarrollo Rural), a su vez encuadrados en los Distritos de Desarrollo Rural (DDR), que a la fecha dependen de la SAGARPA. Las urderales tuvieron vigencia en la legislación hasta 1992. A partir de 1992, la ley señala que las unidades de riego deben obligatoria- mente organizarse en Asociaciones de Usuarios y recibir su título de concesión (que constará en el Registro Público de Derechos de Agua); al igual que los módulos de los Distritos de Riego. Los títulos de concesión se extienden por tiempo determinado (Palerm, 2005-b). Pero los ejidos y comunidades agrarias que no están en Distritos o Unidades de Riego, tienen su propio apartado en la ley y, aparentemente, según el texto de la ley, no requieren constituirse en unidad de riego. Las cifras oficiales indican que hay miles de unidades de riego, en una super- ficie de 2.5 millones de hectáreas hay 22,772 unidades de riego registradas con una superficie de 1,709,723 hectáreas y otras 16,526 unidades no registradas con una superficie de 864,468 hectáreas; es decir un total de 32,298 unidades y una superficie de 2,574,191 hectáreas (Palacios, 1998). Sin embargo, los reglamentos (y acuerdos y convenios) de juntas de aguas suman, entre el AHA y el AGA, unos 600. El enorme diferencial probablemente debido a que las juntas de aguas agrupaban a usuarios sobre una corriente. Por último, cabe señalar que la legislación de aguas a partir de 1992 es franca- mente confusa. Concesiones que tienen caducidad; ausencia de lineamientos de la delimitación de una unidad de riego; legislación diferenciada para ejidos según estén enmarcados o no en unidades y distritos de riego; ausencia de señalamien-

to de la documentación fuente para la atribución 21 como “unidad de riego”, basa- da aparentemente en actos jurídicos anteriores a 1992, etc. Ensayo VIII el sistema de riego del Tejalpa. El espacio regado que go- bierna la junta de aguas del río Tejalpa, suma una superficie de 1,498 hectáreas; se encuentra en las orillas de la Ciudad de Toluca y en el espacio de crecimiento urbano de esta Ciudad. La Universidad Autónoma del Estado de México tiene participación en la junta como un usuario más. Al igual que en el sistema de rie- go Tepetitlán (Ensayos V y VI) es crítico regar en marzo para poder sembrar un maíz de ciclo largo, para ello cuentan con almacenamiento de agua en 88 jagüe- yes. Los jagüeyes almacenan el agua de la temporada de lluvias; su destrucción por abandono asociado a cambios del uso del suelo ha provocado inundaciones en la ciudad. La junta de aguas del río Tejalpa se constituye en 1932 a partir de la reglamen- tación. Unos años antes había iniciado el reparto agrario. Con el reparto agrario se pasa de 16 a unos 50 usuarios, contabilizando como un usuario a cada ejido. El espacio reglamentado incluye dos canales generales interconectados, cada canal tiene su presa derivadora; en este espacio hubo unos 90 jagüeyes. Además el es- pacio reglamentado incluye unas 15 pequeñas presas derivadoras ubicadas aguas arriba y otras, también pequeñas, ubicadas aguas abajo. El sistema de tandeo que se utiliza en los dos canales interconectados aparentemente retoma acuerdos que datan del siglo XIX. En 1996 la CNA convoca una asamblea y, al decir de gente de la región, pro- pone que cada ejido/comunidad constituya una unidad de riego y con ello reciba también el título de concesión. La junta de aguas hace la contra-propuesta de conformar una sola unidad de riego. En el proceso de negociación se escinde de la junta de aguas el espacio que corresponde a las pequeñas presas derivadoras ubicadas aguas arriba. A la fecha la junta de aguas sigue en funcionamiento, sin embargo no ha logrado tramitar su paso a unidad de riego. Algunos de los ejidos/ comunidades se han constituido en unidades de riego y han recibido su título de concesión, aunque siguen participando en la junta de aguas.

21 Siendo que algunos Distritos no han logrado constatar legalmente su existencia para proceder al

trámite legal de transferencia, podemos imaginar que para las miles de unidades de riego hay aun mayores problemas. Esto es, suponiendo que “unidad de riego” corresponde a la llamada urderal (unidad de riego para el desarrollo rural).

El mantenimiento sobre los canales generales es coordinado por la junta de aguas, para la distribución del agua hay un canalero que entrega el agua a cada una de las 10 propiedades privadas y a cada uno de los 29 ejidos, que se encargan ellos mismos de la distribución interior del agua. En este caso, es notable el desfase entre lo oficial y lo no-oficial; es solo la per- sistencia de la junta, actualmente no-oficial, lo que permite la continuidad de la gestión del sistema de riego. Ensayo IX la Cañada. El río Tlapaneco, en la cañada de Huamuxtitlán en la Montaña de Guerrero, riega unas 3,000 hectáreas de 10 ejidos y comunidades agrarias beneficiarias del reparto agrario. El riego se realiza a partir de unas 19 presas efímeras cada una con su red de distribución que, por lo regular, desagua en el siguiente sistema; de tal manera que los sistemas están interconectados. Uno de los sistemas se amplia en la época de estiaje cuando se construyen canales tempo- rales en el lecho del río. Sobresale el manejo de la ribera del río, se construyen trompezones para estabi- lizar el curso del río, así como para ganar terreno al río. Los trompezones consisten en líneas paralelas de estacados que se rellenan con piedras y ramas y donde se siembra vareta de sauce. En tramos, ya antiguos, hay impresionantes hileras de sauces. Es una técnica que posiblemente estaba en uso en la época prehispánica. La administración de los sistemas que abarcan a más de una comunidad se rea- liza por acuerdos horizontales entre las comunidades; hay jueces de aguas y jueces de estacados que se encargan de la distribución del agua y de la reconstrucción de las presas efímeras y de los trompezones. En la Cañada, después del reparto agrario, no hubo ni reglamentación, ni es- tablecimiento de urderales, pero en 2001, por contrato con la Comisión Nacional del Agua, un grupo de trabajo conforma 5 unidades de riego, que corresponden a 5 presas efímeras, y una Sociedad de Representación Limitada que conjunta a las 5 unidades. Las 5 nuevas unidades corresponden a espacios de riego que participan en el sistema que solo se estructura durante el estiaje. Recibe cada una de las uni- dades de riego su título de concesión. Las modificaciones formales en la organiza- ción no se han concretado, se conserva la gestión previa. Ensayo X los manguereros. En las laderas del volcán Popocatepetl las co- munidades están haciendo uso, de manera creciente, de pequeños manantiales y

de los ríos que nacen sobre sus laderas para uso doméstico y para riego. El uso se basa en la toma y conducción por mangueras. Decenas y cientos de mangueras se conducen desde las tomas, las mangueras van por el aire atravesando barracas y por tierra, cada una marcada con los lazos de color del pequeño grupo (5, 10, 15 usuarios) que compró e instaló la manguera y que usa el agua. El agua se conduce a una olla, en otros casos a una caja de material, desde donde se redistribuye por tandas. Cada usuario individual saca su manguera de la olla o caja hasta su parcela. El agua llega a las ollas o cajas y a las parcelas con bastante presión gracias a los fuertes desniveles. En las parcelas se riega directamente de la manguera y, más re- cientemente, se están instalando sistemas de goteo, se riegan huertas de durazno y de aguacate. Las organizaciones de grupos de manguereros se han dado al margen del estado; para el desarrollo tecnológico han aprovechado ofertas diversas del go- bierno. Existe un reglamento de 1951, pero la ampliación de tomas de agua, hasta donde se sabe, no cuenta con concesiones de agua para riego. Para la junta de aguas de la parte baja del río Amatzinac, en el estado de Mo- relos, el aprovechamiento de agua en la parte alta ha significado que se quedaron sin agua de riego unas 700 hectáreas (Rivas, 2005; Espinosa, 2006). A cambio ha habido una intensificación de la agricultura en la parte alta, las huertas están totalmente dedicadas a la producción para el mercado y ha habido un progreso económico considerable. Cabe señalar que la Comisión Nacional del Agua se ha visto impotente para garantizar el acceso al agua a la junta de aguas de la parte baja del Amatzinac. El caso que se describe, de la comunidad de Metepec, es un ejemplo del desa- rrollo de riego por mangueras en zonas de fuerte pendiente; la fuerte pendiente, es precisamente lo que ofrece grandes ventajas a la conducción por mangueras, lo que era, anteriormente, una fuerte restricción al riego por canales. Ensayo XI –el río Cuautitlán. En el caso del río Cuautitlán sabemos con cer- teza que hubo construcción prehispánica y que hay un uso continuado hasta la ac- tualidad. La historia prehispánica del río Cuautitlán inicia con el desvío del río. El control de las aguas del río Cuautitlán está asociada, desde cuando menos la época colonial, al manejo del nivel de las aguas de los lagos del valle de México. El centro de atención del estudio de caso corresponde a la presa de Atlaminca sobre el río Cuautitlán. La investigación de Israel ha logrado reunir información sobre la orga-

nización en torno a la gestión del regadío desde el siglo XVI. Hay información de

repartimientos en la época colonial, por ejemplo los de 1587 y 1762 para la presa de Atlaminca y la Pila Real, así como información sobre merced de aguas y una toma desde la presa de Atlaminca para el pueblo de Teoloyucan. Entrado el siglo XIX el ayuntamiento de Cuautitlán asume la dirección de la gestión en coordinación con los pueblos, haciendas y ranchos; hay un reglamento municipal de 1914 que retoma los repartimientos y mercedes coloniales. En la década de 1920 la intervención del gobierno federal provoca una movili- zación en contra de cambios en la distribución del agua, los inconformes se asocian en la “Agrupación de Representantes de Pueblos, Haciendas y Ranchos, Usuarios de las Aguas del Río Cuautitlán por medio de la Taza de Atlamica”. Tampoco satis- face la propuesta del gobierno federal de una junta de aguas del río Cuautitlán que abarca un espacio hidráulico amplio y con competencias bastante centralizadas. Poco después grupos de usuarios, de distintos sistemas de riego, exigen separarse

y conformar sus propias juntas: Villa Nicolás Romero, Tepotzotlán, Teoloyucan,

Cuautitlán, Cuamatla. En el espacio hidráulico que tiene en común la presa de Atlaminca, se confor- man tres juntas de agua: de Cuautitlán, de Teoloyucan y, probablemente, la de Coyotepec. En la década de 1970 las juntas se trasforman en urderales y en la déca- da de 1990 en unidades de riego. La distribución del agua al interior de los ejidos la realiza una asociación de los regantes de cada ejido; posiblemente, antes de la década de 1970, esta fue realizada por comisionados ejidales y jueces de agua, con-

forme a la legislación agraria (Palerm, 2009c). Las juntas, que así les llama todavía

la gente del lugar, nombran a canaleros para la distribución del agua y coordinan el

mantenimiento sobre los canales generales. Las tres juntas tienen una asociación informal, llamada asamblea de delegados, con representación de cada una de las juntas para coordinar la distribución del agua entre las tres organizaciones y dar mantenimiento a la infraestructura en común. La evidencia apunta a una alta participación de las comunidades en organizar y supervisar la distribución del agua, como en el caso del sistema de riego Tepetitlán (Ensayos V y VI) la gestión está centrada en las comunidades. En la época colonial hay repartimientos (cuadros de distribución), pero no parece haber una institución en común –lo que es aparentemente típico en el México colonial y decimonónico

(Palerm, 2010a). En el siglo XIX, el ayuntamiento de Cuautitlán sólo administró el agua en los límites municipales, con los pueblos, ranchos y haciendas de otros municipios se siguió, al parecer, una estrategia de acuerdos horizontales, es decir sin una institución en común. Como ya señalamos, en la organización actual: la Unidad de Riego Cuautitlán, las comunidades tienen una alta participación en su- pervisar la distribución en los canales generales. Al igual que en el caso de Valle de Santiago (Ensayo III) se puede trazar la con- tinuidad organizativa de la gestión del agua; aunque a diferencia de Valle de San- tiago, las comunidades han sido muy exitosas en defender las formas de gestión del agua locales.

Casos agua entubada para uso doméstico en comunidades rurales En los últimos años se ha puesto atención a la administración de los sistemas de abasto de agua a las ciudades y, junto con la política de transferencia de los Distri- tos de Riego, se supone una descentralización (Pineda, 2002; Aguilar, 2011). Sin embargo, para las comunidades rurales, los cambios en las leyes significan una centralización, al pasar la administración de la comunidad al municipio o a un organismo operador. Los estudios de caso sobre pequeños sistemas de agua entubada para uso do- méstico en comunidades rurales muestran la preferencia de la gente de conservar el control local, la eficacia de la administración en manos de las comunidades, así como los altos costos de una gestión burocrática en manos del municipio o de un organismo operador. Son sistemas que las comunidades han construido, con poco o ningún apoyo estatal; la inversión se ha realizado con las cooperaciones en dine- ro y trabajo de los vecinos. La llamada “descentralización” de los servicios de agua entubada para uso doméstico está significando, para las comunidades rurales, una expropiación y centralización de la gestión de sus sistemas (Galindo et al, 2007, 2012). El proceso actualmente en marcha permite sopesar la resistencia a la cen- tralización de la gestión del agua de riego y de uso doméstico en otros momentos de la historia de México. Es también interesante la capacidad de apropiación de la tecnología. Los cam- pesinos, al igual que en el caso de las mangueras (Ensayo X), han sido capaces de apropiarse de la tecnología y realizar ellos mismos las obras.

Ensayo XII el papel de las comunidades. En la segunda mitad del siglo XX se entubaron aguas del deshielo de los volcanes y se condujeron, por gravedad, a una serie de comunidades; a la entrada de cada comunidad se construyeron cajas de almacenamiento, desde donde se abastecía a uno o dos hidrantes públicos. La construcción la realizó la SRH con participación, en dinero y faenas, de las comu- nidades. Con el tiempo las comunidades, con apoyos externos, invirtieron en las redes de distribución. La gestión del sistema común a las comunidades estuvo a cargo de la SRH y posteriormente de la Comisión Estatal de Aguas; la gestión de las redes de distribución estuvo a cargo de las comunidades. Las modificaciones en las leyes llevaron a que unos municipios más que otros, presionaron por administrar las redes. Las comunidades también invirtieron en sistemas de abasto, aunque de menor tamaño. Destaca la participación de las comunidades no solo en construir y operar por su cuenta, sino también en complementar la gestión por los organis- mos operadores, los municipios, la Comisión Estatal de Aguas y la SRH. El aspecto de complementariedad a la gestión oficial por el organismo operador o el ayunta- miento, marca los límites a la expansión de la administración más centralizada y los espacios de continuidad de la participación comunitaria, pero con el carácter de informal e invisible. En contraparte, los funcionarios tienen comentarios despecti- vos sobre la gestión por las comunidades. Ensayo XIII Mujeres, agua potable y organización comunitaria. El estudio de caso se refiere a dos comunidades, ambas indias, con poca población. Cuentan con agua entubada que se conduce por gravedad a una caja de almacena- miento, de donde parte una red de distribución. En una comunidad, el sistema de participación en faenas no está funcionando. El argumento de la no participación se relaciona con los apoyos externos en salarios que reciben los encargados del agua. El resultado es el deterioro y mal funcionamiento del sistema por falta de mantenimiento. En la otra comunidad, el sistema de participación en faenas se mantiene vigente. Las mujeres son las que ven directamente reflejada en su carga de trabajo el buen o mal funcionamiento.

La continuidad de la gestión por las comunidades

Ensayo XIV Las aguas de los pueblos. En este ensayo se aborda la legisla- ción decimonónica mexicana sobre aguas para riego, con énfasis en las aguas para

los pueblos. En los últimos años ha habido avances en los estudios sobre regadíos y legislación sobre aguas para la época colonial; así como un fuerte avance en in- vestigación desde la llamada federalización de las aguas, es decir desde fines del XIX en que las aguas son crecientemente asunto del gobierno federal. Sin embar- go, el periodo previo a la federalización de las aguas, en el siglo XIX, es un tema no trabajado. El estudio se centra en dar seguimiento a los derechos corporados de aguas de las antiguas repúblicas, así como los lineamientos legales sobre la capacidad de administrar esas aguas. La desaparición jurídica de las repúblicas, en la primera mitad del siglo XIX, llevó a un desfase dado que la antigua repúbli- ca (comunidad) tenía la propiedad del título de la merced o concesión del agua, mientras que el Ayuntamiento tenía la administración del agua. En la segunda mi- tad del siglo XIX, después de la desamortización, aparentemente las aguas de uso común (de riego y de uso doméstico) no están sujetas a la desamortización (indi-

vidualización). En la legislación de aguas de varios estados se precisa, durante el siglo XIX, el papel administrador o supervisor de la administración por los Ayun- tamientos sobre las aguas de uso común o aguas de los pueblos. En el caso, por

ejemplo, de Guerrero se señala que “

respetando las costumbre y derechos observados; y el mismo Ayuntamiento con- ”

vocará á los interesados para que nombren un representante

Las comunidades

parecen haber conservado una alta autonomía y auto-gestión de las aguas de uso común. Al igual que en la época actual, el municipio parece más bien administrar las aguas de la cabecera municipal, mientras que las comunidades del municipio administra cada una sus aguas.

será reglamentado por los Ayuntamientos,

Agradecimientos. La conversación con varias personas fue de gran ayuda en la reflexión sobre los resultados del proyecto: Tomás Martínez Saldaña, Lydia Torre, José Luis Pimentel Equihua y José Rivera; para el cuadro fueron de gran ayuda Juan Ramón Pineda Torres y José Luis Pimentel Equihua. Un par de invi- taciones a realizar presentaciones fueron antecedentes importantes, la de El Cole- gio de San Luis al Seminario Gestión del agua y conflictos sociales: análisis de los ámbitos locales en marzo de 2011 y la de Blanca Jiménez a la Reunión general de la AMC: Ciencia y humanismo; Simposio de la sección de Ingeniería: La Crisis del Agua en enero de 2012. Varias personas leyeron y comentaron sobre el texto intro-

ductorio: J. V. Palerm, Acela Montes y Patricia Torres. Además, Lydia Torre y Ma Luisa Torregrosa leyeron y comentaron todo el texto de la Antología. Un especial agradecimiento a Guiomar Palerm por la revisión del texto y a Israel Sandré por el apoyo con algunas figuras. Finalmente a todos los participantes en los talleres del proyecto, en especial a Nohora Guzmán.

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Nota: En gris lo que es informal, no-oficial o alegal a nivel multicomunitario (no se indica a nivel comunitario)

Cuadro núm. 1. Organizaciones comunitarias y multicomunitarias en sistemas de riego y redes hidráulicas.

 

fuente

 

XI, en

Antología

esta

 

Ocampo, 1997;

Rodriguez, 2000;

Carpintei-

comm.

Escobedo, 1997b

 

Ensayo

Gómez

2005

2005;

Rendón,

pers.

ro,

 

Nivel organi-

zativo multico-

munitario

 

Asamblea de dele- gados

Asamblea de dele- gados

 

Comité de río

 

Comité de río

 

Riego

organi-

existente)

     

de

respeta

(se

Distrito

zación

Nivel organi-

comunitario

zativo multi-

juntas de aguas

(3)

urderales (3)

unidades de

riego (3)

juntas de aguas

(12)

 

junta de aguas

(12)

junta de aguas

(12)

 

junta de aguas

(1)

junta de aguas

(1)

n.d.

Nivel organizati-

vo comunidad

ejido con juez de aguas

regantes del ejido

regantes del ejido

ejido con juez de aguas

(regantes y ejido con

de aguas

ejido)

urderal

juez

del

urderal (regantes del ejido) y ejido con juez de aguas

 

(regantes

posiblemente

urderal

   

ejido

del ejido)

n.d.

 

periodos

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

1920s -a

1972

 

1972-1992

1992-a la

fecha

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

y

de riego)

tamaño

(superficie

9,266 hectáreas el sistema más grande

     

Descripción

7,500

8,100 hectáreas

multicomunitario

hi-

unidad

administrativa)

(o

dráulica

Cuautitlán (Edo de México y conjunta a otros dos sistemas con los que comparte obra de cabecera

 

Nexapa (Puebla) 12 canales generales con obra de cabecera en común

   

o red

Sistema

Pilantitla de (Puebla)

riego

sistema

 

1

2

3

fuente

Bácenas y Galindo, comm. pers. 2012; Crinquant, 2004

 

Ensayo VIII, en esta Antología

 

Ensayo II, en esta Antología

 

Nivel organi-

zativo multico-

munitario

             

Distrito de Riego

     

Distrito de Riego

 

Nivel organi-

comunitario

zativo multi-

junta de aguas

 

junta de aguas

     

junta de aguas

 

junta de aguas

   

de aguas

presa

y canal) (suspen-

dido en 1962)

acuerdos hori-

zontales entre

 

Distrito de Riego

acuerdos hori-

zontales entre

 

módulo

(1)

(1)

unidad de riego

(1)

(1)

(1)

junta de aguas

(1)

juntas cada

(por

regidores

regidores

Nivel organizati-

vo comunidad

   

atribuciones

ejido:

de

asignación

de

 

ejidos con juez de aguas

ejidos con juez de aguas

ejido)

del riego

de

 

regidores por sector de usuarios

   

regidores por sector de usuarios

   

regidores por sector de usuarios

 

ejido

ejido

agua

ejidos con juez de aguas y

unidades

(regantes

 

periodos

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

 

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

 

1920s -a

1962

 

1962-

1992

 

1992-a la

fecha

y

de riego)

tamaño

(superficie

   

sistemas multicomu- nitarios, cada uno de alrededor de 100 hec- táreas; en total en el espacio administrado por el módulo 5,000 hectáreas

 

Descripción

aprox.

8 ejidos

hectáreas

1,800

1,500 hectáreas

hi-

unidad

administrativa)

(o

dráulica

El Cubo (Tarimoro, Guanajuato) sistema de riego

 

Tejalpa (Edo de Mé- xico) dos sistemas de riego interconectados

   

sistemas multicomu- nitarios actual espacio del módulo II del Distrito de Riego 017

 

o red

Nazas (Coahuila):

Sistema

 

4

5

6

fuente

Ensayo I, en esta Antología

 

Huerta, 2000

González

Rivas, 2000;

Reglamento, 1926

Cabrera et al, 1997

Nivel organi-

zativo multico-

munitario

 

Distrito de Riego

   

Distrito de Riego

       

Nivel organi-

comunitario

zativo multi-

juntas de aguas

en

acuerdos hori-

 

Distrito de Riego

acuerdos hori-

zontales entre

   

junta de aguas

(1)

 

junta de aguas

 

junta de aguas

 

unidad de riego

(1)

   

(suspendido

1962)

zontales entre

regidores

+ ejido

regidores

módulo

urderal (1)

(1)

(1)

underal (1)

n.d.

Nivel organizati-

vo comunidad

por sector

usuarios

regidores

de

regidores por sector de usuarios

ejido

 

regidores por sector

de usuarios

ejido

ejido

ejido

ejido

n.d.

de

comité unidad

del ejido

(regantes

riego

1972-1992

1992 a la fecha

 

+

+

 

periodos

1920s -a

1962

 

1962-

1992

   

1992-a la

fecha

1920s -a

1972

1972-1992

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

1972-1992

1992-a la

fecha

y

de riego)

tamaño

(superficie

sistemas multicomuni- tarios, entre 100 a 1,000 hec- táreas, el más grande 1,500 hectáreas, en to- tal en el espacio admi- nistrado por el módulo 6,371 hectáreas

 

la década

los

secan

manantiales)

por

1990 (y se

3,000

de

   

350 hectáreas proyecto 2, 000 hec- táreas

construcción en 1970s

 

Descripción

2,000 hectáreas

hi-

o red

Sistema

unidad

administrativa)

(o

dráulica

Nazas (Coahuila):

sistemas multicomu- nitarios actual espacio del módulo III del Distri- to de Riego 17

 

México)

Juan de Teotihua- de

riego

San (Edo.

sistema

cán

Canal Tenango (Mo- relos) sistema de riego

 

Arandas (Jalisco) sistema de riego

 
 

7

8

9

10

 

fuente

Ensayo IX, en esta Antología

 

López-Pacheco, 2002; López- Pacheco et al,

2009

 

Nivel organi-

zativo multico-

munitario

   

5

a las

riego)

 
 

S. de R. L. (1)

(conjunta de

unidades

 

Nivel organi-

comunitario

zativo multi-

acuerdos entre

campos que

comparten presa

derivadora

acuerdos entre

campos que

comparten presa

acuerdos entre

campos que

comparten

presa +

unidades de rie- go (5) (no en to-

dos los sistemas de La Cañada)

acuerdos entre

ejidos

acuerdos entre

ejidos

acuerdos entre

ejidos

Nivel organizati-

vo comunidad

organización por campos (comisio- nados y jueces de aguas)

organización por campos (comisio- nados y jueces de aguas)

organización por campos (comisio- nados y jueces de aguas)

 

ejido + asamblea usuarios en cada caja de agua

ejido + asamblea usuarios de cada caja de agua

ejido + asamblea usuarios de cada caja de agua

 

periodos

 

1920s -a

1972

 

1972-1992

1992-a la

fecha

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

y

de riego)

tamaño

(superficie

19 sistemas sistema más grande 1,342, en total 3,000 hectáreas

   

Descripción

2,000 hectáreas

hi-

unidad

administrativa)

(o

dráulica

La Cañada (Guerrero) red hidráulica, los sistemas están inter- conectados

 

Valle Coeneo Huani- queo (Michoacán) red hidráulica mul- ticomunitaria para entarquinamiento en cajas de agua

 

o red

Sistema

 

11

12

fuente

Ensayos V y VI, en esta Antología

Rodriguez Haros et al, 2007

Nivel organi-

zativo multico-

munitario

 

Distrito de Riego

   

obra de cabecera

por

de Riego

Distrito

 

administrada

Nivel organi-

comunitario

zativo multi-

Distrito de Riego

Distrito de Riego

acuerdos entre

ejidos

junta de aguas

junta de aguas

Distrito de Riego

junta de aguas

   

transferencia

en proceso

como módulo

Nivel organizati-

vo comunidad

ejido y jueces de aguas (limitada par- ticipación ejidos, el juez de aguas apoya al canalero del D de R)

ejido y jueces de aguas (limitada par- ticipación ejidos, el juez de aguas apoya al canalero del D de R)

de jagüey

ejido y jueces de aguas

comités

         

n.d.

n.d.

n.d.

 

periodos

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

   

y

Descripción

de riego)

tamaño

(superficie

9,721 hectáreas

 

propieta-

1,800 hectáreas

(pequeños

rios)

 

hi-

o red

Sistema

unidad

administrativa)

(o

dráulica

Tepetitlán (edo de México) sistema de riego

riego parte

Valle de (Chihuahua)

Juárez,

de

sistema

antigua

 

13

14

 

Ensayo VII, en esta Antología

 

2001;

al, 2010;

Salcedo et al,

Palerm et et al,

Ávalos

 

fuente

2000, 2002

Nivel organi-

zativo multico-

munitario

   

Distrito de Riego

   

Distrito de Riegomódulo

Nivel organi-

comunitario

zativo multi-

 

Distrito de Riego

 

Distrito de Riego

   

en

junta de aguas

(suspendido

1953)

 

Distrito de Riego

acuerdos hori- zontales entre ejidos que se abastecen por le mismo canal

de riego

módulo

Nivel organizati-

vo comunidad

 

zanjero por com- puerta nombrado por los regantes

participa-

ción en decisiones

de distribución)

participa-

zanjero por com- puerta nombrado por los regantes

(limitada

ción en decisiones

de distribución)

ejido y jueces de agua

 

ejido y jueces de agua

ejido y jueces de agua

 
 

n.d.

(limitada

 

periodos

 

1920s -a

1972

 

1972-1992

1992-a la

fecha

 

1920s -a

1953

1953-1992

1992 a la

fecha

y

Descripción

de riego)

tamaño

(superficie

5,800 hectáreas corres-

admi-

espacio

el módulo

10,000 hectáreas

 

ponde al por

nistrado

 

hi-

unidad

administrativa)

(o

dráulica

Módulo de riego 05 “Tepatepec” (Hidalgo) 3 canales generales, sólo a nivel de Distri- to comparten obra de cabecera

 

Cuautla (Morelos) red hidráulica, , los sistemas están inter- conectados

 

o red

Sistema

 

15

16

fuente

Ensayo X, en esta Antología; Rivas, 2000, 2005; Espi- nosa, 2006; Regla- mento, 1951

 

Ensayo III, en esta Antología

 

Ensayo IV, en esta Antología

     

Nivel organi-

zativo multico-

munitario

     

Distrito de Riego

Distrito de Riego

 

Distrito de Riego

 

Nivel organi-

comunitario

zativo multi-

junta de aguas --no parece con- cretarse

asociación de

manguereros

asociación de

manguereros

junta de aguas

Distrito de Riego

módulo

junta de aguas

Distrito de Riego

módulo

 

Nivel organizati-

vo comunidad

a 10 socios por

grupo

5 a 10 socios por

grupo

a 10 socios por

grupo

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

n.d.

 

5

5

 

periodos

1920s -a

1972

1972-1992

1992-a la

fecha

1920s -a

1938

1938-

1992

1992-a la

fecha

1920s-

1938

1938-

1992

1992-a la

fecha

 

y

Descripción

de riego)

tamaño

(superficie

en conjunto aprox. 80 lps en 1951 y afecta aguas abajo a 743 hec- táreas riego por mangueras

 

10,000 hectáreas pequeños propietarios, después del reparto agrario pequeños pro- pietarios y ejidos

 

7,000 hectáreas, co- rresponde al espacio administrado por el módulo