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INFORME: ! Sobre las rabietas… ! Darío Bustamante y Lorena Campo, 4rto A, Grado en Magisterio
INFORME:
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Sobre las rabietas…
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Darío Bustamante y Lorena Campo,
4rto A, Grado en Magisterio en
Educación Infantil.

INFORME: ! Sobre las rabietas… ! Darío Bustamante y Lorena Campo, 4rto A, Grado en Magisterio

Esta ha sido nuestra última semana en Ojana, en

la cual se han atendido aspectos

relacionados con las rabietas infantiles, a cargo de Pilar Gómez, coach de familia y también, maestra.

 
 

En primer lugar, y para comenzar la sesión, Pilar quería escuchar las ideas previas de las madres de Ojana, que comentaban que se sentían inseguras cuando sus hijos manifestaban una rabieta en público, pues los demás adultos que se encuentren en ese momento presenciando el acto pueden cuestionarte el juicio, es decir, tus propias actuaciones.

 
 

Pilar, manifestaba que la ira no es un problema, sino que más bien es una emoción, una realidad, que es necesaria y que procede de la evolución de nuestra especie, debido a la adaptación del medio, de modo que podamos resolver problemas de manera más eficaz. ¿Acaso un niño no tiene derecho a manifestar su enfado? La respuesta, indudablemente, es que sí. Al igual de importante es que reconozca sus propias emociones, pues en caso de “cargar” con enfados que no se han resuelto, puede acarrear en posibles depresiones, estrés crónico, ira crónica…

 
 

Es por esto que consideramos que desde las edades más tempranas se han de trabajar las emociones en el aula de Educación Infantil, de manera que progresivamente vayan identificando sus propias emociones así como las de los otros.

 
 

Por otro lado se hizo referencia a la inteligencia emocional. Para ello, es importante conocer las tres partes en las que se divide el cerebro: en primer lugar, hacemos alusión a la parte reptiliana, la cual esta relacionada con lo instintivo, en la que no hay ni emoción ni racionalidad; en segundo lugar, señalar el sistema límbico, que tiene que ver con las propias emociones; y en última instancia, el neocortex, el cual permite que “pasemos” por la razón todo aquello que pasa en el día a día.

 
 

Atendiendo a todo lo comentado anteriormente, podemos añadir que la inteligencia emocional consiste en la armonía de las tres partes.

 
 

Desde nuestro punto de vista es totalmente necesario conocer estas partes en las que queda estructurado el cerebro, para, así, conocer cómo se manifiestan las emociones y cómo se procesa la información desde nuestro propio cerebro.

 

Además, se hizo alusión a la necesidad de expresar las propias emociones. ¿Y es que un niño puede ser considerado como malo por expresar su ira? ¿No es acaso una

necesidad básica hacerlo? ¿No tiene derecho a expresar sus emociones? Hemos de tener en cuenta el hecho de que las emociones han de ser atendidas, pues en caso de no

ser así, pueden generar daño físico, así como que no hay emociones ni positivas, ni negativas, pues cuando un niño se enfada no está teniendo un mal comportamiento, sino que está manifestando la emoción que siente en un determinado momento.

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Tendemos a manifestar cierto miedo y temor ante la ira, pero ésta es igual de aceptable que la alegría. Y cuando el pequeño se enfada significa que tiene algo que resolver.

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Asimismo, hemos de atender a un aspecto que nos pareció de gran importancia relacionado con el movimiento. Para ello, se hizo alusión al libro “El cerebro del niño” publicado por Daniel Sejier. Y es que este autor añade que el movimiento ayuda a calmar la ira. ¿Acaso no tendemos a movernos cuando algo nos preocupa? Ciertamente, muchas veces realizamos movimientos cuando esto sucede, lo cual nos ayuda a calmarnos, disminuyendo la ira de manera progresiva. Entre los dos, hemos comentado que, ciertamente, nosotros también necesitamos movernos cuando estamos enfadados, y realizar alguna actividad, como por ejemplo, cocinar.

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A la hora de hacer frente a la emoción que experimentamos, hemos de tener en cuenta que si somos conscientes de lo que nos pasa podemos tomar decisiones (transitar), pero en caso de no saber interpretar qué es aquello que nos está ocurriendo, nos bloqueamos (bloqueo). Por eso es importante, como ya hemos comentado anteriormente, saber manifestar e interpretar las emociones, para poder hacer frente a aquello que nos preocupa o que nos hace sentirnos mal.

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También es importante que, tanto desde el ámbito familiar, como desde la escuela, no llevemos a cabo críticas cuando el niño sienta ira, como por ejemplo, “ya estás de morros”, “ya estás otra vez igual”… Pues este tipo de comentarios no ayudan al niño, siendo, además, una falta de respeto ante la emoción que el niño está experimentando. Ante estas situaciones, debemos, por tanto, decir al niño si necesita ayuda o quiere estar solo, respetando sus decisiones.

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Igualmente, resulta fundamental omitir cuestiones como “¿por qué gritas?”, o “¿por qué lo has hecho?”, puesto que, realmente, el niño no tiene respuestas para estas cuestiones. A nuestro juicio, de hecho, esto puede llegar a frustrar al niño, y hacer que la ira de éste aumente de forma progresiva al sentirse “incompetente” para responder a las preguntas del adulto, por lo que consideramos fundamental obviar este tipo de cuestiones y basar nuestra comunicación, en este tipo de situaciones, en lo que la ponente denominaba como “comunicación no violenta”.

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Pero… ¿qué entendemos por comunicación no violenta? Al hablar de este tipo de comunicación, Pilar nos transmitió la necesidad de hablar de todo aquello que vemos,

con sinceridad, obviando las preguntas señaladas anteriormente, y centrar la intervención en cuestiones o afirmaciones relacionadas con lo que se está viendo (“veo que…”), o a lo que está ocurriendo (“¿qué es lo que está pasando?”). A través de este tipo de intervención, lo que buscamos no es una respuesta cerrada, tal y como parece que estamos pidiendo al niño preguntándole los motivos de los gritos, sino que estamos proporcionando al pequeño una oportunidades para contar lo que ha ocurrido, pero también, lo que ha sentido mientras realizaba estas acciones. Creemos que la libre expresión de los sentimientos y las emociones resulta fundamental para que el niño sienta que tiene la oportunidad de interactuar y compartir experiencias con el adulto, de forma que la confianza mutua se refuerce y se formen vínculos de apego seguro.

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Señalar, igualmente, que existen muchos recursos para que el niño exprese su ira, o comprendan esta emoción. Por ejemplo, Pilar nos comentaba que existen muchos cuentos y álbumes ilustrados para trabajar la ira y el enfado, y recursos de interés para trabajar sobre las rabietas. Utilizar la literatura como medio de comprensión de emociones nos parece fundamental, puesto que la educación emocional a través de los cuentos infantiles u otros géneros literarios es, indudablemente, una propuesta interesante e innovadora para trasladar a nuestras aulas o a nuestros hogares.

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Igualmente, una de las madres, que trabaja como maestra de Educación Infantil, nos comentó que en su aula había un rincón para liberar la frustración, puesto que entendía que en muchos casos, los niños necesitaban que esa emoción fuera atendida, pero que, debido al ratio en las aulas, en ese momento puede resultar complicado responder a su demanda, y cree que es necesario que los niños tengan una “válvula de escape” para expresar sus emociones. Nos llamó mucho la atención cómo planteaba esta maestra el rincón en su aula, puesto que, al entrar más en profundidad, nos comentó que en éste recogía revistas para que el niño las troceara, o almohadones para golpear, algo que nos sorprendió y que nos llevó a plantearnos el hecho de que si, a través de ese rincón, se podría estar potenciando la agresividad, al permitir a los niños golpear a los objetos. Por un lado, pensábamos que sí, puesto que, pese a tratarse de un objeto, la acción de golpear puede resultar agresiva, aunque, por otro lado, comprendemos la visión de que los niños necesitan una válvula de escape para expresar sus emociones en el contexto escolar, y, realmente, no se nos ocurre ninguna alternativa a la propuesta por esta maestra.

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Destacar, igualmente, que, pese a que los niños cuentan con este espacio para expresar sus emociones, la maestra otorgaba importancia a retomar la emoción más adelante, en el momento en el que ésta pudiera ser atendida correctamente. Realmente, creemos que, en muchos casos, estas emociones pueden esperar, pero en otros casos, la respuesta

debería ser lo más inmediata posible, por lo que nos gustaría haber conocido más en profundidad esta propuesta docente.

! Otra cuestión a tener en cuenta, tal y como señalaba la ponente, es que, en
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Otra cuestión a tener en cuenta, tal y como señalaba la ponente, es que, en ningún caso,
debemos etiquetar a los niños como “malos”, debido a sus muestras de enfado.
Socialmente, en muchos casos, tendemos a decirle a un niño que es “muy malo” cuando
lo que éste está haciendo, realmente, es expresar una emoción y demostrar lo que siente.
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Y es que, indudablemente, debemos entender que los pequeños tienen necesidades de
ejercer sus emociones de manera física, tal y como realizaban en el rincón del aula que
hemos comentado anteriormente. Y no debido a que los niños muestren su emoción
físicamente, podemos etiquetarle, juzgarle, ni denominarlo como “malo”. Realmente, lo
que hemos de hacer es acompañar al pequeño mientras exprese sus emociones,
acogiéndole, y ayudándole a poner nombre a lo que está sintiendo en ese momento en
concreto. Creemos fundamental que los pequeños conozcan los sentimientos y las
emociones, y que, igualmente, sepan manifestarlos de forma adecuada, y, a través del
acompañamiento respetuoso, podremos lograr este propósito.
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Por último, abordamos, nuevamente, las consecuencias de los actos, y nuevamente, la ponente concordó con todo aquello que habíamos trabajado anteriormente:

indudablemente, lo que se hace, ha de tener consecuencias, pero éstas deben ser lógicas, y, en ningún caso, “sobreconsecuencias”. Tal y como hemos señalado en anteriores reflexiones, el hecho de castigar de manera desorbitada al pequeño no tiene ningún sentido pedagógico, sino, todo lo contrario: es una manera de que los progenitores liberen la ira del momento, para, posteriormente, darse cuenta de sus actos, llegando, incluso, a eliminar la “sobreconsecuencia” o el castigo impuesto, algo que, nuevamente, no tiene ningún sentido pedagógico.

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En general, la sesión impartida por Pilar Gómez nos ha resultado muy interesante, ya que nos ha ayudado a conocer otros puntos de vista del tratamiento de las rabietas, muy diferente al que hemos abordado en el otro bloque de contenidos de esta misma asignatura.

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Esta ha sido nuestra última semana en Ojana, y nos gustaría terminar nuestro informe comentando que, realmente, el acudir a esta asociación nos ha resultado muy interesante, puesto que nos ha ayudado a conocer aspectos relacionados con la crianza de los niños desde una perspectiva realista, y en primera persona. Indudablemente, que desde la Universidad nos faciliten oportunidades para aprender y desarrollarnos como docentes en contextos reales nos parece una iniciativa maravillosa, puesto que nos ha ayudado a generar aprendizajes significativos para nuestra futura labor educativa.