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B ER TR A N !) RUSSELL

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JU A N CARLOS G R IM B ER G

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1977

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T ít u l o del origin al inglés:,
T H E P R I N C I P L E S O F M A TIIE M A TIC S

ES P R O P IE D A D
a-Calpe, S. A., M a d rid , 1918
Im preso en E spaña
P r i n t e d in S p a in

sito legal: M. 838— 1977
B N 8 i — 239— 63 96— 9

OlCLOs !'-

T allere s gráficos de la E d i t o r i a l E s p a s a -C a lp e , S. A.
C a r r e te r a de I r ú n , k m . 12,200. M a d rid - 3 4

de que Ja M ate­ m ática y la Lógica son idénticas. E stas dos línea-s opuestas del criticism o se hallan represeni . se justifican o se tiende a justificar con ello m uchos trabajos. De acuerdo con estas circunstancias. existen ciertos dificultades no solucionadas en la Lógica m atem ática que la hacen aparecer m enos cierta de lo que se cree que es la M ate­ m ática. es tal que h asta a h o ra nun. E s ta tesis fue im popular en un principio. parece útil corregir esto o aquello en el libro. y algunos. de dos tipos opuestos: en prim er lugar. a grandes rasgos. y la técnica de la L ó­ gica m atem ática ha progresado enorm em ente. y la m ayor p a rte del mismo escrita en 1900 . Ellas son. pero procuraré decir en esta Introducción h asta qué punto me adhiero a las opiniones e x ­ presadas y en qué otros la investigación subsiguiente me ha dem os­ trado que las m ism as eran erróneas. E l interés que puede presentar actualm ente es sim plem ente histórico. En los años siguientes los te ­ m as que tr a ta han sido am pliam ente discutidos. se han resuelto otros viejos. Pero estos sentim ientos no hubieran tenido una influencia ta n sólida si no hubieran hallado base en ciertas razones m ás serias.INTRODU CCIO N A LA SEGUNDA E D IC IÓ N Los p r i n c i p i o s d e l a M a t e m á t i c a fue publicado en 1 9 03 . La tesis fundam ental de las páginas siguientes. Por lo ta n to no he cam biado nada.ca he visto la necesidad de modificarla. tales como el de Jo rg e Cantor. y reside en el hecho de que representa una cierta e ta p a en el desarrollo de su tem a. de modo que los m atem áticos sienten que no es de su incum bencia. y aquellos que se consideran lógicos se m uestran ofen­ didos cuando se les pide que usen u n a técnica m atem ática nueva y m uy difícil. han adoptado form as com pletam ente nuevas. si se acepta la base lógica de la M atem á­ tica. en ese período han su r­ gido algunos problem as nuevos. porque la Lógica tradicionalm ente se asocia con la Filosofía y con A ristóteles. y en segundo lugar. m irado con desconfianza por muchos m atem áticos debido a las paradojas no resueltas que com parte con la Lógica. que se hallan aún en discusión. que ya no expresa mis puntos de vista actuales.

y los intuicionistas. n o asignam os sig­ nificado alguno a nuestros símbolos 0. L a interpretación form alista de la M atem ática no es nueva en absoluto. que puede reem plazarse por el concepto preciso de nocontradicción. E xisto una filosofía asociada . es un asunto m ás serio. y por lo ta n to cualquier núm ero-sím bolo resulta infinitam ente am bi­ guo. es un concepto m etafísico innecesario. 2. L a teoría intuicionista.000 de habitantes» no pueden integrarse en su sistem a. l ’or lo tan to ..8 B E R T R A N D RUS SE L L tadas por los form alistas. sin que por ello resulte falso ninguno de los axiom as de H ilbert. la teoría form alista no.000. Tal como la presenta H ilbert. conducidos por H ilbert. y de acuerdo con ello. en vez de buscar el establecer teorem as de existencia por m edio de ejem plos. en la esfera de los núm eros. ' 2. Las razones que nos obligan a in tere­ sam os en los axiom as que conducen a la A ritm ética común se hallan fuera de la m ism a. encabezados por Brouwer. Y aquí olvida de nuevo que la A ritm ética tiene un uso práctico. P a ra él la «exis­ tencia». y se hallan relacionadas con la aplicación del n ú ­ m ero al m aterial empírico. Los enteros posteriores pueden definirse cuando se da el 0.. E xiste o tra dificidtad en la posición form alista. H ilb ert adm ite que si un conjunto de axiom as no lleva a contradicción debe existir algún conjunto de objetos que los satisface. representada prim ero por B rouw er y des­ pués por W eyl. No existe lím ite p a ra los sistem as de axiom as no-contradictorios que pueden inventarse. excepción hecha de que deben tener ciertas propiedades enum eradas en los axiom as. consiste en dejar indefinidos los enteros. tal cual se entiende generalm ente. pero afir­ m ando respecto a ellos axiom as tales que hagan posible la deducción de los proposiciones aritm éticas comunes.. se dedica a m étodos de prueba de la propia consistencia de sus axiom as. Es decir. E s ta aplicación por sí m ism a no form a parte ni de la Lógica ni de la A ritm ética. pero el 0 debe ser sim ­ plem ente algo que posee las características prefijadas. sino tam bién para contar. pero una teoría que la haga imposible a priori no puede ser verdadera. sino cualquier progresión arb itraria. que olvi­ da que la misión de los mismos es la de señalar el tiem po. Pues el símbolo «0» puede tom arse igual a cualquier entero finito. y es en lo que res­ pecta a la existencia. 1. y descuida la m áquina. La definición lógica de los núm eros se relaciona con el m undo real de los objetos contables que llega a nuestro entendim iento.. Proposiciones tales como «Existieron 12 Apóstoles» o «Londres tiene tí. no representan una serie definida. De acuerdo con esto los símbolos 0. Los form alistas se han olvidado du que los núm eros no sólo son necesarios para hacer sum as. por ejem plo. pero p ara nuestros propósitos podemos ignorar sus form as m ás antiguas... Los form alistas son sem ejantes a un relojero que se halla ta n absorbido por el deseo de que sus relojes tengan buen aspecto. los símbolos deben considerarse como variables. 1.

que d u ran te siglos se cre­ yeron bien establecidas. sólo nos interesará su posición respecto a la Lógica y a la M atem ática. resultan ser dudosas. Es notorio que ta n to los sistem as euclidianos como los no-euclidianos deben ser igualm ente incluidos en la M atem ática pura. en las series de núm eros reales. cualquier progresión tiene límite. aunque form an una clase finita. Con esta teoría se halla asociada la doctrina del llam ado finitismo. igual a la mía. grandes partes del Análisis. I I I del Tratado de Lógica jorinal de Jorgensen. ninguno de dichos fundam entos es en form a alguna con­ cluyente. que pone en duda las proposiciones que encierran colecciones infinitas o series infinitas. sólo se logrará por medio de una teoría com pleta del conocimiento. Pero consecuencias desastro­ sas no pueden probar que una doctrina sea falsa. y no deben considerarse como m u­ . por ejem plo. m ientras se han establecido fundam entos m uy no­ vedosos en los últim os años para refu tar la reducción de la M atem ática a la Lógica. la prueba de que hay m ás núm eros reales que núm eros racionales y que. E sta doctrina es un aspecto del em pirism o extrem o. a grandes rasgos. De este modo se haría una lim pieza general en toda la ciencia y en toda la M atem ática. que constituye la prim era sentencia de los P r i n c i p i o s . por ejem plo.. P a ra comenzar. y si se quiere refutar la doctrina finitista. Esto me conduce a la definición de M atem ática. E n esa definición son necesarios varios cambios. 57 -200 . págs. B rouw er niega la lev del tercero excluido — o ex ­ cluso— . Una discusión excelente y m uy com pleta acerca de si la M atem á­ tica y la Lógica son idénticas podrá hallarse en el vol. pero pienso que no es posible im pugnarla en form a breve y fácil. filosofía que podemos ignorar p ara nuestros propósitos. y no sólo de las partes que los intuicionistas consideran discutibles. E n consecuencia. basándose en que estas proposiciones no pueden verificarse.donde el lector podrá encontrar un exam en frío de los argum entos esgrimidos en qpntra de esta tesis. donde no existe ese m étodo. Si se adm ite el principio de los infinitistas. y si se tom a en serio puede tener consecuencias aún m ás destructivas que las que le reconocen sus defensores. E sto destruye. a saber: que. son práctica y em píricam ente ta n imposibles de enum erar como si su núm ero fuera infinito. Los hom bres. no podemos form ular proposición general alguna — tal como «Todos los hom bres son mortales»— respecto a luía colec­ ción definida pur sus propiedades y no por enunciación actual de todos sus m iem bros.I LOS PRI NCI PI OS DE LA M A T E M Á T I C A - - - 9 con la teoría. No creo que sea verdadera. Aquí el p u n to esencial es el de la n egativa a considerar una proposición como falsa o como verdadera h a sta que exista algún m étodo para d e­ cidir la altern ativ a. O riginariam ente me sentí im pulsado a su b ra y a r esta form a por la consideración de la Geom etría. la form a «p im plica q» es solam ente una de las m uchas form as lógicas que pueden tom ar las proposiciones m atem áticas. con una conclusión que es.

D ando esto por sabido. E n la práctica es posible desarrollar m ucho la M atem ática sin adm itir la existencia de nada. Más adelante: cuando se dice que «p y q son proposicio­ nes que contienen una o m ás variables». que sólo es u n a entre las funciones de verdad. y propiedades 9.ÍO ÉERTJRAND RÜS S E L L tu am en te inconsistentes. Porque en ese caso existiría una clase. por ejemplo: «Existen por lo m enos tres cosas en el mundo. Pospondré. por el m om ento. sólo debem os asegurar que los axiom as im plican las proposiciones. no es condición suficiente. mi punto de vista presente es el de que la ausencia de constantes no-lógicas. sin em bargo. y la existencia del U ni­ verso es un hecho empírico.» E s ta proposición puede enunciarse en térm inos puram ente lógicos. 7. porque la Lógica se desarrolla in ­ dependientem ente de los hechos empíricos. no existirían libros de Lógica. y la que es sum a de las dos últim as. pero . i . Tales ejem plos me condujeron a d ar u n a fuerza indebida a la implicación. Puede construirse to d a la A ritm ética elem ental de los enteros finitos y de las fracciones racionales. Es cierto que si el m undo 110 existiera. e y pero no 2 tiene la propiedad y. a saber: aquella que es vacía aquella cuyo único m iem bro es la clase vacía de clases. en consecuencia. y puede probarse lógica­ m ente que es verdadera p ara clases de clases de clases: de estas ú lti­ mas deben existir por lo menos cuatro. Quizá los m ejores ejem plos sobre esto sean proposiciones respecto al núm ero de cosas existentes en el m undo. x pero no 3 tiene la propie­ dad 9. Pero en los tipos más bajos. ni puede inferirse de proposición alguna que tenga derecho de form ar parte de un libro de Lógica. y no m ás im portante que las otras. aun cuando no exista el U ni­ verso. pero la existencia de los libros de Lógica no es u n a de las prem isas p a ra la existencia de la Lógica. dos clases de clases. y. Ahora debo considerar un tem a m ás serio. los de las clases. De acuerdo a la natu raleza m ism a d e 'la Lógica debía esperarse una situación sem ejante. la discusión de qué se entiende por constantes lógicas. la clase vacía. no podemos probar lógicam ente que por lo menos existen tres m iem bros. z. sería m ás correcto decir que son funciones preposicionales. a saber: la clase vacía de clases y la clase cuyo único m iem ­ bro es la clase vacía. aunque es condición necesaria para el carácter m atem ático de una proposición. y los de las clases de clases. esto. tales que x pero no y tiene la propiedad 9. aquella cuyo único m iem bro es la clase cuyo único m iem bro es la clase vacía.» E sto es equivalente a: «Existen objetos x. los de los individuos. no que los axiom as son v erd a­ deros y. las proposiciones resultan verdaderas. a saber: la proposición de que «ni p ni q contienen constante alguna excepto constantes lógicas». puede ser dis­ culpado si se tiene en cuenta que las funcionas proposicionales no habían sido entonces definidas y aún no eran fam iliares p ara los lógicos ni p a ra los m atem áticos. Tomemos. y cuatro clases de clases de clases. por lo ta n to .

Todas las proposiciones m atem áticas se hallan incluidas en la definición (con ciertas correcciones menores). Lo que se dice sobre tales teorem as de existencia en el últim o párrafo del últim o capítulo de los P r i n c i p i o s ya no me parece válido: tales teorem as de existencia. E l argum ento anterior depende de la doctrina de los tipos. No es fácil en absoluto lograr una definición exacta de e sta característica. ninguna de las cuales sea nula. este libro contiene ciertos errores. de que las dos definiciones del infinito son equivalentes. P ara que una proposición pueda pertenecer a la M atem ática debe cum plir adem ás o tra propiedad: de acuerdo con W ittgenstein debe ser «tautológica». pero no todas las proposiciones que se halian incluidas son m atem á­ ticas. P a ra incluirlo! necesitam os el «axioma de infinitud». N adie sabe si esto es verdadero o falso. aunque presentada en form a ruda en el apéndice B de los Principios. existe por lo menos una clase consistente en un represen­ ta n te de cada clase de conjunto. y de acuerdo a C am ap debe ser «analítica». El mism o sostiene que. núm ero finito. siendo este últim o un concepto algo más estrecho. aún no había alcanzado la e tap a de desarrollo en la que pudiera m o strar la im posibilidad de la dem ostración lógica de la existencia de las clases infinitas. por ejem plo la afirmación. Tales ejemplos — que pueden repetirse h asta él infinit-o— m ues­ tra n que una proposición puede satisfacer la definición c@n la que em piezan los P r i n c i p i o s . E s fácil im aginar universos en que sea verdadero. que. si n es ur. el que establece que. Otro ejem plo lo constituye el axiom a de m ultiplicación. adem ás C am ap h a dem ostrado que es necesario distinguir entre «analítica» y «demostrable». pero tam bién es imposible (por lo menos así lo creo) p robar que 110 hay universos posibles en que sería falso. lo que sólo puede dem ostrarse si se adm ite el axiom a de m ultiplicación. son ejemplos de proposiciones que pueden enuncÁarse en térm inos lógicos. dado un conjim to de clases m utuam ente excluyentes. y sin em bargo no ser posible de prueba o refutación m atem ática o lógica. . No llegué a darm e cuenta de la necesidad de este axiom a h asta un año después de que fueran publicados los P r i n c i p i o s .LOS P RI NCI PI OS D E LA M A T E M Á T I C A i: todo lo que se refiere a las clases infinitas de enteros resulta impo sible. existe por lo menos una clase que tiene n m iem bros E n la época en que escribí los P r i n c i p i o s supuse que se podía probar esto. pero cuando el doctor W hitehead y yo publicam os los Principia M athematica nos convencimos de que la supuesta p ru eb a era falsa. Y el problem a de si una proposición es o no «analítica» o «demostrable» depende del a p a ra to de prem isas que nos sirve de base. E sto excluye los núm eros reales y todo el análisis. en el § 119. o su eq u i­ valente. diría ahora. E n consecuencia. y es imposible dem ostrar que hay universos posibles en que sería falso. el axiom a de selección de Zermelo. pero que sólo pueden probarse o refutarse por m edio de una evidencia empírica.

es decir. y al Consejo de Educación hasta. Pero debo decir algo sobre el proceso que me impulsó a abandonarla. ¡> E n el capítulo IV de los P r i n c i p i o s s e dice que «cada palabra que form a p arte de una sentenciá debe tener algún significado». decir. los núm eros eran inteligi­ bles.. «0 ».' o pueda contarse . ¿se presentan en las proposiciones de la Ló­ gica? De estas preguntas.arquetipo celeste.. La últim a de estas creencias h a engañado a los m atem áticos. que apo rtan la misma contribución al significado de las proposiciones en cualquier parte que se presenten. y jio la acepto como conclusión final. La dificultad se halla en que.. ¡existen tales cosas? En segundo. Pero antes de que pueda decirse algo m ás acerca de este tem a. «1».) 12 B E R T R A N D RUS SE L L Por lo tan to . «2». y de nuevo «Llamaré término a todo lo que pueda ser objeto de pensam iento. todo el problem a acerca de cuáles son proposiciones lógicas resulta a rb itrario en un! grado m uy alto. Tales son. Cuando escribí los P r i n c i p i o s . / cómo se hallan definidas? Por últim o. encontram os que no tienen constituyentes correspondientes a las expresiones en cuestión. influyeron sobre toda la Filosofía y M atem ática siguiente con m ayor profundidad de lo que generalm ente se cree. . la prim era y la tercera scjn m uy am biguas. É sta es una conclusión m uy poco satisfactoria. y que los «o» terrestres son copias im perfectas del . que juega un papel esencial en la definición de M atem ática de la prim era sentencia de estos P r in c ip io s . Primero: ¿existen constantes lógicas? E n un sentido esta pregunta puede recibir u n a respuesta afirm ativa perfectam ente definida: en la expresión simbólica o lingüística de las proposiciones lógicas hay sím ­ bolos o palabras que juegan un papel constante.. «la clase vacía». en mi imaginación. como los cuerpos celestes. Pero en el caso de los núm eros esto resulta mellos evidente. el presente. la ciencia de los núm eros era la llave del Universo. es necesario discutir el problem a de las «constantes lógicas». esto resulta claram ente evidente: ni aun el m ás ardiente platónico se atrevería a suponer que el «o» perfecto ocupa un lugar en el cielo. o se pueda presentar en una proposición verdadera o falsa. Los núm eros eran inm u­ tables y eternos. com partía con Frege la creencia en la realidad platónica de los núm eros. «si-entonces». que los núm eros son símbolos que n ad a significan parece una form a horrible de ateísm o. que luego abandoné con pesar. «no». E ra una creencia reconfortante. Las doctrinas de P itágoras. E n consecuencia. por ejemplo: «o».. que. a m enos de que dispongam os de algún criterio respecto a las prem isas lógicas adm isibles. pero sus diferentes significados pueden aclararse por medio de una pequeña discusión. E n algunos casos. cuando analizam os las proposiciones en la expresión escrita en (pie se presentan tales símbolos. Se presentan tres problem as respecto a las constantes lógicas: En prim er lugar. que com enzaron con el m isticism o aritm ético. perso­ nificaban el dom inio eterno del Ser. «y».

es equivalente a la afirmación de que la o tra no siem pre es falsa. y un a n á ­ lisis sem ejante puede aplicarse a cualquier proposición aritm ética. tam bién resultan ser «sim­ plem ente conveniencias simbólicas o lingüísticas». pero esto es algo m uy diferente. sus n-sos se hallan definidos. O bservando que los núm eros cardinales han sido definidos como clases de clases. El prim er paso del proceso fue la teoría de las descripciones. Lo que es cierto. aunque ese objeto tenga la propiedad p articular de no existir. al igual que los símbolos para descripciones. la proposición «1 -f 1 = 2 » . hasta el p u n to que las introducim os. en la proposición «Scott es el a u to r de Waverley». aproxim adam ente: «Scott escribió Waverley. porque resulta natural preguntar: «¿Qué es lo que no existe?». un núm ero. Así las clases. son. «El cuadrado redondo no existe» ha sido siempre proposición difícil. por ejem plo. cualquiera sea x.. ya que podemos hablar de ellos. x es un y pero es distinto de a es siem pre equivalente a x es b’. u n a clase. E ste paso se em prendió en Principia Mathematica. con m ayor precisión: «La función proposicional ’x escribió Waverley es equivalente a x es Scott’ es verdadera para todos los valores de x. y b). págs. No siem pre es verdadero que una p alab ra «debe tener algún significado» — por supuesto que la palabra no debe ser un conjunto arbitrario de letras. y. Un hom bre. donde se dice: «Los símbolos p ara clases. existe un objeto tal como el cuadrado redondo. . en algún sentido. resulte ser la siguiente: «Fórmese la función proporcional 'a es d istinto de b. cualquiera sea y.falsa (para valores diferentes de a..» Aquí han desaparecido com pletam ente los núm eros 1 y 2 .. Así. una relación. sino tener uso inteligible— si se considera aplicado a la palabra aislada. un m om ento. pero no se supone que ellos mismos tengan en absoluto significado alguno. y quienquiera que haya escrito Waverley fue Scott». u n a quim era.LOS PRI NCI PI OS DE LA M A T E M A T I C A 13 como uno. De acuerdo con esta teoría. por M einong— de que en el dominio del Ser deben existir objetos tales como la m o ntaña de oro y el cuadrado redondo. en nuestro sistem a.n E sta teoría desterró la discusión — prom ovida. son sim plem ente conveniencias simbólicas o lingüísticas. Entonces. por ejemplo. La teoría de las descripciones evitó estas y otras dificultades. la afirm ación de que una de esta funciones proposicionales no siem pre es . o. E l paso siguiente fue el de la abolición de las clases. sim plificada en cierto m odo.. I. o cualquier o tra cosa que pueda m encionarse.» E ste modo de entender el leifguaje ha resultado ser equivocado. símbolos incompletos. el análisis de la proposición es. 71 -2 ). y negar que tal cosa es un térm ino debe ser siem pre falso. es seguram ente un térm ino. no objetos genuinos» (vol. es que la p alab ra con­ tribuye al significado de la sentencia en la que se presenta. y cualquier respuesta posible parecería im plicar que. y cualquiera sea x. x es un y es siem pre equivalente a x es a o x es b’\ fórmese tam bién la función proposicional 'a es un y.

la proposición lógica de la cual la a n te ­ rior es un caso particular. definamos como sus' «contemporáneos» aq u e­ llos que term inan después que él comience. porque no hay definición exacta de «formar p a rte de» u n a proposición. y todo lo quo tenga la propiedad <p tiene la propiedad <]. y que. Pero puede decirse algo. E n prim er lugar. nos hallarem os an te dos (por lo menos) que parecen ser indispensables: uno es la incom patibilidad. cuando se analizan correctam ente. sustituyéndolos por construcciones lógicas com puestas de acontecim ientos. pero «si-entonces». . se encuentra que las seudoentidades en cuestión no se hallan m encionadas en ellas. Al final parece resu ltar que ninguno de los m a­ teriales brutos que form an el m undo tiene propiedades lógicas sen­ cillas. pero cual­ quiera que sea el caso no m enciona ni el tiem po ni los instantes. o cual­ quier otra de las entidades abolidas por la n av aja de Occam. puede ser o no ser una afirmación verdadera. E s un problem a al que. no puede darse una respuesta definitiva. ninguna proposición de la Lógica puede m encionar algún objeto particular. Puede interpretarse aproxim adam ente del modo siguiente: Dado cual­ quier acontecim iento x. de hecho. por ejemplo. No quiero decir cjue las oraciones referentes a puntos o instantes o núm eros. pero que em piezan antes que él term ine. en esta etapa. cualesquiera sean x. L a proposición «Si Sócrates es un hom bre y todos los hom bres son m ortales. sino solam ente que necesitan una interpretación que m uestre que su forma lingüística es equivocada. el otro es la verdad de todos los valores de una. y entre éstos definamos como «contem poráneos ini­ ciales1' de x aquellos que no son com pletam ente posteriores a los demás contem poráneos de x. U n proceso de interpretación sem ejante es necesa­ rio en la consideración de la m ayoría de las constantes puram ente lógicas. sino que todo lo que a p a re n ta tener esas propiedades está construido artificialm ente con el fin de tenerlas. tal cual están las cosas. «El tiem po está form ado por instantes». entonces Sócrates es mortal» no es una proposición de la Lógica. perm anece. los in stan tes del tiem po y las partículas de la m ateria. me persuadió de que a b a n ­ donara los pun to s del espacio. dado cualquier acontecim iento x. entonces x tiene la propie­ dad 4>. De este m odo el problem a de si las constantes lógicas se presentan en las proposiciones de la Lógica resu lta m ás difícil de lo que parecía a prim era vista. sean falsas. <p y ¡j>..14 B E R T R A N D RUS SE L L El doctor W hitehead. es: «Si x tiene la propiedad <p. E ntonces la oración «el tiempo está formado por instantes» es cierta si. si no de todas ellas. cualquier acontecim iento que as com pletam ente posterior a algún contem poráneo de x es com pletam ente posterior a algún contem po­ ráneo inicial de x. o algo que sirva p a ra los mismos propósitos.» L a p alab ra «propiedad» que aquí se presenta desaparece en la form ulación sim bólica correcta de la proposición. Después de los m ayores esfuerzos p a ra reducir el núm ero de elem entos indefinidos en el cálculo lógico.

Si la proposición es com plicada. podemos definir la Lógica. Dado un conjunto definido de prem isas lógicas. excepto en relación a algún conjunto dado de prem isas. Todas las proposiciones de­ m ostrables en cualquier sistem a lógico adm isible deben com partir con las prem isas la propiedad de ser verdaderas en v irtu d de su form a. y parecería absurdo decir que la generalidad es uno de los com ponentes de una proposición general. no es fácil en abso­ luto. Lo que se dijo anteriorm ente respecto a «o». se aplica igualm ente a la incom patibilidad. esto resulta inconveniente. por ejem plo C am ap en su Sintaxis lógica del lenguaje. para definir la Lógica adem ás del que se refiere a la relación con un lenguaje lógico particular. en relación con ellas. y todas las proposiciones que son verdaderas en virtu d de su form a deben incluirse en cualquier Lógica adecuada. tra ta n todo el . y debe ser verdadera en virtud de su forma. m anifies­ tam ente. A l g u n o s escritores. Aun ser. Parece evidente que debe de existir algún método. Respecto a este segundo punto. o la M atem ática. Por lo tan to . Pero 1) es difícil decir qué es lo que hace una proposición verdadera en virtu d de su forma. (Por «incompatibilidad» de dos proporciones se entiende que no pueden ser am bas verdaderas. La característica fundam ental de la Lógica es. este m étodo no nos perm ite dilucidarla. como in ten ta serlo «Sócrates». en el sentido de com prender todo lo que quisiéram os que incluya entre las proposiciones lógicas. deben ser tra ta d a s como partes del lenguaje.'* cierto que en la expre­ sión verbal o sim bólica de las proposiciones lógicas no se presentan constantes. Pero cuando surge la duda —como ha surgido— respecto a la validez de ciertas partes de la M atem ática. en otro siste­ ma. Por lo tanto. la Lógica resulta ser m ucho más lingüística de lo que la creía en la época en que escribí los P r i n c i p i o s . se ha acostum brado a aceptar la Lógica y la M atem ática corriente como un dato. y a buscar el mínimo de prem isas con las que puede construirse ese dato. la que se halla indicada cuando decimos que las proposicio­ nes lógicas son verdaderas en virtud de su forma. no como partes a las que se refiere el lenguaje. como todo lo que ellas nos perm iten dem ostrar. ya que cada proposición que en un sistem a se deduce de acuerdo a las prem isas puede. ser tom ada como prem isa. 2) es difícil ver cualquier camino que nos sirva para probar que el sistem a resultante de un conjunto dado de prem isas es completo. pero no será cierto qne estas constantes lógicas son nom bres de objetos. pero no imposible. De este modo.LOS P RI NCI PI OS D E LA M A T E M A T I C A 15 función proporcional.) N inguno de ellos parece m uy im portante. en el sentido de que no m en­ cione una cosa o cualidad particular. si nos sintiéram os capaces de decir algo definido respecto a ellas. Una prem isa lógica debe ten er ciertas características que puedan definirse: debe poseer una generalidad com pleta. las constantes lógicas. El problem a de la dem ostrabilidad no halla cabida aquí. definir la Lógica. salvo las lógicas.

No podemos solucionarlo diciendo que la serie de núm eros ordinales no tiene últim o térm ino. que llam arem os N. la de B urali F o rti. Lo que dice sobre este tem a me parece verdadero o ta n difícil de reb atir que una refutación no es posible en poco espacio. y el tem a so halla aún en discusión. que es m ayor que N. que soy incapaz de d ar cualquier explicación clara de lo (pie se entiende cuando se dice (pie «una proposición es verdadera en v irtu d de su forma'». o carecen. Lo que se dice respecto a posibles soluciones puede no tenerse en cuenta. y que en el prim er caso to d a Lógica debe incluirlos. y aun éste es sólo un ensayo rudim entario. P o r ello me referiré solam ente a algunas anotaciones generales. de la característica de verdad formal que caracteriza la Lógica. E n el tra b a jo m encionado arriba. 1937 ). A prim era vista. las contradicciones que se refieren al m áxim o cardinal. excepto el apéndice B. C arnap usa dos lengua­ jes lógicos. m ientras que el otro no lo hace. entonces el últim o de ellos. Llego finalm ente a la cuestión de las contradicciones y a la doc­ trina de los tipos. quien considera que la Lógica m atem ática no a y u d a b a en n ad a a la investigación. Pero esta frase. H enri Poincaré. m ientras que en el últim o to d a Lógica debe excluirlos. todo lo que hizo la Lógica m atem ática es poner en evidencia que se deducen co n tra ­ dicciones de las prem isas previam ente aceptadas por todos los lógicos. Pero el núm ero de todos los ordinales desde cero h asta N es N + 1. elle engendre la contradiction!» Sin em bargo. De las co n tra ­ dicciones definidam ente m atem áticas pueden tom arse como típicas las que se refieren al m áxim o cardinal y al m áxim o ordinal. porque §u# ep este oaso. No puedo creer que tal cuestión pueda decidirse por elección arb itra ria . E n los P r in c ip io s sólo se m encionan tres contradicciones: la de Burali F orti respecto al ordinal m áxim o.16 B E R T R A N D R US S E L L problem a como siendo más cuestión de lección lingüística de lo que creo que es. uno de los cuales ad m ite el axiom a de m ultiplicación y el axiom a de infinitud. Ni todas las contradicciones son nuevas. . y la m ía respecto a las clases que no son elem entos de sí mismas. las lógicas y las que se puede sospechar que pueden deberse a juegos m ás o menos triviales de palabras. E l tra ta d o más com pleto que conozco se halla en la S in ­ taxis lógica del lenguaje de C arnap (Kegan Paul. era feliz en las contradicciones: «La logistique n ’est plus stérile. pero la M atem ática no tiene la culpa. y que por lo ta n to era estéril. señala. L a prim era de ellas. La lite ra tu ra acerca de las construcciones es m uy am plia. Confieso. es el m ayor de los ordinales. algunas d a ta n de la época de los griegos. que se refiere a la teoría de los tipos. creo. sin em bargo. las contradicciones parecen ser de tres tipos las m atem áticas. el problem a que debe resolverse si se quiere encontrar una definición adecuada do la Lógica. inadecuada como es. es la siguiente: D isponga­ mos todos los núm eros ordinales en orden de m agnitud. Me parece que estos axiom as o tienen.

la ley de contradicción es mortal». Aun se podría supoaer que la clase que lo contieno todo tend ría el m áxim o núm ero posible de térm inos. la del m entiroso. pero no podemos inferir «si la ley de co n tra­ dicción es un hom bre. entonces. la que. p ágs. (Explicaré brevem ente lo que quiere decir esto. E n el detalle se presentan dificultades y complicaciones. E sto hace posible una gran simplificación de la teoría de los tipos. y da reglas respecto a los valores permisibles de tx» en «9 x ». x es mortal» son verdaderos. L a esencia técnica de la teoría de los tipos es sim plem ente la si­ guiente: D ada una función proposicional «9 r» de la que son verdade­ ros todos los valores. la que se refiere al cardinal m áximo. es decir. Sócrates es mortal». es posible argum entar que dependen de consideraciones distintas a las lógicas. consideraciones lingüísticas. tiene el m érito de m ostrar en form a particularm ente evidente la ne­ cesidad de una teoría de los tipos. pero en el grupo lingüístico. tal cual surge de la discusión de Ram sey. es decir. en sentido am plio. P R IN C IP IO S DK LA M A T E M A T I C A . t o ­ m ados sim ultáneam ente en cualquier núm ero de element-os.) De las contradicciones evidentem ente lógicas se discute una en el capítulo X: en el grupo lingüístico la m ás famosa. de acuerdo con R am sey (: ). 20 y sig. Sabemos. Se distinguen del grupo lógico por el hecho de que introducen nociones em píricas. si no m iente.LOS PRINCI PIOS DE LA M A TE M A TI C A 17 la serie m ism a ten d ría un núm ero ordinal m ayor que cualquier té r­ m ino de la serie. es igual a 2". como es fácil im aginar. P or lo ta n to no puedo haber cardinal m áxim o. deja por completo de parecer poco plausible o artificial o simple hi­ pótesis ad hoc destinada a ev itar las contradicciones. fue in v en tad a por los griegos. existen expresiones que no es legítim o sustituir en el lugar do <cr*. y podemos inferir «si Sócrates es un hom ­ bre. Así cualquier hipótesis im plica su con­ trad icto ria. pero el prin(1) Los Foundations of Mathemalics. cuando dice que m iente. su afirmación es cierta. tales como las de que alguien afirma o piensa. puede resolverse por las que pueden llamarse.— 2 . E n realidad. E s la siguiente: Supongam os que un hom bre dice: «Estoy m intiendo. 1931. La teoría de los tipos declara que este últim o conjunto de palabras es un sinsentido. Pero como el núm ero de clases de cosas excede el núm ero de cosas. clara­ m ente las clases de cosas no son cosas. que una clase de n térm inos tiene 2n subclases. Y C antor probó que 2 n es siem pre m ayor que n. que el núm ero de combinaciones de n objetos. de acuerdo con la A rit­ m ética elem ental. L a segunda contradicción. es un hom bre. las contradicciones m atem áticas y las lógicas no son distinguibles. está m intiendo. y como estas nociones no son lógicas. K e g a n P a u l.» Si m iente. P or ejemplo: Todos los valores de «si a. Podem os probar la validez de esta expresión cuando n se hace igual a infinito. m ayor que cualquier núm ero ordinal. y por lo ta n to no está m intiendo.

es un a proposición. Los cambios en Filosofía que me parecen necesarios se deben en p a rte a los progresos técnicos do la Lógica m atem ática en el intervalo de tre in ta y cuatro años. E sto quiere decir: «Si ’x es un m iem bro de la clase a ’. A esto tiende la teoría de los tipos. . puntos e instantes. las que no tra té de resolver en las páginas anteriores. creo aún quo este libro tiene razón cuando se halla en desacuerdo con lo que so ha sostenido anteriorm ente. el resultado es una visión menos platónica. Así. por el m om ento. que han simplificado el ap arato de las proposiciones e ideas prim itivas. sólo puede lograrse por medio de la Lógica m atem ática. una cuestión no resuelta. no es ni verdadero ni falso. En general. y que han eliminado m uchas entidades aparentes. tales como clases. E n la Lógica convencional clásica se acostum ­ braba a señalar que un conjunto de palabras. pero. E n general. tal como «la v irtu d es triangular». pero no se hacía ninguna te n ­ ta tiv a para llegar a un conjunto definido de reglas que decidieran si una serie dada de palabras tenía o no significado. o menos realista en el sentido m edieval de la palabra. y '? x ’ es una proposición.» E xisten aún m uchas cuestiones discutibles en Lógica m atem ática. pero en lo que coincide con las teorías anteriores puede estar equivocado. han progresado en form a de­ finitiva desde que he escrito los P r i n c i p i o s . sino una colección ininteligible de símbolos.18 B E R T R A N D RUS SE L L cipio general es sim plem ente úna form a más precisa de uno que siem ­ pre se ha reconocido. entonces 'cp a ’ no es una proposición. antes dije que «las clases de cosas no son cosas». Sólo lie m encio­ nado aquellos tem as que. es. por ejem plo. a mi parecer. en mi opinión. tenga o no solución. H a sta dónde es posible seguir en dirección del nom inalism o.

la prueba de que toda la Matemática pura trabaja exclusivamente con con­ ceptos definibles en función de un número m uy pequeño de conceptos lógicos fundamentales. con la diferencia de que la. la demostración de esta tesis tiene toda la certeza y precisión de que son posibles las demostraciones matemáticas. S i no me equivoco. las etapas más importantes en las deducciones que sirven para establecer la tesis. contra teorías tan adversas como pa­ recen ser las más ampliamente sostenidas o las más difíciles de refular. Como la tesis es m uy reciente entre los matemáticos. los indefinibles se obtienen principalmente como el re­ siduo necesario de un progreso de análisis. a menudo es más fácil saber que deben existir tales entidadeé que percibirlas. existe un proceso análogo al que se presentó en el descubrimiento de N eptuno. que ocupa la parte I. he encarado en este volumen la defensa de sus diferentes partes. como en el caso presente. se halla encarado en las partes I I . E l otro objeto de este libro.P R E F A CIO E l presente trabajo tiene dos propósitos esenciales. Donde. La discusión de los indefinibles — que constituye la parte p rin ­ cipal de la Lógica matemática— es el esfuerzo para ver claramente y mostrar a los demás con claridad las entidades con las que se trabaja.V I I de este volumen y se establecerá por razonamiento simbólico estricto en el volumen I I . para que la mente pueda tener una especie de conocimiento con ellas. a medida que se presente ocasión para ello. Éste es un trabajo puramente filosófico. Uno de ellos. etapa final — la búsqueda con m > telescopio mental de la entidad . tal como el que tiene con lo rojizo o con el sabor del ananá. y de que todas las proposiciones se pueden de­ ducir de un número m uy pequeño de principios lógicos fundamentales. y de dar un ejemplo de los métodos por los que se puede llevar la inves­ tigación. y no me puedo jactar de haber hecho más de lo indicado en un vasto campo de investigación. es la explicación de los conceptos fundamentales que la M atemática acepta como indefi­ nibles. Tam bién he tratado de presentar. en el lenguaje menos técnico posible. y es casi universalmente negada por los filósofos.

capítulos X X V I .20 B E R T R A N D R US SE L L que se ha inferido— resulta ser a menudo la parte. N . ca­ pítulos L . y los dos apéndices. desde las premisas de la T/>gica simbólica a través de la Aritm ética. en realidad no tiene lugar ninguna de las aceleraciones com pov^tes^ sino solamente la aceleración r e a ta n te . X X V 11 . ha demostrado ser un poderoso instrumento de investigación matemática. pero hasta ahora no he podido descubrirlo. y en algunos pasajes los puntos de vista contenidos en el Apéndice difieren de los del capítulo V I. X V I . y que deben leerse en rela­ ción con ella. L V I I I . cuando una partícula se halla sometida a varias fuerzas. especialmente en los §§ 71 . y a entender sus conceptos. La única forma. pero de­ bido a la gran dificultad de su simbolismo no he alcanzado a comprender su importancia. tendrá también varios desarrollos originales. § 207 . Los temas tratados son tan difíciles que siento poca confianza en m is opiniones presentes y considero todas las conclusiones que se pueden defender coino meras hipótesis. capí­ tulos X I . El presente volumen. L V I 1 . finita e in fi­ nita. capítulos L i l i .más difícil de la em­ presa. comiencen por la parte I V . de. X X X I . E l trabajo del profesor Frege. de hacer justicia a su trabajo era la de dedicarle un Apéndice.. y sólo se dediquen a las anteriores cuando ello sea necesario. parte I I I . X L I I I . X V I I I . Unas pocas palabras acerca del origen de la obra presente servirán para mostrar la importancia de los temas discutidos. Whitehead. X L I 1 . Las partes siguien­ tes son las más filosóficas: parte I ( salvo el capítulo I I j i p a r t e I I . pero ciertas partes serán más interesantes para el uno.. . L I I . L V . y la identificación de un término con la clase de que es único miembro. para el que he tenido la inm ensa suerte de ase­ gurarme la colaboración de M r. E n el caso de las clases. debo confesarlo. se hallan rectificados en los apéndices. E n algunas cuestiones discutidas en estas secciones he descubierto errores después de impresos los pliegos. será dedicado exclusi­ vamente a los matemáticos. he visto sus G rund Gesetze der A rithm etik. contendrá cadenas de deducciones. estos errores. que se anticipara en mucho al mío. parte TV. que puede considerarse como comentario o introduc­ ción al segundo. se halla dedicado iguahnente al filósofo y al matemático. y otras para el otro. capítulos X L 1 . me era desconocido en su mayor parte cuando comenzó la impresión de la presente obra. en una etapa avanzada. que pertenecen a la parte I . de los cuales los principales son la negación de la dase vacía. en los que el método del profesor Peano. he fracasado en la 'percep­ ción de cualquier concepto que llenara las condiciones requeridas por la noción de clase. auxiliado ]x>r la Ilógica de. parte V I. Y la contradicción que se discute en el capítulo X muestra que hay algo falso. A . Debo advertir a los matemáticos que a menos de que tengan un in ­ terés especial en la Lógica simbólica. parte V. M e haüé ante la dificultad de que. X V . relaciones. hasta la Geometría. 73 y 74 . E l segundo volumen. siguieTido un orden semejante al adoptado en el presente volumen. Hace aproximadamente unos seis años comencé una investigación en la filosofía de la D inámica. parte V I I . L I V .

especialmente en las partes V I y V I I . E n Matemática pura nunca se tratará de objetos reales en el mundo en que existimos. no se menciona el espacio real o el movimiento real. E n los problemas fundamentales de la Filosofía m i posición. no se presentan tales contradicciones en el espacio y movimiento matemáticos. y esas propie­ dades generales siempre se podrán expresar en función de los objetos fundamentales a los que he llamado constantes lógicas. Así. las discusiones relaciona­ das con la Matemática pura guardan una dependencia m u y importante con tales cuestiones empíricas. la razón de que suceda esto es la de que casi todos los problemas de la Dinámica me parecen empíricos. He aceptado de él la .LOS PRI NCI PI OS D E LA M A T E M A T I C A 21 la que no son 'partes. mientras que. sino sólo de objetos hipotéticos que tienen esas propiedades generales de las que depende cualquier deducción que se esté considerando. deriva de la de M r. Moore. ya que muchos. E s cierto que. una cuestión puramente empírica. debido a que carecían de imqxrrtancia para m i propósito el que. Cuando se cuentan los objetos reales. P a ­ rece también que la dificultad respecto al movimiento absoluto es insoluble en una teoría relativa del espacio. tales como se emplean en los razona­ mientos de Geometría o de Dinámica. esto vuelve ilusoria tal casualidad de particulares por particulares como afirm a a primera vista la ley de gravitación. G. de los filósofos sostienen que el espacio y el movimiento son contradictorios en sí. si los puntos de vista defendidos en las páginas siguien­ tes son verdaderos. de allí a la filosofía de la continuidad de la infinidad. y por lo tanto no corres­ ponde tratarlo en la obra presente. a la Lógica simbólica. es quizá de­ masiado insignificante. E . indirectamente. creo que será conveniente aclararlo. Estos dos problemas me llevaron a hacer un nuevo examen de los principios de la Geometría. se aplica el razonamiento matemático a lo que existe. o cuando se aplican la Geome­ tría o la Dinámica al espacio o la materia reales. y por lo tanto fuera del plan de un trabajo como el presente. quizá la mayoría. de cualquier otro modo. El resultado final. apropiada para investigar en el laboratorio o en el observatorio. en todos sus aspectos. el razo­ namiento que se emplea tiene una forma que no depende del que los ob. Pero las consideraciones eztramatemáticas de este tipo han sido casi complejamente excluidas del trabajo presente. en m i opinión. cuando se habla de espacio o de movimiento en Matemática pura. respecto a la filosofía de la D inám ica.sino solamente a que tienen ciertas propiedades generales. siendo.' jetos a que se aplica sean9 justamente esos objetos particulare-S^. y de aüíj con el pro-pósito de descubrir el significado de la palabra cualquier. E l problema de la comprobación acerca de si esas propiedades pertenecen o no al espacio real o al movi­ miento real es absurdo para la M atemática pura. tal como los conocemos en la experien­ cia. Se han omitido muchas cuestiones m uy interesantes. o cuando. por medio de una mala interpretación. sino cualquier entidad que posea esas propiedades abstractas genera­ les del espacio o del movimiento. y por lo tanto necesariamente diferentes del espacio y movimientos rea­ les.

N . E n los puntos filosóficos se han necesitado debido a dos causas. pero donde el trabajo de pensar y escribir absorbe necesariamente tanto tiempo¿ tal ignorancia. y pido al lector que así lo crea. para Jorge Cantor y el profesor Peano. S i hubiese conocido con anterioridad el trabajo del profesor Frege le hubiera debido mucho. pero el hecho de que perm itan que la Matemática sea verdadera. Formalmente. E . y también el pluralismo que considera al mundo. Antes de estudiar estos puntos de vista me consideraba totalmente inca­ paz de construir cualquier filosofía de la Aritm ética. además de la posición general aceptada en toda la obra. E n m i opi­ nión. crítica y generoso estímulo de M r. E n cada etapa de m i trabajo he sido ayudado en más de lo que se puede expresar por las sugestiones. no parece ser completamente imperdonable. quien también ha te­ nido la bondad de leer mis pruebas. nunca son arbitrarias. tomando el uno para el sig n ifi­ cado usual del término y el otro para el hasta entonces carente de nombre. E n el curso de la discusión se encontrarán muchas palabras definidas en sentidos aparentemente m u y distintos a los del uso común. Johnson. Tales d i­ ferencias. Whitehead. mientras que su aceptación trajo aparejada una liberación inmediata de un gran número de dificultades que si no hubiera considerado insuperables. Debo también muchas sugeren­ cias m uy útiles a Air. es seguramente un poderoso argumento en su favor. lo que no hacen la mayoría de las filosofías corrientes. Para poder cubrir un campo tan amplio ha sido imposible adquirir un conocimiento exhaustivo de toda la literatura. Entonces resulta completamente conveniente distinguir entre los dos nom ­ bres comúnmente usados como sinónimos. sino que se han llevado a cabo con mucha precaución. como compuesto de un número in ­ finito de entidades independientes entre sí. y ninguno para la otra. las doctrinas que aquí menciono son completamente indispensables para cualquier filosofía de la M ateinática aun tolerablemente satisfactoria. expresan justamente existencia) y su independencia de cualquier mente consciente. pero tal como me han sucedido los hechos he llegado independientemente a muchos resultados que él ya había establecido. aunque lamentable. E . tanto el de lo existente como el de las entidades. En Matemática m is obligaciones principales son. Moore. a menudo su­ cede que dos nociones relacionadas deben considerarse al mismo tiempo. con relaciones últimas y no reducidles a adjetivos de sus términos o del todo que ellas componen. Seguramente hay m u ­ chos trabajos importantes que no conozco. E n primer lugar. y ha mejorado enormemente la expre­ sión final de un gran número de pasajes. Pero debo dejar a m is lectores el juicio de hasta qué punto el razonamiento admite esas doctrinas y hasta qué punto las sostiene. y en las partes más filosóficas del libro mucho debo a M r. m is premisas se admiten simplemente. JV. y que el lenguaje tiene dos nombres para la una.22 B E R T R A N D RUS S E L L naturaleza no existencia! de las proposiciones (excepto de cuqueJlas que. A . G. como resulta evi­ dente. . como creo que las páginas siguientes podrán demostrar.

ordinales y complejos. Wright. M r. parecen m uy diferentes de las nociones generalmente unidas a los térmi­ nos considerados. T . R. la definición de una clase. y este nombre apenas puede ser otro que pro ­ posición. pero aquí se las considera separables. Pero en muchos casos de una tal discrepancia con el uso. se considera generalmente a las jrroposiciones como 1) verdaderas o falsas. se recomienda principalmente por el hecho de que no deja duda ¿¡esperto al teorema de existencia. y a su secretario. tantas difi cultades sin resolver es la de que la investigación no me fui revelqdo un medio inmediato para resolver adecuadamente la contradicción discutida en el capítulo X . or lo tanto parece mejor establecer simplemente las dificultades que esperar hasta haberme persuadido de la verdad de alguna doctrina casi ciertamente errónea. Respecto a los términos matemáticos la necesidad de establecer el teorema de existencia en cada caso — es decir. M i defensa por la publicación de un libro que contiene. como lo hago. la desviación del uso no es arbitraria en absoluto. necesito un nombre para lo verdadero o falso como tal. diciem bre. Ejemplo de esto son las definiciones de números car­ dinales. que loque es verdadero o falso en general no es mental. la demostración de que existen en­ tidades del tipo en cuestión— me ha llevado a muchas definiciohes que. su amabilidad y cortesía respecto a este volumen. o para adquirir una visión mejor acerca de la natu­ raleza de las clases. Sosteniendo.23 LOS PRI NCI PI OS D E LA M A T E M Á T I C A :i La otra causa surge de la discrepancia filosófica con los puntos de vista co­ munes. puede dudarse acerca de si se ha hecho más que dar precisión a una noción hasta entonces más o menos vaga. Por ejemplo. y en muchos otros. 1902 . Agradezco a los síndicos de la University Press. Cuando se supone comúnmente que dos cualidades se hallan inse­ parablemente unidas. 2 ) mentales. El descubrimiento repetido de errores en soluciones que durante un tiempo me han satisfecho hizo que estos problemas apa­ recieran como si sólo se hubieran ocultado tras teorías aparentemente satisfactorias y que una reflexión un poco más detenida habría des'échado. E n los dos primeros casos. . derivada del principio de abstracción. Londres. E n tal caso. el nombre a p li­ cado a su combinación deberá restringirse generalmente a una u'otra de ellas.

.

Pero en cierto y determ inado sentido no pocas de nuestras discusiones diferirán de las fc[ue reciben generalm ente el nom bre de filosóficas. excepto las constantes lógicas. Y las constantes lógicas son todas nociones definibles en función de lo siguiente: Im pli­ cación. y ni p ni q contie­ nen constante alguna. y otras nociones tales que puedan hallarse involucradas en la noción general de proposiciones de la form a anterior. común.CAPÍTULO I DEFIN ICIÓ N DE MATEMÁTICA PURA 1. algo rara. donde p y q son proposiciones que contienen una o m ás variables. P or lo tanto. sin duda. se hallan im plicadas en el empleo vulgar del térm ino. M a t e m á t i c a pura es la clase de todas las proposiciones de la form a «p im plica q». 2. Adem ás de ellas. alcanzar la certeza en la consideración de la m ayoría de las cuestiones . la M atem ática usa una noción que no form a p a rte de las proposiciones que considera. sino más bien un análisis preciso de las ideas que. Se m o strará que todo lo que se ha considerado en el pasado como M atem ática p u ra se halia incluido en n uestra definición. la relación do un térm ino a una clase de la que es miembro. en el sentido de que intentarem os pasar de lo complejo a lo simple. de otras dis­ ciplinas. Sin embargo. y nuestro problem a puede llam arse filosófico — es decir. L a definición no tra ta de ser una decisión a rb itraria para usar una p alab ra común con un significado no común. sus diferentes partes parecen susceptibles de ju sti­ ficación exacta —justificación que será el objeto del presente tra b a jo — . de lo dem ostrable a sus prem isas indem os­ trables— . Podrem os. las m ism as en am bas proposiciones. m ás o menos inconscientem ente. la noción de relación. La definición anterior de M atem ática pura es. y que todo lo que adem ás se incluye posee esas características por las cuales la M atem ática se distingue. aunque vagam ente. la noción de verdad. nuestro m étodo será analítico. la noción de tal que. gracias a la labor de los mismos m atem áticos.

Debemos confesar que este estado de cosas era com pletam ente in­ grato. Parecía evidente que la M atem ática está form ada por deducciones. tiem po y m ovim iento.sU n desarrollo com pleto de estas dificultades requeriría un tra ta d o de Lógica. Pero m ien­ tras persistiera esta d u d a apenas se podría decir quo la M atem ática llegaría a lograr algún conocim iento cierto y exacto. 4 . E n este punto la discusión debe ser reto ­ m ada por la Filosofía. aunque so sabía algo. No sólo la teoría silogística aristotélica. encontrarem os m uchos de los problem as que. se vieron envueltos en to d a la incertidum bre tradicional de las discusiones filosóficas. L a natu raleza del num ero. H a sta hace poco existía u n a dificultad especial en los princi­ pios de la M atem ática. m ientras que los empíricos sostenían que todo lo m atem ático era una aproxi­ mación a cierta verdad exacta sobre lo que n ad a tenían que decirnos. . Pero en la actualidad. P rocuraré indicar cuáles son las nociones fundam entales involucradas.28 B E R T R A N D R USSELL a las que nos referiremos. nadie tenía noticia de qué es lo que se sabía. p robar detalladam ente que no figuran otras en M atem ática. nadie se ponía de acuerdo sobre qué es lo que era verdadero. los filósofos disp u tab an acerca del significado real de las proposiciones m atem áticas: aunque algo era verdadero. y entre las que son susceptibles de una solución exacta. del infinito. son todas cuestiones a las que en el trab ajo presente se dará una respuesta que tra ta r á de ser dem ostrable con certeza m atem ática — esta respuesta sólo consiste en reducir los problem as anteriores a problem as de Lógica pura— . 3 . y de la m ism a inferencia m atem ática. La Filosofía preg u n tab a a la M atem ática: ¿Qué quiere decir? En el pasado. eran o teóricam ente ina­ decuadas p ara el razonam iento m atem ático. lo que no se hallará en las páginas siguientes. o por lo menos requerían form as ta n artificiales de form ulación que apenas podían aplicarse prácticam ente. los que no se hallarán satisfactoria­ m ente resueltos en lo que sigue. La filosofía de la M atem ática ha sido h a sta el presente tan discutida. y la Filosofía res­ pondía introduciendo la noción com pletam ente desacertada de m ente. E n esto se basa la fuerza del p u n to de vista kantiano. en el pasado. D e acuerdo con esto encontram os que los idealistas tendían m ás y m ás a considerar que toda la M atem ática tra b a ja b a con m eras apariencias. Aunque se coincidía generalm ente en que la M atem ática es verdadera en cierto sentido. oscura y estacionaria como las otras ram as de la Filosofía. la M atem ática no podía contestar. sino tam bién las doctrinas m odernas de la Lógica sim bólica. la M atem ática puede co n testar por lo menos hasta el punto de reducir todas sus proposiciones a ciertas nociones fundam entales de Lógica. y señalar brevem ente las dificultades filosóficas involucradas en el análisis de estas nociones. del espacio. y sin em bargo los cálculos ortodoxos de la deducción eran casi to ta l o to ta lm e n te inaplicables a la M atem átioa existente.

fue ardientem ente defendida por Leibniz. que debe decidirse. Pero en p a rte debido a una Lógica defectuosa. . por medio de experim entos y observaciones. L a doctrina general de que toda la M atem ática es deducción por principios lógicos a p a rtir de principios lógicos. y la percepción de este hecho llevó a K a n t a sus innovaciones en la teoría del conocim iento. (l ) A cerca do este te m a. P arís. las Geom etrías euclidianas y noeuclidianas son igualm ente verdaderas: en cada una de ellas no se afirm a n a d a salvo implicaciones. Gracias al progreso de la Lógica sim bólica. Bajo esta form ulación la M atem ática no sólo incluye la A ritm ética y el Análisis. euclidiana y no-euclidiana. Todas las proposiciones que se re­ fieren a lo que existe realm ente. y todas las entidades que figuran en M atem ática pue­ den definirse en función de las que figuran en las veinte prem isas anteriores. y del espacio. quien argüía constantem ente que los axiomas deben probarse y cjue todo debe definirse excepto unas pocas nociones fundam entales. véase C o u tu ra t. es decir. 1901. m ientras nos hallam os en el campo de la M atem ática pura. posee tam bién tales y tales o tra s— . 5. especialm ente tal cual la tr a ta el profesor Peano. en general. llegó a com eter errores desafortunados en la te n ta tiv a de desarrollar en d e ­ talle un punto de vista que. el conocim iento a priori del tiem po.LOS PRI NCI PI OS DE LA M A T E M A T I C A 29 que asegura que el razonam iento m atem ático no es estrictam ente form al sino que siem pre usa intuiciones. El hecho de que toda la M atem ática sea Lógica sim bólica es uno de los descubrim ientos más im portantes de nuestro tiempo. lo que queda de los principios de la M atem ática consiste en el análisis de la propia Lógica simbólica.M atem ática p u ra asevera es sim plem ente que las proposiciones euclidianas se deducen de los axiom as euclidianos —es decir. afirm a una implicación: cualquier espacio que tiene tales y tales propiedades. Así. Lo que la. h asta el punto en que es posible cualquier decisión. en parte a la creencia en la necesidad lógica de la G eom etría euclidiana. como el espacio en el que vivimos. puede darse ahora refutación final e irrevocable a esta p arte de la filosofía k an tian a. Pero desde el desarrollo de la G eom etría no-euclidiana resultó m a­ nifiesto que la M atem ática pura no tiene ninguna relación con el problem a de si los axiom as y proposiciones de Euclides valen o 110 para el espacio real: éste es un problem a del dominio de la M atem ática aplicada. sino tam bién la Geom etría. «la im plica­ ción es u n a relación») puede deducirse toda la m atem ática estricta y form alm ente. L a Logique de Leibniz. Con la ay u d a de diez principios de deducción y de otras diez prem isas de n atu ra le z a lógica general (por ejemplo. La D inám ica racional y un núm ero indefinido de otros estudios aun no com enzados o en su infancia. las proposiciones de Euclides no se deducen solam ente de los principios de la Lógica. se considera actualm ente correcto (x). y una vez establecido este hecho. P o r ejem plo.

etc. Las proposiciones m atem áticas no sólo se hallan caracterizadas por el hecho de que afirm an im plicaciones. 7i.. pero una proposición. ni que ij. aun cuando a pri­ m era v ista parezca no haberlas. y.. en vez de afirm ar sim plem ente la implicación.) y y. alguna proposición. y. L a noción de variable es una de las más difíciles con las que debe tra b a ja r la Lógica.. a hablar de p a rá ­ m etros con cierto sentido de constantes. 3 . y que por lo ta n to nos perm i­ te. sino tam bién por el hecho de que contienen variables.». en realidad. . z.. .... y en el presente trabajo apenas se hallará una teoría satisfactoria a pesar de lo mucho que se discute el tem a. en todos los casos. afirm ar realm ente ta n to la hipótesis como la consecuencia.).. y. considerados colectiva­ m ente. Siem ­ pre encontrarem os que en todas las proposiciones m atem áticas figu­ ran las palabras cualquier o algún. por ejemplo. donde cp(x. clase.. P o r el m om ento deseo dejar sentado que existen variables en todas las proposiciones m atem áticas. y. .. z. pero tendrem os que recha­ zar este uso... sean los que fueren los valores x. z . Así 1. sino sim plem ente que. z. E n M atem ática siem pre afirm am os que si cierta aserción p es verd a­ dera p ara cualquier entidad x... el verdadero significado de esta proposición es: «Si x es uno e y es uno y x difiere de y. son proposiciones. respecto a la cual no se pueda p resen tar am bigüedad posible. implicación. 6. y tam bién lo son hombre. y. no son cons­ . y estas palabras son los distintivos de u n a variable y de una im plicación formal. . lo que llam aré implicación formal. ta n to cuando 9 es falso como cuando es verdadero. la proposición anterior puede expresarse bajo la forma: «Cualquier unidad y cual­ quier o tra unidad son dos unidades. el pasado.. p ara todo conjunto de valores de x.) im plica <\i{x. .. z.so B E R T R A N D RUS S E L L pertenecen a la ciencia experim ental o em pírica. Así. e. entonces x e y son dos. se deduce ^ de él. cualquier proposición... son constantes. como se de­ m ostrará en la p a rte II.). L a diferencia entre una variable y u n a constante se oscurece algo en el uso m atem ático. pero no afirm am os separadam ente p o q. z . Proposición. y la raza hum ana. cuando pertenecen a la M atem ática aplicada. .. presente y futuro. Pero. Sócrates. Afirm am os u n a relación entre las aserciones p y q. U na constante debe ser algo absolutam ente definido. o p a ra cualquier conjunto de e n ti­ dades x.. P o d ría pensarse que la A ritm ética elem ental constituye una excepción: 1 + 1 = 2 parece no contener variables ni afirm ar una im plicación. son constantes. Se acostum bra. No se afirm a que tp es siem pre verdadero. para nuestras entidades. 2. z. y. entonces cierta o tra aserción q es verdadera para esas entidades. no a la M atem ática. es siem pre v erd a­ dero.» Y esta proposición contiene variables y afirm a u n a implicación. surgen de dar a una o m ás variables de u n a proposición de M atem ática p u ra algún valor constante que satisface las hipótesis.» La proposición típica de la M atem ática es de la form a «y(x. para ese valor de la variable.

tam bién varían. en realidad. por ejemplo. A hora podemos entender por qué las constantes de la M a­ tem ática deben ser constantes lógicas en el sentido definido a n te rio r­ mente. por ejemplo. e im a­ ginamos que un cierto térm ino suyo lo sustituim os sucesivam ente por otros. . b. Tomemos. 7 . variables. es decir. E l proceso de transform ar las constantes de u n a proposición en variables conduce a lo que se llam a una generalización y aos da. la hipótesis de que son núm eros im plica la fórm ula.LOS PRI NCI PI OS D E LA M A T E M A T I C A 31 tantes. c. y. b y c. la ecuación ax -f. 8. porque esas frases no denotan un objeto definido. Aquí decimos que x e y son variables. c. por ejem plo. tenem os «Sócrates es un hombre». si se form ula una proposición p que sólo contiene constantes. Así. la proposición <cc e y son núm eros implica (x -f ?/)2 = x 2 + 2xy -f y 2» vale igualm ente si sustituim os x e y por Sócrates y P lató n (l): tan to la hipótesis como la consecuencia serán falsas en este caso. Pero esto sólo significa que si representan núm eros. como si así fuese realm ente. Pero de clase a clase a. el resultado en general será a veces verdadero y a veces falso. las variables tienen un campo absolutam ente no restringido: cualquier entidad concebible puede su stitu ir a cualquiera de nuestras variables sin alterar la verdad de n uestra proposición. Y en Geom etría nadie tra b a ja con líneas realm ente particulares. una vez estable­ cida com pletam ente. satisfacen alguna fórm ula. se supone que representan números. E s esto entonces lo que en realidad se afirm a. sino que re­ presentarán núm eros cualesquiera. y por ello los que reciben el nom bre de parám etros son sim plem ente variables. (1) E s necesario su p o n e r que la ad ició n y m u ltip lic ac ió n a ritm é tic a se h allan d efin id as de ta l m odo (com o p u ed e h acerse fácilm en te) qu e las fó rm u las an terio res c o n serv an su significado cu a n d o x e y no so n n ú m ero s. por ejem plo la línea de un p unto particu lar en Londres a un punto p articu lar en Cambridge.by + c — 0 . E n M atem ática se acostum bra a considerar nuestras v a ria ­ bles como restringidas a ciertas clases: E n A ritm ética. la esencia formal de u n a proposición. en cualquier proposición de M atem ática pura. nuestros a. definiéndose cada clase como las cuplas que guardan cierta relación fija respecto a una tría : da (a. E l hecho es que agrupam os las diferentes cuplas — p arejas— x. La M atem ática se interesa exclusivam ente por tipos de proposiciones. m ientras a. no serán núm eros definidos. y por lo tanto son. aquí tra n s­ form amos Sócrates en una variable. siem pre discutim os cualquier línea. pero la implicación aun será verdadera. y consideram os <¡x es un hombre». b. son constantes. Así. Pero a menos que nos refiramos a una línea absolutam ente particular. Así. c). en clases de clases. y en n uestra proposición ya no es más necesario que nuestras variables sean núm eros: la im plicación vale igualm ente cuando no lo son. y por lo ta n to son variables. b. considerada como ecuación de una línea recta en el plano. por ejemplo.

en esta discusión. las relaciones m utuas de puntos en un plano euclidiano son del mismo tipo que las correspondientes a los núm eros complejos. en consecuencia «x es griego» im plica «x es un hombre». De este modo. contenida en. de las de­ ducciones posibles respecto a los varios m iem bros de la clase. sim étric o . A hora bien. form adas por clases a las que pertenecen las antiguas constantes. P o r lo ta n to podem os definir un (J) B iu n ív o co . de modo que proposiciones sim bólica­ m ente idénticas resultan susceptibles de varias interpretaciones. no tiene por qué decidir si sus variables son puntos o núm eros complejos o algún otro conjunto de entidades que tienen el mismo tipo de relaciones m utuas. y por lo ta n to un tip o de relaciones. H ablando en general. es un deber de la M atem á­ tica el hacerlo. «x es griego». Pero podemos cam biar tam bién esto. y en afirm ar que la fórm ula en cuestión se deduce de la hipótesis de que los símbolos pertenecen a la clase en cuestión. que contiene tres variables y l<os constantes clase. Si existen varias cadenas deductivas que sólo difieren en el significado de los símbolos. Pero esta afirmación no pertenece a la M atem ática pura. si es que y a no es evidente. y tendrem os: Si o y b son clases. se transform a en u n a variable. lo que vale p a ra todos los valores de x. m encionada anteriorm ente. la clase. p lu riu n ív o c o . como se verá claram ente de ahora en adelante. aseguran la verdad de «x es un hombre». tra n s itiv o . y m ientras ello 6ea posible. Siem pre que dos conjuntos de térm inos tengan relacio­ nes m utuas del mismo tipo. se podrá aplicar a am bos la m ism a form a de deducción. Aquí tenem os por fin una proposición de M atem ática p u ra. al igual que el térm ino p articu lar considerado. y las involucradas en la noción de implicaciones form ales con variables. por lo ta n to . una clase de relaciones carac­ terizada por la identidad form al.32 B E R T R A N D RUS S E L L Algunas hipótesis sobre x. P o r ejem plo. es siem pre u n a clase definible en función de constantes lógicas (x). la G eom etría plana. considerada como una ram a de la M atem ática pura. son ejem plos de tip o s de relaciones a las q u e nos referirem o s a m en u d o . por ejem plo. M ientras cualquier térm ino de n uestra proposición pueda transform arse en variable. la verdadera senda m atem ática consiste en form ar la clase de significados que se pueden a trib u ir a los térm inos. y se darán citas innum erables en el p re ­ sente trabajo. los símbolos que representan constan­ tes se tran sfo rm an en variables. Casos de ta l generalización son ta n frecuentes que se presentarán muchos a todo m atem ático. y a se halla contenida en b. y las únicas constantes verdaderas son los tipos de relaciones y lo que ellas involucran. porque depende do la naturaleza particu lar do griego y hombre. ella podrá ser generalizada. así. entonces «x es un a» im plica «x es un 6». y se sustituyen nuevas constantes. debem os tra b a ja r en to d a ram a de la M atem ática con cual­ quier clase de entidades cuyas relaciones m utuas sean de un tipo es­ pecífico. . un tipo de relación significa.

Las mismas constantes lógicas deben definirse solam ente por en u ­ m eración. 10. esto nos perm ite asegurar acerca del espacio existente las consecuencias de. pero que no cum ­ plen la definición anterior de M atem ática (§ 1). La conexión de la M atem ática con la Lógica. Así. se afirm an realm ente de cierta constante que satisface la hipótesis en cuestión. porque son ta n fundam entales que todas las propiedades por las cuales debe definirse su clase presuponen algunos térm inos de la clase. por ejem plo. en que ahora se reem plaza por la constante espacio real. Pero. El hecho de que todas las constantes m atem áticas son constantes lógicas. Si agregamos: «El espacio que existe es euclidiano». a saber: esta entidad p articu lar satisface la hipótesis en cuestión. tales como «la im plicación es una relación» pertenecerán a la Lógica. La distinción entre M atem ática y Lógica es m uy a rb itraria. y en consecuencia ni prem isas ni proposiciones indem ostrables salvo las que se refieren exclusivam ente a las constan­ tes lógicas y a las variables. por ejemplo. 9 . «si p im plica q y q im plica r )( entonces p im plica r».todas las hipótesis que constituyen la Geom etría euclidiana. respecto a una variable que la M atem ática pura dem ostrara se deducen de alguna hipótesis.LOS PRI NCI PI OS DE L A M A T E M A T I C A 33 tipo de relaciones como u n a clase de relaciones definida por alguna propiedad definible solam ente en función de constantes lógicas. L a M atem ática con­ siste en todas las consecuencias de las prem isas anteriores que afirm an implicaciones form ales que contienen variables. se deduce necesariam ente toda la M atem á­ tica. debe form ularse del modo siguiente: L a Lógica está form ada por las prem isas de la M atem ática. una vez que ha sido aceptado el a p a ra to lógico. y siem pre se necesita una nueva p re­ misa. ju n to a aquellas de las prem isas m ism as que presentan estos rasgos. da. pero no a la M atem ática. el m étodo p ara descubrir las constantes lógicas consiste en el análisis de la Lógica simbólica. m ientras que otras. E n M atem ática aplicada los resu lta­ dos. el principio del silogismo. y de que todas las prem isas de la M atem ática se hallan relacionadas con ellas. El hecho es que. Mas con L o8 p r in c ip io s de l » M a t e m á t i c a . Así la M atem ática pura no debe contener indefinibles. es excesivam ente estrecha. de acuerdo a lo dicho anteriorm ente. como ram a de la M atem á­ tica pura. prácticam ente. pero si se desea una diferencia. pertenecerán a la M atem ática. Es precisam ente esto lo que distingue la M atem ática p u ra de la aplicada. Así. excepto las constantes lógicas. que será el objeto de los próxim os capítulos. la form ulación precisa de lo que los íilósofos querían decir al asegurar que la M atem ática es a priori. algunas de las premisas de la M atem ática. la G eom etría euclidiana. está form ada enteram ente por proposiciones que contienen la hipótesis «S es un espacio euclidiano».— 8 . Pero con este paso vamos de la M atem ática pura a la aplicada. creo. Los térm inos que eran variables se transform an en constantes. ju n to con todas las proposiciones que se refieren exclusi­ vam ente a las constantes lógicas y a las variables.

y segundo. como prelim inar a un análisis crítico.S4 B E R T R A N D RUS SE L L el fin de adherirnos al uso común debem os identificar la M atem ática con la Lógica. É ste será el tem a del capítulo sigu iente. m ien­ tra s que el segundo pertenece a la p a rte I. será necesario dar un bosquejo de L ógica sim bólica considerada sim plem ente como una ram a de la Ma­ tem ática. m ientras ello sea posible. cuáles son los principios de la Lógica misma. en prim er lugar. . pero el respeto por la tradición me im pulsa más bien a adherirm e a la distinción anterior. aunque reconociendo que ciertas proposiciones pertenecen a am bas ciencias. descubrir. Y. el lector podrá apreciar que el tra b a jo presente debe cum plir con dos fines: prim ero. dem ostrar que toda la M atem ática se deduce de la Lógica sim bólica. El prim ero de estos fines será tem a para las partes siguientes. y definir am bas como la clase de las proposiciones que contienen solam ente variables y constantes lógicas. De lo dicho h asta ahora.

(‘) D esde to d o p u n to de v is ta se h a lla rá la n o tic ia m ás c o m p le ta d e los m étodos d iferen tes al de P ean o en los tre s v o lú m en es de S ch ró d er.CAPÍTULO n LÓGICA SIMBÓLICA 11. 1895. con ediciones s u b ­ siguientes en años p osteriores. Sin em bargo el progreso logrado no tuvo casi utilidad alguna p ara la Lógica ni p ara ninguna o tra ram a de la M atem ática. bajo todos sus aspectos. sus funciones teóricas serán expuestas brevem ente en el capítulo presente (3). se rá c ita d a com o R. Lo útil que resulta en la práctica sólo puede ser juzgado por aquellos que han. y constituiría todo su objeto si to d a deducción fuera silogística. aquí como en cualquier o tra parte. Vorle&unger über die Algebra der Logik. pertenece a la L ó­ gica sim bólica. Desde la publicación de las Leyes del pensamiento. La Lógica sim bólica no sólo ha llegado a ser absolutam ente esencial p ara todo lógico filosófico. El silogismo. se ha investigado el tem a con cierta intensidad. La Lógica sim bólica o f o rm a l— usaré estos térm inos como sinónimos— es el estudio do los diferentes tipos generales de deduc­ ción. y así su c esiv a m e n te. v o l. que fu era o rig in a ria m e n te la Rivisla di Matematica. di M . 1891. desde Leibniz en adelante. los p ro b lem as co n sid erad o s m e h a n sido su g erid o s p o r sus tra b a jo s. sino tam bién neceT saria para la comprensión general de la M atem ática. pues el empleo de símbolos m atem áticos. . y se ha logrado un desarrollo técnico m uy grande ('). ta m b ié n Revue de Mathémaliques. 1895. ha derivado el camino p ara progre­ sar. V II. como lo supone la tradición escolástica. la Reime de Malhématvques. E s por el reconoci­ m iento de inferencias asilogísticas por lo que la Lógica sim bólica m o­ derna. núm ero 1 (1900). y aun p ara lá práctica con éxito de ciertas ram as de la M atem ática. a u n en los casos en q u e no c o m p a rto b u s p u n to s de v ista . sentido el aum ento de poder derivado de su adquisición. es sim plem ente una com odidad teóricam ente sin im portancia. excepto en lo que re sp e c ta a relaciones. La palabra simbólica designa el sujeto por una característica accidental. T u rín . de Boole ( 1854 ). L as ediciones del Formulaire se rá n c ita d a s com o F . 1890. L eipzig. los puncos p rin cip ales se d eb e n al p ro feso r P ean o . 1895. (a) V éase Formulaire de Mathemaíiques. h asta que fue transform ado por los nuevos m étodos del profesor Peano (2). (8) E n lo que sigue.

Por m edio de ellas pueden establecerse todas las proposiciones de la Lógica simbólica. la noción de tal que. de proposiciones tales como « e s u n hom bre im plica x es m ortal. o D inám ica racional nunca se presentan otras. Pero la Lógica simbólica. pero es aún dem asiado especial para la Lógica simbólica. y ver­ dad. y todas las otras definibles en función de estas nociones. perm iten que varíe n uestra relación sin invalidar cualcjuier inferencia en la que dicha relación se considera bajo el aspecto cíe una variable. pero la M atem ática tra b a ja rá explícitam ente con la clase de relaciones que poseen las propiedades form ales de prioridad tem poral — propiedades que se unen en la noción de continuidad (2)— . no investigará qué inferencias son posibles respecto a relaciones continuas (es decir. p a r te V. Las nociones particulares que aparecen en las proposiciones de la Lógica simbólica. relación de un térm ino a una clase de la que es m iem bro. El núm ero de constantes lógicas indefinibles no es grande. Adem ás de esta noción ne­ cesitam os como indefinibles las siguientes: Im plicación entre proposi­ ciones que no contienen variables. ' (‘) P o d ría ig u a lm e n te d ecir d esde u n prin cip io q u e no hago d is tin c io ­ nes e n tre in feren c ia y d ed u cció n . esta investigación es del dominio de la M atem ática. donde <p(x). cap. X X X V I. Ni la M atem ática ni la Lógica sim bólica estudiarán relaciones especiales tales -como. El análisis de esta noción de implicaoión form al pertenece a los principios del tem a. la prioridad tem poral. es decir. y sólo requiere una clasificación de relaciones o propo­ siciones m ientras estas reglas generales introducen nociones p a rticu ­ lares. pero no es necesario p ara su desarrollo formal. para todos los valores de x» — proposiciones cuyo tipo general es: «y {x ) implica >\i{x) p ara todos los valorea de x». son las constantes lógicas.36 B E R T R A N D R US SE L L 12. y se distingue de las diferentes ram as especia­ les de la M atem ática principalm ente debido a su generalidad. m ientras se conservan. E stas nociones solas form an el sujeto fundam ental de to d a la M atem ática: en A ritm ética. . ty(x). Lo que la Lógica simbólica investiga son las reglas generales por las que se form ulan las inferencias. o tam bién como las que. La Lógica sim bólica se halla esencialm ente relacionada con la inferencia en general ('). ocho o nueve. excepto las que se pueden definir en función de las ocho o nueve originales. Geom etría. en el sentido más exacto que se convenga. la noción de relación. (’) V éase m óa a d e la n te . Lo que se lla m a in d u cció n m e p arece q u e es o d ed u cció n e n c u b ie rta o u n sim ple m é to d o p a r a fo rm u lar p re g u n ­ ta s p lausibles. parecen ser de hecho. relaciones que generen series conti­ nuas). P a ra el estudio técnico de la Lógica sim bólica es conveniente tom ar como indefinible singular la noción de im plicación formal. son proposiciones p ara todos los valores de x — . por ejemplo. Y las propiedades formales de una relación pueden definirse como aquellas que pueden expresarse en función de constantes lógicas.

q. I X y volú m en es su b sig u ien te s. entonces p im plica q o p im ­ plica r. (2) C om p. vol. El hecho es que la dualidad vale para proposiciones que aseguren que un térm ino variable pertenece a una clase. y no es con tales entidades que deberemos tra b a ja r en el cálculo de proposiciones. c son clases. 1901). dentro de ciertos lím ites. La afinidad sim bólica de la Lógica proposicional y de la Lógica de clases es. en ero 1880. pero si a. en una serie im por­ ta n te de mem orias (2).. «x es un hom bre o una mujer» im plica o <ix es un hombre» o <u. válida para todos los valores de x. que siem pre es una de las dos. Peano parece haber sacrificado la precisión lógica para conservarla ('). que se presenta del modo siguiente: E n cualquier ex­ presión sim bólica las letras pueden interpretarse como clases o como proposiciones. McCoil. Mr. es una mujer». a saber: «Si a. «Simbolic R easoning». defendió el punto de vista de que la implicación (') A cerca do los p u n to s en que la d u a lid a d falla. E n tre los dos prim eros existe. lección 21. en realidad. no siendo siem pre la m ism a de las dos. De a q u í en ad e la n to c ita ré las co m u n icacio n es del Congreso a n te rio r bajo el títu lo Congris. I I I (P arís. proposiciones tales como «x es un hombre». por ejemplo. y en las últim as ediciones de su form ulario. y el cálculo de relacio­ nes. P a ra continuar el ejemplo anterior: Es verdad que. cit. Pero <u: es un hombre» no es en absoluto una propo­ sición. p ara todos los valores de x. en Proceedings o) the London Mathematical Society. b im plica c. es decir. 6. el cálculo de proposiciones difiere bajo muchos a s­ pectos del de clases. b. un cierto paralelism o. Consideremos. entonces a se halla contenida en c. «en el pueblo inglés todos son hom bres o mujeres. algo oscura. y a se halla contenida en b o c. De este modo la im plicación involucrada. sino con proposi­ ciones genuinas. o c tu b re 1897 y enero 1900. por ejem plo. en el principio del silogismo. si a. I I . Se ha usado m ucho esta dualidad. vol. y a implica. en Bibliothéque du Congrís International de Philosophic. As!.» L a L o g iq u e Sym bolique e t sos A pplications*. c son pro ­ posiciones. no siendo ni verdadera ni falsa. Pero es falso que tx es un hom bre o u n a mujer» implica fx es un hombre» para todos los valores de x. de hecho. pero no todos son hom bres ni todos mujeres». b en c. el siguiente: «Si p. r son proposiciones.LOS PRINCI PIOS D E LA M A T E M A T I C A 37 13 . Pero. o im plica «x es una mujer» para todos los valores de x. ya que no vale p ara todos los valores de x. op. b. no es for­ mal.» E sta proposición es verdadera. b. El sujeto de la Lógica sim bólica está form ado por tres partes: el cálculo de proposiciones. pero su correlativa es falsa. vol. c son clases. y a se halla contenida en b. y la relación de inclusión en un caso puede reem pla­ zarse por la de implicación form al en el otro. en M ind. y p implica q o r. entonces a im plica c.>i P or ejemplo. v éase S ch ró d er. y tenem oa que deci­ dir cuál de las dos será fundam ental. el cálculo de clases. entonces a se halla contenida en 6 o a se halla contenida en c. es decir. «The C alculus of E q u iv a le n t S tatem en ta» . . siem pre que la implicación involuntaria sea form al.

1901. la que (§ 16) es equivalente a la afirm a(') F . es cualquier cosa que es verdadera o que es falsa. G eneralm ente la hipótesis es de la form a «y> im plica pt>. sino una clase de implicaciones. y aun es apenas distinguible de aquél. lla­ m aré' a esa expresión ¡unción proposicional. etc. au nque aparece la letra x. H ablaré exclusivam ente de proposiciones en las que no exista variable real: donde existan una o m ás variables reales. como McCoil. U na p ro ­ posición. me ocuparé de ella antes de seguir adelante. Como la distinción involucrada reviste gran im portancia. Pero no me parece que logre adecuada­ m ente la distinción entre proposiciones genuinas y las que contienen una variable real: así. no existe u n a variable real: la variable se halla absorbida del mismo modo que la x bajo el signo de integral en una integral definida. se ve obligado a hablar de proposiciones como verdaderas a veces y otras falsas. pues no es verdadera ni falsa. Peano. Schroder se halla exento de esta crítica: su segundo volum en se refiere a las proposiciones genuinas y señala sus diferencias form ales con las clases. A. U na expresión tal como «x es un hombre» no es por lo tan to una proposición. Peano distingue a una variable que aparece de este modo como ajxirentc. no afirmamos una implicación singular.B E R T R A N D R US S E L L 3S y proposiciones son más fundam entales que la inclusión y clases.. pero el estudio de las funciones proposicionales parece hallarse es­ trictam en te a la par con el de clases. E l Cálculo preposicional 14. lo que por supuesto es im posible p ara una proposición genuina. podemos decir. y la variable es lo que Peano llam a real ('). m ientras que en «x es un hombre» existen diferentes proposiciones p ara diferentes v a ­ lores de la variable. sea el que fuere. tenem os ahora una proposición genuina en la que. considera prim ero las proposiciones como m ás fundam entales que las clases. ya que la proposición no depende de la variable. 2. la expresión se tran sfo rm a en una proposición: es algo así como una form a esquem ática que representara a cualquiera entre toda una clase de proposiciones. E n mi opinión es más fundam ental el estudio de las proposiciones genuinas que el de clases. Y cuando decimos ex es un hom bre im plica x es m ortal p ara todos los valores de xt. y en esta opinión coincido con él. . pero en form a aún más definida considera a las funciones proposicionales más que a las proposiciones. y p ara todos los valo­ res de las variables la expresión involucrada sea una proposición. El Cálculo proposicional se caracteriza por el hecho de que todas sus proposiciones tienen como hipótesis y como consecuente la afirmación de una im plicación m aterial. Si dam os a x cualquier valor constante. p ág . de modo que el resultado y a no es más función de x.

É ste es un caso de im plicación m aterial. E n los tra tad o s de Lógica. m ientras que si la q u in ta es falsa. 15 . De este modo los consecuentes están form ados por funciones propo­ sicionales que son verdaderaa p a ra todas las proposiciones. L a im plicación form al involucrada en cada una de estas dos proposiciones es una cosa m uy diferente de la im plicación m aterial que existe entre dos proposiciones como todos. entonces x e y son triángulos que cum plen con ciertas otras condicio­ nes. L a qu in ta proposi­ ción de Euclides se deduce de la cuarta: si la c u arta es verdadera. aunque las letras em pleadas son símbolos que representan variables. y los consecuentes son verdaderos cuando las variables reciben valores que son proposiciones. es un triángulo isósceles. y se discutirá en el capítulo I II . y la quinta establece que si a.LOS P RI NCI PI OS D E L A M A T E M Á T I C A 39 ción de que las letras que figuran en el consecuente son proposiciones. [¡ero sí si colocamos «Sócrates es un hombre» o si colocamos «x es un hom bre im plica x es m ortal para todos los valores de x». pues am bas proposiciones son absolutam ente constantes. pero no con­ tienen variables -— es decir. se acostum braba a confundir los dos tipos de im plicación. x tiene iguales los ángulos en la base. sino sólo ciertas funciones proposicionales definidas que figu­ ran en las proposiciones de nuestro cálculo. o de la im plicación m aterial como puede llamarse. Es un problem a difícil el punto h asta el cual la im plicación form al es definible sim plem ente en función de la implicación. Pero cada una de ellas establece una im plicación form al. La hipótesis «p es una proposición» no se halla satisfecha si reem plazam os p por «x es un hombre». pero es el estudio de la implicación m aterial el que distingue especialm ente este tem a. y esta im plicación vale p ara todos los valores de a: y de y. no funciones proposicionales. porque la implicación form al figura en el desarrollo de to d a la M atem ática. y a m enudo a hallarse considerando realm ente la especie form al cuando sólo la espeoie m aterial era aparentem ente . no depen­ diendo en su significado de que se le asigne un valor a una variable. la que vale entre funciones proposicionales cuando la una im plica la o tra para todos los valores de la variable. L a*cuarta es­ tablece que si x e t/son triángulo que cum plen con ciertas condiciones. P a ra abreviar. lo mismo Bucederá con la quinta. estos valores deben ser proposiciones genuinas. E sta relación debe ser distinguida de la relación de im pli­ cación formal. lo mismo sucederá con la cu arta. podemos decir que las proposiciones representa­ das en este cálculo por letras singulares son variables. L a im plica­ ción formal se halla tam bién involucrada en este cálculo. pero no se estudia explícitam ente: no consideram os funciones proposicionales en general. se necesitan ambas nociones en el Cálculo proposicional. N uestro cálculo estudia la relación de implicación en tre pro­ posiciones. U n ejem plo servirá para dem ostrar la indiferencia que existe entre las dos. E s im por­ tan te observar que. en el caso en que se satisface la hipótesis de las proposiciones que afirm a el cálculo.

Si p implica q. la aserción de que q es verdadero o p falso resulta ser eetrictam en te equivalente a «p im plica <7». decir «p es una proposición» es equivalente a decir «p im plica p». y es necesario que q sea verdadero o p falso (2). aunque la im plicación es indefinible. (5) P o d ría ta m b ié n estab lece r de u n a vez p o r to d a s q u e las a lte rn a tiv a s de u n a d isy u n c ió n n u n c a se c o n sid erarán com o m u tu a m e n te e x c lu y e n tes a m enos de que así ee d ig a de m odo exp reso . Así. De hecho. la falsedad de q implica la falsedad de p í1). no una definición de implicación. esto deja to d av ía a la implicación como funda­ m ental. es un tipo de hum anidad. cuando se dice que «Sócrates es un hom bre. la disyunción es definible en función de la implicación. las prem isas de nuestro tem a se refieren exclusivam ente a las reglas de la inferencia. E n consecuencia. P o r ejem plo. Si p im plica q. decimos «Sócrates es un hom bre implica Sócrates es mortal». parece a prim era vista que podemos su stitu ir no sólo otro hom bre. aunque lo que se establece explícitam ente en tal caso es una implicación m aterial. debe tenerse bien en cu enta que. y se necesita algún esfuerzo para lim itar nuestra im agi­ nación a la implicación m aterial. Sócrates es sentido como variable. 16. es decir. T oda proposición se im plica a sí m ism a. q es verdadero. P or o tra parte. la verdad de p im plica la verdad de q\ tam bién si q es falso p es falso.40 B E R T R A N D RUS SE L L involucrada. y puede usarse esta equivalencia p a ra definir proposiciones. m ie n tra s qu e las im p licacio n es subord in a d a s son m a te ria le s. pero como la equivalencia significa implicación m utua. entonces am bos son falsos o ambos verdaderos. puede definirse la proposición. y lo veremos brevem ente. es decir. De este modo verdad y falsedad nos dan sim plem ente nuevas im plicaciones. Como el sentido m atem ático de definición es m uy diferente del corriente entre filósofos. Si en vez de 'por lo tanto. y uno siente que cualquier otro hom bre en su lugar sería lo mismo. Debe observarse que. entonces si p es verdadero. que las proposiciones falsas im plican todas las proposiciones. se halla definida u n a nueva función proposicional cuando se ha establecif1) Se rec o m ien d a al le cto r q u e o b se rv e que las im p licacio n es p rin cip ales de estas proposiciones son form ales. Se deduce de la equivalencia anterior que de dos pro ­ posiciones cualesquiera debe haber una que im plique la otra. por lo ta n to Sócrates es mortal». en sentido m atem ático. Pero estos resultados deben dem ostrarse. es decir. sino cualquier o tra entidad a rb itra ria en lugar de Sócrates. es im posible que q sea falso y p verdadero. y no definible en función de la disyunción. . lo que se quiere significar es una im plica­ ción formal. o p es falso y q verdadero. y todo lo que no sea proposición no im plica nada. que im plica la verdad de hipótesis y consecuente. U na definición de im plicación es com pletam ente imposible. y que las pro­ posiciones verdaderas son im plicadas por todas las proposiciones. «p im p lica q* im p lica ¡ormalmente «la v e rd a d de p im p lica la v e rd a d de qt.

y que ejemplifica las lim itaciones esenciales del form alismo — punto sobre el que vol­ veré m ás adelante— . y debe observarse que el m étodo de suponer falso un axiom a. A ntes de continuar. entonces. Pero respecto a las demás. . en otras palabras. Respecto a nuestros dos inde­ finibles requerim os ciertas proposiciones indem ostrables. y sirve para ilustrar la gran diferencia que existe en tre definiciones m atem áticas y definiciones filosóficas. lo que es im plicado por cualquier cosa es una proposición. debe dudarse acerca de si son indem ostrables o sim plem ente indem ostradas. pq (el producto lógico de p y q) significa que si p im plica que q im plica r. que se ha hallado adm irable en casos tales como el de las paralelas. y si son verdaderos. entonces r es verdadero. Porque todos nuestros axiom as son principios de deducción. las consecuencias que parecen deducirse por el uso de un principio opuesto no se deducirán realm ente. «p im plica q>> es una proposición. de modo que los argum entos basados en la suposición de la falsedad de un axiom a se hallan sujetos aquí a errores especiales. 2) Si p im plica q. E n otras palabras. im plica y es im plicada por) una función proposicional que o ha sido aceptada como indefinible o ha sido definida en función de indefinibles. si p y q _(') N ó tese que las im plicaciones in d ic a d a s p o r ai y entonces en estos axiom as son form ales. el núm ero de proposiciones indem ostrables puede ser de posible reducción ulterior. sin em bargo. que la im plicación form al es una noción com pleja cuyo análisis queda por considerar— . en otras palabras. Por lo tan to . si q im plica q. y respecto a algunas de ellas carezco de fundam entos p a ra considerarlas indem ostrables excepto en que h a sta ahora han perm anecido indem ostradas. en el Cálculo proposicional exigimos la no exis­ tencia de indefinibles. Así. 4 ). salvo las dos especies de im plicación —recor­ dando. E s ta definición es enteram ente artificial. Deben existir algunas indem ostrables. La definición de entidades que no son funciones proposicionales se deduce de otras que lo son de modos que serán explicados en conexión con las clases y relaciones. tales como el silogismo. en otras palabras. 17 . 18. que hasta ahora no he podido reducir a menos de diez. E n una im plicación puede om itirse una hipótesis verdadera y afirmarse-el consecuente. y deducir las consecuencias de esta suposición. E s la siguiente: Si p im plica p. y deben form ar p a rte del núm ero algunas preposicio­ nes. entonces p im plica p . es aconsejable definir la afirmación conjunta de dos proposiciones. aquí no es universalm ente utilizable. Los diez axiom as son los siguientes: 1) Si p im plica q.LOS P RI NCI PI OS D E LA M A T E M Á T I C A 41 do que es equivalente a (es decir. entonces p im plica q (*). m ie n tra s que las in d ic ad a s p o r im plica son m a te ria le s. o lo que se llam a su p ro ­ ducto lógico. ya que no es posible dem ostración alguna sin ellas. lo que im plica cualquier cosa es una proposición. É ste es un principio de im posible form ulación sim bólica formal. 3) Si p implica q. entonces q im plica q. cualesquiera sean p y q .

9 ) Si p im plica q y p implica r. por m edio de los nueve (!) 7) y 8) (según creo) n o p u ed e n d ed u cirse de la d efin ició n de p ro d u c to lógico. entonces p im plica qr: en otras palabras. É s ta recibe el nom bre de simplifica­ ción. É ste es recíproco del principio precedente y recibe el nom bre de exportación ('). como sus anteriores. 6) Si p implica q y q implica r. y afirm a sim plem ente que la aserción conjunta de dos proposi­ ciones implica la aserción de la prim era de ellas. a «p o 'p y no-q’». No podemos form ular. 7 ) Si q implica q y r implica r. É ste se llam a principio de reducción. las im plica a am bas. a cada uno de los cuales debe darse un nom bre. me recibirá». por supuesto. 10) Si p im plica p y q im plica q. P or ejemplo: «Si hablo a tal persona. una proposición que implica a cada una de dos proposiciones. es menos conveniente que los principios anteriores. entonces «'p im plica q’ im plica p » im plica p. se hallarán en las notas de Peano acerca de este tem a. pero es equivalente a m uchas proposiciones que son evidentes por sí m is­ mas. porque «'p im plica q’ im plica p» es equivalente a «p o la negación de 'q o no-p’». con corrección form al.* . Si recordam os que «p im plica q» es equivalente a «q o no-p». Sin su ayuda. es decir a p. Pero este modo de persuadim os de que el p rin ­ cipio de reducción es verdadero com prende muchos principios lógicos que aun no han sido dem ostrados.» a «Si p y q son pro p o sicio n es.» 8) Si p im plica p y q im plica q. entonces. É sta recibirá el nom bre de silogismo. y si p im plica que q im plica r. y que no pueden dem ostrarse ex­ cepto por reducción o algo equivalente. entonces r se deduce de la afirmación conjunta de p y q. E n la hipótesis ten e ­ mos el producto de tres proposiciones. n uestra de­ finición en esta form a m ás breve.42 B E R T R A N D R USSELL son proposiciones. puede definirse por medio del producto de dos. podem os convencem os fácilm ente de que el principio an terio r es verdadero. porque la hipótesis «p y q son p ro ­ posiciones» va es el producto lógico de «p es una proposición» y «q es una proposición». se halla explíci­ tam ente relacionado con la im plicación. 5 ) Si p im plica p y q im ­ plica q. y tiene el mism o tipo de ca­ rácter lógico que tienen aquéllos. si ]x¡ im plica r. entonces p im plica r. p im plica que q im plica r. en to n ces eto. E l principio es especialm ente útil en relación con la negación. en to n ce s *g es u n a p ro p o sició n ’ im p lica etc. si está en su casa. me recibirá. es decir. entonces pq implica p. p o rq u e se n e c e sita n p a ra p a s a r de «Si p es u n a p ro p o sició n . su aserción co n ju n ta es equivalente a decir que es verdadera to d a proposición ta l que la prim era im plica que la segunda la implica. E ste se llam a principio de composición. El ejem plo anterior invertido servirá p ara ilu strar este principio. Ahora podemos form ular los seis principios fu n d a ­ m entales de inferencia. implica: «Si llamo a tal persona y si está en su casa. debido a su im portancia. de ellos todos. pero esto. Lo prefiero a ellas porque. entonces ]>q implica r. salvo el últim o. É ste es el principio de importación. El principio establece que si p implica que q im plica r. entonces.

LOS PRI NCI PI OS D E L A M A T E M Á T I C A

43

prim eros principios, podemos dem ostrar la ley de contradicción; pode­
mos dem ostrar, si p y 7 son proposiciones, que p im plica no-no-p;
que «p implica no-<jn es equivalente a «7 implica no-p» y a no-pq\
que <'p im plica 7» im plica «no-q implica no-;;»; que p im plica que
no-p im plica p; que no-p es equivalente a «p implica no-p»; y que
«p im plica no-qt es equivalente a «no-no-p im plica no-q». Pero no
podemos dem ostrar sin la reducción o algo equivalente (hasta el punto
que me ha sido posible investigar) que p o no-p deben ser verdaderos
(la ley del tercero excluido); que cada proposición es equivalente a la
negación de alguna o tra proposición; que no-no-;; im plica p; que
«no-? im plica no-p» implica «p implica 7»; que «no-p im plica p» im pli­
ca p, o que «p implica 7» im plica «7 o no-;;». Cada una de estas hipótesis
es equivalente al principio de reducción y puede sustituirle, si lo p re­
ferimos. Algunas de ellas — principalm ente el tercero excluido y la
doble negación— parecen dotadas de una evidencia m ucho mayor.
Pero cuando hayam os visto cómo definir la disyunción y la negación
en función de la implicación, veremos que se desvanece la supuesta
simplicidad y que en cualquier caso y para los fines form ales la re­
ducción es más simple que cualquiera de las otras a lte rn a tiv a s po­
sibles. E s ésta la razón que me obliga a m antenerla entre mis prem isas,
prefiriéndola a proposiciones más comunes y más superficialm ente
evidentes.
19.
La disyunción o sum a lógica se define del modo siguiente:
«p o 7» es equivalente a «'p im plica 7’ implica 7». Fácil resulta ver la
equivalencia recordando que una proposición falsa im plica a toda
otra; porque si 7; es falsa, p implica 7, y por lo tan to , si «p im plica 7»
implica 7, se deduce que 7 es verdadera. Pero este argum ento usa de
nuevo principios que no han sido dem ostrados todavía, y sólo se
menciona con el único fin de aclarar por anticipado la definición.
Partiendo de esta definición, y con ayuda de la reducción, podemos
dem ostrar que «p o 7» es equivalente a «7 o p». O tra definición equiva­
lente, que se puede deducir de la anterior, es: «Cualquier proposición
implicada por p e im plicada por 7 es verdadera», o, en otras palabras,
«'p im plica s’ y 'q im plica s’ ju n tas im plican s, cualquiera sea su.
Dicho lo anterior procederem os a definir la negación: no-p es eq u iv a­
lente a la aserción de que p im plica todas las proposiciones, es decir,
de que «r implica r» im plica «p im plica r» cualquiera sea r (*). Ahora
P) El principio de que las proposiciones falsas im p lican to d a s laa p ro ­
posiciones resu elv e la p a ra d o ja lógica de L ew is Carrol! de M ind, N . S. n ú m . 11
(1934). L a afirm ación fo rm u la d a en esa p a ra d o ja es la do que, ei p, q y r son
proposiciones, y q im p lica r, m ie n tra s que p im p lica q im p lica n o-r, en to n ce s
p debe se r falsa, sobre la s u p u e s ta base de que tq im p lica r* y *q im p lic a no-r»
son in c o m p atib le s. P ero en v ir tu d de n u e s tra d efin ició n de n eg ació n , si q
fuera falsa v e n d ría n am b a s im plicaciones: las dos ju n ta s , en re a lid a d , c u a l­
quiera sea la proposición r, son e q u iv a le n te s a n o -q. P o r lo ta n to , la ú n ic a

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B E R T R A N D RUS SE L L

podemos dem ostrar las leyes de contradicción y del tercero excluido
y doble negación, y establecer t-odas las propiedades formales de la
m ultiplicación y sum a lógicas —las leyes asociativa, conm utativa y
d istrib u tiv a— . E n consecuencia, la lógica de proposiciones está ahora
com pleta.
Los filósofos objetarán las definiciones anteriores de disyunción y
negación basándose en que lo que queremos decir con estas nociones es
algo m uy distinto al significado que les asignan las definiciones, y en
que las equivalencias establecidas en las definiciones son, en realidad,
proposiciones significativas y no simples indicaciones del modo en que
deben usarse los símbolos. Creo que tal objeción se halla bien fundada
si se invoca la consideración anterior como dando un análisis filosófico
verdadero del tem a. Pero cuando debe cumplirse con un propósito
puram ente formal, cualquier equivalencia en la que aparezca una
cierta noción de un lado, pero ninguna en el otro, servirá de definición.
Y la ventaja de tener ante nosotros un desarrollo estrictam ente formal
es la de que a p o rta los datos para el análisis filosófico en una forma
más definida que la posible en otro modo. P or lo tan to , la crítica del
procedim iento de la Lógica formal se pospondrá h asta que se dé
fin a estas breves consideraciones.
B.

E l Cálculo de clases

20.
En este Cálculo existen m uchas menos proposiciones p rim iti­
vas nuevas — en realidad, dos parecen ser suficientes— , pero existen
dificultades m ucho m ayores en el modo no simbólico de exponer las
ideas expresadas en nuestro simbolismo. M ientras sea posible se
pospondrán estas dificultades para los capítulos posteriores. M ientras
tan to tra ta ré de hacer una exposición tan directa y simple como sea
posible.
El Cálculo de clases puede desarrollarse considerando como funda­
menta] la noción de clase, y tam bién la'relación de un m iembro de
una clase a su clase. El profesor Peano ad o p ta este m étodo, y es quizá
filosóficamente más correcto que un m étodo d istinto que, debido a fi­
nes formales, he hallado más conveniente. E n el mismo tom am os
aún como fundam ental la relación (que siguiendo a Peano indicaré
con e) de un individuo con la clase a la que pertenece, es decir, la
relación de Sócrates a la raza hum ana, que se halla expresada diciendo
que Sócrates es un hom bre. Adem ás de esto, tom am os como indefi­
nibles la noción de u n a función proposicional y la noción de tal que.
inferencia ju s tific a d a p o r leus p rem isas de Lew is C arroll os la de que si p es
v e rd a d e ra , g d eb e ser falsa, es decir, q u e p im p lica no-q; y éeta es la co nclusión
que el se n tid o co m ú n h a b ría d ed u c id o en el caso que so d isc u te .

LOS PRI NCI PI OS DE LA M A T E M A T I C A

45

Son estas tres nociones las que caracterizan el Cálculo de clases.
Debemos decir algo p ara explicar cada una de ellas.
21 . La insistencia en la distinción entre e y la relación de todo y
parte entre clases se debe a Peano y reviste una im portancia m uy
grande p a ra todo el desarrollo técnico y para la to ta lid a d de las
aplicaciones a la M atem ática. E n la doctrina escolástica del silogismo,
y en to d a la Lógica sim bólica anterior, se confunden las dos relaciones,
excepto en el tra b a jo de Frege (1). La distinción es la m ism a que la
que existe entre la relación del individuo con la especie y la de la es­
pecie con el género, entro la relación de Sócrates con la clase de los
griegos y la relación de los griegos con los hom bres. Am pliaré ia n a ­
turaleza filosófica de esta distinción cuando me refiera críticam ente
a la naturaleza de las clases; por el m om ento será suficiente señalar
que la relación del todo a la parte es tran sitiv a, m ientras que con e no
sucede lo mismo; podemos decir: Sócrates es 1111 hom bre, y los hom bres
son una clase, pero no Sócrates es una clase. Debe observarse que la
clase debe distinguirse del concepto-clase o predicado por medio del
cual debe definirse: así, los hom bres son una clase, m ientras que
hombre es un concepto-clase. La relación e debe considerarse válida
entre Sócrates y los hom bres considerados colectivam ente, no entre
Sócrates y hom bre. E n el capítulo VI volveré a tra ta r este punto.
Peano sostiene que todas las funciones proposicionales que contienen
una sola variable son susceptibles de expresarse bajo la form a «.r es
un a», donde a es una clase constante; pero hallarem os razones para
dudar de este punto de vista.
22. L a noción fundam ental siguiente es la de función proposicio­
nal. A unque en el Cálculo de proposiciones figuran funciones proposi­
cionales, se define cada una de ellas a m edida que aparece, de modo
que no es indispensable la noción general. Pero en el Cálculo de clases
es necesario introducir explícitam ente la noción general. Peano no la
necesita, debido a su hipótesis de que la form a nx es un a» es ge/ieral
para una variable, y de que pueden usarse extensiones de la misma
forma p ara cualquier núm ero de variables. Pero debemos e v ita r esta
hipótesis, y por lo tan to , introducir la noción de función proposicional.
Podemos explicar (pero no definir) esta noción del modo siguiente:
cpx es una función proposicional si, p ara todo valor de x, y x es una
proposición, determ inada cuando so da x. Así <cc es un hombre» es
una función proposicional. E n cualquier proposición, por com plicada
que sea, que no contenga variables reales, podemos im aginar uno de
los térm inos, que no sea verbo ni adjetivo, reem plazado por otros
términos: en vez de «Sócrates es un hombre» podemos escribir «Pla­
tón es un hombre», «el núm ero 2 es un hombre», y así sucesivam en­
te V éase sus Begrijfschrift, H alle, 1879, y Orundgesetze der Arithmetik,
Jen a, 1893, pág. 2.

E sto se debe a cierta contradic­ ción que discutiré am pliam ente m ás adelante (cap. É stos son conceptos-cXo&Q. pero no conozco razón a priori para afirm ar que no existan otras funciones preposicionales verdaderas para todos los valores de la variable. .46 B E R T R A N D R US SE L L te (1). que aquí figura. u n a función proposicional será v e rd a ­ dera para algunos valores de la variable y falsa p ara otros. L a segunda afirm a que si <px y <\jx son propo­ siciones equivalentes para todos los valores de x. debo tenerse en cuenta que decide en favor de un punto de vista extensivo de las clases. y que querem os po­ der definir clases por medio de relaciones. Los casos en que es verdadera p ara todos los valores de la variable. es decir. V éase ca p . 23 . en­ tonces ox es verdadera. tales como <er es un hom bre im plica x es mortal». Respecto a la proposición prim itiv a en sí. E n general. 24 . <tr es un hombre» expresa el tipo de todas tales proposiciones. si se to m a n com o v ariab les. Las razones para definir la clase de este modo son las de que necesitam os consi­ derar la clase vacía. y si (1) Los verb o s y a d je tiv o s que fig u ra n com o ta le s se d istin g u e n p o rq u e. ni lo son primo par y entero entre 1 y 3 . Los valores de x que hacen verdadera una función proposicional ?x son como las raíces de una ecuación — en realidad. y tales casos requieren funciones proposicionales algo complicadas. h a sta el punto en que los conozco. se define del modo siguiente: x es idéntico & y. Sin em bargo existen ciertas lim itaciones necesarias en esta afirm ación. esto últim o es un cono p articular do lo anterior— y podemos considerar todos los valores de x que son tales que ox es verdadera. expresan en su totalidad implicaciones. y de hecho una clase puede definirse como todos los térm inos que satisfagan alguna función proposicional. R especto a estas tres nociones fundam entales necesitam os dos proposiciones prim itivas. Dos conceptos-clase no necesitan ser idénticos cuando lo son sus ex­ tensiones: hombre y bípedo im plum e no son idénticos en absoluto. La prim era afirm a que si x pertenece a la clase de térm inos que satisfacen una función proposicional <px. entonces la clase de x tales que <?x es verdadera es idéntica a la clase de x tales que tyx es verdadera. en otras palabras. aunque no he podido descubrir precisam ente cuáles son. L a identidad. E n general. lo que nos im pide definir la clase como un térm ino respecto al cual algún otro guarda la relación e. De este modo obtenem os proposiciones sucesivas coincidentes todas excepto en lo que se refiere al térm ino variable. es decir: todos los térm inos que guardan con otros térm inos la relación R deben form ar una clase. p a r a los q ue so n v erb o s o a d je ­ tiv o s re sp e c tiv a m e n te . X). la fu n ció n re s u lta n te es sólo u n a p roposición p a ra algunos v alores de la v aria b le. E sto me lleva a la noción de tal que. estos valores form an una cAase. si y pertenece a to d a clase a la que pertenece x. si <cr es un u » im plica «y es un u» p a ra todos los valores de u. V I. Indicando con x el térm ino variable.

Debemos considerar la unión real de térm inos y no cualquier concepto que indique esa unión. es decir. la visión extensiva de las clases es. basándonos en la identidad de los individuos. a existe cuando la sum a lógica de todas las proposiciones de la form a «x es un a» es verdadera. Consideremos. Y decimos que una clase a se halla contenida en una clase b cuando «z es un a» im plica «x es un 6» p a ra todos los valores de x. O tra noción m uy im por­ tan te es lo que se llam a la existencia de una clase — p alab ra que no debe creerse que signifique lo que existencia en filosofía— . x es un c. U na definición formal es la siguiente: a es u n a clase existente cuando y sólo cuando cualquier proposición es verdadera si <cr es un a» la im plica para cualquier valor que demos a x. su producto lógico es la clase de térm inos que pertenecen a cada una de las clases de k. Debe entenderse que la proposi­ ción im plicada debe ser u n a proposición genuina. La m ayoría de las proposiciones del Cálculo de clases se dedu­ ce fácilm ente de acuerdo al Cálculo proposicional. es decir. en cierto modo. es decir. la igualdad de a y b se define por la equivalencia de «x es un a* y «x es un 6» p ara todos los valores de x. E n form a sem ejante definimos la sum a lógica de dos clases (a o b). cuando no todas las tales proposiciones son falsas. la clase de térm inos x tales que si «w es un h> implica m está contenido en c» p a ra todos los valores de u. Se dice que una clase existe cuando tiene por lo menos un térm ino. . es decir. Se introduce una nueva idea con el producto y sum a lógica de una clase de clases. 25 . Form alm ente las dos son totalm en te distintas: la identidad se defino como anteriorm ente. tom ando cualquier núm ero cada vez. no debe ser de aquellos de los que hablam os al referirnos a clases. Pero el axiom a mismo no es utilizado si distinguim os la igualdad de clases. La sum a lógica es la clase que está contenida en to d a clase en la que se halla contenida to d a clase de la clase k. para^ todos los valores de c. Por lo tan to . esencial para la Lógica sim bólica y p a ra la M atem ática. Si clases dis­ tintas pueden tener la m ism a extensión. por ejem plo. E sto es esencial para los fines m atem áticos. Y evidentem ente el uso común consideraría una clone como determ inada cuando ae han dado todos sus térm inos. y su necesidad so halla expresada 011 el axiom a anterior.LOS PRI NCI PI OS D E LA M A T E M Á T I C A 47 nuestro axiom a debe conservar su valor. que se halla definida como inclusión m utua. cuántas clases se hallan contenidas en una clase dada. De modo sem ejante al anterior podemos definir el pro ­ ducto y sum a de una clase de proposiciones. U na clase. E l producto lógico o parte común de dos clases a y b es la clase de x tales que el producto lógico de «x es un o» y <ce es un 6» es verdadero. y la negación de una clase (no-a). entonces. la clase de térm inos x tales que m es un k» implica < íx es un va p ara todos los valores de u. Si ¿ es una clase de clases. no u n a función proposicional de x. el problem a resulta com ple­ tam ente indeterm inado. el problem a de cuántas combinaciones pueden form arse con un con­ junto dado de térm inos.

con A. entonces. m ientras que }>Lr. pq es verdadera. en vez de p. Respecto a proposiciones. por lo menos u n a en tre las propo­ siciones p y q debe im plicar r. Consideremos. McColl (')• Schroder sostiene que si p. McColl piensa en funciones proposicionales e implicación formal. Lond. Pero al aplicar este proceso es necesario em plear el m áxim o do cui­ dado. donde x debe tener algún valor definitivo.) Pero Mr. M cColl. Se dice que una fu n ­ ción proposicional es nula cuando es falsa p a ra todos los valores de x. «Calculus o f E q u iv a le n t S tate m e n ts» . E ntonces pq es falsa p ara todos los valores de x y por lo tan to implica A. r.. y que r sea la proposición nula. McColl adm ite que la disyunción im plica la otra. Soc. 258-9. «jxj im plica r» es equivalente a la disyunción «p implica r o q implica r». Pero en general no se presenta el caso de que tpx sea siem pre falsa. sino una aclaración. en Proc. Tenem os <¡p im pli­ ca qo y <<q im plica r¡> im plican «p impHca r». el silogismo. Entonces encontrarem os que si. la verdad del principio puede h a ­ cerse fácilm ente evidente de acuerdo a las consideraciones siguientes. *_r es un 6». pero ni p ni q im plican r. porque las proposiciones verdaderas son im plicadas por toda proposición. y b en c. por ejem plo. ni de que no-<px sea siem pre falsa. y por lo ta n to lo es r. q. x es un a implica x es un 6. McColl objeta: supongam os que p y q sean contradictorias entre sí. «x es un c». . L a razón de esta divergencia es la de que Schroder piensa en proposiciones e implicación m aterial. p a ra el valor de x en cuestión. r son proposi­ ciones. y por lo tan to encontram os que hí a so halla contenido en b. Designarem os ta n to a la función como a la clase. y la clase de x que satisfacen la función se llam a clase vacía. q. p ág s. y en cualquier caso. porque las proposiciones falsas im plican todas las proposiciones. Si 7x7 im plica r. A hora bien. Como el valor de x carece de im portancia podemos variarlo. Math. q u in to a rtíc u lo . Pero si las dos son verdaderas. v o lu ­ m en X X V I I I . y en consecuencia p im plica r y q im plica r. y x es un 6 im plica x es un c. entonces 7x7 implica r. p ág . aquella de las dos que es falsa im plica r. 182. siendo en realidad u n a clase sin térm inos. y q por no-<px. Algebra der ''Logic. entonces x es un a implica x es un c. por lo que ninguna (:l) S ch ro d er. Mr.48 B E R T R A N D RUS SE L L Es im p o rtan te entender claram ente el modo en que se obtienen las proposiciones en el Cálculo de clases a p a rtir de las del Cálculo propo­ sicional. deben evitarse com pletam ente los errores. pero no es necesario decidir cuál pueda ser ese valor. reem place­ mos r por A. R especto a esto será instructivo considerar un punto sobre el que surgió una discusión entre S chrodery Mr. entonces a se halla contenido en c. de acuerdo con Peano. Coloquemos «x es un a». É ste es el silogismo-clase. si p o q es falsa. p po r <px. (É sta no es una dem ostración. Aquí estam os trab ajan d o con funciones proposicionales e im plicación form al. I I . donde <px es cualquier función proposicional. vol. De este modo. pero niega la implicación recíproca.

P or lo tan to . Otro modo de plan tear este tem a es el siguiente: En la proposición: Si yx ■<\ix im plica yx. o como la clase de x que satisfacen cual­ quier función proposicional y x que es falsa'para todos los valores de x. como la clase que no existe (en el sentido definido an terio r­ m ente). Pero esto no implica que y x im plique yx p ara todos los valores de x. la implicación indicada por si y entonces es form al. tres funcio­ nes proporcionales. en contraposición de una constante: es decir. como la clase que se halla contenida en to d a clase. la fórm ula anterior sólo puede in terp retarse acertadam ente en el Cálculo proposicional: en el Cálculo de clases es falsa. m ientras que las implicaciones subordinadas son m ateriales. Se dem uestra fácilm ente que todas estas definiciones son equivalentes. como la clase A que es tal que la función preposicional «x es un A» es falsa para todos los valores de x. volveré Loa pr in c ipio s de la M a t e m á t i c a ___ 4 . E sto puede hacerse fácilm ente evidente de acuerdo a las consideraciones siguientes: Sean yx. Si x es cualquier térm ino. m ientras que en una disyunción constante existe una de las a lte rn a ­ tivas (aunque no se establece cuál) que es siem pre verdadera. y que la id en ti­ dad es tra n sitiv a y reflexiva (es decir. Es fácil de dem ostrar que esta definición es sim étrica. lo que sólo resulta de la implicación formal. Siempre que se presenten disyunciones respecto a funciones proporcionales sólo eran transform ables en afirmaciones en el Cálculo de clases en los casos en que la disyunción sea constante.LOS PRI NCI PI OS DE LA M A T E M Á T I C A 49 de las dos im plica siem pre a A. tautología y nega­ ción son las mismas respecto a clases y proposiciones. x es idéntico a x). fue descubierta por Peano. cualquiera sea x. implica. las im ­ plicaciones subordinadas no conducen a la inclusión de una clase en otra. que y x im plica yx o <px im plica yx.x . La diversidad se define como la negación de la identidad. m ultiplicación. U na nueva caracterís­ tica del Cálculo de clases es la clase vacía o clase que no tiene térm i­ nos. E n relación con la teoría de la identidad surgen algunos puntos im portantes. É s ta puede definirse como la clase de térm inos que pertenecen a toda clase. tyx. La ley de tautología establece que no se produce cambio cuando una clase o proposición se sum a o m ultiplica por sí misma. es necesario distinguir en tre £ y la clase cuyo único m iem bro es x: ésta puede definirse como la clase de térm inos que son idénticos a x. sino instructivo en sus relaciones. La disyunción es lo que llam aré una disyunción variable. en consecuencia. 26 . La necesidad de esta d istin ció n . Las leyes formales de adición. tam bién lo son x y z. E ntonces «yx • <¡>x implica y'_x». si x e y. entonces sea que y x im plique yx o tp im plique yx. É ste es un p unto no sólo im portante por sí mismo. y y z. Ya hemos definido dos térm inos como idénticos cuando el segundo pertenece a to d a clase a la que pertenece el prim ero. y. en algunos casos es verdadera una a lte rn a tiv a y en otros la otra.'q u e resulta originariam ente de conside­ raciones puram ente form ales. p a ra todos los valores de x. son idénticos. o que <\ix im pli­ que yx p ara todos los valores de x.

N . Adem ás de los defectos de la an tig u a Lógica sim bólica. cit. (s) V éanse esp ec ialm en te sus a rtíc u lo s a c erca del Á lg eb ra de la L ó g i­ ca. I I I y V II . P hil. con las que se confunden generalm ente las proposicionesclase). N° IV . Un análisis cuidadoso del razonam iento m atem ático m ostrará (como veremos en el curso del presente trabajo) que. E l Cálculo de relaciones 27 . a n d on th e L ogic o f R elations*. 30. en realidad. G. p&g. v o lu m e n I I I . I X . C. en realidad el prim ero que lo desarrolló fue C. p á g . vol. aunque una m ala fraseolo­ gía pueda ocultarlo. S.. . según creo. S. De cualquier modo que sea. en Am-erican Journal of Mathematics. C om p. ha sido cierta­ m ente una opinión filosófica opuesta que he tom ado de mi amigo Mr. vol. ibld.. y esto h a conducido al deseo de tra ta r las relaciones como una especie de clases. la Lógica de relaciones tiene una relación más inm ediata con la M atem ática que la de clases o propo­ siciones. necesitando por ello fórm ulas elaboradas de sum a para tra b a ja r con relaciones singulares. lo que se discute son los tipos de relaciones. y la clase de núm eros que son sum a de 1 y 2 no debe identificarse con 3 . es un punto que será considerado en el capítulo VI. E ste procedim iento. en M ind. op. E n qué consiste la diferen­ cia. Peirce y Schróder han com prendido la gran im portancia de la m ateria. E l te m a se h a lla tr a ta d o a m p lia m e n te p o r los m é to d o s de C. Trans. en consecuencia. hablando filosóficamente.. S. Moore (3). ta m b ié n su Formal Logic (L ondon. 50. X . pero desgraciadam ente sus m étodos no se basan en los de Peano. vols. 1847). tenga o no más correc(x) Camb. E . «On th e S yllogism . sino en los de la an tig u a Lógica sim bólica derivada (con modificaciones) de Boole. 104. la que m e h a conducido a un diferente tr a t a ­ m iento de las relaciones.. la clase de prim os pares no debe identificarse con el núm ero 2.B E R T R A N D R US S E L L 50 sobre ella m ás adelante. su m étodo adolece técnicam ente (no tra to ahora de discutir si de modo filosófico o no) por el hecho de que considera esencialm ente una relación como una clase de cuplas — parejas— . E ste punto de vista proviene. (*) V éase su a rtíc u lo «On th e N a tu r e o f Ju d g e m e n t» . E n consecuencia. Peirce (2). P eirce en SchrC der. y cualquier expresión teóricam ente correcta y adecuada de las verdades m atem áticas sólo es posible por sus medios. A unque se pueden encontrar algunas sugestiones en De Morgan (1). N . de un error filosófico probablem ente inconsciente: siem pre se ha acostum brado a suponer las proposiciones relaciónales menos últim as que las proposiciones-clase (o proposiciones de sujetopredicado. E l Cálculo de relaciones es un tem a m ás m oderno que el Cálculo de clases. son tan incómodos y difíciles que la m ayoría de las aplicaciones que deben llevarse a cabo son prácticam ente irrealizables.

Necesitam os u n a proposición prim itiva (es decir. llamo asimétrica a la relación. La visión intensional de relaciones aquí defendida conduce al resul­ tado de que dos relaciones pueden tener la misma extensión sin ser idénticas. la recíproca es la m ism a que la relación original: tales relaciones se llam an simétricas. E ntonces debemos considerar las clases siguientes: La clase de térm inos que guardan la relación R con algún térm ino. di M . Con algunas relaciones. si R ' es equivalente a R. son relaciones m utu am en te recíprocas. V II. que se deduce de la proposición prim itiva respecto a la identidad de clases. si R es la patern id ad .2 GS 5 2 9 LOS P RI NCI PI OS D E LA M A T E M A T I C A 51 ción filosófica. Cuando la recíproca es incom patible con la relación original. es decir. Aquí usamos la identidad de dos clases. Si i? es una relación. o los hijos de londinenses. que si R es cualquier relación. vol. como lo era en el caso de clases. y esto es idéntico a la sum a o producto lógicos de la clase de relaciones equivalentes a R'. Podemos reem plazar una relación R por la sum a o producto lógicos de la clase de relaciones equivalentes a R. que llam aré la clase de relatos. para establecer la identidad de dos relaciones —procedim iento que no puede aplicarse a las clases mismas sin e n tra r en círculo vicioso. existe una relación R ' tal que x R y es equivalente a y R ’x p a ra todos los valores de x e y. E n este punto. Así. antes y después. igualdad. es decir. que llam aré la clase de referentes respecto a R\ y la clase de térm inos respecto a los cuales algún térm ino guarda la relación R. 2 y siga. expresam os con x R y la función proposi­ cional «x guarda la relación R con y». . Se dice que dos relaciones R . en casos interm edios. o que tienen la misma extensión. tales como la identidad. como en casos tales como m ayor y m enor. Pero aquí no es necesaria una proposición prim itiva. sirven de ejemplos. 28 . para obtener una relación que sea determ inada cuando lo sea la extensión. los referentes serán los padres y los relatos los hijos. es verdaderam ente m ucho más conveniente y pode­ roso como medio de descubrim ientos en la M atem ática real í1). Debemos considerar tam bién las clases correspondientes respecto a térm inos particulares o clases de térm inos. indem ostrable) con el fin de que x R y sea una pro­ posición p ara todos los valores de x e y.. diversidad. la m ás im p o rtan te de las proposiciones prim itivas es la de que entre dos térm inos cualesquiera existe u n a relación no válida en tre otros dos térm inos cualesquiera. cuando x R y implica y es im plicada por x R ' y p ara todos los valores de x e y. desigualdad. E sto es análogo al prin(J) V éanse m is a rtíc u lo s en R. R' son iguales o equivalentes. tales y tales hijos. M ayor y menor. U na proposición prim itiva respecto a relaciones es la de que cada relación tiene una recíproca. n ú m s. que im plica a e im plicado por. por la aserción de alguna o de todas las tales relaciones. Siguiendo a Schroder indicaré la recíproca de R con É. no-simétrica.

debido a la visión extensional de clases. es verdadera alguna función proposicional que no lo es para un cierto p ar de térm inos dados diferentes. a saber: la de u n a variable con un campo restringido. Si se adm ite esto. este principio. y de que el producto lógico de una clase de relaciones (es decir. E l producto relativo es u n a noción que reviste una im portancia m uy grande. E n este sentido. y por lo ta n to parecería que R no puede tom ar todos los valores.52 BERTRAND RUSSELL cipio de que cualquier térm ino es el único m iem bro de alguna clase. pero m ientras esto no pueda dem ostrarse. el de una abuela p a te rn a con su nieto es el producto relativo de m adre y padre. el producto relativo no es conm utativo. Peirce y Schróder consideran tam bién lo que llam an la sum a relativa de dos relaciones R y S . que existe en tre x y z. Así. o x g u ard a con y la relación R. verdadera o falsa. m ientras R sea una relación. Más adelante volveré sobre la discusión de este punto. que le es equivalente: Si x R y im plica x 'R y '. cualquiera sea R . en tre dos térm inos cualesquiera. cuando. É s ta es u n a noción com plicada que no he hallado ocasión de em plear y que solo se introduce con el fin de conservar la dualidad entre sum a y producto. El producto relativo de dos relaciones R. es la relación que existe entre x y z. O tras hipótesis necesarias son las de que la negación de una relación es u n a relación. la relación de un abuelo m aterno con su nieto es el producto relativo de padre y m adre. el principio anterior puede ser reem plazado por el siguiente. E s ta dualidad ofrece un cierto encanto técnico cuando se considera la m ateria como una ram a in ­ . Sin em bargo. siem pre que exista un térm ino y con el que x guarde la relación R y que guarde con 2 la relación S . S . Pero este p rin ­ cipio introduce una dificultad lógica de la que h a sta ahora habíam os estado exentos. h a sta donde puedo apreciarlo. o y guarda con z la relación S . y e y ' son respectivam ente idénticos. En consecuencia. la afirmación sim ultánea de todas ellas) es una relación. el principio anterior se deduce considerando el producto lógico de todas las relaciones que existen entre nuestro prim er p ar de térm inos. E n general. el de un abuelo y nieto es el producto relativo de padre y padre. entonces x y x '. x R y no será en absoluto una proposición. conduce a potencias de relaciones: el cuadrado de la relación de padre e hijo es la relación de abuelo y nieto. pero la v e n ta ja me parece equilibrada por otras consideraciones. la visión extensional de rela­ ciones presenta una ventaja. siendo y cualquier otro térm ino arbitrario. y en general no obedece a la ley de tautología. tal como lo m uestran los ejem plos anteriores. pues a menos de que R sea u n a relación. El producto relativo de dos relaciones debe ser tam bién una relación. sino solo tales que sean relaciones. Como no obedece la ley de tautología. puede parecer posible d u d ar acerca de si el principio anterior es verdadero en absoluto. no es p o ­ sible de dem ostración. y así sucesivam ente. 29. se adm itirá general­ m ente que. Cuando se consideran las relaciones intensionalm ente.

Si R es cualquier relación. A hora podemos desarrollar to d a la M atem ática sin otras hipótesis o indefinibles. (Uso dom inio como sinónimo de clase de. v son dos clases cualesquiera. en M atem ática. referentes. Si u es cualquier clase no vacía. . Pero resulta im p ortan te establecer todas las relaciones m utuas de las nociones m ás sim ples de la L ógica. E sta noción. justificando en form a crítica I03 puntos en que difiero de él. 1901. (s) V éase cap. y resultan ram as especiales de la M atem ática. sólo otras dos proposi­ ciones prim itivas: la una. IV . 30. según creo. en todo caso. existe una relación que guardan todos los térm inos respecto a ella y que no vale p ara ningún otro par de térm inos. como ha insistido el profesor P eano (2). m ientras que en M atem ática es posible definir térm inos que no son conceptos (3). como en F ilosofía. Así. D. El breve resum en anterior de Lógica sim bólica se ha inspira­ do ta n to en Peano que se hace necesario discutir explícitam ente su obra. F . existe una relación que tiene a u como clase de sus referentes. tam bién se definen por L ó gica sim bólica muchas (1) E x iste u n a d ific u ltad resp e cto a e s ta proposición p rim itiv a . 1897. pág. La M atem ática necesita. p a rte I . d isc u ­ tid a en I o b §§ 53 y 94 m ás a d e la n te . no significa. y u cualquier clase contenida en la clase de referentes respecto a R. y cuáles proposiciones como indem ostrables es. y es equivalente a R en toda esa clase: esta relación es igual a i? en la p arte en que es válida. L a cuestión acerca de cuáles entre las nociones de la L ó gica sim ­ bólica deben tom arse como indefinibles. que la implicación m aterial es una relación: la otra. hasta cierto punto arb itraria.) Desde aquí en adelante el desarrollo del tem a es técnico: se consideran tipos especiales de relaciones. F . pero cuando se considera únicam ente en relación con los principios de la M atem ática la dualidad en cuestión. y exa m i­ nar la consecuenoia de tom ar varias nociones com o indefinibles. Lógica simbólica de Peano 31. existe una relación R cuya aserción entre dos térm inos cualesquiera x e y es equivalente a la aserción de que x pertenece a u e y a v. un análisis de la idea a definirse en ideas con stitu ­ yentes. me parece desprovista de to d a im portancia filosófica. (2) P o r ejem plo.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 53 dependiente de la M atem ática. 6. sólo es aplicable a los conceptos. Si u. que e (la relación de un térm ino con la clase a la que pertenece) es una relación (l ). Es necesario com prender que la definición. 62-3. pues son im portantes y puede d u ­ darse acerca de si son posibles de prueba formal. pero tiene un dom inio más restringido. Merecen m encionarse ciertas proposi­ ciones en la Lógica de relaciones. p á e s.

de la que sólo un térm ino es posible. por introducir m ayor ex actitud y por m ostrar que son suficientes un cierto conjunto de ideas y proposiciones p ri­ m itivas. L a definición m atem ática consiste en señalar una relación fija respecto a un térm ino fijo. la noción de térm ino. Podem os observar. Lo que se quiere decir con denotar. es m ucho m ás fácil de definir (') (2) (3) C a p ítu lo V. Pero la aserción sim ultánea de una clase de proposiciones. V II. aunque puede extenderse por pasos sucesivos a la afirmación sim ultánea de cualquier núm ero finito de proposiciones. que la afirm ación sim ultánea de dos proposiciones puede parecer. a prim era vista. 1897. p a rte I. . la noción de definición. necesita­ mos poder afirm ar sim ultáneam ente todas las proposiciones de cual­ quier clase finita o infinita. y que sólo lo que puede llam arse discernim iento filosófico revela cuál es entre todos los térm inos que existen. aunque parezca raro. exam inem os algunas de las exposiciones del tem a realizadas por el profesor Peano. sin em bargo no es todo lo que se requiere.BERTRAND RUSSELL 54 nociones que no son de posible definición filosófica. vol. Por lo tan to . F . di M . entonces este térm ino se halla definido por medio de la relación fija y del térm ino fijo. P ara ser exactos. así como so­ bre los diferentes modos de denotar. En sus últim as exposiciones (2) abandonó la idea de distinguir claram ente ciertas ideas y proposicio­ nes como prim itivas. n ú m . Exam inem os la deducción en form a resum ida. el orden adoptado no parece en modo alguno arb itrario. y la negación de una proposición. E sto se debe al hecho de que el térm ino se halla definido por un concepto que lo denota en form a am bigua. Pero la distinción parece útil. puesto que son simples y no analizables. Las nociones prim itivas con las que Peano com ienza son las si­ guientes: Clase. la implicación donde am bas proposi­ ciones contienen las m ism as variables. es decir. y no por mención real del térm ino denotado. ' F . probablem ente debido a la comprensión de que cualquier distinción de este tipo es enteram ente arb itraria. p ara com enzar. la afirmación sim u ltán ea de dos proposiciones. 1901 y R . 1 (1900). la de 1897 (3). A p a rtir de estas nociones. Pues. adem ás de la división de una proposición com pleja en partes. lejos de abandonarla. la implicación formal. en lo que sigue tra ta ré de desarrollar una de sus prim eras exposiciones. debe hacerse más bien lo posible para llevarla adelante. El punto en que esto difiere de la de­ finición filosófica puede aclararse señalando que la definición m atem á­ tica no indica el térm ino en cuestión. en este sentido. debe aceptarse como ideas p ri­ m itivas en toda Lógica simbólica (■*). Peano tra ta de deduci? toda la Lógica sim bólica por medio de ciertas proposiciones prim itivas. 32. la relación de un individuo con una clase de la que es miembro. insuficiente para ser tom ada como idea prim itiva..

Peano procede a dar ciertas definiciones: 1) Si a es una clase. que reservaré para una ulterior dis­ cusión. Si k es una clase de proposi­ ciones. que él tom a como prim itiva. punto que Peano parece no haber considerado suficientem ente. Y en todo caso. a pesar de que ha hecho mucho para dem ostrar su im portancia. y que por ello ha sido abandonada í1). U na implicación form al parece ser la aserción de to d a una clase de implicaciones m ateriales. D ebem os ob servar tam b ién que la im plicación m aterial y la form al se hallan com binadas por Peano en una sola idea p rim itiva. E l hecho es el de que tal que contiene 0) (*) n o ta. y a que ninguna otra propiedad puede d e­ m ostrarse por m edio de la definición. É s ta es la definición de tal que. . § 2. «todo a es un 6» significa «x es un a im plica x es un b». la única u tilid ad de tal que es la de efectuar la reducción. quieren decir la clase a. Com o re su lta d o de laa c ritica s de P a d o a . en caso contrario debe ser falsa por lo menos una de ellas. X) que por lo menos u n a de tales proposiciones no ea reducible a esa form a. y por lo ta n to debe separarse en sus cons­ tituyentes. 3) A hora debemos considerar u n a definición com pletam ente inútil. L a noción de una proposición que con­ tiene u n a variable. Si aceptam os la im plica­ ción form al como noción prim itiva. aunque deban tom arse separadam ente. que por lo ta n to no puede adm itirse ya llevada a cabo sin ella. n ú m . Pero verem os (cap. tod as las proposiciones de la clase son verd a ­ deras. pero tam bién puedo sostenerse que la relación de inclusión en tre clases es más simple que la im plicación form al. A hora bien. y en que esa proposición no sea de la form a de «x es un a». Hemos visto que el producto lógico de dos proposiciones puede defi­ nirse de un m odo altam en te artificial.. F. es com pleja. a m enudo es necesario considerar una x ta l que alguna proposición acerca de ella sea v erd a­ dera. p ág . 2) Si a y b son clases. 4. 112. de esta separación surge la necesidad de considerar la afir­ mación sim ultánea de to d a u n a clase de proposiciones an tes de in te r­ pretar u n a proposición ta l como « es un a im plica que z es un 6». vol. 21. di M . La complicación que aparece en este punto surge debido a la natu raleza de la variable.. «x e y son a» significa «x es un a e y es un a». Antes do form ular cualquiera de las proposiciones prim itivas. su afirm ación sim ultánea es la aserción de que «p es un ko im plica p. R. pero casi indiferen tem ente puede tom arse com o indefinible.0. Se nos dice que las x tales que x es un a. R . 1. v ol. la que im plica a o tra tal proposición. V H . di M . 33. Si esto vale. p ro p . esta definición parece inobjetable. VTI.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMATICA 55 que la de dos proposiciones [ver § 34. (3)]. 1901. Pero esto sólo da el significado de tal que cuando se le coloca ad elante de una proposición del tipo «x es un a». p á g . É ste es un tem a difícil. 25. p ág . Peano sostiene (aunque no lo expone como axiom a) que to d a proposición que sólo contenga u n a variable es reducible a la form a « x e s u n a * (2). y que no debe definirse por sus medios.

E sto da una explicación de tal que. como lo señala P ad o a (loe. se transform a en: Sea x un triángulo. y que sea falsa p ara todos los dem ás valores de x. o p a rte común. pero dicha idea no puede separarse fácilm ente de otras. c it.). en que la variable es real. la conjunción de u n a cierta clase de proposicio­ nes definidas por alguna constancia de forma. no a todas las tales propo­ siciones (véase §§ 59-62). de dos clases. 4) A hora llegamos a la consideración de la definición de producto lógico. no existe en absoluto proposición. P a ra cada función proposicional existe una relación indefinible entre proposiciones y entidades. E sto expresa la conjunción de todas las proposiciones en las que se dice acerca de entidades particu larm en te definidas que si son triángulos. por ejem plo. Es esto lo que ori­ gina las funciones proposicionales. cuando se form ula por medio de una variable que «La sum a de los ángulos de un triángulo es de dos ángulos rectos». pero ella en sí m ism a es ú ltim a e inexplicable. su p a rte com ún consiste en la clase de térm ino x tales que i es un a y a: es un b. que lo que Peano y los m atem áticos llam an general­ m ente u na proposición que contiene una variable es en realidad. sino función proposicional. es Decesario ex ten d er el significado de tal que m ás allá del caso en que .56 BERTRAND RUSSELL una idea prim itiva. pero que en ellas intervienen entidades diferentes. existe u n a correspondencia biunívoca entre las proposiciones que afirm an que los diferentes térm inos guardan la relación dicha con el térm ino dado y los diferentes té r ­ minos que figuran en esas proposiciones. en prim er lugar. P ara poder asim ilar el significado de tal que es necesario observar. Y a aquí. que puede expre­ sarse diciendo que todas las proposiciones tienen la m ism a form a. una relación constante y un térm ino constante. E ntonces los térm inos de a son la clase de térm inos tales que f{x) es u n a proposición verdadera. si la variable es aparente. de m odo que tengam os u n a función proposicional. Si a y b son dos clases. entonces la sum a de los ángulos de x es de dos ángulos rectos. representa cualquier proposición de una cierta form a. la sum a de sus ángulos es de dos ángulos rectos. m ientras que si la v a ria ­ ble es real. P or ejem ­ plo. se necesita igualm ente esta relación p a ra in te rp re ta r la función proposicional f(x) y la noción de tal que . Pero debe recordarse siem pre que la ilusión de tener u n a proposición f(x) satisfecha por un núm ero de valores de x es engañosa: j(x) no es proposición en absoluto. sino sim plem ente u n a especie de representa­ ción esquem ática de cualquier proposición de un cierto tipo. Dados. Lo que es fundam ental es la relación de diferentes proposiciones de form a d ad a respecto a los diferentes té r ­ minos que en tra n varias veces en ellas como argum entos o valores de las variables. Pero una función proposicional. Sea x un a variable cuyos valores form an la clase a. y sea f(x) una función uniform e de x que es propo­ sición verdadera p a ra todos los valores de x com prendidos en la clase a. É s ta es la noción que se n e ­ cesita p ara la com prensión de tal que.

Con esta definición re­ sulta claro a prim era v ista que no interviene en absoluto el orden de los térm inos de K . tal como lo indica el solo simbolismo. Este debe haberse establecido. Pero quizá podría ser algo generalizado por un axiom a que se refiera a los térm inos que satisfacen proposiciones de una form a dada: por ejemplo. que es equivalente a la ley de identidad. b. si a. al igual que la definición de producto lógico. para una clase de clases. no en lo que se sim boliza. ab puede ser distin to de ba. ab. algunas parecen referirse solam ente al simbolismo. más arriba. 2) Luego tenem os el axiom a de que el producto de dos clases es una clase. son de u n a im portancia lógica m uy elevada. aquí como en cualquier lado. excepto el m étodo empleado anteriorm ente y que consiste en usar la auto-im plicación p a ra definir proposiciones. E n la sección B. son clases. si K consta sólo de dos térm inos. Si se tom a clase como indefinible. Parece no existir medio de e v ita r este axiom a. y é sta es quizá la mejor form a del axiom a. otras. E sto es equivalente a «toda proposición se implica a sí misma». ya que el orden sólo existe en los símbolos. 1) El prim ero de los axiom as de Peano es «toda clase se halla contenida en sí misma». disponer de . pues cuando sólo se establece para dos clases no puede extenderse p ara el producto lógico de una clase infinita de clases. y que parecen d istintos sola­ m ente debido a que Peano define la p a rte común de dos clases en vez de la p a rte común de u n a clase de clases. que resulta m uy necesario p a ra el razonam iento. su producto lógico.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMATICA 57 nuestra proposición afirm a el ser m iembro de u n a clase. es in ­ diferente que se represente el producto lógico de K por ab o por ba. es un axiom a genuino. aunque no es im prescindible un axiom a. Así. 34. Las definiciones restantes previas a las proposiciones prim i­ tivas' son menos im portantes. por el contrario. Sin em bargo. Así. 3) A hora tenem os dos axiomas que son en realidad uno solo. «los térm inos que guardan una o más relaciones dadas res­ pecto a uno o más térm inos dados form an una clase». y no expresar ninguna de las propiedades reales de lo que se simboliza. en este caso: si K es u n a clase de clases. Debe tenerse en cuenta que el axiom a correspondiente respecto a proposiciones es el que la aserción sim ultánea de u n a clase de propo­ siciones im plica cualquier proposición de la clase. a y 6. es necesario. Estos parecen dos axiom as diferentes debido a que. el producto lógico de K consiste en todos los térm inos que perm anecen a toda*clase que form a p a rte de K . se ha evitado com pletam ente el axiom a usando una form a generalizada del mismo como definición de clase. se halla contenido en a y se halla contenido en b. Uno de los defectos de la m ayoría de los simbolismos es el que dan un orden a térm inos que intrínsecam ente carecen de él o que por lo menos nada tienen que se refiera al mismo. y a que sólo es por medio de la definición como se dem uestra que la p a rte común es una clase. E stos dos axiom as establecen que.

q. entonces a se halla contenida en c. Uno de los m éritos m ás grandes de Peano consiste en haber distinguido claram ente la relación de un individuo a su clase de la relación de inclusión entre clases. b.3 (pág.B ERTRAND RUSSELL 68 un medio para unir el caso en que partim os de una clase do clases o de proposiciones o de relaciones con el caso en que la clase resulta de la enum eración de sus térm inos. la otra. 10). r son proposiciones. 35. entonces im plica su aser­ ción co n ju n ta o producto lógico. P o r supuesto que este principio es el que en realidad da vida a todas las cadenas del razonam iento. y z es un a. entonces el producto do p y q im plica r. y se define por (*) V éase. Desde aquí avanzam os fácilm ente h a sta que llegamos a la idea de negación. y éste es el principio llam ado m ás a rrib a composición. y p im plica que q im plica r. la aserción clásica de que Sócrates es un hom bre. b. b en c. La diferencia es ex trao rd in ariam en te funda­ m ental: la prim era relación es la m ás sim ple y m ás im portante de todas las relaciones. entonces se halla contenido en la p a rte com ún de ambos. la prim era form a resulta del axiom a de que si p. si a. aparece en la edición del FormvXaire que es­ tam os considerando. que si a. la segunda. p ro p . 5) Ahora nos hallam os a n te un principio de razonam iento que Peano llam a composición: éste afirm a que si a se halla contenido en b y tam bién en c. afirm a que si una proposición im plica a cada u n a de otras dos. E s ta ­ bleciendo este principio respecto a proposiciones. y a se halla contenida en 6. p o r ejem plo. Así. La prim era afirm a que. 3. c son clases. y por lo ta n to m ortal. la ú ltim a u n a relación com plicada que deriva de la implicación lógica. que generalm ente se confunden: una. y tiene sentido-decir que los productos pq y qp son equivalentes. 1901. aunque no se halla involu­ crado un orden en el producto de u n a clase de proposiciones. 4) Después debem os considerar dos form as de silogismo. Pero esto puede dem ostrarse por medio de los axiom as con los que hemos ini­ c ia d o 'e l Cálculo de proposiciones (§ 18). . Debe observarse que esta prueba es an terio r a la prueba de que la clase cuyos térm inos son p y q es idéntica a la clase cuyos térm inos son q y p. q. Debe tenerse en cuenta que. la aserción de que los griegos son hom bres. c son clases. en v irtu d de la definición de lo que se entiende por el que una clase se halle contenida en otra. y por lo tan to m ortales. R esulta de esta distinción que el silogismo B á r­ bara tiene dos form as. p a r te I . cuando se aplica a proposiciones en vez de clases. am bas proposiciones prim itivas. entonces z es un 6. Peano sus­ tituye la prim era form a del silogismo por este axiom a (‘): es m ás ge­ neral y no puede deducirse de dicha form a. existe un orden en el producto de dos proposiciones definidas p. Ésta. E stas dos form as se hallan establecidas por los axiom as de Peano. La segunda form a del silogismo. y a se halla contenida en b. afirma que la im plicación es tra n sitiv a . como una nu ev a idea p rim itiva. F . § 1.

y no sólo p a ra aquellos valores p ara los que x es realm ente un a. b. E n la edición que estam os considerando. Luego se tra ta de las nociones relacionadas de clase vacía y de existencia de una clase. entonces x no es un b. E videntem ente resulta fácil definir la negación de una clase por medio de la negación de una proposición: porque «x es un no-a» es equivalente a «x no es un a». 19). con la definición anterior (la de 1897). form a que Peano obtiene como deducción. No sé si es por esto o por alguna o tra r$zón por lo que Peano abandonó desde entonces la definición de inclusión de clases por medio de la im plica­ ción form al entre funciones preposicionales: la inclusión de clases . Cualquier definición parece lógicam ente inobjetable. encontram os una definición un poco menos artificial. É ste es un punto sobre el cual Peano no se m uestra explícito. Peano da tam bién un tercer axiom a. entonces no-r im plica no-<7. En ediciones posteriores (por ejemplo. unidos im plican r.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMATICA 59 medio de ella la disyunción. y p. «Juan o Pedro». Debe tenerse en cuenta que a y b son clases. Si la im plicación valiera solam ente cuando x es realm ente un a. como. a saber: «a o b» consiste en todos los térm inos que pertenecen a cualquier clase que contiene a y contiene 6. Se recordará que. y dudo que h ay a pensado en él. es posible. por ejem plo. E sto resulta m ás simple bajo la forma: Si p . Pero necesita­ mos un axiom a con el fin de que no-a sea una clase. pág. E n la edición de 1897 se define una clase como vacía cuando se halla contenida en toda clase. Esto m ejorará aún si se lo pone bajo la forma: Si q. a saber: Si a. y ab se halla contenida en c. «a o 6» se define como la negación o producto lógico de no-a y no -b. R especto a esto. vemos que debemos considerar la implicación como aplicada a todos los valo­ res. cuando com enza­ mos por el Cálculo de proposiciones. Consi­ deraré este punto en el capítulo V. Ahora llegamos a la definición de disyunción o sum a lógica de dos clases. e3 com pleta­ m ente necesario tom ar en prim er lugar la negación. r son proposiciones y q im plica r. como hemos visto. no daría una definición de la clase vacía. Cuando recor­ damos la definición de que una clase a se halle contenida en o tra b («x es un a» im plica «x es un bu p ara todos los valores de x). entonces q es falso. T ra b a ­ jando con proposiciones antes que con clases o funciones preposicio­ nales. y q es verdadero m ientras que r es falso. y otro con el fin de que no-no-a sea a. es decir. c son clases. F . y que queda planteado un problem a para la Lógica filosófica acerca de si allí no hay una noción m uy diferente de la de disyunción de individuos. como la clase de térm inos que no son ni no-a ni no-6. y reem plazar todos los axiom as referentes a la nega­ ción por el principio de reducción. 36. y x es un a pero no un c. evitar el tra ta r la negación como idea prim itiva. 1901. Peano ha cam biado m uchas veces de procedi­ miento. q. q. se definía la disyunción antes que la negación. p ara la que esta hipótesis es falsa p ara todos los valores de x. r son proposiciones.

es decir. es la de que la clase vacía es el producto de cualquier clase por su negación —definición sobre la que se pueden llevar a cabo considera­ ciones sem ejantes— . p a r te I. 1901. V II. 1. 2 (1901). 1 (§ 3.0. on R. pág. di M„ vol.01 (pág. F. 33). Pero este defecto se rem edia fácilm ente aplicando. 1895. V II. Por esta razón son defectuosas las definiciones de una función (') y de otras nociones fundam entalm ente relaciónales. (l ) P o r ejem plo. F . § 10. e rra ta .60 BERTRAND RUSSELL parece ahora hallarse considerada como indefinible. 116). la clase de térm inos x tales que ia es una clase» im plica «x es un a» para todos los valores de a. del modo explica­ do anteriorm ente. prop. los principios del F o n n u la ire a la Lógica de relaciones (2). Pero es aún defectuosa desde un punto de vista: no reconoce como últim as a las proposiciones relaciónales que no afirmen el ser miembros de una clase. di M . se define la clase de aquellos térm inos que pertenecen a to d a clase. propa. Sobre este punto volveré en el capítulo VI. (l ) V éase mi artícu lo «Sur la logiquo tica rolationn». Desde aquí en adelante la Lógica de Peano continúa con un desarro­ llo suave. . En R. núm . P o r supuesto que no existen tales térm i­ nos x. O tra definición presentada a veces por Peano (por ejem plo. 1.0). y hay una grave dificultad lógica en tr a ta r de in terp retar extensivam ente una clase que no tiene extensión..

infi­ nito. porque si y entonces iU’ . E n lo que queda de la parte 1 daré indicaciones. es ta n p u ram en te receptiva en la inferencia como en el sen­ tido común supone que lo es en la percepción de los objetos sensibles.CAPÍTULO Til IM P L IC A C IÓ N E IM P L IC A C IÓ N F O R M A L 37. Se encontró que son esenciales p ara cualquier tipo de deducción dos especies de implicación: la m aterial y' la form al. en realidad. y el m ovi­ m iento—. continuidad. La relación por medio de la cual no es posible inferir válidam ente es lo que llamo im plicación m aterial. En las p artes siguientes m ostraré que éstos. son todos los datos. dando definiciones de los diferentes conceptos m atem áticos — núm ero. y de ese modo se presentarán problem as despojados del simbolismo m atem ático p a ra la considera­ ción de los lógicos filosóficos. Pero es claro que donde inferim os v álid a­ m ente una proposición de otra. Ioh diferentes espacios de la Geom etría. Al discutir la inferencia es común perm itir la intrusión de un ele­ m ento psicológico. aunque parezcan fundam entales p ara la Lógica. Se deducirán algunas nociones lógicas que. E n este capítulo tra ta ré de exam inar y distinguir estos dos tipos y de discutir algunos m étodos p a ra in te n ta r el análisis del segundo de ellos. y de las direcciones en que imagino que esos problem as pueden hallar solución. las mejores que pueda. no se discuten co­ m únm ente en trab ajo s sobre este tem a. E n el capítulo anterior he tra ta d o de p resentar en form a breve y no crítica. Y a hemos visto que sería un círculo Vicioso el definir esta relación como significando que si una proposi­ ción es necesaria entonces o tra es verdadera. todos los datos necesarios p ara la M atem ática pura bajo el aspecto de ideas y proposiciones form alm ente fundam entales. y considerar n u estra adquisición de nuevos cono­ cim ientos por sus medios. lo hacem os en v irtu d de una relación válida entre las dos proposiciones. de los problem as filosóficos que surgen en el análisis de los d ato s. la percibam os o no: la m ente.

cuando lo hace. En las inferencias de «Sócrates es un hom ­ bre» no se acostum bra a considerar al filósofo vejado por los atenienses. y que se halla realm ente en nuestra m ente. De las diferentes relaciones equivalentes que satisfacen estas condiciones. el de que si en una im plicación es verdadera la hipótesis. Y a pesar de todo. En este m om ento es necesario considerar un problem a lógico m uy difícil. 38. Como se señaló. principalm ente a la preocupación por la implicación formal. Pero la repugnancia a adm itir tales implicaciones se debe. m ientras se considera aún las relaciones con la desconfianza provocada por la falta de costum bre. nos vemos llevados a conclusiones que no concuerdan en modo alguno con lo que com únm ente se sostiene respecto a la im ­ plicación. se deduce una proposición p a rticu la r de otra. porque encontram os que cualquier proposición falsa implica toda proposición y que cualquier proposición verdadera es im plicada por toda proposición. y sólo un prejuicio vulgar en favor de las proposi­ ciones verdaderas impide reem plazar Sócrates por un número.62 BERTRAND RUSSELL volucran ya una implicación. y la implicación es como una relación «igual o menor que» en tre tales longitudes. según creo. siem pre que. que es una noción m ucho m ás fam iliar. como se recordará. La relación se m antiene. De este modo las proposiciones son form alm ente sem ejantes a un conjunto de longitudes cada una de las cuales tiene uno o dos centím etros. en realidad. se halla involucrada la implicación m aterial. y que valga entre dos proposi­ ciones cualesquiera de las que la prim era sea falsa o la segunda ver­ dadera. como una regla. sino sim plem ente a un símbolo que puede ser reem plazado por cual­ quier otro hom bre. est-o no b asta p ara p robar que es ilusoria. debe haber una proposición válida solam ente entre proposiciones. u n a se llam ará im plicación. y si tal noción puede parecer poco común. aun cuando lo que se m enciona explícitam ente es la im plicación m aterial. obtenida dando algún valor constante a la variable o variables invo­ lucradas en dicha im plicación form al. sin referencia alguna a la verdad o falsedad de las proposiciones involucradas. C iertam ente no se sostendrá co­ m únm ente que «2 -f 2 = 4» puede deducirse de «Sócrates es un hom ­ bre» o que am bas se hallan im plicadas por «Sócrates es un triángulo». como en Euclides. es natu ral dudar acerca de que si una proposición tal como la im plicación debe hallarse en v irtu d de los principios estable­ cidos en la sección C del capítulo anterior. Sin em bargo. este principio elude la exposición form al e indica una cierta falla del fo?- . Uno de nuestros principios indem ostrables era. Pero ni desarrollar las consecuencias de nuestras hipótesis respecto a la im plicación. aunque como regla puede considerarse la im pli­ cación m aterial como caso particu lar de alguna implicación formal. puede suprim irse ésta y afirm ar el consecuente. a saber: la distinción entre una proposición realm ente afirm ada y u n a proposición considerada sim plem ente como un con­ cepto complejo. una mesa o un budín.

cualidad que. P or lo tanto. h asta que no dispongam os de un nuevo principio. L a p y la q que intervienen en esta proposición no son e stricta ­ mente las m ismas que la p y la q. m ientras que la diferencia que deseo señalar es genuinam ente L ógica. pág. en un sentido no psicológico. por ejem plo. la diferencia es la que existe entre un verbo y un nom bre verb al. En G ram ática. que es m uy diferente de la noción de implica. Pero éstas son consideraciones filosóficas. m ientras que en el segundo sim plem ente se la considera. por lo menos. y si a es una constante que sa tis­ face a cpx. E s evid en te que si me fuera perm itido usar la p alab ra aserción en un sentido no psicológico. Sin em bargo. la proposición «p im plica q» afirm a una im plicación. porque si la aserción cam bia de algún modo una proposición. IV .LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMATICA 63 malismo en general. Si <px im ­ plica fyx p ara todos los valores de x. . suprim iendo la hipótesis verd ad era <pa. aunque no afirma p o q. N . de lo que sería com o entidad si no fuese verdadera? E s claro que las proposiciones verdaderas y falsas son por igual entidad de una especie. por ejem plo. E n el prim er caso se afirm a realm ente una proposición. entre «A es m ayor que /i» y «el ser A m ayor que B». N ecesitam os en realidad la noción de por lo tanto . puede llam arse el estar afirm ada. «Lo que la tortu ga dijo a Aquilea» (J). que son proposiciones separadas. L a independencia de este principio surge considerando el enigm a de Lew is Carroll. el principio en cuestión es esencialm ente v ita l para cualquier especie de dem ostración. S. E l problem a es: ¿Cómo difiere una proposición siendo realm ente verdadera. sólo nos verem os conducidos a una petición sin fin de im plicaciones más y más com plicadas sin llegar nunca a la aserción de s. O tra form a bajo la que se em plea co n sta n te­ mente el principio es la de sustitución de una constante que satisface la hipótesis en el consecuente de una im plicación form al. entonces p conjun tam ente con «p im p li­ ca q» im plica q. y que vale entre entidades diferentes. 278. vol. podem os afirm ar <\ta. Los principios de la inferencia que hornos aceptado llevan a la proposición de que. siem pre q\ie se aplica a proposiciones p a r­ ticulares cualquiera do esas reglas de inferencia que em plean la hipó­ tesis de quo las variables involucradas son proposiciones. A prim era vista puede pensarse que esto nos perm itiría afirmar q siem pre que p sea verdadero y que im plique q. porque lo que pasa en tales casos ea que se dem uestra que la proposición se halla im plicada pór alguna proposición verdadera.. ninguna proposición que pudiera ser posibleí1) M in d . si p y q son proposiciones. si son verdaderas. Esto sucede. Pero ese enigma m uestra que no es así y que. existen g raves dificultades p ara poder basar una teoría consistente sobre este punto. pero las proposiciones verdaderas tienen una cualid ad que no pertenece a las falsas. E l principio ee em plea siem pre que se dice que se ha demostrado una proposición.

en que existe una cierta especie de diferencia entre una proposición afirm ada y una no afirm ada (*). Siem pre que figura el por lo tanto puede elim inarse la hipótesis y afirm arse la conclusión por sí misma. a prim era vista. cit. y. por ejem plo. siem pre es posible p resentar una im plicación como válida explí­ citam ente en tre proposiciones singulares. É ste parece ser el prim er paso en la respuesta al enigm a de Lewia Carroll. en prim er lugar porque toda aserción sim ultánea de un núm ero de proposiciones es por sí m ism a una proposición singular. pero no sim étrica respecto a éste (la conclusión). Tom em os prim ero lo dicho en prim er lugar: si k es u n a clase de proposiciones. si x im plica x. en lenguaje menos pulido. Pero tal teoría com ­ plica enorm em ente la relación de im plicación. gracias a la regla que hemos llam ado exporta­ ción. sin em bargo. p y q no son afirm adas.BERTRAND RUSSELL 64 m ente negada en cualquier contexto podría ser verdadera. difiere de la im plicación. sino en todas las inferencias. porque cuando se la afirm ara. todas las proposi­ ciones de la clase k se hallan afirm adas por la sola proposición «para todos los valores de x. por lo menos en la m ayoría. comencemos por la discu­ sión de un caso particu lar. que es urna noción m ucho m ás difícil que la de im plicación m aterial. E s ta posición surge. Cuando decimos jx>r lo tanto establecem os una relación válida solam ente entre proposiciones afirm adas. de hechos evidentes: por ejem plo. sin em bargo. o. e sta complicación es innecesaria. . E s ta proposición es equivalente a «todos los hom bres son mortales». Pefo parece m uy dudoso que sea la m ism a (‘) F re g e (loe. salvo uno de ellos. «todo hom bre es mortal» y «cual­ quier hom bre es mortal». se tran sfo rm aría en u n a proposición diferente. porque. entonces ’x es un k ’ im plica x ». no u n a relación de un núm ero arb itra rio de prem isas respecto a u n a sola conclusión. A hora tratarem o s la im plicación form al. Sin em bargo. Pero esto es com pletam ente falso. y que. E ntonces podem os decir con seguridad que la im ­ plicación es u n a relación entre dos proposiciones. a np im plica que q im plica r» en cuya últim a form a las im plicaciones valen explícitam ente entre propo­ siciones singulares. «pq im plica r» es equivalente. y en segundo. 40. Se dice com únm ente que una inferencia debe tener prem isas y una conclusión. Y respecto al segundo punto que supone finito el núm ero de prem isas .) tie n e u n signo especial p a r a d e n o ta r la aserció n . «todo k es verdadero». pueden ser verdaderas. ya que la transform a en una relación que puede tener cualquier núm ero de térm inos. por consi­ guiente. *x es un hom bre im plica x es m ortal p ara todos los valores de xi>. D ejando este enig­ ma para la Lógica debem os insistir. Con el fin de evitar la noción general de función proposicional. y que es sim étrica respecto a todos. y se sostiene m anifiestam ente que -son necesarias dos o m ás prem isas. pues en *p im plica gt. todo silogismo tiene dos prem isas. si q es una proposición. 39.

Aunque Peano no ee m uestra explícito parece sostener este últim o punto de vista. puede dudarse acerca de si vx es un hom bre implica x es mortal» debe considerarse como afirmación estricta de todos los térm inos posibles o de térm inos tales que sean hombres. si fuera posible. explicar esta proposición sin volver a introducir la variable y la implicación formal. Debe confesarse que bajo este punto de vista se evitan algu­ nas dificultades graves. P or supuesto que puede suceder que am bos p re­ dicados sean filosóficamente simples: así color y existente parecen ser ambos simples. cada clase puede defi­ nirse por varios predicados diferentes.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 65 proposición. Ahora sólo quedaría por exam inar la proposición «cualquier hom bre es mortal» y. La conclusión dice: x es m ortal. Por supuesto que tales proposiciones intensionales no siem pre se hallan presentes cuando una clase se halla incluida en otra: en general. en todos los casos en que la conclu­ sión se halla representada pqr una letra singular: a menos de que la letra no represente realm ente una proposición. y la totalidad de lo que se afirm a respecto al sujeto a que se refiere nuestro símbolo se halla en la conclusión. el cam po de variabilidad de x debe lim itarse a las proposiciones a m enos de que prefijemos (como antes. la aserción si­ m ultánea de todas las proposiciones de alguna clase k : esto no se halla expresado por «'x es un k ’ implica x p ara todos los valores de x». y se transform a en una m era definición de x: x significa cualquier hombre. y por el m om ento dejaré de considerarla. ya que si x no es u n a proposición « e s u n k» no puede im pli­ car x. P a ra comenzar. La hipótesis resulta entonces una simple aserción respecto al significado del símbolo x. E l caso LOS P R IN C IP IO S DE LA M A T E M Á T IC A ___ 5 . Pero la implicación se refiere sim plem ente al simbolismo: ya que cualquier hom bre es m ortal si x denota cualquier hom bre. pero esta proposición es muy d istin ta de la que estam os discutiendo. y a que sólo pueden im plicarse proposiciones. la im plicación afirm a­ da será falsa. 41. es casi por com pleto indiferente para la Lógica sim bólica y p ara la M atem á­ tica. y no es necesario en absoluto que todo predicado de la clase contenga como factor a todo predicado de la clase m ayor. a través de todo el cálculo proposicional. Consideremos. Porque tal como se ha presentado esta proposición no expresa lo que significa. La prem isa dice: x significa cualquier hom bre. E s ta advertencia se aplica generalm ente. L a visión intensional. por lo tan to . § 39) la hipó­ tesis <tx im plica xi>. pero la clase de colores es parte de la clase de exis­ tentes. que deriva de los predicados. x es m ortal. Tam bién se halla relacionada con una proposición p u ra ­ m ente intensional en la que se afirm a que hambre es una noción com ­ pleja de la que m ortal es un constituyente. dejándonos la proposición «cualquier hom bre es mortal» como expresión de todo lo que en la pro ­ posición se refiere a una variable. por ejemplo. Pero en este caso la hipótesis deja de tener significado. De este modo y desde este p unto de vista ha desaparecido com pletam ente la implicación form al.

entonces p im plica 7. en v irtu d de la definición de proposición. E sto va le igualm ente sean p y q proposi­ ciones o no. im plica 7» resulta falso. que es una proposición para todos los valores de p y q. . «x es un hombre» es siempre. nuestro principio establece que «/. im ­ plica 7» es una función proposicional. Tom em os. Si no se tiene en cuen ta esta restricción. y perm ite que x varíe sin restricción. A qu í las im plicaciones su ­ bordinadas en la prem isa y en la conclusión son m ateriales: sólo la im plicación principal es form al. si no en todos. tenem os una fórm ula sólo verdadera cuando p y 7 son proposiciones: para lograr que sea u ni­ versalm ente verdad era debem os precederla con la hipótesis «p im p li­ ca p y 7 im plica 7». es decir. Sea o no x un hom bre. conjun tam ente con p. E n consecuencia debem os perm itir que nuestra x tom e todos los valores sin excepción. para exp licar por qué debem os restringir así nuestra x. pronto aparecen eq u ivo ca ­ ciones. en lo que respecta a la verdad de nuestra proposición. la proposición <tx es mortal». cuando la variab le no se halla reem pla­ zada por una constante. p ara ese valor de x. el prim er principio de inferencia: Si p im pli­ ca 7. Y a m enos de que acep ­ tem os igualm ente la hipótesis en los casos en que sea falsa nos será. im pli­ ca 7 ’. De este modo en m uchos casos. a hom bres. porque si algun a no es proposición «/. Pero si aplicam os a esta proposición el principio de im portación. y cuando se necesita cualquier restricción sobre la variab ilid ad . x m ism a es una proposición para todos los valores de x que sean proposiciones. no debe considerarse la . por ejem plo. deben ser proposiciones funcionales genuinas.66 BERTRAKU RUSSELL es que. Debe tenerse en cuenta que puede existir un número c u a l­ quiera de im plicaciones subordinadas que no requieren que sus térm inos sean proposiciones: esto sólo lo exige la im plicación principal. una proposición que im plica. im plica 7». siem pre que la verdad de nuestra proposición quede in ta c ta con ello. im posible tra b a ja r satisfactoriam en te con la clase v a c ía o con fu n ­ ciones proposicionales nulas. pero 110 d eja de ser una proposición. cuando se su stitu ye x por una constante. pero no p ara otros v a lo ­ res. así en la aserción del producto lógico de una clase de proposiciones la fórm ula *si x im plica x. aunque debemos restringir los valores de a. V olviendo ahora a <tx es un hom bre im plica x es mortal». si x es nuestra variable. puede elim inarse la restricción acerca de la variab ilid ad de la variable. los dos lados. E n realidad.Y resulta igualm ente claro que. es claro que no se necesita restricción con el fin de asegu ram os que estam os en posesión de una proposición genuina. entonces 'x es un k' im plica x» parece in ob je­ table. de tal modo que obtenem os «'/. E sto aclara cuáles son las lim itaciones a las que se halla su jeta nuestra variable: sólo debe va riar dentro del cam po de valores p ara el que los dos lados de la im plicación principal son proposiciones. aun no existe razón. en otras palabras. y aunque esto parece llevarse a cabo en la proposición «todos los hom bres son mortales».

tal como se halla establecida. y afirm am os que todo m iembro de esta clase es verdadero.» El punto que debe señalarse es. Tenem os una clase de implicaciones. y no implica nada. por ejem plo. im plica que 1J/2: im pli­ ca %x» es una implicación formal. Esta proposición debería expresarse. debe ser la misma a ambos lados de la implicación. puede preguntarse: ¿cómo es que Sócrates puede variarse en la proposiciSn «Sócrates es un hom bre im plica Sócrates es mortal»? En v irtu d del hecho de que las proposiciones verdaderas son im plica­ das por todas las demás. E sto parece mos­ trar que la implicación form al encierra algo adem ás de la relación de implicación y que cuando puede variarse un térm ino debe existir cierta relación adicional. si se quisiera m antener el len­ guaje de variables. por medio de dos variables. que nuestra x. y si <\ix. donde <px es una función proposicional. y luego en «Sócrates es mortal». no es en absoluto una proposición. y no podemos v ariar prim ero n uestra x en ax es un hombre» y luego independientem ente en <cr es mortaL». sino que es en sí misma una sola función proposicional que tiene la elegante propie­ dad de ser siem pre verdadera. E n él caso que se está considerando es n a tu ­ ral decir que lo que se halla involucrado es la relación de inclusión entre las olases hombres y mortales — la verdadera relación que debía . aunque variable. sino que debam os com enzar con toda la proposición «Sócrates es un hom bre im plica Sócrates es mortal». y no una sola implicación. porque su significado natu ral sería: «Si cualquier cosa es un hombre. no es lo que queríam os decir. Pero. tenem os «Sócrates es un hom bre im plica Sócrates es filósofo».LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 67 implicación como formal h asta que la dicha restricción haya sido quitada prefijándola como hipótesis. entonces n^x im pli­ ca jx)i no es una implicación formal. sino más bien de una implicación variable. por supuesto. como «x es un hom bre implica y es mortal». porque esto nos llevaría a la proposición «cualquier cosa es un hombre» im plica «cualquier cosa es mortal» que. y esto exige que no po d a­ mos obtener nuestra implicación formal variando en prim er lugar. im plica yx. É ste es un prim er paso hacia el análisis de la noción m atem ática de variable. entonces todas las cosas son mortales. De este modo n u estra im plicación formal afirm a una clase de implicaciones. Debe tenerse en cuenta que <or es un hom bre im plica x es m or­ tal» no es una relación de dos funciones preposicionales. y variar Sócrates en esta proposición como un todo. Pero tam bién esta fórm ula resulta poco satisfac­ toria. pero «9 a. En una palabra: no estam os en posesión de una im plicación con una variable. Sócrates en «Sócrates es un hombre». Porque <cc es un h o m b ro . (Si tyx es una proposición siem ­ pre que x satisface cpx.) 42. aunque verdadera. pero he aquí que en esta proposición la v ariab i­ lidad de Sócrates se halla enorm em ente restringida. siempre que sea una proposición. ninguna de las cuales contiene una varia­ ble.

para que pueda haber algo idéntico que pueda decirse que es afirm ado acerca de dos sujetos. vale tam bién la otra. Ahora podemos ver. hallándose separada de su sujeto. dejando su discusión crítica para el capítulo V II.BERTRAND RUSSELL ser definida y explicada por n u estra implicación form al— . El verbo. U n núm ero m ayor de casos. y deberem os decidir entre ellos. y lo mismo es verdadero respecto a Platón. el análisis adelanta algo. Igualm ente. queda con la aserción. esta afirmación pasaría desapercibida. que es la señal d istin tiv a de las proposiciones. para x es válida alguna aserción que no lo es para y. pero la aserción m ism a. O tam bién podemos analizar toda la proposición «Sócrates es un hom bro implica Sócrates es mortal» en Sócrates y una aserción respecto a él. cuando es legítimo el análisis en sujeto y aserción. podríam os decir: «Só­ crates era un filósofo. Consideramos.. que com únm ente se reem plaza por proposición. lis cierto que a veces se realiza una fácil concesión hablando vagam ente de la cópula. en un térm ino (el sujeto) y en algo que se dice acerca del sujeto. Siem pre se ha acostum brado a dividir las proposiciones en sujeto y predicado. Explicarem os brevem ente esta noción. cómo distinguir implicaciones en las que existe un térm ino que puede variarse de otras en las que no es ése el caso. pero ta n to si la una es ver­ dadera como si lo es la otra.§l sujeto que se ■MHHMHlgPHMPSlPlHHOTRPI 68 . y por lo tan to no es indispensable en caso alguno. cuyo algo llam aré aserción.» Pero si no fuese por la palabra aserción. en v irtu d de la cual cuando vale la una. no llega a considerársela en form a separada. la m ejor afirmación acerca de la identidad de indescirnibles: «Si x e y son dos entidades diversas cualesquiera. por ejem plo. Así «Sócrates es un hombre» puede dividirse en Sócrates y en es un hombre. algunas sólo do un modo. Puede decirse que existe una relación e n tre las dos aser­ ciones «es un hombre» y «es mortal». 44. aunque sean independientes d. en form a im perfecta. L a prim era teoría presenta la dificultad de que es esencial p a ra la relación de aserciones involucradas el que am bas aserciones deban realizarse sobre el mismo sujeto. N inguna de las dos teorías reem ­ plaza el análisis anterior de <cr es un hom bre im plica x es mortal» en una clase de implicaciones m ateriales. En las discusiones lógicas figura a m enudo la noción de aserción. puede tra ta rse con la noción de lo que llam aré aserciones.» Tales afirmaciones requieren su análisis en aserción y sujeto. aunque no todos. no es ni verdadera ni falsa. Pero este punto de vista es dem asiado sim ple para contem plar todos los casos. pero el verbo merece un respeto mucho m ayor <|iie el que se le concede. que toda proposición puede dividirse. algu­ nas de modos diversos. Pueden su­ gerirse dos modos de llevar a cabo la distinción. 4:i. Podem os decir. pero como se usa la palabra proposición en lugar de ella. pero esta división tiene el defecto de om itir el verbo. y decir que la aserción en cues­ tión vale p ara todos los térm inos.

E sto m uestra que no podem os esperar definirla ex­ clusivam ente en función de la im plicación m aterial. Sin em bargo. Señalábam os más arriba que la relación de inclusión entre clases es insuficiente. sino que debe involucrarse algún otro elem ento o elem entos. que "presupone la noción de todo término. Tales ejem plos aclaran que la noción de función proposicional y la noción de aserción son más fundam entales que la noción de clase. las verdades form ales serán im ­ posibles. E s ta obje­ ción parece ser más grave de la que se form ula contra el prim er p u n to de vista. y que la últim a no es adecuada p ara explicar todos los casos de im plicación form al. Aquí se afirm a que porque Sócrates tiene una relación debe tener otra. la noción de todo térm ino es indefi­ nible y últim a. L a im portancia fundam ental de la implicación form al salta a la vista considerando que se halla involucrada en todas las reglas de la inferencia. y parecería que cuando se ana­ liza una proposición relacional en un sujeto y una aserción. La segunda teoría parece objetable basándose en que el análisis sugerido de «Sócrates es un hom bre im plica Sócrates es mortal* parece ser apenas posible. podem os observar que en una inferencia particu lar no se requiere como prem isa la regla de acuerdo a la cual vale la inferencia. Im plicación form al es la que vale para todo térm ino. el sujeto debe ser uno de los térm inos de la relación que se afirm a. el que se afirme que para iodo térm ino vale alguna aserción. por lo tan to . ad o p ta ré el prim er punto de vista y consideraré la im plicación formal como derivada de una relación entre aserciones. de acuerdo con el análisis anterior de im plicación form al.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 69 elija. Es im p o rtan te darse cuenta de que. y a menos de que se adm ita la noción de todo término. E sto resulta de la naturaleza irreductible de las proposicio­ nes relaciónales. y por lo ta n to lodo no puede explicarse por medio de la implicación formal. No me extenderé más sobre este punto. Si a y 6 son clases. «Sócrates está casado implica Sócrates tuvo padre». Parece ser la verdadera esencia de lo que puede llam arse verdad form al y en general del razonam iento form al. tom em os «^4 está antes que B implica B está después de A». E sto ha sido señalado . podemos explicar «todo a es un 6 » por medio de «x es un a im plica x es un b». L a proposición que se está considerando consiste en dos térm inos y una relación. 45. Tom emos. ü m ejor aún. por ejem plo. siendo los térm inos «Sócrates es un hombre» y «Sócrates es mortal». É sta es una implicación form al en la que las aserciones (por lo menos superficialm ente) se refiere a sujetos diferentes: el único modo de salvar esta dificultad consiste en decir que ambas proposiciones tienen ta n to a A como a B por sujetos. al menos por el presente. lo que es muy d istinto a decir que tienen el único sujeto «A y B ». pues será ilustrado abun d an tem en te en otras p artes del presente trabajo. pero el todo que figura aquí es una noción derivada y subsiguiente.

en casos sim ples. y la clase de im plicaciones m ateriales in v o ­ lucradas es. . es form alm ente necesario tener una prem isa que afirm e que el caso presente pertenece a esa regla. y así in ­ definidam ente. puede suprim irse la regla y afirm arse la im plicación. E sta teoría da origen a m uchos problem as lógicos form idables y requiere. se halla estrecham ente relacionado con el prin­ cipio de suprim ir una prem isa verdad era. I I (pág. es la afirm ación de toda im plicación m a­ terial de una cierta clase. É sto es sim plem ente un ejem ­ plo del principio no form al de suprim ir una prem isa verdadera: si nuestra regla im plica una cierta im plicación. y a m enudo es tan fácil. p a r te I . P ero queda el caso do que el bocho de que nuestra regla im plique la dicha im plicación. un análisis com pleto de los constituyentes de las proposicio­ nes. Con el fin de aplicar una regla de infe­ rencia. por lo ta n to necesitarem os afirm ar la regla por la cual podem os p asar de la regla al p articu lar. D onde se halle establecid a una im plicación formal coincidirem os en considerarla. hecha respecto a cierto sujeto o sujetos. puede percibirse sim plem ente y no se h alla garantizado por deducción form al alguna. E l hecho es que. im plica otra aserción fija dada concerniente al mismo sujeto o sujetos. y tam bién afirm ar que nos hallam os ante un caso p articu lar de esa regla. libro I I . la clase de todas las proposiciones en las que se afirm a que una aserción fija dada. si so iutroduce por com pleto.B ERTRAND RUSSELL 70 por Mr. cap. siendo de nu evo un aspecto en el que falla el form alism o. dijim os. siem pre que sea posible. com o debida a alguna relación entre las aserciones concernidas. y por lo ta n to tan legítim o. p ara su defensa. cualqu ier proposición g aran tizada por una regla de inferencia vale de m odo real y no es sim plem ente im plicada por dich a regla. (*) Logic. percibir inm ediatam ente la im plicación en cuestión como percibir que se halla im plicada por una o m ás de las reglas de inferencia. 227). evidentem ente. R esum iente nuestra discusión acerca de la im plicación form al: U na im plicación form al. A este fin deberem os dedicarnos. B ra d le y (*).

tales como los nom bres propios. tiem po y m ateria. sin em bargo la una es \prima facie evidencia de la otra. o sucesión de se­ guir. E ntro los sustantivos algunos derivan do adjetivos y verboB. sino de ideas. ee decir. creo. de acuerdo con mi opinión. o espacio. En este capítulo deben discutirse ciertos tem as que se refieren a lo que puede llam arse G ram ática filosófica. que toda palabra que figura en una sentencia debe poseer algún significado: un sonido desprovisto en absoluto de sentido no puede usarse del modo m ás o menos fijo con el que el lenguaje em plea las pala­ bras. sino de una. sino que aparecen originariam ente como sustantivos. pero no hasta el p u n to de flejam os dom inar por ella f1). . Lo que deseamos obtener no es una clasificación de palabras. al g rad o de análisis e fe ctu a d o p o r el le n g u a je co n sid erado. Debe adm itirse adem ás. Por lo tan to .) Otros. E l estudio de la G ram á­ tica. la corrección de nuestro análisis filosófico de una proposición puede confrontarse con éxito por medio del ejercicio de asignar su significado a cada palabra en la sentencia que expresa la proposición.C A P ÍTU LO IV N O M BRES P R O PIO S . adjetivos y verbos. es capaz de ap o rta r m ás luz a los problem as filosóficos de lo que com únm ente suponen los filósofos. me parece que la G ram ática nos acerca mucho m ás a una Lógica correcta que las opiniones corrientes entre los filó­ sofos. no son derivados. (No hablo de una derivación etimológica. (*) L a excelencia de la G rá m á tic a com o g ula es p ro p o rc io n al a la e sca­ sez de infiexionee. En la oración existen tres partes que son especialm ente im portantes: sustantivos. A un­ que no puede adm itirse sin crítica que una distinción gram atical co­ rresponda a una diferencia filosófica genuina. lógica. como hum anidad de hum ano. A D JE T IV O S Y VERBOS 40. y en lo que sigue tom arem os como guía la G ram ática. En general. y a m enudo puede utilizarse prove­ chosam ente como fuente de investigación.

sum am ente difícil de definir. podem os hacer un análisis en algo afirm ado y algo respecto a lo que se hace la aserción. por im por­ tan te s que sean. ser su sta n tivo o adjetivo: lo (jue querem os es la distinción entre nom bres propios y comunes. B ra d le y . Cuando un nom bre propio figura en una proposición es siem pre. de acuerdo con las circunstancias. entre idealistas y em piristas. em pleándose resp ectiva ­ mente estas p alabras de acuerdo al tipo de relación que guarda esto concepto con los otros constituyentes de una proposición en la que figura. Los verbos se distinguen por un tipo especial de cone­ xión. los ad jetivo s y verbos pueden figurar en proposiciones en las que pueden no considerarse como sujeto sino solam ente como partea de la aserción. y no lo que se dice del sujeto. sustancia y atrib u to . com o verem os. Llam arem os término a todo lo que pueda ser ob jeto de pensam ien­ to o que pued a figurar en cualquier proposición falsa o verdadera. o que pueda contarse como uno\. de la teoría que adoptem os respecto a la cuestión presente. esto y lo quz í1). Por otra parte. y a que un solo concepto puede. P o r lo tan to . Pero lo tra tam o s aquí solam ente porque es fundam ental para cual­ quier doctrina del núm ero o de la natu raleza de la variable. depende. aun bajo una form a en que la G ra m ática los llam a­ ría sustantivos. . todas m ás o menos equivalentes: es decir. por ejem plo: «César murió» de «la m uerte de César».BERTRAND RUSSELL 72 por lo tan to llam aré ad jetivo s o predicados a todas las nociones que son capaces do sor tales. La Filosofía se halla fam iliarizada con un cierto conjunto de distinciones. la distinción entre sujeto y predicado. con la verdad y falsedad. o más bien entre los objetos indicados por tales nom bres. En toda p ro­ posición. Se dejarán com pletam ente de lado sus relaciones con la Filosofía. El tem a es im portan­ te. ésta resulta Ber la p alabra (‘) E s te ú ltim o p a r de té rm in o s se d eb e a M r. como vim os en el cap ítu lo III. por lo menos de acuerdo con uno de los posibles m étodos de análisis (cuando hay varios). en virtud de la cual distinguen una proposición afirm ada de una no afirm ada. La distinción que querem os realizar no es idéntica a la d istin ­ ción gram atical entre su stan tivo y a d jetivo . en su to talid ad o en parte. Deseo indicar brevem ente lo que creo que sucede en realidad con estas distinciones relacionadas. el sujeto a! que se refiere la proposición o alguna proposición con stitu yen te subordinada. humano y humanidad denotan precisam ente el mismo concepto. A h ora debem os am pliar estas diferencias y com enzaré por la distinción entre nombres propios y comunes. 47. y entre quienes sostienen y niegan que to d a la verdad se halla rplacionada con lo que existe. ya que las discusiones entre m onistas y m onadistas. E l hecho es que. L os a d jetivo s se distinguen por su cap acid ad de denotar — térm ino que inten to usar en el sentido técnico que discutiré en el cap ítu lo V — . sustantivo y adjetivo.

1900-1901. M oore en los Procéedinga of the Aristotelian Society. (En verbos intransitivos la noción expresada por el verbo es com pleja. individuo y entidad. (*) A oerca de la id e n tid a d . eso es. 30. y no puede concebirse en el mismo ningún cam bio que no destru ya su identidad y lo transform e en otro término (1). difiere en alg u n o s p u n to s im p o rta n te s . de c u y a noción. una quim era. E .. y que ninguna proposición contiene menos de dos constituyentes. es segu ra­ mente un término. Las prim eras son los térm i­ nos indicados por los nom bres propios. G. así com o tam bién porque en m uchas afirm aciones queremos hablar de cualquier térm ino o de algún térm ino. E n tre los conceptos. L as dos prim eras recalcan el hecho de que todo térm ino es uno. Lo que es un térm ino. es en algún sentido. véase el a rtío u lo de Mr.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMATICA 73 más am plia del vo cab ulario filosófico. L a identidad y diversidad num éricas son la fuente de la unidad y de la pluralidad. O tra señal d istin tiva que se refiere a los térm inos es la de su identidad num érica con ellos mismos y la diversidad num érica con todos los dem ás (2). los últim os los indicados por todas las demás palabras. un núm ero. G. y debe entenderse igualm en­ te que las cosas com prenden todos los puntos e instantes particulares. y siem pre debe ser falso el negar que eso pueda ser un térm ino. y a que señala la diferen cia entre d is­ tintas filosofías. Aquí deben entenderse los nom bres propios en un sentido algo m ás am plio del común. en M ind. E . 48. N. a sabe?: los indicados por adjetivos y los indicados por verbos. en su a rtíc u lo «On th e N a tu r a of Ju d g em en t» . (J) L a noción de té rm in o e x p u e s ta a q u í es u n a m odificació n d e la n o ción de concepto que ex pone Mr. adem ás. es falso. Poro ese punto de vista. D e hecho. TJn hombre. debido a ciertas doctrinas filosóficas difundidas. y de este m odo la acep tación de m u­ chos térm inos d estru ye el monismo. deben distinguirse por lo menos dos clases. Por lo tanto término es una p alab ra útil. los de la últim a son siem pre o casi siem pre relaoionee. una relación. Los de la prim era especie se llam arán a m enudo predicados o conceptos-clase. Y parece innegable que todo constituyente de tod a proposición puede contarse com o uno. un m om ento. . es decir. n ú ip . que lla­ maré respectivam ente cosas y conceptos. M oore. Com encem os porque todo térm ino es un sujeto lógico: es. m ientras que la tercera deriva del hecho de que todo térm ino tiene ser. U saré como sinónim os de la misma las p alabras unidad. el sujeto de la proposición que dice que él mismo es uno. sin em b arg o . y m uchas otras entidades que com únm ente no reciben el nom bre de cosas. un térm ino se halla dotado de todas las propiedades asignadas com únm ente a las sustancias o sustan tivos. Q uizá pueda pensarse que una palabra de generalidad tan extrem a no pueda ser do m ucha u tilidad. E n tre los térm inos es posible distinguir dos clases. A dem ás todo térm ino es inm utable e in d estru c­ tible. S. una clase. o cualquier o tra cosa que pueda m encionarse. por ejem plo.

en el caso propuesto existen dos modos de analizar la propo­ sición on sujeto y aserción. P untos. Es característico de los térm inos de una proposición el que cualquiera de ellos pueda reem plazarse por cualquiera o tra entidad sin que deje­ mos de hallarnos ante una proposición. L a aserción debe contener siem pre un verbo. en «A es m ayor que B>. como n ú ­ (J) E s ta prop o sició n significa iA e s tá en este lu g a r en e ste in stan te* . pero Balvo este punto. En *Sócrates es humano». la proposición ■se ri jiere a esta noción. es una aserción respecto a la hum anidad. 8e m o s tra rá en la p a r te V II que la rela ció n e x p re sa d a no ee red u cib le a u n a relación de dos té rm in o s.. porque Só­ crates nunca puede figurar en u n a proposición si no es como té r­ mino: Sócrates no es susceptible de ese curioso doble uso involucrado en hum ano y h um anidad. instantes. Parecería que todas las clases. Por lo tan to . la noción expresada por hum ano figura de modo distinto a aquel en que lo hace cuando se llam a hum anidad. Sócrates es u n a cosa. . los predi­ cados son conceptos diferentes a verbos y que figuran en proposiciones que sólo tienen un térm ino o sujeto. Con el sentido que tiene es en esta proposición dejam os por com pleto de hallam os ante una proposición si reem plazamos hum ano por algo d istinto a un predicado. y lo mismo sucede con m uchos térm inos que no exis­ ten: por ejem plo.74 BERTRAND RUSSELL y generalm ente afirm a una relación definida respecto a un relato in ­ definido. y no en el prim ero. o a B como sujeto y «A es m ayor que» como aserción. En una proposición relacional. por numerosos que sean. en uno o m ás modos. y «es m ayor que B d como la aserción. Así direm os que «Sócrates es humano» es una proposición que tiene solam ente un térm ino. uno es el verbo. que es equivalente a «Sócrates es humano». a aquellos que figuran en la m ism a y que pueden considerar­ se como sujetos respecto a los cuales se establece la proposición. como en «Pedro respira». Pero en algunas proposiciones existe sola­ m ente un modo: son las proposiciones de sujeto-predicado. como en «A está ahora aquí» (x). E sto indica que la hum anidad es un concepto. el otro es un predicado. siendo la diferencia que en el últim o caso. por ejemplo. un sujeto y u n a aserción respec­ to al sujeto. I>a proposición «la hum anidad pertenece a Só­ crates». son cosas en el sentido anterior. pero es una proposición d istinta. podemos considerar A como el sujeto. 110 una cosa. y seres particulares en general. talos como «Sócrates es humano». Llam aré térm inos de una proposición. trozos de m ateria. Cuando una relación tiene más do dos térm inos.) Coincidimos con que en una clase grande de proposiciones es po­ sible distinguir. de los com ponentes restantes de la proposición. E n consecuencia. las aserciones parecen carecer de propiedades universales. estados m entales particulares. existirán m ás de dos modos de llevar a cabo el análisis. los puntos de un espacio no-euclidianos o los seudopersonajes de u n a novela.

son cosas. Por lo tan to . en consecuencia: o se ha transform ado en 1 . Pero lo que quiero alegar es que la diferencia sólo se base en relaciones externas. El estudio de estas diversas nociones es absolutam ente vital para cualquier filosofía de la M atem ática. casi com o sin ó n im o de la raza. Pero en esta ú lti­ ma hipótesis deben existir proposiciones que se refieran a uno como térm ino. en cuyo caso la suposición es au to -co n trad ic­ toria. y sobre ellas basam os la im portancia de la teoría de predicados. entre pares tales como es y ser. es decir. es. y no en la naturaleza intrínseca de los térm inos. adem ás de humano y humanidad. pero todas las tales proposiciones deben ser falsas. predicado de un térm ino o afirm ado para relacionar dos o más términos. E n esta afirm ación uno como adjetivo se ha transform ado en térm ino. tenem os hombre. U sa ré sie m ­ pre todoa co le c tiv a m e n te . 49. hom bres. cuando se tom an como térm inos sin­ gulares. es decir. que sólo difieren gram aticalm ente. P odría pensarse que debería realizarse una distinción entre un concepto como tal y un concepto usado como térm ino. Abreviando: si existiera cualquier adjetivo que no pudiera transform arse en sustantivo sin cam biar de significado. poro que difiere de e lla 'p o r ser p lu ra lid a d y no u n id a d . una diferencia gram atical. la que corresponde a una diferencia respecto a las relaciones. E n el prim er caso se usa el concepto en cuestión como concepto. Un predicado siem pre da origen a una hueste de nociones relacionadas: así. no tto d o s los hom brea so n m ortales». E xiste. entre las que descuella su conexión con lo que he llam ado denotar. humano y humanidad. o existe alguna o tra diferencia entre uno y 1 . m ientras que en el segundo caso el concepto mism o se halla sujeto a un predicado o a una relación. y aun tendrem os que m antener proposiciones que se refieran a uno como adjetivo en oposición a uno como té rm ino. uno en una proposición tal como «ésto es uno» y 1 en «1 es un número». no existe ningu­ na dificultad en señalar la diferencia gram atical. ya que una proposición respecto a uno como adjetivo hace de uno el sujeto. Por lo ta n to d iré ctodo h o m b re ea m ortal*. lim itá n d o m e a todo p a r a el se n tid o d is trib u tiv o . pero esto será tra ta d o en el capítulo VI.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 76 meros. y todos ellos parecen ser genuinam ente distintos uno del otro. por ejem ­ plo. cualquier hombre. adem ás del hecho de que el prim ero denota un concepto que no es un térm ino m ientras que el segundo denota un concepto que es térm ino. Los predicados se distinguen de los dem ás térm inos por un con­ junto de propiedades m uy interesantes. en rea­ lidad. todo hombre. algún hombre. etc. y en realidad se refiere a uno como térm ino. serían falsas todas las proposiciones respecto a tales adjetivos —ya i1) U so lodoa loa hombrea com o oolectivo.. espacios. Porque supongam os que uno como adjetivo difiere de 1 como térm ino. todos los hombres (’). Pero si damos cabida a tal punto de vista nos verem os envueltos en in trin ­ cadas dificultades. . por supuesto. un hombre.

como dotadas de un esto inm ediato y de un concepto general unido a él a m odo de descripción. P o r supuesto que e sta explicación de la teoría anterior chocará a sus adherentes. Es costum bre considerar todas las proposioionea como dotadas de un sujeto y de un predicado. adem ás de la diversidad num érica que les pertenece como térm inos. es la fuente de la pluralidad. pero no es verdadera la im plicación recíproca. o como quieran llamarse. que los sustantivos verdaderos. Pero la posibi­ lidad total de form ular diferentes aserciones respecto a un térm ino dado o conjunto de térm inos depende de la diversidad conceptual. aun difieren en v irtu d del hecho de que los conceptos que figuran en ellas son conceptualm ente diferentes. en ella A es el sujeto. que por lo ta n to es fundam ental en Lógica general. que son en cierto modo menos sustanciales. 50. E sto puede caracterizarse por el hecho de que dos proposiciones. no respecto a la subsistencia por sí mismos. como implica su nom bre. De este modo parece ser com pletam ente errónea la teoría de que existen adjetivos o atrib u to s o cosas ideales. porque no todos los térm inos son conceptos. menos subsistentes por sí mismos. 51. Pero este estado de cosas es contradictorio consigo mismo. es exacta y num éricam ente el mismo A que no es sujeto en u n a proposición y que sí lo es en otra. Pues si A figura en una proposición. El argum ento anterior prueba que teníam os razón al decir que los térm inos com prenden todo lo que puede figurar en una proposición. L a diversidad num érica. que la considerarán dem asiado ruda. en ciertas proposiciones verdaderas o falsas. figuran de un modo indefiniblem ente diferente al en que lo hacen los sujetos o térm inos de relaciones. y parece poderse re­ ducir fácilm ente a contradicción. otro tipo especial de diversidad que puede llam arse conceptual. aunque sean idénticas en todo otro sentido.BERTRAND RUSSELL 76 que los transform arían necesariam ente en sustantivos— y lo mismo sucedería con la proposición de que todas las tales proposiciones son falsas. con la posible excepción de complejos de térm inos do la especie d en o ta­ da por cualquiera y palabras sem ejantes a ella (1). menos auto-idénticos. pero servirá p a ra d ar una indicación general del p unto de vista que debe (l ) V éase el c a p ítu lo sig u ien te. sino en virtud del hecho de que. L a diversidad conceptual implica la diversidad num érica. . R esu lta interesante y no carente de im p o rtan cia el exam inar m uy brevem ente la conexión en tre la d o ctrin a an terio r de adjetivos^ con ciertos puntos de v ista tradicionales acerca de la n aturaleza de las proposiciones. y acabam os de ver si A no fuese el sujeto. y la diversidad conceptual es menos im portante p a ra la M atem ática. Dos conceptos tienen. Los térm inos que son conceptos di­ fieren de los que no lo son. en las que los conceptos figuran de otro modo que como térm inos. ya que ella m ism a transform a los adjetivos en sustantivos. entonces. es decir.

LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMATICA 77 discutirse. en el sentido de que las palabras están dotadas de significado. indicado por el infinitivo o (en inglés) por el participio presente. hacia la teoría de la Lógica de Mr. como sostiene Mr. Tam bién respecto a los verbos existe una doble form a gram atical correspondiente a una diferencia en rela­ ciones sim plem ente externas. A nalizando esta diferen­ cia aparece la n aturaleza y función del verbo. 52. form ulam os una proposición en la que un concepto se halla en cierto sentido unido a lo que no es un concepto. y de que en todo juicio existo algo. «Encontré un hom bre en la calle»). es indife­ rente p a ra la Lógica. significado. Pero no debemos tra ta r más estos tópicos de F ilo­ sofía general en nuestro trab ajo . cap. Pero cuando se entiende de este modo el significado. de que todas las palabras representan ideas que tienen lo que él llam a significado. y por encontrar las señales por las que so distingue del adjetivo. La distinción es la m ism a que en tre «Felton m ató a Buckingham» y «Matar sin asesinar*. E sta doctrina tiende en su desarrollo. E n consecuencia. I. 18 (pA$a. B radley ('). por necesidad lógica interna. cuando deci­ mos «éste es un hombre». 17. Pero a menos de que u n a proposición sea lingüística no contiene palabras: contiene las entidades indicadas por palabras. Pero conceptos tales como u n hombre tienen sig­ nificado en otro sentido: son. Si decimos m a t a no qüiere decir lo mismo que m a ta n . y está el verbo sustantivo. y a hemos (») Logic. porque tienen la propiedad que he llam ado denotar. la proposición no se refiere al con­ cepto u n fiombre. E s claro que el concepto que figura en el nom bre verbal es exac­ tam ente el mism o que figura como verbo. Es decir. a un bípedo real denotado por el concepto. Y en este sentido. bajo pena de auto-contradicción. E sto resulta del argum ento anterior de que todo constituyente de to d a proposición debe. lo que a su vez se debe a la noción de que las proposiciones son esencialm ente m entales y deben identificarse con conocimientos. E stá el verbo én la form a que tiene como verbo (pueden no considerarse las diferentes inflexiones de esta form a). en el sentido simple de que son símbolos que representan algo d istinto a ellas. por decirlo así. Creo que la confusión se debe principalm ente a la noción de que en las pro­ posiciones figuran palabra -s. sino a algo m uy diferente. cuando en una proposición figura u n hombre (por ejemplo. Bradley. el verdadero sujeto del juicio. y aun entre los conceptos. la en tid ad indi­ cada por J u a n no tiene significado. que no es una idea y que no tiene significado. Queda por discutir el verbo. 68-QO). sólo los que denotan tienen significado. ser susceptible de transform arse en sujeto lógico. Me parece que el tener significado es una noción confusam ente com puesta de elem entos lógicos y psico­ lógicos. simbólicos en su propia naturaleza lógica. De este modo los conceptos de este tipo tienen sig­ nificado en un sentido no psicológico. libro I . Todas las qxilabras tienen significado. .

en un nom bre verbal. entidades. Transform ando el verbo. y oe 98ta. m uy d ifícil de concebir claram ente. Pero cuando se tra ta de verbos existe adem ás o tra cuestión. esto resulta dudosa­ m ente verdadero. Poro tam bién aquí parece no e x istir la posibilidad de sostener que el sujeto lógico que aparece es una entidad diferente de la proposición. resulta d ifícil ver cóm o difiere «César murió» de «la verd ad de la m uerte de César» en el caso en que es v e r ­ dadera. E n este caso parecería quo es la m uerte de César lo que es verdadero o falso. en cierto sentido. susceptibles de tr a n fo r m a r s e en sujetos lógicos. el mismo verb o que figura com o ta l puede hacerlo tam bién como su­ jeto. Sin em bargo resulta m uy claro que lo últim o no es eq u ivalen te en modo alguno a «César murió». Si preguntam os: ¿Qué es lo que se afirma en la proposición «César murió»?. en cierto sentido. y no podem os decir que el concepto expresado por la palabra mala no puede transform arse en sujeto. tal como figura en una proposición.78 BERTRAND RUSSELL hecho de mata un sujeto. puede transform arse to d a la proposición en un solo sujeto lógico. que y a no está afirm ado y que y a no contiene en sí mismo la verdad o falsedad. D e este m odo. E sto no depende de la form a gram atical. que se pierde tan pronto como lo sus­ tituim os por un nom bre verb al. «César murió» y «la m uerte de César» servirán de ejem plo. E l problem a es: ¿Qué diferencia lógica se halla exp resada en la diferencia de form a gram atical? Y resulta claro que la diferencia debe hallarse en las relaciones externas. la contradicción que debía haberse evitad o — una en tid ad que no puede transform arse en sujeto lógico— . L a respuesta parece ser que la m uerte de César gu arda una relación ex tern a con la verdad o falsedad (como podría suceder). pero cuando sucede que u n a proposición es verdad era. y sin em bargo no puede atribuirse ni verdad ni falsedad a un sim ple sujeto lógico. aparece aquí como in evitab le. tiene o tra cualidad. o «la falsedad de la m uerte de César» en el otro caso. b a jo el cual sólo se afirm an las proposiciones verdaderas. Pero existe otro sentido de aserción. cu^ d^ d. E l m odo m ás e v i­ dente consistiría en decir que la diferencia entre una-proposición afir­ m ada y una no afirm ada no es lógica. sino psicológica. porque si digo «César murió es una proposición» no afirmo que César m urió. que parece ser inhe­ rente a la propia n atu raleza de verd ad y falsedad. la respuesta deberá ser «se afirma la m uerte de César». y sin em bargo innegable. P are ce que aquí existiera una noción ú ltim a de aserción. y ha desaparecido un elem ento que se h allab a presente en «César murió». T a n to las proposiciones v e rd a ­ deras com o las falsas son. D e este m odo. E n el sentido en que pueden afirm arse las proposiciones falsas. y son. No sé cómo tra ta r satisfactoriam ente esta dificu ltad. dada por el v e rb o . . m ientras que «César murió» contiene de un m odo u otro su propia verd ad o falsedad como elem ento. y que se pierde cuando la proposición en cuestión se transform a en el sujeto de algu n a otra proposición. Pero si éste es el anáfisis correcto. adem ás de la que com parte cqh \as ^roposigipnea falsas.

puedo considerarse como complejo. relato. La diferencia que hay en la proposición relaciona realmente A y B. Pero es ta n difícil saber exactam ente lo que se entiende por relación. U na consideración sem ejante pue­ de aplicarse a la proposición h.A es». B. ningrmn. Sin em bargo. sino solam ente como una aserción respecto al referente. E sta s relaciones consisten en el hecho de que A es referente y B es relato con respecto a la diferencia. en contraposición al sentido psicológico. E n realidad. . expresa o no una relación. P a re ­ cería que. L a doble n aturaleza del verbo. Pero l A . enumeración de los constitu y en te s puede reconstituir la proposición. u n a proposición es esencialm ente una unidad. puede expresarse. aunque se distingue de otras rela­ ciones en que no puedo considerarse como una aserción que se refiera indiferentem ente a cualquiera de sus térm inos. es una noción que no tiene conexión con A y B . Puede preguntarse si todo lo que es un verbo. El es de la m ism a es m uy diferente al es de «Sócrates es humano». relaciones expresadas por es y de cuando decim os <u4 es diferente de B t. Sin em bargo. se halla ciertam ente implicada una relación entre Sócrates y hum anidad . si se considera que todos los verbos son relaciones. la proposición <A difiere de B ». y es m uy difícil concebir una proposición que no exprese en absoluto una relación. diferencia. y cuando el análisis ha destruido la unidad.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMATICA 7d adicional lo que quiero significar con aserción en un sentido lógico. por ejemplo. y como predicado en realidad el ser de A . Sin em bargo. referente. m ientras que la diferencia de acuerdo con análisis. 53. Quizá po­ dríamos decir que es una relación. las proposiciones de sujeto-predicado se distinguen ju stam en te por este carácter no relacional. De este modo siem pre puede considerarse el ver­ dadero verbo lógico en u n a proposición como afirm ando una relación. estos constituyentes así colocados el uno al lado del otro no reconsti­ tuyen la proposición. el es de esta proposición no puede expresar una relación en el sentido ordinario. como la diferencia entre m ía relación en sí misma y una relación que en realidad relaciona. Si analizam os los c o n stitu ­ yentes de esta proposición parecen ser A . la n a tu ra le ­ za de verdad no se refiere m ás a los principios de la M atem ática que a los de cualquier o tra cosa. diferencia. E n realidad. B » sigue siendo sim plem ente una lista de térm inos y no una proposición. como verbo propiam ente dicho y como nom bre verbal. en el sentido lógico al que nos estam os refiriendo. que todo el problem a se halla en peligro de llegar a ser puram ente verbal. que vale sin excepción p a ra todo término. Puede decirse que en el análisis debemos m encionar las relaciones que la diferencia tiene con A y B . si tuviéram os razón al sostener que «Sócrates es humano* es una proposición que sólo tiene un térm ino. 54. P or lo ta n to dejo este problem a para los lógicos con la breve indicación anterior de que existe una dificultad. Consideremos.

Probem os en prim er lugar la hipótesis de que una diferencia es una noción com pleja com puesta por diferencia ju n to con alguna cu a ­ lidad especial que distingue una diferencia p articu lar de tod a otra diferencia particular. encierra la u nidad de la propo­ sición. o si no ex iste más bien una diferencia específica de A y B y otra diferencia específica de C y D . De este modo. Si la cualidad no fuera una relación. no podría tener conexión especial con la diferen cia de A y B que de­ bería hacer distinguible de la diferencia pura. y de este m odo nos vem os llevados a un proceso infinito. y no diferencia en este o aquel respecto. debem os suponer que no se pueden realizar distinciones entre los diferentes casos. sino que deben existir diferentes cualidades asociadas en ellos. 55. E ste punto de v is ta es com binación de otros dos. m ientras que la segunda sostiene que cuando dos térm inos difieren tienen. la cualidad debe hallarse intrínsecam ente asociada con los térm inos. en correspondencia con este hecho. diferen cia y diferencia es­ pecífica. C ontra la noción de las diferencias específicas debe deoirse que si las diferencias difieren. Veam os lo que se puede decir en favo r y en co n tra de ellos.80 B ERTRAND RUSSELL E l verbo. aunque no puedo dar una explicación clara de la natu raleza precisa de esa distinción. que se afirm an respectivam ente en las proposiciones lA difiere de Bd V «C difiero do £>*. esta ú ltim a válid a p a ra cualquier otro p ar de térm inos. Y en prim er lugar debo señalar que en «A difiero de B » trataré de consi­ derar la diferencia num érica pura en virtu d do la cual son dos. adem ás de la diferencia. y por lo ta n to es distinguible del verbo considerado com o té r­ mino. Por o tra parte. y si falla en esto resulta carente de im portancia. E n lo que respecta a la relación de diferencia en sí m ism a. que los casos com parten la n atu raleza do la diferencia. deberíam os sostener que cu a l­ quier par de térm inos tiene dos relaciones. Pero desde que los casos se distinguen por sus térm inos. bueno será referirse con m ás am p litu d al mismo. cuando se usa com o verbo. Com o este punto es vita l en la teoría de las relaciones. L o s que ob jetan los'procesos infinitos verán en esto una prue­ ba de que las diferencias no difieren. P uede dudarse acerca de si el concepto general de diferencia figura en la proposición «A difiere de B ». no con la diferencia. P ero en el trab ajo presente se sostiene que no h a y contradicciones peculiares con la noción de infi­ . en frase platónica. tam bién deben diferir sus diferencias respecto a cualquier otra. P ued e sostenerse cualquiera de estos puntos de v ista negando o afirm ando el otro. diferencia so transform a en un con­ cepto-clase del que existen tan tos casos com o pares de térm inos d ife­ rentes. de los que el prim ero sostiene que la relación general a b stra cta de diferencia vale por sí misma entre A y B . única e inanalizable. y podría decirse. y que no guardan entre sí ningún otro par de térm inos. una relación específica de diferencia. si fuese una nueva relación entre A y B .

Por consiguiente. que afirm a la específica. que afirma la diferencia general. P o r consiguiente. el proceso es uno de implicaciones. sus propias dificultades. por lo tanto debe considerársele inofensivo. no form an p a rte del significado de esta proposición. si no existe un p ar de térm inos que pueda ten er la m ism a relación. no reconstru­ yen la proposición «^4 difiere de B ». E ste punto de vista tiene. aun deberían tener algo en común. B . Pues aun cuando la diferencia entre A y B fuera absolutam ente peculiar de A y B . sin duda. aunque se hallan todas im plicadas por la proposición que afirm a la relación original. Y vemos que resu lta vana la te n ta tiv a de evitar la falla del análisis incluyendo en el significado de «A difiero do B» las relaciones de diferencia con A y B.— 6 . aun los tres térm inos A . Y parece ser claro que. a saber: que cuando se establece una relación entre dos térm inos. E s ta te n ­ tativ a conduce en realidad a un proceso infinito del tipo inadm isible. si no existiera una diferencia general entre A y B . y por lo ta n to diferencias diferentes no pueden ser en LOS P R IN C IP IO S DE LA M A T E M A T IC A . del mismo modo que no lo hacían A y B y diferencia.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 81 nito. pero el p u n to de vista de que no existen dos pares de térm inos que puedan tener la misma relación contiene dificultades de carácter propio y falla adem ás al tra tar de resolver las dificultades con cuyo fin fuera creado. y en esta com plejidad con­ tinuam ente creciente se supone que analizam os solam ente el sig n ifi­ cado de nuestra proposición original. la otra. se concluye que no existen d o s'térm inos que puedan ten er cosa alguna en común. tenem os el arg u m en ta derivado del análisis de <u4 difiere de JS». Pero el argum ento anterior no es suficiente p ara dem ostrar que la relación de A a B no puede ser diferencia ab stracta: puede soste­ nerse que. y así sucesivam ente. las relaciones de la relación con los términos y de estas relaciones con la relación y los térm inos. no de análisis. y así ad in fin ilu m . porque deberíam os incluir las relaciones de las dichas relaciones con A y B y diferencia. Pero el modo m ás general según el cual dos térm inos pueden ten er algo en com ún es él da que los dos guarden una relación d a d a con un térm ino dado. esta hipótesis m ediadora sería tam bién imposible. que el análisis no puede conservar y que se pierde aun cuando el a n á ­ lisis la m encione como elem ento en la proposición. como se sugirió al principio. la solución verdadera se halla en considerar to d a proposición como d o tad a de una especie de unidad. Contra la noción de que la relación a b stra c ta de diferencia se halla establecida entre A y B . aunque las diferencias difieran. E ste argum ento establece un punto de una im portancia m uy grande. diferencia de A a B . E n el caso presente. que d a origen a la presente discusión. y que un proceso infinito no puede objetarse a menos de que surja en el análisis del significado actual de una proposición. Debe tenerse en cuenta que la hipótesis que com bina la diferencia general y espe­ cífica debo suponer (pie existen dos proposiciones distintas: la una.

to d a proposición tiene una unidad que la hace d istin ta de la sum a de sus constituyentes. Todo verbo. * (l) E l a rg u m e n to a n te rio r p arece d e m o stra r q u e la te o ría d e los u n i­ versales de Mr.82 BERTRAND RUSSELL sentido definible algunos casos particulares de diferencia (*). a la discusión que surge de la consideración de los adjetivos. 1900-1901) no d eb e ap li­ carse a to d o s los co n cep to s. Debido al modo en que el verbo relaciona realm ente los térm inos de una proposición. Ahora podemos resum ir los puntos principales leucidados en nues­ tra discusión del verbo. En toda proposición debe figurar un verbo y sólo uno. puede transform arse en un sujeto lógico singular de una especie que llamaré en el futuro concepto proposicional. las relaciones no tienen casos p a r­ ticulares. m ientras que las fun­ ciones proposicionales involucran verbos. El verbo. M oore con casos p a rtic u la re s diverso s en su m em o ria sobre la Id e n tid a d (Proceedings of the Aristot-elian Society. y es precisa y num érica­ m ente la misma que la relación afirm ada entre 0 y D en «C difiere de Dt>. sino que son idénticos en todos los casos de su ocurrencia. H abiendo dado una idea general sobre la n aturaleza de los verbos y adjetivos. Todos estos puntos contribuyen a crear problem as lógicos que deberían tratarse com pleta y profundam ente en el tra ta d o de Lógica. . Concluyo. es un concepto que. que la relación afirm ada entre A y B en la proposición *A d i­ fiere de B » es la relación general de diferencia. puede figurar en una proposición sin ser uno de los térm i­ nos de la m ism a. dijim os. en los dos capítulos siguientes. pero toda proposición. L a relación de u n caso p a r tic u la r con su u n iv e r­ sal d ebe ser real y n u m é ric a m e n te la m ism a en to d o s los casos en que figura. pues. sino que son estrictam ente las m ism as en todas las propo­ siciones en que figuran. no presentan casos particulares. pero cuando se halla como nom bre verbal es la relación p u ra considerada independientem ente de los térm inos que relaciona. cuando figura como verbo. Y por las mismas razones debe sostenerse que e sta doctrina es verdadera para toda otra relación. efectivam ente relaciona. aunque puede transform arse tam bién en sujeto lógico. É sta es la razón por la que ha sido necesario tra ta r con tal extensión un tem a que a prim era vista parecería hallarse algo d ista n te de los principios de la M atem ática. en el sentido lógico de la palabra. H ablando im propiam ente. al transform ar su verbo en nom bre verbal. y en el capítulo V II a los tópicos relacionados con los verbos. procederé. las clases se hallan relacionadas con los adjetivos. Los verbos. puede considerarse como relación. como el adjetivo. a diferencia de los adjetivos.

describim os o em pleam os palabras como símbolos de conceptos. al figurar en una proposición. Lo que encontré es una cosa. en virtud de la cual tales conceptos denotan en form a inherente y lógica tales térm inos. Un concepto denota cuando. pero el concepto «cualquier núm ero finito» no es par ni im par. adem ás de ellos no hay otra e n tid ad cual­ quier núm ero que sea par o im par. Pues el hecho de que la descripción sea posible —de que em pleando conceptos seamos capaces de designar una cosa que no es un concepto— . y de la oposición entre cosas e ideas. E stos diferentes desarrollos me parecen equivocados en su m ayor parte. sino a un térm ino conectado de un cierto modo peculiar con dicho concepto. resulta evidente que no puede ser par y que no puede ser im par. Acerca del concepto «cualquier número». m ientras que el hecho fundam ental en el que han tenido origen apenas si se discute en su pureza lógica. como la m ayoría de las nociones de la Lógica. cuando señalam os. no un concepto. pensam iento discursivo y percepción inm ediata. pero no es éste el sentido que deseo discutir. la proposición «cualquier núm ero finito es par o impar» es com pletam ente verdadera. la p ro ­ posición no se refiere a ese concepto. sino que vive en el limbo um broso de los libros de Lógica. con un sastre y una cuenta en el banco o una tab e rn a y una m ujer bebida. La noción de denotar. casi todas las proposiciones que contienen 1* . ha sido oscurecida h asta el presente por una mezcla psicoló­ gica indebida. Igualm ente. E x iste un sentido según el cual nosotros denotam os. se debe a la relación lógica entre algunos conceptos y algunos térm inos.CA PITU LO V D E N O T A R 56. É ste es el sentido de den o tar que querem os tra ta r. la proposición no se refiere a u n hombre: éste es un concepto que no anda por las calles. de la lógica del sujeto-predicado. un hombre real. Si digo «encontré a un hombre». y si existiera. Sólo los núm eros p a rtic u ­ lares son pares o impares. Esta noción — creo— se halla en la base de todas las teorías de la sustancia.

E stas proposiciones nuevas no son idénticas a las anteriores. Veremos que un hombre no es ni concepto ni térm ino. como parece serlo. Así tenem os. a saber: los que son hum anos. A es u n a unidad.. tres tipos de proposiciones que $e ipipücan la u n a a la o tra . «Só- . A es uno. de clases. Si deseamos referirnos al concepto debemos indicar esto en letra cursiva o entre comillas.. A es un hom bre. en el sentido más común. porque dan origen a clases. una proposición referente a hombre sería falsa. ya que pre­ sentan una form a com pletam ente diferente. por lo que si «el hom bre es mortal* fuera. «Sócrates es humano» no es.» E n realidad. La noción de denotar puede obtenerse por una especie de génesis lógica a p a rtir de las proposiciones de sujeto-predicado. es tan esencial como para aclararla en lo posible. la relación expresada por «Só­ crates tiene hum anidad». Toda la teoría de la definición. La gente afir­ ma a m enudo que el hombro es m ortal. en el caso de todo predicado. Pero las dos proposiciones pueden distinguirse claram ente. el 18 de junio de 1 0 . P o r supuesto que en «Sócrates es humano» se im plica una relación con hum anidad. hijo m ayor de M uerte y Vicio'. y que sólo tienen un térm ino del cual se afirma el predicado en cuestión. El hecho es que la proposición se refiere a los hombres. ¡Hombre. Los conceptos que son predicados pueden llam arse tam bién conceptos-clase. del simbolismo y de la variable se halla contenida en la teoría de denotar. de la identidad. E sta noción es fundam ental en Lógica y. Hombre no muere. y no al concepto hombres. y a que este punto de vista haría aparecer a humano como térm ino en «Só­ crates es humano». sino una cierta especie de com ­ binación de ciertos térm inos. de las que parece depender en m ayor o m enor grado. Gladstono Road. A es hum ano. V sin em bargo nos extrañaríam os de hallar en el T im es una noticia como ésta: «Murió en su residencia de Camelot. y esta relación im plica recíprocam ente la proposición de sujete-predicado. Tales proposiciones pueden llamarse proposiciones de sujeto-predicado. a saber. un juicio de relación en tre Sócrates y hum anidad. U pper Tooting. 57. sino a lo que denota este concepto. Son ejemplos: A es. Las proposiciones del tipo sujeto-predicado siem pre im plican y son im pli­ cadas por otras proposiciones del tipo de las que afirm an que un indi­ viduo pertenece a una clase. a pesar de las dificultades que presenta. los ejem plos anteriores son equiva­ lentes a: A es una entidad. Y la rela­ ción de Sócrates a un hombre es m uy diferente a su relación con hu­ m anidad. Por supuesto que debe considerarse que si el p untó de vista anterior es correcto. Así. Comencemos porque ahora es es el único concepto no usado como térm ino. pero lo que es m ortal m orirá. pero nos resultará nece­ sario distinguir en tre las palabras predicado y concepto-clase. y p ara la teoría de clases eá im portante que esto pueda realizarse. Las proposiciones más simples son aquellas en las que figura un predicado en form a d istin ta que como térm ino.84 BERTRAND RUSSELL frase «cualquier número» son falsas.

§ 49. las nociones de «un hom ­ bre» y «algún hombre». Pero la com binación (') Com p. m ientras que la clase. L a relación que figura en el segundo tipo — Sócrates tiene hum anidad— se halla com pletam ente caracterizad a por el hecho de que im plica y se halla im p licad a por una proposición con sólo un térm ino y en la que el otro térm in o de la relación se ha transform ado en predicado. y debe realizarse un esfuerzo para efectuar un a n á ­ lisis de todas las nociones anteriores. Com enzando. U nido a todo predicado existe una gran variedad de con­ ceptos estrecham ente ligados. que es im portante distinguir en todo lo que tienen de distintos. de los cuales todos son dobles excepto el prim ero. U na clase es cierta com b i­ nación de térm inos. L a prim era contiene un térm ino y un predicado. 58. del correspondiente al predicado. tenem os hombre. y ta m b ié n los casos d e am b ig ü e d a d . porque figuran en el tipo m ás sim ple de proposición. de m ayor com plejidad que sus constituyentes. E x iste n dos proposiciones rela cio n a d as e x p re sa d a s p o r las m ism as p a la b ra s. menos estrecham ente relacionados. si en algo. y la tercera contiene un térm ino. E l concepto-clase difiere en poco. a m en o s de qu e se in d iq u e lo co n tra rio con un g uión o alg ú n o tro m edio. y los térm inos cu ya com binación form a la clase se hallan determ inados por el concepto-clasel En cierto sentido. la segunda dos térm inos y una relación (siendo el segundo térm ino idéntico al predicado do la prim era proposición) (*). p a ra c u b rir ta n to el sin g u la r com o el p lu ral. los predicados Bon el tipo m ás sim ple de conceptos. todo hombre. E ste vasto ap arato relacionado con todo predicado debe tenerse en cuenta. tenem os tam bién. es un tem a sobre el que m ucho han dicho los que escriben sobre L ógica. L a co n sid eració n a n te rio r se a p lica a la p rim e ra . siem p re nos re fe ri­ rem os a la ú ltim a . un concepto-clase se h alla estrecham ente rela­ cionado con un predicado. una relación. la ú ltim a indica la relación de S ócrates con el co n cep to -clase hombre. por ejemplo. (*) U saré la p a la b ra objeto en u n se n tid o m ás amplito q u e término.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 85 orates es humano*. i1) . Com p. Pero por el m om ento debemos referirnos a la propiedad de denotar m ás bien que a los diferentes conceptos que denotan. tales com o «un hom bre*. que denota tam bién objetos (3) distintos a sí mismos. todos los hombres. con hum ano . un concepto que denota y un objeto denotado. E l hecho de q u e p u e d a id earse u n a p a la b ra con un sen tid o m á s am plio que término d a origen a g rav es p ro b lem as lógioos. es la sum a o conjunción de todos los térm inos que tienen el predicado dado. § 47. en oposición al concepto-clase. pero en ad e la n te . L a p rim e ra in d ic a la id e n tid a d de S ó crates con u n in d iv i­ duo. y lo que llam aré una disyunción (térm ino que será exp licad o brevem ente) (2). a sa b er: «Sócrates es un-hom bre» y «Sócrates es-u n hom bre*. la raza hum ana. L a com binación de conceptos para fQrmar nuevos conceptos. «Sócrates tiene humanidad» y «Sócrates es un hombre». cualquier hombre. hombres.

pues ésta se halla en posición d istin ta a la de las dem ás. (*) S obre el a rtíc u lo indefinido. distinguir un concepto-clase de un predicado: llam aré a hum ano predicado y a hombre concepto-clase. p ara el que no existen proposiciones de la form a anterior. Debe tenerse en cuenta que cuando u no es un concepto-clase. P a ra corrección del razonam iento es necesario que estas palabras se distingan en form a clara la una de la otra. E sto nos perm ite distinguir un concepto-clase que pertenezca a la clase vacía. « A bstrahiren u n d V ergleichen». pero esto se halla erizado de dificultades. no nos hallamos an to una proposición falsa. cualquier. de un térm ino que no es en absoluto concepto-clase. 63.86 BERTRAND RUSSELL de té rm inos para form ar lo que por analogía podría llam arse complejo de térm inos ea un tem a sobre el que los lógicos nos dan la información más escasa posible. algún y el. y se halla ligada a lim itaciones de las que las otras están exentas. Seis palabras que se presentan constantem ente en la vida diaria son tam bién caracte­ rísticas de la M atem ática: éstas son las palabras todos. L a característica de un concepto-clase. Aquí será conveniente om itir en un principio la p alab ra el. el tem a es de im portancia vital para la filosofía de la M atem ática. vol. todo. Será conveniente. . porque u tiene una variabilidad restringida para que la fórm ula siga siendo propo­ sición. sino que no estam os en absoluto fronte a una proposición. distinguiéndolo do los térm inos en general. p ág . en Zeitschrift für Psychologie und Physiologie der Sinnesorgane. Comencemos por dejar establecida la notoria evidencia de que una frase que contenga una de las seis palabras anteriores siempre denota. A hora podem os decir que u n a frase que d en o ta siem pre con­ siste en un concepto-clase precedido por una de las seis palabras anteriores o algún sinónim o de u n a de ellas. E l problem a con el que nos enfrentam os en prim er lugar en la consideración de denotar es el siguiente: ¿Existe un modo de denotar seis tipos diferentes de objetos. el objeto denotado es el m ism o en todos los seis casos o difiere del mismo modo en que lo hace la form a de denotarlo? P a ra poder responder a esta p reg u n ta sería necesario explicar en pri­ m er lugar las diferencias entre las seis palabras que se están consi­ derando. un. y casi está com pletam ente dejado de lado por los lógicos í1). o son diferentes los m odos de denotar? ¿Y en el últim o caso. cualquiera sea el valor que demos a x. M einong fo rm u la a lg u n a s co n sid era­ ciones in te re sa n te s. X X IV . aunque quizá la distinción sea solam ente ver­ bal. Tam bién aclara que un conceptoclase no es un térm ino en la proposición <tr es un u». Sin em bargo. ya que tan to la natu raleza del núm ero como la de la variable giran en torno a ese punto. para la presente discusión. es la de que «x es un u » es una función proporcio­ nal cuando y sólo cuando u es un concepto-clase. 59. para la que to d a las proposiciones de la form a anterior son falsas.

E l dos es u n a com binación genuina de J u a n y Pedro. y a que la proposición en que figura es equivalente a una conjunción de proposiciones. (D ebe tenerse en cuenta que la conjun­ ción de proposiciones que estam os considerando es de un tipo diferente al de cualquiera de las com binaciones que estam os considerando. Las proposiciones se com binan en su cualidad de proposiciones. no como térm inos. es característico de las clases. a cada uno de ellos. los que son dos. 4) si era uno de los p re­ tendientes de Lidia. la com binación indicada aquí con el y no es la misma que en el prim er caso. .) La tercera proposición d a el tipo de conjunción por m edio del cual se define cualquiera. A m bas son necesarias p a r a e v ita r circunlocuciones. P a ra distinguirlas. no es el todo com puesto por J u a n y Pedro el que es dos. Aunque estas proposiciones com prenden sola­ m ente dos formas de palabras. es posible om itir com pleta­ m ente el concepto-clase. la d istin ció n de todos y todo es ta m b ié n u n a su tilez a de le n g u aje . no es idéntica. Si consideram os en prim er lugar este caso podrem os aislar una parte de nuestro problem a. lo que se afirm a es verdadero p a ra Ju a n y Pedro separadam ente. la proposición es equivalente. cualquier. porque da origen al núm ero. R especto a esta noción existe cierta dificultad. creo. llam arem os a la prim era conjun­ ción numérica. era un enam orado muy ardiente. algunas de las cuales son m uy sutiles. (') I n te n to d istin g u ir e n tre u n y algún de u n m odo no g a ra n tiz a d o por el len g u aje. pueden aclararse con las siguientes consideraciones. sin em bargo. En la prim era proposición es J u a n y Pedro. porque éste es sólo uno. por ejemplo: Ju an y Pedro. como verem os en el capítulo siguiente. E n la segunda proposición por el contrario. según sea el caso.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 87 En los casos en que la clase definida por un concepto-clase tiene solam ente un núm ero finito de térm inos. 2 ) Ju a n y Pedro cortejan a Lidia. un y algún (') se hallan respectivam ente com prendidos en las cinco pro­ posiciones siguientes: 1 ) Ju a n y Pedro son dos de los pretendientes de Lidia. a «Juan hace la corte a L idia y Pedro hace la corte a Lidia». es decir. 3) si encontraste a Ju a n o a Pedro. el que se refería a todos ellos colectiva­ mente. tipo de com binación qué. todo. sien­ do en realidad del tipo llam ado producto lógico. e indicar los varios objetos denotados enu­ m erando los térm inos y ligándolos por medio de y u o. sostengo que se hallan com prendidas cinco combinaciones diferentes. lo que no es verdadero p a ra cada uno por separado. Los objetos denotados por todos. D e este modo. 5) L idia se casará con J u a n o con Pedro. Comencemos considerando solam ente dos térm inos. aunque. m ientras que éste se refiere a todos distributivam ente. J u a n y Pedro y J u a n o Pedro. y a la segunda conjunción proposicional. tenía que ser Ju a n o Pedro. aunque la falta de sutileza en el lenguaje haga difícil cap tar la diferencia entre objetos indicados por la m ism a forma de palabras. Las dis­ tinciones.

y la disyunción d en o ta a uno entre los dos. L a prim er form a de disyunción se halla dada por 4): ésta es la form a que denotaré con un enam orado. fue Pedro. encontrarás a un enam orado m uy ardiente». y «si encuen­ tras a Pedro. La com binación do J u a n y Pedro indicada aquí es la m ism a que la señalada por uno u otro de ellos. Lo llam aré conjunción variable.». la proposición no es posible de afirm ación ni como conjunción ni como disyunción de p ro ­ posiciones. es decir. L a prim era ap o rta m uchos térm inos. Sean a y b dos proposiciones diferentes. excepto en una form a m uy rebuscada: «si no fue J u a n . E ntonces la disyunción *a o ó» im plica c. y si no Pedro.» Se casará con alguno de los dos. A hora bien. Aquí. encontrarás un enam orado m uy ardiente». y sin em bargo denota uno u otro de ellos. Difiere de una disyunción por el hecho de que implica y se halla im plicada por una afirmación concerniente a ambos. esta form a de disyunción denota un térm ino variable. aunque puede denotar a cualquiera de ellos. Finalm ente. etc. la segunda form a de disyunción se halla d ad a por ñ). Debe tenerse en cuenta que estas cinco combinaciones no apo rtan ni térm inos ni conceptos. pero en algunos casos más <om plicados falla esta implicación m utua. cada una de las cuales im plica u n a tercera proposición c. É sta es la que llam aré disyunción constante. Supongam os entonces que tenem os «si encuen­ tras a Ju a n . y a que aquí o so halla denotado J u a n o se halla denotado Pedro. diferente al indicado por ambos. en realidad. sino sola y estrictam en te com binaciones de térm inos. Es decir. no denota ese térm ino. El m étodo de combinación es. a pesar de que tenga que ser J u a n o Pedro. a saber: «Lidia se casará con Ju a n o se casará con Pedro. P or esto. form a que rápidam ente resulta intolerable cuando el núm ero de térm inos sobrepasa a dos. sea que nos fijemos en uno cualquiera de esos térm inos. fue Juan». no es verdadero que deba ser Ju a n .88 BERTRAND RUSSELL pues parece ser a inedias conjunción y disyunción. la proposi­ ción no es equivalente a la disyunción de proposiciones «debe haber sido J u a n o debe haber sido Pedro». y tam poco que deba serlo Pedro. y llega a ser teóricam ente inadm isible cuandó el núm ero de térm inos es in ­ finito. y esto lo consideram os como equiva­ lente a «si encuentras a Ju a n o a Pedro. Do aquí inferimos: «si encuentras a J u a n o si encuentras a Pedro. pero la alte rn a tiv a es indecisa. entonces existe una com binación de los dos sujetos a la cual pueda aplicarse el p re­ dicado dado de modo que la proposición resu ltan te sea equivalente a la disyunción «a o 6». De hecho. m ientras que las dem ás ( . las cinco com binaciones son distintas. y se distingue igualm ente de las dos forméis de disyunción. E n consecuencia. De este modo. E sta noción se explicará del modo siguiente. De acuerdo con ello llam aré a esta form a disyunción variable. sean a y b proposiciones que asignan el mismo predicado a dos sujetos diferentes. n uestra proposición es ahora equivalente a u n a disyunción de propo­ siciones. encontrarás a un enam orado m uy ardiente».

E sto es. por el contrario. es decir. y a que existirán m uchos pares de puntos entre los cuales no se hallará. pero no será verdadero p ara cualquier punto particular que se halle situado entre cualquier punto y cualqu ier otro punto. A dem ás cualquier a denota un a variable. m ientras que «un m om ento precede a cualquier . cualquiera sea el a p a rtic u ­ lar a que nos refiram os. que denota los térm inos de a tom ados todos en conjunto. El concepto todos los a es un concepto singular p erfectam en te definido. L os térm i­ nos así tom ados tienen un número. com o una propiedad del concepto-clase. «algún m om en­ to no sigue a cualquier momento». Cualquier a sólo denota un a. y a que nos perm ite tra b a ja r con colecciones infinitas. por lo menos si los térm inos com binados form an una clase. que no es ni unidad ni pluralidad. si así se quiere. É sta den ota sólo un térm ino de una clase a. F inalm ente queda por considerar algún a. Las com binaciones son com binaciones de térm inos llevad as a cabo sin el uso de relaciones. A sí. es cierto que cualquier a no den ota este a. P or el m om ento quiero exam inar el significado de frases tales como todos ¡os a. Todo a. un punto se halla situado entre cualqu ier punto y cualquier otro punto. separadam ente en vez de co lectivam en te.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 89 aportan algo absolutam ente peculiar. significará que existió un prim er m omento en el tiem po. una proposición válid a p ara un a puede ser falsa p ara cualquier a particular. De este modo puede darse una colección de térm inos sin necesidad de enum erarlos. com o verem os en la p arte V . un concepto perfectam en te definido. sino que se definen com o térm inos de una cierta clase. todo a. los denota de modo diferente. P a ra exp licar esto repi­ tamos nuestras distinciones en un caso en que no se enum eran los térm inos que deben com binarse. P o r el m om ento dejaré inde­ term inado el problem a de si puede darse una colección en form a dis­ tin ta que por enum eración o por concepto-clase. P o r ejem plo. CO. y a que se halla d e­ term inado para cualquier concepto-clase dado. C orrespondientem ente a cada com binación existe. aunque aun den ota todos los a. un a y algún a. pero el térm ino que den ota puede ser cualquier*térm ino de la clase. pero es com pletam ente independiente del a que denota. y adem ás cualquier proposición verdad era para cualquier a lo es para este a particular. Cuando se da un concepto-clase a. el que puede considerarse. que denota los varios térm inos de la com binación com binados de modo específico. Un a denota una disyunción variable: es decir. la disyunción constante. Pero la posibilidad de dar una colección por un concepto-clase es sum am ente im portante. se halla definido cuando se da a. de m odo que no es reductible a una disyunción de p ropo­ siciones. y lo que se dice puede ser igualm ente verdadero cualquiera sea ese a. cualquier a. que puede decirse si cualquier térm ino que se propon ga p e r­ tenece o no a la clase. Todos los a denota una conjunción num érica. debe tenerse en cuenta que tam bién se flan los diferentes térm inos que pertenecen a la clase. es decir.

así como en todos los a no debíam os to m ar ninguno en particular.. 5) A lg ú n a denota a. a saber. donde o tiene el significado de que es indiferente cuál tom em os. que todo m o­ m ento tiene precedentes. u n y algún. . y denota a2 y . 5) U n a pertenece a un 6 . a n. a 3. 2) Cualquier a pertenece a un b\ es decir. Como la n atu raleza y propiedades de los diferentes modos de com ­ binar térm inos son de im p ortancia v ita l p ara los principios de la M a­ tem ática. podemos ilustrar estas diferentes no­ ciones del modo siguiente: 1 ) Todos los a denotan a . 3) Cualquier a pertenece a algún b. o a n. . donde no es indiferente cuál tomemos. y a n. a n. la clase a se halla con­ tenida en cualquier clase que contenga todos los 6 .. existe una clase perteneciente a 6 en que se halla contenida la clase o. existe un a que pertenece a la p a rte com ún de todos los b. . E sto es equivalente a «algún (o un) a pertenece a algún 6». será conveniente ilu strar esas propiedades con los siguientes ejem plos im portantes. y b una clase de clases. 0 0 . 2 ) Todo a denota a.. donde o tiene el significado do que no debe tom arse ningún a particular.casos que tienen lugar aquí. а) Sea a una clase.. es decir. E n este caso todos y todo no aportan nada nuevo. m ientras que antes lo único que se decía era que todo a pertenecía a un 6. ¡3) P a ra m ostrar la generalidad del tipo de relaciones aquí con­ sideradas resu lta instructivo com parar el caso anterior con el siguiente.los siguientes: 1) C ualquier a pertenece a cualqu ier clase que pertenezca a 6. es decir. 3) C ualquier a denota 0 . L o s seis casos son.. 4) U n a denota a. o denota a D. existe un b que tiene u n a p arte en com ún con a. en otras palabras.. debe tom arse algún a particular. y a diferentes podían pertenecer a b diferentes. E ntonces obtendrem os en to tal seis relaciones posibles de a a 6 con las diferentes com bina­ ciones de cualquier. y denota a n. o se halla contenida en la sum a lógica de todos los b.. 0 . la clase a se halla totalm en te conten id a en la parte común o producto lógico de las diferentes clases que pertenecen a b. por el contrario. б ) Algún a pertenece a cualquier 6 . sean ellos au a. o n2 o. 61. E n el caso de una clase a que tiene un núm ero finito de té r­ minos... La diferen­ cia entre este caso y el segundo surge del hecho de que existe un b al cual pertenece todo a. o a y todos los b tienen una p a rte común. o denota a o. É stos son los. 4) U n a pertenece a cualquier 6 .90 BERTRAND RUSSELL momento» significa exactam ente lo opuesto. es decir.. es decir. y a 2 y . sino que.. cualquiera que sea el b que tom em os. tiene u n a p a rte com ún con a.

No debe confundirse este caso con 2 ). es decir. existe un a que es m enor que todos los b. su sum a lógica consiste en todos los térm inos que p erten e­ cen a cualquier a. 4) C ualquier térm ino de algún (o un) a pertenece a todo 6 . es decir. es decir. m ientras que aquí es constante. 6 ) Algún a es m enor que cualquier 6 . Sean a y b dos clases de clases. existe un a que es m enor que él. como era n a tu ra l. es decir. es decir.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 91 Sean a. o existe un térm ino de b que es m ayor que todos los a. en que el a era variable. cualquiera sea el b que tom em os. 5) Un o es m enor que un 6 . 2 ) Cualquier a es m enor que un b. 5) Cualquier térm ino de algún (o un) a pertenece a un 6 . entonces surgen seis casos precisam ente análogos: 1 ) Cualquier o es m enor que cualquier b. es decir. es decir. Pero en otros casos en que la M atem ática no ha ejercido su influjo. 3) Cualquier térm ino de cualquier a pertenece a algún 6 . la serie a está contenida entre núm eros menores que todo b. 3) Cualquier a es m enor que algún b. no han investigado la naturaleza lógica de las nociones disyuntivas que em pleaban. la distinción ha sido dejada de lado. y los m atem áticos. la sum a lógica de a se halla contenida en la sum a lógica de b. a la p a rte com ún de todos los a. 6 ) Cualquier térm ino de algún (o un) a pertenece a algún b . y) P resentaré otro caso que tiene relación con la diferencia entre cualquier y todo. existe un b que es m ayor. existe un a que se halla contenido en la sum a de b. es decir. Tenem os entonces los casos siguientes: 1) C ualquier térm ino de cualquier a pertenece a todo 6 . es decir. existe un b que contiene una clase que pertenece a a. E sto no se hallaba im plicado en 4). cualquiera sea el a que to ­ memos. . Serán útiles los siguientes térm inos técnicos. es decir. entonces surgen entre ellas veinte rela­ ciones diferentes de diferentes combinaciones de los térm inos de sus términos. o. Si a es u n a clase de clases. En este caso. o. la M atem ática real ha forzado la distinción entre la disyunción variable y la constante. m ientras que su producto lógico consiste en todos los térm inos que pertenecen a todo a. es decir. b dos series de núm eros reales. existe un b que contiene la sum a lógica de a. que no se ha puesto de relieve en los casos anteriores. existe un a que está contenido en el producto de b. es posible en co n trar un a y un 6 tales que a es m enor que b. No se deduce que algún térm ino de la serie b es m ayor que todos los a. 2 ) C ualquier térm ino de cualquier a pertenece a un 6 . E sto niega sim plem ente que cual­ quier a sea m ayor que cualquier b. todos los térm inos tales que existe un a al que pertenecen. 4) Un a es m enor que cualquier b. o la serie a se halla contenida entre números menores que un térm ino (variable) de la serie b. la sum a lógica de a se halla contenida en el producto lógico de b.

Sin em bargo existen muchos problem as difíciles relacionados con el tem a. cualquier clase de a tiene una parte com ún con la sum a lógica de b. cualquier a tiene una p a rte común con el producto lógico de b.. es decir. e producto lógico de a está contenido en la sum a lógica de b. Pero . P arecería. es decir. es decir. exista o no diferentes m odos de denotar. cualquier clase de a y cualquier clase de b tienen una parte común. de acuerdo con la discusión anterior. es decir. 16) Un (o algún) térm ino de todo a pertenece a todo 6 . el producto lógico de a se halla contenido en el producto lógico do b. existe algún térm ino de a con el que cualquier b tiene una parte común. 10) Un térm ino de un a pertenece a todo 6 . es decir. o concernientes a cualquier y todo. son evidentem ente distintos. puede encontrarse un a con el que tenga una parte común. cualquier b tiene una p arte com ún con el producto lógico de a. todo hombre. parece ser un objeto bien determ inado. etc. aunque a m enudo pue­ den suceder que ex ista una im plicación m utu a (que no siempre ha sido establecida) de proposiciones correspondientes concernientes a algún y u n . Todos los hombrea. sin em bargo en otros casos no se presen ta esa im plicación m utua. los objetos denotados por lodos los hombres. 15) Cualquier térm ino de todo a pertenece a algún 6. existe un térm ino de b en el que está contenido el producto lógico de a. es decir. 1 1 ) Un térm ino de un a pertenece a cualquier 6 . especialmente en lo que se refiere a la ndturaleza de los objetos denotados. que. Por lo ta n to parece legítim o decir que to d a la diferencia se halla en los obje­ tos. 13) C ualquier térm ino de todo a pertenece a todo b\ es decir.92 BERTRAND RUSSELL 7) U n térm ino de cualquier a pertenece a cualquier 6 . 17) Un (o algún) térm ino de todo a pertenece a un b. Los ejem plos anteriores m uestran que. 9) U n térm ino de cualquier a pertenece a algún 6. Así que las cinco no­ ciones d iscutidas en el capítulo presente son genuinam ente distin­ tas. el producto lógico de a y la sunfa lógica de b tienen u n a parte común. la suma lógica de a y el producto lógico de b tienen una p a rte común. 1 2 ) Un térm ino de un a pertenece a un es decir. es decir. es decir. 11) Cualquier térm ino de todo a pertenece a un b\ es decir. 18) Algún térm ino de cualquier a pertenece a todo b\ es decir. 19) Un térm ino de algún a pertenece a cualquier b\ es decir. las sumas lógicas de a y de b tienen una p a rte común. dado cualquier b. y el confundirlas puede p rovocar errores perfectam ente de­ finidos. aunque gram aticalm ente ee plural. que identificaré con la clase de los hom bres. es decir. 62. y que d en o tar es el mismo en todos los casos. existe un b con el que cualquier a tiene u n a p arte com ún. 8) U n térm ino de cualquier a pertenece a un 6. los productos lógicos de a y 6 tienen una p a rte común. 20) U n térm ino de todo a pertenece a cualquier 6.

y lo que se denota esencialm ente no es cada hom bre por separado. pero que se halla caracterizado como un conjunto de térm inos com binados de un cierto m odo.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 93 en otros casos la cuestión no es tan simple: podem os dudar acerca de si un ob jeto am biguo se halla denotado en form a no am bigu a. Q ueda por discutir la noción de el. y es con este o b jeto tan p aradójico con el que se hallan relacionadas las proposiciones en que el concepto co­ rrespondiente se usa p ara denotar. Se debe a esta noción £¡1 que la M atem ática puede dar definiciones de térm inos que no son . en singular. E sta noción ha sido re­ saltada sim bólicam ente por Peano. y así sucesivam ente (sobreenten­ diendo en el instante jtresente). en cierto sen­ tido. De este modo. el acontecim iento concreto que ha tenido lugar no se halla afirm ado en la proposición. Considerem os nuevam ente la proposición: «Encontré un hombre. todo hombre. y en tales casos existe un m étodo para denotar un térm ino singular tdefinido por m edio de un concepto. cualquier y un.: toda proposición en la que se presenta algún hombre se halla siem pre rela­ cionada con toda la procesión de seres hum anos de todas las edades. H a b la ­ mos de el rey. que lo que he encontrado es un hombre no am biguo perfectam en te definido: en el lenguaje técnico que adoptam os aquí la proposición se halla expresada por: «Encontré algún hombre. pero aquí se la discutirá filosóficamente. o si un objeto definido se halla denotado en form a am bigua. sería diferente el sentido de mi p rop osi­ ción. y no se halla denotado especialm ente por algún hombre. debe ser un objeto.» Pero el hom bre real que he encontrado no form a p arte de la proposición en cuestión. con grandes ventajas p a ra su cálculo. que. etc. (53. se em plea correctam ente sólo en rela­ ción con un concepto-clase del que ex ista solam ente un caso. aunque el individuo en cuestión se halle tan denotado como antes. mi proposición cam bia. no dado por ninguna de las cinco palabras restantes. cualquier hombre. L a p alab ra el. tan to un algo definido. un hombre o algún hombre. sino una especie de com binación de todos los hombres. por lo.» E s m u y cierto. que tiene por ello la im portancia filosófica m ás alta. y se halla im plicado por la proposición. E sto prueba que no debe considerarse a algún hombre com o de­ notando realm ente a Juan y denotando realm ente a Pedro. para expresarlo en un lenguaje más intensivo: si su stitu yo hombre por cualquiera de los dem ás conceptos-clase aplicables al in ­ dividuo con el que tu ve el honor de encontrarm e. diferente en cada uno de los cinco casos. E sto es más evidente en el caso de todo. El uso de la identidad y de la teoría de la definición dependen de esta noción. cuyo algo se halla denotado por todos los hombres. L o que se afirm a es sim plem ente que tu vo lugar alguno de una clase de acon tecim ientos concretos. 0 . T o d a la raza hum ana se halla com prendida en mi aserción: si cualquier hombro de los que han existid o o existirán no hubiera existido o no fuera a existir. E x iste . el prim er m inistro.

a resolver algunos problem as m uy serios. y a que para nuestras deducciones sólo nos interesan los conceptos. sino sim plem ente simbólica. siem pre que no hayam os adoptado un sistem a en el que dicho térm ino sea uno de nuestros indefinibles. sino sim plem ente que se tra b a je con el objeto denotado por la definición. ya que cuando se la afirm a ver­ daderam ente sólo tenem os un térm ino. porque ¿respecto a qué resulta idéntico? Sin em bargo la identidad debe ser algo. según creo. teóricam ente. llega a ser com pletam ente innecesario para el razonam iento recordar el objeto realm ente definido. en el desarro­ llo de un tem a. P orque. y decir que todos los térm inos son idénticos en algún sentido cuando guardan una relación dada con un térm ino dado. teóricam ente. desconcertante para la m ente simbólica. La razón por la cual éste parece ser el caso es la de que. Todo térm ino es el único caso de algún con­ cepto-clase. Siempre debe éx istir un referen­ . que las definiciones. y aun de si es siquiera un concepto. y uno no lo puede ser. la identidad no puede ser u n a relación. De este modo debe adm itirse la identidad y 1^ dificultad respecto a los dos térm inos de una relación debe encararse con una negativa com pleta respecto a 1a. es susceptible de definición. E n el instante del descubrim iento se ve que la definición es verdadera porque el objeto a definirse ya se hallaba en nuestro pensam iento. ta n pronto como se encuentra la definición. es difícil de resolver. podría decirse. # La conexión de d en o tar con la n atu raleza de identidad es im portante y ayuda. pero como p arte de nuestro razonam iento no es verdadera. necesidad de dos térm inos diferentes. m ientras que. independientes respecto del razonam iento e insertadas sola­ m ente con fines de conveniencia práctica. Y puede objetarse que la identidad en realidad no puede ser n a d a en absoluto: dos térm inos no pueden ser absoluta­ m ente idénticos. requieran siem pre una gran cantidad de razonam iento. o que exista u n a identidad e stric ta entre los dos casos de la relación d ada o que los dos casos tengan identidad en el sentido de guardar una relación d ad a con un sentido dado. porque lo que el razonam iento exige no es que se trab ajo con este objeto. E sto parece hallarse explicado por la teoría de denotar. no sean sino m eras afirmaciones de ab rev iatu ras sim ­ bólicas. y por lo ta n to todo térm ino. m ientras que una relación re ­ quiere dos té rm inos. Un objeto puede presentarse a la m ente sin que conozca objeto alguno del cual dicho objeto pueda ser el caso particular. E s una parad o ja cu­ riosa. Pero en este caso debemos exigir.y4 BERTRAND RUSSELL conceptos — posibilidad que ilustra la diferencia en tre definición m a­ tem ática y filosófica— . Podem os in te n ta r llevar la iden tid ad desde los térm inos a las relaciones. fi4. y a m enudo encierren algunas de las conquistas m ás im portantes del Análisis. y el descubrim iento de un tal concepto no es un sim ple progreso de notación. La cuestión de si la identidad es o no una relación. pero este últim o punto de vista conduce a un proceso infinito del tipo legítimo.

pero cuando so introducen conceptos que denotan. A cerca de los significados de es. ca p . n o ta ). la aserción de su identidad consigo mismo es perfectam ente fútil. cu a n d o ex iste. p á ­ gina 54. T en em o s 1) el se n tid o en el que afirm a ol ser. «Cualquier núm ero es par o impar» es una proposición p erfectam ente natural. como regla. o de los dos conceptos que deno­ tan entre sí. Form al Logic. in f. en re a lid a d u n a relación ta l qu e. el. 49 y 50. se ve de inm ediato que la identidad tiene sentido. (Para los fines de la discusión ignoro el hecho de que los E duardos formen una clase. la proposición no se refiere al concepto. un. pero éstas no son las proposiciones naturales que se form ulan al em plear los conceptos. com o en la p ropo­ sición «el P ap a actual es el últim o sob reviviente de su generación». aunque no form alm ente. en t A os hum ano». un nom bre propio. 4) el se n tid o de t A es un-h o m b re» (C om p. form ado por el conjunto de las dos palabras. algún. E sto puede apreciarse por el hecho de que las proposiciones en las que figuran tales conceptos son falsas en general respecto a los conceptos mismos. sino a un objeto m uy diferente de éste. co m p . y donde se afir­ ma la identidad. 3) el se n tid o de p red icación. que en general no es concepto en absoluto. 65 . sino que establece la identidad pura (2). la razón por la que se puede hacer esta aserción es la de que en un caso figura el térm ino real. cualquier. E s dudoso q u e e x ista n o tro s significados que no so m e h a y a n o cu rrid o . Si decim os «Eduar­ do V I I es el rey». Resum iendo. (*) La p a la b ra es re su lta te rrib le m e n te am b ig u a. págs. . IX . Pero el es que figura en tales proposiciones no establece por sí mismo esta relación adicional. 2) el se n tid o de id e n tid a d . y do que los E duardos V I I formen una clase que tiene solam ente un térm ino. y se re q u ie re g ran cuidado p a ra no c o n fu n d ir sus significados d iferen tes. P or supuesto que en este caso se halla com prendida. E duardo V I I es prácticam ente. una relación del concepto de denotar con el térm ino.) A m enudo figuran dos conceptos que denotan. Do M organ. com o «ser b ueno es ser feliz». com o en t A es». Pero surge el problem a: ¿Por qué es conveniente afirm ar la iden­ tidad 1 L a respuesta se halla en la teoría de denotar. A dem ás de ésto s ex iste n usos m enos com unes. pero no tienen por qué ser distintos. Cuando en una proposición figura un conceptoclase precedido por una de las seis palabras todos. § 95. m ientras que en el otro tom a su lugar un concepto que lo denota. todo.. no sucede así (1). Cuando se da un térm ino. y nunca se lleva a cabo fuera de los libros de lógica. d o n d e se q u iere significar u n a relación de aserciones. y no se m enciona el térm ino mismo. v. que es m u y p are cid o a la id e n tid a d . m ientras que «Cualquier número es una con­ (*) A cerca de las relaciones de té rm in o s con sí m ism os. A l mismo tiem po es posible conside­ rar y form ular proposiciones respecto a los conceptos mismos. sino un térm ino o com plejo de térm inos. da origen a la im p licació n fo rm al.LOS PRINCIPIOS DE LA MATEMÁTICA 95 te y un relato. aunque no afirm ada. afirm am os una identidad.

aunque no su significado. Desde aquí podem os continu ar con la discusión de las clases. se halló tam bién que el uso real de identid ad . si­ guiendo allí el desarrollo de los tem as relacionados con los adjetivos. y que es la n a tu ra leza del objeto de­ notado y del concepto que den ota el que distingue los casos. no ha sido discutido. D ecim os que den otar es una relación p erfectam en te defi­ nida. depende de este m odo de denotar un térm ino singu­ lar. así com o tam bién para la posibilidad de determ inar u nívocam ente un térm ino por medio de conceptos.90 BERTRAND RUSSELL junción variable». D iscu ti­ mos con cierta am plitud la n atu raleza y las diferencias de los objetos denotados en los cinco casos en que estos objetos son com binaciones de térm inos. la m ism a en los seis casos. E n una discusión com pleta sería tam bién necesario dis­ cutir los conceptos que denotan: el significado real do tales conceptos. en oposición a la n atu raleza de los objetos que ellos denotan. . F in alm en te discutim os el. es una proposición que sólo se puede form ular en una discusión lógica. E n tales casos decim os que el concepto en cues­ tión denota. y dem ostram os que esta noción es esencial p ara lo que la M atem ática llam a definición. Pero no sé si se podría decir algo m ás sobre esto tem a.

h asta cierto punto. G eneralm ente. y es en ellas donde la L ó gica sim bólica tiene sus lares. dice rotun dam en te que la L ó gica sim bólica sólo puede cons­ truirse basándose en la extensión (1). se requieren un cuidado y diligencia m áxim os para poder encarar la contradicción que se tra ta rá en el capítulo X . P R IN C IP IO S DE LA H A T E M X T IC A . nuestra clase se h allará defi(') Los L a Logique de L eibniz. los filósofos han considerado al últim o como dotado de m ayor im p ortan ­ cia. m ientras que se considera que la M atem ática tra b a ja especial­ m ente con el prim ero.---. si tom am os extensión pura. a distinguir dos pinitos básicos: el de extensión y el de intensión. en su adm irable trab ajo sobre L eibniz. en realidad. P or otra p arte. M. E x p lic a r claram ente lo que se entiende por clase. 1901. es uno de los problem as más difíciles e im portantes de la F ilosofía m a­ tem ática. in evitab le. y no sean predicados o conceptos. Paría. y si sólo existieran estos dos puntos do vista . E n consecuencia. porque esto traería aparejado un círculo vicioso. pág. P or supuesto que no podem os in ten tar una definición intensional de clase como la clase de los predicados que se unen a los térm inos en cuestión y a ningún otro. Se acostu m bra.^ . su afirm ación se hallaría justificad a. por lo que el punto de v is ta de la extensión es. pues una clase puede definirse cuando se dan sus térm inos. E s esencial el que las clases a las que nos referim os estén form adas por térm inos. A dem ás de que clase es un concepto m uy fundam ental. en todos los trabajo s de L ógica. pediré al lector que no tom e com o pendantería el desarrollo de d iscrim in acio­ nes algo sutiles que so hallarán en lo siguiente. y distinguir esta noción de todas las dem ás con las que se halla relacionada. 387. pero en general existirán m uchos predicados que se pueden unir a los térm inos dados y no a otros. Pero. hay posiciones interm edias entre la intensión y extensión puras. C outu rat.CAPÍTULO VI C L A S E S 60 .

ensamble. «Sócrates es un hombre». E n un principio resulta sin duda confuso el usar concepto-clase y concepto de una clase en sentidos diversos. aggregate). y sostengo que lo que denotan es la clase form ada por todos los hom bres. y pediré al lector que d u ran te to d a la discusión recuerde que tocio lo dicho es tanto aplicable a las clases finitas como a las infinitas. y de este modo todo predicado (siempre que a veces se le pueda predicar con verdad) da origen a una clase. y este m étodo no nos perm i­ tirá tra b a ja r. Por o tra p a rte hombres y todos los hombres (que consideraré sinónim os) denotan. en general. es decir. P or lo tan to . Cuando un objeto es denotado en form a ncr am bigua por un concepto. agregado (rnanifold. pero son necesarias tan tas distinciones que parece ser inevitable la extensión del lenguaje. É s ta es la tesis que deberá establecerse. M enge. En este capítulo debemos especificar el grado preciso en que la extensión e intensión entran res­ pectivam ente en la definición y empico de las clases. dejando abierta la cuestión de si to d a aserción es equivalente a una predicación. pero to d a proposición de sujeto-predicado da origen a otras tres proposiciones equivalentes. G8. En la fraseología del capítulo anterior podemos decir que una clase es una conjunción Mumérica de térm inos. como todas las entidades que satisfacen alguna aserción. A esta consideración se debe el que la teoría de denotar tenga una im portancia ta n grande. hombres (el concepto) es el concepto de la clase. «Sócrates tiene hum anidad». hablaré riel concepto como del concepto del objeto en cues­ tión (o a veces. como objetos denotados por conceptos. con clases infinitas. y en este sentido es esencial el punto de vista intensional. cuya form a no se precisó en absoluto. como lo hace la Lógica sim bólica. E n el capítulo II consideram os las clases como derivadas de las aserciones. Así será ne­ cesario distinguir el concepto de una clase del concepto-clase. m ás vagam ente. por el m om ento nos lim itarem os a las clases como derivadas de los predicados. De este modo nuestras clases deben considerarse. De modo que hombre es el concepto-clase. Por o tra p arte. especialm ente cuando el número . es común. como de el concepto). y hom bres (el objeto denotado por el concepto hombres) son la clase. De estas proposiciones podría­ mos decir que solam ente la ú ltim a contiene explícitam ente la clase como constituyente.98 BERTRAN!) RUSSELL nida por la enum eración de sus térm ino?. podemos im aginar una especie de génesis de clases a través de las etapas sucesivas indicadas por las proposiciones típicas «Sócra­ tes es humano». en su uso común. É s ta es la génesis de las clases a p a rtir de la base intensional. cuando los m atem áticos tra b a ja n con lo que llaman una variedad. fi7. no denota cosa alguna. «Sócrates es uno entre los hombres». o algún nom bre equivalente. E n el próxim o discu­ tiré críticam ente este punto de vista. pero hombre. Coinci­ dimos en considerar hombre como concepto-clase.

con la identidad — procedim iento com pletam ente ilegítimo cuando se considera la clase como concepto-clase — . m ás bien los consideraré como pruebas de que la Lógica simbó(') Si# te n e r en c u e n ta a F re g e. que consiste en que tengan los mismos térm inos. Sin em bargo. É ste es el génesis extensional de las clases. O. Aquí no interesan el denotar y los predica­ dos. Identifica igualm ente la igualdad de clases. E sto a p o rta dos consecuencias (a establecer de modo inm ediato) que im piden la aceptación filosófica de ciertos p u n to s del formulismo de Peano. que la clase de pares prim os es la m ism a que la clase de enteros in­ m ediatam ente posteriores a 1 . sino térm inos conectados por la p alab ra y. contrariam ente a como lo hace Peano. debemos ev itar el iden­ tificar la clase con el concepto-clase. p ara considerar un caso menos complejo. L a prim era es la de que no existen cosas tales como la clase vacía. clase. es claro que par ]>rimo no es idéntico a entero inm ediato posterior a 1. por es un. El m ejor tra ta d o formal do clases existentes es el de Peano (x). P a ra él «2 es un número» es una proposición en la que se dice que un térm ino pertenece a la clase núinero. Así. creo que en form a no m uy cons­ ciente. que en ese caso es la clase. Peano. quien es d isc u tid o en el ap én d ice. con m ás propiedad. P or lo ta n to . es claro que cuando dos conceptos-clase son iguales se halla involucrada alguna identidad. Sin em bargo. no propondré alterar la p ráctica de su notación como consecuencia de cualquiera de los dos puntos a n te ­ riores. 69. . porque decimos que tienen los m ism os térm inos. y Ju a n solam ente es una clase. cuando identificam os la clase con el concepto-clase. de modo que la rela­ ción de un individuo con su clase se halla expresada. todo el m undo diría que la clase de los bípedos im plum es es la m ism a que la clase de los hom bres. debemos adm itir que dos clases pueden ser iguales sin ser idénticas. o considerar que «Sócrates es un hombre» expresa la relación de un individuo con u n a clase de la que es m iem bro. y parecería que este objeto se llama. aunque existen conceptos-clase vacíos o nulos. según éL. E n consecuencia existe algún objeto que es positivam ente idéntico cuando dos conceptos-clase son igua­ les. en el sentido en que esta p alab ra vale por una conjunción numérica. La segunda es la de que una clase com puesta por un solo térm ino debe identificarse. Dejando de lado la gallina desplum ada. Así J u a n y Pedro son una clase. P a ra ver que hombre y bípedo im plum e no son idénticos es com pletam ente innecesario to m ar una gallina y despojar al pobre anim al de sus plumas. identifica la clase con el concepto-clase. considerar el objeto en cuestión (que en realidad es una clase) como definido por enum eración de sus términos. Pero en él no se consideran cierto núm ero de distinciones de gran im portancia filosófica.LOS P RI N C I P IO S DE L A M A T E M Á T I C A 99 de térm inos com prendidos es finito. con ese único térm ino. y como consistente posiblem ente de un térm ino singular.

Pero aunque pueda definirse la noción general de este doble modo. tienen menos de la que se requiere para que formen un todo. Consejo y m inistros del Consejo. que es el que aquí se está considerando. m ientras que un todo complejo no pue­ de nunca ser uno de sus propios constituyentes. 70.100 BERTRAND RUSSELL lica debe referirse. los térm inos com ponentes. no siempre es aplicable. E n tales casos. porque este últim o es sólo y esencialm ente uno. O tra razón para distin­ guir todos de clases como pluralidades es la de que una clase como uno puede ser uno de los térm inos de la m ism a como pluralidad. E n una clase como pluralidad. es d istin ta del todo com puesto por sus térm inos. Creo que esa diferencia es pu­ ram ente psicológica: lógicam ente la definición extensional parece ser igualm ente aplicable a clases infinitas. prácticam ente. a los conceptosclase m ás bien que a las clases. en el sentido de agregado puro. Es decix. no se la deben tra ta r como si fuera un sujeto lógico singular (1). como los objetos denotados por tales y tales conceptos. sin o m uchoa su je to s. cuando tiene varios térm inos es. Pero este caso no se presenta nunca cuando puede generarse una clase por medio de un predicado. si lo intentásem os. como verem os más adelante. excepto cuando nos hallam os ante el caso de que sean finitas. L a noción de un todo. tiem po e instantes. V éase el final del § 74. el verdadero tipo de objeto del que debe afirm arse la 'pluralidad. ejército y soldados. m ientras lo p erm ita la notación. sirven de ejem plo a esa distinción. aunque puede decirse que los térm inos pertenecen a la clase. tienen ta n ta unidad como para que sean ju stam en te una pluralidad y no la suficiente como para impedirles qye sigan siendo una pluralidad. sólo pueden definirse intensionalm ente. las clases par­ ticulares. pero. m ientras que la prim era. porque diferentes predicados y diferentes conceptos-clase pue­ den corresponder a la m ism a clase. la m uerte interru m p iría en breve nuestro laudable (l ) U n a p lu ra lid a d de té rm in o s no es el su je to lógico c u a n d o se afirm a u n n ú m e ro a e ella: ta le s p roposiciones no tie n e n u n su je to . . A me­ nudo el lenguaje es el que efectúa la distinción de clase como plurali­ dad con clase como todo: espacio y puntos. allí donde se em plea la noción de clase como pluralidad (ver capítulo X ). Hem os visto que una clase no es ni predicado ni conceptoclase. 71. como verem os m ás adelante. Tam bién una clase. m arina y m arineros. En realidad. aunque tienen cierto tipo de unidad. Clase puede definirse extensional o intensionalm ente. como en «las clases son u n a entre las clases» (el equivalente extensional de «clase es un concepto-clase»). por lo menos en un sentido. Así que por el m om ento podemos e v ita r esta com plica­ ción. podemos definir el tipo de objeto que es u n a clase o el tipo de concepto que denota u n a clase: éste es el significado preciso de la oposición entre intensión y extensión en este sentido. es decir.

. La colección so halla definida por la mención actual do sus térm inos. sin ab rir juicio sobre el problem a de si los objetos denotados por él son verdaderam ente clases o no lo son. etc. A y B y C .L OS P RI N C I P IO S DE LA M A T E M A T I C A 101 propósito. o (hablando aún con m ayor precisión) y a form a un sistem a por sí mismo (2). Parecería que y representa un modo fundam ental do com binar los térm inos.. L eipzig. sea verdadera. C. con la única condición de que cada una de los signos A . C. É s ta es la con­ cepción quo sirve de base a la conjunción y. f1) (*) Paradoxien des Unendlichen. en muchos casos. si debe expresarse con la m áxim a claridad posible. E s ta dificultad g ram a­ tical surge del hecho lógico (que se discutirá inm ediatam ente) de quo lo que en general es plural form a un todo que es uno. y los térm inos están relacionados por y. 1889). por ejem plo. Las colecciones no presuponen núm eros. y a fo rm a u n sistem a . m ientras que A y B. creo quo lo h aría m ejor con las palabras: 'U n sistem a (Inbegri/f) de ciertas cosas’. sin em bargo. «debemos volver a una de las concepciones más simples de nuestro entendim iento. § 3. que. Pero debemos agregar que todo objeto a rb itrario A puede com binarse en un sistem a con cualesquiera otros B. E s decir. sin que lográsemos llevarlo a feliz térm ino. sólo pueden presuponerlos en el caso p articu lar en que lo hagan los térm inos mismos de la colección. y a que resultan do la unión de los térm inos con y. por lo tanto. es singular.. repre­ sente de hecho un objeto diferente. 'A es el mism o que C ’. etc... Comenzaré considerando el punto de vista extensional. del cual puedo enunciarse alguna verdad más o menos im p o rtan te. . se llam a con m ayor propiedad colección. y que este modo de combinación es ju stam en te esencial si se quiere que resulte algo sobre lo que puedo afirm arse un núm ero d istinto a 1. ta n to para cum plir con el propósito de la M atem ática como con el de la Filosofía. La noción de y fue destacada por Bolzano (*).. Pues si. o m ientras ninguna de las propo­ siciones 'A es el mismo que B ’. lógicamente. E x iste una dificultad g ra ­ m atical que debe señalarse y tolerarse. o 'un todo consistente en ciertas p a rte s ’. extensión e intensión parecen hallarse en un mismo plano. . decía. ya que no hay modo de evi­ tarla. entonces resu lta evidentem ente contrario a la razón el hab lar de un sistem a de las cosas A y B »... i es el mismo que B. la o o m biuación de A con B. gram aticalm ente. 1854 (2. 'A es el mismo que D ’. D . U n a colección. B erlín . A doptaré por el m om ento esto nom bre.» ed.. D. p a ra encontrar una coincidencia respecto a la p alab ra que debemos usar p a ra denotarlo. Cuando se considera una clase como definida por la enum eración de sus térm inos.. D . Con el fin de e n te n ­ der el infinito... P or colección entiendo lo que se halla expresado por «A y B» o «A y B y C» o cualquier o tra enum eración de térm inos definidos. B. Por lo tan to . C.. son esencialm ente plurales. no se puede ev itar con una elección m ejor del lenguaje técnico.

La distin ­ ción entre ser y existencia es im p o rtan te. Pero exam inem os. pero presupone A y diferencia y B. A y B pueden ser entidades concebibles cualesquiera. Debe tenerse en cu enta que no es necesaria la existencia de A y B . lo que exigimos de los térm inos de n u e stra colección es sim plem ente que cada uno sea una entidad. Todo aquello de lo que se pueda afirm ar un núm ero finito distinto a 0 ó 1 se dice com únm ente que es plural. no hace mención alguna de la definición intensional ni de la noción de clase. y son todos diferentes. aunque en modo alguno tien e que poseer el privilegio adicional de existencia. y en grado de su im portancia. debo observar que no distingue las p lurali­ dades del todo que form an.. entonces A y B son dos. sin excepción. aquellas que son com­ plejas: así «^í difiere de B » es una.*. todo lo que pueda contarse. y se halla bien ilustrada por el proceso de num eración. son todos diferentes parece valer sólo como con­ dición respecto a los símbolos: debe tenerse en cu en ta que y Ai> carece de sentido. excepto la de que ninguno de ellos ha de ser plural. E n prim er lugar.i>. Todo par de térm inos. Lo que puede contarse debe ser algo. y puede sostenerso que la pluralidad es siem pre de la form a «A y B y C y. y con el todo form ado por la colección por la otra. De modo que A y B no se hallan sujetos a restricción alguna. o gente. o proposiciones verdaderas o falsas. R ecíprocam ente. Así. de modo que y im plica diversidad. C. . B. lo que no debe expresarse en form a especial. como cualquier cosa que se m encione. son cada uno unidades. y éste se halla relacionado con el segundo. Pero no existe sim etría en este sentido. ser puntos. algunas colecciones de un térm ino presuponen la pluralidad. B. U n térm ino A que es uno puede considerarse como caso p a rticu ­ lar de una colección. y por cierto que debe ser. De esto modo toda colección plural presupone varias colecciones que son una: A y B presupone A y presupone B. o acontecim ientos. E n tercero. o núm eros. re­ sumiendo.. pero deben tener ser. Aquí A . son cierta­ m ente dos.. en prim er lugar y con m ayor cuidado. deja de lado algunas distinciones que hemos encontrado necesarias. a saber. pues las presuposiciones ú lti­ m as son siem pre térm inos singulares. no parece considerar que el m étodo de num eración no es p rácticam en te aplicable a sistemas infinitos. lo que debem os considerar es la diferencia. la que consta de un térm ino. Decir que A es uno parece ta n to como decir que A no es de la form a <¡A. U na cucharilla de té y el núm ero 3. si existe. E n segundo lugar. la noción de y. o u n a quim era y el espacio tetradim ensional. Decir que A . C. a pesar do b u excelencia. y A 2 y A^. puede com binarse del modo indicado por A y B . de una clase con una colección por una p arte. objetos cualesquiera susceptibles de pensam iento.. y si ni A ni B son plurales.102 BERTRAND RUSSELL El párrafo anterior.

Pero resulta difícil sostener esta teoría. pero no se puede hacer lo mismo con <iA y B son dos». Así. Sin em bargo.LOS P RI N C IP IOS DE LA M A T E M A T I C A 103 Ahora podemos p lan tear el problem a: ¿Qué es lo que se entiende por A y B \ ¿Quiere decir algo más que la yuxtaposición de A con B] Es decir. podemos suponer que y no puede ser concepto nuevo. A es uno y B es uno. lo que sería uno. aunque no es una conjunción num érica. Respecto a lo que se entiende en la com binación indicada por y. lo que no es verdadero p ara cada una de ellos por separado. que lo que parece ser esencial p ara una clase no es la noción de y. De este modo y parece h a lla r­ se desprovisto de sentido. Comencemos porque parece tem erario decir que cualquier p alab ra puede hallarse desprovista de sentido. Sea u un con­ cepto-clase del que son verdaderas las _proposiciones <c4 es un u ». entonces «todos los u» es un concepto que denota un tér¡mino singular. y no parece necesitarse ningún concepto interm edio p ara que sean dos. «B es un ui>. ¿contiene algún otro elem ento adem ás del A y del B l ¿Es y un concepto separado. y no com binando A y B en un todo. que figura adem ás de A y B 1 P a ra cualquier respuesta existen objeciones. 1 y 2 son dos. entonces «todos los u * es el concepto de una clase cuyos únicos térm inos son A y B. Así « i y 5» form an la clase. si existen dos conceptos. ten d ría que ser una especio de relación entre A y B\ entonces A y B es proposición. Ademáa. Adem ás parece hallarse im pli­ cada una especie de com binación por el hecho de que A y B son dos. y este térm ino es la clase de la que «todos los w» es concepto. Es im portante señalar-que so aplica a térm inos. porque si así sucediese. no como relación. hay dos. sino el ser denotado por algún . Es decir. y sería uno y no dos. Cuando empleam os y no cree­ mos estar usando un sonido desprovisto de significado. E ste tipo único de com binación recibirá en el futuro el nom bre de adición de individuos. Cuando decimos «A y B son amarillos». sino una p a la ­ bra con alguna idea correspondiente. la noción de y no tiene cabida en el significado de una clase. y <cA y B» son esos térm inos com binados ju stam en te de ese modo. por el contrario. o por lo menos concepto proposicional. A y B es lo que se halla denotado por el concepto de una clase de la que A y B son los únicos m iembros. De modo que es m ejor considerar y como expresión de un tipo único y definido de com binación. nos es licito reem plazar la proposición por <ii4 es amarillo» y «i? es amarillo». De modo que por el m om ento. es indistinguible de lo que hemos llam ado anteriorm ente conjunción num érica. En prim er lugar. pues un térm ino singular es una clase. y sólo es verdadera una proposición de la form a *x es un u». y 1 y 1 carece do sentido. Si u es un concepto-clase. pero del cual es falsa to d a o tra proposición de la misma forma. y que sólo se aplica a núm eros porque son té r ­ minos. pero son d istin ­ tos del concepto-clase y del concepto de la clase. este concepto denota los térm inos A y B com bi­ nados de un cierto modo.

E s evidente que una conjunción num érica considerada como d enotada es: o la m ism a en tid ad que cuando no se consideraba en ese sentido o un complejo de d en o tar ju n to con el objeto denotado. Pero antes de discutir esto existe un punto. en segundo lugar introduce el concepto nulo de una clase. por ejem plo. Pero esta aplicación no sirve a fines útiles. debe tenerse en cuenta que el concepto todos los números. lo quo la otra excluye prácticam ente. la clase de los núm e­ ros. quizá. un y el. E sto nos lleva al p u n to de v ista intensional de clases. es u n a guía que se p resta a errores. cualquier. y correspondientem ente. Lo mismo se aplica a todo. a saber. con hombre y número respectivam ente. nuestro problem a se refiere al significado de dicho plural. sin em bargo. y el objeto denotado es. de carácter p u ram en te lógico. que una clase debe ser considerada no sola­ m ente como conjunción num érica de térm inos. Respecto a las clases infinitas. L a p alab ra todos tiene ciertam ente algún significado definido. excepto el de conservar la distinción de Peano entre un térm ino singular y la clase cuyo único térm ino es aquel — distinción fácil de lograr cuando se identifica la clase con el con­ cepto-clase. en su to talid ad . H em os discutido el tipo de objeto denotado que cons­ titu y e una clase. todos y u. aunque no sea por sí mismo infinitam ente complejo. Parecería entonces que «todos los u» no es analizable válidam ente en todos y u.104 BE RTRA N D RUSSELL concepto de una clase. a menos que tom em os como este elem ento el mero hecho de qué am bos son conceptos de clase. E n el capítulo anterior hemos coincidido en que no existen modos diferentes de denotar. un . y tan simple como el mismo u? Em pecem os por observar que «todos los u» es sinónim o con «los un. ahora debemos considerar el tipo de concepto denotante. Pero es m uy difícil aislar cualquier elem ento ulterior adem ás del carácter de todos que presen­ ta n am bos. que debem os exam inar. pero parece altam ente dudoso si quiere decir algo más que la indicación de una relación. tipos diferentes de obje­ tos denotados. Si u es concepto-clase. ¿el concepto «todos los un es analizable en dos constituyentes. denota. sino solam ente tipos diferentes de con­ ceptos denotantes. sino como conjunción num érica d enotada por el concepto de clase. algún. «Todos los hombres» y «todos los números» tienen en común el hecho de que am bas guardan cierta relación con un concepto-clase. La consideración de clases que resu lta de los conceptos denotantes es más general quo la consideración extensional y eso en dos sentidos. por lo menos de acuerdo a un empleo m uy común del plural. Podría creerse. P or lo tan to . pero que es inadm isible en nuestro p u n to de vista do las clases— . como en algunos otros. definido por una cierta relación con u. 72. En prim er lugar perm ite la adm isión de clases infinitas. lo que entendem os por clase. o es un concepto nuevo. y que el lenguaje en este caso.

L O S P R I N C I P I OS D E L A M A T E M A T I C A 105 objeto que lo 68. Debemos considerar si pueden evitarse las contradicciones que surgen naturalm ente. debido a la noción de denotar. La Lógica sim bólica dice que estos conceptos denotan la clase vacía y que las proposiciones antedichas afirm an que la clase vacía se halla contenida en ciertas o tras clases. Ellas a p a ­ rentan ser verdaderas. pero colecciones infinitas. como hemos visto. porque los conceptos en cuestión no denotan nada. pero que no denota nada. y sim bó­ licam ente es m uy necesario introducir alguna noción tal como ésa. y generalm ente con la idea de nada. pero eso es imposible. puede corregirse del modo siguiente. aunque exista. Sin em bargo. no puede ser m anipulado por ]a inteligencia hum ana. no es una explicación adecuada. 0 m ás bien. y que en cierto sentido nada es algo. De modo que debemos encontrar una interpretación diferente de las clases o hallar un m étodo p ara e v ita r la clase vacía. Los conceptos d enotantes asociados con a no denotan cosa alguna cuando y sólo cuando «c es un a» es falsa para todos los . una clase que no tiene térm inos deja de ser cosa alguna por completo: lo que es simple y solam ente una colección de térm inos no puede subsistir cuando se qu itan todos los térm inos. en prim er lugar. 73. que un concepto puede denotar. existe una especio de encanto que hace que los resultados obtenidos parezcan dudosos. Es evidente (pie existe un concepto tal como nada. aunque no denote cosa alguna. Un concepto infinitam ente complejo. En Lógica simbólica. E sto sucede cuando hay proposiciones en las que se presenta dicho concepto. Consideremos. E n realidad. la proposición «las quim eras son animales» o «los prim os pares distintos de 2 son números». É ste es el secreto íntim o de n uestra fuerza p a ra t r a ­ bajar con el infinito. L a imperfecta definición dada anteriorm ente de un concepto que denota. y parecería que no se hallan relacionadas con los conceptos denotantes. derivan de los conceptos-clase. la proposición «nada no es nada» es indudablem ente capaz de una in te r­ pretación que la haga verdadera —punto que da origen a las con­ tradicciones discutidas en el Sofista de P la tó n — . sino con lo que denotan dichos conceptos. por ejem plo. lo anterior es un prim er paso hacia la explicación de un concepto denotante que no denota nada. la clase vacía es la clase que no tiene térm inos en absoluto. Con la clase vacía so hallan asociadas grandes dificultades. Pero con el p u n to de vista estrictam ente extensional acerca de las clases propuesto a n te rio r­ m ente. pueden m an ip u ­ larse sin introducir concepto alguno de com plejidad infinita. E n todas las discusiones sobre el infinito de las partes restantes del p re­ sente tra b a jo debe tenerse en cuenta lo expresado: si se olvida. y a es un cor\ceptO“dase cuando íx es un a» es función proposicional. y que no se refiere al mismo. pero todas esas proposiciones son falsas. E s necesario com prender. Todos los conceptos denotantes.

La proposición «las quim eras son animales» puedo interpretarse fácilm ente por medio de una im plicación form al en el sentido de que *x es una quim era implica x es un anim al para todos los valores de x ». en un sistem a tal como el de Peano. p ara d en o tar el predicado que define las quim eras). y que «todos los a» es un concepto nulo de una clase. De modo que. Pero ésta es una interpretación m uy rebus­ cada. La proposición que parece ta n paradójica no significa sino lo siguiente: N ada. falla cuando debem os referim os a conceptos-clase nulos. Por medio de una negación podemos d ar una especie de in te rp re ta ­ ción extensional: nada es denotado por una quimera que no se halle denotado por un animal. es decir. no está denotado por él mismo. N ad a es un' concepto d en o tan te. En fin.las otras que le serían equivalentes si exis­ tiesen quim eras. que denota nada. Los lógicos simbólicos que han experim entado la utilidad de la clase vacía sentirán que éste es un punto de vista reac­ cionario. d istin ta s de ellas. Pero de nuevo en este caso resulta com pletam ente claro que estam os tra b a ja n d o con una proposición que im plica que las quim eras son anim ales. sino cuál es la verdad filosófica respecto a la cla. puesto que no existe en realidad clase vacía. del conjunto de interpretaciones norm al­ m ente equivalentes de las fórm ulas lógicas sim bólicas. pero p a ra nosotros subsiste aún un problem a genuinam ente lógico.106 BERTRAND RUSSELL valores de x. que. de acuerdo con el cual lo que en realidad se establece es una relación de predicados: en el caso en cuestión el adjetivo anim al es p a rte de la definición del adjetivo quimérico (si se nos perm ite usar la palabra. pero que m an ejad a con poco cuidado puede ser fuente de antinom ias poco felices— . en el que la práctica establecida me parece la m ejor. el concepto denotante. Aquí. Ahora podemos reconsiderar la proposición «nada no es nada» — proposición com pletam ente verdadera. es fácil su stitu ir el punto de vista p u ram en te inténsional. en contra del uso com ún. no necesitan originarse dificul­ tades técnicas. en el caso de las qui­ meras. en el presente caso la im plicación no es siquiera recíproca— . parece m ás correcto rechazar por com pleto la proposi­ ción. aunque equivalentes a implicaciones formales. Pero por el m om ento no estoy discutiendo lo que debe hacerse en el Cálculo lógico. aunque conservando. no es nada. Por supuesto que el concepto denotado es distin to a nada. no es lo que él . que depende de las clases reales.se vacía. Veremos entonces. la clase de interpretaciones considerada en el capítulo presento. son. sin em bargo. y en el caso presente verem os que a es con­ cepto-clase nulo. pero que no es la m ism a proposición — en efecto. es decir. y encierran ideas que requieren un tra tam ie n to independiente. Pero al tra b a ja r con clases hemos adm itido que las proporciones que contienen todos o alguno o lodo. donde las llam adas clases son realm ente conceptos-clase. É s ta es una definición com pleta de un concepto den o tan ­ te que no denota nada.

pues en prim er lugar se establece la noción general de clase. El objeto de tal procedim iento será principalm ente técnico. debemos su stitu ir las clases por otras entidades más com plicadas — en el caso presente. y por lo tan to podemos ad o p ­ tar como nuestro térm ino la clase de todos los conceptos-clase nulos o de todas las funciones proposicionales nulas. Ahora bien. y respecto a cualquiera de ellas todos los conceptos-clase nulos guardan la misma relación. es decir. que por el m om ento es innecesario extendem os m ás sobre este punto. ciertas clases correlacionadas—■. Ahora nos hallam os an te una nueva dificultad. É stas no son clases vacías. donde *sea necesario (como en las clases num erables) a introducir un térm ino que sea idéntico para conceptos-clase iguales. La clase correspondiente al con­ cepto-clase sigue siendo lógicam ente fundam ental. a su stitu ir siem pre la clase correspondiente al mismo por la clase de conceptos-clase iguales a uno dado. Un procedim iento sobrem anera sem ejante ocurre constantem ente en M atem ática. En realidad. La igualdad de conceptos-clase. Porque ahora sabem os qué es una clase. ¿pero dónde debe encontrarse para los conceptos-clase nulos? E sto adm ite varias respuestas. no filosófica. . pero correspondiente a conceptos-clase nulos. pudiéndose elegir cualquiera de ellas. y si de todos modos querem os una interpretación análoga. Sólo debem os p rec a ­ vemos de una causa posible eje confusión. pero el fracaso en la com­ prensión del mismo nos llevará a dificultades insalvables en la in te r­ pretación del simbolismo. sino genuinas. ese térm ino se halla en la clase correspon­ diente.L OS P RI N C I P IO S DE LA M A T E M A T I C A 107 mismo denota. pero no necesitaba ser realm ente em pleada en nuestro simbolismo. pero el mismo p a ra los distintos miembros de un solo conjun­ to de conceptos-clase iguales— . por ejemplo. indica una identidad subyacente. como to d a relación reflexiva. la clase vacía es en cierto modo análoga a un irracional en A ritm ética: no puede interpretarse de acuerdo a los mismos principios que las otras clases. se reem plaza luego en form a simbólica. y. para todos los conceptosclase que no son nulos. E n lo dicho anteriorm ente sobre la clase vacía no existe círculo vicioso. E n el curso del presente trabajo nos hallarem os a n te ta n to s ejem plos. h asta donde llegan mis conocim ientos. Pero de aquí no se concluye en absoluto que exista en realidad una clase vacía: sólo deben adm itirse el concepto clase nulo y el concepto nulo de una clase. se ve que com prende lo que se llama existencia. sim étrica y tran sitiv a. Si ahora querem os tener una entidad análoga a lo que en todas partes recibe el nom bre de clase. no hay un solo caso en el que tenga lugar y que haya sido correctam ente in ­ terpretado por m atem áticos o por filósofos. nos verem os obligados. indica que todo conceptoclase guarda con algún térm ino una relación que todos los conceptosclase iguales tienen tam bién respecto á ese térm ino —siendo diferente el térm ino en cuestión p ara conjuntos diferentes de conceptos-clase iguales. con toda genera­ lización del núm ero.

. ahora lo hacem os con un complejo esencialm ente susceptible de analizarse en unidades. Pero ¿podemos ev itar la contradicción siem pre tem ible cuando existe algo que no puede transform arse en sujeto lógico? No veo modo alguno de p resentar una contradicción precisa en este caso. la clase de lodos los animales racionales.108 BERTRAND RUSSELL por la noción de una clase de conceptos-clase iguales.» parecería claro que es una pluralidad. siem pre que la clase esté form ada por más de un térm ino. ni (*) E s ta conclusión la obtienie re a lm e n te F reg e a p a r tir d e u n arg u m e n to análogo: Archiv. la clase como unidad será la raza hum ana. 444. ni a B . si la denota como unidad. La clase como unidad puede identificarse con el todo com puesto por los térm inos de la m ism a. p ara sostener que lo plural es sólo plural y que no es tam bién uno. Pero si la raza hum ana fuera idéntica a hombres. y ésta es la razón de toda la complicación. . al que no corresponde clase vacía alguna. no es igual a cualquier concepto de la clase que él denota. V éase ap é n d ice. que sólo falla en el caso único de la clase de conceptos-clase nulos. A hora debem os discutir de un modo m ás o menos prelim inar un problem a fundam ental en la filosofía de la A ritm ética. sin em bargo es m uy necesario que podarnos contar las clases de modo que cada una sea una. ya que lo que ahora corresponde es una clase vacía. puede dem ostrarse que tal identificación no es perm isi­ ble. que es apücable a lo que corresponde a conceptosclase nulos. Un concepto de una clase. Podem os sentirnos tentados a inferir que la distinción de Peano en tre un térm ino y una clase de la cual dicho térm ino es único m iem bro debe m antenerse por lo menos cuando el térm ino en cuestión es una clase (1). y la diferencia anterior sería imposible. por ejem plo. Es decir. lodos los hombres y la raza hu 7nana. en el caso de los hom bres. p ág . y generalm ente hablam os de u n a clase. E xiste una cierta tendencia hacia identificar la clase como p lura­ lidad con la clase como unidad. Así las clases parecerían ser unidades en un sentido y plu­ ralidades en otro. fü r syst. es decir la raza hum ana como pluralidad. Sin em bargo. bajo esta nueva form a. que d en o ta la raza hum ana como término. Al tra ta r los conceptos trabajábam os. 74. es decir. se deduciría que todo lo que d en o ta la una debe denotarlo la otra. que denota hom bres. I. E n tre las clases sim p lic ite r y las clases de conceptos-clase iguales existe una correspondencia biunívoca. ¿Una clase que tiene varios térm inos debe considerarse por ai m ism a como unidad o pluralidad? Tom ando la clase como sim plem ente equivalente a la conjunción num érica «A y B y C y etc.il.con lo que era exclusivam ente una en­ tidad. Ph. E n una proposición tal como «A y B son dos* no existe sujeto lógico: la aserción no se refiere a A . Pero creo que es más correcto inferir una distinción ú ltim a entre una clase como pluralidad V una clase como unidad. es diferente de hombres. y se halla.

Se deduce que el todo compuesto por una clase considerada como un térm ino es esa clase considerada como térm ino. como sugiere la discusión anterior. algún hombre. a menos de que se los transform e en sujetos. desde este p u n to de vista. si tiene m ás de dos partes. ni P latón ni persona alguna particular. en este tem a se presentan ciertos enigmas que aún no sé cómo resolver. y cualquier hombre. serán diferentes p ara distintos modos de analizar. no surge la contradicción que era de tem er. 75. E sto prueba que los diferentes conjuntos de constituyentes pueden cons­ titu ir el mismo todo. y los constituyentes resultantes. Cualquier número no ec ni 1 ni 2 ni ningún núm ero particular. Queda tod av ía una dificultad lógica respecto a la natu raleza del todo com puesto por todos los térm inos de una clase. pero de un modo im parcial distributiv o. De modo que parecería que las aserciones no se refieren exclusivam en­ te a sujetos singulares. y es por lo tan to idéntica al todo com puesto por todos I03 térm inos de la clase. lo que en realidad es verdadero para el concepto todo hombre. . ¿Podemos llegar a la conclusión de que nadie se halla denotado? Igualm ente podríam os concluir que lo están todos. y de las varias rela-ciones encadenadas. y que so halla expresada con m ayor precisión por «cualquier número no es algún número». m ientras el análisis no se lleve a un últim o extrem o. Pero es h a sta cierto p u n to o ptativo cuál de ellas debe to ­ m arse como sim bólicam ente fundam ental. quó se debe decir de los objetos denotados por un hombre. Un todo dado es posible. Dos proposicio­ nes parecen ser evidentes por sí mismas: 1) Dos todos com puestos de térm inos diferentes deben ser diferentes. 2) Un todo com puesto sola­ m ente por un térm ino es solam ente ese térm ino.L OS P RI N C I P I O S D E LA M A T E M Á T I C A 109 al todo com puesto por am bos. la objeción n a tu ra l es: ¿qué uno? C iertam ente ni Sócrates. y esto suprim e la contradicción que surge en el caso de conceptos por la im posibilidad de form ular aserciones respecto a ellos. No existiendo aquí esta im posibilidad. Podríam os preguntar. sino que pueden referirse a varios sujetos. de ser analizado en una p luralidad de modos. por lo tan to es fácil concluir que cualquier núm-ero no es un núm ero cualquiera. pero este resultado contradice el prim ero de nuestros principios supuestos evidentes por sí mismos. 76. Algo debe decirse respecto a la relación de un térm ino con la clase de la que es m iem bro. sino e stric ta y solam ente a A y B. y de este modo concluye con n u estra dificultad. Una de dichas relaciones se llam ará e y es fundam ental en la Lógica simbólica. la respuesta en este caso no es difícil. todo hombre. Pero. Sin embargo. El prim ero de nuestros principios es universalm ente verdadero sólo' cuando todos los térm inos que componen nuestros dos todos son simples. proposición a prim era vista co n trad icto ­ ria. ¿Estos objetos son uno o m uchos o ninguno? L a G ram ática los tra ta como uno. Creo que uno se halla denotado en cada caso. pero que resulta en realidad de una am bigüedad en cualquiera. Sin em bargo.

pero esto.110 BERTRAND RUSSELL Lógicam ente. ia relación fundam ental es la de sujeto y predicado. por ejem­ plo. Los empíricos sos­ tienen que tales proposiciones significan u n a enum eración real de los térm inos de la clase contenida con la afirm ación. entre un término y su clase considerada como un todo. es peculiar en el sentido que el relato no puede con­ siderarse como térm ino en la proposición. y. E lla puede expresarse por «Sócrates es uno entre los hombres». esto se halla expresado por «Só­ crates pertenece a la raza humana». M ientras usemos conceptos-clase en vez de clases en nuestros simbolismos. uno por uno. siem pre que exista . como relación entre Sócrates y el concepto hombre. expresada en «Sócrates es humano». entre hom bres y m ortales. quo se distingue por el hecho de que aquí la relación es un térm ino. pero a d a p ta d a en sentido opuesta a p a rtir de la relación en tre clases: es decir. E s ta proposición. sino que. U na relación que antes de Peano se confundía casi univer­ salm ente con e es la relación de inclusión entre clases. y su e expresa la relación es un en tre Sócrates y hombre. por el contrario. Debe inferirse que tienen que considerar dudoso el que todos los prim os sean enteros. Y por lo ta n to e no puede rep resen tar la relación de un térm ino a su clase como pluralidad. no una relación de dos términos tal como querem os.a ella. É s ta es una relación clásica. Sus opositores han sostenido. Podem os continuar con la relación entre Sócrates y la raza hum ana. relación que. E s ta relación puede ser igualmente representada por e. no puede tom arse como signi­ ficado de e. el predicado definente de la clase mayor es p a rte del correspondiente de la clase m enor. ya que se presenta en la form a tradicional del silogismo: ha sido cam po de ba­ talla entre intensión y extensión. pues no pueden ten er la pretensión de sostener que han exam inado todos los primos. en cada caso. es decir. de ser m iem bro de la clase continente. excepto cuando tiene un térm ino. porque é sta sería una rela­ ción de un térm ino a varios térm inos. o deben representar conceptosclase o los todos com puestos de clases. que lo que se quiere significar es u n a relación de todo y p a rte entre los pre­ dicados definentes. en todo caso. no puede ser. como hemos visto en el capítulo IV. Luego viene «Sócrates es un hombre». E ste punto de vista parece ser m ucho m ás defendible que el anterior. (al como la representada por una sola letra: en consecuencia en cualquier Lógica simbólica posible las letras que representan clases no pueden represen­ tarlas como pluralidades. esta práctica será inobjetable. es la que Peano considera fundam ental. y se hü discutido ta n to que parece asombroso cuánto queda por decir respecto. La prim era relación que surge de ésta es la expresada por «Sócrates tiene hum anidad». 77. E s claro que como una clase es esencialm ente plural. como. pero si dam os a e este significado no pode­ mos suponer que los dos símbolos que representan conceptos-clase iguales representan una y la m ism a entidad. o algunas otras entidades sin­ gulares relacionadas.

y no de todos los dem ás térm inos im aginables. se deduce la relación de inclusión. el concepto «el rey inglés que fue d e c ap ita ­ do» no contiene ol concepto «la gente que m urió en 1049». Creo que tal p u n to de vista representa lo que dicen los mejores defensores de la intensión. E sta proposición da origen a problem as m uy in te resa n ­ tes en la teoría de denotar. si queremos u n a relación genuina de clases. E stos problem as. Pero cuando decimos «todos los hom bres son mortales» parece claro que estam os hablando solam ente de hom ­ bres. no respecto al concepto hombre o al predicado humano. interesantes como son. 0 dar a n u estra proposición una form a aún más puram ente extensional. considerar la aserción como entre todo y parte entre las dos clases consideradas cada una como térm ino singular. F inalm ente debemos recordar que las clases pueden derivarse. La form a más relacionada con la M atem ática es ciertam ente la que tiene implicación form al. Cuando decimos que los hom bres son m ortales es evidente que decimos algo respecto a los hom bres. aunque la relación de los predicados definentes no es una de todo y parte. Podem os. E sto puede entenderse diciendo que. que en cualquier caso lo que se quiere significar es una relación entre clases. Pero el segundo de los puntos anteriores se m antiene en contra de cualquier interpretación intensio­ nal. sin em bargo. pues parece afirm ar una identidad. y no sólo tales corno hombres. Pero pueden form ularse dos objeciones. que será ohjeto de discusión en el capítulo próxim o. y así a través de innum erables casos obvios. P o r lo ta n to la pregunta es: ¿qué es lo que decimos exactam ente? Peano sostiene en las prim eras ediciones del Form ulaire que lo que se afirma es la implicación form al «x es un hom bre im plica x es mortal». que en algunos casos de inclusión no existe tal relación entre los p redi­ cados definentes. y en segundo. por medio de la noción de tal que. no una entre sus predicados definentes. y siem pre es lo que se quiere decir con proposiciones de inclusión. de fuentes diferentes a las propo- . pero no puedo llegar a convencerm e de que sea la misma proposición. El prim er punto puede establecerse fácilm ente con ejem ­ plos. Porque en ella. Solam ente es necesaria la com prensión clara de lo que son las diferentes proposiciones equivalentes com prendidas cuando una clase se halla incluida en otra. como vimos en el capítulo I II . es más o menos análoga a la implicación. El concepto prim o p ar no contiene como constituyente el con­ cepto entero entre 1 y 10. haciéndola significar: Todo (o cualquier) hom ­ bre es m ortal. y no me corresponde negar que una relación tal como la que estam os considerando subsiste siem pre entre predicados definentes de clases tales que una está contenida en la otra. no deben Ber tra tad o s en este lugar.LOS P RI N C I P IO S DE L A M A T E M Á T I C A 111 una tal relación entro los predicados definentes. en prim er lugar. Esto está ciertam ente im plicado. aunque es claro que lo que se halla denotado por todo hombre es diferente a lo que se halla denotado por un mortal. es esencial que x pueda tom ar todos los valores.

es predicable. la prodicabilidad. Si pertenece. distinguim os: 1 ) el conceptoclase hombre. introduciendo predicados negativos. etc. pero debem os comenzar por m encionar una e x tra ñ a contradicción que requiere en la discrim ina­ ción el cuidado que se ha tenido presente en este capítulo. no es negativo: la predicabilidad. se hallará que hay un núm ero igual de casos de predicados que son predicables a sí mismos. E ste tópico requiere una discusión de aserciones. tipificados por «Sócrates es hum ano» y «Sócrates tiene humanidad». o es ese tip o de com binación de té r­ minos indicado cuando los mismos se hallan conectados por la p a ­ labra y. es uno de los predicados no predicables a sí mismos. entonces no es predicable a sí mismo. Pero los casos más com unes son negativos: así la no-hum ani­ dad es no-hum ana. P artiendo de humano. o la propiedad de ser predicado. P o r lo menos uno de ellos.112 BERTRAND RUSSELL siciones de su jeto-predi cado y sus equivalentes. si en algo. de humano. Por lo ta n to . Coincidimos en que una clase debe in terp retarse esencialm ente en ex­ tensión. no teórico. puntos. etc. y es natural suponer que form an una clase que tiene un predicado de­ finente. no lo son ta n to p a ra la M atem ática como sus derivadas. todo hombre. núm eros. T odas las clases. es decir. los predicados que no son predi­ cables a sí mismos son solam ente una selección entre todos ellos. lo que es con­ tradictorio a la hipótesis. o es un térm ino singular. este m étodo puram ente extensional sólo puede aplicarse a clases finitas. no es predicable a sí mismo. la m ayoría de los casos comunes no pueden ser predicables a sí mismos. Cualquier función proposicional en la cual se form ula u n a aserción fija sobre un térm ino variable debe considerarse.— . y el segundo como térm ino de una relación. quizá algo prolongada. aunque m uy im portantes lógicam ente. es predicado de sí mismo. R esum am os la discusión anterior. cual­ . 79. como es evidente. de los que el prim ero usa humano como predicado. como dando origen a u n a clase de valores que la satisfacen. distinguim os dos tipos de proposición. y por lo ta n to pertenece a la clase de la que es predicado definente — de nuevo en contra de la hipótesis— . Partiendo de los predicados. aunque. Pero de modo práctico. Pero si no es predicable a sí mismo. 78. por el m om ento lo he tra ta d o sim plem ente p a ra dem ostrar que no hay sutileza en la distinción que pueda ser excesiva. que difiere levem ente. porque ésta es propiedad característica de la clase. Por lo tan to . como se explicó en el capítulo I I . cualquiera sea la hipótesis adoptada. E n tre los predicados. Pero si así fuese exam inem os si éste pertenece o no a la clase. pueden obtenerse como objetos denotados por los plurales de los conceptos-clase —hom bres.. entonces no pertenece a la clase de la que es predicado definente. si no pertenece a esta clase. Volveré sobre esto en el capítulo X. surge de ella su contradictoria. 2 ) los diferentes conceptos denotantes todos loa hombres. sean finitas o infinitas. E stas dos clases de proposiciones. P o r o tra p arte. es decir.

de los que el denotado por todos los hombres se llamó clase como pluralidad. Lo» PR IN C IPIO S DE LA M aT E M Á T ICA . la raza hum ana. como lo requiere la posibi­ lidad de relación. un hombre y algún hombre. 3) «Sócrates es uno entre los hombres». 3) los objetos denotados por estos conceptos. Coincidimos en que la clase vacía. Hicimos tam bién una clasificación de las proposiciones acerca de Sócrates. Parecería a trav és de todo esto que. no como pluralidad. que no tiene térm inos. que sólo expresa una relación de un individuo a su clase y que.LOS P RI N C I P IO S D E L A M A T E M Á T I C A 113 quier hombre . si no exactam ente. p ro ­ posición que da origen a dificultades debido a la pluralidad de hom ­ bres. es una ficción. 4) la clase como uno. es decir. de modo que todos los hombres (el concepto) se llamó concepto de la cla. aunque cualquier tra tam ie n to simbólico debe tra b a ja r mucho con conceptos-clase e intensión. y ésta debe considerarse como n uestra conclusión general fundam ental del capítulo presente. las clases y extensión son ló­ gicam ente m ás fundam entales para los principios de la M atem ática.se. 2 ) «Sócrates es un hombre» expresa identidad entre Sócrates y uno de los térm inos denotados por un hombre. dependiente de las distinciones anteriores y ap ro x im a­ dam ente paralela a ellas: 1 ) «Sócrates es un hombre» es'casi. tom a la clase como unidad.— 8 . idéntica a «Sócrates tiene humanidad». aunque existen conceptos-clase nulos. 4) «Sócrates pertenece a la raza humana».

noción de tal que es suscep­ tible de definición. En el capítulo anterior se hizo una te n ta tiv a p ara indicar el tipo de objeto que debe llam arse clase. tom ada en extensión y como pluralidad. m ientras que a en «x es un a» no es la clase. las clases se consideraron como derivadas de las propo­ siciones de sujeto-predicado. Pero cuando se h a llevado a cabo esta corrección puram ente form al queda el p u n to de que tal . su stitu ir en vez de «los x tales que esto y aquello* el concepto-clase genuino <tx ta l que esto y aquello». en realidad. si es perm isible el procedim iento de Peano. Además de otras objeciones. A prim era v ista puede pensarse que la. y de acuerdo con los fines de la discusión. que puede considerarse como obtenido a p a rtir del predi­ cado «tal que esto y aquello» o más bien «ser un x tal que esto y aque­ llo». que se expondrán seguidam ente.C A P ÍT U L O VII FU N C IO N ES PR O PO SIC IO N ALES SO. y se investigará su relación con las clases y con tal que. E sto no afecta nuestro p u n to de vista respecto a la noción m ism a de clase. De aquí que sea form alm ente necesario. La explicación de esta necesidad debe bus­ carse en la teoría de las aserciones y del tal que. E n el presente capítulo se exam inarán su fin y legitim idad en form a crítica. A m enudo es necesario re­ conocer como clase un objeto no definido por medio de una proposi­ ción de sujeto-predicado. La noción general de aserción y a ha sido explicada en conexión con la implicación form al. sino el concepto-clase. debe tenerse en cuenta que la clase obtenida de tal que es la clase genuina. y las d octri­ nas que tra to de defender se exponen con una confianza m uy lim itada en su verdad. pero si se a d ju n ta restringirá enorm em ente la extensión de esa noción. Peano acostum braba a definirla con la proposición «las x tales que x es un a son la clase a». El tem a se halla lleno de dificultades. siendo necesaria esta úlfim a form a porque esto y aquello es una función proposicional que contiene x.

es la de aceptar como indefinible la noción general de función p rep o ­ sicional. Pero aquí ya se ha empleado la noción de tal que. y la clase sólo puede definirse como los térm inos tales que guardan esa relación. la noción involucrada se halla presupuesta en el simbolismo. o form ularse una aserción que con­ cierna a todo térm ino? La“ única a ltern ativ a. define una función: el relato es la función del referente que se halla definida por la relación en cuestión. Llam em os R a dicha relación. y representa la noción general de satisfacer una función proposicional. y que la misma se halla d eterm in a­ da cuando se da a. donde R es una relación dada y a un térm ino dado.LOS P RI N C I P IO S DE LA M A T E M Á T I C A 116 que debe ponerse a m enudo an te proposiciones tales como xR a. Es claro que existe una relación que cada una de esas proposiciones guarda con la x que figura en ella. si preguntam os qué p ro ­ posiciones son de ese tipo. ¿Puede el elem ento indefinible involucrado en funciones p r e ­ posicionales identificarse con aserción y noción de toda proposición que contenga una aserción dada. Tomemos ejem plos de la vida diaria: los hijos de Israel son una clase definida por una cierta relación con Israel. y aquí reaparece la noción que debe definirse. la respuesta será: a 1 debe ser tal que cada uno de sus térm inos. no la reconstituyen. Tam bién ha sido conside­ . Toda relación pluriunívoca. y ninguno otro. 81. Cuando se las adm ite. toda relación para la cual un referente dado tenga sólo un relato. la clase de proposiciones «. Aquí aparece de nuevo tal que. según me es dado ver. El punto de im portancia fundam ental en estas consideraciones es la indefinibilidad de las funciones preposicionales. y por razones formales este cam ino es ciertam ente el m ejor. éstos tomados en conjunto. es decir. Y la m ism a rela­ ción R sólo puede definirse como la relación que existe entre «x es un a» y x para todos los valores de x. se define fácilm ente la noción general de funciones de una variable. sólo podemos responder: «todas las p ropo­ siciones en las que se dice que un térm ino ea a». y que no es válida entre ningún otro par de térm inos. Vimos al discutir los verbos en el capítulo IV que cuando se analiza com pletam ente una proposición en sus constituyentes sim ples. Entonces cualquier entidad referente respecto a R es una proposición del tipo «x es un a». pero filosóficamente La noción parece a prim era vista susceptible de análisis. guarde la relación R con a. Pero sigamos avanzando: dada una clase a no podemos definir. en función de a. No podemos reducir esta proposición a la form a «x es un a'» sin usar tal que. Pero cuando la función es una proposición.c es un a» para diferentes valores de x. y tenem os que exam inar si esta apariencia es o no engañosa. pues en la definición general a n ­ terior de una función ya se presentaban funciones preposicionales. En el caso de proposiciones del tipo <or es un a o. y no puede definirse por medio de él sin incurrir en círculo vicioso. T al que es aproxim adam ente equivalente a q u i ñ i o rl cual. porque si nos preguntam os qué es lo que es a'.

Ra es una aserción perfectam ente definida. que será representada por la función proposicional «x tiene más de un m etro de longitud». y éste hace m ucho menos p ara destru ir la proposición. Ahora de­ bemos exam inar el fin y legitim idad de esta noción de aserción. de la misma considerada a b stractam en te. Es cierto que un sujeto y una aserción. el análisis parece igualm ente irrefutable. la proposición reaparece. . no aplicándose a sujeto definido alguno. 82 . no como térm ino. pero en cuanto se afirm a realm ente la aserción sobre el sujeto. Así que si i? es una relación fija y a un térm ino fijo. y po­ demos considerar la clase de proposiciones en la que se form ula esta aserción. por ejem plo.) Puede dudarse acerca de si una proposición relacional puede considerarse como aserción con­ cerniente al relato. y esta proposición no pertenece a la clase considerada. pero será m ejor pos­ poner este problem a h a sta que hayam os discutido las relaciones (J). De este modo nos es licito considerar una clase de proposiciones que contengan e sta aserción. ¿La proposición «Sócrates es un hom bre im plica Sócrates es mortal». debemos ad­ m itir sin duda que lo mismo puede decirse acerca de P latón o A ristó­ teles. o por lo menos retiene esa curiosa e indefiniblem ente in trin cad a relación res­ pecto a los otros térm inos de la proposición que distingue una relación que relaciona. ¿Puede considerarse a to d a proposición como una aserción respecto a cualquier térm ino que figure en ella. P or mi p a rte creo que puede hacerse esto excepto en el caso de proposiciones de sujeto-predicado. porque aquí se refiere de modo explícito a un sujeto variable. (Coloco puntos suspensivos delante de R p a ra indicar el lugar que debe ocupar el sujeto al form ar la proposición. pero usada como térm ino. y no se transform a en nom bre verbal. la aserción aparece m uy clara­ m ente. La aserción es todo lo que queda de la proposición cuando se om ite el sujeto. o «Sócrates es (J) V éase § ÜU. Se observará que la aserción debe aparecer corno tal. y ésta la clase de la que un ejemplo típico se hafla representado por nx es un hombre». A hora considerarem os tem as m ás difíciles. Tener más de un m etro de longitud. En «Sócrates es un hombre» podemos distinguir claram ente Sócrates y algo que se afirm a acerca de él. o son necesarias lim itaciones respecto a la form a de la proposición y al modo en que el térm ino e n tra a form ar p arte de la misma? En algunos casos simples es evidente la legitim idad del análisis en sujeto y aserción. En el caso de propo­ siciones que afirm an una relación fija respecto a un térm ino fijo.. E n frases tales como «culebras que tienen más de un m etro de longitud». . el verbo sigue siendo afirm ado.BERTRAN D RUSSELL 116 rado un análisis menos com pleto de las proposiciones en sujeto y aserción. es una aserción perfectam ente definida. si se yuxtaponen sim plem ente. «ser hom bre es sufrir» contiene la m ism a aserción.. así. no constituyen proposición.

en un sentido u otro. es m ortal. de hecho. Parecería deducirse que las proposiciones pueden conservar una cierta constaAcia de form a. Si representam os por <px nx es un hom bre im plica x es mortal». una to rta . E s evidente que esto no constituye una explica­ ción. una relación entre dos funciones proposicionales. como a prim era vista podría creerse. dicho punto de vista sostiene que yx es el térm ino que" a g u a r­ da respecto a a. y que el mismo liecho es verdadero respecto a P latón. sin em bargo. La afirmación formal de este p u n to de vista es la siguiente: P a ra todos los valores de x e y. deba su sti­ tuirse el m ismo térm ino en los lugares en que los puntos indican su necesidad.. No interesa cuál sea el térm ino elegido.» En esta fórm ula es esencial que. no aparece tra z a de este re­ quisito en la pretendida aserción. lo que no afirma. sino que debe ser idéntico en am bos sitios. donde R es alguna relación definida. existe una gran dificultad en considerarlas de ese modo. Se obtuvo una aserción de una proposición om itiendo sim plem ente uno de los térm inos que tenían lugar en la proposición.LOS P RI N C I P IO S DE LA M A T E M A T I C A 117 casado implica Sócrates tiene padre» es una aserción concerniente a Sócrates o no lo es? E s m uy cierto que si reem plazam os Sócrates por una variable obtenem os una función proposicional. N uestra presente intención era la de explicar. las funciones proposicionales por medio de aserciones.. la m isma función de P latón que nuestra proposición anterior era de Sócrates. La interpretación n a tu ­ ral de esta afirmación sería la de que una proposición tiene respecto a P latón la misma relación que la otra tiene respecto a Sócrates. por lo tan to . ni puede aparecer traza. o el núm ero 2. la relación R . es un hom bre im plica . si es posible. Pero tal punto de vista exige una función proposicional más com plicada que la considerada.. expresada por el hecho de que son casos particulares de una función proposicional dad a. lo que se afirm a en la implicación formal correspondiente es la verdad de esta función para todos los valores de la variable. Cuando se coloca una x para que ocupe el lugar de la variable. «y es idéntica a <px» es equivalente a ay guarda la relación R con xn. ya que ofrece una complicación m ucho m ayor que lo que se tra ta de explicar. sin que sea posible analizar las proposiciones en un factor co n stan te . Sin em bargo. es ciertam ente innegable. la identidad del térm ino a insertarse se halla indicada por la repetición de la letra x\ pero en la forma asercional no es aplicable tal m étodo. si podemos poner en práctica nuestras intenciones. al restau rar la proposición. Pero cuando om i­ timos Sócrates obtenem os «. Y.. Pero esto requiere que considerem os la función proposicional en cuestión como definible por medio de su relación con la variable. ya que se om ite necesariam ente toda mención del térm ino que debe insertarse. las pro­ posiciones anteriores deben ser aserciones concernientes a Sócrates. a prim era vista parece m uy difícil negar que la pro­ posición en cuestión nos dice algo acerca de Sócrates. Sin embargo. «Platón es un hom bre im plica que P latón es mortal» es.

R y como aserción. es reducible a la constancia de relaciones. .. m ientras x e y varían independientem ente. El ejem plo más simple de este caso es x R y . donde R es una constante m ientras que x e y son variables. es decir. dos proposiciones distintas. y estas clases se adm iten sin duda en palabras tales como p a ­ dres e hijos. considerando la clase de aserciones . esposos y esposas. donde R es una relación constante.. no puede explicarse del modo común. . en todos los dem ás casos. a saber de y en . Sin em bargo. pero la constancia involucrada aquí se presupone en la noción de constancia de relación. resulta una aserción am bigua: al reem plazar los térm inos. por la razón m uy concluyente do que este punto de vista destruye el sentido de la relación. de hecho. R y p a ra diferentes valores de y. por sí m ism a. y otros casos innu­ m erables de la vida diaria. Tal posición es curiosa y difícil: la constancia de forma. pero este proceso no parece ser idéntico al indicado por la variabilidad independiente de x e y en la función proposicional x R y . y así sucesivam ente. Todas esas nociones dependen de la clase de proposiciones tipificadas por x R y. como se explicó anteriorm ente. Parece sobrem anera evidente en este caso que la proposición contiene un elem ento que se pierde cuan­ . como tam bién en nociones lógicas tales como prem isas y conclusiones. D ada una relación v sus térm inos son posibles. dejándonos cierta aserción que es sim étrica respecto a x e. Luego debem os seguir variando y. Parece evidente que ésta es una función proposicional de dos variables independientes: no existe dificultad en la noción de la clase de todas las proposiciones de la form a x R y. o tam bién al considerar los valores de la variable p a ra los cuales ella es igual a una cierta funcióñ de sí m ism a. y ésta es. Respecto a esto se origina un hecho curioso por la consideración.118 BERTRAND RUSSELL y uno variable. v. donde R es una relación constante. su di­ rección de x a y. es m uy difícil considerar x R y como analizable en la aserción R concerniente a x e y. lo que a m enudo puede necesitarse en M atem ática com ún. pero aquí y se ha transform ado en constante. Son necesarias tales funciones al conside­ rarse. tal como «la relación R se halla establecida en tre x e y». causas y efectos. . E sta clase se halla involucrada — o por lo menos se hallan involucrados todos aquellos m iem bros de la clase que son verdaderos— en la noción de las clases de referentes y relatos respecto a R. por lo ta n to . De modo que si querem os que la m ism a R sea una aserción. amos y sirvientes. y. Creo que se obtiene la m ism a conclusión p ara dos variables. . de relación de un térm ino consigo mismo. si deseamos evitar la am bigüedad. Consideremos la función proposicional x R x . Adem ás el proceso sugerido requiere la variación de un elem ento en una aserción. una noción difícil y nueva.R y . por ejem plo. el caso de las clases de suicidas o de autodidactas. Con m ucha legitim idad podemos considerar . a m enudo esencial en la M atem ática real. debemos decidir cuál es referente y cuál relato.

p ara todos los valores de R. m ientras que a R b sólo es proposición cuando R es rela­ ción. el proceso norm alm ente correcto consiste en hacerlo como los valores que satis­ (*) E s necesario a sig n a r alg ú n significado (d istin to al de proposición) a aR b cu a n d o R no os relación. y querem os tra n s ­ form ar esto en implicación formal. nuestro objeto se logra sustituyendo. i|/(R ) im plica 9 (i?)». las que. todas las propo­ siciones del tipo aR b. la im plicación será verdadera. L a nueva función proposicional será verdadera solam ente cuan­ do R sea u n a relación establecida entre a y b: si R no es una relación. sino sólo proposición cuando R satisface <j/(ií). n uestra variable debe tener un campo no restringido. de modo que de nuevo la im plicación será falsa. la proposición no sería función de R. sino equivalente a la proposición (necesariam ente falsa): «Entre a y b son válidas todas las relaciones. Al considerar la variación del concepto en una proposición surge un punto curioso. De modo qué al definir la clase de relaciones que se pueden establecer entre a y b. Pero si.» G eneralm ente nos hallam os ante una proposición tal como «nRb implica y [ R) siem pre que R sea una relación». E n consecuencia. sólo cuando ambos sean verdaderos. . por ejem plo. al co n tar el núm ero de relaciones pluriunívocas cuyos referentes y relatos se hallan dados por clase. Si la implicación fuese formal. aquí tam bién puede adm itirse como fundam ental la función p ro ­ posicional. Respecto a la im plica­ ción m aterial a'R es una relación’ im plica aRb». 83. m ientras que im plica es una implicación m aterial. donde am ­ bas implicaciones subordinadas son m ateriales. es necesario su stitu ir la función proposicional «R es una relación im plica a R b ». y el si y entonces constituyen im plicación formal. el antecedente será verdadero y el consecuente falso. no formal. entonces <p(R). «Si ' R es una relación’ implica 'a R b ’. de modo que la implicación será falsa. por ejem plo. Parece no haber razón para d u d ar acerca de si es legítim o el concepto-clase «relación entre a y b ». entonces n u estra implicación formal puede ponerse bajo la form a «Si 'R es una relación’ im plica aRb. donde a y 6 son térm inos fijos y i? es u n a rela­ ción variable. como. Si 9 (It) es una proposición para todos los valores de R. cuando R sea una relación no válida entre a y 6.LO S P RI N C I P I O S DE LA M A T E M Á T I C A 119 do se la analiza en un térm ino x y en una aserción R.» Aquí R pueden tom ar todos los valores (*). donde es una función proposicional im plicada por «i? es una relación» p ara todos los valores de R. se necesitan frecuente­ m ente en la M atem ática real. Consideremos. Si 9 {R) no es fu n ­ ción proposicional. el antecedente será falso y el consecuente no será proposición. resulta siem pre proposición. adem ás. y de que exista una clase correspondiente. como exigimos norm alm ente. entonces. E n esta proposición la implicación involucrada es m aterial. pero esto requiere la adm isión de funciones p rep o ­ sicionales tales como a ¡ib.

entonces «'cpx im plica cpx’ im ­ plica 9 X» os una proposición p ara todos los valores de x. porque deberíam os asignar un significado a «a . y no necesariam ente con una relación. Una función proposicional tal como <¡R es una relación im pli­ c a Rh» parece sor do análisis aún menos posible on R y una aserción respecto a R que los casos anteriores. no es form al sino m aterial. la variable R en sí es real y no aparente. sien d o lo qu e se h alla d en o tad o po r «cualquier p roposición del tip o en cu e stió n .. Cuando conside­ ramos las x tales que ox. donde el espacio en blanco puede llenarse con cualquier cosa. no es v e rd a d e ra o fa lsa p o r sí m ism a. El principio general involucrado es el siguiente: Si ox es solam ente proposición para algunos valores de x. Pero aquí existe la sugestión de una entidad aun no considerada. aunque contiene una variable. será equivalente a alguna función proposicional m ás sim ple tyx (tal como *R es una relación» en el caso anterior). que entonces puede sustituirse por ella (J). E stam os considerando entre todas las proposiciones del tipo 9 2 . q ue no os p ro p o ­ sición en sí*. ó».— . y es verdadera cuando y solam ente cuando 9 X es verdadera. que se halla den o tad a por «los x tales que <pz». (Ambas implicaciones involucradas son m ateriales.. siendo satisfecha solam ente por algunos de los valores posibles de R — . Pero este punto pertenece a la teoría de relaciones y se resum irá en el capítulo IX (§ 98). Puede dudarse acerca de la exis­ tencia de una tal en tid ad y.) En algunos casos «qxr im plica <pz». frases tales como <¡R es una relación establecida de a a 6» parecerían dem ostrar que su rechazo puede conducir a paradojas. Sólo quedan por decir unas pocas palabras respecto a la deri­ vación de clases a p a rtir de funciones proposicionales. 84.BERTRAND RUSSELL 120 facen «R es una relación im plica aRb» —im plicación que. sin em bargo. aunque cuando una función propo­ sicional afirm a una relación fija respecto a un térm ino fijo. Se deduce que la im plicación formal y la inclusión de clases no puede explicarse generalm ente por medio de una relación en tre aserciones. Pero puede dudarse —y por supuesto que la contradicción con la que he concluido el capítulo anterior d a razones p a ra ello— <1 (’) U n a función p ro p o sicio n al. De lo dicho parecería que las funciones proposicionales deban aceptarse como datos últim os. donde rpx es una función proposicional. a u n q u e sea v e rd a d e ra o falsa p a r a to d o v a ­ lor de la v aria b le. Creo que debe sostenerse que to d a función propo­ sicional no nula define una clase. in­ troducim os una noción de la que se hace un uso m uy oscuro en el Cálculo proposicional — me refiero a la noción de verdad . al análi­ sis en sujeto y aserción es legítimo y no carece de im portancia. . las que son verdaderas: los valores correspondientes de x dan la clase definida por la función <px. a saber: la de una cupla —p a re ja — con sentido. De acuerdo con el lenguaje de Peano.

no puede. Com o esta con­ tradicción es m uy sem ejante a la otra. existiría una proposición que afirm ara 9 de sí m ism a. . D ebe tenerse en cuen ta que. que podem os denotar con 9(9). y. tam bién existiría una proposición no-9(9). por lo que si puede afirm arse de sí m ism a. D ud o m ucho sobre si tal punto de vista no puede conducir a contradicción. podem os pensar que aquí tam b ién puede aplicarse una solución sem ejante. Adem ás de la contradicción en cuestión. por lo tanto. que ne­ gare 9(9). 85. el 9 en <px no es una entidad separada y distinguible: vive en las proposiciones de la fo r­ ma cpx. este punto puede parecer m eram ente verbal: podría decirse que «ser un x ta l que tpr* puede tom arse siem pre de m odo que sea predicado. obtendrem os una función proposicional. puede. de acuerdo a la teoría de fu n cio­ nes proposicionales que defendem os en este libro. y no puede so b revivir el análisis. E n esta proposición podem os considerar 9 com o variable. Se presenta el problem a: ¿En esta función proposicional puede afirm arse la aser­ ción a sí misma? L a aserción no es una auto-asertib ilidad. E sta contradicción se e v ita reconociendo que la parte funcional de una función proposicional no es entidad independiente. Si 9 fuese una en tid ad d istin g u i­ ble. pero parece im ­ ponérsenos y tiene el m érito de perm itim os e v ita r una contradicción que surge del punto de v ista opuesto. concerniente a los predicados no predicables a sí mismos.L OS P RI N C I P IO S D E LA M A T E M A T I C A 121 acerca do si existe siem pre un predicado definente de tales clases. y si no puede. tod as las consideraciones sobre dicho tem a deben tratarse con cuidado. E sto s puntos serán resum idos en el c a ­ pítulo X . Pero teniendo en cuen ta nuestra contradicción.

algún. Cuando un térm ino dado figura como tal en una proposición.C A P ÍT U L O v n i LA V A R IA B L E 86 . la función proposicional. está llena de dificultades. La clase de proposiciones obtenidas de ese modo tiene lo que se puede llam ar constancia de form a.. la variable. E s ta teoría que. De modo que x. no tiene por qué ocurrir en M atem ática: la implica- . A hora la expondré más d etalladam ente. constituye el objeto de este capítulo. un cierto m iembro de cualquier clase de proposiciones de form a constante contendrá ese térm ino. adem ás de las funciones proposicionales. PodemoB decir que x es el x de cualquier <px. es lo denotado por cualquier término. en resum en. adm ito. la siguiente. adem ás es. 87. pero no ésta en función de aquélla. una de las más difíciles de com prender. etc. es lo denotado por la proposición de la form a <p en la que figura x. Comencemos por observar que la m ención explícita de cual­ quier. en la noción de variable están presupues­ tas las nociones de cualquier y de denotar. donde <pz d en o ta la clase de proposiciones que resultan de los diferentes valores de x. E l intentarlo. es la m enos objetable que he podido form u­ lar. La noción de u n a clase de propo­ siciones de form a constante es más fundam ental que la noción gene­ ral de dase. T om ando cualquier térm ino. ese térm ino puede reem plazarse por cualquier otro. La teoría sobre la n aturaleza de la variable que resulta de nues­ tras discusiones anteriores es. si no lograrlo. no existe ap arato de aser­ ciones que nos perm ita evitar la consideración de la variación de uno o más elem entos en una proposición m ientras los dem ás perm anecen invariables. De modo que. La variable es quizá la más específicam ente m atem ática de todas las nociones. por cierto. Las discusiones del capítulo anterior han puesto en evidencia la naturaleza fundam ental de la variable. y yx . pues la últim a puede definirse en función de la prim era. y esta constancia de forma debe tom arse como idea prim itiva. m ientras los dem ás perm anecen sin cambio.

tal que x es un a ’ implica 'x es un u'v. Pero el hecho de que tal sea el caso sólo pueda dem ostrarse con la ayuda de proposiciones que se refieran a cualquier núm ero. Además es el m étodo para form ular teorem as generales.lignifican algo diferente a las proposiciones intensionales a las que lógicos. 1885. algún y hasta qué punto se hallan involucradas estas nociones en el mismo sim bolism oí La variable es. B ru n w ick .’» (*). ¡a noción caracterís­ tica de la M atem ática. 1893. aunque no se distingue generalm ente su presencia en la A ritm ética elem ental. no continuaré discutiendo este punto. (s) Allgemeine A rühm etik. o a 4. e s tá definido com o e q u i­ v a le n te a «Si p im plica p. en to n ces p es verdadero». «Cualquier a pertenece algún 6» es equivalente a «existe un b. É sta. y así sucesivam ente para las relaciones restantes consideradas en el capítulo V. Bradley. Ahora deberem os dem ostrar teorem as que se refieran a n. o a cualquier otro núm ero particu lar. Se pregunta: ¿H asta qué punto estas equivalencias cons­ tituyen definiciones de cualquier. . Así. de acuerdo con la base form al. G eneralm ente se adm ite que la variable caracteriza la M atem ática.LOS P RI N C IP IOS DE LA M A T E M Á T I C A 123 ción formal expresará todo lo necesario. la respuesta a cualquier sum a que debe hacer un colegial se obtiene sin proposiciones que se refieran a cualquier núm ero. De modo que es (') A quí «existe un c». Tenemos: «Cualquier a pertenece a cualquier b» es equivalente a «'x es un a implica que 'u es mi // implica 'x es un ?/. se halla caracterizada por el hecho de que los números que figuran en ella son constantes. y en el que a era una clase y b una clase de clases. La diferencia existente entre ésta y la que aterroriza a los niños puede verse del modo inm e­ diato en trab ajo s tales como los de D edekind (2) y Stolz (3). tra ta n de re­ ducirlas. v de este modo nos vemos trasladados de la A rit­ m ética de los colegiales a la A ritm ética que usa letras en vez de n ú ­ meros y que dem uestra teorem as generales. tal como se enseña a los chicos. tal que x es un w’». un. no a 3. y 'x es’u n c’ im plica p p a ra to d o s los v alo res de x. R ecurram os a un caso ya discutido cuando nos ocupam os de denotar. «Cualquier a pertenece a un b» es equivalente a «’z es un a ’ implica 'existe un b. llamémoslo u. Por lo tan to . que siem pre . (*) Was sind und was sollen die Zahlen?. esa diferencia consiste sim plem ente en lo que sigue: en que nues­ tros núm eros se han transform ado en variables en vez de seguir siendo constantes. debo confesar que me parece verdad evidente que el significado de una aserción respecto a todos los hom bres o cualquier hom bre es diferente del significado de una aserción equivalente res­ pecto al concepto hombre — tan evidente como el hecho de que una proposición respecto a J u a n no se refiere al iiombre J u a n — . L eipzig. llamémoslo u. tales como Mr. Ahora bien. d o n d e c es c u a lq u ie r clase.

Interpretadas por la implicación formal no ofrecen dificultad. a saber: la hipótesis que exprese la m ism a restricción. Pero si se tom a «cualquier número» como objeto definido. no hay duda de que la variable se concibió como nádim ica. No es verdad que 1 es cualquier núm ero. y así sucesivam ente. introduciendo una hipótesis adecuada. Si se dem uestra un teorem a resj>ecto a n. como algo que cam biaba con el transcurso del tiem po. Los térm inos incluidos en el objeto denotado pjor el concepto definente de una variable se llaman valores de la variable: así. aunque es verdadero que todo lo válido para cualquier núm ero es válido p ara 1 . que denota un tér­ mino de una clase.124 BERTRAND RUSSELL absolutam ente necesario para cualquier teoría de la M atem ática el com prender la naturaleza de la variable. como algo que tom aba sucesivam ente todos los valores de una cierta clase. es claro que no es idéntico a 1 ó 2 ó 3 o cualquier otro núm ero que pueda m encionarse. m ien­ tras se reconozca que x no es térm ino definido. (Debe recordarse que aquí la clase es fu n d am e n ta l . sin prefe­ rencia de un térm ino sobre otro. y ningún núm ero es x. ni cualquier otro núm ero particular. si u es una clase que no con­ tiene todos los térm inos. Resumiendo: la variable requiere la noción indefinible de cualquier que se explicó en el capítulo V. n denota sim plem ente cualquier nú­ mero. El hecho es que el concepto «cualquier nú­ mero» denota un núm ero. pero no un núm ero particu lar. y esto es algo muy distinto a cada uno y a todos los números. como se decía. ni tam poco 2. pero el 92 mismo se halla restringido a la clase que podemos llam ar 9. 88 . De modo que aunque a: es un núm ero. 2 los lunes. Pero cuando se consideran funciones proposicionales esto no es posible. excepto cuando se consideran funciones proposicionales. no podemos decir que n es 1 . E xiste cierta dificultad respecto a pro­ posiciones tales como «cualquier núm ero es un número». Ni tam poco debe suponerse que n asum e sim ultáneam ente todos los valores. El x en 92. O riginariam ente. pues afirm an sim ple­ m ente que la función proposicional «z es un núm ero im plica que x es un número» vale para todos los valores de x. Podem os distinguir lo que puede llam arse la variable verda­ dera o formal de la variable restringida. o. E ste punto de vista no puede rechazarse en forma tan rápida. de modo que «cualquier número» no puede en absoluto ser un núm ero. donde cpx es una función proposicional. Si n expresa cualquier en­ tero. En realidad. Puede evitarse la noción de variable restringida. sin em bargo no hay aquí contradicción. pero de un modo d istributivo im parcial. cualquier u denota una variable restringida. todo valor de una variable es una constante. Pero éstos Bon todos los núm eros que hay. es una variable no restringida. É ste es jus­ tam ente el p unto distintivo respecto a cualqxiier. no debe supo­ nerse que n es una especie de Proteo aritm ético que es 1 los domingos. Cualquier término es un con­ cepto que denota la variable verdadera.

LOS P RI N C IP IOS DE LA M A T E M Á T I C A

12b

porque encontram os que es imposible, sin incurrir en círculo vicioso,
descubrir cualquier característica común por la cual pueda definirse
la clase, ya que la afirmación de cualquier característica común es,
por sí m ism a, función proposicional.) H aciendo que x sea siem pre
una variable no restringida, podemos hablar de la variable, que es
conceptualm ente idéntica en Lógica, A ritm ética, G eom etría y todos
los otros tem as formales. Los términos con los que estam os tra b a ja n d o
son siem pre todos térm inos; sólo los conceptos complejos que figuran
distinguen la.s diferentes ram as de la M atem ática.
89.
A hora podemos volver a la definibilidad ap aren te de cual­
quier, algún y un, en función de la implicación form al. Sean a y b
conceptos-clase y consideremos la proposición «cualquier a es un fe».
Debe in terpretarse como significado «x es un a implica x es un 6». Es
claro que las dos proposiciones no significan la m ism a cosa: porque
cualquier a es un concepto que sólo denota las a, m ientras que en la
implicación formal x no necesita ser un a. Pero en M atem ática po­
demos eludir por completo a «cualquier a es un ó» y contentam os
con la implicación formal: en realidad, éste es, sim bólicam ente, el
mejor camino. Por lo tan to , lo que debemos exam inar es: ¿H asta qué
punto intervienen en la implicación formal cualquier, algún y un, si lo
hacen en algo? (El hecho de que en «x es un a » y en «x es un 6» aparezca
el artículo indefinido carece de im portancia, porque éstas se tom an
sim plem ente como funciones proposicionales típicas.) Nos hallamos
frente a una clase de proj)osiciones verdaderas, cada una de las cuales
afirma acerca de un térm ino constante que si os un a es un b. Después
consideram os la variable restringida «cualquier proposición de esta
clase». Afirmamos la verdad de cualquier térm ino incluido entre los
valores de la variable restringida. Pero para obtener la fórm ula suge­
rida es necesario transferir la variabilidad de la proposición como un
todo a su térm ino variable. De este modo obtenem os «x es un a im ­
plica x es un bí>. Pero la génesis sigue siendo esencial, porque no nos
hallamos expresando una relación de dos funciones proposicionales
«x es un a» y «x es un bu. Si se expresara esto no se necesitaría el
mismo x en las dos ocasiones. Sólo se halla involucrada u n a función
proposicional, a saber: toda la fórm ula. Cada proposición de la clase
expresa una relación de un térm ino de la función proposicional «x es
un a» a uno de la «x es un ¿»>; y podemos decir, si querem os, que toda
la fórm ula expresa una relación de cualquier térm ino de «x es un a*
a algún térm ino de «x es un 6». No es ta n to una implicación que con­
tiene una variable como una implicación variable. O, de nuevo, po­
demos decir que el prim er x es cualquier térm ino, pero que el segundo
es algún térm ino; a saber, el prim er x. Tenem os una clase de im plica­
ciones que no contiene variables, y consideram os cualquier m iem bro
de esa clase. Si cualquier m iem bro es verdadero, el hecho se halla in­
dicado introduciendo una implicación típica que contenga una v a ria ­

126

BERTRAND RUSSELL

ble. E sta implicación típica es lo que se llam a implicación formal:
es cualquier m iem bro de una clase de implicaciones m ateriales. Así
parecería que cualquiera se presupone en el form ulism o m atem ático,
pero que algún y un pueden reem plazarse legítim am ente por sus equi­
valentes en función de implicaciones formales.
90. A unque algún puede reem plazarse por su equivalente en fu n ­
ción de cualquier, es claro que esto 110 da el significado de algún. En
realidad existe una especie de dualidad entre cualquier y algún: dada
una cierta función proposicional, tenem os cualquier, m ientras que si
se afirma por lo menos uno (lo que da lo que se llam a un teorem a de
existencia), tenem os algún. La proposición cpx afirm ada sin com entario,
como en «x es un hom bre implica x es mortal», debe tom arse en el
sentido de que ox es verdadera para todos los valores de x (o p ara cual­
quier valor), pero podría haberse tom ado igualm ente en el sentido do
que ox es verdadera para algún valor de x. De este modo podemos
construir un cálculo con dos tipos de variables, la conjuntiva y la
disyuntiva, en el que figurará la últim a siem pre que deba establecerse
un teorem a de existencia. Pero este m étodo no parece ofrecer ventajas
práct icas.
91. Debe tenerse en cuenta que lo que es fundam ental 110 son las
funciones proposicionales particulares, sino el concepto-clase fwición
pro]>osicional. Una función proposicional es la clase de todas las pro­
posiciones que tiene su origen en la variación de un térm ino singular,
pero esto no debe considerarse como definición por las razones expli­
cadas en el capítulo anterior.
92. De las funciones proposicionales pueden derivarse todas las
dem ás clases por definición, con ay u d a de la noción de tal que. D ada
una función proposicional 9X, los térm inos tales que, cuando x se
identifique con cualquiera de ellos, cpx es verdadera, son la clase defi­
nida por 9 X. É sta es la clase como pluralidad, la clase en extensión.
No debe suponerse que toda clase definida de este modo tiene un
predicado definente: esto se discutirá especialm ente en el capítulo X.
Pero debe suponerse, creo, que u n a clase en extensión se halla definida
por cualquier función proposicional, y en p articu lar que todos los té r­
minos form an una clase, ya que m uchas funciones proposicionales
(por ejemplo, todas las implicaciones formales) son verdaderas para
todos los térm inos. Aquí, como en el caso de las implicaciones formales,
es necesario que to d a la función proposicional cuya verdad define la
clase se m antenga in ta c ta , y si no, aun en lo que sea posible p a ra todo
valor de x, dividida en funciones proposicionales separadas. P or ejem ­
plo, si a y 6 son dos clases, definidas por cpx y
respectivam ente, su
parte común está d ad a por el producto cpx, ^ 2;, donde debe efectuarse
el mismo para todo valor de, x, y luego v ariar x: Si no se hace así, no
tendrem os necesariam ente el m ism o x en cpx y tyx. De modo que no
m ultiplicam os funciones proposicionales, sino proposiciones: la nueva

LOS P RI N C I P IO S DE LA M A T E M A T I C A

127

función proposicional es la clase de productos de proposiciones corres­
pondientes que pertenecen a las funciones anteriores, y no tiene nada
que ver con el producto de 92; y <\¡x. E s sólo en v irtu d de u n a defini­
ción como el producto lógico de las clases definidas por ox y
es la
clase definida por rpx • tyx. Y siem pre que se afirme una proposición
que contenga una variable aparente, lo que se afirm a es la verdad,
para todos los valores de la variable o variables, de la función p ropo­
sicional correspondiente a to d a la proposición, y no es nunca una rela­
ción de funciones proposicionales.
93 .
Parecería, de acuerdo con la discusión anterior, que la v a ria ­
ble es una entidad lógica sum am ente com pleja y n ad a fácil de ser
analizada correctam ente. Lo siguiente quizá sea un análisis ta n co­
rrecto como cualquiera que se pueda llevar a cabo. D ada cualquier
proposición (110 una función proposicional), sea a uno de sus térm inos,
y llamemos y(a) la proposición. E ntonces, en virtu d de la idea prim i­
tiva de función proposicional, si x es cualquier térm ino, podemos
considerar la proposición 9(2:), que surge de la sustitución de x en
lugar de a. Así llegamos a la clase de todas las proposiciones 9(2;). Si
todas son verdaderas, 9(2) se afirm a sim plem ente: entonces 9(2) puede
llam arse una verdad formal. E n una implicación formal 9(2;), 'para
todo valor de x, establece una implicación, y la aserción de 9(2;) es la
aserción de una clase de implicaciones, no de una sola implicación.
Si 9(2) es a veces verdadera, los valores de x que la hacen verdadera
forman una clase, que es la clase definida por 9(2): en este caso se
dice que la clase existe. Si 9(2:) es falsa para todos los valores de x, se
dice que la clase definida por 9(2) no existe, y en realidad sucede eso,
como vimos en el capítulo V I, si las clases se tom an en extensión.
De modo que x es, en cierto modo, el objeto denotado por cualquier
término; pero esto apenas puede defenderse en form a estricta, pues en
una proposición pueden figurar diferentes variables; sin em bargo, se
supone que el objeto denotado por cualquier térm ino es único. Pero
esto evoca un nuevo punto en la teoría de.denotar, a saber: el de que
cualquier término no denota, hablando con propiedad, un conjunto de
térm inos, sino un térm ino, aunque no uno p articu lar definido. De
modo que cualquier término puede denotar diferentes térm inos en
lugares distintos. Podem os decir: cualquier térm ino guarda cierta re­
lación con cualquier térm ino; y ésta es una proposición m uy diferente
a: cualquier térm ino guarda alguna relación consigo. De modo que
las variables tienen una especie de individualidad. E sto surge, como
he tra tad o de dem ostrar, de las funciones proposicionales. Cuando
una función proposicional tiene dos variables, debe considerarse como
obtenida por pasos sucesivos. Si la función proposicional 9(1, y) debe
afirm arse para todos los valores de x e y, debemos considerar la aser­
ción, para todos los valores de y, de la función proposicional 9(0, y),
donde a es una constante. Pero no involucra y y puede presentarse

128

BERTRAND RUSSELL

con ^(a). Luego variam os a, afirm am os
p ara todos los valores
de x. El proceso es análogo al de doble integración; y es necesario
dem ostrar form alm ente que el orden en el que se llevan a cabo las
variaciones no influye en el resultado. De este modo parece explicarse
la individualidad de la variable. U na variable no es sim plem ente
cualquier término, sino cualquier térm ino que integre una función
proposicional. Podem os decir, si ?x es función proposicional, quo x
es el térm ino en cualquier proposición de la clase de proposiciones cuyo
tipo es rpx, por lo ta n to parece que, considerando funciones proposi­
cionales, las nociones de clase, do d enotar, y de cualquier son funda­
m entales, siendo presupuestas en el sim bolismo em pleado. Con esta
conclusión, el análisis de la implicación form al, quo ha sido uno do los
principales problem as de la parte I, se lleva h asta el p u n to en quo soy
capaz de llevarlo. Quizá algún lector pueda hacerlo m ás com pleto, y
contestar los muchos interrogantes que he planteado y dejado sin
respuesta.

p a rte IV . X X V . del uno al otro. d en o ta una proposición diferente de bRa.— 9 . cuando a y 6 no son idénticos.. É stas son aquellas en las que se afirm a u n a relación entre dos térm inos. cap. que es id én ­ tica a «6 y « son dos». U na relación entre dos térm inos es un concepto que figura en una proposición en la que hay dos térm inos que no figuran como con­ ceptos (2). E sta opinión es difícil de refutar. I.C A P ÍT U L O IX R E L A C IO N E S 94. Por lo ta n to debem os adm itir que hay relaciones que tienen m ás de dos térm inos. y en las que se dice que dos térm inos son dos. ex clu y e la seudorelación do su je to a p red ic ad o . § 200. pero verem os que tam poco tiene fundam entos en su favor (x). y en la que el intercam bio de esos dos térm inos da una. A m enudo se ha dicho que toda proposición puede reducirse a una del tipo de sujeto-predicado. L a últim a clase será tra ta d a más adelante. la prim era debe considerarse in m ed iata­ mente.OS I’ R 1 N C I I M O S DE IjV M a T K M k j ICA . sin em bargo. pero como éstas son más complejas. proposición diferente. E sto es lo que puede llam arse sentido de la relación y es. E s decir: es característica de una relación de dos térm inos el que proceda. Después de loa proposiciones de sujeto-predicado debemos considerar dos tipos de proposiciones que parecen igualm ente senci­ llas. que todas las proposiciones que no sean del tipo sujeto-predicado y que no afirmen núm eros pueden reducirse a proposiciones que contienen dos térm inos y una relación. U na proposición relacional puede sim bolizarse con a ltb . Se necesita esto últim o p ara distinguir una proposición relacional de una del tipo de «a y 6 son dos». Debe tenerse on cuenta. donde R es una relación y a y b son térm inos. como verem os. por decir así. la iu en te del (’) V éase inf. pero a través del tra b a jo presente encontrarem os abundantes razones para rechazar este p u n to de vista. y entonces aR b siem pre. (s) F s la descripción. será m ejor considerar en prim er lugar las que sólo tienen dos térm inos. com o vim os a n te rio rm e n te (§ 48).

tom ar nuestras proposiciones bajo la segunda form a (Sócrates tiene hum anidad). no podríam os afirm ar nunca la propia identidad. las proposiciones siguientes parecen inne­ gables. térm ino es un térm ino. Pero am bas tendencias deben recha­ zarse. y el térm ino a. Debe tenerse como axiom a que aR b im plica y se halla im plicado por una proposición relacional bR'a. Pero ya que existe una noción tal como la identidad. la relación debe ser sim étrica.130 BERTRAND RUSSELL orden y de las series. 95. La relación de R o. proposiciones que afirm an la relación de predica­ ción y proposiciones que afirm an el ser m iem bros de una clase. es decir. como tipo de tales proposicio­ nes. E xiste cierta tendencia a afirm ar que ningún térm ino puede relacionarse consigo mismo. Pero la identidad es aún una relación sim étrica. siempre que entre a y b exista R. debemos ad m itir que un térm ino puede relacionar­ se consigo mismo. el ser es. Las bases sobre las que se apoya este punto de vista derivan de ciertas proposiciones en las que los térm inos se relacionan consigo mismos en forma no sim étrica. Todas son de uno de los tres tipos equivalentes distinguidos al princi­ pio del capítulo V . a pesar de que ella es por com pleto una relación. en la que la relación R' procede de 6 a a. y puede ser o no la m ism a que R. sino sólo por el hecho de que es válida para todos los casos en los que figura la relación dada. idéntica a su recíproca. o tiene unidad. que no es de posible definición. o tiene ser. y como parece innegable que todo térm ino es idéntico a sí mismo. recibirá el nom bre de recíproca de R. El sentido de una relación es una noción fundam ental. debe recor­ darse que éstas son proposiciones diferentes. ya que en general los sujetos no pueden ser predicados de sus predicados. y existe aún una relación m ayor para afirm ar que. p a ra nuestro fin pre­ sente. Pero aun cuando aR b im plique y se halle im plicado por bRa. E s necesario. concepto-clase es un concepto-clase. o diferencia de sentido. ya que la form a sujeto-predicado no es relacional en el sentido anterior. E n ­ tonces lo que debem os considerar es el hecho de que un predicado puede ser predicable a sí mismo. El asunto resulta m ucho más difícil cuando debemos suponer relaciones no sim étricas de térm inos respecto de sí mismos. si ningún térm ino pudiera relacionarse consigo mismo. que pueden llam arse respectivam ente proposiciones de sujeto-predicado. es decir. Podem os tom ar. y esk> no debe definirse (como parecería legítimo a prim era vista) por la implicación m utua anterior en caso singular alguno.y pue­ de aceptarse sin escrúpulo alguno. y será d enotada (de acuerdo a Schroder) con R . si un térm ino puede hacerlo. 1 es uno. que señala el relato. R es la de reciprocidad. Sin em bargo. Ahora debemos exam inar estas proposiciones. concepto es con­ ceptual. Así «la unidad tiene uni­ . es ciertam ente innegable que la relación de predicado es asim étrica. Debemos distinguir el térm ino de que en la relación señala el referente. En prim er lugar. A hora bien. «la unidad tiene unidad». L a relación establecida entre b y a. por una relación cuya recíproca no es idéntica a sí m ism a.

pues este predicado sería. y exista o no la relación II entre ellas. una relación R tal que a Rb im plique y se halla im plicada por bRa. son de gran im portancia ciertos axiom as que so refieren a clases y relaciones. É stos son los referentes (y tam bién los relatos) en lo que respecta a una relación algo com pleja. y tales relaciones no son necesaria­ m ente sim étricas. requerir cierta lim itación. el dom inio y dom inio recíproco de la relación. y esto debido a la contradicción m encionada al final del capítulo VI. Si lo as. Vimos que algunos predicados pueden predicarse a sí mismos. Ahora. predicable a si mismo. de modo que todos los térm inos que guardan esa relación con dicho térm ino form an una clase. Debe observarse que tener una rela­ ción dada respecto a un térm ino dado es predicado. es decir. Por lo ta n to debem os definir la recíproca de una relación por el hecho de que a R b im plique y se halle im plicada por b íia . cuales­ quiera que sean « y b. E sta contradicción puede form ularse del modo siguiente. Se deduce. si la recíproca de una relación en un caso particular se definiera por implicación m u tu a en dicho caso. Pero no existe predicado que se refiera . donde R' es alguna relación d istin ta a R. si el referente y el relato son idénticos. podemos distinguir aR b de bRa\ 2) todas tienen recíproca. Además debe observarse que tener una relación dada no es p re­ dicado en absoluto de modo que todos los referentes respecto a una relación dada form an una clase. respectivam ente. E s decir. de modo que. ^8 uno de aquellos referentes en relación con los cuales fue definidol . recíprocas entre sí. Llam aré a estas dos clases. llam aré a la sum a lógica de am bos campo de la relación. cualesquiera sean a y 6. ya que en «la unidad tiene unidad» se hallan im plicadas dos relaciones diferentes de relato a referente.a todos ellos y a ningún otro térm ino. e implica otra. a saber: la combinación de no predicabilidad con identidad. sin em bargo.LOS P RI N C IP IOS DE LA M A T E M A T I C A m dad» afirma una relación de la unidad respecto a sí m ism a. y si les damos cualquier valor constante podemos encontrar que aR b im plica y se halla im plicada por b it'a . o no sería. es claro que el relato guarda respecto al referente la m ism a relación que el referente con el relato. a saber. l ’or lo tan to . quo todos los relatos form an igualm ente una clase. pueden existir dos relaciones diferentes. es decir. aquí a y b son esencialm ente variables. Consideremos ahora aquellos en los que no sea éste el caso. P ara la teoría general de relaciones. considerando la relación recíproca. parecería ahora que nuestra relación tiene dos recíprocas. siem pre que a y b no sean idénticas. y válidas am bas entre un térm ino y él mismo. El axiom a de que todos los referentes respecto a una relación dada forman una clase parece. De modo quo deben tenerse en cuenta tres puntos respecto a las re ­ laciones de dos térm inos: 1) todas tienen sentido. especialm ente en su desarrollo m atem ático. 3) existen algunas rela­ ciones entre un térm ino y él mismo. la relación recíproca: la unidad guarda respecto a sí misma ta n to la relación de sujeto a predicado como la de predicado a sujeto. ÍKi.

Q ueda planteado el problem a acerca de si toda clase debe tener un predicado definente. ya que éstos fueron definidos como aquellos a los que es predicable. creo. El punto establecido por la contradicción anterior puede form ularse del modo siguiente: Una proposición que contenga ap aren tem en te sólo una va­ riable. no es predicable a sí mismo. De modo que no se deja de lado ningún pre­ dicado que pueda tener relación con todos los predicados considerados. É sta es una contradicción que m uestra que todos los referentes considerados no tienen predicado común exclusivo. entonces de nuevo es uno de los referentes dichos. o si sólo puede afirm arse Ra de b. El conjunto de los dos dominios se llam ará cam¡x> de la relación — noción sum am ente im p o rtan te res­ pecto a las series— . en virtud de su definición. puede no ser equivalente a cualquier proposición que afirme que la variable en cuestión tiene un cierto predicado. v por lo ta n to de nuevo es predicable a sí mismo. si no es predicable a sí mismo.132 BERTRAN D RUSSELL v por lo tan to . sería un m iem bro de la clase supuesta de predicados. los hijos form an su dom inio recíproco. Recíprocam ente. si los predicados definentes son esenciales para los clases. E n otras palabras. pues si así fuese sería predicable a sí mismo. 6u dom inio está form ado por los padres. que ser un térm ino del que puede afirm arse Ry para algún valor y es predicado. Sin em bargo. así como tam bién la clase de los referentes. El dom inio de la relación recíproca se llam ará tam bién dom inio recíproco. así como tam bién la clase de los relatos. la d o ctrin a de las funciones proposicionales requiere que todos los térm inos que tienen esta últim a propiedad form en una clase. El tem a puede plantearse de otro modo. y en consecuencia. es decir. Se deduce de lo anterior que no toda colección definible de tér­ minos forma una clase definida por un predicado com ún. 101 que todos los térm inos que guarden una relación dada con un térm ino dado formen una clase definida por un predicado común ex­ clusivo resulta de la doctrina del capítulo V II. Puede dudarse acerca c}e si la proposición a R b debe considerarse como afirm ando a R de b. Ser un térm ino del cual pueda afirm arse Rb parece predicado. Pero el predi­ cado común supuesto no puede ser cualquier otro predicado. E sto debe tenerse en cuenta. de todos los que (por definición) es predi­ cable. Así. se han utilizado todos aquellos que no son predi­ cables a sí mismos. y tenem os que dedicarnos a descubrir qué propie­ dades ha de tener una colección p a ra form ar una tal clase. Pero no se deduce. pues p ara cada uno de ellos existe por lo menos un predicado (a saber: él mismo) del que no es predicable. que dice que la pro­ posición a R b puede analizarse en el sujeto a y la aserción Rb. El predicado común de todos esos predicados no puede ser uno de ellos. ju n a proposición relacional sólo ee una aserción concerniente . Al definir la pretendida clase de predicado. su campo. y los padres e hijos juntos. si la relación es p atern id ad . no form an una clase. L lam aré a esta clase el dominio de la re­ lación R.

En realidad existen conceptos tales como m ayor . Me siento inclinado a ad o p tar este punto de vista. y que por lo ta n to requiere que el núm ero de factores sea finito.LOS P RI N C IP IOS DE LA M A T E M Á T I C A 133 al referente. E ste procedim iento es form alm ente más conve­ niente. Por lo ta n to parecería más correcto tom ar un p unto de vista intensional de relaciones. E xiste la tentación de estim ar una relación. y parece estar tam bién más de acuerdo con los hechos lógicos. aunque la relación afirm ada sea solam ente la general de referente a relato. Si R. excepto que aquí tenem os que tra b a ja r con doble variabilidad. «es m enor que a» y «6 es m enor que». como clase de cuplas — p arejas— . z es decir que existe un térm ino y respecto al cual x guarda la relación R. Así cuñado es el producto relativo de esposa y herm ano o de her­ m ana y esposo. 54). relacionadas con (por ejemplo) m es m ayor que b >>. y que la aserción de que a es referente y b relato ya involucra una pro­ posición puram ente relacional en la que a y b son térm inos. Parecería. que en general no es conm utativo. y ninguna d o ctrin a cupla puede evadir tales proposi­ ciones. pero el sim bolismo tra b a ja con ellas por medio de relaciones. a saber: «es m ayor que bn. decir que su producto relativo R S es válido entre dos térm inos x. S son dos relaciones. cuatro aserciones. m ien­ tras que el producto relativo de padre y esposa es m adre o m adrastra. que figuran en form a d istin ta que como térm inos en proposiciones que tienen dos térm i­ nos (§§ 48. . y debe introducirse por sí misma como idea prim itiva. los conceptos-clase y relaciones variables) repre­ sentan intensiones. En toda la M atem ática existe la m ism a curiosa relación de puntos de vista intensionales y extensionalfes: los símbolos que no son térm inos variables (es decir. suegro es el producto relativo de esposa y padre. m ientras que los objetos reales con los que se tra b a ja son siem pre extensiones. que el sentido sólo puede deducirse de alguna proposición relacional. E sto presenta la v en taja formal de que evita la necesidad de la proposición prim itiva que afirme que to d a cupla tiene una relación no válida entre ningún otro par de térm inos. y parece innecesario repetir las explicaciones en to d a su extensión. 97. considerando el tem a filosóficamente. o tam bién una aserción concerniente al relato? Si ad o p ­ tam os este últim o punto de Vista tendrem os. e identificarlas m ás bien con conceptosclase que con clases. y que por sí mismo tiene la relación S con z. en el Cálculo de relaciones lo que interesa son las clases de cuplas. Así. considerada de­ finible en extensión. ¡tero no conozco ningún argum ento en favor del uno ni del otro. d istin ­ guir el referente del relato: así una cupla llega a ser esencialm ente d istin ta de una clase de dos térm inos.'E sto es precisam ente sem ejante al es­ tado de cosas explicado al tra ta r las clases. Pero es necesario dar sentido a la cupla. Podemos form ar la sum a y producto lógicos de dos relaciones exactam ente como en el caso de las clases. <« es m ayor que». 98. Adem ás de estos modos de com ­ binación tam bién tenem os el producto relativo.

la otra en el significado de la proposición misma. excepto si algún punto específico de diferencia puede hallarse en discusión. h a t a ­ pado un argum ento en contra de la realidad de relaciones en la re­ gresión infinita que surge del hecho de que una relación que relaciona dos térm inos debe hallarse relacionada con cada uno de ellos. En contra de esto puede decirse que el concepto «di­ ferencia de a y 6». es com pletam ente ino­ fensiva. y que la regresión infinita. Con estas notas podemos d ejar lo re sta n te de la teoría de relaciones para las p artes siguientes del tra b a jo presente. Por lo ta n to deberem os concluir que u n a proposición relacional a R b no incluye en su sig n ificad o cualquier relación de a o 6 con R. . pero contra esto puede responderse que hemos hallado que la diferencia entre a y b. pero es m uy dudoso el que eso c o n stitu y a una dificultad lógica.134 BERTRAND RUSSELL 99 . diferencia relaciona a y b del mismo modo que eri la proposición m y b difieren». E n co n tra de este punto de vista puede argum entarse que la aserción de una relación v los térm inos. m ientras que el que establece igualm ente que b tiene respecto a m a yo r la relación de relato. Pero puede sostenerse que «a excede a bu expresa solam ente la relación de a a b. Va hemos tenido ocasión (§ 55) de distinguir dos tipos de re­ gresión: la una procedente sim plem ente de las proposiciones siempre de nuevo im plicadas. aunque im plicada. El es parece establecer que a guarda respecto a m ayor la relación de referente. B radley en A p p e a ra n c e a n d R ea lity . y que esto es lo que constituye la distinción. aunque pare­ cería absurdo negar que la gente realm ente piensa lo mismo en estas proposiciones. aunque innegable. sin incluir cualquiera de las im plicaciones o relaciones ulte­ riores. Puede argum entarse que es parte del verdadero significado de una proposición relacional ol que la relación involucrada guarde respecto a los térm inos la relación expre­ sada diciendo que los relaciona. B asándonos — lo que no podemos m enos de hacer— en que cada p alab ra genuina debe tener algún significado. y que una relación que relaciona se distingue de u n a en sí misma por el elem ento indefinible de aserción cjue distingue una proposición de un concepto. de estos dos tipos coincidimos en que el prim ero ha dejado de ser ob­ jetable a p a rtir de la solución del problem a del infinito. que por lo ta n to contiene más de dos térm inos y una relación. (pie antes hemos dejado sin explicación (§ 54). Debemos inquirir qué tipo de re­ gresión tiene lugar en el caso presente. el es y que deben form ar p a rte de «a es m ayor que bu. capítulo I I I . es indistinguible de la simple diferencia. entre una relación que relaciona y una relación en sí misma. Mr. Creo que pode­ mos distinguir entre «a excede a ó» y «a es m ayor que 6». L a re­ gresión infinita es innegable si se tom an las proposiciones relacionadas como últim as. m ientras que el últim o sigue siendo inadm isible. no es p a rte de la proposición ori­ ginal. De este modo parece ser im posible probar que la regresión infinita involucrada es del tipo objetable.

Sea w un concepto-clase que puede afirm arse por sí mismo. w es un v. y a m en­ cionada. De modo que u' no es un y por lo ta n to no es un u. este concepto-clase se halla contenido en sí mismo. respecto a los predicados no predicables a sí mismos. § 344 f. Ejem plos son concepto-clase y las negaciones de los conceptos-clase comunes. (¡3) si u es un concepto-clase. en consecuencia por ((3) u' no es predicable a sí mismo. Antes de in te n ta r la solución de este problem a será conveniente llevar a cabo ciertas deducciones relacionadas con él y form ularlo bajo form as di­ ferentes. ningún concepto-clase contenido en u puedo aíirm arse de sí mismo. es decir. y ninguno de sus miembros es predicable a sí mismo. Antes de concluir con las cuestiones fundam entales es nece­ sario exam inar con m ayor detalle la singular contradicción. de que la clase de todos los térm inos (que hemos visto es esencial p ara todas las proposiciones formales) tiene necesariam ente el núm ero m áxim o posible de miembros (l ). pues los térm inos de u que no son térm inos de u' son todos predicables a sí mismos. lo que no sucede con u '. . y u' el concepto-clase de aquellos m iem bros de u que no son predicables a sí mismos. De modo que (S) si w es un concepto-clase cualquiera. Adem ás en contraposición. en consecuencia existe un térm ino de v que es un concepto-clase que puede afirm arse a sí mismo. Además (y) si u es un concepto-clase cualquiera. tal que «w es un w». m uy plausible. cap. no-hombre. ninguno de cuyos m iem bros son conceptos-clase que pueden afirm arse de sí mismos. existe (l ) V éase p a rto V. E ntonces (a) si xv se halla contenido en otra clase v. como w es un w. X L I I I . Debo m encionar que me vi conducido a él al tra ta r de con­ ciliar la prueba de C antor de que no puede existir núm ero cardinal m áximo con la suposición.C AP Í TU L O X LA CONTRADICCIÓN 100. por ejemplo.

E n consecuencia debem os c o n c lu ü \e n c o n tra de las apariencias. P ero si to m am o s la ú ltim a e n tre ellas y ad m itim o s la clase de los co n ­ ceptos-clase que no pueden afirm arse a sí m ism os. y viceversa. como plurali­ dades no form an una clase — o m ás bien— . A dem ás. «C oncepto-clase que no es térm in o de su p ro p ia extensión» parece ser co n cepto-clase. D ejem os de lado to d as e sta s consecuencias p ara d ó jic a s e in ten tem o s la form ulación e x a c ta de la co n trad icció n m ism a. Si x es un p red icad o . y vice­ versa. la clase d e conceptos-clase que no pu ed en afirm arse de sí m ism os. la clase de todas las clases es una clase. q u e y a ha sido d ad a . como unidades. ¿Todas las clases que tienen e sta propiedad for­ m an una clase? Si así fuese. L a conclusión en este caso parece ev id en te: «no-prodicable a sí mismo* no es p red icad o . sino un u \ y p o r lo ta n to es y. y puede d e m o stra rse cu a lq u ie r n ú m ero de ab su rd o s sem eja n te s. P ero si es té rm in o de su p ro p ia extensión. y que cucharilla de té es u n a b icicleta. Así que de nuevo debem os Llegar a la conclusión que las clases como unidades no son m iem bros de sí mism as. en to n ces w ' . no es un «•'. 101. a u n q u e es fácil d e m o stra r que to d a clase tien e m ás subclases que térm in o s. E n consecuencia. x puede ser o no sor pred icab le a sí m ism o. Se d ed u ce q ue el concepto bicicleta es u n a c u c h arilla de té. la clase de todos los térm inos que no son hom bres no es un hom bre. Si lo es. A hora fo rm u larem o s la m ism a c o n tra d icció n en función de concepto-clase. E n p ri­ m er lugar t-enemos la afirm ación en función de los p red icad o s. T am b ién deb em os te n e r en c u e n ta que. E n consecuencia: c a d a conceptoclase que es térm in o de w tien e a to d o s los o tro s de w com o extensión. E n to n ces su p o n er que él es o no p re d ic ab le a sí m ism o es c o n tra d ic ­ torio. y así sucesivam ente.136 BERTRAND RUSSELL un co ncepto-clase co n ten id o en u q u e no es m iem b ro de u. que «concepto-clase que no es té rm in o de s u p ro p ia extensión» no es concepto-clase. co n tien e com o m iem bros de ella to d as sus subclases. E s to es co m p lem en to a b su rd o . Una clase como unidad puede ser térm ino de sí m ism a como pluralidad. y es ta m ­ bién u n o d e esos conceptos-clase no p redicables a sí m ism os. es o no m iem bro de sí misma como pluralidad. a la que Llam arem os u-. A d m itam o s que «no-predicable a sí mismo» es un predicado. en c o n tram o s que esa clase d ebe c o n te n e r un co n cepto-clase q u e no es m iem bro de sí m ism o. que no form an una clase . \ En función de clases la contradicción parece aún m ás extrao rd i­ naria. entonces es una de las clases que. H a sta ah o ra n u e s tra s deducciones no parecen p re se n ta r p ro b lem a alguno. si y es cu a lq u ie r té rm in o de w. como unidad. Un co n cepto-clase p u ed e ser o no té rm in o de su p ro p ia ex tensión. siendo u n a sub clase do w. es un co n cep to -clase que no es té rm in o de su p ro p ia ex ten sió n . no son m iem bros de sí m ism as como pluralidades. en v irtu d d e lo d em o strad o en (¡3). y q ue p o r lo ta n to no p erte n ece a la clase en cuestión. y u)' es todo u • salvo y .

Porque. puede probarse respecto a cualquier relación. Un resultado sem ejante. a la negativa de <pz(x). E ntonces es im posible que exista un térm ino a respecto al cual todos ellos y ningún otro guarden la relación R. Tal m étodo existiría si todas las funciones proposicionales pudieran ponerse bajo la form a. Péro en el capítulo V I hemos distinguido los diferentes significados h asta el p u n to en que cualquier distinción parece posible. Cualquier m étodo por el cual intentem os establecer una correlación biunívoca y pluriunívoca de todos los térm inos y todas las funciones proposicionales debe om itir por lo menos una función proposicional. pues hace a <p0(a) equivalente a su propia negativa. o el principio de que toda clase puede tom arse como térm ino. y. y a que esta form a correlaciona u con.. <pa(z) sería equivalente. Se deduce que existen m ás funciones proposicionales que térm inos — resultado que parece ser com pletam ente imposible. Si en lugar de colocar R ponemos e.. Sea R una relación y considerem os la clase w de térm inos que no guardan la relación R respecto a sí mismos. zu. si existiera un tal térm ino. Veremos brevem ente cómo se ev ita la im posibilidad por medio de la doctrina de los tipos lógicos. Pero la im posibilidad de cualquier correlación como la anterior se puede dem ostrar del modo siguiente. su. si la correlación cubre todos los té r­ minos. El prim er m étodo — que surge por sí mismo— es el de b u s­ car una am bigüedad en la noción de e. pues el argum ento no puede dem ostrar que no formen una clase como pluralidad. lo que es legítimo. Sustituyendo x por a. la función proposicio­ nal «. aunque la prueba es ta n convincente como cualquiera de las que se llevan a cabo en M atem ática. Aquí. y a que es proposición para todos los valores de x. encontram os una contradicción. no conduce a contradicción. y cuáles no lo hacen? Y con este problem a comienza n uestra v erd a­ dera dificultad. sin em bargo. entonces. hemos visto que bajo cada .t no guarda la relación R con x » sería equivalente a tx gu ard a la relación R con o». para todos los valores de x. la negativa de <pz(:r) será una función proposicional.. pero que. Pero al rechazar el prim ero surge el problem a: ¿Qué funciones proposicionales definen clases que son térm inos singulares al mismo tiem po que pluralidades. Sea <px u n a función proposicional correlacionada con x.. pero esta equiva­ lencia es imposible p ara el valor a.LOS P RI N C I P I O S D E LA M A T E M A T I C A 137 como unidad. y no hay objeción fundam ental que im pida rechazar am bos. 103. pues la equivalencia es formal. llegamos a la contradicción anterior. la relación de un térm ino a un concepto-clase que puede afirmarse de él. pues si se la correlacionara con a. o resu lta falso el axiom a. La razón de que surja aquí una contradicción. Pero no puede incluirse en la correlación. es la de que hemos tom ado como axiom a el que cualquier función proposicional que sólo contiene una variable es equivalente a afirm arse m iem bro de una clase definida por la función proposicional. 102 . sin em bargo.

p o r lo ta n to . la clase de los valores que satis­ facen 9 . o que no ex iste función proposicional satisfec h a p o r sus té rm in o s y p o r n in ­ gún o tro. ex c ep to las n u las. y en co n secuencia debe ex istir a lg u n a función proposicional sa tisfe c h a por los té rm in o s de w. que. o la relación de cpx a x. la clase w no p erten ece p o r sí m ism a a la clase w. creo. cie rta m e n te . Pero en el tipo de funciones proposicionales que estam os considerando en este capítulo.138 BERTRAND RUSSELL significado su rg e la m ism a c o n tra d icció n . y to d a clase puede. De m odo que d ecir que u n a clase com o u n id a d no es m iem bro de sí m ism a com o p lu ra lid a d . D e este m odo v u elv e a su rg ir la co n trad icció n . 9 y x. ex c ep to las que no te n g a n la p ro p ied a d a n te ­ rior. n ecesa­ riam e n te u n a d e las satisfech as ta m b ié n p o r la clase w de to d as las clases co n sid erad as com o un té rm in o sin g u lar. pero puede salvarse esta objeción sustituyendo 9 por la clase de propo­ siciones cpx. L a doctrina del capítulo V II. al c o n sid erar to d a s las clases q u e te n g a n la p ro p ie d a d a n te rio r se co n sid erarán to d as. definen clases. donde 9 e. de ellas. Como to d a s las funciones proposicionales. Adem ás es imposible excluir por completo las funciones proposicionales variables. y debem os su p o n er: o que no ex iste u n a e n tid a d com o w. T o d a función proposicional no nula — hem os Bupuesto— define u n a clase. puede hacer que ta l variable parezca ilegítim a. Si denotam os con ko. por ejem plo. cualquiera puede adm itir un valor constante o cualquiera puede variarse sin tener en cuenta la otra. en la variabilidad independiente de la función y del argum ento. cuando se varía 9 tam bién varía el argum ento sobre el . serían im posibilitados por la negativa en el perm iso de ta l tipo de variación. es d ecir q u e la clase com o u n id a d no satisface la función p or la cual ella m ism a h a sido definida com o p lu ralid ad . Si c u a lq u ie r función pro p o sicio n al fu e ra sa tisfe c h a por to d a clase q ue tu v ie ra la p ro p ied a d a n te rio r. In te n te m o s esta b le c e rla en función de las funciones p roposicionales. el argum ento es por sí mismo una función de la función proposicional: en vez do <px tene­ mos 9 (7 ( 9 ) ] .s una variable. de que 9 no es una en­ tidad separable. y todas las proposiciones gene­ rales que constituyen el Cálculo de relaciones. Siem pre que figura una clase variable o una relación variable hemos adm itido una fun­ ción proposicional variable. por el m om ento. É s ta debe hallarse. E n general. por lo ta n to . La definición del dominio de una relación. E n con­ secuencia. Puede pensarse en la posibilidad de encontrar u n a solución ne­ gando la legitim idad de las funciones proposicionales variables. P o r lo ta n to . definirse p o r m edio d e u n a función proposicional. donde (9 ) se halla definida como función do 9 . pero no p o r la m ism a w. n uestra función proposicional es la negación de 9 (^ 0). E n consecuen­ cia necesitam os o tra característica por la cual podam os distinguir dos especies de variaciones. sería. cpx es por sí mismo una función de dos variables. es esencial p a ra las aserciones respecto a to d a clase o a to d a relación.

y ésta es la única relación de la que una función proposicional siem pre nos asegura la presencia. y parece haber sido la fuente de la contradicción. cuando x es variable. porque la variable e n tra en ellas en modo análogo al que. es decir. Así «x es un x* es equivalente a: «puede afirm arse 9 sobre la clase de térm inos que satisfacen 9». siendo z esta clase de térm inos. diremos. en el sentido común. existen funciones proposicionales 9 (u). aparece una variable en una expresión de segundo grado. E n consecuencia. E n tales casos sólo existe una clase como pluralidad. en las que u puede ser la clase como pluralidad. el problem a de si es unidad o pluralidad ten d rá respuesta diferentes de acuerdo a la proposición en la que figuro. que carecen de sentido si su sti­ tuim os u por uno de los térm inos de la clase. Así tenem os: «Sócrates es uno entre los hombres». es un objeto del mismo tipo que sus térm inos. en Álgebra. De modo que «2 es una entre las x * no es proposición en absoluto si la relación involucrada es la de un térm ino a su clase como pluralidad. Quizá el m ejor medio para form ular la solución sugerida es decir que si una colección de térm inos sólo puede definirse por medio de una función proposicional variable. U na clase como unidad. 104. Cuando se form ula do este modo parece que las funciones proposicionales pueden variarse siem pre que la colección resultante no se transform e nunca en el sujeto de una función proposicional original. se varía al mismo tiem po el argum ento de un modo que depende de la variación de 9. pero este axiom a no debe adm itirse universalm ente. no es función proposi­ cional. debe negársela como unidad. L a llave de todo el m isterio se halla en la distinción de lbs tipos lógicos (l ). véase el apéndice. sobre cualquier objeto que no sea térm ino singular. B ajo este punto de vista una clase como pluralidad puede ser sujeto lógico. Pero no siem pre existe la clase como unidad. Tom am os como axiom ático que la clase como unidad debe hallarse siem pre que se presente una clase como pluralidad. en la que hom bres son singular. (*) S obre este te m a . aunque es proposición definida cuando se da x.LOS P RI N C I P I O S D E LA M A T E M A T I C A 139 cual se afirm a <p. tam bién lo tiene cuando se sustituye la clase como unidad. . al negarlo se solucionará toda la dificultad. Por esta razón 9 (7 (9 )]. y «los hom bres son una de las especies de a n i­ males». es decir. aunque debe adm i­ tirse la clase como pluralidad. no una clase como u n i­ dad. Si aquí se varía 9. cualquier función proposicional <p(z) que tiene sentido cuando se su stitu y e x por uno de sus térm inos. entonces. Las funciones proposicionales de este tipo dudoso pueden llam arse formas cuadráticas. en la que los hom bres son plural. pero en proposiciones de un tipo diferente al de aquellas en que sus térm inos son sujetos. y la clase como pluralidad es de un tipo diferente al de los térm inos de la clase. aun cuando la clase sólo tenga un té r ­ mino.

U na sugestión n atu ral para ev ita r la contradicción sería la de d udar acerca de la noción de todos los térm inos o todas las clases. que si se m antuviese este punto de vista respecto a cualquier térm ino. pero no la noción colectiva de todos los térm inos. pues elim inan dem asiados tipos m uy necesarios de pro­ posiciones. que hemos encontrado (§ 93). Sólo la filosofía hegeliana. relación de un térm ino a u n a clase de la que es m iembro. eran las siguientes: función proposicio­ nal. y la hace (*) H em os decidido que la noción de clase en g en eral p u ed e reem p lazarse.BERTRAND RUSSELL 140 105. la identidad en tra de un modo m uy sem ejante en la im plicación form al. clase (1). Y las constantes lógicas son: Im plicación. toda verdad form al sería imposible. de modo que es com­ pletam ente imposible eludirla. denotar. y cualquier o todo térm ino. puede perm anecer indiferente. Debe observarse. 106. y otras nociones tales como las que se hallan involucradas en la im plicación formal. sería suprim ida de un solo golpe. . E s ta definición pone a la M atem ática en relación m uy estrecha con la Lógica. Otros m étodos p ara e v ita r la contradicción parecen ser indeseables. en general. P odría sugerirse que la identidad se introduce en <¡x no es un de modo no perm isible. no se presenta ninguna dificultad sem ejante en L os p r i n c i p i o s d e la M a t e m á t ic a . n uestra huida de la contradicción exige que lo adm itam os. que en la contradicción anterior no se halla involucrada una filosofía especial. que surge directam ente del sentido común y que sólo puede resolverse abandonando alguna hipó­ tesis del sentido común. porque encuentra pro­ blemas sem ejantes en todas partes. y debe observarse que los suicidios de los hom bres que todo lo deben a sí mismos o de los héroes de S efl-IIe lp de Smiles se hallan definidos por relaciones con ellos mismos. excepto las constantes lógicas. cuya caracterís­ tica es la afirmación de verdades respecto a cualquier térm ino. so pena de confesión de incom petencia. y la M atem ática. E n cualquier o tra doctrina una acusación tan directa requeriría una respuesta. Pero ya se ha dem ostrado que son inevitables las relaciones de los térm inos con ellos mismos. A fortunadam ente. p o r el de la clase de p roposiciones d efin id as p o r u n a función pro posicional. que se n u tre de contradicciones. com o indefinible. Puede sostenerse que no es concebible la existencia de una tal sum a total. y si todos indica un todo. y h a sta el p u n to que yo conozco. Y. la noción de tal que. Pero y a hemos visto suficientem ente. Ahora pasarem os breve revista a las conclusiones a que he llegado en la p a rte I. la noción de relación. Se definió la M atem ática p u ra como la clase de proposiciones que afirm an im plicaciones form ales y que no contienen constantes. De modo que la afirm ación correcta de las verdades form ales exige la noción de cualquier térm ino o de todo térm ino. finalm ente.

Vimos que las proposiciones de sujeto-predicado y las que expresan u n a re­ lación fija respecto a un térm ino fijo pueden analizarse en sujeto y aserción. son clases. E n consecuencia. es imposible definir o aislar el elem ento constante en u n a función proposicional. pero este análisis llega a hacerse imposible cuando un té rm i­ no dado e n tra en una proposición de un modo más com plicado que como referente de una relación. sino la aserción. La prim era vale entre dos proposiciones cuales­ quiera siem pre que la prim era sea falsa o la segunda verdadera. siendo las últim as clases como pluralidades. Función propo­ sicional de una variable es cualquier proposición de un conjunto definido por la variación de un térm ino singular. Un exam en de la Lógica sim bólica justifica la enum eración an terio r de los indefinibles m atem áticos. sino a combinaciones de térm inos. y que éstas son los objetos denotados por los conceptos de las clases. La últim a no es una relación. cualquiera sea el lugar en el que figure. Pero. conceptos-clase. no es en general un tipo determ inado de entidad. sino cualquier térm ino con una . L a x no es sim plem ente cualquier térm ino. deriv a­ dos de los predicados. sino reem plazarse por una variable. cualquier. que son los plurales de los conceptos-clase. conceptos de las clases. figuran en proposiciones qüe no se refieren a ellos. E n el capítulo I I I hemos distinguido la im plicación y la implicación formal. Vimos que la noción de variable es sum am ente com plicada.LOS P R I N C I P I O S D E LA M A T E M Á T I C A 141 prácticam ente idéntica a la Lógica sim bólica. en general. clases como pluralidades y clases como unidades. Hem os encontrado que los conceptos de este tipo son fundam entales en M atem ática. para todo valor de la variable o variables. De ahí que llegue a ser necesario tom ar función ]>roposicional como noción prim itiva. de una función proposicional que. y que nos perm iten tra b a ja r con clases infinitas por m edio de proposi­ ciones de com plejidad finita. un. tales como las que se hallan indicadas por todos. pero que no lleva a los resul­ tados tradicionales. y que en consecuencia puede adm itirse la clase vacía. a lg ú n y el. En el prim ero se dem ostró que ciertos conceptos. El capí­ tulo TV distinguió lo que podemos llam ar cosas de los predicados y relaciones (incluyendo con este fin el es de las predicaciones entre las relaciones). el térm ino en cuestión no debe om itirse sim plem ente. rhientras que los otros perm anecen constantes. ya que lo que queda cuando se q u ita un térm ino de una proposición. En el capítulo VI hemos distinguido los predicados. afirm a una implicación. o combinaciones tales como las que resultan de y. Hem os coincidido en que los térm inos singulares. p a ra todo valor de la variable o variables. En el capítulo V II hemos resum ido el estudio del verbo. Se dem ostró que esta distinción se halla relacionada con la doctrina do la sustancia y atributos. Los capítulos V y VI desarrollaron la teoría de los predicados. Pero en este capítulo hemos decidido que es necesario distinguir un térm ino singular de la clase cuyo único m iembro es. todo.

dijimos. y así sucesivam ente. del mismo tipo que sus constituyentes. por el lugar que ocupan en una función proposicional m últiplem ente v aria­ ble. Así se vio que xzx carece de sentido. aunque diferentes. véase so b re esto el ap é n d ice. a veces se halla ausente. como en «^4 es m ayor que B» y «B es m ayor que ^4». pero una función proposicio­ nal cuadrática en general parece definir solam ente una clase como pluralidad. . existe o tra proposición que contiene los mismos térm inos y el mismo con­ cepto como tal. no como clases de cuplas (J). Hemos coincidido en que u n a variable es cual­ quier térm ino en su cualidad de térm ino en u n a cierta función propo­ sicional. que x deba p e rte ­ necer a algún tipo. si en realidad existe. É sta es una característica de las relaciones. E stas dos proposiciones.BERTRAN D RUSSELL 142 cierta individualidad. y que las variables se distinguen por las funciones propo­ sicionales en las que figuran. entonces puede dem ostrarse que iv como unidad es y no es m iem bro de sí m ism a como pluralidad. El capítulo IX establece que las proposiciones relaciónales son últim as. Dijimos que una variable es el térm ino en cualquier proposición del conjunto denotado por una función proposicional dada. en el capítulo presente exam inam os la contradicción que resulta del hecho aparente de que si w es la clase de todas las clases que como térm inos singulares no son m iem bros de sí mismas como pluralidades. Hem os coincidido en que las relaciones deben tom arse intensionalm ente. en el caso de varias variables. y que una función proposicional yx en general requiere. porque e re­ quiere que el relato deba ser una clase com puesta de objetos que son del tipo de referente. y que todas ellas tienen sentido: es decir. Finalm ente. siendo la relación el concepto como tal en una proposición con dos térm inos. pues si así no fuera. La clase como unidad. es. dos variables cualesquiera serían indiscernibles. y un ejem ­ plo de la pérdida que tra e aparejado el análisis. si se quiere que tenga sentido. clases de térm inos. clases de clases. clases de cuplas de térm inos. a saber: térm inos. cuando existe. (’) Sin em b arg o . La solución que se presentó fue la de que es necesario distinguir varios tipos de objetos. o. contienen los mismos constituyentes. y la contradicción p ru eb a que la clase como unidad.

P A R T E II L NÚMERO .