El lenguaje no verbal

La capacidad de comunicación de nuestro mensaje no se basa solamente en “lo que decimos”,
sino en cómo utilizamos nuestra voz al transmitirlo (el tono, la entonación, las pausas, el énfasis)
y en “cómo lo decimos”.
Pero además, en nuestro nivel de comunicación no verbal (los gestos, la postura, las miradas, la
respiración, etc.).
De hecho, la relación entre estos tres aspectos de la comunicación fue investigada por el profesor
de Psicología de la UCLA Albert Mehrabian.
En sus trabajos de los años 70 y 80 formuló, la “regla del 7-38-55” que atribuye los siguientes
porcentajes de impacto en la comunicación:
o

un 7% está asociado al mensaje

o

un 38% es debido a cómo es la voz

o

el 55% restante depende de nuestro lenguaje
no verbal .

Teniendo en cuenta esta regla, deberíamos entrenar nuestro lenguaje no verbal para intentar
mejorar nuestro mensaje.
Según Gonzalo Álvarez en su libro “El Arte de Presentar” se debería ir abandonado el estilo
tradicional de una presentación y migrar a otro que mejore la conexión con la audiencia.

Varios aspectos no verbales pueden ser
más difíciles de cambiar que otros, ya
que son instintivos, pero se pueden
entrenar.
Es recomendable dar una charla de pie
antes que sentado, mantener el contacto
visual con la audiencia buscando su
seguimiento a nuestro mensaje, mover
adecuadamente los brazos y desplazarnos
por el escenario o el frente de la
habitación, evitar muletillas verbales
(eh, bueno, bien, si?, etc.) y sustituirlas
por pausas, reducir el número de tics
corporales, entre otros.

Nuestra voz

Nuestra voz es un factor clave en la presentación ya que a través de ella podemos transmitir
entusiasmo, sinceridad, seguridad y dominio del tema.
Para mejorarla podemos actuar sobre sus cuatro parámetros: potencia, tono, ritmo y pausas.

En muchos casos es importante modificar nuestra voz, intentando cambiar estos parámetros: el
tono (graves, agudos) para evitar caer en la monotonía, el volumen (alto y bajo) para captar la
atención en ciertos momentos, el ritmo de las palabras por minuto, las pausas para enfatizar y
hacer reflexionar.
El tono: Según el tipo de presentación se pueden impostar tonos diferentes para, por ejemplo,
introducir diferencias en una historia, una inflexión en la voz o una forma de contar algo. Una
misma frase emitida con tonos diferentes puede tener distintas connotaciones: una pregunta, una
afirmación, una orden, una exclamación, una súplica, un reproche.
El volumen: es importante tener en cuenta que nuestra voz tiene que llegar a todos los rincones
de la sala donde nos encontramos. Si aprendemos a hablar desde el diafragma y no desde la
garganta incrementaremos notablemente nuestra potencia sonora y además lo conseguimos si
estamos de pie.
Jugar con el volumen de nuestra voz puede ser un muy buen recurso para resaltar aspectos
importantes de nuestro discurso.
El ritmo: Se estima que una velocidad adecuada en el campo de la oratoria está en torno a las
120 palabras por minuto.
Los cambios de ritmo, subiendo o bajando la velocidad, se emplean para dar contraste al discurso
y producir una voz mucho más rica. Por ejemplo, se puede bajar el ritmo en los aspectos

importantes que se quieren dejar en claro y acelerar en las partes más generales.
No se debería hablar más rápido que lo que se hace en una conversación normal. Es interesante
comenzar con un ritmo lento para que la audiencia se acostumbre a nuestro tono y forma de
expresarnos.
Las pausas: los silencios y las pausas en medio de un diálogo suele crear momentos de tensión.
De hecho, el silencio es uno de los recursos más difíciles de manejar. Sin embargo, un uso
adecuado de las pausas permitirá conseguir los siguientes efectos:
- Crear expectativa
- Facilitar la asimilación
- Enfatizar y reforzar contenidos
- Dar y darnos tiempo para pensar
- Mostrar reflexión, confianza, tranquilidad
- Conseguir un efecto dramático
Pero ¿cuánto tiene que durar una pausar? Si es demasiado larga, más de 5 segundos, puede
parecer un poco antinatural o demasiado teatral. Si además de abusa de ellas puede llegar a
adormecer a la audiencia. Sin embargo, si es demasiado corta, puede transmitir una imagen de
inseguridad o precipitación.
¿Cuándo es efectivo introducir pausas?
- Al comienzo, antes de empezar con la presentación
- Después de la introducción y antes de las conclusiones
- En las transiciones entre las diferentes partes de la presentación

- Antes y después de introducir nuevos conceptos
- Al mencionar ideas clave de gran importancia
- Después de formular una pregunta a la audiencia
- Tras escuchar una pregunta del público
- Después de una interrupción para recuperar la atención de la audiencia
- Antes y después de la frase final de la presentación, esta técnica es la conocida como la doble
pausa

Las muletillas
Las muletillas "(¡Bien…!", “bueno….”, “¿no…?”, “¿Si?”, “Mmmhh…”, “¿vale?”, “Ehhh….”,
“¿saben…?”, “O sea…”) empeoran la presentación elevando el nivel de “ruido”.
Para poder erradicarlas del discurso debemos ser conscientes de ellas. Además, es fundamental
eliminarlas de los primeros 30 segundos de presentación que es cuándo se está causando la
impresión general.
Si al inicio de la presentación nos vemos desbordados por las muletillas, la audiencia podría
deducir que estamos atacados por el pánico, por los nervios o que no hemos preparado
suficientemente la presentación.
Gonzalo Álvarez propone una técnica de tres pasos basados en la grabación en video o audio de
uno mismo:
1. Ser consciente de las muletillas empleadas grabándonos en video o audio. No es necesario que
sea la presentación profesional.
2. Hablar más lentamente y hacer pausas conscientes entre frases.

3. Ensayar y practicar, conforme más preparación hay menor es el número de muletillas
empleadas.

La mirada

El contacto visual es la primera relación que se establece con la audiencia.

Es recomendable que la primera mirada sea amable y abierta para intentar confraternizar con
todo el público de la sala.
Podemos enumerar cuatro tipos de contacto visual que se pueden establecer con la audiencia:

- El contacto visual nulo, en el cual se mira al suelo, a las notas, a las diapositivas o a la pared
del fondo de la sala, sin prestar atención a las personas presentes.

- El contacto visual impersonal, se mira sin ver, el presentador se esconde de la audiencia, mira
al fondo de la sala, pero no establece un control visual real con personas de la audiencia.
- El contacto individualizado, para captar la atención de cada persona fijando la mirada del
orden de 5 segundos en cada una. Si se mira siempre a la misma persona, bien porque sea muy
empática o porque sea conocida, se estará dejando de lado al resto de la audiencia.
- El contacto “parabrisas” haciendo un barrido o escaneado a la audiencia de forma rápida o
lenta.
Una buena estrategia para una sala grande consistiría es trazar con la mirada una “M” o una “W”
recorriendo lentamente todo el auditorio o ir mirando a todas la personas en orden en caso de
estar en una sala más pequeña.
Timothy J. Koegel en su libro “The exceptional presenter” propone la siguiente pauta de
entrenamiento para mejorar nuestro contacto visual:
- Practicar el contacto visual en todas las conversaciones manteniendo la mirada durante 3-4
segundos.
- Ser conscientes de dónde solemos mirar cuando presentamos.
- Cuando la presión es alta no romper el contacto visual. Las miradas huidizas denotan
incertidumbre e inseguridad.
- Observar lo que hacen otras personas cuando están bajo presión, fijarse en lo que hace su
mirada ¿apunta hacia el cielo o el techo? ¿qué se percibe en sus ojos: equilibro, pánico?
- Cuando hables con un grupo de personas comparte el contacto visual con todos ellos.
- Practica el contacto visual con cada apretón de manos. Estate presente y totalmente
conectado.

La postura
La postura y la comunicación no verbal juegan un papel fundamental a la hora de mejorar
nuestra capacidad para comunicarnos.
La postura es un indicador excelente de nuestro nivel de confianza, nivel de confort, experiencia
y actitud.
Para estar cómodo y transmitir una imagen de confianza se debe “practicar” la postura adecuada
hasta que se incorpore en nuestro cuerpo con naturalidad y confianza.

Según varios autores, Timothy J. Koegel ó Viktor Schmidt, la postura más aconsejable es estar de
pie, pero ciertas posturas con las manos cruzadas al frente, los pies cruzados o el cuerpo rígido
no transmiten una imagen de confianza del orador.
Una correcta postura para estar de pie debería reunir las siguientes condiciones:
- Tener las manos hacia los lados del cuerpo y abiertas mostrando una actitud de confianza. Esta
disposición no requiere esfuerzo y ofrece una impresión de seguridad incluso aunque se esté
nervioso.
- Adoptar una posición firme pero cómoda colocando los pies en paralelo con las puntas hacia
adelante y apoyando el peso de forma equilibrada entre las dos piernas.

- Las piernas tendrían que estar ligeramente abiertas a la anchura de los hombros, sin estarlo
demasiado lo que se interpretaría como desafiante, ni muy cerradas que mostraría debilidad.
- Siempre nos debemos colocar mirando a la audiencia.
Las manos
El movimiento del cuerpo
Javier Reyero en su libro “Hablar para convencer” recopila un decálogo sobre el movimiento del
orador:

1. No moverse de forma espasmódica.
2. Moverse con suavidad.
3. Evitar cualquier brusquedad.
4. Combinar movimientos laterales con movimientos hacia delante y hacia atrás.
5. Cuando se acabe un movimiento volver a la posición de reposo.
6. Cuando uno se mueve tiene que seguir hablando.
7. Si el movimiento de las manos es brusco, evitar hacerlo durante el movimiento.
8. Es más fácil desplazarse hacia delante que volver sobre los propios pasos.
9. Intente no dar la espalda a la audiencia y si tiene que hacerlo hágalo por pocos segundos.
10. No memorice o mecanice sus movimientos.

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