Mito Galeano

:

la certeza de un universo mítico
H

a llegado enero. Un nuevo año, un
nuevo comenzar. Este año 2015 viene
cargado de nuevos retos y nuevos proyectos
en pro del fortalecimiento de la vida cultural
de nuestro país. La Editorial Universitaria ratifica su compromiso de continuar en la ardua
labor de divulgación de la producción científica y
artística de nuestra Honduras.
En este número, nos honramos al dedicar Página al
viento a uno de los artistas plásticos más emblemáticos del país y una de las personas que se ha ganado el
respeto de intelectuales y artistas, propios y extraños,
por su dedicación al fortalecimiento y conservación
del patrimonio y manifestaciones culturales ligadas
al universo de la etnia lenca. A Mito Galeano: artista
excepcional y ser humano monumental.
Presentamos una entrevista que el artista nos concedió en su vieja casa de Gracias, donde con sinceridad
y la más hermosa sencillez nos habla de su mundo y
su arte. Una visión panorámica del trabajo plástico
de Galeano, a cargo de Salvador Madrid, una “probadita” de la muestra “Pichinguitos” preparada por
Mito Galeano, tomando como sustrato los dibujos
de niños y niñas de Lempira. Y como muestra de
la importancia de la figura de Galeano para la vida
nacional, una selección de apreciaciones de algunos de los más connotados intelectuales
y artistas hondureños, así como de sus paisanos gracianos, que no quisieron dejar pasar la oportunidad de decir algo sobre este
gran hondureño.
La Editorial Universitaria, a través de su boletín Pagina al viento, se siente sumamente
honrada al dedicar el presente número al
artista Mito Galeano. Un humilde reconocimiento ante lo gigantesco que su nombre, su obra y su legado de vida representan para la historia y la cultura nacional.
Boletín informativo de la Editorial Universitaria
Año IV, No. 26 • Enero de 2015

Universidad Nacional Autónoma de Honduras
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@editorialUNAH

Foto: Dany Alvarado

En este número:
 Mito Galeano: arte y memoria de un pueblo /
Néstor Ulloa / 2
 “El arte es siempre un grito de la vida” / Entrevista
a Mito Galeano / 3
 Mito Galeano, poesía de la tierra / Salvador
Madrid / 8
 “Pichinguitos”: el arte como memoria y resistencia
cultural / Salvador Madrid / 10
 Ágora mítica / 13
Director:
Edición:

Diseño gráfico: Rony Amaya Hernández
Mercadeo y publicidad: Tania Arbizú
Apoyo logístico: Alejandra Vallejo, Maryori Chavarría

Rubén Darío Paz
Suny del Carmen Arrazola
Néstor Ulloa
Carlos Aguilar

Mito Galeano: arte y memoria de un pueblo
Néstor Ulloa*
Al pie de la cumbre más alta de Honduras, la ciudad de Gracias es un referente nacional impregnado de historia y
tradición que aún puede sentirse a flor
de piel al transitar por sus añejas calles.
Este es el poblado que sería testigo de la
historia de la familia Galeano, en cuyo
seno, uno de sus miembros llamado
José Eduardo, a quien miles de personas
conocerían como Mito Galeano, llegaría a convertirse en uno de los pintores y
trabajadores del arte más respetados de
Honduras.
Mito Galeano se hundió en el universo
mítico de los descendientes de los lencas desde su tierna infancia, y hoy por
hoy, esa es una influencia ineludible y
una marca indeleble en su trabajo artístico que es prueba de su autenticidad
como sujeto social y como artista.
Con una fuerte carga simbólica, se
abraza a lo telúrico no como una imposición de la moda o como estrategia
de mercadeo, sino que es signo de la
personalidad del artista, quien encarna
perfectamente la definición de lo que la

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resistencia cultural viene a significar: la
conservación de la memoria cultural, la
necesidad del discurso desde la realidad
cultural del pueblo lenca, el respeto y
apego a las tradiciones, la dignificación
del hombre sencillo, la justicia, el imaginario creativo popular y la lucha por
su conservación; no son sólo elementos
que pueden ser identificados en la obra
de Mito Galeano, sino que forman parte de sus actos vitales. De ahí el respeto
y sobre todo el aprecio que el pueblo
graciano, las comunidades indígenas y
los artistas e intelectuales de Honduras
prodigan a la figura de Mito Galeano,
sumado al reconocimiento de la academia por la calidad indiscutible de su
producción artística.
El trabajo realizado por Mito Galeano
no se circunscribe únicamente a su obra
artística: infatigable trabajador del arte,
explorador, animador cultural, reserva
moral y testigo activo de cuanto sucede
en la vida pública, su casa es un símbolo de la memoria histórica de Gracias,
que también abre sus puertas para brindar talleres y orientar a jóvenes artistas,

estudiantes, profesionales, campesinos,
artesanos e intelectuales nacionales y
extranjeros, y ofrece la oportunidad de
apreciar sus obras, sus historias o para
degustar la mejor gastronomía de la
zona con esas características inigualables donde el sincretismo une y dispersa
sabores, condimentos, platos criollos y
otros autóctonos. Esta apertura lo ha
llevado a establecer fuertes lazos con las
comunidades e instituciones, como por
ejemplo su última etapa artística, donde
se aprecia la honda materia de su idea
estética al trabajar el imaginario de resistencia cultural desde las historias y
los dibujos de los niños, una plataforma
lúdica, comunitaria, viva, espontánea y
sobre todo auténtica que ha desembocado en una de las colecciones de dibujos
más impresionantes de nuestra plástica
nacional contemporánea, hablamos de
“Pichinguitos”, presentada en 2014 durante el Festival Gracias Convoca.

Es, pues, Mito Galeano, un artista, un
ser humano que pone a disposición
del arte y sobre todo de su pueblo, sus
capacidades y su vida.

Mito Galeano en su estudio, en los años noventa. Foto: archivo personal del artista.
* Poeta. Máster en literatura española e hispanoamericana. Actualmente se desempeña como corrector de estilo de la Editorial Universitaria.

“El arte es siempre un grito
de la vida”
Entrevista a
Mito Galeano

Foto: Juan Carlos Torrez

¿Cómo surge Mito Galeano, el
artista?
Desde niño los dibujos y la pintura se
me atravesaban constantemente en el
camino, mis cuadernos de clase están
plagados de ellos más que de palabras.
Aún recuerdo días lluviosos al lado de
mi abuela Elvira y de mi madre Arcadia llenando el mundo de garabatos y
colores, mi padre nos regaló una biblioteca y desde allí el mundo se tornó
infinito.
De las historias de la casona, contadas
por los viejitos, los familiares y los visitantes, siempre aparecía don Alberto
Galeano Trejo, mi tío abuelo, un gran
señor, maestro, pintor, músico y naturalista del que heredé el gusto por los
colores, la música y me imagino que el
gusto por el buen comer.

Estudié en la escuela Juan Lindo, en la
Presentación Centeno, en el instituto
Ramón Rosa de Gracias, en el Álvaro
Contreras de Santa Rosa y por no irme
para Tegucigalpa, estudié magisterio
en la Escuela Normal Mixta Justicia
y Libertad de Gracias. Aquí continúo
asimilando la carga emotiva, histórica
y cultural de la gente nuestra. Las prácticas de magisterio me acercan a los
cipotes, a su forma de ver la vida, en
La Campa, por ejemplo, vislumbré que
la educación no tenía que darse dentro de un aula teniendo tanto universo
afuera, mis clases las daba en el río, en
los cerros, en la calle, en los llanos, y
los niños aprendían y me enseñaban
un mundo aparte.
Desde muy joven tomé conciencia de
dedicar mi vida a la plástica, fuesen
cuales fuesen las circunstancias. Más
que un trabajo o vocación, lo asumí
como una forma de vivir. De vivir para
la pintura. Desde entonces, mi dedicación a la pintura, más que una afortunada actividad profesional, ha devenido en una parte sustantiva unida al
proceso vital.
Algunos de los pintores que han influido en mi obra son los clásicos españoles, italianos, franceses, todo el arte
clásico. Fue mi forma de aprender a caminar dentro del arte. Investigándolos
descubrí cómo se mueven los pinceles,
cómo se combinan los colores; perseguí las composiciones y de qué forma
veía cada pintor su espacio, temática,
objetos y la vivencia del artista dentro
de la sociedad que le tocó vivir… De
los pintores hondureños he aprendido
puchitos de todos: de Aníbal Cruz su
humildad, su forma de ver el mundo,
su paleta de colores tan cocinada y tra-

bajada; a Ernesto Argueta le admiro su
dignidad, su valía como persona; todavía tengo chichotes en la cabeza, de
cuando trataba de hacer que entendiera sus enseñanzas, también su mirada
hacia nuestros ancestros, sus costumbres y rituales; Delmer Mejía me enseñó a entender la protesta como forma
pictórica. Las influencias son muchas,
creo que de todos se puede aprender,
hasta de un principiante, que en ocasiones (y han sido varios) puede inocularnos sorpresa, respeto y admiración.
Esta ventana siempre la tengo abierta.
Y de los veteranos del terreno Delmer,
Lutzgardo Mejía, Neto, Aníbal, Luis
Hernán Padilla, Virgilio Guardiola,
Víctor López, Óscar Mendoza, Ramiro Rodríguez, Rafael Gerardo Cáceres,
Blas Aguilar, César Rendón, Gabriel
Zaldívar, Gustavo Armijo, Felipe Burchard, Ezequiel Padilla, Dino Fanconni, Dante Lazzaroni, Álvaro Canales,
Pastor Sabillón, son referentes a los
que acudo siempre.
¿Sigue algún proceso específico
de creación artística?
Me gusta la relación con la gente, platicar largo y tendido con las personas
mayores; jugar con los cipotes, mirar
el mundo con los ojos de ellos, hurgar
en sus vidas; ir recolectando historias,
cuentos, leyendas, saberes que a pesar
de la globalización siguen vigentes.
Para mí el arte es todo, es algo que inspira en mi vida felicidad. Se me quedó
grabada una frase de un poeta al que
se le preguntó a qué había venido a la
tierra, y él respondió que a ser feliz,
y eso es para mí el arte, una
puerta infinita a muchas cosas, al autoconocimiento, a

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saber por qué estoy aquí, a saber mis
orígenes, estudiar la vida y estudiarme
a mí mismo, yo pienso que cada persona debe conocerse para ser un mejor
ser humano.
Creo que vivimos tiempos convulsos
que requieren de activismo y de ser
críticos más que nunca. No podemos
estar al otro lado del escaparate mirando como si no fuera con nosotros la
cosa, debemos y tenemos que ser parte
de la solución.
En muchas de mis obras añado mensajes ocultos, normalmente de carácter
emotivo, filosófico o reivindicativo. Es
mi forma de expresarme. Pienso que
un cuadro tiene que tener cierta profundidad y no me refiero a las leyes de
la perspectiva, me refiero a un mensaje
profundo y reflexivo sobre el tema en
cuestión. La razón de que sea oculto,
es sencilla: hacer que el espectador indague y piense, que se sienta parte del
misterio del cuadro. Y como artista visual es lo que más deseo. Si la persona
no se implica o no lo siente, la obra no
tiene sentido.
¿Cómo se da su relación con los
descendientes de los lencas?
Nació en la infancia, nació en esta
misma casa; pues muchos hombres
y mujeres de origen lenca trabajaban
aquí. Recuerdo que eran seis mujeres
y ocho hombres lencas, yo pasaba todo
mi tiempo escuchando sus historias,
sus creencias y compartiendo todo
el tiempo con ellos. Mis hermanos
siempre andaban viendo con quien se
engavillaban fuera de casa o adentro;
pero yo pasaba metido en la cocina de
los trabajadores, en el mundo de ellos.
Todas las historias ellos me las contaron, las leyendas, su forma de vida me
marcó. Esa relación fue desde siempre,
desde que recuerdo y creo que como
desde los cuatro años tengo
más claros esos recuerdos.
Me gustaba andar con ellos

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para arriba y para abajo, les ayudaba
en la sembrada del maíz, en sus quehaceres y me relacioné con sus ritos y su
forma de ser.
¿Cómo pasa de esta primera
relación afectiva con el imaginario
indígena, al conocimiento del
mundo de los lencas?
Cuando estaba en la Escuela Nacional
de Bellas Artes comencé a investigar
más, pero lo primero fue leer mucho
porque me gustaba, fue así que me leí
la biblioteca de mi escuela Juan Lindo,
me metía debajo de las mesas para que
no me molestaran, y luego, cuando estaba en bachillerato en Santa Rosa me
gustaba siempre andar buscando libros.
Los rituales de los lencas los investigué
más cuando estaba en Bellas Artes y
comienzo a viajar a las comunidades
lencas, a caminar con ellos, a las ferias,
a las celebraciones, fiestas; a conocer
su artesanía y manualidades; a saber
cómo viven. Y como me miran medio
dundo quizá pensaron en ayudarme,
me gané su confianza… Además siempre hago un montón de amigos, especialmente viejitos y viejitas y yo no sé
por qué no me ocultaron nada, me con-

Obra: Luna de fiesta.

taban sus cosas, no escondieron lo que
ellos tenían. De niño aprendí mucho
de sus rituales, luego ya joven aprendí a hacer composturas, ese ritual de
pago a Los Señores a Los Amos, o sea a
los espíritus; por cierto, hay un sin número de composturas: para los pájaros,
los peces, la siembra, la cosecha, la cacería, el barro, las frutas. También cacé
con ellos y ese es otro universo, desde
El Duende, Los Espíritus de los cerros
hasta los venados encantados.
¿Qué descubrió en las
comunidades de los lencas?
La relación espiritual con el maíz y la
tierra. Hay como doce pagos o composturas para el maíz: desde arreglar
la semilla, preparar la tierra, sembrar,
limpiar, cosechar, hasta para recoger
los sedimentos o basuritas que quedan
de la milpa; hasta a los animales salvajes les sembraban una parte de la milpa
para que se la comieran. Conocí a los
artesanos, el trabajo del barro y todo lo
mítico alrededor del barro. La relación
con la naturaleza perfecta y equilibrada.
En el caso del barro no es tan simple, es
un universo y hay hasta cuatro composturas para el barro; el barrial es sagrado, es de los espíritus y ellos prestan
el barro, y no se puede tocar si la mujer
anda con su menstruación, o si alguien
anda borracho o en mala luna, no se
puede desperdiciar el barro, y si una
pieza o vasija de barro se quiebra hay
que recoger los pedazos y regresarlo a
la montaña. El barro te puede enfermar
si él quiere o te puede curar una enfermedad y si no se le hace pago o compostura puede molestarse y hasta se te
quiebran las piezas. También descubrí
la pobreza de la gente y la injusticia,
la ignorancia de quienes no comprenden ese mundo mágico que tiene una
razón, no es ocurrencia, pues está todo
conectado con la naturaleza. Descubrí
la mala influencia de la iglesia cristiana protestante que obliga a la gente a
olvidar, a negar o a destruir sus creencias siendo esto tan bonito y bueno.

Su obra pictórica hunde sus raíces
en manifestaciones apegadas a
lo telúrico, en el imaginario de
nuestros pueblos, ¿podemos
hablar de una reivindicación de
los desposeídos a través de su
pintura?
Lempira (antes Gracias a Dios) es el
departamento epicentro del desarrollo
de los grupos indígenas lencas a la llegada de los españoles. Es aquí donde
se gestan las primeras y más grandes
luchas de resistencia ante la presencia
extranjera. Los ejércitos de Lempira,
en lo que se conoce como LA GRAN
REBELION DE LOS LENCAS en el siglo XVI son derrotados, y a partir de
entonces los indígenas pierden sus territorios y su dignidad, y pasan a convertirse en siervos de los encomenderos. A pesar de haber transcurrido ya
más de cuatro siglos, la población del
departamento sigue siendo marginal,
con los índices de analfabetismo más
altos de Honduras, principalmente en
los reductos poblacionales con influencia indígena. Pero a pesar del evidente
atraso, este pueblo ha sabido guardar
en sus entrañas una cultura ancestral,
que hoy es una cultura mestiza como
nosotros, una cultura con raíces indígenas y aportes extranjeros. Una cultura que cada día se transforma, con
el riesgo de perder su estirpe ancestral
para convertirse en una cultura sin
madre, enclenque, subvalorada y cada
vez más débil.
Por eso esta labor de rescate a través
de la pintura, para mostrar la lucha
del indígena por sobrevivir, lucha que
se refleja en sus ritos religiosos, en sus
guancascos, en su fe, en fin, en su otro
universo sensorial que es completamente diferente. Por eso el uso de los
colores vivos, fuertes, brillantes; por
eso los contrastes tonales enérgicos,
por eso también la composición en
registros superpuestos en los que se
unen el pasado y el presente, el sueño y
la realidad, lo cotidiano con lo mágico;

Obra: Doña Carmen y la Malinche.

mezcla hoy del sincretismo al que tuvo
que someterse para no desaparecer,
una cultura a la que hasta hace poco
tiempo se le ha tomado en cuenta y
que es para algunos desconocida.
Los universos a los que recurro de alguna manera existen, son reales, ciertos, físicos. Pero sin duda alguna, también se integran en el mundo de ciertas
ensoñaciones.
Sabemos que en Gracias realiza
numerosas actividades en
pro del fortalecimiento de
manifestaciones culturales
populares, ¿puede hablarnos de
algunos proyectos?
Desde que regresé al pueblo he manejado el proyecto de establecer una
escuelita de arte, con ese fin llevo casi
diecisiete años reparando, restaurando la vieja casona de mis abuelos. Al
correr de los años hemos participado
desde la casona en el rescate de ferias,
comidas tradicionales ya casi olvidadas que han vuelto a renacer desde acá.
En los ochenta formamos parte del
grupo que formó la primera Casa de la

Cultura de Gracias, Lempira. También
del grupo fundador de la Coordinadora de Soberanía e Identidad Nacional
en Gracias, Lempira en 1992. Escenografía, afiches, pancartas, mantas, impresiones, serigrafías y grabados, diseños de carátulas de libros, diseño de
logotipos, publicidad; trabajamos con
estudiantes y jóvenes, damos talleres
gratuitos de arte, participamos documentando las tradiciones, cuidamos
los diseños originales, formamos parte
de los simposios de escultura que promueve el artista Fausto Tábora. Realizamos murales con otros artistas y con
niños; actualmente colaboro con el
Festival Gracias Convoca no sólo con
mi obra, sino motivando a los artistas
jóvenes y a los intelectuales a que se tomen esta ciudad y colaboramos como
voluntarios con el proyecto de bibliotecas comunitarias de Plan Internacional Honduras en seis comunidades de
Lempira, ahí dibujamos y leemos con
los niños, hacemos teatro y estoy por
terminar en mi casa los talleres de alfarería, cerámica y madera, que van a
dar frutos.
¿Cómo se consolida la relación
entre arte y comunidad?
Trabajando con ellos. Irse a las comunidades a crear con ellos, a que ellos
practiquen a ser artistas. El error ha
sido sublimar al artista y convertirlo
en semidiós. El arte siempre ha sido
la expresión del mundo. El arte como
voz comunitaria y la comunidad como
abrigo del arte, rescate, construcción y
reconstrucción mutua, una unidad a
partir de la diversidad y viceversa.
En palabras de don Mario Ardón, “La
consolidación arte y comunidad se da
únicamente cuando el artista asume su
papel con responsabilidad de abrirse
a una dinámica de creación colectiva,
considerando que los aportes
del ser y actuar de los pobladores y pobladoras de un
territorio son valiosos para

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brindar identidad y alta referencialidad a la creación artística”
¿Por qué es valioso el aporte de
los niños para comprender una
realidad compleja y un universo
simbólico?
Cada persona comprometida con
cualquier actividad artística tiene que
aprender a conocer y comunicarse con
el niño que lleva dentro de él, porque
sólo él le ayudará a darle forma a su
trabajo artístico, a moldearlo. Los niños ven el mundo de manera simple y
sus símbolos también vuelven simple
lo complejo. En este caso, los niños disfrutan más la magia del simbolismo que
los discursos aburridos de los adultos.
Desde siempre, las sociedades humanas han asumido visiones adultocentricas. En ese aspecto la niñez ha sido
percibida como un ser humano que
camina hacia un proyecto adulto. No
siempre han tenido voz, ni forma particular de ver e interpretar el mundo que
habita y le habita. Ante ello, es necesario abrir senderos de protagonismo
infantil y conocer sus códigos simbólicos en los que sin duda, se alimentan y
sustentan sus preocupaciones, sueños
y esperanzas.
“Pichinguitos” es una muestra
que sacudió el mundo de quienes
hemos podido apreciarla…
cuéntenos acerca de la misma.
Es un proyecto de dibujo para romper
los esquemas de subordinar el arte a la
técnica. Lo importante fue el proceso y
su consolidación, todo comienza contando historias entre ellos o con la comunidad y luego ellos las pintan.
Más que una prueba de habilidad artística es ese diálogo sincero con la obra
de arte. Aquí fue más importante la creatividad del niño
para simplificar el mito y la
realidad de su entorno. Y el

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Obra: La canción de la montaña.

artista que domina la técnica se deja
llevar por la magia infantil, por la búsqueda en el relato de las comunidades
expresada en la prolífica imaginación
de los niños. Lo interesante de un proceso así es el descubrimiento de la realidad desde una perspectiva, digamos
intacta, inocente, pero es una inocencia
que se revela sin subordinarse a nada,
que se expresa puntual, sincera, lúdica y a veces visceral; porque cuando el
niño dibuja las historias de la comunidad, las creencias o la vida cotidiana
hay una autenticidad y una verdad que
no está condicionada por ese mundo
incierto de los adultos; pero tampoco
es que la relación es directa de reproducción, no, a pesar de ser “sencilla”
es honda, desinteresada, bella y letal;
por eso digo yo, aún al final del proceso, que el dibujo es de los niños, no es
que el artista imagina lo que piensan
los niños, es el artista que simplemente
custodia esa imaginación.
¿Cómo ve Mito Galeano la
producción pictórica de
Honduras?
Hay artistas que están haciendo un
trabajo muy serio y profesional, pero
creo que algunos están cayendo en una

trampa, en la trampa del facilismo, en
querer que las personas creamos que
están haciendo cosas monumentales
y realmente están haciendo cosas que
repetidamente se han hecho, y verdaderamente no están aportando muchas
cosas nuevas. Pero bueno, son artistas
jóvenes y espero que con el tiempo ellos
vayan viendo esas cosas. Me alegra porque el arte no puede estancarse, el arte
tiene que moverse, tiene que caminar,
sólo que esperamos que avance para cosas buenas. No siempre todo lo que es
moderno es bueno, hay cosas de la sociedad y del arte que hay que conservarlas, entonces, en ese sentido, me refiero
a que hay algunos jóvenes a quienes les
falta madurar un poco su trabajo.
Todo vale, pero no todo tiene valor. A
lo largo de la historia ha habido muchos artistas mediocres que en su momento estuvieron de moda y disfrutaron de notable éxito, y este tiempo que
vivimos no es una excepción. Cuando
pasen unos años y se puedan juzgar
sus obras con mayor perspectiva y libertad, irán cayéndose de la lista muchos nombres.
La creación va hacia espacios muy definidos, en donde hay toda una temática
desesperada que cada día es destrozada por un consumismo, tanto ideológico, religioso, comercial y político.
Porque el arte tiene un precio y las personas que pueden adquirir una obra es
una élite, la que a su vez cree tener el
poder para decidir por dónde va a ir el
arte, la música, la literatura o la danza;
han pretendido mover el barco del aparato cultural del país, sin embargo, es el
mismo arte quién se rebela a ser elitismo. El arte es siempre un grito de la vida.
¿Cómo concibe la relación entre la
política y el arte?
El arte y la política. Eso depende del
artista que pone su oficio, sus herramientas y sus sueños con una causa. La

sociedad está construida sobre relaciones de poder y el artista decide de qué
lado está. En un sentido riguroso, debería existir una relación dialéctica entre política y arte, puesto que desde un
enunciado utópico ambas satisfacen o
debiesen satisfacer aspectos vitales del
ser humano. Mientras que la política
plantea -teóricamente- el ejercicio
del poder a fin de buscar el bien común, el arte proyecta al ser humano en
su esencia desde un discurso estético y
un planteamiento teórico que cuestiona, compila y hasta denuncia, aquellas
rupturas que ocasiona el ejercicio de
una política vernácula y viciada, como
la que históricamente ha caracterizado
a la hondureña. En este aspecto, el arte
asume su papel de recoger y proyectar
las aspiraciones de una sociedad empobrecida por ese desacierto de la política y al acercarse a ese pueblo, a veces, se distancia de quienes ostentan el
poder político. En un Estado comprometido con el arte, sus políticas deberían estar orientadas a su promoción, a
acercarlo a aquellos sectores marginados y potenciar el arte popular con el
propósito de contribuir a darle soporte
espiritual a una sociedad que navega
en el fanatismo y la desesperanza.
¿Qué opinión tiene acerca del
Festival Gracias Convoca?
Gracias Convoca me parece una combinación inteligente de recursos y
oportunidades de la diversidad de actores del territorio -independientemente de sus ideologías-, que genera
un espacio abierto de diálogo e incluso
confrontación respetuosa y atenta de
la diversidad de puntos de vista de los
actores y actoras de un territorio, que
durante el evento Gracias Convoca se
abren al diálogo hacia sí mismos, en
interacción con los demás actores regionales y nacionales. Lo veo como
un espacio abierto para la comunicación, educación, un espacio abierto
para el fomento de la identidad desde
sus raíces mismas, sin negar esa visión

de universalidad que Edgar Morin
plantea muy bien cuando nos invita a
asumir una identidad planetaria que
nos haga cada vez más conscientes de
nuestra ciudadanía de una tierra Patria
y Matria, compartida por todos los seres humanos y demás elementos y sujetos de la creación.

espectadores. Trabajar con los cipotes
en talleres artísticos literarios antes del
evento y que ellos expongan sus cosas
también.

Con respecto a cómo mejorar Gracias
Convoca, me parece que cada vez más
se debe avanzar en desplazar el evento
hacia el territorio, y previamente a la
semana principal del evento se podría
atraer interesados e interesadas en diversos temas de la cultura, el ambiente,
la industria, el comercio, la arqueología, antropología para desarrollar
eventos teórico prácticos, de tal manera que durante la semana del evento
se puedan socializar resultados finales
y parciales, con el fin de que Gracias
Convoca se constituya con el tiempo
en el impulsor de una comunidad de
aprendizaje continuo que ensancha sus
visiones y acciones a nivel temporal,
espacial y de la diversidad de actores.
Creo que están sentadas las bases para
ello y sólo queda una mayor divulgación de los avances y dejar abiertas las
posibilidades para un mayor involucramiento de actores propios y ajenos
al territorio. Es posible que hasta ahora el mayor peso de los esfuerzos haya
recaído en las y los actores de Gracias,
pero es posible a partir de estos esfuerzos pioneros, contar con las bases para
la atracción hacia una participación
más incluyente de todos y todas, bajo
el lema de buscar juntos cómo incluir
a los últimos y los demás.

La resistencia es la constancia en el
desarrollo de la obra bajo las motivaciones más esenciales del artista y de
la sociedad que lo contiene. Esa misma
es la que llena de inspiración, sensibilidad y creatividad para manifestar a
nivel espacial, temporal y de los múltiples actores, las expectativas más genuinas de su tierra y de su gente.

Debe servir para visualizar nuestros
esfuerzos como tierra. Que sirva para
crear más movimientos artísticos de
artes visuales y de las letras. Hay muchos jóvenes a los que hay que motivar
para que salgan a lidiar. También los
artistas deberían de salir con un tantito
de ganancia en sus bolsas y no sólo los
empresarios. Más participación activa
con gente de Gracias, que no solo sean

¿Cuál es el significado de
la resistencia cultural en la
producción y la vida de un artista?

Hoy más que nunca, en este proceso
globalizador que se ha fortalecido con
los avances en la ciencia y en la tecnología, las culturas hegemónicas o dominantes se expanden por toda esta
aldea global, que no sólo universaliza
una economía de mercado, un discurso político y una influencia ideológica del consumismo y la competencia;
sino una cultura hegemónica que busca homogeneizar a los seres humanos,
a quienes convierte en clones, en detrimento de los rasgos culturales diversos que han sobrevivido en nuestros
pueblos. Ante ello, no queda más que
resistir: rescatando, promoviendo y
reinterpretando nuestras particulares
y comunes cosmovisiones, a fin de no
deformarnos y construir y fortalecer
nuestro sentido de identidad.
La resistencia cultural es esa capacidad
del artista de vincular su quehacer con
el entorno cultural, sin sucumbir a la
tentación de seguir corrientes artísticas que impone la moda, ya sea por
el mercado o la influencia de las élites
que controlan el poder. Es el compromiso de participar en construir con su
pueblo sobre los sueños colectivos, afianzando sus raíces,
construir una nueva sociedad.

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Mito Galeano, poesía de la tierra

Salvador Madrid*

Sus cuadros son cuentos, trazos narrativos de la leyenda, del decir, de la condición de los seres humanos anónimos
que en el lienzo se vuelven personajes
envueltos en auras míticas, mágicas o
descubiertos de manera directa en sus
afanes diarios.
Mito Galeano nos devela a los habitantes de la deriva. Si bien el universo de sus
seres humanos posee las características
de la fabulación, tiene que ver a veces
con el ojo del espectador o con el exotismo que convocan; sin embargo, sus
tareas: contar, mercar, bendecir la cosecha, rezar las oraciones de los espíritus,
forman parte de sus actos vitales, y en
eso Galeano ha sido preciso al llevarlos
al lienzo no como seres extravagantes,
sino como mensajeros de un tiempo, de
una realidad, de una tierra.
Este proceso, digamos, poético y hasta
cierto punto idílico, es mucho más rico
que su sola representación, pues materializa el imaginario de la evocación de
un mundo complejo, de antípodas que
aluden su realidad, pero tamizado en las
mil interpretaciones de las interrogantes
y explicaciones de sus seres que buscan
un lugar en el mundo. Esos seres necesitan contar el mundo y que el mundo los
cuente; pero sobreviven en la vocación
del silencio, se saben hacedores y víctimas; su permanencia deambula entre la
fábula y la realidad; por eso los cuadros
de Galeano, a diferencia de la búsqueda
visual del efecto, del intento por captar
los sentidos o de recabar en lo conceptual, prefieren el trazo narrativo. A veces los seres de su pintura miran largamente, otras son devorados por la selva
o por cierta arquitectura donde más que
habitantes se vuelven reliquias.
Hombres que son sujetos del mito y
hacedores de su descendencia. Hombres sencillos, an-

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* Poeta y gestor cultural.

sus cuadros, se materializa como esencia figurativa que nos ofrece una lectura más allá de la mera representación
y dictamina miradas más profundas;
es decir, la pintura de Galeano es académica por procedimiento y elección y
totalmente relevadora porque los signos
elegidos pertenecen a una memoria que
no quiere reconciliarse con la vida, sino
indagarla, abrir el mito como relato y
sal de la creencia, pero también unir
los fragmentos de la alucinación oral,
del testimonio del hombre común para
anteponerla al relato oficial o a la historia que es falsete y orden superior de los
andamiajes del poder.

Obra: Cargando esperanzas.

cianos, niños; rostros que Galeano ha
registrado en las miles y miles de fotografías y en su memoria de los viajes y
exploraciones por las comarcas y montañas; gente que en su pintura deja de
ser paisaje, tarjeta postal o festín del
falso turismo para volverse el silencio
que delata su necesidad, porque esa es
la esencia de la pintura de Mito Galeano: la necesidad cotidiana, la que en la
práctica no aspira a trascender, sino
simplemente a respirar, a fraguar la lucha por la sobrevivencia y que luego en

Artista y memoria viva de
un pueblo, Mito Galeano,
dignifica la historia del
hombre sencillo a través
de su pintura”.

Mito Galeano habita la imaginación de
los hombres y mujeres de los pueblos
indígenas lencas, una imaginación más
real que los estudios antropológicos o
que los legajos de la historia; por esa
condición, encuentro en el trabajo de
Galeano las posibilidades de una lectura superior, y él mismo es así: sabe
mucho y es silencioso, hombre de pocas
palabras, yo digo que no habla, susurra,
como el rumor de su casona antigua en
Gracias, Lempira, a la que ha dedicado
su vida entera para restaurar y en la que
está organizando talleres de cerámica,
serigrafía, escultura, pintura para que
todo aquel que quiera aprender tenga
la oportunidad; es un hombre de costumbres, su siesta es sagrada, más de
algún presidente de la república se ha
quedado sin verle por llegar a esa hora.
La casona, entonces, cambia de color,
quedan los pájaros en el jardín silenciosos como el cielo del pozo de malacate
cerca de su estudio y se pueden contemplar las formas del bochorno aleteando
entre los trazos de la somnolencia. Mito
Galeano hace la siesta y nadie jamás lo
despertará.
Los motivos frecuentes de los cuadros
de Galeano son señales que nos llevan

necesidad, parados en el tiempo frente al fantasma de sus pesares. Hay que
agregar que Galeano celebra al hombre
y a la mujer que trabajan o que narran,
pues en su pintura, narrar es trabajo,
delicado y noble trabajo, ya que implica
no sólo transmitir la historia real, sino
transgredir la historia oficial.
En la pintura de Galeano la religiosidad
vale como ritualismo a la tierra, como
un culto ecológico donde los seres sellan pactos de respeto con la naturaleza y pesa en ella, más que los signos del
catolicismo, otros objetos que dictaminan un peso histórico ligado a la imposición; es así que uno encuentra en los
cuadros los yelmos del colonizador y
las espadas, sin embargo, es interesante
que estos objetos que simbolizan poder
no están abandonados o herrumbrados
sino límpidos, en perfecto estado, contrario a las herramientas de trabajo del
indígena que están casi desvencijadas,
una lectura bastante actual de la condición del indígena y el poder, del hombre
sencillo que no espera venganza, sino
justicia.

Obra: Las señoras del pan.

al universo de sus seres: vasijas, guacales, canastos, tambores, máscaras, flautas, redes, lazos. Hay además un juego
sincrético de los relatos tradicionales
indígenas, mezclados con los criollos
o con otros relatos de culturas lejanas,
escogidos por Galeano, quizá, porque
encuentra relación con las historias locales, con sus mensajes, moralejas o por
su intertextualidad.
Respecto al sincretismo histórico, Galeano no eligió a la mujer y al hombre

para juntar en su rostro los rasgos de
dos culturas, sino que prefirió la arquitectura: indígenas entre las casonas coloniales, siempre están llegando, o van
de paso, o están a punto de partir, mercan y desaparecen; se sabe que no pertenecen ahí, que en ese ahí serían sólo
decoración, tarjeta postal o motivo naif,
ellos pertenecen al relato oral, a la fabulación y son huéspedes de honor nada
más en los trazos de Galeano, que no los
inventa sino que los invita, los dignifica desde el arte, desde la memoria de la

He visto su pintura de nuevo, su esencia, esa gente sencilla, esas mujeres cuyas vestimentas son burdas y simples,
pero que parecen sacerdotisas de la vida
cotidiana; pensé en la dulzura y en las
adversidades de mi país, en un cuadro
donde Diego, el duende, convoca a los
espíritus del bosque. Pensé si esos seres
humanos son reales porqué no pertenecen a ninguna parte y sólo encuentran
una tierra en los sueños pictóricos de
Galeano. Claro, obvio, podemos empezar aquí el monólogo político e histórico, pero ¿no son suficientes los años de
historia mestiza inventada e impuesta a
los pueblos indígenas? ¿No son ya demasiados los monumentos a un tiempo que no nos representa y que nunca
nos representó? No tengo respuestas,
sino preguntas al ver la pintura de Mito
Galeano, testimonio alucinante de un
mundo complejo y feroz, de la belleza y
la injusticia, de los seres simples
que dan su pelea diaria por su
luz y su pan: los lencas, habitantes milenarios.

9

“Pichinguitos”: el arte como
memoria y resistencia cultural

Salvador Madrid

Mito Galeano, a través de
su arte, dignificó la memoria de los descendientes de
los lencas”.

Su pintura interroga desde la magia de
los relatos de la gente sencilla a ese relato oficialista de la historia; confronta
al poder con esa otra belleza que no es
pasiva, sino llamado puntual a la resistencia cultural a la que tiene derecho
una tierra. Su trabajo ha dado la batalla contra la manipulación o contra la
construcción de una falsa identidad nacional bajo la sutileza del deber cívico
o de la decadencia del fervor folclórico
tan mal entendido e integrado al sistema educativo y al canon cultural.
Mito Galeano, presentó en la ciudad de
Gracias, en el marco del Festival Gracias Convoca, una serie de dibujos que
es un adelanto de la exposición en la
que ha estado trabajando desde junio
de 2014: “Pichinguitos”; este sugerente
nombre designa una colección de dibujos que se hicieron en la libreta del artista, pasaron al formato virtual y luego
se imprimieron. La sencillez, el humor,
la versatilidad, la destreza técnica del
artista al recrear un universo tan complejo bajo la premisa del dibujo infantil
son apenas umbrales a un universo de
inagotables significados; un hombre dibujando como un niño, un artista que
transforma el dibujo académico y lo impregna de una imaginación
que parece improvisada, pero
que al verlo con detenimiento

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Obra: Cabeza de Lempira jaguar

nos damos cuenta de los detalles, de la
destreza, de su intensión pura que celebra una historia y es la siguiente: estos
dibujos tienen su basamento en los dibujos realizados por niños de comunidades rurales a quienes el artista les pidió dibujar las historias que sabían del
cacique Lempira, de su comunidad, de
la fauna, de las leyendas; luego el artista
reprodujo esos dibujos siendo fiel a su

origen (es más, algunos son calcados del
dibujo original) y enriquecidos con los
elementos del imaginario del occidente
de Honduras.
Este proceso de arte comunitario es
ejemplar, no sólo implica una tarea de
desdoblamiento, sino el intento por internarse en un relato infantil acerca de
la vida; de nuevo surge Lempira, arma-

Los “Pichinguitos” de Galeano hacen
memoria de una tierra, de su gente, de
la necesidad, de la belleza y la carencia;
pero sobre todo de la imaginación, y
en este caso la imaginación viene de las
niñas y niños que dibujaron estos personajes que sirvieron de boceto y punto
de partida para el artista. La colección
está más lejos de su nombre, encierra
un universo de ironías, ternura, sarcasmo y humor; guarda en su centro una
visión clara: es una muestra de identidad, una forma autentica de mirar la
vida y el mundo. Sin duda la propuesta
evolucionará, al muralismo y al animé,
además de una segunda serie que ya
está sobre la mesa
del artista y es trabajar directamente
sobre el dibujo de
los niños e intervenirlo sutilmente con colores y
diseños, un reto mayor, pero de
resultados estéticos profundos,
totalmente lúdicos, antiformales y desacralizados de todo
emparentamiento con alguna naturaleza espontánea
de representación.

Obra: Lempira jaguar.

do y vivo ante el invasor que es identificado a caballo y con la indumentaria de
la conquista, aunque en algunos dibujos
el invasor sea un pájaro con uniforme
militar. Se resucitan las historias orales
y sus personajes fantásticos, además de
recrear una lucha entre el bien y el mal,
entre los valores de la vida y la sobrevivencia cotidiana en un mundo lleno de
retos y calamidades sociales; en cierto
modo es la representación estética de
un discurso infantil real, esperanzador y
soñador, pues en los dibujos claramente se interpreta que gana la celebración
al pesimismo y al silencio, la ternura al
sufrimiento.

A Galeano hay que reconocerle no sólo su magnífica destreza, sino lo
que él representa: un referente de dignidad y de arte revolucionario. Y cuando
digo que Mito Galeano
es un revolucionario,

Obra: Jolote.

Obra: Españolito.

alejo de esa palabra las mezquindades
políticas y pienso en esos espíritus y acciones que proyectan sus vidas más allá
de su circunstancia.
Hace muchos años su ciudad, sus admiradores y sus amigos esperaban una
exposición del artista, el que ha guardado la memoria de los descendientes
de los lencas, referencia plena de resistencia cultural y del arte que al ser auténtico vitaliza a la historia o llama a la
discusión puntual donde la falsedad se
desbarata como se desbaratan los falsos
dioses que aspiran a multiplicar el odio
y la desesperanza.

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Los dibujos de los niños y
del artista crean un universo estético maravilloso,
prueba de habilidad y de
arte comunitario”.
Obra: Quetzal.

Obra: Tucano.

Obra: Casita.

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Obra: Las tortuguitas.

Ágora mítica

Paisanos, artistas e intelectuales opinan
sobre Mito Galeano y su obra.
“La creación de Mito Galeano invita al público a insertarse en la iconografía que los pueblos aborígenes, y luego,
durante el mestizaje, edificaron en la búsqueda de plasmar sus entrañas culturales. El mundo simbólico de nuestra sociedad, perceptible en la obra de Mito, se manifiesta
en sus sabores, colores y los rostros de un pueblo que no
se detienen en sus ánimos de expresión.
Mito Galeano es la prueba de las capacidades de creación
de una nación multicultural, su obra es la reivindicación

“Mito Galeano, es una de esas historias entre la magia y
la realidad. Identidad, arte y cultura en su trabajo y en su
vida. Sus obras son testimonio vivo del patrimonio cultural y natural, de la creatividad de un pueblo, de su forma
de entender el mundo, sus signos, sus creencias.
Mito Galeano ha entregado cuadros hermosos, murales
realizados con niños, trabajos donde todos nos reconocemos, y su casa y su vida es mágica.

“Los suyos son, pues, actos diarios de prestidigitación,
de magia inconclusa ya que jamás, por mucho esfuerzo,
reconstruirá los pálpitos enteros del tiempo que murió.
Quiero decir que esa incesante búsqueda del origen hondo
de nuestra identidad, de la epidermis cobriza que es gameto del mestizaje, de lo indígena que dentro de nosotros
combate al europeo blanco para ayuntarnos o descomponernos, encadenarnos o liberarnos, constituyen (instituyen), todo ello, el trasfondo de cada una de estas bellas
creaciones visuales. Mito prosigue peleando batallas, eludiendo la paz, pues los rostros latinoamericanos son legiones; espada y flecha quemaron nuestras sangres y es imposible escindirlas sin riesgo de negar la autenticidad. Esa

del respeto a la diversidad cultural. Escapa de las imposiciones estilísticas y nos muestra un mundo de armonía y
de convivencias equilibradas para poder marchar por los
senderos de una sociedad más justa, en oposición a la
actual sociedad caótica de manipulaciones mediáticas y
de miedos a la verdad y la justicia”.
Edgar Soriano Ortiz
Historiador
(Desgarrando el mito)

No es sencillo describir lo que Mito significa para nuestra
tierra, su amor, su compromiso, su ejemplo y su trabajo
de ser la voz de tantos sueños y anhelos.”
Suyapa Díaz
Investigadora social y regidora municipal, encargada de
cultura de Gracias.
(Mito Galeano: la voz de nuestros sueños)

llaga insepulta que es la memoria del dolor se extinguirá
quizás cuando escribamos la nueva historia, una nuestra
-que es lo que Mito intenta- donde no haya héroes de
distancias raciales, mujeres albas ni cetrinas sino la transparencia intensa de la humanidad que construye -la del
arado, la colmena y el arpón-, seres ajenos a prejuicio o
dudas, armadores del alba y el amor… Entonces será imposible olvidarlos”.
Julio Escoto
Escritor y ensayista
(Mito Galeano en un golpe de luz)

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“Leyendas. Guancascos. Composturas. La esencia del
mundo lenca. Vale decir, la esencia del trabajo de Mito
Galeano, el pintor que volcó su paleta hacia su propia tierra donde nunca le faltarán los temas. La fauna de variedad paradisíaca: pucuyos, cacalotes, estiquirines, guajolotes, guaras, pericos, quetzales, tucanes, tacuazines y gatos
de monte. Flora, de colorido perenne: fragantes pinares y
cañafístolas convertidas en cascadas amarillas; orquídeas,
acacias y macuelizos. Sin faltar, la brillante piel del jiote
o indio desnudo. Personajes incontables: el cadejo, la sucia, los itacayos, los sisimites. Innumerable la estirpe de
Los Dueños, defensores de los animales y de las fuentes de
agua; los que velan para que el bosque no pierda lozanía;
los que sólo permiten la pesca o la caza del alimento cotidiano.

Nunca, a Mito Galeano se le acabarán los temas. Fluyen en
cada cuento, leyenda o conseja que brota de los labios de
los ancianos o de los niños, atentos a captar el lado mágico
de lo que escuchan. Allí está, para ratificarlo, su soberbia
colección “Pichinguitos”, dibujos infantiles poéticamente
transcritos al código particular del excelente pintor graciano que, además, desborda en solidaridad para todo aquel
que se acerca a su hospitalaria casa en donde, como guía
del trabajo, siempre escucha la voz de los ancestros”.

“Esa hermosa y colorida pintura de Mito describe en efecto los mitos, costumbres y tradiciones de los lencas -que
sin duda son la cultura donde reposa nuestra identidad nacional-, como ser los guancascos, las danzas, las ceremonias agrícolas ancestrales como la “Compostura del maíz
común”; y desde luego los personajes fantásticos como la
Siguanaba, el Sisimite, la Sigualepa, Comizahuatl, el Duende, y por supuesto no podía faltar el cacique Lempira, que
en la zona representa algo más que un personaje de carne y
hueso, y se ha constituido en un verdadero mito fundacional de la cultura lenca y mestiza. Pero lo más trascendente
del trabajo artístico de Mito es que en su pintura retrata

a la gente, a los campesinos, hombres, mujeres, niños y
niñas lencas, así como los imponentes paisajes de la sierra de Celaque, y los edificios, iglesias y monumentos que
enriquecen el patrimonio histórico colonial y republicano
del occidente, convirtiendo a Mito Galeano en el principal
“hacedor” de historias allá en la antañona Gracias, Lempira, capital cultural de las Hibueras”.

“Este extraordinario artista durante su ávida carrera nos
perfila la mirada para que logremos ver más allá esa otra
dimensión fantástica del realismo mágico de nuestro pueblo; es en ese espacio, entre el lienzo, la arcilla y la piedra,
donde encuentra el diálogo diario que va transformando
minuciosamente en su ventana al infinito, a la posibilidad
de creer que somos la memoria entre el incienso que se
esfuma y la mirada a lo simple que es ser hijos del maíz.
Es allí donde empieza el lenguaje gestual y onírico de Mito
Galeano que traspasa la imagen a través del dibujo, sigilosamente acabado con gran dominio, donde lo
mágico persiste y juega con el dominio colorido

la construcción de una identidad. Su obra pictórica es el
referente más inmediato para poder visualizar la mística
atmosfera de los pueblos de la región lenca. Esa narrativa
que se desborda en sus lienzos va cargada de las nostalgias
de sus personajes, que a manera de interlocutores transmiten el desasosiego y la incertidumbre de lo habitual de esa
historia no contada, de esa pausa milenaria”.

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Helen Umaña
Crítica de literatura y arte
(Mito Galeano: la voz de los ancestros)

Jorge Amaya
Historiador
(El hacedor de historias)

Byron Mejía
Artista visual
(Mito Galeano: una ventana al infinito)

“Mito Galeano es como un antiguo árbol de raíces profundas donde los pájaros del mundo encuentran refugio. Los
locos enamorados, la corteza del hogar donde se han de
afinar obra y gracia universal y la niñez-pincel con identidad con la que se divierten aprendiendo bajo la sombra
del gigante amigo.
Mito Galeano, no sólo nos concede el rostro agraciado del
lenca y el mestizo, hay en su razón de ser una reserva mo-

“Yo no conozco a Mito. Nunca lo he visto. No creo que
habite, es más, ni creo que exista tal antañona ciudad de
calicanto y leyendas de buleros donde lo ubican. Sospecho
que todo se debe a un sueño de noctámbulos, de adivinadores de suerte: una leyenda que va y viene en el tiempo,
una ronda con Guancascos errantes, luna, atabales, pitos y espejos, que refiere como alma de esa ciudad dorada,
donde existe un Mito que todas y todos aman, por el simple hecho de los sortilegios del amor.
Algunos amigos que han ido por ese camino, que es el
mismo de La Campa de San Matías, para sacarme de la
testarudez, me narran que no hay que afanarse mucho en
su búsqueda, que se le ve en cualquier lugar, en cualquier
mirada, bajo el abrigo de cualquier abrazo. Me hablan los

“Mito Galeano es un creador que ha encontrado en la inocencia de las niñas y niños de las comunidades rurales de
Lempira el potencial artístico, social y cultural que secretamente muere con ellos cuando no tienen la oportunidad
de desarrollarlo, exponerlo y pintarlo como él lo está haciendo.
Es el artista de nuestra casa que disfruta de la belleza que
atesora nuestro pueblo, uno de esos artistas con quien da
gusto compartir, de los que no pierden su origen y sobre

ral comprometida con el respeto a la vida y la dignidad de
los sueños.
Cuando uno se encuentra con este generoso hombre-árbol, la esperanza se multiplica y el futuro no es incierto”.
Delmer López Moreno
Teatrista y gestor cultural
(Ese hombre llamado Mito)

más osados narradores de que es habitante del Iris de una
mujer que lo ama y lo sueña y de dos Lunas que lo iluminan. Y a su vez, de un par de cipitles y sus perros estelares,
que lo persiguen por las huellas de las cenizas de atizaderos míticos en torno a los que han pernoctado caminantes,
poetas, artistas y alucinados de la algarabía y el convite,
que lo acosan como a un vellocino de oro, de otro tiempo,
de otra dimensión. Y para mí, confieso, creo que mucho
de ello es coloquio, coplas emocionales, cantos de gallos
y cuentos de camino real con figuraciones de la dicha
compartida y la pompa por ser siempre alegre la gente”.
Candelario Reyes García
Poeta y dramaturgo
(Mito)

todo de los que valoran a quienes menos tienen materialmente, pero que conservan una riqueza de ideas e imaginación que a muchos en otras esferas les hace falta.
El futuro se puede pintar con las manos de este gran artista”.
Edgardo Cruz
Gerente de Plan Internacional Honduras, Lempira.
(Un artista de nuestra casa)

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“A Julián le decían el loco porque hablaba con las estrellas y retaba a la sanidad pública; sólo que Julián no estaba
loco, ni solo. Existía el loco de las montañas y los arrabales que también contaba estrellas escondidas y se escapaba
buscando nahuales. Ese muchacho (no es cabal). Realmente fue un privilegio ser rebelde; lograr que Julián fuese un
ícono del pueblo, que la ignorancia cultivada para estigmatizar indígenas se quebrara y redimiera las esperanzas
ancestrales; convertir a la irreverencia en un foco luminoso que ha contribuido a acercar culturas de manera respetuosa; hacer de la desobediencia una oportunidad para
que la magia artística contagiara a otras generaciones, pero

también para ponerle flechazos de indignación a la injusticia para romper esquemas domesticadores de sueños.
No es un mito. Es un ser sencillo que hace magia con los
colores, que convoca a la conciencia enmascarada del mestizo para que se reencuentre con su maternidad indígena
de la que ha renegado.

“‘Deja que el tiempo se vaya, que los hombres piensen que
dominan los símbolos de un poder siempre transitorio.
Deja que el mundo se vuelva traslucido y que al igual que
las nubes, la realidad se mezcle, como la sombra que ha
sido eso que llaman historia. Nosotras somos las guardianas de la cultura, las hacedoras del color, las que del humo
del copal levantamos los pilares de la vida…’ Esta es la voz
que percibo cuando veo un cuadro de Mito Galeano, la
voz de la mujer lenca y su omnipresencia cotidiana en las
fiestas, en el rito anónimo de sus labores en el campo y en
la casa.

nacionalidad, los murales en pequeña escala que simbolizan la narrativa del silencio. Profundo conocedor de los
rincones de ese territorio existencial que en Honduras conocemos como el mundo lenca, Mito Galeano nos devuelve la antigua fuerza espiritual que poblaba y regía en los
bosques y ríos ahora amenazados por la brutal avanzada
de una novísima nación sin arquetipos. La pintura, entonces, se convierte en depositaria de cultura al igual que la
mujer, terreno de un barro inagotable que el tiempo sólo
transforma y pigmenta”.

Porque es sobre la mujer donde se concentra la pintura
que Mito ha logrado establecer como referente de nuestra

“En Mito se cumple lo que Pablo Freire planteaba acerca
de que la conciencia de la identidad familiar, comunitaria,
territorial y nacional eran las bases para la constitución de
seres humanos de trascendencia universal. Desde su infancia, Mito viene siendo marcado por la convivencia con
portadores auténticos de lo más profundo de la tradición
cultural lenca y campesina del occidente de Honduras.
A nivel de métodos innovadores para la formación y desarrollo de la creatividad artística con seres humanos de
diferentes edades, Mito Galeano nos sorprende en cada
visita que realizamos a Gracias, con varios aportes
innovadores, en donde Mito ha roto con esos patro-

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A veces creo que Mito Galeano es un poema”.
Misael Cárcamo
Investigador social y animador cultural
(El mito de los montes)

Fabricio Estrada
Poeta
(El barro inagotable)

nes occidentalizantes y abriendo espacios de creatividad
entre niños y niñas de diferentes edades, en donde ellos
y ellas se convierten, bajo el acompañamiento atento, estricto y cariñoso del artista profesional, en los boceteadores y ejecutores de obras de sorprendente creatividad
e identidad cultural con alta referencialidad del contexto
en que tiene lugar la vida cotidiana de niños y niñas de comunidades rurales y urbanas del occidente de Honduras”.
Mario Ardón Mejía
Investigador
(Mito Galeano o la creatividad desde el interior de su
tierra y de su gente)