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Humor, ironía y absurdo en el microrrelato

Para hablar del humorismo y el microrrelato debemos explicar muy someramente un importante concepto del siglo XX que ha puesto en cuestión lo establecido a todos los niveles: el Posmodernismo. Se trata de una corriente artística, filosófica, literaria y de otros ámbitos de la cultura que ponen en tela de juicio lo que se ha aceptado como verdad inamovible. El Posmodernismo surge en la segunda mitad del siglo XX. Este movimiento trata de romper con lo establecido, cuestionando todo lo que se ha considerado verdadero e impuesto por nuestra cultura. Este movimiento puede ser puesto en relación con las vanguardias. De hecho, el Posmodernismo se inspira en ellas.

Se dice que el microrrelato es fruto del Posmodernismo, saltándose las normas establecidas por el academicismo literario. De alguna forma, estaría en las antípodas de los grandes géneros como la poesía o la novela. El microrrelato bebe de ambos, pero se ha constituido en un género particular y concreto. Se le ha considerado, ya de ser tomado como un género, un género menor. Para generar su propia idiosincrasia, ha recurrido a rasgos que le ponen fuera de lo considerado ortodoxo en literatura y opuesto a los grandes géneros: brevedad, elementos narrativos que provocan impresión, y por supuesto, humor, ironía y un carácter rayano en lo absurdo.

Entendemos humor como aquello que no sólo produce risa, sino aquello que produce risa por oponer conceptos antitéticos, contrarios y ciertamente paradójicos, cayendo incluso en la burla. Es un choque de dos mundos opuestos lo que nos hace gracia.

El microrrelato busca sorprender al lector, lo cual es prácticamente imposible en un relato extenso. Su brevedad ayuda a producir sorpresa, a incentivar el humor y a decir más con menos. Los autores de vanguardia desacralizaban la tradición, al igual que los posmodernistas (modernismo posmodernismo).

La parodia es fundamental y es muy habitual parodiar la tradición. Tiene que ver con la intertextualidad. Hay una doble finalidad. De un lado, se hace un pequeño y breve homenaje a la tradición y por otro lado se burlan de ella. Es el caso del texto 1. Se trata de una parodia de La Odisea de Homero. Se retrata a un Ulises que cuenta su historia en la cárcel. Quemado por el trabajo, su mujer le engaña con numerosos hombres, que invaden su casa mientras él está de viaje de negocios. En su estudio instalan ese simbólico telar de Penélope, que en el mito representa la fidelidad, y aquí representa una burla, el desplazamiento absoluto y ninguneo de Ulises. Harto, mata a su mujer y a algunos de los hombres que han invadido su casa, volviendo a ese comienzo en la cárcel (in medias res).

En el texto 2 tenemos otro ejercicio de intertextualidad. Es una clara parodia del dinosaurio de Monterroso. Lo presenta de una forma un poco ridícula, y trata de darle un comienzo a lo escrito por el escritor guatemalteco, explicar cómo se llega a esa situación. El desenlace es un poco triste, un poco esperpéntico.

En el texto 3 se parodia un pasaje del Antiguo Testamento (intertextualidad nuevamente) y se busca el humorismo en el uso de elementos opuestos. El Gran Diluvio Universal pasa a ser La Gran Sequía Universal. Se produce una sequía en un

mundo submarino y Yahvé le dice a Noé que construya una pecera para algunos peces virtuosos. Los animales terrestres y el Arca son eliminados de este modo.

El texto 4 es un ejemplo presenta una situación imposible. Mezcla el plano de lo real con lo ficticio, ahí reside el verdadero absurdo. El texto 3 también nos puede parecer absurdo, pero en ese caso se habla solo del plano de lo ficticio. Es como si estuviera permitido lo irreal. No nos impacta tanto, porque está permitido. Sin embargo, el texto 4 juega con esos dos planos y nos impacta más o nos parece mucho más absurdo. Vemos a un personaje narrador con el que nos identificamos y con el que estamos de acuerdo. Sentimos su desgracia.

El texto 5, escrito por el mismo autor del texto 4, muestra otra situación absurda coprotagonizada por un animal, esta vez una mosca. Es otra situación absurda, con una mosca gigante que entra en la boca del protagonista y va a su estómago. Se producen dos momentos de humorismo: cuando la mosca entra y el hombre ve como ella y cuando, al salir de su cuerpo, la mosca se lleva sus dientes por delante.

El siguiente texto, el texto 6 se utilizan el sueño y la vigilia para producir el absurdo. Pero es más, cuando el protagonista vuelve a la vigilia (ya no está soñando), nos ofrece otra imagen absurda: se trata de un animal con cualidades de ser humano (personificación). Podría ser un ternero o algo así (un animal comestible).

Posteriormente, tenemos el texto 7. Se trata de un texto absurdo, que nos puede recordar a una célebre película del director José Luís Cuerda. La primera parte es un diálogo y la segunda parte ya es narración en tercera persona. Es una acotación teatral, que describe lo que ocurre en la escena.

El texto 8 hace referencia a una historia terrible y angustiosa que recurre al humor negro. Un chico joven decide quitarse la vida en su cuarto ahorcándose, pero en el último momento, ya cuando está suspendido en el aire, se arrepiente (esto nos recuerda a alguien, al suicida de García Márquez). El final es tremendo, su agonía y sus jadeos por la asfixia son, para sus padres, muestra de una supuesta relación sexual. Es irónico y fatalmente gracioso.

Después tenemos el texto 9, tenemos otro sorprendente microrrelato que tiene por protagonista a un supuesto ser humano que finalmente resulta ser un perro. Ahí encontramos la sorpresa y el humor de este texto. Cuando empezamos a leer, no sabemos si es la esposa la golpeada, o el amante de su esposa. Hasta la última frase, no sabemos de quién o qué se trata. Un perro con atributos humanos (personificación) se erige en calidad de amante de la mujer, presentando casi una relación zoofílica.

El texto 10 plantea las reflexiones de un funcionario corrupto. Con absoluto cinismo, defiende su integridad moral negando que se comporte con la falta de escrúpulos propia de un delincuente. La frase final genera una carcajada por la constatación de la verdad, una verdad que esperamos dada la mala fama que tienen los administradores públicos.

El texto 11 es muy curioso. Existe cierta intertextualidad. Es como si el autor utilizara el recurso de la extrema delgadez del personaje para introducir guijarros en sus bolsillos. Cuenta que se libró afortunadamente de ser arrastrado por el viento y que lo

celebró, pero que accidentalmente, tras la celebración, cayó en el mar y se ahogó debido a los guijarros en sus bolsillos. Esto nos lleva al suicidio de Virginia Woolf, que murió ahogada en el mar llevando piedras en sus bolsillos. He aquí la intertextualidad.

En el texto 12 vemos que en dos líneas, la autora ha sido capaz de helarnos la sangre con un breve detalle que constata la apreciación de la protagonista femenina. “Él asintió con lo que parecía su cabeza” da una idea de deformidad, que ser de otro mundo, de monstruo. La situación en la que hay una mujer gritando también propicia esa sensación de angustia y miedo, que es muy potente con esa brevísima información. Quizás esa sugerencia es peor que contarlo todo de forma explícita.

El texto 13 vuelve a mostrar otra historia de animales con atributos de persona, en este caso una polilla. Se nos presenta a un personaje que parece un devorador de libros en sentido metafórico, un gran lector y estudioso de los libros de una biblioteca. Finalmente resulta ser un insecto, devorador literal de libros. Nos enteramos con la lectura de la última frase. Esta última frase es presentada con mucho humor (estaba devorando la definición de motor de explosión en la Enciclopedia Británica).

Por último, tenemos el texto 14, que nos presenta casi un trabalenguas. En este caso, la autora recurre a la alteración de las palabras, palabras muy semejantes, casi homófonas que se repiten, generando risa. Al final deja un regusto agradable en el lector, reconociendo este su ingenio al utilizar de esa forma las palabras y darle cierta continuidad y lógica a todo.