Revista Kcreatinn – Creación y más

Kcreatinn
Creación y más
Año VIII, Vol. 2, N° 14 | Cajamarca, II semestre de 2014
Colaboraciones: kcreatinnorg@yahoo.es

_______________Director:

Jack Farfán Cedrón

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______________

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Charly Morrison Seminario

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divertida, viviendo el acto mismo de
la dicha, con el cinismo de burlarse
de los problemas con la risa de quien
sabe vivir. Dont worry, be happy.
En cuanto a Gabo, qué decir,
las vicisitudes, las trabas, el oficio de
periodista que le enseñó a narrar con
tal realismo situaciones que hubieran
sido prácticamente ilegibles, por lo
macabras, por lo insólitas, de no ser
por el indiscutible y mágico estilo que
narraba
una
fantasía
real,
macondiana, paradójicamente, en un
mundo de realidades.
Gabo decía que lo que él
escribía no era más que lo que había
visto o había pasado a través de la
oralidad, por los cuentos de su abuela
o de las personas que se reunían en
un parquecito del pueblo, o alrededor
de fogón, donde no faltaba un buen
sancochado para los viandantes.
Amén de que todos los pueblos
latinoamericanos
poseen
esa
atmósfera de hechos inenarrables que
maravillan y que vuelven felices a las
personas. Gabo nos legó la aventura
humana del mito, de lo mágico
inmerso en un realismo casi táctil,
“creíble” en lo inconmensurable que
cada imaginación lectora determina
como una verdad apropiadamente
suya. Escrutó las pasiones humanas,
la aventura ficcional de un pueblo
universal, Macondo, con todo su
minimalismo citadino, sus temores,
las supersticiones del pueblo; su
sopor de las dos de la tarde; el río de

†Enfermérides†
Este año partieron a la
inmortalidad tres grandes: Gabriel
García Márquez, Roberto Gómez
Bolaños y Gustavo Cerati. Pero no se
trata de congojas menores, que se
disipan conforme el galopar de los
días. Se trata de la desaparición de
tres genios que entregaron todo su
talento en pos de esa búsqueda sin
puerto, de esa llegada cada día a más
extensos reinos del arte.
A trompicones, a brazadas,
dando largos pasos, como fondistas
entregando todo de sí, hasta caer
exánimes, en breve descanso, para
arremeter nuevamente contra las
pistas
de
un
mundo
de
incomprensiones donde el arte viene
sobrando, en un planeta globalizado.
Chespirito hizo de las
tragedias reales, verdaderas comedias.
Encarnó desde los años 70 a un
personaje pobre, niño, un ser lleno de
carencias que sin saberlo, nosotros los
pequeños, encarnaba una filosofía
cínica que en Diógenes de Sinope
“convertía la pobreza extrema en una
virtud”. ‘De la tragedia de las
vicisitudes como arma de resiliencia’,
cabría lanzar un título que quizá los
biógrafos ya estén redactando. Lo
cierto es que el legado histriónico, las
carcajadas que nos arrancó, nos
bastan para demostrarnos a nosotros
mismos, que la vida, los destinos, son
lo que va pasando de manera
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piedras como huevos prehistóricos;
sus creencias, sus barcazas que
retornarían infinitamente hasta que la
única pasión que existe en la vida los
devuelva a la dicha que no acaba. Nos
enseñó la fantasía que es creída a ojos
cerrados e hizo sobrepasar los límites
del sueño hasta convertir a la realidad
en un mundo palpable e igualmente
volátil, impregnado con la seda
desvelada de lo maravilloso, el pleno
literario que frisa con la dicha del
ahogado más hermoso del mundo, de
la bella Remedios levitada. Hernias de
vejestorios que en las tardes de sopor
gemían como criaturas malignas;
echados sobre las veredas del
domingo. La memoria lo olvidó o él
alargó su dedo creador hacia una
pequeña
reencarnación
que
seguramente emergerá en un estuario
gozoso; quizás entrando por la
puertecita
del
árbol
menos
sospechado hacia el fondo, para morir
en el intento de seguir narrando lo
indescriptible.
Cerati también nos dejó
después de un último padecimiento.
Como Jim Morrison, como Jimi
Hendrix, no sólo se trataba de un
trovador. Cerati era un poeta, en el
sentido de que la imaginería ritmaba
con
su
música.
Sonidos
delicuescentes, terrazas transitorias, el
sol que se erige sobre la
perpendicularidad del puente trazado
sobre el río indoblegable de los
campos de niebla. Quién hubiera

podido imaginar un pequeño Cristo
3D, una luna roja, una crema de
estrellas. Imágenes que sólo la
constelada música promete, al costo
de
quedar
inánimes,
ciegos,
paralíticos, enfermos del mundo, de
un cáncer que sólo estos tres genios
que ya no están con nosotros
supieron elevar a la categoría de arte
en las altísimas constelaciones que
sólo el genio puede pergeñar en
nosotros, perdidos de nosotros,
embelesados con su arte de alturas
magníficas. Algo le había dicho que la
tristeza se esconde tras sus ojos. No
miras, ser que todo lo soportas hasta
llegar al deseo cumplido, que ni un
mar traslúcido cubre llegando al
asfalto. Un amor de ultramar, un
ritmo cegado por un arco triunfal y
abrazo. La paciencia, amiga obscura y
bella hasta la rabia del capricho, es
algo que se aprende a obrar en tan
sublime canción; la que muere, la que
se pega como una lapa luminaria a la
cabeza pugnando por moverse hasta
el despertar de la estrella elegida, del
cuadro tridimensional que no pudiste
pintar, pero que el gesto tierno y
amable imagina. Serán acaso los
deseos que llegan tarde, que se
arrastran en todo el pasado tan
lozano en los rostros; tan bello que se
goza como un grato recuerdo revivido
muchos años después, entre la agonía
milagrosa de los deshielos o las
lágrimas.
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Feliz Navidad 2014

El regocijo del cornúpeta

Cada muerte por detonación,
cada bocado injusto que arrastra el
perro maltratado. La ilación maldita
de un reloj latiendo en las paredes del
desvelo. Habrá una taza que falte en
la mesa, un mendrugo que de la
puerta del gaznate se nos caiga.
Camino adentro, soy un signo, y
dando la mano a cualquiera, un
mensaje guardado por el ángel del
camino. Algún engranaje del mundo
está oxidado. El sol no brilla tres
veces mientras la traición condenada
de los hombres termina en un canto
de gallo inmutable sobrevolando un
Sahara desvelado. Heredarás el
triunfo universal de los hombres,
Redentor nuestro. La paz, la
constelada ventana titilando una
promesa que oscurece. Y el oleaje
cósmico de lágrimas de plata, por ti,
por el mundo y los otros rencores
disipados. La felicidad que en uno
habita.

Juan Vargas Velásquez
La visión de una tremenda
deyección en la puerta de la iglesia
principal del pueblo de Santa Cruz
me hizo reflexionar al momento de
levantar la vista y ver la gigantografía
del Señor del Costado, patrono del
pueblo y receptor de las múltiples
manifestaciones de fervor religioso
que se organizan, todos los años, en
su honor.
Esa mañana, los ebrios que
habían amanecido tomando cerveza,
discutían temas sobre el fútbol, la
ganadería que este año llegaba con
sus toros de lidia y las rivalidades de
los políticos locales. La explosión de
cientos de cohetes que inauguraban el
nuevo día molestaba a unos y
regocijaba a otros. Pero a la llegada
de las bandas locales, toda la Plaza de
Armas se llenó de un gran bullicio
para el beneplácito de los cerveceros
y más aún de los locales que nunca
cerraron sus puertas por cuatro días
consecutivos.
Algunos visitantes llegados
especialmente de la “antiguamente”
llamada “ciudad de la amistad”
llegaron a nuevos records de beber
sin dormir, como una carrera de
sedientos galgos embelesados.
Así, el día luego de la verbena
comenzó a transcurrir y la fiesta iba
en algarabía creciente. Los familiares

El Director

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que se reencontraban luego de mucho
o poco tiempo destapaban licores y
preparaban asados y frituras. Risas y
música de muchos tonares se
mezclaban de manera descabellada
para un melómano. Huayno, cumbia y
pachanga de discoteca competían en
los parlantes a lo que se sumaban
más cohetes que con su estridencia
espantaban a los gallinazos en los
cielos. Los borrachos seguían
bebiendo
y
los
mercachifles
terminaron de inundar las estrechas
calles del pueblo. Un pequeño mono
encadenado a una minúscula caja de
madera soportaba la estridencia de
los explosivos y la violenta amenaza
de los rayos solares, entregando
papelitos a seres que miraban con
curiosidad o desprecio a ese pequeño
individuo que tuvo la desgracia de
caer en manos menos humanas que
las suyas, pero con poder de decisión.
Más gente iba llegando a la
fiesta para repletar los últimos
espacios que quedaran, y los locales
que circundan la Plaza subían un
poco más el volumen de sus
parlantes, haciendo que los borrachos
levantaran también cada vez más las
roncas
voces.
Los
cigarrillos
discurrían incontinentes de manos a
bocas y se consumían raudos.
Al llegar el medio día el
efecto de la noche hacía sucumbir a
los borrachines menos descansados y
esto hacía que se durmieran en
mesas, sillas, veredas y los más

recónditos e insospechados lugares
para este fin. Las conversaciones
giraban ahora en torno al baile de la
noche y los niños correteaban libertos
entre las groseras conversaciones de
los padres y sus amigos. Nadie con
excepción de las beatas del pueblo
pensó por un momento en la antigua
trascendencia del culto que se le
rendía al patrono, en cambio las
canciones cumbiamberas reinaban
con desenfreno entre la juventud que
se preparaba para ir a cualquier lugar
con tal de que hubiese lúpulo y
música estrepitosa, pero eso sí, de
moda.
Los carteles de la fiesta brava
también se hacían apreciar noticiando
una veintena de bellos ejemplares que
serían masacrados en tres días para
regocijo del sadismo local y foráneo. Y
luego la concentración de gallos de
riña con un pollón de 12 000 nuevos
soles donde estas nobles aves serían
entregadas al sangriento holocausto
del ruedo entre el griterío, la cerveza
y la densa nube de humo que se
confundía con la pestilencia de los
baños sin desaguar.
Pronto llegaba la noche, y la
cerveza anegaba el ambiente, la
música de algunas camionetas que se
habían incorporado con sus potentes
parlantes contribuían al fandango. La
bacanal arreciaba y las parejas más
sueltas de huesos no escatimaban en
toqueteos, es seguro que la orgía se
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encumbraría sobre el pueblo después
del baile programado para esa noche.
No es exagerado decir que
más que una fiesta en honor a Cristo
esto se había transformado en un
generalizado desmadre organizado
para regocijo del cornúpeta. Uno diría
que se hallaba embriagado por el
resplandor del becerro de oro, o en
medio de un carnaval desatado.
Haciendo cuentas entre la masacre de
toros y gallos, la violencia de las
peleas entre borrachos, el sexo
disoluto, la juerga alcohólica insomne
y perpetua, la estridencia, la mierda y
las heces… no alegrarían a ningún
santo del panteón católico y qué decir
del Señor del Costado. Esta fiesta de
corte satánico tal vez debería de
liberarse de la hipocresía de su
escudo cristiano y celebrarse ya libre
de caretas religiosas como se llevaban
a cabo esas misas negras del
medioevo que se dice dieron origen al
Malleus Maleficarum.

Alvarado Tenorio: el
cínico de una generación
desencantada.
Joan Largo
joanm1290@gmail.com
Universidad Nacional / Medellin
Universidad del Valle/Cali

Harold Alvarado Tenorio
nació en Buga; obtuvo el título de
Licenciado en Letras en la
Universidad del Valle [1967-1970], en
la recién fundada Facultad de
Humanidades [1964], desde entonces
emprendería numerosos viajes dentro
y fuera del continente con el
propósito de obtener un posgrado,
peregrinación que ya antes había
realizado dentro del país cuando en
innumerables ocasiones fue expulsado
de varios colegios por culpa de su
acendrado anticlericalismo. En una
España
que
se
despertaba
somnolienta del casi interminable
ocaso franquista, en la Universidad
Complutense, obtener su Doctorado
en Filosofía y Letras con un ensayo
sobre la literatura de Jorge Luis
Borges, cuando apenas se empezaba a
valorar la obra del escritor argentino.
Antes, la publicación del libro

Septiembre, 2013

Pensamientos de Un Hombre Llegado
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el Invierno, en ediciones escasas con

son los temas en la poesía de Harold
Alvarado Tenorio; su estilo, que se
aleja de la presunción de decorados y
del manejo ascético y temeroso del
lenguaje, logra construir imágenes
contundentes, crudas, llenas de
rudeza y de fuerza, donde el sentido y
el aspecto visual confluyen de un
modo turbulento e incontenible:

un prólogo apócrifo de Jorge Luis
Borges, forjado con astucia por él
mismo, haría escándalo en las élites
culturales caleñas y le otorgaría cierto
margen de reconocimiento en los
círculos bogotanos.
A esa misma generación,
llamada Postnadaísta, pertenecerían
Juan Gustavo Cobo Borda, Raúl
Gómez Jattin, María Mercedes
Carranza, Giovanni Quessep, Elkin
Restrepo o José Manuel Arango entre
otros. Es pues, en esta medida
generacional donde la obra de
Alvarado Tenorio lleva la poesía
vallecaucana al reconocimiento en las
letras nacionales. Pero más allá de su
aceptación en los círculos capitalinos
y las camarillas intelectuales, es la
prolífica trayectoria académica y la
profusa producción bibliográfica en
crítica literaria lo que hace de
Alvarado Tenorio una de las grandes
autoridades
en
la
literatura
colombiana.
Su
enfrentamiento
abierto con los poetas auto
consagrados como Juan Manuel Roca,
Mario Rivero o Gonzalo Arango ha
conmovido los oídos sordos de sus
enemigos más viscerales, y de quienes
ocupan puestos en ese sospechoso
aparataje del ministerio de cultura
que hace del arte y la literatura un
ejercicio pragmático de producción de
burdos herrajes.
La vejez, la muerte, los viajes,
el conocimiento, el tiempo, el sexo,

Gran vida que das y todo lo quitas
Ni siquiera el recuerdo quedará en nuestros
huesos
Ni siquiera la música del violín de
Mendelsshon.

Este poema, casi un epigrama,
muestra la precisión de la
construcción poética, la agudeza y la
ironía con la que se expresa una
grande, enorme, insalvable certeza. La
presencia de Borges, con la adecuada
distancia que lo aleja de la simple
repetición, es innegable; el carácter
clásico, memorioso, capaz de instalar
la finura de la figura poética, sucede
dentro de lo que a simple vista podría
parecer subversión, inmediatismo y
febrilidad, y que sin duda lo sería de
no ser por la sintaxis deslumbrante y
el vocabulario generoso:

En aquellos buenos tiempos
era bueno abrirte las piernas
y lamerte hasta el cansancio
y fornicarte hasta la última gota y partir

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El Valle del Cauca, idílico y
rural ha quedado atrás; la vida urbana
comienza a aparecer de un modo
asombroso en esta poesía refinada y a
la vez desmesurada. El artificio lírico,
los giros románticos no tienen lugar
en el trabajo de Alvarado Tenorio, su
apropiación del lenguaje, sus
memoriosas y tremendas evocaciones,
dan cuenta de un individuo
atormentado por los males del
mundo, que es capaz de instalar en
su poesía las dimensiones inagotables
del dolor, del placer, de la
deshilvanada identidad personal y de
la vacuidad ensordecedora de la
existencia:

continentes conocidos o poco
divulgados que ponen de manifiesto
el vasto conocimiento y la
aproximación
sesuda
a
otras
literaturas. Lo cuotidiano también
tiene cabida en la poesía de Alvarado,
pero no con la perorata burda de los
nadaístas, sino con una poesía capaz
de transmitir el sentimiento estético
por medio de la palabra:

¿Dónde posar el pie
dónde el poema?
¿Por qué las llagas nos cubren
y el escarnio te cerca a toda hora?
Sueño del hombre y su sombra
ninguno sabe que es sombra de otro
nadie sabe si sueña o si está muerto.

Con el anís había música de cuerda y
canciones del país.
Ellas parecían felices.
Ellos también.
Era, no obstante, el tiempo de la miseria.
El mundo, afuera, rodaba como cosa vana.

Hay además un conocimiento
crítico y profundo de la tradición
poética colombiana; Silva, Valencia,
De Greiff, Barba Jacob, Arturo,
Jaramillo Escobar, que le permiten al
poeta un diálogo abierto con estos
autores. La revista trimestral que
dirige, Arquitrave, es uno de los
lugares más importantes de difusión
bibliográfica
de
la
poesía
contemporánea en Colombia; en ésta,
consecutivamente, se citan trabajos de
poetas latinoamericanos y de otros

Lo que a veces parece la
celebración del placer y los goces del
cuerpo, sigue ocultando el desencanto
y el pesimismo ante el mundo; detrás
de la febrilidad de ciertos poemas
sigue latente el desencanto frente al
entorno inútil y efímero del hombre:

El camioncito modelo cincuenta los llevaría
hasta el río,
con sus piedras como huevos traídas del
principio del mundo
y cocinaban un buen sancocho con plátano
hartón
y amplios trozos de carne en tres telas. (…)

Sus piernas, decorosas, no soportaban
más que fáciles eyaculaciones
o lamentosos besos de cartón.
Pero te traía pastelitos y de cuando

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[1987] o El Ultraje de Los Años,
tendrían que ser citados en cualquier
trabajo que pretenda indagar sobre el
desarrollo de la poesía regional en el
Valle del Cauca durante las últimas
tres décadas del siglo pasado. Harold
Alvarado Tenorio, sin importar sus
ácidas
y
corrosivas
posturas
(exageradas por la sensibilidad
bogotana de las alianzas de los poetas
de la Casa de Poesía Silva y los
cenáculos tradicionales), ha entregado
la poesía de más alta factura e
intensidad que haya producido autor
alguno en el país vallecaucano. Una
poesía a la que se dificulta adjudicar
antecesores, y que acaso, como afirma
Gustavo Álvarez Gardeazabal, demore
mucho en tener sucesores:

en vez, un perfume,
para después de la afeitada.

Así como hay que esperar
hasta 1972 para que en la ficción
vallecaucana se llegue a una obra
independiente y madura: Cóndores no
entierran todos los días, de Gustavo
Álvarez Gardeazabal; también hubo
que llegar hasta los últimos años de la
década del sesenta para que en la
poesía se comenzara el diálogo
abierto con nuevos elementos, con
tradiciones ajenas, con temas hasta
ese entonces apenas se insinuaban en
poesías tan interesantes como la de
Hugo Salazar, Helcías Martán
Góngora, o que yacían bajo el profano
monopolio del fetiche nadaísta. En el
Valle del Mundo, es un largo y bello
poema que de modo sublime resume
muchos de los lugares de la poesía de
Alvarado Tenorio:

Los héroes siempre murieron jóvenes,
no te cuentes entre ellos,
y termina tus días
haciendo el cínico papel de un hombre sabio.

Haber fornicado sin placer,
vivido entre ellos y gozando sus mujeres.
Haber conjurado la falta de dinero, el uso de
chequera,
de tarjetas de crédito, ni hecho ejercicio.
Saber que la luna se está ocultando bajo las
olas,
que el tiempo conmigo se oculta,
que jóvenes y bellas murieron algunas
y que hay uno que logró edificar su morada
en el borde arenoso de las aguas.

RECORDANDO MI CABALLO
Naciste en mi cabaña
y en ella te crié como un hijo.
Tus dientes crecieron hasta hacerse
duros
y jugabas conmigo cuando las tardes
caían.
Luego te hiciste un negro potro,
mordías mi pelo, mis manos y mis
brazos

Libros como Summa del
Cuerpo [2002]; Espejo de Máscaras
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y recordando mi cariño relinchabas
a miles de metros sabiendo regresaba
de mis travesías por los cielos y
mares del mundo.

Algunas mañanas digo tu
nombre
Lucía Gris

Sobre ti cabalgué tantos años
sobre el verde lomo de las cordilleras
en los largos veranos y extensas
sequías,
al lado de nuestra vieja y divina Xue,
cuando el sol se ocultaba y la vida
cansaba,
hasta aquel día funesto que unos
asesinos
sin Patria ni Dios
te dieron mala muerte.

Algunas mañanas digo tu
nombre, despierto con las iniciales
saladas en el cuerpo, con el peso de
las dudas en la piel. Pero no le temo
al silencio ni al grito, también yo me
oculto en las palabras, aún las más
sinceras son una máscara de mí.
Vuela el tiempo con la brevedad de
un día, con la sutileza de un beso
oculto, con los colores que modifica el
sol antes de oscurecer. Hay noches
usurpadas (como casas infinitas) por
tu nombre gigantesco ocupándolo
todo, me abraza despacio y cuenta
cien palabras en mi oído antes de
dormir.

Tú eras toda la hermosura del
mundo,
fuiste la lealtad, mansedumbre y
coraje
haciendo célebres tantas noches de
alcohol
que juntos departimos.
Solos siempre estuvimos.
Solos, hasta en la muerte.

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actividad-, no estuviesen con
nosotros, o simplemente, como si
hubiésemos decidido guardarlos muy
dentro, a causa de nuestros miedos.
Las maravillas que somos capaces
de realizar en la vida son el resultado
del soplo divino, y debemos permitir
que ese Soplo Divino, irradie día a
día, con cada acción realizada, en el
rol que nos corresponda vivir. Es una
obligación cristiana.
Las habilidades, destrezas de cada
uno de nosotros, los TALENTOS,
deben sernos útiles para poder servir
a los demás. Debemos ser capaces de
descubrir nuestros propios talentos,
escribirlos en una lista, y sobre todo,
usarlos.
Regalarlos a los demás en los actos
heroicos que vayamos realizando.
Heroicos, puesto que necesitamos
valentía para ser capaces de
descubrirlos y usarlos.
La salud espiritual, ese estado de
sentirse en paz con la vida; ayuda,
definitivamente, en primer lugar, a
descubrir nuestros talentos y en
segundo lugar, a usarlos día a día,
conquistando nuestros miedos; que es
la acción de mayor valor.
Sintiéndonos
humildemente
orgullosos de nosotros mismos y
sobre todo, de esa luz que nos
ilumina desde muy dentro y nos
otorga el resplandor de la felicidad.

Nuestros talentos
Silvia Farfán Cedrón
Dios nos ha entregado muchos
talentos, infundidos en nosotros a
través del Espíritu Santo. Nuestra
misión en la tierra es utilizarlos.
Todos y cada uno de nosotros
poseemos habilidades y debemos
usarlas para el bienestar de nosotros
mismos y de los demás.
Si fuimos creados a imagen y
semejanza de Dios; entonces, son
maravillosas las cosas que somos
capaces de realizar.
Si leemos la parábola de los
talentos, comprenderemos más al
detalle.
En nuestras vidas hay dos palabras
fundamentales, relacionadas con esto.
MIEDO Y VALENTÍA.
Miedo es esa emoción paralizante
ante los riesgos reales e imaginarios; y
la valentía más bien, nos permite
continuar adelante a pesar del miedo
que podamos sentir.
Los riesgos son parte cotidiana e
importante de la vida; a veces nos
sentimos paralizados, como si esos
talentos otorgados por Dios -esas
aptitudes,
capacidades
para
desempeñar o ejercer alguna
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TIBIO/FRÍO

FULGOR

Cesar Vigo Arribasplata

Willy Miranda Quiroz

vigoreli@hotmail.com

Tibio

Es un fuego que me consume, pero yo soy el
fuego.

Sinuosa sombra de tarde. Te
vienes de negro sobre los ecos del
pasado y muestras tu sonrisa. Ahí
haces tu gloria. Lugar tibio acuoso.
Déjame dentro, ¡Quemándome!

J.L. Borges

La he encontrado de sorpresa,
en plena percepción del deleite que
proporcionan las ondas sonoras.

Frío
La senda de la soledad es tu
fiel amiga con quien pasas los días.
Los ojos de ella te miran, sólo
es una percepción.
La soledad es quien te
acompaña.
Sus labios, su sangre, los
gritos entre las ganas del domingo
por la tarde.
Sustancia soberana de la
nada, ella te acompaña.
¿Recuerdas las risas al
disfrutar los filmes de Buñuel?
Tengo frío…

Sonrío.
A cambio, en perfecta reciprocidad
me devuelve la llama de su mirada.
En plena conjunción con el concierto
para oboe de J.S Bach.
Rosalie como la dedicada enfermera
que es acerca una taza humeante al
paciente y le dice:
-“Te sentará bien”.
Arto lo recibe, agradece, bebe y
celebra.
-"El punto preciso de vodka”.-"¿Vodka?” ¡Pero si es refresco de
limón!- grita Rosalie.
Pero Arto absorto sólo oye a Mozart.
13

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Sonríe, suspira, bebe nuevamente.

El médico terminando su ronda
previa al horario de visitas dice: "Es
pronto para saberlo".-

-Delicioso- asiente.

Mi amada Rosalie, quien a primera
vista, si te fijas bien tiene los ojos de
fuego. La conocí bajo una mesa de
juego, del casino Friska mientras me
refugiaba de las llamas, suena muy
romántico, lo sé. Después del
incendió nunca fue reabierto. Miraba
absorta las llamas, sonreía con un
fósforo entre sus dedos y la caja con
el logo del casino entre los dientes.

Por demás mencionarlo, está más
sedado que hace unas semanas, Arto
no entenderá jamás el mecanismo de
los antidepresivos.
Se gratificará, como con los fármacos;
mientras oye la pecaminosa sonoridad
adquirida en una tienda de venta de
vinilos de segunda mano. Un simple
compilado alemán Gramophone de
música clásica barroca. Pero aún
extraña el dulce sabor del grano de
trigo y a frutas secas del vodka.

Con el paso de los años, ella lleva el
pelo más iluminado por las llamas del
tinte, sigue usando los mismos Jackie
O de sol y me queda la duda si aún
lleva consigo los encendedores
plásticos de color rosa.

Su oído funciona perfectamente, de lo
cual hace alarde con pacientes de la
clínica, identificando cada uno de los
temas que escucha en un desfasado
tocadiscos. Una moneda pegada con
goma de mascar a la pastilla balancea
el surcar de la aguja sobre los vinilos.

-No más fósforos- repitió esa vez.
Salimos entre el tumulto, entre los
rostros iluminados por las llamas
como preguntándose: ¿Qué o quién
provocó el fuego?

Y el encender y apagar de un lustroso
encendedor de latón entre sus dedos.

Arto menciona que cuando al nacer y
al ver mis ojos fulgurar, al principio
se asustó.

Sus más de setenta, no le impiden el
placer de escuchar como poseso la
música.

El fuego que devora todo. Al instante
se le iluminó el rostro. Emocionado,
como todo flamante padre primerizo.
Rosalie, piel de medusa, senos de
durazno, pregunta: "¿Y esto tiene
cura?"-

Según la historia familiar Arto, mi
padre, nació ya con el mismo fulgor
14

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en los ojos y la misma imagen que
refulgía entre las enormes llamas, su
bigote recortado y sus eternas gafas
de sol.

reluciente Zippo color plata mate.
Mientras lo visitaba se lo quité de
entre los dedos. Le he cambiado la
piedra.

Aún recuerdo ese porte sin igual
cuando lo acompañaba a recorrer a
pie toda la ciudad. Me llevaba a la
tienda de helados, me sentaba, pedía
dos helados y me pedía que lo espere.
Salía y regresaba.

Pruebo que enciende perfectamente al
primer chasquido.
Los fósforos, vuelvo a admitirlo, desde
siempre me han parecido anticuados…

El sudor se le juntaba como siempre
en la frente, se limpiaba las lágrimas
en los ojos, y se ajustaba los anteojos
de sol.
Después me enteraba por las noticias
de un terrible incendio.
Recuerdo cuando me encontró
encendiendo fósforos como jugando.
Y fue allí que me explicó todo sobre
encender
intencionalmente
los
fósforos, reparar y saber dominar de
que cuando asalten impunes las
ganas.
Rosalie espero haya traído sus
encendedores, faltan unos minutos
para que termine su turno y en mi
caso el horario de visita. La llevaré a
casa.
Dejaré a Arto con su adorada música
y me llevaré el fuego a otra parte. Por
cierto, he cargado de bencina su
15

Revista Kcreatinn – Creación y más

Este recuerdo
asciende
como el humo
en los tejados
a lo lejos
sé que me esperas
con un abrazo.

POESÍA 5
Edgar Malaver Narro

*
Poesía
qué doy
por una mirada tuya
una sonrisa
un suspiro
una palabra.

Florece tu amor
como el naranjo
y su aroma es
tan exótico
tan hechicero.

*
La corbata en la silla
el libro en silencio.
Duerme la tarde
en el corazón
de los árboles.

*
Juega con las palabras
moldéalas a tu gusto
que lleven tus labios
y
laven tus sueños
poesía.

*
Odié a los fantasmas
hasta que
no me encontré
en el espejo.

*
De oreja a oreja
nace un beso
que va hacia tu boca
en mi pensamiento.
*
16

Revista Kcreatinn – Creación y más

Un paseo por la
Literatura

3. A medio hacer, ni crudos ni
cocidos, bipolares capaces de cabalgar
el huracán.

Roberto Bolaño

4. En estas desolaciones, padre, donde
de tu risa sólo quedaban restos
arqueológicos.

para Rodrigo Pinto y Andrés Neuman

5. Nosotros, los nec spes nec metus.
1. Soñé que Georges Perec tenía tres
años y visitaba mi casa. Lo abrazaba,
lo besaba, le decía que era un niño
precioso.

6. Y alguien dijo:
Hermana de nuestra memoria feroz,
sobre el valor es mejor no hablar.
Quien pudo vencer el miedo se hizo
valiente para siempre. Bailemos, pues,
mientras pasa la noche como una
gigantesca caja de zapatos por encima
del acantilado y la terraza, en un
pliegue de la realidad, de lo posible,
en donde la amabilidad no es una
excepción. Bailemos en el reflejo
incierto
de
los
detectives
latinoamericanos, un charco de lluvia
donde se reflejan nuestros rostros
cada diez años.

2. A medio hacer quedamos, padre, ni
cocidos ni crudos, perdidos en la
grandeza
de
este
basural
interminable,errando
y
equivocándonos, matando y pidiendo
perdón, maniacos depresivos en tu
sueño, padre, tu sueño que no tenía
límites y que hemos desentrañado mil
veces y luego mil veces más, como
detectives latinoamericanos perdidos
en un laberinto de cristal y barro,
viajando bajo la lluvia, viendo
películas donde aparecían viejos que
gritaban ¡tornado! ¡tornado!, mirando
las cosas por última vez, pero sin
verlas, como espectros, como ranas
en el fondo de un pozo, padre,
perdidos en la miseria de tu sueño
utópico, perdidos en la variedad de
tus voces y de tus abismos, maniacos
depresivos en la inabarcable sala del
Infierno donde se cocina tu Humor.

Después llegó el sueño.
7. Soñé entonces que visitaba la
mansión de Alonso de Ercilla. Yo
tenía sesenta años y estaba
despedazado por la enfermedad
(literalmente me caía a pedazos).
Ercilla tenía unos noventa y
agonizaba en una enorme cama con
dosel. El viejo me miraba desdeñoso y
17

Revista Kcreatinn – Creación y más

después me pedía un vaso de
aguardiente. Yo buscaba y rebuscaba
el aguardiente pero sólo encontraba
aperos de montar.

13. Soñé que leía a Stendhal en la
Estación Nuclear de Civitavecchia:
una sombra se deslizaba por la
cerámica de los reactores. Es el
fantasma de Stendhal decía un joven
con botas y desnudo de cintura para
arriba. ¿Y tú quién eres?, le pregunté.
Soy el yonqui de la cerámica, el húsar
de la cerámica y de la mierda, dijo.

8. Soñé que iba caminando por el
Paseo Marítimo de Nueva York y veía
a lo lejos la figura de Manuel Puig.
Llevaba una camisa celeste y unos
pantalones de lona ligera azul claro o
azul oscuro, depende.

14. Soñé que estaba soñando,
habíamos perdido la revolución antes
de hacerla y decidía volver a casa. Al
intentar meterme en la cama
encontraba a De Quincey durmiendo.
Despierte, don Tomás, le decía, ya va
a amanecer, tiene que irse. (Como si
De Quincey fuera un vampiro.) Pero
nadie me escuchaba y volvía a salir a
las calles oscuras de México DF.

9. Soñé que Macedonio Fernández
aparecía en el cielo de Nueva York en
forma de nube: una nube sin nariz ni
orejas, pero con ojos y boca.
10. Soñé que estaba en un camino de
África que de pronto se transformaba
en un camino de México. Sentado en
un farellón, Efraín Huerta jugaba a
los dados con los poetas mendicantes
del DF.
11. Soñé que en un cementerio
olvidado de África encontraba la
tumba de un amigo cuyo rostro ya no
podía recordar.

15. Soñé que veía nacer y morir a
Aloysius Bertrand el mismo día, casi
sin intervalo de tiempo, como si los
dos viviéramos dentro de un
calendario de piedra perdido en el
espacio.

12. Soñé que una tarde golpeaban la
puerta de mi casa. Estaba nevando.
Yo no tenía estufa ni dinero. Creo
que hasta la luz me iban a cortar. ¿Y
quién estaba al otro lado de la
puerta? Enrique Lihn con una botella
de vino, un paquete de comida y un
cheque
de
la
Universidad
Desconocida.

16. Soñé que era un detective viejo y
enfermo.
Tan
enfermo
que
literalmente me caía a pedazos. Iba
tras las huellas de Gui Rosey.
Caminaba por los barrios de un
puerto que podía ser Marsella o no.
Un viejo chino afable me conducía
finalmente a un sótano. Esto es lo que
queda de Rosey, decía. Un pequeño
18

Revista Kcreatinn – Creación y más

montón de cenizas. Tal como está,
podría ser Li Po, le contestaba.

23. Soñé que volvía de África en un
autobús lleno de animales muertos.
En una frontera cualquiera aparecía
un veterinario sin rostro. Su cara era
como un gas, pero yo sabía quién era.

17. Soñé que era un detective viejo y
enfermo y que buscaba gente perdida
hace tiempo. A veces me miraba
casualmente en un espejo y reconocía
a Roberto Bolaño.

24. Soñé que Philip K. Dick paseaba
por la Estación Nuclear de
Civitavecchia.

18. Soñé que Archibald McLeish
lloraba -apenas tres lágrimas- en la
terraza de un restaurante de Cape
Code. Era más de medianoche y pese
a que yo no sabía cómo volver
terminábamos bebiendo y brindando
por el Indómito Nuevo Mundo.

25. Soñé que Arquíloco atravesaba un
desierto de huesos humanos. Se daba
ánimos a sí mismo: “Vamos,
Arquíloco, no desfallezcas, adelante,
adelante.”
26. Soñé que tenía quince años y que
iba a la casa de Nicanor Parra a
despedirme. Lo encontraba de pie,
apoyado en una pared negra.
¿Adónde vas, Bolaño?, decía. Lejos del
Hemisferio Sur, le contestaba.

19. Soñé con los Fiambres y las Playas
Olvidadas.
20. Soñé que el cadáver volvía a la
Tierra Prometida montado en una
Legión de Toros Mecánicos.

27. Soñé que tenía quince años y que,
en efecto, me marchaba del
Hemisferio Sur. Al meter en mi
mochila el único libro que tenía
(Trilce, de Vallejo), éste se quemaba.
Eran las siete de la tarde y yo
arrojaba mi mochila chamuscada por
la ventana.

21. Soñé que tenía catorce años y que
era el último ser humano del
Hemisferio Sur que leía a los
hermanos Goncourt.
22. Soñé que encontraba a Gabriela
Mistral en una aldea africana. Había
adelgazado un poco y adquirido la
costumbre de dormir sentada en el
suelo con la cabeza sobre las rodillas.
Hasta los mosquitos parecían
conocerla.

28. Soñé que tenía dieciséis y que
Martín Adán me daba clases de piano.
Los dedos del viejo, largos como los
del Fantástico Hombre de Goma, se
hundían en el suelo y tecleaban sobre
una cadena de volcanes subterráneos.
19

Revista Kcreatinn – Creación y más

34. Soñé que era un detective
latinoamericano muy viejo. Vivía en
Nueva York y Mark Twain me
contrataba para salvarle la vida a
alguien que no tenía rostro. Va a ser
un caso condenadamente difícil, señor
Twain, le decía.

29. Soñé que traducía a Virgilio con
una piedra. Yo estaba desnudo sobre
una gran losa de basalto y el sol,
como decían los pilotos de caza,
flotaba peligrosamente a las 5.
30. Soñé que estaba muriéndome en
un patio africano y que un poeta
llamado Paulin Joachim me hablaba
en francés (sólo entendía fragmentos
como “el consuelo”, “el tiempo”, “los
años que vendrán”) mientras un
mono ahorcado se balanceaba de la
rama de un árbol.

35. Soñé que me enamoraba de Alice
Sheldon. Ella no me quería. Así que
intentaba hacerme matar en tres
continentes. Pasaban los años. Por fin,
cuando ya era muy viejo, ella aparecía
por el otro extremo del Paseo
Marítimo de Nueva York y mediante
señas (como las que hacían en los
portaaviones para que los pilotos
aterrizaran) me decía que siempre me
había querido.

31. Soñé que la tierra se acababa. Y
que el único ser humano que
contemplaba el final era Franz Kafka.
En el cielo los Titanes luchaban a
muerte. Desde un asiento de hierro
forjado del parque de Nueva York
veía arder el mundo.

36. Soñé que hacía un 69 con Anaïs
Nin sobre una enorme losa de
basalto.

32. Soñé que estaba soñando y que
volvía a mi casa demasiado tarde. En
mi cama encontraba a Mario de SáCarneiro durmiendo con mi primer
amor. Al destaparlos descubría que
estaban muertos y mordiéndome los
labios hasta hacerme sangre volvía a
los caminos vecinales.

37. Soñé que follaba con Carson
McCullers en una habitación en
penumbras en la primavera de 1981. Y
los dos nos sentíamos irracionalmente
felices.
38. Soñé que volvía a mi viejo Liceo y
que Alphonse Daudet era mi profesor
de francés. Algo imperceptible nos
indicaba que estábamos soñando.
Daudet miraba a cada rato por la
ventana y fumaba la pipa de Tartarín.

33. Soñé que Anacreonte construía su
castillo en la cima de una colina
pelada y luego lo destruía.

20

Revista Kcreatinn – Creación y más

39. Soñé que me quedaba dormido
mientras mis compañeros de Liceo
intentaban liberar a Robert Desnos
del campo de concentración de
Terezin. Cuando despertaba una voz
me ordenaba que me pusiera en
movimiento. Rápido, Bolaño, rápido,
no hay tiempo que perder. Al llegar
sólo encontraba a un viejo detective
escarbando en las ruinas humeantes
del asalto.

pero temblarán cuando reconozcan al
cabrón de Teodorico.)
44. Soñé que traducía al Marqués de
Sade a golpes de hacha. Me había
vuelto loco y vivía en un bosque.
45. Soñé que Pascal hablaba del
miedo con palabras cristalinas en una
taberna de Civitavecchia: “Los
milagros no sirven para convertir,
sino para condenar”, decía.

40. Soñé que una tormenta de
números fantasmales era lo único que
quedaba de los seres humanos tres
mil millones de años después de que
la Tierra hubiera dejado de existir.

46. Soñé que era un viejo detective
latinoamericano y que una Fundación
misteriosa me encargaba encontrar
las actas de defunción de los Sudacas
Voladores. Viajaba por todo el
mundo: hospitales, campos de batalla,
pulquerías, escuelas abandonadas.

41. Soñé que estaba soñando y que en
los túneles de los sueños encontraba
el sueño de Roque Dalton: el sueño
de los valientes que murieron por una
quimera de mierda.

47. Soñé que Baudelaire hacía el
amor con una sombra en una
habitación donde se había cometido
un crimen. Pero a Baudelaire no le
importaba. Siempre es lo mismo,
decía.

42. Soñé que tenía dieciocho años y
que veía a mi mejor amigo de
entonces,
que
también
tenía
dieciocho, haciendo el amor con Walt
Whitman. Lo hacían en un sillón,
contemplando el atardecer borrascoso
de Civitavecchia.

48. Soñé que una adolescente de
dieciséis años entraba en el túnel de
los sueños y nos despertaba con dos
tipos de vara. La niña vivía en un
manicomio y poco a poco se iba
volviendo más loca.

43. Soñé que estaba preso y que
Boecio era mi compañero de celda.
Mira, Bolaño, decía extendiendo la
mano y la pluma en la semioscuridad:
¡no tiemblan!, ¡no tiemblan! (Después
de un rato, añadía con voz tranquila:

49. Soñé que en las diligencias que
entraban y salían de Civitavecchia
veía el rostro de Marcel Schwob. La
21

Revista Kcreatinn – Creación y más

visión era fugaz. Un rostro casi
translúcido, con los ojos cansados,
apretado de felicidad y de dolor.

54. Soñé que los caminos de África
estaban llenos de gambusinos,
bandeirantes, sumulistas.

50. Soñé que después de la tormenta
un escritor ruso y también sus
amigos franceses optaban por la
felicidad. Sin preguntar ni pedir nada.
Como quien se derrumba sin sentido
sobre su alfombra favorita.

55. Soñé que nadie muere la víspera.
56. Soñé que un hombre volvía la
vista atrás, sobre el paisaje
anamórfico de los sueños y que su
mirada era dura como el acero pero
igual se fragmentaba en múltiples
miradas cada vez más inocentes, cada
vez más desvalidas.

51. Soñé que los soñadores habían ido
a la guerra florida. Nadie había
regresado. En los tablones de
cuarteles olvidados en las montañas
alcancé a leer algunos nombres.
Desde un lugar remoto una voz
transmitía una y otra vez las
consignas por las que ellos se habían
condenado.

57. Soñé que Georges Perec tenía tres
años y lloraba desconsoladamente. Yo
intentaba calmarlo. Lo tomaba en
brazos, le compraba golosinas, libros
para pintar. Luego nos íbamos al
Paseo Marítimo de Nueva York y
mientras él jugaba en el tobogán yo
me decía a mí mismo: no sirvo para
nada, pero serviré para cuidarte,
nadie te hará daño, nadie intentará
matarte. Después se ponía a llover y
volvíamos tranquilamente a casa.
¿Pero dónde estaba nuestra casa?

52. Soñé que el viento movía el
letrero gastado de una taberna. En el
interior James Mathew Barrie jugaba
a los dados con cinco caballeros
amenazantes.
53. Soñé que volvía a los caminos,
pero esta vez ya no tenía quince años
sino más de cuarenta. Sólo poseía un
libro, que llevaba en mi pequeña
mochila. De pronto, mientras iba
caminando, el libro comenzaba a
arder. Amanecía y casi no pasaban
coches. Mientras arrojaba la mochila
chamuscada en una acequia sentí que
la espalda me escocía como si tuviera
alas.

BLANES, 1994

22

Revista Kcreatinn – Creación y más

Elegía a Dylan Thomas

James Joyce y el Ulises

Jaime Serey

Jack Farfán Cedrón

Ha fluido demasiado alcohol bajo el
puente.
Observo con atención el humo del
cigarro
Ataco los dominios oriundos del
amor.
Me siento debilitado
Puedo abominar con poderes eficaces,
Puedo seguir la tempestad inmortal,
Seguir desagradable y hallarme
pesimista
Abatido por la mente y el perfil del
día.
Hoy es una época de sombra y de
árbol
Concreto plantados por manos
vulgares,
Vivir por vivir el individuo se lo
permite
Circular en el atrevimiento del tiempo
Sin interés por los crítica que hable
espléndido.
La impureza es un concepto del
brillo.

Cuando a James Joyce, en una
reunión de celebridades se le acercó
una admiradora para elogiarlo con un
“quién pudiera besar esas manos”,
éste le contesta: “señora mía, estas
manos no sólo han escrito hermosas
páginas”.
La frase aquella de que
mientras sus personajes discurrían
mientras él se limaba las uñas nos
deja implícitos en su narrativa
omnisciente, que ya en Dublineses
exploraba el inconsciente, que
muchos han tildado de corte dadaísta
y acaso, como Aldington, lo tachó con
una serie de caos y de sentimientos
parciales, frase citada en “Orden y
mito”, por T.S. Eliot, y recientemente
traducida en el n° 58 de la revista
Casa del Tiempo: “Más aún, digo que
cuando Joyce se vale de sus
maravillosos
dones
para
malquistarnos con la humanidad,
elabora algo falso y un libelo en
contra de la propia humanidad”.
Inclusive en 2014 algún escritor de
buena fe y de frases trilladas ha
tildado al libro de vacuo, inentendible
y caótico; y por supuesto, todo el
mundo se le fue encima.
Joyce en Ulises llegó a la
cúspide de un dios que se burla a su

(De: Soledad Casi Culpable)

23

Revista Kcreatinn – Creación y más

antojo, de todo cuanto merece la
justa diatriba y gozo burlón, en buena
medida.
Borges lo describe como
“alguien muy alegre y conversador”,
en una de sus biografías sintéticas
(5/2/1937; Emecé, pág. 305-306);
padre de dos hijos que gusta de ir a
la ópera; que a los nueve años publicó
un folleto elegiaco sobre el caudillo
Charles Stewart Partner. Que su
historia se pierde entre mitologías.
Que a los 17 años publicó un extenso
estudio sobre Ibsen en el Fortnightly
Review. Lo atrajeron las obras vastas,
Shakespeare, Santo Tomás de Aquino,
Dante, Homero. Fue a París a estudiar
medicina. 1904 fue el año en que se
casó con Nora Healy, de Galway, la
mujer que lo hizo hombre. Ese año
muere su madre y juró forjar un libro
perdurable con las tres armas que le
quedaban: “el silencio, el destierro y la
sutileza”, mientras en Europa se
destruían por tierra, agua y aire,
durante la guerra. El estudio de
Gilbert, Joyce’s Ulysses, 1930, declara
la delicada e incomparable música de
su prosa, además de sus estrictas y
ocultas leyes. La obra posterior, que
iba siendo publicada en revistas,
Work in progress, finalmente acuñada
como Finegans Wake, consta de una
larga lista de retruécanos en varios
idiomas. Ese respeto de Borges por el
escritor
irlandés,
alarma:
“Es
indiscutible que Joyce es uno de los
primeros escritores de nuestro

tiempo. Verbalmente, es quizás el
primero. En el Ulises, hay sentencias,
hay párrafos, que no son inferiores a
los más ilustres de Shakespeare o de
Sir Thomas Browne” –culmina el
autor de El oro de los tigres.
Igualmente, en “Orden y
mito”, el autor de La tierra baldía
burila para la posteridad: “Considero
que este libro es la expresión más
importante que ha encontrado
nuestra época; es un libro con el que
todos estamos en deuda, y del que
ninguno de nosotros puede escapar”.
James Joyce (Dublín, 2 de
febrero de 1882 – Zúrich, 13 de enero
de 1941). Una muerte temprana lo
adscribe en su lápida como el escritor
irlandés más influyente y acaso
renovador
de
estos,
y
de
imperecederos tiempos.
El Ulises le sirvió para olvidar
la guerra durante ocho años que duró
su escritura. Ni las pataletas de su
hija esquizofrénica detenían al genio,
que,
con
mucha
paciencia
sobrellevaba la doble batalla, la del
creador y la del padre juicioso, de
inquebrantable paciencia.
Aclamado por una Irlanda
católica y nacionalista, a su muerte en
1941, fue ensalzado justamente, pero
no desmitificada, parte de las
obscenidades de las que no escapa la
mente.
La crítica tiene 500 años para
descifrarlo, si a la oscuridad de Ulises
se la considera el estado diurno de un
24

Revista Kcreatinn – Creación y más

pensamiento latente, y a Finegans
Wake —aun no traducida al
español—, la fase de eclipse de su
genialidad.
El Ulises no contiene ni un
párrafo serio. Las voluminosas
páginas bien traducidas por José
María Valverde, dan cuenta de
chistes, parodias, actos burlescos y un
sinnúmero de crípticas sentencias,
que darían para un diccionario que
doble al volumen de 732 páginas, o lo
triplique.
Habrá una edición con notas
de pie de página que supere las mil,
acaso las dos mil páginas.
Para Anthony Burgess, Joyce
es un “exiliado por naturaleza”.
Escribió para la historia una sola obra
teatral, Exiliados (1918); en tanto,
paradójicamente, escapaba a Zurich,
de París, ante un ataque alemán.
Andando
sobre
cadáveres
y
explosiones, profanaba una tumba
memorable para honra de todos los
hombres, el Ulises.
En los libros de Joyce se
refleja su natal Dublín; calles y bares
con rondas de cerveza Guiness® y
buenas conversaciones. La “matriz
verde moco”, obsesa, amenazante,
monstruo grisáceo explayado en
madrugada a lo largo del mar
adriático, mar traicionero, sabio.
Cada 16 de junio se fríen
riñones de cerdo y se da un paseo
por donde recorrió Leopold Bloom,
“Poldito”, para Molly, la protagonista

del más célebre último capítulo
surrealista de todos los tiempos, que
excava la mente femenina, mientras
durante ese paseo, cuyo recorrido por
las calles dublinesas, hoy ostenta,
plagado de placas con citas del libro,
mirando las jugosas nalgas de una
señorona, de camino a la carnicería.
En los oficiosos consejos
borgeanos, es un error tener como
mapa guía otra obra, para tejer la
nuestra. Apenas la mención de cada
uno de los capítulos de La Odisea
basta para pretextar la burla general
ante un mundo solemne. La fase de
juventud la personifica Stephen
Dedalus, que ya en la colección de
Dublineses revelaba un instinto
mental en sus cuentos, posesivo de
mentes que acatan las partituras del
flujo de consciencia.
El año de su publicación
emergió al mundo de las obras
maestras del siglo pasado La tierra
baldía y Trilce (1922), nada gratuitas
arquitecturas surrealistas pergeñadas
por T.S. Eliot y Vallejo. No es una
coincidencia que los tres autores sean
los más analizados por la crítica y
aclamados por millones de lectores,
ya clásicos.
Joyce, junto con T.S. Eliot o
Virginia Wolf, conspira dentro de la
corriente modernista, anglosajona,
cual uno de los baluartes aclamados
de la literatura de ruptura, de caos
revoluto.
25

Revista Kcreatinn – Creación y más

Pero Joyce es aclamado por
hacer de Dublín una ciudad
arquetipo, cosmopolita, universal,
exacerbando con su arte los ideales
del hombre, reconocidos en cada
inconsciente colectivo de los lectores.
Un Leopold Bloom de humor
aguachento y dado, como Sancho, a la
filosofía de uso común y a la
parafernalia
de
cantina,
con
inclinación paternal a un hijo que
nunca tuvo, Stephen Dedalus; éste
otro, protagonista evolucionado,
venido desde Retrato del artista a
adolescente (1916), es a un Quijote,
por así decirlo, snob; algo
trasnochado, poeta, recién graduado
en letras, aspirante a módica pensión
de
tía
abuela;
dinamizando
irónicamente
una
sobrada
conversación en la torre Sandicove,
con el seboso Buck Mulligan y Haines,
a las ocho de la mañana, mientras se
afeitaba.
Ulises, por primera vez
publicado en 1922, gracias al
infatigable trabajo heroico y editorial
de Silvia Beach, propietaria de
Shakeaspeare & Company, París. Un
arriesgado pero acertado proyecto
que no salvaría la incineración de
esos argos de los correos postales,
quemando varias veces ediciones del
mencionado armatoste, como sucedió
con otras obras maestras.
José María Valverde refiere,
que para dar luces a los inextricables
enigmas existe un diccionario de más

de 500 páginas, sólo para alusiones
literarias; y si a ello le sumamos, que
es posible que Joyce agregara unas
dos terceras partes más a la edición
en marcha, durante la fase de
corrección de pruebas, podría
requerirse, de cara a próximas
generaciones, una edición corta,
resumida, como cabal solución, con
miras a su reconocimiento y atenta
lectura a posteriores generaciones de
androides.
De realizarse una edición
castellana que abarque notas de pie
de página, explicitación de términos,
o chistes y alocuciones, un tanto
personales, que oscurecen la versión
inglesa al común latinoamericano —
acostumbrado al lenguaje de doble
sentido de un Cortázar, Fuentes, o a
la fraseología mordaz, cinéfila, de un
Cabrera Infante—, esa sería la prueba
fehaciente e indubitable de que Ulises
consta de un principio y fin en la
literatura presta a bifurcaciones e
infinitas variaciones, de, y a cargo de
imitadores, replicadores, farsantes y
profesores asiduamente dedicados a
envejecer en el intento de su estudio,
que según Ezra Pound daría no sólo
para una reseña o estudio, sino para
un simposio.
El Ulises, como se dijo al
principio de este artículo, no tiene
una línea seria. En la Carta de París,
de Ezra Pound anota: “… mientras
Cervantes satirizaba una sola
instancia, la locura o un solo tipo de
26

Revista Kcreatinn – Creación y más

expresión paródica, Joyce satirizaba al
menos
setenta
y
cubre,
implícitamente, la totalidad de la
historia de la prosa inglesa”.
Aumentarían estos anexos la
edición, hasta límites impublicables.
Con lo que —no se podría precisar si
fue mera intención del autor—, las
dos ediciones españolas hasta hoy
pioneras y cuasi adaptaciones, dejan a
la
mente
del
lector
los
descubrimientos, las citas, las frases
crípticas, los juegos verbales y léxicos,
los leitmotivs musicales a lo largo de
la obra. Transcripciones periodísticas,
variaciones
del
lenguaje;
por
momentos, una imitación coloquial de
la masa en estado natural y silvestre
de efervescencia humana, motivo de
guerras
interiores
que
como
melodramático
hilo
conductor,
escinden, seres bipolares, estado de
corriente alterna y reflujo mental a
que la consciencia advierte, es capaz,
o sobradamente deifico narrador,
desenvolver el creador del torrente
humano más cercano a una
constelación, que al mundo mismo en
que se gestó: Ulises.
En una carta que el autor
dublinés le hace a Djuna Barnes en el
café Les Deux Magots de París, puede
acaso en palabras aproximadas del
mismo, sintetizar una frase que nadie
se esperaba, si antes de abordar la
nave y odisea del Ulises, teme (o
conmemora por adelantado) éste, que
en adelante su vida no será la misma:

“Lo malo es que el público pedirá y
encontrará una moraleja en mi libro,
o peor, que lo tomará de algún modo
serio; y, por mi honor de caballero,
no hay en él una sola línea en serio.”
Las referencias homéricas
apenas
aparecen
bajo
cada
numeración del capítulo. Un lector de
Cadmandú o China se puede ubicar
fácilmente en el contexto de las
bromas o chistes que en el Ulises
encuentre, así como la referencia
homérica que lo precede.
Valdría, según José María
Valverde, adentrase, primero, a obras
precedentes: Dublineses (1914), y
Retrato del artista adolescente (1916)
—éste último traducido a finales de
los años 30, por el crítico español
Alfonso Donado (Amado Alonso) y
que refiere un retrato del propio
Joyce cuando joven, en los primeros
capítulos;
posteriormente,
deuteragonista de algunos posteriores
capítulos, contrapuesto al mítico
autorretrato del propio Joyce, ya
corrompido por la madurez: Leopold
Bloom.
El esquema “esquema Linati”
enviado por Joyce en 1920, en fluido
italiano, en vista de la “complejidad
de su novela-monstruo”, comporta
una especie de resumen-clave, un
esquema sinóptico en el que hallamos
el mapa o esqueleto de la obra, sólo
para uso doméstico: Schlagworte, en
clave, útil para descifrar la epopeya
humana de dieciséis horas de vida; en
27

Revista Kcreatinn – Creación y más

un principio, escrita como un relato
para Dublineses, hacia 1895, en Roma,
donde un impúber James Augustine
elegiría en una balota, a su héroe
mítico, Ulises (versión romanizada del
dios griego Odiseo), mientras sus
demás compañeros señalaban a un
Telémaco, Héctor o Aquiles como
heroicos protagonistas de un ensayo
encargado muy a la usanza estándar
en el Belvedere College, como “mi
héroe favorito”.
La odisea joyceana duraría
ocho años de escritura; hazañas
sobrellevadas junto a Nora Barnacle,
aquella empleada de hotel que lo
acompañaría hasta el final de sus días,
en medio de una guerra absurda.
Sobrada intención la de Joyce,
la de no sólo hacer del Ulises un mito
contemporáneo oriundo de Dublín,
para postrer paradigma de ciudad y
héroe; pero, sin por ello crear un
prototipo universal que puede ser
inglés o checo: Leopold Bloom; sino,
legar también la aventura humana, su
propia aventura de palabras.
Para idear esta destellante
aventura léxica, con miras a descifrar
el subconsciente, tarea titánica; de
forma que crea el verdadero fondo
apenas diseñado en el interior, se
prestaba al hecho descifrador de la
trama, un esquema que envió Joyce
para sus más allegados, el famoso
esquema Linati / Gilbert Gorman,
autorizado citarlo por el autor del
también críptico Finnegans Wake

(1939), parcialmente hasta 1930, año
de la aparición de un estudio crítico,
con la advertencia de que “los
paralelos clásicos modernos deberían
situarse en el marco de la exégesis de
Gilbert más bien que como parte del
plan del propio autor”. Tal recelo
para con el esquema se explica,
sobradamente:
“Si
lo
revelara
todo
inmediatamente,
perdería
mi
inmortalidad. [En Ulises] he metido
tantos enigmas y rompecabezas que
tendrá atareados a los profesores
durante siglos discutiendo sobre lo
que quise decir, y ese es el único
modo de asegurarse la inmortalidad.”
El 2 de febrero de 1922 (la
Candelaria), el día de su onomástico,
Joyce recibe los primeros ejemplares
de Ulises, enviados con un maquinista
ferroviario. Ya lejana se muestra la
imagen del muchacho educado por
jesuitas en el colegio Clongowes; a
estos ascetas del conocimiento les
debe James Augustine Aloysius la
disciplina de “reunir un material,
ordenarlo y presentarlo” y el legado
cristiano (involuntario o no), y como
tiro salido por la culata, de la epopeya
surrealista (antes que el Dada, con
Tristan Tzara) que subconsciente
humano haya trazado por el cisco de
la novela experimental; el proyecto
más revolucionario de todos los
tiempos.
Con premura, John Stanislaus
—padre de Joyce—, lo envía a
28

Revista Kcreatinn – Creación y más

University College de Dublin, donde
sería aplaudido por los jesuitas por su
brillantez literaria, recibiéndose de
Licenciado en Letras. Posteriormente,
intentando sin éxito, incurrir en
estudios de medicina en París, en
1902, mismo año en que vuelve a
retornar a la misma ciudad, so
pretexto de vivir de corresponsalías,
dictado de clases de inglés,
contrariado por lecturas literarias en
Sainte Geneviève y la noctámbula
manía de recorrer lugares no tan
santos, que tomarían eco en el
posterior Ulises.
Luego de la muerte de su
madre en 1903, un año después,
redacta A portrait of the artist, un
largo
ensayo
autobiográfico
convertido ulteriormente en una
especie de novela, Stephen Hero, la
que sería el Retrato del artista
adolescente propiamente dicho,
posteriormente iniciado en 1907 —en
el que “desarrolla sus teorías del arte
y del lenguaje fundándolas sobre una
quebradura y no sobre un saber”— ,
a partir de un primer borrador
calificado por el propio Joyce, como
basura, mientras escribía Dublineses
(1914). “Stephen Hero”, el capítulo
remanente en la transformación del
Retrato del artista adolescente, sería
insertado en el primer capítulo del
Ulises.
La publicación del Ulises,
novela experimental, pretendía en
cada uno de sus capítulos, ser el

dínamo de su propia técnica literaria,
el artefacto literario autosuficiente,
que
con
anexión
del
flujo
subconsciente o monólogo interior,
discurren
también
capítulos
periodísticos, parodias, teatrales,
retazos
de
ensayo
científico,
imitaciones de estilo interconectados
por el punto de vista de sus
personajes
(aparentemente
antojadizo), a lo largo del espacio
mental maquinado por su Hacedor,
“mientras se limaba las uñas”.
La experimentación con el
lenguaje en el Ulises, pleno de
simbología, es una zarpa de furia, a
veces, contra el nacionalismo, entre
otros ataques, a la Iglesia Católica y el
Estado, juzgándose de obscenos, aun
por sus propios colegas. Así, Virginia
Woolf anota que es la obra de “un
trabajador que se ha instruido a sí
mismo”; más tarde, a unas semanas
antes de suicidarse, confiesa en su
diario:
“Compré el libro azul y lo leí
aquí un verano, creo, con espasmos
de maravilla, de descubrimiento, y
luego también con largos trechos de
intenso aburrimiento…”
El Ulises representa el mito
universal, la versión de una Odisea
ironizada, que repasa el día dieciséis
de Junio de 1904. Recorre la vida de
tres hombres de los barrios bajos
dublineses: Leopold Bloom, quien
sospechaba que Molly le era infiel, y
por esto no llegaba a su hogar, y la
29

Revista Kcreatinn – Creación y más

vida del joven poeta Stephen Dedalus,
ya maduro protagonista, de su
anterior
Retrato
del
artista
adolescente. Catalogado como “un
retrato psicológico de nuestro
tiempo”, el Ulises también acusa
destellos desafiantes al clero.
Los
viajes
que
Joyce,
frecuentemente hizo a Suiza, para las
sucesivas operaciones oculares que lo
dejarían casi ciego al final de sus días,
sirven de paso, para que su hija Lucía,
fuera tratada de esquizofrenia, por
Carl Jung, quien después de leer el
Ulises, dedujo también, que la
enfermedad era hereditaria.
El sinnúmero de peripecias
que ha pasado, la censura, los ataques
frente al orden establecido, no han
pasado desapercibidos, como los
injustos tabús a los que se vio
expuesto por esos verdaderos argos
de la lectura, que conformaban los
correos postales, infalibles alarifes de
la censura transfronteriza, que no
dudaron echar a la hoguera 500
ejemplares, en dos consecutivas
oportunidades.
La prosa del Ulises, fresca al
tiempo, discurre por la piel de los
enfermos de su espíritu que la leen,
que se empapan de ella. Permanece
tan acuciosa en la memoria colectiva
de los hombres, como la verborrea
léxica, los juegos verbales, los chistes,
muy al modo de ver personal, del
autor, desgreñan a críticos a la hora
de dar exégesis a toda la mitología, el

pastiche, el jardín mixturizado de
anotaciones y retruécanos antojadizos,
de los que es blanco de parodia, muy
frecuente, la prensa dublinesa, en la
que Bloom era funcionario.
Y todo el vuelco de
información que pone el Sancho
irlandés tan malo para narrar como
su sentido común casi aproximativo a
una paternidad hacia un hijo perdido,
Stephen Dedalus, figura larga, enjuta,
soñadora y borracha, que pudiera
equivaler a un Quijote un poco snob,
poeta y estudiante de letras
(referencia autobiográfica), un poco la
figura ya evolucionada del adolescente
del Retrato del artista adolescente,
desmitificando al héroe vencido hacia
1650 por las calles de Valladolid, con
el sobrado concejo que prodiga la
locura de los vientos en molinete del
Hidalgo de todos los Ingenios. Un
héroe sobre las guardas de sus
cuadernos, atando cabos de una
historia vil de lo que no quedaba más
que sacar partido de una ruina
material, más que una conformación
(y confirmación) que religa odisea,
traducida ésta, como la religión
existencial que áridamente riega el
mundo sobre el cadáver seco del
hombre.
Vemos aquí que tanto
científicos como lingüistas afirman lo
insondable de su capacidad para
traducir los ciclos revolutos en los
reinos de la mente.
30

Revista Kcreatinn – Creación y más

“Umberto Eco matiza aquí:
“Jung se daba cuenta de que la
esquizofrenia adquiría el valor de una
referencia analógica y había que
considerarla como una especie de
operación “cubista” en la que Joyce,
como todo el arte moderno, disolvía
la imagen de la realidad en un cuadro
ilimitadamente complejo, cuyo tono lo
daba la melancolía de la objetividad
abstracta. Pero en esta operación [...]
el escritor no destruye la propia
personalidad,
como
hace
el
esquizofrénico: encuentra y funda la
unidad
de
su
personalidad
destruyendo otra cosa. Y esta otra
cosa es la imagen clásica del mundo”.
Para Jung —según comentó
al padre de Lucía—, los rasgos
esquizofrénicos encontrados en una
de sus cartas, obedecían al método
caótico empleado en el Ulises. En
efecto, Joyce no negaba la genialidad
heredada a su padre, que a menudo
en Lucía se manifestaba en los rasgos
limitantes que ocluían la especial
clarividencia de la joven, bailando al
traqueteo inmutable de la máquina de
escribir de su padre, que iba
redactando su odisea de locura
genialmente lúcida: Lucía. Las cartas
que Lucía envió a su padre fueron
incineradas por Stephen Joyce, nieto
de James Joyce; y en especial, un
telegrama que a pedido de Samuel
Becket (con quien se distanciara por
espacio de tres años, gracias al

rechazo sentimental a su hija Lucía),
también fue quemado.
Su vida en París se vio
relegada a dar término a su posterior
obra, Finnegans Wake (1939), que,
harta de las críticas, un día Nora le
espeta que debería escribir obras
normales que el público entienda. Un
poco desanimado, Joyce pensó en
encargarla terminar al escritor
irlandés James Stephens, decisión de
la que declinó ante la reciente
aparición, en 1929, de una laudable
colección
de
ensayos:
Our

Exagmination Round His Factification
for Incamination of Work in Progress,
suscrita, por Beckett a la palestra, y
por algunos otros escritores de
equiparable talla intelectual, como
Stuart Gilbert, Marcel Brion, Eugene
Jolas, y el poeta norteamericano
William Carlos William, hecho que
significó la puesta en boga de una
obra mucho más compleja que la
precedente, y en la que su autor
amalgamó, para su composición,
hasta setenta idiomas diferentes,
neologismos originales, entre otras
formas sintácticas que suponían el
hecho
de,
también,
nuevos
parámetros exegéticos de la crítica
joyceana; esto por la dificultad ―aún
en estos días―, de estar vertida en
su totalidad al castellano, lo que
acarrearía, por ende, más décadas de
criticismo.
(Work in progress)

31

Revista Kcreatinn – Creación y más

Durmiendo con un ojo
abierto

Para recordar a Carlos
Barral

Mark Strand

Harold Alvarado Tenorio
Hace un cuarto de siglo falleció, el 12 de
diciembre de 1989 el gran poeta, editor y
político catalán

En un campo
Yo soy la ausencia de campo
Esto es siempre así
Donde sea que esté yo soy lo que
falta.
Cuando camino parto el aire
y siempre el aire regresa
a llenar los espacios donde ha estado
mi cuerpo.
Todos tenemos razones para
movernos.
Yo me muevo para dejar las cosas
intactas.

Con la muerte de Carlos Barral y
Agesta
(Barcelona,
1928-1989)
nuestras literaturas y las diversas
naciones
literarias
peninsulares
perdieron no sólo uno de sus mejores
poetas sino, quizás, al más importante
de sus divulgadores en las últimas
tres décadas del siglo pasado. Barral
dio a Borges el Premio Formentor,
que le hizo conocer en el mundo
europeo; «descubrió» a Vargas Llosa,
Cabrera Infante, Donoso y Fuentes, e
importó obras de otros ámbitos
lingüísticos con rigor intelectual e
innovador durante los difíciles años
de la dictadura franquista, a más de
inspirar una de las antologías más
importantes en cuanto a concepción y
factura: Un cuarto de siglo de poesía
española, de José María Castellet.
Cuando los poetas de la
Generación del Cincuenta, cuyo papel
en el reparto del poder fue de
exiliados en casa propia publicaron
sus primeros libros, la poesía
española estaba aún dominada por
cierto «realismo socialista» que había
convertido la lírica en doctrina y
consignas políticas, la de Gabriel

(1964)

32

Revista Kcreatinn – Creación y más

Celaya y Blas de Otero, resultado de
su reacción contra los versos
académicos, grises y melancólicos de
Rosales y Vivanco. Barral, como la
mayoría de sus compañeros de viaje,
vivió de niño la experiencia
traumática de la Guerra Civil y
descendía de familias acomodadas de
la burguesía argentina, catalana y
española. En Años de penitencia y Los
años sin excusa, los dos primeros
volúmenes de sus extraordinarias
memorias hizo precisas evocaciones
sobre la vida cotidiana y la educación
bajo la dictadura, mostrando el tedio
de una lucha, pausada y triste, contra
un tirano que se volvía inmortal.
Extensas y vibrantes páginas sobre su
vida en Calafell, el pequeño puerto
donde inició y sostuvo su comercio
con la mar o los recuerdos de sus
primeras visitas a Francia y Alemania,
una vez terminada la Segunda Guerra
Mundial.
La poesía de Barral fue resultado
de la experiencia más que un lucro
con las tradiciones literarias. Nunca
quiso ser un poeta profesional, de
esos que gastan día y noche en la
confección, a partir de un patrón de
modistería, de cientos de versos para
supermercados. Sus experiencias
estaban localizadas en mundos
urbanos, con objetos de la vida
cotidiana citadina, sin los decorados
rurales que habían seguido colándose
en las composiciones de la generación
anterior a la suya. Mejor lector de

ciertos poetas de habla inglesa como
Spender y Eliot que del Alexandre de
Sombra del paraíso, en su poesía hay
huellas claras de ciertos poetas
alemanes del dieciocho y el
diecinueve, Rilke, por ejemplo, pero
también, muy sutilmente resueltas
influencias de Paz y de ese otro poeta
mexicano, mudo, José Gorostiza, autor
de Muerte sin fin.
A pesar de haber publicado muy
pocos libros de poemas, rasgo
característico de su generación,
dominada por la sequía si
exceptuamos a Brines, Barral tuvo
siempre confianza en que la poesía,
por ocuparse de formas de la
existencia no codificadas por la
cultura, ni la conciencia individual o
colectiva, virginal, inédita, ligada al
oscuro mundo de la experiencia
personal, seguirá jugando un papel
definitivo en la historia del hombre.
Sin embargo no creía en la
inspiración, cuerpo del lenguaje
misterioso del poema. Prefería pensar
que los poetas eran los únicos
mortales que podían fabricarse una
sensibilidad mayor, ante los estímulos
y monotonías del mundo, gracias a su
trato continuado con el lenguaje.
Su poesía, recogida en su
totalidad por primera vez en Usuras y
figuraciones, se caracteriza por una
deliberada ambigüedad de mundos
simbolistas que no logran oscurecer
una deslumbrante lucidez para
encarar el pasado o el presente. El
33

Revista Kcreatinn – Creación y más

paisaje de la mayoría de sus poemas
es la costa sur de Cataluña y el
onírico mundo marino que sirven de
apoyadura a una sensualidad extrema,
labrada por el rigor intelectual y
lingüístico. Sus mejores poemas son a
menudo una especie de cuentos
sencillos pero hondos, escritos por la
vida y no por recetas poetiqueras.
Para mi gusto, el mejor de sus libros
sigue siendo Diecinueve figuras de mi
historia civil. En él retrata con ironía
situaciones de su vida y describe con
frialdad o calor absolutamente
humanos, las distintas situaciones
donde contempló el horror de la clase
vencida, sus aventuras amorosas, su
amor por el pueblo, su adhesión
permanente a la libertad y su odio a
las guerras. Libro doloroso donde está
siempre Calafell, sus hombres, sus
costumbres,
sus
oficios,
sus
desventuras:

las sutiles cuestiones del oficio.
Porque entendía de nudos y de velas
y del modo de armar los aparejos,
me llevaban con ellos muchas veces;
me regalaban el quehacer de un
hombre.
Sentía con orgullo
enrojecérseme las manos al contacto
del cáñamo,
impregnarme
un fuerte hedor a brea y a pescado.
Sabía casi todo de aquella vida
simple,

Porque conocía el nombre de los
peces,

de aquel azar diario y primitivo.

aún de los más raros,
Sólo que aquella ciencia era lujosa.
y el de los caladeros, y las señas
No supieron contarme
de las lejanas rocas submarinas,
o no pude entender cómo era aquello
me dejaban revolver en las cestas,
en los días peores, las amargas
tocarlos uno a uno, sopesarlos,
semanas de paciencia,
y comentaban conmigo abiertamente
34

Revista Kcreatinn – Creación y más

cuando el viento del norte

JULIO CESAR
LONDOÑO EL
MUTILADOR

roe las entrañas y se harta la pupila
de escrudiñar los cielos,

Las obras literarias son para
respetarlas así el autor haya muerto.
Que quien las haya escrito no pueda
defenderse desde la tumba no da
derecho a otro que nazca años
después para reducir, disecar o
mutilar la obra.
El Alcalde de Cali, esposo de
una de las hijas del fundador de
Carvajal & Cía, ha contratado al
periodista de El Espectador y El país,
Julio César Londoño, para que
reduzca las novelas ‘María’ y ‘El
alférez real’ a una expresión mínima y
así dizque facilitar su lectura a la
generación de la pereza, que quiere
saber de todo sin leer ni aprender.
Muy grave para el alcalde
Guerrero y para su cultural tradición
familiar. Pero más grave para el
mutilador es que haya escrito una
página vanagloriándose de la
impudicia cometida, diciendo que las
obras literarias valen huevo porque
gentes como él andan dispuestos a
momificarlas sacándoles los intestinos
para que los lectores de estas épocas
no tengan que hacer mucho esfuerzo.
A una novela como ‘María’ de
Jorge Isaacs, que la hemos leído año
tras año los colombianos desde 1867,
no se la puede disminuir a la altura
de la prepotencia mutiladora del

en los días confusos,
cuando el mar de borrosos contornos
es sólo como un cascote de vidrio
semienterrado en el fango,
un desagradable incidente o una
trampa
para los que pasan corriendo
ciegos bajo la lluvia.1

1

Hombre en la mar.

35

Revista Kcreatinn – Creación y más

alcalde Guerrero
Londoño.

y

su

Conversación en La
Catedral, de MARIO

verdugo

Si aceptamos la existencia de
esos esbirros orgullosos de semejante
atrocidad, apague y vámonos porque,
en breve, a las gordas esculturas de
Botero les rebanarán las nalgas para
que sean flacas y así puedan caber en
el pedestal de la ignominia.

VARGAS LLOSA
(Una reflexión filosófica)
Paul Mendoza Malaver
I
Mostrar la reflexión hecha
sobre la obra Conversación en La
Catedral plantea evidenciar los
argumentos con los que se cuenta.
Primero: Vargas Llosa usa e innova
las técnicas literarias narrativas
creadas por los narradores a partir
del siglo XX. Lo novedoso es la
naturalidad con que sabe emplear y
ajustar los diversos artificios para
construir
sus
ficciones.
En
Conversación en La Catedral la
estructura refleja su innovación en la
temporalidad y la espacialidad,
rompiendo los usuales saltos en el
tiempo, con la simultaneidad y a
través de la causalidad determinar los
niveles de realidad, otorgándole a la
ficción un orden racional en la forma.
De esto se sigue que semánticamente
todo hecho “significa algo”, se relata
la causalidad de la existencia. En
consecuencia, Vargas Llosa elabora
sus obras dentro de la formación de
un plan preestablecido sobre la

GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL
HAROLD ALVARADO TENORIO
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
JORGE LUIS BORGES

eljodario@gmail.com
------------------------------Harold Alvarado Tenorio
www.arquitrave.com
www.haroldalvaradotenorio.com

36

Revista Kcreatinn – Creación y más

materia de la “realidad” de la ficción.
Este afán arquitectónico ahonda en
los “trazados” espacio-temporales.
Negativamente, no es un saber ubicar
el “cuándo”; no tiene que ver con el
cómo utilizar el tiempo, sino cómo
construir el tiempo para que el
argumento
narrativo
adquiera
movimiento. El tiempo no está dado,
sino que tiene que ser hecho. El
tiempo entonces connota una materia
orgánica ficticia y basal, que va
sirviendo como “idea marco” de
“desplazamiento”. Lo que lleva a
pensar
en
un
tiempo
con
características ontológicas, como algo
que resultaría dentro del dominio de
las categorías estéticas. Y esto es
posible porque en una obra literaria
no sólo percibimos el tiempo sino que
lo “miramos” actuar e influenciar en
el
orden
de
lo
armónico.
Consecuencia de esta concepción del
tiempo se sigue necesariamente que
el espacio es atraído, creando
trasfondos que median con los
personajes y ambientes ficticios. No
confundamos ambiente de la obra
con espacio. El espacio adquiere
connotaciones físicas de duración
como categoría estética. Tampoco
confundamos tiempo con contextos
históricos de la obra. Tiempo
contiene características físicas de
duración como categoría estética. Si
el tiempo o duración es una idea de
movimiento, el espacio o distancia es
su tangibilidad para su dominio y

construcción, pues imponen un
contorno a los elementos de la
ficción. Como conclusión, esta
teorización tiene aires de ser un
formalismo Kantiano donde, el tiempo
y el espacio, funcionarían como
formas de la intuición sensible, con la
diferencia de que estas operaciones
de la razón que imponen un marco a
la captación del objeto indeterminado,
en la epistemología Kantiana, en la
obra literaria son diseñadas por el
escritor para imponer un devenir (un
movimiento que nace en sí mismo sin
necesidad
de
la
causalidad
Newtoniana). Y es este devenir el que
nos impele a reflexionar el ser de
estas categorías dentro del Espíritu
Absoluto propuesto por Hegel. Pero
será a través de Jurgen Habermas,
teórico de la escuela de Francfurt,
que propondremos un aporte al
diseño
maquiavélico
en
la
construcción del espacio-tiempo como
raíces estéticas que efectivizan la
persuasión en los niveles superiores
de la forma (llámese elementos
narrativos) de la novela para ahogar
la realización espiritual.

II
Segundo: el sincretismo entre
Jean Paul Sartre y Gustav Flaubert, en
la obra de Vargas Llosa, resulta en un
realismo existencial. Por otro lado, la
37

Revista Kcreatinn – Creación y más

influencia de Albert Camus con su
teoría del “sentimiento de lo
Absurdo” conmueve las facetas
subjetivas de su ficción. Pero ¿a qué
denominamos “Realismo existencial”?
y ¿en qué niveles de la obra surte
efecto el sentimiento de lo Absurdo?
Este “sentimiento de lo Absurdo” ¿es
una categoría que tiene que ser vuelta
a conceptualizar?

plantearse una apremiante como
angustiosa pregunta: “¿vale la pena
vivir?” La lógica llevada hasta sus
últimas consecuencias responde con
el suicidio como un acto de evasión.
Mas la esperanza y su sensibilidad
despiertan el sentido de lo trágico,
que permite detenerse justo al límite,
dueño de un destino personal, que
gesticulando una sonrisa se rebela en
la resistencia, que es su heroísmo.

III
IV
Entre la naturaleza y la
máscara impuesta como paisaje hay
un “sentimiento de lo absurdo”, cuya
explicación, para Camus, se revela en
el retorno del condenado Sísifo desde
las cumbres a donde ha empujado su
Roca que irremediablemente ha
vuelto a caer. Sísifo en su descenso
toma conciencia y esta lucidez
desemboca en un sentimiento de lo
absurdo, un extrañamiento que le ha
quitado la máscara a su vida,
mostrándosela esencialmente inútil.
Esta circularidad, este eterno retorno
Nietzscheano, en el mito de Sísifo, se
transpone a la esencia de la existencia
del hombre que lo rechaza, pues la
razón misma siempre tenderá a
buscar una razón suficiente que
explique y brinde un sentido.
Patéticamente el hombre se coloca al
límite de sí mismo, contemplando
este “mal espiritual” y termina por

“Al final de ese largo esfuerzo,
medido por el espacio sin cielo y el
tiempo sin profundidad, se alcanza la
meta. Sísifo ve entonces cómo la
piedra desciende en unos instantes
hacia ese mundo inferior desde el que
habrá de volver a subirla hasta las
cimas” (159) los dioses que han
condenado a Sísifo son los habitantes
de un infierno que Sísifo desconoce.
El infierno de la rutina cuyo
horizonte es lo inútil está
determinado
por
un
tiempo
invariable, por una “duración”
inalterable, en un mismo espacio,
sobre
una
igual
distancia
insoportable, que repite vagamente
sus mismos escenarios y condiciones.
Detengámonos por un momento en la
gesticulación de los dioses, en la
banalidad del mal, que es relativo a
las cuatro dimensiones.
38

Revista Kcreatinn – Creación y más

V

vigilan su castigo, el cumplimiento de
su condena. Ellos han diseñado una
cárcel cuyos muros son verticalmente
irregulares y escarpados, sus barrotes
la distancia de la tarea, el azote es la
misma duración y la mole está
representada por la masa rocosa. El
fuego infernal con cuyas llamas se
produce un efecto de luz que reseca
el cuerpo de Sisífo (2); éste, débil
físicamente, extenuado y sediento
resiste ante el suicidio. Podemos
formular
matemáticamente
su
situación en los territorios de la
mitología. Ya nos es posible, sin
arrogarnos nada, diseñar el universo
elegante del mito como:

“Según el modo preciso en
que Einstein la formuló, la relatividad
especial resuelve el conflicto entre
nuestra
intuición
relativa
al
movimiento y las propiedades de la
luz, pero hay que pagar un precio: los
individuos que se están moviendo el
uno con respecto al otro no
coincidirán en sus observaciones del
espacio, ni tampoco en las del
tiempo” (41) esta experiencia del
tiempo y del espacio que resultan de
la teoría especial de la relatividad
escapa a nuestra intuición común,
para recrearla nos es imperativo
utilizar la imaginación y rediseñar los
conceptos
de
estas
cuatro
dimensiones aplicándolas, aunque
suene “loco”, al mito de Sísifo.
Entonces el tiempo y el espacio serán
relativos a la percepción que tenga
Sísifo y a la que tengan los Dioses.

E: m.c23

Una diferencia circunstancial: el Sísifo
de Camus nos lo imaginamos fuerte
físicamente, en ausencia total de los
dioses y la condición material del
infierno,
sólo
introspectivamente
asistimos a su lucha. Con esta reflexión
completamos el escenario incluyendo la
omnipresencia y la omnipotencia de los
dioses que se mantienen frente al hecho
también en una perspectiva válida.
Entonces, el análisis que efectuamos tiene
que ver con la justificación del diseño
espacio temporal en la obra de Vargas
Llosa, pero que es un pretexto para
reflexionar sobre valores morales, como
se comprenderá más adelante.
3 Con la estimación de la teoría especial
de la relatividad se quiere introducir el
concepto de “duración” y “distancia”
2

VI
Habíamos dejado a Sísifo
descendiendo
lúcido
ante
el
develamiento trágico de lo absurdo de
la existencia, incoado ahora por su
heroísmo, en la esperanza de su
sensibilidad, pero volviendo a empujar
su roca hacia la cima. Protegidos por
una luz incandescente (recuérdese
que estamos en el infierno) los dioses
39

Revista Kcreatinn – Creación y más

Este infierno no estaría completo sino
lo ambientamos dentro de una
caverna. Y esto, por el mito Platónico
es posible:

-sin embargo son semejantes en todo
a nosotros.” (Platón: 790,791)

“- … represéntate a la naturaleza
humana en la siguiente coyuntura,
con relación a la educación y a la falta
de ella. Imagínate una caverna
subterránea, que dispone de una larga
entrada para la luz a todo lo largo de
ella, y figúrate unos hombres que se
encuentran ahí, ya desde la niñez,
atados por los pies y el cuello, de tal
modo que hayan de permanecer en la
misma posición y mirando tan sólo
hacia adelante, imposibilitados por las
cadenas de volver la vista hacia atrás.
Pon a su espalda la llama de un fuego
que arde sobre una altura a distancia
de ellos y entre el fuego y los cautivos
un camino eminente flanqueado por
un muro (…) observa ahora a lo largo
de ese muro unos hombres que llevan
objetos de todas clases que sobresalen
sobre él, y figuras de hombres o de
animales, hechas de piedra, de
madera y de otros materiales. Es
natural que entre estos portadores
unos vayan hablando y otros pasen en
silencio.

VII
La intersección entre
universo del mito de Sísifo con
universo del mito de Platón unen
problema del conocimiento con
problema de la existencia.

el
el
el
el

Sísifo
en
la
caverna
empujando sucesivamente la masa
rocosa hacia la cumbre de su prisión,
donde
cumple
su
condena.
Relativamente, desde la perspectiva de
los ojos de los dioses, éstos se
complacen en presenciar que su
sistema ideal sí resulta efectivo para
infligir una tortura eterna que salda
la cuenta a la que se ha hecho
acreedor nuestro lúcido Sísifo, que
ahora ya no ve las sombras de su
existencia sino que la revelación de
las verdades eternas lo han llevado a
ser consciente de su esfuerzo, lo que
lo ayuda a resistir a la sed y a la
calígine que lo rodea.
Nosotros imaginamos a Sísifo
desgastado, absurdamente empleando
su tiempo en una deuda que nunca
podrá saldar porque su derecho
natural ha sido reemplazado desde los
tribunales de los constructores de la
caverna, por una libertad fundada en

-¡extrañas imágenes describes - dijo- y
extraños
también
son
esos
prisioneros!
como factores de una nueva búsqueda de
significados en el mito griego de Sísifo.

40

Revista Kcreatinn – Creación y más

el temor a que se despierte su
prisionero y otra vez se instaure la
anarquía que contagiaría a otros
prisioneros iguales a él, como a
Prometeo, vecino suyo, o a Atlas.
Todos por igual, deudores dentro de
un sistema que les aleja la libertad,
con el mismo movimiento con el que
les interioriza la culpa.

la lucha por la existencia, el sujeto
que logre vencerla creará dentro de él
un nuevo poder que lo impulsará a
una nueva satisfacción. Sísifo no
resiste ante el Absurdo; antes, su
despertar lo ha llevado a ver desde la
cumbre de su fuerza, la adversidad de
un orden que trasciende a su
desdicha. Por lo mismo no se plantea
el suicidio como un efecto del
absurdo, porque el problema
espiritual al que se enfrenta
trasciende la maquinaria que le
impone su inutilidad, se mimetiza,
pero no con el sufrimiento, sino con
la labor de trascender cada vez más
los intentos de sus jueces por
aniquilarlo. Nuestro Sísifo ha roto las
cadenas mentales de su ofuscación y
ha sido llevado por su amor a ver la
luz que le da vida.

Lo que está en juego son las
conciencias y el poder. La aniquilación
del espíritu. Camus nos planteó el
dilema de la sensibilidad de lo
Absurdo. Nosotros asistimos a la
manipulación racional de ese Absurdo
para castigar y dominar.
Modificado el mito con
nuestros propios presupuestos nos
permite ver:

El escenario de los mitos son
construcciones racionalistas. La novela
de Vargas Llosa no es muy diferente.
Pongamos a Zabala en lugar de Sísifo
y nos daremos cuenta que nunca
puede resultar mediocre4 un hombre
que se debate ante la mole de la
corrupción que hace de sus intentos
por volverse un individuo dueño de
su propio destino, caer en el
constante fracaso. Lo que también
sucede en Conversación en La
Catedral es que la ruina que enferma

Un
prisionero,
una
construcción íntimamente diseñada
con el único objetivo de que la
condena nunca salde su deuda. Desde
los ojos de los dioses vemos el placer
de que el sistema funcione
racionalmente, tratando de aniquilar
la esperanza por la manipulación del
tiempo y del espacio que resultan en
una máquina abstracta de tortura.
Ahora vemos que la luz que guía a
Sísifo otra vez hacia abajo lo ha
detenido por breves instantes en la
altura de su esfuerzo. Aquí es donde
los constructores maquiavélicos se
equivocaron: mientras más difícil sea

La crítica considera a Zabala como un
personaje en un ambiente mediocre, como
él mismo.
4

41

Revista Kcreatinn – Creación y más

visitar a Carlitos a la Clínica y le llevaría un
libro, no Huxley5” (p. 30)

al personaje es el mismo tiempo y
espacio que condena a Sísifo. Zabala
está forzado a pagar una deuda que
nunca contrajo, que heredó. Sin
embargo, Zabala, llegado al límite de
su esfuerzo por salvarse de su
tragedia “llora” con odio terrible en el
portón de la cantina de La Catedral.

Subrepticiamente el tiempo
como duración estética se introduce a
partir de este nunca apoyado en el
signo de puntuación (“,” que le da un
silencio como duración que muestra
un espacio, una duración-distancia de
conciencia) que entromete a la forma
de espacio como distancia: (,) mañana
iría a visitar a Carlitos a la Clínica.
Todo dura segundos en la conciencia
de Zabala. Su reflexión existencial
sobre sí mismo se ve interrumpida de
pronto por otra idea que lo lleva a
evadirse.

“-ya
está,
solloza
Santiago,
inclinándose, acariciando la colita tiesa, el
hocico ansioso- Ya nos vamos, Batuquito.
Se incorpora, solloza de nuevo, saca
un pañuelo y se limpia los ojos. Unos
segundos permanece inmóvil, su espalda
apoyada contra el portón de “La Catedral”,
recibiendo la garúa en la cara llena de
lágrimas de nuevo.” (p. 29, 30)

“Piensa: él (Ambrosio) los mata a
palos y tú a editoriales. Él era mejor que tú,
Zabalita. Había pagado más, se había jodido
más. Piensa: pobre papá”

Este acto muestra que Zabala,
a diferencia de Sísifo no pudo
despertar espiritualmente, pero ¿por
qué? ¿Acaso el diseño de su cárcel ha
sido modificada? Es decir ¿la razón ha
innovado sus construcciones de culpa
para maniatar el amor y disolver la
conciencia? y ¿cómo ha sido posible
que esto sucediera?

La culpa tiene que ser
saldada, la suya es impagable; él, a
diferencia de Ambrosio, está menos
“jodido”. Y esta culpa lo remite a su
padre. La culpa heredada.
El “Piensa” es particularmente
aprovechable en cuanto nos muestra:

Y más adelante, como para
confesar su culpa inextinguible:

1. La subjetividad de la
conciencia.

“Te salvaste de la perrera,
Batuquito, pero a ti nadie vendrá a sacarte
nunca de la perrera, Zabalita, mañana iría a

Por qué no de Huxley?... recordemos
que Huxley escribió “Un mundo feliz”
donde se muestra la barbarie de la
civilización industrial.
5

42

Revista Kcreatinn – Creación y más

2. Esta subjetividad nos lleva a
ser consciente a nosotros
que
lo
que
estamos
presenciando es la “realidad”
que el personaje crea. Se
superponen a una realidad
concreta
innumerables
superficies que tienden tanto
al pasado como hacia el
presente y el futuro. No
olvidemos además de la
simultaneidad; es decir que
mientras
esto
sucedía
también estaban dándose
otros sucesos que son
incrustados
mediante
diálogos u otra técnica
narrativa.
3. A partir del verbo conjugado
en tercera persona: Él piensa,
se introduce un “narrador
subjetivo” que no es otro
que
un
narrador
hipostasiando a la primera
persona.
Quiere decir que Zabala es visto
desde distintos ojos:

3. Desde un narrador con
perspectiva
de
protagonista.
4. Desde un narrador con
perspectiva omnisciente.
5. Desde un narrador con
perspectiva múltiple.
6. Desde la mirada de
narrador testigo.

la
un
la
la
un

VIII
En El mundo es ancho y
ajeno (Ciro Alegría) su personaje
central, Rosendo Maqui, busca liberar
a su comunidad ante el avance de la
usufructuación de las tierras por
parte de las haciendas. Rosendo
Maqui es el testigo de la inutilidad,
del absurdo de la existencia. Lucha
contra las “formulas”, contra leyes
abstractas, no porque no se ajusten a
su realidad, sino porque no se
materializan:
“Rosendo Maqui no lograba
explicarse claramente la ley. Se le
antojaba una maniobra oscura y
culpable”.

1.

Desde la voz de un narrador
en primera persona.
2. Desde la voz de un narrador
en tercera persona.

Si en la obra de Ciro alegría
somos testigos desde la imitación6 de
Según José Carlos Mariátegui no existió
verdadera literatura del indígena, por lo
que se llamó literatura indigenista a la
6

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Revista Kcreatinn – Creación y más

la mente del indígena como la
naturaleza, endiosada por la mente
mitológica, avasalla o desafía al ser
humano haciéndole consiente de sus
propias fuerzas; en cambio las “leyes
de la razón” lo avasallan pero no
porque le impongan una nueva
cosmovisión, sino porque responden
al diseño de una economía
mercantilista que los ve como medio
y no como un fin.

conmueve por el vacío que deja; es
decir, si la ley dice que debe ser así, y
por el contrario no es, no está; la
realidad es una formación de
ilusiones, la lucha es contra algo
invisible y a la vez maquiavélico, que
en Rosendo Maqui a la vez que lo
arroja a lo absurdo “le quemaba la
sangre”.
“Así era la Ley. Rosendo
Maqui despreciaba la ley. ¿Cuál era la
que le favorecía al indio? La de
instrucción primaria obligatoria no se
cumplía. ¿Dónde estaba la escuela de
la comunidad de Rumi? ¿Dónde
estaban las de todas las haciendas
vecinas? En el pueblo había una por
formula. ¡Vaya, no quería pensar en
eso porque le quemaba la sangre!”

“Abajo había, pues, un pueblo, y él (Rosendo
Maqui) era su alcalde (…). El anciano
Chauqui contó un día algo que también le
contaron. Antes todo era comunidad. No
había haciendas por un lado y comunidades
acorraladas por otro. Pero llegaron unos
foráneos que anularon el régimen de
comunidad y comenzaron a partir la tierra en
pedazos y a apropiarse de esos pedazos. Los
indios tenían que trabajar para los nuevos
dueños.”

Pero por qué no se ponen en
práctica las razones teóricas, en Ciro
Alegría por una administración
egoísta, ineficiente y corrupta que
conspira contra los intereses de los
indígenas, pues sino:

La economía se funda en el
estudio del valor de los bienes. Todo
lo que se vea a través de sus ojos (de
la economía) tenderá hacia los cauces
de la razón, hacia un racionalismo
instrumental, trasmutará lo espiritual
en material. Rosendo Maqui lucha, ya
no contra la naturaleza como en la
Serpiente de oro o en Los perros
hambrientos; él lucha contra algo que
ni siquiera entiende, algo que lo

“¿Ha visto usted la tontería?
Lo acabo de ver en la prensa recién
llegada… Estos indios…”. “¿Qué hay
compadre?”. “Qué se discute en el
parlamento la abolición del trabajo
gratuito y hasta se habla de salario
mínimo”. “Pamplinas de algún
diputado que quiere hacerse notar”.
“Es lo que creo, no pasará de
proyecto”. “De todos modos, son

literatura hecha por criollos o mestizos
que mostraban la realidad del indio. La
literatura hecha por indígenas se llamaría
“literatura indígena”.

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Revista Kcreatinn – Creación y más

avances, son avances… Estos –un
índice apuntó al distraído y atareado
Maqui- se pueden volver levantiscos y
reclamones”. (…) “De todos modos volvió a sonar la voz prudente- son
avances, son avances… Demos gracias
a que estos –el indiferente volvió a
ser señalado- no saben leer ni se
enteran de nada; sino ya los vería
usted… ya los vería…” “En ese caso, la
autoridad responde. Mis amigos,
mano enérgica…”

Lo
grave
es
que
posteriormente esta “sangre que
quema” fue utilizada por las huestes
de
“Sendero
Luminoso”
para
desangrar al país. La lucha de la
razón es sangrienta, en la lucha de
ideologías se es igualmente un
victimario y una víctima de intereses
que se tornan absurdos.
A

diferencia de Rosendo
Maqui, Zabala ya “sabe”, pero
entonces ¿Quién es Zabala? Es decir,
dentro de la formación del arquetipo
humano de nuestra civilización, de
dónde se lo ha abstraído, a qué
estirpe de personajes pertenece.

Rosendo Maqui está ubicado
en un escenario distinto, ya no
convive con un sistema diseñado por
un Dios que se ha hecho presente
para probarlo (el río o las jalcas) y
con el cual su relación es directa y
ancestral, donde su pensamiento
mitológico logra hallar la lógica a la
realidad del desenvolvimiento de su
existencia y aniquilación. Él es un
funcionario público que no sabe del
sistema al cual pertenece, y no sólo él,
sino toda la comunidad de Rumi.
Maqui lucha en el diseño de la razón
que lo utiliza para satisfacer sus
necesidades, usa su “no saber leer ni
escribir” para aprisionarlo, en aras del
“avance”.

Quizás nos diga algo el hecho
de su “Piensa”, entonces ¿Por qué
Zabala muestra su subjetividad?
Revelando su intimidad qué busca, a
quién o a qué compromete, qué nos
muestra este develamiento de la
conciencia. Si esta subjetividad está
en pugna contra “algo” ¿contra qué
lucha? y ¿contra qué fracasa?
De antemano hemos avanzado en
la mostración de ese diseño
maquiavélico invisible, que se funda
en:

Mas si Rosendo y con él la
comunidad adquirieran conciencia a
través del conocimiento serían
reprimidos por el diseño en el que
viven y los somete.

1.

La suplantación de lo natural
por la razón.
2. Que muestra su complejidad
a partir de la ignorancia de
45

Revista Kcreatinn – Creación y más

su lenguaje que tiene que ser
aprendido.
3. Que este diseño en sus inicios
fue un supuesto marco de
“leyes” que validan el proceso
del “avance” absoluto.
En lo estético, se plantea cómo
las leyes son el tejido aparencial en
último grado del diseño en función a
la duración y la distancia que sirven
para mostrarlos, evidenciarlos en la
narrativa.

46

Revista Kcreatinn – Creación y más

EQUIPO:

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Las opiniones vertidas en los textos firmados son de
exclusiva responsabilidad de cada uno de sus autores y
no necesariamente reflejan las opiniones y juicios de la
Revista Kcreatinn. Todo el material escrito y publicado
en estas páginas es de propiedad intelectual de cada uno
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acuerdo a ley. COPYRIGHT © 2014 Kcreatinn a.c.s.f.d.l.
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del
Perú Nº 2008-02377 Producción: Kcreatinn: Asociación
Cultural sin fines de lucro. Escritura pública Número
Tres Mil Novecientos Sesenta y tres, registrada en la
partida N° 11004907, título N° 00005356 del registro de
personas jurídicas de la SUNARP.

ᴥ OPERACIONES: Silvia Farfán Cedrón, Bachiller en

Lengua y Literatura; Administradora de Empresas.
ᴥ PUBLICIDAD Y MARKETING: Eduardo Farfán Cedrón,

Administrador de Empresas.

PROYECTOS LITERARIOS: Jack Farfán Cedrón,
Escritor.
ᴥ FINANZAS Y GESTIÓN EJECUTIVA: Javier Farfán

Cedrón, Máster en Administración y Organización de
Negocios; Escritor.

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RELACIONES INSTITUCIONALES: Sheila Farfán
Cedrón, Profesora de Educación Inicial.

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