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~ PSICOANALISIS ~ CLINICO KARL ABRAHAM ; LUMEN•HORME

~

PSICOANALISIS

~

CLINICO

KARL ABRAHAM

~ PSICOANALISIS ~ CLINICO KARL ABRAHAM ; LUMEN•HORME

;

LUMEN•HORME

~ PSICOANALISIS ~ CLINICO KARL ABRAHAM ; LUMEN•HORME

Este libro ofrece los principales trabajos de Karl Abraham, uno de los fundadores del psicoanálisis. Los treinta y tres trabajos que com- prende este volumen cubre un amplio panorama para el analista de hoy en día y presentan algunas de las historias clínicas más intere- santes de todos los tiempos. Cabe destacar que gran parte de la teo- ría y de la práctica actual, así como los fundamentos de los estudios del desarrollo infantil y de la formación del carácter, se basan en es- tas contribuciones de Abraham.

Karl Abraham, amigo y colaborador de Freud desde 1907, fue presidente de la Asociación Psicoanalítica de Berlín, la más importan- te luego de la de Viena , desde su fundación en 191 O, hasta su muer- te, cuando también era presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

Abraham se destaca por su extraordinaria madurez, su optimismo y su coraje , que hicieron de él uno de los más efectivos voceros del psi- coanálisis en sus difíciles comienzos. Combina una rica experiencia clínica, tanto en psicopatología como en psiquiatría clínica, con un agudo poder de observación y de certero juicio crítico.

La importancia fundamental de sus observaciones y la claridad y precisión con que las expresa, dan a sus obras un valor permanente.

Su labor como maestro fue admirable, y entre sus discípulos se cuentan figuras del relieve de Melanie Klein , Helene Deutsch, Edward Glover, Theodor Reik

"De todos aquellos que me han seguido a través de los oscuros senderos del trabajo psicoanalítico, sólo un nombre (Ferenczi) puede estar a la altura de l de Abraham."

Sigmund Freud

sólo un nombre (Ferenczi) puede estar a la altura de l de Abraham." Sigmund Freud 9
sólo un nombre (Ferenczi) puede estar a la altura de l de Abraham." Sigmund Freud 9

9

ISBN 950-6 18-066-0

LUJJJ

KARL ABRAHAM

¿1

PSICOANALISIS

¿1

CLINICO

Introducción biográfica por

ERNEST JONES

Presentación de la edición castellana:

Dra. Marie Langer

LUMEN • HORMÉ

Viamonte 1674 (1055) "' 49-7446 / 375-0452 / 814-4310 /FAX (54-1) 375-0453 Buenos Aires • República Argentina

Título del original inglés:

SELECTED PAPERS OF

KARL ABRAHAM, M. D.

Editado por The Hogarth Press London Ltd.

Versión castellana de

DANIEL RICARDO WAGNER

3.' ed. 1994

ISBN: 950-618-066-0

Copyright de todas las ediciones en castellano por

EDICIONES HORMÉ S. A. E:

Castillo 540

Buenos Aires

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

IMPRESO EN LA ARGENTINA

INDICE

Pág.

Presentación d(: la edición

castellana, por Marie Lange

 

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7

Estudio introductorio, por

Ernelt Janes

 

:

9

Capitulo

1

-

La

 

experimentación

de

traumas

sexuales

como

una

forma. de

actividad

sexual

 

(1907)

 

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47

Capítulo

11

-

Las

diferencias psicosexualcs

entre

la

histeria

y

la

demencia

precoz

(1908)

 

'

•••

 

:

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48

Capítulo 111 -

 

Las relaciones psicológicas entre la sexualidad y el alcoholismo

(1908)

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60

Capítulo IV

-

Estados de suefio histéricos

 

(1910)

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68

Caso

A

68

Caso

B

71

caso e

 

80

Caso D

82

Caso

E

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83

Caso

F

86

Capítulo

del

- pie y del corst!

V

Observaciones sobre

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(1910)

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el psicoanálisis

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de

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un

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caso

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de

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fetichismo

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95

Capitulo

VI

-

Notas

sobre

la

investigación

y

tratamiento

 

psicoanalíticos

de

la locura

maníaco-depresiva y

condiciones asociadas

 

(1911)

 

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104

Capítulo VII -

Un

complicado

ceremonial encontrado en mujeres neuróticas

 

(1912)

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119

Capitulo VIII -

Eftttos psíquicos producidos en un nifi.o de

nueve afi.os por

la observación de las

relaciones seXualcs entre sus padres

 

(1913)

 

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124

Capítulo IX - Restricciones y transformaciones de la escopofilia en los psico- neuróticos; con observaciones acerca de fenómenos análogos en la psicología

de los pueblos (1913)

I. Fotofobia

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neurótica

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128

130

11. Otras formas de escopofílico

• trastornos neuróticos relacionados con el instinto ••

145.

KA.RL

A.BRA.HA.M

Pág.

Ill. Sobre la significación de la oscuridad en la psicología de las neu-

rosis

152

IV. Notas sobre la psicología de la duda y las cavilaciones, con para-

 

lelos extraídos

de la psicología

V. El origen de las fobias

al sol

y

 

de los pueblos

.

.

a

los

fantasmas a

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. partir del tote-

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156

 

tismo infantil

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170

Capítulo X -

Un fundamento constitucional de la ansiedad motriz

 

(1913)

 

178

Capítulo XI -

El oído y el ~nducto auditivo como zonas erógenas

(1913)

185

Capítulo

XII -

La primera

etapa pregenital ·de la libido

 

(1916)

 

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189

Capítulo XIII -

Ejeculatio praecox

 

(1917)

 

213

 

l.

La uretra como zona erógena dominante

 

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213

11.

Los impulsos masculinos activos y sus modificaciones

 

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217

111.

El narcisismo como fuente de resistencias sexuales

 

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220

Capítulo

XIV -

El gasto de dinero en los estados de ansiedad

 

(1917)

 

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228

Una forma particular de resistencia neurótica contra el método

Capítulo XV - psicoanalítico

{1919)

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231

Capítulo XVI -

La aplicabilidad del tratamiento psicoanalítico a los pacientes

de edad avanzada

(1919)

 

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238

Capítulo

XVII -

La

valoración

 

narcisista

 

de los procesos excretorios

 

en

los

sueños y en la neurosis

 

(1920)

 

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243

Capítulo

XVIII -

Contribución a una discusión sobre el tic

(1921)

 

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247

Capítulo

XIX -

 

(1922)

   

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250

La araña como símbolo de los sueños •

Post-scriptum

:

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Capítulo XX -

Una teoría infantil sobre el origen del sexo femenino

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(1923)

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254

255

Capítulo XXI -

Una teoría sexual infantil no observada hasta ahora

 

(1925)

256

Capítulo XXII -

Manifestaciones del complejo de castración femenino

(1920)

259

Capítulo

XXIII -

Contribuciones

 

a la teoría del carácter anal

 

(1921)

 

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284

Capitulo XXIV -

rácter

(1924)

Capítulo XXV -

La influencia del erotismo oral sobre la formación del ca-

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La fOrmación del carácter en el nivel genital del desarrollo

301

de

la

libido

(1925)

 

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311

Capítulo XXVI -

Un breve estudio de la evolución de la libido, considerada

a

laIU.z ~de los

trastornos

 

mentales

(1924)

 

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319

 

PARTE I. Los estados maníaco-depresivos y los niveles pregenitales de

 

la libido

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319

Introducción

 

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319

l. Melancolía

 

y

neurosis

 

obsesiva:

 

dos

etapas

 

de

 

la

 

fase

anal-sádica

de

 

la

 

libido

 

,

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322

PSICOANÁLISIS CÚNICO

 

Pág.

 

11. La pérdida del objeto y la introyccción en el pesar normal

 

y en los estados mentales anormales

 

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330

 

III. El

proceso de

 

introyección

 

en

 

la

 

melancolía:

dos etapas

 

de la fase oral

de la libido

 

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337

 

IV.

Notas sobre la

psicogénesis de la

mclancoHa

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345

V.

El prototipo

infantil de la depresión

melancólica

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353

VI.

Manía

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358

VII. La

terapéutica

psicoanalítica

de

los

estados

 

maníaco·

 

depresivos

;

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362

PARTE 11. Orígenes y desarrollo del

 

amor objetivo

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.:>o!>

Bibliografía de las publicaciones científicas

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Bibliografía

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PRESENTACióN DE LA EDICióN CASTELLANA

EN EL AÑo 1926 murió Karl Abraham, hombre dotado y capaz, de

gran diversidad de intereses ·dentro del psicoanálisis. el campo al cual dedicó su vida. Formaba parte integrante del pequeño núcleo de científicos que se reunió alrededor de Sigrnund Freud, cuando éste, ya

seguro

de la base de su ciencia, salió de su aislamiento. También

Ernest Jones pertenecía a este núcleo. El prólogo que acompaña tanto los "Selected papers" de. Abraham, como la presente edición de este libro, fue escrito por él in memoriam de su amigo. Ha sido una idea feliz de los editores tomar a esta publicación como prólogo, porque nadie podría haber sido tan apto para ponernos en contacto con Karl Abraham y enterarnos de sus altos valores científicos y humanos como Ernest Jones, amigo y colaborador y, en años muy posteriores, bió- grafo fiel de Freud. Sus palabras servirán ahora de nuevo para pre- sentar la persona de Karl Abraham y dar a los lectores un criterio adecuado sobre los distintos escritos incluidos en este volumen. A mí me cabe vincular esta puesta al día, hecha casi un cuarto de siglo atrás, con· la actualidad viva, y ubicar a Karl Abraham en el "aquí y ahora" del psicoanálisis, si me permiten el término técnico. Al lamentar la gran pérdida que el movimiento psicoanalítico sufrió por la muerte de Abraham, Jones nos habla de nuestra época. Pre-

dice que dentro de veinte años P?dría llegar un momento crítico para el psicoanálisis, cuando éste se incorporara a las demás ciencias. Entonces, dice, necesitará mucha vitalidad para preservar su esencia, y no correr el peligro de ser absorbido. Y necesitará también de hom- bres de base firme y de valor científico, como Karl Abraham. No ocurrió lo que temía Jones. Porque los psicoanalistas supieron defender y extender lo esencial del psicoanálisis y especialmente los analizados de Abraham desempeñaron un papel importante en esta tarea. Basta recofdar los más talentosos -Melanie Klein, Edward Glo- ver, Helene Deutsch- para demostrar que él siguió viviendo a través de sus discípulos. Efectivamente, el psicoanálisis, debido al valor de sus conceptos, ha tenido una difusión enorme y muchas de sus ideas fueron absorbidas por las diferentes ramas de las ciencias del hombre. Pero simultáneamente se desarrolló con todo vigor la ciencia del psi~ coanálisis, sin perder su esencia y evolucionando en sus conceptos básicos. Precisamente en esa evolución la obra de Abraham ha sido

fundamental.

8

KARL

ABRAHAM

En la medicina moderna el psicoanálisis logró ocupar su legítimo lugar a través de la "medicina psicosomática". Es un campo vasto y muy prometedor tanto en sus aspectos teóricos como terapéuticos. Pero para poder orientarnos, comprender y ubicar al enfermo "psicosomá~ tico", necesitamos como guía el esquema del desarrollo de la libido elaborado por Abraham, y utilizamos conceptos basados en sus estu~ dios sobre relaciones objetales tempranas. Otra adquisición médica muy importante del psicoanálisis es su aplicabilidad como terapéutica en las psicosis y en la compresión que ofrece de los mecanismos y el contenido del trastorno mental'. En este campo Abraham, junto con Freud, ha sido pionero y sus investigacio- nes sobre los estados maníaco-depresivos siguen siendo fundamentales. El psicoanálisis no nos enseña solamente cómo se producen y qué significan los distintos trastornos psicológicos y psicofísicos, sino tam- bién aclai:a su origen y cómo pueden ser evitados. Así logró, por su valor preventivo, revolucionar la pedagogía y la puericultura. Como método terapéutico puede aplicarse a niños de las más distintas eda- des, reparando daños ya hechos y devolviéndoles la posibilidad de un desarrollo sano. También ahí los trabajos de Abraham sobre los primeros estadios del desarrollo infantil han sido de importancia fundamental. Sirvieron de base para los estudios posteriores de Me- lanie Klein. En el prólogo de su libro, ya clásico, "El Psicoanálisis del Niño'', Melanie Klein agradece a su "maestro, que tenía la facul- tad de jnspirar a sus alumnos para que pusieran lo mejor de sí mismos al servicio del psicoanálisis"; recalca que él "comprendía totalmente las grandes posibilidades teóricas y prácticas del análisis de los niños" y afirma que sus propias conclusiones son un desarrollo natural de los descubrimientos de su maestro. La obra de Karl Abraham se caracterizaba por la diversidad de sus aspectos y enfoques. Tendré que dejar de. lado sus demás aporta- ciones, el lector las encontrará en este libro. En la fecha de la n1uerte de Karl Abraham el psicoanálisis era casi desconocido en América Latina. Su centro indiscutible era el Viejo Mundo. En la actualidad, debido a factores políticos, .pero también a la gran receptividad y capacidad de aceptar y elaborar ideas nuevas que es característico de los países jóvenes, menos atados por un pensamiento académico y tradicional, esta situación cambió fundamentalmente; el psicoanálisis ha echado raíces en América La- tina. Aparte de los numerosos especialistas, formados por las distintas asociaciones psicoanalíticas, que se dedican en pleno a su ciencia, ésta ha entrado en las distintas facultades médicas· y de humanidades y pertenece, en general, al esquema referencial• del hombre culto. Por eso la traducción de la obra de Karl Abraham al castellano, idioma n1uy querido por él, llena una necesidad. Se pone así al alcance del público un material científico de gran valor.

MARIE

LANGER

ESTUDIO

INTRODUCTORIO 1

SIN NINGUNA duda, de todos los golpes que la ciencia del psicoanálisis ha sufrido hasta ahora, la muerte de Karl Abraham es el más cruel y severo. En una oportunidad anterior hemos perdido a causa de su fallecimiento a un presidente de una sociedad local, y echamos de menos a varios otros colaboradores cuyos nombres vivirán siempre en nuestra memoria. Golpes de otra clase han afectado en <;liversas ocasiones al movimiento psicoanalítico, uno de los cuales involucró la pérdida de un presidente de la Asociación Psicoanalítica InternaM cional, por una causa que no fue su muerte. Pero, con todo el respeto

debido a Ja memoria de nuestros otros colegas fallecidos, ninguno de ellos significó para el psicoanálisis tanto como Karl Abraham; pues él fue al mismo tiempo un maestro de su teoría y práctica, un pionero en sus aportes a nuestro creciente conocimiento, un líder y organiza- dor de la especie más rara, así como un leal amigo y colega de todos. Algunas de las razones por las cuales es tan grave la pérdida que hemos sufrido se harán evidentes en el siguiente informe acerca de su vida y actividades. Los principales acontecimientos de la vida de Abraham, consi- derada en su exterior, son éstos: Nació en Bremen el 3 de mayo de 1877, de modo que tenía cuarenta y ocho años cuando murió. Pro- venía de una vieja familia judía que había residido durante mucho tiempo en las ciudades hanseáticas del norte de Alemania; tenía un hermano mayor, pero ninguna hermana. Asistió a la escuela secun- daria en su ciudad natal, y en 1896 ingresó a la carrera de Medicina. En s·us años escolares posteriores Abraham desarrolló una gran afi- ción a la filología y la lingüística comparada. Si hubiera tenido la oportunidad de hacerlo hubiera preferido dedicarse enteramente a esos estudios, y su interés por ellos persistió durante toda su vida. Poseía ciertamente un talento poco común en este sentido. Además de su lengua materna podía hablar en inglés, español, italiano y algo en reto- románico; analizó pacientes en los primeros dos idiomas citados, y su comunicación en el Congreso Internacional de Psicología de Oxford fue pronunciada (no escrita) en inglés. Tenía también un considerable conocimiento del danés, el holandés y el francés, y sin duda estaba acostumbrado en su infancia a escuchar los dos primeros. Se sentía

1

Publicado en

el "International Journal of Psychoanalysis", Abril de

1926.

10

KARL

ABRAHAM

completamente cómodo con los clásicos, y aprovechó ávidamente la oportunidad que le brindaron los estudios escolares de sus hijos para revivir su familiaridad con aquéllos. Ninguno de los presentes en el Congreso de La Haya, en 1920, olvidará el asombro con que lo escu- chamos decir un discurso en un latín que tuvo que ser puesto al día para tal ocasión.

(ciudad hacia

Prosiguió sus estudios de

Medicina en Würzburg

la cual conservó un gran afecto;

del Congreso Psicoanalítico Alemán), Berlín, y Freiburg-im-Breisgau. Obtuvo su doctorado en 1901 en la última de las Universidades nom- bradas. Durante estos estudios se interesó principalmente por la biología, hecho que tuvo profunda influencia sobre su labor ulterior y sobre su concepción científica general. Fue durante su estadía en Freiburg cuando por primera vez conoció Suiza, país que después preferiría a todos los demás. Le gustaba el pueblo suizo y su modo de vida, pero eran ciertamente las altas montañas, que contrastaban tanto con su escenario natal, la principal atracción para él. Tan pronto como tuvo oportunidad se convirtió en un alpinista entusiasta, y realizó varias ascenciones de importancia. Como Segantini, quien murió inmediata- mente antes de la primera visita de Abraham a Suiza, y por cuya personalidad estaba éste tan vivamente interesado, prefería la Alta Engadina a todos los otros lugares del mundo, y allí volvió repetidas veces. Sus últimas vacaciones, cuando aquella convalecencia en la que todos teníamos puestas tantas esperanzas, las pasó allí, en el vera- no de 1925, y fue capaz de emprender aún en esas circunstancias as- cenciones bastante arduas. Había acariciado durante mucho tiempo la idea de construir una "villa" en ese lugar (cerca de Sils Maria), y la última carta que escribió fue una carta de negocios relacionada con ese proyecto. En Freiburg concibió el deseo de obtener un cargo en Burgholzli, en parte para estar en su amada Suiza, en parte porque lo había impresionado la obra del profesor Bleuler en psiquiatría, y la esti- maba más que a la de cualquier otro psiquiatra. Sin embargo, tuvo que esperar algunos años para satisfacer este deseo, y así, en abril de 1901 aceptó el cargo de asistente en el Asilo Municipal de Berlín, en Dalldorf. Conservó siempre el mayor respeto por quien fuera su jefe allí, el profesor Liepmann, y dos contribuciones científicas suyas que datan de esa época se refieren al campo especial de Liepmann, el de la afasia y la apraxia. Trabajó cerca de cuatro años en Dalldorf, adquiriendo así una buena formación en psiquiatría clínica; pero en diciembre de 1904 tuvo la felicidad de obtener un nombramiento en BurghOlzli, con el título de Asistente en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Zürich. Aquí su atención se orientó en seguida en una dirección más definidamente psicológica, y gracias a Bleuler y Jung tomó conocimiento de las obras de Freud. Su primera contribu-

de ahí quizá su elección como sede

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non al psicoanálisis data de este período, y fue un trabajo (9) 2 leído ante la reunión anual de la Sociedad Psiquiátrica Alemana, en Frank- furt. Por una triste coincidencia su última aparición en público la hizo en un suburbio de la misma ciudad, dieciocho años después, cuando presidió el Noveno Congreso Psicoanalítico Internacional. En esa época ocurrió también un acontecimiento que fue la causa principal de la felicidad y alegría de vivir tan característica de Abra- ham, y que fue ampliamente responsable de la energía y sincero gozo con los que se entregaba a su trabajo. La obtención del nombramiento en Zürich coincidió con su compromiso; y dado que su posición allí mejoró firmemente, pudo casarse en el mes de enero de 1906. Su elección de consorte fue extraordinariamente afortunada, pues encon- tró una camarada que compartió totalmente su vida y poseyó una aptitud para la felicidad semejante a la suya. Tuvieron una hija en Zürich, a fines de 1906, y pocos años después un hijo, en Berlín. Abraham esperaba poder trabajar permanentemente en Suiza, pero

la experiencia pronto le demostró que era muy remota la posibilidad

de que un extranjero realizara allí una carrera psiquiátrica regular, de modo que tuvo que pensar en otro lugar. Su decisión de abando- nar Suiza fue indudablemente apresurada por la atmósfera incómoda que resultaba de la tensión entre Bleuler y Jung. Por lo tanto renun- ció a su cargo en noviembre de 1907. En el mismo mes encontró por primera vez a Freud, durante una visita que le hizo a éste en Viena; la última vez que los dos se encontraron fue en agosto de 1924, en Semering. Las conversaciones que allí tuvieron lugar dieron temprano fruto en un importante trabajo (11) al que tendremos ocasión de referirnos. Las relaciones personales así establecidas florecieron en una amistad que permaneció sin sombras hasta el fin. Abraham per- tenecía al pequeño grupo que visitaba regularmente al profesor Freud durante la estación de las vacaciones; en cierta oportunidad él orga- nizó una excursión del grupo por una región, el Harz, que conocía bien.

En diciembre de 1907 Abraham se estableció en Berlín y comenzó

a practicar la psiquiatría privadamente. Algo lo ayudó al principio

el profesor Oppenheim, un pariente político, y trabajó durante un tiempo en la clínica neurológica de éste; pero sus actitudes divergen-

tes respecto a las teorías de Freud pronto provocaron el distancia- miento de ambos hombres. Una asistencia más duradera fue la que le prestó el Dr. Wilhelm Fliess, a quien Abraham conoció pocos años después, y por el que sentía un gran respeto; fue Fliess quien tomó

a su cargo principalmente el tratamiento de Abraham durante su úl-

tima enfermedad. Abraham fue por tanto el primer verdadero psicoanalista de Alemania, pues difícilmente podría llamarse así a los pocos hombres -Muthmann, Warda, etc.- que sólo habían seguido parcialmente las

2,

Los

números

entre

paréntesis

se

refieren

a

la

bibliografía

de Abraham.

12

KARL

ABRAHAM

teorías de Freud. Comenzó de inmediato a interesar a otros médicos en la tarea, mediante reuniones privadas y disertaciones que efectuó

en su propia casa. Sin embargo, de aquellos que logró interesar en esa época, sólo uno, el Dr. Koerber, ha perseverado hasta la actualidad. Intentó también durante algunos años presentar el tema en las reunio· nes de diversas sociedades médicas, donde mostró un gran coraje y pertinacia al enfrentar solo una oposición enconada y aun violenta. Pese a esas cualidades, no obstante, y a su característico optimismo, inclusive Abraham tuvo finalmente que reconocer la futilidad de tal empresa. Pero las nubes comenzaron a abrirse. En el otoño de 1909

se le unió en Berlín el Dr. Eitingon, quien también había trabajado

en BurghOlzli, y desde entonces en adelante Abraham tuvo un colega de sus mismas ideas. La Asociación Psicoanalítica Internacional fue formalmente esta- blecida en marzo de 1910, y la Sociedad Psicoanalítica Berlinesa fue fundada en el mismo mes. Fue la primera filial de la Asociación In-

ternacional que se constituyó. y la siguieron las sociedades de Viena

y Zürich, en abril y junio respectivamente; amb4s· ciudades, por su-

puesto, tuvieron grupos informales años antes que Berlín. De los nueve miembros originales (en los que estaba incluído el Dr. Warda, que fue el primer médico que apoyó independientemente las teorías de Freud) , sólo dos permanecen todavía en la Sociedad, los Drs. Eitingon y Koerber.· Más adelante diremos algo acerca de lo que significó Abra- ham para la Sociedad Berlinesa, pero podemos menciOnar ahora al- gunos hechos. Ocupó la presidencia de la Sociedad desde su funda- ción hasta su muerte. Se consagró generosamente y dedicó sus mejo- res esfuerzos a ella; siempre ponía sus intereses por encima de toda otra cosa. Su asistencia, su guía y su crítica fueron incesantes. Casi todas sus obras principales fueron comunicadas en primer lugar a la Sociedad. En total, leyó ante ella no n1enos de cuarenta y seis comu- nicaciones durante los quince años de su presidencia, en varios de los cuales no se pudo disponer de él debido a la guerra o a enfermedad; doce comunicaciones fueron presentadas en un solo año (1923). Su aptitud para la enseñanza y el adiestramiento de analistas encontró aplicación también fuera de las actividades de la Sociedad. Condujo varios análisis de adiestramiento, y entre sus discípulos más destaca- dos podemos mencionar a Helene Deutsch, Edward Glover, James Glover, Melanie Klein, Sándor Radó y Theodor Reik. Sin embargo, se suscitaron obvias dificultades al ser analizados por el presidente de la Sociedad analistas locales, de modo que fue un alivio para Abra- ham el q·ue se solucionara este problema brillantemente cuando se invitó a venir a Berlín, con un nombramiento oficial en relación con este aspecto de los trabajos, al Dr. Hans Sachs. Por otra parte, Abra- ham se dedicó sin reservas a la preparación de cursos de conferencias, prestando a este respecto inestimables servicios en Berlín. El primer curso que dio con el auspicio de la Sociedad fue uno de cuatro serna·

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nas, en marzo de 1911; de entonces en adelante desempeñó un papel prominente en todas las series presentadas por la Sociedad, y más tarde por el Lehrinstitut. Abraham también se mostró activo en la fundación y sostenimiento del Policlínico de Berlín, aunque en menor proporción que Eitingon. Desde el comienzo de sus tareas, en 1920, fue un miembro prominente de la Comisión para la Educación de Psicoanalistas. En este campo se ocupó de la selección de candidatos adecuados, del adiestramiento de algunos de los seleccionados, parti- cularmente los del extranjero, y de una colaboración general en mate- ria de organización. Su tiempo estaba, por supuesto, demasiado soli- citado como para que pudiera c~mplir tareas cotidianas en el mismo Policlínico. De un modo semejante, fue estrecha la relación de Abraham con la Asociación Internacional. Fue uno de los cinco o seis miemb:i"os que asistieron a todos los congresos realizados hasta el momento. El pri- mer Congreso; efectuado en abril de I 908, aunque fue organizado en realidad por el.Dr. Jung, fue prevalentemente austro-húngaro en cuan- to a su.S asistentes; Abraham fue uno de los tres "forasteros" que ha- blaron en él (siendo los otros dos Jung y el que esto escribe). Leyó un trabajo en cada uno de los Congresos, con excepción del último, en el cual se vio impedido de hacerlo por su mala salud y por sus deberes de presidente; éste es un "record" sólo igualado por el profe- sor Freud y el Dr. Ferenczi. Los ocho trabajos en cuestión se cuentan entre las más valiosas de sus contribuciones al psicoanálisis, y a todos los mencionaremos al considerar su obra científica. En el Congreso de Munich de 1913 y después de él, Abraham dirigió la oposición contra Jung, y luego de que el último renunciara, el Congreso Ase- sor de la Asociación designó a Abraham para actuar como Presidente provisional hasta que pudiera realizarse el próximo Congreso. Hizo todos los preparativos para uno que se hubiera debido reunir en Dresden, en septiembre de 1914, y cuando se reunió finalmente en Budapest, en septiembre de 1918, lo presidió de acuerdo con sus facul- tades provisionales. En el Séptimo Congreso, en 1922, fue nombrado Secretario de la Asociación Internacional, y en el Octavo, en 1924, fue finalmente elegido Presidente, en medio de grandes aplausos. Fue re- elegido por unanimidad en el Noveno Congreso, realizado en el año siguiente. Abraham estuvo en la junta editorial del "Zentralblatt" y del "Zeitschrift" desde el comienzo de. esos periódicos, y en 1919 fue uno de los editores del último. Sin embargo, su actividad estaba aquí limi- tada a los problemas de política general de la publicación, y el aporte de artículos y críticas originales. Cuando el Dr. Jung renunció como director del "Jahrbuch", lo sucedieron los Drs. Abraham y Histsch- mann, quienes publicaron el Volumen VI, en 1914. Hubieran conti- nuado desempeñando esas funciones, sin duda, si no se hubiera deci- dido dejar de publicar el "Jahrbuch".

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Durante casi todo el curso de la guerra Abraham prestó serv1c10s en Allenstein, Prusia Oriental, donde fue médico jefe del puesto psi- quiátrico del Vigésimo Cuerpo de Ejército. La experiencia allí adqui· rida le permitió hacer una contribución a la psicología de la neurosis de guerra (57), y dos de sus trabajos más valiosos (52, 54) también datan de este período. La guerra le dejó un desastroso legado de mala salud, lo que fue muy posiblemente la causa primaria de su muerte.

Hacia el fin de su servicio contrajo una grave disentería, de la que le costó un gran esfuerzo desprenderse. Aun después sufrió ataques recu-

rrentes, de los cuales el último fue en la primavera de 1924. Entonces pareció que su salud estaba perfectamente restablecida. En mayo. de 1925 inhaló accidentalmente un pequeño cuerpo extraño; éste esíaba presumiblemente infectado, pues luego de una quincena sufrió un

alarmante ataque de bronconeumonía séptica, que poco después de- mostró ser fatal. Le dejó una bronquiectasis local que nunca desapa-

reció por completo. U na convalecencia de varias semanas en la En-

gadina fue segiiida por el esfuerzo de presidir el Congreso de Homburg,

lo cual fue evidentemente demasiado para él. En el otoño, no obs- tante, parecía estar mejor, e inclusive intentó hacer un resumen de su obra. Pero su estado empeoró, se presentaron oscuras complicacio-

ríes, y en noviembre tuvo que ingresar en un hospital. U na quincena más tarde se sometió a una seria operación que no produjo el efecto

esperado. ·Decayó gradualmente, y finalmente sucumbió en el día de Navidad de 1925. En toda su larga y penosa enfermedad nunca mani- festó duda alguna acerca del desenlace, y hasta el mismo final estaba

pletórico de planes optimistas. Su tenacidad para vivir, su fuerza de voluntad y su poder de recuperación física eran extraordinarios, y asombraron a los médicos que lo atendían. Varias veces pareció im-

posible que un ser humano pudiera sobrevivir al espantoso esfuerzo que el mal impuso a su cuerpo, pero su voluntad y su coraje rehusa- ron rendirse hasta que cesó de respirar.

Para obtener una visión fresca y unitaria de las obras científicas de Abraham, acabo de releerlas en su totalidad, y registraré aquí mis

impresiones. Se comprenderá que en una estimación personal de este carácter general no se emprenderá ningún intento de resumir o criti

car en detalle

pueden ser divididas bajo los encabezamientos de cantidad, calidad y contenido. Abraham no fue un escritor copioso, y el monto real de lo que escribió es menor de lo que hubiera podido esperarse a partir de la impresión que tenemos acerca de su importancia. Sus publicaciones impresas, excluyendo a las comunicaciones meramente verbales, con- sisten de cuatro pequeños libros, que contienen en total menos de 800

Las observaciones que se ofrecerán

las obras

mismas.

páginas, y cuarenta y nueve otros trabajos que suman cerca de 400 pá- ginas; además hay por lo menos un .trabajo póstumo. Muchos de

PSIOOANÁLISIS

CLÍNICO

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aquéllos sólo tienen una o dos páginas, y solamente cinco exceden las veinte páginas. El hecho recién mencionado debe atribuirse sin duda al que fue

el rasgo más saliente de los escritos de Abraham, a saber, una notable

concisión. Abraham nunca· desperdiciaba una palabra para decir lo

que tenía que decir; cada frase estaba impregnada de significado, y este significado era expresado con una lucidez ajena a toda ambigüedad.

Tenía un intenso sentido de lo concreto; se atenía estrictamente a

sus datos clínicos y nunca incurría en hipótesis remotas. Estas cuali- dades, junto con un grado de objetividad poco común, eran también de gran valor para el examen de la obra de otros autores. Los juicios

críticos colectivos que escribió (15, 16, 51, 73) fueron modelos de lo que deben ser tales cosas y son de valor permanente para la rápida

orientación del estudiante de psicoanálisis; las mismas cualidades se

observan en las numerosas críticas que escribió para el "Zentralblatt" y el "Zeitschrift", que no están incluidas en la bibliografía. Abraham

era un maestro en la exposición, y sobresalía especialmente en el difí- cil arte de presentar las historia.S de casos. Es bien sabido cuán arduo

es hacer un informe de los casos de otro analista, el cual puede resul- tar tan incompleto como para ser inútil o tan largo y confuso como para ser tedioso. El estilo flúido y suelto de Abraham, combinado con su sentido de lo esencial, le permitían iniciar al lector en el meollo de un caso en una o dos páginas, y los datos clínicos con los cuales apoyaba sus conclusiones eran siempre tan interesantes como instruc- tivos. Pocos escritores psicoanalíticos lo han igualado en el don de un estilo claro y atractivo, don tanto más valioso para tratar temas tan complicados. Pasando ahora a la naturaleza y contenido de los escritos de Abraham, debemos tener constantemente presente, al estimar su im- portancia, la fecha en la que fueron redactados. Es una prueba de la

general exactitud de su obra el que una parte tan grande de ella haya

sido incorporada a nuestro saber cotidiano, de modo que no resulta fácil apreciar lo novedosa que fuera en su opórtunidad. Sus escritos corresponden, de una manera general, a cuatro grupos. En primer lu-

gar están aquellos trabajos innovadores a los que ya se ha hecho refe- rencia; entre ellos pueden ser mencion~dos los que tratan de la psico- logía de la demencia precoz (11), los aspectos sexuales del alcoho-

lismo (12), la influencia de las fijaciones incestuosas en la elección

de pareja (13), y su libro sobre los sueños y los mitos (14). En segundo lugar, hay cierto número de estudios nítidos y acabados, clásicos que

podemos releer siempre con deleite y provecho; tales son sus ensayos sobre las fantasías de los sueños en la histeria (17) , Segantini (30), Amenhotep (34), las transformaciones de la escoptofilia (43), la eya- culación prematura (54) , las neurosis de guerra (57) , y el complejo de castración en las mujeres (67) . En tercer lugar tenemos sus obras

más. originales, que constituyen una valiosa y permanente contribu-

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ción, a nuestro conocimiento; dentro de ellas, concedemos una posición

conspicua a sus investigaciones sobre el estadio pregenital de desarro- llo (52) junto con sus dos libros sobre la evolución de la libido (105) y la formación del carácte" (106), respectivamente. El cuarto y último grupo comprendería un gran número de trabajos breves que siempre contienen datos que ilustraron, confirmaron o expandieron nuestro conocimiento de la teoría y práctica del psicoanálisis. Al examinar los escritos de Abraham en conjunto, llama nuestra atención especialmente su carácter notablemente polifacético. Abarcan todo el campo del psicoanálisis, y hay pocos sectores de él que ellos no esclarezcan. Aun acerca de los aspectos del psicoanálisis sobre los que escribió menos, por ejemplo la homosexualidad, la interpretación de los sueños, y la educación, hay implícito en sus otras obras lo sufi- ciente como para mostrar que estaba completamente familiarizado con tales problemas. La diversidad de sus escritos hace conveniente dividirlos en grupos diferentes, pata cuyo propósito hemos elegido

cinco encabezamientos principales.

l. NIÑEZ (incluyendo la sexualidad infantil) . Los dos primeros trabajos psicoanalíticos de Abraham versaron sobre los traumas infan·

tiles (9, 10) y desde el primero se preocupó por señalar los aspectos

dinámicos de la reacción individual ante el trauma. Demostró cómo el reiterado padecimiento de ataques sexuales constituye en algunos

niños ut"la forma regular de su actividad sexual, un aspecto del pro· blema totalmente ignorado por los criminólogos, e inclusive por los psicólogos. Respecto al mismo asunto, con referencia especial a las neurosis traumáticas, se ocupó de los impulsos inconcientes que se

dirigen contra el propio yo (daño o muerte), tema que reaparece

muchas veces en sus obras. Estos impulsos, que describiríamos actual· mente en términos de hostilidad contra el ego o contra algún objeto

repudiado que ha sido incorporado dentro del ego, fueron atribuídos

por Abraham al masoquismo inconciente. Pasamos ahora de sus primeros escritos a algunos de sus últimos,

que pueden muy bien ser considerados los más importantes. Me refie· ro a su obra sobre el estadio pregenital del desarrollo de la libido. Ya en 1913, el título de una comunicación a la Sociedad Berlinesa (41) nos revela que estaba intere~ado en la interrelación de los instintos de nutrición y sexual, y en 1916 publicó una de las dos más brillantes

contribuciones que hiciera al psicoanálisis (52) . Con la ayuda de un sorprendente material de casos, que contenía ejemplos de hábitos orales infantiles que persistían hasta una edad en la cual su natura· leza erótica podía ser establecida fuera de toda duda por la introspec· ción directa, confirmó completamente las conclusiones de Freud acerca del erotismo oral. Adoptando los términos freudi3.nos "pregenital" y "canibalístico", enriqueció considerablemente nuestro conocimiento de esta fase del desarrollo, en particular en lo que atañe a los fenóme· nos de la vida ulterior que derivan de ella. Notables a este respecto

PSICOANÁUSIS CÚNICO

17

son las importantes relaciones que estableció entre el erotismo oral por una parte, y el sueño y el hablar por la otra. Muchos trastornos

de la alimentación fueron derivados de una fuente semejante. Abraham

distinguió entre los casos doride se ha efectuado una disociación de las dos formas de actividad de la boca (de la nutrición y erótica), que están en un principio tan estrechamente unidas, y aquellos en los cuales esa unión ha persistido; y destacó que los adultos que se chu- pan el dedo, etc., pertenecen a la primera categoría, es decir. se en-

cuentran en una etapa del desarrollo más avanzada que la persona que sufre trastornos neuróticos de la función nutricia. Los aspectos clínicos de este trabajo, sobre la locura maníaco-depresiva, serán men- cionados más adelante. La continuación de esta obra, que tomó la forma de un libro pu- blicado recien el año pasado (105), posee tal riqueza de pensamiento

e investigación .que ningún resumen podría hacerle justicia. Es la

más importante contribución de Abraham al psicoanálisis. En ella sub-

divide las tres principales etapas del desarrollo de la libido, en seis:

oral (1, de succión; 2, de morder); anal-sádica (1, destructiva y expul- sora; 2, de control y retención) ; genital (1, fálica; 2, adulta). Nin- guna de esas subdivisiones fue enteramente original de su parte, pero

el modo detallado y explícito en que las analizó y mostró la relación

precisa entre unas y otras, constituye una obra maestra que debe ocupar siempre un lugar destacado en la literatura psicoanalítica. En .colaboración con van Ophuijsen aclaró los problemas de la relación

del niño con su objeto en el nivel de la alimentación (incorporación, expulsión, etc.), y arrojó mucha luz sobre los oscuros problemas de

la vida sexual pregenital.

Entre otras contribuciones al estudio de la niñez pueden inencio- narse sus trabajos sobre el papel que juegan los abuelos en la fanta- sía infantil (40), los efectos del coito escuchado accidentalmente (42; véase también 43, Sec. ii) , la actitud narcisista de los niños respecto de los procesos excretorios (63) • y una serie de interesantes observa- ciones sobre las teorías sexuales infantiles (83, 94, 11 O) ; los números

38, 85 y 93 también pertenecen a este grupo.

2. SEXUALIDAD. El interés de Abraham por el desarrollo pregeni-

tal era paralelo al que mostraba por los instintos a partir de los cuales evoluciona la sexualidad adulta. En un trabajo temprano sobre un

caso de fetichismo del pie y del corsé (18), demostró cómo los impul- sos osfresiolágnico, escoptolágnico y sadista pueden sufrir un complejo proceso de entrelazamiento y desplazamiento que produce una perver- sión manifiesta. Su trabajo aislado más largo se refirió a las restricciones y trans-

(43). Utilizan-

do un rico material de casos para fundar sus conclusiones, se ocupó de las diversas formas de ansiedad relacionadas con la función visual,

de otras perturbaciones de esa función, y de las enfermedades neuró-

formaciones que puede sufrir el impulso escoptofílico

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ticas del mismo órgano visual. Hizo derivar el _temor neurótico a la

luz de ~esplazamientos de una actitud ambivalente respecto a los ór· ganos genitales de los padres, y especialmente del padre; en relación a esto fueron descritos un caso de histeria y dos de demencia precoz, registrando los resultados terapéuticos. Otros temas del mismo trabajo son el dolor en los ojos y otros síntomas oculares neuróticos, el signi- ficado simbólico de la oscuridad (que se describirá luego), las fobias relacionadas con los fantasmas y el sol, y varios problemas correspon- dientes al psicoanálisis aplicado, que serán mencionados en su opor-

tunidad.

Un sagaz trabajo escrito durante la guerra resolvió muchos pro-

blemas relativos a la eyaculación prematura (54) . Ilustrando nueva-

mente sus aseveraciones con su amplia experiencia clínica, demostró

cómo este síntoma resulta de una falla en la evolución del erotismo uretral. Sin embargo, no es simplemente una fijación en esta forma de erotismo, puesto que no sucede en la masturbación, pero depende de algún aspecto de la relación con el objeto. La cobardía caracterís- tica de ese estado, y el temor de lastimar a las mujeres, indican un Sadismó reprimido. Tales pacientes tienen una sobreestimación narci- sista del pene en cuanto órgano urinario; desean exhibir la micción ante la mujer, y debido a su supuesto desprecio por esa acción, ellos reac- cionan de una manera hostil con el impulso de ensuciarla. Una de- cepción afectiva respecto a fa madre, y la consiguiente hostilidad con- tra ella, provee la clave de la situación, como sucede tan a menudo en los problemas que Abraham estudió.

Otro trabajo muy valioso se refiere a la otra cara de esta actitud, esto es, a la hostilidad de las mujeres contra los hombres, tal como se manifiesta en lo que Abraham denominó el complejo de castra- ción femenino (67). Esta contribución, que es extraordinariamente rica y sugestiva, constituye la base de nuestro conocimiento de un tema oscuro, y ha abierto ya la puerta para importantes investigaciones ul- teriores. Luegd de considerar los diversos modos en que la niña puede reaccionar ante la creencia de que ha sido castrada, la sustitución del deseo de tener un pene por el de tener un hijo (confirmada por la última contribución de Freud sobre el tema, en el Congreso de Hom- burg) , y así siguiendo, Abraham distinguió dos tipos neuróticos, a los que, sin embargo, evidentemente no se debe separar de manera muy tajante. Ellos resultan respectivamente, de la represión del dese<> de apoderarse del miembro masculino en una dirección positiva, y del deseo de vengarse castrando al hombre; Abraham los llamó tipos del cumplimiento del deseo y de la venganza, respectivamente. Com- paró e·sas neurosis con las expresiones más explícitas en la formación del carácter, correspondiendo el primer tipo a la homosexualidad fe- menina, y el segundo a la reacción sádica arcaica. El impulso moti- vador en este último es el de morder el pene del hombre, o por lo menos disminuir su potencia decepcionándolo con la frigidez y con

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otros complicados modos de hostilidad que lo colocarían en una situa- ción capaz de provocar desdén. Esta actitud culmina lógicamente en un marcado menosprecio del pene, y de los hombres en general. Abra- ham mostró la relación del complejo con diversos síntomas neuróticos, tales como vaginisn10, enuresis, conjuntivitis neurótica, etc., y señaló también los numerosos modos en los que puede influir sobre las mu- jeres en cuanto a la elección del objeto. Por último, demostró cómo esas mujeres pueden transmitir a sus niños sus reacciones determina- das por el complejo. Las contribuciones de Abraham en la esfera de las relaciones amo- rosas en el sentido usual, son menos extensas. En uno de sus primeros trabajos (13) demostró cómo los matrimonios entre parientes son a menudo la expresión de una fijación incestuosa, hecho de importancia en cuanto a la transmisión de las tendencias neuróticas. Respecto a este asunto destacó también (al mismo tiempo que Ferenczi) el papel que juegan tales fijaciones en la etiología de la impotencia psíquica y la frigidez. Vio otra manifestación de esta fijación en la desmedida tendencia a la monogamia. Algunos años después publicó una contra- parte de este estudio en la que consideró la manifestación inversa de la exogamia neurótica (45). La fijación incestuosa fue el tema de varios otros trabajos (por ejemplo, 20, 22, 23, 53, 97, 98, 107, 112), y por supuesto, fue tomada muy en cuenta en toda su obra psicoana- lítica. Otros trabajos sobre tópicos puramente sexuales son dos sobre el sadismo (21 y 33), uno sobre el conducto auditivo como zona eró- gena (46), dos sobre el erotismo anal (48 y 70), que serán mencio- nados después, y varios artículos breves (66, 86, 88, 89, 103) . 3. TEMAS CLÍNICOS. Como podía esperarse de un clínico de la talla de Abraham, sus contribuciones en esta esfera son de especial importancia. La primera digna de nota señaló un punto decisivo en nuestro conocimiento de la psicología de la demencia precoz (11) y de la diferencia entre neurosis y psicosis en general. Es un motivo de asombro el que un psiquiatra profesional como él nunca haya vuelto al tema; presumiblemente eso se debió a que su interés en este campo se concentró en el intento de develar otras psicosis. Colegas celosos, en Zürich, lo acusaron injustamente de no reconocer de un modo suficiente su deuda con Jung respecto a este trabajo, pero los hechos demostraron claramente que Jung nunca aceptó la principal idea expuesta en aquél, y que, como el mismo Abraham reconocía, surgió de una conversación con Freud (la primera que sostuvieron) . La idea en cuestión era la de que las perturbaciones de las funciones del ego pueden ser puramente secundarias respecto a las perturbacio- nes en la esfera de la libido, en cuyo caso sería posible aplicar la teoría de Ja libido de Freud a la dilucidación de Ja demencia precoz. Luego de considerar la relación entre la sublimación y la transferencia Abraham señaló que la capacidad para ambos procesos está dismi-

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nuída en la demencia precoz, y que la llamada demencia es simple- mente el resultado de ese estado de cosas. En ella la libido se aparta de los objetos -lo opuesto de la histeria, donde hay una exagerada catexia en el objeto- y se aplica al propio yo. De esto derivó las ilu- siones de persecución y megalomanía, siendo la última una expresión de una sobreestimación sexual autoerótica (de lo que, después se deno- minó narcisismo). En contradicción con la histeria, la peculiaridad psicosexual de la demencia precoz reside en un desarrollo inhibido en el nivel autoerótico, con la consiguiente tendencia a regresar a

ese nivel.

La contribución más sistemática de Abraham a la psicopatología, y probablemente también la más importante, la constituyen sus tres obras sobre la locura maníaco-depresiva. El brillante ensayo de Freud en el mismo campo, y su notable manera de encontrar la clave central de los problemas, han oscurecido parcialmente, sin duda, la reputa- ción que Abraham merecía, como sucede siempre que el genio y el talento se colocan lado a lado; y esto fue probablemente realzado por una circunstancia puramente accidental: "Trauer und Melancholie" fue escrita en un momento en que no podía hacerse referencia en la obra a algunas contribuciones valiosas que Abraham había hecho recientemente (52) , aunque, debido a las condiciones de guerra, aqué- lla no se publicó en realidad hasta un año después que las últimas. Ninguna obra de Abraham revela sus cualidades científicas. así como sus limitaciones, mejor que ésta sobre la locura maníaco-depresiva. Fue éste también el estu<uo que evidentemente lo fascinó más que ningún otro. aunque es probable, como lo sug~eren en realidad los títulos de dos de los tres trabajos, que estaba más interesado en la luz que esa enfermedad arroja sobre ciertos estadios tempranos del desarrollo de la libido, que en los problemas clínicos como tales. En su primer trabajo sobre el tema ("Ansatze", etc., 26), que fue

leído en el Congreso de W'eimar en 1911, Abraham partió de la supo- sición de que la depresión debe tener con el pesar una relación similar

a la de la ansiedad con el miedo, y llegó a la conclusión de que la

desesperanza de la vida es el resultado de una renunciación a la meta sexual. Narró seis casos. en todos los cuales encontró rasgos tanto clínicos como psicológicos muy semejantes a los de la neurosis obse- siva. Así, los pacientes exhibieron muchas características de esta última en el llamado intervalo libre, y en ambos estados hay una paraliza- ción mutua de los instintos de amor y de odio. En la locura maníaco- depresiva la libido manifiesta predominantemente una actitud de aver-

sión. Es como si el paciente dijera: "No puedo amar a causa de mi odio; el resultado es que soy odiado, cosa que me deprime y me hace odiar en retribución" (reaparición del sadismo reprimido). El senti- miento de culpa y pecado corresponde al odio reprimido. La ilusión de pobreza es una expresión del mismo hecho (dinero= amor). En

la manía los complejos superan a las inhibiciones y el paciente retorna

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CLÍNICO

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al estado libre de cuidados de la infancia. Abraham informó sobre los efectos benéficos de sus esfuerzos terapéuticos, considerando que jus- tifican la esperanza de que le tocará al psicoanálisis liberar a la psi- quiatría de la pesadilla del nihilismo terapéutico. Su tratamiento de estos problemas clínicos es más incidental en su segunda contribución ("Untersuchungen über die früheste pragenitale Entwicklungsstufe der Libido", 52), pero no menos importante. Reco- noció aquí claramente la fijación oral en la melancolía, y pudo expli- car sobre esa base varios rasgos clínicos. Así, el rechazo del alimento se debe a la regresión a la vieja asociación de la nutrición con el erotismo oral, como ocurre también con el temor a la inanición. Pudo formular además la distinción entre la locura maníaco-depresiva y la neurosis obsesiva, estrechamente ligada a ella, en términos de la orga- nización pregenital de la libido. En la última, con su fijación anal- sádica, la actitud hacia el objeto es una de dominio, mientras que en la primera es una de aniquilación por medio del engullimiento (últi- ma etapa oral) . El rasgo más notable de la melancolía, los intensos autorreproches y el menosprecio de sí mismo, fueron considerados por Abraham como autocastigo inducido por el horror ante los impulsos canibalísticos reprimidos. En esto acertó parcialmente, pues cierto número de ellos emana de ese modo de una conciencia culpable, pero no hizo la observación mucho más importante, de lo que Freud dijera que "no era de ningún modo difícil de percibir'', a saber, que estos reproches están principalmente dirigidos contra la imagen del objeto amoroso perdido, que ha sido erigida dentro del ego. En un trabajo posterior describió su dificultad para comprender el punto cuando lo leyó en el ensayo de Freud, y dio una explicación personal de su inhibición; no es probable, sin embargo, que la explicación fuera completa. Para un hombre como él, de rígidas normas éticas, era evidentemente más fácil aceptar el hecho de que una persona se in- flinja un severo sufrimiento como castigo por haber tenido deseos hostiles dirigidos contra un objeto amoroso, qu~ creer que tal persona está todavía torturando la imagen de ese_ objeto. Su tercer estudio del problema, y el más completo (105), prestó gran atención al trascendental ensayo de Freud, y Abraham pudo con- firmar en detalle todas las conclusiones de Freud y aun .ampliar algu- nas de ellas. Identificó la incorporación del objeto, que Freud había señalado, con el impulso de engullir que data de la etapa oral, y a este respecto desarrolló algunas consideraciones interesantes acerca del proceso de introyección en general. Los hechos de que en el intervalo libre el melancólico puede avanzar hasta un nivel obsesivo (esto es, anal-sádico), y de que una diferencia esencial entre los dos estados consiste en que el melancólico abandona su relación con el objeto mientras que el neurótico obsesivo la conserva (Freud), lo llevó a la conclusión de que la fase anal-sádica debe tener dos subfases (véase supra) . Sugirió que la línea de demarcación entre estas dos subfases

22

KARL

ABRAHAM

puede ser de gran importancia práctica en psiquiatría en cuanto indi- ca el punto donde se establece una verdadera relación objetiva, seña- lando así una de las principales distinciones entre la neurosis y la psicosis. Buscó la etiología de la locura maníaco-depresiva en un ero- tismo oral constitucionalmente fuerte, con una fijación especial en este nivel causada por graves decepciones en relación con la madre; distinguió entre decepciones de este carácter que ocurren antes, du- rante y después de la etapa edípica. El odio del melancólico se dirige principalmente contra la madre, pero en un pasaje posterior' Abra- ham destacó que en parte está originalmente referido al padre, ha- biendo en esta perturbación una tendencia poco habitual a invertir el complejo de Edipo. Este rasgo, y la ambivalencia respecto a ambos padres, conducen a complicadas formas de introyección; Abraham pudo distinguir entre los reproches que emanan del objeto amoroso introyectado contra el yo y los que dirige el yo contra la imagen del objeto; los últimos son, por supuesto, los más característicos e im- portantes. Abraham trazó un interesante paralelo entre la melancolía y los procesos del pesar arcaico que elucidara Roheim. Arrojó además mucha luz sobre el oscuro tema del curioso curso que sigue la locura manía- co·depresiva. Consideró a la incorporación del objeto en la fase oral como siendo parcialmente determinada por un intento de preservarlo de la aniquilación, y sostuvo que entonces, una vez que el ataque sádico se ha disipado, la imagen del objeto amoroso es nuevamente expelida, por la vía anal. Hizo una descripción de lo que llamó la "depresión primaria" de la infancia, precursora de la melancolía, y sugirió que los pacientes maníacos que no han sido afectados prece- dentemente por la melancolía, están tratando todavía de desembara- zarse de su depresión primaria y del exacerbado deseo sexual que sucede al padecimiento de una aflicción. como se comprueba especial- mente en las ceremonias primitivas. En un trabajo temprano sobre los estados de sueño histéricos (17), Abraham puso este síndrome, descrito por LOwenfeld, en relación con la obra de Freud sobre los ataques histéricos, y derivó su génesis de las fantasías de masturbación que han sufrido una represión. Tales pacientes se demoran en el estadio del placer preliminar porque el placer final está asociado con la ansiedad. Narró seis casos de este tipo. En uno de ellos pudo hacer remontar el síndrome de la macrop- sia a una regresión a la niñez. Su estudio de ese estado proporcionó un eslabón entre la sugestión alógena y heterógena, en cuanto' pudo mostrarse que los ataques ocurren o bien muy espontáneamente o en presencia de personas por quienes los pacientes se sienten influidos hipnóticamente. Varios de los trabajos cortos de Abraham tuvieron por tema las fantasías, y su bello análisis del tipo de fantasía de salvación del padre (76) , es especialmente digno de mención a este respecto.

PSICOANÁLISIS

CLÍNICO

23

Abraham publicó dos trabajos sobre la ansiedad locomotriz (39 y 44) , una afección de la que él mismo había padecido ligeros sínto- mas en. edad temprana. Señaló que puede demostrarse el origen sexual de la ansiedad mediante su reconversión terapéutica, cuando los mis- mos pacientes encuentran un placer desusado en los actos de locomo- ción (tanto activos como pasivos). En el mismo trabajo (44) esclare- ció el frecuente síntoma del "temor del temor" relacionándolo con la represión de la "anticipación del placer".

Su experiencia en la guerra le permitió confirmar independien- temente la teoría que había sido propuesta por el presente autor respecto al origen narcisista de los llamados casos de "shock de gue- rra" (57) , como también lo hizo Ferenczi poco después. Con frecuen- cia se critica el carácter supuestamente subjetivo del trabajo psicoana- lítico, pero esto debe ser citado como una demostración experimental de lo contrario. Enfrentados con problemas enteramente nuevos, obser- vadores de diferentes países, completa~ente separados entre sí por las condiciones de guerra, los investigaron y arribaron sustancialmente a las mismas conclusiones. En una consideración de la obra de Ferenczi sobre el tic, Abra-

que éste representa un

debe compararse

con los síntomas de la histeria de conversión que se desarrollan en el nivel fálico (72) .

. Las contribuciones de Abraham sobre temas terapéuticos fuerOn pocas pero importantes. La principal fue por cierto su estudio de un especial y difícil tipo de reacción característica de algunos pacien- tes (58) . Ellos son en su mayoría neuróticos obsesivos que exhiben un alto grado de d'esafío narcisista y que tienden a evitar la transferencia identificándose con el analista. Insisten en conducir ellos mismos su análisis, tendencia que Abraham relacionó con reacciones anal-sádicas. La prohibición de la masturbación formal juega un papel importante en la etiología de tales casos. ·Abraham hizo valiosas observaciones sobre la técnica terapéutica especial que es necesaria para tratar este difícil tipo. Su trabajo sobre el tratamiento psicoanalítico en la edad avanzada (62) puede ser citado para corroborar que la prognosis de- pende más de la edad de la neurosis (esto es, de la edad que tenía el paciente cuando la neurosis se hizo grave) que de la edad real del paciente. Sin embargo, en los casos de mayor edad son necesarias medidas especiales, tales como una más activa presión y ayuda por parte del analista. A este respeéto puede mencionarse también la cla- ridad con que ilustró el concepto de Freud de no estimular a los pacientes para que escriban sus sueños antes del análisis (37) . Final- mente, la obra de Abraham sobre el tratamiento de los pacientes psi- cóticos es todavía la mejor que poseemos, y debemos considerarlo ciertamente como un precursor en este difícil campo. Mostró un raro grado de escepticismo y honestidad crítica en la exposición de los

ham 'presentó

la

interesante

sugestión

de

síntoma de conversión en

el nivel

anal-sádico, que

24

KARL

ABRAHAM

resultados obtenidos por él (26, 105), y sugirió criterios útiles (por ejemplo, los síntomas transitorios) para determinar qué proporción

de un cambio dado en el estado mental puede ser atribuída a los esfuerzos terapéuticos del médico. Demostró que la locura maníaco- depresiva, en los casos favorables, puede ser radicalmente afectada por

el psicoanálisis, y tenía muchas esperanzas de un progreso ulterior en

esta dirección.

Abraham mostró un especial interés por los problemas del alco- holismo y la afición a las drogas. Casi los únicos trabajos que escribió en su días preanalíticos, aparte de aquellos que fueron evidentemente inspirados por los intereses de su maestro, versaron sobre Jos efectos de la ingestión de drogas (3 y 4) . Su temprano trabajo sobre las rela- ciones entre el alcoholismo y la sexualidad (12) demostró la natura- leza esencial de la conexión entre ambos, y fue el fundamento de todo nuestro conocimiento posterior del tema. En realidad, la única con- tribución posterior importante que se ha hecho al respecto se ocupó de la relación inherente entre alcoholismo y homosexualidad, la cual, de un modo curioso, sólo fue señalada por Abraham a propósito de las mujeres. Dejó de percibir, también, la base homosexual de las ilusiones alcohólicas de celos, atribuyendo éstas únicamente al despla- zamiento de la culpabilidad sobre la pareja. Mostró, sin embargo, que lo que se persigue con la bebida es un aumento temporario de la potencia sexllal contrarrestando las represiones y sublimaciones y libe- rando en especial los impulsos componentes, y además que el alcohol traiciona luego a quien lo usa al disminuir su potencia. Reveló tam- bién la identificación inconciente del alcohol con el semen, y la jeringa con el falo. En la misma contribución insistió en la relación que existe entre la morfinomanía y la sexualidad reprimida, como lo hizo también en pasajes posteriores (17, s. 14; 52, s. 84), donde señaló la base oral del fumar y de la morfinomanía. Las numerosas comunicaciones cortas sobre temas clínicos (24, 31, 32, 36, 49, 55, 68, 71, 90, 91, 104, lll) contienen en su mayoría notables observaciones y sugestiones. Puede comprobarse que el inte- rés de Abraham por la neurosis obsesiva parece haber sido mayor que

el que le despertara la histeria. Se está preparando un trabajo clínico

sobre las enseñanzas de Coué (115) en base a notas dejadas por

Abraham, del cual no pudo disponerse en el momento de escribir esto,

y será publicado al mismo tiempo que este obituario.

4. TEMAS GENERALES. Con mucho, el trabajo más importante de un carácter general con el que Abraham contribuyera al psicoanálisis, fue su investigación sobre caracterología. Dos de los tres estudios fue- ron publicados por separado, y luego los tres unidos en un solo volu-

men (l 06) . En su ensayo sobre el carácter anal Abraham

hecho sobre el tema, y añadió

varias observaciones nuevas de un notable valor clínico y caracteroló-

amplió el

ya

considerable trabajo que se había

PSICOANÁLISIS

cllNICO

25

gico. Debemos destacar especialmente los dos tipos que él distinguiera, el de excesiva docilidad y el de desafío respectivamente, los cuales pueden presentarse en la misma persona. Mostró también cómo reac- cionan ambos tipos en la situación analítica: el último presenta una resistencia muy semejante a aquélla, característica que él había descrito en otro lugar (58, véase supra), mientras que el primero, por el con- trario, insiste en que el analista haga todo el trabajo; en ambos casos el resultado es una negativa a producir asociaciones Jibres. También se ocupó, de un modo esclarecedor, de los detalles de Ja regresión del nivel genital al anal.

juega el erotismo oral en

El segundo ensayo, sobre el papel que

la formación del carácter, fue una de las más originales contribuciones de Abraham al psicoanálisis. l,os efectos indirectos del erotismo oral en la vida posterior ·se produce en gran medida a través de .la relación entre aquél y el erotismo anal, y a<Jlli 'dostró Abraham cuán primor- dial es la relación triangular entre las funciones de adquirir, poseer y gastar, cuya economía varí3 grandemente entre diferentes personas. La gratificación directa del erotismo oral está naturalmente permi- tida en un amplio grado en l I adulto, de modo que la sublimación es· menos importante que respeLLü a otras zonas erógenas. La .forma 1nás típica de sublimación parece ser el rasgo caracterológico del opti- mismo, que el mismo Abraham poseía en un alto grado; contrasta con la seriedad y pesimismo de ciertos tipos anales, especialmente aquellos asociados con tempranas decepciones de la gratificación oral. Si esta decepción ocurre durante la segunda fase del estadio oral (la de morder) , entonces el efecto posterior se caractez:izará por una gran ambivalencia, debida a la persistencia de la actitud canibalística y hostil hacia la madre. Abraham arrojó mucha luz sobre el génesis y la interrelación de otros rasgos referidos a desplazamientos del erotis- mo oral, en particular la voracidad, la frugalidad, la avaricia y la impaciencia.

El tercer ensayo de esta serie trata del "carácter genital", y por lo tanto se ocupa de los problemas de l.a normalidad. Abraham re- chazó todo intento de erigir ndrmas absolutas a este respecto, y por cierto insistió extensamente en la imposibilidad de hacer tal cosa, pero sin embargo, nos ofreció un punto de vista valioso al investigar cuáles de los rasgos pregenitales son los últimos en ser abandonados. Descubrió que el modo más riguroso de probar la normalidad genital consiste en averiguar en qué medida el individuo ha superado su narcisismo y la actitud de ambivalencia que atraviesa la mayoría de las etapas anteriores. En su estudio de la importancia que tienen los sentimientos de origen genital desviados de su objetivo para una relación satisfactoria con el mundo exterior, Abraham se extendió sobre la suprema necesidad de amor en la infancia, y sobre los efectos perjudiciales que puede ocasionar el que el niño reciba demasiado poco de este pábulo indispensable.

26

KARL

ABRAHAM

Con referencia a esto mismo, debe mencionarse quizás a los inten-

tos que hizo Abraham para resolver los problemas de la aflicción (105).

Consideró que también tienen una relación importante con las acti- tudes orales. Mientras que Freud destaca el gradual y penoso aparta- miento de uno mismo del objeto amado ante las exigencias· de la

realidad, Abraham prestó más atención a la incorporación de la ima- gen .de este objeto, y la consideró producida por el mecanismo oral. (No obstante, es dudoso que sea éste un proceso regular en la "ope- ración aflictiva".)

Como una contribución general al psicoanálisis debemos también

mencionar las numerosas implicaciones sociales contenidas en la obra

de Abraham sobre el complejo de castración femenino (67, véase supra) . Éstas tendrán en el futuro gran importancia sociológica, y cuando sean más completamente elaboradas no se olvidará el papel

que jugó Abraham al indicarlas.

Las contribuciones de Abraham a nuestro conocimiento del sim-

bolismo individual fueron bastante extensas, y actualmente han sido incorporadas en su mayoría al cuerpo general de la ciencia. Entre ellas debe destacarse: la casa y el jardín como símbolos de la madre, la nueva casa como símbolo del niño o la mujer extraños (25 y 96) ; la víbora como símbolo del pene paterno, con el temor de la muerte como una manifestación del temor al padre (32) ; la araña como símbolo de la madre temida (80) ; su bello análisis del camino bifur- cado en relación con la saga de Edipo, así como el del número tres (76 y 82); y la oscuridad (o cualquier cosa misteriosa y oscura) como un símbolo del seno materno (incluidas las entrañas) (43) . Abraham confirmó la observación de Stekel acerca de la signifi- cación de los nombres personales (28) , aunque añadió poco de nuevo

sobre el punto. Hizo también varias contribuciones a la psicopatolo- gía de la vida cotidiana, tanto a través de sus escritos clínicos como

en unas pocas notas especiales (por ejemplo, 78, 79, etc.) .

5. PSICOANÁLISIS APLICADO. La primera obÍ'a de Abraham en este

campo fue de importancia histórica (14) , pues abrió el camino para

gran parte de la investigación ulterior efectuada en la aplicación del psicoanálisis a la mitología, por Otto Rank, Theodor Reik, y otros. Fue principalmente inspirada, desde luego, por el análisis de Edipo del "Traumdeutung". Justificando el intento de relacionar los sueños y los mitos sobre la base de que ambos son productos de la fantasía humana, mostró las conexiones de largo alcance que hay entre ellos. En los dos la esencia de la· fantasía es el cumplimiento de los deseos, y éstos en ambos casos son inconcientes e infantiles. El egocentrismo del individuo en unos correspbnde al egocentrismo del pueblo en los otros. Los fenómenos de la censura, la represión y la formación de neologismos son comunes a ambos, como lo son también los mecanis- mos de condensai::ión, desplazamiento y elaboración secundaria. Ilustró estas conclusiones presentando algunos análisis de sueños conjunta-

PSICOANÁLISIS CÚNICO

27

mente con un interesantísimo estudio del mito de Prometeo y de la leyenda de los manjares divinos; incidentalmente señaló con claridad el carácter sexual de ellos, soma, néctar y ambrosía. Indicó, haciendo buen uso de sus conocimientos filológicos, las semejanzas entre los puntos de vista etimológico y psicoanalítico, y mostró cómo nuestro conocimiento del simbolismo puede derivar tanto de la investigación en un campo como en el otro. Su conclusión final fue que "los mitos son reliquias de la vida mental infantil de los pueblos, y los sueños son los mitos del individuo". También insistió en la validez universal del determinismo en la vida mental. El libro está escrito con extraor· <linaria habilidad, e ilustra la lucidez y la simplicidad de Abraham en su mejor momento. Aunque su contenido está ahora plenamente asimilado en los círculos psicoanalíticos, es todavía un placer releerlo y disfrutar con la capacidad de exposición que Abraham poseía en tan alto grado. La siguiente obra de Abraham en este campo también tomó la forma de un libro, un interesante estudio del pintor suizo Segan· tini (30) . Fue casi la primera vez que se intentaba analizar la perso- nalidad de un pintor, y poner en detallada correlación las tendencias

tema, la composición y el

inconcientes de

modo de presentación. Demostró la enorme influencia que la madre del pintor ejerció tanto sobre su vida como sobre su obra, y pudo investigar en detalle la actitud ambivalente de amor y odio que el pintor profesó hacia ella; una vez más tenemos un estudio de la "ma· dre perversa". Las páginas finales de este libro contienen una notable anticipación de Freud del instinto de muerte, en la investigación de los motivos inconcientes que conducen a la autodestrucción. El interés de Abraham, en este estudio, estaba evidentemente dirigido hacia la psicología del artista más bien que a la psicología del arte en sí misma, pero en un trabajo posterior (100), nunca impreso desgraciadamente, se ocupó de la cuestión de las tendencias del arte moderno conside- radas desde el punto de vista psicoanalítico.

aquél con su elección del

El análisis que hizo Abraham de Amenhotep IV

(Akenatón)

(34)

es, no sólo de un gran interés en sí mismo, sino digno de nota por ser la primera ocasión en que se mostró de qué modo el conocimiento psicoanalítico puede contribuir a. la elucidación de problemas pura· mente históricos. Intentar el psicoanálisis de alguien que murió hace unos veintitrés siglos puede haber parecido una empresa desesperada, pero el concienzudo estudio de Abraham no tiene nada de hipotético, y las conclusiones que obtuvo serán difícilmente impugnadas. Ak.ena- tón, "el primer gran hombre en el reino espiritual que la historia ha registrado", fue un precursor de los maestros cristianos de la doctrina del amor, y un revolucionario ético que reservó su odio sólo para su padre. Abraham pudo mostrar de qué modo todas las innovaciones, la iconoclastia y las reformas de Akenatón pueden ser directamente atribuidas a los efectos de su complejo de Edipo.

28

KARL

ABRAHAM

La amplia educación y el conocimiento general de Abraharq fueron bien aprovechados en muchos de sus estudios psicoanalíticos. En su detallada investigación de la escoptofilia (43, véase supra), expuso sus conclusiones generales con el auxilio de una masa de ma- terial mitológico y folklórico. Su identificación de las creencias y temo- res respecto al sol y a los fantasmas respectivamente, fue un logro notable de este trabajo, y en él también indicó claramente Ia ambi- valencia de los motivos que llevan al desplazamiento del padre hacia los cielos (exaltación y relegación a una distancia). En_ el mismo tra-· bajo hizo una contribución práctica a nuestro conocimiento de la sublimación en la ciencia, la filosofía y la religión, demostrando cómo la ardiente dedicación a la solución de interrogantes que no pueden tener respuesta, tales como los relativos al fin de la vida, a la dura- ción de la vida, y al destino de la vida después de la muerte, es en gran medida el resultado del desplazamiento inconciente de pregun- tas que no deben ser contestadas o no se osa contestar. El mismo amplio conocimiento encuentra expresión en varios tra- bajos más breves en el campo del psicoanálisis aplicado, tales como aquellos sobre la significación de los ritos del "día de la expia- ción" (64), la secta rusa de los cultores del yorii (25), el sagaz análi-

sis de los detalles de la leyenda de Edipo

Abraham

(95), un inte~esantísimo estudio de un bribón con el que había trope- zado, fue una meditada contribución a uno de los principales proble- fn:ªS de la criminología. REsuMEN. Al intentar resumir en pocas palabras las característi- cas esenciales de la obra escrita de Abraham, elegiríamos su carácter polifacético, que se ha puesto en evidencia en la reseña que se acaba de hacer, y el alto promedio general de excelencia que mantuvo en sus escritos; difícilmente algo de lo que escribió haya sido de valor meramente efímero, y toda su obra se destacó por las valiosas cuali- dades de sobriedad, cauto escepticismo y buen juicio. Esta uniformidad de la calidad puede quizás estar en relación con un importante rasgo del modo de pensar de Abraham, a saber, su perspectiva consecuentemente biológica. Esto proporcionó un fondo estable en toda su obra y un criterio para juzgar la probabilidad inherente o validez de cualquier conclusión general. Podemos per- mitirnos la reflexión de que de todos los muchos modos como se echará de menos a Abraham en el psicoanálisis, aquél que puede muy bien tener las consecuencias más importantes para el futuro, es- tará en relación con este mismo rasgo. El psicoanáli!fls no ha llegado todavía al punto más crítico de su desarr0llo, aunque ha sobrevivido exitosamente algunos preliminares. Eso sucederá, y muy probablemen- te dentro de los próximos veinte años, cuando se plantee seria- mente la cuestión de incorporar al psicoanálisis al cuerpo general de la ciencia. Entonces se presentará la prueba más severa para la joven

(76 y 82), y muchos otros

publicado

por

(29,

56,

59,

64,

84) .

El

último

trabajo

PSICOANÁLISIS

CLfNICO

29

ciencia, pues mucho dependerá de la alternativa de que sea absorbida

por un proceso de aceptación parcial y continua atenuación o de que despliegue la vitalidad suficiente para preservar sus cualidades esen- ciales y comunicarlas a las otras ramas de la ciencia con las que estará en contacto. Precisamente en esta tarea que está delante de nosotros hubieran sido indudablemente de singular valor las cualidades carac- terísticas de Abraham, pues él poseía una amplia y sana perspectiva

de la ciencia y de la vida en general combinada en

con una concentrada visión de la profundidad de las verdades psico- analíticas. Al estqdiar sus contribuciones originales nos llama la atención la preponderancia de temas que se refieren a los estadios pregenitales de desarrollo, incluyendo el autoerotismo y los instintos componen- tes, y al elemento del odio reprimido, especialmente respecto a la madre. El último. tema aparece una y otra vez en sus obras, y supera con mucho en extensión a sus contribuciones en la esfera del amor, la transferencia, y problemas semejantes. Es asimismo notable que un clínico de primer orden como él, un hombre para quien el punto de vista clínico era siempre el dominante, contribuyó menos a nuestro conocimiento de problemas puramente clínicos, tales como los de las neurosis de transferencia o aun las psicosis (pese a su obra sobre la locura maníaco-depresiva, que fue la de mayor importancia en ese campo) , que al de los problemas genéticos del desarrollo de la libido. Es probable que se lo recuerde más por sus contribuciones en el campo genético que, por aquellas que hizo en el terreno clínico. Si tuviéramos que seleccionar la obra individual más importante de Abraham, aunque sin olvidar nunca la variedad de sus valiosas contribuciones a todos los aspectos del psicoanálisis, elegiríamos pro- bablemente aquella sobre ,el erotismo oral. Allí describió con todo detalle sus diversas manifestaciones, reconstruyó claramente su desarro- llo interno y su evolución en fases libi'dinales sucesivas, estudió su relación. con el amor y el odio, demostró su importancia clínica res- pecto al alcoholismo, la ingestión de drogas, y especialmente, la locura maníaco-depresiva, y -en último lugar, pero no el de menor signifi- cación- nos proporcionó una reveladora descripción del importante papel que juega en la formación del carácter. Quizá la más notable lección en psicología que debamos a Abraham sea la gran importan- cia del período de succión, y las funestas consecuencias que el anta- gonismo suscitado cc:>ntra la madre durante este período puede tener en la vida posterior.

un grado raro

Queda algo por decir acerca de la personalidad de Karl Abraham, sobre su valor personal para el psicoanálisis. Hemos intentado presen- tar una estimación objetiva de lo que han significado y significan para el desarrollo de nuestro conocimiento los escritos científicos de Abraham, pero su valor para el psicoanálisis trasciende ampliamente

30

KARL

ABRAHAM

aún eso. Puede tenerse una vislumbre de su naturaleza mediante una sola consideración: en cuanto él fue el punto de apoyo central del avance del psicoanálisis en Berlín, y en toda Alemania, su influencia convirtió insensiblemente a Berlín, en muchos aspectos importantes, en el centro de todo el movimiento psicoanalítico internacional. Com-

prender el secreto de este logro es conocer a Abraham. Pues la posición dominante que alcanzó dentro del psicoanálisis no fue en lo más mínimo el resultado de alguna ambición o esfuerzo personal; ella pro- vino enteramente de la consecuencia automática de su valor intrínseco,

y allí reside

Algunos hombres han nacido para ser líderes. Está dentro de su naturaleza el ·comandar a otros. Abraham no era de este tipo. Hasta el mismo fin, como me lo dijera en el Congreso de Homburg, le pareció algo extraño ocupar una posición prominente; ello era, según sus pala- bras, ajeno a su naturaleza, y no le resultaba fácil aprehender y aceptar el hecho evidente. Su in~luencia sobre sus compañeros y el importante papel que desempeñó no surgieron de algún deseo de eminencia, sino de cualidades sólidas, de un sobresaliente valor que no podía dejar de ser reconocido. ¿Cuáles eran esas cualidades? Sólo puede responderse a esta pregunta resolviendo una antino- mia. Entre los rasgos de carácter de Abraham eran prominentes una refrescante juventud y un optimismo sanguíneo. Ahora no son rasgos que inspiren comúnmente una confianza implícita, ni se aviene gene- ralmente con cualidades tales como el cauto escepticismo y el juicio sobrio y sereno, que hemos destacado cuando consideramos el trabajo científil;:o de Abraham. Sin embargo, ambas descripciones son profun- damente ciertas. Comprender esta paradoja es obtener la clave de la personalidad de Abraham.

encanto

personal y social había indicios de otras más vigorosas que formaban

la grandeza del hombre.

Aun en

las cualidades que

dieron

a

Abraham

su gran

la base de su carácter. Era singularmente joven, e inclusive

amucha-

chado cuando

las

circunstancias eran

apropiadas;

aunque

podía ser

en ocasiones decididamente ingenioso, su más característica forma de

humor era un sereno regocijo, a menudo muy sutil. Esto le otorgaba

a su personalidad, tan encantadora para las mujeres y atractiva para los hombres, una frescura y vigor que siempre hacían de él un com- pañero o colega estimulante. Su comportamiento era invariablemente

estas cuali-

dades. Detrás de ellas había una firmeza impermeable a los halagos

fle-

xible en su trato

tan completamente; sabiendo que él' no podría ser indebidamente influído ni desde el exterior ni desde su interior, era confiado en toda situación. Esta completa confianza arraigaba fundamentalme~te en el dominio de sí.

femeninos

precisament~ porque se controlaba

jovial, cortés y

amistoso. Pero no habría que jactarse de

o masculinos.

Podía permitirse ser i;:ondescendiente

y

con los demás,

PSICOANÁUSIS CÚNICO

31

Lo mismo es cierto respecto a uno de sus rasgos más característi- cos, lo que sus amigos denominaban su incurable optimismo. Siempre se mostraba esperanzado, pese a que las perspectivas fueran tediosas

o siniestras, y su animación, junto con la

confianza que

la acompa-

ñaba, contribuyeron a menudo materialmente a producir un desenlace

más feliz de lo que parecía posible al principio. Como regla ese opti- mismo era muy adecuadamente equilibrado por un agudo sentido de la realidad, de modo que su efecto era meramente vigorizante, pero una o dos veces en su vida le jugó una mala pasada, estropeando lo que era en toda otra circunstancia una perfección de estabilidad. La capacidad de Abraham para la reserva tenía que ser discerni- da en la sencilla escrupulosidad de su modo de ser. Sin embargo, pro- bablemente inclusive pocos de sus amigos sabían cuán honda era. Sólo percibían que había en algún lugar de él una barrera más allá de la cual no se debía penetrar. Para los fines de la vida, Abraham había conseguido una organiz<ición mental singularmente estable, pero las mismas profundidades no debían ser sondeadas, quizá ni siquiera por él mismo. Nadie podía conocerlo bien sin darse cuenta de que él era uno de esos hombres que están dotados con muy excepcionales poderes de sublimación, y que había logrado un grado extraordinariamente avan- zado de desarrollo emocional e instintivo. No fue una casualidad que fuera él quien nos enseñara el que es quizás el mejor criterio del completo desarrollo mental: la superación del narcisismo y de la am- bivalencia. Pues no conoceremos muchos hombres que salgan tan bien parados como él de esta rigurosa prueba. Abraham había podido trasmutar sus tendencias egocéntricas en una notable medida, con el resultado de que pudo dedicarse entera- mente a la única meta de su vida, a saber, el progreso del psicoanálisis. Con una excepción aislada, cuya naturaleza confirma la regla, era imposible percibir en él huella alguna de ambición personal; la excep- ción fue un deseo bastante extraño de llegar a ser profesor en la Uni- versidad de Berlín, Jo cual estaba obviamente ligado al prestigio del psicoanálisis. Sus colegas de Berlín son quienes mejor saben cuán completamente se identific