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“Precolombinas” por Frank Moya Pons

Sábado, 10 de Enero de 2009

Las primeras noticias que llegaron a Europa acerca de los pueblos que habitaban las Antillas
antes de la llegada de Cristóbal Colón fueron las que escribió el mismo Colón en la primera
carta que envió a su amigo Luis de Santángel para que informara de su descubrimiento a los
Reyes Católicos.

Esta carta fue fechada el 15 de febrero de 1493 cuando Colón todavía se encontraba
navegando el Atlántico intentando regresar de su primer viaje al "nuevo mundo".

Noticias más detalladas sobre los pueblos aborígenes contactados por Colón y sus
acompañantes en las Lucayas, Cuba y Haití fueron consignadas en su Diario de navegación de
ese primer viaje.

Parecidas noticias sobre las costumbres de las gentes de las islas fueron reportadas también
por otros acompañantes de Colón en su segundo viaje realizado a finales de 1493,
destacándose entre ellos el médico de la expedición Diego Álvarez Chanca y un italiano amigo
del Almirante llamado Miguel de Cúneo.

Varios años más tarde, un fraile ermitaño de la Orden de San Jerónimo de nombre Ramón
Pané, por instrucciones de Colón, escribió una "Relación acerca de las antigüedades de los
indios", dedicada a registrar las creencias religiosas de los taínos, sus mitos y sus costumbres.

Tan temprano como en 1906, el historiador estadounidense Edgard Gaylord Bourne


("Columbus, Ramón Pané, and the Beginnings of American Anthropology") calificó esta obra
como el primer tratado antropológico americano, y a Ramón Pané como el primer antropólogo
moderno.

Después de Pané aparecieron otras obras dedicadas a describir las costumbres de los indios,
lo cual es comprensible porque la invasión española de América fue, más que todo, un gran
choque de culturas, un enfrentamiento entre mundos sumamente distintos que necesitaban
comprenderse uno a otro, tanto para guerrear entre ellos, como para defenderse, amistarse,
utilizarse y, eventualmente, integrarse unos a otros.

De aquellas obras tempranas la más "antropológica" de todas es la "Apologética Historia


Sumaria" de las Indias escrita por el clérigo dominico Bartolomé de las Casas, un enorme

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tratado escrito con la intención de mostrar que los pueblos aborígenes americanos no eran
todos salvajes ni primitivos, y que había algunos que tenían mayores virtudes de civilización
que algunos pueblos europeos.

Completan la trilogía de grandes obras que describen las costumbres de los indios taínos y
caribes la monumental "Historia General y Natural de las Indias", de Gonzalo Fernández de
Oviedo, escrita en su mayor parte mientras este autor vivió en la ciudad de Santo Domingo en
el siglo XVI, y las famosas "Décadas del Nuevo Mundo" escritas por el erudito italiano Pedro
Mártir de Anglería" a partir de las historias que escuchaba de viajeros y marinos que
retornaban de las Indias en la primera mitad del siglo XVI.

En otra obra más "histórica" que "antropológica", la "Historia de las Indias", Bartolomé de las
Casas también incluyó amplios pasajes sobre algunas costumbres de los nativos de las Antillas
y otras partes de América para mostrar cómo esas costumbres habían sido corrompidas por la
sobre-explotación de los encomenderos españoles.

Es a partir de estos autores que los historiadores modernos pueden adquirir una visión más o
menos clara de la vida social y cultural de los taínos y, parcialmente, de los caciques cuando la
utilización de sus obras se complementa con la lectura de las muchas cartas, relaciones,
cédulas y memoriales escritos en la primera mitad del siglo XVI por encomenderos,
funcionarios y viajeros que estuvieron en las Antillas o que respondían a los sucesos de las
Indias desde España.

Autores posteriores que escribieron en la segunda mitad del siglo XVI, como el historiador
oficial Antonio de Herrera y Tordesillas ("Historia general de los hechos de los castellanos en
las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales") poco añaden acerca
de la sociedad taína a lo ya dicho por Las Casas y Fernández de Oviedo.

Herrera se valió de estos cronistas para escribir su larga narrativa publicada por primera vez
entre 1601 y 1615, y consideraba que ya Las Casas y otros habían tratado exhaustivamente
esa materia. Herrera prefería concentrase, como dice el título de su obra, en los "hechos de los
castellano" en el Nuevo Mundo.

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Los primeros historiadores "nacionales", José Gabriel García ("Compendio de Historia de Santo
Domingo"), Manuel Ubaldo Gómez Moya ("Resumen de Historia de Santo Domingo") y
Casimiro N. De Moya ("Bosquejo histórico del descubrimiento y conquista de la isla de Santo
Domingo"), se apoyaron también en las obras de Las Casas, Oviedo y Herrera para la
preparación de las secciones relativas a la sociedad taína, y ello se nota.

Lo mismo puede decirse del Dr. Alejandro Llenas, quien redactó unos "Apuntes Históricos
sobre Santo Domingo", en la segunda mitad del siglo XIX, que no llegaron a editarse en forma
de libro, aunque sí fueron publicados en los periódicos "El Porvenir" y "El Orden" en 1889. Este
autor se preocupó por expandir sus fuentes e hizo uso de los autores "modernos" que en
aquella época intentaban encontrar una explicación científica a proceso de doblamiento del
continente americano.

Llenas consultó la obra de García, el Diario de Colón publicado por Las Casas, la obra de
Pané, los documentos Indias de la famosa Colección Navarrete, entre ellos la carta de Álvarez
Chanca, la carta de Colón a Santángel, y varias obras de escritores contemporáneos
desconocidos hoy por la mayoría de los dominicanos, entre ellos Nicholson ("Ensayo de
historia natural de Santo domingo") y el viajero francés A. Pinart ("Notas sobre los petroglifos y
antigüedades de las Antillas").

El mismo Llenas escribió un artículo científico de antropología física titulado "Descubrimiento


del cráneo de un indio ciguayo en Santo Domingo" (1890), estudio éste que dio la vuelta al
mundo pues fue también publicado en francés en 1891 y concitó gran interés en los asistentes
a la gran feria mundial celebrada en Chicago en 1892 con motivo del cuarto centenario del
descubrimiento de América.

Llenas fue visitado por uno de los agentes de los organizadores de esta feria (Frederick A.
Ober, "In the Wake of Columbus: Adventures of the Special Commissioner Sent by the World's
Colombian Exposition to the West Indies") y facilitó algunas de piezas arqueológicas para ser
exhibidas en Chicago en 1892.

Otros autores posteriores a éstos se limitaron a glosar los primeros capítulos de las obras de
García, Gómez y De Moya, para describir la sociedad taína, y lo hicieron de manera cada vez
más esquemática, como se ve, por ejemplo en la obra de Bernardo Pichardo ("Resumen de
Historia Patria"), y en otros textos preparados en la primera mitad del siglo XX con intención de
establecerse como textos escolares.

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En el curso de los primeros sesenta cinco años del siglo XX el conocimiento académico acerca
de la sociedad taína estuvo limitado a las fuentes mencionadas anteriormente, si es que
alguien en 1965 había tenido la oportunidad de leer a todos los autores mencionados.

De los autores dominicanos que escribieron acerca de los pobladores aborígenes de la isla en
el curso del siglo XX es importante mencionar a Narciso Alberti Bosch ("Apuntes para la
prehistoria de Quisqueya", 1912), Luis Padilla D´Onís ("Prehistoria Dominicana", 1943 ), y
Emile de Boyrie Moya ("Monumento megalítico y petroglifos de Chacuey", 1995, y "La posición
cultural de Santo Domingo en la arqueología indo-antillana", 1957).

Varios autores extranjeros como Robert A. Schomburgk (1851), Jesse Fewkes (1891),
Theodoor H.N. de Booy (1915, 1919), William L. Abbot (1922), A. J. Poole (1919), Froelich G.
Rainey (1936), Herbert Krieger (1929, 1930, 1932, 1947), José A. Cruxent (1956), Irving Rouse
(1941, 1947), Jacques Roumain (1943), Kart A. Fisher (1943, 1944, 1947), William R. Coe
(1957), y Jacques Flint (1963), entre otros, se interesaron en el mundo taíno a través de la
arqueología, principalmente, y por eso sus obras están todas orientadas a describir piezas,
cavernas o yacimientos arqueológicos.

Lejos estuvieron estos autores extranjeros de las visiones antropológicas de los primeros
cronistas coloniales, y por ello la historiografía precolombina de la isla de Santo Domingo
quedó colgada de la arqueología durante más de un siglo, tanto así que todavía en 1960
muchos creían que la prehistoria dominicana podía explicarse solamente a partir de la
arqueología.

Excepciones a esta tendencia son las obras de Hy Ling Roth (1887), Sevén Lovén (1932), y
Felipe Pichardo Moya (1956). De todos estos autores hablaremos en un próximo artículo en el
cual mostraremos también cuándo empezó a cambiar esta óptica y cómo la historia, la
antropología y la arqueología dominicanas han evolucionado hasta diferenciarse claramente y
especificar sus propios campos de estudio.

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Fuente: Frank Moya Pons/Diario Libre


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