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JOSE FELIX TEZANOS (ed.) Sea a ae | TEND EN CIAS: EN DESIGUALDAD Y EXCLUSION SOCIAT LUTTE TORSO NS OF tek AMON DIN (CLAS 95 O(CIANIES) =e ee MIM | | TN RRR RRR semmmR JOSE FELIX TEZANOS (ed.) TENDENCIAS EN DESIGUALDAD Y EXCLUSION SOCIAL ‘MERCER FORO SOBRE TENDENCIAS SOCIALES EDITORIAL SISTEMA Le -2 Direccién General de! Libro, csccons Cultura». Proélogo José Félix Tezanos El libro Tendencias en desigualdad y exclusi6n social forma parte de una tarea investigadora en la que venimos trabajando un grupo de profesores de varias Universidades espafiolas desde hace varios afios. Me refiero a la investigacién prospectiva sobre Tendencias Sociales, que ha supuesto hasta la fecha la realizacion de siete grandes encuestas de opinién publica, nueve estudios Delphi entre expertos de diferentes 4mbitos y un buen ntimero de cstudios cualitativos y andlisis sectoriales particulares. No es exagerado, por tanto, decir que se trata de uno de los esfuerzos investigadores de més entidad que ha sido abordado por Ia Sociologia espaiiola en este campo concreto en Jos tiltimos afios y cuyos resultados se han plasmado ya en varios libros y monografias cientificas que han visto la luz en su mayor parte en la Editorial Sistema. Esta publicacién se sitéa en el marco de las iniciativas desarro- 8 Tendencias en desigualdad y exclusion social {ladas en torno a uno de los proyectos de investigacién sectorial que esté siendo realizado sobre el tema de la desigualdad y la exclusién social. En concreto, el proyecto sobre exclusién ha supuesto la realizacién de una gran encuesta de opinién publica orientada a detectar la percepcién ciudadana de este problema, un estudio Delphi entre expertos espafioles en exclusién, en el que se ha intentado fijar las principales tendencias de futuro que se prevén, y catorce estudios sectoriales entre los principales gru- pos de excluidos, que han implicado la realizacin de entrevistas en profundidad, reuniones de grupo, historias de vida y anélisis de informaciones dircctas y datos secundarios. El esfuerzo de estu- dio realizado, como puede comprenderse, ha sido considerable, habiendo sido presentado y discutido piiblicamente en el III Foro sobre Tendencias Sociales, celebrado en Ja UNED durante los dias 28, 29 y 30 de octubre de 1998, con la asistencia de 135 expertos y estudiosos del tema procedentes de varias Universi- dades e Instituciones puiblicas y privadas espafiolas. En dicho Foro, junto a los profesores implicados en los proyectos de inves- tigacién, fueron invitados también algunos de los més reputados especialistas espafioles cn las cuestiones consideradas. En este libro se recogen los textos revisados de las ponencias presentadas en el Foro, una vez enriquecidas con los resultados de las inves- ligaciones mas recientes. Como el lector podré comprobar, en las paginas que siguen se intenta ofrecer un panorama completo sobre la exclusién social: desde cl andlisis de aquellos aspectos de las sociedades actuales que estan dando lugar a un aumento de las situaciones de pre- carizacion y vulnerabilidad social, hasta ¢l estudio de las pers- pectivas de evolucién y la problemitica concreta de tos principales grupos y sectores excluidys. No podemos dejar de consignar en este prdlogo que una inves- tigacién de una envergadura como 1a que estamos realizando no hubiera sido posible sin la aportacién desinteresada y generosa de las instituciones que estan colaborando en su realizacién y, desde luego, sin el apoyo constante y laborioso de todo el personal de la Fundacién Sistema, de los profesores del Departamento de Sociologia III (Tendencias Sociales) de la UNED y los funcio- narios de esta Universidad, asi como los Vicerrectorados de Inves- tigacién y de Mctodologia, Medios y Tecnologia. Entre las enti- dades que contribuyen en la promocién del Estudio sobre Ten- dencias Sociales hay que mencionar a la Fundacién Areces, la Prélogo 9 Fundaci6n ONCE, Caja Madrid, UNICAJA y las Cajas de Ahorros de Badajoz y Extremadura. De una manera particular, la investigaci6n sobre exclusién social ha contado con una ayuda complementaria del Programa nacional de Estudios Sociales y Eco- nomicos de la Comision Interministerial de Ciencia y Tecnologia (Proyecto SEC 97-1256). A todos ellos, pues, el mds sincero agra- decimiento. Introduccién Tendencias de dualizacién y exclusién social en las sociedades tecnologicas avanzadas, Un marco para el analisis José Félix Tezanos 12 ‘Tendencias en desiguatdad y evetusion social de alguna manera, se encuentran fuera de las oportunidades vita- les que definen una ciudadania social plena en las sociedades de fuestros dias. Basicamente, se trata de un concepto cuyo signi- ficado se define en sentido negativo, en términos de aquello de Jo que se carece. Por lo tanto, su comprensién cabal slo es posible en funcién de Ia otra parte de la polaridad conceptual de la que forma parte, de su referente alternativo: ta idea de «inclusién» © «integracién» social. Es decir, la expresién «exclusion social» implica, en su raiz, una cierta imagen dual de la sociedad, en la que existe un sector «integrado» y otro «excluido». En con- secuencia, el estudio de la ldgica de la exclusién social nos remite en primer lugar a todo aquello que cn un momento dado deter- mina la ubicacién de los individuos y los grupos sociales a uno w otro lado de Ja linea que enmarca Ia inclusion y la exclusion. Aunque los origenes de! concepto moderno de exclusién social suelen ser situados a mediados de la década de los aiios sctenta en el contexto de Ja cultura francesa ', lo cierto es que la idea nuclear subyacente puede rastrearse practicamente a lo large de la historia de la Sociologia. De hecho, buena parte de las cons- trucciones teéricas de algunas de las grandes figuras de la Socio- log{a han estado usentadas en la preoeupacion por Ja integracién social, por la dindmicu «dentro-fucra». Esta légica analitica se encuentra en conceptos como los de «marginacién social», «se- Biegiciin», «aislamicnton, «desviacidn», y est presente también en otras elaboraciones conceptuales més complejas, como en las feorfas de la ulignacién en su dimensién social, asi como en la construccién de algunas polaridades conceptuales, como en las nociongs de «comunidad» y «sociedad» de Ténnies ?, con las que sc intentaba enfatizar una cierta idea de la «buena» sociedad y dos modelos diferentes de inclusién social, es decir, de estar en la sociedad. Si queremos profundizar en las raices de este concepto, pode- mos encontrar también significativas conexiones con los procesos de relaciones intergrupales que implican formas bien perfiladas de alineamiento social. El caso mas tfpico, en este sentido, es cl de las clases sociales, especialmente en la medida en que impli- can compartimcentalizacioncs socialcs bastante cristalizadas. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando una clase social se encuen- tra en posicién de subordinacién, o un grupo racial o étnico se ve sometido a segregacién. En tales circunstancias, dicha clase Janaduevion 13 © grupo se ve reducido a una situacién de exclusién respecto a In «otra» sociedad, al «otro» nivel social propio de los sectores dominantes y que gozan de mejores oportunidades vitales, grados superiores de riqueza y bienestar ¢, incluso, estatutos juridicos diferenciados. Polaridades sociales de este tipo se dieron histéricamente en Jns sociedades esclavistas y en los sistemas feudales de servidum- bre, pudiendo encontrarse también alineamientos sociales y dife- renciaciones simbdlicas muy fuertes en las primeras etapas de evo- lucién de los modelos de clase propios de las sociedades indus- trialcs. De hecho, el carcter dualizador de las sociedades clasistas, que asigna posiciones sociales en términos «dentro-fuera», fue enfaticamente subrayado por teéricos sociales como Carlos Marx y Federico Engels, que llegaron a caracterizar la tendencia al ali- neamiento dual de las clases en términos culturales tan radicales que incluso hablaran de «dos pueblos», es decir, de dos clases entendidas como universos absolutamente diferenciados *. En este caso, la clase obrera era vista como el gran «otro social» excluido, formado por los que quedaban fuera de las oportunidades y pri- vilegios de la sociedad burguesa. Pero, sin embargo, a diferencia de algunas dinémicas actuales de exclusion, aquel gran «otro social» era entendido como un referente alternativo dotado de enorme capacidad de autoorganizacién e impregnacién social, que Hevaba en su propia médula cl germen de una nueva sociedad. Asi, pues, aunque el fenémeno actual de Ja exclusin presenta rasgos especificos, debe entenderse desde la perspectiva general de los procesos de dualizacién y segregacién que han existido a lo largo de toda la evolucién social. Procesos gue, aun en sus dimensiones particulares y microsc6picas, forman parte de la l6gi- ca especifica de los grandes alineamientos sociales, como es el caso de las clases sociales, cuya dindmica esta iaserta en un con- junto de procesos que forman parte de una dialéctica de «inclu- sién-exclusién» que ha ido adquiriendo diferentes plasmaciones en el tiempo, en funcién del propio curso social y econémico *, En las paginas de este capitulo introductorio intentaremos explicar cual es la caracterizacién actual de la l6gica de la exclu- sidn social, cudles son las principales tendencias futuras que se estén apuntando y cémo se conecta su dindmica especifica con la evolucion de los sistemas de estratificacion en las sociedades tecnolégicas avanzadas. Especial atencién prestaremos a la mane- tl Tendeacias on designaldad y eveluvion social ra en que [a intensificacidn de cierlos procesos de exclusion esta alimentando el desarrollo de sectores sociales cada vex mds per- filados, a los que una parte de Ja literatura suciol6gica —sobre todo anglosajona— califica como «infraclases». En este sentido, hay que tener cn cuenta que en su origen tanto esta expresién como fa de exclusién han surgido para describir realidades so- ciolégicas nuevas que no se podfan «referir» adecuadamente em- pleando conceptos tradicionales, como «pobreza», «clases socia- les», etc. Por Jo tanto, en su concrecién y desarrollo analitica (de las causas y los procesos), existe una cierta convergencia, o al menos un cierto paralelismo, entre ambas nocioncs. De manera preliminar podemos decir, pues, que con cl término «exclusién» se pone el acento basicamente en los procesos sociales que estan conduciendo al establecimiento de un modelo de «doble condicién ciudadana», mientras que los «excluidos», o al menos algunos grupos de cierta homogeneidad y localizacién concreta, estén configurando nuevas «infraclases». Es decir, la exelusién es un proceso de segregacién social, mientras que las infraclases son grupos sociales 0 cuasi-clases formadas por las victimas principales de dichos procesos de exclusion. 2. ALGUNAS PRECISIONES CONCEPTUALES El concepto de exclusion social requiere ciertas precisioncs que permitan diferenciarlo de otros conceptos préximos 0 conexos, que se refieren a formas andmalas 0 criticas de insercién social y de pertenencia grupal, o que denotan situaciones objetivas de carencia o necesidad. Con la expresi6n exclusién social nos refe- rimos a una manera de estar en la sociedad que tiene una espe- cificidad propia y cuya definicién implica una determinada con- cepcin del orden social —en términos de debe ser— que se encuentra asociada a una interpretacién especifica del devenir social. En principio, hay tres bloques de conceptos relacionados con dutroduecion D> © et un modo de obrar concreto, sca este apartamiento voluntario © involuntario, Los dos dmbitos principales de consideracién en dicho «cstar apartado» o «ser apartado» son el cultural y el étnico © racial. Asi, por ejemplo, el concepto de desviacion social se emplea para referirse a aquellos comportamientos sociales que ho se ajustan a las normas o valores predominantes entre los miembros de un grupo o una sociedad. El concepto antagénico u desviacion es conformismo o conformidad social. En ambos casos la idea de referencia es la de aceptacién y ajuste —o rechazo voluntario— a determinadas normas y formas de comportarse en sociedad. Sin embargo, en Sociologia sc emplean también otros dos términos que denotan un apartamiento o alejamiento del nucleo central de una sociedad o grupo, que no es de cardcter voluntario sino forzado, y que generalmente se encuentra asociado con variables de raiz étnica o racial. Estos conceptos son el de marginacién social, que se ubica en el terreno més amplio de lo cultural, y el de segregacién social, referido mas centralmente al campo de las acciones 0 regulaciones voluntarias —incluso san- cionadas juridicamente— que tienden a situar a ciertas minorfas étnicas 0 raciales en posiciones sociales secundarias y carentes de algunos derechos, libertades y oportunidades vitales. En algu- nos casos la segregacién se acompaiia de la manifestacién publica de sentimientos de rechazo y repudio, que nos remiten a la nocién de estigma. Estos conceptos delimitan una situacién de «estar apartado» 9 «ser apartado» de los estandares de una sociedad o grupo que marcan una graduacién de énfasis y elementos de diferenciacién social que en las socicdades multiculturales de nuestros dias pre- sentan muchas complejidades y matices. Por ejemplo, la desviacién social, el aislamiento y la diferenciacién pueden ser resultado de una iniciativa voluntaria y consciente, como en el caso de los hip- pies, de los bohemios y de todos aquellos individuos y grupos que adoptan modas, costumbres y formas de actuar que Jos apartan notablemente —los desvian— de los modclos habituales de com- portarsc en la sociedad; y a los que —por cierlo— pueden volver Ja problemética que estamos analizando v aue.nuelep.nasmaitir. y-ceseuce en cnalanier momen .si.av.Je,descan.Sia.amharsa cowhide, susie entender mejor las raices de la nocién de exclusién social. Un primer bloque est integrado por aquellos conceptos que ponen el acento en vivencias sociales que implican un apartamiento de los estandares predominanies en una sociedad o en una cultura pueden darse manifestacioncs de marginacién social no asumidas voluntariamente en personas o grupos con algunas especilicidades particulares, por ejemplo, cn el barrio, en la escuela, entre los compafieros de trabajo, etc. En estos tiltimos casos, los efectos 16 Tendencias en desiguatdad y exclusion social del «apartamiento» suelen ser menores que cn ¢l supuesto ante- rior y presentan un cariz diferente, ya que no son resultado de acciones 0 iniciativas yoluntarias de aquellos que son objeto de la marginacién. En un tercer nivel se encuentra la segregacién social y la dis- criminacién que sufren las personas de algunas razas y minorias ' étnicas, y que en algunos casos van acompariadas de la sancién ; social negativa del estigma. Este es el caso de la segregacién pade- 1 cida por los emigrantes africanos en los paises europcos, por Jos gitanos 0 por la poblacién de color en muchos paises de mayo- ria blanca. Casos extremos de segregacién han sido los padccidos H por los negros en Estados Unidos hasta la aprobacién de las leyes de derechos civiles en la década de los afios sesenta, ast como cl sistema de apartheid de Sudafrica, 0 las crueles per- sccuciones sufridas por los judfos en la Europa de los afios treinta y cuarenta, hk Los procesos sociales considerados en este primer blogue \ cubren un amplio espectro de posibilidades en funcién de su caréc- ter individual 0 colectivo y voluntario o padecido (vid. cuadro 1). Estas posibilidades pueden ir desde el apartamiento voluntario ih de Ja socicdad de un joven que se deja pelo largo, que viste de manera poco convencional y hace una vida bohemia alejada de i los esténdares predominantes, hasta el emigrante marginado o el negro que es obligado a vivir en ciertos barrios, © sentarse en ciertos asicntos de los transportes pablicos o —en el extremo mas radical— el judio que es victima de una persecucién que atenta contra su propia vida. Cuanro { | Tipologias de la diferencia ah " Aislamento Diferenciacion Hl Voluntana Desyiaciéa Resistencia Marginaciéa| Diseriminaesin Descalificacién Segregacion Un segundo bloque de conceptos conectado a la problemAtica , que nos ocupa se sitta en un terreno directamente econdnuco, Intraduceion 17 uburcando aquellas circunstancias que pueden ser englobadas en ln iden de pobreza o carencia de recursos. Los procesos de apar- lamicnto de raiz étnica y cultural presentan también importantes dcrivaciones econdmicas, ya que, por lo general, los que se «apar- tan» © «son apartados» tienen menos medios y oportunidades vita- ies, Sin cmbargo, los conceptos a los quc antes nos referimos ponen el acento en los modos de estar 0 no estar en la sociedad v en cl grupo, en ser 0 no ser apartados, marginados o segregadas. Iin cambio, con cl concepto de pobreza se pone el acento espe- effico en la carencia de ingresos materiales suficientes como para poder vivir dignamente. La nocién de pobreza en Ultima instancia alude a factores materiales cuantificables, a aquellos pardmetros que en una sociedad pueden ser considerados en un momento determinado como e! minimo vital necesario para poder vivir ade- cuadamente. El pobre es el que carece de estos medios y, por lo tanto, lo es en un sentido contextual, en funcién del propio desarrollo global y de los estandares de Ja sociedad en la que vive. ~ En nuestros dias, los especialistas en el tema han hecho un esfuerzo notorio por concretar esta problematica, proporcionando datos e indicadorcs bastante precisos de la pobreza en los distintos escenarios mundiales. Las Naciones Unidas han establecido inclu- so una definicién de los minimos vitales que marcan el umbral de la pobreza, en referencia a condiciones de salud, educacién, trabajo, vivienda, ingresos, nivel de vida, etc., formulando indices especificos de pobreza (IPH-1 ¢ IPH-2) y de desarroilo humano (IDH), que son utilizados en los Informes sobre desarrollo humano que se publican todos los afios. Mas alla de estas precisiones y de la importancia de la literatura sociolégica sobre el tema 5, lo cierto es que el concepto de pobreza se agota en el acotamicnto de una situacidn objetiva y objetivable. En su raiz ultima la nocién de pobreza implica cierta conmise- racién (incluso Ja expresién tiene significados ambivalentes en el lenguaje comin) y apenas trasciende analiticamente el terreno estadistico. No explica procesos sociales precisos, ni proporciona en principio un conocimiento profundo de la estructura social. Los pobres son vistos como una realidad estética, como algo que est4 ahi, en la sociedad, y cuya presencia incluso se justifica en ocasiones afirmando que siempre ha habido pobres y que siempre los habra. Practicamente, la nica conclusién que se desprende In Tendencies en devignaldiul y exclusion sectat de la mayor parte de los andlisis sobre La pobreza ex que de tos pobres hay que ocuparse, bien cn un plano meramente benético © caritativo, o bien en el plano de las politicas asistenciales publi cas. Un tercer bloque de conceptos al que debemos prestar atencién es el que se relaciona con la problematica de la alienacién. Como es sabido, el concept de alicnacidn tiene sus raices en el pen- samiento de Hegel y Feuerbach, aunque fue Marx cl que lo doté de un sentido mas preciso, cifiéndolo a procesos econdémico-so- ciales concretos. Cicrtamente, la teorfa de Ja alienacién es mas compleja de lo que algunas divulgaciones simplistas pudieran hacer pensar y ofrece aigunas posibilidades de andlisis fructiferos que no han sido suficientemente exploradas °. Pero, a cfectos de nuestro anilisis, lo que aqui nos interesa subrayar es que hace referencia a procesos hist6ricos especificos (el caracter alienante del trabajo bajo el régimen capitalista de propiedad privada), que dan lugar a vivencias sociales que hacen que los hombres se sien- tan ajenos y extrafios en una cuddruple dimensién: respecto al producto de su trabajo, respecto a sus propias capacidades pro- ductivas, respecto al ser genérico —o esencia social— del hombre (como consecuencia de lo anterior) y Tespecto de los demas hom- bres en su conjunto, es decir, de la sociedad establecida {como derivacién de los tres aspectos indicados). Precisamente esta ultima dimensidn-sintesis de «alienacién social» es la que puede utilizarse en nuestros dias para analizar los procesos de extratiamiento social y de difusién de sentimientos de estar como «ajenos a la sociedad» que sc dan entre bastantes Personas, como consecuencia de la vivencia de situaciones labo- rales especialmente negativas (o «alienantes» de acuerdo a la ter- minologia clisica), Ahora bien, de la misma manera que hasta ahora estos procesos de extraiamiento social o enajenacién se habian estudiado en referencia a vivencias intralaborales, lo que podriamos preguntarnos es: épor qué no considerarlos también, en su dimensién de alienacién social, respecto a las vivencias de quienes estan siendo apartados por periodos de tiempo muy dila- tados de la propia oportunidad de realizar un trabajo?, cacaso €n estos supucstos no existe también una negacién radical de las posibilidades de desarrollar fructiferamente las capacidades pro- ductivas y creativas del set humano y, por lo tanto, de actuar conforme a la propia naturaleza —o esencia social— de su ser Introduccion 19 gencrico? Ls decir, tener o no tener un trabajo «normal» implica en las sociedades actuales un riesgo serio de quedar fuera de los purametros estandarizados de pertenencia e integracién social. O In que es lo mismo, puede significar quedar alienado de la «so- cledadl>, Lo que habria que plantearse, por tanto, es si deter- ininadas formas de exclusién social no suponen en el fondo mani- lestacioncs proximas a las dimensiones de la alienacién de las que hublé Carlos Marx, especialmente en algunos de sus escritos de juventud. Una perspectiva sociolégica sugerente en torno a la proble~ matica del extraiiamiento social, o Ja ajenidad, la podemos encon- trar también en las consideracioncs de Georg Simmel sobre la «antinomia de! pobre», o la «proximidad lejana» y extraiia del extranjero inmigrante. La «deslocalizacién» de los pobres en las sociedades modemas, sin vinculos de conexién (de dependencia, proteccién 0 pertenencia) con las viejas comunidades 0 munici- Pios, 0, desde perspectivas diferentes, con Iglesias, castas u otros grupos de referencia, da lugar, segiin apunta Simmel, a un corte 0 ruptura de la l6gica de la acci6n reefproca, que hace desaparecer al pobre como «sujeto legitimo y punto central de los intereses en juego en el espacio social»; io coloca aproximadamente «en la situacién de individuo extrafio al grupo y que se halla mate- tialmente, por decirlo asi, fuera del grapo en que vive» 7. De la misma manera el circulo espacial de la posicion social del extran- jeto se ve afectado, segiia subraya Simmel, «por un matiz de extra- fieza, hasta en las relaciones mas intimas». Como miembro del grupo o de la sociedad el extranjero —dira— «esta al mismo tiem- po proximo y lejano» 8, Recapitulando lo dicho hasta aqui, podemos considerar que una dc las virtudes del concepto moderno de exclusién social es que, de alguna manera, recoge en una nueva sintesis elementos de los tres bloques de conceptos a los que aqui nus hemos referido. Es decir, tiene una dimensi6n cultural (como las nociones de SegregaciOn, marginacion, ete.), una dimensién o unos efectos eco- némicos (como la pobreza) y, a su vez, permite situar el andlisis de la cuestin social en la perspectiva de procesos sociales con ctetos relacionados con fa problemitica del trabajo como meca- nismo fundamental de insercin social (al igual que en la teoria de la alienacién, pero en un sentido distinto). Esta concurrencia de perspectivas analiticas contiere al concepto de exclusion social 20 Tendencias en designaldad y evctasion social una densidad tedrica y una riqueza analitica que lo hace ba Gtil y pertinente para focalizar una problema acuciante en las sociedades de nuestro tiempo. Pero, aunque todo esto es cierto, atin nos falta afiadir un matiz importante para poder comprender cabalmente ta dindmica de la «exclusién social», Como es sabido, ni en los diccionarios y as enciclopedias de Sociologia, ni en la literatura sociolégica habi- tual era posible encontrar, hasta hace pocos aios, definiciones de este concepto, ni tampoco desarrollos de alcance que inten- taran sistematizar una teorfa general sobre el tema. De ahi que su comprensi6n atin esté muy influida por el uso comén de la expresién y por las ideas generales que connota. Por ello, es importante subrayar los aspectos s de esta comprensién social. El diccionario de la Real Academia Espafiola, por ejemplo, define la «accién de excluir> como «echar a una persona o cosa del lugar que ocupaba», al tiempo que cl Maria Moliner pone el énfasis on Ia idea de «quitar» algo o a alguien «de un lugar en el que le corresponde estar o figurar>’. Es decir, la nocién de exclusién, incluso en su acepcién comin, connota una cierta idea de regresién 0 retroceso, de proceso que conduce a quitar algo que se habia alcanzado, o a lo que se ticne o tenia derecho. Lo cual conduce a fijar la atencién en una faceta que subtayamos al principio de este texto, cuando sefialabamos que la exclusion solo puede ser definida en términos de aquello de lo que se es excluido, es decir, de! nivel de vida y del modo de insercin laboral y social propio de un sistema de vida civilizado y avanzado. Desde la perspectiva hist6rica actual, este modo de vida es el que ha sido alcanzado en buena parte de los paises occidentales y que ha estado protegido y garantizado en el marco del Estado de Biencstar. Por lo tanto, el elemento clave a considerar en cl andlisis nos remite al concepto antagénico, en el que, como negacién, adquiere la nocién de exclusi6n su significado referencial mds preciso —es decir, la concepcién de cindadania social—, a partir de la cual hay que estudiar los procesos sociales concretos que estén dando lugar a la dinémica de la exclusion social, en su doble vertiente de proceso social interno —el camino personal por el que se pucde ir de la integracién a la exclusisn—, asi como en su dimensién global, es decir, como proceso de mutacin general que da lugar a una nueva caracterizacién de la «cuestin social» que esté impli- ae dntraduecion 21 cundo li apertura de quiebras sociales profundas con graves ries- gos «le adlesvinculacién» o «desinsercién social». 3. LA FISONOMIA SOCIAL DE LA EXCLUSION En ¢stos momentos disponcmos de muchos informes e inven- tarios estadisticos que muestran la evolucién de las desigualdades y las carencias sociales en todo el mundo. En Jos ultimos afos organismos internacionales como la ONU, !a OTT, la OCDE y el Banco Mundial han publicado documentos que han tenido un. gran impacto y que ofrecen un panorama de tendencias preo- cupantes. GQué esté ocurriendo en las sociedades de nuestros dfas? —se preguntan algunos—. £Qué efectos sociales y qué con- secuencias politicas van a tener las tendencias apuntadas? éCémo. constatar, cuantificar y evaluar lo que esta sucediendo? La verdad es que, més all de las estadisticas y de la frialdad de los datos oficiates, el aumento de la pobreza, de las desigual- dades y de la exclusién social se puede constatar a simple vista en el entorno social de auestras ciudades, aunque en ocasiones Ia cotidianidad de algunos datos impide tomar una conciencia pre- cisa de su verdadero significado y alcance. Cuando determinados hechas resultan especialmente enojosos, y afectan la propia segu- ridad y la autoestima personal, hay quienes no pueden remediar la inclinacién a girar la cabeza y mirar para otro lado; incluso hay quienes reaccionan intentando cerrar las puertas de su entor- no, de su casa, como ocurria cuando amenazaban las epidemias medievales y se pensaba que de esta manera se hacfan mas inmu- nes a los contagios. Pero los hechos estan ahi, en nuestro entorno més directo e inmediato. Incluso, para aquellos que no son exper tos y no estén acostumbrados a consultar estadisticas e informes, basta con abrir bicn los ojos y mirar alrededor para entender lo que est4 ocurriendo. En la television a veces se proyectan reportajes sobre la natu- raleza que nos ilustran sobre el significado de esta disposicin a «abrir bien los ojos». Una persona puede pasear distraida por el bosque y no darse cuenta de toda la increible riyueza de la vida que esta presente en la naturaleza. Pero, como nos muestran esos reportajcs de fa television, si se acota una pequefia parcela de bosque y se mira bien debajo de la hojarasca, detrds de las a Fendenetas en desigualdad y eve tusion ort Piedras, en las ramas de los arboles..., uno acaba Muaravillingdose de la enorme variedad de las formas vivientes y de La intensidad de los procesos de interaccién que tienen lugar en slo unos poces metros cuadrados. Pero, para ver todo esto hay que estar dis- Puestos a detenerse y a observar con atencidn, Tgual ocurre en nuestras grandes ciudades. Si observamos bien podemos descubrir a simple vista toda la problematica social de la exclusién y la extension de los procesos de dualizacién social. En alguna ocasién he escri Lo, en este sentido, sobre la «calle Fuen- carral». Se trata de una concurrida calle madrilefia en Ja que en Pocos metros se puede descubrir una densidad de hechos sociales que nada tiene que envidiar a esos reportajes sobre la Naturaleza los que me acubo de referir. En cl trayecto que habitualmente Tecorra desde un aparcamiento piiblico hasta el piso on que se encuentran las oficinas de la Fundacion Sistema, en apenas cin- cuenta o sesenta metros, cualquicra puede oparse con un mosaico de situaciones que constituyen un muestrario bastante expresivo de muchos de los problemas sociales de nuestro tiempo. En las escaleras del aparcamiento una gitana con un nifio en brazos y lun anciano silencioso piden limosna. A la salida una mujer vende flores. Unos metros mas allé unos jévenes y una familia de emi. Srantes venden La Farola, La Calle 0 También Contamos. Frente al siguiente portal un joven de aspecto triste toca el acordeén, En el dinte! de un comercio cerrado dormita una persona cubierta de cartones. Mas all4 se encuentran instalados varios tenderetes €n los que otros jévenes venden artesanfas y mercancias baratas. En la esquina, un joven hierético contiene la respicacién para «ha, cer la estatua» hasta que unas monedas tintinean en el platillo que ha dejado a sus pies. Muchos dias el especticulo se completa con otros jévenes que aprovechan el semiforo para intentar ven- der paquetes de pafueios de papel o limpiar los cristales de los vehiculos, mientras que a las horas punta se pueden observar los Pasos apresurados de fos mensajeros, los tepartidores de comida rapida y de los muchachos y muchachas que acuden a las oficinas 4 enlregar encuestas realizadas a «tanto la pieza», o las paginas de traduccién, o los folios mecanograliados para la copisteria de da esquina. Y nuestra informacién atin podria completarse mas, si al igual que en las series de televisién, pudiéramos levantar las piedras o remover la hojarasca, para conocer mejor los pro- blemas de los parados, de los jubilados que viven en las viviendas fatraduceion 23 aus vetustas de ka zone con una pension de apenas 60.000 pesetas, 0 los dependientes y camareros jévenes de los establecimientos ¢ercanos que tienen contratos precarios y no ganan lo suficiente como para poder vivir por su cuenta. Las cstadisticas espafolas registran una cifra cercana a los tres millones de desempleados, de los cuales mas de un millén Hevan més de dos aitos buscando trabajo, con un paro juvenil cn torno al 40 por 100, y una tasa de poblacién activa femenina de s6lo cl 37 por 100, un volumen de pobres que los diferentes cstudios estiman en torno a los ocho millones y medio”, un nimero de personas que no tienen hogar («sin techo») que se sitta entre 50.000 y 200.000, ai tiempo que 800.000 individuos habitan en infraviviendas y 2.875.000 residen en «barrios desfavorecidos» "en las ciudades de m&s de 50,000 habitantes, ascendiendo esta cifra a mds de cuatro millones si considcramos a toda la poblacién tesidente en municipios de mas de 20.000 habitantes. Pero como decimos, muchas veces no es necesario acudir a las estadisticas; basta con abrir bien los ojos y mirar alrededor para entender lo que esté ocurriendo. Con el agravante afiadido due supone qhe estos procesos se manifiesten en paralelo a la prosperidad creciente de aquella parte de la poblacién que se encuentra cn mejores condiciones econémicas. En realidad, cuan- ta mas ostentacién se hace de la riqueza y la prosperidad de algu- nos, mds insufrible resulta la precuriedad y las necesidades sociales de todos aquellos que se ven obligados a contemplar el banquete desde el otro lado de los ventanales del club de la buena mesa, El panorama que estamos comentando no es privativo de algu- nas ciudades espafiolas, sino que fenémenos como Tos que pode- Mos constatar con una «observacion atenta» de algunas calles sc pueden encontrar en précticamente todas las ciudades de ese mundo privilegiado que es Europa y en general en los paises de la OCDE, que estén atrayendo como un iman a un mimero cre- ciente de emigrantes procedentes de paises en los que la miseria y las necesidades adquieren dimensiones mucho mis apremiantes. Los datos objetivos sobre las situacioncs de pobreza y desi- gualdad en el mundo son cada vez mas inquietantes. El Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU de. 1998 puso de relieve que las tendencias hacia mayores desigualdades interpersonales € interterritoriales contindan acentudndose a un ritmo intenso, subrayando, por ejemplo, que «a los paises industrializados, con 24 Tendencias en designatdad y evelusion soctal Introduccion 25 GrArico | Evolucién de las diferencias mundiales de ingresos entre el 20 por 100 que mds tiene y el 20 por 100 con menos recursos 80: Tadice de pobreza humana Exclusién social Vaaice de pobreza harnana (1PH2} [ee tees ndtentoados 4. , pag. co dele meses actoal olan daira) 1995 15 3,2 40 13 ip 6L 49 0,6 2,0 43 £2 26 13 13,0 38 76 OS Fuente ONU.Injormes sobre desarrollo huwnano, vars sion. ot el 15 por 100 de la poblacién mundial», les corresponde «el 76 por 100 del consumo mundial», al tiempo que la brecha de dife- rencias generales entre el 20 por 100 que més tiene y el 20 por 100 con menos ingresos cada afio es mayor (vid grafico 1). De igual manera, ios datos espectaculares proporcionados por la ONU en 1996 que revelaban que sélo 358 personas concentraban tanta riqueza como el 45 por 100 de la poblacién mundial, en a Tanta 1 Indice de pobreza humana (IPH-2) de Jos patses industrializados a ingreso en cuanto Privacién srewnalmente (9 de 16 “a 65 aris de edad) 2 laos 32% 285 1998 quedaron superados por una nueva informacién, sogin la g)883 11111 S222 1588 en cuanto cual sélo 225 personas tenian tanta riqueza personal como 2.500 millones, con el caso extremo de las tres grandes fortunas que son superiores al PIB de los 48 paises mas pobres. Pero el pro- blema no esiriba solamente en la magnitud alcanzada por las desi- gualdades, sino que éstas se producen en un contexto general de graves carencias basicas para sectores muy amplios de la poblacién de esic planeta !?, Las desigualdadcs no se localizan solamente en Jas nacioncs menos desarrolladas, sino que también en los paiscs mas ricos hay graves carencias. En el Informe de la ONU de 1998 se recuer- da que en los paises de la OCDE hay més de cien millones de pobres. De casi 200 millones de personas no se espera que sobre- vivan los sesenta afios de cdad. Mas de cien millones carecen Aa conociimiento Poblacidn fa canalfabeca ( Informe sobre Desarrollo Hamano 1998, Mundiprensa, Madrid, 1998, Fuente: ONU, Paises Bajos ‘Alemania Dinamarca Canada Bélgica Australia Japon ‘Suecia 46 fendencias en desiguatled y evelusion social de hogar, alrededor del 8 por 100 de los nifos viven en condi ones le pobreza y mis de 37 millones carecen de emplen ! (vid tabla 1). Incluso, en la préspera Europa Jas cifras no dejan de ser alarmantes, Uno de cada scis hogares vive en la pobreza, lo que equivale a 57 millones de individuos (un 17 por 100 de los europeos), en el 15 por 100 de los hogares con un adulto en edad activa nadie tiene trabajo, mientras que el ntimero de personas sin hogar asciende a 5 millones“. Estos datos perfilan, en su conjunto, una evolucién hacia un tipo de sociedades dualizadas y amenazadas por el riesgo de graves fracturas sociales, en las que incluso parece que esta perdiéndose 1a sensibilidad por los problemas sociales a fa que se habia legado en los afios en los que se mantuvo el consenso sobre cl Estado de Bienestar. La dindmica de estos hechos no es fruto del azar, sino que obedece a estrategias coneretas que hunden su ratz en contextos sociopoliticos bien Precisos. E] aumento de las desi- Sualdades es uno de los efectos del abandono durante los tiltimos lustros de politicas coneretas que pusieron el énfasis on los ort. terios sociales y de empleo '¥, A efectos del andlisis que estamos tealizando aqui, no vamos a detencrnos en esta cuestién que es desarrolluda especiticamente en el capitulo IIL, donde analizo cl contexto sociopolitic de los procesos actuales de exclusion, Sim- plemente ahora debemos retener la atenciéa sobre la problemé- tica generada por el aumento del Paro cn un contexto general de profundas modificaciones cn la propia manera de realizar los trabajos, en cuanto a su naturaleza, modalidades, remuneraciones, duracién, etc., para intentar situar la definici6n actual de la «cues- tién social» en su contexto histérico preciso, 4. EL CAMBIO DE Los MODELOS PRODUCTIVOS Y LA EXCLUSION SOCIAL En los iiltimos afios se ha ido gestando un grado apreciable de consenso entre Ios analistas en torno a tres aspectos impor- tantes de la actual dindmica social: Primero, las desiguaidades estan aumentando de manera importante '. Segundo, este aumento se encuentra relacionado con el predominio politico de enfoques poco sensibles a la solidaridad social. Y, tercero, dicha dindimica tiene fuertes raices en Ta IWgica de los itucyos modelos... ~-prbuticnvos emergentes, Intratuceton 27 EL informe de la Unién Europea Hacia una Europa de la Soli- daridad resaltaba en 1992 la creciente preocupaci6n por cl aumen- to de [a exclusién social, al tiempo que subrayaba que los debates sobre el tema coincidian en sefialar «el cardcter estructural del fendémeno, que conduce a que se instale en el cuerpo social un mecanismo que excluye de la vida econGmica y social y de ta par- ticipacion en la prosperidad a una parte de la poblacién..: el pro- blema —segiin se indicaba en dicho informe— ya no se limita «las desigualdades entre la parte alta y la baja de la escala social (arriba-abajo), sino que se amplia al de la distancia, dentro del entramado social, entre Jos que se encuentran en el centro y quie- nes estan al margen (dentro-fuera)». Por ello —se concluia— «ha- blar de exclusi6n social es, ante todo, poner de relieve los ctectos de la evolucién social» "7. Las transformaciones sociales estan conduciendo a un aumento de la exclusi6n social a través de diversos mecanismos e instancias concretas. Ulrich Beck ha puesto el acento, por ejemplo, en la propia légica actual del capital en las nuevas coordenadas de los sistemas econémicos, Estamos —dira— en «el inicio de una fase en la que 1a productividad del capital crece sin trabajo. En la era global rige que cada vez hay més trabajo (disponible) y mas barato y el capital resulta cada vez mas escaso y més caro, Por tanto, las tentas decrecientes del trabajo y las rentas crecientes del capital generan una escisién en aumento entre el mundo de 3 cada vez —concluiraé— hay mas grupos itoriamente afectados por el paro y la mise- Organizaciones como la OIT estan intensificando sus lamadas de atencién ante el aumento del desempleo y la precarizaci n del trabajo subrayando la tendencia a que «en el futuro habra mas victimas y menos trabajadores en situacién estable», recla- mando un «nuevo contrato social» que «luche contra el desempleo y la inestabilidad de los ingresos, contra unas desigualdades cada vez mayores, incluso entre los trabajadores, y contra el peligro de que se acenttc la disparidad cntre ganadores y perdedores» ¥, Buena parte de los estudios sobre la exchesidn social estan poniendo el acento en Ia «exclusién del empleo», como elemento desencadcnante de las demas manifestaciones de carencia (en “viviehaa, education, calidad de vida, ctc,), Esta exclusién del empleo tiene que ser situada en cl marco general de las nuevas ay Tendencias en destguakdad y evelusion social condiciones laborales, sociales y politicas que concurren en lon Procesos sociales globales cn los que nos cncontramos, Gavi Taparra y Aguilar han Hamado la atencién sobre la emergencia de una socicdad dual, afectada Por el predominio de un modelo posfordista de empleo, en el que «se va dando paso —dirdén— @ un nuevo tipo de trabajador en unidades productivas mas des- centralizadas, con menor presencia sindical, con menor estabilidad en el empleo y mayor flexibilidad en la jornada de trabajo, con menos garantias y unas relaciones luborales cada yez menos defi- nidas por un gran pacto entre los agentes sociales a cscala estatal y menos intervenidas por el Estado... La Precarizaciéa, por tanto —concluiran— esté relacionada con algunas de las principales tendencias de la sociedad actual» ”, El circulo analitico se intenta cerrar por parte de aquellos auto- res que sostienen que la actual dindmica desigualitaria y el aumen- to de la exclusién social se encuentran inscritas en la l6gica interna del nuevo modelo de sociedad emergente. La creciente comple- Jidad y tecnologizacién de los sistemas productivos da lugar, en este sentido, a una segmentacién muy acusada de las necesidades de fuerza de trabajo, Por una parte, se necesita un personal alta- mente cualificado y preparado para Ju realizacién de tareas fun- damentales en discfio, programacién, funcionalidad técnica, etc,, Y, a su vez, de sectores que no precisan grandes cualificaciones ¥ Cuyas tareas pueden sor realizadas (sustituidas) cada vez en mayor grado por robots y sistemas autométicos de trabajo. Logi- camente, el diferente grado de necesidad funcional de estos dos pos de empleados da lugar a oportunidades laborales y, sobre todo, a niveles salariales bastante diferentes entre sf. Manuel Castells en su trilogia sobre La era de la informacion, ha puesto el énfasis en la existencia de «relaciones sistémicas» entre el nuevo modelo emergente de «capitalismo informacional, las tendencias de las relaciones de produccidn y las nuevas ten. dencias de las relaciones de distribucién. O, en pocas palabras ~—diré—, entre la dinémica de la sociedad red, la desigualdad y la exclusi6n social» 24, Ei anilisis realizado por Castells le lleva a concluir que «la desigualdad y la polarizacién estén prescritas en las dinémicas del capitalismo informacional y prevalecerén a menos que se emprenda una accién consciente y Sostenida para compensar estas tendencias» **, La légica de las nuevas relaciones de Produccién, Introduccion 29 de ln nueva geometria del poder y de las nuevas formas de dis- iribucién de los recursos y los beneficios estén dando lugar anue- vos sistemas de estratificacion social, en los que determinados individuos y grupos sociales se encuentran en posiciones cada vez mis sccundarias y prescindibles en el mercado laboral. De esta manera, la «mano de obra genérica», del mercado, al tiempo que da lugar a la difusién de sensaciones de «vulnerabilidad social», «apartamiento» y «pérdida de sentido de pertenencia social». . En Jos Informes de la Unién Europea se define la exclusién social en referencia a «la imposibilidad de gozar de los derechos sociales sin ayuda, en la imagen desvalorizada de si mismo y de la capacidad personal de hacer frente a las obligaciones propias, en cl riesgo de verse relegado de forma duradera al estatus de persona asistida y en la estigmatizacién que todo ello conlleva para las personas y, cn las ciudades, para los barrios en que resi- den» ®, La exclusién social, pues, se entiende como «un concepto dindmico» y mucho més amplio que cl concepto de pobreza. «Mis claramente —se dird en un informe del Parlamento Europco de 1998— que el concepto de pobreza, que con demasiada frecuen- cia... hace refcrencia exclusivamente a los ingresos, sefala también el caracter multidimensional de los mccanismos en virtud de los cuales los individuos y los grupos quedan excluidos de tomar parte en el intercambio social, de las practicas que componen los dere- chos de integracién social y de identidad; al subrayar los riesgos de que aparezcan fracturas en el tejido social, sugiere algo mas que desigualdad social y eva consigo el riesgo de una sociedad fragmentada» . ; Podemos decir, pues, que existe una cierta convergencia en torno a la idea de que la exclusidn social debe ser entendida basi- camente como «negacién de derechos sociales» y «oportunidades wv Fonilenctas en desigueldad y evclusion sectal vitates fundamentitess Como hemos indicado, ann de {ns vir- tudes de este concepto es que se tratt de «ann nocién dindmica que permite designar, a la vez, tos procesos y {as situaciones que resultan de tales procesos» *!, Procesos que nos sittian en fa pers- pectiva de una problematica social propia de las sociedades pos- tindustriales, mientras que la nocién de pobreza tiende a ser situa- da cn el marco de Jas sociedades industriales o tradicionales En consecuencia, todo lo que ilevamos expuesto permite esta- blecer con més precisi6n un marco conceptual definidor de la noeién de exclusién social a partir de sus diferencias con el propio concepto de pobreza (cuadro 2). A pesar de que la integracién de las diferentes teorias socio- lgicas que se ocupan de los problemas de la desigualdad, la pobreza, la marginaci6n, ctc., adn dista mucho de ser satisfactoria, Cuanro 2 Diferencias entre las nociones de pobreza y exclusién social Rasgos de diferenciaciin Pobreza Exclusion socal Sirwaciéa Fs un estado Es un proceso Carietcr bisica Pessonat Estructural Sujetos afectados Tndividos Ginupos saciales Diracnsiones Bésicamente unidimen-| Muludimensional (aspectos sional (carencias econs-| laborales, econémicos, socia- micas) ies, eulturates) “Ambito histérico Sociedades industriales (0 en su. caso tradicionales) Sociedades postindustriates ylo tecadligicas avanzadas Fnfoque aualitico aplica- | Sociologia de la desvra- cidn Sociologia del conflicto ble Variables fundamentales | Culturales y ccomémicas | Taborales | Tendencias sociales aso- | Pauperizacion Dualizacion social cladas Rieagos aftadidos Crisis de los nexas sociales Desafiliacién, resentumiento Evolucién Residual, Bstatica En expansiéa Dindmica Arriba-abujo| ‘Laberalismo no asistenciat Damensiones personales Dentro-fuera ‘Neoliberalismo desregulador Antroduectin 33 lo cierto ex que el concepto de exclusién tiende a polarizar buena parte de la atencién temética a la cuestion (especialmente en iuropn). Ahora bien, mas allé de las previsiones que podemos extablecer en una perspectiva de mayor profundizacin teérica, lv cierto cs que los estudios que se estan realizando sobre esta problematica parten de enfoques y metodologias muy distintas. In general, los estudios pueden ser divididos en dos grandes bio- ques: los andlisis descriptivos y los andlisis estructurales. Los and- lisis descriptivos se limitan a intentar dar respuesta a preguntas tales como équiénes son los excluidos?, écémo se encuentran?, ddénde se localizan?, iqué necesitan?, etc. Se trata de prospec- ciones basicamente estadisticas que intentan proporcionar infor- maciones cuantificables en torno a las que poder guiar medidas reparadoras 0 paliativas de cardcter inmediato. El segundo bloque de estudios intenta avanzar un poco més alld cn el andlisis, inten- tando profundizar en la dindmica de las transformaciones de las estructuras sociales contempordneas que estén alimentando la problematica actuat de la exclusién social. Las preguntas funda- mentales a las que se intenta dar respuesta desde esta perspectiva son: écémo se produce la exclusién social?, écudles son sus cau- sas?, épor qué? (vid, cuadro 3). ‘Cuapro 3 Enfoques en el andilists de la exclusion social Respuestasio Preguntas bésicas Objetvos alteranvas que connatare EQuignes son lox excluidos? | Concer Com Paliativas Anélisis deseript- | 1Cmo ge encuentran? LQué vo neceatan?”: Anélisis estructu-| {C6mo se produce la exclu- | Comprender Prever ral ‘si6ri social? éPor qué? Rectificadoras Lo importante en los andlisis estructurales cs que el conoci- miento concreto de determinadas realidades sociales intenta ser contemplado en el contexto de procesos globales a partir de Jos que resulte posible comprender mejor los fenémenos estudiados, previendo sus tendencias y haciendo factible plantear rectifica- ciones de fondo. En este sentido es en el que el andlisis de la MM ‘Tendenctas en destguatded y evetusion soctal exelusidn social debe situarse en un triple vértice de referenciis basicas que enmarcan el momento actual que se esti viviendo en las sociedades de nuestros dias. Estos tres procesos concurren- tes son los siguientes: — Una transformacién profunda de los procesos de produc- cién, con nuevas formas y modalidades de organizacién econé- ca, en mercados cada vez mas globalizados y con una creciente aplicacién de robots industriales y sistemas automiticos en el sec tor servicios, que dan lugar a grandes cambios en las demandas de pucstos de trabajo y a un paro creciente, especialmente entre los jOvenes, las mujeres y los sectores sociales que tienen menos cualificaciones. — Un predominio —hasta ahora— de enfoques politicos neo- liberalcs que alientan tendencias de destegulaci6n y desproteccién social, con una reduccién del papel y las funciones del Estado, en un cierto contexto de crisis fiscal del Estado y de riesgo de sobresaturacién de las necesidades de prestacioncs sociales (es- pecialmente las de desempleo). ~— Una tendencia de desvertebracién social, en el marco de un aumento de las dualizaciones y un clima de violencia y malestar social, con cambios —y crisis— importantes en Las instituciones sociales, los valores, las pautas culturales y las funciones de inte- gracién de las redes sociales (familia, grupos de pares, cte.), con un aumento de los procesos de anomia y los efectos de «fronteras interiores», La concurrencia de estas tres circunstancias, junto a otros efec- tos concxos, explica no sdlo la emergencia de una nueva proble- matica de exclusion social, sino también algunas de sus dinamicas previsibles. Lo que esta succdiendo no es algo epifenoménico y casual, no ¢s un repunte mas de la problematica de la pobreza y la desigualdad social, sino que estamos ante una manifestaciGn central de los procesos de cambio que estan conduciendo a la emergencia de un nuevo modelo de sociedad, en el que afloran nuevos mecanismos de dualizacién y estratificacién social. La exclusién forma parte de este proceso y su aumento, por tanto, nos sittia ante una verdadera metamorfosis de la «cuestién social» ¥, ante una caracterizaciOn distinta de los problemas socia- {es, bajo el imperativo de una crisis profunda del trabajo. La transicién desde las sociedades tradicionales a las indus- triales implicé una liberalizacién del trabajo de las trabas y limi- nirntecton 35 Inclunes feudales y una dignificacién de su valor y de su papel. [4 trubnjo flegs a entenderse no sélo como una «actividad libre» rentiztcla por seres libres, sino también como un elemento central el proceso produetivo (una de las fuentes baisicas de «tiquezan, en ln exp sn de los cconomistas clasicos). En las teorizaciones de los pensatlores socialistas el trabajo inchiso se considers como #1 elemento central de la sociabilidad, del ser social del hombre. Pero, mas alli de estas concepciones, una de las principales dimen- siones pricticas del trabajo industrial fue su cardcter de elemento fundamental de integraci6n social: el trabajo ubicaba en Ia socie- dud y, por medio del vinculo del salario, proporcionaba una légica lo «auijeciones» sociales (que reemplazaba la I6gica de las obli- guvlones formales preindustriales), y particularmente brindaba un todo de vida y unos ingresos. A partir de estas coordenadas la acuextiOn social» vino detinida por los efectos de la inseguridad y de lu alienacién de los trabajadores bajo unas determinadas con- Wiclones laborales que les hacian especialmente vulnerables, Camo ha subrayado Robert Castel, cn las socicdades industriales vldsicus «éste cra el problema del estatuto de la mayoria de los Neuluriados, formulado en primer lugar a través del pauperismo, ¥ perpetuado en la inestabilidad del empleo, la arbitrariedad Palronal, los bajos salarios, la inseguridad del trabajo, la miseria de lox trabajadores ancianos...» *, Precisamente uno de los grandes retos planteados en las sacie- dudes industriales fue la superacién de las condiciones de miseria y alicnacién del trabajo, a través de luchas politicas y reformas sociales que condujeron al establecimiento de un nuevo tipo de contrato social (en el contexto del Estado de Bienestar). La tra- yecloria de estas tuchas coincidié en gran medida con el proceso de transformacién y enriquecimiento del concepto tradicional de elududanfa, hasta llegar ala moderna nocidn de ciudadania social, tal como fue descrita por Marshall. Sin embargo, la paradoja que we suscita en la fase actual del ciclo de evolucién social es que oxtumos asistiendg a una crisis estructural del empleo que obedece A una metamorfosis muy profunda del trabajo y que esta cro- sionando muchos componentes del entramado social, poniendo en cuestién, entre otras cosas, la propia aplicacién practica de Ja nocién de ciudadania social. El paro masivo, que afecta especialmente a los jvenes, a las mujeres y a los sectores sociales menos «integrados» socialmente, 36 Tendencias on desigualdad y evehusion social confiere nuevos perfiles a la «cuestién social», Ul problema central hoy en diz no és cl de las malas condiciones cspecificas generales del trabajo, sino ol de las malas condiciones sociales en que se encuentran muchos de Jos que no tienen trabajo o tienen un mal empleo (precario, inestable, mal remunerado, etc.). El reto actual, por lo tanto, no estriba solamente en lograr una mejor insercién social de los asalariados por medio de mejoras en las condiciones laborales y cconémicas del trabajo, sino en lograr una insercién social de quienes no tienen trabajo, y quedan fuera de fas opor- tunidades del sistema. De ahi la plasticidad expresiva del concepto de «exclusién social», frente al que complemeniariamente Robert Castel propone utilizar el concepto de «desafiliacién», por enten- der que ef problema que subyace a esta situacién es el de una «desligaci6n» social més profunda que quiebra la idea de una «sociedad de semejantes» e impugna la propia nocién moderna de cjudadania. Como subraya Castel, la ciudadanfa no se basa —no se puede basar— «en la inutilidad social». Por cllo, Ja nocién de exclusién sociat ha ido deslizandose desde su utilizacién pri- migenia para referirse a las condiciones de handicap de dcter- minados individuos particulares, hasta adquirir una significacion més global, como «exclusién» de la plena condicién ciudadana. El aumento de! desempleo, junto a !a precarizacién y «bal- canizacién» de las formas y modalidades de contratacién laboral, da lugar a situaciones que no s6lo postergan a un nimero cre- ciente de individuos en el plano econémico y social, sino que pone en cuestién cl pape! basico que el trabajo tiene como mecanismo de insercién social global, tendiendo también a descalificar a los individuos en el plano civico y politico. De ahi la necesidad de reactualizar el debate sobre las condiciones y garantias consti- tutivas de Ja ciudadania social. De esta forma, parece que se est4 cerrando un ciclo histérico de manera harto paraddjica. «Se necesitaron —recuerda Castel— siglos de sacrificios, sufrimiento y cjercicio de la coaccién (la fuer- za de Ia legislacién y los reglamentos, las necesidades e, incluso, ef hambre) para fijar al trabajador a su tarea y despu¢s mantenerlo en ella, con un abanico de ventajas sociales que caracterizaban un estatuto constitutivo de la identidad social. El edificio se agricta —concluiré— en el momento en que esta civilizacién del trabajo parecia imponerse de modo definitivo bajo la hegemon{a del sala- Phe sage Introduccién 37 tlado y vuelve a actualizarse la vieja obsesién popular de tener que vivir al dia» *, 1. crisis del salariado estd dando lugar, por lo tanto, a que crezea continuamente el nimero de individuos que «dependen» pura Subsistit de sistemas y procedimientos extraordinarios de ainsercién social». Asi, las Administraciones Ptblicas sc ven omplazadas a intentar «proteger» no sdlo a quienes tienen algin handicap personal o social (los excluidos tradicionales), sino tam- bidn a las personas plenamente «validas invalidadas por las cir- cunslancias» *(los nuevas excluidas), lo cual da lugar a nuevos ‘estatutos y regimenes sociales dificiles de ubicar en las coorde- nadas de los andlisis ¢ interpretaciones sociales tradicionales. f, LA DINAMICA DE LAS DUALIZACIONES SOCIALES Cuando algunos andlisis sociales recientes sefialan la tendencia hacla un aumento de la dualizacién social es necesario pregun- tatwe: ide qué tipo de dualizacién social se habla?, den qué se diferencian las tendencias recientes de dualizacién de aquellas tran que fueron subrayadas con tanto énfasis por algunos ana- Matas clasicos? Buena parte de lus elaboraciones iedricas sobre la desigualdad fuclen presentar Ia dindmica de la estratificacién en términos de tantagonismos y dualizaciones asociadas a conflictos sociales y poli- tleun bastante cnfatizados, Esto es lo que ocurre en las famosas visiones sobre la dialéctica amos-esclavos, sefiores-siervos, patro- Now-trabujadores, etc. Aunque este tipo de interpretaciones res- Ponden a datos palpables de la realidad, lo cierto es que en algunas Qensiones fueron bastante influidas por las propias exigencias de dramutizacién de las explicaciones sobre los procesos sociopolf- tcor, De ahi que casi todas las teorfas dualistas hayan sido some- tidus a un contraste bastantc duro con tos hechos. En realidad, la propia dinémica de la cvolucién social muestra ejemplos noto- tox de c6mo fos periodos de fuerte dualizacién social suelen ir Weguidos por etapas en las que predominan sectores intermedios, en una perspectiva de continuas reacciones y reajustes sociales. Kn nuestros dias, después de un perfodo de mesocratizacién social y de amortiguacién de los conflictos, parece que estamos entrando nuevamente en una fase de mayor dualizacién social. Como he Ad Tondencias en desiuuitdad y evetusion social subrayado en otros lugares, la opini6n publica tiene a pereit una acentuacién de las tendencias desigualitarias y dualizador: en la dindmica de la estructura social *’ con unas orientaciones bastante coincidentes con las sustentadas por los expertos en estra- tificacién social. Tales percepciones han venido alimentadas también por Jas Hamadas de alarma contenidas cn los tltimos informes de organismos internacionales como la ONU, el Banco Mundial, la OFT, la OCDE, ete. Todos estos datos y tendencias revelan que nos encontramos ante un nuevo ciclo de transformaciones en los sistemas de estra- tificacién social, con nucvas plasmaciones de los antagonismos sociales“. Sin embargo, la emergencia de nuevas tendencias no significa que los sistemas de clase se estén simplificando, como se ha sostenido desde algunos enfoques tradicionales, sino todo lo contrario. Los sistemas sociales emergentes no estén evolucio- nando desde la multiplicidad anterior hacia una dualizacién sim- ple y univoca, sino hacia nuevas formas mas complejas de estruc- - turaci6n social, en las que los rasgos dualizadores presentan mani- festaciones muy variadas y heterogéneas. Los nuevos modelos de estratificacin se caracterizan por una nucva complejizacién de las dualizaciones sociales, con manifestacioncs entrecruzadas de antagonismo que van desde los conflictos elsicos de raiz eco- némica (entre empresarios-trabajadores y entre pobres-ricos), hasta los antagonismos de raiz laboral (entre quienes tienen y no tienen un trabajo), pasando por los nuevos focos de contra- diccién de raiz generacional (entre jévenes y adultos), por las dife- rencias de géncro (entre hombres y mujeres), de raza y cultura (emigrantes, minorias étnicas y raciales), sin olvidar os conflictos entre quienes «viven en la ciudad y el campo» y entre las «clases medias y 1a clase obrora» , Lo mismo ocurre con los procesos de dualizacion social. En las sociedades de nuestro tiempo Ja perspectiva bipolar opera a partir de instancias muy variadas, desde la vieja dualidad estra- tificacional entre explotadores-explotados, hasta Ambitos defini- dos no slo en los términos clasicos de «artiba-abajo», sino tam- bién en relacién a brechas estratificacionales refcridas a diferentes planos de identificaciOn en Ja estructura social: «dentro-fuera», «ciudadanos-forancos», «cllos-nosotros», «centro-periferia», «normales-atfpicos», ete. Entraduccton 39 ‘Tal como xe ilustra en cl cuadro 4, la complejidad de mani- feninclones de la dualizacion social refleja la imagen de estructuras mwlnles compuestas mucho mas diversificadas que aquellas que fata ahora han side consideradas en las teorias cldsicas de ta waliatilicacion social, con entramados muy densos de diferencia- ein y con planos de asimetrfa, dependencia y desigualdad que Hperiu uilistintos niveles de manera cruzada y a veces recurrente. En ext perspectiva estructural compieja, precisamente, es en la ue ef concepto de «exclusién social» cobra su verdadero signi- endo y nlcance. Aim vez detimitado el concepto de exclusién en sus raices socia- lex, la pregunta que tenemos que formular es: écudles van a ser Jux consecuencias de la nueva problematica que este concepto planten? [in una primera aproximacién al tema, podemos decir que, Idgicamente, sus efectos van a depender de muchas variables y, wubre todo, de la capacidad para generar respuestas y recti- fisuciones compensatorias. En todas las sociedades cxisten meca- Nismos que permiten paliar y compensar cn alguna medida, y durante algin tiempo, los problemas que suscitan procesos como In orisis del trabajo a 1a que aqui nos estamos refiriendo, ast como Iw carencias y necesidades a las que pueden conducir los recortes woclales derivados de ciertas concepciones politicas y econémicas, @ tn misma existencia de lagunas y supuestos nos previstos cn low Klstemas de seguridad social. Por ello, no es extrafio que durante los tltimos afios hayan ido surgiendo en los paises desarrollados toda una serie de estra- toglus ulternativas de «sobrevivencia» por parte de los sectores excluidos, asi como un conjunto de iniciativas asistenciales alter- futivas que se han concretado, sobre todo, en prestaciones asis- tenciales no contributivas («salatios minimos de insercién», che- quex de «beneficencia», «bonos de comida», etc,), y otras medidas pulintivas de insercién social. Pero, lo cierto es que, sin minus- valorar la importancia de las contribuciones pablicas en momentos n que se hace notar el peso de la crisis fiscal del Estado, la dinfmica de los hechos esta poniendo en riesgo de saturacién estos mecanismos, al tiempo que algunos sectores sociales inten- tan que el peso de las estrategias compensatorias se desplace hacia dmbitos privados. De ahi el abigarramiento pléstico que en fas grandes cindades est produciendo la multiplicucién de las estra- tegius alternativas de «scbrevivencia»; de ahi también el desarrollo Tendencias en desiguatdad y exchastn social Introduccion 4! .|— Enemigos, Barreras de diferencia-|— Interescs. [Factores bésicos de sepe-|— Propiedad. raci6n, [Conceptualizacion analiti-| — Clases sociales. ca subyecente, [Lo que esté en riesgo de|— La i ruptura, [Lo que se padece. eid, Sent 42 Tendencias en desigualdad y evetiston social la integracién a la exclusién se puede recorrer en mayor o menor grado en funcién de un niimero considerable de variables, de for- ma que las combinaciones sociales son muy numerosas y pueden dar lugar a trayectorias finales distintas en individuos que parten de similares condiciones iniciales. En un escrito de esta naturaleza, no es posible perfilar en todos sus detalles e] complejo cntramado situacional que ser conside- rado en el andlisis del equilibrio, o balance social, identificable en el continuo «integtacién-exclusién», por lo que me remito al esquema sumario que se incluye en el cuadro 5, atendiendo a variables laborales, econémicas, culturales, personales y sociales. La interaccién de diferentes elementos de exclusién y de inte- gracion, como los que se apuntan en dicho cuadro, permite enten- der que la exclusién no puede definirse en términos de ser 0 no ser, como un absoluto que opera exactamente igual en todos los casos de acuerdo a un dinico patron, sino que tiene que ser situada en el contexto de procesos que pueden conducir a un néimero creciente de personas hacia las fronteras exteriores en donde se difuye la condicién de miembros de pleno derccho de La sociedad. La influencia reeiproca de los diferentes factores de integracién y de exclusién que se indican en el cuadro 5 puede dar lugar, por tanto, a itinerarios personales en los que inciden variables conectadas directamente a las condiciones particulares de los indi- viduos, asi como a circunstancias del contexto econémico, social cultural. Por ejemplo, un buen nivel de cualificaciones y una estructura de personalidad y de motivaciones adecuada a las demandas laborales puede operar como factor de integracién y de potenciacién de las posibilidades ocupacionales y relacionales, Pero, a su vez, los factores que pueden incidir negativamentc no son tinicamente los que se encuentran més asociados a un desti- no individual (handicaps personales, minusvalias, enfermeda- des, etc.), 0 a un contexto social o cultural especifico (rupturas familiares, antecedentes negativos, emigracién, personalidad poco motivada, etc.), sino que también influyen variables «criticas» vin- culadas a la coyuntura econémica; por ejemplo, las menores opor- tunidades de empleos «de calidad» para j6venes y mujeres en un momento determinado de evolucién de los sistemas de pro- duccién, De igual manera, para evaluar los riesgos de exclusién es nece- sario atender a la seguridad en los empleos (desde un punto de ra & Mttratuccion 4B vintn Cormul y en rekicién a las expectativas de futuro de las acti- vilucles realizadas), cl nivel de ingresos o salarios, junto a otras vhcuastancias ccondmicas y sociales, como el hecho de tener una viviendu propia y otras fuentes posibles de ingresos (por patri- tmoino familiar, herencia, ahorro, etc.), estar bien integrado en nn ved social y contar con apoyos de Ia familia, los amigos u tilrox entornos sociales en caso de necesidad. Todas estas variabics dilujun en su conjunto un panorama muy denso en perspectivas, sjue hemos intentado refiejar de manera esquemitica en el cua- dros, la exclusion social, pues, debe ser entendida como la etapa finnl de procesos subyacentes bastante complejos, de los que nadie pcs quedar totalmente prevenido en una sociedad de riesgo. ut gllo, un estudio riguroso sobre este tema no debe abordarse fijando la atencion simplemente cn aqucllos que han Tegado a Jan extuciones finales del itinerario, sino que debe atender a toda {a trayectoria social, profundizando en el estudio de la verdadera naturaleza de los procesos de exclusién social, en las circunstancias que los alientan, en los factores que los pueden compensar, en log riesgos de entrar en el «tine!» y, sobre todo, en el contexto ile uctitudes y opiniones que rodean el fendmeno. Hay que aten- der, por tanto, a la manera cn la que se vive la exclusién y, al mismo tiempo, a los riesgos de llegar a ella, a las percepciones y temores de todos los que pueden cncontrarse en el camino, f la manera en la que evoluciona la ldgica «ellos-nosotros», a la difusi6n de sentimientos de vulnerabilidad, a la capacidad cfec- tiva que tendrén en el futuro los lazos familiares para atribuir posiciones y rangos sociales, a las demandas de seguridad social, f la evolucién de las predisposiciones hacia la solidaridad reci- proca, etc. Una buena parte de los estudios sobre cl tema estan intentando perfilar un mapa concreto de los riesgos de entrar en la exclusion wocial, analizando los factores fundamentales que determinan las percepciones colectivas sobre estas situaciones. En general, tanto fos especialistas, como Ia mayoria de los ciudadanos, tienden a considerar que tener 0 no tener trabajo, y el tipo de trabajo que ac tiene, constituye la principal barrera delimitadora en la exclu- nién social. No deja de ser significativo, en este sentido, que en el Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU de 1998, junto al indice de pobreza tradicional (IPH-1) se incluya un nuevo indice *. 44 Tendencias en desigualdad y exclusion social Cuapro 5 Principales factores del equilibrio «exclusién-integracién vanables -actores de ences Factores de inepracin — Pato. — Empleo fijoo estable. = Subempleo. — Buen nivel de ingresos (como — Temporahdad (agricultura,} —asalariado, 0 por cuenta pro- servicios, ec.) ia), Laboraes | i ral — eiones de empleabil = Catencia de Seguridad Social. | ruzonable. — Carencia de experiencia labo- | — Experiencis labora sales previes, — Ingresos insaficiemtes. — Tneresos regulares. — Ingresos tcegulazes (econo: | — Fuentes alternativas de ingre- mia sumergida), *. Txondmicay |— Carencia de ingresos. — Vivienda propia. — bndeudamicnto. = Infraviviendla,hacinamiento — Sin vivienda, —Portenenet a mmnorias Gini |— Tntegracién cultural cas. = Pertles sculturales» scepts- — Extranjoria, Barrcras idiomé-} dos e integrados, tucas y culturales. — Alto nivei de nstrvccion, posc- Culnrates | — Pertenencia 2 grupos de «te-} sin de cuslificaciones deman- chazo> (cultural y politico). | dadas. == Analfabetismo 0 baja instenc- cin, — Elementos de estigma, — Variables weritcas» de edad y |— Capacidad & iniciativa peno- sexo (idvenes y mujeres). rales Minusyalias, — Cualidades personales valora- — Hancicaps personales. das soctalmente. — Alcohoiismo, drogadiccién, | — Buena sud, etcetera = Motivaciones fuertes. Personales | — Antecedentes penales. = Optinusme, voluntad de rea — Enfermedades. Iizacion, — Violencia, malos tratos, ete. | — Facilidad de trato. — Débil estruetuza de motivacio- nes y atitudes negatives — Pesimismo, fatalismo — Exito patticn, refugiados. — Carencia de vinculos familia. |— Apoyo familiar res fuertes. — Intensa zed socal, relaciones. — Familias monopurentales. | — Pertenenciaa asocaciones, Sociales | — Casencin de otras redes socia- | — Residencia on zonas en expan- les de apoyo. — Entorno residencial decafdo. —+ Aislamiento, sign. — Integracion territorial, Introduccion 45, de pobrezs referido a los paises industrializados (IPH-2), en el que se considera especificamente una dimensién de exclusion social, «medida —se diri— por uno de sus aspectos mas criticos, cl porcentaje de desempleados de largo plazo (los que carecen de (rabajo durante doce meses o més) en el total de Ja poblacién en edad activa» ”, Sin embargo, en la medida en que la experiencia laboral no puede divorciarse de un conjunto mas amplio de vivencias sociales, es necesario que su consideracién prioritaria sea contemptada en el marco general de variables que se indicaron en el cuadro 5. Lo cual nos proporciona como resultado un mapa —o indicador general— de riesgos de exclusion social como el que recogemos en ef cuadro 6. En dicho cuadro la zona sombreada representa los espacios sociales en los que existen riesgos mcdios o altos de exclusién social, en tanto que en la zona sin sombrear los ries- gos son bajos. Es decir, una persona con un trabajo estable, un nivel alto de ingresos, con vivienda propia y bien integrada en CuaDRO 6 Las nesgos de la exclusion social [ «INTEGRADOS» | drabayo Anggesus Vivwnda | Relactonesfapoyos socuales Bajos [—- Empleo es|— Riqueza,|— Vivienda|— Familia ¢ integracién table, imgresossu-} propia satisfactoris en redes| ficivates. sociales. Medios | ‘Trabajo pre-|— Ingresos mf-—~ Vivienda en|— Crisis familiares, redes ceria ya] mows ga} alguiler, si] sociales débiles, poco’ remt-| raitizados. | tuaciones|— Apoyes instftucionales; mietado, de hacita-| compensatorios. Fuente: Comission of the European Communres, Observatory of national poh dies to combat social exclusion, Thad Annual Report, Brusclas. 1594, pag, 51. Ver- sién adaptada incluyendo Jas dos tiltimas columnas (vivienda y relat 46 ‘Tendencias en desigaakdad y evelusion social un 4mbito familiar y relacional tiene pocas probabilidades de caer en la exclusion, mientras que, en el extremo opuesto, los riesgos maximos de exclusién social son para alguicn sin empleo, sin vivienda y sin relaciones sociales ni apoyos compensatorios ins- titucionales. En cualquier caso, la primera exigencia que se plantea en cl estudio de esta problematica es diferenciar claramente la propia exclusién social de todas aquellas situaciones con las que se rela~ ciona, y a partir de cuya atencién se ha desarrollado con entidad propia. Lo cual supone una cierta dificultad, ya que —como hemos visto— la expresién «exclusién social» se ha popularizado en los ambientes sociales y politicos antes de fraguarse una teoria sis- temAtica sobre el tema. Como en tantas ocasiones, la practica cotidiana ha ide por delante de la conceptualizacién académica, y ahora es necesario restablecer el equilibrio para impulsar el desarrollo riguroso de la investigacién. Como venimos subrayando, hay quc tener en cuenta que cuan- do nos referimos a la exclusién estamos hablando de algo mas que de pobreza o desigualdad. La referencia analitica, pues, no es solamente cuantitativa, sino también espacial y se relaciona con las formas y modalidades de pertenecer a la sociedad, de estar en el entramado social y, sobre todo, con los riesgos de verse centrifugado o impelido hacia los bordes criticos de la vulnera- bilidad social. Precisamente la expansién de los estudios sobre 1a exclusién social se acentué a medida que se difundié entre los analistas la impresién de que estaba aumentando el numero de individuos que se encontraban ubicados en Ja estructura social en una situa- cién como de «flotacién», como de «gravidez social», sin un espa- cio ni un papel especifico suficientemente valioso, en zonas socia- les fronterizas. Se trata de individuos parados, subempleados y, a veces, a caballo de vivencias laborales difusas, con experiencias intermedias entre el trabajo formal y Ia desocupacién, adaptan- dose a subsistir en «modalidades secundarias de insercién», o intentando simplemente hacerse a fa idea de vivir a largo plazo de las contribuciones sociales. La realidad es que muchos exclui- dos ni siquiera tienen la oportunidad de «ser explotados»; quedan fucra de los circuitos socioeconémicos ordinarios, sufriendo una alteracién importante cn sus modalidades de inserci6n social glo- bal, en una forma que pone en crisis su propia condicion de aciores Iniroduccion 47 sociales, La situacién de los excluidos, por ello, es presentada en {érminos de «dualizacion social», «inadaptacién», «marginalidad>, «invalidacion social», «precaricdad», «descalificacién social», «plescindibilidad», «. Sin embargo, a principios de ios ochenta el retroccso relativo de la pobreza se hizo més lento y a partir de 1985 era pricti- camente imperceptible segin reconocia el Informe sobre el Desarrollo Mundial 1990 del Banco Mundial. Desde entonces, lo més probable es que la pobreza haya vuelto a aumentar a ritmos histdricos, sobre todo cn sus formas mas extremas. En todo caso, ha aumentado de forma visible al igual que la desigualdad. Veinte afios después de Myrdal, Robert Solow, también premio Nobel de economia, se asombrard, en su contribucién al Informe sobre el Desarrollo Humano 1996 del Programa de Naciones Uni- das para el Desarrollo (PNUD), de que la moda dei desarrollo sostenible venga acompariada por una notable falta de interés por las desigualdades de hoy. Segtin sus palabras, «los que urgen tanto que no se provoquc pubreza en el futuro, tendrian que explicar por qué la reduccién de la pobreza de hoy no ticne, en sus prio- tidades, un puesto mds alto». Y ta raz6n quizd sea que aquella conciencia de los tiempos de Myrdal, que tal vez fuera «falsa con- 60 ‘Tendencias en desiguatdad y exclusion social ciencia», habia sido sustituida por ideas segtin las cuales fa solu- cién de la pobreza de los «otros» es que se mucran los pobres ". De hecho, y como se indicaba con crudeza en dicho informe, Ia erradicacion de la pobreza NO ha estado cn la agenda de los paiscs ricos en los tiltimos tiempos. Estas ideas clitistas y exterministas han sido, efectivamente, frecuentes y han sido expucstas regularmenie por diversos poli- ticos. Sin embargo, también son frecuentes las ideas de los que, con independencia de su igualitarismo y humanitarismo, comien- zan a pensar que una situacién como la que supone el presente nivel de desigualdad y pobreza mundial puede Ilevar al planeta al colapso, razén por la que, dicen, la lucha contra la desigualdad global y la lucha contra la pobreza van a ser problemas centrales en la préxima fase de la revolucién industrial *, EI asunto, en conclusién, es complejo. En él intervienen la idcologia (la «filosoffa social» si se prefiere el vocabulario usado por Myrdal) y la politica. Tampoco es un tema que pueda tratarse de forma totalmente aséptica o neutral. Pero es también complejo porque suelc ir acompatiado de excesiva ambigiiedad conceptual, cosa particularmente peligrosa cuando de lo que se trata es de intervenir en la soluci6n del problema *. 2. CONCEPTOS Y DEFINICIONES La pobreza, desde un punto de vista conceptual, no es lo mismo que la desigualdad: desigualdad habla de distancia entre los miem- bros de una sociedad mientras que pobreza se refiere a la insa- tisfaccién de neccsidades basicas de una parte de dicha sociedad. Esta diferencia conceptual, sin embargo, no queda tan clara desde un punto de vista cmpirico ° ni es la usada comtinmente en Espafia y el resto de la Unién Europea. Como ya viera Erasmo en 1508, la pobreza esta entre «los males que el hombre causa al hombre» 1, es decir, es el efecto de una interaccién y no s6lo el resultado de un recuento por muy elaborado que esté desde un punto de vista cstadistico. La desi- gualdad aparece como un factor mas para explicar el crecimiento simultaneo de la economia y de la pobreza. De ahi que, muchas veces, haya esa confusién entre desigualdad y pobreza (y entre desigualdad y crecimiento). La desigualdad entre las sociedades, Pobreca y designatdad social ol entre los grupos y entre las personas es algo que lleva a la pobreza, pero no es el dnico factor que interviene ni Jo hace, en muchos cusos, de forma directa como ha mostrado repetidas veces el Nobel Amartya Sen rompiendo, también aqui, un largo ciclo de premios dedicados a personas preocupadas por otros y diversos asuntos |, Tomemos cl estudio patrocinado por el INE sobre Desigualdad y pobreza en Espafia ”. Sus autores distinguen entre los fendmenos estructurales, a los que llaman desigualdad, de distribucién de ren- tas o gastos de hogares o individuos y los fendémenos individuales, a los que Ilaman pobreza, que comportan un elemento normativo ya que incluyen la definicién de lo que es el nivel «aceptable» en la sociedad de referencia y que guardan relacion con cl bie- nestar 0 con la satisfaccién de necesidades basicas. Sin embargo, las medidas que proporcionan son de designaldad (coeficientes de Gini, curvas de Lorenz, personas/familias con rentas/consumos inferiores al 50 por 100 de la renta media equivalente, etc.) y no hay datos de pobreza tal y como alli se define, a no ser que «aceptable» siga siendo resultado de introducir una pregunta en el cuestionario (siempre sobre rentas y gastos) sobre cudl es ci nivel que se considera «aceptable». Pero eso poco tiene que ver con el bienestar © las necesidades basicas. La pobreza, en efecto y en un segundo acercamiento, puede verse como aquella condicién en la que el individuo ve insatis- fechas sus necesidades bdsicas. Es la definicién de Townsend: «Pueden Ilamarse pobres los individuos, familias y grupos que, en una poblacién determinada, carecen de los recursos para obtc- ner el tipo de dieta, participar en las actividades y tener las con- diciones de vida que son habituales 0, por lo menos, ampliamente aceptadas © aprobadas en las sociedades a jas que pertenecen. Estén, efectivamente, excluidos de los modos de vida, costumbres y actividades comunes.» Las dimensiones de la pobreza son espe- tables si se parte de esta definicién, a saber, alimentacién, vestido, habitacién, salud, medio ambiente... Y, mctodolégicamente, su estudio y cuantificacién tendra que hacerse a partir de indices complejos que incluyan la satisfaccin real de estas necesidudes basicas o mediante una linea imaginaria que separe las rentas que permiten unas condiciones de vida aceptables en la sociedad de referencia por un lado y, por otro, las que no lo permiten y son, por tanto, propias de los pobres . 02 Tendencias en desigualdad y exclusion social La primera versién (pobreza como desigualdad) encaja mejor, aunque no de forma mecanica, con la ideologia liberal. En el fon- do, de lo que se trata cs de que todos tengan recursos para com- petir, siendo como es un modelo centrado en los individuos: se trata de la carencia de renta a disposicién del individuo, familia o grupo, La segunda version, la de la insatisfaccién de necesidades basicas, stele tener versiones conservadoras-elitistas y socialdc- mécratas-igualitarias. Desde este iiltimo sesgo, se trata de estruc- turas que dificuitan la participaci6n adecuada, la integracién en la colectividad y la relacién considerada «normal», que eso es, al fin y al cabo, la exclusién “: el resultado de una relacién. A este propésito no vendré mal recordar que cuando se «mide» la pobreza (como desigualdad de rentas) tomando como unidad de anilisis a la unidad doméstica (mejor no lamarla «familia» y menos «bogar») se obvia la cuestién de género: en tiempos de infortunio, las mujeres son las primeras en disminuir, dentro de las unidades domésticas, la satisfaccién de sus necesidades basicas. De todas formas, el problema fundamental de estos dos pri- mieros acercamientos es su cardcter estitico, Contra ello, la intro- duccién de scries temporales no es suficiente, ya que saber c6mo hha ido evolucionando la cantidad de pobres en los tiltimos veinte afios no nos explica cémo se ha producido tal cvolucién y por qué ©. Hace falta, en efecto, introducir un acercamiento dinamico que nos permita intervenir, si fuera posible, en los factores que han producido la pobreza y que, respectivamente, serian los pro- cesos de empobrecimiento y los procesos de exclusién /*, El cua- dro 1 \o resume. El orden con que se aborda este cuadro se convierte en una especie de lista de estrategias genéricas contra la pobreza: En primer lugar, y cuando sc la entiende como mera diferencia de tentas/gastos, la lucha contra la pobreza consistc en mejorar las rentas de la gente segdn cl principio del Banco Mundial en su Informe sobre el Desarrollo Mundial de 1981: «la causa subyacente del hambre y la malnutricién es que los que necesitan alimentos no tienen dinero para comprarlos» |; si acaso, después viene la estrategia de las necesidades bisicas que también fue patrocinada, en su momento, por el Banco Mundial; la redistribucién de los factores de produccién que estan detr4s del empobrecimiento comienza a quedar, en cambio, algo més lejos; de la redistribucién del poder que supondria la lucha contra la exclusion ya ni se dis- Pobreza y desigualdad social 63 Cuapko 1 Versiones de la pobreza/desigualdad Fodaca Dindrnace ‘Con respecto a otros Desigualdades de ren- talgastos Empobrecimiento Insatistaccion de necesi- dades bisicas, Exclusién Con respecto a niveles cute y, a lo mas, se deja ad kalendas graecas *. Todo ello sin olvidar Jas estrategias que son poco mas que una diversién como puede ser la panacea de la «democratizacién» "* 0 una burla como son los «ajustes estructurales» ™, Si esta argumentaci6n es correcta, sc observaria una cierta pre- ferencia primero por las simples cuantificaciones; después, por los enfoques exclusivamente individuales que, ademas, permiten politicas de corte neoliberal («si la causa de la pobreza esté en el individuo, lo que hay que hacer es reducir cualquier tipo de ayuda: que se espabilen 0 mucran»); finalmente, pocos Hegarian a la discusién de los enfoques estructurales, tal vez porque las politicas a las que levarian no encajan con la actual coyuntura de Ia lucha de clases. 3. ESTRUCTURAS Y PROCESOS MUNDIALES Pues bien, eso es exactamente lo mismo que sucede si cam- biamos el registro y plantcamos la discusién a cscala mundial. De hecho, ta discusién de la pobreza a dicha escala se suele hacer mediante cuantificaciones que tienen como unidad de anilisis a Jos Estados 0, a lo mas, mediante estudios de casos individuales © regionales (el Informe sobre el Desarrollo de 1990, dedicado a la pobreza, del Banco Mundial), pero dificilmente se discute la pobreza como fenédmeno del conjunto del sistema mundial del que los diversos paises, organizaciones, ONGs y OGs forman par- te. Con mucha mayor dificultad se supera la perspectiva eure- céntrica #!, cosa también aplicable a los informes del PNUD. Si hablamos del mundo como sistema, parece que la t6nica ha sido la tendencia secular hacia la polarizaci6n en Ia tinea detec- tada por cl Informe sobre el Desarrollo Humana 1996 y sostenida 64 Tendencias en desigualdad y exclasién social en los siguientes: los ticos se hacen més ricos y menos numcrosos y los pobres se empobrecen y son mds numerosos. Las alabanzas al sistema mundial contempordneo, que se basan en su increible incremento de la produccién total o incluso de la productividad (la produccién por cabeza), pasan por alto las medidas de la dis- persion del acceso a dicha produccién y su evolucién a lo largo del ticmpo ®. Sobre todo a partir de la revolucién industrial, la situacién normal del sistema en su conjunto ha sido la de presentar de forma simulténea clevados niveles de produccién ¢ igualmente elevados niveles de pobreza. Rock llega a sugerir que el creci- miento de los paises pobres durante 1950-1975 fue la excepcién a la tendencia general Esta etapa de 1950-1975 en la que la pobreza se estabiliz6, en realidad lo que hacia cra mostrar uno de los mecanismos mediante los cuales parece funcionar este sistema historico: el de procurar solucionar sus problemas internos mediante la expan- sién, sometiendo a salario a las poblaciones incorporadas y per- mitiendo asi la mejora de las clases bajas en los paises centrales. De hecho, aquella ctapa supuso el paso del colonialismo briténico al neocolonialismo estadounidense. En otras palabras, la tenden- cia general a la polarizacion viene ralentizada momentancamente, siempre a escala mundial, en los periodos en tos que el sistema se expande para ocupar nuevas zonas del planeta o profundizar la incorporacién de esos territorios *. Sea como fuere, esa tendencia no monétona hacia la pola- rizacién tiene, ademas, un cardcter ciclico, La economia del mun- do, entendido como un todo, parece funcionar mediante altibajos, los Ilamados ciclos Kondratiev, en los que las etapas de bonanza son seguidas por las de escasez en una secuencia relativamente regular que las economfas de los diferentes paises reflejan aunque de un modo asincrénico. Es obvio que durante las fases ascen- dentes la pobreza tenderia a disminuir mientras que durante las descendentes la pobreza tendria que aumentar, por més que la afirmacién definitiva sea imposible ya que carecemos de series estadisticas apropiadas, cosa, por otro lado, comprensible: los estudios del «pauperismo» han sido practicamente locales (barrios, ciudades y, excepcionalmente, Estados). Lo curioso en este contexto es que tanto en los periodos en los que mas aumenta la pobreza como en los que menos, ésta no se reparte de un modo equitativo entre las distintas zonas que Pobreza y desigualdad social 65 componen el sistema mundial: siempre hay una parte del le6n en el reparto de la tarta®. Sucede en el sistema mundial lo ya insinuado en Ja seccién anterior: hay como una «estructura de clases» (centro y periferia, heterogéncas ambas, contradictorias todas) que define el privilegio de unos y la desventaja de otros. El sistema se manticne mientras subsisten los mecanismos de reproduccién (icgitimidad, aceptaci6n, coerci6n, cooptacién de las Glites) y nunca estd exente de conflicto que, también aqui, mas parece del centro contra la periferia que no al contrario, En tér- minos generales, si parece que nos hemos encontrado ante lo que algunos han llamado el intento de tehabilitacién moral del impe- rialismo, cuyo nombre ha sido la globalizacion y el globalismo, ideologias, por cierto, que han entrado en crisis. La posicién que se ocupa en la estructura mundial es como las cartas en un juego en el que, como en el bridge, no se puede jugar «de farol»: si las cartas son malas, las probabilidades de ganar son muy cscasas... pero reales si otros jugadores se equi- vocan ** y las propias cartas se convierten en posibles bazas. En ese caso cambia la posicién del pais en la jerarquia mundial, aumenta su pobreza si est perdiendo puestos y disminuye si los est ganando. Si se quiere, es la vulnerabilidad del pais ta que va a intervenir en la definicién de su nivel de pobreza y no al contrario. Y lo mismo puede decirse de su «Estado del Bicnestar» si superamos el espejismo eurocéntrico: que entrard en crisis si la posicién del pais desciende y se crearé 0 mejoraré si asciende con independencia de la moda ideolégica ””. Pero también puede decirse lo contrario: que la prédica ideolégica contra el «Estado del Bienestar» en determinados pafses puede tener el objetivo de hacer perder puestos en la jerarquia mundial o incluso difi- cultar el que se ganen. Dejarlo todo en los fenémenos estructurales (polarizacién, division centro-periferia, jerarquia, etc.) serfa, de todas formas, algo tan engafoso como reducir el problema de la pobreza en un pais a los solos fenémenos estructurales 0 sdlo a los fenémenos individuales *, E} hecho es que, en lo que se refiere a la pobreza, hay diferencias entre paises que ocupan puestos similares en la jerarquia mundial, Es obvio que sus componentes tiencn algo que ver en tal desemejanza, Est4 la poblacion (la problemAtica mal- thusiana no esta cerrada), estén los recursos (que también es otra vieja problematica) y, sobre todo, estan las politicas puestas en 66 Tendencias en desigualdad y exclusion social practica por los diferentes gobiernos que, aunque pucden tener grandes dificultades estructurales para mejorar la posicién del pais, tienen todo tipo de facilidades globales para empeorarla ”, Desde cste punto de vista, la teorfa de la modernizacién tendria cosas que aportar si se despojara de fos elementos colonialistas intrinsccos a buena parte de las ciencias sociales de la época cn que nacié, es decir, en los tiempos en que la hegemonia de los Estados Unidos era incontestada. En todo caso, nunca esta de més recordar que una parte importante de la responsabilidad por la existencia de pobreza en un pais, sea rico o pobre, reside en sus élites... que recurrirén al «imperialismo» para «echar balones fuera». EI resultado final es conocido: amplias capas de la poblacién mundial ven insatisfechas sus necesidades basicas (es decir, son pobres) frente a pequefios grupos que se permiten la economia del derroche, en una estructura caracterizada por la desigualdad, que margina a los pobres y les priva del acceso a los bienes de la Tierra. 4. FACTORES Veamos, pues, lo que parece ser la légica del sistema. El plan- teamiento, desarrollando lo expuesto en otro lugar *, es que el resultado final (la pobreza) pucde descomponerse en diversos fac- tores (algunos relacionados directamente con la desigualdad, otros no tanto) que funcionan como una especie de polinomio y que van desde lo estrictamente individual a lo global 0 viceversa. Des- de esta ultima perspectiva, podemos considerar el empobreci- miento como el resultado de un sistema (el sistema mundial) cuyos procesos cst4n formados, a su vez, por subsistemas (Estados, mul- tinacionales, organizaciones) que, a su vez, actin como sistemas para ulteriorcs subsistemas (clascs, grupos, instituciones) y asi sucesivamente hasta alcanzar el nivel del sistema de la persona- lidad. La andadura opuesta (comenzar por los individuos o por los grupos afectados y Negar hasta el sistema mundial) es igual- mente valida, con una ventaja adicional: responde mejor al «i.qué hacer?». La que aqui se adopta, en cambio, permite individuar Jo que se escapa de nuestras posibilidades reales, asunto parti- cularmente importante en contextos como los de la presente dis- Bobreza y desiquuldad social N71 dani en lox que prima cl wishful thinking y ta freudiana «on Aipotencin de Ins ideas». AL. 1 SISTEMA MUNDO: 1 mundo forma hoy una unidad y desde clla se pueden inter prelar los hechos que se producen en su interior“. Por cjempla, it In (sn le crecimicnto del Producto Mundial Bruto con al uno anterior fuc, cn 1988, casi del 5 por 100 y fas su fueron disminuyendo hasta casi llegar a un crecimiento 0 en 1991, on buena légica, si la poblacién sigue aumentando, esta desace- loracién del crecimiento tiene que Hevar a problemas, si no de hambre, por lo menos de escasez cn algunos sectores de la pobla- uldn. Es la problematica maithusiana que es preciso, en todo c: matlaie recordando que otros sectores de la poblacion nackat simultAncamente, en la abundancia. Generalizando, puede decirse lo mismo al recordar que cl fun- slomamiento del sistema-mundo parece ser cfclico, en buena parle Uolsido a su «motor», a saber, la acumulacidn incesante de capital. Por un lado estan los ciclos Kondratiev (con una media de 50-61) afios de iongitud) y, por otro, ciclos todavia mas largos (de 200-300 afios) llamados «iogisticos» * Las largas eras de cstancamiento ¥ plenitud sc suceden y se superponen con sucesivas épocas mis cortas de infortunio primero y de bonanza después para volver ® empezar, aunque nadie pueda asegurar que la sucesién tenga quo sur cterna por necesidad. Algunos acontecimientos 0 eventos, cumo las crisis de la deuda de 1827, 1878, 1935 y 1983, pareeen woguir el esquema de los ciclos Kondratiev* 0, por lo menos, de alguna de las formas disponibles para fecharlos >, De todas formas, la coyuntura reciente ha sido la de una fase decreciente del ciclo Kondratiev unida a otra, igualmente decre- clente, del ciclo largo y que parece que seguird decreciendo a pesar de la recuperaci6n en el Kondratiev que ya decian se obser- vabui desde 1991 en el conjunto y, en todo caso, en la Unién Eu- ropes desde 1994 5. No ha sido, pues, una 6poca particularmente propicia para la erradicacion de la pobreza sobre todo porque, habicndo llegado el sistema-mundo a scr realmente mundial, las turbulencias en el sistema se han agudizado tomando forma de inestabilidad monetaria, reestructuracién industrial, cambios en 68 Tendencias en desigualdad y exclusién social el empleo, descrédito de lo politico y, en general, descomposicién social *°. Al mismo tiempo, la incorporacién de nuevas zonas como forma de resolver la crisis ha dejado de tener ja funcionalidad que tuvo en anteriores recuperacioncs: ya no estan disponibles. Este funcionamiento ciclico del sistema mundial (y sus pre- visibles consecuencias sobre fa pobreza) no es fruto de alguna ley «natural», sino el resultado de la actuacién de unas clases sociales a las que la Idgica del sistema premia si se comportan de una determinada manera y castiga si lo hacen de la contraria. El comportamiento de esa oligarquia internacional, tan poco estu- diada, parece ajustarse, sin embargo, al dicho de Chomsky: «La ret6rica neoliberal se emplea selectivamente como un arma contra los pobres mientras los ticos y poderosos contindan apoyandose en el poder del Estado» 57. Si lo dicho hasta ahora es correcto, tendriamos que pensar que los niveles de pobreza son también un fendmeno ciclico y, por tanto, que la tendencia inmediata podria volver a ser ahora Ja de ralentizar de nuevo fa polarizacién, aunque no, obviamente, la de suprimirla, que es algo inherente al sistema. No est4 escrito, peto es una posibilidad a no descartar, vistos los antecedentes 3B 4.2, LAPOSICION DEL ESTADO EN FI. SIST:MA-MUNDO EI sistema-mundo capitalista se basa también en un sistema interestatal jerarquizado bajo potencias hegem@nicas y dividido en zonas que pueden Iamarse centro y periferia® y es curioso que hasta muy recientemente no se haya tenido cn cuenta esta estructura internacional del poder como factor que se une al ante- rior en la creacién difcrenciada de la pobreza, esta vez en el espa- cio *°, La posicién de un pais en una zona u otra (Norte o Sur) tiene consecuencias inmediatas sobre el nivel previsible de pobre- za que puede encontrarse en él. ‘Un campo en el que es evidente que la posicién del pais influye en el nivel de pobreza es la cuestion de la deuda. La forma de afrontarla no es la misma para todos los niveles de la jerarquia mundial ni tiene e] mismo efecto. Como es sabido, el primer deu- dor mundial son los Estados Unidos. Sélo la deuda federal ya ascendia a 3,7 billoncs de délares a principios de 1992“, Pero ése no es el problema, El problema es que los paises del Hamado Tercer Mundo debfan 900,000 millones de délares Pobreza y desigualdad social 69 en 1982 y debieron 1,5 billones en 1993 después de haber pagado repetidas veces la deuda original. Las sucesivas «condicionalida- des» del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y los sucesivos programas de refinanciacién, ajuste, terapias de cho- que, etc., han conseguido una disminucién importante en los nive- les de consumo y un aumento de Ia pobreza ”, | Con o sin deuda, la jerarquia de los Estados tiene consecuen- cias sobre el nivel y tipo de pobreza que se encuentre en cada uno de ellos. En general, el sistema-mundo presenta concentra- ciones de los bienes (libertad, paz, consumo) en un extremo y de los males (tirania, violencia, pobreza) en el otro, en un circulo vicioso del subdesarrollo del que es posible salir, pero no facil. De abi que sea particufarmente dificil prever qué puede suceder en los préximos aiios, sobre todo después de la «crisis asidticay que se manifesté a finales de 1997 *, Algunos pafses, como Indo- nesia, que hasta ese momento habian visto reducidos sus niveles de. pobreza, los vieron aumentar en paralelo con la caida del Esta- do en la jerarquia mundial. Las voces contra las politicas del Fon- do Monetario Internacional y del Banco Mundial comenzaron entonces en sectores que antes no opinaban lo mismo o no habian salido tan claramente a la palestra 4. Tal vez fa China sea el pais mas beneficiado por esa busqueda de beneficio que caracteriza al capital internacional, y las inver- slones puedan hacer disminuir alli una pobreza que ya estaba dis- minuyendo. Y tal vez América Latina y, en particular, Mercosur ¥ México puedan entrar en una dindmica de crecimiento con hucha contra la pobreza propia de «nuevos dragones» que ascienden @n la jerarquia. Pero, de nuevo, nada esta escrito. De todas maneras, los efectos de la posicién del pais en el alstema-mundo sobre el nivel de pobreza vienen matizados no ablo por la coyuntura que esté atravesando el sistema-mundo sino también por las condiciones internas del pais. De hecho, Estados altuados en niveles mundiales parccidos, tanto da que sean altos © bajos, tienen niveles de pobreza diferentes porque también io won sus caracteristicas internas. 4.3. LasrruaciOn INTERNA DEL EsTAno No hay telacion univoca entre ascender en la jerarquia mundial ¥ feducir la pobreza. Hay otras variables que intervienen y que 70 Tendencias en desigualdad y exclusién social pueden cambiar totalmente el resultado de forma que alguicn que asciende vea aumentar la pobreza o quien desciende vea que Ja pobreza no aumenta correlativamente. Entre las variables inter- nas, pueden considerarse las siguicntes: La economia no lo es todo, pero es obvio que cuenta. Por ejem- plo, se puede crecer en PIB a la par que se crece en paro 0 en empleos mal pagados. Pero, en general, cl desemplco (0 si se pretiere, la distribucién muy desigual de los empleos) y la dis- tribucién muy desiguat de las tierras son factores que producen pobreza. Y, en el mismo sentido que el desempleo o Ia falta de tierras, la precarizaci6n en el empleo y los empleos de bajo salario oa tiempo parcial. La politica interviene de inmediato y de muchas maneras. Es obvio que si el desempleo no ticne ninguna forma de proteccién en un determinado pais, ahi habra mas pobreza que en otro sitio, con el mismo paro y més proteccién, Vayan algunos ejemplos. Ahora ya es evidente que las politicas neoliberales de Reagan y Thatcher han hecho crecer la pobreza en sus respectivos paises. En el caso de los impuestos, por ejemplo, el Institute for Fiscat Studies demostrd que el thatcherismo habia mejorado cn 30 £ ala semana !as condiciones del 10 por 100 mas rico de los hogares mientras que et 10 por 100 mas pobre empeoré su situacién en 3 £. La situacién del 40 por 100 de hogares menos ricos estaria en 1995 en peores condiciones de lo que lo estuvieron en 1985 antes de la reforma fiscal. De hecho, si la distribucién del recorte fiscal se hubiera producido en términos igualitarios, todos los hogares britdnicos habrian aumentado sus disponibilidades en 4 £ a la semana. Entre 1979 y 1992, el 10 por 100 menos rico de los hogares disminuyé en un 17 por 100 su renta real, una vez descontados los gastos de vivienda *. La circunstancia de los Estados Unidos no es tan clara. De todas formas, entre 1969 y 1989, Jos varones situadys en el 5 por 100 més elevado de nivel de renta vieron crecer sus ingresos en. un 12 por 100 mientras que los varones situados en el 5 por 100 més bajo disminuyeron sus ingresos casi en un 25 por 10047, La pregunta sobre por qué sc han producido estos fenémenos tiene una respuesta explicita en una fuente tan poco sospechosa de anti- liberalismo como The Economist: «Una bucna parte de la res- puesta reside en las politicas liberates adoptadas en muchas partes del mundo en los fillimos quince affos» **, © Pobreza y desigualdad social 7 La cultura proporciona una serie de factores que pueden llevar a la pobreza. No hace falta mucha discusién para reconocer que una sociedad en cuya cultura se valore ta solidaridad y «ta ayuda mutua como factor de evolucién», por citar a Kropotkin, mostrar niveles de pobreza diferentes a la que valore el darwinismo social, el «todo vale», la competicién, la lucha por la existencia ®, La insolidaridad del sélvese-quien-pueda junto a lo que es su efecto y causa, a saber, las politicas de «desregulacion, recorte de impuestos, Estado de Bienestar minimo y anti-sindicales», habrian agravado la tendencia general hacia la polarizacién social que se produce en las economias de empleos precarios o mal paga- dos y estd claro, para muchos autores, que estas politicas deben verse dentro del contexto de una teoria de las clases sociales que incluya el modo con que las clases goneran desigualdad dentro del mercado de trabajo *'. Qué escenarios pueden preverse a este respecto? Soy de los que piensan que el ciclo neoliberal (propio, por cierto, de fases A en los ciclos Kondratiev) toca a su fin y que vamos a entrar of una etapa en [a que el Estado recupera el papel que le negé el eslogan de] «Estado minimo», eslogan del que Camdessus ya Fenegaba en 1997. Con un «Estado activista» como Io Hama el Programa de Naciones Unidas para cl Desarrollo en su Informe del mismo afio y con una clara percepcidn de lo poco rentable que puede resultar un exceso de desigualdades y un alto nivel de pobreza, las lites mundiales comienzan a reaccionar y avanzan Propuestas que hubieran sido impensables bajo Reagan-That- cher “, De ser asi, buenas noticias para la lucha contra la pobreza, & No ser que el remedio Hegue al mundo tan tarde como le Ilegé & George Soros: después de haber publicado sobre «la amenaza vupitulista», es decir, contra el « “ Dos ejemplos significativos: Jeffrey Sachs, «Power unto itself», Financial Times, 12 de noviembre de 1997; Henry Kissinger, «Le FMI fait plus de mal que de biew», Le Monde, 15 de octubre de 1998 The Guardian Weekly, 20 de febrero de 1994, pag. 7. © The Guardian Weekly, 24 de julio de 1994, pag. 8. * Blesquema de James Petras sobre la formacion de fo que él llama la lumpen elusy os particularmente instructivo, J. Petras, « Navarro, V., Neoliberalismo y kstado det Bienestar, Ariel, Barcelona, 1997. Tortosa, J. M, La pobreza capitahsta, Tecnos, Madrid, 1993. Poltticas econémicas, pobreza y desigualdad 103 Jorres, J., Desigualdad y cuss econémica. EI reparto de la tanta, Sistema, Mattia. | taclos Unidos la legislaci6n autoriza 2 mfligir Ia reduecion automética ulel subsidho ala madre soltcia que se negara a identifica al padre de su hyo © impone la residencia de las madres soitcras on casa de los padres, Petrella, R Then comin, Elogio de la solidandad, Temas de debate, Madrid, 1997, "Minces, J. Education, experimental income and human behaviour, iraw-Hull, Nueva York, 1975, pg. 73. arbanes, P, S., «Giowing mequahty as an issue for economic policy», en Pupadimitriou, D. B.. Aspects of distbution of wealth and mcome, St. Martin Press, Nueva York, 1994, pag, 169 La Comision Curopea ha reconocido expresiamente este problema en alguna de sus resoluciones: «a pesar de la evoluciin mactoc- condmica favorable, él ntimero ue indigentes ha seguido aumentando cn los diez 19s afios en Ja mayor parte de los paises de la Comunidad... se observa cla- te que el mimero de peisonas que dependen de la asistencia social se ba incrementado desde cl principio de la década de los setenta; este niamero se ha duplicado inckuso en varios Estados miembros. No obstante (la ampliacién del cumpo de cobertura sovial) la tendencia de fondo sigue siendo el aumento del imimero de indientesr, Légicamente, este fenémeno se ha producido may gra- vemente en los patses ya de por sf max pobres. id. Comisién de las Comunidades lxuropeas, «Propuesta de decisidn del Consejo reiativa a [a implantacién de vn programa a medio plao de medidas para la integracion econdmica y social ue los grupos menos favorecidos», Bruselas, 1989, pig, 3. * Kimenyi, M. S., Economucs of Poverty, discrimination and puble Pohey, ITP, Cincinnati, 1995, * Guentero, D., y Diaz, E., «Estado del bienestar y redistuibucién de la renta nacional en Espaia desde la transicién», en Alvarado, 1998, pig. 137-166. " Un analisis a voocs sarcdstico de esto cn Fiank, R. Hy Cook, P. J., The winner-take-all society, Penguin Books, 1995. " Sen, A, Sobre la desigualdad econémuz, Critica, Barcelona, 1979, pigs. 13 M yi, " Mingione, E., Las sociedades fragmentadas, Una sociolingia de la vida eco- némica mas alld del paradyma del mercado, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1993 8 Sen, A, Nuevo examen de la devgualdad, Alianza Editorial, Madrid, 1995. Blank, R, «The widening wage distribution ead us policy implications», en Papadimitiiou, D. B., Aspects of destnbution of wealth and income, op. eth, pég. 190, ‘5 La expresién cs del titulo de un libro de Gordon, D. M.; Edwards, R., y Reich, R., Trabajo segmentado, trabayadores divididos. Lu transformacién husténca del trabajo en tos Estados Unidos, Ministerio de Trabayo y Seguridad Social, Madrid, 1986. © Sen, A., Bienestar, justicia y mercado, Paidds ICE/UAB, Barcelona, 1997, ig. 77. " Ricchmann, J.. coord., Necestar, descar, vir. Sobre necesidad, desarrollo fumano, creumuento econdmico y sustentabitidad, Laos Libros de $a Catarata, Madrid, 1998 ¥ Torres, J., «Reflexiones para una politica macroeconémica alternative, en A, Gueria, M. Soares, M. Rocard, Una nueva politica social y econdmuica para Europa, Editorial Sistema, Madnid, 1997, 104 Tendencias en desigualdad y exclusién social ' Bustos Pache, J. E. «Sobre el posible retorno del contrato de trabayo al Ca eae 1, Reon del del y de ls pena, Comes, or eA Nuevo examen del desig, op. cy pg 187 ; 2 Boyer, Ry Dore, R., Les politiques des revenues en Europe, La Découverte, Pars Gten OCDE, Fi Fstado benefactor en crisis, Ministero de Trabajo y Segu- ee Se waned ae aicones intermedias entie ef Estado y el mercado, a ik sup WELDS 3S VVAA, Paterreté, progrés et développement, L’Harmattan-UNESCO, Paris, 1°. PNUD, Informe sobre desarrollo humano 1997, Mund Prensa, Madrid, 1997, pig. 14. SY Ill El contexto sociopolitico de los procesos de exclusién social José Félix Tezanos Como vimos en el capitulo introductorio, !a nocién de exclu- sidn, incluso en su acepcién comin, connota una cierta idea de TegresiGn o retroceso, que conduce a quitar algo que se habfa alcanzado, o a lo que se tiene o tenfa derecho. La exclusién, en consecuencia, sdlo puede ser definida en términos de aquello de lo que se es excluido, es decir, del nivel de vida y el modo de insercidn social alcanzado en buena parte de los paises occiden- tales y que ha estado razonablemente protegide y garantizado en el marco del Estado de Bienestar, en forma dé un conjunto de derechos de cardcter politica, laboral, econémico y social, que habfan Negado a ser sancionados solemnemente cn las Consti- tuciones. De algunos de esos derechos y oportunidades y, sobre todo, del derecho a tener un puesto de trabajo o un modo de vida que permita vivir con dignidad es de los que estén siendo 106 Tendencias en desigualdad y exclusion social sapartados» y excluidos en nucstros dias un buen nimoro de per- sonas, en viriud de determinados procesos sociales que estin con- duciendo cn la practica a una dualidad de condiciones ciudadana Por lo tanto, el estudio de la exclusidn social debe abordarse a partir del andlisis del concepto antagénico, en ei que, como negacién, adquiere esta nocién su significado referencial mas pre- ciso, es decir, la concepcién de «cindadania social». 1. LA EXCLUSION Y LA NOCION DE CIUDADANIA SOCIAL El concepto de exclusién nos remite a una visién sobre los modos de estar o pertenecer a una sociedad que cubre una gama de posiciones que van de fa plena integracion a la exclusi6n, pasan- do por diversos estadios intermedios caracterizados por cierto gra- do de riesgo o vulncrabilidad social. Pero, érespecto a qué se pro- duce la integracién o la exclusién? {Qué pucde llevar a unas per- sonas desde posicioncs razonablemente integradas hasta los limi- tes de Ja exclusién social? éCudles son los factores y Jos condi- cionantes sociopoliticos que estén mfluyendo en el aumento de Ja exclusi6n social? Para entender cabalmente este continuo de posiciones sociales se necesita partir de un referente, de una inter- pretaci6n sobre lo que en un momento dado se entiende en una sociedad como el standard minimo de pertenencia integrada. En las sociedades de nuestros dias cse minimo referencial nos lo pro- porciona la nocién de ciudadania social. Una de las aproximaciones més fructiferas a la nocién de ciu- dadania social se encuentra en el célebre optisculo de Thomas Humphrey Marshall titulado Ciudadanfa y clase social, en el que se recogen las conferencias pronunciadas en la Universidad de Cambridge en 1949", En dicho opésculo Marshall analiza el desenvolvimiento de la nocién moderna de ciudadania en tres ctapas: la civil, 1a politica y la social. De manera concreta, Marshall puso cl acento en la nueva etapa de conquista de la ciudadania social, como algo que no sélo implicaba derechos civiles y poli- ticos, sino también «todo ese espectro que va desde el derecho a un minimo de biencstar econdmico y seguridad, al derecho a participar plenamente del patrimonio social y a vivir la vida de un ser civilizado de acuerdo a los esténdares predominantes en El catttexto sociopolitico de los procesos de exclusion social 107 lu sociedad>, «Las instituciones conectadas mas directamente con eli -aiadiré— son el sistema educativo y los servicios sociales» 2. La importante, a efectos de lo que aqui nos interesa, es que an ln vision de Marshail la ciudadania confiere una posicion, un emtittus en la sociedad, de una manera concreta, sancionada legal- mente, El desenvolvimiento histérico de Ja nocién de ciudadania dibuja, en este sentido, una senda progresivamente ensanchada, on Iu que la idea de pertenencia se vincula cada vez en mayor wrado a la conquista de una libertad més plena en el contexto de una mayor igualdad. Los componentes «de una vida civilizada y cultivada, que habian sido monopolio de unos pocos —afirma Marshali— fueron puestos progresivamente a disposicién de las mayorfas» >, De esta manera, la incorporacién de los derechos sociales al estatus de ciudadania supuso la conquista de un «de- techo universal a unas rentas minimas», que no estaba vinculado necesariamente a la ldgica del mercado. Pero no se trataba solamente de una cuestidn de rentas, sino de una nueva experiencia social que en el fondo apuntaba hacia un «enriquecimiento general de la sustancia conereta de la vida clvilizada, una reduccin general de los ricsgos y la inseguridad, una igualacién a todos los niveles entre los mas y los menos afor- tunados, los sanos y los enfcrmos, los empleados y los parados, los jubilados y los activos...». Y lo importante cs que Ja conquista de esta nueva experiencia social se basaba en un compromiso del Estado para con la sociedad en su conjunto. Para Marshall una de las principales conclusiones det enriquecimiento de la nocién de ciudadanja era la solidificacién de un 4rca de «cultura coman y de experiencia compartida», que cn aquellos aiios se nucleaba 8n torno al consenso keynesiano, La nueva ciudadania democrd- tica aceptaba ciertas manifestaciones moderadas de desigualdad, Porque éstas se producian cn el marco de una «sociedad fun- damentalmente democratica» en ia que no existian privilegios hereditarios y en la que nadie estaba dominado por el sentimiento de que «este tipo de vida no es lo suficientemente bueno para mf, 0 «mis hijos vivirén mejor y no tendrén que pasar la que yo he tenido que soportar» 4. Marshall escribi6 este optisculo bajo el influjo del recuerdo de las terribles circunstancias sociales y politicas heredadas de la Gran Depresién y todo el contexto de conflictos y luchas que Mmarcaron las décadas de los afios treinta y la primera parte de 108 Tendencias en desigualdad y exclusién socal los cuarenta. Después de aquel ciclo politico, el desarrollo de los Estados de Bienestar y el nuevo clima de consenso social abrié la perspectiva de avances sociales y de conquista de nucvos niveles de calidad de vida para el conjunto de fa poblacién, en un clima de paz y progresiva cohesién social. Pero no se trataba solamente de acuerdos particulares de gobierno para perfodos temporales acotados, sino de una nueva ctapa en la forma de entender la democracia que implicaba garantias juridicas precisas para los nuevos derechos sociales, que Ilcgaron a ser reconocidos en Jos textos constitucionales. De esta manera, los derechos al trabajo, a disfrutar del bienestar social, a la proteccién publica frente a tos riesgos del infortunio, a la educacién, a la vivienda, etc., pasa- ron a adguirir el mismo rango que los derechos a la libertad de expresi6n, de creencias, etc. éQué ha ocurrido con esta concepcién de la ciudadania social cincuenta aiios después de que Marshall impartiera sus célebres conferencias? éSigue cstando vigente la misma manera de enten- der la plena integracién de los ciudadanos en la sociedad? éSe respetan y garantizan en la practica los derechos sociales san- cionados solemnemente en las Constituciones? (Qué efectos pue- den derivarse de una quiebra virtual de la nocién de ciudadania social? éSe pondra fin a un periodo razonable de integracién y paz social? éExisten riesgos de retornar a un clima de conflicto social y antagonismo politico similar al de la década de los afios treinta? Con una perspectiva temporal algo més reducida de la que disponemos en nuestros dias, Tom Bottomore incluyé en la reim- presién del libro de Marshall de 1992 un pequefio ensayo titulado «Ciudadania y clases sociales. Cuarenta afios después». En este texto Bottomore apunta los nuevos datos a tener en cuenta, men- cionando la efectiva igualdad de las mujeres, !as consecuencias de los procesos de inmigracién (con ricsgos de una nueva dua- lizacién social de la condicién de ciudadania), el surgimiento de nuevas formas y manifestaciones de desigualdad, especialmente entre las «infraclases», etc. Bottomore consideraba que la expe- riencia del Estado de Bienestar no habia sido suficiente para erra- dicar la pobreza y que, especialmente a partir de su puesta en cuestion por los gobiernos neoconservadores, se asistia a un pro- gresivo deterioro social, acompafiado por un aumento del desem- pleo, que —segtin recordaba— no sélo tiene efectos cconémicos El contexto sociopolitico de los procesos de exclusién social 109 y repercusiones criticas en los «gastos piiblicos», sino que genera un «efecto general de desmoralizacion en una parte sustancial de la poblacién que se ve expuesta a él, al mismo tiempo que implica una reduccién efectiva de sus derechos como ciudada- nos» °. Desde que Bottomore formul6 este balance sobre el desarrollo practico de Ja ciudadania social, la situacién ha empcorado con- siderablemente. Las cifras de desempleo se han disparado en casi todos los paises de la OCDE, alcanzando cn muchos casos cotas superiores a las que se dieron durante la Gran Depresién, al tiem- po que la precarizacién social est4 aumentando. En la dindmica actual de nuestras sociedades cada vez nos encontramos con mas signos que muestran Ia dualizacién de vivencias entre aquellos a los que «les va bien» —y cada vez les va mejor—, y aquellos a los que «les va mal», y cada vez les va peor. Es decir, se esta ensanchando la brecha cxistente entre los sectores que disfrotan de los beneficios y las oportunidades de la dindmica generada por una nueva forma de crecimiento econémico que no genera suficiente empleo ni difunde el bienestar social, y entre un nimero ereciente de personas que van quedando arrojadas a ta cuneta, que ven alargarse los periodos en que no encuentran empleo, o que s6lo acceden a trabajos precarios, a tiempo parcial y poco remunerados. La consolidacién de un modelo de crecimiento econdémico Insensible a los factores sociales propicia una dinamica que puede conducir a un verdadero callején sin salida, acentuando los rasgos de dualizacidn social que conducen en el fondo a un modelo dual de ciudadanfa, Las garantias constitucionales de empleo, segu- tidad social y bienestar tienden a convertirse en la practica en papel mojado para un ntimero creciente de ciudadanos, que de facto ven recortados sus derechos y se encuentran emplazados ‘Ante una experiencia social que implica un retroceso sensible res- pecto al estatus alcanzado anteriormente —y teéricamente garan- tlzado— a partir del desarrollo de la nocién moderna de ciuda- danfa social. Por ello, se puede hablar de nuevos procesos de exclusion social, en virtud de los cuales algunas personas y grupos mociales se ven apartados o excluidos de las conquistas sociales que definen el modclo establecido de ciudadania en un deter- minado horizonte histérico. |! t ft \ z) aay A eraawer neues cr atpyen Lo peculiar de ia situacion que se esté viviendo es que cl mode- fo constitucional vigente no ha sido modificado ni impugnado juri- dica o politicamente. Simplemente esté siendo olvidado y omitido para una parte de los ciudadanos, abriéndose un doble circuito social que da hugar # que algunos (cada vez més) vivan su con- dicién ciudadana de una manera diferente, m4s mermada en dere- chos y oportunidades econdmicas, sociales, culturales y, por ende, juridicas y politicas, Esto es lo que ocurre, por cjemplo, con muchos jvenes a los que se aplica una nueva normativa laboral (contratos precatios, etc.), en condiciones de seguridad, estabi- lidad, ingresos, ctc., diferentes a las que ain estén vigentes para buena parte de la poblacién adulta ?. Salvando las distancias histéricas, la nueva situacién social recuerda, en alguna medida, 1a dualidad social de la polis ate- niense, en la que esclavos y metecos tenian un estatuto juridico y social diferente 0, desde una perspectiva distinta, la realidad de Jas castas més bajas en el sistema hind&, con el caso aberrante de los «intocables», una especie de excluidos absolutes sancio- nados con la macula del estigma y obligados a mantenerse «apar- tados» de las castas superiores. iCémo se ha Hegado en los paises occidentales a csta con- trarrevolucion social silenciosa? éPor qué se ha llegado? GQuiénes son los excluidos y cémo recorren el camino de la exclusién? Por qué se acepta pasivamente que el «pleno emplco» ya no es posible (incluso entre sectores progresistas)? (Qué consecuencias prac- ticas de indole social y politica puede tener esta situacién? ¢Hasta dénde Megara el aumento del nimero de los exciuidos? ECémo reaccionaran los «postergados» si Hegan a la conviccién de que no hay esperanzas para ellos? 6Cudles son los limites financieros del Estado de Biencstar para proporcionar un minimo vital al niimero creciente de parados de larga duracin y a las personas en situacién objetiva de necesidad? 4Qué efectos a medio plazo tienen las politicas asistenciales para las personas que «viven» de las prestaciones sociales? {Cudles son fos mecanismos sociales que estan amortiguande los efectos del aumento de la exclusién social? 4Cémo viven las nuevas generaciones las nuevas circunstancias? Estas son algunas de las preguntas que configuran uno de los grandes debates de nuestro tiempo. 2. LA CRISIS DEL ESTADO DE BIENESTAR Para entender fa dindmica que ha conducido a la impugnacién practica de la concepcién de ciudadanfa social y al aumento de la exclusi6n hay que profundizar en cl analisis del doble proceso confluyente en el que sc ha gestado la situacién que estamos viviendo. Lo que esté ocurriendo tiene sus rafces en una crisis del modelo de Estado de Bienestar que coincide en el tiempo con una transtormacidn de los sistemas de produccién que, por su propia légica interna, conducen a un aumento de las tendeneias desigualitarias y dualizadoras en la estructura social. Para reconstruir la dindmica de este proceso es necesario empezar por situar la evolucién seguida en el desarrollo y en la crisis actual de! Estado de Bienestar. Como ya hemos subrayado, los abos inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial estuvieron caracterizados por un alto grado de conflictividad social y de tension politica, derivada de los efectos de la Gran Depresién, que dejé en el paro y sin proteccién social a millones de personas. Después de la Segunda Guerra Mundial, y bajo el impacto cau- sado por dichas tensiones y por los procesos ulteriores de con- frontacién politica y bélica, se fragué un amplio consenso social en la mayor parte de Jos paises occidentales. Uno de los prin- cipales elementos cn los que se fundé el nuevo consenso de ins- piracién keynesiana fue un conjunto de derechos que garantizaban a toda la poblacién servicios sociales gratuitos, tales como sanidad y educacién y, a su vez, establecian mecanismos de prevencién frente a las incertidumbres laborales y ante la vida, con presta- ciones publicas garantizadas por desempleo, enfermedad 0 jubi- lucién. El reconocimicnto de tales derechos acabé conformando un modclo de ciudadania social avanzada, en un contexto socio- econdmico en el que se garantizaba un nivel muy alto de empleo ala poblacién («pleno empleo»). Aunque este modelo social fue cuestionado desde el principio por sectores conservadores y ultraliberales®, lo cicrlo es que no entré en crisis hasta mediados de la década de los aiios setenta. Por ello, las décadas anteriores han podido ser presentadas como uno de los periodos en los que tuvo lugar, sobre todo en los paises europeos, uno de los procesos mas dilatados de crecimiento eco- 112 Tendencias en desigualdad y exclusién social némico y de aumento de la prosperidad y el bienestar, en un clima de paz social y estabilidad politica. {Qué ocurrié, pues, cn la segunda mitad de la década de los afios setenta para que dicho clima de consenso social fuera puesto en cuestién? Generalmente, la crisis del Estado de Bicnestar se ha intentado relacionar con Ja estela de consecuencias derivadas de la crisis del petrdleo de 1973 y, especialmente, con la agu- dizacién de fos efectos inflacionarios concctados a la subida de los carbutantes. Sin embargo, lo cierto es que cl proceso implicé factores politicos, sociolégicos ¢ ideulégicos bastante diversos. Por fo tanto, una comprensién adecuada de esta complejidad es fun- damental para entender la dindmica que ha conducido a la espiral actual de exclusién social, y en la que tuvieron un papel clave algunas interpretaciones «ideolégicas» sobre la crisis y, especial- mente, sobre la pertinencia de determinadas recetas de politica econémica. Més allé de los efectos particulares de la crisis del petrdleo, a mediados de la década de los afios setenta la legitimidad y la funcionalidad del modelo de Estado de Bienestar estaba siendo socavada por varios elementos de erosién. Por una parte, el desarrollo practico de la politica de «pactos sociales» habfa con- ducido a cicrtos enfoques simplistas en la manera de plantear los acuerdos sobre subidas salariales periédicas y constantes. En algunos casos, los pactos sociales firmados por los representantes de los sindicatos y los emprcsarios —generalmente con partici- pacién gubernamental— hacian previsiones de aumentos salaria- les para varios afios, utilizando escalas méviles de incrementos por encima de la inflacién, Esta dinamica salarial pactada condujo a que la mayoria de los empresarios fueran abandonando pro- gresivamente la «filosofia» original del pacto social (inspirada en fa idea de un esfuerzo consensuado de crecimiento que permitiera un «reparto mas justo del pastel» entre todos, en aras de la paz social), y se fueron instalando en la practica de una simple tras- lacién automatica y mecénica de Jas subidas salariales a los pre- cios, intentando asi mantener constantes sus tasas de beneficios. De esta mancra se fue generando una dinémica de constantes subidas de precios y salarios que condujo a una espiral inflacio- nista que en algunos paises lleg6 a resultar insostenible. La evo- jucién de este proceso, y la cadena fatal de acontecimicntos socia- les y politicos de que fue seguido, de alguna manera recuerdan, El contexto sociopolitico de tos procesos de exclusidn social 113 por su futilidad, la imagen del perro que intenta morderse la cola y, en su sinsentido, se esfuerza por girar cada vez mds rapido sin lograr nunca su objetivo. A partir de esta situacién, empezaron a producirse modifica- ciones en el clima de opinién en torno a aspectos de importancia estratégica central para el sostenimiento del Estado de Bienestar, como Ia «presi6n fiscal», «el poder de los sindicatos» y la propia amplitud de las «politicas de solidaridad». Este clima de opinién fue espoleado con inusitada contundencia por determinados circulos neoconservadores que estaban ganando una considerable influencia comunicacional, al tiempo que desde miicleos estraté- gicos de poder econmico sc fanzaba la interpretacién de que la economia estaba recalentada y era necesaria una desaceleracién drdstica. El ascenso electoral de los conservadores, sobre todo en Estados Unidos y en algunos paises europeos, propicié una progresiva derivacién de las politicas econémicas en esta direc- cién, con efectos inmediatos sobre el desempleo. El clima de con- tencidn econémica Ilevé directamente a los circulos cmpresariales més duros a reclamar con més énfasis desregulaciones laborales para poder adaptarse a las nuevas condiciones y evitar el riesgo de cierres de empresas en un marco econémico cada vez més globalizado. De esta manera, el paro se fue inctementando hasta alcanzar magnitudes importantes; y de hecho superiores a la que enmascaran algunas estadisticas oficiales (vid. tablas 1 y 2) %. Uno de los efectos inmediatos del incremento del paro fue ¢l aumento de las necesidades financieras de] Estado de Bienestar, para poder cubrir las prestaciones por desempleo. A su vez, la mayor presién fiscal que implicaba esta situacién condujo a acen- tuar la Jlamada «crisis fiscal» del Estado, con una resistencia sig- nificativa de amplios sectores de las clases medias a mantener los niveles contributivos que exigia el sostenimiento del Estado de Bienestar. Lo cual repercutié en un deslizamiento de las orien- tuciones politicas hacia las franjas conservadoras del espectro electoral. Légicamente, el proceso que aqui estamos describiendo, de muncra esquematica y simplificada, presenté muchas compleji- dudes y variaciones de unos paises a otros . Pero a efectos de lo que aqui nos interesa subrayar, lo importante es tener en cucnta el encadenamiento de acontecimientos, medidas, efectos y rec- tiflcaciones que acabaron conducicndo a unos escenarios politicos 114 Tendencias en desigualdad y exclusién social El contexto sociopolitico de los procesos de exclusion social 115 =-)al-le]=)4l- Tawa 2 Relalajels| ojo Cuadro comparativo entre las cifras oficiales de desempleo = 5 ‘y las estimaciones reales en varios paises europeos Se) glele|eya|4 ciay | nein oe & |glalslejals ates fing | etre veencas Ea mo del Gobierno N (Ob) del deserspleo g ER|e Alemania 4.200.000 5.700.000 1.400.000 32,6 wae ~ Belgica 505.000 990,185 485.185 96,1 & z alajeleyaya. Fintandia 427.922 680.000 252.078 58,9 8 S&S |sjalelsl|-|- Francia 3.113.500 5.000.000 1.886.500 60,6, gS * alia 2.875.000 6.300.000 3.425.000 1191 g 2 apo) nlolalr Luxemburgo: 6.429 10.000, 3.571 55,6 3 3 glsi4ie\-)7 Remo Unido 1.850.000 3.950.000, 2,100,000 13,5 = g g falalelslelo Fuente. European anti-poverty network From Welfare to the Right to Work. Expenences B |SS Sl a]a)2 in Lurope, Bruselas, 1998, pag. 39 (datos referidos a 1996 y 1997). q S [sjs)s peg. § : 2 B le als/ss|5 en los que se hacia notar la sobrecarga financicra del Estado de I gf Bienestur, con tasas de paro en aumento, al tiempo que la posicién . &8 |B /aislajsjels de los sindicatos tendfa a debilitarse, en medio de un clima de “| ses (F z resistencia fiscal de las clases medias y de esfuerzos denodados : ‘| & £2 |salels Bye 5 de poderosos circulos neoliberales para intentar presentar a los : sg [ESIAE = sindicatos como los principales responsables de la situacién de ill 5 @ jelzialalajs = descontrol econémico a la que sc habia Hegado. Por ello no es lI g RF = extraiio que, poco a poco, las organizaciones representativas de : = e jelasieleis| a = los trabajadores fueran perdiendo afiliados y capacidad de nego- \ 3 = s|r|l? 23 ciacién, entrando, incluso, en serias discrepancias con micleos ‘! z e lalslslelals| 3 3 influyentes de los partidos socialdemécratas, a medida que sec- i x B jayele|*isic| 2g tores importantes de la opinién péblica interiorizaban la impre- iii 3 Be sién de que los «sindicatos habjan legado a tener demasiado ' 3 24 poder» (tablas 3 y 4)". hy a 23 La influencia de los enfoques neoliberales en la interpretacién H ty Bg go: y en la gestién de la crisis alcanzé su grado culminante cn el | \ alg i : momento en que las naciones econémicamente mas poderosas a g/2 al | 56 del planeta acabaron teniendo gobiernos de este cariz, impreg- | Sl3| [gle ee% 1 a s t » Impreg- th, | 23 sjslg | 228 nando la filosofia de los grandes organismos internacionales y i} Seales) | 228 dominando el disefio de la politica econémica mundial. Fueron | 2] 2) a/3]2 ads los «afios dorados» de Reagan, Thatcher y Kohl, del Opmén quests (Opinan hater nars por gr guns eine Pies) Paina) Pris) ‘wom(enpencean tinny Fuente GETS, Encucsia sobre Factuvién Social, 1998 y Estudio Delphs sobre exctasin social 1998 La opinién pablica tiene una imagen bastante precisa sobre quiénes son los excluidos, detallando con toda nitidez el complejo mundo de la exclusion social (grafico 2). En primer lugar se men- cionan los colectivos que se cncuentran en situaciones limites de earencia, es decir, los «sin techo» y los mendigos; en segundo lugar Jas personas que tienen aigiin problema de insercién social, com los alcohdlicos y drogadictos, los inmigrantes, tos que per- 120 Tendencias en desigualdad y exclusién social El contexto sociopolitico de los procesos de exclusién social 121 tenecen a minorias étnicas 0 raciales, o los que se encucntran atrapados en Jas subculturas de la delincuencia; en tercer lugar aparecen, con intensidad recurrente, toda una serie de situaciones al x afectadas por el desempleo y la precarizacién del trabajo, como ' a es ef caso de los parados de larga duracién, fos trabajadores que | | g wy no cobran Io suficiente, los jévenes que no han logrado su primer ' ns * % empleo, las madres solteras sin empleo, o los que tienen trabajos | | $ precarios 0 inestables; un cuarto bloque importante de excluidos, < a segin la opinién piblica, esté formado por los que tienen algtin g % te, ‘ handicap personal, como los minusvalidos o los enfermos crénicos. = ey, Las previsiones de los expertos —a una década vista— sobre g 5 >, > Jas tendencias de aumento y/o disminucién de fos principales gru- . 3 s ¢ Principales gr ' 3 a Sy pos de excluidos y sobre su propia situacién social dibujan un s a wey Me, panorama complejo: Por una parte se considera que algunos sec- oo BS 1 “as %, tores de excluidos no se verdn afectados de manera importante | = 8 a por el transcurrir del tiempo; éste es el caso de los minusvétidos I 8 = ‘, fisicos wwicos, los alcohdlicos y tos drogadictos o los delin- | 5 y ps y 8 ° a = & ‘ty cuentes (vid cuadro 1). A su vez, hay un segundo tipo de excluidos | a a, 2 =z %, | a4 3 nN, cunono 1 \ °8 3 ~ Tendencias més remarcadas en la evotucién de los grupos exchuidos i & x x para la proxima década segtin los expertos : g q 5 « => 2 Mejorartn Lmpeorerin Semamiendrtn & 3B Ma 3 — Losjévenes que — Los parados de & 3 no han logeado larga duracién = oe, un primer en — Los refugiados * ~ Z Disminvirén leo politicos ee é . — Las madres sol- \ ~ me, 3 terms sin em- 2 “ 0 Oe 3 3 = Les inmigrantes | — Lostrabajadores | — Los mendigos %, 7 B — Los que pene ie no cobran | — Los que trabajan o vente I i gagesagaaree > i ora inca | —Los que ticnen | sumergda i A tard ‘oracial bi ca- | — Los pibilados ' » e “ee —Losquetatefn | thvointtabies | pocosingresns ‘a tiempo parcial — Los «sin techo» — Los_enfermos exdnicos —L vinusvalt — Los alcohéh Se muntendran tontincosy ot droga ‘diees ab Haun quicos — Los delincuentes Bucnte: GETS, Estudio Delphi sobre exclusién social, op. cit 122 Tendencias en desigualdad y exclusion social cuyo numero se considera que va a disminuir en la préxima déca- da: los parados de larga duracion, los jévenes que no han logrado atin un primer emplco, las madres solteras sin empleo y los refu- giados politicos, que constituyen un caso particular bastante dife- rente a los tres anteriores, En estos supuestos se trata de personas con problemas de insercién global que afectan a sus mismas opor- tunidades de encontrar un empleo. En tercer lugar, existe un amplio miclco de excluidos que se picnsa que aumentardn cn el futuro, y entre los que se dan diferentes situaciones. Por una parte, estén aquellos que se prevé que aumentarda, pero estaran en mejores condiciones que ahora (los que pertenecen a alguna minoria étnica o racial, 0 los enfermos crénicos). Por otra parte, estan los que aumentaran y se encontrarén més © menos igual que ahora, como los mendigos, los «sin. techo», los jubilados con pocos ingresos, o los que trabajan en la economia sumergida; es decir, todo un conjunto de sectores que se caracterizan por su cardcter mds bien pasivo (0 poco activo) y por una marginalidad acentuada. Finalmente, se encuentran varios grupos cuya condi- cién de vulnerabilidad y/o exclusién reside precisumente en la pre- cariedad de las condiciones en que realizan su trabajo, Es decir, no son marginales, no estén en el paro absoluto, pero padecen directamente las condiciones negativas de las tendencias de pre- carizacién de los empleos. En estas casos los expertos prevén, a la vez, un aumento de su niimero y un cmpeoramiento de sus condiciones: ésta es la situacién de los trabajadores que no tienen suficientes ingresos como para poder vivir dignamente y los que realizan trabajos precarios o inestables (cuadro 1). En algunos de estus supuestos la previsién de mantenerse den- tro de una década en la misma situaci6n que ahora tiene un sig- nificado claramente ncgativo. Este es el caso, por ejemplo, de Jos parados de larga duracién y, sobre todo, de los mendigos y los «sin techo», as{ como los que trabajan en la economia sumer- gida y los jubilados con pocos ingresos, cuyo mimero global sc estima que tenderd a aumentar. Resulta especialmente significativo el matiz subyacente que establecen Jos expertos entre Ja situacién de tener 0 no tener un empleo, como factor exclus6geno, y el tipo concreto de trabajo que se ticne; es decir, el componente de exclusién que supone tener un «mal trabajo». En el primer aspecto, los expertos cn exclusién son menos pesimistas de cara al futuro y piensan que El contexto soctopolitico de los procesos de exclusién social 123 dentro de una década algunos de estos sectores tendran mas opor- tunidades de encontrar empleo (j6venes, madres solteras, etc.), Sin cmbargo, esto no significa por sf solo una garantfa para salir del circuito social de las situaciones de necesidad, ya que, al mismo tiempo, sc pronostica un aumento de los grupos excluides for- mados por los que tiencn empleos precarios y los que ganan sala- rios muy insuficientes. Precisamente, resulta bastante relevante que en estos dos sectores sc dé la unica circunstancia coincidente de una previsién de aumento de su numero y, a la vez, de empeo- ramiento de su situacién (vid. cuadro 1). Es decir, la probiematica de la exclusién rclacionada con la crisis del empleo se entiende como algo que esté agravandose y que debe ser situada en un marco mds amplio que el simple hecho de tener un trabajo, abar- cando todas las condiciones negativas —a veces muy ncgativas— en las que algunas personas se estan viendo obligadas tiltimamente a realizar sus trabajos. Precisamente, la difusién de un nuevo tipo de condiciones labo- rales precarizadas est4 conformandg, en opinién de algunos exper- tos, una de Jas zonas de vulnerabilidad social que mas est4 cre- ciendo, que afecta sobre todo a los jévenes, y en la que mayores pucden ser los riesgos de deslizamiento hacia la exclusién, debido —se subrayari— a que se trata de una zona que generalmente Se encuentra fuera de las previsiones de atencién de Jas redes de proteccién social. En consonancia con las imagenes y las previsiones sobre cl futuro de la exclusion, existe también una percepcién bastante clara sobre las causas principales que estén dando lugar a una acentuacién de los problemas sociales. El primer factor de exclu- sién citado con gran énfasis, tanto por la opinién publica como por los expertos, es el aumento del paro (grafico 3), mencionan- dose de manera particular «las dificultades de los jovenes para encontrar trabajo». Aparte de cstos factores centrales se consig- nan también problemas importantes de contexto, como las drogas, la falta de vivienda, el aumento de {as emigraciones o la crisis de la familia, as{ como diversos aspectos relacionados con la actual cl Estado de Bienestar (los recortes de las politicas sociales, la disminucion de las pensiones y la propia pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios mas bajos). Existe una graduaci6n bastante precisa entre las valoraciones de los expertos y la opinién piiblica tanto en lo que se refiere 124 Tendencias en desigualdad y exclusién social Grarico 3 Las principales causas de la exclusién social deena dela zones wanes ‘tiecone oe ts posticas sociales {La cuminscion de es pensones os secostes sales [et mumento det emigractin (Leerials de tama, Lata do viene {Use aiicunades de for jovenes para encontrar abajo a ee ee er er) JExpertos en excluslon sod Bopmdn Pablce Fuente GETS, investigacidn sobre exclusiin social, op cit. al énfasis especifico puesto en cada uno de los factores (en primer, segundo y terccr lugar), como en el propio peso global atribuido a cada uno de ellos (tabia 5). Aparte del problema del paro, sobre el que existe una amplia coincidencia, en general la opinion pabli- ca enfatiza mds prioritariamente carencias o circunstancias que tienen una mayor significacién individual, como el hecho de caer en la droga, o no tener vivienda, © las propias dificultades de Jos jévenes para encontrar un empleo. Sin embargo, los expertos tienden a enfatizar en mayor grado circunstancias del contexto social, como la crisis de la familia o e] aumento de los inmigrantes, asi como otros factores de caracter politico, como el recorte de las politicas sociales, o la disminucién de la capacidad adquisitiva de las pensiones. ‘Los expertos llaman la atencién sobre factores de contexto poli- tico que estan afectando la dindmica de la exclusién, no s6lo desde el punto de vista de la definicién de las prioridades y de la dis- posicién de recursos, sino también desde la perspectiva de las dificultades para «poder llegar» adecuadamente a determinados sectores y grupos de ciudadanos que padecen situaciones de nece- sidad y para los que las Administraciones Piblicas son poco El contexto sociopolitico de los procesos de exclusién social Tasta 5 Principales factores que influyen mds en la exelusi6n social (Porcentaje) Frecuencia acumulada 649 EA 8 10,8 48,6, 43,2 81 18.9 Expentos en exclusién social En 2a/s| sje[a)2]s E abis{s! slelgals & adig| i] if] sl | Frecuencia acumulada nS 505 34S 24,7 224 22,3 VL 9S 62 134 Ex 87 Opmion piibtica En 3 lugar AB 162 En 2° lugar 141 20,9 Ba 11,6 88 Th 58 It in 2 lugar 48,6 136 2.6 23 0 61 13 03 07 — El eumento del paro ayals g 3 & 2. 24s B2)3 sale au3 s/s Sas ! | — La crisis de la familia — Bl aumento de i — Los recortes salariales — La disminucién de las pensiones — El recorte de las politicas sociales — El deterioro de las zonas urbanas — El aumento de las madres solteras — Otros elementos 125 Fuente GETS, Investigeciin sobre exchusun social, op st 126 Tendencias en desigualdad y exclusién social «préximas» y resultan dificiimente accesibles. Por ello, el proble- ma de la exclusién se topa en ocasioncs con dificultades afiadidas de «falta de proximidad» para plantear una adecuada solucién o para la simple instrumentalizacién de las ayudas, Los cxpertos subrayan también las graves dificultades que est creando la crisis del trabajo en un modelo social que atin continua «teniendo al empleo remunerado como el eje central del sistema de partici- pacién/ redistribucién», A su vez, tanto los expertos como la opinién péblica tienen una imagen multidimensional de ta exclusiGn, que comprende aspectos laborales, relacionales, econémicos, culturales, etc. (labla 6). En las percepciones de unos y otros existe una diferencia de grados 0 énfasis que sin duda obedece al mejor conocimicnto de Ja probleméatica considerada por parte de los expertos. Sin embar- B0, junto a estas diferencias también existen matices. De manera especifica los expertos enfatizan més las circunstancias de «no tener trabajo», «no beneficiarse de los derechos de la sociedad» y «tener problemas de integracién en redes sociales (familia, ami- gos, etc,)», en tanto que la opinién piblica acentéia en mayor grado los resultados finales del proceso que conduce a la exclu- sién, es decir, el propio hecho de estar «marginado» y «tener pocos ingress». Por lo tanto, también en este caso predominan los enfoques de «andlisis de procesos» entre Jos expertos y de «captacién u observacién de resultados» entre la opinién piblica. Si nos atenemos a Ia légica interna del proceso de exclusién, podemos decir que los datos obtenidos de nuestra investigaci6n no hacen sino traducir y reflejar algunos de los enfoques analiticos que desarrollamos en el capftulo introductorio, Por ello, si orde- namos todas estas informaciones de acuerdo a cinco de los prin- cipales bloques de factores que consideramos cn nuestro andlisis podemos comprobar (vid. grafico 4) que, aun dentro de las dife- rencias de grado ya resefiadas, tanto los expertos como la opinién ptblica enfatizan en primer lugar los factores sociolaborales, en segundo lugar los econdmicos, en tercero, a muy corta distancia, los relacionales, y finalmente los culturales y los personales. Todo lo cual resalta el carécter hondamente multidimensional de la exclusién social, que da lugar a que las diferentes facetas de la exclusion y/o Ja vulnerabilidad en muchas ocasiones sc vayan enca- denando fatalmente, Ilevando a algunas personas a las tronteras mis criticas de la exclusién; sobre todo cuando no cxisten meca- El contexto sociopolitico de los procesos de exclusion social 127 Tama Significados bisicos con los que se relaciona el hecho de estar excluido (Porcentaje) tube | enctcadn | Diem Estar marginale 35.0 368 * Tener pocos ingresos 30,2 43,6 * No tener trabajo 26.2 BO oo No beneficiarse de los dere~ chos de la sociedad 13,1 S14 ‘« Ser drogadicto iT 189 * No tener amigos, relaciones sociales 92 216 . Desarraigo familiar, no tener familia, estar solo 90 48,6 “ No tener vivienda 86 35 Estar enfermo, impedido, ser munusvalido 65 27 ~ Tener poca tormacién, pocos estudios 63 362 ‘ [con el acismo y fa xenofobia 58 BS * No contar politicamente 24 BS * Otras respuestas 06 8 . De todo un poco 1,3 — NS/Duda 32 = NC 05 54 Fuente: GETS, Investigacuin sobre exclusiin social nisms relacionales compensatorios (tedes familiares y sociales de apoyo), 0 mecanismos institucionales de reinsercién. Como indicaba expresivamente un experto «la exclusin laboral acarrea curencia de ingresos (exclusién econdmica), que a su vez conduce x la exclusin relacional (desarraigo y aislamiento)... que acaba fraguando una hipoteca en la condicién de ciudadano». Finalmente, los resultados de nuestra investigaci6n demostra- fon que un némero significativo de ciudadanos espafoles habian \ | 128 Tendencias en desigualdad y exclusion social i 1 Ser drogueto| Raasiiay erate Tenet p20 formacon L GrArico 4 [Noteaa fambe No tener relacenes seoules Factores relacionales Principales factores de exclusién socia! identificados por los expertos | Expertos D Opinién Pablicn ¥y por fa opinién piiblica Noteuse ‘dels drechos psc, vomenvia Factores econémicos ‘eales Notenertabao. No bencfiae Tonarpocos Factores laborales sociales El contexto sociopolitico de los procesos de exclusion social 129 Grarico 5 Percepcién de los riesgos de quedar en una situacibn de exclusion social ahora y dentro de diez afios 25 » as er ns 15 al to 5 o Riesgos — Mayores nesgos Riesgos _ Mayores riesgos actuales dentro de diez. afios actuales dentru de diez afios ‘Encuestados que sienten riesgos Encuestados que ven rleagos para personalmente familiares cercanos sentido preocupacién en los dltimos meses por caer en la exclusién social. En concrcto asi lo manifestaron un 16,7 por 100 de los encuestados, mientras que un 20,7 por 100 declararon que habian sentido o sentian esta preocupacién por algin familiar cercano suyo (grafico 5). A su vez, cuando se pregunté por los riesgos futuros de quedar afectados por la exclusién social, fueron un 22,5 por 100 los que manifestaron una conciencia de mayores ries- gos personales de aqui a diez afios y un 21,8 por 100 para fami- ares cercanos. Obviamente, no se puede ocultar que estas res- Puostas tienen un fuerte componente proyectivo, que nos permite altuar la franja mds sensible a Jos riesgos de la exclusién social en una frontera que alcanza en torno a un 21/22 por 100 de la poblacién. Estos datos revelan que Ja problematica de la exclusién social tlende a penetrar —como riesgo potencial y como preacupacién— entre sectores y Ambitos muy diversos de la sociedad. Como pode- mos comprender, no se trata de una problematica que afecta sola- monte, a pafses como Espafia, sino que su presencia se hace notar en el conjunto de los paises desarroliados, a partir de un marco do influencias y de causas especificas, que hemos analizado con dlerio detalle en otros lugares. No obstante, en el contexto de lun pafses curopeos la sensibilizacién ante csta problemitica adquicre dimensiones mas precisas, que tienen su raiz en el hecho do que cn estos paises resulta mas palpable la dimension de «re- 130 Tendencias en desigualdad y exclusion social troceso» que ticne la exclusidn social respecte a derechos y opor- tunidades conquistados en mayor grado en el marco del Estado de Bienestar. El especial conocimiento que tienen los expertos permiti6 son- dear con mas detalle los prondsticos sobre la dinamica de la exclu- sin pata la proxima década, tanto en Espafia en particular, como en el mundo en general, asi como las consecuencias y efectos de estas tendencias para la sociedad espafiola, para el mundo y para las propias personas que padecen !a exclusién. En su con- junto, los expertos trazan un marco bastante completo de ien- dencias y de efectos y consecuencias (cuadro 2). Légicamente, algunas de estas previsiones son formuladas con un mayor grado de consenso y, por ello, conviene atender también al orden de prelacién con el que han sido situadas en e] cuadro. No obsiante, todas ellas dibujan un panorama general, en el que es posible identificar varias Aumente de la wolenete y de las tenciones sociales, ncremento de la dualicacién eoo- némica. — Riesgos de una exchusién cultural y de derechos. — Papel més prevalente de fas ONGs — Aumenia del racismo y fa xeno- fobia — Mayor indwvidualismo, — Establecumiento del salarso social, — Potenciacién de Ins des infocma- — Violaciin sistemética de las dere- hos inumanos. — Mayor miseria de los pueblos indi- sgonas del Sur, — Aminoracién de las_politicas sociales. -— Fragmentocion cultural. — Aunento del papel mediador de ts ongniactons nternaciona- — Acentuacién de una conciencia faria internacional 132 Tendencias en desigualdad y exclusién social cipales efectos y consccuencias de estas tendencias seran un aumento de las tensiones y los conflictos (polarizaci6n, nuevos conflictos sociales, confrontaciones bélicas y tensiones mundiales) y un desarrollo de politicas restrictivas (cierre de fronteras a los inmigrantes, violacion de derechos humanos, aminoracién de poli- ticas sociales), en un contexto general de fragmentacién cultural y aumento de la pobreza y mayor miseria en determinadas zonas del planeta, Solamente cn los Gltimos lugares, y de manera mino- ritaria, algunos expertos apuntan la perspectiva de un «aumento det papel mediador de las organizaciones internacionales» y una eventual acentuacién de Ja conciencia solidaria internacional, como rechazo —se diri— a la gravedad de las tendencias que se apuntan. Desde fa perspectiva especifica de las personas que padecen la exclusién, los expertos consideran que las principales conse- cuencias y efectos seran, de manera muy destacada, la pérdida de autoestima, seguida por Ia fragilizacin de la condicién ciu- dadana (en el ejercicio real de derechos), la ruptura de los vinculos individuo-sociedad, la pérdida de confianza cn la sociedad, el dete- rioro fisico y pstquico, con un deslizamiento hacia reacciones agre- sivas y violentas (vid. grafico 6). Otros factores también sefialados fueron «la pérdida de horizontes vitales», «el sufrimiento, el dolor», la indignidad, la frustraci6n y cl sentimiento de inutilidad. Desde la éptica general de la sociedad, las principales con- secuencias y efectos sefialados por los expertos fueron (grafico 7), en primer lugar, el deterioro general de la convivencia ciudadana, en segundo lugar un «dualismo que —segiin se afirma literalmen- te— ofende a la ética y la justicia», y en tercer lugar lo que pode- mos calificar como pérdida de vertebradura moral de la sociedad, que aparece recurrentemente (pérdida de valores, deshumaniza- cién, insolidaridad). A continuacién se mencionan los efectos nocivos sobre el clima de convivencia (violencia, delincuencia, desorden social, deterioro urbano), con un aumento correlative de las medidas de seguridad y vigilancia y con riesgos, m4s 0 menos directos, de pérdida de legitimidad del sistema politico. Todos estos efectos y eventuales impactos trazan en su con- junto el panorama de un deslizamiento hacia socicdades mas dua- lizadas, més violentas, més inseguras, mas policiacas, mds des- vertebradas moralmente, més deterioradas y mds «costosas» para todos. El contexto sociopolitico de los procesos de exclusion social 133 GrAFico 6 & i 3 ' ie ily a it i hi ge E z ty & He a tae ai dege | wl é 3 é efoetaon GRAFICO7 Principales consecuencias y efectos de fa exclusién para fa sociedad en su conjunto, segtin los expertos (% frecuencras acumnuladas) 4. EL CONTEXTO DE LA EXCLUSION SOCIAL La densa complejidad situacional a partir de la que es posible explicar la exclusién hace que resulte muy dificil sustentar en datos objetivables el prondstico sobre su evolucién futura, ya que en esta evolucién van a influir variables socioculturales y politicas que es muy dificil evaluar con antetacién. Por esta raz6n aqui vamos a limitarnos a formular dos aproximaciones someras a la cuesti6n, en la forma en la que nos permiten los datos disponibles. La primera aproximacién nos situar4 en el cuadro de previsiones plausibles del contexto institucional y \a segunda cn el contexto sociocultural general. Finalmente, intentaremos establecer algunas conclusiones en torno a las principales variables que van a afectar a los escenarios sociopoliticos en los que se verificard ta evolucién futura de 1a exclusi6n social. En el plano institucional hay que considerar, en primer lugar, la evolucién previsible de la familia, cn cuanto instilucién basica que desempefia un papel fundamental como red social de apoyo y de solidaridad. En segundo fugar, las funciones compensatorias de las diferentes instituciones politicas movilizadoras, en ¢l con- texto general de Ja estructura de poderes, con cspecial alencién a los sindicatos. En la medida en que los sindicatos fueron una de las instancias fundamentales que coadyuvé al desarrollo con- xensuado del Estado de Bienestar, su eventual debilitamiento resulta fundamental para explicar las inflexioncs en las politicas woviales y la dinamica de desregulaciones laborales que esta influ- yendo en la actual crisis del trabajo, con todos los efectos exclu- négenos a cilo asociados. La eventual crisis de la familia, o el desdibujamicnto y fra- gilizacin de sus funciones sociales, puede influir de manera (mportante en la agudizacién de la exclusidn social, de la misma manera que la dcbilidad de Jos sindicatos, unida a la carencia de otros mecanismos institucionales de representacién y defensa do intereses sociales, pucde plantcar un serio problema de desa- Juntcs en la necesaria articulacién equilibrada de los interescs pre- fentes en toda sociedad organizada de acuerdo a patrones de faclonulidad e integracién. Las previsiones sobre el papel de la familia que formulan los @xpertos en exclusién son bastante matizadas, tal como podemos 136 Tendencias en desigualdad y exclusién social Cuapro 3 Previsién de evolucion del papel dela familia dentro de diez aios segin los expertos en exclusion social Tendencia | Segundad = Papel de amparo y pro- teccidn social desempe- fiado por la familia (en comparacién con el actual) — Nomero de familias mo- nds, menos o igual que ahora a los familiares que se encuentren en situaciones de necesidad econdmica o social? NOTA. 5 muy mmportunte; 4 hastente importante; 3 importante; 2 poco importante; 1 nada importante. Fuente: f’swudio Delphe sobre exclusidn social 1998 ver en el cuadro 3. Por un lado, piensan que de aqui a una década aumentaré e! ntimero de familias monoparentales y que el papel general de amparo y proteccién social de las familias sera menor que ahora. Pero al mismo ticmpo consideran que la disposicion para ayudar a los familiares que se encuentren en situaciones de necesidad econémica y social seran mas o menos similares a las actuales. Es importante subrayar que estas tres previsiones con- citan grados muy diferentes de acuerdo: en la primera coinciden todos los expertos, en la segunda cl 64,9 por 100 y en la tervera solamente el 54,1 por 100 (el 43,2 por 100 piensa que la tendencia sera hacia una ayuda cada vez menor). Algunos expertos subrayan que la disposicién a la ayuda ya se est4 deteriorando bastante, debido a las tendencias de disgregacién y de dispersion geografica de las familias, asi como a la propia extensién de tas situacioncs de necesidad (bastantes personas tienen que vivir en condiciones econémicas «ajustadas») y a otras variables como la incorporacién de las mujeres af trabajo, la mayor autonomia de los hijos, la difusién de mentalidades hiperindividualistas, etc. En su conjunto, nos encontramos ante una tesitura compleja en la que se plantea un equilibrio delicado del «teparto» de las El contexto sociopolitico de los procesos de exclusién social 137 responsabilidades de proteccién social entre la familia y cl Estado. Después del ciclo «protector» desarrollado en el periodo de expansidn del Estado de Bienestar y de la incorporaci6n de fa mujer al trabajo, los reajustes que se estan produciendo tltima- mente en las politicas sociales no acaban de cncajar bien con las expectativas creadas y con la nueva mentalizacién social. Las mujeres ya no «estén disponibles» como hace varias décadas para ocuparse de las personas mayores y de los necesitados y, al mismo tiempo, la mayoria de Ia poblacién ha interiorizado 1a conviccién de que el Estado tiene contraidas obligaciones en firme, que no puede «endosar» o traspasar de nuevo a las familias, cuando atra- viesa un mal momento financiero, Es decir, la dinamica socio- politica inaugurada con la implantacién del Estado de Bicnestar generé una nueva cultura social y unas nuevas vivencias laborales, que modificaron la conciencia de «responsabilidades» frente a los familiares, que ahora no es facil que resulte reversible a corto plazo. Los expertos entienden que se vive en circunstancias nuevas, en las que se plantean nuevas necesidades de proteccién, sobre todo de los padres respecto a los hijos adultos sin empleo, y que en estas circunstancias tenderd a reducirse la capacidad adquisitiva de muchas familias, y sobre todo la capacidad de ahorro. Por otra parte, la merma de recursos también podra acabar influyendo en una pauta de «ayuda interfamiliar més limitada», en funcién de la evolucién del empleo y de la propia disposicién del Estado a mantener y mejorar la capacidad adquisitiva de las pensiones. No deja de ser significativo que las percepciones de los expertos en cxclusién social sobre el papel de proteccién social que tendra la familia en un futuro inmediato sean mucho més criticas que las de los expertos en estratificaci6n social en general y que las de la propia opinién pablica (grafico 8). El hecho de que las pre- visiones pesimistas (disminucién del papcl protector de la familia) entre los expertos en exclusién tripliquen practicamente a los otros dos se explica muy verosfmilmente por el conocimiento més direc- to de esta realidad y, sobre todo, por la consideracién primordial del contexto de influencias sociales a partir de las que se piensa que las circunstancias de vulnerabilidad se pueden compensar o trocar en mds segregadoras. Una comprensién adecuada de esta problematica —y el even- tual papel _INDIVIDUALISMO SEGURIDAD LABORAL 4——® — FLEXIBILIDAD LABORAL AFILTACION SOCIAL +—>_ DESAFILIACION SOCIAL — Identidad compartida — Identidad segmentada — Cultura coman — Cultura diferenciada RELACIONES SOCIALES 4——_—_RUPTURA VINCULOS $0- — Prestigio social — Estigma social FAMILIA PATRIARCAL = —— _—FAMILIALAXA — Destino comin — Intereses personales DERECHOS SOCIALES = <—— _INDIVIDUALIZACION FOR- MAL DE LOS DERECHOS E] valor de la solidaridad configura un entorno en el que las relaciones sociales se realizan sobre presupuestos de igualdad ontolégica, facilitando la integracién de los miembros pertene- cientes a la comunidad y e1 apoyo a aquellos que por circuns- tancias propias, como es la minusvalia, o ajenas a su voluntad, como es la falta de empleo, son incapaccs de Ilevar una vida defi- nida socialmente come normal. El ejercicio de una actividad laboral es, en nuestro entorno social, un factor de integracién basico. Como hemos visto, muchas de las situaciones de exclusién social van asociadas a la falta de empleo o de un cmpleo precario y mal remunerado. Esto justifica que se plantee la neccsidad de que las politicas contra la exclusién sean, efectivamente, politicas de integracién laboral. La afitiacién social supone la identificacin por parte de una persona con las personas o los grupos sociales de] entorno de Las variables socioculturales de la exclusién social 183 convivencia o del marco referencial. Sentimientos de mds 0 menos cercania con determinados grupos de referencia configuran un contexto caracterizado por la cohesi6n o el conflicto de intereses, propiciando la indicada exclusién o integracién; y, como conse- cuencia de ello, la ruptura de los vinculos sociales 0, por el con- trario, la existencia de una interaccidn social basada en el respeto y la consideracién social. Uno de los factores que hemos puesto de relicve ha sido el de Ja familia, considerando 1a diferencia entre las relaciones de un tipo tradicional de familia patriarcal, en donde existe un des- tino comin de todos 10 miembros que lx componen, y un Lipo de familia actual laxa donde los intereses estan fragmentados, que puede dar lugar a situaciones de vulnerabilidad y exclusién social. Los rasgos mas destacables de la situaci6n cspahola respecto a los factores integradores de la sociedad son el predominio del valor de la solidaridad y la igualdad, la afiliacién social (que deno- ta la identificacién por igual con todos los grupos sociales), cl papel de la familia en el apoyo a los miembros en peligro de exclusién social y la cxistencia de un marco normativo que carac- teriza un status avanzado de ciudadania. Por cl contrario, entre los factores excluidores descolla la precarizacién (0 carencia) del trabajo, que en el actual modelo social es el elemento basico de inclusién, Frente a Ja exclusién social, hay que recuperar el esfuerzo por garantizar la integracidn social, laboral y cultural, para lo que es fundamental el marco de los derechos sociales, asi como una con- cepcién activa de ciudadania y el desarrollo de sistemas de soli- daridad, que conjugan politicas integrales con acciones coordi- nadas, subre todo a nivel local, incidiendo en un enfoque pre- ventivo y participativo. NOTAS 1M. Castells, La era de la Informacién. Economia, Sociedad y Cultura, vol. I: La Sociedad Red; vol. 11: b! poder de ta identidad: vol. It: El fire del milenio, Alianza Editorial, Madrid, 1998, ”'U. Beck, La Socvedad del Riesgo. Hacia una nueva modernidad, Paidés Bésica, Barcelona, 1998, pdg. 98. * Idem, pig 99 * PD, T. Munevar, M. Sangidcomo y E. Jonds, «La construecién de un proyecto politico de inclusién>, ponencia presentada en el Congreso Espanol de Sociologia, La Coruiia, 24-26 de sepuembre de 199%, 184 Tendencias en desigualdad y exclusion social 5 No confundir gon Thomas H. Marshall, quien analiza el pensamento de Alfred Marshall cn cl libro que publica con T. Bottomore (y del que se obtiene la cita), Citizenship and Social Class, Phuto Petpective, Londres, 1992, pag. 5. ° J.A. Diaz, «Tendencias de cambio en los valores de los espafioles: un anélisis prospectivo», en J. F. Tezanos, J. M. Montero y J. A. Diaz (eds.), Tendencias de futuro en la soctedad espaiiola, Editorial Sistema, Madrid, 1997, pigs. 289-325. 7 J Garefa Roca, «Bienestar social y el desasrotlo de los derechos sociales», Derechos Sociales y Estado social, San stcban, Salamanca, 1991, pag. 65. * M. Castells, End of Millennium, Blackwell Publ. Oxford, 1998, pag. 129. * Miguel Diez, «, Ambos estudios utilizan varios umbrales de pobreza a partir de métodos objetives (50 por 100 de la renta media equivalente) y subjetivas (basicamente el méto- do de Deleeck-CSP y ef de Leyden-SPL). Todos estos estudios tienen en comin la concepcién de la pobreza relativa medida a través del indicador del ingreso familiar (o del gasto). Todos ctlos concluyen que una proporcién amplia de la poblacion espaiiola vive en pobreza relativa. Cuando se toma como umbral de pobreza la mitad del ingreso medio, los resultados rondan el 20 por 100 y cuando se utilizan umbrales construidos a partir de la perspectiva subjetiva de la poblacién, las cifras de pobreza crecen sustancialmente. De cualquier forma, el debate social y politico sobre la pobreza ha tenido siempre una relacién ambigua con este tipo de inves- 204 Tendencias en desigualdad y exclusién social tigaciones. Los resultados de éstas han agitado el debate sobre la pobreza, y en el caso de} Pais Vasco ha sido incluso el desen- cadenante de la puesta en marcha del Ingreso Minimo de Inser- cién. Pero al mismo ticmpo, la opinién pablica, los politicos y las instituciones sociales publicas y privadas han mantenido una concepcién muy distinta de la pobreza y una percepcién notable- mente mds reducida. La opinién piblica utiliza cl término «pobre» para referirse a algo mucho més cercano a la pobreza absoluta © a la exclusién social, y por tanto muy por debajo del 20 por 100 de la poblacién. Las instituciones de servicios sociales piiblicas - y privadas orientan mayoritariamente sus programas (incluidos Jos programas de ingresos minimos) hacia un colectivo también més reducido, entre el 1 y el 5 por 100 de la poblacién. En los tltimos afios se ha realizado un intento de abordar esta cuestién desde un punto de vista diferente. En 1992 una encuesta sobre Ja exclusi6n social en Aragén tralaba de abordar cl anilisis en profundidad de las caracteristicas de la poblacién situada en la pobreza extrema. Posteriormente, la metodologia pudo afi- narse mas, sobre una informacién de base de mayor calidad, en el caso de Navarra *. La poblacién excluida se localizaba a través de un amplio abanico de servicios sociales ptiblicos y privados. Sc definia la exclusién social no solamente a partir de Jos ingresos familiares, sino a través de una combinacién de indicadores eco- némicos y sociales, orientados a identificar los colectivos con carencias de un grado scvero, siempre en una 6ptica familiar, en cuatro dimensiones: a) El acceso a recursos cconémicos (los ingresos). b) Elacceso al empleo regular. c) Elacceso a los sistemas de proteccién social (sanidad, edu- cacién, vivienda, etc.). d) El acceso a las redes sociales y de solidaridad primaria (problemas 0 conflictos en el ambito familiar y comunitario). El anflisis se concentraba asi cn un espacio social mucho mas reducido, entre al 3 y el 5 por 100 de la poblacién. Este estudio muestra diferencias fundamentales entre lo que se describe como exclusion social y 10 qué los estitdios anteriores” deithéaban por pobreza relativa. Hay diferencias fundamentales entre los conceptos de pobreza y exclusién social * que nos flevan a diagnésticos muy distintos de una y otra realidad social. Nie Soe Tendencias de la exclusién y las politicas de integracién 205 Mientras que la pobreza relativa afecta muy fuertemente a los ancianos y a las zonas rurales, la exclusién social es preferen- temente un problema urbano que afecta sobre todo a los jovenes y a los nifios. Las encuestas tradicionales de pobreza muestran una proporcién muy significativa de ancianos, sobre todo viviendo en zonas rurales que ticnen un nivel de ingresos muy bajo. Sin embargo, muchas de esias personas dificilmente podrian ser con- sideradas como excluidos sociales. Son personas integradas en su comunidad Jocat con un nivel de ingresos que, aunque escaso, tiene un significado muy distinto en un pueblo pequefio que en una gran ciudad. Por contra, la exclusién social sc da preferen- temente en 4reas urbanas y se concentra en algunos territorios espeefficos de cllas, como los cascos antiguos y algunos barrios periféricos. Hablamos por tanto de sectores de poblacién radicalmente dis- tintos en tamaito y en caracteristicas. La fuerte presencia en la pobreza relativa de ancianos con bajos ingresos en zonas rurales determina el perfil del conjunto de la pobreza que aparece en los estudios tradicionales: edad avanzada, alta proporcién de mujeres viviendo solas 0 cn parejas sin hijos, en pequeiias pobla- ciones y con tasas elevadas de analfabetismo. Si por el contrario nos fijamos en ef espacio social de la exclusién, fa imagen es radi- calmente distinta: una alta proporcién de adultos jévenes con nifios y una presencia relativamente baja de ancianos, tal como puede verse en el grafico 8, Las proporciones de exclusi6n son mas altas para las personas solas y para las familias numerosas (de cinco miembros y més), con un volumen importante de familias numerosas de etnia gitana. Las altas tasas de natalidad se asocian con fa exclusién social, aunque no sea facil establecer cudl es la causa y cual el efecto. La exclusién social tal como la hemos definido podria cali- ficarse con el término de prefurdista en muy buena medida. Sus condiciones de vida y sus formas de trabajo son en cierto modo similares a las de la clase obrera decimonénica. La exclusién social afecta sobre todo a personas que nunca antes han accedido a ~-enipieos éstdies, fnas que aqveuos que nan pefdiao sus enipicos en los tiltimos afios después de periodos de integracién social y econémica. Ademds una parte muy importante de los excluidos (aunque no todos cllos) desarrollan algiin tipo de actividad eco- némica. Se trata de actividades mal pagadas, inestables y que en 206 Tendencias en desigualdad y exclusion social Grarico 8 Distribucién por edad y sexo de las personas pertenecientes a los hogares en situacién de exclusion en Navarra 1997 y de la poblacién navarra en conjunto 1996 Tey+ 70-74 65-69 60-64 55-59 50-84 45-49 40-44 36-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 Sao 0-4 7.6 5 4 3 240123 4567 Poblacién Navarra 1996 g Poblacién excluida en Navarra 1997 Fuente Encuesta de poblacién ssstida Navarra 197 y stad de poblacn 1996 la mayor parte de jos casos no ofrecen ningtin tipo de recono- cimiento social. Pero sin embargo es un recurso basico para la supervivencia de los mas excluidos. La investigacibn nos muestra que el potencial de actividad econémica es menor entre los exclui- dos, debido al alto naémero de nifios y a las altas proporciones de personas con graves problemas de salud y minusvalias. En torno a un tercio de los adultos en situacion de exclusién en Aragén, padecfan algiin tipo de minusvalia o enfermedad crénica. De cual- quier forma, la tasa de actividad para la poblacidn en edad activa es notablemente mayor que la media de Aragén (53 por 100) mientras que la ocupacién es mas baja (29 por 100 en la poblacién excluida, 39 por 100 en el conjunto regional). Tendencias de la exclustén y las politicas de integracién 207 La actividad econémica desarrollada por la poblacién excluida es enormemente heterogénea. Sus principales caracteristicas podrian ser resumidas del siguiente modo: a) Eldesempleo es muy amplio entre la poblacin excluida. No es que simplemente encontremos tasas de desempleo mas altas (en torno al 43 por 100) sino que en si mismo es un desempleo diferente, que podriamos Hamar desemplco de exclusién, carac- terizado como un desemplco de muy farga duracién con muy esca- sas oportunidades de acceder incluso a un contrato de tiempo muy limitado, con un acceso muy reducido a las prestaciones por desempleo (solamente un 18 por 100 de cobertura del desempleo de ta poblacién excluida) y que no accede tampoco ni a los recur- sos de formacién ni a los dispositivos de apoyo a la biisqueda de empleo. bj) Todavia mas especifico del espacio social de la exclusién es el empleo de exclusién. Muchas de las personas afectadas por procesos de exchusién estdn trabajando y consiguen un cierto nivel de recursos econ6micos por su trabajo. La mitad de los hogares excluidos hacen del trabajo su principal fuente de ingresos y seis de cada diez mantenian algiin tipo de actividad econémica en el momento de realizar la investigacion. Sin embargo, el tipo de trabajo realizado por las personas excluidas tiene unas caracteristicas muy especiales. Es un tipo de trabajo mis cercano al modelo prefordista, o incluso preprole- tario, que a lo que la mayoria entenderiamos por un empleo hoy: una fuente de estabilidad (garantia de subsistencia a medio plazo) y de integracién social (parte de nuestra identidad y objeto del reconocimicnto social). Los trabajos realizados por los sectores més excluidos estan especialmente mal pagados, pero ademas son en la mayoria de los casos muy inestables y, por las condiciones en las que se realizan, a pesar de la utilidad social que puedan tener, son motivo de estigmatizacién para las personas que los desarrollan. La venta ambulante en los mercadillos, el reciclaje de chatarra y cartén, los trabajos de temporada en Ja recoleccién agricola © incluso en la construccién, suponen aproximadamente dos tercios de la actividad de los hogares mas cxcluidos, tanto en Aragén como en Navarra (vid. tabla 2). En todos los casos, la cobertura de la Seguridad Social en estos empleos es una autén- tica excepcién. 208 Tendencias en desigualdad y exclustén social En su conjunto, como un indicador aproximado de la relevancia econémica y social de este tipo de actividades para el resto de la sociedad, encontrébamos, en el caso de Arag6n, que el 4,5 por 100 de la poblacién aragoncsa que se situaba en el espacio social de la exclusién aportaba el 3,1 por 100 del total de trabajadores y el 2,4 por 100 de las horas de trabajo del conjunto de la regin. Sin embargo, los recursos que conseguian con este esfuerzo supo- nian tan sélo el 0,9 por 100 del coste laboral total, una media de unas 400 pesetas brutas por hora trabajada. Esta actividad productiva realizada por los sectores mas exclui- dos no sélo es importante por la aportacién a sus presupuestos familiares como un complemento de ingresos equivalente, en tér- minos aproximados, a lo que las administraciones piiblicas les dan en prestaciones. Ademés, supone una clara refutacién de la ima- gen de la exclusién social asociada a la inactividad y a Ja depen- dencia institucional. A pesar de la escasa estabilidad, de la baja remuneracién y del poco reconocimiento social que estos trabajos les aportan a los sectores excluidos, nos muestran una actitud acti- va y una estrategia de supervivencia construida por los propios afectados que deberfa ser muy tenida en cuenta a la hora de dise- far las politicas y los itineraries de insercién social para estos colectivos, tratando de construir alternativas integradoras a partir de sus propias actividades y habilidades. Por otro lado, el carActer irregular y opaco de este tipo de actividades y de los ingresos que generan supone una dificultad aijadida en la gestién de las prestaciones asistencialcs del sistema espaol de garantia de ingre- sos, dando lugar a importantes agravios comparativos y a una cier- ta falta de equidad en el conjunto de estas prestaciones. Tapes 2 Tipos de ingresos « los que tienen acceso los hogares en pobreza extrema. Navarra, 1997 Hogares con ingresos por trabajo ‘Tlogares con prestacién social publica, Hogares con otros ingresos Total hogares pobreza exirema Fuente: Faeuesta de poblacién asisida Navarra 1997, wens Tendencias de la exclusion y las politicas de integracién 209 En el grafico 9 puede verse cémo los ingresos provenientes del apoyo familiar, de entidades sociales @ de pequefias propie- dades (calificados como «otros ingresos») sirven mas de comple- mento que de alternativa a las prestacioncs sociales 0 al trabajo. GrArICo 9 Distribuci6n de los hoyares navarros en pobreza extrema segtin las fuentes de las que obtlenen ingresos Proteccién social Trabajo Otros ingresos ‘Cada una de lay tres elipses agrupa los hogares que obtienen ingresos de cada una de, las fuentes Las mtersecciones muestran los hogares con dos o mids fuentes de iagrosws dife- rentes. Las superfiies no son estrictamente proporcionales Lay iafros corresponden al niimeto de familias con presencia de mngresos de cada tipo (pobre un total de 3.115 tamilias con datos) Fuente: Encuesta de poblacién asistida Naveria 1997 1.5. BL uspacio SOCIAL DE LA EXCLUSION, EN PROCESO. DE TRANSFORMACION La exclusion social ha venido marcada hasta nuestros dias por rasgos fuertemente tradicionales que nos han Ilevado a caractc- rizarla cminentermente como un fendmeno residual de tipo pre- fordista, En su inmensa mayorfa los colectivos afectados por los procesos de exclusién social mas extrema son los de siempre. Se trata en buena medida de un fenémeno residual que el proccso de industrializacién y de urbanizacin tardia experimentado en Espafia a partir de los afios sesenta no ha sido capaz de absorber plenamente, Los déficit de un Estado de Bienestar limitado y cons- truido a partir del principio contributivo permitian contemplar i i I 210 Tendencias en desigualdad y exclusién social muchas de fas situaciones de exclusién preferentemente en su aspecto de desproteccién relativa. Sin cmbargo, cada vez menos, la exclusién social en Espafia son los de siempre. La crisis de la segunda mitad de los sctenta y la reestructuraci6n de los ochenta tuvo el efecto de extender el riesgo de exclusién (mas que la exclusi6n misma) a amplias capas de la sociedad. La precarizacién de las condiciones laborales y el desempleo podia llegar incluso hasta ciertos scctores de las clases medias. A partir de los noventa, empezamos a encontrar un sector importante de la exclusién cuyos problemas no son faci- les de explicar a partir de la historia familiar o de los déficit his- téricos de aquellos sectores a los que nunca llegé la prosperidad, Cada vez son mas los hogares afectados por la exclusién social que han experimentado previamente situaciones de integracién y de relativo bienestar. Este proceso, relativamente novedoso a pesar de que viene anuncidndose desde hace casi dos décadas, por contagio quizas de las reflexiones que venfan haciéndose en otros paises sobre cl cuarto mundo, puede observarse desde dis- tintas perspectivas de andlisis, tanto si miramos el itinerario labo- ral de estas personas como si nos fijamos en el equipamiento de las viviendas 0, incluso, si analizamos el tema desde la propia perspectiva subjetiva de fos afectados. Es Ja nueva exclusion post- fordista, todavia minoritaria dentro del conjunto del espacio social de la exclusién, pero posiblemente en aumento en los iltimos afios. En cl andlisis de los sectores excluidos de Navarra, en cerca de la mitad encontramos déficit importantes en ¢l equipamicnto basico de las vivicndas. Sin embargo, en la inmensa mayoria de los casos no es que carezcan de estos bienes, sino que aquellos de los que disponen estén en mal estado y necesitan reemplazarse. Por cada hogar que carece de frigorifico 0 de cocina en Navarra encontramos diez que necesitan renovar la que tienen, y eso mis- mo sucede con la lavadora, la televisién, etc. El proceso de dete- rioro de estos bicnes, considerados como basicos para una vida digna en nuestra sociedad, es la imagen del deterioro social que han expcrimcntado estas familias, pero es también la prueba pal- pable de que atravesaron otras etapas mejores en sus itincrarios familiares que Ics permiticron acumular estos bienes. Una de cada cuatro personas activas cn situacién de exclusién en Navarra han tenido en algtin momento un empleo fijo. Estos Tendencias de la exclusién y las politicas de integracion 211 procesos empezaron a detectarse hace ya algunos ajios en las zonas més afectadas por la reconversién industrial (Asturias, Pais Vasco, Cataluiia...). En estos territorios, algunos sectores han ido experimentando procesos de deterioro en su estatus después de Ja primera pérdida de un empleo estable. EI fracaso de algunas aventuras individuales cn el inicio de pequefios negocios, o el paso por pequefias empresas que acababan fracasando por el propio declive econdémico de la zona, eran las etapas descendentes de un proceso que podia acabar en algunos casos en situaciones de total indigencia. Los efectos de la transformacién tecnoldgica y de la reconversién industrial, del proceso de globalizacién y de los cambios en la divisién internacional del trabajo, empiezan a sentirse, ahora si, como licgada de nucvos colcctivos al espacio social de la exclusién. Estos procesos son percibidos por las propias personas afec- tadas como una caida 0 como una mala racha. En cualquier caso, como un empeoramiento de una situacién previa de mayor bie- nestar: un 38,6 por 100 de los excluidos en Navarra entendia su itinerario como la pérdida de una situacién anterior de mayor bicnestar y en la misma proporcién consideraban que habian empeorado en los tiltimos diez afios. Uno de cada cuatro se veia a sf mismo en peor situacién que el hogar de los padres cuando tenfan su edad actual. Estos datos indican un cambio profundo en el espacio social de la exclusién cn Espafia, aunque la constancia y la intensidad de dicho cambio posiblemente sea muy distinta de unas regiones a otras. Esta transformacién supone una liamada de atcncién importante a la hora del debate social sobre las politicas a esta- blecer en la lucha contra la exclusin. La gestion social de los procesos de exclusién, de un espacio social de la exclusién con- cebido como «los de siempre», que habia que apeyar y mantener, mejorando incluso sus condiciones de vida pero sin necesidad de wna transformacién fundamental de su posicién en la escala social, era una gestién sencilla en Ja que las pequefias mejoras eran valo- tadas positivamente por los afectados y eran faciles de asumir por el conjunto de la poblacién. Ahora, los nuevos sectores afectados por la exclusién posible- mente tengan otras referencias para la valoracion de las politicas que se dirigen hacia ellos. Es probable que su nivel de expectativas sea mayor, que no sean suficientes pequefias prestaciones de sub- 212 Tendencias en desigualdad y exclusion social sistencia para su mantenimiento y que los dispositivos asistenciales les parezcan més insullantes y ofensivos en sus comprobaciones y exigencias. Es previsible que, en este contexta, la crispacién social de algunos de Jos sectores afectados por Ja exclusién (en esa proporcién todavia minoritaria que ha experimentado los cfec- tos perversos del postfordismo) vaya creciendo en el futuro. Hasta qué punto estos sentimientos de frustracién sc transformen en movimientos de protesta mas o menos formalizados (como los protagonizados recientemente en Francia 0 Alemania por los desempleados de larga duracién) o en una reaccién mas difusa de contenido anémico ¢ incluso delictivo, es algo que no es facil adivinar todavia. No se nos escapa, sin embargo, que la capacidad de movilizacién y de claboracién de un discurso politico coherente mas o menos explicito, siendo menor en los nuevos sectores exclui- dos que en otros sectores de la poblaci6n con mayores recursos y posibilidades, es notablemente mayor que en los sectores exclui- dos tradicionales. Hasta ahora, podemos observar una cierta tendencia en los comportamientos de los sectores cxcluidos a no respetar algunas normas sociales, sin embargo, en Ja inmensa mayoria de los casos, los efectos de estos comportamicntos anémicos tienen consecuen- cias casi exclusivamente en los propios sectores afectados, En Navarra encontramos cémo en el 31,4 por 100 de los hogares excluidos aparecian este tipo de problemas de conducta, una pro- porcién sin duda elevada. Sin embargo, en su inmensa mayoria, se trataba de habitos de consumo excesiva o de adiccién a lus drogas o el alcohol o problematicas similares, comportamientos que son censurados socialmente, pero cn los que no existe un datio a terceros («delitos sin victima»), lo que podrfamos llamar conductas asociales. También los conflictos familiares en ocasiones con algiin tipo de violencia o malos tratos aparecian en una pro- porcidn significativa: un 14,6 por 100 de los hogares excluidos. Sin embargo, tan sdlo en una pequefifsima minorfa de los hogares afectados por procesos de exclusién, un 5,2 por 100, se detectaba la presencia, presente o pasada, de conductas delictivas y de pro- blemas con la justicia, lo que realmente podriamos denominar una conducta antisocial. El espacio social de la cxclusién ha sido por tanto, desde la perspectiva del conjunto de la poblacién, un espacio pacificado y cscasamente problematico, aunque interna- mente las tensiones y los conflictos tuviesen efectos enormemente te ao pA aE Tendencuas de la exclusi6n y las politicas de integracién 213 perversos en las pautas de convivencia de cstos colectivos y con una tendencia a reproducirse y persistir durante perfodos muy largos de tiempo, fo que sin duda pucde implicar un bloqueo importante a la hora de construir procesos de insercién social. En Navarra, aproximadamente en la mitad de los hogares exclui- dos en los que se habia detectado en algiin momento este tipo de comportamientos andémicos se constataba su persistencia en el momento del anilisis. Hasta qué punto esta presién seguir canalizindose interna- mente hacia los propios colectivos excluidos y cuando Ilegaré a sentir sus consecuencias el resto de Ja poblacién es por tanto un interrogante importante a plantear, pero igualmente dificil de responder. La presencia de procesos de exclusién de tipo tradicional y residual, frente a los de nuevo tipo, apuntan diferencias notables entre unos tcrritorios y otros. Los nuevos procesos de exclusién de carActer postfordista tienen una presencia mayor en el entorno urbano, y sobre todo en ciertas zonas de la periferia hacia las que se han dirigido en las ultimas décadas los sectores mas modestos de la clase obrera. Los indicadores objetivos muestran que la exclusion tradicional sigue siendo mayoritaria y que los nuevos pro- cesos de exclusién, de cardcter postfordista, afectan a una pro- porcién mas reducida de casos. Donde mis incidencia tiene la exclusién social, mayor propor- cién de la misma se explica por este tipo de situaciones residuales. Especial significacién tienen los indicadores relacionados con la actividad agraria por cuenta ajena y con las carencias en los equi- pamientos bdsicos de las viviendas. La herencia de un sector de Jos jornaleros agricolas cuya integracién en la industria y en ta vida urbana se resolvié mal cn su momento, se reproduce décadas despues en el coraz6n de las ciudades en bolsas estancadas de exclusién social. La presencia de la minoria étnica gitana no es extraiia a este proceso, pero no agota en absoluto la explicacién. 1.6. UNA TENDENCIA A LA DUALIZACION TERRITORIAL En el contexto de congelacién de la exclusi6n social en tos dlti- ™mos afios, por efecto de la articulacién de diversos factores com- pensadores, lo que sf parece obscrvarse cs una tendencia reciente 214 Tendencias en desiguatdad y exclusidn social a la scgregaci6n territorial, a la concentracién de los excluidos en determinados barrios muy concrctos. Ello podria suponer una grave erosién de alguno de los pilares fundamentales del proceso de integracién de la sociedad espafiola, tal como los habiamos analizado antes. Posiblemente las experiencias de unos y otros territorios sean muy distintas en el conjunto del Estado, Desde un punto de vista sincrénico, la experiencia general es que las personas perceptoras de prestaciones asistenciales y, m4s en general, los hogares que presentan problemas fuertes de exclusi6n se concentran en deter- minados barrios y municipios, presentando incluso una tendencia auna fuerte concentracién en pequejios territorios, Tal es cl caso de los datos disponibles para la Comunidad de Madrid ”’, La pre- gunta mds complicada de responder es si esta concentraci6n ticn- de a aumentar o no. Hemos podido analizar desde este punto de vista el caso de Navarra a través de la evolucién de las deman- das de prestaciones asistenciales del Instituto Navarro de Bie- nestar Social. La evolucién de la proporcién de solicitudes de un territorio respecto del conjunto del territorio es un indicador bastante ajus- tado de si los problemas de exclusién social van a mejor o a peor en dicho barrio, respecto del conjunto de Navarra. En la com- paracién de unos territorios y otros podemos ver si cl espacio social de la exclusién se va concentrando, en una tendencia hacia la dualizaci6n territorial, o si mds bicn se tiende a la homoge- neidad entre los territorios més desfavorecidos y los més inte- grados. Los datos que siguen hacen referencia en especial a los diferentes barrios de Pamplona y a su comarca. En la hipétesis de que la exclusidn social en el conjunto de Navarra esté en una situacién estacionaria a corto plazo, con una ligera tendencia a la baja, las pendientes al alza en los graficos (vid. grdfico 10) significarian estancamicnto si son leves y con- centracién sdlo si son altas. Las tendencias al descenso, por el contrario, significarian una mejora considerable en el nivel de inte- graciOn social del barrio. En cualquier caso tendriamos, en los barrios de Pamplona, varias situaciones y tendencias muy diferenciadas, que hay que considerar sobre la base de unas considerables diferencias de par- tida (con tasas de exclusién once veccs mayores en unos barrios que en otros). Tendencias de la exclusién y las poltticas de integracién 215 Grarico 10 Evolucién de la proporcion de solicitudes de prestaciones asistenciales de cada barrio respecto del conjunto de Navarra, 1990-1996 (porcentaje) ‘ares Sarr PSs Serra 6 a 4 3 I 3 age os: San Jorge | > 1 + ee eae oe as oe wena Bs on as ee oo 0 GP eo G4 65 95 216 Tendencias en desigualdad y exclusién social Es necesario tener en cuenta que en los primeros afios de la etapa analizada el programa de Renta Basica estaba en una fasc inicial de lanzamiento. Parcce ademés que su rodaje fue mas lento en algunos barrios de Pamplona que en el resto de Navarra. La evolucién de la exclusién social en csta primera fase estaria peor representada en los grdficos con este indicador. A partir de 1993 estos programas estén mas asentados y cabe suponer una mayor homogeneidad territorial, por lo que la calidad del indicador aumenta notablemente. La imagen final por tanto es la de una cierta dualizacién en las tendencias de unos y otros territorios y por tanto un aumento en las diferencias de los barrios en tos tiltimos afios respecto del binomio integracin/exclusién. En algunos de los barrios de com- posicién tradicionalmente obrera, como San Jorge, Errotxapca 0 determinados municipios de la periferia urbana, parece estar pro- duciéndose una peligrosa concentracin de familias en situacién de exclusién social extrema. Otros barrios en los que habitual- mente se presentaban niveles relativamente altos de cxclusidn social, como Etxabakoitz 0 el Casco Viejo, la situacién parece més estacionaria. Por contra, los barrios tradicionalmente bur- gueses reducen practicamente hasta la nada la presencia de fami- lias excluidas. De estos resultados cabe concluir por un lado la coincidencia de un periodo de estabilidad en la exclusién con el aumento de la dualidad territorial, al menos como uno de los escenarios urba- nos posibles. Hasta qué punto estas mismas tendencias se repro- ducen en otras ciudades del Estado es algo dificil de dilucidar con la informacién disponible, y seria necesario reproducir para ello pequefios estudios locales, sobre una base territorial suficien- temente detallada. 2. ENTRE LA ASISTENCIA Y LA INSERCION 2.1, EL DESARROLLO DE UN NIVEL ASISTENCTAT. EN EL SISTEMA ESPANOL DE PROTECCION SOCIAL 2.1.1. El nacimiento de la seguridad social moderna en Espatia EI nacimiento, sobre el papel, del sistema modero de segu- ridad social cn Espafia se produce en los afios sesenta. La nueva Tendencias de la exclusién y las politicas de integracién 217 orientacién tecnocratica y modernizadora de los gobiernos de la dictadura franquista tiene como principal objetivo el crecimiento econémico acelerado y la integracion econémica en la naciente Conmnidad Econémica Europea. Los disefiadores de los Planes de Desarrollo (inspirados en la planificacién indicativa francesa) son conscientes de que un desarrollo cconémico industrial ace- Jerado requerira de un sistema moderno de seguridad social. En 1964 se aprueba la Ley de Bases de la Seguridad Social, que disefia Jo que habrii de ser Ja seguridad social espafiola. Sin embargo, durante los afios sesenta, los gobiernos de la dic- tadura no ponen en marcha el sistema de recaudacién de impues- tos y cotizaciones necesario para financiar la seguridad social, ni en general la proteccién social y la educacién. Carecen de la legi- timidad politica necesaria para crear un impuesto sobre Ia renta. Con el fin de acelerar el desarrollo econémico mediante costes laborales bajos, se sigue una politica de salarios bajos y cotiza- ciones sociales ficticias, muy inferiores a las neccsarias para finan- ciar la seguridad social. Esta es, hasta casi mediados los afos setenta, una carcasa semivacia. Los afios setenta suponen la crisis del sistema franquista, des- bordado por una sociedad sustancialmente diferente de la de los aiios cuarenta y cincuenta. Las demandas sociales en el terreno de Ja sanidad, la educacién y las pensiones obligan al sistema poli- tico a crear nuevos servicios y prestaciones sociales que exigen de un verdadero sistema de recaudacién. En 1972 se empieza a reformar cl sistema de cotizaciones sociales. La creacién de un verdadero impuesto sobre la renta legara hacia finales de los setenta. La inestabilidad politica y social de la transicién politica explica en parte el enorme aumento del gasto social (muy sig- nificativamente del gasto en pensiones) a lo largo de los setenta. Este aumento trata de cubrir el retraso de desarrollo del Estado de bienestar respecto a la economfa y la sociedad, pero también de asegurar legitimidad politica y social a los nuevos gobiernos democriticos. La expansion afecta sobre todo a un sistema uni- versalizado (la educacién) y a dos sistemas organizados sobre la légica contributiva (la sanidad y las pensiones). Por contra, los dispositivos de tipo asistencial (servicios sociales personales, pres- taciones no contributivas y asistenciales) apenas se desarrollan en este periodo. 218 Tendencias en desigualdad y exclusion social 2.1.2, El Estado de bienestar espafiol a principios de los ochenta A principios de los ochenta Espatia cuenta con un sistema de seguridad social contributiva similar a los de otros paises europeos aunque mds pobre en medios. Las pensiones siguen siendo en muchos casos muy bajas, ya que proceden de historias laborales de los afios cincuenta, sesenta y sctenta, cuando los salarios eran muy bajos y (hasta los setenta) las cotizaciones sociales muy pequeiias. Por otro lado, la crisis econémica empieza a hacer sen- tir sus efectos y la nucva orientacién de la politica cconémica lleva a Jos gobiernos a contener el gasto social. Los afios ochenta trajcron consigo una reforma de la seguridad. social cn dos direcciones diferentes, Por un Jado, se endurecieron. los requisitos para obtener una pensidn y se empeoré el sistema de célculo, con el fin de reducir las pensiones globalmente, y en. especial las mas altas. Por otro lado, se establecié un sistema de «complementos de minimos» destinado a elevar las pensiones mas bajas. El parlamento fija, en la Icy de presupuestos de cada afio, el importe minimo de cada tipo de pensisn, y todos los pensio- nistas cuya pensién es inferior a la minima (y no tienen otros recursos econdmicos) reciben un complemento que cleva su pen- sién al minimo. Este complemento se financia (en teorfa) con impuestos y no con catizaciones sociales 8, Sc trata de un ver- dadero sistema de renta minima exclusivamente para pensionistas de la seguridad social contributiva. EI sistema de prestaciones por desempleo nace de hecho con la crisis econdmica. El sistema es en principio un sistema generoso, ya que fue disefiado para tiempos de pleno empleo en los que no fenfa que hacer frente a una demanda importante. El sistema {fue reformado sucesivamente a principios, mediados y finales de los aiios ochenta, y de nuevo en 1992. Las reformas han estado orientadas siempre en la misma direccién (salvo la de 1989): endu- Tecer los requisitos para tener derecho a la prestacion por desem- plco, reducir el importe de la prestacién cn relacién con el salario anterior y acortar su duracién, por un lado, y en gencral facilitar el acceso a un subsidio de desempleo «asistcncial» de menor cuan- tia. Este subsidio asistcncial siempre requiere de un cierto tiempo. previo de cotizacion, y se dirige por Jo tanto a los parados que han agotado sus dercchos o que han cotizado muy poco tiempo. Tendencias de la exclusion y las politicas de integracién 219 2Qué sucede con las personas que quedan fuera de la pro- tecci6n social contributiva? Los diseiadores del sistema de segu- tidad social en los aiios sesenta previcron la creacién de un sistema paralelo de asistencia social. Debia incluir pensioncs y ayudas eco- némicas, servicios sociales y asistencia sanitaria para las personas necesitadas y excluidas de la seguridad social ”. Se crearon enton- ces dos organismos (el Fondo Nacignal de Asistencia Social y el Instituto Nacional de Asistencia Social) con Ia finalidad de pagar pensiones y ayudas econémicas el primero (FONAS), y ges- tionar servicios sociales el segundo (INAS). Su desarrollo fue muy limitado durante fos sesenta y setenta, Las pensiones asistenciales (para ancianos y enfermos incapacitados) fueron de cuantia ridf- cula hasta principios de los ochenta, y atin hoy siguen siendo de cuantia muy baja. Los servicios sociales del INAS (guardcrfas, residencias de ancianos, etc.) fueron muy escasos. A finales de fos afios setenta y principios de los ochenta sc inicié un fuerte desarrollo de los servicios sociales desde Jos ayun- tamientos primero y desde los gobiernos regionales después. Se crearon servicios de orientacién universalista como un tercer sec- tor diferenciado tanto de la seguridad social contributiva como de la (muy reducida) asistencia social estatal. Estos servicios nacie- ron con una orientacién local y comunitaria, bajo la influencia de los partidos de izquierda que ganaron las primeras elecciones municipales en 1979 y de un movimiento profesional de traba- jadores sociales que deseaba renovar Ia tradici6n caritativa de la asistencia social tradicional. A lo largo de los afios ochenta los ayuntamientos y fas comunidades auténomas consolidaron cste sector de los servicios sociales, y el Estado Jes transfirié los ser- vicios del INAS y las pensiones del FONAS. Hacia finales de Jos ochenta, en un proceso atin sin concluir, el Estado empez6 a transferir también los servicios sociales de la seguridad sociat (el INSERSO) a los gobiernos regionales. El modelo que ya existe en varias regiones y que en unos afios sc cxtenderd a todas cs el de unos servicios sociales integrados (los de la antigua seguridad. social contributiva, los de la antigua asistencia social estatal y los de la accién social de iniciativa municipal) gestionados de manera descentralizada por los gobiernos y los ayuntamicntos. Todo este proceso de desarrollo de Jos servicios sociales ha estado muy marcado por una ideologia universalista, descentra- lizadora y modernizadora. Se queria superar fa division trabaja- 220 Tendencias en desigualdad y exclusion social dores/pobres, situarse en Ja perspectiva de los ciudadanos, y rom- per con fa tradicién caritativa y con el centralismo. Ello explica en parte que en este proceso el derecho a fa asistencia social, a la proteccién de los excluidos frente a las situaciones de extrema necesidad se haya olvidado, Los servicios sociales modernos en Espaga han tenido, al menos hasta principios de los afos noventa, una verdadera alergia a reconocer abiertamente que debian afron- tar cl problema de la pobreza y la exclusién social, y una alergia mayor atin a ofrecer prestaciones de asistencia social en dinero a los necesitados. Este terreno ha quedado en su mayor parte en manos de entidades de caracter religioso (en especial Céritas), de algunas pequefias asociaciones laicas de cardcter local y de algunas (pocas) iniciativas piblicas municipales y regionales. 2.1.3. La universalizacion de la seguridad social A lo largo de los afios ochenta cl gobierno central debatié en varias ocasiones la forma de extender la proteccién de la segu- tidad social a todos los ciudadanos, tal como se prevé en la Cons- titucién de 1978, A finales de los ochenta se dio un primer paso con la universalizacién de la asistencia sanitaria. Hoy el sistema sanitario ptiblico (de responsabilidad compartida Estado-regio- nes) atiende tanto a las personas protegidas por la seguridad social como a aquellas otras que estan fuera de la seguridad social pero tienen ingresos bajos. La transformacién de su financiacién como consecuencia de su caracter universal (su paso de las cotizaciones sociales a los impuestos) sélo se ha completado en los presupues- tos de 1999, La segunda cuestién pendiente de universalizacion de la segu- ridad social eran las pensiones y prestaciones familiares. En 1990 se crearon las pensiones no contributivas de la seguridad social. Son pensiones pagadas por el Estado, financiadas por los impues- tos, y que se dirigen a personas mayores de sesenta y cinco afics © entre dieciocho y sesenta y cinco afios con minusvalia muy ele- vada que no han contribuido a la seguridad social y que tengan ingresos muy bajos. Sustituycn a las pensiones asistenciales (del antiguo FONAS) que hemos mencionado antes. Las prestaciones familiares son otro de los puntos mas débiles del Estado de bienestar en Espafia, Creadas por el franquismo, : i i Te ge ASR one Tendencias de la exclusién y las politicas de integracién 221 fueron abandonadas de hecho a partir de 1970, Su valor real (por hijo y mes) en 1990 equivalia al de dos cjemplares de periddico. En este afio fueron sustituidas por unas prestaciones familiares por hijo a cargo algo mas elevadas (atin son muy bajas, unas 3.000 pesetas/hijo/mes) pero sélo dirigidas a familias de bajos ingresos. El Estado, sin embargo, renuncié en esta retorma a introducir un mecanismo de proteccién universal contra la pobreza o 1a nece- sidad econdémica. De hecho, esta posibilidad fuc debatida en el gobierno e incluso manifestada pablicamente por alguno de sus responsables, pero finalmente se excluyé de la nueva ley. La expli- caci6n es compleja. a) Por una parte, la pobreza extrema en Espaiia est4 mitigada por una solidaridad familiar muy extondida y por formas de eco- nomia sumergida (marginal y no marginal) muy amplias, que redu- cen los efectos de un desempleo entre 1,5 y 2 veces la media europea. El gobierno es consciente de que una parte de la eco- nomia espafiola sobrevive gracias al trabajo negro con salarios muy bajos. La instauracién de un sistema de proteccién asistencial de tipo renta minima podria entrar en conilicto con esta realidad econdémica, asi como con sus proyectos de crear formas de salario minimo reducido para los jévenes (fracasada en 1988, realizada en 1994), b) El gobierno ha estado preocupado por contener el gasto social y al mismo tiempo responder a demandas de la sociedad. de mas y mejores servicios. Los sectores que se han desarrollado mds han correspondido a los scctores de mayor poder de presién sobre la administraci6n (las personas mayores, los parados a través de los sindicatos en 1989). Los sectores de poca o nula capacidad de presién, por lo tanto, no suelen recibir nada. ¢) La visién malthusiana de la pobreza esta fuertemente arraigada cn Espaiia, La desconfianza hacia los pobres como pro- bables tramposos que quieren vivir sin trabajar esté muy exten- dida, y presentada de una forma més claborada y menos grosera, fue una de las lincas argumentales del gobierno espafiol contra Jas rentas minimas regionales en un primer momento. 2.2, EL SUBSISTEMA ASISLLENCIAL DE LA PROTECCION SOCIAL EN ESPANA. Espajia no cuenta, a diferencia de los paises del centro y norte de Europa, con un sistema de safety net, de red de seguridad frente 222 Tendencias en desigualdad y exclusion social ala carencia de ingresos que proteja a todos los sectores sociales. Mientras ciertos paises han optado por una red tnica o casi tinica (el Reino Unido), otros tienen un sistema de diversos tipos de prestaciones de minimo social que protegen a los diversos sectores en riesgo (Francia). En Espafia nos encontramos con un conjunte bastante mal integrado de programas que abarca una buena parte de jas situacioncs a proteger, aunque de manera incompleta e incoherente. Este conjunto lo componen los programas que se recogen en el siguiente cuadro 1: Cuapro 1 Programas de garantia de minimos en el sistema espaol de protecci6n social Poblaci6n porencralmente actwa Poblaciin (edad de trabayar, zo potencialmente actwva ro descapacstadas) ruyores y dscapacuacios) Proteccién insufi- | Subsicios asistenciales por | Complementos de minimos ciente de la segu-| desempleo («comple-| de pensiones nidad social con-| mentarias» y subsidio uibutiva agrario) No protegidos por la|Rentas minimas de inser-| Pensiones no contributwvas seguridad social] cidn («salarios sociales» | Cy pensiones asistenciales contributiva con diversos nombres) y subsidios LISMI a extin- guir) Este conjunto de programas se caracteriza por los siguientes rasgos: a) No constituye un sistema integrado de prestaciones des- tinado a cubrir a todas las situaciones de desprotcccién y sub- proteccién. Los criterios de acceso dejan huecos dentro de cada espacio y més atin entre los diferentes espacios. Se producen igual- mente solapamientos b) Esta fuertemente escorado hacia la mejora de la protec- cién de baja intensidad de la seguridad social contributiva (pen- siones contributivas bajas, parados que agotan las prestaciones), dejando su flanco débil hacia las personas que carecen en absoluto de proteccién contributiva. Este scsgo deriva del caractcr fuer- temente contributivo del Estado de bienestar espaiiol y de su baja intensidad protectora desde sus origenes. Tendencias de la exclusion y las politicas de integracion 223 c) Esta fuertemente escorado también hacia la proteccién de los pobres merecedores (personas mayores y discapacitadas) fren- te a los sospechosos de abandono del trabajo (personas no dis- capacitadas en edad de trabajar). Estas dos caracteristicas se tra- ducen en una generosidad claramente mayor hacia los mayores que han cotizado muy poco por oposicién a un alto nivel de exi- gencia y racaneria frente a las personas potencialmente activas y excluidas del mercado de trabajo. d) ‘iene una clara orientacion que prima a las unidades fami- liares, al menos en el caso de las personas desempleadas. Las cargas familiares son un requisito casi absoluto, con la consiguien- te desproteccién de las personas solas. Sin embargo, su adecuacion al volumen de las cargas es muy cscasa. e) EJ conjunto es poco visible socialmente, La existencia de dos millones y medio de pensionistas con pensiones contributivas tan bajas que requieren de la percepcién de una renta minima asistencial no es percibida ni por las personas afectadas (que sim- plemente ven que cobran la pensién minima que les corresponde) ni por la opinién publica, que no lo identifica como un programa de asistencia social. La evolucién reciente de este subconjunto de la proteccién social nos muestra un crecimiento espectacular entre 1983 y 1992, una reducci6n significativa a partir de ese afio y una tendencia a la estabilizacién en los altimos afios. En todo caso, esta esta- bilizacién se produce en niveles algo inferiores al maximo de 1992, pero en todo caso elevados. El grafico 11 muestra la evolucién del ntimero de prestaciones entre 1982 y 1997. El freno al crecimicnto y la reduccién desde 1992 se deben alas reformas en el subsidio por desempleo, que han hecho mas dificil el acceso al mismo. En este sentido cs importante observar cémo el espectacular crecimiento de las prestaciones durante los afos ochenta sc corresponde a una reduccién sostenida de los hogares sin ingresos de acuerdo con Ia EPA (véase grafico 3). Por contra, la recuperacién del empleo en un contexto de ligera aunque significativa reduccién de las prestaciones desde 1994 no se traduce en una reduccién del ntimero de hogares sin ingresos. Aunque los datos sélo permiten formular hipétesis, parece que una franja de poblacién excluida del empleo (al menos regular) y de la proteccién social no puede alcanzar un minimo de acceso 224 Tendencias en desigualdad y exclusién social Graérico 11 Evolucién del ntimero de prestaciones de garartia de mintmos en Espaita, 1982-1997 Wi 1 Conplorerive comin TS Stbndioedeompin WE 2 Peeves ne conkibnasiasncsice M4 Rat Fueme Mauisteno de Trabayo y Asuatos Sociales, Comuméades Auténomas y elaboracisn y estimactones preps, a ingresos s6lo por el crecimiento del cmpleo, y necesita de una ampliacién de la proteccin asistencial. 2.3. ‘Los «SALARIOS SOCIALES». ENTRL LA ASISTENCIA DISCRECIONAL Y LA RFNIA MINIMA DE INSERCION Los salarios sociales en Espaha diez anos después Lo que hemos descrito hasta aqui permite entender el contexto de nacimiento de las rentas minimas de insercién. En 1988 su campo estaba abandonado casi por completo por la administra- cién ptiblica, tanto del gobierno como de los responsables y pro- fesionales de los servicios sociales, y dejado en manos de las ins- tituciones religiosas, La primera accién pablica de cierto relieve en este campo fuc el programa de ayudas a familias en situaciones de necesidad en Navarra que adquiere una forma organizada en 1985. Con mucha Tendencias de la exclusion y las politicas de integracion 225 menor amplitud, durante tos aiios ochenta se establecieron algu- nos pequefios programas de ayuda econdmica periédica con medi- das de insercién en algunos municipios y regiones que podrian ser considerados antecedentes dv los actuales salarios sociales. El primero de los programas que se presenta explicitamente como una renta minima (el ingreso minimo familiar después trans- formado en ingreso minimo de insercién) nacié en el Pais Vasco como resultado de un proceso en el que Jos sindicatos no inter- vinieron, y que hunde sus raices mds inmediatas en el impacto social del estudio sobre la pobreza en el Pais Vasco ®, Dicho estu- dio reveié la amplitud de los procesos de empobrecimiento rela- tivo en una regi6n tradicionalmente rica pero en fuerte declive industrial. El parlamento y el gobierno auténomos del Pais Vasco se vieron en la necesidad de dar una respuesta al problema. A finales de 1988 las instituciones vascas se comprometieron a poner en marcha un plan integral de lucha contra la pobreza. Bajo la influencia del modelo del Revenu Minimum d’Insertion recién crea- do en Francia, el gobierno vasco creé una primera versién del programa en 1989, que seria ampliado y clevado a ley que garan- tiza el derecho a un ingreso minimo en 1990. A partir del nacimiento en 1989 det ingreso minimo vasco se desarroll6 una fuerte polémica entre el gobierno vasco y el gobier- no central acerca de la oportunidad de esta medida. El gobierno central se opone radicalmente, y no acepta la peticién sindical de establecerlo para todo el pais, C4ritas Espafiola organiza un simposium que contribuye a sacar el tema a debate publico y apo- yar el proceso de nacimiento de las rentas minimas. Los sindicatos se convierten en los principales defensores del «salario social», aunque mostrasen alguna confusi6n al respect, Algunos respon- sables sindicales lo conciben fundamentalmente como una forma de ampliacién de la prestacién por descmpleo, mientras que otros son més conscientes de su cardcter de mecanismo de lucha contra la exclusion. Los sindicatos logran negociar con los gobiernos regionales la creacién de lo que se conoce popularmente como salario social, y que incluye 16 programas regionales diferentes que van desde un auténtico ingreso minimo de insercién hasta programas mucho mas modestos de asistencia social. A los diez afios de la creacién del programa yasco, todas las comunidades auténomas tienen establecido algin programa que trata de ocupar este espacio. En algunos casos su existencia cs 226 Tendencias en desigualdad y exclusién social casi simb6lica, pero en la mayoria ha supucsto la aparicién de una accién pdblica directamente orientada hacia la exclusién social de dimensiones desconocidas hasta ahora. Las caracteristicas y la evolucién de estos programas han sido analizadas en detalle’. A grandes rasgos puede sefialarse que salvo los casos del Pais Vasco, y en menor grado Navarra, Cata- Juda y la Comunidad de Madrid, los programas muestran un grado muy limitado de desarrollo. Tras una fasc de crecimicato, las esti- maciones apuntan hacia una cierta estabilizacién de! conjunto de perceptores. E] carActer fuertemente discrecional de las presta- ciones y la restriccién presupuestaria han hecho que las rentas minimas de insercién no hayan podido cumplir en la mayor parte del pafs la funcién de suplente mas orientado hacia las situacioncs de necesidad de los menguantcs subsidios por desempleo. Una estrategia integrada de proteccién (de los gobiernos central y auto- némicos) ante la preocupacién por cl crecimiento del subsidio por desempleo habria podido encauzar las situaciones de despro- teccién derivadas del decretazo hacia las rentas minimas (que ten- drian que haber crecido) con el fin de discriminar mejor los casos de necesidad de los supuestos aprovechamientos espurios del sub- sidio de desempleo que justificaron su recortc. NOTAS 2 Charles Murray, Losing Ground, Basic Books, New York, 1980. 2 William Julius Wilson, The Truly Disadvantaged: Inner City Woes and Public Poluey, University of Chicago Press, Chicago, 1987 ? Ken Auletta, The underclass, Random House, Nueva York, 1982. « Christopher Jencks, Rethinking social policy. Race, poverty and the underclass, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1992. ¥ Jacques Donzelot y Joél Roman, ale déplacement de la question sociales, en Face @ Vexclusion Le modéle frangaxs, J. 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Una exposicisn resumida de la metodologia utilizada y de la» principales con- clusiones ha sido publicady por la Fundacién Argentaria Miguel Laparra, Mario Gaviria y Mane) Aguilar, «Pccultaridades de la exclu- sin on Espafia: propucsta metodoldgica y principales hipotesss a partir del caso de Aragon», en Pobreza, necesidad y discrominacion, I! Semposto sobre Igualdad de la Renia y la Riqueza, VVAA (edL), Fundacién Argentaria-VISOR, Madud, 1996. ® Miguel Laparra, Manuel Aguilar, Baibina Liberal et al, La exclusién social en Navarra. Un andhsis de conjunto a part de la encueria a la poblacién asisnda 1997 (informe), Departamento de Trabajo Social, Universidad Publica de Navana, Jona, 1998. Vid. José Félix Tezanos, Tendencius en exclundn socual.., op. eit, pig. 62. * Manuel Aguilar, Mario Gavitia y Miguel Laparra, Priment evaluactén del Programa IMI, Consejeria de Integracién Social-Comunidad de Madrid, Madrid, 1993. ™ Los presupuestos generales del Estado y la seguridad social previn cada afo una transfcrencia de fondos del Estado a la seguridad social para financiar Jos complementos de minimos (que son ea rigor una prestacién de asistencia social encubierta). Sin embargo, el importe de la transferencia es ridfculo en comparacisn con el coste global de los complementos, lo cual supone que este mecanismo asistencial se paga con cargo a las cotizaciones sociales, que financian asi mnde- bidamente una prestaci6n de solidaridad. ® Los servicios sociales de ta seguridad social (gestionades por ¢l Instituto Nacional de Servicios Sociales —INSERSO—) estaban, y en parte siguen estando, exclusivamente dirigidos a personas cubiertas por la seguridad social. EER b,. 228 Tendencias en desigualdad y exclusion social ™ {is Sanzo Gonzélez, José Manucl Muioz, laigo Séez et al, Informe de evaluacién del Plan Integral de Lucha contra la Pobreza en Euskads (1988-92), Gobierno Vasen, Vitoria-Gaster, 1992. Manuel Aguilar, Miguel Laparray Mario Gaviria, Lu caftay el pez. El salario social en las comunidades autnomas 199-1994, 12 ed., vol. 1, FOESSA, Madrid, 1995, VI Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Espafia Francisco Javier Alonso Torréns 230 Tendencias en desigualdad y exclusién social «Sociedad para todos en el aio 2000», como concrecién territorial de su estudio sobre la pobreza. Por acumulacién de datos se llegé, entre los aitos 1994 y 1996, a cubrir la totalidad del tcrritorio nacional, aplicando al estudio de las poblaciones pobres de cada Comunidad y cada provincia idéntica metodologfa ¢ idénticos contenidos + En concreto se acumularon datos de 29,592 familias pobres © Io que es lo mismo que vivian «bajo el umbral de la pobreza ccondmica», y de los 115.069 personas que constituyen esas fami- lias. Desde el punto de vista de la significacién, en este tipo de estudios, la muestra es, sin duda alguna, amplisima, y esta repar- tida equitativamente por todo el territorio de Espajia (peninsula ¢ istas), siendo representativa de las poblaciones pobres no slo a nivel de Espafia y sus Comunidades Auténomas sino incluso a nivel provincial, EL CONCEPTO DE POBREZA La opinién ptiblica, y aun Ja de los expertos en estratificacién social, no es undnime cn la aplicacién del concepto de pobreza a una realidad determinada. Se diria mas bicn que hay coincidencias en calificar como pobres @ los desposeidos de todo a casi todo (los «sin techo», los mendigos, los pordioseros, etc.). Es la pobreza absoluta en \a quc casi todos estén de acuerdo, aunque no faltan quienes «culpan» a estos pobres de su propia situacién, en la que estarian «porque ellos quieren», por sus vicios y desviaciones sociales. Esta pobreza absoluta, en términos cuantitativos, y extendicndo ef término a la mayoria de los drogadiclos mas «tirados», a las prostitutas de baja «estofa», a los chabolistas y los que malviven en «infraviviendas» o viviendas infrahumanas, etc., sélo serian ‘unos pocos cientos de miles en la actualidad de Espafia. Nuestro planteamiento, y el de la mayor parte de los inves- tigadores de Espafia y de Europa va més alld. No son csos solos los pobres. Se acepta el critcrio, cominmente admitido, de extender el término pobreza a los pobres «relativos»... Los que son pobres «en Las condiciones de vida de la poblacion pobre en Espana 231 telaci6n> © por «comparacién» con los «esténdarcs» medios de vida de la poblaciéa, y asi son pobres todos aquellos que se sitian, en términos econémicos, por debajo de un determinado listén © umbral, por m4s que no todos estén en la misma situacién de pobreza o pravedad. OBJETIVOS E INTENCIONES Aunque no es su objetivo fundamental, el Informe sobre Jas Condiciones de vida de los pobres en Espafa no pucde prescindir de la cuantificacién de la pobreza como punto de partida, pero no lo hace con datos de primera mano, ya que, siguiendo cl FOESSA’93, acepta y da por bucnos los datos de la EPF'91 del INE, cn la explotacidn, que aparece en dicho informe, tomo I, capitulo II, que en su momento realizaron lus profesores de la Universidad de Malaga Antonio Garcia Lizana y Guillermina Martin y su Equipo Cuantitativo del Bienestar (ECB), en su facul- tad de Economia, Utlizando el criterio més cominmente admitido en la UE se consideran pobres todas aquellas familias y personas que se sitaan econémicamente por debajo del «umbral» del 50 por 100 de la renta media disponible neta en el conjunto del Estado. En conereto en Espafia (EPF'91) el 19,4 por 100 de los hogares estén en esa sitwacion. Focalizando ese colectivo de familias y personas (2.192.000 familias en los que viven 8.509.000 personas) estc Informe general sobre la pobreza en Espaiia pretende: * Establecer los lazos de conexién y causalidad que existe entre desigualdad cconomica y social y la pobreza. * Deseribir, hasta donde sea posible, la influencia, o no, del crecimiento econémico en la desaparicién paulatina de la pobreza. * Distinguir claramente la pobreza econémica de la pobreza sociolégica por mas que una y otra se den simult4neamente en las mismas familias y personas. + Distinguir y describir las diversas perspectivas desde las que se puede analizar Ja pobreza, realidad que consideramos multi- dimensional. Una cosa es la extensién de ia pobreza (tasas), otra la distribucién, \ocalizacién o concentracién en el territorio, otra la intensidad de la pobreza econémica, diversa y distinta segin 232 Tendencias en desigualdad y exclusién social grados y niveles, otra las caracteristicas sociogrdficas y socioldgicas de las personas que sufren la pobreza, otra la perspectiva de la realidad de Ja pobreza vista por los mismos pobres, otra la, pobreza sociolégica (polipatologia de la pobreza), otra, en fin, la tipologia o tipificacién dc las diferentes pobrezas. Cada uno de estos aspec- tos 0 puntos de vista se estudian con detenimiento en el Informe. * Elegir y aplicar un criterio concrcto de estratificacién eco- némica dentro de la pobreza, para establecer grados o niveles. En concreto hemos establecido cuatro; pobreza extrema (— 15 por 100 RDN); pobreza grave (15-25 por 100 RDN); pobreza mode- rada (25-35 por 100 RDN) y precariedad social (35-50 por 100 RDN). Los dos primcros pueden considerarse como situaciones dee pobreza severa, y \as dos tiltimas de pobreza relativa. La desi- gualdad econémica es universal y también entre los pobres hay diferencias. * Descubrir, por fin, los colectivos de personas pobres en peor o mejor situacién relativa, como por ejemplo, mujeres pobres solas © con cargas familiares, nifios pobres sin escolarizar, j6venes pobres y parados, etc. Hasta aqui los principales objetivos que persigue, y en gran parte consigue, esta investigacién. CARACTERISTICAS MAS SALIENTES DE LA POBREZA EN ESPANA. Aparece claro, a fo largo del Informe, que la ténica dominante de la pobreza como fendmeno social es la gran heterogencidad de situaciones existentes tanto a nivel geografico como a nivel de subcolectivos que por diversos factores pueden distinguirse cn el mundo de los pobres. Es preciso cop todo hacer un esfuerzo analitico que apunte a esbozar [as caracteristicas comunes mds lamativas que se dan en la pobreza de todo e] Estado. — Para empezar hay que decir que la «extension» de la pobre- za (tasas sobre 100) en familias y en poblacién (19,4 por 100 de hogares; 22.1 por 100 de poblaciGn) es superior a la media de Europa (15 por 100) y s6lo inferior a la existente en Portugal y Grecia entre los paises de la UE, midiendo siempre la pobreza «bajo el umbral del 50 por 100 de la RDN». Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Esparia 233 — Este hecho de la «extensién de la pobreza» tiene mucho que ver con la desigual distribucién de la riqueza atin existente entre nosotros y con el diferente crecimiento y desarrollo eco- némico, que adquiere diferencias de grado en el interior de cada Comunidad Auténoma o provincia del Estado. — En términos absolutos estimamos, con criterio conservador, que hay en Espaiia (+) 2.192.000 hogares, en los que viven (+) 8.509.000 personas bajo el umbral del 50 por 100 de la RDN. De todos estos, sin embargo, se sitéan entre el 35 y SO por 100 el 49,6 por 100 de los hogares pobres y el 37,6 por 100 de las personas pobres, y por lo tanto bajo el umbral del 35 por 100 (pobreza moderada, pobreza grave y pobreza extrema) hay en Espafia + 1.104.100 hogares y 5.309.600 personas. ~— La pobreza predominante en Espafia es fa llamada «po- breza relativa» (entre el 25 y 1 50 por 100 del RDN), alrededor del 85 por 100 det total de los hogares considerados pobres y del 79,6 por 100 de la poblacién pobre estén en esa situacién. — Aunque la «pobreza severa» (—25 por 100 RDN) es mino- Titaria (2,78 por 200 del total dé los hogares y 4,5 por 100 del total de la poblacién) en {érminos absolutos afecta a (+) 316.000 hogares y a 1.739.800 personas, Cabe destacar que, entre ellos, hay un pequefio sector (en términos absolutes importantes) de 86.800 hogares y 528,200 personas que viven en fa pobreza extrema. — La secuencia de estudios sobre pobreza que conocemos comparada con los datos de nuestra investigacién apunta a que en los afios noventa (1992-1996) se est dando un ligero repunte de Ia pobreza severa entre nosotros, a pesar de haberse producido en la década de los ochenta un descenso sustancial de este tipo de pobreza mas grave. — La pobreza en Espafia, y la mas grave mas, se concentra en los ndcleos urbanos de poblacién. Es claramente mucho més urbana que rural y no sélo porque la poblacién en general resida més en zonas urbanas que en zonas rurales que se sigucn des- poblando paulatinamente. No quiere esto decir que no exista pobreza en las zonas rurales. Existe sin duda y se ha puesto de manifiesto, pero debe matizarse en el sentido de que, en general, es mejor la situacién econémica de los pobres en las zonas rurales donde la poblacién pobre es 234 Tendencias en desigualdad y exclusién social Mara 1 Porcentaje de hogares bajo el umbral de la pobreza por provincias Veaaya cmap (ameene]| O's | apace e a oes Soya h rai Rr el eee as aaa ae) (et pes ma asc Pa aos a 183 8, rire Er ete |e Si pee[oer [er ae taeaaa as pe! oe era 9 wes Mallowa comes paale : oo ee a ceren -(End ms. 24.1 sen] erence oe : Ss Wo 215 %0 enon Bf = 25.00% EB 20.55% HB = 25 %y mas de mas edad y est4 ampliamente protegida por el sistema de pen- siones que, si bien son bajas en cuantia, les sittia en posiciones cercanas al umbral de la pobreza y en pocos casos en la pobreza severa. — Las tasas més altas de familias y personas en pobreza dan en las provincias fronterizas con Portugal (Salamanca, Bada- joz, Caceres, Avila, Zamora, Orense), del Centro y del Norte, en Extremadura, Andalucia, Canarias y algunas provincias de Levante, junto con Ceuta y Melilla, pero no en todas estas regio- nes y provincias se dan los grados més altos de malestar social y acumulacion de males. Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Espara 235 Las tasas mas bajas se dan en Madrid, Navarra, La Rioja, Pais Vasco. Son pobres, sin embargo, no todos, por set menos pro- porcionalmente, estan en mejores condiciones que el conjunto de los pobres del Estado. — Un hecho llamativo y que sc ha pucsto de relieve en toda la «serie pobreza» de Investigaciones de FOESSA, y también en este Informe General, es el del proceso acelerado de la juvena- lizacién de la pobreza. El 44,1 por 100 del total de los pobres de Espaiia tienen menos de veinticinco afios. Son nifios y jévenes. Esto sucede sobre todo en los grados mds graves de pobreza. En la pobreza extema (-15 por 100 de la RDN), por ejemplo, més del 65 por 100 del colectivo (unas 347.500 personas) tienen menos de veinticinco afios. En el conjunto de los pobres severos {1.739.800 personas) el 53,2 por 100 son jévenes 0 nifios: 926.600. En cstc aspecto es tan grave que merecerfa conocer mds en profundidad lo que esta sucediendo con la juventud y la infancia en Espaiia, y sobre todo con el proidstico del futuro de este sector no sélo para denunciar el hecho sino para arbitrar actuacioncs y politicas sociales que mejoren, al menos en parte, esta situacion. ~~ Otva caracteristica particularmente seria y grave es el de ja incidencia de la mayor dimensién de la familia (familias nume- rosas o numerosisimas) en las peores situaciones de pobreza. Casi Ja mitad de las familias de m4s de siete miembros, entre los pobres, estén en la pobreza severa y su grado de malestar es mucho mas grave que el de las familias de dimensién media (3,8 miembros). Por otras razones también tiene connotaciones de mayor malestar la situacién de las personas pobres (generalmente mujeres mayo- res) que viven solas. — Aunque proporcionalmente en el conjunto de los pobres del Estado son un sector minoritario, los gitanos pobres, sobre todo, y los sectores de inmigrantes (norteafricanos del Africa negra, sudamericanos y de los paises del Este), estén en una situacién global de pobreza muy poblematica y de gran desventaja con rela- ci6n al conjunto de los pobres. Hay que hacer notar que la inves- tigacién se refiere a todos los pobres residentes de hecho en Espa- fia, y no sélo a los empadronados y legalizados. Una parte importante de la pobreza severa residente en el pais pertenece a estas minorfas étnicas estén o no estén censados 0 empadronados. 236 Tendencias en desigualdad y exclusién social — La poblacién pobre «acapara> en Espana fa inmensa mayo- ria de los males, carencias y problemas sociales en nuestro pais y sobre todo de los males mas graves como el paro, el analfa- betismo, las toxicomanias, la delincuencia y la marginalidad en general. Si decimos que la riqueza esté mal repartida, con mayor fuerza hay que decir que los problemas lo estén peor. Los pobres «cargan» con la mayor parte de los males. — En esta enumeracién répida de los rasgos de la pobreza en Espaita citamos, por fin, con especial énfasis 1a importancia decisiva del factor ocupacional (paro-trabajojubilacién) en las peores 0 mejores situacioncs de pobreza. Entre los pobres sélo trabaja, en ocupacién normalizada, un 10,2 por 100 de su total (34 por 100 cn la poblacién general) y las tasas de paro de la PPA rondan el 80 por 100. Entre los pobres extremos s6lo trabaja cl 1 por 100. Este aspecto de «la lacra del para» que se ceba y retroalimenta las situaciones de pobreza es, sin duda, el clemento y el factor de mayor importancia a combatir, sin dejar de tener en cuenta jas altas tasas de analfabetismo y de falta de preparacién de las poblaciones pobres en edad de trabajar que dificultan, en un pano- rama general sombrio de empleo, las posibilidades de trabajar de la poblacién pobre potencialmente activa. TIPOLOGIAS DE LA POBREZA EN ESPANA Y EJES ANALITICOS QUE LAS PROPICIAN Dado que la pobreza en Espafia es un fenémeno con muchas caras y facctas, un fenémeno poliédrico que cabe contemplar des- de muchos puntos de vista, se pueden, y parece Util, establecer tipus de pobreza utilizando para ello como instrumento is la existencia de diversos ejes analiticos posibles, de entre los que escogemos silo algunos como més claros y repre- sentativos. Las perspectivas que utilizamos para establecer diferentes tipos de pobreza son las siguientes: Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Esparia 237 Pobreza extrema | Pobreza severa Pobreza grave a) La econémica Pobreza moderada Pobreza relativa Precariedad social 6) La de la edad de Pobreza joven los pobres Pobreza madura Pobreza anciana c) La de la dimen- Pobreza vivida en soledad 0 en pareja sion familiar Pobreza en familia de dimensién media Pobreza cn familia numerosa 4) Ladel medio rural Pobreza rural 0 urbano de resi- Pobreza semiurbana dencia Pobreza urbana Pobreza megaurbana e) La de la regidn de Pobreza en el Norte de Espafia Espana donde re- Pobreza en et Centro siden los pobres. ——-Pobreza en el Sur f) La de la situacién Paro ocupacional de los Subempleo y economia sumergida pobres Trabajo Jubilacién Poblacién pobre inactiva Vamos a tratar de describir todas estas tipologias ayudandonos de los datos mis salientes de la investigaci6n relativos a la pobla- cién pobre de todo el Estado. La perspectiva econo je pobres extremos <> prec Los ingresos de las familias, o en su caso los gastos, en una palabra la economia de las familias pobres y de las personas que las componen, constituyen cl principal elemento diferenciador de las situaciones de pobreza. El tener menos o més dinero para 238 Tendencias en desigualdad y exclusion social vivir diversifica diferentes nivcles de condiciones de vida cn todos Jos aspectos. Hay que advertir no obstante, primero, que no es el Gnico ele- mento diferenciador y, segundo, que aqui hablamos de niveles de ingresos por persona y mes, y desde ahi se han establecido cuatro estratos de pobreza aplicados a la totalidad de las familias y Jas personas que viven por debajo del umbral del 50 por 100 de los ingresos disponibles netos medios cn el Estado espaitol en la actualidad. Estos estratos 0 niveles de pobreza, recordemos, son: La pobreza extrema: Menos del 15 por 100 de la RDN 2° La pobreza grave; Entre el 15 y el 25 por 100 de la RDN La pobreza moderada: Entre el 25 y el 35 por 100 de la RDN La precariedad social: Entre el 35 y el 50 por 100 de la RDN A los dos primeros niveles venimos llamandolos pobreza severa yal 3.°y 4.° pobreza relativa. Estos niveles influyen en la mejor o peor situacién familiar, de vivienda, ocupacional, de salud, de convivencia... de proble- miatica y, en definitiva, de condiciones de vida. Elegimos aqui solamente algunos aspectos que nos parecen significativos para su mejor comprensién y como comprobacién empirica, expresada en el grafico 1. Existe un eje analftico: pobres extremos +* precarios sociales, con datos muy diferenciados en cada polo, y escalas ascendentes o descendentes segin se trate de uno u otro aspecto o tema. Entre todos quercmos resaltar los siguientes: 12 Los pobres severos (cxtremos o graves) son muchos menos que los pobres relativos (moderados o precarios), pero se dife- rencian los unos de los otros por tener los primeros muchas menos posibilidades econémicas, muchos mas problemas, y, si se quiere destacar un dato, por ser los pobres severos mucho, mas jévenes, que los pobres relativos, y por la mayor dimensi6n de sus familias. 2° En el tema de la edad, obsérvense los datos de media de edad y tasas de juventud (— catorce afios), y compruéhese Jo apuntado anteriormente. 3° El tema de la ocupacion (trabajo-paro) est claramente en contra de los pobres més pobres, y algo o mucho menos de Jos que estan en el 4.° nivel de pobreza. Entre los pobres extremos ‘ ; Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Esparia 239 GrArico 1 Mierabros por famsta, seein alvles de pobreza Ingreaos(personaimes a} Media de edad, sey nivelen de pobreza M05 " m0 afs Pot grove recat ctl Pw Pet extrema rors "36 oo grave Precar socat ob recoraca| {asa de juventud (-14 aha, sogin nivel de pabvera Suberpleados y paradas sobre PPA Indice de mater sobre 100 Pb ghve Proce e2eal ob onrema, ob maderada 240 Tendencias en desigualdad y exclusién social las tasas de paro + subempleo sobre PPA es del 93,6 por 100 (casi todos), y este problema, junto con el de su juventud, que no les permite acceder a la proteccidn por juventud (por ejemplo) explica suficientemente su situaci6n. Bz El eje de las edades de los pobres: De los pobres en la niftez, y juventud, a los pobres maduros y ancunos El ¢je analitico funciona en este sentido: @ mds juventud, pobre- za mds grave y viceversa. Anies de presentar los datos de la siguicnte tabla hay que hacer alguna reflexién: — Més de cuatro (44,2 por 100) de cada dicz pobres en Espaita tienen menos de veinticinco afios. En otros lougares de esta inves- tigacién se describe con mayor precisién y de modo mas desa- gregado por cdades (cero-cuatro; cinco-catorce aiios, etc.) la situa- cién de cada grupo de edad. Aqui hemos querido reducitla « tres grupos: los nifios y jovenes por un lado, tos que estén cn la edad madura por otto, y, por fin, los mayores (prejubilados y jubitados), para poder presentar més gréficamente su diferente situaci6n en cuanto a sus niveles de pobreza. — Hay que iasistir que tanto los que estén en pobreza extrema como Jos que estén en pobreza grave estdn sufriendo unas con- diciones de vida muy duras por no decir cuasi miserables, pero que no hay que olvidar a los muchos (més de tres millones y medio) que sufren ta Hamada pobreza moderada (tetcer nivel) (25-35 por 100 RDN), que por todos los indicadores empleados a Jo largo del Estudio sufren también una situacion de pobreza Seria que les excluye de modo muy claro del modo de vivir medio de sus conciudadanos. Entre los grupos a considerar en Ja lucha contra la pobreza éstos no pueden quedarse fuera, pues también son pobres en grave situacién. Los datos de Ja siguiente tabla son suficientemente expresivos. Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Espana 241 Tapia 1 Estructura de edades del total de la poblacién pobre en Espafia segin niveles de 25 | 25-54 Be | rat | dtedaa Niveles de pobreza wos | an | de et Pobresa extrema 058 | 300 42 | 100 | 21,58 Pobreza grave 573 | 348 79 |__100_|_ 25,04 Pobreza moderada 478 |__374 | 148 | 100 | 30.20 Precariedad social 346 niles de personas de la dimension de la familia entre los pobres Consiste cl eje en la comparacién de las situaciones de los pobres de Espaiia segun pertenezcan a nacleos familiares u hoga- Tes con uno 0 dos miembros (familia pequefta) 0, en el otro extre- mo, familia numerosa 0 numerosisima (cinco, scis, siete 0 mas miembros). | | 7 Se pretende hacer notar que segtin qué perspectivas sc elijan estén mejor o peor (viven peores 0 mejores situaciones unas u otras), contando también con las situaciones intemedias (familias de dimension media). | ; — El analfabetismo, el envejecimiento y \a enfermedad, por ejemplo, afectan muchisimo mis a los/as que viven solos/as oson dos de familia que a las familias numerosas. La explicacién esté en la mayor edad. — La mayor pobreza, los mayores problemas graves (droga, alcohol, ctc.) y la peor situacién general afecta mas a Jas familias numerosas 0 numerosisimas, _ ; Algunos datos més salientes son los det siguiente grafico 2: Grarico 2 Dimension de la familia (mimero de miembros) Media de edd (arias) Porcentaje de pabres sever0s, eq en cua grupo — A pesar de constatar que las peores condiciones las padecen los pobres que pertenecen a familias numerosas (cinco-scis miem- bros) 0 numerosisimas (siete o mas), hay que hacer notar la situa- cidn también grave, desde perspectivas distintas de las econémi- cas, de los que viven solos (generalmente mujeres): Muy alto es entre ellos/as el anaifabetismo, la media de edad, la tasa de enfer- medad, etc., y se estima que son pobres y viven en esta situacién mas de 150.000 personas en toda Esparia. — Todo ello fleva a pensar y # sugerir la necesidad de reflexio- nar sobre la necesidad de una mayor atencidn integral a las fami- lias numerosas (vivienda, empleo, servicios sociales, etc.), y tam- bién, en su medida, @ los solos/as y a las parejas (de ancianos pobres ordinariamente) que padecen otros tipos de problemas. det CUMIN Coe Paneer HE ae PUR peer Ore ape ae , D: El eje medio rural o urbano de residencia de los pobres en Esparia Si agrupamos las dimensiones de poblacién de los diferentes habitats en cuatro: rural, semiurbano, urbano y megaurbano, y lo aplicames a Ja poblacién pobre de Espafia tenemos esta dis- tribucién de residencia. Tapia 2 Tipo de poblacién donde residen las pobres Niimero | porcentaye en miles Rural (—5.000 hab.) 1.519,7 17,8 527 Semiurbana (5.000-50.000 hab.) 2.974,7 34,9 * Urbano (50.000-500.000 hab.) 2.8504 33,5 473 Megaurbano (+ 500.000 hab.) 1,164,2 13,8 * TOTAL. 8.509,0 100,0 GraFico 3 Seumusane 9 Un tercio son semiurbanos (5.000-50.000 habitantes), menos de la quinta parte rurales, y la mayorfa (relativa) son urbanos 244 Tendencias en desigualdad y exclusion social © megaurbanos. La inmensa mayoria (82,2 por 100) puede decirse quc no son rurales. Los urbanos superan con mucho a los rurales, y asi ta pobreza en general es mds urbana que rural. Un millon y medio (+) de pobres viven en el medio rural y casi siete millones en medio urbano o semiurbano, aunque desde otra consideracién el 52,7 por 100 de los pobres sean rurales o semiurbanos, muchos pueblos, villas y pequefias ciudades entran también, de alguna manera, en la categoria de ciudad, — Entre los pobres rurales (los que viven en poblaciones de —5.000 habitantes) fas medias de edad y las tasas de envejeci- miento indican el predominio de un tipo de poblacién bastante mayor, aunque entre ellos haya algunos nifios y j6venes. Esto hace aumentar las tasas de onfermos y discapucitados, y las de soledad y aislamicnto, pero sus ingresos medios, dentro de fa pobreza, son los més altos, y entre ellos (sobre todo en Jos pequeiios pucblos) hay muchos menos pobres severos. La cau- sa esté en el factor edad que lleva aparejado el cobro de pensions y prestaciones y también en que cs un poco mis alta la tasa de «trabajadores normalizados», En Espaiia en general, la pobreza es menos grave cuanto mas tural es, lo cual no evita la reflexién paralela de la triste situaci6n de las zonas rurales (Castillas, Aragén, Galicia, ctc.) tendentes Progesivamente al envejecimiento y la desaparicion. — En el otro extremo del eje analitico estén los pobres de las grandes metrépolis (+ babitantes), con menores ingresos, en con- textos sociales mucho més caros, con niveles de pobreza scvera mucho mis altos, con problemiticas muy graves de alcohol y dro- ga, violencia, prostitucién, robos y atracos, etc., y com indices medios de malestar algo superiores a la media, aunque también en esos contextos la cobertura de los Servicios Sociales de todo tipo es mayor. El eje region Las diferentes zonas de Espanta Hay algunos aspectos de la pobreza (por ejemplo, la extension del fenémeno) que son muy diferentes cn la Espafa del Norte, de la Meseta, del Levante o del Sur, por ejemplo, y otros que no estan tan diferenciados, Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Esparia 245 Sobre extensién y niveles de pobreza en las diferentes regiones y provincias del Estado, se presentan muchos datos a lo largo del Estudio. Trataremos aqui brevemente de recopilar algunos aspectos diferenciadores y que puedan dar lugar a algunas generalizaciones (siempre con matices) sobre la pobreza en las grandes zonas del Estado. + La pobreza en el Norte de Esparia (Galicia, Asturias, Can- tabria, Pais Vasco, La Rioja y Navarra). Son + 1.209.000 pobres: el 14,2 por 100 del total. No es homogénea la situacién en todas estas regiones, pero en todos los casos los mas importantes indicadores reflejan una situaci6n relativamente privilegiada. La «extensién» de la pobreza (porcentaje de hogares pobres) es «baja» en Navarra, Pais Vasco y La Rioja, «media-baja» en Cantabria y Asturias y «media» en Galicia. La peor situacién rela- tiva se da en Galicia. La «intensidad» de la pobreza econdémica de Jos pobres repite Ja misma situacién practicamente, y sélo hay diferencias en cuanto a los niveles de «pobreza sociolégica» (acumulacién de proble- mas) donde los pobres del Pais Vasco acumulan menos problemas y los de Galicia, en el otro extremo, superan fa media nacional. La pobreza severa en algunas de estas Comunidades Auténomas (La Rioja, Navarra, Pafs Vasco...) es poco més que testimonial y podria practicamente desaparecer en un futuro préximo con voluntad politica y medidas de coste no excesivo. + La pobreza de las dos Castillas. Son (+) 1.152.000 pobres: el 13,5 por 100 del total. La pobreza en Castilla-La Mancha y Castilla y Leén ticne bas- tantes rasgos similares: m4s «extensa» en Castilla-La Mancha, pero de menor «intensidad» de la pobreza econdmica. Gencral- mente es una pobreza anciana y protegida por las pensiones, don- de pesa bastante Ia situacién de grandes zonas rurales deprimidas © cuasi despobladas, aunque las situaciones mds graves se den en las ciudades. Los principales indicadores de pobreza reagrupados y resumi- dos sittian a los pobres de Castilla y Ledn en la posicién media de los pobres de todo el Estado (100,5 sobre media 100) y a los de Castilla-La Mancha en peor situacién media (108,9 sobre media 100). 246, Tendencias en desigualdad y exclusién social Como se trata de dos Comunidades con muchas provincias (14) de muy diferente entidad de poblacién, en cada una hay una situacion algo diferenciada, pero puede decirse que, por ejemplo, la pobreza en Soria, Guadalajara, Segovia, etc. (provincias poco pobladas) es un fenémeno de escaso numero absoluto de familias (otra cosa son las tasas reales de pobreza), y que quizés la desa- paricién de la pobreza severa en estas provincias no fuera una tarca tan imposible... + La pobreza en la Comunidad de Madrid. Son (+) 540.000 pobres: el 6,3 por 100 del total. Por su importancia demografica y por sus caracteristicas dife- renciadas, la separamos de las dos Castillas en el centro de Es- paiia. En la Comunidad de Madrid, por su mayor renta per cépita y por su situaci6n relativamente privilegiada con relacion a las dems regiones, la «extensién» de] fendmeno de la pobreza eco- némica medida en términos homogéncos para todas las regiones, ja pobreza afecta (en porcentaje) a menos de la mitad de familias y personas que en la media del Estado. Proporcionalmente los «pobres» no son muchos, pero en cifras absolutas son (+) $40,000 personas. Sufren ademas una «pobreza econémica» més intensa que la media nacional, y la «acumulacién de problemas» padecidos por estos pobres es mas alta también que la que se da en la media nacional. La pobreza, pues, en esta Comunidad es un problema serio porque afecta a mucha gente, y porque se es més pobre cuando se vive en un contexto prdspero y de mayor carestfa de vida. + Aragon. Hay (+) 263,000 pobres. Son cl 3,1 por 100 del total. La pobreza en la regién sigue practicamente todas las pautas medias de la pobreza en el conjunto del Estado. Hay dos tipos claros de pobreza: mayoritaria la urbana, de la ciudad de Zaragoza sobre todo, y minoritaria la rural, con las connotaciones de las que se habla suficientemente cn cada caso en el Estudio. + El Levante espaol (Catalufia, Baleares, Comunidad Valen- ciana y Murcia). Son (+) 2.343.000 pobres: son el 27,5 por 100 del total. En realidad no existe homogeneidad en las situaciones de pobreza de todas estas Comunidades. Sin tener en cuenta el dife- Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Espanta 247 Tente ndmero de afectados las dos mas similares son las de la Comunidad Valenciana y Murcia, en el resultado final de pro- mediar «extensiémm, «intensidad» e «indices de malestar» de sus pobres, pero en Murcia la pobreza, es proporcionalmente més extensa y en la Comunidad Valenciana (sobre todo en Alicante) es mas «intensa» y estan en peor situacién de acumulacién de males. Dentro del Levante, en estas dos Comunidades la pobreza es més grave que en las otras dos. El caso de Catalufia: Es una Comunidad también préspera y de alto nivel de renta, Su tasa de pobreza es inferior al de la media nacional (16,1 por 100 de poblacién pobre), pero su mag- nitud demografica hace que ese 16,1 por 100 equivalga a cerca de un millén (962.000) personas «bajo el umbral» de la pobreza. En este sentido la provincia de Barcclona es, en numeros abso- lutos, la que tiene mayor namero de familias y personas pobres entre todas las provincias del Estado. La «intensidad» de la pobreza econémica de sus pobres sigue fa pauta media de las de] Estado, aunque hay que tener en cuenta que sus pobres viven en un contexto socioecanémico «caro y prés- pero», lo que hace mas dura su situacién (como en Madrid, Navarra o Baleares, por ejemplo), Los pobres de Baleares también son proporcionalmente algunos menos que los que hay (en tasas) en el conjunto de Espajia, pero destacan entre ellos las situaciones de mayor acumulacién de pro- blemas asociados a su pobreza. + La pobreza del Sur (Extremadura, Andalucia, Canarias, Ceuta y Melilla). Son (+) 3.002.000 pobres: el 35,3 por 100 del total de pobres dei Estado, Mas de un tercio de los pobres del Estado viven en estas Comunidades. En todas sc supera con creces la tasa media de hogares y personas en pobreza. La «intensidad» de la pobreza econémica es también superior a la media excepto en Canarias que se acerca a la misma, y los niveles de malestar 0 pobreza socivlégica son también superiores en todas estas Comunidades y entre sus pobres, excepto en Extre- madura (83,6 sobre 100). Asi los casos de Ceuta y Melilla, Extremadura y Andalucfa encabezan el ranking de indicadores conjuntos de la peor pobreza nacional. Entre las 19 Comunidades, Canarias ocupa el puesto 248 Tendencias en desiguatdad y exclusién social 5.°, en posicién cercana a la situacién de conjunto de los pobres de Castilla-La Mancha. Con todo lo que aqui se recoge son «generalizaciones» que requieren el estudio en detalle de cada provincia como se ha veni- do haciendo en la serie de pobreza de FOESSA, 1994-1997, «Las condiciones de vida de la poblacién pobre de cada provincia de Espafia». P: El eje de la situacién ocupacional de los pobres: Del paro y la desocupacién a la inactividad protegida, pasando por la situacién de los trabajadores pobres Junto con los ejes de la edad y la dimensién familiar, es éste quizés cl principal y més radical eje analitieo para explicar la pobreza existcnte en nuestro pais. Los datos-resumen que vamos a presentar son contundentes en la relacién ocupacién y nivel de pobreza, y aunque sabemos que el paro, por ejemplo, tiene estrecha relacién con las carencias formativas y con la escasez real de trabajo, de modo tal que el poco trabajo existente es acaparado por los mas preparados, y los que Jo estén menos son automaticamente expulsados de esc. mercado actualmente escaso, puede decirse que como causa mas proxima ¢ inmediata el paro y el trabajo precario, junto con la exigua proteccién social (en los que la tienen) explican la mayor parie del fenémeno de la pobreza. La inmensa mayorfa (75-80 por 100) de los parados espafioles pertenecen a este mundo de jos que viven por debajo del wmbral de la pobreza (-50 por 100 RDN). LA SITUACION OCUPACIONAL DE LOS CABEZAS DE FAMILIA POBRES EN ESPANA Casi seis de cada diez cabezas de familia pobres son poblacién potenciaimente activa. Esturian en principio en edad y disposicion de trabajar (58 por 100). Mas de cuatro de cada diez, no, pues son poblacién inactiva: jubilados y amas de casa (42 por 100). Esto sucede en el conjunto Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Espaiia 249 de Jos cabezas de familia pobres, pero varia en gran manera segiin niveles de pobreza como puede comprobarse en la siguiente tabla. Tapia3 ~ Situacién ocupacional de los cabezas de familia pobres segin niveles de pobreza, en porcentajes, en Espatia wit Inacio Actes Total pobreza — Wutnludes) de | pobr | omni | | Parades! pohr panos casa _| pasiva espn. acta Extrema 42 9,1 | 20,3 | 6,8 | 21,6 | 51,2 | 79,6 | 100,0 Grave 13,7 | 10,4 | 24,1 | 12.0 | 166 | 47,3 | 73,9 | 100.0 Moderada | 22,7 | 10,3 | 33,0 | 30,1 | 10,4 | 26,5 | 67,0 | 100,0 Precariedad| 38,4 | 15,4 | 53,8 | 27,5 5.1 | 13,6 | 46,2 | 100,0 TOTAL | 29,2 | 12,8 | 42,0 | 26,0 89 | 23.1 | 58.0 | 100.0 | Estos datos tienen una gran importancia por el papel prepon- derante que juega el cabeza de familia en este aspecto y en sus consecuencias con relacién al resto de su familia pobre. Lo que se vicne apuntando puede quedar més claro atin en el siguiente grafico: Grarico 4 Cabezas de familia pobres potencialmente activos que estin parados . o subempleados segtin nivel de pobreza a 55.19% [55.2%] Pob grave Procar social x Pob, moderada Pob. extrema 250 Tendencias en desiguaidad y exclusién social Desde el punto de vista econémico, y desde el resto de las perspectivas estudiadas a lo largo de la investigacién, el paro afec- ta m4s a los mas pobres, y la proteccién social a los menos pobres. Detallando un poco ms la situacién de los cabezas de familia pobres potencialmente activos presentamos estos datos: ‘Tapia 4 Los cabezas de familia pobres potencialmente activos segti niveles de pobreza en Espana Queremos fijarnos cn esta tabla en que cfcctivamente el por- centaje mayor (55,2 por 100) lo forman los cabezas de familia que estén parados o en la economia sumergida entre los poten- cialmente activos, pero es alto también el porcentaje (44,8 por 100) que estan trabajando normalmente y de modo estable (fijos o eventuales), hecho éste que no permite que salgan de la pobreza. Pero en cuanto a trabajo, no s6lo debe considerarse la situaci6n del sustentador principal entre las familias pobres, porque en ellas hay otros miembros en situacién potencial de trabajar. Por ello estudiamos también, de modo resumido, la situacién ocupacional de «toda la poblaci6én pobre» (incluidos los cabezas de familia), LA SITUACION OCUPACIONAL DE LA POBLACION POBRE EN ESPANA. Enfocamos el tema, una vez mas, relacionéndolo con el nivel de pobreza econémica padecida, por ser éste el indicador mas expresivo. Una primera visién de conjunto nos la proporciona la siguiente tabla. seat mae Las condiciones de vida de la poblacin pobre en Esparia 251 Tana 5 Situacién ocupacional de la poblacubn pobre de Fspaiia, segun niveles de pobreza Nivel Poblacién Potenctaimente actos de {ancianos, Trub. Total pobreza nifiosy | Parados fg. | Trubay. amas de casa) eponid. Pobreza extrema 62,7 27,9 10 24 | 1000 Pobreza grave 519 15,8 | 264 59 | 100.0 Pobreza moderada) 59,7 23.6 69 | 10,7 | 1000 Precariedad social] 65,6 16,7 46 | 13,1 | 100, Media global 62,3 21,8 57 10,2 100,0 La mayoria (casi dos tercios) de la poblacién es poblacién inactiva, Un tercio largo (37,7 por 100) son potenciales trabajadores, 0 poblacién potencialmente activa. Entre los PA predominan los paradys (21,8 por 100) y los tra- bajadores «esporddicos», sobre todo en los niveles de pobreza mas grave. Este hecho se ve con mayor claridad cn la siguiente tabla. Tania 6 Situacién ocupacional de la poblacién pobre potencialmente activa segtin niveles de pobreza Trabajadores esporddicos 124 55,0 15,0 13,5 El 27 por 100 de los pobres potencialmente activos trabajan a pesar de lo cual siguen siendo pobres, pero el hecho més grave a todas luces es que el 73 por 100 restante no Jo hacen: o estén 252 Tendencias en desigualdad y exclusion social parados o estén en la economia sumergida trabajando sélo espo- ridicamente (a veces sia veces no, «chapuzas», ctc.). El problema del paro y det subempleo afecta asi a los pobres segiin su diferente nivel de pobreza: Grarico 5 Parados + subempleados segiin niveles de pobreza sobre poblacién activa | mye | prea Pob extrema Pob moderada EI grafico es tan claro, y el hecho que refleja tan grave, que no hacen falta muchos comentarios. Simplificando mucho podria decirse que hay tres tipos desde la perspectiva ocupacional de pobres en edad madura 0 anciana: + Los protegidos por las pensiones que a pesar de ello por su exiguidad les impiden dejar de ser pobres. + Los que trabajan en trabajos poco remunerados que tampoco les permite abandonar {a pobreza y que se agrava, en muchos casos, por la mayor dimensién de sus familias. Las condiciones de vida de la poblacién pobre en Esparia 253 + Los parados o desempleados, cuya situacion explica suficien- temente su pobreza. Ademés de éstos estan los pobres que son jévenes o nifios, de Jos que ya hemos hablado suficientemente en otro lugar, y las amas de casa. Esta carencia (la del trabajo) en familias y personas que no tienen mas que este posible recurso econémico es, sin duda, la principal ratz y el principal problema de la pobreza en nuestro pais. NOTA "Las investiguciones parciales han dado fugar a una serie (serie pobreza) de la Fundacién FOESSA con 30 titulos aparecidos sobre «las condiciones de vida de la poblacién pobre» de cada provincia o regiéa. SEGUNDA ; PARTE Trabajo, paro y exclusion social | VII Desempleados adultos de larga duracién Violante Martinez Quintana 1. INTRODUCCION En la segunda mitad del decenio de 1980 se registré un impor- tante avance en el crecimiento econdmico, y cn la expansion del empleo, en casi todos los paises de la OCDE (Organizacién de Cooperacién y Desarrollo Econémico), con sucesivas reformas estructurales que contribuyeron a mejorar las economfas. Sin embargo, todo ello vino acompafiado de unas tasas elevadas de desemplco, que se alinearon junto a las tecnologias omnipresen- tes, la liberalizacion de los mercados y las reformas emprendidas en la Europa del Este y en la Europa Central. Ante tal perspectiva, estos paises se centraron en tres fenémenos que indudablemente podfan interferir en los mercados de trabajo: la evoluci6n demo- gréfica, la proliferacién de jas nuevas tecnologias y las estrategias 258 Tendencias en desigualdad y exclusin social y politicas que habia que aplicar ante los cambios estructurales. Y conforme fueron apareciendo los distintos desajustes de tales acontecimientos, bien cn la consolidacion, bien en el aumento del desempleo, se Ilevaron a cabo una serie de Politicas de Mer- cado de Trabajo durante la década de los noventa, consistentes, entre otras cosas, cn Ja movilizacién de los recursos humanos, que cspecificaban lo siguiente: «Debe concederse prioridad a medidas activas como la formacién, los programas de colocacién y de reinsercién destinados a los desempleados, los inactives y los beneficiarios de la ayuda social, de forma que se rompa el circulo de dependencia, sc reduzca las desigualdades en el acceso al empleo y, en general, se introduzcan a los trabajadores en la gran corriente de las actividades productivas. Esas prioridades debieran reflejarse en la asignacién de los recursos» 1 En Europa las consecuencias que comporta la situacién del desempleo en personas activas ha llevado a efectuar una serie de intormes sobre la Proteccién Social durante fa década de los noventa, y en 1998? se establecen vinculos entre los sistemas de proteccién social y la Estrategia Europea a partir de las Directrices para el Empleo, que confluyen en una serie de cambios en las politicas para reforzar los incentivos en la vuelta al trabajo y mejo- rar Ja empleabilidad y adaptabilidad de la mano de obra. Asi, pues, entre las transformaciones de estas politicas que més se rela- cionan con Jos desempleados adultos de larga duracién figuran jas medidas de endurecimiento de las condiciones para recibir prestaciones, la reorientacién hacia politicas més activas, la ampliacién de los programas de creacién de empleo, la reduccién de la dependencia y la exclusi6n social, la inversion de la tendencia a la jubilacién anticipada, y el fomento de la jubilacién parcial. Ante el horizonte que presenta el desemplco, las directrices de nuestra investigaci6n pretenden abordar en el contexte de nuestro pais las siguientes cuestiones: /Quiénes son los desem- pleados adultos de larga duraci6n? ZQué cvolucién presentan cn el transcurso de fos tltimos aftos? éCudles son las causas que lo originan? GQué repercusiones tiene para esta poblacién’? Y, por Ultimo, dcudles son las perspectivas de futuro pata este colec- tivo? Por consiguiente, cl presente estudio efectia un andlisis des- criptivo ¢ interpretativo del desempleo adulto de larga duraci6n en Espaiia, teniendo como referente el contexto europeo, y sc llevan a cabo dos tipos de andlisis, el cuantitativo y el cualitativo, Desempleados adultos de larga duracién 259 para reconstruir la realidad del fendmeno en estudio. En el ana- lisis cuantitativo se analizan los datos de los cuatro trimestres de la Encuesta de Poblacién Activa a través de la elaboracién de una serie temporal *, para conocer la trayectoria evolutiva, y las peculiaridades surgidas en Jos tltimos afios, y en el andlisis cua- litativo se realizan entrevistas en profundidad y teuniones de grupo *. 2, EL DESEMPLEO ADULTO EN ESPANA: ANALISIS CUANTITATIVO El estudio de los desempleados adultos de larga duracién nos lleva a averiguar quiénes son estos desempleados, qué perspectiva evolutiva han experimentado en un periodo de tiempo, y conocer las caractcristicas que tienen como poblacién desempleada, Segan un estudio efectuado en Espafia por la Secretaria Confederal de Empleo en 1993, se considera parados de larga duraci6n a «aque- llas personas que, ademas de reunir los requisitos cxigidos por la EPA, llevan més de un afio buscando empleo, Las categorias de trabajacores més afectados por el paro de larga duracién son los trabajadores de edad avanzada, los que tienen problemas de salud, los de menor nivel de estudios, los de especialidades poco demandadas, Jos de baja cualificaciGn y las mujeres» *. La deli- mitacion del desempleo adulto en Espafia cn este apartado, se centra principalmente cn las personas desempleadas mayores de cuarenta, y cinco afios, por lo que se cfcctéa un andlisis cuan- litativo, Hevado a cabo por Antonio Morell, Juan Pere Enciso y Rafael Allepuz, consistente en {a claburacién de una serie tem- poral que va desde 1976 hasta 1997, y la situacién que presentan los desemptcados adultos en 1998, segtin los datos de la Encuesta de Poblacién Activa (EPA). En esta observacién, se obtiene que el nmero de desempleados durante 1997 ascendfa a 3.356.448 personas (un 47,1 por 100 de hombres y un 52,9 por 100 de muje- tes), 580,100 de los cuales eran desempleados mayores de cua- fenta y cinco aiios; esto es, un 17,28 por 100 del total de desem- pleados. La tasa de paro promedio de los mayores de cuarenta * Véase Confederaciin Sindical de CCOO, El ge : , El paro de larga duracuin en Espa- ‘i, Estudio cluborado por la Secretarfa Confederal de Empleo, Cademos de Informacion Sindical, Madrid, 1993, pag. 11. th i 260 Tendencias en desigualdad y exclusion social y cinco afios se situaba en un 12,1 por 100, muy inferior a la tasa registrada para el conjunto total que cra del 20,8 por 100. Por sexo, el porcentaje de paro femenino cs menor en los parados mayores de cuarenta y cinco afios: asf, 334,683 eran hombres y 254.417 mujeres, un 57,7 por 100 y un 42,3 por 100 respectiva- mente. La tasa de paro femenino era del 16,2 por 100, bastante superior al masculino de 10,2 por 100, si bien por dehajo de la tasa de paro total femenino que era del 28,3 por 100. La menor incorporacién al mundo del trabajo de las mujeres nacidas antes de 1952 puede servir para explicar, en buena parte, este hecho. Prueba de ello es que la diferencia entre cl paro masculino y cl femenino es mucho més significativa (respecto « la media nacio- nal de desemptcados) en et grupo de los descmpleados mayores de cincuenta y cinco afios {esto es, personas nacidas antes de 1942); y menor en los descmpleados con edades comprendidas entre los cuarenta y cinco y cincuenta y cinco afios. Asi, de los 396.791 desempleados con cdades comprendidas entre los cua- renta y cinco y los cincuenta y cuatro afios, el 53 por 100 son hombres y el 47 por 100 mujeres; por su parte, de los 183.300 descmpleados de mas de cincuenta y cinco aitos, cl 68 por 100 son hombres y el 32 por 100 mujeres. En 1998 el andlisis de los datos (véase tabla 1) presenta una perspectiva similar a la del afio anterior, pero con un ligero descenso en el ndmero de efec- tivos de desempleados adultos (3.060.320 personas, un 44,5 por 100 de hombres y un 55,4 por 100 de mujeres), de los que 545.800 son desempleados adultos. Por sexo, la diferencia entre el paro masculino y el femenino sigue manteniendo légicamente las pau- tas que en 1997, si bien hay que destacar que las desempleadas, en general, y las desempleadas de cuarenta y cinco afios en ade- lante aumentan ligeramente sus porcentajes respecto al afio ante- rior. Asi, por ejemplo, de 52,9 por 100 desempleadas que habia en 1997 pasan a representar un 55,4 por 100 en 1998, tendencia de aumento que figura en los tramos de edad establecidos cn la tabla 1, lo que confirma como veremos seguidamente la con- tinuidad de la tendencia de aumento en las desempleadas adultas en Espaiia. Ciertamente, la incidencia del paro femenino tan sélo es com- prensible si sc interpreta paralelamente al fendmeno de la incor- poracién de ia mujer al trabajo, hecho que debe tenerse muy en cuenta cuando se realizan andlisis temporales sobre ¢l desempleo Desempleados adultos de larga duracién 261 Tapia t Desempleados adultos en 1998 (media anual) Hombres Miuseres Desempleados 1.364,25 (miles) | 1.696,07 (iifes) | 3.060,32 (miles) 445 % 55,4. % 100 Desempleados mayo- res de 45 aitos 295,L1 (miles) 250,69 (miles} 54% f » 5458. (miles) 46% 100 Desempleados de 45 a 54 afios 179,64 (miles)| 191,19 (mites) | 370,83 (mile: 48,4 % 51,5 % 00 ? Desempleados mayo- tes de $5 afios 115,47 (miles)| 59,5. (miles)! 174,97 (miles) 66% 4% 100 Fuente: EPA 1998, elaboracion propia do A. Morell, 1. P, Rnciso y R, Allepuz. y, concretamente, cn el tema que nos ocupa, los desemplcados adultos, de aqui que sea interesante incorporar la serie hist6rica 1976-1997. La evolucién del desempleo de trabajadores adultos durante los iltimos veinte afios permite observar aspectos que Pasarian inadvertidos, y que posibilitan contextualizar econémica y socialmente la realidad que estamos observando. (Véase tabia 2). De los resultados de esta evolucién junto con los datos de 1998 4e desprende que las mujeres son el colectivo mas perjudicado on el funcionamiento del mercado de trabajo y en fa apticacién de las directrices emanadas de la normativa legal. Realmente, lo Que sucede en su incorporacién al trabajo es que encuentra bas- tuntes dificultades en conseguir un cmplco, especialmente en aquellas mujeres que acceden al mundo laboral después de casa das y cuando sus hijos son mayores, que por regla general, suelen ser trabajadoras que carecen de una buena preparacién, y que te han descualificado en cl ticmpo transcurrido desde que dejaron 4u anterior ocupacién, Este hecho se comprueba mds adelante on el andlisis cualitativo en tos casos de aquellas desempleadas que bandonaron o perdieron su puesto de trabajo varias veces lo largo de su traycctoria laboral, o por no tener una formacion udecuada ante las exigencias del mercado de trabajo. Por tanto, la reinsercién de las mujeres a la estructura ocupacional no es 1 «I li lI 262 Tendencias en desigualdad y exclusion social Tapia 2 Porcentaje de desempleados por género y porcentaje de los mayores de cuarenta y cinco arios sobre ef total ‘Desempleailos mayores Desempleados | ae 45 alias sobre otal mayores de $5 whos desempleados % % hmbres | mageres | 89,1 10,9 30,7 | 91,3 | 87 33,0 | 994 | 106 32,8 | 396 | 104 32,6 | 888 | 112 32,6 | 898 | 10.2 343 | 881 | 119 35,3 | 873 | 127 34,3 | 87,5 | 125 35,1 | 86,0 | 140 369 | sas | 155 441 | 782 | 21.8 48,6 | 73,3 | 267 30,7 | 70,6 | 29,4 33,0 Fuente: EPA. 1976 1997, elaboracién propia de A. Morell, J.P Eneio y R. Allepuz facil, y se advierte en 1a evolucién de la seric temporal un impor- tante aumento de desempleadas mayores de cuarenta y cinco afios, que va de un 7,1 por 100 en 1976 a un 13,8 por 100 en 1997, sobre ef total de desempleados. ; | Segiin los datos del grafico 1 se detecta que, en cierto sentido, el nivel de estudios constituye un elemento determinante para explicar Ja situacién de desempleo en la que se encuentra este sector poblacional: ef 72,3 por 100 de desempleados mayores de cuarenta y cinco afios se concentran en e! sector sin estudios y Desempleudos adultos de larga duracién 263 Grarico 1 Desempleados mayores de cuarenta y cinco arios segiin el nivel de estudios, 1997 Anterior at supenor Superior Fuente EPA 1917-1997, elaborncion propia de A Morell, JP. Freise, yR Allepus, estudios primarios (cifra que se eleva al 97,9 por 100 si a éstos afiadimos los desempleados con estudios medios). En cl andlisis de los datos de Jos desempleados analfabetos y sin estudios, los desempleados con estudios anterior al superior y con estudios auperiores —muyores de cuarenta y cinco afios Y por sexo— se obtienen los siguientes resultados: en primer lugar, se advierte 6n este colectivo que ¢l grupo de descmpleados analfabetos y sin studios es muy importante respecto al conjunto total de desem- pleados, por lo que la gente mas joven que se incorpora al mer- cado de trabajo lo hacen con mayor nivel de instruccién. En este wentido no hay que descuidar, a cfectos analiticos, los adultos anal- fabetos que se encucntran al margen del mercado laboral y que viven de prestaciones piiblicas y de la asistencia social. En segundo lugar, la importante incidencia de los que poscen tnicamente estu- dlos primarios, y que es debido a que cada vez mayor némero de personas adultas compaginan el trabajo y los estudios para ‘obtener como minimo el llamado graduado escolar. Y en tercer lugar, sobresalc la relaciOn existente entre el nivel de formacién y lun posibilidades de ocupcién, ya que a partir de cierta edad, 264 Tendencias en desigualdad y exclusién social Grarico 2 Tiempo de bisqueda de empleo, 1977-1997 i Menos 3 un De uno a dos afios 80; Més de dos afios 701 60: 50: 40 30 & i977 1982 1987 1982 197 Fuente EPA 1977-1997, elaboracisn propia de A. Morel, J. P Enetso, y R Allepuz el no poseer formacién dificulta mucho la teinsercién laboral, como bicn veremos a fo largo de la investigacidn. En cl fenédmeno del desempleo adulto resulta ser de gran importancia el tiempo de espera en la busqueda de un trabajo, espe- ciaimente para la motivacién en Ja vuelta al trabajo (véase gra- fico 2), y sc constata que mas del 62 por 100 de los desempleados mayores de cuarenta y cinco afios se encuentran en csta situacién desde hace, al menos, un afio, y los datos muestran que las posi- bilidades de reinsercién laboral de los desempicados adultos son escasas, y que los desempleados adultos pasan facilmente al esca- lafon de desempleados de larga duracién. De hecho, para el perfodo 1977-1997, el némero de personas que se encuentran en los dis- tintos segmentos temporales de bisqueda de empleo desciende, excepto Jos que buscan empleo desde hace mas de dos afios, lo que indica que los otros segmentos se ban ido incorporando a éste a medida que transcurre el tiempo. La tendencia apreciable en estas Gllimas dos décadas ha sido claramente la de alargar el tiempo de desempleo, con las correspondientes repercusiones econémicas y personales que conlleva, En 1977 el 5 por 100 de los desempleados mayores de cuarenta y cinco aos levaban menos de un afio buscando empleo. En 1997 esta cifra se habia reducido al 37,2 por 100, En 1977 tan sdlo el 7,2 por 100 de los desempleados mayores de cuarenta y cinco afos Ilevaban més de Desempleados adultos de larga duracion 265 dos afios buscando empleo, cifra que se eleva al 46,8 por 100 en 1997; esto cs, un 60,9 por 100 de los hombres desempleados mayorcs de cuarenta y cinco aiios y un 65,3 por 100 de las mujeres desempleadas mayores de cuarenta y cinco afios. En definitiva, las principales conclusiones obtenidas de la serie temporal son: * El conjunto de desempleados mayores de cuarenta y cinco aiios (respecto al total de desempleados) ha mantenido a lo largo del periodo de estudio de la seri¢ temporal un porcentaje similar, Partiendo de un 19.9 por 100 en 1976 y finalizando con un 17,3 Por 100 en 1997, El «mejor» porcentaje de toda la serie se sitia en el 14,3 por 100 de 1988, * Los hombres mayores de cuarenta y cinco afios han reducido su peso en cl periodo de estudio respecto at totat de hombres €n paro, y las mujeres mayores de cuarenta y cinco afios han incre- mentado su peso respecto al total de mujeres en paro, * Predomina la poblaci6n con un bajo nivel de instrucci6n ¢ntre las personas mayores de cuarenta y cinco afigs en paro, « Como consecuencia del mayor nivel de instruccion de la poblacién en general ha aumentado cl Porcentaje de pobiacién n paro de mayores de cuarenta y cinco afios con estudios medios, * La poblacién mayor de cuarenta y cinco afios en paro con estudios «anterior al superior» y superiores representa un por- centaje muy pequeiio, aunque ha ido aumentando con los afios debido al mayor nivel de instruccién de la poblacién, destacando el mayor peso de las mujeres en estos segmentos, * Se incrementa significativamente el tiempo de biisqueda de empleo, resultando refevante el porcentaje de desempleados mayores de cuarenta y cinco atios que leva mas de dos aos en puro. 3. EL DESEMPLEO ADULTO EN ESPANA: ANALISIS CUALITATIVO La experiencia vivida por las personas desempleadas en Espaiia Implica, cntre otras cosas, efectuar un andlisis cualitativo del fend- Mono, centrado basicamente en la situacién del desempleo como Gxclusion social, la indagacién de las causas que lo han producido, law repercusiones personales y sociales, y las tendencias y pers- 266 Tendencias en desigualdad y exclusion social pectivas de futuro en aquellas personas que, por las leyes del mer- cado actual, han perdido su puesto de trabajo, y se encueniran todavia a mitad de su ciclo Jaboral, En general, la experiencia significa la vivencia de una serie de obstéculos con los que ha de enfrentarse esta poblacién desocupada, y que afecta de manera especial a las personas que llevan mucho tiempo desemplcadas. En un primer acercamiento hacia jas causas principales que generan desempleo en la socicdad actual se inicia un trabajo de campo * consistente en la realizacién de entrevistas en profun- didad a ocho especialistas sobre temas laborales, que intenta reproducir el contexto general de lo que esti ‘pasando, cudles son las causas y por qué se producen distintas situacioncs socioeco- némicas del desempleo adulto en Espaiia. Desde el principio, los especialistas entrevistados sefialan a los ciclos econdémicos como una de las principales causas, que en determinados perfodos oca- sionan crisis dentro de la evolucién del Ambito laboral, y del pro- pio dinamismo de la economia de un pais. Pero, en realidad, lo que acontecc es una suma de factores o interrelacién de clemen- tos, que conforman un proceso de cambio y de innovacién de la infracstructura sociocconémica, que transforma los procesos de produccién, los productos, y la poblacién activa que va asociada a ellos. En ei momento actual, nos situamos precisamente en los resultados acaecidos en lo que ellos califican como primera revo- lucién industrial, y su conexién con el proceso general que esta Tlevando a cabo la segunda revolucién industrial-tecnolégica de este fin de siglo, que ha alcanzado a todas las economias del mundo. _— En este nuevo ciclo, la Kgica de la evolucién cientifico-tec- noldégica aporta la aplicacién de nuevas tccnologias, y se adoptan a lal efecto las nuevas politicas ccondémicas que regulan a corto, medio y largo plazo los desajustes estracturales. De manera mas especifica, sc aluden dos importantes crisis: Ja de 1973 y la de los afios 1992 y 1993, en estos dos periodos eriticos aparecen ‘umerosos reajustes y reconversiones que determinan el ajuste de las plantiilas en las empresas, y el predominio de una politica econémica, compucsta de una economia especulativa, una inver- * Trabajo de campo consistente on la realizacién de ocho entrevistas cn pro- fundidad Tevado ‘cabo por mt, del 2 de junio al L de julio de 1998, en Madrid, a cuatro mujeres y a cuatro hombres, pertenecientes al INEM, Organizaciones ‘Empresariales y Unién General de Trabajadores, Madrid, 1993. Desempleados adultos de larga duracién 267 sin productiva que genera poco empleo y de alto nivel de cua- lificacion, y por tltimo, una cierta recesién en la intervencién publica, Pero iqué lugar ocupa el desempleo adulto dentro de estos procesos de transformacién? Ocupa un lugar relevante ya que el paro estructural y cl desempleo comprenden los dos acon- tecimientos més importantes que afectan directamente a la pobla- cin activa, y al nivel de vida general, que establecen nuestras sociedades modernas, y que van inherentes a las aceleradas tasas de inflacién, la asimilacién de unos sectores productivos por otros, la desaparicién de ocupaciones, y la implantacién de unas cate. gorias ocupacionales entre otros. Entre los cambios que acontccen destacan la nueva cultura del trabajo, que se ejemplifica con el término de asalariado que ha sido conceptuado tradicionalmente como la tinica salida profesional del trabajador por cuenta ajena y estable, y que esta dando paso al concepto de trabajador auté- nom, que implica, entre otras cosas, el estar constantemente for- mandose y reciclindose, y icner actitudes positivas ante la adap- taci6n que suponen ios frecuentes cambios de las innovaciones tecnolégicas, sicndo aqui precisamente donde se qucdan atrapa- dos una mayorfa de desempleados adultos, que no logran nivelarse €n los nuevos ritmos laborales, ni en las nuevas ocupaciones. En la sociedad espajiola, los especialistas establecen varias fases, que se difetencian del resto de los paises de Europa en algunas cuestiones especificas, y que da una serie de explicaciones a las altas tasas de paro y de desempleo adulto registrados hasta hoy. Unas causas hacen referencia a la «demanda de trabajo», Y Otras a la «oferta de trabajo», que se encuentran circunscritas en el importante reiraso en el que se han producido los procesos de cambio en los dos periodos de crisis ya sefialados. En Ja Primera crisis, la de 1973, nuestro pais empieza a darse cuenta de sus reper- cusiones ya cn el alto 1977, donde se inicia la destruccién de empleo a través de las sucesivas reducciones de plantilla, que durante los afios comprendidos de 1975 a 1985 registra un des- ¢enso considerable en los efcctivos laborales —como ya se vio ¢n la serie temporal de la tabla 2, Y que pertenccen a un sistema Productivo débil, o no lo suficientemente fuerte ante los procesos de apertura al exterior, sistema que, en definit iva, permanecié més bien cerrado a la competencia internacional. Por tanto, en ‘situ fase que corresponde a los resultados obtenidos de la primera fevolucién industrial, que se fragua en las décadas de los cincuenta 268 Tendencias en desigualdad y exclusién social y de los sesenta, no se hicieron los cambios estructuralcs nece- sarios, ni en ef aspecto laboral, ni en cl productivo, tampoco hubo mucho comercio exterior, ni implantacién de comercios, y se pro- dujo una emigracién de la mano de obra, principalmente en los sesenta y en los setenta. Pero donde mas puestos de trabajo se pierden es en la segunda crisis, la de 1992 y 1993, denominada crisis tecnolégica, que se acurnulan, por otra parte, con los excedentes de mano de obra ya existentes, que dan lugar a las elevadas tasas de paro que sc registran en Espafia. Asi, tenemos que segun la EPA la tasa de paro promedio de tos mayores de cuarenta y cinco afios se situaba en 1976 en un 2,6 por 100, ascendiendo @ un 10,9 por 100 en 1985, que tras un ligero desccenso de 1988 a 1991, vuclve a subir en 1992 a un 10 por 100, en 1993 a un 12,8 por 100, en 1994 aun 13,7 por 100 y en 1995 a un 13,2 por 100 respectivamente. Algunos especialistas examinan estos hechos y explican que la sociedad no estaba lo suficientemente preparada para los cambios tecnolégicos y estructurales del mercado, tanto por parte del 4mbi- to empresarial, como de fos recursos humanos, y las reformas laborales. En conclusién, se juntan dos problemas de indole dis- tinta, por un lado, no habfa muchas empresas, ni facilidad para la creacién de las mismas, que con infraestructuras innovadoras potenciasen y mantuviescn la creacién de empleo, con lo que se quedaron descolgadas de las corricntes de tecnologia puntera, que eran las que atraian las inversiones para ¢} desarrollo de los mer- cados. Por otro lado, los desempleados de la segunda crisis de 1992-1993 siguicron estancados en 1994 y 1995, permancciendo, por tanto, en un periodo largo de cuatro afios con problemas de formacién y reciclaje, que les impidié insertarse de nucvo en el mercado laboral. En este sentido, se apunta las pocas medidas concretas y efectivas para impulsar la creacién de empleo, tanto en los nuevos sectores emergentes como en los denominados yaci- mientos de empleo. En la actualidad écudles son, pues, las perspectivas de futuro de los desempleados adultos de larga duracién? En la visién que proyectan los especialistas entrevistados en nuestro estudio, las perspectivas de futuro tienen que ver con el «proceso de seleccién de personal» que utilizan las empresas, donde la oferta por parte de los demandantes es muy amplia, y sc da una gran competi- tividad entre los grupos de edad més jvenes y los grupos de edad Desempleados adultos de larga duracién 269 adultos menos formados, en consecuencia, se selecciona a las per- sonas que lienen mis cstudios, formacién y experiencia, y se exelu- yen a los que tienen menos formacién y de cierta edad. Por con- siguicnte, el proceso de seleccién, que da prioridad a la parte econémica, contrata a las personas jévenes cn periodos de tiempo cortos, y no contrata a las personas adultas o que provienen de ‘ocupaciones que estan cn declive. Ante este panorama, las pers- pectivas de futuro para los desempleados adultos de larga dura- cién son muy negativas, ya que ticnen dificultades de reciclarse y de formarse para la reincorporacién a un mercado de trahajo en cl que la oferta masiva se caracteriza por la competitividad ya descrita, y no logran en la mayoria de los casos superar estas obstaculos. En suma, estos desempleados estén en peores con- Giciones que los que estén por debaja de Jos cuarenta, y los que tienen menos de treinta. Las perspectivas se empeoran adem4s porque hay una caida en la demanda del trabajo menos cuali- ficado, y por los cambios en la naturaleza del trabajo. La descripeién que los especialistas hacen de las personas desempleadas adultas coincide con la situacién actual que reflejan los entrevistados y entrevistadas, y las personas de las reuniones de grupo desempleadas de mas de cuarenta y cinco afios en nues- tra investigacién. En este sentido, el desempleo adulto en Espafia se ubica, en general, en un scctor ocupacional que est encasillado, normalmente, en cualificaciones tradicionales, en las que han per- manccido muchos aiivs en Jos mismos puestos de trabajo, sus ocu- paciones pertenecen a actividades productivas que estén desapa- teciendg, o al menos, se estén transformando muy répidamente, lo que implica la necesidad de formacién y de reciclaje en la incor- Poraci6n a los nuevos puestos de trabajo. Esta realidad suscita €n aquellas personas con cscasos estudios cierta resistencia y lemor a la adaptacién de los nuevos aprendizajes, excluyéndose paulatinamente de una serie de nuevos empleos, y siendo su tnica Posibilidad de ocupaci6n la insercién a trabajos residuales y de categorias inferiores de las desempefiadas en su trayectoria labo- ral. Y dentro de estos colectivos de desempleados adultos équiénes son los mas vulncrables, e incluso los que estén mas cerca de situaciones de exclusién social y de pobreza? Segin los especia- listas entrevistados, las personas desempleadas adultas mas vul- nerables son las que provienen de sectores muy tradicionales, con 200 Tendencias en desigualdad y exclusion social cualificaciones de corte tradicional, antiguas ocupaciones, las que ticnen niveles educativos muy bajos, Jas que residen cn regiones con escaso dinamismo y con poca capacidad de gencracion de empleo. Por regla general, las personas que estén més cerca de esta exclusi6n Jaboral coincide en muchos casos con mujeres mayo res que tienen responsabilidades de carga econdémica y una cua- lificacién de Jas més bajas; los minusvalidos también entran en este sector fragil, y finalmente, las personas de menor cualificacion, y se establecen en el siguiente orden: 1.°, minusvélidos; 2.°, muje- res, y 3.° los menos cualificados. Las circunstancias que soportan estos desempleados (véase esquema 1) se caracterizan normal- mente por una perspectiva laboral y una situaci6a personal con escasos recursos, porque sus ocupaciones van en declive, tienen que adaptarse a otro tipo de trabajos, afrontar el esfuerzo que requiere una nueva formacién ante una cxpectativa de empleo incierta, y estén presionados psicolégicamente por la urgencia de encontrar un empleo por causas familiares. En definitiva, estas condiciones Jes Hevan, en muchos casos, a una situacin dificil, y permanecen encerrados en ese cfirculo sin poder salir, ademas cuanto més tiempo permanecen en ci desempleo, mas cerca estén de las situaciones de exclusién social y de pobreza, de tal manera Desempleados adultos de larga duracién 271 que como el subsidio de desempleo y el asistencial corresponden al 75 por 100 del salario minimo interprofesional, ya estan situads por debajo del umbral de Ia pobreza, lo que les leva a una con- tinuada «precariedad econémica», que unido al «aislamiento social» presionan fuertemente sus estados de 4nimo, y la sensacién de desaénimo ante la perspectiva de encontrar trabajo. Paralelamentc otros especialistas sittian también como grupo de desempleados vulnerables a la exclusién laboral, no sdlo las personas que tiencn, cn general, escasez de cultura, sino también escasez de conocimientos especializados, aquellas que no estan en cfrculos de influencia, las que no tienen un grupo de amistades, y las que carecen de la formacién profesional adecuada, Asi se revela que la exclusicn luboral hay que entenderla integramente, es decir, est excluido el que no tiene un conocido en una fabrica, en una cmpresa 0 en un sindicato, o dicho de otra manera, ef que no tiene formacién, conocimientos, relaciones y esta aislado. Del mismo modo, un tercer grupo vulnerable proviene también no s6lo de aquellas personas con pobreza cconémica o pobreza inte- gral, sino también las que caen en estados personales y psicolégicos depresivos, y que ademds de derrumbarse individualmente, hunden. a la pareja y a la familia, egando a alcanzar situaciones limites en determinados casos que conducen hasta cl suicidio. 272 Tendencias en desigualdad y exclusion social can un proceso de expulsién del mercado laboral de las personas que estan todavia activas ejerciendo su profesién, y desempefando plenamente las funciones principales en los puestos de trabajo, expulsién que lieva en la mayoria de los casos a Ja exclusion Jaboral yssocial, y que sc desglosa en dos fases: la primera fase en el proceso conlleva los impactos que provocan en las personas las razones de ia pérdida del puesto de trabajo (voluntatias e involuntarias), y que conducen al desarrollo de una serie de reflexiones, yala necesidad de construir por ellos mismos una critica que aparece en los discursos respecto a la sociedad en general, y Tespecto a las instituciones, la tecnologia y la politica econdinica en parti- cular. Mientras que la segunda fase se introduce mas plenamente en el menoscabo psicolégico y moral cuando los desempleados —hombres y mujeres—— constatan con el tiempo, las dificultades enormes de ser contratados, los esfuerzos de reciclarse constan- temente, el padecimiento de la discriminacién por razén de su edad —tener mas de cuarenta y cinco aiios—, el no reconoci- miento de su cxperiencia y de ta funcién realizada en su anterior vida laboral y, finalmente, las sensaciones experimentadas ante la pérdida de sus ingresos, y la dependencia de los sul ios de desempleo y ayudas familiares. ; ‘ast pues, eal primera fase del proceso de expulsion del mercado de trabajo, los hombres desempteados exponen Jas razones que les han Ilevado a la pérdida de empleo, y se dan dos situaciones, las involuntarias (cerraron la empresa, se marcharon de la empre- sa forzados, 0 ésta se vio obligada a reducir plantilla) y las volun- tarias (se marcharon libremente para buscar otros trabajos més satisfactorios, © por motivos meramente personales), En esta expulsién involuntaria no se tienc en cuenta la experiencia, el sacrificio, nila edad de los trabajadores en cuanto a la antigiiedad y derechos adquiridos, ni el vinculo emocional que les unia a su empresa. Por tanto éa quién sc emplca actualmente para cubrir las nuevas necesidades del mercado de trabajo? La tendencia es contratar, por mediacién de las empresas de contrato temporal, @ personas mucho més jévenes —veinte, veinticinco aiios— con un contrato de dos meses, seis meses, con buena preparaci6n (idiomas, masters, carreras, formacién especifica cte.), que no ten- gan més de treinia y cinco aiios, porque a esa edad ya se es viejo, con exigencia de una experiencia, que en principio no la tienen, ya que no les ha dado tiempo de trabajar si han estudiado, y Desempleados adultos de larga duracién 273 les pagan bastante poco, con lo cual todos los derechos sociales que aquellos trabajadores despedidos Hegaron a alcanzar se pier- den irreversiblemente. A partir de este momento emergen toda una serie de situaciones de vida de gran diversidad, que estan fuertemente marcadas por la discriminacién de la edad, de no reunir las condiciones de formacién y resistencia que ahora impe- Fan, de tener otra cultura laboral diferente, Esta cultura laboral esté comprendida del conjunta de remuneraciones y experiencias adquiridas en la vida laboral anterior, de los vicios y habitos que han ido surgiendo en el trabajo, de las exigencias y limitaciones de satud, de accidentes sufridos y achaques normales de la edad, factores que se van pronunciando ligeramente a partir de los cua- Tenta y cuarenta y cinco aiios en adelante. En suma, son personas con una experiencia laboral que para las empresas resultan bas- tante costosas de mantener hasta los sesenta y cinco anos, debido: a la infraestructura empresarial, laboral y de innovacion tecno- lOgica que caracteriza a los mercados laborales actuales. Las situaciones 0 estilos de vida que aqui van a aparecer se insertan —como se ver4 mas adelante— en un modus vivendi pre- cario al perder el sustento econémico, y se construye una critica profunda de Ia filsofia de vida que impera en las nuevas corrien- tes del mercado laboral. Esta critica se rige por un andlisis minu- cioso, acompafiado por una fuerte valoracién en personas que principalmente han sido echadas de su dmbito laboral involun- tariamente, quitandoles asi su medio de vida, y poniendo una infi- nidad de barreras infranqueables, que van a durar hasta los sescn- ta aftos, edad que se ha fijado como la etapa de prejubilacion a la que esta dindmica social les ha sentenciado en lo que les queda de vida. ZCual es, por consiguiente, Ja interpretacién del juicio que este colectivo hace de los hechos que les ha tocado vivir? Se empieza describiendo a esta sociedad como una sociedad frtvota, donde ni al Gobierno, sindicatos y empresas les interesa. la «condicién humana», y desde este prisma social, no hay solu- cin, al estar este sistema impregnado de un mal que expulsa de su centro productivo a personas tan vdlidas 9 més como Jas que acoge seguin los intcresces econdmicos del momento. Pero sin duda, cl péndulo que golpea implacablemente a este colectivo ¢s el tener una deierminada edad, segtin los requisitos del mercado actual, hecho que se intensifica en personas del género masculino que han rebasado ya los cincuenta y cinco aiios, Y que parece 274 Tendencias en desigualdad y exclusion social que laboralmente no tuviesen ya nada que hacer, y se les con- siderase de alguna manera como trabajadores terminados, Asi lo confirman algunos: «una sociedad que se permita el lujo de dese- char a esos trabajadores o cjecutivos, que sea capaz de echarles a esas edades —cincuenta y cinco y m4s— que es su momento maximo en el trabajo... pucs yo creo que algo esta fallando...» (desempleado, cuarenta y cinco aos). ; Sin embargo, ¢/ grado de moviliacién y de protesta no ha ori- ginado hasta el momento presente una considerable consistencia para configurarse como colectivo social importante, capaz de pre- sionar fuertemente al Estado y al Gobierno, para cambiar de manera sustancial esta perspectiva de desamparo ante el trabajo y, por nde, ante la vida. De hecho, parece ser que ante la pérdida del empleo el impacto es de tal calibre que produce una especie de colapso psicolégico y moral, que desemboca més en unos estilos de vida marcados por el reclutamiento en casa, que en la toma de posiciones de fuerza como asociacién de patados, para la defensa de los derechos como ciudadanos integros —laboral y socialmente—. En la segunda fase del proceso, as impresiones y las repercu- siones son mas abrumadoras, ya que con la pérdida de su puesto de trabajo perdieron el vinculo mas fuerte que tenian con la fami- lia, la sociedad e incluso 1a propia individualidad, porque se des- hace la funcién principal de su rol social, y la orientacién mas basica que ha regido sus vidas hasta ese momento. El derrumbe personal comienza cuando se avecinan los problemas que vienen después de los dos afivs del cobro del paro, o los subsidios de desempleo, y del csfuerzo en la basqueda de empleos diferentes al que ejercicron anteriormente, porque tras varios intentos sur- gen los sentimientos de impotencia, angustia, culpabilidad, depre- sién y més reproche hacia la sociedad que les ha impuesto un estilo de vida no deseado y ciertamente perjudicial, como bien Jo atestiguan algunos: «nos echaron a los ullimos 160 que que- damos, los ultimos empresarios huyeron, y nosotros, los traba- jadores, intentamos hacernos con el control del periddico, pero no lo conseguimos. Yo he tratado de echarmelo todo a las espal- das, de ponerme un velo, de vivir al instante nada més, el futuro, pues no lo veo la verdad» (desempleado, cincuenta y tres anos); la situacién del parado ya no es laboral, es patoldgica... si s¢ enteran en mi barrio de que estoy parado, ies como si tuviera Desempleados aduitos de larga duracion 275 una enfermedad virica! Lo que queremos es trabajar, y ya no importa dentro de qué campo, sino el poder justificar a uno mismo que vale para algo (desempleado, cincuenta y siete afios). Los hombres sufren mas en lo personal las consecuencias de su situacién de desempleados, especialmente por el concepto que tenian del trabajo y de la vida, que implicaron el principal sustento de autoestima y reconocimiento social y familiar. En cambio, las repercusiones personales para las mujeres tiene otras apreciacio- nes, especialmente por la doble funcién que hay en su trayectoria laboral y de vida, y porque sufricron una ampliacién y cnrique- cimiento al adoptar en ciertas fases del ciclo vital y laboral acti- vidades remuneradas, que les ha ampliado mis el horizonte. Aun- que, ciertamente, no estén exentas de las dificultades y de las diversas discriminaciones a las que estén acostumbradas a pade- cer, las desempleadas encaran la nueva situacién de vida con otro talante mucho mas amplio que el de los hombres, donde cabe cualquier salida ante la crisis de vida. Para la comprensién de los efectos que tiene en las desem- pleadas la pérdida de! puesto de trabajo, hay que tener en cuenta que el proceso de expulsién del mercado laboral es diferente al de los hombres, y los impactos y repercusiones de las dos fases del proceso se combinan de manera distinta y alternativa en el transcurso del tiempo. Prueba de ello son las peculiaridades que tiene el ciclo laboral femenino, netamente diferente al masculino, y que permanecen a jo largo de toda la trayectoria laboral y de vida. Los dos hechos basicos que determinan este ciclo son: ja combinacién constante entre trabajo remunerado y trabajo de madre y ama de casa, y las consecuencias que resultan de esa dificil compaginacién, que se manifiesta en los sucesivos perfodos de entrada y de salida en cf mercado de trabajo. A su vez, estos factores inciden en una problematica especifica en el trabajo, y en la mentalidad que hay que desarrollar para hacer viable tantas funciones. Un caso concreto de estos hechos lo tenemos en la trayectoria laboral que han tenido Jas ocho personas del grupo de reuni6n de mujeres desempleadas, donde se registran dos ini- cios en el ciclo laboral, y dos ceses por causas parecidas, que se repiten en todas ellas. Coincidentemente, el resto de las mujeres desempleadas entrevistadas también han tenido, en su vida labo- ral, una trayectoria similar que refleja mas de una entrada y salida n el mercado de trabajo. En el ejemplo de trayectoria laboral 276 Tendencias en desigualdad y exclusion social de las ocho mujeres desempledas de mas de cuarenta y cinco afios del cuadro 1, se aprecia en casi todos los casos que ¢l primer inicio Jaboral se efectué a una edad més bien temprana, dieciocho y diecinueve afios, y llegan algunas a decir que desde los catoree afios ya cmpezaron a realizar trabajos remunerados; la caracte- ristica en este momento es que todavia no estan casadas, ni tienen hijos, al mismo tiempo que disfrutan de gran satisfaccién de su vida laboral. Pero es precisamente en cl momento de casarse y de tener hijos cuando se produce el primer cese denominado «ese por maternidad» y «por otras causas», en estas tltimas se men- cionan las duras condiciones de trabajo, que resultan ser incom- patibles con el cuidado y crianza de los nifios, otros motivos son el traslado de ciudad del cényuge, y en el caso més particular de todos cllos, es el cese por no permitir la empresa a mujeres casadas y con nifios. Tan s6lo hay dos mujeres que pese a la mater- nidad no dejaron de acudir a su puesto de trabajo, y por lo tanto, no tuvieron ningdn abandono por dicha causa. A continuacién, y tras la época de crianza de los nifios, las mujeres vuelven a trabajar en la fase calificada como «segundo inicio laboral>, que normalmente se produce con otros trabajos nuevos para las que dejaron su puesto laboral en el primer inicio, y se han preparado a través de cursos de formacién y distintos estudios complementarios. Curiosamente, en esta segunda etapa de! ciclo, fas mujeres describen las condiciones de trabajo muy penosas, especialmente por las jornadas partidas y el bajo sueldo, independicntemente del trato, la discriminacién y, en su caso, el acoso sexual. A este respecto, el segundo cese laboral deviene en varios casos como resultado de esas malas condiciones labo- tales, en las que la explotacién y el regreso a situaciones peores de trabajo de las ya experimentadas en Ja fase del primer inicio laboral Hevan a que voluntariamente las mujeres decidan dejar su puesto de trabajo. El resto de los ceses parciales ylo definitivos hacen alusion a la quiebra de la empresa y reduccién de plantillas, como causas mas generales, dentro de la crisis econdmica, y que son denominadores comunes de despido tanto en hombres como en mujeres. Por dltimo, figura la etapa del «tiempo en el desempleo en la edad actual» dc fa desempleada, donde la edad implica cl fundamental obstéculo para encontrar de nucvo trabajo, hecho que se agudiza a partir de los cuarenta y cuarenta y cinco afios. Durante este lapsus de tiempo hacen multitud de cursos de for- Desempleados adultos de larga duracion 277 maci6n, estudios, oposiciones, pricticas de toda clase, y trabajos sumergidos para poder subsistir, pero ninguna de estas medidas sirve para conseguir un empleo. Cuanro 1 Ejemplo de la trayectoria laboral en ocho desempleadas adultas dcio. Cese por ame Cese parcial | Edad actuat Iaborat matemudad labora definsivo desempleada 18 afias, sector] Dos excedencias, [De protésice den-[La echaron en ef] $0 aos, perspec ‘metal tres hyos tal, wes aks | uo 1993 ‘iva dilie/ne-| ara 39 fos, ensenan-|No dojé de trabs-| Entra en una ges-/Se da de baja por |$2 aos, trauma vay sector qui-| jai,unaiije | torfa a los 46) condiciones la-| por volver «ma| roa afios Dboraies te cast [Ea un taller de| Deja de trabajar] Trabqa en la bos-|La despiden por|49 afios, corsos, cesta al tener gos | teleria ensisempres | diffedl encon-| tar trabcyo En una fabrica|Deja de trabyar, En comercio esti |Cerraton, el co-|52 afos, no obtie- ‘emboteliando| dos hyjos quince aos | mero ng aba) ne icabayo saprenenta me 18 xfos, semco]No dey de traba-|Profesora en Cen-|Se va por situa-|45 afos, ao v domésten, e-| yar, tren hijos,| to de Forme cain do explo-| medio en paco ecto mando enlabo-) cién recién, yy busca Lrabaj| a Secretana Dea de trabajar] Lm un hotel, tré>|Lo dex6 por in-|1 alias, opovicin- or hes y cone | aitos comprensién] nes y 20) diciones labo- de Ja empresa} encuentra tra- rales en sus bayas | bajo 18 ads y no esti | Conyuge cambna fo ea asegurada, des-| de lugar. y por tes, cursos, 10} pus si hijos cbtiene trabajo| 14 afos y més tar-| Al casarse no per-|Trshay6 en el In-jLa echsron y pu-|45 afius, no loys de en Compa-| mitfan miyeres) — satod steron en su|incorporarse fifa de Segurus| cascdlas en la lugar a otra | pesca los eur- empresa En realidad, no es tan impactante para las mujeres el proceso de pérdida de su trabajo como en el caso de los hombres, al dis- poner de otras funciones, que sostienen importantes cargas socia- les, afectivas y organizadoras de la vida familiar. Las repercusioncs EES 278 Tendencias en desigualdad y exclusién social personales del desempleo en Ia vida de las mujeres se pueden clasificar en las siguientes: 1. Repercusiones traumdticas. 2. Repercusiones de vaciv y depresién. 3. Repercusiones del absurdo e insatisfaccién en la vuelta al trabajo doméstico. 4. Repercusiones econémicas. 5. Repercusiones de un paréntesis en la vida. 5. PERSPECTIVAS DE FUTURO EN LAS PERSONAS DESEMPLEADAS En este ultimo apartado sc leva a cabo la indagacién de las perspectivas de futuro * que tienen los descmpleados como colec- tivo de poblaci6n activa adulta, con todos los obstaculos y vivencias tanto para los hombres como para /as mujeres. En este sentido, las alternativas mAs factibles se basan en una buena fomacién y en un 6ptimo reciclaje, encauzados hacia un puesto de trabajo real, que van a comprender la tendencia de futuro posible en el descmpleo aduito. En consecucncia, se examina la importancia de la formacién, la funcién que representa como requisito indis- pensable en los nuevos puestos de trabajo, y la critica de aquellos cursos que no se adecuan a las verdaderas necesidades que tienen estas personas, por Jo que se requiere unas actitudcs motivantes ante cl esfuerzo de la formacién y el reciclaje, ya sea para las iniciativas emprendidas cn el autoempleo, como para las activi- dades que se encuentren en los nuevos yacimientos de empleo. Los desempleados adultos han experimentado una notable decepcién de lo que les ha ofrecido el mundo del trabajo, y reflejan unas expectativas laborales pesimistas. Observan frecuentemente que hay gente como los consejcros delegados que estén ocupando varios puestos de trabajo a la vez, o gente que esté haciendo horas extras, 0 personas que estén cn el paro y que les estén quitando a ellos su medio de vida, y de mancra més especifica el caso de * Para la indagacién de las perspectivas de futuro cn los desempleadus se. utilizaron Jos cuatro trabajos de campo arriba indicados, el realizado por Maite Aranda (diez entrevistas en profundidad) y las tres reuniones de grupo llevadas a cabo por mi (dos reuniones a hombres desempleados y una a mujeres desem- pleadas). Desempleados adultos de larga duracién 279 aquellas grandes empresas que han reducido su piantilla en un 20 0 en un 25 por 100, y estan ganando tres y cuatro veces mas que fo que ganaban hace quince atios, lo que lleva a que cada vez haya gente que se esté enriqueciendo mis, al mismo tiempo que cada vez haya més pobres, Entonces, se preguntan: LQué porvenir pueden tener los desempleados adultos ante este hori- zonte? Las perspectivas de futuro son desesperantes, sobre todo en aquellas personas que tienen més de cincuenta y cinco afios, porque resulta ser mas rentable para el Gobierno, el Estado y las empresas que este colectivo permanczca en cl paro hasta los sesenta afios, en lugar de buscarles un nuevo empleo que pueden perfectamente desempefiar; en cambio, sc prefiere —como ya se indicé anteriormente— a trabajadores jévenes que son los que les van a salir menos costosos para los objelivas econémicos y financieros en general. Asimismo, comprueban que no se estan dando las condiciones idéneas, m&xime cuando hoy en dia hay aproximadamente diez personas para un puesto de trabajo y, en consecuencia, no intercsa reinscrtar o scguir manteniendo cn plantilla a los de cuarenta y cinco afios y més —al menos en deter- minados sectores econémicos—, cuando se dispone de bastante oferta de jévenes de veinte y de treinta aiios, que estan a la espera de su primer empleo. Lo que sucede es que si sc coloca a los desempleados adultos no se puede colocar a la gente joven, y aunque la cstructura ocupacional, cvidentcmente, picrde a csc personal activo con bastante experiencia, se compensa con la incorporacién de aquellos otros que aunque no la tengan Ja adqui- riran mds adelante, estan mas formados para los cambios, y las empresas lo prefieren, cn general. En sus apreciaciones concluyen que ciertamente la ldgica del mercado laboral actual crea riqueza para los que dirigen los nego- cios y los grandes mercados, pero del mismo modo, produce un ¢jército de parados estructurales —desempleados en general—, desaprovechando su capital humano, y convirtiéndolos asf en un sector excluido, desterrado y destituido con graves problemas per- sonales y sociales —como los que ya sc han sefialado—, ocasio- nando, a su vez, profundos desajustes que posteriormente tendran que solventar otras cstructuras sociales de la sociedad. Conse- cuentemente, el sector ocupacional se vuelve fragil, al no apro- vechar toda la riqueza humana quc conticnc, y admite a emplea- dos cada vez més j6venes que permanecen en el mercado de tra- 280 Tendencias en desigualdad y exclusion social bajo en perfodos laborales mas cortos, lo que erosiona mas su estructura al no existir ya los ciclos laborales resistentes que abar- caban todo el perfodo activo de las personas. Sin embargo, el problema tal vez no radica en Ja riqueza que este sistema eco- némico crea, sino que mas bien se halla en el reparto de funciones para el empleo, y comienza en el momento en que se echa a cualquier activo, y se van distribuyendo los trabajos a corto plazo, en personas con edades donde se puede extraer la mejor pro- duccién sin muchos costes. Entonces, no extraiia, pues, que los mas marginados y vulnerables a este sistema, como son los inmi- grantes, las mujeres, los jévenes y los adultos de detcrminadas cualificaciones y sectores cn crisis, sean los primeros en recibir estos impactos que producen las leyes del mercado actual, y las directrices de la innovacién tecnolégica. Por consiguiente, per- ciben con gran escepticismo los programas destinados para el reci- claje, la formucién y el autoempico, al ser medidas insuficientes que no atienden a la reinsercién laboral de los desempleados adul- tos de larga duracién. Y se piensa al respecto de la siguiente mane- ra: «En cuanto a lo del reciclaje y la formacién me parece que es un marear la perdiz. Los vamos a tener entretcnidos hasta que Heguen a los sesenta, a los sesenta les jubilamos, les vendemos esto de la tercora edad que es fenomenal, y ya esta, ya les tenemos liquidado el tema» (desempleado, cuarenta y cinco arias). Concretamente, el autoempleo se bosqueja, en general, como una buena salida, incluso en determinados casos supone la tinica alternativa para los desempleados adultos, pero siempre y cuando rednan unas condiciones de solvencia econémica minimas, y se esté en una edad que permita vislumbrar un periodo laboral de al menos quince ajios aproximadamente. Sin embargo, cn el plano de los hechos se advierte que la estructura burocratica de los actuales Planes de Incentivacién no facilitan de manera eficaz estas medidas, debido a las excesivas trabas legales que se les impone, ni ofrecen un soporte de gestién imprescindible que les Ppermita hacer frente a la informaci6n y asesoramiento que este tipo de proyectos requiere, hasta incluso se dan casos de verdadera pérdida econémica que agrava mucho més Ia situacién laboral de estos desempleados, Ejemplo de ello se encuentra en la expe- tiencia que a continuacién se expone: «Yo autocmpleo por mi cuenta no lo puedo hacer... Lo he intentado, y al principio gané dinero y después to perdi todo... a mi que me dirijan fenomenal, Desempleados adultos de larga duracién 281 puedo aportar toda mi experiencia, pero crear empleo no sé..» (desempleado, cincuenta y ocho arios). Las perspectivas de futuro y las alternativas son muy inciertas, imprecisas y contradictorias, y lo que parece que ha cambiado de manera notable es ja cultura y el concepto de trabajo, y se concreta en el hecho de que la dindmica social, los jévenes en general, tienen que saber que hoy en dia entrar en una empresa y jubilarsc en ella se ha acabado, porque sélo existe cl trabajar cinco afios en una empresa, cuatro o cinco en otra, etc., entonces estos cambios sociales parace ser que no han creado las cxpec- tativas correspondientes, ni ha dado tiempo de crear las condi- ciones suficientes para ser asimiladas por la poblacién activa en general, tan sdlo las generacioncs mas jévenes han podido hacer frentc a ello, pero no ha sido asi en los desempleados adultos de larga duracién £Qué salidas tienen, por tanto, los desemplea- dos adultos? Para la gran mayoria de ellos es practicamente impensable incorporar en sus proyectos de vida el trabajar diez afios, y el resto dei ciclo trabajar de manera temporal, y ganar en esos diez afos todo cl dinero posible para ahorrar y meter en Bolsa, y prepararse e] futuro, no sélo es impensable por Ja edad que tienen algunos de ellos, sino también por la cultura laboral y la necesidad de formacién y de conocimientos, que debe- rian desarrollar de manera rapida y eficaz, algo que si parece pueden desarrollar las generaciones més jévenes. El autoempleo, como ya hemos visto, es bastante arriesgado para la mayoria, ade- més de no conocer siquiera qué tipo de pequcfia cmpresa podrian crear. Finalmente, hay otro hecho que limita mucho mas y que se afiade al factor cultural, y es el de la salud, porque los activos una vez que traspasan la barrera de los cuarenta afios, ya tiencn. ciertos problemas de salud, y no pueden resistir jornadas intensas y largas como lo hacian a los veinte y a los treinta afios, lo que leva a proyectar su futuro laboral hacia un horizonte inseguro ¢ incicrto en su totalidad. En términos generales, y pese a las dificultades anteriormente desarrolladas, el autoempleo y el reciclaje en nuevos puestos de trabajo constituyen las mejores alternativas en las perspectivas de futuro laboral para estos activos desempleados, porque el resto de las salidas son practicamente nulas. Todo ello siempre y cuando el autoempleo se vistumbre dentro de unas condiciones en las que Ia politica y las instituciones piblicas regulen coherentemente cn 282 Tendencias en desigualdad y exclusién social orden a las necesidades reales, y aseguren los riesgos adicionales, porque de otro modo resulta practicamente inviable. En cambio, el reciclaje en nuevos puestos de trabajo supone la mejor y Gnica salida en aquellos desempleados que estan ya en la década avan- zada de los cincuenta —méas de cincuenta y cinco afius— que manifiestan sus ansias de trabajar en otros cmpleos, aunque sean de inferior nivel respecto al que tuvieron, pero !o que més sce enfatiza es la defensa de su experiencia a modo de capital laboral que tienen en su haber, en ef sentido de ser aprovechable para formar a los jévenes que tienen mucha formacién y poca expe- riencia, es decir, podrian ser los «formadores de experiencia» para determinados puestos de trabajo, a modo de nucvas funciones que ni la tecnologia més avanzada puede cubrir, Este hecho queda muy patente en las siguientes aportaciones: «Entonces cara al futuro yo cogeria a la juventud y les haria un reciclaje, porque aprendices no tenemos, ni escuelas tampoco... les dirfa: “mira hijo, una silla hay que hacerla asi, una mesa asi, un tabique asi, en un techo se pone asf a escayola, se sirve asi una mesa”... Es total- mente necesario, imprescindible a todos los niveles» (desempleado, cincuenta y ocho afios). «En mi caso yo tengo mucha experiencia y me estan dejando, me estan abandonando... se estén perdiendo muchas cosas que van aqui dentro, y que pueden salir a la superficie y ser muy tiles» (desempleado, cincuenta y ocho afos). En una linea muy parecida sc sitdan las desempleadas adultas de larga duraci6n que perciben sus expectativas en el mundo labo- ral con gran pesimismo, especialmente por las deficiencias que ticnen en formacién y en reciclaje, que unido a una dad deter- minada dan lugar a una situaci6n sin salida, y confirman que en el plano de los hechos las posibilidades de contratacién en una mujer a partir de los cuarenta y cinco afios son précticamente nulas. Y concrctamente, en la trayectoria laboral experimentada por ellas las posibilidades de acceso # un tercer inicio laboral y/o reinsercién taboral son imprecisas y ms bien negativas en las condiciones actuales que establecen la vida politica y laboral de las empresas, En este prisma de la realidad plasmada, parece ser que s6lo es factible en las desempleadas el empleo piiblico: «.. llega un momento cn el que no hay donde buscar, ves que no tienes cabida. Y yo tengo la necesidad de trabajar... Oposi- ciones, yo me he puesto a hacer oposiciones... y tengo muy claro quc no trabajo si no saco una oposicion... y ves muchas cosas Desempleados adultos de larga duracién 283 que sc te cscapan porque no tienes formacién, entonces pers- pectivas para la mujer de cierta edad, si no es el empleo puiblico no» (desempleada, cuarenta y cinco afos). Ahora bien, se matiza meticulosamente que para las «oposiciones» las carencias de for- maci6n frenan los descos ¢ impulsos fuertes de hacer frente a este gran reto profesional, con el desgaste de la experiencia laboral ya vivida. Los «cursos de formacién» son valorados como un auténtico engaiio, y una pérdida miserable de tiempo, de hecho, confirman que no han servido para nada absolutamente, porque ademds gran parte de las mujeres que han acudido a estos cursos tampoco tenian intencién de trabajar, y todavia tcnfan a los nifios muy pequciios. Algunas de estas desempleadas consideran que la for- macién que han conocido es mas bien una estafa, porque no han visto que se colocascn las personas que la recibieron. Por otra parte, est4n hartas de reciclarse en este tipo de formacidn, y no comprenden muy bien para qué se imparten tantas modalidades de clases de formacién si no estan encauzadas hacia una con- tratacin real. El autoempleo cs, sin duda, una buena salida, pero hay que disponer de una base econdémica para los riesgos que comporta abrir un negocio, y mds concrctamente, una tienda para vender cosas. Pero no solamente se indica el elemento econdmico como el més fundamental, sino también el tener un dominio y cono- cimiento del proyecto empresarial que se pueda poner en marcha, y el estar capacitado para llevar la gestién con el asesoramiento pertinente. Los casos cercanos que conocen dan cuenta del riesgo y dificultad que conlieva el autoempleo: «.,. resulta que el tinico autoempleo que puedes coger cs una tienda. Mi amiga cogié una tienda y sc quedé sin los millones en dos dias, pues no vendia, tenia que salir... ir... buscar... tenia tantisimos impuestos, ella era sola... se comid el dincro y no llegé a vivir, esté trabajando ahora en ayuda a domicilio. Yo para hacer autoemplco tengo que empezar primero por embargar mi piso» (desempleada, cuarenta y cinco atios). De los resultados generales del estudio cualitativo se obticne que a las mujeres se les reconoce mayor capacidad de riesgo, por- que tienen mas fuerza y valor para afrontar los negocios que los hombres. Por sus aptitudes tienen mds capacidad de disciplina, de control y de organizacién, y saben desarrollar un seguimiento puntual en los problemas que acontecen. Incluso se llega a con- 284 Tendencias en desigualdad y exclusion social firmar que cuando la mujer consigue alcanzar un puesto directivo, lo hace en empresas grandes e importantes, a pesar de que en niimero estén menos representadas que los hombres. Finalmente, las desemplcadas insisten en la necesidad de dar mas oportuni- dades, y demandan igualdad para todos porque, salvo cn los casos cn los que sc tenga contactos y «enchufes», las perspectivas de encontrar trabajo son malas. De cualquier manera, este colectivo declara la urgencia de recibir un reciclaje de verdad, y reflexionan respecto a su futuro laboral en el sentido de tener una proyeccién optimista, pese a las barreras cnormes planteadas, es decir, se atrincheran como un sector de personas con grandes ganas de trabajar todavia, ademas ya no suponen un sector prablemético de cara a Ja contrataci6n por el tema de los permisos por mater- mad, porque, obviamente, ya no van a tencr més nifios, no van a faltar al trabajo, al contrario, estan deseando salir, y no quieren estar en casa. Por tanto, el discurso se acerca a la posibilidad de tomar parte en las iniciativas politicas del Ambito mas cercano —como es el barrio propio—, por medio de acuerdos y convcnios con el Ayuntamiento, y desde ahi dirigirse hacia el fil6n de yaci- mientos de empleo, o yacimientos sociales, donde estén compren- didas toda una scric de actividades de «atencién a las personas» y del mercado del ocio, que resultarfa en un bien para la sociedad en general, y en la creacién de puestos de trabajo para ellas en particular. En definitiva, proyectan para las mujeres desempleadas adultas ciertas actividades laborales reguladas cstatalmente, como la atencién a los cnfermos, a los jévenes en los barrios marginales, a los nifios con fracaso escolar, la ayuda a domicilio, etc. Este optimismo contrasta con aquellos casos en los que la experiencia laboral negativa y los achaques de la edad se han hecho notar notoriamente, y las mujeres deciden abandonar definitivamente Ja idea de volver a trabajar en el mercado laboral. 6. ALGUNAS CONCLUSIONES El fendémeno de los desempteados adultos de larga duracién es una de Jas modalidades mas recientes del desempleo, que esta originando importantes efectos psicolégicos y sociales en la pobla- cién de cuarenta y cinco afios en adelante y que, concretamente en Espafia, empieza a configurarse tras la segunda crisis, la de Desempleados adultos de larga duracién 285 1992 y 1993, denominada crisis tecnolégica, donde confluyen los que pierden sus puestos de trabajo por cierre de empresas y fusio- nes entre grandes corporaciones con excedentes de mano de obra, y por el declive de algunas ocupaciones. La estructura de este desempleo adulto mantiene en nuestro pais un porcentaje similar cn la serie temporal —1976 y 1997—, descendiendo ligeramente en 1998. En esta cvolucin, fos hombres han reducido su peso dentro de los parados de este segmento de edad, en cambio, las mujeres han incrementado su peso respecto del total de mujeres en paro. Esta trayectoria, que viene ya marcada por diferencias de género, lleva inherente dos importantes factores, uno es el ptedominio del bajo nivel de instruccién en esta poblacién activa, y el otro es el tiempo de biisqueda de empleo, ya que ha aumen- tado el ntmero de personas que llevan mas de dos aos buscando trabajo en nuestro pais en los ultimos vcinte afios. En la investigacién prospectiva de Tendencias Sociales sobre Exclusién Social 5, 1a opinién publica considera a los «parados de larga duracién» como uno de los grupos excluidos en Espaiia, y los sitta en un sexto lugar entre aquellos sectores que mayores dificultades de integracién encuentran. Del mismo modo, en el Estudio Delphi ° de Tendencias sobre Exclusion Social , los exper- tos estiman que los «parados de larga duracién» disminuirdn en una década, y su situacién social serd igual que ahora. estas apor- taciones encajan, en gran manera, con las perspectivas presentadas en el estudio cuantitativo y cualitativo de los desempleados adultos de larga duraci6n, que apuntan una tendencia de pocos cambios a corto y medio plazo, especialmente por los datos de la EPA, y por las percepciones pesimistas que muestran los desempleados en la presente investigacién. Las caracteristicas que tiene el desempleo adulto corresponde a trabajadores con cualificaciones tradicionales en Jas que han trabajado muchos afios —excepto en el caso de las mujeres que tienen ciclos laborales distintos—, tienen poca formacién, no estén habituados al rapido aprendizaje, y hace afos que han dejado de estudiar y recibir cursos de formacién. Su percepci6n en rela- cién a las perspectivas de futuro es desalentadora, debido prin- cipalmente a los resultados insuficientes de los Planes de Empleo de las instituciones pablicas. La espera ante un nuevo puesto de trabajo suponc grandes tensiones personales, quc se van agta- vando conforme va pasando cl tiempo y el disfrute de Jas pres- 286 Tendencias en desigualdad y exclusion social taciones y subsidios de desempleo. Por otra parte, los programas de tormacion y reciclaje no atienden a las necesidades de adap- tacién que imponen los nuevos empleos en la mayoria de los casos. En definitiva, la pérdida del emplco en trabajadores adultos —hombres y mujeres de més de cuarenta y cinco afios— es un NOTAS ee OE 2. : ' OCDE, Politicas de Mercadv de Trabajo en tos Noventa, Informes OCDE, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1991, pag. 19. 2 OMT, El Empleo en el Mundo, 1996-97. Las Poliucas Nacionales en la Bra dela Mundiatreacion, Ginebra, 1996, pig. 55. | BPA, andlisis de los datos de los cuatro trimestres on ol perfode 1976-1998 (INE), realizado por Antonio Morell, Juan Pere Enciso y Rafacl Allepu7. 4 Las entrevistas en profundidad y las reuniones de grupo que se han realizado para esta investigaci6n son as siguientes: Enirevstas en profundidad: primera fase 4 diez personas devempleadas. Andlisis cualuativo. Trabajo de campo realizado por la sociGloga Maite Aranda del 26 de mayo al 24 de julio de 1998, en Madrid, 44 seis hombres de cuarenta y cinco y sesenta y un afios, y cuatro mujeres entre cuarenta y seis y emcuenta y ocho afios respectivamente, que cstan desempleados desde hace un afio y medwo o mas. Madrid, 1998; Enerevistas en profundidad: segun- da fase a ocho especialstas sobre temas laborales. Andlisis cualtanvo, trabajo de campo realizado por Violante Mastine7 del 2 de junio al 1 de julio de 1998 en Madrid, cuatro mujeres y cuatro hombres, pertenecientes al INEM, Organiza- ciones Empresariales y Union General de Tiabajadores, Madrid, 1998; Reunién de Grupo I de Hombres, Anélists cualitauvo. Trabajo de campo realizado por Vio- lante Martinez ef 18 de junio de 1998 cn Madrid Grupo de cinco hombres de cuarenta y cinco a cincuenta y sicte aiios, descmpleadoy desde hace dos aos en adelante, Madrid, 1998; Reunidn de Grupo 2 de Hombres. Andliss cuatitaivo. Trabajo de campo realizado por Violante Martinez el dia 26 de junio de 1998 en Madnd. Grupo de diez hombres de cuarenta y cuatro a cincuenta y ocho afos, deserpleados desde hace mas de un ufio en adslante, Mudrid, 1998; y Rewnén de Grupo 3 de Myyeres. Andtisis cualitanvo. Trabajo de campo realizado por Vio- lante Martinez cl 18 de junio de 1998 en Madrid, Grupo de ocho mujeres, de cuarenta y cineo a cincnenta y das afios, desemplcadas desde. hace dos afios on adclante, Madrid, 1998. * Grupo de Fatuuios sobre Tendencias Sociales, Encuesta sobre Exclustén Socual, 1998, Madrid, 1999. © Grupo de Estudios sobie ‘Tendencias Sociales, Estudio Delphe sobre Exclusién, Social, 1998, Mudrid, 1999, VIII Trabaiadores con baios salarios 1. INTRODUCCION Ei aumento de los trabajos de bajo salarig, el desempleo y la dualizaci6n salarial, son algunos de fos rasgos que han carac- terizado la evolucién de las sociedades tecnoldgicas avanzadas en. los Gltimos afios. Insistentemente, los informes mundiales de diversos organismos internacionales han llamado la atencién sobre el crecimiento de las desigualdades, y en los recientes informes sobre «desarrollo humano» y sobre «cl empleo en el mundo», se define fa exclusion social en términos de desempleo y subem- pleo, vinculando los procesos de exclusién con el mercado de tra- bajo ', Aparece en todos ellos la preocupacién por el surgimiento de los denominados trabajadores de «bajos salarios» en algunos paises, que han Ilegado a ser calificados en recientes informes 288 Tendencias en desigualdad y exclusion social de la OIT como «trabajadores empobrecidos»; «A la persistencia de un desempleo muy alto en muchos pafses industrializados se suma la preocupacién creciente por la exclusin social que engen- dra, amén del probicma de la intensificaci6n de la desigualdad salarial y del mimero cada vez mayor de “trabajadores empobre- cidos” en algunos paises» , En este contexto, el andlisis de los procesos de exclusién debe profundizar en el estudio de una ten- dencia nueva de los mercados de trabajo: la de los trabajadores que, dado su bajo salario, no pueden mantenerse con lo que ganan, de una manera suficiente y digna, a si mismos y a sus familias. Los resultados que presentamos en este capitulo intentan mos- trar algunas de las tendencias en relacién con el «trabajo de bajo salario» en Espafia, ofreciendo informacién de primcra mano sobre la situacién de estos trabajadores, su distribucién geografica y generacional, y sobre los principales problemas que aparecen con mas fuerza en dicho colectivo. Para lograrlo, nos hemos ser- vido tanto de un anilisis cuantitativo de las diferentes fuentes de informacién disponibles *, como de un anilisis cualitativo, basa- do en entrevistas cn profundidad a expertos y a trabajadores con bajos salarios *. Gracias a ello, hemos podide acercarnos a algunos de los problemas que afectan a los trabajadores con bajos salarios, y a las formas de precarizacién y vulnerabilidad a ello asociadas, superando la relativa «invisibilidad» que, segiin algunos analistas, caractetiza a este nuevo colectivo >. De aqui que los resultados que ofrecemos respondan tanto a un intento de cuantificaci6n numérica y de descripcién estadistica, cuanto a las propias per- cepciones de los trabajadores con ingresos muy insuficientes, y de los expertos en esta tematica. 2. TRABAJO, SALARIO Y CIUDADANIA SOCIAL ‘Una de las tendencias que se detectan cn las sociedades emer- gentes de auestro tiempo es cl crecimiento de las desigualdades, y la precarizacién del trabajo *, En un contexto dominado por la mundializacién, la crisis del Estado dei Bienestar, y la desre- gulacién dc los mercados de trabajo (con una dualizaci6n salarial creciente), el crecimiento de los trabajos con bajos salarios ha sido sefialado por divcrses teéricos como una tendencia estruc- ‘Trabajadores con bajos salarios 289 tural de las nuevas sociedades tecnolégicas avanzadas 7. Incluso se ha Ilegado a plantcar un paralclismo entre el pauperismo de las sociedades industriales decimonénicas, y este nuevo paupe- rismo ligado al trabajo con salarios muy insuficicntes: «Asi como el pauperismo del siglo xrx estaba inscrito en cl micleo de la dind- mica de la primera industrializacion, la precarizacion del trabajo es un proceso central, regido por las nuevas exigencias temolé- gico-econémicas de la evolucién del capitalismo moderno» °. Los procesos cstructurales que afectan al trabajo, transforman radi- calmente el concepto y Ja prdctica de lo que denominamos «ciu- dadania social», dado que diversos derechos sociales han ido vin- culados histricamente al trabajo °. Y un trabajo que no conlleva un salario digno y ciertos derechos y protecciones sociales des- vincula al individuo de esa realidad practica que debe ser cl ¢jer- cicio de la ciudadania social tal y como se ha construido en los iltimos dos siglos cn los paises occidentales, y que cristaliza en Ja formulacién del concepto de «c1udadania social» propuesta por T. H. Marshall en su obra Ciudedanta y clase social. Un puesto de trabajo que no permite la plena integracién social, con un salario que no hace posible cubrir satisfactoriamente todas las necesidades vitales, y con pocas posibilidades reales de promocién personal, sittia a los que lo desempeiian en una zona de vulnerabilidad, que puede derivar hacia la zona de asistencia y la zona de exclusién "! y de pobreza real en la medida en la que fallan los vinculos familiares y sociales, con consecuencias econdmicas, sociales y psicolégicas muy graves para la persona que lo sufre. El modelo laboral norteamericano, en ef que han aumentado tas designualdades salariales y cl trabajo de bajos sala- tios, ha sido propuesto por algunos analistas como el modelo mas previsible '? para Europa, en la medida en la que la desregulacion y la mundializaci6n, unidas a la crisis de] Estado del Bienestar y de la familia patriarcal tradicional, nos sitée cn un contexto donde la proteccién de las instituciones pitblicas y de la familia no sea tan relevante y tan amplia como hasta ahora. Pero el deve- nir dependerd tanto de Jas tcndencias econémicas como de las polfticas pablicas. De aht la voz de alarma de diversos informes internacionales ante distintos sintomas de una economia que evo- luciona hacia desigualdades cada vez mayores, con una dualiza- cién ' que puede afectar incluso al poder de compra de amplios sectores de la poblacién, excluidos de un trabajo digno y de unas posibilidades reales de promocién personal.