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ARTE POÉTICA

A la inmensa mayoría

BLAS DE OTERO

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre aquel que amó, vivió, murió por dentro

y un buen día bajó a la calle: entonces comprendió: y rompió todos su versos.

Así es, así fue. Salió una noche

echando espuma por los ojos, ebrio

de amor, huyendo sin saber adónde:

a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones, eran sus brazos, como llama al viento; olas de sangre contra el pecho, enormes olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces

en vuelo horizontal cruzan el cielo;

horribles peces de metal recorren las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo

doy todos mis versos por un hombre

en

paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,

mi

última voluntad. Bilbao, a once

de

abril, cincuenta y uno.

A usted le doy una flor

JOSÉ ÁNGEL VALENTE

A usted le doy una flor,

si me permite,

un

gato y un micrófono,

un

destornillador totalmente en desuso,

una ventana alegre. Agítelos. Haga un poema

o cualquier otra cosa.

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Léasela al vecino.

Arrójela feliz al sumidero.

Y buenos días,

no vuelva nunca más, salude

a cuantos aún recuerden

que nos vamos pudriendo de impotencia.

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Al final de la comida

ANTONIO ORIHUELA

Al final de la comida

le

he enseñado a mi madre

el

libro de poemas

que acaban de publicarme.

La artritis de sus manos

apenas le deja mantenerlo abierto

y sus escasos años de escuela

recorren las palabras como un niño que gatea hasta hacer incomprensibles mis versos.

Loca de contenta,

orgullosa de su hijo,

le lee un poema a mi padre

que la mira desde el sofá.

Cuando termina, levanta la cabeza

y ve a mi padre dormido.

Lo despierta

y vuelve a comenzar hasta tres veces

la lectura

Yo no digo palabras,

pienso en los amos de la fuerza de los humildes, en el tiempo delicioso que les robaron, en la lengua que apenas les dejaron para comer

y reproducirse,

en los profesionales del estilo,

en los críticos de las letras,

y

en lo lejos que estará siempre

el

pueblo sencillo y trabajador

de eso que llaman literatura.

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Apaga la tele y enciende el libro

GLORIA FUERTES

Soy Manolo, servidor, ya sé leer, soy mayor, tengo seis años y medio una bici y un robot.

Sólo me dejan ver la tele cuando ellos están ocupados, veo dibujos adecuados pero prefiero los anuncios animados.

Estábamos todos en el salón viendo la televisión, cuando en un rincón de la habitación había un libro abierto, que movía sus hojas aunque no hacía viento.

El libro me llamaba con sus brazos abiertos, con las páginas abiertas de un cuento.

Y en ese momento apagué la «tele»,

encendí el libro

y tan contento.

Las arpas mudas

GASPAR NÚÑEZ DE ARCE

La virgen poesía, Huyendo de los hombres,

Se pierde en las profundas Tinieblas de la noche. Las arpas enmudecen,

Y el eco no responde

Sino a los broncos gritos De cien revoluciones.

¡Ay! Cuando la tormenta Cierne sus negras alas, ¡La tímida avecilla Se oculta y tiembla y calla!

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¿Qué valen sus gorjeos Ante la voz airada Del trueno, que retumba En valles y montañas?

¡Qué cambio y qué contraste! Ayer llenaba el mundo La inspiración sublime De Schiller, Byron y Hugo. Hoy sobre nuestras almas, Que envileció el tumulto, Parece que gravita La losa de un sepulcro.

Miraban nuestros padres El despertar de un siglo:

Nosotros a sus hondas Angustias asistimos. En su entusiasmo ardiente Su cántico era un himno. El nuestro, ¡oh desventura!, El nuestro es un gemido.

Cuando, después de aquella Sangrienta sacudida, Que derribó en el polvo La sociedad antigua, Con su potente mano La santa poesía Logró sacar ileso A Dios de entre las ruinas;

Cuando en estéril roca, Entre el rumor confuso Del mar, agonizaba En su aislamiento augusto El águila altanera, Tan grande en su infortunio, Que de sus corvas garras Tuvo suspenso el mundo;

Entonces, como el germen Oculto que despierta, Y rompe vigoroso La cárcel que lo encierra, Sobre las viejas ruinas Brotaron por doquiera La religión, la gloria,

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La libertad, la ciencia.

¡Siempre el dolor fecunda! La tierra, nuestra madre, Sufre el agudo arado Que sus entrañas abre; El mar tiene sus roncas Y oscuras tempestades, Su duda el pensamiento, La religión sus mártires.

Todo lo grande surge De este combate eterno, Como la luz del choque Del pedernal y el hierro. ¡Felices nuestros padres, Que entonces recogieron La mies, antes regada Con llanto, sangre y cieno!

¿Es raro que el poeta Alzase himnos de gloria Al Dios que renacía De entre sus aras rotas? ¿Es raro que cantase La alborozada Europa Al nuevo sol, naciendo De la impalpable sombra?

Pero hoy, ¿qué alegre canto Entonarán las musas? La llama del incendio Nuestro camino alumbra. La libertad, seguida De alborozadas turbas, Arrastra por el fango Sus blancas vestiduras.

El entusiasmo expira En lecho de dolores:

Atónita y turbada, La fe y su venda rompe, Y caen de sus altares, Bajo insensatos golpes, La patria, la familia, Los reyes y los dioses.

¡Todo se anubla, todo Choca, todo está herido!

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Pide estragado el arte

Su inspiración al vicio,

Y entre el alegre estruendo

De infames regocijos, La sociedad oscila Sobre el oscuro abismo.

¡Poetas! Hasta tanto Que la borrasca pase, Colguemos nuestras arpas De los llorosos sauces. Tal vez cuando la tierra

Nuestros despojos guarde, El viento las sacuda

Y vibren, giman, canten.

Tal vez cuando del tiempo Se amanse la corriente, Nuestros felices hijos Piadosos las descuelguen. ¡Quién sabe! Aunque las densas Tinieblas nos envuelven, No eres eterna, ¡oh noche! ¡Dolor, no duras siempre!

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Escribo como escribo,

A veces deliberadamente mal,

Para que os llegue bien.

Arte poética

GLORIA FUERTES

Auschwitz

LEÓN FELIPE

(A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos)

Esos poetas infernales, Dante, Blake, Rimbaud Que hablen más bajo ¡Que se callen!

Hoy

cualquier habitante de la tierra

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sabe mucho más del infierno que esos tres poetas juntos.

Ya sé que Dante toca muy bien el violín ¡Oh, el gran virtuoso! Pero que no pretenda ahora con sus tercetos maravillosos

y sus endecasílabos perfectos asustar a ese niño judío

que está ahí, desgajado de sus padres

Y solo.

¡Solo!

Aguardando su turno

en los hornos crematorios de Auschwitz.

Dante

con Virgilio de la mano

(Virgilio, "gran cicerone")

y aquello vuestro de la Divina Comedia fue un aventura divertida de música y turismo.

Esto es otra cosa

¿Cómo te explicaré?

tú bajaste a los infiernos

otra cosa

¡Si no tienes imaginación!

acuérdate que en tu "Infierno" no hay un niño siquiera

Y ese que ves ahí

Está solo ¡Solo! Sin cicerone

Esperando que se abran las puertas del infierno que tú ¡pobre florentino! No pudiste siquiera imaginar.

Esto es otra cosa

¡Mira! Este lugar donde no se puede tocar el violín. Aquí se rompen las cuerdas de todos los violines del mundo. ¿Me habéis entendido, poetas infernales? Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud ¡Hablad más bajo!

no tienes imaginación,

¿cómo te diré?

¡Tocad más bajo!

¡¡Callaos!!

¡Chist!

Yo también soy un gran violinista

Y he tocado en el infierno muchas veces

Pero ahora aquí Rompo mi violín

y me callo.

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Balada para los poetas andaluces de hoy

RAFAEL ALBERTI

¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? ¿Qué miran los poetas andaluces de ahora? ¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora?

Cantan con voz de hombre, ¿pero donde están los hombres? con ojos de hombre miran, ¿pero donde los hombres? con pecho de hombre sienten, ¿pero donde los hombres?

Cantan, y cuando cantan parece que están solos. Miran, y cuando miran parece que están solos. Sienten, y cuando sienten parecen que están solos.

¿Es que ya Andalucia se ha quedado sin nadie? ¿Es que acaso en los montes andaluces no hay nadie? ¿Qué en los mares y campos andaluces no hay nadie?

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta? ¿Quién mire al corazón sin muros del poeta? ¿Tantas cosas han muerto que no hay más que el poeta?

Cantad alto. Oireis que oyen otros oidos. Mirad alto. Veréis que miran otros ojos. Latid alto. Sabreis que palpita otra sangre.

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo. encerrado. su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.

Biblioteca privada

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

Comparecen los libros en lugares anómalos, se juntan con indolente asimetría: un tropel de vestigios locuaces, pendencieros, irresolutos, lerdos.

He pugnado con ellos durante muchos años: los he visto nacer, durar, languidecer. Han resistido intemperies, saqueos, turbamultas.

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Algunos llevan dentro la ponderada prueba de mi envidia, los más el distintivo incorregible de la decepción.

Mi error fue abrir un día un libro.

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Cerca de unos prados que hay en mi lugar, pasaba un borrico por casualidad.

Una flauta en ellos

halló, que un zagal

se dejó olvidad

por casualidad.

Acercóse a olerla el dicho animal,

y dio un resoplido por casualidad.

En la flauta el aire

se hubo de colar,

y

sonó la flauta

por casualidad.

«¡Oh!, dijo el borrico, qué bien sé tocar! ¿Y dirán que es mala la música asnal?»

Sin reglas del arte borriquitos hay que una vez aciertan por casualidad.

El burro flautista

TOMÁS DE IRIARTE

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Canción para la guitarra

VICTORIANO CRÉMER

Y canto para adentro

porque no tengo afueras Me aprieto la guitarra

y siento la madera.

Se me llenan de música las oscuras cavernas Yo soy yo, limitado por carne sorda y venas.

Si alguna vez levanto los ojos de las cuerdas, me siento fugitivo de lo que vale y cuenta.

Y

no me reconozco,

y

me doy tanta pena

que enmudezco y me duele

la raíz de la lengua

Por eso cuento y canto para adentro las penas:

Porque me sueno a hombre

y

me duelo de veras

Y

puedo decir: Hambres,

en plural; Vida Perra;

o

simplemente Amor;

y

escupir a la Tierra

Canciones que me arranco de las furiosas piedras del montón de la sangre que llevo siempre a cuestas.

Palabras con sentido, efectivas vivencias. No, Sol, Luna, Nenúfar

o Arcángel sin Fronteras.

Me escucho y no me importa que los demás entiendan; me basta con sentirme

el alma en la madera.

Que canto para adentro,

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porque no tengo afueras.

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Carta al vacío

ERNESTINA DE CHAMPOURCÍN

Es escribir a alguien

o lanzarse al silencio,

a nadar en lo oscuro,

a encender una llama

aunque ahoguen las dudas.

¿Carta a lo que no existe? Hay buzones alados que se disparan solos

y

un correo sin pistas

ni

trayecto seguro.

Eludir el camino que todos conocemos. Seguir hacia adelante

ruta de los que intentan lo que nunca pensaron

y se sienten felices

porque hay algo distinto, porque se desvanece de pronto lo que sobra

no existe el vacío

y

queremos colmarlo.

si

Los celestiales

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

Vale más canción humilde que sinfonía sin fe. J.C.

"No todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el reino…" (Mat., 7,21)

Después y por encima de la pared caída,

de los vidrios caídos, de la puerta arrasada, cuando se alejó el eco de las detonaciones

y el humo y sus olores abandonaron la ciudad

después, cuando el orgullo se refugió en las cuevas,

mordiéndose los puños para no decir nada, arriba, en los paseos, en las calles con ruina

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que el sol acariciaba con sus manos de amigo, asomaron los poetas, gente de orden, por supuesto. Es la hora, dijeron, de cantar los asuntos maravillosamente insustanciales, es decir, el momento de olvidarnos de todo lo ocurrido

y componer hermosos versos, vacíos, sí, pero sonoros, melodiosos como el laúd, que adormezcan, que transfiguren, que apacigüen los ánimos, ¡qué barbaridad! Ante tan sabia solución se reunieron, pues, los poetas, y en la asamblea de un café, a votación, sin más preámbulo,

fue Garcilaso desenterrado, llevado en andas, paseando como reliquia, por las aldeas y revistas,

y entronizado en la capital. El verso melodioso, la palabra feliz, todos los restos,

fueron comida suculenta, festín de la comunidad.

Y el viento fue condecorado, y se habló

de marineros, de lluvia, de azahares,

y

una vez más, la soledad y el campo, como antaño,

y

el cauce tembloroso de los ríos,

y todas las grandes maravillas, fueron, en suma, convocadas. Esto duró algún tiempo, hasta que, poco

a poco, las reservas se fueron agotando.

Los poetas rendidos de cansancio, se dedicaron

a lanzarse sonetos, mutuamente,

de mesa a mesa, en el café. Y un día, entre el fragor de los poemas, alguien dijo: Escuchad, fuera las cosas no han cambiado, nosotros hemos hecho una meritoria labor, pero no basta. Los trinos y el aroma de nuestras elegías, no han calmado las iras, el azote de Dios.

De las mesas creció un murmullo rumoroso como el océano, los poetas exclamaron:

Es cierto, es cierto, olvidamos a Dios, somos ciegos mortales, perros heridos por su fuerza, por su justicia, cantémosle ya.

Y así el buen Dios sustituyó

al viejo padre Garcilaso, y fue llamado dulce tirano, amigo, mesías lejanísimo, sátrapa fiel, amante, guerrillero, gran parido, asidero de mi sangre, y los Oh, Tú,

y los Señor, Señor, se elevaron altísimo, empujados por los golpes de pecho en el papel,

por el dolor de tantos corazones valientes.

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Y así se perduran en la actualidad.

Ésta es la historia, caballeros, de los poetas celestiales, historia clara y verdadera, y cuyo ejemplo no han seguido los poetas locos, que, perdidos en el tumulto callejero, cantan al hombre, satirizan o aman el reino de los hombres, tan pasajero, tan falaz, y en la locura lanzan gritos, pidiendo paz, pidiendo patria, pidiendo aire verdadero.

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Con mis pensamientos

LORENZO OLIVÁN

Con mis pensamientos, ¿soy el pez o el pescador? Yo les lanzo mis anzuelos y, cuando ya me hago ilusiones porque siento que los rondan, va uno y de un tirón me saca coleteando a una nueva realidad.

Tengo nostalgia de todo lo que no soy y remordimientos por todo lo que no he hecho. Soy todas esas cosas que me niegan.

La máscara sólo se pega a nuestra propia piel cuando ésta se encuentra en avanzado estado de descomposición y pide a gritos la máscara.

En mi alma habitan multitud de personas y cada una de ellas, a su vez, goza con la posibilidad de ser otras muchas, y así hasta la locura.

Nadar contracorriente cansa. Pero qué tristeza hay en esos troncos que se dejan llevar hacia la mar.

Avanzar en la vida como un rayo: tajante en la indecisión.

Las dudas siempre son huesos duros de roer que afilan los dientes del pensa-miento.

¿Cómo devolveré a los hombres el favor que me han hecho de abrirme bien los ojos?

El poema, como un tren ciego y seguro de sí, ha de avanzar con el ritmo de todo lo fatal. El poeta es sólo el maquinista que lo echa a andar, pero que ape-nas lo conduce. Del poema, a su vez, se sale como de los trenes antiguos, entre espesa nube blanca.

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Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén, de los que escriben cantares:oír decir a la gente que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar,aunque dejen de ser tuyas para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón en el alma popular, lo que se pierde de nombre se gana de eternidad.

La copla

MANUEL MACHADO

De mí mismo

GASPAR MARÍA DE NAVA ÁLVAREZ

¡Cuántas veces he roto aquellos mamotretos en donde conservaba mis mal forjados versos, porque me figuraba que en boca de un guerrero disuenan las ternezas fastidian los requiebros! Pero entonces la Musa, juntando con empeño los trozos esparcidos acá y allá en el suelo, me decía enojada:

¿Quién te ha dicho que el pecho, en donde yo resido, es débil, sin aliento? Díganlo por mí Ercilla, Mendoza, Rebolledo, Garcilaso y Cadalso,

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honor de los modernos. Los unos sus laureles

con mirto entretejieron

y los otros con sangre

sellaron sus trofeos. Las almas apagadas, los cuerpos como hielo no sirven para Marte, no son gratos a Venus, ni en el Parnaso encuentran el más humilde asiento

pues el Dios que allí manda es todo luz y fuego. Así toma la pluma, continúa escribiendo, que la trompa y la lira saben sonar de acuerdo.

A su voz no resisto,

su mandato obedezco, tomo la pluma y sólo me inspira el pecho versos.

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Del salón en el ángulo oscuro

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Del salón en el ángulo oscuro, De su dueña tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo Veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarlas!

—¡Ay! —pensé—; ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma,

Y una voz, como Lázaro, espera

Que le diga: "¡Levántate y anda!"

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Deshaced ese verso

LEÓN FELIPE

Deshaced ese verso.

Quitadle os caireles de la rima, el metro, la cadencia

y hasta la idea misma

Aventad las palabras

y si después queda algo todavía, eso será la poesía.

Digo vivir

BLAS DE OTERO

Porque vivir se ha puesto al rojo vivo. (Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.) Digo vivir, vivir como si nada Hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,

Y publicar, columna arrinconada.

Digo vivir, vivir a pulso, airada- Mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro, Abominando cuanto he escrito: escombro Del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra Más inmortal: aquella fiesta brava Del vivir y el morir. Lo demás sobra.

En el principio

BLAS DE OTERO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada,

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si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra.

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Epístola dedicada a Ortelio

JOSÉ CADALSO

Desde el centro de aquestas soledades, gratas al que conoce las verdades, gratas al que conoce los engaños del mundo, y aprovecha desengaños, te envío, amado Ortelio, fino amigo, mil pruebas del descanso que consigo.

Ovidio en tristes metros se quejaba de que la suerte no le toleraba que al Tíber con sus obras se acercase, sino que al Ponto cruel le destinase; mas lo que de poeta me ha faltado para llegar de Ovidio a lo elevado, me sobra de filósofo, y pretendo tomar las cosas como van viniendo.

Oh, ¡cómo extrañarás, cuando esto veas,

y sólo bagatelas aquí leas,

que yo criado en facultades serias, me aplique a tan ridículas materias! Ya arqueas, ya levantas esas cejas, ya el manuscrito de la mano dejas,

¿por qué dejas los puntos importantes?

y dices: «Por juguetes semejantes,

¡No sé por qué capricho tú te olvidas materias tan sublimes y escogidas!

¿Por qué no te dedicas, como es justo,

a materias de más valor que gusto?

Del público derecho, que estudiastes cuando tan sabias cortes visitastes; de la ciencia de Estado y los arcanos del interés de varios soberanos; en la ciencia moral, que al hombre enseña lo que en su obsequio la virtud empeña;

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de las guerreras artes que aprendistes cuando a campaña voluntario fuistes; de la ciencia de Euclides demostrable, de la física nueva deleitable, ¿no fuera más del caso que pensaras en escribir aquello que notaras?

¿Pero coplillas, y de amor? ¡Ay triste! Perdiste el poco seso que tuviste». ¿Has dicho, Ortelio, ya cuanto, enfadado, quisiste a este pobre desterrado? Pues mira, ya con fresca y quieta flema te digo que prosigo con mi tema.

De todas esas ciencias que refieres

(y añade algunas otras si quisieres), yo no he sacado más que lo siguiente:

escúchame, por Dios, atentamente; mas no, que más parece lo que digo relación, que no carta de un amigo. de todas las antiguas más hermosa, el primero dirá con claridades por qué dejé las altas facultades,

y sólo al pasatiempo me dedico;

que los leas despacio te suplico,

y si conoces que razón me sobra,

calla, y no juzgues que es tan necia mi obra.

Pero si acaso omites este asunto,

y la crítica pasas a otro punto,

cual es el que contiene la obra mía faltas contra la buena poesía, Conozco tu razón, mas oye atento; con Ovidio respondo a tu argumento:

Siqua meis fuerint, ut erunt, vitiosa libellis, Excusata suo tempore, lector, habe. Exul eram; requiesque mihi non fama petita est; Mens intenta suis ne foret usque malis.

Significa (y perdona la osadía de interpretar de Ovidio la armonía, porque en la traducción es consiguiente que pierda la dulzura competente, como sucede a todos los autores en manos de mejores traductores):

El tiempo en que esta obra yo compuse, las faltas que hallarás, lector, excuse. Quietud busqué, no fama, desterrado, por distraer a mi alma del cuidado.

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Adiós.

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Epitafio

JENARO TALENS

Fui un viejo juglar, y conté historias.

Mi nombre os es indiferente.

Sólo dejo constancia de mi oficio

porque fue oficio quien dictó mis versos

no la pequeña vida que viví,

ni su dolor, ni su insignificancia. Ella murió conmigo, y aquí yace, desnuda como yo, bajo esta piedra.

Escribo sin modelo

a lo que salga,

escribo de memoria

de repente,

escribo sobre mi, sobre la gente, como un trágico juego

sin cartas solitario, barajo los colores los amores, las urbanas personas

las violentas palabras

y en vez de echarme al odio

o a la calle, escribo a lo que salga.

Escribo

GLORIA FUERTES

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Hace algún tiempo en ese lugar

ANTONIO MACHADO

Hace algún tiempo en ese lugar Donde hoy los bosques se visten de espinos Se oyó la voz de un poeta gritar "Caminante no hay camino, "

Se hace camino al andar

Golpe a golpe, verso a verso

Murió el poeta lejos del hogar. Le cubre el polvo de un país vecino. Al alejarse le vieron llorar. "Caminante no hay camino, "

Se hace camino al andar

Golpe a golpe, verso a verso

Cuando el jilguero no puede cantar. Cuando el poeta es un peregrino, Cuando de nada nos sirve rezar. "Caminante no hay camino, "

Se hace camino al andar

Golpe a golpe, verso a verso.

Intelijencia, dame

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Intelijencia, dame el nombre esacto de las cosas!

Que mi palabra sea la cosa misma, creada por mi alma nuevamente. Que por mí vayan todos los que no las conocen, a las cosas; que por mí vayan todos los que ya las olvidan a las cosas; que por mí vayan todos los mismos que las aman, a las cosas… ¡Intelijencia, dame el nombre esacto, y tuyo, y suyo, y mío, de las cosas!

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Introducción

GASPAR NÚÑEZ DE ARCE

¡Los tiempos son de lucha! ¿Quién concibe el ocio muelle en nuestra edad inquieta? En medio de la lid canta el poeta, el tribuno perora, el sabio escribe.

Nadie el golpe que da ni el que recibe

siente, a medida que el peligro aprieta:

desplómase vencido el fuerte atleta

y otro al recio combate se apercibe.

La ciega multitud se precipita, invade el campo, avanza alborotada con el sordo rumor de la marea.

Y son, en el furor que nos agita,

trueno y rayo la voz; el arte, espada; la ciencia, ariete; tempestad la idea.

Introducción a los sueños

ANTONIO MACHADO

Leyendo un claro día mis bien amados versos, he visto en el profundo espejo de mis sueños

que una verdad divina

temblando está de miedo,

y es una flor que quiere

echar su aroma al viento.

El alma del poeta

se orienta hacia el misterio. Sólo el poeta puede mirar lo que está lejos dentro del alma, en turbio

y mago sol envuelto.

En esas galerías,

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sin fondo, del recuerdo, donde las pobres gentes colgaron cual trofeo el traje de una fiesta apolillado y viejo, allí el poeta sabe el laborar eterno mirar de las doradas abejas de los sueños.

Poetas, con el alma

atenta al hondo cielo, en la cruel batalla

o en el tranquilo huerto, la nueva miel labramos con los dolores viejos, la veste blanca y pura pacientemente hacemos,

y bajo el sol bruñimos

el fuerte arnés de hierro.

El alma que no sueña, el enemigo espejo, proyecta nuestra imagen con un perfil grotesco. Sentimos una ola

de sangre, en nuestro pecho,

que pasa

y a laborar volvemos.

y sonreímos,

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La lámpara de la poesía

SALVADOR RUEDA

Desde la frente, que es lámpara lírica, desborda su acento como un aceite de aroma y de gracia la ardiente poesía,

y a los ensalmos exhala cantando su fresca armonía,

vase llenando de luz inefable la esponja del viento.

Rozan los versos como alas ungidas de lírico ungüento

sobre las frentes, que se abren cual rosas de blanca alegría;

y un abanico de ritmos celestes el aire deslía,

cual si moviera sus plumas de magia de Dios el aliento.

Vierte en el aire la lámpara noble sus sones divinos, que goteantes de sílabas puras derraman sus trinos desde el tazón del cerebro de lumbre que canta sonoro.

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Y revolando las almas acuden de sed abrasadas

como palomas que beben rocío y ondulan bañadas en el temblor de la fuente sube del verso de oro.

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Leer, leer, leer, vivir la vida

MIGUEL DE UNAMUNO

Leer, leer, leer, vivir la vida que otros soñaron. Leer, leer, leer, el alma olvida

las cosas que pasaron. Se quedan las que quedan, las ficciones, las flores de la pluma, las solas, las humanas creaciones,

el poso de la espuma.

Leer, leer, leer; ¿seré lectura mañana también yo? ¿Seré mi creador, mi criatura, seré lo que pasó?

Irás naciendo poco

a poco, día a día.

Como todas las cosas

que hablan hondo, será

tu palabra sencilla.

A veces no sabrán

qué dices. No te pidan luz. Mejor en la sombra amor se comunica.

Así, incansablemente, hila que te hila.

Más bajo, poetas, más bajo León Felipe

Más bajo, poetas, más bajo

El libro

JOSÉ HIERRO

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hablad más bajo no gritéis tanto no lloréis tan alto si para quejaros acercáis la vocina a vuestros labios, parecerá vuestro llanto como el de las plañideras, mercenario.

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Más sencilla

Sin barroquismo, sin añadidos ni ornamentos. Que se vean desnudos los maderos, desnudos y decididamente rectos.

más sencilla.

Más sencilla

LEÓN FELIPE

«Los brazos en abrazo hacia la tierra, el mástil disparándose a los cielos.»

Que no haya un solo adorno que distraiga este gesto este equilibrio humano de los dos mandamientos.

Más sencilla

haz una cruz sencilla, carpintero.

más sencilla

No digáis que, agotado su tesoro

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira; podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso palpiten encendidas, mientras el sol las desgarradas nubes de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve perfumes y armonías,

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mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando no sepa a dó camina, mientras haya un misterio para el hombre, ¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma, sin que los labios rían;

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran, mientras responda el labio suspirando al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas, mientras exista una mujer hermosa, ¡habrá poesía!

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No me fío de la rosa

PEDRO SALINAS

No me fío de la rosa De papel, Tantas veces que la hice Yo con mis manos. Ni me fío de la otra Rosa verdadera, Hija del sol y sazón, La prometida del viento. De ti que nunca te hice, De ti que nunca te hicieron,

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De ti me fío, redondo Seguro azar.

Costa

Oda a un amante de las artes de imitación

MARÍA ROSA GÁLVEZ DE CABRERA

Oh tú, que protector del genio hispano elevas la abatida lira mía, desde el obscuro seno,

do el velo del olvido la cubría, hasta el supremo asiento, que previene la fama a la divina poesía;

a ti consagraré tan dulce empleo;

a ti que amas el arte imitadora, de la música hermana,

y del alma sensible encantadora.

Seguid mi canto, de placer henchidas, cítaras de la Iberia; Amira, alzando el humillado acento, preconiza la ciencia de Helicona;

y esparce por el viento

los resonantes metros de la Hesperia.

Si de la antigüedad el heroísmo

de los tiempo alcanza el raudo vuelo,

y las puras virtudes celestiales

fueron a par del mundo eternizadas, por vosotros, Poetas inmortales,

nuestra edad llegaron; de los siglos las inmensas tinieblas arrostrando, de anonadar al hombre con su fama

a la huesa arrancáis el triste fuero. Tal es el arte del divino Homero.

De Homero, que en el templo venturoso de las musas sentado, su nombre llevará de gente en gente, ornada de laurel la heroica frente. Él enseñó la senda de la gloria al sublime Virgilio,

y en pos de ellos el Taso

se coronó en la cumbre del Parnaso.

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¡Oh! felices vosotros, genios de imitación, que de su ejemplo osáis seguir la huella, vencedora; vuestra lira sonora

ensalza, la virtud, destruye el vicio;

y si cantáis los males, que a la tierra trajo la horrible guerra, que adula el corazón del hombre fiero; detestando las iras del combate, su mano arroja el homicida acero, odiando la victoria, que de sangre manchara su memoria.

De Melpomene augusta los furores

la Grecia nos presenta, embellecidos por sus sabios autores; ellos de pompa y majestad vestidos los héroes de su edad eternizaron; del ciego fatalismo el duro imperio

a

los futuros tiempos demostraron,

y

abominando el crimen,

dieron la compasión a la inocencia,

y el sangriento terror a la violencia.

Émulas de su triunfo las naciones us felices talentos dedicaron

a mover los sensibles corazones.

En vano tantos siglos de ignorancia opusieron su espacio tenebroso

a tan noble anhelar; al fin hollaron

los genios de la Italia su barbarie,

y los hijos del Támesis undoso,

rivales de la España, emprendieron también igual hazaña;

Corneille la atrevida mente alzando al trágico coturno, de tantos los desvelos superando, al gran Racine demostró la senda del trono de la regia Melpomene,

el que Voltaire y Crebillon ornaron,

y en la margen del Sena lo fijaron.

La lírica corona Euterpe ofrece

sin competencia al tierno Metastasio;

a Horacio dio Polimnia las sentencias de la pura moral filosofía;

y tú, Erato, tus versos amorosos

a Ovidio y a Catulo.

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Costa

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A Propercio y Tibulo,

hasta que Gésner con suave canto

en metros armoniosos,

retrata de natura el rico manto,

y su numen sencillo

presta a los prados nuevo ser y brillo.

El siglo de oro de la España llega,

y las sagradas musas a porfía

a los hijos del Tajo concedieron

su

inspiración feliz; ellos volaron

al

teatro español, que embellecieron

con sus divinas gracias florecientes, abriendo la carrera, que después imitó la Europa entera.

También al bello sexo le fue dado

a la gloria aspirar; celebra Atenas

a la dulce Corina;

y de Safo inmortal el nuevo metro dejó de su pasión el fin terrible

a la posteridad eternizado;

que el mérito fue siempre desgraciado.

Tú, tierna musa, de la Galia encanto,

sensible Deshoulieres, guiando el coro

de festivas zagalas y pastores,

a Gésner imitando,

de la inocencia cantas los amores;

Apolo el don de ciencia, tan divina;

a ti concede, a Safo y a Corina.

Eterna gloria a sus felices nombres

mi

lira cantará; y arrebatada

en

noble emulación sus huellas sigo,

admirando sus genios inmortales.

¡Oh feliz elección, grato consuelo

de mis inmensos males!

¡Oh lira bien hadada!

De tu armonía el atrevido vuelo

resuena en la morada,

donde tu protector la mente inclina

a

elevar de tu numen las tareas;

y

como de la fuente cristalina

los humildes raudales aspiran a llegar al Océano, cayendo de los montes despeñada, girando por el llano, corriendo entre colinas desiguales,

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Costa

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las rocas evitando apresurada, hasta que en la cascada del soberbio torrente impetuoso

sus aguas junta, el curso facilita,

y al ancho mar con él se precipita:

así mis versos por tu sabio amparo

la envidia vencen, y el temor desprecian.

Mi

genio aspira a verse colocado

en

el glorioso templo de la fama;

tu noble busto en él será adornado por las virtudes, y en el duro bronce, que le sirva de basa, el justo elogio que te consagro, se verá esculpido, siendo a tu imagen de este modo unida la memoria de Amira agradecida.

Costa

El oficio del poeta

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

Contemplar las palabras

sobre el papel escritas, medirlas, sopesar

su cuerpo en el conjunto

del poema, y después,

igual que un artesano, separarse a mirar cómo la luz emerge

de la sutil textura.

Así es el viejo oficio

del poeta, que comienza

en la idea, en el soplo

sobre el polvo infinito

de la memoria, sobre

la experiencia vivida, la historia, los deseos, las pasiones del hombre.

La materia del canto

nos lo ha ofrecido el pueblo con su voz. Devolvamos las palabras reunidas

a su auténtico dueño.

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Costa

Otro ritmo posible

JORGE RIECHMANN

Un buen verso no sacia el hambre.

Un buen verso no construye un jardín.

Un buen verso no derriba al tirano.

Un verso en el mejor de los casos consigue cortarte la respiración (la digestión casi nunca)

y su ritmo insinúa otro ritmo posible

para tu sangre y para los planetas.

Pago que da el mundo a los poetas

DIEGO DE TORRES VILLARROEL

Dícese de Quevedo que fue claro,

y que en algunas coplas está obsceno; Góngora puede ser que fuese buen, pero ya sus comentos le hacen raro.

El Calderón, que nos lo venden caro, sólo de lo amatorio fue muy lleno

y nos dejó en la cómica un veneno

que nos hemos bebido sin reparo.

La idea de Juan Pérez fue abatida, de Solís intrincada, ¡infeliz suerte! ¡Oh, ciencia pobre! ¡Facultad perdida!

¡Mundo borracho, que al barón más fuerte después de ajarlo, miserable, en vida, predicas estas honras en su muerte!

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Costa

Para un esteta

JOSÉ HIERRO

Tú que hueles la flor de la bella palabra Acaso no comprendas las mías sin aroma. Tú que buscas el agua transparente No has de beber mis aguas rojas.

Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso Nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda Ni cómo vida y muerte -agua y fuego- hermanadas Van socavando nuestra roca.

Perfección de la vida que nos talla y dispone Para la perfección de la muerte remota.

Y lo demás, palabras, palabras, y palabras,

¡Ay, palabras maravillosas!

Tú que bebes el vino en la copa de plata No sabes el camino de la fuente que brota En la piedra. No sacias tu sed en agua pura Con tus dos manos como copa.

Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.

Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.

Y olvidas las raíces ("Mi obra", dices ), olvidas

Que vida y muerte son tu obra.

No has venido a la tierra a poner diques y orden En el maravilloso desorden de las cosas. Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas Sin alzar vallas a su gloria.

Nada te pertenece. todo es afluente, arroyo. Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.

Y hechos a un solo río os vertéis en el mar

"Que es el morir", dicen las coplas.

No has venido a poner orden, dique. Has venido

A hacer moler la muela con tu agua transitoria.

Tu fin no está en ti mismo ("Mi obra", dices ), olvidas Que vida y muerte son tu obra.

Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día

Por la música de otras olas.

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Costa

El poema

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

¡No la toques ya más, que así es la rosa!

El poema sin música

JOSÉ HIERRO

Dondequiera que estés, sabrás por qué digo lo que ahora digo. Sólo tú puedes comprenderlo, interpretarlo. Mi mensaje es bien sencillo: la pureza, un poco de vida, un poco

de verdad, no se olvidan nunca; aunque la vida, la verdad

y la pureza se nos vayan de las manos.

Escucha. Sólo para ti podrían decirse estas palabras. Sólo tú las podrás entender.

Un día, como este claro del invierno

de mil novecientos cincuenta

y tres, debajo de los pinos,

leerás estos versos. Entonces, vivirán ellos para ti el momento desvanecido.

Y estos versos habrán cumplido

su misión. Cuando ya el instante que los provoca esté enterrado bajo una capa de costumbre, de pequeña felicidad, leerás estos versos, esta crónica oscura. Y pues de nada informan las palabras, como sólo apuntan lo que nosotros dos sabemos, sin expresarlo, arrojarás el libro a un lado,

junto a la madeja de lana con la que tejes una prenda

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para el hijo que ha de llegarte.

Y

reirás de lo que sueños

y

palabras (la juventud

inexperta, dirás) alzaron en tu alma.

Escribí confuso, aludiendo, para que nadie

desentrañe el secreto. Porque

si tú sientes que ya el instante

ha muerto, nadie debe oír

el rumor en su corazón.

Cuando tú mueras, el poema

habrá muerto. Cuando tú olvides,

el poema habrá muerto. Es como

una nota escrita en la agenda, una clave que has de entender mientras no llegue a tu regazo

la felicidad que soñé

para ti.

Así comprenderás que este instante debía ser arrastrado por el olvido.

Si hay poesía subterránea en mis palabras, sólo tú

lo sabes. En ti ha de acabar,

puesto que fuiste tú su origen.

Los demás no pueden ni deben entender, aún remotamente,

lo que esto significa.

Es todo cuanto tenía que decirte.

Costa

Poesía

LEÓN FELIPE

Poesía

tristeza honda y ambición del alma

¡cuándo te darás a todos

al príncipe y al paria,

a todos

sin ritmo y sin palabras!

a todos,

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Costa

La poesía es un arma cargada de futuro

GABRIEL CELAYA

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmado, como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades:

las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren

y canto respirando.

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,

y calculo por eso con técnica qué puedo.

Me siento un ingeniero del verso y un obrero

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que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta

a la vez que latido de lo unánime y ciego.

Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.

No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Costa

Qué es poesía., dices, mientras clavas

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

—¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas En mi pupila tu pupila azul, ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía

eres tú.

El poeta se acuerda de su vida Vicente Aleixandre

Perdonadme: he dormido.

Y dormir no es vivir. Paz a los hombres.

Vivir no es suspirar o presentir palabras que aún nos vivan. ¿Vivir en ellas? Las palabras mueren. Bellas son al sonar, mas nunca duran. Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora

o cuando el día cumplido estira el rayo final, ya en tu rostro acaso. Con tu pincel de luz cierra tus ojos. Duerme. La noche es larga, pero ya ha pasado.

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Costa

Sacudimiento extraño

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Sacudimiento extraño Que agita las ideas, Como huracán que empuja Las olas en tropel;

Murmullo que en el alma Se eleva y va creciendo, Como volcán que sordo Anuncia que va á arder;

Deformes siluetas De seres imposibles, Paisajes que aparecen Como á través de un tul;

Colores que fundiéndose Remedan en el aire Los átomos del Iris, Que nadan en la luz;

Ideas sin palabras, Palabras sin sentido; Cadencias que no tienen Ni ritmo ni compás;

Memorias y deseos De cosas que no existen; Accesos de alegría, Impulsos de llorar;

Actividad nerviosa Que no halla en qué emplearse; Sin riendas que le guie Caballo volador;

Locura que el espíritu Exalta y enardece; Embriaguez divina Del genio creador ¡Tal es la inspiración!

Gigante voz que el caos

Ordena en el cerebro, Y entre las sombras hace

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La luz aparecer;

Brillante rienda de oro, Que poderosa enfrena De la exaltada mente El volador corcel;

Hilo de luz que en haces Los pensamientos ata; Sol que las nubes rompe

Y toca en el zenit;

Inteligente mano, Que en un collar de perlas Consigue las indóciles Palabras reunir;

Armonioso ritmo, Que con cadencia y número Las fugitivas notas Encierra en el compás;

Cincel que el bloque muerde La estatua modelando,

Y la belleza plástica

Añade á la ideal;

Atmósfera en que giran Con orden las ideas, Cual átomos que agrupan Recóndita atracción;

Raudal en cuyas ondas Su sed la fiebre apaga; Oasis que al espíritu Devuelve su vigor ¡Tal es nuestra razón!

Con ambas siempre en lucha

Y de ambas vencedor,

Tan sólo el genio puede

A un yugo atar las dos.

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Costa

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Costa

Sé todos los cuentos

LEÓN FELIPE

Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos

y sé todos los cuentos.

Sir Horace Walpole

LUIS ALBERTO DE CUENCA

Sentada en su retrete, Madame du Deffand recibe a Horace Walpole, su fíel corresponsal. «¿Cómo se os ha ocurrido escribir esos cuentos?

Son la obra de un loco que delira, o de un necio.» «Reconozco, señora, que un cuento jeroglífico puede pasar a veces por un producto insípido, pero de ahí a pensar que su autor sea idiota Vuestra opinión no deja de ofenderme, señora. El interés de un cuento jeroglífico estriba en desplegar un tema de pura fantasía sin plan preconcebido, improvisadamente, con el tono galante y lúdico de quienes, como yo, desconfían de la literatura. No comprendo por qué os mostráis tan obtusa.» Era otoño en París, y la luz que bañaba

a los amigos era de una textura mágica.

El sobrio y el glotón

CONCEPCIÓN ARENAL

Había en un lugarón dos hombres de mucha edad

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uno de gran sobriedad,

y el otro, gran comilón.

La mejor salud del mundo gozaba siempre el primero estando, de enero a enero débil y enteco el segundo.

“¿Por qué -el tragón dijo un día- comiendo yo mucho más, tú mucho más gordo estás? no lo comprendo a fe mía”

“Es -le dijo el frugal-,

y muy presente lo ten,

porque yo digiero bien, porque tu digieres mal”.

Haga de esto aplicación el pedante y presumido, si, porque mucho ha leído, cree tener instrucción.

Y siempre que ha juzgar fuere,

la regla para si tome; no nutre lo se come, si no lo que se digiere.

Costa

El verso que lees

JESÚS LÓPEZ PACHECO

A

El verso que lees no es verso porque yo lo escriba. Es verso porque lo lees.

B

El verso que lees no es verso porque tú lo leas. Es verso porque te lee.

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Costa

Vino primero pura

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Vino primero pura

vestida de inocencia;

y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo de no sé qué ropajes;

y la fui odiando sin saberlo Llegó a ser una reina, Fastuosa de tesoros…

¡Qué iracundia de hiel y sin sentido! …Mas se fue desnudando.

Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica de su inocencia antigua. Creí de nuevo en ella.

Y

se quitó la túnica,

y

apareció desnuda toda…

¡Oh pasión de mi vida, poesía desnuda, mía para siempre!

Voy contra mi interés al confesarlo

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Voy contra mi interés al confesarlo; No obstante, amada mía,

Pienso, cual tú, que una oda sólo es buena De un billete del Banco al dorso escrita. No faltará algún necio que al oírlo Se haga cruces y diga:

—Mujer al fin del siglo diecinueve,

Material y prosaica

¡Boberías!

Voces que hacen correr cuatro poetas Que en invierno se embozan con la lira; ¡Ladridos de los perros a la luna! Tú sabes y yo sé que en esta vida

Con genio es muy contado el que la escribe,

Y con oro cualquiera hace poesía.

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Yo, poeta decadente

MANUEL MACHADO

Yo, poeta decadente, español del siglo veinte,

que los toros he elogiado,

y cantado

las golfas y el aguardiente…,

y

la noche de Madrid,

y

los rincones impuros,

y

los vicios más oscuros

de estos bisnietos del Cid:

de tanta canallería harto estar un poco debo; ya estoy malo, y ya no bebo lo que han dicho que bebía.

Porque ya una cosa es la poesía

y otra cosa lo que está

grabado en el alma mía…

Grabado, lugar común. Alma, palabra gastada. Mía… No sabemos nada. Todo es conforme y según.

Yo sé un himno gigante y extraño

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Yo sé un himno gigante y extraño

que anuncia en la noche del alma una aurora,

y estas páginas son de este himno

cadencias que el aire dilata en la sombras.

Yo quisiera escribirlo, del hombre domando el rebelde, mezquino idioma, con palabras que fuesen a un tiempo suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa! pudiera al oído, contártelo a solas.

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