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Historia del Arte

INTRODUCCIÓN

El 15 de junio del año 622, Mahoma (el glorificado) huyó de la


Meca a Medina dando inicio al calendario musulmán. Ocho años
después regresaba de forma triunfal y convertía a la ciudad de la Kaaba
en el centro religioso de la nueva doctrina. El año 632 moría. La doctrina
del Islam (sumisión), inspirada en la judía y la cristiana, tuvo un éxito
rápido debido a la sencillez de sus propuestas: profesión de fe; plegaria
con abluciones rituales (cinco veces al día); limosna; ayuno en el mes
del Ramadán y la peregrinación a la Meca. También son muy concretas
sus fuentes de fe: el Corán (palabra de Dios); la Sunna (camino)
sentencias y costumbres de Mahoma recogidas por sus discípulos y la
Iyma, acuerdo unánime de los creyentes.
Antes de la muerte de Mahoma se consiguió la unificación de toda
Arabia. En 656 (cuatro primeros califas) se había conquistado el Imperio
Persa Sasánida y se ponía cerco al Imperio Bizantino con la conquista
de Oriente Próximo, Egipto, Libia y Tripolitania. Con los Omeya (661-
750) se conquistó Ifriquiya, el Magreb y el reino de los visigodos aunque
se fracasó ante los francos y en la toma de Constantinopla. Las
conquistas, en épocas sucesivas, se orientaron hacia el este y el sur.

LA ESTÉTICA ISLÁMICA

El Islam prohibía, mandato que no fue respetado en todos los


tiempos ni en todos los lugares, la representación de imágenes; es por
ello por lo que la recreación de la vista se orientó de forma predominante
hacia el campo de la arquitectura y de las artes decorativas. Si a ello
unimos la procedencia nómada de muchos de los pueblos que
terminaron integrándose dentro del mundo islámico podremos
comprender cómo el lujo terminó por ser, entre los musulmanes,
sinónimo de civilización.
Nada se escapa a la posible ornamentación, de tal forma que
será una característica básica de lo musulmán el "horror vacui". Sin
embargo, al rehuir, en cierto modo, la copia de los seres naturales el
musulmán se encontró obligado a lanzarse hacia el camino de la
estilización y la abstracción lo que provocará, en muchos casos, al
recurso a la pura geometría. Así resultará que los esquemas básicos de
una determinada composición son de una lógica geométrica absoluta
aunque nos sea difícil reconocerlos en algunos casos por los elementos
decorativos que se añaden.
Este hecho resulta especialmente significativo en la arquitectura
que con una base constructiva que nos remite a las formas elementales
más simples, es desarrollada en la dirección de un espectáculo
multisensorial en el que se reúnen la luz, el color, el sonido e, incluso, los
olores dado que no resulta rara la integración tanto de maderas olorosas
como de los jardines en la propia estructura arquitectónica.
Sin embargo, para el musulmán, la mera arquitectura no puede
considerarse arte sino que es preciso revestirla de diversos materiales
para que las edificaciones alcancen un valor estético. Todas las formas
plásticas (y no sólo la arquitectura) deben, por tanto, revalorarse por
medio de lo ornamental. Por otra parte, fieles a la "estética de la
fragilidad", dado que sólo Dios permanece, los musulmanes no dudan
en acudir a todo tipo de materiales, muchos de ellos perecederos y
modestos, para cumplir una labor decorativa: yeso, mosaico, ladrillo,
piedra, madera, vidrio, metal, se disponen para conseguir el máximo
refinamiento.
CARACTERÍSTICAS GENERALES

EI arte árabe no presenta una homogeneidad susceptible de


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división. La rapidez de las conquistas y la falta de cultura propia


determinan la adopción de las formas artísticas imperantes en los
países sometidos, con la consiguiente creación de diversas escuelas,
que siguen evoluciones propias. Estas escuelas pueden resumirse en
las siguientes: Siria y Egipto; Persia y Mesopotamia; Turquía; India, Y.
la mas importante, la del Mediterráneo occidental, que comprende toda
la costa africana, desde Tunicia a Rabat, en el Atlántico, España,
Sicilia y el sur de Italia.
EI arte árabe, pese a sus múltiples escuelas, conserva unas
determinadas características comunes. Como materiales constructivos
la piedra es escasamente utilizada, salvo en Egipto; se prefiere el
mampuesto, y sobre todo el ladrillo, que, convenientemente recubierto
con una capa de yeso, prestase a los ricos efectos decorativos. Como
soporte se emplean el pilar de ladrillo y la columna, en los primeros
tiempos utilizando los fustes y capiteles, corintios, de las
construcciones romanas, a los que luego se copia. No se crea un tipo
de columna hasta el siglo XIV, en la Alhambra. El arco preferido es el
de herradura, al que se añadirán el de herradura apuntado, lobulado,
mixtilíneo etc. según las escuelas y las épocas, entrelazándose con
frecuencia. La cubierta es de madera la mayor parte de las veces. Se
usan la bóveda y la cúpula. Es característica, también, la bóveda de
mocárabes, de ricos efectos decorativos.
Lo más característico de la arquitectura árabe es su
exuberancia decorativa. En la ornamentación falta la representación
humana o animal, que es excepcional. Se reduce a composiciones
geométricas, de lazos complicadísimos; sujetos a ciertas leyes
matemáticas, formando estrellas, triángulos u otras figuras
geométricas con un repertorio variadísimo. Con ellas se combina la
decoración epigráfica, con letras cursivas y con más frecuencia cúfica
y la decoración vegetal en la que es característica la hoja de palma
estilizada de pequeño tamaño (ataurique). Característica decoración
musulmana es el mocárabe, formado por pequeños prismas, con que
se cubren las bóvedas, el intradós de los arcos y aun los propios
capiteles, presentando el aspecto de estalactitas.

LA CIUDAD

Uno de los aspectos que más llaman la atención de las


ciudades islámicas es lo parecidas que resultan todas ellas sean cuales
fueren su época de construcción y la latitud en la que se encuentren
(texto 1); la religión, tan omnipresente en el mundo islámico, y la falta de
una cultura pública determinan un predominio de las fuerzas biológicas,
instintivas y un abandono de cualquier tipo de esquema organizativo
puesto que la ciudad no es el lugar en el que viven los ciudadanos, sino
en el que habitan los creyentes.
El mundo islámico, que en los aspectos externos tanto se
parece al clásico, abandona de forma consciente los espacios públicos:
en su civilización no caben las ágoras, los teatros, los circos... Este
alejamiento de lo público determina que las calles no tengan nada que
ver con nuestro concepto, incluso pueden llegar a cerrarse por la noche;
más que espacio público es un espacio privado para uso de unos
cuantos en el que abundan los callejones llenos de recovecos y sin
salida.
A pesar de que pocas culturas como la islámica han valorado el
jardín, la huerta, pocas como ella han dado la vuelta al campo de
manera tan clara separando de forma contundente la ciudad del campo
circundante; a este respecto la puerta juega un papel fundamental
puesto que sirve de gozne entre el exterior y el interior, como una
especie de cámara de descompresión que va facilitando la entrada o la
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salida.
Otro aspecto digno de reseñarse es cómo la igualdad que
predica el Islam se concreta en la organización urbana: siguiendo la
máxima de que no se debe insultar al pobre con la riqueza propia, las
fachadas de los edificios no serán tales sino que se levantarán en los
interiores, en los patios, de tal forma que sea imposible distinguir en una
calle la casa de un rico de la de un pobre.
En su estructura podemos distinguir fundamentalmente dos
partes: la medina y los arrabales.
La Medina es el núcleo principal, la ciudad propiamente dicha
en la que se encuentran los edificios más significativos: la alcazaba,
centro del poder administrativo y militar, las mezquitas, en especial la
mezquita aljama, la madrasa, aneja muchas veces a la mezquita y
centro educativo, la alcaicería, lugar de venta de productos de pequeño
tamaño y gran valor y la alhóndiga, mercado de granos y productos de
gran volumen. Suelen estar allí, también, los zocos; al exterior puede
existir un zoco más parecido a nuestros mercadillos, algunas veces con
carácter periódico, es un sitio en el que se pueden adquirir productos
perecederos y hortofrutícolas; en el interior, en algunas vías
generalmente unidas entre sí y a veces cubiertas, aparecen las tiendas
de productos manufacturados que ofrecen a la calle un espacio en el
que se pueden adquirir los objetos y al interior el propio obrador; la
infinidad de colores y el penetrante olor de los artículos fabricados es
una de las peculiaridades de los zocos.
Los arrabales son las sucesivas ampliaciones que debe
acometer la ciudad en su crecimiento; no suelen poseer una muralla tan
sólida como la medina y, por lo general, reciben el nombre de las
actividades en ellos predominantes (al-bayyazin o halconeros, al-fajarin
o alfareros); no era diferente lo que ocurría en la Europa medieval sólo
que el mundo cristiano evolucionó y el islámico quedó como atrapado en
el tiempo.
A este modelo pertenecen nuestras Córdoba, Toledo, Sevilla o
Granada.
Los espacios y edificios referidos no agotan la tipología
arquitectónica entre los musulmanes: palacios, baños, locales para tipos
específicos de artesanía (tiraz), maristanes, caravaneras, zaouias
(eremitorios), ribats (convento-fortaleza) y muchos otros que podían
añadirse amplían de forma notable este panorama.
Ninguna de estas construcciones resulta tan significativa de
esta civilización como la mezquita. Existen tres tipos de mezquita: la
masyid, o individual; la aljama, o de los viernes, y la idgah o santuario
abierto a todo el orbe.
La estructura de la mezquita se ha querido hacer derivar de la
casa de Mahoma, no obstante, la dependencia con respecto a las
basílicas paleocristianas es evidente. La mezquita es un edificio limitado
por un muro (quibla) que se orienta hacia la Meca, una sala de oración
(haram) y un amplio patio (sahn). En el patio, a veces porticado (riwaqs),
se encuentra una torre (alminar) desde donde el muezdín llama a la
oración y una fuente para las abluciones. La sala de oraciones es una
espacio amplio con naves dispuestas paralelas o perpendiculares al
muro de la quibla en el que pueden destacarse -a veces por medio de
una simple cúpula- un espacio para la autoridad (maqsura), un púlpito
movible (minbar) y un pequeño nicho (mihrab) abierto en el muro de la
quibla. El antecedente de esta estructura de edificio se encuentra en la
Mezquita Mayor de Damasco.
Existen varios modelos de mezquita: la omeya o hipóstila (al
que pertenecen la mezquita de Cairuán o la mezquita de Córdoba, la
irania o de iwan (caracterizada por una amplia sala abierta al patio), la
mezquita bloque y la mezquita otomana (que sigue la forma de Santa
Sofía de Constantinopla).
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ARTE DE SIRIA Y EGIPTO

Las relaciones entre Siria y Egipto desde la más remota


antigüedad han sido muy estrechas. Es en Siria donde se conservan
los primeros monumentos de la arquitectura árabe, relacionados con el
arte cristiano local, y constituidos por la Cúpula o Templo de la Roca,
impropiamente llamada mezquita de Omar, en Jerusalén, y la Gran
Mezquita de Damasco, ambos del siglo VII. Esta última fija un tipo de
mezquita, si bien aprovecha una basílica cristiana y coloca un crucero
con cúpula, estando precedida de un patio.
En 749, Abbul Abbas el Saffah se proclama Califa, y comienza
la dinastía abbasida. EI centro artístico musulmán se desplaza, con la
capitalidad, de Damasco a Bagdad, y es, siguiendo los modeIos
abbasidas, como se construye la mezquita de Ibn Tulun, en El Cairo
(siglo IX). En el siglo X los fatimitas dominan la Tunicia y se extienden
hasta Egipto. A esta época corresponde la gran mezquita de El-Ashar,
en Ia que se mezclan las influencias de la mezquita de lbn-Tulun y de
la de Cairuán, Se emplea el ladrillo, el arco lobulado y se vuelven a
usar como soportes fustes de columnas aprovechados. Del siglo XI es
la mezquita de El-Hakim, correspondiendo a este siglo y al siguiente
las mezquitas funerarias con cúpula, como la de El-Gueiuxi y la de El-
Aqmar, en la que es característico el empleo del arco peraltado, que
ha de ser usual en Egipto, los nichos y la profusión de mocárabes,
continuando el tipo de fachada iniciado en la mezquita de EI·Hakim.
En el siglo XIV, con los mamelucos, se prodigan las
construcciones en piedra y mármol, entre las que es monumento
capital la mezquita-madraza de Hassan (1356), en la que, por
influencia persa, se abren cuatro iwanes al patio central, situándose
detrás del iwan principal la tumba del fundador, cubierta con cúpula; la
decoración es profusa, como es usual, distinguiéndose principalmente
el pórtico, con magnifica cornisa de mocárabes. De fines del siglo XV
es la mezquita madraza de Kaitbey, también en EI Cairo -como todas
las anteriores-, típica del periodo correspondiente a los mamelucos
circasianos, con riquísima ornamentación y característico alminar de
planta cuadrada, que se trueca en octogonal y circular sucesivamente,
como el de la mezquita de EI-Ashar.
Con la conquista otomana, en 1517, triunfa en definitiva el tipo
de mezquita con gran cúpula persistiendo, no obstante, durante algún
tiempo, la tradición mameluca, como en la mezquita de Ahmed·el-
Bordeni.

ARTE DE PERSIA Y TURQUÍA

Mesopotamia es el segundo punto de formación del arte


árabe, en el que recibe la influencia del arte sasánida. La capital de la
dinastía abbasida ha sido fijada en Bagdad. De mediados del siglo VIII
son las ruinas de Raqqa, a orillas del Eufrates, y las de Samarra, a
unos cien kilómetros al norte de Bagdad. En Samarra son
características las mezquitas formados por grandes patios cuadrados
rodeados de pórticos y salas divididas en varias naves por teorías de
pilares, como en la mezquita de Montaguáquil. De esta época son
característicos los alminares en forma de altas torres cilíndricas
rodeadas por una rampa en espiral, que recuerda las milenarias
construcciones mesopotámicas. En la arquitectura civil, casas y
palacios presentan una típica disposición en tau (T), que ha de ser
usual en el mundo árabe. Del siglo IX es la gran mezquita Jouma, en
Ispahán, formada por un gran patio rectangular, rodeado de profundos
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pórticos abovedados, y cuatro iwanes en los centros de cada lado, de


los cuales el de quibla se halla flanqueado por dos altos minaretes
cilíndricos, y seguido de una sala cuadrada sobre la que se alza la
cúpula. Existe, no obstante, una tendencia hacia la planta cruciforme,
que se advierte ya en Ispahán mezquita de los Viernes, si bien no se
ha de lograr hasta el siglo XVII, con la Mezquita real de Ispahán.
Los monumentos funerarios persas se inspiran en las formas
mesopotámicas, constituidos fundamentalmente por un espacio
cuadrado, octogonal o circular, cubierto por una gran cúpula, como el
sepulcro del turco seljúcida Sandjar, en Meru, y el de Tamerlán, en
Samarcanda, y las construidas en Mosul por un príncipe turco, con
cúpulas de mocárabes cobijadas por pirámides.
Los turcos, procedentes del centro de Asia, adoptan las
formas artísticas de los pueblos en cuyo contacto se ponen,
principalmente de los persas. Del siglo XIII es la mezquita de Konia,
construida por un arquitecto de Damasco. AlIí mismo, en Konia, se
construye la madraza, en Ia que se adopta el tipo de iwanes abiertos a
un patio, como en los modelos persas. Pero bien pronto se advierte
una tendencia a suprimir el gran patio, y así, en la Mezquita azul de
Tabriz (siglo XV), fundación de un príncipe turco, el patio ha sido
sustituido por una gran sala con cúpula, rodeada por otras mas
pequeñas, también con cúpulas. Este es el tipo que en definitiva
prevalece con la conquista de Constantinopla en 1453, y reafirmado al
contacto con los monumentos de la capital bizantina. La arquitectura
turca une el esplendor de la decoración musulmana a la riqueza
ornamental de los bizantinos. En mezquita se adopta el tipo constituido
por una gran sala cuadrada con cúpula, flanqueada por otras más
pequeñas, también con cúpulas, que sirven de contrarresto,
neutralizando el efecto achaparrado de las construcciones bizantinas
por las verticales de los altos minaretes cilíndricos, como en la
mezquita de Soliman I, en Constantinopla, que imita a Santa Sofía, y la
del sultan Ahmed I, también en Constantinopla. Este tipo se difunde en
el siglo XVI por todo el Mediterráneo oriental.

ARTE HISPANOMUSULMÁN

INTRODUCCIÓN

En el año 711, el gobernador de Ifriquiya, Muza, envía a su


lugarteniente Tariq a la conquista de la península; cinco años después,
desmoronado el reino visigodo, la península estaba prácticamente en
sus manos. Las razones de este rápido avance deben buscarse en la
escasa cohesión interna del reino (sumido en continuas luchas intestinas
por el poder) y en las medidas de tolerancia decretadas por los
invasores que les permiten ganar adeptos políticos y religiosos de tal
manera que gran parte de la península terminó profundamente
islamizada.
Con esta conquista se inicia un largo periodo de permanencia
en España de notable trascendencia militar, económica, cultural y
artística. La convivencia entre la civilización islámica y la cristiana que
pronto iniciaría una tarea de ocupación, tanto demográfica como bélica,
de los territorios en poder de los musulmanes tuvo fases muy diferentes
pero la influencia fue siempre desde los territorios en manos islámicas,
más civilizados, a los que poseían los incipientes estados cristianos.

Desde el punto de vista político se suele dividir la permanencia


musulmana en la península en varias etapas:
-Emirato dependiente de Damasco (711-56)
-Emirato independiente (756-929)
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-Califato de Córdoba (929-1035)


-Reinos taifas (s. XI)
-Dominio Almorávide (1085-1145)
-Dominio Almohade (1145-1223)
-Reino Nazarí de Granada (1230-1492)

Sin embargo, desde el punto de vista artístico las divisiones se


simplifican quedando reducidas a:
-Periodo Omeya
-Periodo Taifa
-Arte de las invasiones
-Arte nazarí

El arte musulmán no sólo se desarrolló en el territorio dominado


por el Islam. Las fórmulas constructivas y decorativas fueron empleadas
por los cristianos en estilos como el mozárabe y el mudéjar, en su doble
vertiente románica y gótica, llegando a pervivir en las manifestaciones
ornamentales y en el campo de la carpintería hasta el siglo XVII. Un
edificio emblemático para los cristianos, las Huelgas de Burgos, posee
espacios típicos del arte almohade. La pervivencia de algún que otro tipo
de espacio cúbico en nuestra arquitectura ha llevado a ciertos
historiadores a considerar como determinante el arte hispanomusulmán
en la configuración de los que se han denominado "invariantes castizos
de la arquitectura española".

ARQUITECTURA

CARACTERÍSTICAS GENERALES

Antes de su legada a la península, los musulmanes ya


habían realizado algunas obras notables; sin embargo aquí se dan, lo
mismo que en otras zonas conquistadas, algunas peculiaridades
derivadas de la asimilación del substrato cultural precedente. Aunque se
podría discutir sobre la existencia o no de un estilo islámico, lo que
resulta evidente es que se producen muchas más semejanzas entre dos
edificios musulmanes uno del norte de África y otro de la India que entre
la arquitectura griega y carolingia; lo mismo ocurre cuando dentro de una
zona homogénea se analizan dos edificios separados por el tiempo
como ocurre entre la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada
por un lado y entre un edificio románico y otro gótico. Si son
peculiaridades propias de lo islámico o no, si se trata de un cambio de
estilo o una evolución dentro de la unidad estilística es un terreno abierto
al análisis.
Sea cual sea la postura adoptada, resulta que pueden
encontrarse semejanzas en la estructura de las mezquitas, en el gusto
por los espacios cúbicos, en la reiteración de elementos constructivos
(puertas, ventanas, soportes) y ornamentales, en el "horror vacui", en el
uso de elementos simétricos en la decoración, en la abstracción
geométrica, en el esquematismo vegetal (estos últimos permiten la
cubrición hasta el infinito de cualquier tipo de superficie), en el uso de la
escritura con valor decorativo.

PERIODO OMEYA (711-1035)

La conquista musulmana se realizó bajo la dinastía


omeya; aunque en el año 750 Abul-Abbas destrone a los omeyas e
instaure en el trono a los abasidas, un príncipe omeya, Abd al-Rahmán I,
consigue llegar hasta la península y controlar un emirato que
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independiza de Damasco (756) hasta que otro Abd al-Rahmán, el III, se


autoproclame califa en el año 929 e inicie el periodo de máximo
esplendor de esta civilización que durará unos cien años.
Así pues, podemos decir que existe una unidad política que se
traducirá en una cierta unidad artística.
La obras más destacadas de este periodo son: la Mezquita de
Córdoba, el Palacio de Madinat Al-Zahra, la Alcazaba de Mérida y la
Mezquita del Cristo de la Luz (Bab Mardum), en Toledo.

Se conocen bastante bien las fases evolutivas de la Mezquita


de Córdoba. En el año 786, Abd-al-Rahmán I mandó construir sobre la
basílica de San Vicente -un antiguo edificio cristiano del cual se ha dicho
que llegaron a compartir (texto 2) árabes y musulmanes- una mezquita
que miraba hacia el sur (camino que seguían, hacia la Meca, los
musulmanes hispanos que emprendían la peregrinación ritual aunque
también Damasco estaba al norte respecto a La Meca). Era un edificio
construida en piedra bien tallada, con once naves perpendiculares a la
quibla (sistema introducido por los omeya) y doce tramos; los soportes -
quizá inspirados en construcciones romanas- eran superpuestos con
arcos -que alternan la coloración de las dovelas- de herradura en la
inferior y de medio punto en la zona superior ; se elevan sobre columnas
clásicas reaprovechadas y ornamentadas con modillones de rizos y
sobre pilares; su hijo Hisam I continuó las obras y añadió el alminar.
En el año 833 la mezquita se había quedado pequeña y Abd-al-
Rahmán II amplía la cabecera en ocho tramos al mismo tiempo que
sustituía los modillones de rollos por otros más sencillos; las obras
fueron continuadas por su hijo Muhammad I quien inició, además, la
maqsura.
En la primera mitad del siglo X, bajo Abd al-Rahmán III se
continúan las reformas: se amplía el patio, desproporcionado desde los
cambios anteriores, y se construye un nuevo alminar a base de dos
cuerpos cuadrados decrecientes que quedaron enmascarados por las
reformas del siglo XVI.
El año 961 Al-Hakam II amplió, nuevamente, la mezquita hacia
el sur otros doce tramos; es un momento de fastuosidad en el que
aparecen los arcos polilobulados, superpuestos y entrecruzados. El
antiguo mihrab -actual Capilla de los Villaviciosa o Lucernario- cubierta
por una bóveda con nervios que no se cruzan en el centro (o califal)
queda ahora en el interior del haram y se construyó una espectacular
maqsura con otras bóvedas califales y una cúpula gallonada que daba
paso al no menos espectacular y ornamentado mihrab; los mosaicos
que recubren y dan brillo a esta zona son obra bizantina.
En los últimos años del siglo X, fue necesaria una nueva
ampliación pero Almanzor no pudo continuar hacia el sur y debió ampliar
hacia el este ocho naves, con todos sus tramos, y la parte proporcional
del patio.

La Alcazaba de Mérida, de planta rectangular y gruesos muros


levantados con sillares bien cortados reforzados por torreones
rectangulares, fue mandada construir por Abd-al-Rahman II. Aunque
muchos de los materiales usados son de origen romano y visigodo, es
un excelente ejemplo de la construcción militar en el periodo omeya.

El Palacio de Madinat al-Zahra fue construido entre los años


936 y 976. En su origen fue un capricho de Abd al-Rahman III (texto 3);
en el año 1010 fue saqueado por los bereberes y hoy sólo quedan ruinas
de lo que fue un conjunto urbano capaz de albergar a quince mil
personas la mayoría de ellas subvencionadas, en parte, por el califa.
Entre todos los edificios destacaba el extraordinario y lujosísimo palacio
organizado a base de patios abiertos lleno de amenos jardines y agua
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corriente, situado al noroeste de la ciudad de Córdoba. Se conservan


numerosos fragmentos decorativos en piedra y capiteles de mármol con
dibujos florales. La mano de obra y los materiales, además de
autóctona, parece proceder del norte de África y Bizancio.

En torno al año 1000 se levantó en Toledo la Mezquita de Bab


Mardum, actualmente iglesia del Cristo de la Luz; con posterioridad se
añadió un ábside de ladrillo. Los restos omeyas ilustran bastante bien el
repertorio decorativo de la época, en especial los arcos entrecruzados y
las nueve bóvedas diferentes que descansan sobre columnas visigodas
que imitan de forma lejana las variantes de bóvedas califales de la
mezquita de Córdoba.
También en Toledo se conservan algunas obras civiles del final
del califato como las entradas defensivas del puente de Alcántara y la
parte baja de la Puerta de Bisagra.

PERIODO TAIFA (s. XI)

La disgregación del califato produjo desde el punto de


vista cultural una época de cierto esplendor puesto que las nuevas
capitales de los reinos que surgían se organizaron a semejanza de la
antigua corte califal; la fastuosidad fue notable en Badajoz, Sevilla o
Zaragoza. Es un momento en el que más que la calidad constructiva se
busca lo ornamental. A este periodo pertenecen la Alcazaba de Málaga
(1040) y la Aljafería de Zaragoza.

La Aljafería fue construida entre los años 1046 y 1081 en piedra


y ladrillo; en su interior están el palacio y la mezquita de Al-Muqtadir en
los que abundan, como motivo ornamental, los arcos polilobulados y
entrecruzados y las labores de estuco que alcanzan su mayor
expresividad en el mihrab de la pequeña mezquita de planta octogonal.

PERIODO DE LAS INVASIONES (1085-1223)

El avance cristiano obligó a los reyezuelos taifas a


recurrir a los nuevos imperios que se estaban formando en el norte de
África para intentar contener lo que se iba a mostrar como inevitable: la
desaparición del poder musulmán de la península. Así llegarían en
oleadas sucesivas los almorávides, los almohades y los benimerines. De
todos ellos fueron los almohades quienes dejaron unos restos artísticos
dignos de consideración. Su arquitectura es un notable ejemplo de
racionalismo en lo constructivo y en lo estructural que se ha querido
comparar con la arquitectura cisterciense que se está desarrollando en
esos momentos. Utilizan la mampostería y el ladrillo, dispuestos es
capas sucesivas como si se tratase de una cebolla; continúan con la rica
tipología de bóvedas y desarrollan la decoración a base de redes de
rombos (paños de tsebka).

Su mayor aportación constructiva son las defensas amuralladas


(como las cercas de Badajoz y Cáceres) que se adaptan perfectamente
al terreno y para las que se desarrolla la doble muralla o barbacana y las
puertas en recodo. Otro ejemplo de su habilidad defensiva es la Torre
del Oro, torre albarrana (situada fuera del perímetro defensivo para
facilitar el acoso por la retaguardia a los atacantes) en las inmediaciones
del Guadalquivir.

Desde el punto de vista de la arquitectura religiosa, la obra más


destacada fue la Mezquita de Sevilla, de la que sólo subsisten el Patio y
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el alminar (texto 4), la conocida Giralda. Se han señalado las relaciones


de filiación con otras dos torres del norte de África: las de la Mezquita
Kutubiyya, de Marrakech, y la de la Mezquita de Hassan, en Rabat. Su
parte baja está construida con piedra procedente de otros edificios;
luego la obra se continuó en ladrillo; su planta, cuadrada, tiene 16 m. de
lado y se eleva hasta una altura de cincuenta; las ventanas, que ocupan
una franja central a lo largo de la torre dividiendo así ésta en tres calles,
poseen arcos lobulados y de herradura y están rodeadas de atractivos
dibujos geométricos realizados en ladrillo. Entre 1520 y 1568 se
sustituyó el remate, ya alterado por los cristianos, por el cuerpo de
campanas renacentista que se puede apreciar en la actualidad.

ARTE NAZARÍ (1230-1492)

En el año 1238, el reino de Granada fue conquistado


por los Banu-Nasr; esta dinastía, después de muchos avatares entre los
que se encuentra la dependencia feudal de la corona de Castilla a lo
largo de la última fase de su existencia, lo mantendrá en su poder hasta
1492 siendo el último territorio musulmán en la península. La belleza de
la ciudad (texto 5) fue alabada por propios y extraños lo que nos ayuda a
entender que los propios Reyes Católicos quisiesen ser enterrados en
ella y que Carlos V mandase allí construirse un palacio que pretendía
emular al musulmán.
El arte nazarí se va a caracterizar por la alternancia entre
elementos arquitectónicos perdurables (muchos de ellos de origen
almohade como el arco de herradura apuntado, el alfiz adovelado y
variedad de bóvedas) con otros más deleznables como la enorme
variedad de arcos (de medio punto, angrelados, peraltados), los finos
fustes de mármol y las yeserías que facilitan la profusión decorativa en
las techumbres muy ricas y muy bien realizadas; utilizan las bóvedas de
mocárabes y un capitel con dos cuerpos, reducido el inferior a casi una
simple cinta y el superior en el que se desarrollan labores decorativas de
ataurique.

Las características reseñadas están extraídas del edificio


emblemático del periodo: la Alhambra de Granada, llamada así (Cal'at-
al-Hamrá, Castillo Rojo) por el color predominante en sus muros de
ladrillo. La Alhambra es una ciudadela fortificada que inició el fundador
de la dinastía nazarí, Muhammad I al-Galib, y continuó su hijo
Muhammad II (1273-1302). A comienzos del siglo XIV se había
construido, pues, un fuerte recinto defensivo con más de veinte torres
(texto 6) de diverso tamaño y cinco puertas bien defendidas. El palacio
propiamente dicho fue iniciado bajo el reinado de Yusuf I (1333-1354)
que construyó las Torres de Machuca y de Comares, el Baño Real, la
Puerta de la Justicia (hoy principal acceso al recinto) las Puertas de la
Cautiva y el Candil, el Oratorio del Partal y las Puertas de las Armas y de
los Siete Suelos; comenzó la Torre del Peinador de la Reina que
terminaría su sucesor, Muhammad V (1354-1391 con un breve periodo
de interregno del 58 al 91) a quien se debe, también, el resto de la Casa
Real, en especial el núcleo en torno al Patio de los Leones, la Puerta del
Vino y la desaparecida mezquita-mausoleo. Sa'ad (1445-1461) ordenó la
decoración la Torre de las Infantas.
La estructura del palacio se basa en una serie de patios
rectangulares que organizan las dependencias en su entorno y que se
unen entre sí por medio de salas de paso muy ornamentadas. Los
principales patios de la Casa Real vieja eran, por este orden, el de
entrada (desaparecido), el de Machuca (sólo queda una arquería y la
torre), el de Comares o de los Arrayanes y el de los Leones. Entre el
patio de Machuca y el de los Arrayanes se situó el Mexuar (salón donde
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Arturo Caballero Bastardo


Historia del Arte

se administraba justicia) y el Patio del Cuarto Dorado, uno de cuyos


frentes está ocupado por la fachada principal del Cuarto de Comares
que, con su Salón de Embajadores, ejerce de edificio oficial mientras
que el Patio de los Leones era el centro de la vida privada en cuyo
entorno destaca la Sala de Dos Hermanas, el Mirador de Daraxa, la
Sala de los Abencerrajes y la Sala de los Reyes. Las habitaciones que
dan a los espacios públicos se cubren con celosías.

A principios del siglo XIV se levantó, también en Granada y


como dependencia de la Alhambra, una zona de recreo denominada
Jardines del Generalife (texto 7), que responden muy bien al modelo de
jardín musulmán, alargado, surcado por una acequia con fuentes y
separado del espacio circundante por unas tapias mientras que se
disponen a ambos extremos pabellones de doble altura que presentan
una decoración muy similar a la que se puede apreciar en la Alhambra.

También en Granada se conserva un edificio singular, el


denominado Corral del carbón, antigua alhóndiga que presenta una
puerta de acceso muy ornamentada mientras que sus dependencias
interiores, organizadas en torno a un patio cuadrado, se disponen en
tres alturas arquitrabadas que le proporcionan una alta dosis de
racionalismo lo que podría parecer, en principio, un contrasentido pero
que no lo es tanto si tenemos en cuenta la enorme importancia que tuvo
para los musulmanes el cubo como elemento generador de los espacios
arquitectónicos. Es de lamentar la desaparición del Maristán u hospital
de los locos que se conoce gracias a dibujos.

ARTES DECORATIVAS

A causa de la mera existencia episódica de la pintura y


la escultura, las artes decorativas (texto 8) fueron el ámbito en el que los
musulmanes volcaron su pasión por el lujo. Los temas que aparecen en
éstas (marfiles, vidrios, cerámica, azulejería, artesonados, estucos y
tejidos fundamentalmente) son de cuatro tipos: animales, vegetales,
geométricos y epigrafía. El primero reducido al ámbito civil y a la
decoración de libros debido a la cultura predominantemente anicónica
de los musulmanes; de cualquier modo no existe ningún intento de
plasmación realista sino "esencial" del objeto representado. Los temas
geométricos y vegetales quedan sometidos a la máxima abstracción; las
hojas del acanto clásico quedan convertidas en ataurique y la geometría
forma el lazo; una y otra pueden multiplicarse hasta el infinito y llenar
superficies inmensas sometidas a las leyes de la geometría en un
diálogo en el que las matemáticas no excluyen sino que necesitan al arte
y viceversa. La escritura aparece tratada de dos formas: bien con líneas
rectas (cúfica) o con líneas curvas (nasjí) siendo ésta la única aportación
de la Arabia preislámica al arte musulmán.
Estos temas se combinan siguiendo una serie de líneas
básicas: el horror al vacío; la disminución del tamaño y la repetición; el
sentido planista y la huída de los efectos plásticos; el gusto por la
policromía y, finalmente, la utilización de la luz para crear efectos
desmaterializadores.

CONCLUSIÓN

Como ya se ha dicho, la importancia de lo musulmán


ha sido determinante en nuestra cultura (y ello sin haber citado las
costumbres o la moda que también era copiada en los territorios
cristianos del norte). A este respecto conviene realizar una
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Arturo Caballero Bastardo


Historia del Arte

consideración final respecto a lo que consideramos islámico o mudéjar.


Un ejemplo perfecto de lo ingrato que pueden resultar las clasificaciones
lo tenemos en el Alcázar de Sevilla, mandado reconstruir, en lo
fundamental, por el rey Pedro I en 1364, bastantes años después de la
conquista de la ciudad del Guadalquivir por parte de los cristianos.
¿Puede un edificio construido según modelos musulmanes, por
operarios musulmanes enviados por el sultán de Granada, con
decoración similar a la de la Alhambra y que posee inscripciones
islámicas en las que se desea larga vida al sultán cristiano don Pedro,
ser considerado mudéjar por el mero hecho de su fecha de realización?
Sea como fuere, el problema de la imbricación de lo cristiano y
lo musulmán (pensemos en el Convento de Santa Clara en Tordesillas)
en la España medieval y prerrenacentista es una cuestión que no está
perfectamente dilucidada.

ARTE MUDÉJAR

INTRODUCCIÓN
A medida que los reinos cristianos españoles se iban haciendo
más fuertes y que se solucionaban los problemas derivados de las
invasiones norteafricanas, se produjo en la primera mitad del siglo XIII
un rápido avance hacia el sur (Badajoz, 1227; Cáceres, 1229;
Córdoba, 1236; Valencia, 1238; Sevilla, 1248) dominado por los
musulmanes; es lo que conocemos como Reconquista. Como los
efectivos demográficos a partir del siglo XII no eran tan abundantes
como hasta esa fecha, fue necesario que las tierras (entregadas a los
nobles, a los monasterios y a las órdenes militares) fuesen cultivadas
en muchos casos por los antiguos trabajadores. Lo mismo ocurrió en
las ciudades; unas poblaciones numerosas y de probada experiencia
constructiva en materiales deleznables (ladrillo, yeso, madera) además
de barata por encontrarse subyugada se ponía a disposición de los
nuevos grupos dirigentes. Por otra parte, lo musulmán había gozado
de un predicamento extraordinario entre las cortes cristianas (además
de que aún permanecía viva la influencia islámica a través del reino de
Granada) como sinónimo de lujo y refinamiento y no resulta extraño
que siguiese siendo así después de la conquista cristiana.

DEFINICIÓN

Estos trabajadores manuales, musulmanes, a los que nos


venimos refiriendo recibían, como sus correligionarios, la
denominación de moros o sarracenos; el término estilo mudéjar o
morisco fue usado por Amador de los Ríos en 1859 para designar
aquel que contenía algunos de los elementos formales con los que se
caracterizaban las obras realizadas para los cristianos por aquellos y
que poseían, generalmente, un carácter popular y arcaizante.
Las características más comunes eran el uso de materiales
pobres como el ladrillo y la mampostería y la gran preocupación por los
efectos decorativos que logran con el yeso y la cerámica; muy
espectaculares resultan, también, las cubiertas de los edificios que
realizan al estilo árabe -los aljarfes- que dan origen a los artesonados o
carpintería de lo blanco. Los musulmanes usan un repertorio
decorativo muy amplio y ecléctico con motivos que van desde lo califal
a lo nazarí pasando por todas las etapas entre uno y otro.
No cabe duda de que las realizaciones englobadas bajo esta
denominación son, como las mozárabes, los aspectos más originales
que aporta lo español a la historia del arte en general, con escasa
trascendencia, eso sí, dado que salvo en las Islas Canarias y de forma
aún más minoritaria en Hispanoamérica, no hay en el resto del mundo
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algo semejante a lo que se produce en la península. Este hecho


determina que el mudéjar haya sido considerado por algunos
historiadores como el estilo nacional por antonomasia. Nadie duda de
la originalidad de estas manifestaciones artísticas que, por cierto, sólo
son apreciables en el campo de la arquitectura y de las artes
decorativas dado que, al proceder de una cultura anicónica, los
trabajadores moriscos no realizaron ni escultura ni pinturas.
Pero la denominación de "estilo" plantea un problema notable
para otros estudiosos que le niegan esta posibilidad dado que muchos
de los elementos que caracterizan un estilo, como los sustentantes, la
forma en que se solucionan los vanos, la articulación de los
volúmenes, etc. los toman prestados de lenguajes históricos
reconocidos como pueden ser el musulmán, el románico y el gótico. Lo
mudéjar vendría a suponer para estos historiadores un aspecto
superficial, meramente epidérmico, en una obra de arte consecuencia
más de la escasez de otros materiales más caros (piedra que debían
tallar, en muchos casos, trabajadores procedentes del extranjero con
lo que el coste era todavía mayor) que de un planteamiento estético
coherente. Lo de las labores ornamentales sería otra cuestión y podría
relacionarse con el lujo que tanto echaba de menos en sus
construcciones la aristocracia cristiana y que sí observaba en la
islámica.
Nos inclinemos por una u otra teoría, lo que está claro es que
estas obras salpican la geografía peninsular desde el último tercio del
siglo XII hasta principios del XVII (los moriscos son expulsados de
España en 1609) mezclándose con el románico, el gótico, el
hispanoflamenco, el plateresco y el renacimiento pleno. Términos que
tampoco eran usados de esa forma en aquella época. Los momentos
más interesantes son los que coinciden con el románico y el gótico lo
que ha permitido hablar de un mudéjar románico y un mudéjar gótico,
estableciendo algunas variaciones regionales. Los partidarios de
defender lo mudéjar como estilo nacional prefieren hacer una división
no por épocas sino por tipologías y así distinguirán entre arquitectura
religiosa (y dentro de ella del clero regular y del clero secular) y civil
(castillos, palacios, etc...) pudiendo establecer, también, diferencias
regionales. Por tanto, y para resumir, el arte mudéjar sería aquel
realizado generalmente por musulmanes que viven dentro de los
territorios cristianos para los nuevos grupos dirigentes en el que se
emplean los materiales, técnicas y ornamentación comunes a su
tradición constructiva.
En las líneas que siguen se usará de un esquema cronológico
para reseñar las obras más interesantes y, en consecuencia, lo
dividiremos según los estilos históricos.

EL MUDÉJAR ROMÁNICO

Se ha pensado que quizá sea la conquista de Toledo (en


1085) lo que determine el nacimiento de este tipo de obras que se
extenderán por todo el reino de Castilla y León; no obstante, resulta
curioso que sea en la zona de Sahagún, en dominio cristiano desde
hacía mucho tiempo, donde tengamos los primeros ejemplos de esta
arquitectura y en una fecha, además, posterior en más de cien años a
la toma de la ciudad del Tajo.
Las características técnicas son el uso del ladrillo en grandes
muros (lo que se deriva de su carácter más endeble que la piedra, que
puede aparecer en la cimentación y el basamento), la utilización de
pilares como soporte, las cubiertas de madera para las naves y las
bóvedas de horno -generalmente de ladrillo- para los ábsides.
Por lo que respecta a lo decorativo, es muy común el recurso
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al ladrillo que -como en lo musulmán- se dispone en forma de espina


de pez, se retranquea, se coloca en esquina o se articula en zig-zag;
son muy habituales las arquerías ciegas dispuestas en los muros para
amenizar un poco los amazacotados paramentos. Las puertas y las
ventanas (muy escasas) suelen estar enmarcadas por un alfiz y
aparecen los modillones como forma de soportar los aleros. Aunque
pueden colocarse torres en la cabecera, es bastante común la
conversión del antiguo cimborrio en torre de campanas lo que obliga al
aumento considerable de los muros que han de recibir la mole (de
planta cuadra y con varios cuerpos decorados por arquerías ciegas) de
ladrillo que se eleva sobre el crucero. Las plantas de los edificios
religiosos siguen el modelo románico de una o tres naves con ábsides
semicirculares.
Parece que es en Sahagún (León) donde se producen las
primeras obras de las que tenemos constancia, los mejores ejemplos -
que siguen las pautas de las características generales- son las iglesias
dedicadas a San Tirso (finales del s. XII) y San Lorenzo (primera mitad
del XIII); de allí parece difundirse por toda Castilla.
En Zamora, el núcleo principal se sitúa en Toro (San Lorenzo y
El Salvador) que parece influir, a su vez en el notable conjunto urbano
de Arévalo (Ávila) donde se encuentran La Lugareja (a partir de 1237),
antigua iglesia de un convento de monjas cistercienses de la que se
conserva la cabecera y el crucero que posee una cúpula con una torre
cuadrada al exterior, y las torres de San Martín y Sta. María la Mayor;
en Madrigal de las Altas Torres se encuentran las iglesias de San
Nicolás y Sta. María del Castillo.
En Valladolid hay un fuerte núcleo de mudejarismo románico
que tiene como modelo prototípico San Pedro de Alcazarén, aunque el
conjunto más significativo está en Olmedo; también hay ejemplos en
Mojados.
En Cuéllar (Segovia), San Andrés y San Martín tienen
elementos románicos aunque parece evolucionar hacia otros
planteamientos.
En Toledo, además de las iglesias de las comunidades
mozárabes (San Sebastián, Sta. Eulalia, San Román y San Lucas) que
habían pervivido durante la dominación musulmana, los edificios más
significativos son San Román (1221); Santiago del Arrabal (fines del
XIII) donde se encuentran ya algunas soluciones típicas del gótico
aunque la cabecera es plenamente románica y con una ordenación de
los arquillos que también se puede ver en el Cristo de la Luz.
Hay multitud de capillas y claustros donde es perceptible la
influencia musulmana (San Juan de Duero, Soria; bóvedas de San
Millán y la Vera Cruz, Segovia; Torres del Río, Navarra) que se pueden
interpretar como obras mudéjares y que fueron estudiadas en la época
románica.

EL MUDÉJAR GÓTICO

Las formas góticas van a ser, durante esta época, el recurso


común de los alarifes musulmanes. Hay un diversificación de los restos
que se estudian por afinidades regionales.

CASTILLA
En Burgos se produce la confluencia de las formas mudéjares
y las cistercienses en Las Huelgas (Burgos), también en La Peregrina
de Sahagún (León) que inician una evolución a formas más
plenamente góticas como las que pueden verse en el Convento de
San Pablo (Peñafiel, Valladolid), iniciado hacia 1324.
Relacionable con este tipo de obras se encuentra el
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Monasterio de Santa Clara (Tordesillas, Valladolid) antiguo palacio real


construido entre 1340 y 1344 por Alfonso XI. También del siglo XIV son
los restos del palacio de Astudillo (Palencia).
Sin embargo, el centro más creativo se sigue encontrando en
Toledo donde confluyen las tres culturas; se produce un aumento de la
decoración interior a costa de la exterior; van a destacar el espléndido
conjunto de torres con un primer cuerpo liso y con ventanas
-enmarcadas por un alfíz- con arcos de herradura apuntados o
polilobulados.
Restos interesantes los encontramos en las iglesias de Santo
Tomé, San Miguel el Alto y Santa Leocadia, todas de la capital; en la
provincia se encuentra la iglesia de Illescas.
Son especialmente significativas las sinagogas -hoy
cristianizadas- toledanas de Santa María la Blanca (siglo XIII), de cinco
naves separadas por arcos de herradura y escalonando las alturas
para conseguir una adecuada iluminación, y Nuestra Señora del
Tránsito, gran salón rectangular espléndidamente decorado manda
levantar por Samuel ha Levi (+1360) tesorero del rey Pedro I; a imagen
de Santa María la Blanca se realizó, en Segovia, la del Corpus Christi.
También abundan las obras civiles bien sea en labores de
amurallamiento, Puerta del Sol (s. XIV), Puerta de Toledo, en Ciudad
Real o los diferentes palacios que se van construyendo o remozando a
lo largo del los siglos XIV y XV como la portada del Palacio del rey don
Pedro, el Palacio de Fuensalida, el Taller del Moro, la Casa de la
Mesa. Un tipo especial de obra civil lo representan las fortificaciones
tales como los castillos de Medina del Campo y Coca.
Recibiendo influencias de lo toledano y lo sevillano se
encuentra el mudéjar extremeño del que puede ser un buen ejemplo el
antiguo palacio de los Alba en Abadía (Cáceres) y el magnífico
monasterio de Guadalupe (Cáceres), de finales del XIV donde trabaja
en maestro Alfonso, también arquitecto en la catedral de Toledo, que
usa el ladrillo aplantillado; es espectacular el claustro de doble piso con
templete en el centro (obra de fray Juan de Sevilla en 1405) en el que
se incluyen azulejos como ornamentación.
Se ha recordado en no pocas ocasiones el papel que puede
jugar lo morisco en el desarrollo del hispanoflamenco.

ANDALUCÍA
Desde que en 1248 se produce la conquista de Sevilla, esta
ciudad va a ser el centro del mudejarismo andaluz.
Los templos que se construyen al modo mudéjar poseen una o
tres naves cubiertas por aljarfes excepto en la capilla mayor (es muy
significativo que el lugar más noble del templo se levante al modo
cristiano) que se hace con bóveda de crucería y, en algunas
ocasiones, con bóveda esquifada de ocho paños sobre trompas. Las
portadas son muy sobrias, escasas de escultura y con arcos
apuntados agrupados en arquivoltas. Las torres, derivadas de las
almohades, presentan redes de rombos como elemento decorativo.
Los edificios religiosos más señalados son los de la iglesia
mayor de Lebrija, Sta. Marina (Sevilla), la capilla de la Quinta Angustia
(Sevilla) y San Miguel (Córdoba).
Notable es el conjunto de conventos y claustros; en ellos
aparece el arco de herradura apuntado o de medio punto peraltado -de
procedencia granadina- enmarcados por un alfiz y levantados sobre
pilares de ladrillo. Buenos ejemplos son La Rábida (Huelva) y San
Isidoro del Campo (Santiponce, Sevilla).
La arquitectura civil muestra a las claras la influencia
granadina; granadinos eran los artífices que labraron el Palacio del rey
don Pedro I, que dudamos en calificar como mudéjar o como
puramente musulmán. Es un excelente ejemplo de las labores
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decorativas islámicas tanto en la Puerta de la Montería como el el patio


de las Doncellas (con arquerías lobuladas) y el Salón de Embajadores
(con tres arcos de herradura que dan al Patio de las Muñecas). Otro
buen ejemplo es la Casa de Pilatos.

ARAGÓN
En la corona catalano-aragonesa el mudejarismo fue muy
intenso en los reinos de Valencia y Aragón; la mayor parte de la
población se dedicaba -con excelentes resultados- al cultivo de los
campos. Podría pensarse que por mera situación geográfica se
produciría un contacto con lo toledano pero no es así ya que consta
documentalmente las relaciones entre lo aragonés y lo andaluz.
En Aragón (especialmente en las zonas de Zaragoza,
Calatayud y Teruel)se produce una explosión decorativa, derivada en
lo fundamental del palacio de la Aljafería, que afecta tanto a los
interiores como a los exteriores; en los muros aparecerán franjas con
motivos geométricos y de lacerías realizados en ladrillo.
Aunque hay restos del mudejarismo en el románico y en el
protogótico, lo fundamental de mudéjar aragonés se produce a partir
del siglo XIII siendo la primera obra fechada San Pablo de Zaragoza (a
partir de 1284) que será el prototipo que seguirán muchos otros
edificios.
En el siglo XIV, la iglesia de la Virgen, de Tobed (Zaragoza) es
un ejemplo de edificio en el que se valoran los paramentos
policromados tanto interiores como exteriores como también puede
verse en el edificio, de influencia sevillana, de la Parroquieta de la Seo
(Zaragoza), de finales del XIV, posiblemente el más bello ejemplo del
mudéjar aragonés.
Menos decoradas existen gran número de iglesias que centran
la ornamentación en los vanos, en la parte alta de los muros y en los
ábsides, que suelen tener planta poligonal. Ejamplos los hay en Sta.
María de Maluenda, Morata de Jiloca, Torralba de Ribota, Sta. Tecla
en Cervera de la Cañada y La Magdalena (Zaragoza).
Mención aparte merecen las torres, profusamente decoradas,
divididas en multitud de fajas y múltiples combinaciones geométricas
incluyendo los esmaltados polícromos de los azulejos y la cerámica. La
primera debió ser la de la catedral de Teruel, realizada entre 1257 y
1258, que crea un modelo que se concretará de forma definitiva en el
siglo XIV, tal como podemos ver en El Salvador y San Martín (1315)
que sigue un esquema almohade, ambas en Teruel.
En Zaragoza se sigue el modelo turolense en la de Ateca
(1300) al mismo tiempo que se desarrolla otro de planta octogonal,
Tauste; son destacables, también, las de Sta. María de Calatayud y la
de Utebo, combinación de cuerpo bajo de planta cuadrada y alto
octogonal en el que se introducen motivos renacentistas.
Un ejemplo muy clarificador de la influencia de lo islámico en
la arquitectura cristiana es la intervención, a finales del XV (que se
prolongará hasta bien entrado el XVI) de maestros musulmanes en la
catedral de Tarazona, tanto en la torre como en el cimborrio y en las
galerías altas. Desgraciadamente se encuentra hoy en grave peligro de
ruina.

CONCLUSIÓN
Aunque a lo largo del XVI el mudéjar tuvo todavía una cierta
vitalidad en los aspectos decorativos y en las labores de la madera,
progresivamente fue dejado a un lado desapareciendo, casi por
completo a principios del XVII. Tal como dijimos al hablar del arte
musulmán, al que nos remitimos, lo mudéjar, considerado en el siglo
XIX ejemplo de arquitectura de carácter nacional, volvió a ser puesta
de moda por muchos arquitectos que desarrollaron esa tendencia que
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Arturo Caballero Bastardo


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denominamos historicismo.

TEXTOS

TEXTO 1
Murcia, capital del país de Todmir, está situada en una llanura sobre los bordes
del río Blanco.
De ella depende un arrabal floreciente y bien poblado que, así como la villa, está
rodeado de murallas y de fortificaciones muy sólidas. Este arrabal está atravesado por dos
corrientes de agua. En cuanto a la villa, está edificada sobre una de las orillas del río,
llegándose a ella por medio de un puente de barcas. Hay molinos construidos sobre
navíos, como los molinos de Zaragoza, que pueden transportarse de lugar, y muchos
jardines, huertos, tierras de labor y viñas mezcladas de higueras. de esta villa dependen
buenos castillos, fuertes, villas importantes y distritos de una belleza incomparable.
Mohamed-al-Edrisi.- Descripción de España. 1154

TEXTO 2
Cuando Abd al-Rahmán ibn Mu'awiya entró en al-Andalus y se instaló en
Córdoba, decidió sobre el asunto de la mezquita, para ampliarla y perfeccionarla; llamó a
los cristianos de Córdoba y les pidió que le vendiesen la parte que tenían de la iglesia,
compensándolos por el cambio para cumplir el pacto que habían suscrito y les concedió
que construyesen las iglesias que habían sido destruidas en los tiempos de la conquista;
salieron, pues, de su parte y Abd-al-Rahmán introdujo en ella la mezquita. En el año 785
inició el derribo de la iglesia y la construcción de la mezquita aljama. El año 786 se
levantaron los muros y se puso el pavimento, es decir, en un año. Dicen que Abd al-
Rahmán se gastó ochenta mil dinares.
Ibn Idari.- Al-Bayan. Segunda mitad s. XIII.

TEXTO 3
En el palacio, Abd al-Rahmán III construyó un salón conocido como Alcázar de
los Califas, cuyo techo era de oro y grueso de mármol, lo mismo que las paredes. En
medio del techo colocó la gran perla que le había regalado Julián, rey de Constantinopla.
El palacio estaba revocado con oro y plata y en medio había una alberca llena de azogue.
El salón tenía ocho puertas que estaban enjambadas en marcos de marfil y de ébano con
incrustaciones de oro y piedras preciosas, sobre columnas de mármol de color y cristal.
Cuando el sol penetraba en el salón y sus rayos alcanzaban la alberca y las paredes, todo
brillaba con una luz que deslumbraba la vista. Cuando el califa quería asombrar a alguien,
mandaba a uno de sus esclavos que agitase el azogue y aparecían en el salón como
relámpagos de luz que estremecían los corazones, hasta el punto que el salón parecía
volar, mientras el azogue se movía...
Al-Maqqari.- Nafh al-Tib. Primera mitad s. XVI

TEXTO 4
Había comenzado el alarife Ahmad ibn Baso a abrir los cimientos del alminar,
pegado a la mezquita, y encontró un manantial que se vio precisado a cegar con piedras y
cal, poniendo encima un pavimento sobre el que asentar los cimientos.
Se ocupó de supervisar los gastos el almojarife Muhammad ibn Said; el
arquitecto comenzó la obra con piedras llamadas tayún, procedentes de la muralla del
alcázar de Ibn Abbad; hizo el alminar sin escalera, pero tan ancho que podían subir
personas e incluso animales de carga.
Más tarde cesó Ibn Said de su cargo en Sevilla y las obras se interrumpieron
hasta que llegó Abu Bakr ibn Zuhr, procedente de la capital (Marraqués), en el año 1189 y
se reanudaron las obras del alminar y se arreglaron los desperfectos que había sufrido la
mezquita. Se encargó de las obras el alarife Alí de Gomara, que utilizó ladrillos que son
mejores que las piedras antes mencionadas; (...) la construcción del alminar duró varios
años con interrupciones, pues cuando el almojarife se iba a la capital las obras se paraban
hasta su vuelta, pero continuó el mismo almojarife durante toda la obra.
Ibn Sahib al-Sala.- Ta'rij al-Mann.

TEXTO 5
El río es una de las ventajas de la ciudad, pues su agua cristalina es producto
de la disolución del hielo y corre sobre guijarros como aljófares, rodeado de plantas, y
umbrías; (...) Las gentes de la capital tienen amor a esos jardines y pasan sus ocios
sentados en las arenas del río o en los caminos de los árboles frondosos (...).
Dijo el poeta abu l-Hayyay Yusuf ibn Said ibn Hassán: Siento nostalgia de
Granada siempre que el Céfiro sopla, trayéndome la añoranza y la melancolía.
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Alá riega Granada con el agua abundante de las nubes y en ella hay mansiones
a las que rodea la belleza entre sus pabellones y una tierra hacia la que el corazón siente
nostalgia.
¡Granada la Alta! ¡Por Dios!, di a éste que está perdido llorando por tí, dónde
está el camino que hacia tí le conduzca. No me consolará de tu ausencia sino la lozanía
de tu paisaje y la belleza del río que alegra los ojos.
Ibn al-Jatib.- Ihata. (1313-1374)

TEXTO 6
Nada hay semejante a esta excelsa obra,
cuya fama se divulga por todas las comarcas.
¡Por Dios! Es una torre que a un león se asemeja,
celadora y vigilante. ¡Cuidado, que acomete!
Tan adornada está la Alhambra con ella,
que se pavonea con sus bellos adornos como embriagada
Torre fuerte que sostiene a las estrellas del firmamento
y que cruzan las constelaciones.
En cuanto a su construcción y sus amplios sillares,
su factura causa toda la admiración posible.
Del rostro de Yusuf surge para nosotros un sol,
que no se oculta en el ocaso.
Ibn al-Yayyab.- Inscripción en la Torre de la Cautiva.

TEXTO 7
Sobre este palacio de peregrina belleza
brilla la grandeza del Sultán.
Brilla su belleza y sus flores,
la lluvia de las nubes le cubre generosamente.
Las manos de sus creadores bordaron en sus lados
bordados que parecen flores de jardín.
Su salón parece una desposada que ofrece a la comitiva
nupcial, su belleza tentadora.
Le basta tener la alta nobleza de que
sea el Califa el que prodiga sus cuidados.
Inscripción en el pórtico del Generalife

TEXTO 8
Los alarifes dedicaron sus máximos esfuerzos a la construcción de la cúpula
que estaba sobre el mihrab, a la labor de estuco, a las bóvedas y la carpintería. A la
izquierda de la pared del mihrab construyeron un pasadizo por el que podía pasar
fácilmente un hombre, para que el califa pasase de su alcázar a la mezquita (de Sevilla)
para rezar las oraciones de los viernes. El pasadizo daba a su puerta particular en el
palacio. En el lado derecho se hizo un hueco para meter en él el minbar, que se sacaba
para el sermón y luego se volvía a meter allí. Este minbar fue una auténtica obra de arte:
se escogieron las más bellas maderas para entretejerlas, haciendo dibujos y formas muy
bellas y acabadas en una perfecta labor de artesanía. Tenía muy bellos dibujos con
incrustaciones de sándalo, marfil y ébano, y brillaba, pues tenía planchas de oro y plata y
dibujos de oro puro, de forma que el que le veía por la noche creía que era la luna.
Después se hizo la maqsura de la más escogida madera y segura para conseguir su
aislamiento.
Ibn Sahib al-Sala.- Ta'rij al-Mann.

BIBLIOGRAFÍA:
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Arturo Caballero Bastardo