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MCC- CÓRDOBA

Curso 2014-2015

Área de Inserción Diocesana
Vocalía de Grupos

PAUTAS PARA VIVIR EL ADVIENTO
INTRODUCCIÓN
Esto son sólo eso, pautas, algunas claves que nos puedan ayudar a vivir el Adviento con
mayor profundidad. Claves hay muchas, muchísimas, los textos litúrgicos de estos días son
muy intensos, nos hablan de esperanza, de justicia, de libertad, de ilusión, de amor… De
Dios, claro. Nos hablan y te hablan, sólo tienes que hacer silencio, dejar que se posen en ti.
Estos creyentes de hace varios miles de años quisieron dejar su experiencia por escrito
porque no les cabía en el corazón y necesitaban liberarla, darle alas, soltarla en el tiempo.
Son textos que han viajado en una fragilísima botella de cristal y que hoy se abren para
ti y para mí. Aquellos hombres y mujeres, enamorados de Dios te envían un mensaje…
¡Encuéntralo en el silencio!
De entre tantas posibilidades como podrían haberse escogido, nos hemos quedado con
tres, por sencillas y por posibilidades de profundización al alcance de todos.
1ª Pauta: vivir hacia el interior.
Puede que no sea casualidad, sino “Diosidad” como dicen algunos, el hecho de que el
Adviento coincida con el final del otoño y el principio del invierno. En este tiempo la naturaleza
se sumerge en sí misma, vive hacia el interior, dándose calor, reconociendo su propio ser.
Decimos que la naturaleza duerme, inicia su tiempo de descanso, pero…Quizás no, quizás
esté enfrascada en crear algo nuevo, en desnudar su propia verdad, en dar calor a lo que
esconde, a lo que desea ofrecer y a lo que se le pide… Algo así puede ser el adviento para ti,
un tiempo para vivir “curvado sobre ti mismo”, viviendo el silencio, la soledad, desnudándote
de adornos, absorbiendo desde lo profundo, buscando más allá de la superficie…
Lo que te vaya sucediendo, sobre todo lo más insignificante, es lo que más valor tiene
en este tiempo, porque es lo que va haciendo grande tu vida, es sencilla savia que va
alimentándote hasta que brote algo grande. Es tiempo de esconder en el interior de tu tierra la
semilla de Dios. Es el tiempo de descubrirnos sembrados de vida, de proyectos, también de
dolores y miedos…
Dios te ha dado una semilla para que la cultives y puedes hacer que de fruto en
primavera… Y “que tu fruto dure”. Ya lo dice el himno:
Ya madura la historia en promesas, sólo anhela tu pronto regreso; si el silencio
madura la espera, el amor no soporta el silencio. (I de las vísperas de adviento.)
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Aquí algunos textos que nos pueden ayudar a interiorizar todo esto desde la Palabra de
Dios:
Así que, no juzguéis nada antes de tiempo hasta que venga el Señor. El iluminará
los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los designios de los corazones.
Entonces recibirá cada cual del Señor la alabanza que le corresponda. (1Cor 4,5).
Aquel día, el resto de Israel y los supervivientes de la casa de Jacob no volverán a
apoyarse en su agresor, sino que se apoyarán con lealtad en el Señor, en el Santo de
Israel. (Is 10,20).
Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu,
alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
El que os llama es fiel, y él lo realizará. (1Tes 5, 23-24).
Pues sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de
aflicción, daros un porvenir y una esperanza. Me buscaréis y me encontraréis, si me
buscáis de todo corazón. (Jer 29,11,13).
Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto y, después de cerrar la
puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo
recompensará. (Mt 6,6).
2ª Pauta: aceptación.
Aceptación de lo que Dios siembra en silencio en tu tierra. Como te digo Dios es el
sembrador que pone en ti una semilla de futuro… ¿De qué futuro? Bueno no tiene por qué ser
algo extraordinario lo sembrado, o sí…: quizás sea más alegría, quizás siembre en ti una
decisión de vida, o valor para afrontar un cambio… Dios es el sembrador de esperanzas:
“Alza la cabeza, se acerca la liberación”.
¿De qué te libera el Adviento?, ¿de tus miedos?, ¿de tu rutina?, ¿de una vida que no te
llena del todo?, ¿te libera de ambiciones?... Tú sabrás. El Adviento es el tiempo de aceptar lo
que viene de Dios, lo que viene de la vida, lo agradable y los menos gustoso… Acoge, acepta,
y ¡arriésgate!
Salió el sembrador a sembrar y vió en ti tierra fértil y… Puso su semilla: aquí te dejo
estos textos para reflexiones y, para que acogiendo la semilla y aceptando lo que te viene de
ella, puedas fructificar.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de
nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo,
Jesucristo nuestro Señor. (1Cor 1, 8-9).
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…Para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no
retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros,
porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión. (2Pe 3,
8b-9).
Hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador
aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia
temprana y la tardía. Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros
corazones, porque la venida del Señor está cerca. (Sant 5, 7b-8).

3ª Pauta: dar calor.
El Adviento no es tiempo de evaluaciones, de limpiezas ni acondicionamientos, eso, que
es buenísimo, lo dejamos para Cuaresma. Es preferible, a mi entender, enfocar el Adviento
como tiempo para acoger lo bueno que Dios coloca en cada uno de nosotros, agradeciéndolo,
creando un espacio de crecimiento, dando calor… Un espacio amable, es decir, que se pueda
amar, para que así se produzca el milagro del nacimiento.
Fíjate en los regalos cotidianos, desde los más pequeños, esos obsequios de Dios que
se nos despistan por pequeños unos y por efímeros otros, hasta los que te llenan la boca.
Dedica alguno de tus días de oración a ser consciente de los regalos de Dios-Vida,
descubrirás docenas de ellos, y si no te salen docenas… Tendrás que trabajar el tema de la
gratuidad y tu capacidad de asombrarte y de apreciar la belleza a tu alrededor. Cuenta las
docenas y… Dale gracias a Dios.
Aquí os dejos los textos que pueden enriquecer vuestra reflexión:
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis
discípulos míos: Cómo el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi
amor. (Jn 15, 8-9).
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas
cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te
ha parecido bien. (Mt 11, 25-26).
Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel y el vergel parecerá un
bosque. Aquel día oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad
verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor, y los
pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel.(Is 29, 17-19).

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Yo anuncio desde el principio lo que viene después y desde el comienzo lo que
aún no ha sucedido. Yo digo: Mis planes se realizarán y todos mis deseos llevaré a
cabo… Escuchadme vosotros, los que habéis perdido el corazón, los que estáis
alejados de lo justo. Yo hago acercarse mi victoria, no está lejos, mi salvación no
tardará. Pondré salvación en Sión, mi honor será para Israel. (Is 46, 10, 12-13).
Como podéis ver son tres pautas muy sencillas: vivir hacia el interior, aceptar lo que
nos llega… Y lo que no nos llega, y caldearlo todo con amor. Pero si las vivimos en toda la
profundidad que cada uno pueda poner, la semilla dará fruto… El Señor vendrá y nos llenará
de alegría… Porque, con los pastores, podremos oír el anuncio que esperamos:
«No temáis, os anuncio una buena noticia, que será de gran alegría para todo el
pueblo: hoy, en la ciudad de David, os nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí
tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
(Lc 2, 10a-12).

¡Ven Señor, Jesús!

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