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POESIA DE La EDAD DE ORO’ 0 BARROCO OE CCOLECCION FUNDADA POR DON ANTONIO RODRIGUEZ-MONINO- DIRECTOR DON ALONSO ZAMORA VICENTE Colaboradores de los volamenes pubkcados; LL Abell, F Aguilar Pita. R.Alarcin. 1. M.°G.Allega, A, Amor FA derson. R. Andie S. Arata. Arce. 1 Arellano. [A, Ascunce E. Aseria. R Astin 1.8. Avale Arce, F Ayala. G. Azam, R. Ballesteros, PL. Barca. Af. Beutstesse. C. Baudor HE. Bergan. A. Blecta. LM, Blecua, P. Bolas. Bonet H. Bonneville. C Bravo-Vllasante. J. Cuchy Blaca, M. Came vero. MF, Canellada. [1 Canet. JL. Cano, 8. Caras. J. Caso Grades. E. Catena, F. Caudet.B. Ciptjauskaité. A. Comas. E. Corea Calderon CC. de Coster .0. Cosby. D.W. Cruickshank C. Cuevas. 8. Damani A. Det- sgdo Gomes, A.B. Dellepiane. G- Demerson. A. Dérozier. LM." Diez Bor ‘qe EJ Dies de Revonga.R. Doméned J. Dowilag. A Duque Amsco, M Darin. P. Elia 1 Emons 1. Etinghausen. A.R Ferainden. C Fernandes Dasa, A, Fenian Gaeta. R. Fereres. Mj. Pls. ).D. Fogelust 1. Fon quer. . Formeles.. Fortaio, Bi. Fox. V. Gaos, 8. Gana. C Garcia Bate ‘min L. Garcia jambrina. Garcia Loenso. Mf. GarlePosadea, P. Gaeta Madrazo. DT. Gies. G. Gmez-Ferrer. A. Gbmex Moro. F. Gomes Re- dono. AA. Gomes Yeora, |. Gonzdter Mula, F. Gonailes Olé F. Gutics mez Carbo. C:8. Gxbbon-Monypenny. A. Hermenegldo.R. Jamis, far reo. P_Jauraide. RO. Jones. JM. Jover. AD. Kossofl- Labarta de Cha ves. Mf, Lacarea J. Lafforgue. CR. Lee, Lemar F. Liberator. [M. Lope Blanch. F. Lopes Estrada. L. Lipez-Grigera. A. Lorene. L. de Luis Macpherson. ECR. Maldonado. N. Marth. E. MarintPalmier.R. Maras. ILM. Martinez Cachero. & Martinez Garcia. M, Mayoral D.W. McPheeters Mercadion Th. Mermall. W, Metinann. I Michel 24. ura, 9.7. Mix © Monedere: J. Montoro Padi. Montero Reger. H. Memes F Moniesinos. ES. Morby. M, Momrés. LA. Mucila. R. Navarro Dur. J Neb ra, A. Nowe. C. Oliva. G. Orduna. B Pallares. J. Paulino, J. Pers. A Pree Priego, Jot. Picoche. A, ida. LHR. Pott A, Piao. E: Pugo- Walker A. Ramonedo, M1 Resina Rodrigues. JP. Ressot. R. Reyes. .V. Rcapito. F. Rico. C Richmond. D. Ridrueo. EL. Rivers A. Rodiguez Fisher J. Ro ‘iguer-Lus. J. Rodriguez Puertols. E Rodriguez Tordrta. L. Romero. V. Roncero Lépes .M. Rozas, pM. Ruano dela Haze, E. Rubio Cremeades. A Rufinato, F, Ruiz Rambn. C. Rui Siba. PE. Russell G Sabot de Rivers, © Sabor de Cordisar. C. Sainz de Maza. FG. Salinero, |. Sanchis Bemis, KP. Sabold. M, Serna, DS. Severin F. Sevilla Aroyo, DL. Shaw. 8. She- ord. Mt, Smerdou Altolaguirre. 0. Sobejano. A. Sotelo Vazquce. N. Spa- Accin 0. Stegink. G. Siffont. RB, Tata. J. Testas, A, Tordera [C. de To. mes. G. Torres Nebrera. 1. Uria Maqua. 1M.* Vabere. C. Varela. D. Villanueva, .B. Vrach, F. Weber de Kuriat.K. Whinnam. A.W. Zahareas. A. Zamora Vente. A. Zubisareta de Zale ERS ETAT Ee POESIA DE LA EDAD DE ORO 0 BARROCO Edicién, introduccién y notas de JOSE MANUEL BLECUA «OCs Madrid Copyright © Editorial Castalia, 1984, 2003, ‘Zurbano, 39 - 28010- Madrid Tel. 91 3195857 - Fax. 91 3102442 www.castalia.es Impreso en Espafia - Printed in Spain IS.B.N.: 84-7039-434-7 [Tomo I, ristica] LS.B.N.: 84-7039-427-4 [Obra completa ristica} LS.B.N.: 84-9740-060-7 [Tomo If, tela] LS.B.N.: 84-9740-061-5 [Obra comple'a tela] Depésito Logal: M, 23.382-2003 ‘Queda prohibida la reproducci6n total 0 parciai de este libro, Sulinclusign en un sistema informético, su transmisién en cual uier forma o por cualquier medio, ya sea electrénico, mecénico, Por folocopia, registro u otros métodos, sin el permiso previo y or escrito de los titulares del Copyright. aE mpi : SUMARIO INTRODUCCION «os eee eevee eee POBSIA DE LA EDAD DE ORO. TOMO II BARROCO ..... +... - INDICE DE AUTORES : INDICE DE PRIMEROS VERSOS INDICE DE LAMINAS. 25 . 437 441 . 453 sere a Leones emer INTRODUCCION 1 la. palabra “Barroco’ es ya inesqiiivable’en los estu- ios de historia literaria espafiola, no‘ sucede lo mise ‘mo con esa antesala Tamada *Manierismo’, entre otras ra- zones porque los Kimites cronolégicos son muy difusos, y sf'yo me detuve en el volumen anterior eri los poctas que nacen alrededor de 1560, y comienzan a escribir hacia 1580, fue por esta causa. Porque si un Herrera publica en. 1582 Algunas obras, su estética ya no es lade los -jévenes de-esa.época, aunque fuese lefdo, y muy bien, por “Géngora y Lope, como’ no lo es tampoco'la de fray Luis de Le6n, aunque su neoclasicismo perdute en ef Barroco, porque Ja sensibilidad y la actitud ante el mundo son ‘distintas: ‘Qué los Itinites cronolégicos; al ‘monés"én poesia, son ‘muy vagos Io atestigua un conocedor tan profundo como “Emilio Orozco, que escribe: El Manierismo viene a coincidit con el momento inme- diato,0 previo a lo barroco y en consecuencia los medios expresivos que maneja el artista o el pintor de estas fechas ssupone un coincidir de recursos y rasgos manietistas y ba- rrocos. En muestra poesia, el caso de Hetrera, aunque en un punto medio-entre. 10 manierista y Jo barroce, entrafia Ia misma complejidad, y tras.de é1 Géngora arrancaré desde un ambiente de franco manierismo, para desde él, y a tra: ‘vés de sus recirtsos, dat ol gran salto, ya pleno duefio y 7 8 INTRODUCCION consciente de una técnica y con honda formacién de poeta, a impulsos de un espirit de sentido barroco. § Por ahora no hay razones, pues, para incluir un nue- Yo apartado en la historia de Ia poesfa espafiola de Ia Edad de Oro y creo que basta la palabra “Barroco’ para designar el perfodo poético que sigue al Renacimiento, aunque entre Garcilaso y Herrera o San Juan de la Cruz existan notables diferencias, porque no en balde son de distintas generaciones y de muy distinta formacién. Es bien sabido que el Barroco, como todos los grandes cambios culturales, esté ocasionado por una serie de con- causas de todo tipo, politicas, religiosas, estéticas y de pensamiento, que aparecen estrechamente unidas entre 1600 y 1700. Orozco nos dice que las formas barrocas “son producto de unos determinantes vitales e ideol6gi cos que suponen una especial actitud, no sélo ante el arte, sino ante el mundo en toda su complejidad”.? Todos Jos estudiosos de 1a cultura barroca han insisti- do en los profundos cambios que experimenta la sociedad del siglo xvit, cambios que alteraran Ia visién del mundo frente a la que tuvieron los renacentistes.. José Antonio Maravall, que-ha dedicado un bello libro a estudiar estos cambios, dic Es asi como 1a economfa en crisis, fos trastomes mone- tarios, la insoguridad del crédito, las guerras econémicas, ¥, junto a esto, Ia vigorizacin de Ia propiedad agraria y sefiorial y el creciente empobrecimiento de ias miasas, crean un sentimiento de amenaza e inestabilidad en a vida so- cial y personal, dominado por fuerzas de imposicién repre- siva que estén en Ja base de la gesticulacién dramética del hombre bartoco y que nos permiten Hamat a éste con tal nombre.? Menierismo y Barroco (Madrid, Cétedra, 194%), pp. 69-70. 2 Bn José M? Diez Borque, Historia de’la literatura expao- 4a, (Madrid, 1975), p. 24. 3 La cultura’ del Barroco (Barcelona, Avie), p. 29. INTRODUCCION 9 Esta honda crisis es la que lleva a una nueva metafisi- ca'o-a.una nueva actitud del hombre ante el mundo, el cual-concibe como un inmenso oximoron, un concierto de-desconciertos, como diré Gracién: Me estaba contemplando —dice Andronio— esta armo- nfa tan plausible del Universo, compuesta de una extrafia contrariedad, que segtin es grande no parece habfa de po- der mantenerse el mundo un solo dia: esto me tenia sus penso, porque ga quién no pasmaré de ver.un concierto ‘an’ extrafio compuesto. de oposiciones? —Asf es, respon- ig Critilo, que todo este Universo se compone de contra: sios yy se concierta de desconciertos. # Esta “discordia concors’ es la que conduce al uso y abu- 80 de Ia antitesis, hasta en los titulos de algunas obras, como La cuna y la sepultura, de Quevedo, al gusto por Jas figuras de Demécrito y HerSclito, tan traidas y Heva- das en el Barroco, y a la aguda sensacién de que todo es inestable, El mismo Gracién dice “la definicién de la vida es el moverse”.’ Todo cambia y sélo “lo fugitive per- manece y dura” segin el. conocido yerso de Quevedo, Pérez de Herrera sentenciaré: “todo es mudable en el mundo”, al paso que Bocangel nos diré que “sélo la mudanza es firme”.’ Como es l6gico a mudanza va uni da. al tiempo y por eso el Tiempo “es el verdadero’ pro- tagonista del’ Barroco”, como dice Emilio’ Orozco.* Los testimonios que se pueden aducir sobre el tema son’ sen- cillamente ebrumadores y no hay estudiante espafiol que no conozea los cstremecedores versos de un Quevedo cuando escribe: + EL Criticdn, edic. de M. RomeraNavarto, 1 (Philadelphia, 1939); p. 137. . S.Ibid, Ty ps 259, ¢ Proverbios morales, BAE, t. XLII, p. 241, 7 Obras, edic. de R. Benitez, Claros, T (Madrid, CSIC, 1946), Bess. * Manierismo y Barroco, p. 57. 10 INTRODUCCION ‘Ya no es ayer, mafiana no ha Iegado; hoy pasa, y es, y fue con movimiento que a la muerte me leva despefiado. ‘Azadas son la hora y el momente, que a jornal de mi pena y mi cuidado ‘cayan en mi vivir mi monumento.? Mientras Fernéndez de Andrada nos ‘dird: 2Qué s'nuestra vida més: que un breve dia do apenas sale el sol cuando se pierde ‘en las tinieblas de la noche fria? © Recordemos, por dltimo, a Géngora esctibiendo aquella bellisima décima que dice: Si quiero por las estrellas saber, tiempo, dénde estés, mito que con ellas vas, pero no vuelves con elas. cAdénde imprinies tus huellas que con tu curso no doy? Mas, ay, que engafiado estoy, que voelas, corres y ruedas; 46 eres, tiempo, el que te quedes Y¥ yo soy el que me voy. Por esta tazén abunda también Ja poesfa sobré Tas ruinas, ejemplo perfecto del paso del tiempo que desha- ce hasta los muros més resistentes; incluso podrd escri- birse, como Io hace Rioja, un soneto a las ruinés de Ja Altléntida. Lo mismo ocurre con el bien conocido tema de la belleza y caducidad de la rosa y en los textos que edito podré verse mas de un ejemplo. De aqui, de lo fugitive de la existencia, devivaré la melancolia del Barroco, tan bien conocida, lo mismo que el pesimismo y el desengafio, que Heva a las ideas de ° Obra postica, edic. de J. M. Blecua, 1 (Madid, Costalia, 1969), ._ 150. © Pagina 153 de la presente’ antologia 1 Obras completas, edic. de 1. y J. Millé y Giménex (Medeid 119321), p. 452 INTRODUCCION i qué Ia:vida.es suefio o simplemente nada, como diré Quevedo. Por eso" esctibe Maravall que “el cardcter de fiesta. que el Barroco ofrece no elimina el fondo de acritud’y de melancolia, de pesimismo y desengafio, co- ‘mo nos demuestra la obra. de un Calderon”. A esto se tune, como es légico, el gusto por la soledad, tan bien es- ‘fudiado:por Vossler en su conocido libro, y el gusto ciiteo por. las cosas, que llevaré al. bodegén, lo mismo gale. pintuza. que en. Ja poesia. Azorin, tan enamorado devlos:“primores de. lo vulgar”, subray6 este gusto en Lope: “Espigando: entre las obras.de Lope .se podria hhacer un curioso catélogo de las cosas de Espafie; de sus! producciones, artefactos, trebejos, enseres, trajes, he- rramientas, comides, plantas...” ® Lo mismo Emilio Oroz- co que G. Diaz Plaja han destacado 1a presencia de las cosas en la:poesia barroca* y sportado numerosas citas. Pondré.s6lo dos ejemplos, uno de Lope y otro de Gén- ora: Mesa pobre y pobres sillas, sin espalda y de costllas, ‘su vasar limpio y bizarro, mds seguro, aunque de barto, qiie las doradas villas, © El celestial humor recién cuajado © qiie la'almendra guard6, entre verde y seca, cen blanda mimabre se la puso al lado, yun copo, en verdes juncos, de manteca; ‘en breve corcho, pero bien labrado, ‘un rubio hijo de una encina hueca dulefsimo panal, a cuya cera ssu néctar vinculé la Primavera. ° 2 Op. cit,'p. 319. 5 Lope en silueta (Buenos Aires, Losada, 1960), p. 36. 4 E. Orozco, Manierismo y Barroco, pp. 5456, y G. Diaz Plaja, “En. torno al .Barroco", en Ensayos escogidos (Medrid, Revista de Occidente, 1964), pp. 167-252. H.Lope de Vega, Obras completas, edie. de Joaquin de En- trambasaguas, I (Madrid, CSIC, 1965), p. 291. ' Fébule de Polifemo y Galatea, v¥. 200.208. 12 INTRODUCCION Y¥ como fas cosas se perciben por Jos sentidos, esto dar origen a la conocida sensualidad barroca, al goz0 por Jo bello, los colores briflantes, Ia pompa hasta en los frajes, etc., etc. Lo suntuoso va a ser una nota muy ca- racteristica de Ja poesfa barroca frente a la renacen- tista, También, -y es I6gico, se da un cambio profundo en la estética. Mientras tos renacentistas exalten la Naturaleza y postulan su imitacién, los hombres del Barroco ensal- zan las cualidades del artificio, pasando de la imitatio a la inventio. Gracién, al que hay que citar numerosas veces, dice en Ja Agudeza y Arte de ingenio: “La imita- cién suplia al arte, peto con las desigualdades de substi- tuto, con carencias de variedad.”" Muchas veces se trata de presentar “lo no natural, lo vario, Jo injertado, Io fiero, incluso Jo fiero y monstruoso; fo contrario a Io arménico, equilibrado ¢ igual”."° Tirso de Molina, para defender ef sistema dramético de Lope y su escuela dice con suma habilidad: Esta diferencia hay de la naturaleza al arte: que lo que aquella desde su creacién constituyé no se puede variar, y asi siempre el petal produciré peras y la encina su gro- sero fruto [...] Fuera de que, ya que tio en todo, pueda variar estes cosas el hortelano, a lo menos en parte, me- diando Ia industria del injerir [...] en Io natural se produ- cen, por medio de los injertos, cade dia diferentes frutos 2qué mucho que la comedia [...] varie las leyes de. sus antepasados, ¢ injieta industriosamente lo trégico con lo edmico, sacendo una mezcla apacible de estos dos encon- trados poemas? * De aqui deriva el gusto por los jardines, laberintos, fuen- tes, tan importantes en la poesia descriptiva de la poesia # Rdlcién de E. Cortes Calderén, € (Madtid, Castalia, 1969), p48, W Op. cit, p39. Cito a través de A. Collard, Nueva poesia (Madrid, Castalia, 1967), pp. 65566. eS ee — INTRODUCCION 13 batroca. Recuérdese sélo el-curioso jardin de Soto de Ro- jas en su carmen grenadino-y su barroca descripcién en cl Paraiso cerrado para muchos, jardines abiertos para po- cos, del que se da-una muestra-en las paginas 266-269, o el Jardin de ta Tapada, ‘insigne monte y recreacién del exce- Ientisimo sefior duque de Braganza”, incluido por Lope de Vega en La Filomena.” De Las Soledades derivaré abun- dante poesfa descriptiva, como es bien sabido, y esta poe- sia-es sumamente original, sin ninguna deuda con la re- nacentista, que’ no conocié el tema, sf la Naturaleza més o'menos estilizada al servicio de otras cosas, pero no como un fin en si misma, Pero Medrano dice en un sone- to a Arguijo, continuando Ja estética renacentista: Cansa la vista el ‘tificio humano cuanto mayor més presto; Ia més clara fuente'y jardin compuestos dan en cara: que nuestro ingenio es breve y nuestra mano. ‘Aquél, aquel descitido soberend de la Naturaleza, on nada avara, ‘con luenge admiracién suspende y para a quien lo advierte con sentido sano. Ver cémo corre eternamente un rio, cémo el campo se tiende en las Tlanuras, yen los montes se anuda y se reduce, grandeza es siempie nueva y grata, Argio, tal, pero es el autor que las produce, ioh Dios inmenso!, en todas sus criaturas.** La segunda parte de Ia estética del Barroco consistird en pensar que uno de los fines de la obra literaria debe consistir en causar asombro, producir sorpresa usando todos los artificios conocidos, desde Ja més simple anti- ® Puede verse on mi edie. de la Poesta de-Lope de Vega (Bar- ¢elona, Plancia, 1969), pp. 704 y ss. 21 Obra de Medrano, edic. de D. Alonso y S. Reckert, I (Ma rid, CSIC, 1948), p. 171. 4 INTRODUCCION tesis a la metéfora més audaz o la hipérkole més extre- mada, Y todos los estudiosos coinciden boy en afirmar que Ia base. de la estética literaria barroca reside en la agudeza conceptuosa, Gracin dice: “Es Ia agudeza pasto del alma.” El. tedtico aragonés.escribe que “son las voces Jo que las hojes en el drbol, y. fos conceptos el fruto”,® y “lo que:es para los ojos la hermosura y para Jos ofdos 1a consonancia, ése-es para el entendimiento el concepto”.* Es decir, un gozo mental subidisimo, Gra- ¢ién definiré el concepto de una manera muy simple: “Es un acto del entendimiento que exprime Ia carrespon- dencia que se halla entre los objetos.” * Notese que en esta definicién entra to mismo un equfvoco muy sutil que ‘una metéfora muy original, un simbolo 0 una antitesis, Puesto que se trata de relacionar posibles semejanzas, aun muy lejanas, “La semejanza, escribe Gracién, es el origen de una inmensidad concepiuosa”, pero “pretende 4a desemejanza atin més peregrino su artificio”.* Si Gén- Bora nos dice que Acis bebe agua y mira al mismo tiem- PO a Galatea, escribiré esto: ‘su boca dio y sus ojos cuanto pudo al sonoro cristal, al cristal mudo,7 aludiendo al agua como “cristal sonoro” y a Galatea co- ‘mo “cristal mudo”. Peto Quevedo, partiendo del t6pico renacentista de que la dama es nieve o hielo, se atreve- ria decir: fda. Hermosfsimo invierno de mi 2 Aqudeza y Arte de inigenio, edic. cit. 1, p. 49. % Ibid, I, p. 229, # Ibid, 1, p. 51, ® Ibid. 1, p55. Ibid. 1, pp. 114 y 144, 2 Fabula de Polifemo y Galatea, vv.. 191-192. 3 Bic. cit,,-p. 357..E1 soneto Leva el siguiente epfgrafe: “Ade mirase de que Flora, siendo toda fuego y luz, sea ‘oda hielo”. INTRODUCCION 15 Noteso que en los dos casos se trata de metéforas, es decir, de semejanzas, de conceptos muy originales y agu- dos, como desea Gracian. Don:Luis de Géngora en un romance que se fecha en 1580, al comienzo de su obra jiteraria, empezaré ast una imprecacién contra el Amor: Ciego que apuntas y atinas, eaduco Dios y rapaz, vendado que me has vendido ¥ nifio mayor de edad, Por el alma de tu madre —q¥e mutié siendo inmortal, de invidia de mi sefiore— ‘que no me persigas més.” El lector menos advertido noteré que’ casi. todos ‘ios ‘ets0s.incluyen una paradoja y que el tercero es una Paronotiasia. Es decir, puro conceptismo. Por eso; nadie cree hoy en Ja dicotomia de culteranis- mo y conceptismo, porque las rafces soi las mismas, Los ‘propios contempordneos de Géngora no establecieron esas ditecciones poéticas © escuelas, «que: son producto de la critica muy posterior. S{ sabemos muy bien que las nove. ‘ides ‘de don: Luis escandalizan a pattir de 1613, pero ‘o escaridalizaron tanto, ni mucho menos, los poetas “con- ‘Septistas”, aquellos jugadores de vocablos como Ledesma © Bonilla que buscaron con ahinco los conceptos més pe- ‘Tegrinos, en lo que también -cay6.un Lope de Vega, al ‘Paso que’ Rengifo en su Arte poética espafiola (Salaman- {, 1592), clasifica abundantes conceptos. (Ocioso me pa ‘fece: dvertir que cuando Lope echa en cara a Géngora la falta de “conceptos”, ese ‘concepto’ tiene el viejo valor »_ de "pensamiento’, ‘sentencia’ 0 ‘contenido’ y que para un Gracién, Géngora era uno de los més. primorosos con. | feplistas, al que cita abundantes veces, muchisimas més | que'a Quevedo.)