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LORENZO RICCI, S.J.
JUAN ROOTHAAN, S.J.

Las Cartas
de la Tribulación

Traducción: ERNESTO DANN OBREGON, S.J.

EDITORIAL

DIEGO
1988

DE

TORRES

Nihil Obstat
VICTOR H. ZORZIN, S J .
Praep. Prov. Argent.
18 de diciembre de 1987
Imprimatur
FEDERICO GOGALA
Vicario General
21 de diciembre de 1987

EDICIONES DIEGO DE TORRES
Avenida Mitre 3226 - San Miguel - Buenos Aires
Libro de Edición Argentina

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Un buen compendio sobre el tema se puede encontrar en G. II. 1974. ej. La Iglesia de Lutero a nuestros días. Cristiandad. Igualmente aporta abundante bi­ bliografía.. con las cuales andaban pare- . Ricci se llevó a cabo la supresión de la Compañía poreTPapa Clemente XIV. 90). Durante el Generalato del P. sin embargo los embates borbónicos no cejaron hasta la publicación del Breve Dominus ac Redemptor de 1773 en el cual la Compa­ ñía de Jesús quedaba suprimida1 ? 1 Las interpretaciones históricas sobre la conducta del Papa Clemente XIV son variadas. El Papa Clemente XIII confirmó el Instituto fundado por San Ignacio. Desde hacía mucho tiempo las cortes borbóni­ cas venían “exigiendo” esta medida. 4 vol. Madrid. Ambos han debido conducir la Compañía en tiempos difíci­ les. 271-287. El juicio que de Clemente XIV hace Pastor en su Historia de los papas (vol. El punto de vista de cada una de ellas parte siempre de alguna realidad objetiva.Los escritos que siguen tienen por autor a dos Padres Generales de la Compañía de Jesús: el P.: “la debilidad de caracter de Clemente XIV da la clave para entender su táctica de ceder en todo lo posible a las exigencias de las cortes borbónicas y de restablecer la paz por este medio. . “ La cualidad más fatal del nuevo Papa: la debilidad y la timidez. Martina. . vol. P. pp. Juan Roothan (elegido en 1829).” (p. Pienso que no siempre es acertado el he­ cho de absolutizar esa verdad transformándola en la única clave inter­ pretativa. de persecuciones. Lorenzo Ricci (ele­ gido General en 1758) y el P. XXXVII) es sumamente duro.

la Compañía de Jesús sufría tribulación. en ambos casos. en el del P. Roothan le tocaron tiempos difíciles: el liberalismo y toda la corriente de la ilustración que desem­ bocaba en la “modernidad” . Al principio prom ete cielo y tierra. No faltaban. Estos son juicios que Pastor tom a de documentaciones de la época. y que procura “quedar bien” . Baste lo dicho para encuadrar la época de los dos Padres Ge­ nerales. en todas sus resoluciones es lento hasta un extrem o increíble. Se da traza admirable para eludir toda decisión en sus contestacio­ nes a los embajadores. un embajador perspicaz puede descubrir su doble juego. la publicación del cardena­ lato. Lo importante es tener en cuenta que. en el lecho de m uerte. “A Clemente XIV le falta valor y firmeza. deficien­ cias dentro de las filas jesuítas. con todo. porque es muy propenso a hablar” (pp. la engaña y la fasci­ na. Bontempi —según Pastor— trató simoníacam ente con el embajador español la supresión de la Compañía. 8 . Por lo demás. sin escrúpulos. Fray Bontempi. No es el caso aquí detallar más los hechos históricos. 82). que se mueve entre bambalinas. Pastor lo presenta como un sujeto ambicioso. lo es mucho más la que sostiene sobre su secretario. Quién pretenda conseguir una gra­ cia ha de procurar lograrla en la primera audiencia.” (p. Ricci y en el del P. también Fraile Menor Conventual. Roothan. De esta suerte todos terminan p o r quedar prendidos de sus re­ des. Logró que Clemente XIV lo nom brara Cardenal in pectore pero fracasó cuando le exigió. según costumbre romana.También al P. la Compañía era atacada prin­ cipalmente por su devoción a la Sede Apostólica: se trataba de “un tiro por elevación” . de tal modo que prepara así su futuro. quedando al fin triun­ fante. y si bien su opinión sobre el Papa Ganganelli termina siendo negativa. a quien “carga” prácticam ente gran parte de la responsabilidad de los errores de Ganganelli. Cautiva a la gente con bellas palabras y promesas. y las cartas jas su doblez y su lentitud. ios despide con buenas palabras y halagüeñas esperanzas que luego no se realizan. mas luego pone dificultades y difiere la solución. 82-83). En ambos casos.

En las cartas que siguen vemos cómo ambos Padres Generales salen al paso de tales tentaciones. nueva llamada a la 9 . el verdadero espíritu sobrenatural de la vocación. aprovecharse de las pruebas para la purificación de las almas.. El 13 de noviembre de 1763 insiste también en la necesi­ dad de orar y de hacer más eficaz la oración con la santidad de la vida. Hay varias tentaciones propias de ese tiempo: discutir las ideas. 1955. en los que la polvareda de las persecuciones. la perfecta docilidad a la gracia divina. y sirven también para la mayor glo­ ria de Dios. 486 págs.J.. invita a la oración para pedir p or el pronto spiritum bonum. lo que pide es poner del todo la confianza en Dios.) afirma: “ En consonancia con esto (se refiere al Decreto 11 de la Congrega­ ción General XIX. re­ cordar que nos allegan más a Dios. fijarse demasiado en los perseguidores y quedarse rumiandp allí la desolación. Constituyen un tratado acerca de la tribulación y el modo de sobrellevarla. en el m om ento en que Francia es a su vez alcanza­ da por la tempestad. etc. en su obra “La Espiritualidad de la Com­ pañía de Jesús” (Sal Terrae. Santander. etc. y proponen a los jesuítas la doctrina que los fragua en la propia espiritualidad2 y fortalece su pertenencia 2 El P. es levantada por los acontecimientos culturales e históricos. José de Guibert. después de la expulsión de los jesuítas españoles. al siguiente día de los decretos de Pombal destruyendo las provincias portuguesas. que eligió al P. S. dudas.. De nueva el 30 de noviembre de 1761. no es fácil atinar con el camino a seguir. Ricci como Generad) se halla la emo­ cionante serie de cartas dirigidas por el nuevo General a sus religiosos a medida que las pruebas se acumulan y los peligros van en aum ento. El 8 de diciembre de 1759. En momentos de turbación. el espíritu de pobreza y la per­ fecta obediencia pedida por San Ignacio. no darle la debida importancia al asunto. recomendando ante todo la hum ildad. El 16 de junio de 1769.que siguen son la doctrina sobre la tribulación que ambos Superiores recuerdan a sus súbditos. tribulaciones.

en la falta de todo socorro hum ano quiere ver un efecto de la misericordia de Dios que invita a los que prueba a no confiar más que en El. el absolutismo. . seis meses antes de la firma del Breve Dominus ac redem ptor. el liberalismo. debía re- 3 CG XXXII. ella). legítimas. de paciencia.< ne. Tales son las palabras con que la Divina Providencia quiso que se cerrase la historia espiritual de la Compañía en el momento de la prue­ ba suprema del sacrificio total que se la iba a exigir. pero sin duda del todo inúti­ les. doctrina. “Apenas hay necesidad de recordar la protesta que el P. la cual pertenencia “es primaria y debe prevalecer en relación a todas las otras (a instituciones de todo orden. SIS- SIS). no es éste el lugar de discutir si semejante crítica es funda­ da. a la unión con Dios en la oración. al celo para purificarse de los menores defectos. el jesuíta debía discernir. lo gue Dios no perm ita. el 19 de noviembre de 1775: en el m om ento de comparecer ante el tribunal de la infalible verdad. sin embargo de­ jan de lado estas cosas y —al dirigirse al cuerpo de la Compa­ ñía— centran su reflexión en la confusión que tales ideas (y las consecuencíáTcuIto políticas) pToducen en el cora­ zón de los jesuítas. la situación se discier. La verdad o la mentira^en ^35stracto. pero lo cierto que es preferible oír. Sin embargoJlama la aten­ ción cómo ambos Padres Generales —en sus cartas— no se onen a ‘discutir’ con ellas. por ligero que fuese. a la situacionalidad que tales ideas provocan. más bien que invitaciones a re­ currir a habilidades humanas. Estas cartas pretenden dar elementos de discernimiento a los jesuítas en tribulación. de obediencia. En fin. y otros después de él. las reiteradas llamadas a la fidelidad sobrenatural. el 21 de febrero de 1773. Ricci m o­ ribundo cuidó de leer. poco im portaría q u e~ fu S ejü p rimi3a7va que s e Habría hecho inútil para el fin para que había sido fundada”. De ahí que. pero ellos prefieren ir a la vida. una falta de energía y de habi­ lidad para valerse de todos los medios a su disposición para frustrar los ataques. pero para pedir únicamente la conservación de una Compañía fiel al espíritu de su vocación: “Si. 11 . de unión. mentira. luego. Saben de sobra que —en tales/ posturas— hay error. en el m om ento de recibir el viático en su pri­ sión del Castillo de Sant Angelo. a lo ambiguo de las situaciones creadas. en vísperas de m orir” (pp. 66. han censurado en Ricci una pasividad excesiva frente a los ataques de que su Orden era objeto. Es verdad que hay lucha de ideas. ignorancia. . por ella. etc. pre­ fieran --más que hablar de error. había de perder ese espíritu. sean de la Compañía o sean exteriores a oración. Más que argu­ mentar sobre ideas. es transformado en ‘misión’. exhorta también a la oración. era deber suyo protestar que la Compañía destruida no había dado nin­ gún motivo para su supresión. IV. Y term ina con una cálida exhortación páraTmantener en su plenitud el espíritu de caridad.”3. a la santidad de la vida.no es objeto de discernimiento. el regalismo. que él mismo no había dado motivo alguno. estas cartas recuerdan la.al cuerpo de la Compañía. en su planteo. y —por medio de ella—conducen a los jesuítas a pacerse cargo vo cación. Las ideas se discuten. En cambio la £rafus]ión^sLas cartas que siguen son un tratado de discer­ nimiento en época de confusión y tribulación. La^confusión anida en el corazón: es el vaivén de los diversos espíritus. Cordara.. nota 71).. ignorancia o mentira— re­ ferirse a Fa confusión. la ilustración.. y de sencillez evangélica. para su prisión” (ibid. . como a cosas esenciales en aquellas últimas horas de la Orden. lo declaraba y atestiguaba con la certe­ za que puede moralmente tener un superior bien informado del estado de su Orden. Parecería como si temieran que el pro­ blema fuera mal enfocado. Ella debe caracterizar cualquier otro compromiso que. Frente a la gravedad de esos tiempos. Detrás de las posturas culturales y sociopolíticas de esa época subyaciaTuña ideología-.

debía discernir. y no en la aparente tranquilidad de un equilibrio hvirnano o de una "opción por alguno de los elementos encontraposición. 12 . y no “buscar para tener” una salida que lo dejara tranquilo. en estas cartas. --w— s-"—____ "— __'~'-c ---(don de Dios). El recurso a las verdades fundamentales que dan sentido a nuestra per­ tenencia parece ser el único camino para enfocar rectamente un discernimiento. i oui^eleccióp: “el ojo de nuestra intención d e íé ser simple^ ¡j | solamente mirando para lo que soy criado. Este es el sentido más hondo de las cartas que siguen: un esfuerzo de la Cabeza de la Compañía para ayudar al cuerpo a tomar una actitud de dis­ cernimiento.componerse en su propia pertenencia. dadj ni el equilibrio a costa de ambas. El signo de que. hacen los PP. Y es propio del Supe­ rior ayudar al discernimiento. Además. Para evitar convertirse | ' en un veraz destructor o en un caritativo mentiroso o en un perplejo paralizado. 1 ' no es de extrañarse por el recurso que. EE. Generales a los pecados propios de los jesuítas.' . . Lo que sucede no es casual: subyace aquí una dialéctica propia de la situacionalídad del discernimiento: buscar —dentro 4 Cfr. Debía “buscar para hallar” la Voluntad de Dios. . En concreto: no era de Diosdefender la í verdad a costa de la caridad.”4 . los cuales —en un enfoque meramente discursivo y no de discer­ nimiento— parecería que nada tendrían que ver con la situa­ ción externa de confusión provocada por las persecuciones. San Ignacio lo recuerda frente a cual-. No le era lícito optar por alguna de las soluciones que negara la polaridad contra­ ria y real. 169.__había discernido bien lo tendría en la paz —■ —■ — ^ . Tal actitud paternal rescata al cuerpo del desamparo y del desarraigo espiritual. Finalmente una cosa más acerca del método. ni la caridad a costa de la ver.

J. por la persecución. Jorge Mario Bergogiio.P. pero se parecen. quien de esta manera pone en manos de tantos lectores esta joya de nues­ tra espiritualidad..4 8 . . Al considerar los peca­ dos propios el jesuíta pide —para sí— “vergüenza y confu­ sión de m í mismo”s . 25 de diciembre de 1987 1 C fr. 257-307 y 332346. y —de esta manera— se está en mejor disposición de hacer el discernimiento. pp. 13 .. etc. Iulii De Meester. un mirarse solamente perseguido podría engendrar el mal es­ píritu de ‘sentirse víctima’. S. 1909. Rollarii.E E . hay confusión. Fuera. objeto de injusticia.. J. 6 Epistolae Praepositorum Generalium ad Patres et Fratres Societatis Iesu. 4 vol.de sí mismo— un estado parecido al de fuera. Las cartas que siguen fueron traducidas de su original la­ tino6 por el R. Ernesto Dann Obregón S. No es la misma cosa. En este caso..

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12. a nadie vituperaremos. más aún debemos pensar que es propio de la divina misericordia “corregir y castigar y azotar a todo el que recibe como hijo” (Heb. los prójimos. pide una mayor solicitud en adquirir aquellas virtudes que nos tocan especialmente: mortificación para no buscar las comodidades ^humildad para que pensemos v hablemos sen.(í tra afición a la virtud v a la perfección religiosa: pues desea una más fervorosa piedad hacia él. si­ no también el que nos reste en nuestras ocupaciones: con y que nos esforcemos en ampliar la gloria de Dios con los tra­ bajos emprendidos. En primer lugar pretende aumentar ciertamente núes. y a nadie culparemos: más aúnprocuremós hacer bien a todos por cualquier medio que podamos. con la que nos deleitamos hablando con gusto con él y que demos a las santas medita­ ciones no sólo el tiempo señalado en nuestra legislación. gracias a la cual a nadie dejaremos de querer.P.Carta del M. Dos ciertamente son las cosas que espera Dios de nosotros y que incesantemente pide. aún después que oramos tanto al Señor en los meses pasados.6). pide una más ardiente caridad para con . Lorenzo Ricci (26 de septiembre de 1758) a los padres y hermanos de la Compañía Sobre que hay que orar más a causa de las calamidades que oprimen y amenazan a la Compañía» 1.^ cillamente de nosotros :11a pobrezalcontenta con lo n e c e sa rio ^ 15 . con todo no de­ bemos dudar siquiera de que en algo se haya disminuido la divina misericordia.R. Aunque son muchas las calamidades que nos oprimen y muchas también las que nos amenazan.

puesto que la Santísima Virgen atiende prontamente a los que piadosa y confiadamente la invocan. 118. Padres y Hermanos míos carísimos. nosotrps. Por lo cual. 2.71). y pensé que nada mejor podía suce­ demos. Consuelo de los afligi­ dos. sobreabundé de gozo en todas nuestras tribulaciones. 3.ngs í[ ^ t t ^ a m o s ~ d ^ u ^ í a 3 a . Ella inspiró a nuestro Padre Ignacio el pensamiento de fun­ dar una nueva milicia. desearía que nuestras preces fueran presentadas por Aquella que es Ja más jarata de todas las creaturasj lá máspoderosa para con­ seguir lo que pide. oíd la voz de Dios que amonesta con amor. y no tengáis perezaTcíe volver deW evó a los megos. que aprendiera tus juicios “bonum mihi quia humiliasti me. Pero Dios misericordioso atiende también a otra cosa. le complace la fe con que nos refugiamos en El. Abogada nuestrá^ Esperanza nuestra. leagrada la humildad. según bien lo entienden quienes conocen los caminos del Se­ ñor: a él le complacen nuestras oraciones. Ojalá todos obtengamos el mismo fru­ to. Habiendo sabido por las cartas de la mayor parte de las regiones el gran fruto que la mayoría de los nuestros de las calamidades han sacado. a ía cuaí líamamos con la Iglesia. y la llamamos así con un suavísimo afecto del alma. y cada uno de nosotros podamos decir: “estuvo bien que me humillase. María. ut discam iustificationes tuas” (Sal. digo con el salmista “su vara y su bastón me han consolado” . ta obediencial que deseche toda excusa. ni más feliz. cuando él se postró a sus plantas depo­ .desprecie lo superfluo. y pare­ cería sTtemiefa que”sacados de las calamidades. De­ bemos confiar que ella estará presente con su auxilio en nuestra Compañía. Pero para que esos ruegos tengan más fuerza.

Esto no lo dejo libre a nadie sino que lo enco­ miendo a todos muy especialmente. pues. “Mil escudos (Mille clipei.por tanto la piadosísima Madre no despreciará nuestras preces. deseo y pido. Padres y Hermanos Carísimos. Tomás. tanto a cada uno como a la universal Com­ pañía. Cant. sino que volverá hacia nosotros esos sus ojos misericordio­ sos.niendo sus armas profanas. 4. igualmente siguiendo la tradición de varones piadosos la preparéis con una novena llena de piadosps ejer­ cidos con el siguiente fin: que la Madre piadosísima como madre Amantísima. que os propongáis celebrar con singular piedad la fiesta de la Santísima Concepción de la Beatísima Virgen María. 5. sea la defensa de nuestra Compañía. y ojalá pudiera a cada uno felizmente encomendar. Así pues. No señalo los peculiares actos a hacer durante los días de la no­ vena. lo que no dudo haréis cada uno de vosotros. rogad con empeño a la Amantísima Madre. que inspire a todos el espíritu de su Hijo. De ella llegará todo bien. Por consiguiente vayamos a Ella. pues yo podría prescribir menos de lo que estáis dis­ puestos vosotros a realizar. que continúe demostrando su singular patrocinio. si tal vez haya languidecido. 4 )” penden de ella. a m í especialmente el más necesitado. Ella recibió en sus brazos el día de la Asunción. ella llenó de innumerables beneficios a sus alumnos. no sea que a la Orden cuyo gobierno me ha sido encomendado o a m í mis- . a la Compañía. Así. que revivan su devoción a la Santísima divina Madre. como dice Sto. para repeler todo miedo y calamidad. Queda al arbitrio de los Superio­ res prescribir algunas preces o piadosos ejercicios dentro de nuestra casa.

siervo de todos voso­ tros en Cristo. 26 de setiembre de 1758 RR. Padres y Hermanos Carísimos.mo cause algún daño. Lorenzo Ricci 18 . Por lo cual desearía ser encomendado en los Santos Sacrificios y Oraciones . En Roma.

Y ciertamente nada hago con más gusto ni con nada me quedo tan reverente como cuando pienso para mis adentros que tal día y a tal hora la Compa- . Pero este año me siento advertido por vosotros mis­ mos. sino 7jue~Tiagr^nj£ insistirmas~eñ. /sobre que no hemos de señalar un tiempo a la divina misericordiaTni señalarle el día de su conmiseración. Como sabéis el año pasado imploramos la divina cle­ mencia con preces dichas en común.Carta del M. Aún más. Ni abrigo la menor düda de que el Padre de las Misericordias miró benignamente desde el cielo nuestras preces y lágrimas que le eran acercadas por ministerio de los ángeles. 4. 2. según pienso a toda la corte celestial habrá sobremane­ ra complacido aquel espíritu de humildad y compunción con el que nos hemos postrado ante el trono de la gracia. Pe Jgi constancia en la oración por las tribulaciones de la misma Compañía. Lorenzo Ricci a los Padres y Hermanos de la Compañía (8 de diciembre de 1759). y si no nos ha sido concedido lo que pedíamos. ciertamente acercaron a nuestro espíritu la consolación y otros bienes es­ pirituales.R. y con humilde corazón esperamos en nuestras tribulaciones la consolación del cielo.P.la oraciónjia sta que llegue el "auxilio oportunoerTTattibulaciórT) Y por tanto tácitamente me^ogáis^que ordene^a toda la Orden nuevas rogativas para contener las iras celestiales.

que penetran los cielos siempre agradables a Dios. la divina misericordia. 7. fervorosas y llenas de fe-. condición es que^no os apartéis de su presencia. al cual argumento el que lo estudie en San Lucas. 16. Los beneficios divinos son concedidos a la perseverancia de las oraciones humildes. los hombres con la importunidad-ele un amigo suplicante. si constantes perseverareis-£ji los ayunos y oraciones ^ delante del Señor” (Cap. púlsate et aperietur vobis” (Mt. ni hay entrevosotrojt u n p a d re janduro e insensible a ouienlid^eníairfíñaím éntelorníegos de . el mismo Cristo lo prueba y como que nos lo pone ante los ojos con argumento suavísimo. 3. ¡Qué eficacia tenga la perseverante oración. Por eÜo tened por cierto ^ que alguna vez ha de ser conseguida la divina misericordia ^ del Padre. sabiamente nos alienta a obtener sin duda lo que pedimos precisamente siendo constantes en el pedir. *“£ ni interrurnpáisjDor tedio o cansanciolórpiadoso que fue comenzado. Pues espropio dé Magnánimo ser tocado por los clamores de los necesitados que piden su ayuda-. que le están diri­ giendo los ruegos de los humildes. se inclina a aliviar las mise­ rias de los mortales. no podrá menos de conseguir una fe certísima.24). lg.12).ñía entera está ante la presencia de Dios. lla­ mad y os abrirán” (Mt. buscar y llamar: “ Quaerite et invenietis. 7 y J. “Pedid y se os dará. buscad y encontraréis. con muchí^ jp /s im a verdad decía Judit: “Sabe^L que Dios_oirá vuestras oraciones. dice él. 7. y finalmente quien de ninguna manera puede engañar la fe de lo prometido. Son vencidos. y que al mismo se está ofreciendo el corazón contrito y humillado que El nunca desprecia. por su naturaleza. petite et accipietis.7). Y es así ciertamente Padres y Hermanos carísimos. y 4. 4.

u njiijo que ruega y pide. perosóbre todas las cosas. (^espíritu de piedad y de religión. ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará Espíri-/ tu Santo a los que se lo piden?” (Le. ante quien nuestras súplicas no son molestas sino suaves y gratas. o a los bienes que de él se sigueñ^este bieñ~és de tal ma­ nera excelente.13). en la Compañía. 5. cuya naturaleza esl)ondad. como si nada más debiera ser pedido en gran manera: pues si queréis atender o a su particular dignidad. de desprecio del mundo y de nosotros mismos. ^ fc~jO ''A * * 0 ¿ ¡<x O y ^ c í ^ ^ . Y no os admiréis de que yo tanto me preocupe de es­ te único espíritu. y de perfecta sumisión a su voluntad^sj^íritu de observancia re­ gular. Y además muy bien sabe nuestro Padre Celestial o21 . a sabemespíritu de penitencia y compunción por los pe­ cados cometidos^espíritu de paciencia y mansedumbre en tificación. Y por cierto querría que en vuestras oraciones busca­ rais principalmente este Espíritu Santo del que El mismo ha­ bla. de Tuyo inclinados al maI7qu?lvo^podrá ante Dios. 6. sabéis dar cosas buenas a vues­ tros niños.ciadelruego vale tanto ante los hombres. con el que luego la conservó y la aumentó hasta este día. malos como sois. cuya beneficencia no se termina con sus larguezas. que fuera de él todos los otros bienes se ami­ n o r a n . Para resumir deseo que supliquéis aquel espíritu que Dios desde d comiengQ infuadió. sTvosotros. “Pues. de unión con Dios. Si pues la asiduidad y perseveran. 12. no habiendo amigo ni padre más verdadero que El. 11.. como dicFTáTEscntura7es"♦ jespíritu de gracia y de oración! (Zacar.10) sólo en el cual ^£_contiene el mejor de los regalos y el más perfecto de los dones.

fama y demás cosas vanas v perecederas. pero primeramente confesemos que nuestras calamidades ocurren por nuestras cyl-? ^ 0 * pas: y recibimos tales calamidades con humildad como man. ¡vuestras oraciones debeirTecqtrrer las otras necesidades de nuestra Úrdeñl como Cristo le ^ enseñó y es costumbre de la Iglesia.19) “No apa­ guéis el Espíritu” .tras penurias aue nos apremian y El mismo prometió todos los otros bien? ajquienes ante todo buscaran el reino de „Dios. Ciertamente que el Clementísimo Dios os • lo dará por vuestras peticiones. Por todo esto emplearé para vosotros las palabras del Apóstol: Spiritum nolite extinguere (1 Thes. ya sea por el^poco cuidado en lo referente a la piedad ya sea cumpliendo con ánimo un tanto remiso las obligaciones de cada uno. y también que el mismo espíritu se mantenga y acre­ ciente en nosotros. ciertamente podemos esperar que la divina benignidad nos será propicia~en otras cosas o asuntos " ~ 7. pero vosotros tened un cui­ dado diligente de que no se apague una vez. Cada uno muéstresejd ó c ü a la. que paternalmente nos castiga. dilectísimos. encendido. ya sea apeteciendo sin moderación comodidades. lo que siempre acontece por divina determinación. Además. Con ^sta preparación. guando esto aconteciere. y con las culpas privadas dé ocasión a las calamidades publicas. que se aparte de nosotros todoTo que excluya este espíritu de que hablé. ninguna más apta para ablandar las entra\22 . 5. Finalmente pacfié puede dudar desque Dios ordene sus providencias sobre nosotros principalmente^ este fin.jfoz divina. y ^ ^ ü ^ á c ilm e n te ^ n te n H é rá lo que^SiÓTÍ^^deT C aáauno treTTrafno seaqueponga impedivTnénto^fTaTgracIá celestial.l'l dadas de mano divina. 8.

esto se hará además de las preces y mortificaciones privadas que cada uno se im­ pondrá según su voluntad o mejor según la medida del ardor de su piedad. además de la acostum­ brada. usando las palabras de la Iglesia ro­ gadle que se muestre ser Madre. Finalmente los que no son Sacerdotes recen un Ro­ sario semanal por la Compañía. y ofrezca ella en sus manos vuestras preces a aquel que habiendo establecido nacer por nosotros.Nada se niega al que ruega en su nombre. habiendo sido consultado el Director espiri­ tual. 10. 23 . llamadlos en auxilio y tomadlos por vuestros peticionantes. en cuanto se pueda. Y porque las intercesio­ nes de los Saíitos^oíTcIe'mucKavalía. por nuestra Compañía. levantad vuestras ma­ nos y oraciones al cielo. 9. Cuando estos desfallezcan. Además en todas las mi­ sas se añadirá la oración Colecta “pro Congregatione et Fa­ milia” . Nuestro Padre oirá los votos de los añigidos según su costumbre.ñas de la misericordia de nuestro Dios. Ahora bien a todos mando lo siguiente. Falta que ruegue y suplique a cada uno que consi­ gan de Dios en mi favor ese espíritu que en otros requiero. y mucho desearía que estas Misas fueran dichas el mismo día. los hagan como preparación du­ rante nueve días precedentes al día de la Anunciación y donde no hubiere llegado a tiempo esta carta se escogerá otra Fiesta de la Santísima Virgen. principalmente las de la Santísima Madre. pe­ did en nombre de Aquel que se constituyó nuestro media­ dor ante el Padre e interpone por nosotros sus méritos . Finalmente que durante todo el año 1760 todo sacer­ dote celebre semanalmente una Misa. además del prescripto. Los superio­ res señalarán algunos ejercicios de piedad para que todos en común. se dignó nacer de ella. en atención a lo cual cada uno podría escoger el día sábado.

mi fortaleza y mi salvación. provoque un castigo de Dios. ni sea que sobre la inocente Compañía.lo cual hago de lo más íntimo de mi sentimiento. que dirija todos mis pasos en su presencia: por lo cual en gran manera me encomiendo en vuestras oraciones y Sacrificios. Lorenzo Ricci . 8 de Diciembre de 1759. por mis pecados. También deseo que pidáis que Dios sea mi luz. En Roma.

a ja suerte de los justos. cuanto que vuestro ánimo decayera y careciera dex paciencia y de confianza en PiosTPues en loqué respecta a Iá primera cáusa de temer. (30 de noviembre de 1761) De las causas de consuelo y del recurso a Dios en las calami­ dades.■" U ■A S . y esto mismo es propio de la eximia misericordia: en tiempo de tribulaciónjperdona los pecados a aqueUos que lo invocan élm pone penas en esta vida. siendo así que. Lorenzo Ricci a los Padres y Hermanos de la Compañía. En tantas y tan grandes calamidades en que la Compa­ ñía de Jesús es_apretada. '■ r'. Padres y Hermanos carísimos. como atestigua el Profeta. por justa y misericordiosa disposición de Dios.¡ •' ■v. “sonmuchas las tribulaciones de los justos” (Salmo 33. Innumerables causas de solaz emanan de esta sola fuente. Pero no debe am inorarla causacíe nuestro solaz el pensamiento de que no se propone ejercitarnos en la virtud tanto como castigarnos por nuestros pecados. ^ queTiadarsucedé sin suaprobación. /V que padeciera graves daños por la fuerza y multitud de las /c¡^ mismas. *. . * ^ / ^cíesulñfinito^mor para con nosotros. ' X“ 2.P. aunque ^^^ñ o T jrpecadores. +■ 0 o c. no tanto tem í. es decir en manos de un Padre amantísimo . aquí 25 ..R. inmediatamente se me ocurrió el J Salmo que dice: “nuestros destinos en la mano de Dia&”_e<¡. 20) nos d ? bemos alegrar de que la divina benignidad nos llame. A i •" v'_ ) i A C ’<A1’ 1. ‘ tán colocados.Carta del M. que todo se ordena para k« nuestrairtilidafl y~pTOveáío^és^ituaÍesrque todo se origíñar s .

si nuestra vida estuviere en tri­ bulación. ^ is J | 3. Para obtener este fin no hay instrumento más idóneo que el de la tribulación: en ella como con un fuego se purifi­ can nuestros afectos de toda mancha y vicio. y ju ^ u s tb s o je lj^ m in o que conduce a la vida. si estuviere en corrección podrá acudir a la misericordia de Dios. Ni se propone Dios solamente cambiar las terribles y menos útiles penas por levísimas y útilísimas. sino también para enriquecernos con los grandísimos premios del cielo. como dice Tobías en el c. se carece de la utilidad del mérito. pues. por otra parte vanísimos. en la cual. aunque los pecados se expían con penas mucho mayores. esto es. estrecho. Así pues. nos separamos con una cierta desespe26 . Pues si de los mismos trabajos que tomamos para gloria de D ios y salva­ ción de los prójimos buscábamos con. Las tribuía­ ciones tienen razón de precio con el cual sucede como si compráramos la vida gloriosa y cuanto más paguemos tanto más abundante gloria tendremos. una cierta tácita ex­ pectación comodidades o alabanzas humanas. tampoco reserva las penas para la otra vida. será coronada. con tal que suframos las tribulaciones enviadas por Dios con paciencia y humildad. en verdad. lo que es muy propio de nuestra naturaleza enviciada y no pocas veces su­ cede por engaño del común enemigo: en la tribulación ve­ mos que se desvanece nuestra expectación y cuando com­ prendemos que éramos engañados por aquellos bienes. vidaltañto más feliz cuanto más angustiosqsea~~el caminó. Es. III.borramos los pecados nuestros con penas mucho más leves y además la aceptación de los dolores se acompaña con el fruto de gran mérito. a imitación de Nuestro Señor Jesucristo y de los santos. 4.

gues la ceguera y la debilidad de nuestra na­ turaleza es más bien raptada por la presencia de un bien fal­ so que por la esperanza de un bien futurojD ado pues. por propia experiencia co­ nocemos que nos qüedá aquel uno. fa­ vor y^estima fbmentan el orgullo en las almas de todo hom­ bre. ty s vuelve cautos en el obrar y hablar. 5. y aprendemos a. Además la tribulación trae otra utilidad: nos hace hu mildes. sino trae la tranquilidad luégó cle la tempestad ^ In fu n d e a la ría luego délas lágrimas y llanto”. aplausos. y no permiten apetecer lo que entende C » o s se nos debe negar. para recriminar.lY cuando advertimos que los hom\o bres están con los ojos atentos. para que suspiremos por "Ta patriáfefiz en dónde no bien pongamos el pie.ranza de todas las cosas terrenas. sino que es acosada por angustias. 3. máíFrecuentemente y m ks^áiéntem ente clamamos a ‘El no^e alegra con nuesWa“ perdición. Pues~asf como alabanzas.atribuirlo todo a Dios de cuya fidelidad no podemos dudar. levantamos los ojos al^eñor. que nuestra vida presente no tiene ese bien. (Tob. y enciende^ afición a la oración. Dios secariTasTá^Tmas denuestros ojos. criticar y i L e % echar a mala parte a nosotros y a todo lo nuestro. no sea que demos ocasión a la mala i O crítica con nuestras palabras v acciones. su­ perados los /estímulos cTe la soberbia] llevan al conocimiento de nuestra bajeza. nos acosG tumbramos a cuidarnos. De donde también se sigue que tomemos tedio a esta vida miserable y levantemos la mente a las nostalgias de la II patria celestial. Finalmente cuando vemos <juejio hay ayuda humana para liberarnos de las an^justias.22) 27 . así también la desestima. el vituperio y el desprecio. 6. miedo” y dolores.

de cualquier clase que se-. vengan de cualquier causa y cualquiera sea el fin que ha­ yan de tener. nos conviene Contemporizar con ellasj más aún. Por consi­ guiente no hay^fazon para”quelas trlBíHacíoHés'nos tengan en intranquilidad a nosotros que tenemos la prescripción del Instituto de buscar en todo la mayor gloria de Dios. Padres y Hermanos Carísimos. como can­ ta la Iglesia. nos consuela en cualquier tribulación nuestra” (2 Cor. para ser colocada alguna vez en un dosel de la bienaventurada eternidad. 9. Las cuales cuan­ do las repaso con mi mente y confío que vosotros.3). si me manejara con alma de Santos. an. Y Dios_ye-ciertamente desde el cielo nuestras tribula­ ciones. sacaréis los riquísimos frutos que dije. que es primordial para los que aman a Dios. deben servir paraJa gloria de Dios. 7. ‘ ’ gracia. Y estas son las razones con las cuales el “Padre de las misericordias. Puesto que Dios labra como una imagen y semblanza de Jesucristo por medio de las tribulaciones co­ mo con un “buril con toque y golpes saludables” . Todavía añado una consideración para vuestro solaz. si las sobrellevamos como corresponde a los siervos de Díós. se alegra del triunfo no tanto nuestro como suyo. Es suficiente que derivemos a Dios el honor de nuestras tribulaciones. los santos se alegran con /líñ o so tro s nos esperan futuros compañeros en las consolaciones. si amamos a Dios. como ahora lo somos en las tribulaciones. 1. 8. ale­ grarnos vehementemente. Nadiejauede du­ dar j e que nuestras tribulaciones. y Dios de todo consuelo.7. Si a Dios pluguiere como forzar la enmienda de nues­ 28 . diría con el Apóstol: “ Sobreabundo de gozo en toda tribulación nuestra” (2 Cor.4).

Vfta observancia de las reglas^tfición a la oración. una esperanza digna de la divina potencia y benignidad.31). 36. ¿Quién de voso­ tros duda de que las Sagradas Escrituras nos dicen la causa y el por qué los hombres afligidos son liberados de los males porque esperaron en Dios? “ Los salvó porque esperaron en él. Donde se advierte que ninguno 29 . y.3 l. 35-37. Ni es difícil invocar la divina clemencia: nuestras co­ sas están seguras. 10. “Porque esperé en ti. 11.16) y en otra parte: “Porque en mí esperó lo liberaré”. 18-17. yo rogaría que nd a. en cuanto os sea posible. y promover celo de las almas. mortificación. ¿Quién no oyó que “Dios es el escudo y la protección de todos los que esperan en él” (2 Reg. Mientras me angustio por ellas.42) y también. Señor. 22. pero. CiertamenteJ>ios las más de las veces no permite que nuestras tribulaciones se prolonguen. humildad. tú me escucharás” (Ps.| partara su mano del castigo. y con nosotros tra­ ta como un padre qué por amor pronto retrae su mano del castigoT^ñcT sólo para “dar gloria a su nombre” . caridad. según es mi debili­ dad caigo por el dolor de las presentes y temor de las futu­ ras. con tal que tengáis colocada vuestra con­ fianza en él. y mi consolación sería que no me perdonara dolores ni aflicción. puesto que él conoce nuestra hechura. sin embargo lo que más temo es que flaqueéis en la pa­ ciencia y en la confianza.tros defectos {precisamente de este modojaum entar en no­ sotros el temor santo.P s.2). sino para obrar con nosotros 7'según la multitud de sus misericordias” (PsT50. dice el Profeta. desprecio del Fe-'J mundo. con tal que este fruto * antedicho de las tribulaciones siempre exista en la Com­ pañía. (Ps.

19.4. 2. 32-31).5. Ef. 32. porque “no hay diferencia ante la mirada divina liberar de grandes o menores males” (1 Mac. 22. Prov. 14. invoquemos “al Señor en la tribulación” y nos escuchará. nuestra experiencia nos enseñará también. 2 Reg. con tanto mayor ahinco lo hago cuanto mayores son las calamidades que oprimen y acrecen.T9)T^PoP consiguiente “lleguemos con confianza al trono de la gracia” . 36. 1 Mac. 3. “ que cuantos en él esperan no desfallecen” (Ec. y es rico en misericordia” (Ps.4). 61). 2. Ps.11. y ver. Job. Pero si no hemos padecido males mayores o iguales. si con su fe conseguirá que Dios lo rodee con su amparo? Además no pueden leerse sin una gran conmoción espiritual las palabras del capítulo segundo del Eclesiástico. es consecuente que nuestra fe debe ser mucho mavor de la de los antepasados nuestros. el que confía será levantado en el Señor y rode­ ado de misericordia” (Ecl.28. Y yo ciertamente sobrellevaría gustoso que todos los años de mi gobierno lo fueran de tribulación. 117. nos salvará de “ aguas abundantes” y de la angus­ tia” . si con­ memoramos cuántos de nuestros antepasados oprimidos por calamidades fueron liberados porque ciertamente esperaron en Dios.15. y comprender “que nadie esperó en el Señor y fue confundi­ do” .25.que verdaderamente espera es excluido: “no se rebajará al que espera. 12. 29. porque “Dios es poderoso para salvar de todo. pensar en todas las pasadas generaciones. 2. ¿Quién temerá que nos asalten los males que nos rodearon. y el capí­ tulo segundo del Libro de los Macabeos donde se nos invita a pasear nuestra mirada por todas las naciones y gentes. Por lo cual como en los años pasados me hice presen­ te a cada uno para pedir oraciones. Sap. Lo que podemos conocer en todas las naciones y gene­ raciones. con tal 30 .

que los mismos fueran para vosotros años de oraciones y preces. penitencias tomadas espon­ táneamente y otras obras de piedad. no por eso dudaré de que sea omitido por alguno du­ dando de su piedad.20). delante de la imagen o reliquia de la Virgen. Tres son los ejercicios de piedad que he resuelto pre­ sentaros. vean lo que deben a la Compañía por la que fueron nutridos en la virtud. se haga un triduo por lo menos de media hora de oración por todos en cada una de nuestras casas. seguro ciertamente de que Dios nunca nos mezqui­ nará su misericordia. no contentos con éstas un tanto leves prescripciones. El tercer ejercicio será que antes de las principales fiestas de la Vir­ gen señaladas de Precepto. IT3. aún más. añadirán ellos mis­ mos más oraciones voluntarias. ni su misericordia de m í” (Ps. según aquello del salmo: “ Bendito sea Dios que no me separó de mi oración. 03. si no estuviere justamente impedido. El segundo ejercicio es que se digan las Letanías de la Santísima Virgen antes de las Leta­ nías de los Santos que suelen y deben ser dichas. Ade­ más aquellos más piadosos ante nuestro Dios. y ahí según su devoción y propósito implore que Dios sea propicio para con la Compañía. Implorad. Piensen todos que la calamidad pública a cada uno le toca. en la ca­ pilla doméstica o en la pública con las puertas cerradas. implorad an­ te el Padre y el Hijo suyo Jesucristo a los ayudadores y pa­ trocinadores: en primer lugar la Beatísima Virgen María de la cual nunca se ha oído haya sido abandonado quienquiera . cuiden no sea que por la culpa de uno padezca más tiempo la Compañía. jY si no se pudiere hacer en todas partes y por todos a una hora determinada y con la presencia de todos. mandaros: el primero es que cada uno ca­ da día visite una vez al Santísimo Sacramento. mientras no nos mezquine el espíritu de oración.

dirigid vuestros caminos según las san­ tísimas leyes de la observancia regular. (14. y a aquellos que en vida la honrraron con sus virtudes. y se aumente el amor de las virtudes. para que vuestra confianza sea firme. sus oí­ dos atienden sus gritos de auxilio” (Ps. 34 (3 3). esforzaos por conse­ guir el fin que se ha propuesto vuestro Padre amantísimo. i . para que vuestras oraciones tengan fuerza. pues “los ojos del Señor no se apartan de los honrados. ciertamente no hay otro más cierto ni más sólido. luego a los Santos Angeles Custo­ dios de nuestra Compañía. Esto escribí. para llevaros consuelo del modo que po­ día. 3). luchad por toda justicia. Endereza tu camino y espera en El. Por consiguiente. principal­ mente con aquel temor filial. “ Cuan­ do uno clama el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias (ib. que a través de las tribulaciones nuestras costumbres sean siempre mejores. y sa­ naría también mi dolor. y ahora desde el cielo la protegen.se acogió a su patrocinio. buscad a Dios y temed. cS . según aquello: Los que teméis a Dios esperad en él. para que multiplicados los intercesores Dios aumente en favor nuestro la abundan­ cia de su protección. y me sacó de todas mis tribulaciones” (ib. que aborrece toda ofensa de Dios aun la más leve. 15. Clamaron los justos y el Señor los escuchó. “Confía en el Señor y haz el bien” (Ps.-I S . a los santos José y Juan Nepomuceno. haced el bien. Busqué con afán al Señor y me oyó. que mucho se aumenta por causa 32 . 18). (-. que la Compañía escogió como especiales patro­ nos.16). y los sacó de todas sus tribulaciones. Re­ cordad que tienen fe los que temen a Dios. 5).)Finalmente desearía advertiros diligentemente que promete el auxilio de su protección no a cualquiera sino a las preces y clamores en la tribulación de los justos. 37 (36). ü í 1 •.

y usando aquellas pa­ labras del Apóstol. Finalmente ruego orando al cielo “que el Dios de la esperanza colme vuestra fe de alegría y de paz” (Rom. 12.13). Así pues voy a terminar. Lorenzo Ricci 33 . En Roma. 30 de Noviembre de 1761. 15. De todos vuestro siervo en C. que la espe­ ranza os mantenga alegres. sed enteros en las dificultades y asiduos en la oración” . (Rom.del vuestro. que brevemente concentran cuanto más profusamente expuse.13): y deseo intensamente que me encomendéis en vuestros Santos Sacrificios y Ora­ ciones. os rogaré “que os mantengáis en el espíritu fervientes. siempre al servicio del Señor.

.

con todo pienso que es justo os refresque la me­ moria.la. sea por.tribulación. Sobre la ferviente perseverancia en las oraciones durante las calamidades de la misma Compañía.^ que fácilmente el ánimo se acostumbra a estos males y de. Pero lejos de nosotros Padres y Hermanos carísimos tal faureza de corazoñl la cual como defraudaría o frustraría los paternos planes de Dios. ya porque algu­ nos otros no levantan sus miradas a la mano invisible que permite la tribulación. a pesar de que cuanto más dura más se agram_eL.Carta del M.1 sespera que puedan tener remedio. ya porque la divina Providencia manda que seamos humildes intérpretes e indagadores de sus planes.. también nos retraería de aquelloá 35 . sin embargo la misma duración del mal causa un cierto estupor. ya porque tal vez a algunos los estorba la tribulación pública más leve­ mente de lo que podría ser. porque o en nada o ciertamente poco los saca de sus privadas comodidades. así nos privaría de la alabanza y premio de la paciencia.maI. Esto sucede sea porque lo repetido no conmueve (ab assuetis non fít passio). Aun sucede que.de. Lorenzo Ricci a los Padres y Hermanos de la Compañía (13 de noviembre de 1763). 1. M 2. Aunque la constante acerbidad de nuestras calamida­ des de sí nos exhorte a una ferviente perseverancia en las oraciones. atendiendo únicamente a los golpes del flagelo. como si hubiera introducido dureza en los ánimos.R.P.

nunca olvidéis las palabras de consolación. para usar el dicho del Apóstol.12).4). del cual es muy propio que atempere las aflic­ ciones internas del alma las atempere con una cierta inefable suavidad.11). sino lo que quiere el mismo Dios? y fuera de lo que Dios quiere ¿qué puede placernos jamás a nosotros?______________________ 3. y así coincidiría nuestra voluntad con la de Dios. 3. Ahora bien. Esta tribulación. de tal manera. antes bien esta presencia se nota en la vida espiritual principal­ mente. de él es propio que nos haga fuertes y constantes pacientes en el dolor. ¿qué podemos querer sabia y útilmente. 9. no te enfades por su represión” (Prov. así como es de Dios. lo cual debe ser suficiente no sólo para que la tome­ mos con ánimo quieto v sumiso. Pero esta coincidencia de nuestra voluntad con lo que le place al Señor está lejos de terminar con los dolores. Porque ¿qué grato obsequio ofrecería a Dios el que con la costumbre perdiera todo sentido de dolor? Ni el mis­ mo divino auxilio extingue este sentjmiento d£. Por lo cual.^jercicIos de~píecradl: ahora bien esoslfecürsos piadosos si se usan incesante y fielmente. con las que Dios os exhorta como hijos queridísimos llevándoos a la paciencia: “Hijo mío no rechaces el castigo del Señor. así gusta a Dios-. reboso alegría en medio de todas mis penalidades” (2 Cor. nunca. pues “es justo que un mortal se someta a Dios y no quiera medirse con El” (2 Mac. 36 .las dolnras. que el Apóstol por la abundancia de dichas celestiales exclame para alguna alma santa: “me siento lleno de ánimos.¡Ni está bien que la tribulación destruya o disminuya la ecuanimidad con la cual se toleraría la misma tribulación. han de valer por fin tanto ante la divina misericordia que por ellos mismos nuestra tristeza se convertirá en pozo. 7. pero aun nos debería agra­ dar.

y hágase cada día la visita al Santísimo Sacramento. si de Dios que hizo el cielo y la tierra esperamos un auxilio que de ninguna otra parte puede llegar. Cristo. Padres y hermanos carísimos. y no haya pereza en clamar a lengua suelta en oraciones: “ Vuélvete. ¿hasta cuándo? ten compasión de tus sier­ vos” (Ps. repito. al menos algo conceda a su acostumbrada be­ nignidad . para que por tan constantes ruegos y suspiros de sus siervos se conmueva para ser oído al fin y vencido. Señor. después de haber anunciado esta fórmula de orar “ Hágasfe tu voluntad así en la tierra como en el cielo” . más aún: suave. a El recurramos de nuevo. hágase un triduo de oraciones antes de las fiestas principales de ella. en justificar con un fervor más intenso para que si no lo concede por nues­ tros méritos. 90-89. inmediatamente le unió esta otra: “ El Pan de cada día dá­ nosle hoy” para que aprendiéramos que también hay que su­ plicar la ayuda de Dios Padre celestial para las cosas tempo­ rales. Así pues. Por lo cual quiero e impongo que durante el año venidero todos ofrezcan los mismos ejercicios de piedad de los años pasa­ dos: récense cada día las Letanías de la Santísima Virgen María. Por lo demás como la conformidad cristiana con la voluntad de Dios en nada disminuye lo acerbo de los dolo­ res. Los gemi­ dos de nuestro corazón vuelen de nuevo al trono de la gra­ cia.4. no haya pereza. El uso de estas ejercitaciones es muy fácil y a propósi­ to para promover la piedad individual. 5. ¿Pa­ ra quién no es suave la invocación a María? ¿Para quién no 37 . así tampoco debe en algo disminuir el fervor de nuestras (»raciones.13). Porque el que por cierto es nuestro verdadero ma­ estro. 6.

sino pía y san­ ta el unir a sus preces. acaso ¿hay algo. Que si todos y cada uno de los hombres de la Com­ pañía fueren fervorosos en el servicio divino. y*. tanto más poderosas para conmover su misericor­ dia. Por lo tanto vehementísimámente deseo que vuestras oraciones estén adornadas y enriquecidas con este don. dice el regio Profeta. dejados de lado aquellos que en la familia de Cristo son tan sólo un número y no son recomendables por ninguna virtud. 15. no remisa. 33..” y en los Proverbios: “El Señor oirá las oraciones de los justos” (Ps. “ Cuando uno llama al Señor. la humildad. y elegimos como patronos nuestros ante Dios entre los hom­ bres que nos parecen más gratos a Dios. j . la confianza y perseve­ rancia. acaso algo al­ guna vez puede ser de tan grande precio. que todas las ora­ ciones juntas de toda la universal Compañía no sean capaces de obtener? ¿Qué veloz volaría nuestra oración al trono de 38 . lo—. y el Señor los escuchó.29). |Qué decir si nosotros mis­ mos somos imitadores o enseñados por la opinión común de los fieles en el rezo de sus oraciones: nos dirigimos con más confianza a donde encontramos mayor santidad de vida. El escucha y libra ■ r .ffero es con-! veniente recordar que las oraciones resultan tanto más acep­ tas a Dios. a saber con la santidad de las costumbres el cual don aunque puede ser tenido como algo externo a la misma oración. sin embargo de él saca la oración toda su fuerza intrínseca ¡pues­ to que es propio del alma no tibia.18).--------------------| de sus angustias” (Prov. cuanto más santo y más perfecto es uno en sus accio­ nes iPXc« justos clamaron. y los liberó de todas sus tribulaciones. os pregunto.— .es suavísima la presencia de Jesucristo? No hay por qué de­ ba preocuparme de que alguno la pase por alto. si tantos com­ pañeros como hay cada uno se sintiere en modo eximio amigo de Dios.

hombres que tengan recta intención no sólo acerca del estado de su vida. (Le. honores. que se puede pedir mucho a todos según la medida de la gracia que les ha sido comunica­ da. además. 10. no a todos se ha de proponer y exigir la misma perfección. y con tristeza lo sé. 40). cierta­ mente lo sé. estimación de mucho nombre. pobreza y dolores. hombres cuya mayor y más intensa afición sea buscar la mayor abnegación en to­ das las cosas.Dios y con qué certeza de traer de ahí los beneficios. Pero bien. la íntegra orden se reúne? entonces. lo que el mundo ama y abraza como delicias. y por cierto es riquísima la divina gracia comunicada a cada uno. hombres que a la más pequeña señal del superior estén dispuestos a ir a donde llama el mayor ho­ nor de Dios. a la misma hora casi. hombres finalmente que ardan en aquel “fue­ go” que Cristo “vino a traer a la tierra”. Sé ciertamente. las mismas que son el fundamento principal de nuestro Instituto. ¿acaso puede ser. que toda numerosa familia de religiosos. sino también acerca de todas cosas particulares. 12. pero también sé. sino que admiten y desean de verdad cuanto Cristo amó y abrazó co­ mo desprecio. Aho­ ra bien si Dios atiende los ruegos de un siervo fiel. vosotros mismos decidlo. si al tiempo de hacer la oración diaria ante el Santísimo. a todos se ha impuesto el mismo Institu­ to de vida para que cada uno aspire a un cierto egregio grado de perfección. que Dios no escuche los votos de tantos hombres que religiosamente le suplican? TKbicSH . o reci­ tar las letanías. derramarían sus preces hombres que sin­ ceramente aborrecen. las mismas a las que hay que dedicarse con más afición. por un cierto hado incombatible. Por ello cuando oramos deberíamos ser tales como lo piden las reglas que más arriba he recordado. y trayéndolo así la débil naturaleza de los hombres tie39 .

dispuesto luego a es­ cuchar nuestras preces. 18. o que el mismo Ignacio Fundador de la Compa­ ñía suplicará solícitamente a la Divina Majestad para que su obra se conserve? Entonces ciertamente. Así pues comenzaré por la humildad. Entonces si. “que vengan escándalos” (Mat. y tal vez quiere Dios que algunos cul­ tiven más perfectamente estas virtudes. 11.7). Padres y Hermanos Carísimos. dejada de lado la Gloria de Dios. Conocéis per­ fectamente. principalmente a aquellos de los que dice San Jerónimo que “por su pecado hacen que sea necesario el escándalo” .13). a esos conviene traer a la memo­ ria y seriamente pensar estas palabras del mismo Cristo-. no porque me proponga tratar ampliamente de ellas. que Dios nos lla­ mó y nos destinó a procurar y promover su gloria en la obra de su siervo Ignacio. Pero para precisar mi argumento.9). “ ¡Pero ay del hombre por quien viene el escándalo!” (Mat. si se cultivan según su voluntad. 40 . sino porque algunos pensamientos prácticos sugieren que son aptísimas para con­ seguir lo que pedimos. los nuestros definieran y pensaran que nuestros traba­ jos tuvieran como fin el honor privado de cada uno: ¿cuál de los nuestros tan vanamente se engañará esperando que Dios paternalmente vigiliará por la salvación de nuestra Compañía. pero a estos tibios hombres. sé que es “ necesario” según el anuncio divino de Cristo. 18. 12.ne algunos tibios y remisos-. entonces la Compa­ ñía se convertiría en aquella “sal sosa que ya no sirve más que para tirarla a la calle y que la pise la gente” (Mat 5. convendrá que to­ que tres clases de virtudes antes que otras-.

lejos de toda duda. de tal manera se de­ be desdeñar el honor privado. 15. ése. ¡Es muy fácil decir: A Mayor Gloria de Dios. de la cual nada llegue a nosotros. 14. con incansable voluntad de la salvación de las almas. Pero solamente con el fin y con la mira puesta en que de él se siga el bien del prójimo. no a nosotros. Finalmente nunca rogare­ mos a Dios con sincero corazón que su santo nombre sea glorificado. ojalá fuera tan fácil trabajar por la Gloria de Dios.13. ha de despreciar sus propias comodidades-. La pobreza es aquella otra virtud que parece llevar fehacientemente a la consecución del fin de nuestras oracio­ 41 . se esconda un perverso afán de alguno en particular . y que se desestime muchas veces la gloria que por medio de otros resultó para la religión. Pues además es mucho de temer que bajo el laudable velo de la común estima. no con menos estima de los demás. sino a tu nombre da gloria”. pero no con vergonzosos encomios de nuestros propios méritos. pero. y para que resulte una fuerza eficaz para ampliar la gloria de Dios. Ni nos engañe el honor de la Compañía. El honor de la Compañía debe ser cuidado con la pureza de las costumbres. a no ser que juntamente roguemos con David que ninguna gloria sea para nuestro nombre: “No a noso­ tros. no sea que el esplen­ dor público nos agrade si resulta del privado propio como suele suceder. Señor. sin que también aquellas palabras huelan alguna vez a vanagloria! El que quiera trabajar para este fin. Ciertamente digno de ser cuidado diligentemente y con todo empeño promovido es el honor de la Compañía. no con maledicendia. que el hombre mirando a sólo Dios plenamente se olvide de sí.

las ofrezca al Numen supremo.3). si después de derramar lágrimas de compasión por sus padecimientos al volver frecuentemente nuestros ojos a él. teme experimentar los efectos de la pobreza. si comparamos su pobreza con la nuestra. Y esto por cierto lo han experimentado muchas santas almas mucho más pareci­ das que nosotros con la divina imagen. 8. Mar­ cadas con esta misma nota nuestras preces penetrarán en el cielo. y se cubra de un justo rubor. y de la sujeción a los supe­ riores en el uso de las cosas. 5. Es verdad que nosotros hemos hecho voto de imitar a Cristo en la pobreza. Aún más fortaleció sus planes de cosas celestiales con dos consejos evangélicos de voluntaria pobre­ za: “Bienaventurados los pobres de espíritu” (Mat.27). Se sigue que los discípulos de Cristo deben ser conocidos por la pobreza como por una nota propia. Pero por lo menos a los siguientes puntos ha de llegar nuestra pobreza: que el jesuíta esté contento con la vida 42 .9). y para que finalmente Cristo tome la tutela de su Compañía decorada y aprobada por él con las señales genuinas. pero parece que ella debe circunscribir­ se con límites más estrechos. para que San Ignacio las admita como de hijos y no de extraños. 16. ciertamente habrá motivos para que se nos caiga la cara de vergüenza. si no pasa de los límites de la privación del poseer cosa propia. Esta frase sobre Cristo es insigne: “siendo rico se hizo pobre” (2 Cor. 17.nes. se preocupe confia­ damente de conseguir su éxito. habrá. 19. Pues si después de besar las llagas de Cristo Crucificado. siendo así que los Após­ toles mismos seguidores de Cristo con ningún otro argumen­ to confirmaron su profesión sino diciendo: “He aquí que lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mat.

acostumbrada en la Compañía, acomodada en su ajuar a los
pobres, como está prescripto por la regla; que, guardada en
todo la simplicidad religiosa, repudie constantemente las
mundanas delicias del lujo seglar; que aborrezca toda singu­
laridad, no apetezca nada fuera d élo necesario;que todo lo
superfluo y que está fuera de nuestros usos lo eche lejos de
sí. A este grado de perfección, que ni es muy alto ni dema­
siado arduo, todos deberían subir. Será fácil para cada uno
este ascenso si debidamente excitamos en nuestros corazo­
nes su amor, meditando detenidamente en la pobreza que
Cristo abrazó sin juzgarla su deshonra.

18.
La tercera virtud es por cierto la obediencia.- San Ig­
nacio quiso que por ella la Compañía se distinguiera de to­
das las demás religiones, como con signo propio; no debería
atreverme a hablar de ella dado que el mismo fundador de la
Compañía en su maravillosa carta explicó su naturaleza, dis­
tinguió sus grados, enseñó a practicarla, simultáneamente
demostró el modo de conseguirla, y nos proporcionó los ar­
gumentos más fuertes y seguros e incitaciones que nos invi­
tan a ejercerla con perfección; por lo cual me parecerá sufi­
ciente preveniros de paso para que no os estrelléis (choquéis)
contra algún error en asunto ciertamente gravísimo.

19.
Advierte el santo Padre que no está en manera algu­
na prohibido referirle al Superior si sostiene dQctrina
contraria a la suya; y en las Constituciones claramente
anuncia a todos que es lícito prevenir a los Superiores si algo
les hace daño, o algo les es necesario en cuanto a la comida,
vestido, ocupación o habitación. Por lo que a m í toca, Re­

verendos Padres y Carísimos Hermanos, es lícito que gocéis
de tan legítima, paterna y prudente indulgencia; pero os rue­
go que en la práctica no separéis de tal concesión las diversas
cauciones que la rodean. Pues ciertamente conocéis, como
lo enseña el mismo Ignacio el gran peligro de que el amor
propio nos engañe en cualquiera manifestación del propio
juicio contra lo ordenado por el superior. Luego hay que su­
plicar al dador y Padre de las luces si es que conviene repre­
sentarlo al superior; pero que no sea la oración hecha por
cumplir ni ansiosa; en cambio debe ser tranquila y propia
para oír y aceptar la voz de Dios; tampoco se tenga por avi­
so divino cualquiera falsedad de nuestro deseo. La ecuanimi­
dad de ánimo tan inculcada por nuestro santo Fundador de­
be darse antes y después de nuestra exposición; esta confor­
midad de espíritu debe tenerse no sólo para cumplir lo man­
dado —para la ejecución— sino también para conformar
nuestro juicio. Ni por cierto parecerá difícil esta indiferen­
cia de juicio a los que en las órdenes del superior ven la vo­
luntad de Dios.
20.
Para los que revuelven en su interior algunos pensa­
mientos contra el parecer de la obediencia les convendrá que
recuerden otros documentos de San Ignacio. Advertid cuán­
tas veces insiste en que no hay que hacer resistencia, no con­
tradecir, aún más no propalar la más mínima diversidad de
nuestro juicio con el del superior; que no se esté esperando
el expreso mandato del superior, sino obedecer alegremen­
te ante una levísima señal del superior; no trabajar para tor­
cer la voluntad del superior en conformidad con la nuestra;
al contrario dejarle a él la libre disposición nuestra y de
nuestras cosas; conformar nuestras voluntades con lo que él
quiere, donde no hubiere pecado, lo cual siempre se entien­
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de-, y cuando fueren mandadas cosas difíciles y según nues­
tra sensualidad repugnantes, hay que obedecer fuertemen­
te, con la humildad debida, sin excusación ni murmuración
alguna.
21. Téngase también presente aquella comparación con el
bastón de hombre viejo y del cadáver que es apta para des­
cribir la docilidad del religioso verdaderamente obediente;
vengan a nuestra prontitud y admiración los relatos de aque­
llos ejemplos de antiguos cenobitas, en que se contaba esa
voluntad y conato de obedecer para realizar no sólo cosas
inútiles sino también imposibles.
22. Finalmente cuando ocurra querer oponerse al juicio
de los superiores, por favor, presentad a vuestras mentes y
memoria aquellas tan suaves como eficaces razones, con las
cuales San Ignacio exhorta y ayuda a nosotros para obede­
cer perfectamente. Avergüéncense, dice él, los religiosos, avergüéncense los varones de obedecer por algún humano respero; mande Dios lejos de vosotros tan fútil y tan vil motivo
de obrar; sea el amor de Dios la causa única de obedecer;
por la obediencia devolvéis a Dios la libertad que él os dio;
se perfecciona no se pierde lo que ha sido objeto de la lar­
gueza divina. Con más verdad profesamos y exhibimos nues­
tra obediencia a Dios que al hombre, siendo así que el hom­
bre no es otra cosa que siervo de Dios, y como instrumento
vivo por el que se conoce la voluntad de Dios. Esta misma
virtud el Espíritu Santo la proclamó distintamente en las
sagradas letras, y Dios la aprobó con milagros algunas veces;
esta obediencia la ejercitaron cuantos santos hubo y Nuestro
Señor Jesucristo la abrazó para nuestro bien con ejemplos
admirables. La obediencia sembrará en el corazón todas las
demás virtudes y os unirá a todos con un mutuo y suave
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os manten­ drá bien defendidos contra el error del juicio propio. que desco­ nocen ni pueden experimentar los indóciles. Padres y Hermanos Ca­ rísimos. al verdadero amor. reconocéis no sólo los pensamientos sino las mismas palabras de vuestro Padre queridísimo. ella. Dará al alma tranquilidad y gran alegría. 24. ciertamente si no las unimos con nuestras oraciones. “Pusiste ante ti una nube para que no pasara la oración” 46 . una densísima nube por la que nuestras preces se­ rán interceptadas entre Dios y nosotros. el más recto sendero. luego rechazadas. pero cuando ocurra alguna repugnancia a los mandatos del superior. No queráis echar de vuestros cuidados su tan dulce exhortación. a cada uno de vosotros a un alto grado de gloria en el cielo. y para sí decirlo. pero conviene además fomentar las otras virtudes como compañeras de suyo. Y desde el mismo trono que ya ocupa con celeste esplendor. Acompañen estas virtudes especialmente a nuestras oraciones. 23. y os conducirán al felicísimo fin. a nuestro Padre Igna­ cio me refiero. según Jeremías. cuya única preocupación mientras vivió fue conducir por.vínculo. esta obediencia os acerca­ rá al verdadero conocimiento de Dios. la obediencia es lícito afirmarlo. ta­ les dones os gobernarán y regirán en la peregrinación de esta vida. va a suceder como si opusiéramos. ciertamente a la bea­ titud sempiterna. entonces principalmente recorredlas con vues­ tros ojos. ni tampoco de la memo­ ria. En este punto fuera de duda. Este estado de ánimo emparejará el camino de toda virtud hasta los más al­ tos progresos en el servicio divino. intermediarias ante el trono de Dios. os ruega y suplica con mucha instancia como antes en la tierra que os dediquéis con todas vuestras fuerzas a lograr esta virtud y a que os mostréis perfectísimos en ella.

y OO. Intro­ ducción): del n. Padres y Hermanos carísimos. Roma. 3. ya sea que muramos somos del Señor” (Rom. 14. 47 . Vuestro siervo en el Señor.SS. nuestra actitud. según testimonio de Santiago. RR.20).(Thren. Y siempre estaríamos (e. será tal que “valga mucho si es asidua” (5. En vuestros SS. 2. 280-281).5). (37 (36). 13 de noviembre 1763.PP. “custodia sus senderos” (Prov. 39). para conse­ guir para mí y los demás compañeros aquellas mismas virtu­ des. y HH.33) y robuste­ ce la debilidad. Lorenzo Ricci * En esta traducción hemos preferido m antener la numeración tal co­ mo está en la edición latina de la que la hemos tomado (cfr. dirige los “caminos” (Prov. carísimos. así preparados orad.44). 6 se pasa al n.10) será la imploración de aquellos “justos de quienes Dios fue la salvación” como lo di­ ce en el salmo el Espíritu Santo (Psal. y orad más que para apartar la tribulación. 9 (pp. no retira de ellos su mirada. de ellos Dios es “protector en tiempo de tribulación” . si pudiéramos dar con el Apóstol este testimo­ nio: “ya sea que vivamos. “ben­ dice las casas”. 3. Por el contrario nuestras preces estivadas y apuntaladas por las virtudes de todos nosotros mismos. me enco­ miendo. 12) contentos con lo que nos aconteciere.

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49 .S. y HH. Y ¿qué más oportuno pudo desearse para nuestra tranquili­ dad en estos inicuos tiempos que el hecho de que el Vicario de Cristo en la tierra —el que a El oye a Dios oye—se haya dignado levantar su voz para confortarnos y excitarnos a de­ fender y amar nuestro modo de vida? Ahora nos correspon­ de que saquemos todo el fruto que podamos de este singular beneficio de Dios.Carta del M. que nos consuela en toda tribulación nuestra. de nuevo aprueba y confirma el Ins­ tituto de nuestra Compañía. según es su eximia piedad para con los afligidos. Clemen­ te XIII 1. sino que en público demuestren una alegría con modestia y atemperada con la sobriedad y humildad debidas. Y en primer lugar abramos nuestros cora­ zones delante de Dios. por la cual nuestro Santísi­ mo Padre Clemente XIII. de la Com­ pañía de Jesús (16 de enero de 1765). afirmando los derechos divinos de la Santa Sede Romana. Por el contrario procuren todos no echar a perder este beneficio divino con alguna arrogancia-. Sobre la confirmación de nuestro Instituto por S. dando gracias al Dios de las miseri­ cordias y Padre de toda consolación.P. compadecido de nuestras cala­ midades. Lorenzo Ricci a los PP. Envío a Vuestra Reverencia un ejemplar de la muy re­ ciente Constitución apostólica.R.

2. y ordenará que cada Sacerdote diga seis misas y los hermanos otras tantas coronas por el Sumo Pontífice. lo que deseo vivamente. Ciertamente si todos los nuestros sacaren estos frutos de este regalo celestial. y acompañe con el au­ 50 . la autoridad que le fue conferida a él por el mismo Cristo. es oportuno que nosotros acompañemos este beneficio con una amplia significación de gratitud. para que Dios por largo tiem­ po conserve incólume al Pastor y al mejor Padre de la Igle­ sia. 4. a más de otros muchos. y el peculiar modo de nuestro Instituto así lo requieren. que le conceda toda prosperidad. se volverán dignos de más larguezas de la divina misericordia. de donde se seguirá que nuestro proceder y nuestras acciones y la vida toda se mode­ len con piedad y santidad. Corresponde además que el más grande obsequio nues­ tro a la Santa Sede Apostólica Romana sea una obediencia bien dispuesta y un excelente afecto. Que se dirijan a este fin to­ dos nuestros pensamientos y determinaciones. este solemne testimonio de su paterna piedad y benignidad. y píos y santos son los medios que propone para su cumplimiento. 3. finalmente así lo piden los muchos y singulares beneficios que nos han venido de la Santa Sede. Finalmente habiendo el Sumo Pontífice Clemente XIII dado. Acuérdense luego todos cuánto convenga que los que profesan el Instituto sean congruentes con él: como lo ates­ tigua el Vicario de Cristo en la tierra el fin que mira el Insti­ tuto es piadoso y santo. Así pues comunique Vuestra Reverencia todos es­ tos sentimientos míos a toda la Provincia. y no pense­ mos sea de despreciar alguno de los medios que se contie­ nen en nuestras Constituciones.

Roma. De V. Lorenzo Ricci .xilio celestial todos sus antas determinaciones. 16 de Enero de 1765. y oraciones.SS.R. siervo en Cristo. Y en cuanto a m í encomiéndenme en sus SS.

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por Jesucristo y su Santísima Madre. como en tiempo de los Apóstoles. Pero ni mi solicitud ni vuestras oraciones se vieron privadas totalmente del fruto deseado: la cons­ tancia de ánimo y la fortaleza inquebrantables ante las difi­ cultades. a quienes constituí principales aboga­ dos ante Dios para “importunar (interpelar) por nosotros” (Ad Hebr. lanzados por mar y tierra. con gran admiración de todos. 7. 1. demostración también de que Dios estuvo presente de un modo particular para fortalecerlos en las virtudes. tantas y tan grandes desventuras no sólo pacientemente sino gozosos y con rostro alegre. sobrellevaron. cuando éramos oprimidos por graví­ simas calamidades de todas partes. sin debilitarse por los infortunios. Ellos son una demotración de las ideas y de los principios en que se afirmaban y por las cuales eran regidos.25). y levantara mi ánimo para sobrellevar con fortaleza tantas adversidades. aunque agobiado por el dolor necesi­ taba más que todos alguien que me consolara en las amargu­ ras de mi alma. no me cansé de exhortaros a la paciencia con cuantas razones pude y a esperar la ayuda de Dios nuestro Señor en las tribulaciones. Años anteriores. (17 de junio de 1769). De cómo hay que prestarse más fervientemente a la oración dados los gravísimos peligros de la Compañía. expatriados. Sin embargo todavía no agradó a Dios sacarnos de nuestras tribulaciones. Lorenzo Ricci a los Provinciales de la Com­ pañía. o bien por53 .Carta del R.P.N. con la cual nuestros hermanos. no perdí las fuerzas para cumplir con mi cargo.

ello se haría sin provecho-. 141 (140). Confiados en esta esperanza no cesemos de clamar al Señor-. la Compañía entera es acometida con violencia. Pero cualquiera haya sido la causa y por qué Dios no del todo oyó nuestros votos. él a su tiempo escuchará nues­ tras oraciones. nuestra oración “ como incienso en la presencia del Señor” Sal. no se debe investigar demasia­ do. porque complacido en nuestra virtud apla­ zó nuestra consolación para tiempos más oportunos. Y en esperanza si sabemos que un Padre amantísimo no acostumbra rechazar y abandonar a sus hijos que esperan en él. 2. “hay que sufrir sus dilacio­ nes” con ecuanimidad. pues. Suba. Y como todos los actos de piedad antes encomenda­ dos. o bien.2): quiero decir de un corazón constreñido por el dolor y encendido por el fuego del amor. como es bien conocido. sino que. en los que se ha de insistir hasta que el Señor se compa­ 54 . porque no es que padezca una u otra parte de la Compañía. y se ha de esperar el tiempo de su compasión en paciencia y esperanza. para que nuestras preces sean según es la magnitud del peligro y se­ gún es el amor a la Madre de todos que se encuentra en gra­ ve riesgo. si permanecemos constantes en ayunos y sú­ plicas. 3.que no estamos totalmente libres de aquellas culpas a las que con corazón sincero debiéramos llamar causa de nues­ tros males. Ello hay que realizarlo más fervientemente porque a las pasadas calamidades tan duras por la permanencia y lar­ go tiempo ahora se presentan otras nuevas y están al llegar peligros más graves. es decir de un Padre amantísimo que todo lo dirige para nues­ tro bien y gloria suya. En paciencia esperare­ mos si pensamos que cuanto sucediere de adverso sucede por la voluntad justísima y por determinación de Dios.

desearía que al ofrecerlos los hagáis con todo el es­ fuerzo del alma y con la seguridad y fe de obtener lo pedi­ do. con ello no dejará de conmoverse siendo El benévolamente rico en misericordia. 28). Jesús que estaba dormido en la nave. El peligro mismo excitará el esfuerzo. 25. esto sucede para que nuestra fe deba ejercitarse. 8. Con tales palabras. o con aquellas otras palabras de los apóstoles cuando estaban por perecer en el mar en una tempestad levantada de repente: “Sálvanos. por qué duermes. como mostrando su corazón abierto a todos los trabajados y fati­ gados con la carga. Pongamos ante El sus promesas y juntamente las cala­ midades que nos agobian. “increpó” al vien­ to y tempestad del mar. en­ tonces no perdamos el ánimo. Ante estos llama­ dos.26). pero si alguna vez hace sordos oídos al recibir nuestras preces como si dor­ mitase. la seguridad y fe se aumentará invocando a la Santísima Virgen si pensamos que es Madre de Dios y Madre nuestra. la tempestad cesó y “se hizo una gran tranquilidad”. Pero cuando nos diri­ gimos a Cristo o en la diaria visita al Smmo. suavísimamente los atraía para que co­ rrieran a El como a casa de refugio y ayuda en los quebran­ tos. Siendo Madre de Dios tiene mucha valía para implorar con seguridad a su Hi­ jo. consisten en obsequios ofrecidos en determinados tiempos a la Bienaventurada Virgen y al Santísimo Corazón de Jesús. o en la fiesta del Corazón Sacratísimo de Jesús. siendo Madre nuestra quedará tocada y conmovida en gran manera por nuestras calamidades. Señor: levántate y ayúdanos” .. 11. que perecemos” (Mt. querría os acordarais de aque­ llas palabras que dijo cuando todavía vivía en este mundo: “Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados que yo os aliviaré” (Mat. usando con toda confianza las palabras del salmo: “ Levánta­ te. sino clamemos más fuerte. Y se debe atender a que el demasiado te­ mor no debilite o haga sucumbir nuestra fe y seamos dignos .dezca.

Todos tienen puestos sus ojos en no­ sotros. añádenseles los ejerci­ cios de virtudes y mortificación. con íntima oración pidamos con instancia que delante de Dios nos cuide con su auxilio como a hijos suyos a la Compañía que fundó. a fin de que peleemos las batallas del Señor y propaguemos su mayor gloria. es a saber todos vayan a orar durante una media hora en los días de la novena de nuestro santo Padre Ignacio. nos hemos convertido en “espectáculo para el mundo. para sacar un fortisimo argumento de defensa de nues­ tra vida dirigida por la norma de las reglas. ejemplos. Por lo cual con muchísimo afecto a todos ruego insistentemente. En estos tiempos. por una parte. por otra parte los adversarios para encontrar qué reprender en nosotros y en qué fundamentar. Una tal reforma también sería útil como una defensa. En cuyo momento todos postrados a los pies del óptimo Padre.de ser increpados como los Apóstoles: “Por qué estáis tími­ dos hombres de poca fe?” Pues nada destruye la fuerza de nuestras preces como nuestra poca fe. Desearía que se añadiera algo más a los ejercicios de piedad ya establecidos para hacerlos en adelante con todo el conato del alma. 4. 4. que podamos emplear. callada. para que de esa manera el Santo Padre se en­ cuentre y se reconozca a sí mismo expresado en la imita­ ción.9). ángeles y hombres” (1 Cor. todos nos analizan con cuidado. querría que durante esta novena cada uno apli­ que todas sus fuerzas. ut 56 . documentos que él nos dejó. Pero para excitar en gran manera la devoción. y estudie con sincero corazón cómo enmendar su vida según el plan. más que en ningunos otros. los amigos. usando las palabras del Apóstol. pero no por eso menos convincente. según la devoción de cada uno y parecer del superior. Pero para que nuestras preces tengan su fuerza. como nube se inter­ pone para que no suba nuestra oración.

según ¡ay! lo hacen en demasía. Siervo en Cristo. aquellos que nos miran con ojo censor. tanto que. sobrevestidos de Cristo según el dicho del Apóstol. De V. Lorenzo Ricci .operam detis. y muy especialmente me encomiendo en las oraciones de Vuestra Reverencia. nos encuentren que hablamos y actuamos y usamos tal modestia y moderación en el obrar y tratar. No quedemos contentos con una clase de virtud inferior que nos haga aceptos a Dios. no teniendo nada malo que decir de nosotros” . ut honeste ambulemus ad eos qui foris sunt. la cual desea ser defendida por nuestra santidad más bien que con palabras. Roma. por aquella tierna caridad que tienen a la Compañía. que queden obligados a reveren­ ciar nuestras obras los mismos que son más alejados de noso­ tros y de sentimiento enemigos-. “que el que contrario te respete. Hágalo conocer por todas las ca­ sas de su Provincia. antes bien procuremos que brille claramente ante los hombres.R. 17 de Junio de 1769. En­ comiendo estas cosas a todos con la fuerza que puedo y las espero de todos.

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1. con todo ha dado li­ bre curso a nuestras calamidades. Señor. Lorenzo Ricci a los Provinciales de la Compañía (22 de febrero de 1773).R. Sobre un nuevo llamado a oraciones en el sumo riesgo de la Compañía. 3. Veo con confusión que el Señor todavía no se ha dig­ nado extender su mano para levantarnos. Aconseja el santo profeta David que tengamos cons­ tantemente vueltos hacia Dios nuestros ojos.. Dios nuestro. que perseveráis confiadamente con oraciones.Carta del M. todo lo que nos hicis­ te. mi dolor me exige que con un nuevo impulso incite a lo mismo. Pero aunque el amor vuestro con la Compañía no ne­ cesita estímulos para ofrecer de nuevo al Señor rogativas. como ya en otras oportunidades lo pedí. Confío. 2. con recto juicio lo hiciste” (Dan. Y sin 59 . según es vuestro amor para con la Compañía hace ya tanto tiempo afligida. 123 (122). esperando su misericordia”(Ps. hasta tanto él movido a compasión venga en nuestro auxilio: “así están nuestros ojos fijos en el Señor. la causa de las calamidades las atribuimos a nuestras culpas y muy especialmente a las mías. Ciertamente nos ha dado muchísimos argumentos de su misericordia para con nosotros. . 29). y nosotros experimentamos en mil maneras su presencia y casi milagroso patrocinio. 2). y al Señor le digo en confesión sincera: “Hemos pecado. Adoro sus juicios siempre justos. Padres y Hermanos carísimos en el Señor.P.

aun cuando está airado. acordarse de su eximia misericordia. Así. y quiere. Pero por este mismo motivo el triunfo de su misericordia será mayor. para que se incline a la misericordia y conmisera­ ción. pues. que se acuerde de nuestra fragilidad y de­ bilidad. nos enseña cuán poco ha­ ya de confiar en los hombres.embargo ¿qué? ¿Acaso nuestro Dios. Mucho menos deben desestabi­ lizar nuestra confianza estos tiempos que nos aterran. si comprendemos bien los asuntos. y más. y vosotros juntamen­ te conmigo rogad. y que nuestras acciones de gracia se dirijan a nadie sino a él. si el mismo Dios es nuestro escudo y nuestra protección? Más aún para nosotros se convertirá en ganancia ser abandonados de los hombres. pongamos esperanza de auxilio. Con 60 . ni permite que pongamos par­ te de nuestra esperanza en otros. De este modo nos trata amantísimamente. Y nosotros ¿qué temeremos. que si su justicia quisiera mirar nuestros pecados. por consiguiente Dios se ha reservado a él solo dirigir nuestro cuidado. cuya naturaleza es bondad se olvidará de usar de su misericordia? ¿por ventura Dios se olvidará de su piedad? Antes bien hemos experimen­ tado que él suele. como quiera que Dios atestigua que quiere ser pa­ dre de los huérfanos y protección de los abandonados. nuestros pecados no deben impedir que confiemos ple­ namente en que Dios dará la gloria a su santo Nombre obran­ do según es su misericordia. suplicad que tengamos el don de aquel contrito corazón y humillado que él nunca desprecia ni suele alejarlo de sí. Sabemos que los actos de su misericor­ dia son más abundantes que los de la justicia y que de los otros atributos. supli­ cadle que los mire en su Hijo Jesús que tomó todos los pe­ cados sobre sí y que satisfizo por ellos con tal exuberancia. Completamente solos estamos y faltos de toda estima humana. nuestra confianza se debe fortalecer. como que será más claro y visible. que en nadie que no le sea agradable. Por lo cual a El ruego.

en los cuales se encuentra como una práctica disciplina para orar. todos saben que los daños pre­ sentes son enormes. según aquello que Jesús aseveró: “Si algo pidiéreis al Padre en mi nombre os lo dará” (Juan 16. De­ seáis que ella sea liberada de los males tan vehementemente. y esto no en voz baja. No hay por qué me detenga en expresaros cuáles y cuán grandes son las'afliccio­ nes que padece la Compañía. l). 120.semajantes afectos de humildad y confianza. El santo profe­ ta David en sus salmos. como grande es el amor que le tenéis. levantemos nuestros brazos y ojos al cielo donde habita aquel Señor que se gloría de ser llamado ayudador oportuno en las tribula­ ciones. pero vehemen­ tes y sinceros implorando auxilio y misericordia. 4. y así por cierto deben ser para que tengan la eficacia para acercar a nosotros el corazón del divi­ no Padre. Con todo ¿quién puede dudar de que estas oraciones se hacen en nom­ . el cual debe ser tan grande cuan grande es la tribulación que se pasa y cuan grande y cuan vehemente el ansia de la liberación. 3. sino en voz alta y con clamores: “Desde las profundidades clamé hacia tí. Tales vociferaciones y clamores significan el fervoroso esfuerzo con que se debe orar. La oración debe además ser fervorosa. Y con razón: ella os enseñó el camino de la salvación. Señor: estando atribulado clamé al Señor” (Sal.d e l mismo modo en otros lugares se sirve de esta manera de ha­ blar. no puede haber beneficio mayor que ese y que más pueda interesaros. Por lo demás nuestros ruegos deben ser hechos en nombre de Jesucristo. (119).23). muchísimas veces repite que él suplica con instancia al Señor de lo más profundo de sus tribulaciones. y enorme el temor de los futuros.

Y nosotros ¿qué otra cosa pedimos cuando levantamos nuestros corazones a Dios por la conservación de la Compañía y por nuestra perseverancia en la misma? Roga­ mos al Señor que nos permita perserverar en esta vocación. como resulta claro a los que las consideran atentamente.bre de Jesucristo? Pedir en nombre de Jesucristo. como ex­ plica San Agustín. ¿Cuánta fuerza ad­ quieren nuestros ruegos cuando son acompañados con la inocencia de una vida santa y con actos de santas virtudes? 62 . acumularon mutitud de méritos y merecieron singular gloria y felicidad en el cielo. otras extrínsecas valen muchísimo para fortalecerla y para aumentar su eficacia. me refiero a leyes sacadas de la divina sabiduría y escritas a la luz del santo Evangelio. pedimos con­ formas nuestras ideas con las leyes. santo. y sumamente apto para promover la gloria de Dios y salvación de las almas. pedimos se nos obtenga cumplir fielmente lo que prometi­ mos a Dios cuando le dirigimos nuestros voto. que nos prescribió nues­ tro santísimo padre. de esta manera lo designó la Iglesia y también los Vicarios de Cristo. estos santos sin duda gra­ cias a la observancia de las reglas. Pero además de las recordadas condiciones intrínse­ cas de la oración. pedimos con nuestras súplicas se­ guir la pisada de los muchos Santos canonizados y de tan­ tos hombres de eximia santidad. en gran manera fructuoso. es pedir lo que conviene y conduce a la salvación eterna. por la que fuimos destinados a este Instituto piadoso. ardiendo en el gran ardor por la salva­ ción de las almas. para ello fue ilustrado por una luz divina. laudable. ¿A cuán grande esperanza debemos acceder con la conside­ ración de que nuestras súplicas están hechas verdadera y propiamente en nombre de Jesús y teniendo presente que con las oraciones hechas en su nombre no pueden dejar de conseguir lo pedido? 5.

con prudencia y evangélica simplicidad en el obrar. intro­ duciendo el contrario espíritu de faltas de observancia. pesadumbres. pobreza. Vivificad pues. y los Santos que invocamos y cuyo auxilio nos hemos con­ cillado. Si sucediera que ella fuera despojada de este espíritu. mucho más gustosos los ángeles las llevarán ante el trono de Dios. con mutua caridad entre vosotros mismos. 6. haciendo diligentemente todo acto de piedad. vuestras oraciones. traerían la ruina segura de la Com­ pañía. con el más grande perjuicio para la gloria de Dios. rebeldía. tanto mayor eficacia y valor lograremos con nuestras oraciones. Pedi­ mos a Dios la conservación de la Compañía así delineada. dis­ cordia. Por lo cual cuanto más avancemos en la amistad con Dios. ultrajes. ellos ahora aman más el Instituto que los condujo a la gloria y con una solici­ tud mucho mayor cuidarán una respuesta favorable a los pe­ didos de los que más fielmente cumplen con el Instituto. porque resultaría inútil para el fin para el que fue fundada. con el buen ejemplo en obras y pías conversaciones. en verdad que nada importaría que dejara de existir. principalmente San Ignacio y tantos otros va­ rones de la Compañía que viven en el cielo. soledad y separa­ ción. osadía. sal­ 63 . con aguante en los trabajos. Los que se dedicaren a extinguirlo en otros. lo que Dios no permita. Padres y Hermanos carísimos.Más benignamente son recibidas y más fácilmente obtienen lo pedido las postulaciones hechas a los príncipes por hom­ bres que les son gratos. con mayor atención juntarán sus fuerzas con nues­ tras preces. también obtienen grandísimos be­ neficios las oraciones de las almas inocentes y santas ante Dios y tanto que algunas veces se alteran las leyes de la na­ turaleza y se obran milagros por su intercesión. con obediencia y respeto a quienes tenéis en lugar de Dios.

y la causa única que me movió a escribiros esta carta. y finalmente por vosotros mismos. que desearía se perpetuara en la Compañía. Ved aquí. más que por él por ningún otro debéis in­ quietaros. por el bien que os interesa máximamente. por el bien queridísimo por vosotros. Pero libre Dios de que uno solo de ésos subsista entre vosotros.vación propia y de los prójimos. en favor de la mis­ ma religión pido. Lorenzo Ricci 64 . y el amor con que ca­ da uno abraza a la Compañía. mi ruego. 22 de febrero de 1773. con to ­ do encargo que se continúen las que en otras oportunidades señalé. Siervo en Cristo. Roma. Padres y Hermanos carísimos. 7.W . No me propongo ordenar más oraciones. Dejo al arbitrio de cada uno las oraciones extraordinarias que pi­ den las calamidades de estos tiempos. R R . También podrán ser ordena­ das para determinado tiempo por los Superiores. Os pido oraciones en nombre de toda la religión. Sólo resta que me encomendéis en vuestros sacrificios y oraciones. de un modo especial la diaria visita al Santísimo Sa­ cramento.

malos tratos. que todos cuantos gozan de ser hijos de la Compañía y de San Ignacio estén con el temple y preparación para no so­ lamente cumplir con alegría los deberes de su vocación y to ­ mar cualquier otro trabajo en ella. sino también para tolerar con entereza lo adverso. destierros que para los hombres son un 65 . despojos. y HH. sin embargo me parece que los tiempos en que vivimos piden que asegure a los muy animados. tal cual estaba en la cruz. Pues esto el Santo Padre nuestro comprendió por luz divina desde los mismos comienzos de la Compañía. Ciertamente no sé si antes alguna vez. a lo cual se añade abundancia de calumnias. afrentas.R. RR.Carta del M.P. Sobre las tribulaciones y persecuciones. según mi capacidad. le prometió que sería propicio a él y a sus compañeros y lo que sabemos que el mismo padre nuestro después pidió y solicitó con ahinco es que la Compañía no careciera de tribulaciones: esta fami­ lia no solamente consiguió antes esto y no poco. reanime a los un tanto débiles y finalmente que no omita consolar a todos con la palabra del Señor. sino que por cierto lo experimenta abundamente en estos tiempos nues­ tros.PP. al mismo tiempo y en tantos lugares juntamente se haya levantado contra ella y su nombre tan universal envidia y odio de gente malévola. carísi­ mos. Aunque no hay por qué dude. y aun desearlo por inspiración de la divina gracia y recibirlo con gozo. Juan Roothaan a los Padres y Hermanos de la Compañía (24 de julio de 1831). cuando el Señor. 1.

propalan mala fama de nosotros.11) y de nuevo: “felices vosotros cuando os odien los hombres y os expulsen y os insulten y propalen mala fama de vosotros por causa del Hijo del Hombre” (Le. y lo que es como un compendio de todos los vejámenes y juntamente riquísima fuente. . pues.. Pues tantos de los nuestros.22). o si más cosas semejantes se preparan para los nuestros. a señor lo que piden los tiempos y es digno de nues­ tro nombre y vocación. me determiné a ha­ cer por medio de una carta lo que no me es posible en vues© _ ■f tra presencia y a viva voz: exhortaros del mejor modo que ‘c ' ó ^ . regalo de Dios. 2. Padres Reverendos y Hermanos Carísimos. ni veo qué otra cosa nos puede indu­ cir a abrazar más estrechamente nuestra vocación con sumo afecto y a dar gracias a la Divina Majestad. 5.mal. . Por­ que verdaderamente nos maldicen y nos persiguen. pero ante Dios un bien. y es líci­ to dudar de la perspectiva del fin. y por cierto lo dicen mintiendo. os persigan y os ca­ lumnien de cualquier modo por causa m ía” (Mt. como no ignoráis.• . a puedo. . como la siguiente consideración: el que la suma bondad nos haya conducido. han experimentado mucho de esto en varios lugares y en el espacio de un año. Dios y nuestra conciencia son tes­ tigos de que no profesamos una vida dedicada a los crímenes que no cesan de acumular contra nosotros. con los cuales van divulgando y a muchos ignorantes persuadiendo de que 66 . tal vez sin saber nosotros qué nos acontecía. 6. Y en primer lugar todo esto es por cierto digno de la mayor congratulación. . . a una Compa­ ñía que mereció tener tanta parte en esa gloriosa suerte que el Señor se dignó distinguirla con el nombre de felicidad: “Felices vosotros cuando os insulten. no sin gran consuelo vemos que aque­ llas palabras del Señor se cumplen en nuestra familia. Así.

noií’sooaos hom bi^ rsino moiistruos prodigiosos de hritnv bres. y confieso ¡ de verdad que 3 10 puedo pensar en esto sin cierta confusiéi*: íntima . i * ¡-¡ij Verdaderatnenté también nos segregan y nos ponen fiíera de derecho y de justicia. Por consiguiente el que así rvós suceda con el mundo que tanto odió antes a Cristo y el que. i : ' i . se) os. lo demuestran porque nos persiguen abiertamente con el mis­ mo odio con que persiguen ál Vicario de Cristo Jesús.¿que me hayaís ? querido: hacer partícipe de esa tan grande gloriad Y ¿de dónde aim í que te hayas dignado-contar en da suerte éeicarísi. .' mOs y fidelísimos siearvosf. no sólo creyendo ere él sinó sufriendo por él (PKIip: 1$£). Y ¿quién «oy yo. esto démuestían ppr sus palabras y modo de obrar que a nuestro hombre lo unen ya con los que siguen la piedad y la fe. siendo perversos abp^recedo^es de toda Aa Igle­ sia. 67 . que ellos se ufanan en proclamar en favor del resto de la humanidad. abiertamente convictos y con1denados sin examen de causa. . ha concedido el j^vilegiócde éstafvál lad® dé Cris­ to. a nuestro nombre lo repelen por ímprobo y no por otra causa sino por la del Hijo del Hombre que se nos dignó llamarnos a sü participación. a su santa Iglesia y a cuanto de santo. tuyos P-Ciertamenise el Apóstol pandera este beneficio eon estas palabras* Mpwjr«qpe a voso­ tros. como-que rtos tuvieran por facinerosos. Señor. puro y cristianamente pia­ doso existe. como a quienes se les debe rtégar la! libertad y la tutela de las leyes. 3. . seamos llamados a ta n noble parte de afrentas «feuilUcniz derCristo es razáu para que nos glonemosVPackes ytHetmaftQs:carísimos. i.en mi alma. mina y peste de la sociedad. a es­ te santísimo nombre lé declaran la guerra y odian.

. 12) pues dice: “Dichosos vosotros cuando os insulten. Tan lejos esté que alguno de nosotros estime me­ nos el gran beneficio de la vocación a la Compañía. . Aun­ que ni de esto tampoco quiso el Señor que carecieran sus atletas. cuando os veáis asediados por pruebas de todo géne­ ro ” (1. si excepcionas únicamente el placer del gozo purísimo. PP. al menos “en esperanza gozando” (Rom 12. RR.16). dichosos vo­ sotros.Y Pedro exhorta a los que sufren vejámenes por el nombre de Cristo: “Si os escarnecen por ser cristianos. 14.2). El que atentamente y con mucho cui­ dado analizara la fuerza de estas palabras. que por eso mismo la admiremos más y aprendamos a juzgar tanto más preclaro y conservar con más cuidado un tan precioso don de Dios.30) o porque insuficientemente apo­ yados en Dios. sentiría que ape­ nas ni en el cielo se podría encontrar algo más grandioso. 7. Aún más. sea este nuestro primer pensamiento. eso indica que el Espíritu de Dios reposa en voso­ tros (1 Pet.14. porque la vea como el signo de contradicción. 4. ya sea porque “temieron el viento fuerte” (Mat. no estuvieron bien “arraigados en caridad” 68 . 4. estad alegres y contentos porque Dios os va a dar una gran recom­ pensa” (Mt. en Cristo carísimos. 5.4). Por cierto que se ha de deplorar con amargas lágrimas el in­ fortunio de algunos pocos que lamentamos arrancados de nuestras filas por la tempestad. como lo decía aquél: “me siento lleno de ánimos. pensamiento digno de un hijo de Loyola conforme al dicho de Santiago: “Teneos por muy dichosos. y HH. Así pues. digno de un compañero de Jesús. reboso alegría en medio de to ­ das mis penalidades” (2 Cor. concede gozar a algunos más fervorosos de las alegrías ya preparadas y gozos presentes en los mismos tormentos de la cruz. hermanos míos.12).

¿acaso tanto nos podemos lisonjear y contentamos de nosotros mismos que lleguemos a persuadirnos de que somos tal cual nuestra vo­ cación nos pide? ¿Habrá alguien entre nosotros que parezca fácilmente satisfecho de sí mismo en cierta mediocridad de virtud. como decía nuestro santo padre. hacer to ­ do bien. sufría no poca bondad y de poca estima en la vida común de los hom­ bres. pero entre nosotros debía ser tenida por poco y nada? ¿y si eso se compara con lo que requieren de nosotros El Instituto. con todo podemos y debemos pensar que mientras el mundo nos aborrece con el mismo odio con que persiguiera a Dios mismo. Y es que unamos una verda­ dera y profunda humildad con un espíritu alegre y exaltado por el bien de la causa. las reglas. padecer mucho y así perseverar hasta el fin”. si ante los hombres no son tan graves. sí lo son ante los ojos de Dios purísimos y más penetrantes que el sol. nuestra contraseña “Ad maiorem Dei Gloriam. Pero esta inconstancia y triste ruina de algunos pocos que recientemente recordé me sugiere otro pensamiento el que vehementemente querría excitar en vostros con ocasión de los vejámenes que sufrimos. 3. como con razón dijera San Bernardo: “juzgo vida digna.17). lo cual. no de todos. de la religión y de los pade­ cimientos por Cristo. Padres y Hermanos carísimos. o. culpas tal vez que. Pues ciertamente nada puede haber más glorioso que la causa de nuestra vocación. por ello me­ receríamos padecer todo lo que sufrimos y más también. pero a lo menos de algunos.(Ef. Pero que esté lejos de cada uno de nosotros la deshonra de ofender criminalmente nuestra gloria. digo. puede suceder que Dios haya dado potestad al mundo para vengar nuestras culpas. Pues qué. lo que es lo mismo la causa de la virtud. 5. el noble “Compañía de Jesús” que nos distingue y 69 .

15.á.d¿ las propias comodidades? ¿Cuán grande 61 de­ seo y lftr?toíar8ncia<de los sufrimientos por Cristo? ¿Cüáñta la prontitud y perfeeciósrde la obediencia? ¿Ctíánta la püre1 za en angélicavidaapostólica. Pó¡r cierto qué sus pálabfas son como piwa despertar y sacudir alrperezoso o dormido: ‘•“todo sarmiento mío que no da fruto ío corta el Labrador1 celestial. .: sinceridad de intención? ¿Cuánta nuestra familia­ ridad y Uíiión coa P io sen lao íació n y en el*trabajo? ¿Cuán­ ta la desestima de cada uno de nosotros en cuanto al nom­ bre.2). pregunto. para que nos humillemos bajo la mano de Dios nen las tribulaciones que ya padecemoso tememos para . flórécé y merece:una más abundante ayuda. ■ ■ ■ .finalmente los insigne^ beneficios que Dios nos ha dadó? ¿Cuán gr^p^le debería siec. en todos nosotros la jectitv^fy. fama. no p o r cierto arbitrariamente sino conformé con aquellas leyes que nuestros antepasados nos dqárón. dmiia? De m í confieso de. y toda apariencia de mundanismo? ¿Cuánto el . sólo ett las cuales principalmente se rháritiéne firme. para adquirir una virtüd sólida y perfecta.Séfior haya de­ terminado i “purear su parcela” . cüáñtá destreza? ¿Cuán grande finalmente el Cuidado de cumplir cón el deber.de Véz él* euattdo téíftó qué Nuestro Señor juzgue que su Compañía necesita no solamente probación si­ no? purgación por la 'negligencia de algunos. 22.despa?e<aa. amor a >la salvación de lós prójiriios.verda4 que. el segundo sentijniento que deseóse avi­ ve e n nosotros. y láausettcia de culpas leves? ¿Quinta la ^ohcorddavy anión de Caridad entre nosotros? ¿Cttán grande el. de pocos tal vez .31)5y por eso también e!. que. los que dan fruto los limpia para que den más’’ (Jo. por eso ^Satanás os ha reclamado para cribaros có­ mo trigo” (Le."temó táihbién no sea. Este es»»pues.

el futuro. toque los corazones. para que considerando cuál es el fin para el que el hom­ bre fue creado y llamado a la fe. como dije. como dijo el Sabio. lloremos nuestra imperfección y adquiramos nuevas fuerzas para mantenernos más firmes y adherirnos más es­ trechamente a las pisadas de nuestros padres y a la fiel imi­ tación de Cristo Jesús Jefe nuestro y vivo ejemplo. es decir que ilumine sus mentes ciegas. porque “cuando Dios apruebe nuestra con­ ducta. y tan fácilmente con un exiguo trabajo y pequeño precio. de nada serviría. por así decirlos. PP. Y cier­ tamente no sé de qué modo mejor podamos aplacar a Dios que con la humilde solicitud. y HH. más aún. nos engañemos. “Señor dame a co­ nocer mi fin y cuál es la medida de mis años” (Sal. Si fuéremos humildes de verdad alcanzaremos el favor de Dios. aunque el favor de los hombres disminuya o absolutamente nos abandone. 39 (38).18). digo todo esto. y alcanzarás el favor de Dios” (Eclo. Por el contrario el sentimiento de humildad a que me referí siempre es fructuoso: “Hazte pequeño en la grandeza. nos persuadamos con flojera de que somos ver­ daderos hijos de Ignacio. dice el Eclesiástico. atenta la mente y con ojos iluminados con luz celestial. y que al fin a adversarios sumamente contrarios los convierta en deseosos de nuestra ayuda. verdaderos compañeros de Jesús. tengo fe que con ella hemos de rechazar y confundir la fuerza de las persecuciones. Por lo cual examinando con mucho cuidado en qué consiste nuestra vocación. 16. y encontrar en él gracia bastante. sin duda. con la que podamos hacerles bien según podamos y no sólo con oraciones y súplicas como ahora lo hacemos. nos reconciliará con nuestros ene­ migos” (Prov. 3. carísi­ mos. pidamos con humildad. veamos qué mucho nos falta. 5).7). Pues. y por qué de la vocación religiosa y sacerdotal. considerando. Por lo demás si 71 . que nosotros mismos nos adulemos. y en ella el grado y oficio de cada uno.

avivemos esa fe en nosotros con la ayuda de la divina gracia y auxilio de santa oración. y no dudo que pensamos lo mismo.28). y HH.26) ¿Acaso “sucede una desgracia en la ciudad que no la mande el Señor”? (Amos 3. en cualquier cosa que permitiéndolo Dios aconteciere. experimentaremos la verdad de aquel dicho usado por la Iglesia: “ninguna cosa adversa nos dañará. que cuanto más humildes fuéremos de al­ ma tanto mayor fe en Dios conciliemos. 72 . PP. ¿No es así que de esas mismas penas dice el Señor “no tengáis miedo de los que matan el cuerpo”? (Mat.6) ¿Acaso lo que el Señor hizo puede ser todo malo? ¿Acaso no es cierto que de todo aun de aquellos males “con los que aman a Dios él coopera en todo para su bien? (Rom. a dónde terminará el furor del mundo to ­ do. 8. que aun con los más pesimistas pensamientos querramos imaginarnos (de antemano). 28). lo que tam­ bién nos aprovechará muchísimo? 8. y HH. carísimos: más aún al fin pido y pre­ tendo eso mismo. Por lo que dije acerca de conseguir una solícita humil­ dad. Y de verdad ¿qué será lo que nos podrá dañar si amamos a Dios? ¿qué. 8. 10. Pues cualquier mal. por favor. con cárceles. Pero yo juzgo así.PP. “sois cobardes”? ¡qué poca fe! (Mt. digo. carísimos si hay alguno entre vosotros abatido tal vez por el temor de futuros aconteci­ mientos “ ¿por qué” . Pues qué. de todo el infierno? ¿Tal vez acometerá con manos vio­ lentas.nos mantenemos con la disposición que dije. 7. RR. tormentos y muerte? Estas son cosas extremas ni podrá hacer mayores que ésas por más que se ensañe.. no querría que la confianza disminuyera en lo más m í­ nimo. ¿a dónde. fomentémosla lo más grande y amplísima que po­ damos. si ninguna iniquidad nos domina” .

do­ 73 . lo ruego. y. 17-8). aun con temor esperamos. lleguemos a carecer no sólo de lo conveniente pero aún de lo necesario? Pero ¡ojalá fué­ semos dignos de que alguna vez gustáramos el fruto de la santa pobreza más abundantemente. la cual nos tiene ahora en comodidad y nos ofrece cada día una limosna bastante espléndida! Nos volveríamos. no lo temamos. semejantes a aquellos padres nuestros que de verdad. cuando anunció las graví­ simas amenazas del mundo “todos os odiarán por causa m ía” . y fueron saca­ dos de en medio de los peligros por la divina providencia. no me parece presuntuoso. que es un sumo bien derramar la sangre y perder la vida en tan buena causa. 9. varones apostólicos de en­ tre nuestros padres se sostenían únicamente con esta espe­ ranza en sus trabajos y calamidades? Se proponían esto co­ mo única meta y regalo. me pregunto. privados de lo que la divina Providencia nos proveyó hasta ahora para nuestro sustento. como si aspiramos a eso tan grande gloria de la que somos totalmen­ te indignos.PP. y HH. Más bien pensemos que el Señor. fueron ricos en virtudes. por lo menos. ¡Aunque ojalá fuésemos dignos! ¡Ojalá por lo menos unos pocos de nosotros fueran dignos de tal feliz suer­ te! ¿Cuán muchos. carísimos. “seréis odiados por todos” a causa de mi nombre. sí algo de esto. Más bien aten­ damos al Señor cuando anunció aquellos gravísimos aconte­ cimientos. Pero si nos sentimos indignos de tanto bien. Qué muchos de los nuestros lo han experimentado de un modo singular en estos mismos tiempos. Entonces ¿qué temeremos? ¿tal vez que. pienso. a la que llegaron luego de muchos trabajos e injurias. 21. cerró sus palabras con una sentencia digna de ser con­ siderada “pero no perderéis un pelo de la cabeza” (Luc. reducidos a estrecheces en lo doméstico y oprimidos por las necesidades.

os faltó algo? Contestaron: Nada” (Le. Tantas y tan grandes misericordias 74 . ¿Acaso no seríamos hijos de Dios donde quiera que estuviéramos e hijos de la divina providen­ cia que no sabe abandonar a los que ama porque toda ella es paternal?. para que desviemos la fuerza de las persecuciones? No niego. curare debent ut quoad poterunt eo pertingant quo illi pervenerunt. qui primi huiusmodi indigentiam ac penuriam maiorem rerum corpori necessarium probati fuerint.. PP. no sería definitivo sino por poco tiempo. Además es oportuno recordar aquella pregunta que Jesús hizo a sus discípulos: “ ¿Cuando os envié sin bolsa. tanto para mí como para todos vosotros. y en breve. 4. 22. Gen. Pero si ni la muerte ni la extrema pobreza se han de temer. Finalmente. sino de hecho la experimentaban. dispersos por el mundo. Y ¿qué? no es “del Señor la tierra y cuanto la lle­ na” (Sal. 26) que siempre que las leo me conmueven no poco: “Cum enim. qui post eos accedent. 21). ellos no sólo tenían afecto a la pobreza. 22). faltos no raras veces de medios de subsistencia. 10. con lo que se probaría nuestra virtud de la constancia.nes celestiales y méritos ante Dios. mis ojos lo verán” (Job. sin alforja. En tal forma queda en mi alma la fe de que de nuevo nos hemos de reunir. Esta esperanza descansa en mi pecho. tanto como carenciosos de muchas cosas según su modo de vivir.35). de verdad sería gravísima. cap. n. inquit. 19. consistente en que nos tengamos que separar uno de otro. vel ulterius etiam in Domino progrediantur” . según pien­ so. y no otro-. 24 (23). A propósito de ello soy gustoso de recordar unas palabras de San Ignacio (en el Examen. sin san­ dalias. ¿otro infortunio tal vez nos amenaza. y HH. carísimos que esta prueba. si tal aconteciere. que no he duda­ do en tomar las palabras del Profeta: “Yo mismo lo veré.

Clamemos. carísimos. ¡ojalá seamos fuer­ tes e inquebrantables en las luchas! Nos cuesta remar. el Señor benignísimo nos arguya de timidez. tan gran­ des misericordias. sí. fuere lo que fuere cuan­ to el Señor dispusiere y digamos con el apóstol: “estamos orgullosos también de las dificultades. 10. calidad. Si bien nos hiriere. hay viento contrario. orando: “Señor. La nave de la Compañía es maltratada por las olas. Pero no cesemos PP. y la calidad. esperanza y esa esperanza no defrauda” (Rom. no se retrasará” (Heb. nos dé a todos la gracia de “robustecernos interiormente” (Ad Heb. Entretanto no dejemos de “pedir a Dios que da sin re­ gatear y sin humillar” (Sant. Nos cuesta tra­ bajo remar: Pío VII nos llamó remeros. la noche y el poder de las tinieblas se echan encima. confórtese nuestro cora­ zón y esperemos en el Señor” (Sal. “hombres de poca fe” .14). nos sa­ nará. la entereza. “Esperemos. que ciertamente sabe lo que los suyos están penando. digo. sálvanos”.5) nos dé lo que el Apóstol llama “lo mejor” . 11. Por lo cual fortalezca­ mos él ánimo todos cuantos somos. 26. 75 . y HH. no es de maravillarse: ¿acaso la barca de Pedro no está sien­ do agitádá por una tremenda tempestad? Es decir. digo. como a los Apóstoles. sabiendo que la difi­ cultad produce la entereza. no nos permiten dudar de que el que comenzó la obra la perfeccionará. 3-5). si nos dispersare nos congregará. 37). 1.experimentadas por la Compañía aún en tiempos recientes miradas por los seglares mismos como un milagro. empezará a brillar la luz. Pero no tengamos demasiado te­ mor $le perecer. llegando se presentará y “ca­ minando sobre las olas rechazará las olas con su divina pisa­ da y ” cesará el viento y habrá tranquilidad.9) con tranquilidad de corazón. “Porque ya falta poco para que llegue el que viene. trabajemos virilmente. y Jesús. no sea que. 13. 5.

carísimos en Cristo. Suyo es el dominio por los siglos de los siglos. de todos.10). 5. Siervo de Cristo.PP. y OO.19) “Tras un breve padecer. 24 de julio de 1831. 4. Juan Roothaan 76 . afianzará. poniéndose en manos del Creador que es fiel” (1 Ped. robustecerá y dará estabilidad. Amén” (1 Ped. Me encomiendo en los SS. y HH. Dios que es todo gracia y que os llamó por el Mesías a su eterna gloria. Roma.Al mismo tiempo meditemos siempre aquel aviso de Pedro: “los que padecen según el designio de Dios. él en perso­ na os restablecerá.SS. que practiquen el bien. RR.

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Warnes 2383 Buenos Aires.libro se terminó de imprimir en los talleres gráficos INDUSTRIA GRAFICA DEL LIBRO S. Enero d e l988 .A.