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Ambiente sano y mente sana en cuerpo sano

Schinitman, Norberto I; Schinitman, María E.


M. *

Fundamentación y resumen: Este trabajo, presentado


intencionalmente de un modo no convencional, intenta efectuar una
contribución pedagógica, por medio del aprendizaje auto-didáctico,
significativo y metacognitivo, a la educación informal para el
desarrollo sustentable, la salud ambiental y la salud humana.
Basics and summary: This paper, intentionally presented in an
nonconventional mode, tries to carry out a pedagogical contribution to
informal education for sustainable development, to environmental
health and to human health, through auto-didactic, significative and
metacognitive learning.

“Mente sana en cuerpo sano”


-Décimo Junio Juvenal. Sátira Xa.

“El ambiente juega un papel significativo


en el desarrollo humano y la salud”.
-U. S. National Center for Environmental
Health

Esta mañana, temprano


Adán es un joven y dinámico residente urbano, de clase media,
soltero, que vive solo en un pequeño departamento (o como se dice
actualmente, un hogar unipersonal) y trabaja como ingeniero
industrial. Al igual que muchísimas personas, aspira -como meta
primordial de su existencia- a una vida útil, feliz y gratificante con
“mente sana en cuerpo sano”, según el sabio aforismo de Juvenal,
de hace unos dos mil años.
Esta mañana, como todos los días, Adán despertó a las 6,30
urgido por los insistentes pitidos de su reloj despertador, un
utensilio imprescindible, que funciona accionado por una pequeña
pila (que es algo así como un “paquete” de energía eléctrica,
compuesto por distintas sustancias químicas, algunas muy
contaminantes del ambiente, que se desecha al agotarse).
Inmediatamente encendió la luz (la generación de energía eléctrica
provoca contaminación ambiental) y comenzó su aseo personal,

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para el que usó agua fría y caliente (filtrada, tratada con cloro y
otras sustancias químicas y calentada por un artefacto que
consume gas natural, un recurso no renovable, y emite a la
atmósfera dióxido de carbono y otros contaminantes provenientes
de la combustión).
También utilizó una afeitadora descartable (para ser usada sólo
una vez y desechada) hecha de plástico y acero, dentífrico, perfume
y otros artículos de uso habitual (muchos de ellos y sus envases no
son biodegradables ni reciclables; recordemos que las sustancias
biodegradables son las que se descomponen y reincorporan con
facilidad a los procesos de reciclado de la naturaleza).
Todos los productos que usó para su aseo son de elaboración
industrial, a base de diversos insumos y energía (obtenida
mayormente quemando combustibles fósiles no renovables, o por
reacciones nucleares, con la consiguiente generación -en ambos
casos- de distintos residuos contaminantes). Por supuesto, había
adquirido esos productos en envases descartables. Algunos de esos
recipientes se construyen con materiales que sería posible reciclar,
pero no se sabe si serán reciclados. (En ciertos casos, la fabricación
de los embalajes insume mayor cantidad de materiales y energía, y
resulta más costosa que el producto que contienen).
Luego se vistió con ropa limpia recién traída del lavadero y un
traje limpiado “a seco” (con solventes orgánicos volátiles que
contaminan la atmósfera) y planchado en la tintorería.
Seguidamente, tomó su desayuno, preparado con café
instantáneo y leche en polvo (obtenidos por el procesamiento
industrial de sustancias naturales, con un importante gasto de
energía y otros insumos), que mezcló con agua potable caliente en
una taza descartable (de material no biodegradable). Como tiene un
ligero sobrepeso, le agregó edulcorante de bajo contenido calórico
(producido por una industria química síntética).
También comió galletitas, de fabricación industrial masiva, que
venían envasadas en bolsitas de papel metalizado (no reciclable ni
biodegradable) y bebió yogur, de una botella pequeña (de plástico,

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descartable).
Durante el desayuno, hojeó rápidamente una revista de noticias,
con páginas en colores, un documento de interés momentáneo, que
luego de unos pocos minutos de lectura se convierte en un residuo
de celulosa (obtenida de la destrucción de árboles), difícilmente
reciclable.
Por último, limpió rápidamente la mesa con una toalla de papel
(descartable) y la arrojó junto con el vaso, la cucharita y los demás
remanentes a una bolsa de plástico (no biodegradable), que más
tarde sería retirada por el servicio de recolección de residuos
urbanos.
Aunque su casa no está muy lejos de su lugar de trabajo, se
dirigió con premura a su automóvil...
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“Salvaguardar el...ambiente... Es un
principio rector...en... apoyo del
desarrollo sostenible...”
-Kofi Annan. Ex Secretario General de la
ONU

“El agua y el aire, los dos fluidos


esenciales de los que depende... la vida,
se han convertido en basurales globales”.
-Jacques Cousteau

Ahora mismo
No es preciso continuar con este relato que describe ciertos
hábitos y modos de actuar que se han hecho rutinarios para
muchísimas personas y que ocasionan una enorme demanda de
materiales y energía y, al mismo tiempo, generan ingentes masas
de residuos, para formarnos una imagen realista de las
desmesuradas presiones sobre el ambiente provocadas por la tan
ampliamente difundida y ambientalmente riesgosa “sociedad de
consumo”.
Es de destacar que las consecuencias que se atribuyen
anteriormente a las acciones relatadas son, tristemente, como es
sabido, reales.
A diferencia de nuestro ancestro bíblico homónimo, que vivía

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tomando sólo lo necesario de los frutos de la tierra, nuestro
personaje Adán, el hombre de hoy, se comporta de un modo
consumista (tendiente a adquirir o utilizar bienes y servicios no
siempre necesarios) que es, casi seguramente, muy parecido al de
muchísimas personas.
En el presente, todos sabemos que nuestra riquísima herencia de
recursos naturales (los imprescindibles bienes materiales y los
servicios que nos ofrece la naturaleza) es limitada y agotable. Al
mismo tiempo, no debemos olvidar que la naturaleza funciona sobre
la base de procesos de reciclado que sólo actúan sobre los
materiales y residuos de origen natural y no accionan, o lo hacen de
un modo limitado y muy lento, sobre numerosas sustancias
contaminantes extrañas, artificiales, inexistentes previamente en la
naturaleza, fabricadas por el hombre, (sustancias xenobióticas), que
hoy se elaboran y usan a nivel industrial.
La realidad nos muestra que durante gran parte de su tiempo y de
sus actividades, la gente derrocha despreocupadamente cantidades
considerables de bienes materiales sin preocuparse ni conocer de
donde provienen, ni cómo se procesan o elaboran, ni cuáles son las
materias primas o los recursos empleados en su fabricación, ni
cuanta energía se ha invertido para producirlos. Asimismo, hay
gente que no se inquieta por lo que ocurre con los restos de
alimentos, los envases y los demás residuos, ni a donde irá a parar
finalmente esa compleja mezcla.
El consumo desmesurado, que en algunos casos tiende al
consumismo, ha llegado a alcanzar una magnitud que supera la
capacidad funcional de los ecosistemas (las comunidades de
organismos que sustentan la vida en nuestro planeta y resultan
indispensables para la salud humana y para el bienestar de todos
los seres vivos). La situación descripta ocasiona impactos
ambientales adversos, que también influyen negativamente sobre
la salud ambiental (una concepción medular que prevé que las
personas puedan disfrutar de buena salud como resultado de vivir y
desarrollarse en un ambiente sano y adecuado) y sobre la salud

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personal y comunitaria.
Sin dudas, comportamientos como los que aquí se denotan
obstaculizan gravemente el logro del Desarrollo Sustentable, (un
concepto fundamental que promueve un modo de crecimiento de la
sociedad que permite satisfacer las necesidades del presente sin
comprometer la capacidad de las futuras generaciones para
solventar sus propias necesidades, y en el cual queda precisado que
los seres humanos ttienen derecho a una vida saludable y
productiva en armonía con la naturaleza).
Además, el estilo de vida dispendioso se opone también a la
prevención de la contaminación y al mantenimiento de la protección
del ambiente en equilibrio con las necesidades socioeconómicas.
Si profundizamos nuestra reflexión ambiental, veremos que pocos
de los bienes y servicios que empleamos a diario son básicos y casi
indispensables. Al mismo tiempo, podremos apreciar que muchos
otros son totalmente prescindibles, suntuarios y hasta dañinos para
nuestra salud y el ambiente. Generalmente, sólo los adquirimos
siguiendo hábitos erróneos consolidados sobre la base de la
publicidad (a veces dudosa), la imitación social, la búsqueda del lujo
y la exhibición de nuestro poder adquisitivo.
Aunque la visión que aquí se refleja pueda parecer
exageradamente grave, es indudable que la naturaleza nos está
advirtiendo seriamente, con sus cambios, que en algún momento de
la desdeñosa y aprovechada relación que hemos venido
manteniendo con nuestro planeta, los hombres -criaturas y
moldeadores de la Tierra- hemos perdido la relación sensible y
prudente con el resto del mundo natural.
Entonces, queda claro que no hay tiempo que perder. ¿Hasta
cuándo podremos seguir con el sobreconsumo, la destrucción
irreflexiva de recursos naturales, la generación de contaminantes, la
degradación ambiental y la producción de enormes masas de
residuos?
Evidentemente, para que todos podamos aspirar a una vida útil,
grata y feliz, debemos proteger y promover la sustentabilidad y la

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salud ambiental.
Por ello, y desde un punto de vista actual, ambiental y axiológico,
nos arriesgamos a suponer, con el mayor respeto, que si el erudito
Juvenal se encontrara hoy entre nosotros, posiblemente habría
apostillado su célebre aforismo, formulándolo tal vez así: “una
mente sana en un cuerpo sano, en el ambiente sano”.

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“La transición a un futuro sustentable


requiere que una gran mayoría...adopte
estilos de vida diferentes...”
-D. McKenzie-Mohr y W. Smith

“Podemos elegir entre comprar o no


comprar y elegir qué comprar...”
-Wendell Berry

A modo de conclusión
¿Cómo deberíamos actuar para lograr superar la situación
expuesta y hacer más sustentable nuestra sociedad y, a la vez, más
sano nuestro ambiente? Ciertamente, uno de los modos iniciales de
hacerlo sería el de aplicar, en todo lo posible, el sencillo y conocido
Círculo 5 R: Reducir el consumo y los residuos; Reutilizar ropa y
utensilios; Reparar y volver a usar útiles, prendas y calzado;
Reciclar todo lo posible, en el domicilio o entregándolo a servicios
de reciclado; Rechazar productos elaborados con materiales
contaminantes, no reciclables o no biodegradables.
Seguramente, cada uno de nosotros percibe con claridad que es lo
que conviene hacer.

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* E-mail: nis@post.com