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Revista trimestral publicada por la Unesco, París Vol. XXXI V (1982), n.° 1

Edición francesa: Revue internationale des sciences sociales (ISSN 0304-3037), Unesco, París (Francia). Edición inglesa: International social science journal (ISSN 0020-8701), Unesco, París (Francia).

Redactor jefe: Peter

Redactor jefe adjunto: Ali Kazancigil

Lengyel

Corresponsales Bangkok: Yogesh Atal Belgrado: Balsa Spadijer Buenos Aires: Norberto Rodríguez Bustamante Canberra: Geoffrey Caldwell Colonia: Alphons Silbermann Delhi: André Béteille Estados Unidos de América: Gene M. Lyons Londres: Cyril S. Smith México: Pablo González Casanova Moscú: Marien Gapotchka Nairobi: Chen Chemutengmende Nigeria: Akinsola Akiwowo Ottawa: Paul Lamy Singapur: S. H . Alatas Tokio: Hiroshi Ohta

Tema s d e los próximo s número s El deporte Sociedades y ecosistemas

REVISTA INTERNACIONAL DE CIENCIAS SOCIALES

IMÁGENES DE LA SOCIEDAD MUNDIAL

ISSNOST^«

91

 

Editorial

 

5

Peter Heintz

Introducción: clave sociológica para la descripción de la sociedad mundial y su cambio

11

Albert Bergesen

La nueva ciencia del sistema del mundo

 

23

Volker Bornschier

La economía del mund o en el sistema mundial:

39

estructura, dependencia y cambio

 

Robert S. Cohen

La ciencia y la tecnología en una perspectiva global

67

Sarvepalli Gopal

La sociedad mundial vista desde el tercer mundo

79

Charles Humme l

La cooperación internacional y la problemática mundial desde la perspectiva de la Unesco

87

Aleksandra Jasinka-Kania

Identidad nacional e imagen de la sociedad mundial:

101

el caso polaco

 

V. V . Zagladin e I. T . Frolov

Los

problemas

globales

contemporáneos:

áreas de

125

cooperación posible

 

Debates abiertos

Ignacy Sachs

L a crisis del Estado benefactor y el ejercicio d e los derechos sociales al desarrollo

147

Paul Blyton

La reorganización del tiempo de trabajo: trabajo compartido y reducción del desempleo

165

T. H . Marshall 1893-1981

174

Servicios profesionales y documentales

Calendario de reuniones internacionales

175

Libros recibidos

180

1959

/

1973

/

1982

Tres fechas clave en la historia de la Revista

Internacional de Ciencias sociales. En 1959, el

International social science bulletin,

editándose desde 1948, cambió su nombre por el actual, adoptó cubiertas azules y mejoró su tipografía. En 1973 se introdujeron algunos otros cambios adicionales: la cubierta blanca, cono- cida d e nuestros lectores, el emblema de los ojos superpuestos y las diferentes secciones y apartados permanentes, identificados por sím- bolos. Comenzamos también entonces a publi- car suplementos fotográficos ocasionales (que se han hecho más frecuentes y extensos a lo largo de los dos últimos años) y dibujos especialmente encargados como introducción de la sección temática. Ahora damos el paso siguiente, en un lógico propósito de superación, modificando levemente el formato de la revista para permi- tir un a mayo rflexibilidad, un a mejo r distribu- ción gráfica y la inserción de ilustraciones y otras representaciones esquemáticas que se combinan con el texto. Esperamos que esta modificación sea del agrado de nuestro habi- tual círculo de subscriptores y que atraiga a otros, que tal vez encontrasen nuestra presen- tación anterior un tanto adusta. Puesto que las ciencias sociales beben por lo común de fuentes m u y diversas, entre las que se cuentan nume - rosas fuentes audiovisuales, creemos que este hecho debe reflejarse en una publicación que se esfuerza por mantenerse a la altura de los tiempos. Por el momento nos hemos circuns- crito a la esfera de lo visual, pero en el futuro

los avances tecnológicos quizá nos permitan explorar también la esfera de lo acústico. Las

que venía fronteras entre texto,figurasy sonido, tradicio-

nalmente bastante herméticas, hoy se traspasan cada vez con más facilidad. Puesto que todos estos elementos son medios de expresión y de comunicación, pueden muy apropiadamente complementarse en una publicación periódica tal com o lo hace n en la sociedad e n general. Al igual que muchos de nuestros contem- poráneos, adoptamos la numeración en serie de la Revista a fin de simplificar la identifica- ción. El número de esta entrega -91 - corres- ponde a los números efectivamente publicados en inglés bajo el título actual desde 1959 (cuatro números al año, excepto un número doble que salió en 1973). N o obstante, conti- nuarán figurando también el volumen (en números romanos), el número (en cifras árabes) y el año, que se remonta a 1948, para indicar la continuidad. Nuestra política editorial se mantiene bas- tante estable en medio de estos cambios. Segui- remos comenzando cada número con una sec- ción temática, elegida por su interés intrínseco, por su oportunidad y según nuestro afán de ofre- cer un abanico de materias y colaboraciones lo más amplio posible, tanto en un sentido geográ- fico corno en lo que se refiere a disciplinas y metodologías. El resto de nuestras páginas se dedicará a temas variados, especialmente a aquellos quereflejan cuestiones relativas a datos socioeconómicos, a la estructura profesional de las ciencias sociales a todos los niveles y a la promoción de sus dimensiones internacionales.

La creación. Esta antigua imagen china representa la interacción de los opuestos, en forma de doble espiral

entrelazada, que culmina en la creación. E n 1953 Crick

y Watson descubrieron que la estructura de la

Editorial

A l comienzo, las memoria s eran inciertas y los

caminos fortuitos. L a exploración human a del espacio y del tiempo, la comprensión d e los fenómenos y de la sucesión de los hechos se iniciaron con vagabundeos por el territorio inmediatamente accesible y en virtud de re- latos que, sobre el pasado o sobre otras tierras más lejanas, se transmitían espontáneamente de viva voz. El mund o estaba lleno de sor-

presas: sus elementos

constitutivos n o presen-

taban aún coherencia alguna. Sólo se podía de

alguna manera confiar en el saber local; lo que sucediera en un punto particular podía inter- pretarse como de validez universal, mientras que los verdaderos cataclismos que sucedían en regiones despobladas o que aniquilaban a aquellas poblaciones humanas que hubieran podido recordarlos no se podían aún registrar

y comprender. Los climas cambiaban, se extin-

guían las especies y los seres humano s perma- necían integrados a la naturaleza en un planeta

aún má s misterioso para ellos de lo que el universo entero es hoy para nosotros. Esta

primera fase duró unos 290 milenios, desde los albores del homo sapiens hasta los primeros

testimonios

3 50 0 años a. de J. C . La población del mund o en este periodo se calcula en unos cien millones de almas.

escritos, en Sumeria, alrededor de

La segunda fase se inicia con ese distancia-

miento de la naturaleza

suponen los registros y las representaciones. A l principio, sin duda, éstos fueron de un carácter

mu y parcial y circunstancial.

registrarían acaso las

que para el ser human o

Los cazadores

piezas obtenidas,

los

agricultores sus cosechas, los artesanos sus

técnicas. Administradores y soldados podían así, tal vez, llevar la cuenta d e las poblaciones, colonias, transacciones o conflictos. Los acci- dentes topográficos se localizaron, se midieron y se distinguieron con un nombre; se describió

y catalogó la fauna, la flora y los recursos

útiles. El saber comenzó a acumularse y la destrucción de algunos de sus registros, acci- dental o intencionadamente, supuso menor estrago ya cuando las fuentes se habían comen- zado a multiplicar y se había logrado un cierto grado de convergencia. Los registros se convir- tieron también en atributos de poder y se identificaron con una cierta superioridad cultural. Así, los conquistadores normandos se

apresuraron a instaurar u n registro territorial de la Inglaterra colonizada, el Domesday book (1086), autorizada fuente que durante largo tiempo se utilizara para el control político y económico. L a fase de los registros parciales —cuyo má s claro exponente quizá sea la experimentación con la cartografía como consecuencia de la exploración— duró unos 5 300 años. Cabe destacar que durante esta fase

se llevaron a cabo numerosas conquistas jamás

igualadas en los má s variados ámbitos del quehacer humano , desde la fundación d e las grandes religiones, al nacimiento de la filosofía, las matemáticas, la arquitectura, las artes y la organización de los Estados y de la produc- ción. Tod o ello demuestra, si es qu e tal demostración fuese requerida, que una imagen del mund o comprensiva e integrada n o es en modo alguno condición necesaria —y mucho

Editorial

"La fase de los registros parciales se caracteriza, sobre todo, por la experimentación con la cartografía." Primer mapa conocido del mund o (según una antigua tablilla babilónica del 500 a. de J. C. representando

a Babilonia en el centro del universo.) Palais de la D&ouverte/pans.

menos condición suficiente— para el progreso

y el perfeccionamiento del quehacer de u n

sinfín d e aspectos d e la realidad. Sin duda, tal

imagen, al introducir u n número inabordable

que inspiró la Encyclopédie francesa (1751-1772), o la clasificación qu e hiciera

Linneo de todas las especies existentes d e flora

y fauna. El siglo xix presenció un a gran

de

parámetros y reducir con ello notablemente

aceleración en este sentido, tanto en amplitud

la

cantidad que una sola persona puede aspirar

(divulgaciones, comunicación má s

generali-

a

dominar, haya quizá resultado hasta cierto

zada y más rápida, exploración, etc.) como en

tiempos recientes (por ejemplo, el capitalismo);

punto paralizante en u n sentido,

y, por otro

profundidad (nuevas disciplinas, entre ellas la

lado, haya conducido a una pugna frenética en pos de objetivos cada vez má s remotos y complejos que exigen esfuerzos a una escala desmedida. Un a tercera fase —d e cotejo sistemático, síntesis y difusión del saber resultante de la especialización progresiva— caracteriza a la

economía, la antropología y la sociología, la investigación científica, etc.). Todo esto llevó al reconocimiento de "sistemas" o inter- conexiones que n o se habían advertido antes (por ejemplo, la teoría evolucionista de Dar- win) o que n o se habían manifestado hasta

era moderna. Podríamos señalar la emergencia

de

este modo se llegó a una nueva apreciación

de esta fase en el siglo xví n (cuando la población mundial rondaba los setecientos

del lugar y de la importancia relativos de mu - chas observaciones sueltas conocidas desde ha-

millones), época marcada sin duda por el

cía ya tiempo dentro d e un

contexto intelectual

predominio de la física newtoniana, por los

más amplio. L a misma época señaló el fin del

intentos de compilar el acervo completo del

aislamiento d e

las comunidades humanas ; co n

saber entonces disponible, como fue la En-

mu

y pocas excepciones, todos los pueblos del

cyclopaedia de Ephraim Chambers (1728-?),

planeta se hallaban de un modo u otro relacio-

6

nado s entre sí, au n cuand o el verdadero signifi- cado de esta situación no fuera a revelarse totalmente hasta la segunda mitad del siglo xx , cuando la población mundial ascendió a unos 2 300 millones. Por la misma razón se hizo posible que se produjesen "acontecimientos mundiales", primero en forma deflujoseconó- micos y rivalidades entre potencias, luego en forma de incidentes que atraían simultánea- ment e la atención d e las poblaciones, por lo meno s en los círculos instruidos donde se leían periódicos, y, por último, en forma de conflictos abiertos de los cuales la primera guerra mundial fue, por supuesto, el de mayor alcance y magnitud. El periodo 1914-1918 señala una diviso-

ria importante no solamente por la participa-

ción directa de má s de veinte naciones en hostilidades concentradas en Europa y en el

cercano Oriente, involucrando también a colo- nias y dependencias en Asia, América, África

y Oceania y arrastrando finalmente a la

contienda a los Estados Unidos d e América, sino también porque señala el comienzo d e las

superpotências y del policentrismo. Tras el desmembramiento de dos imperios, el austro- húngaro y el otomano, el reajuste d e las fronteras occidentales de Rusia creando una serie de nuevas naciones independientes y de "territorios en régimen defideicomiso",tras reducir temporalmente a Alemania a un rango

secundario, mientras la joven Unión Soviética andaba demasiado ocupada con problemas internos para desempeñar un papel muy activo

en los asuntos globales, las metrópolis inglesa

y francesa, junto con

América, emergieron efectivamente como su- perpotências y cierto número de países, ante-

riormente alejados de su órbita, se convirtieron

en Estados clientes o "dependientes", según la

terminología contemporánea. L a gran depre- sión d efinesde los años veinte y comienzos d e

los treinta pudo pues transmitirse con parti- cular eficiencia desde el centro a la periferia y

de vuelta al centro. Este suceso global hizo

resonar violentamente en las metrópolis la penosa lección de la interdependencia global desde Noruega a Nueva Zelandia. La segunda

los Estados Unidos

d e

guerra mundial, con un número mucho mayor de participantes que la primera y hostilidades en todos los continentes excepto en América, en todos los océanos y en la mayoría de los mares, vino a completar este proceso, culmi- nando en el "equilibrio del terror" nuclear, y en el sistema actual constituido por superpo- tências, el policentrismo de numerosos Estados

soberanos, agrupamientos

menos vinculantes, alianzas y actores globales. Puede afirmase, en consecuencia, que sólo en los tres últimos siglos, y n o antes, hemos realizado el aprendizaje de vivir en "un solo mundo". N o es mucho tiempo, si lo medimos con la escala total de la presencia humana en el planeta, y muchísimo menos en relación con las transformaciones evolutivas por las que h a pasado la especie para adaptarse mejor a nuevas situaciones. Nada tiene pues de sor- prendente que la correspondencia entre nues- tras estructuras psíquicas, comportamientos, organización social y unidades políticas por un

lado, y las evidentes exigencias de una concien-

cia planetaria má s plena mu y lejos de ser perfecta.

ver clarísimamente los fallos y los peligros que esto representa cada día, y apenas si se vislum- bran las soluciones. Un a especie d e gobierno mundial, una distribución más equitativa de los bienes, la buena administración ecológica, el mantenimiento de la paz universal: estos y otros objetivos parecen metas lejanas y utó- picas, urgentemente deseables en teoría, pero cuya consecución efectiva se escapa y desva- nece entre remotas brumas. Entretanto la vida continúa, los seres humanos obran; para poder obrar, tienen que formular ciertas imágenes y concepciones del mundo, descifrar sus contra- corrientes interrelacionadas, lo que éstas augu- ran y adonde es probable que los arrastren. Tras haber dedicado un número anterior de esta Revista (vol. XXX , n.° 2 de 1978), al tema "Percepciones de la interdependencia mun- dial", el presente número se centra en lo que muy bien podría denominarse atlas moderno del conocimiento del mundo . Los artículos que siguen, obra de Albert Bergesen, Volker Borns- chier, Sarvepalli Gopàl y Charles Hummel ,

regionales má s o

por el otro, se halle La realidad nos hace

Editorial

Map a paisajístico japonés del siglo XVIII, de diecinueve metros de largo, que muestra el itinerario de Kioto

8

son versiones de ponencias presentadas en noviembre de 1980 en un seminario internacio- nal sobre la diversidad y el cambio d e las imágenes de la sociedad mundial, organizado por la Comisión Nacional Suiza para la Unesco, en Zurich, y presidido por Peter Heintz, quien también ha aportado un texto de introducción a la materia escrito especialmente para este número. Los colaboradores citados, que parten de diferentes contextos culturales, políticos, económicos y científicos, evidentemente sostie- nen distintos argumentos y trabajan a dife- rentes niveles de análisis. El complejo cuadro

resultante puede

a las siguientes líneas. H a nacido una sociedad

mundial fundamentalmente basada en valores seculares tales como aquellos inherentes al

desarrollo, a la ciencia, a la tecnología o a los derechos humanos y que se ve unida como mínimo por una conciencia generalizada —y en ciertos casos una auténtica participación en ella— de un legado cultural eclécticamente integrado por elementos procedentes de todos los continentes (monumentos, productos, artes, música,filosofías,arte culinario, etc.); este legado es difundido en parte por los medios de comunicación y en parte es vivido directamente en giras y viajes, reproducido en infinidad de sitios (conciertos, representa- ciones dramáticas, etc.) y asimilado en la creación contemporánea (arquitectura, litera- tura, etc.). El grado de pertenencia a esta sociedad es sumamente diverso; va desde aquellos que representan su vanguardia y que, por razón de su situación y profesión o (más raramente) por opción deliberada, están in- mersos totalmente en ella, pasando por aquellos otros que aparecen más marginal o

hasta los qu e se

selectivamente involucrados,

tal ve z describirse conforme

encuentran casi totalmente excluidos de ella, principalmente en los sectores tradicionales de los países del tercer mundo . Sería tentador clasificar a los del primer grupo como "cosmo- politas", salvo que este término (que data de mediados del siglo xvii), n o resulta suficiente- mente específico en la actualidad. Conviene por lo tanto recordar la distinción que se ha

establecido entre actividades (sociedades comerciales, organizaciones, movimientos) transnacionales, internacionales y multinacio- nales. Una operación transnacional es aquella que despliega actividades importantes, central- mente dirigidas, en más de un Estado (por ejemplo, una empresa con sucursales extran- jeras). Una operación internacional es aquélla cuya dirección y manejo se reparten entre ciudadanos de más de una nacionalidad (por

sistema d e las Naciones Unida),

ejemplo, el

mientras que una operación multinacional es la que recluta personas de diversas nacionali- dades para participar efectivamente en sus actividades (por ejemplo, la producción de u n film) 1 . Por supuesto, existen actualmente ejem- plos de cada una de ellas en diversos ámbitos de la actividad humana : la religión, las profe- siones, los agrupamientos ideológicos y polí- ticos, las instituciones académicas, las alianzas militares, etcétera, además de esas otras bien conocidas manifestaciones com o las socie- dades anónimas, las organizaciones intergu- bernamentales y los cartels. Por otra parte, hay corrientes (financieras, comerciales, tecnoló- gicas, de modas e incluso de emigrantes) que cruzan las fronteras sin beneficiarse necesaria- mente de una institucionalización formal, y a menudo realmente contra la resistencia institucional.

Con una población global que alcanza hoy ya los 4 500 millones, los apremios para expan- dir el alcance d e la sociedad mundial son puramentefísicos,aparte de los culturales. Las operaciones transnacionales, internacionales y multinacionales, a pesar de su amplísimo

radio, no son lo bastante abarcaduras para satisfacer las aspiraciones. Pero es que siguen existiendo obstáculos. Según Sarvepalli Gopal, la "fuerza inquebrantable del nacionalismo" y

la

según su capacidad nuclear es uno de ellos. Alexandra Jasinka —Kania analiza la evolu- ción del nacionalismo en general y estudia en detalle el curso de la conciencia nacional polaca identificando, incluso, una fase "mega- lomaníaca" que bien podría aplicarse también a ciertos períodos de la historia de otros países.

jerarquización de hecho d e las naciones

Editorial

9

Robert S. Cohen enumera seis fracasos de la ciencia a escala mundial, entre ellos el "fra-

caso, entre las élites científicas y tecnológicas, de n o trascender sus orígenes sociales, su elitismo, y, en particular, de no identificar y controlar la ideología dentro de la ciencia". Volker Bornschier documenta la asimetría y desequilibrio en la estructura de la economía mundial entre actores centrales y una diversi- dad de sistemas periféricos dependientes, indi- cando que acaso en el futuro se logre establecer un control político más firme que la estabilice. Esto enlaza plausiblemente con la anticipación de Albert Bergesen según la cual, a raíz de una serie de fusiones entre sociedades multinacio- nales en un clima económico en creciente deterioro, los Estados pueden verse obligados

a hacerse cargo de algunas de ellas para crear una economía mundial oligopolista de Estados que funcionen como empresas.

Tomando a la Unesco como ejemplo, Charles Humme l analiza las perspectivas d e la sociedad mundial tal com o se reflejan a través del prisma de una organización internacional. Tales perspectivas son tratadas en numerosas formas adicionales, tales com o las investiga- ciones científicas sobre cuestiones globales, los recuros naturales renovables y no renovables, los proyectos como los patrocinados por el Club de Roma y el equipo Interfutures de la Organización para la Cooperación Económica

y el Desarrollo, y las divulgaciones d e alcance casi universal como las obras Future shock y The third wave, de Alvin Toffler. Todas estas fuentes enriquecen lo que hemos llamado atlas moderno del conocimiento del mundo. Pero también insisten a menudo en la posibilidad de un cataclismo, en el derrumbamientofinalque

se produciría a causa de desequilibrios irrever- sibles, en los trastornos manifiestamente into- lerables en las culturas y en los estilos de vida

que a veces se imponen por la fuerza

comunidades, y temas de este estilo; estos trabajos instan encarecidamente a que se adop- ten políticas mu y complejas y exigentes y a que se realicen ajustes rigurosos de comporta- miento (por ejemplo, el control de la natalidad, la reducción de niveles d e consumo en las

a las

sociedades industrializadas, etc.), con objeto de prevenir y evitar la catástrofe. Todo esto puede quizá motivar a que el ímpetu se aleje más bien del intento por resolver los problemas a nivel global, a que se genere un cierto rechazo por las legitimaciones de la meritocracia y una vuelta a las políticas nacionalistas, temas qu e Peter Heintz analiza en su artículo. En cierto sentido, parece bastante comprensible el mecanismo que aquí se pone enjuego. Si los "expertos" n o ofrecen, general-

mente, má s que tinieblas y

presentan los problemas como tremendamente abrumadores y no aparecen autoridades ca-

paces de asumir las riendas a nivel global, el efecto sobre los ciudadanos informados puede muy bien resultar desmobilizador. En lugar de preocuparse en vano por cosas que se presen-

tan cada vez más

—especialmente aquellos bien acomodados— retornan a cultivar sus jardines, como más de

una vez les han aconsejado los de crisis. Pues siempre cabe

problemas, a fin de cuentas, se hayan exage- rado, que la capacidad colectiva de adaptación de la raza humana encuentre alguna salida oportuna, que los cataclismos ocurran en cualquier parte menos en la esfera donde uno se desenvuelve. N o puede esperarse que los seres humanos conduzcan sus vidas bajo una tensión perpetua, a la espera del estallido de calamidades y desastres. Esta desmobilización, por explicable que sea, es peligrosa. V. V. Zagladin e I. T. Frolov Sostienen qu e "el hombr e h a perdid o s u derecho a errar". Nuestros problemas no han de desaparecer porque los ignoremos durante largo tiempo, ni los qu e conciernen a las relaciones del hombre con la naturaleza, ni los que se refieren a las relaciones entre los hombres mismos. L a tendencia al aumento y acumulación unidireccional de problemas pro- ducidos en cadena debe ser detenida. Com o dice Charles Hummel , ha llegado el momento de adoptar una Weltinnenpolitik, una política interna sencilla con dimensiones mundiales. Los artículos de este número n o son terrible- mente alarmistas, sino que representan u n

lágrimas, si se

ingobernables, los individuos

sabios e n épocas esperar qu e los

10

alegato razonable en pro de una participación permanente e inteligente en los asuntos glo- bales, y un análisis de los mismos partiendo de una clarividente apreciación de lo que está en juego. Entre el pánico y la parálisis, entré el activismo frenético y la retirada fatalista hay

y pacientemente cultivado. Este es el peso del mensaje que el conjunto de los colaboradores

de este número transmiten, que transciende sus

puntos de partida diferentes.

P. L.

diversos y sus énfasis

un terreno intermedio que debe ser ocupado Traducido del inglés

Nota

1. Estas categorías están tomadas de Samuel P. Huntington, "Transnational organizations in world

politics",. World politics,'vol. XXV, n.° 3, abril de 1973, p. 333-368.

Introducción: clave sociológica para la descripción d e la sociedad mundial y su cambio

Peter Heintz

Algunas observaciones a modo de introducción

nar la imagen d e qu e se valen para hacerlo. Naturalmente, los constructores de mo - delos del mund o también producen imágenes de la sociedad mundial, pero ellos n o se

interesan particularmente por el hecho

las visiones d e la sociedad mundia l varían

según dónde se esté situado dentro d e ella. Creo que a todos nos preocupa el problema de mejorar nuestra propra percepción cognosci-

tiva del mund o o la d e los demás, d e

d e que

El tema de la sociedad mundial h a inspirado últimamente a los científicos a construir mo - delos del mundo, especialmente económicos,

en torno a los recursos, y sobre las relaciones internacionales. Se ha lle- vado a cabo una enorme

cantidad de trabajo mu y valioso y se han efec- tuado numerosas reu- niones sobre el tema de la construcción de modelos del mundo . Pero la sociedad mundial se puede anali- zar también desde otro

conseguir

que la idea d e sociedad mundial llegue a ser u n marco d e orientación efectivo, y de, finalmente,

elaborar un a imagen mejor definida y má s diáfana qu e mejore la comprensión universal. Las imágenes de la sociedad mundial redu- cen, naturalmente, la

complejidad d e la reali- dad que describen, pero la simplicidad d e un a

imagen,

el nú -

Peter Heintz es profesor de sociología del Instituto de Sociología de la Uni- versidad de Zurich (Zeltwez 63, 8032 Zurich, Suiza). H a publicado nume- rosos trabajos sobre el desarrollo; contribuyó a esta revista (vol. XXXI , n.° 1, 1979) con el artículo "Identidad científica y aspiraciones estudiantiles:

presiones contradictorias sobre la so- ciología" y organizó en la Universidad de Zurich, en noviembre de 1980, el seminario internacional "Diversidad y cambio de las imágenes de la sociedad mundial" al que se presentaron origi- nalmente varios de los artículos del presente número.

punto de vista, má s

so-

ciológico, distinto al

d e

los modelos mundiales. Este cambio hace resaltar

la idea d e qu e la sociedad mundial es u n hecho real d e la vida, es decir qu e los in- dividuos ha n d e enfrentar e n su vida este hecho, y para ello producen, o simplemente adoptan, un a imagen de la sociedad mundial

a mod o de orientación. La sociedad mundial es la realidad social total en la qu e estamos insertos. Para saber

cómo actúan los individuos sobre esta realidad

o cómo reaccionan ante ella hemos de determi-

es decir,

mero limitado de sus elementos y su coheren- cia lógica interna n o es garantía d e su adecuación. Así, mucho s científicos sociales convendrían ho y qu e el mund o en desarrollo

no puede ser adecuadamente descrito exclusi- vamente e n términos d e subdesarrollo

y dependencia, alegando que hay muchas

formas diferentes d e reaccionar ante el sub- desarrollo y la dependencia, así com o también

de actuar sobre ellos, es decir,

qu e

los

12

Peter Heintz

desarrollos endógenos han d e ser tomados en cuenta. La reducción de la complejidad de lo real

es el principio que subyace en la construcción

de cualquier imagen. A l mismo tiempo, muchos observadores tienen la impresión de que la propia sociedad mundial está hacién- dose más compleja, más difícil de captar, y que n o puede ser adecuadamente descrita en términos de una imagen estática en el tiempo. La dinámica perceptible de la sociedad mun- dial depende también, en parte, de los conceptos utilizados para su descripción. Si

tomamos la correlación del PN B por rangos durante periodos breves, el coeficiente es casi 1. Pero si observamos las orientaciones de valor dominantes de la humanidad hallaremos que el llamado "estilo de vida burgués" es cada vez menos aceptado justamente en aquellas sociedades donde se inventó y cada vez más adoptado en sociedades donde antes

se lo rechazaba.

Hace algunos años era muy corriente hablar de la división vertical del trabajo entre países industrializados y no industrializados. En la actualidad han de tomarse en cuenta hechos nuevos, tales como la división del

trabajo

dentro d e las empresas multinacio-

nales, que da lugar a una industrialización dependiente, a la distribución espacial de depósitos de petróleo, etc., elementos que no encajan en el viejo modelo.

Al hacer estas observaciones quiero poner

de manifiesto que existe una tendencia hacia una mayo r complejidad y cambio de las imá- genes de la sociedad mundial, tendencia que puede originar un tipo de imagen que ponga

el acento en su desintegración, en su desmem-

bramiento, en la historicidad de sus elementos,

etc. Pero al mismo tiempo hay también una poderosa corriente de pensamiento, represen- tada por Immanuel Wallerstein [1974; 1979]

y sus numerosos seguidores [A. Bergesen,

1980], que tratan de hacer exactamente lo

contrario, es decir, obtener una imagen alta- mente integrada de la sociedad mundial no solamente de hoy, sino también del pasado y

de su cambio secular.

La primera tendencia refleja el hecho de que las viejas teorías son hoy inadecuadas para dar cabida a la nueva información y de que esta nueva información se considera no menos pertinente para una descripción adecuada d e la sociedad mundial. La segunda tendencia es otro nuevo intento de elaborar una teoría del sistema del mundo. La percepción de la complejidad y cambio crecientes puede deberse en parte a la cantidad cada vez mayor de información producida y transmitida por los medios de comunicación de masas, lo cual pone énfasis en el cambio y, naturalmente, refuerza la impresión de imprevisibilidad. Por otra parte, la base empírica de mu - chas de las claves que sustentan estas imágenes del mund o altamente integradas consiste en información estandarizada producida por or- ganizaciones (ONU, empresas multinacio- nales) y redes (ciencia) de implantación mun- dial. Esta información presupone la existencia de una cultura universal institucionalizada, sin la cual la información estandarizada a escala mundial n o tiene sentido. ¿Pueden semejantes claves infundir significado a fenómenos tales como las revueltas estudiantiles de la segunda mitad de los años sesenta en todo el mundo, la desaparición d e los "sistemas d e moviliza- ción" o regímenes populistas (Ben Bella, Nas- ser, Nkruma , Perón, Sukarno, etc.) en los países en desarrollo, el surgimiento de poten- cias locales (Vietnam, India, Nigeria, Brasil), la desaparición d e los regímenes democráticos en casi todos los países latinoamericanos desa- rrollados (Argentina, Chile, Uruguay), la re- ciente reacción conservadora en algunos países altamente desarrollados (Estados Unidos de América, Reino Unido, Suécia), etc.?

En este artículo se presenta el esquema general de una clave sociológica utilizable para la descripción de la sociedad mundial. Dicha clave tiene por objeto acoplar en un marco más

amplio y má sflexibleotras

emplean para el mismo fin, o dicho de otra manera, integrar un número de claves ya existentes y plantear nuevos interrogantes a partir d e tal integración.

claves que se

"La

reducción de la complejidad

imagen. " P. Michaud/Rapho.

de lo

real es

el

principio que subyace en la construcción de cualquier

14

Peter Heintz

Una clave es un medio para reducir la complejidad d e la información d e que se

disparidades económicas a nivel mundial. A l contrario, tales disparidades pueden advertirse

dispone o la que se busca. Lo que esto significa

más claramente a este nivel que a los niveles

en

términos de imagen de la sociedad mundial

nacionales o locales.

lo

mostraremos aquí aplicando la clave a la

Aunqu e los individuos en su

mayor parte

información a escala universal existente, es decir, diseñando de forma bastante rudimenta- ria la imagen d e la sociedad mundial resultante.

El concepto

de sociedad

mundial

Sociedad mundial es — a m i entender— el campo de interacción a escala planetaria cuyas unidades má s pequeñas son sus miembros

individuales. Es, por consiguiente, un concepto más comprensivo que el de sistema internacio- nal o interestatal y que el concepto sectorial de economía mundial [véanse V. Bornschier y

A. Bergesen más adelante en este número].

Está má s en la tradición del pensamiento sociológico, pero se emplea con menor frecuen- cia qu e algunos d e los conceptos má s restringidos.

Evidentemente, los miembros indivi- duales de esta sociedad se comportan general- mente como miembros de sociedades nacio- nales o subnacionales, especialmente co n relación al mundo en general [C. Nelund, 1978]. Aun cuando vean su propia sociedad desde el punto de vista de sus posiciones de clase dentro d e ella, estos puntos d e vista diferentes pueden no afectar su imagen de la sociedad mundial [H. P. Meier-Dallach, 1980]. Podemos imaginar una sociedad mundial cuyos miembros individuales se comporten como auténticos ciudadanos del mundo, compartiendo esa identidad de sociedad mun - dial. Pero la sociedad mundial verdadera es obviamente distinta de este tipo de sociedad,

y

este hecho

debe ser tenido en cuenta. E l

nacionalismo

se impone [ver S. Gopal, má s

adelante en este número]. N o existe una cultura común que cubra de cabo a cabo las

no sean auténticos ciudadanos del mundo, pero sí auténticos miembros de una familia, una comunidad local, una tribu o una nación,

o d e todas ellas

amenazados por la guerra o se muestren

indiferentes al mundo en general [B. Heintz y

W. Obrecht, 1980], su papel en la sociedad

mundial n o se limita necesariamente al d e miembros de una comunidad civil que simple- mente dejan la solución de los problemas del mund o en mano s de los ministros de relaciones

exteriores o, más generalmente, de sus repre- sentantes políticos. Ésta, evidentemente, es la

juntas, aunque se sientan

"solución" preferida d e los gobiernos.

Los

individuos en realidad pueden reaccionar di- rectamente ante la posición d e su propio contexto social dentro de la sociedad mundial, por ejemplo, decidiendo emigrar a otro contexto más desarrollado, de acuerdo con sus intereses personales, que no necesariamente coinciden siempre con los objetivos perse- guidos por los artífices de la política extranjera, esto es, con los intereses nacionales que susten- tan las políticas de los gobiernos sobre inmigra- ción y emigración.

Aunque los individuos pueden actuar o reaccionar a su manera según su posición

estructural dentro

manifestándose, por ejemplo, contra la presen- cia de trabajadores extranjeros o comparando otros regímenes políticos con el suyo, poca duda cabe de que la mayoría de ellos tiene una imagen bastante vaga, pobre, inconsistente y apenas estructurada de la sociedad mundial. Quizá la vean solamente en cuanto dividida en naciones belicosas y amantes de la paz, o en países ricos y pobres, o como un mero conglo- merado de seres humanos con ciertos atributos positivos y otros negativos. L a gente tiende a interesarse mucho menos po r la política extranjera qu e por los asuntos internos de su país. Esto puede ser una consecuencia del proceso de socialización que ha conformado su

d e la sociedad mundial

Clave sociológica para la descripción de la sociedad mundial

15

visión de las cosas, haciendo destacar sobre todo su vecindad inmediata. Existen buenas razones micro y macrosociológicas [P. Heintz, 1980] para abonar esta posición, probable- mente universal, para crear lealtades hacia la familia, la comunidad local, la nación [D. Frei y H. Kerr, 1974]. Este hecho no es menos imperioso que las divisiones en clases, pero parece mucho má s evidente. N o obstante, aunque el medio ambiente d e los individuos se estructura de contextos concéntricamente dis- puestos y socioculturalmente diferenciados, las actitudes de éstos hacia la política exterior suelen variar según su estatus socioeconómico. Cuanto más bajo es dicho estatus, mayor es su inclinación a adoptar una actitud de aisla- miento [V. O. Key, 1961]. Aunqu e la visión del mund o de los indivi- duos sea, en general, confusa, en los últimos tiempos y sobre todo después de la segunda guerra mundial, ha venido manifestándose una cultura universal incipiente. Esta cultura se ha ido institucionalizando má s y má s especial- mente co n la ayuda d e las organizaciones de las Naciones Unidas [ver Ch . Humme l má s adelante en este número] y con el empleo de

indicadores sociales y económicos a escala planetaria. Esta cultura es, en parte, de u n interés directo para el individuo, ya que incluye valores tales como el de "estilo de vida bur- gués", o, en otras palabras, el del desarrollo socioeconómico, y acaso también el de "de- rechos humanos". Estos valores se refieren a aspectos existenciales del individuo y de otras unidades integrantes d e la sociedad, y n o siempre coinciden con los objetivos internos y externos de los Estados (control del conflicto interior y ejercicio del poder exterior). Algunos de los nuevos indicadores utilizados para medir dichos valores, tales como la distribu-

ción nacional de la renta,

ternos, los índices de delincuencia, el consumo de proteínas, etc., señalan tal vez ya ciertos cambios en la cultura mundial. El carácter del desarrollo socioeconómico tiene una especial incidencia en el comporta- miento del individuo dentro de los espacios d e acción deparados por el marco institucional de

los conflictos in-

su sociedad nacional o subnacional, pero,

desde luego, no de una forma exclusiva. Dicho de otra manera, nosotros sostenemos que los individuos participan en la cultura mundial pero que aplican esta cultura principalmente

a acciones realizadas dentro de la estructura

de su sociedad local, por ejemplo, educando a sus hijos o emigrando a las grandes ciudades [P. Heintz, 1981a]. Esto significa que se ejerce una presión similar sobre contexto socioeconó- micos mu y distintos. Un o de los interrogantes actuales más interesantes es aquél que inquiere:

¿Bajo qué circunstancias y e n qué medida generará el movimiento por los derechos hu- manos una presión efectiva que incida sobre las

instituciones políticas locales?

Clave propuesta para la descripción de la sociedad mundial

Teniendo en cuenta estas consideraciones, la clave o sistema conceptual que proponemos hace las siguientes distinciones esenciales.

Sistemas mundiales (nivel sistémico superior)

La clave propone tomar simultáneamente en cuenta varios sistemas mundiales:

Primero, el sistema internacional, cuyas unidades son las poblaciones nacionales (sus diferentes intereses pueden determinarse prin- cipalmente por vía del nivel, crecimiento y

distribución de la renta individual). Las fre-

cuencias crecientes o decrecientes d e

las uni-

dades situadas en la vecindad de u n

país, es

decir, a una distancia social corta, pueden ser

tan importantes para el comportamiento de la población nacional como el perfil de la distri- bución de frecuencias en todo el mundo [R. Bautz y Th. Held, 1972]. Segundo, el sistema intergubernamental

o interestatal, cuyas unidades son los regí- menes políticos. Lo s intereses de los Estados difieren principalmente con arreglo a la canti- dad d e recursos nacionalmente totalizados,

16

Peter Heintz

determinante interno del espacio d e acción

gubernamental nacional y exterior, y conforme

a s u legitimidad interior. (Este tema d e la

legitimidad interior puesto de relieve por fun- cionarios y empleados públicos es parte del

internacional son parcialmente reflejados por

el comportamiento de los gobiernos dentro del

sistema intergubernamental; y b) la penetra- ción de las empresas multinacionales en países menos desarrollados que representa u n pode-

estudio de T . G . Hart sobre las élites suecas responsables de la seguridad [1976]). La mag-

roso determinante de la movilidad de estos países en el sistema internacional.

nitud de la población en tanto que recurso

Damo s

por supuesto aquí que la inciden-

nacional sólo puede ser instrumentalizada por

cia relativa

d e los diferentes sistemas mun -

el poder exterior si el producto nacional bruto

sobrepasa u n determinado nivel. Estos re- cursos tienen también una fuerte repercusión sobre la percepción que los individuos tienen de la potencia relativa d e las naciones [N . Z . Alcock y A . G . Newcombe, 1970].

Tercero los sistemas interorganizacio- nales mundiales, representados principalmente por las empresas multinacionales industriales [ver V. Bornschier más adelante en este nú -

mero]. La estructura interna de poder de estas sociedades se basa en las inversiones directas

y en las transferencias de tecnología efectuadas por la empresa madre respecto a sus filiales.

Niveles sistémicos

La clave propuesta distingue entre los dos niveles siguientes: a) sistemas mundiales, el

sistema internacional y el intergubernamental;

y b) sistemas sociales, naciones y Estados como

unidades d e los dos sistemas mundiales arriba mencionados. Las unidades de las naciones son

los individuos, y las de los Estados son los

grupos d e interés de los que el Estado

apoyo material (recursos económicos) e inma- terial (legitimidad). En otras palabras, la atención se centra sólo en dos niveles. Evidentemente, se pueden distinguir más de dos, siendo los más univer- sales la familia y la comunidad local, que aquí omitimos.

obtiene

Relaciones entre los sistemas mundiale s

Los sistemas mundiales se influyen entre sí,

como ilustran los siguientes ejemplos: á) los

intereses divergentes d e las poblaciones

nales derivados de su situación en el sistema

nacio-

diales se halla en relación recíproca y puede cambiar con el tiempo, es decir, no presupo- nemos que u n solo sistema, por ejemplo las redes interorganizacionales mundiales, sea ne-

cesariamente dominante.

Relaciones entre los niveles de los sistema s mundiale s

Damo s asimismo por supuesto que la inciden- cia relativa d e los diferentes niveles sistémicos se halla e n relación recíproca que puede cambiar, merced a la transmisión de tensiones

y de actividades encaminadas a la solución de

problemas, de un nivel al otro. En particular, pero n o exclusivamente, se trata de transmi-

siones de un nivel superior a otro inferior. D e esta suerte, suele hacerse responsables a los gobiernos de la marcha de economías nacio- nales que se hallan mu y integradas e n la economía mundial. También pueden surgir conflictos a otro nivel distinto de aquél en que se originan. Ciertos conflictos intranacionales pueden así ser referidos a fuerzas exteriores y

de esta

mico superior. En términos más generales, el recurso a las "cabezas d e turco" se considera un importante mecanismo de transmisión de tensiones.

Existen, .por otro lado, dos formas d e conceptualizar la estructura interior d e los sistemas: a) o bien como sistemas d e estratificación caracterizados por la desigual distribución de los bienes (en el sentido d e valores institucionalizados) entre sus unidades; estos sistemas son generalmente concebidos como dotados de varias dimensiones verticales interrelacionadas que difieren con respecto a las oportunidades d e movilidad d e la s

manera transmitidos a u n nivel sisté-

Clave sociológica para la descripción de la sociedad mundial

17

unidades; b) o como estructuras de domina- ción segmentadas (monopolistas), tal el caso de los dos principales bloques de naciones y d e las empresas multinacionales. Cada segmento representa un sistema más o menos complejo de delegación de poder, esto es, una estructura jerárquica. (El mecanismo que lleva al estable- cimiento de tales estructuras en grupos pe- queños está bien descrito por I. D . Chase

[1980]).

Al aplicar este sistema conceptual o clave descriptiva a la información sobre la socie- dad mundial no tomamos en consideración, por razones prácticas, todas las posibili- dades lógicas implícitas, es decir que no consi- deramos todos los sistemas como estruc- turas interiormente estratificadas y como es- tructuras segmentadas de dominación. El sistema internacional y los sistemas nacionales son conceptualizados como sistemas de estratificación. Las unidades del primero son las poblaciones nacionales; las de los segundos, los individuos. La s unidades no aparecen identificadas como tales, sino únicamente como miembros de un estrato. El sistema intergubernamental es conceptua- lizado como un sistema de estratificación y como un a estructura de dominación segmentada, es decir que ambas conceptua- lizaciones se combinan. Los Estados se conciben como unidades segmentadas del sistema interguberna- mental. Las empresas multinacionales se ven como unidades segmentadas de la economía mundial. Además, y en contraste con otras claves, se hace aquí especial hincapié en la cuestión de la legitimidad de las estructuras sociales carac- terizadas por una distribución desigual del poder o d e las bienes entre los individuos y las unidades sociales. Consideramos procesos de legitimación no sólo a los infentos de justificar posiciones privilegiadas, sino también a los esfuerzos, por parte de actores no privile- giados, por legitimar exigencias de movilidad ascendente dentro de sistemas de estratifica-

ción meritocráticos. Las estructuras caracteri- zadas por una desigualdad extrema y por una falta de asociación entre los miembros d e estratos no privilegiados sólo pueden cambiar

y avanzar hacia una menor desigualdad incre-

mentando las exigencias d e la legitimidad. También se hace especial hincapié en el grado variable de diferenciación cultural como un mecanismo importante que determina el grado de segmentación de los Estados. Dicho de otra manera, presuponemos la existencia de un nexo entre la diferenciación cultural y el establecimiento d e las fronteras entre los Es - tados. Esta diferenciación tiene que ver con la identidad nacional como sustento d e los sis- temas políticos. Un o de los interrogantes a responder será en qué medida se impide a las poblaciones nacionales expresar exigencias surgidas de la comparación de su propio país con otros países.

Los aspectos más importantes de la diná- mica de la sociedad mundial inherentes a la clave son los que se refieren al cambio en las relaciones entre los diferentes sistemas mun - diales (el internacional, el intergubernamental

y

los sistemas interorganizacionales mundiales

y

entre los niveles sistémicos (el nivel intergu-

bernamental y el estatal). Ambas formas de cambio se pueden expresar en términos de entropía cambiante de la sociedad mundial. La transmisión de incidencia del sistema interna- cional, más integrado, al intergubernamental, que lo es menos, y de este sistema al fragmen- tado nivel estatal, se interpreta como entropía creciente, y viceversa. Por lo demás, presupo- nemos que la entropía de la sociedad mundial es, en general, inferior a la de la imagen media de la sociedad mundial sustentada por sus miembros individuales.

La imagen de la sociedad mundial

Vamos a señalar aquí algunos rasgos sobresa- lientes de la imagen de la sociedad mundial obtenida per medio de la aplicación de la clave anteriormente descrita a la información mun- dial, en particular a los datos sobre sucesos que

18

Peter Heintz

los servicios de informaciones extranjeras de los medios de comunicación de masas hacen circular. El espacio de que disponemos n o nos permite, sin embargo, un a descripción del proceso de codificación mismo [P. Heintz, 1981b]. Para este estudio de aplicación de la clave se utilizan además otros datos estandari- zados a escala mundial, especialmente los

facilitados por las organizaciones d e las Na - ciones Unidas, y particularmente algunos re- sultados de análisis realizados en el Instituto de Sociología de la Universidad de Zurich a

partir de 1966 [P.

S. Heintz, 1973; V . Bornschier, 1976; V .

Heintz, 1972; P . Heintz y

blema se enuncia casi exclusivamente en tér- minos de "límites al crecimiento". La estructura interna de la sociedad mun-

dial se caracteriza

por una estratificación mu y

visible de sus x unidades nacionales según el nivel de desarrollo socioeconómico. Este es en

realidad uno d e los sistemas de estratificación más fácilmente perceptibles del mundo. Pese a la enorme desigualdad existente entre unas

aparecen

unidades y otras, los estratos n o

separados a la manera de un sistema de castas, lo cual se ve impedido por la permanente incidencia d e los valores comunes a todos los

estratos. La estratificación étnica no es domi-

Bornschier, 1980; V . Bornschier, Ch. Chase-

nante. Así, Japón h a pasado a ser

miembro

Dun n y R. Rubinson, 1978; G . Müller, 1981;

indiscutible

del estrato superior. N o

obstante,

H.

P . Meier-Dallach, M . Rosenmund y

algunos renacimientos culturales recientes

R.

Ritschard, 1980; H . J. Hoffmann-Nowotny,

pueden interpretarse como intentos de dismi-

1972].

nuir la incidencia de los valores comunes.

La sociedad mundial

n o tiene una identi-

dad propia que le permita distinguirse de otras sociedades y tapar fisuras internas. Esto no impide que las organizaciones internacionales

tengan

más adelante en este número]. El sistema de las Naciones Unidas, mundial pero segmen- tado (quizá con la excepción del Banco Mun - dial y del Fondo Monetario Internacional),

puede describirse en términos de una especie

de régimen planetario que, por un lado, no está

dominado por el poder económico mundial (multinacionales) y que, por el otro, está básica

y crecientemente apoyado por los países en

desarrollo, particularmente allí donde cada Estado Miembro equivale a un voto. Esto

explica en parte la alta concentración de poder en manos de algunos jefes ejecutivos de deter- minados organismos especializados de este sistema. Los países en desarrollo están má s interesados en disminuir la desigualdad en la distribución de bienes que en el desarrollo

socioeconómico de la sociedad mundial. E n

consecuencia, cabe preguntarse hasta qué pun- to los países desarrollados se interesan por la

evolución de la sociedad mundial como u n medi o de justificar su privilegiada posición sin

perderla. Pareciera que

asunto con demasiada imaginación. El pro-

su propia identidad [ver Ch. Humme l

n o se ha pensado este

El sistema de estratificación internacional ha ido progresivamente perdiendo su legitimi- dad. Las naciones menos desarrolladas no reconocen y a a las desarrolladas como grupos positivos de referencia. Esta pérdida de estatus es algo que dan hoy por descontado aquellos miembros d e la generación más joven de los países en desarrollo que rechazan el "estilo de vida burgués". Co n todo, tal ilegitimidad n o ha motivado una redistribución realmente sustancial de los recursos económicos entre los países ricos y los pobres, como ilustran los préstamos en condiciones especiales del Banco Mundial a los países má s pobres [ver V . Bornschier más adelante en este número].

La estructura de la sociedad mundial se caracteriza además por una multiplicidad de centros de poder político-militar y económico laxamente relacionados entre sí, cuyos inte- reses particulares no se orientan hacia el desa- rrollo global y la justicia social a nivel planeta- rio. Este problema podrá quizá percibirse, pero no se emprende ninguna medida a su respecto. Ello significa, en particular, que el poder económico (empresas multinacionales) actual no está muy instrumentalizado por el poder político-militar y viceversa. Por ejemplo, Sui- za, u n país pequeño, está relativamente más multinacionalizado que ningún otro.

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"La entropía cambiante de la sociedad mundial": caos original visto por Grau de Picart. Snark international.

20

Peter Heintz

El sistema de estratificación interguber- namental tiene dos dimensiones verticales importantes bien diferenciadas: el desarrollo socioeconómico, pero también el poder polí- tico-militar. La desigualdad en la distribución de poder político-militar, medido por medio del producto nacional bruto, los gastos mili- tares y el consumo general del Estado, es mayor que la que existe en el desarrollo socioeconómico. Estas dos dimensiones apare- cen altamente fragmentadas por su intersec- ción. Algunos grupos homogéneos de naciones se definen por valores análogos en ambas dimensiones. Existen no solamente países ricos

y poderosos, amén de otros pobres y débiles,

sino también paísesricosy débiles [C. Nelund, 1978] así como los hay pobres y poderosos, que adquieren cada vez mayor importancia como potencias ' locales. Esta fragmentación, tanto com o la segmentación d e las estructuras d e dominación mundial (países capitalistas y so- cialistas) y de otra índole, han fortalecido a grupos regionales relativamente pequeños de naciones (CEE, ASEAN , Pacto Andino, etc.) [S. Väyrynen, 1970].

Las tensiones que existen dentro de los sistemas intergubernamental e internacional, debidas a la desigualdad entre sus miembros, han sido internalizadas en medida considera- ble por los Estados y naciones menos privi- legiados, incrementando así sus niveles nacionales de violencia y contraviolencia y la inestabilidad de sus regímenes políticos. Esto implica una cierta transmisión de tensiones de un nivel sistémico superior a otro inferior. Finalmente, la sociedad mundial se carac- teriza por una heterogeneidad cultural mante- nida o consolidada por su segmentación en Estados independientes. La revolución iraní es clara muestra de un proceso de segmentación de esta clase. Por otra parte, algunos valores socioeconómicos siguen siendo de especial incidencia a nivel mundial. Las tendencias de la sociedad mundial a corto plazo (1950-1980) pueden describirse según una secuencia de procesos que se imbri- can e interrelacionan parcialmente: la cre- ciente ilegitimización del sistema de estratifica-

ción internacional que conduce a proyectos de revolución mundial articulados por organi-

zaciones d e las Naciones, Unidas; el acelerado

crecimiento

parte de las empresas multinacionales indus-

triales; la incidencia cada vez mayor del sistema intergubernamental cuya dimensión

político-militar presenta una distribución de frecuencias más desigual y más rígida que la correspondiente a la dimensión de desarrollo socioeconómico, incidencia ésta que se ve

incrementada po r las transferencias de

a países en desarrollo, y una cierta transmi-

sión de actividades encaminadas a la solución de problemas desde el nivel mundial al de los Estados nacionales. El primer proceso ha provocado el abismo cada vez más profundo que separa a las naciones desarrolladas de los

países en desarrollo; el segundo ha dado lugar

a nuevas formas de división internacional del

trabajo intraorganizacionalmente determi- nadas (industrialización dependiente); el ter- cero, ha suscitado la necesidad de un nuevo orden económico internacional, y el cuarto ha visto nacer el concepto del "desarrollo endógeno" que es aceptable tanto para naciones desarrolladas como para países en

desarrollo. N o hay

que los problemas y las tensiones fundamen- tales estructuralmente determinados estén en camino de ser resueltos, aunque universal- mente se les reconoce como un a amenaza mortífera para el futuro de la sociedad mundial.

Estas tendencias a corto plazo aparecen como insertas en ciertas tendencias a largo plazo que se remontan al siglo xix, y que se caracterizan por una creciente movilización

de la población mundial merced, por un lado,

a la educación, particularmente en cuanto a

la distribución de competencias intelectuales básicas, y, por otro, a la urbanización. Estas tendencias a largo plazo se caracterizan asimismo por una creciente transformación de los recursos económicos de una nación en poder político-militar a nivel mundial. L a primera tendencia a largo plazo, bien verifi- cada [Peter Flora, 1974], está alcanzando su

d e las inversiones directas por

armas

razón alguna para suponer

Clave sociológica para la

descripción de la sociedad mundial

21

saturación, mientras que la segunda parece estar acelerándose, especialmente con el adve- nimiento de potencias locales en el mundo en desarrollo. La acción de la segunda tendencia no sólo explica la elevada correlación por rangos que existe entre producto nacional bruto, consumo general del Estado y gastos militares, sino que también muestra que la estratificación de países agrupados por rangos respecto de estas tres variables aparece perfectamente cristalizada. Las tendencias a corto plazo antes mencionada s parecen si- tuarse en la intersección de estas dos tenden- cias a largo plazo, debido a una cierta saturación en la movilización y a la acelera- ción en el empleo de recursos nacionales para armas y otros instrumentos de poder aso- ciados con la totalidad de los recursos nacionales, como son la producción científica

y las tecnologías

superioridad de algunas naciones ricas y

avanzadas qu e refuerzan la

grandes.

Es como si nos estuviéramos alejando de ese orden mundial legítimo, meritocrático que postulan los teóricos de la modernización. Tal orden mundial habría resuelto al menos par- cialmente los problemas d e la población en general, colmando las exigencias de legitimi- dad consensualmente aceptadas. Hoy , los ar- gumentos básicos de la solicitud de asistencia (redistribución) son el hambre, las enferme- dades, las catástrofes naturales y la emigración forzosa. Las alegaciones de carácter moral, formuladas en términos de colonialismo, que frecuentemente se esgrimen, n o parecen ser má s eficientes que los antedichos argumentos. Por otra parte, y a causa de la enorme desigualdad que existe en la distribución de

recursos y niveles d e vid a —el 1 0 po r ciento de las naciones má s privilegiadas entre 113 países absorbe el 77 por ciento (en 1970) del producto mundial bruto— una asociación de

Conclusión

Este número de la Revista tiene como objetivo

informar a los lectores acerca de la diversidad y

del cambio de las imágenes de la sociedad mun -

dial. N o obstante, pone también de manifiesto que una parte muy considerable de esta diversi- dad resulta de los diferentes enfoques em- pleados y es por eso de índole complementaria. Los dos enfoques principales empleados son el realizado desde arriba y el efectuado desde abajo. El primero está bien representado por las contribuciones d e Bergesen y Borns- chier, y el segundo por la de Gopal. En general, ambos enfoques se tratan por separado. El conocimiento efectivo de la realidad, contemplada desde cualquiera de dichos án- gulos, parece en rápido aumento. Si esto es así, tanto má s importante resulta investigar si los poderosos yricosreconocen y toman en cuenta los diferentes tipos y grados de movilización de la población en los países en desarrollo, y, en caso afirmativo, en qué medida lo hacen. Este aspecto es complementario a la teoría de la dependencia que ha despertado la conciencia sobre el funcionamiento del poder a nivel de los países en desarrollo. Lo que nosotros sugerimos aquí es avanzar en la elaboración teórica y en la investigación empírica acerca de si —y de qué manera— los ricos y poderosos toman en consi- deración este despertar d e conciencia d e los pobres y los débiles, y en particular cómo reac- cionan a corto y a largo plazo ante los procesos políticos que se dan en los países en desarrollo.

Aún no se han explorado ni utilizado suficientemente las posibilidades d e configurar la sociedad mundial basándose en conoci- mientos sólidos compartidos por distintos gru- pos. Hay fuerzas sociales y culturales pode- rosas que impiden semejante exploración. Sin embargo, una sociedad mundial con real signi- ficado sólo puede ser fruto de u n saber comú n

los

pobres e impotentes, com o son las naciones

y

compartido

qu e

revele claramente los espa-

no

alineadas, no podría establecerse como u n

cios de acción y favorezca la auténtica partici-

contrapoder au n cuando los pobres e impo-

pación d e los individuos en esta sociedad, sin

tentes n o estuviesen fragmentados y los ricos

negar, por supuesto, de ninguna manera, la

poderosos continuaran tan divididos como lo están.

y

irrevocable existencia de intereses antagónicos. Traducido del inglés

22

Peter Heintz

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La nueva ciencia del sistema del mund o

Albert Bergesen

La ciencia social se preocupa cada día más por el estudio de la dinámica global y por lo que ha dado en llamarse el sistema del mundo moderno [Wallérstein, 1974; Bergesen, 1980a; Meyer y Hannan, 1979], L a idea esencial es que existe un sistema global que tiene vida

propia independientemente de las sociedades nacionales constitutivas que existen dentro de sus límites. El estudio del sistema del mund o es co n cierta frecuencia definido como la economía política del sis- tema mundial, con un eje

fundamental d e interés:

el desarrollo, a partir del siglo xvi, del capitalismo como economía mundial. Entre los ejemplos má s

recientes de trabajos d e

investigación sobre el sis-

tema del mundo po - demos citar los estudios sobre la acumulación de capital a escala mundial [Amin, 1976; Frank, 1978]; las relaciones d e

intercambio desiguales entre el centro y la periferia de la economía mundial [Emma-

nuel, 1972];

extranjera y la dependencia del comercio sobre el crecimiento económico y la desi- gualdad de las rentas en países menos desa- rrollados [Bornschier, y otros, 1978; Chase- Dunn, 1975; Rubinson, 1976]; el desarrollo histórico de la economía mundial como u n todo [Wallerstein, 1974; 1980]; las estruc-

los efectos d e la inversión

turas y procesos d e la comunidad política mundial [Meyer, 1980; Thomas y Meyer, 1980]; los diversos ciclos largos de la economía del mundo [Frank, 1980; Mandel, 1980; Berge- sen, 1981] y el sistema estatal internacional [Bergesen y Schoenberg, 1980; Modelski,

1978].

Los estudios mencionados son muy va- riados. Algunos centran su atención en la economía mundial, otros en el sistema estatal internacional o e n la cultura universal. Lo s

parámetros cronológicos también difieren; algunos han limitado su interés estrictamente al siglo xvi, otros a los años 1955-1975, mientras que aún otros han intentado abarcar la dinámica co- lectiva del orden global

total a lo largo

d e

los

Albert Bergesen trabaja en el Departa- mento de Sociología de la Universidad de Arizona, e n Tucson, Arizona 85721, Estados Unidos de América. Se especializa en el tema del sistema mundial y en 1980 publicó la obra Studies of the modern world-system.

últimos quinientos años. Las metodologías d e in- vestigación varían tam- bién d e estudio a estudio; algunas se valen de la ilustración histórica para fundamentar sus tesis mientras que otras recurren a alam- bicadas técnicas estadísticas para analizar temas relativos al comercio, al crecimiento económico y a la desigualdad d e los ingre- sos. L a técnica d e investigación utilizada parece limitada en amplia medida por el periodo escogido para el análisis y por la calidad d e los datos disponibles. Los periodos

24

Albert Bergesen

Mapa del mundo según un manuscrito anónimo, de probable origen español y defines del siglo vm , completado hacia 1109 en el monasterio de Silos, Burgos (Castilla la Vieja). Bibliothèque Nationale/París.

más extensos parecen prestarse más al análisis histórico, mientras que la disponibilidad de datos internacionales de alta calidad a partir de 1950 hace que se prefieran los estudios estadísticos referentes al periodo actual. U n análisis de sistemas mundiales, empero, no está limitado ni por periodos ni por técnicas de investigación particulares. El único criterio general es que el investigador se esfuerza por comprender claramente los procesos globales ocurridos desde los comienzos del sistema mundial en el siglo XVI. Aunque los estudios sobre el sistema del mundo moderno presentan grandes diferencias en cuanto a sus temas de análisis, los periodos abarcados y las técnicas metodológicas utili- zadas, todos ellos comparten dos supuestos comunes. Primero, creen en la existencia de un

sistema global o mundial exógeno a las socie- dades nacionales, que puede ser estudiado en

y por sí mismo. Es decir, que la economía

mundial, o el sistema estatal internacional, tienen vida y dinámica estructural propias, susceptibles de ser identificadas y modeladas. Segundo, este sistema mundial tiene efectos sobre el desarrollo, y, lo que es más importante, sobre el subdesarrollo de aquellas sociedades nacionales insertas dentro de sus estructuras globales. N o sólo se trata de un sistema mundial "que está ahí", sino que determina el desarrollo de las áreas incluidas dentro de sus límites. En efecto, el desarrollo o subdesarrollo de un país tiene más que ver con su situación jerárquica en la división mundial del trabajo que con su propio ritmo interno de desarrollo. Toda temática de desarrollo económico, desde

La

nueva ciencia del sistema del

mundo

el

punto de vista sociológico más

tradicional,

lo

es de movilidad ascendente en una estruc-

tura global de clases, desde el punto de vista

del sistema del mundo.

Definición de la globología

A esta ciencia incipiente de la dinámica global

podemos llamarla globología, que significa sencillamente ciencia de los procesos globales netos y distintos, ya sean económicos, políticos o culturales. Si la sociología es la ciencia de los sistemas sociales, la globología será la ciencia de los sistemas globales. La globología, pues, guarda cierto paralelismo analógico con la sociología, y estudia la estructura y los pro- cesos del sistema del mundo como u n todo, más o menos como la sociología estudia la estructura y los procesos sociales.

Podemos preguntarnos, entonces ¿qué quiere decir "una nueva ciencia"? Sin duda ya contamos con un a economía política del

comercio internacional bien desarrollada y con

las relaciones interna-

una ciencia política d e

cionales. Esto es cierto, desde luego, y el nuevo paradigma de la globología utiliza realmente una parte considerable de la investigación y muchas ideas teóricas de estas disciplinas más tradicionales. Pero lo característico y propio

de la globología es la inversión en la dirección del razonamiento causal que hallamos en estas disciplinas má s tradicionales. Dond e las rela- ciones internacionales, o la economía interna- cional, por ejemplo, enfocan el mundo má s

como

tados y economías nacionales independientes,

la visión globológica identifica aquellas estruc-

turas inequívocamente globales que hacen posible la existencia misma del comercio inter- nacional. En efecto, el mundo es más que una colección de ciento cincuenta y tantos Estados separados. Tampoco se limita el sistema del mund o a las pautas d e intercambio comercial

y económico entre estas entidades nacionales

más básicas. El carácter sistémico del sistema mundial es algo más que una circulación de bienes entre Estados. Hay algo más. Existe una

un a agregración interactuante de Es -

25

estructura social global que posibilita estas pautas mismas de intercambio comercial y de política internacional. E s justamente un a es- tructura social transnacional en un modelo de dinámica global lo que distingue la globología de todos los esfuerzos anteriores d e la ciencia social por conceptualizar el sistema de mundo . La globología es diferente de nuestros enfoques actuales exactamente del mismo modo en que la sociología era diferente del utilitarismo d e los economistas clásicos. Para la vieja concepción utilitaria, que surgió a mediados del siglo xvn , la noción de orden

colectivo (sociedad) era una derivación

intercambios entre actores individuales. El planteo utilitario de Hobbes, Locke, Smith, Ricardo, Mill y otros presuponía que el orden social se iniciaba con individuos separados a quienes se atribuía un número indeterminado de necesidades y apetencias presociales. El paso siguiente es la noción de que los indivi- duos se dan al comercio y al intercambio entre ellos para satisfacer esas necesidades, y, que la

prosecusión racional de estosfinesindividuales es lo que origina la división del trabajo d e la economía clásica. E s importante comprender que en el utilitarismo la lógica causal procede de abajo hacia arriba, empezando por el individuo y sus necesidades presociales y concluyendo en la génesis de una división del trabajo y del contrato social. Desde este punto de vista la sociedad es u n subproducto del comportamiento individual; u n convenio, o contrato, creado por individuos separados para poder alcanzar así sus objetivos individuales [Bergesen, 1980b].

d e los

Este planteamiento utilitario fue desa-

fiado en el

ción de la vida social que vino a llamarse sociología, que yo quisiera definir en términos suficientemente amplios como para dar cabida a Marx, Weber y Durkheim. Para los utilita- rios, la crisis se generó por la aparición de estructuras sociales de capitalismo industrial en amplia escala que no parecían ser el subpro- ducto de una infinita cadena de contratos e intercambios económicos entre personas. Los horrores del sistema de fábricas y ciudades

siglo xi x por una nueva representa-

26

Albert Bergesen

industriales superpobladas, junto con la gran concentración de capital y de mano de obra que caracterizaba al orden capitalista inci- piente parecían algo más que el mero consenti- miento consciente de actores racionales dados al intercambio económico para promover sus intereses personales. Es evidente que se promo- vían así los intereses d e algunos, pero n o lo es menos que los intereses de la inmensa mayoría no entraban en juego. Si el nuevo orden industrial del siglo xix parecía ser una urdimbre d e intercambios económicos individuales racionales, entonces, ¿qué era? La respuesta sociológica consistió en sugerir la existencia de otra esfera de realidad —la sociedad— qu e n o sólo existía indepen- dientemente de las interacciones individuales, sino que hacía posible esa misma interacción. La sociedad tenía vida propia, ya fuese bajo la forma d e los modo s de producción y las

relaciones de clases propuestos por

las representaciones colectivas de Durkheim,

o d e las estructuras d e autoridad y

no

Marx , o de

legitimidad

política weberianas. Estructura social, estruc- tura de clases, o cultura, valores, normas y reglas: todo este material social tiene una existencia anterior a los individuos, se sostenía. Es más, precedía a su interacción, y la hacía posible. Se vuelve el utilitarismo al revés. E n él, las disposiciones individuales se conceptua-

lizaban como apetencias y necesidades preso- ciales, cuya satisfacción creaba la división del trabajo clásica. L a lógica pasa aquí de lo presocial a lo social. La sociología empezó con

lo social y dedujo luego patrones de interacción

humana, como la división del trabajo vista

como el producto de la estructura de clases marxista, como las representaciones pre-

contractuales de

tivos económicos culturalmente determinados de Weber. La sociedad no sólo crea la división del trabajo sino que, a través de la socializa- ción, configura las disposiciones individuales, toda vez que ahora se trata de personas e identidades sociales más que de apetencias y necesidades.

Los utilitarios razonaban hacia arriba: de las necesidades individuales a la división del

Durkhei m o como los mo -

trabajo. Los sociólogos razonaban hacia abajo:

de la sociedad a la división del trabajo y a las identidades, valores y personas sociales, que venían a sustituir cada vez má s las apetencias

y necesidades de los economistas clásicos como

aspecto vital de la personalidad humana. La sociología no conoció desafío alguno hasta después de 1945, cuando la aparición de un gran número de naciones nuevas en el tercer mundo planteó el interrogante del origen del subdesarrollo. El paradigma del sistema mun -

dial surgió como reacción ante el fracaso de la sociología en dar una explicación adecuada del subdesarrollo, de modo mu y parecido a como la propia sociología había surgido ante el fracaso del utilitarismo en dar una explicación pertinente del capitalismo industrial en las metrópolis británicas y europeas. Desde el punto de vista sociológico el subdesarrollo es resultado de procesos que tienen lugar dentro de las sociedades; desde el punto de vista del sistema mundial es resultado de procesos que ocurren entre las sociedades. A partir de los científicos sociales latinoamericanos [Prebisch, 1950; Do s Santos, 1970; Cardoso y Faletto, 1979], que alegaron que sus economías iban mu y por detrás de los países má s desarrollados

a causa de su dependencia del mercado mun-

dial de materias primas, se ha hecho cada vez más evidente que para una parte considerable

del tercer mund o el

más que ver co n las

gan con Estados desarrollados que con los avances de su propio desarrollo interno. L a clave del proceso del desarrollo desigual del

mundo fue captada por A . G . Frank en la frase "el desarrollo del subdesarrollo", qu e quería

decir qu e los países del

estaban subdesarrollados por culpa de su atraso, o porque se hallasen en una etapa inicial de desarrollo, sino a causa de su forzada participación en el desarrollo capitalista mun- dial como una periferia oprimida dentro de una división mundial del trabajo jerárquica má s amplia. E n efecto, el primer y tercer mundo no eran más que la parte superior e inferior de un solo mundo : el único sistema del mund o moderno, como Wallerstein lo llamaría.

progreso económico tiene relaciones que se manten-

tercer mund o n o

La nueva ciencia del sistema del

mundo

27

Esta visión del sistema del mundo, expuesta en formas ligeramente diferentes por

Wallerstein, Samir Ami n y A . G . Frank, tenía

en común la suposición de que la división del

trabajo centro-periferia es el rasgo estructural esencial del capitalismo en el mundo, y que el intercambio desigual de bienes entre sus zonas centrales y periféricas es lo qu e explica las desigualdades en el desarrollo mundial.

Como concepción del orden planetario el razonamiento causal procedía nuevamente ha-

cia arriba, desde las parte (centro y periferia)

al todo (la división mundia l del trabajo). Est e

utilitarismo global se inicia con suposiciones acerca de la fuerza económica y político-mili-

tar relativa d e los Estados centrales y d e las regiones periféricas. Naciones o zonas econó- micas enteras pasan a ser las unidades funda- mentales, análogas a los individuos en el

utilitario d e los econo- ulterior interacción de

primitivo paradigma mistas clásicos. L a

centro y periferia se traduce en la aparición de

un sistema: la división mundial del trabajo basada en el intercambio desigual. Aquí, la realidad colectiva del sistema se materializa en la circulación de bienes, en el intercambio desigual de productos manufacturados del

centro y de materias primas de la periferia. Las relaciones sociales a escala mundial son, por

lo tanto, relaciones de intercambio, lo cual

refleja la idea de que la circulación de bienes

representa la esencia de la división mundial del trabajo. Las relaciones sociales de producción,

o d e clases, son cuestiones internas d e las

sociedades centrales o d e las periféricas, pero no se plantean entre ellas. N o hay nada que objetar a esto, salvo que toda la cuestión de la organización de la producción y del esfuerzo sociológico por identificar las realidades so-

ciales y las estructuras de clases emergentes n o

es posible a nivel mundial.

Este problema que plantea la concepción

del capitalismo mundial basada en la división

trabajo centro-periferia h a sido advertido

por otros, que han indicado que este punto de vista oscurece la cuestión de las clases y de los

modos de producción [Laclau, 1971; Brenner, 1977]. Tanto Frank [1979] como Wallertsein

del

[1977] han respondido que producción e inter- cambio son parte del mismo proceso de acumu-

lación capitalista, y

como más crucial que el otro es gratuito. Frank

[1978] también h a defendido un a especie de posición intermedia, o sea, que el subdesarrollo

es resultado de ciertas relaciones de clases en

los países periféricos combinadas con las rela- ciones de intercambio desigual co n las metró- polis capitalistas.

Ha y u n tema aquí en el que , ni los marxistas má s tradicionales, que ponen el

acento en las relaciones d e producción, ni la tradición Wallerstein/Frank/Amin, que des- taca el intercambio desigual, ha n reparado. Unos y otros operan con niveles de análisis fundamentalmente distintos. Los que acentúan

la importancia de las clases tratan, en términos

generales, sobre las relaciones entre grupos dentro d e sociedades (la relación capital/tra- bajo clásica); no se ocupan de las relaciones de

clases netamente mundiales, ni nada que se le parezca. Por otro lado, al hacer hincapié sobre

el intercambio desigual se hace referencia a

relaciones entre sociedades y, por consiguiente,

a procesos y relaciones sociales globales, más

que internos a las sociedades. Esta diferencia de acento ha surgido porque estamos todos operando todavía dentro de los supuestos básicos de la sociología decimonónica que estimaba que las sociedades, o las formaciones sociales, eran la forma más básica de realidad colectiva manifiesta. Esto también se puede aplicar al marxismo tradicional, para el que las ideas sobre los modos de producción, aunque generales y analíticas, se refieren a ordena- mientos sociales de nivel nacional, como se nota por las frecuentes referencias al capita- lismo británico, al socialismo polaco o a la esclavitud norteamericana ante bellum. Desde

este punto de vista es natural que los problemas

de la propiedad y del control de los medios de

producción se presenten como cuestiones na-

cionales o regionales, nunca como globales. Al confrontarnos con una economía mundial de unidades nacionales múltiples, hemos tendido

a verla como la articulación de diferentes

modos de producción, como un a especie de

separar u n componente

28

Albert Bergesen

amalgama de capitalismo en el centro, cua- sifeudalismo en partes de la periferia y socia- lismo en la semiperiferia. Pero lo que es indispensable recordar es que algunas ideas generales —como la de los modos de produc- ción— corresponden a estructuras que existen

a un solo nivel de análisis, el social o nacional.

ahí el dilema de la visión marxista

D e

tradicional: centrar la atención en las rela- ciones de clase es limitar el análisis a realidades

intrasociales, haciendo que la economía mun- dial aparezca como una colección de diferentes tipos de relaciones de clase en cada rincón del globo, más que como constituida por una sola relación de clase abarcadura y global entre centro y periferia. ¿Es la idea d e la división del trabajo centro-periferia de Wallerstein, Frank y Ami n má s convincente? Sí, porque al menos se centra

la atención en la economía mundial como u n

todo y se intenta asir conceptualmente su esencia. Y no, porque también ellos se aferran

a la reificación decimonónica de las sociedades,

lo cual les lleva a elaborar sus teorías a partir de relaciones entre sociedades (la división del trabajo centro-periferia). Tanto aquellos que optan por acentuar las relaciones sociales d e producción como los que destacan la división mundial del trabajo dan por supuesto que el mundo n o es otra cosa que unos ciento cincuenta Estados y economías nacionales separados, o agrupados en zonas centrales y

periféricas. Ambos operan en diferentes niveles de análisis, lo cual a su vez dicta las relaciones que considerarán determinantes. Los que se centran en las relaciones d e clase, en general, se ocupan de relaciones de producción dentro

de sociedades nacionales, y no

formulación alguna respecto a las relaciones de

clase netamente mundiales. Los que optan por la economía mundial como un todo acentúan

las relaciones de intercambio entre sociedades

y n o tienen la meno r noción

de clase

mundial. Si la producción se lleva a cabo dentro de sociedades centrales y periféricas, entonces todo se reduce al intercambio d e productos, lo cual da una imagen de la econo-

disponen d e

d e las relaciones

o modos d e producción a nivel

mía mundial que puede describirse como u n conjunto de relaciones de intercambio desigual entre sus partes centrales y periféricas.

Las relaciones de clase a nivel mundial

¿Es esto inevitable? ¿Debe la clase ser única- mente una cuestión social y debe la economía mundial verse sólo en términos de comercio e intercambio? Hay una forma de escapar de este

callejón sin salida intelectual. Se trata de tomar

lo mejor de

—y hablar d e relaciones d e clase a escala mundial. En efecto, si clase implica la propie- dad o el control de los medios de producción, podemos e n toda justicia referirnos a los medios de producción mundiales, esto es, a las relaciones de clase mundiales. Cabe pregun- tarse: ¿quién posee los medios d e producción mundiales? E l centro; tal es, e n términos generales, la respuesta. Primero mediante la dominación colonial formal, y luego con la inversión extranjera, la penetración d e las

multinacionales, las intervenciones militares y otros mecanismos, el centro ha mantenido el control, si no la propiedad, de la producción periférica desde los comienzos del sistema

las dos posiciones —clase y mund o

mundial en el siglo xvi. Así pues, las relaciones centro-periferia pueden considerarse una espe-

cie de relación d e clase, y n

relación de intercambio. E l término "clase" puede resultar aquí algo inapropiado, ya que se halla tan estrechamente vinculado a la relación capital-trabajo dentro d e los países. Pero, si consideramos la forma e n que los

Estados centrales han controlado la produc- ción periférica desde el siglo xvi , veremos sin duda que entre el centro y la periferia de la economía mundial global existe algo semejante

a una relación de clase. Esto no equivale a

negar la existencia de una división mundial del trabajo. Tal división existe dentro de un marco social a escala planetaria que garantiza y reproduce la desigualdad d e los intercambios

o merament e una

La nueva ciencia del sistema del

mundo

29

El místico sistema mundial: Astrólogos, atribuido a Holbein (siglo XVi). Sitarle international.

contemplarse como algo semejante a una relación mundial de clase, por cuanto refleja la propiedad y el control de los medios de

riferia, del mismo mod o que existen jerarquías producción a una escala netamente mundial.

dentro de las sociedades nacionales que crean

y configuran la división del trabajo de los

antiguos utilitarios. Seguir concibiendo la economía mundial estrictamente como una división del trabajo es incurrir en el mismo tipo de error a la Robinson Crusoe que aquéllos. Pues la economía mundial no es precisamente la de aislados Crusoes empeñados en un intercambio desigual de productos manufactu- rados y materias primas y desprovistos de toda estructura social mundial abarcadura determi- nante de tales intercambios.

La división mundial del trabajo actual entre un centro generalmente industrializado

y una periferia productora de materias primas

es una necesidad dictada por siglos de domina-

ción colonial, es decir, por siglos de producción

periférica bajo el control del centro. Desde cierto punto de vista esta situación puede

económicos globales. Tenemos, por lo tanto, una estructura social global que crea y repro- duce la desigual división del trabajo centro-pe-

Una vez que se ha hecho posible pensar de esta manera, razonar por vía descendente desde la presencia de relaciones de clases mundiales y de la idea de un modo de producción netamente mundial a cuestiones de comercio e intercambio, quedará superado el apego sociológico a las realidades sociales nacionales del siglo xix.

30

Albert Bergesen

160-

120-

2 80-

40-

0-

1400 1460 1520 1580 1640 1700 1760 1820 1880 1940 2000

Año

FIG.

Fuente: Bergesen y Schoenberg, 1980, p. 236.

1. Ondas largas del colonialismo formal. (Número total de colonias por año de 1415 a 1969).

Ritmos cíclicos del sistema mundial

Junto con la constante estructural de la divi- sión del trabajo centro-periferia, el sistema del mundo ha también crecido como un todo y se ha expandido y contraído en ondas largas, o ciclos largos, como se les llama. Estas ondas generalmente se analizan y exponen en tér- minos d e movimientos d e la economía mun- dial, tales como las alzas y bajas en la produc- ción [Kondratieff, 1935], las innovaciones [Schumpeter, 1939], los beneficios [Mandel, 1975; 1989] y la acumulación general de capital

econo-

mía mundial h a sido objeto d e la mayor

[Mandel, 1980; Frank, 1978; 1980]. L a

atención, pero también es verdad que otras dimensiones del sistema mundial fluctúan igualmente en movimientos cíclicos, y que un mejor conocimiento del mod o de interrelación de estos diversos ciclos podría darnos la clave para descifrar el código genético de la lógica interna de la economía mundial.

Ondas largas de la dominación colonial formal

El colonialismo es un aspecto particularmente

importante del sistema

senta, como decía antes, la principal manifesta- ción de las relaciones d e clase mundiales; es

del mundo , que repre-

La

nueva ciencia del sistema del

mundo

160 —

120--

80-

40--

o-

1400

^4 1520

1460

/

/

1580

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Año

/ A

1760

f-4—f

1820

1880

^

1940

31

2000

FIG. 2 . Principales guerras europeas y ondas largas del colonialismo. (Se definen com o principales las guerras en que participaron 50 000 combatientes como mínimo, que duraron por lo menos dos años y que contaron al menos con una gran potencia de cada lado.) Fuente: Bergesen y Schoenberg, 1980, p. 244.

asimismo importante como aspecto estructural del sistema en su conjunto. Com o nexo entre

el centro y la periferia, el colonialismo es una

propiedad del sistema mismo. El colonialismo puede enforcarse desde la perspectiva de países

o colonias particulares, pero puede también examinarse en su conjunto, esto es, en el

númer o total d e colonias desde

del colonialismo europeo hasta nuestros días. El colonialismo formal apareció en dos ondas generales. La primera, desde el siglo X V hasta comienzos del xix, y la segunda, desde finales

del xix hasta mediados del siglo xx . Estos dos ciclos se exponen gráficamente en la figura 1. (Para una exposición detallada sobre el mod o

en que se ha computado el colonialismo, véase Bergesen y Schoenberg [1980].)

los comienzos

Ciclos largos del comercio

y del mercantilism o

U n segundo ritmo cíclico que sigue la misma periodicidad general que el colonialismo es el

referente al grado d e

intercambios económicos centro-periferia. Lo s

periodos de libre comercio representan u n grado bajo de intercambio políticamente regu- lado, mientras qu e los periodos d e proteccio- nismo, alza d e los aranceles y políticas d e comercio mercantil en general representan una

regulación de la

cita. Durante el primer ciclo de colonialismo,

desde el siglo XVI a principios del xix, el comercio entre las colonias y las metrópolis europeas estaba mu y regulado y estructurado

regulación política d e los

economía mundial má s explí-

32

Albert Bergesen

bajo la política general del mercantilismo. Durante la década de 1820 hizo su aparición

el libre comercio y con la paz, prevalecía una

hegemonía productiva y militar británica. D e

un

periodo de libre comercio, que duró hasta

modo semejante, e n

1945-1973 hubo otro

los años 1870, en el que subieron nuevamente

periodo de descolonización, Ubre comercio y

las

tarifas aduaneras, y, como puede apreciarse

paz general bajo la hegemonía norteamericana.

en

lafigura1, comenzó también a ascender la

Haciafinalesdel siglo xix, junto con el ascenso

segunda onda del colonialismo. Las tarifas

aduaneras alcanzaron su punto más alto du-

rante los años de entreguerras, y posterior- mente, junto con el descenso del colonialismo

a partir de 1945, empezaron a declinar. L a negociación del GAT T e n 1947 señaló el

comienz o de una segunda era de libre comercio que duró hasta mediados de la década de 1970,

cuando,

una vez más, resurgió el proteccio-

nismo.

Onda s largas d e la competición y la guerra entre los Estados

Los cien años de paz transcurridos entre 1815

y 1914, y

principales potencias centrales desde 1945, se

corresponden con los periodos d e descenso colonial y de libre comercio. D e modo análogo,

el periodo de 1500-1815 y el de 1870-1945 se

distinguieron por la expansión colonial, las relaciones comerciales de signo mercantil y la competición y conflicto entre las potencias centrales. Durante el primer ciclo (1500-1815) hubo guerras incesantes entre los Estados

absolutistas, que cesaron tras las guerras napo- leónicas en 1815. Luego, excepción hecha de

la breve guerra de Crimea de 1854-1856, reinó

una pa z general entre las grandes potencias hasta el estallido de la primera guerra mundial

en 1914. La asociación d e los otros ciclos con los d e la guerra y la pa z puede apreciarse en

lafigura2 , que, junto al

muestra la incidencia de las principales guerras entre las grandes potencias.

la ausencia d e guerras entre las

ciclo del colonialismo,

Ciclos largos d e la hegemonía

En relación estrecha con la guerra y la paz se

halla el ejercicio de la hegemonía por

parte de

un solo Estado. Hacia mediados del siglo xix, junto con una actividad colonial menor, con

del colonialismo y el alza d e las tarifas adua- neras, se hizo patente una creciente rivalidad entre los Estados centrales, cuando Alemania

y los Estados

a desafiar, y a superar, al poder industrial

británico. Una situación análoga parece existir hoy, cuando Japón y Europa desafían a los Estados Unidos de América económicamente

y la Unión Soviética militarmente. Una vez

más el poder hegemónico dominante se halla en decadencia y la rivalidadentre los demás Estados centrales va en aumento.

En u n sentido general, esto significa que la situación internacional está desplazándose de la unicentricidad (dominación ejercida por- un solo Estado) a la multicentricidad (cierto número de Estados competidores). La multi-

centricidad caracterizó el sistema estatal inter- nacional desde la década de 1870 hasta 1945,

cuando surgieron los

rica como potencia hegemónica sucesora del

Reino Unido. En este sentido, 1945 y 1815 son

análogos. Lo s conflictos serios entre

grandes potencias cesaron, la descolonización emprendió su curso, el libre comercio fue

sustituyendo a las políticas mercantiles y apa- reció u n nuevo Estado hegemónico e n el horizonte. Y no es menos cierto que la década de 1870 presenta una enorme semejanza con

cuando la hegemonía de los Estados

Unidos de América empezó a enfrentar graves desafíos, como le había sucedido a Gran Bretaña cien años atrás. Todavía n o está del todo claro cuál será el sucesor de la hegemonía norteamericana.

la de 1970,

Unidos d e América empezaron

Estados Unidos de Amé -

las

Onda s largas d e las fusione s entre empresas industriales

Los últimos fenómenos cíclicos que examina- remos caracterizan únicamente el periodo del capitalismo industrial, esto es, los años

La

nueva ciencia del sistema del

mundo

transcurridos desde la mitad del siglo xix, cuando la empresa capitalista moderna comenzó a hacer sentir su presencia. Estos ciclos guardan estrecha relación con los altibajos generales de la economía mundial. Durante los periodos de expansión económica generalizada la empresa capitalista crece manifiestamente merced a la ampliación de su organigrama básico. Por ejemplo, durante

el auge de mediados del siglo xix, la firma

familiar original creció en magnitud y expandió rápidamente sus operaciones. Luego, con la caída generalizada de finales

del siglo, que se inició con la gran depresión de 1873-1896, gran cantidad de firmas quebra- ron y apareció un a oleada de fusiones me - diante las qu e firmas má s pequeñas se combinaban para formar empresas mayores. Este movimiento alcanzó su máxima expre- sión en los Estados Unidos de América al comienzo del siglo: allí apareció por primera vez la empresa de unidades múlti- ples moderna (Standard Oil, General Elec- tric, United States Steel, Dupont, Anaconda Copper, etc.). Aunque hubo u n alza de corta duración antes de la primera guerra mundial, las décadas d e 1920 y 193 0 fueron periodos de crecimiento lento y depresión y la de

1940 giró en torno a la segunda guerra mun-

dial. Sólo después de este largo periodo de estancamiento y depresión se inició otra era de mejora y crecimiento generalizados en

la economía mundial, que comenzó a partir

de 1945 y continuó hasta los primeros años setenta, época en que la economía mun- dial sufrió otro desplome importante en 1974-1975 y luego nuevamente en 1980-1981. Los años d e auge d e 1945 a 1973 vieron expandirse de nuevo la empresa capitalista básica, de modo muy parecido al crecimien-

to d e la firma familiar durante los años medios del siglo XIX. L a diferencia estaba en que la unidad básica era ahora la sociedad anónima moderna, que pasó a constituir la empresa multinacional en los años de auge que siguieron a 1945, al abrirse nuevos mercados

y expandirse las operaciones transnacional- mente.

33

La

crisis qu e se avecina

Esto nos trae al momento actual y la cuestión

de si

largo periodo de estancamiento y depresión de la economía. Mucho s aseguran que sí [Forres- ter, 1976; Mandel, 1980; Frank, 1980; Berge- sen, 1981], y si así fuera, entonces tendríamos que esperar, también una vez más, una oleada de fusiones, ya que al quebrar nuevamente las firmas, las fusiones se convierten e n u n medi o para desatascar el proceso de acumulación que permitirá a la economía mundial seguir avan- zando durante el próximoflorecimiento,en los albores del siglo xxi, el equivalente inmediato

de los auges capitalistas

estamos entrando, una vez más, en u n

de 1848-1873 y d e

1945-1973.

Podrían producirse, aparentemente, dos clases de fusiones. Primero una fusión de multinacional con multinacional, muy pare- cida a la d e las antiguas firmas familiares qu e se unieron para crear la sociedad anónima moderna a finales del siglo xix. Algunos ejemplos de ello pueden verse ya en la industria mundial del automóvil, donde la superproduc- ción y la excesiva competencia resultantes de

los años de auge entre 1945 y

obligando al cierre a muchas firmas y redu- ciendo seriamente las ventas d e casi todas las compañías. La Renault francesa, por ejemplo, ha comprado recientemente la American Mo - tors Corporation, una empresa norteameri- cana en quiebra. Aunque va a haber gran número de fusiones de este tipo, no creo que sea ésta la reorganización de la producción más fundamental generada por la crisis que se avecina. Habrá también otra clase de fusión, la de multinacionales con el Estado, que creará cierta especie de empresa pública multinacio- nal. Ya existe un número creciente de empresas públicas multinacionales, como Renault, Pe - mex, British Petroleum, que, sin embargo, n o son las unidades básicas dentro de la economía mundial. Aunqu e representan, sin duda, un a forma de empresa cada vez más en auge, los cimientos de la economía mundial capitalista de nuestros días sigue siendo la sociedad multinacional esencialmente privada.

1973 están ho y

34

Albert Bergesen

Mi tesis en este contexto es que una mengua económica prolongada desde ahora hasta las postrimerías del siglo verá la quiebra de una serie de estas multinacionales privadas, con el resultado de que los Estados se harán cargo de algunas de ellas, haciendo del modelo de relaciones economía/Estado "Japan Inc." el organigrama típico d e las empresas que serán predominantes en el resurgimiento d e comienzos del siglo xxi. Es probable que el Estado no se haga precisamente cargo de las empresas en bancarrota, pero, como en el Japón, se convertirá él mismo en una especie de empresa que organice la producción a escala nacional.

Esto

parece

indicar

qu e la

economía

mundial del siglo xx i será una

economía

oligopolista, donde los participantes serán Estados que se comporten como empresas. Pero n o es éste todo el futuro. Como queda reseñado, la firma crece por expansión de su organigrama básico durante periodos de expansión de la economía mundial. D e modo que la mejora del siglo xxi probablemente verá crecer y expandirse la empresa pública d e modo mu y semejante al de la sociedad anó- nima durante el auge d e 1945-1973. Luego, más avanzado el siglo XXI, quizás sobrevenga otro periodo de crisis y estancamiento, ya que toda expansión de la producción es causa de superproducción, competencia excesiva, re- ducción e n los precios y quiebra de las em - presas. Esta vez el principio de centralización y concentración puede llevar a consolidaciones políticas, cuando una empresa pública se fu- sione con otras.

Circulación de las hegemonías

En general, pues, cuando sobreviene una me- jora en la economía mundial la empresa crece merced a la expansión de su esquema básico; cuando sobreviene una crisis, la empresa sigue creciendo, pero por fusión con otras empresas. Este proceso también parece guardar una interrelación co n los ciclos d e hegemonía. Pareciera que, en un momento decisivo de la

crisis económica, el impulso hacia la fusión y la creación de una firma nueva y má s amplia

encuentra resistencias dentro del Estado

nante. Por ejemplo, durante la crisis de finales del siglo xix, mientras los Estados Unidos de América y Alemania estaban creando organi- zaciones productivas en amplia escala (el trust, el cartel, la gran empresa), el Reino Unido sólo se ocupaba de reorganizaciones de la produc- ción superficiales y exteriores [Chandler,

domi -

1980].

El movimiento d e fusión británico del mismo periodo se dio má s bien enfirmasco n una integración relativa, sobre todo tendientes al control d e los precios y a la compra d e materias primas en grandes cantidades. N o supuso en ningún momento la reorganización de la gestión interna y la creación d e una jerarquía especial y propia de la dirección de empresas, como en los Estados Unidos d e América y Alemania. Por eso, Inglaterra no fomentó el esquema empresarial moderno en la misma medida que lo hicieron Alemania y los Estados Unidos, y por lo tanto n o podía hallarse en posición dominante durante la prolongada expansión del gran florecimiento económico de mediados del siglo xx , cuando hizo su aparición la sociedad multinacional como unidad organizacional básica de la pro- ducción mundial.

dominante, realmente, n o

logra acomodarse a la crisis, cabría esperar entonces que los Estados Unidos de América no consigan adaptarse a la que ahora se ave- cina. Aunque los Estados Unidos de América emprendan alguna absorción de firmas, no lo harán en el mismo grado que otras potencias centrales en ascenso, como Japón. Así pues los Estados Unidos quizá no lleven a cabo con

éxito la transición al mundo d e la empresa pública y tal vez n o logren sacar partido de la

siglo xxi. E n

prosperidad d e comienzos del

virtud de una decisión reciente, el gobierno de la República de Corea ha ordenado a sus tres principales fabricantes de automóviles que se fusionen en un intento de recobrar algunos de los sectores del mercad o que estaban per- diendo. Es imposible imaginar que ocurra una

Si el Estado

La nueva ciencia del sistema del mundo

35

cosa semejante en los Estados Unidos de Amé - rica, donde el actual convenio socioeconómico prohibe rotundamente un control tan explícito del Estado sobre las empresas "privadas".

Si el fracaso de Inglaterra en avanzar satisfactoriamente hacia el esquema empresa- rial moderno a la vuelta del siglo es parte de un proceso más general, entonces quizá ten- gamos una pista respecto al mod o en que las élites económicas se ven empujadas a circular dentro de la economía mundial globalmente considerada. Los ciclos 4 y 5 parecen estar en interconexión, pues resulta evidente que el cambio en la ventaja productiva de un estado

al siguiente -es decir, el ascenso y descenso de

los Estados hegemónicos- puede mu y bien guardar relación con su aptitud para adaptarse

a los periodos de declinación de la economía

mundial. El ocaso del Reino Unido en su moment o (y de los Estados Unidos de América hoy) se explica por numerosas razones, y la organización de la empresa no es más que una de ellas; sin embargo, en mi opinión, constituye un elemento importante.

El proceso de las hegemonías circulantes está ligado a la dinámica general del creci- miento de la economía mundial. Pareciera

como si diferentes países asumieran la ventaja productiva, y con ella la hegemonía mundial, sólo para perderla luego en favor de otro Estado. Tanto como las firmas individuales

fracasan como

economía, parece que este proceso actuase también a nivel d e los Estados mismos. E l Reino Unido fue el escenario de la revolución industrial y de la empresa familiar o la de participación limitada, pero no marchó a la cabeza en la etapa siguiente de formación de la nueva empresa, la sociedad corporativa moderna, que procedía de los Estados Unidos de América. Actualmente parece como si los Estados Unidos de América fueran a ceder el paso a otro país que proporcione el marco adecuado para sustentar el nivel superior de empresa siguiente, la empresa pública, que probablemente surgirá durante la crisis actual. Podría mu y bien ser u n país como Japón, aunque n o necesariamente Japón mismo, el

medio d e hacer progresar la

que surja y se destaque como Estado hegemó- nico de mediados del siglo xxi. Todo esto nos recuerda el dinamismo intrínseco del capitalismo mundial. L a anar-

quía del sistema estatal internacional parece ser lo que impide que un Estado cualquiera llegue a dominar la economía mundial y la convierta en un imperio planetario. El capital es libre de pasar de un Estado a otro junto con la ventaja productiva y la innovación en la organización. Esto parece acontecer má s ostensiblemente

desplome d e la

economía mundial es uno de sus mecanismos

internos para la ulterior renovación, y que la

crisis sirve para escardar lasfirmasmá s

y, mediante fusiones, crear empresas capita- listas mayores y más innovadoras. He aquí la ironía de la crisis actual y del nacimiento de la empresa pública: la gestión nacional completa de la producción, una espe- cie de socialismo nacional defacto, podría ser la respuesta organizacional apropiada para sostener el capitalismo a escala mundial.

débiles

durante las crisis, y a qu e el

El próximo tercer ciclo d e estancamiento económico y de guerra mundial

Nos hallamos aún en otro momento de transi- ción más, en los albores de otra era, sobre cuyo carácter sólo nos es posible conjeturar. Mas, por lo que se deduce de la observación d e tendencias pasadas y de la sincronización d e algunos ciclos globales, parece que la empresa multinacional privada y la hegemonía nortea- mericana están en su ocaso, y habrán de ser sustituidas por una nueva potencia hegemó- nica, todavía desconocida, y por una forma de organización industrial que probablemente in- volucrará al Estado de una manera más funda- mental de lo que jamás lo estuviera antes. En lafigura1 podemos apreciar dos claros ciclos de colonialismo. La dominación colonial formal, como es bien sabido, no es sino uno de los tantos mecanismos para el ejercicio del dominio y del control políticos. Si estos pro- cesos cíclicos son generales, y si estamos

36

Albert Bergesen

El sistema copernicano, dibujo de Schenk y Valk BUUOZ.

entrando en un posible tercer ciclo, estaríamos experimentando entonces otra nueva ola de control político má s formal ejercido por el centro sobre los Estados periféricos. Y eso es precisamente lo que, según parece, estamos presenciando. Los años de la no alineación han pasado. Los Estados periféricos, en particular

los má s pequeños y

friendo cada vez más el influjo de una u otra d e las grandes potencias. Toda s las grandes potencias tienen sus Estados clientes, y el mayor empleo de la-intervención directa en la política local al qu e hemo s asistido en los últimos años refleja una renovada presencia de las grandes potencias en los asuntos de Estados más pequeños.

Pero esta renovada imposición de un control político má s formal de los Estados centrales sobre los periféricos n o es lo único que aumenta. También se acrecienta el protec- cionismo y se habla de elevar las tarifas aduaneras, ya qu e las economías occidentales responden a la continuada caída económica mundial tratando de proteger sus industrias

má s débiles, están su-

nacionales en quiebra. Los enunciados del libre comercio del periodo de postguerra ya han sido parcialmente archivados en los Estados Uni - dos, donde existen limitaciones a la importa- ción de calzado y material electrónico y una presión creciente para limitar la entrada de automóviles japoneses. Parecen retornar las políticas del comercio mercantil, como ya aconteció afinalesdel siglo XIX. Las tensiones entre las grandes potencias también parecen en aumento. En tanto el dominio norteamericano continúa languideciendo, las rivalidades por la sucesión se hacen más notorias, y el riesgo de que el orden internacional se desintegre en una tercera guerra mundial es cada día mayor. El conflicto fue la fase final del último ciclo (1870-1945) y todavía está por verse si no ha de repetirse en el actual.

El mundo se desliza de nuevo hacia un

ser plenamente conscientes

de esta tendencia con la esperanza de poder detener la deriva hacia lo que posiblemente sería la última guerra mundial.

1914, y hemo s de

Traducido del inglés

La

nueva ciencia del sistema del

mundo

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La economía del mundo en el sistema mundial: estructura, dependencia y cambio 1

Volker Bornschier

La economía del mund o en el sistema mundial

En vez d e ver el mundo como la suma d e

relaciones dadas entre los

lo componen, un número cada vez mayor de científicos sociales h a comenzado en estos

últimos años a verlo como u n sistema, es decir,

de

un sistema mundial que tiene un a lógica

desarrollo propia y que afecta a unidades de nivel inferior.

sistema. E l problema del desarrollo y de la modernización h a sido replanteado a fondo

gracias al conocimiento que ho y se tiene de la estructura jerárquica de la economía mundial. Las que antes se consideraban sociedades nacionales relativamente independientes, avanzadas unas y atrasadas o tradicionales

otras, se ven ho y como

una economás mundial más amplia. Los países avanzados actuales gozan de altos niveles de desarrollo porque ha n podido crecer autónoma-

mente conforme a su in- herente potencial de cre- cimiento, respaldado por su posición dominante en la economía mundial ge- neral, mientras que e n los países meno s desa- rrollados el crecimiento económico se h a visto coartado y desvirtuado por su interacción depen- diente respecto a los países dominantes.

partes diferenciadas de

distintos países qu e

Lo qu e aquí lla- mamo s "sistema mun - dial" se conceptualiza u n sistema social

como jerárquico compuesto, n o obstante, por u n control político y económico má s bien descentralizado u "oligopolista". Varios científicos sociales coin- ciden en la idea de

Volker Bornschier es catedrático auxi- liar de sociología y sociología econó- mica del Instituto de Sociología de la Universidad de Zurich, Zeltweg 63, CH-8032 Zurich (Suiza). H a realizado trabajos sobre la economía mundial, especialmente sobre la aparición y las repercusiones de las empresas multi-

nacionales, así com o sobre la

división

del trabajo y la desigualdad social a nivel de las organizaciones, los Es - tados nacionales y el sistema mundial.

qu e este sistema mundial mo - derno empezó a consti- tuirse gradualmente hace unos quinientos años. N o voy a examinar

aquí lo sucedido e n esos quinientos años, sino má s bien las estructuras y los cambios

d e aquello qu e caracteriza mejor

recientes

que nada al moderno sistema mundial, esto es,

la división del trabajo jerarquizada cen- tro-periferia e n la economía mundial actual.

Se toma a esta división del trabajo cen- tro-periferia como la columna vertebral del

Si bien la economía mundial capitalista puede concebirse como columna vertebral del sistema mundial moderno, éste se compone d e otros dos subsistemas importantes: el sistema político-militar y el sistema socio-cultural mundial. Durante casi todos estos siglos de evolu- ción gradual del sistema mundial moderno fue el sistema político-militar el qu e tuvo un a cierta primacía sobre la economía mundial

40

Volker Bornschier

emergente. Los actores centrales subordinaban generalmente a otros por la fuerza, y así con

harta frecuencia convertían el estatus de estos últimos en periférico. Au n cuando hubiera una correspondencia entre estatus económico cen- tral/potencia militar y las regiones sometidas

al proceso de periferización, la corresponden-

cia entre potencia económica y potencia polí- tico-militar dentro del propio centro y de la semiperiferia era much o menor. Diríamos, así, que el dominio económico y el político-militar están menos estrictamente relacionados de lo que varios autores, dentro de la perspectiva del

sistema mundial, afirman y sostienen. E n realidad, el poder militar suele utilizarse para desafiar la supremacía económica.

Siguiendo esta línea de argumentación se podría sugerir que el poder militar, en manos de actores económicos n o todo centrales, puede potencialmente desacelerar elritmod e desarrollo de una economía mundial capita-

lista pura. Un caso que ilustra bien este punto

es el de la relativa lentitud con que se inten-

ificó el capitalismo mundial en los tres pri- meros siglos del sistema mundial moderno (de 1 500 a 1 800 aproximadamente), cuando ha- bía países dotados d e considerable poderío militar que no pertenecían al centro económico.

N o estoy por esto argumentando en favor

de una autonomía del sistema político-militar.

La diferenciación entre instituciones econó- micas y políticas es típica del capitalismo. A nivel del sistema mundial esta diferenciación

puede implicar diversos grados de congruencia entre el poder económico y el político-militar,

o sea qu e los Estados, por ejemplo, pueden

tener una posición diferente en la dimensión económica y en la político-militar que, sólo juntas, constituyen la lógica de la economía mundial capitalista. L a singularidad del sis- tema mundial capitalista consiste, entonces, en que el éxito viene determinado tanto por las ventajas competitivas en lo económico como por la potencia político-militar. Y es precisa- mente este rasgo del sistema d e poder (su multicentricidad) el que produce el dinamismo del desarrollo capitalista. Ningún centro d e poder aislado puede imponer un monopolio de

apropiación económica a largo plazo. El sis- tema mundial entraña una división del trabajo

entre los productores de bienes fundamentales, pero no se trata de un Estado global que lo abarca todo; está políticamente organizado

como u n sistema

potencia desigual. Si bien la multicentricidad del poder es un elemento definidor del sistema mundial, la lucha político-militar que de esta multicentri- cidad resulta puede retardar, sin duda, el pleno

desarrollo d e la economía mundial. Y en efecto, tal es el rasgo que caracteriza la mayo r

parte de la historia del

derno. L a rivalidad en el centro y la guerra entre potencias centrales, así como relaciones centro-periferia estructuradas sobre la base político-militar, han representado el normal funcionamiento del sistema mundial a lo largo de cuatro o cinco siglos. Esto refleja quizá el hecho d e que las posiciones económicas y las político-militares n o están, por lo común, perfectamente relacionadas.

En términos más generales diríase que la interferencia del sistema político-militar con la "lógica pura" de la economía mundial es una pauta corriente. En una situación de conformi- dad precaria entre las posiciones militares y económicas en la cúspide, el sistema entero puede fácilmente retrotraerse a un control más extraeconómico d e las relaciones centre—peri-

feria, basado en el sistema político-militar. En consecuencia, si la primacía económica coin- cide con la primacía militar puede esperarse que la lógica capitalista "pura" se vea menos afectada por este tipo de control extraeconó-

mico y la expansión

economía mundial resulte afectada positiva- mente. El sistema mundial moderno sólo ha conocido dos periodos de estas características, ambos relativamente cortos: la hegemonía inglesa que va de 1815 a 1880 aproximada- mente y la hegemonía norteamericana que se extiende desde 1945 hasta los primeros años de la década de 1970. Recientemente se ha sugerido qu e determinados aspectos d e tal interferencia del sistema político-militar si- guen una pauta cíclica en correspondencia con

económica total d e la

d e Estados rivales y d e

sistema mundial mo -

La economía del mundo en el sistema mundial

41

los cambios

centro mismo 2 . Se debería investigar este tema aún más para averiguar si tales pautas cíclicas se dan efectivamente en la historia del sistema mundial. Aparte de esto, diríase que existe una cierta tendencia: el peso relativo del sistema

político-militar h a

fuerzas económicas mundiales. Esta tendencia puede interrumpirse o incluso invertirse de- bido a la compleja interacción existente entre

la economía mundial y el sistema normativo vigente en el mundo.

La cuestión es que las fuerzas puras de la economía mundial tienen qu e ser siempre sustentadas y respaldadas por medidas extra- económicas: o bien la fuerza, enraizada en el sistema político-militar, o bien el consenso que puede estar enraizado en un sistema normativo mundial. A medida que la economía mundial ha ganado en expansión y profundidad, ha ido cada día, institucionalizándose más, es decir, la orientación d e los actores h a pasado del comportamiento económicamente motivado al comportamiento económico. Es de esperar, pues, que la lógica del sistema requiera menos apoyo extraeconómico de la esfera del sistema político-militar, pero únicamente en la medida en que pueda confiar más en el apoyo extra- económico recibido del sistema sociocultural. Esto se aplica tanto al funcionamiento del sistema en su conjunto como a la estructura-

ción de las relaciones centro-periferia. Po r lo

declinado en favor de las

de la estructura d e poder del

que atañe a estas últimas, la integración econó- mica mundial apoyada por la esfera polí- tico-militar implica relaciones más centrali- zadas y políticamente estructuradas, mientras que el apoyo recibido del sistema sociocultural se traduce en pautas de control menos centrali- zadas y en buena parte internalizadas y anó- nimas. Lo que nos proponemos decir es que el sistema, en estos últimos tiempos, ha avanzado hacia un apoyo mayor del sistema sociocultu- ral, y puede retroceder a un control más centra- lizado en la medida en qu e los valores de integración del mundo se debiliten y decaigan.

Respecto d e las causas por lás qu e la economía mundial ha ganado en peso sobre el sistema político-militar, pueden hacerse otras

dos observaciones concretas. Un a tiene que ver con el cambio de su forma de organización, la cual a m i entender, guarda relación con la expansión masiva de las empresas multinacio- nales centrales, que examinaremos luego más detenidamente. Dado su creciente poderío, estas empresas ha n debilitado en parte los

vínculos entre los actores económicos centrales

y los Estados del

llegan a controlar una vasta propoción de la producción mundial y comercian directa- mente, estas empresas centrales pueden verse parcialmente libres de la necesidad de coordi- nar sus intereses en la economía mundial a través de aparatos estatales.

La otra observación se relaciona con el desarrollo del sistema sociocultural mundial. Desde sus comienzos, la economía mundial ha

cobijado siempre sistemas culturales diversos. La difusión de los valores socioculturales del centro ha sido limitada, no obstante, durante

parte mu y considerable d e los quinientos

referidos. Esta tendencia sólo comenzó a cam- biar hace solamente unas décadas, debido al considerable avance experimentado en las tec- nologías de comunicación de masas, entre otros factores. A partir de ese moment o la cultura del centro empezó a penetrar rápida- mente en los diversos sistemas socioculturales de la periferia, inundándolos por completo y superponiéndose a ellos.

El hecho de compartir valores comunes en lo tocante al desarrollo económico y al

igualitarismo político es esencial a la sociedad mundial en su sentido estricto. Los actores de

la economía mundial y del sistema político-mi-

litar operan dentro de u n sistema cultural mundial parcialmente integrado. E n su mo- mento, la "revolución de las nacientes espe- ranzas" que siguió a la penetración cultural era favorable a la extensión e intensificación de la economía planetaria después de la segunda guerra mundial. L a aculturación parcial de una creciente proporción de la población mun- dial al quedar vinculada al sistema dé valores dominante proporcionó la base para una proli- feración generalizada de los prerrequisitos socioculturales de la producción capitalista.

centro. E n la medida en que

años

42

Volker Bornschier

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*

"Desde sus comienzos, la economía mundial ha cobijado siempre sistemas culturales diversos." Jirafa llevada de África a China hacia el año 1420, en los tiempos de las grandes expediciones comerciales del almirante Cheng Ho . Los rumores que corrían antes sobre la existencia de tal animal eran recibidos con gran escepticismo por parte de la corte imperial china. Pintura de Shen Tu.

The Philadelphia Museum of Arts/Donación de J. T . Dorrancc.

anteriores, los

prerrequisitos sociales del proceso capitalista en la periferia no fueron ya tanto el producto de formas diversas d e trabajo impuesto y obligatorio. Esto creó una situación sin prece-

después d e la

dentes en- el sistema del mund o

segunda guerra mundial: como la llama Peter Heintz, el sistema de desarrollo internacional.

E n contraste con periodos

En el curso de esta difusión sociocultural, el desarrollo conforme al modelo de referencia del centro n o se limitó sólo a las élites o contraélites modernizantes sino que, por vez primera en la historia del sistema mundial moderno, se movilizaron segmentos más am- plios de la población mundial. Al principio, esta situación singular se

La

economía

del mundo

en el sistema

mundial

mostró muy propicia a la expansión e intensifi- cación de la economía mundial, en tanto que la oposición ejercida desde la periferia se dirigía al comienzo principalmente contra el control central extraeconómico, n o contra la integración económica mundial como tal.

Sin embargo,

el abismo cada vez má s

grande qu e se creó entre las mayores aspira- ciones y el lento o inexistente progreso para las masas volvió a poner en tela de juicio el valor de la integración mundial del desarrollo. El subdesarrollo es un fenómeno que entraña u n componente objetivo, pero también se refleja

en la conciencia. Es, en este sentido, u n fenómeno producido en parte por la interac- ción entre las imágenes d e un a determinada sociedad mundial y el funcionamiento efectivo de la economía mundial. Siempre han existido sociedades pobres en la historia de la humani- dad, pero la percepción d e las desigualdades internacionales como injusticias es relativa- mente nueva. La existencia del sistema norma- tivo mundial implica que ningún país, aun en condiciones de parcial o total disociación con el mercado y la política mundiales, puede permanecer inmune ante la nueva concepción del mundo , los sueños y las aspiraciones de una sociedad mundial 3 .

Todos estos temas ponen cada vez más en cuestión la estructura monolítica que caracte- rizó la economía mundial entre la segunda guerra mundial y los primeros años d e la

43

década de 1970. E n la actualidad estamos experimentando una creciente oposición a los aspectos jerárquicos de la economía mundial. El éxito de los movimientos d e liberación nacional y de movilización desde "abajo" que tienen lugar e n la periferia y las exigencias d e un nuevo orden económico internacional son hechos que ponen de manifiesto una sensibili- zación que crece día a día. La rápida difusión de la nueva conciencia de subdesarrollo desde el final de la segunda guerra mundial constituye una "segunda revo- lución de nacientes esperanzas", que se traduce en exigencias de cambio político, tanto a nivel nacional como mundial. En el cuadro 1 se muestra la creciente oposición expresada por los países periféricos dentro de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El periodo que se tomó va de 1962 a 1973 y los puntos en debate se refieren al conflicto norte-sur. Las cifras indican que, en 1962, la opisición expresada contra los inte- reses centrales era relativamente escasa en los

países periféricos. Hacia 1973 surge

escisión entre el centro y la periferia de tipo clasista, inequívocamente expresada (véanse más detalles en el comentario que acompaña al cuadro) 4 .

La nueva relación entre el sistema nor- mativo y la economía mundial, evidenciada igualmente por una creciente oposición de carácter clasista, pone muy seriamente en

ya un a

CUADR O 1. Comportamiento de votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre tópicos seleccionados de política económica relacionados con las diferencias norte-sur, de 1962 a 1973. Cifras promedio por tópico según diferentes grupos de países (entre paréntesis la desviación tipo).

Clave. 0: voto pro status quo; 1: abstención; 2: voto anti status quo.

Grupo de países *

1962

1966

1970

1973

Países del centro económico ( N = 16)

0,0 (0,0)

0,0 (0,0)

0,28 (0,26)

0,23 (0,23)

Economías centralmente planificadas

1,89 (0,33)

1,06 (1,17)

1,11 (0,22)

1,93 (0,22)

(N =

9)

Países periféricos ( N = 72)

0,99 (0,79)

1,40 (0,51)

1,74 (0,35)

1,76 (0,38)

1. E n el texto se describen y deñnen los grupos estructurales; véanse : también las notas 5 y 6. Fuente: véase la nota 4

44

Comentario

Volker Bornschier

Los países del centro económico muestran un comportamiento inequívoco de votación pro statu quo en la Asamblea General de la ON U con respecto a las propuestas de política a seguir en la economía mundial. Sólo a partir de la década de 1970 unospocos se abstuvieron en tales votaciones. La cifra promedio correspondiente a este grupo aparece, no obstante, muy próxima a cero, lo que indica votos pro status.

Los países periféricos, en los primeros años de 1960, mostraban en promedio un comportamiento de votación neutral, con grandes diferencias individuales sin embargo (d. t. con relación a la media:

V =

80). Había así, en promedio, poca oposición a la estructura de la economía mundial

dominada

por actores del centro económico. Desde los años referidos hasta 1973 se dio un continuo aumento

en'la votación anti statu quo de ¡aperiferia, que se acerca a la cifra máxima

las diferencias entre paísesperiféricos disminuyeron drásticamente

se da entre estos países un tipo de voto norte-sur cada vez más próximo a la confrontación de clases.

de 2 en 1973.

Además,

hasta 1973 (V = 0,22), es decir,

Los resultados ulteriores

(no incluidos en el cuadro) revelan que los países periféricos pobres

expresan en sus votos actitudes más anti statu quo que los ricos. Lo mismo sucede con los muy pequeños en comparación con los mayores.

Las economías centralmente planificadas fueron la única fuente de rotunda oposición a la economía mundial en los años iniciales de la década de 1960. No obstante, su oposición se vio claramente reducida con el tiempo, acercándose mucho a un comportamiento neutral. Sólo

recientemente (1973) han

vuelto estos países al anti statu quo, probablemente afin de sacar ventaja

política de la creciente oposición entre países capitalistas en la periferia. No obstante, al men en el curso de la década de 1960 y hasta 1970 (no se dispone de resultados posteriores), fue disminuyendo drásticamente la congruencia entre los votos anti statu quo económicos y la afinidad con el este, dentro de la escisión este-oeste. La correlación entre los votos económicos anti statu quo y los votos políticos pro este en la Asamblea General bajó drásticamente, por lo que a lospaíses periféricos se refiere, desde los primeros años de la década de 1960 (r = 0,72) a mediados de la misma (r = 0,55) y hasta-1970 (r = 0,28).

cuestión la legitimidad de esta última. Esta precaria legitimidad de la economía mundial

va junto con la declinación de la hegemonía de

los Estados Unidos'd e América, tanto en términos económicos como militares, desde los primeros años de la década de 1970.

Es mu y probable que tales tendencias liberen al sistema político-militar para volver

a incrementar su peso relativo en el sistema

mundial. Cabe esperar que el sistema mundial revierta la pauta dominante de su historia de quinientos años: la ausencia de una clara conformidad entre las posiciones económicas

y militares centrales y con ello la probabilidad

de conflictos intensos en el centro y el creciente

hincapié en un control extra-económico y más

políticamente estructurado del centro sobre la periferia. El colonialismo formal es poco probable que vuelva. N o obstante, hay por lo menos tres maneras en que los Estados del centro econó- mico y militar pueden canalizar su influencia sobre la periferia: a) el creciente endeuda- miento de la periferia permite ejercer dominio sobre ella; b) una parte del centro es la única productora de armas sofisticadas, lo cual per- mite ejercer dominio mediante el comercio de armamentos; y c) una parte del centro es productora exclusiva de excedentes alimenta- rios apreciables, lo que permite ejercer dominio a través de las ventas o de las ayudas en ese ámbito.

La economía del mundo

en el sistema mundial

¿No existe en la periferia ningún medio de contrarrestar ese dominio? Sólo el control de un a parte considerable d e las reservas petrolíferas mundiales constituye una impor- tante palanca de la que disponen algunos países periféricos para ejercer fuerza y dominio. Sin embargo, como sólo relativamente pocos países son exportadores netos de petróleo, esta fuente de poder no refuerza a la periferia como un todo. Más bien parece suceder lo contrario, pues resulta que la periferia no productora de

45

petróleo se h a visto mucho más perjudicada que el centro. En el cuadro 2 vemos la creciente impor-

tancia d e un a

cuales el centro puede ejercer influencia polí- tica sobre la periferia. Se trata d e la deuda pública exterior. Entre 1967 y 1973 n o cesó de aumentar la dependencia de la periferia res- pecto al capital extranjero. Cifras má s re- cientes indican un posterior y sustancial incre- mento en dicha dependencia.

d e las formas mediante las

CUADRO 2. índice de dependencia de la deuda pública exterior (DPE) ' correspondiente a 67 países periféricos.

 

Media

(V, coeficiente de variación)

1967

1970

1973

índice de dependencia

DP E

6,92

7,96

11,09

 

(0,34)

(0,34)

(0,34)

D P E

en porcentaje d e los ingresos corrientes del estado

83%

91%

104%

(1,16)

(1,00)

(0,89)

Servicio d e la deuda DP E e n porcentaje d e los ingresos d e

7,3%

9,0%

9,6%

exportación corrientes

(0,85)

(0,80)

(0,80)

1. índice de DPE : la deuda pública exterior dividida

por la raíz cuadrada del producto del stock de capital (en miles

de millones de dólares) multiplicado por la población (en millones). A fin de reducir la distorción, se ha tomado la raíz cuadrada de esta proporción. Fuente de cifras básicas: véase la nota 4.

Comentario

La dependencia de la deuda pública exterior arroja un coeficiente de variación bastante exiguo si se la pondera por stock de capital y por población. La variación es mucho más alta, en lo que respecta a la DPE, en porcentaje de ingresos del Estado, y, respecto al servicio de la deuda, en porcentaje de ingresos de exportación. Esto indica que aunque la importancia general de la deuda pública exterior entre los países periféricos es bastante altalos apremios a que se ven sometidos los actores políticos pueden diferir.

La dependenciafinancierade la periferia puede proporcionar la base de relaciones centro^peri- feria más centralizadas y políticamente estruc- turadas, y a qu e son relativamente pocos los actores dominantes dentro d e ese sistema (como veremos más adelante). Las cifras de los cuadros 1 y 2 indican una

creciente divergencia entre la mayor conflicti- vidad d e la periferia co n el centro y las posibilidades constantemente en aumento de ejercer presión estructural que tienen los ac- tores centrales a su disposición para influir en la política de la periferia. Esto es probable que determine graves tensiones en cuanto a la

46

Volker Bornschier

forma e n que los actores políticos adminis- tran la conflictividad e n la periferia, con lo que su legitimidad interior puede verse cada vez má s cuestionada. Dicha situación puede

llegar a ser una importante causa d e revo- luciones sociales y d e los elevados gastos militares d e la periferia, como se indica en el cuadro 3 .

CUADR O 3. Series cronológicas correspondientes a los gastos militares en porcentaje del

PNB .

 

1960

1965

1970

1973

1978

Estados Unidos de América

9

7,5

7,8

6,0

5,2

Países del centro económico ( N = 17) con los Estados Unidos de América

3,3

3,2

2,9

2,7

OTAN

4,3

Unión Soviética

12,5

Pacto de Varsóvia Periferia

11,8

(N

= 40)

2,8

3,0

4,0

3,8

(N

= 70)

2,8

3,5

3,5

Fuentes: Cifras básicas correspondientes a 1960-1973, véase la nota 4. Las estimaciones referentes a 1978 proceden del Neue Zürcher Zeitung, n.° 2032, de septiembre de 1980, p . 19.

Comentario

Los gastos militares en la periferia aumentaron durante la década de 1960 en relación con el PNB

total. En losprimeros años de la década 1970 alcanzaron un nivel superior a la media de los países del centro económico. En todo el periodo considerado, los gastos militares absorben normalmente

casi

sólo se da un leve aumento en los gastos militares de la periferia en proporción con el PNB. Pero

como el PNB total, a precios corrientes, se ha triplicado aproximadamente, el aumento absoluto en el gasto militar ha sido enorme. Los países del centro económico muestran un descenso en los gastos militares en relación con

el PNB. Esto es más acusado en lo que respecta a los Estados Unidos. El mayor descenso, entre

una quintaparte de las rentas del Estado en la periferia (cifras no registradas). Aparentemente

1970 y 1973, se produjo cuando los Estados Unidos estaban empeñados afondo en la guerra de

Vietnam.

Los países del centro económico gastaron en promedio

en presupuesto militar el 10 por

ciento de las rentas del Estado en 1960 y el 7por ciento en 1973 (cifras no registradas), o sea,

una parte considerablemente inferior a la característica de los países periféricos. A pesar de descenso en las cifras referentes a los países del centro económico, los gastos militares han aumentado no obstante en términos absolutos, puesto que el PNB a precios corrientes se ha más

o menos triplicado.

Las

cifras referentes a la Unión Soviética y al Pacto de Varsóvia para

1978 pueden no

ser comparables. Sin embargo, aun cuando estas cifras sean exageradas, pueden suponerse

gastos militares

bastante elevados para el Pacto de Varsóvia. Los considerables gastos de la

Unión

Soviética como

antagonista directo

de los Estados Unidos en la supremacía militar

coinciden con un descenso en las cifras de los Estados Unidos. Esto parece indicar un des-

censo en la hegemonía de 1970.

norteamericana que se inicia

en los primeros años de la década

La economía del mundo

en el sistema mundial

47

Las

multinacionales

empresas

en

la economía

mundial

En la sección precedente se ha analizado la situación, de la economía del mundo dentro del sistema mundial. Aquí volvemos sobre deter- minados aspectos estructurales de la economía global. El comercio exterior, o sea el realizado entre compradores y vendedores de distintos países, es lo que ha definido, desde los tiempos de David Ricardo, el ámbito de la "economía internacional". La división mundial del trabajo y el intercambio económico internacional se ha alterado sustancialmente, sin embargo, desde la época de Ricardo a nuestros días. Con todo, muchos científicos sociales contemporáneos conciben la economía mundial en términos de comercio exterior. En el transcurso de este siglo ha hecho su aparición otro marco de estructuración de la división del trabajo que viene revelándose como cada vez más importante: la empresa multinacional. Se calcula que bastante más del cincuenta por ciento del "comercio exterior" se canaliza actualmente "dentro" d e las multinacionales. D e esta manera, las multinacionales como instituciones centrales de la economía moderna mundial —debido a su división in- terna del trabajo qu e sobrepasa las fronteras de los países— implica una internalización d e las relaciones económicas consideradas antes como internacionales. D e ahí que debamos contemplar las empresas multinacionales n o sólo como un aspecto inédito de la economía mundial, sino como la nueva forma de organi- zación emergente de este sistema. Como quiera que la división del trabajo centro-periferia dentro de la estructura jerár- quica de la economía mundial está organizada en creciente medida por empresas multinacio- nales, la distribución del ingreso y la movilidad ocupacional se tornan másrígidasy adquieren otras implicaciones. Las fuerzas del mercado

que antes informaban buena parte de la estruc- tura centre—periferia han perdido importancia debido a los nexos organizacionales directos

mediante los que se

control esencial (control básico, o sea las funciones empresariales). Asimismo, muchas de las actividades especializadas y técnicas má s importantes se ven desplazadas d e los contextos nacionales, en la periferia, y pasan a los centros de decisión de las multinacionales

ubicadas en países del centro económico.

la

articulan las funciones d e

La

estructura

centro-periferia

d e

economía mundial refleja actualmente la domi- nación organizacional de las multinacionales que la coordinan mediante su división interna del trabajo. U n aspecto de especial relieve estratégico que relaciona a países concretos con la estructura de la economía mundial es si u n país toma parte o no en la dirección de esa economía por el hecho de albergar en su suelo sedes centrales importantes de empresas multinacionales. Sólo unos veinte países perte- necen a esta categoría 5 . Los demás, en su inmensa mayoría, se hallan meramente pene- trados por diversasfirmasy, con ello, asimétri- camente sometidos a las fuerzas de la economía mundial. El grado de penetración, por su- puesto, varía. U n reducido grupo de países altamente desarrollados son sede de empresas multinacionales y están a la vez penetrados por inversiones de dichas empresas. Por último, las economías "socialistas" centralmente planifi- cadas 6 hasta hace poco tiempo no se han visto penetradas en absoluto por sociedades multi- nacionales, manteniéndose así fuera del sis- tema de control montado por estas grandes firmas. De todos modos, estos países se hallan integrados en la economía mundial merced al comercio exterior; son, además, de suma im- portancia para el sistema político mundial como antagonistas en la búsqueda de influencia de modelos d e desarrollo y d e poder político-militar.

Aparte del grupo de países que sólo mantienen comercio "entre Estados" (las na- ciones centralmente planificadas), puede afir- marse que las multinacionales n o sólo son actores dominantes dentro de la división mun-

48

Volker Bornschier

dial del trabajo, sino que a través de sus redes organizacionales constituyen realmente ellas mismas la porción principal de este sistema de producción e intercambio. L a proporción de comercio exterior entre actores organizacio- nalmente independientes ha venido decre-

ciendo hasta el punto de que hoy aproximada-

mente la mitad del comercio total se canaliza

organizacional d e las em -

presas multinacionales, soslayando así el mer - cado por completo.

dentro del ámbito

CUADR O

multinacionales

4 . Crecimiento del comercio mundial y variación del

(DEM)

índice d e dependencia d e las empresas

Países del centro económico ( N = 18) Exportaciones Importaciones 2 índice DEM

Economías centralmente planificadas (N = 8) Exportaciones Importaciones índice DEM

3

2

3

Periferia 4 (N = 72) Exportaciones Importaciones índice DEM

3

Media (d.t.)

1965-1967 '

1973

23,6 (10,6)

27,7 (11,7)

24,5 (11,6)

27,1 (12,1)

7,2 (4,3)

11,2(5,1)

17,5(11,8)

20,3(13,7)

17,8(11,9)

21,0(12,2)

(no se dispone de cifras exactas pero

éstas se acercan a cero)

21,6 (12,4)

24,4(11,9)

23,9 (11,0)

26,0(11,7)

7,2 (4,6)

9,3 (6,3)

1. 1965 en cuanto a exportaciones e importacions, 1967 en cuanto a índice de DEM.

2. Exportaciones en porcentaje del PNB, importaciones en porcentaje del PNB.

3. El índice de dependencia de multinacionales se construye del modo siguiente: el stock total de la inversión

extranjera directa dividido por la raíz cuadrada del producto del stock total de capital (en miles de millones de dólares) y la población total (en millones). Se toma la raíz cuadrada de esta proporción afin de reducir la distorsión de la distribución. Este índice tiene la misma lógica que el de la deuda pública exterior (véase el cuadro 2).

4. Los países periféricos más grandes y másricos arrojan cifras más altas en el índice de DE M que los más

pequeños y más pobres, mientras que en lo tocante a exportaciones e importaciones no hay diferencia sustancial entre estos grupos de países.

Fuente de cifras básicas: véase la nota 4

Como se puede apreciar en el cuadro 4, la integración en la economía mundial se ha incrementado entre mediados del decenio de 1960 y el de 1970. Esto se aplica a las exportaciones e importaciones en el mercado mundial como parte del producto total, y más

aún a los nexos organizacionales con la econo-

mundial indicados por el índice de depen-

mía

dencia de multinacionales. D e estas últimas cifras sólo se dispone las correspondientes a

1967 y 1973, pero otras informaciones indican

una tendencia aún má s acusada. Según el

cuadro 4 podría concluirse que el aumento del control de la producción mundial por parte de

el

incremento del comercio mundial. Además , la elevada correlación entre el comercio exterior y el índice de dependencia de éste de multi- nacionales (véase el cuadro 10) es claro expo- nente del apoyo indirecto prestado a la alta proporción de comercio exterior canalizado por estas empresas.

las multinacionales es much o mayo r qu e

La economía del mundo

en el sistema mundial

49

Sin embargo, la correlación entre socie- dades multinacionales y comercio exterior no se incrementa en el tiempo. En realidad ocurre lo contrario, por lo que a la periferia en general se refiere (véase el cuadro 10). Análisis ulte- riores revelan, no obstante, que los países má s pequeños y más pobres se caracterizan por una correlación alta constante,. mientras que los mayores y más ricos muestran, en el tiempo, un decrecimiento en la correlación entre em- presas multinacionales y comercio exterior. Esto se debe presumiblemente a la industriali- zación dependiente llevada a cabo en la perife- ria más rica y extensa, bajo la égida de las multinacionales afin d e producir y vender bienes manufacturados localmente, lo cual reduce parcialmente la orientación de estos países hacia el mercado mundial. D e esta manera, las relaciones de depen- dencia económica clásicas caracterizadas por la especialización del centro en la exportación de productos acabados y la especialización de la periferia en la exportación de algunas pocas

materias primas a unos pocos países centrales van siendo gradualmente sustituidas por una nueva forma de dependencia económica nacida

en el curso de la industrialización dependiente

de la periferia. La coexistencia de estas dos

jerarquías centro-periferia será analizada más

a fondo en la sección siguiente. Aquí sólo

queremos indicar que los nexos empíricos entre

la dependencia económica clásica y la depen-

dencia d e las empresas multinacionales, qu e fuera moderada a mediados de la década de

1960,

están actualmente aflojándose. E n el

cuadro 5 podemos ver que la dependencia

económica clásica, medida según el índice del comercio vertical de Galtung (transformado

aquí de suerte que las

una estructura comercial desfavorable), por la concentración d e las exportaciones por pro- ductos y por la concentración d e las mismas por países d e destino, está haciéndose algo menos rigurosa. Esto viene indicado por él descenso de las cifras medias relativas a dichas variables correspondientes a la periferia.

cifras má s altas indican

CUADRO 5. Tres indicadores de dependencia económica clásica. El cambio en el tiempo

Centro económico ( N = 18)

Media (d.t.)

1965 1973 »

Concentración

d e

las

exportaciones po r productos

19,0 (6,4)

19,2 (5,7)

Concentración

d e

las

exportaciones po r países d e destino

26,5 (14,8)

26,3 (14,9)

índice d e comercio vertical 2

49,8 (17,2)

50,3 (14,4)

Periferia

 

(

N

=

54 ) Concentración d e las exportaciones po r productos

49,5 (20,4)

47,1 (22,5)

(

N

=

55 ) Concentración

d e las exportaciones po r países

de destino

 

35,5 (14,9)

31,8 (12,1)

(

N

=

59) índice d e comercio vertical

75,6(11,6)

72,7 (13,2)

1. 1973 e n lo que respecta al índice d e comercio vertical ; los otros dos indicadores corresponden a 1970, ya qu e

respecto a años posteriores faltan demasiadas cifras.

2. E l índice d e Galtung original h a sido aquí transformado a fin de indicar u n grado má s alto d e dependencia si las

cifras son más altas. índice de comercio vertical = (1 - índice de Galtung) 50.

50

Volker Bornschier

Por lo demás, las correlaciones entre los tres indicadores de dependencia económica clásica

y el índice de dependencia de empresas multi-

nacionales se han reducido por lo general desde mediados de la década de 1960 y los primeros años de 1970 (véase el cuadro 10). Ulteriores

análisis de regresión

empresas multinacionales en general n o han obrado como solución de continuidad determi- nante del descenso de las cifras en los indica- dores de dependencia clásica a lo largo del tiempo, mientras que aquellas empresas multi-

nacionales activas en la elaboración de pro- ductos en la periferia han tendido a contribuir

a ese descenso en las cifras. Puede concluirse entonces que los nexos

(paneles) revelan qu e las

entre las empresas multinacionales y la dependencia económica clásica se han aflo-

han contribuido, no

jado. Las multinacionales

obstante, a intensificar otra dimensión: la

dependencia de la tecnología extranjera, me- dida por las patentes concedidas a extranjeros en porcentaje respecto del' total de patentes

concedidas. E l cuadro 6 muestra

dependencia tecnológica era ya muy elevada en 1965, incluso para algunos países del centro económico, y continuó aumentando hasta 1975, especialmente en lo que se refiere a la periferia. Análisis ulteriores revelan que la

presencia de capital de multinacionales

periferia h a incrementado la dependencia

tecnológica.

que. la

en la

CUADRO 6. Dependencia tecnológica según el índice de concesiones de patentes a extranjeros en porcentaje de todas las patentes concedidas.

Media (d.t.)

1965

1975

Centro económico ( N = 15)

71,9 (23,5)

75,2 (22,9)

Periferia ( N = 24)

78,2 (26,0)

85,6 (17,0)

Fuente: véase la nota 4 .

Comentario

Los expertos estiman que la inmensa mayoría de las patentes extranjeras en países menos desarrollados están en manos de empresas multinacionales (90 por ciento y aún más). De esta manera, tanto el índice de dependencia de multinacionales como el de dependencia tecnológica representan en realidad a los mismos actores, pero a medios de control del mercado distintos. Hubo una pequeña correlación negativa para la periferia entre la presencia de capital de multinacionales y el control de la tecnología por parte de éstas (índice de dependencia tecnológica) hacia la mitad

de la década de 1960 (- 0,29), la cual cambió y pasó a ser positiva hacia la mitad de la de 1970 (0,14). Un análisis de regresión (paneles) referente a los veinticuatro países periféricos indica qu hay una trayectoria significativa desde la presencia de capital de multinacionales en 1967 al

aumento en dependencia

El coeficiente Beta es B = 0,47 y F= 5,6 (que también es válido para el nivel de desarrollo económico tal como aparece indicado por el PNB per capita). El análisis de los nexos entre dependencia tecnológica y dependencia de capital de multinacionales requiere nuevas investigaciones a base de muestras más amplias.

tecnológica entre 1965 y 1975.

La economía del mundo

en el sistema mundial

Lo expuesto en esta sección ilustra la creciente importancia de la empresa multi- nacional como institución jerárquica estructu- radora de la economía mundial. Esta jerarqui- zación dentro de la economía mundial tiene importantes consecuencias sobre las posibili- dades de ingreso y movilidad a diversos niveles. Los efectos producidos por las multi- nacionales se deben directamente, por una parte, a su ubicación, y por la otra son

de spin-offs de su

también consecuencia

función redistributiva. Las multinacionales

extraen recursos de los países donde operan

los

por diversos conductos, tales como

beneficios, los derechos de licencia, los honorarios d e administración y las transferen- cias de bienes y servicios. Todos estos intercambios soslayan el mercado por completo. Lo s precios excesivos de los

factores de producción intermedios y de la propiedad intelectual (como las patentes), fijados por las sedes centrales de las multinacionales, no tienen necesariamente por objeto la explotación intencionada del país penetrado por aquéllas; expresan má s bien la lógica propia de la empresa multi- nacional en un mundo desigual. Según dicha

lógica, las sucursales ha n d e contribuir a los gastos generales aun cuando éstos no se originen dentro d e ellas. Po r otro lado, las tareas de la administración central, los puestos administrativos y técnicos, la innova- ción y el cabildeo político se realizan en los países donde tiene su sede la multinacional y determinan los cambios estructurales co- rrespondientes en el sistema ocupacional de

tales países. D e mod o

qu e merced a los

precios fijados para los bienes intermedios,

los derechos de licencia por patentes, la tecnología y honorarios por servicios de

administración transferidos a la sede central,

las multinacionales en países

los clientes d e

periféricos pagan esta superestructura organi- zativa d e la empresa multinacional, sin recibir a cambio ninguno de los beneficios en materia de empleo.

Tal redistribución contribuye considera-

51

blemente a la descapitalización de los países periféricos y, con ello, ayuda a reproducir la jerarquía espacial-económica, así com o a determinar estructuras ocupacionales y opor- tunidades de movilidad mediante cambios en la estructura de la división del trabajo. Ello es así porque tales afluencias de recursos contribuyen al fomento de la innovación y de las especialidades técnico-profesionales, y , por ende, a la creciente oferta de puestos d e trabajo limpios y bien pagados entre la pujante clase profesional y dirigente del centro; mientras tanto, las tareas rutinarias, elementales y sucias, con oportunidades de ingresos medios bajos, son transferidas cada

vez má s a la periferia. L a

"exportación" d e

segmentos de trabajo rutinario y la expansión de la clase profesional y dirigente en el centro, hechos éstos que no tienen su base en la

nacional sino má s bien en la

economía mundial, explican en parte las diferencias en la estructura de clases y oportunidades de movilidad estructural qu e existen entre las áreas del centro y las

de mano de obra

temporal extranjera privada de derechos políticos y de "forasteros ilegales" qu e trabajan en países del centró indica un a d e las formas en qu e las ventajas d e la dominación del centro en la economía mundial son compartidas con la clase "nacional" que se ocupa de los trabajos rutinarios. E n el centro, los menesteres sucios son desempeñados por trabajadores impor- tados temporalmente, que pueden ser "expor- tados" si las condiciones económicas cam -

bian. Esto permite ver hasta qué punto la política estatal del centro refleja los intereses combinados de los dirigentes, los profesio- nales y técnicos y la clase trabajadora "nacional" que habitualmente se ocupa en menesteres rutinarios. Las restricciones a la

centro qu e impiden

la entrada de mano de obra barata y qu e mantienen diferencias salariales entre el centro y países más periféricos son también importantes reflejos de la referida coalición de clases.

economía

periféricas. L a presencia

inmigración en países del

n*

Las dos jerarquías coexistentes dentro de la economía mundial

Las empresas multinacionales, por definición, operan en diferentes niveles d e la jerarquía espacial-económica de la economía mundial. Pueden reorganizar formas antiguas y crear formas nuevas, pero reproducen la estructura básica centro-periferia a niveles nuevos. La expansión generalizada de multinacio-

nales industriales en las últimas décadas viene

a añadir así u n nuevo elemento a la clásica

división del trabajo centro-periferia en la economí a mundial (el centro se especializa en

la producción industrial y en el control finan-

ciero; la periferia en la producción de materias primas). L a nueva jerarquía superpuesta a la clásica, todavía activa, implica una división del trabajo centro-periferia dentro de las activi- dades industriales y terciarias. E l centro se

especializa en el control del capital, la tecnolo- gía, los procesos de innovación y la producción de los más avanzados y tecnológicamente sofis- ticados productos y servicios industriales (que incluyen mucho capital humano) al comienzo del ciclo del producto, mientras que la periferia se dedica a la producción estandarizada y rutinaria, ya sea para el mercado interior o para

el mundial. A esto se le llama industrialización

dependiente, porque esta estructura centro-pe- riferia refleja la dominación organizacional de

empresas multinacionales que la articulan con su división interna del trabajo 7 .

Las fuerzas puras del mercado intervienen

para reforzar la jerarquía espacial-económica tradicional en el transcurso del tiempo, merced

a las economías de escala. Esta tendencia, sin

embargo, puede ser contrarrestada co n la puesta en juego d e fuerzas extrínsecas al mercado. La intervención estatal puede obligar

a la dispersión de la producción industrial o

a modificar la distribución d e los costos, pero debido a la índole jerárquica del sistema político-militar, esto no suele más que repro- ducir la jerarquía a un nivel superior.

Volker Bornschier

La industrialización apadrinada y diri- gida por el Estado llevada a efecto en algunos países periféricos constituye u n ejemplo d e fuerzas extrínsecas al mercado determinantes de cierta dispersión de la producción indus-

trial. Como consecuencia, la intervención esta- tal e n países periféricos (sustitución d e impor- taciones favorecida por aranceles de aduanas, proyectos infraestructurales, subvenciones, exenciones de impuestos, etc.) ha favorecido de modo considerable la forma relativamente nueva de penetración ejercida por las multi- nacionales con uso intensivo d e capital que fabrican productos para el mercado local. E n países menos desarrollados, la mayor parte de

la producción industrial controlada por multi-

nacionales es para el mercado interior, pese al espectacular aumento de la producción en la periferia para el mercado industrial mundial, es decir, las plantas d e montaje co n uso intensivo de manó de obra.

Dicho en términos más generales: cierta

dosis de poder estatal en la periferia es requi- sito previo para la industrialización y para la expansión d e las multinacionales industriales. La descolonización formal ha hecho posible, de esta manera, la industrialización depen- diente. Han surgido dos tipos diferentes d e actividad industrial desarrollada por las multi- nacionales. L a primera, y con mucho la más importante, es la producción fabril controlada por dichas empresas que se destina al mercado nacional de países periféricos, la cual tiende a concentrarse en los países periféricos mayores

y con mercados nacionales de más enverga-

dura. L a otra forma de operar de las multi-

nacionales, cada vez más importante, consiste en el empleo de mano de obra barata para el montaje de piezas destinadas a la exportación

al mercado mundial. Esto tiende a localizarse

en países que ofrecen un fácil acceso a mano de obra barata en "zonas de producción libre".

La expansión de todo tipo de operaciones de las multinacionales en el periodo de post- guerra ha afectado también a la banca, las finanzas y las operaciones de servicio, aunque tales entidades multinacionales no sean nue- vas, ni muchísimo menos, para la periferia.

La economía del mundo

en el sistema mundial

53

Algunos han interpretado la existencia de la nueva forma de multinacionales industriales en la periferia como un cambio de primer orden en la división mundial del trabajo, y ello ha inducido a ciertos autores a sostener que la división del trabajo centro-periferia va desapa- reciendo. M i punto de vista es que la estructura misma asume, con el tiempo, nuevas formas, mientras la jerarquía espacial-económica bá- sica se reproduce, aunque algunos países consi- gan efectivamente mejorar su posición como consecuencia de los cambios. Así, la coexistencia de la jerarquía econó- mica clásica y de la nueva, dominadas ambas por multinacionales, permite la reinterpreta- ción y especificación de una pauta económica mundial emergente, frecuentemente llamada "semiperiferia". Se podría calificar de países semiperiféricos aquéllos que están en condi- ciones de entrar en la nueva jerarquía, favore- cidos por un mercado nacional más amplio y por u n aparato estatal suficientemente fuerte para contrarrestar las fuerzas opuestas a la

industrialización en la

periferia. D e esta ma -

nera, los países semiperiféricos pueden combinar un estatus en ambas jerarquías, la antigua y la nueva. Esto no significa "movili-

dad" en sentido estricto, sino más bien movili- dad estructural merced a una creciente integra- ción del mund o también conforme a la nueva jerarquía espacial-económica. Aunque los países semperiféricos se sitúan por encima de los periféricos, integrados únicamente en la jerarquía clásica, su "movilidad ascendente"

puede ser un a mera

tienen un estatus periférico en la nueva jerar- quía. Su estatus relativo frente al centro perma- nece inalterado. Los "países subordinados" alcanzan parcialmente (es decir, en sus partes integradas) los niveles d e consumo y los modelos de producción de sus superiores en un periodo precedence. Si los pertenecientes a la parte integrada miran hacia atrás y comparan

sus niveles de vida en

tendrán la impresión de que van mejorando las cosas. Los procesos de la economía mundial también hacen que la estructura centro-perife- ria se internalice cada vez más a nivel de países,

ilusión, ya qu e también

u n momento y en otro,

lo que por el

se consolide el sistema del mundo en su conjunto. A la larga, no obstante, el sistema puede llegar a hacerse más vulnerable debido

a las brechas cada ve z mayores qu e se abren dentro de los países periféricos.

moment o puede contribuir a que

Empresas multinacional