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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES DR. PEDRO RINCÓN GUTIÉRREZ SAN CRISTÓBAL-ESTADO TÁCHIRA

LA SUPERVISIÓN ESCOLAR Y EL CAMBIO EDUCATIVO

San Cristóbal, noviembre de 2013

CONCEPCIÓN DE MIRANDA MARTÍN SOBRE LA SUPERVISIÓN ESCOLAR

Para el autor, la supervisión escolar es un proceso que va de la mano

con el desarrollo y la mejora de los centros educativos, donde se debe

priorizar la función de asesoramiento y apoyo tanto a los centros como al

profesorado, a fin de que éstos alcancen las condiciones idóneas desde el

punto de vista organizativo, social y cultural que faciliten propuestas para la

innovación y el cambio.

Pero, para ello, es preciso que el supervisor reconozca su papel

dentro de ese proceso, interviniendo de modo que contribuya a la

modificación de la cultura dominante en cada centro en cuanto a su clima

organizativo, creencias, normas, significados y relaciones sociales; para dar

paso a un consenso donde la coordinación, cooperación y participación

figuren como procedimientos interactivos y comprometidos con el cambio

estructural que se desea.

A través de esta postura, Miranda Martín desestima enfáticamente la

concepción burocrática en la educación, es decir, la orientación “arriba hacia

abajo”, ya que se fundamenta en teorías que no se consustancian con la

realidad de los centros educativos, porque generalizan la situación sin

enfocarse en las necesidades e intereses particulares de cada centro sin la

participación directa de los profesores y los centros mismos en la

elaboración, planificación y puesta en práctica de los cambios que, más que

sugeridos, resultan impuestos.

¿Qué significa esto? Significa que el supervisor debe tener una

mentalidad abierta para lograr el cambio. Ser razonable, desplegando

creatividad para idear respuestas y soluciones según los requerimientos de

cada centro. Al igual que el docente en su praxis, el supervisor debe ser un

facilitador de propuestas y no un simple transmisor de políticas de Estado.

No debe desconfiar de las propuestas que se generan en los centros, sino

estar dispuesto a escuchar, a fin de analizar la manera en cómo tales

iniciativas pueden fusionarse con las políticas propuestas para dar paso a

organizaciones escolares inteligentes que aprenden, se desarrollan y

mejoran, transformando el sistema educativo en un elemento adaptado a la

sociedad que le circunda y que demanda respuestas adecuadas a la realidad

actual, pero, también haciendo un análisis prospectivo de las necesidades

futuras.

ASPECTOS DE LAS REFORMAS ESCOLARES QUE INCIDEN EN EL TRABAJO DOCENTE

Uno de los aspectos que inciden, en su mayoría, en la práctica

docente, es la implementación de reformas o innovaciones obligadas, que

carecen de sentido, ya que no se ajustan a la realidad de los centros,

generando un clima de incomodidad, inquietud y confusión, lo cual conlleva a

que los docentes se cierren a las exigencias burocráticas por considerar que

se encuentran inmersas en una constante rutina sobreprotectora que, lejos

de promover cambios, trae como consecuencia la desmotivación y el

descontento.

Esto, a su vez, contribuye a que las propuestas externas se conviertan

en una amenaza a la estabilidad laboral, provocando el cierre institucional a

través de la balcanización, es decir, un modelo de organización que restringe

el cambio educativo real dentro del profesorado, perpetuando los conflictos y

divisiones, en detrimento de la innovación educativa, y por, ende de la

transformación que conduce a cambios significativos dentro de la práctica

profesional y que debe estar en consonancia con los paradigmas de cambio

constante que se suceden en la sociedad actual.

IDEA DE CAMBIO DESDE LA PERSPECTIVA DEL AUTOR

Para Miranda Martín, las propuestas de cambio en los centros

educativos se conciben como procesos que se prolongan a lo largo del

tiempo y que deben comprenderse, planificarse, gestionarse y evaluarse colectivamente por todos los participantes de dichos procesos. Esto exige un esfuerzo sostenido y sistemático dirigido a cambiar las condiciones del aprendizaje y las condiciones internas de los centros con el propósito de alcanzar los objetivos de manera eficaz y eficiente, a través de estrategias que proporcionen una visión integradora de los recursos, posibilidades e iniciativas que sean capaces de admitir propuestas externas para adecuarlas a las necesidades particulares de cada centro. Para lograrlo, es necesario tomar en cuenta criterios específicos como el tiempo preciso para aplicar estrategias innovadoras que transformen la cultura de los centros educativos de manera globalizadora e interactiva y descentralizada, con el apoyo de docentes, directivos y supervisores comprometidos con el mejoramiento de la gestión, el desarrollo profesional y el proceso de aprendizaje, mediante la incorporación de elementos de evaluación permanente que permitan la modificación y la autorregulación, según sea preciso.

ASPECTOS IMPORTANTES PARA INTRODUCIR EL PARADIGMA DE CAMBIO EN UNA INSTITUCIÓN EDUCATIVA. PROPUESTA DEL AUTOR

El autor propone diez pautas para promover el cambio en los centros educativos:

- Desarrollo de creatividad al momento de construir sus prospectos para el futuro, atendiendo a sus necesidades, expectativas, normas, valores y creencias conjuntas, dejando a un lado las viejas posturas individualistas.

- Promover un sentido de compromiso entre todos los actores integrantes de la comunidad educativa, descentralizando los procesos, a fin de generar confianza y promover la innovación.

- Afianzar la interacción, promoviendo el intercambio de conocimientos y facilitar la investigación.

- Garantizar espacios para el análisis, reflexión y valoración crítica de las acciones conjuntas que conlleven a la cooperación y participación para promover el cambio.

- Fomentar la autoevaluación de los procesos, a fin de que los participantes aprendan a valorar el trabajo y desarrollen propuestas que impliquen solución a los problemas que surjan.

- Garantizar el asesoramiento externo constante de los directivos y docentes dentro de un contexto conciliador y flexible, a fin de brindar los recursos que se necesiten para promover las mejoras.

- Propiciar el desarrollo de redes de intercambio interinstitucionales, con el propósito de lograr apoyo mutuo e intercambios de experiencias significativas y enriquecedoras que difundan programas de mejora eficaces para todos.

LOS CENTROS COMO UNIDADES DE CAMBIO

Teniendo presente el hecho de que la sociedad actual se encuentra en una etapa de profundas transformaciones debido al proceso integrador de globalización, los centros escolares no pueden permanecer siempre iguales. Por el contrario, los centros educativos, como unidades de cambio, deben convertirse en instituciones que, una vez organizadas, estén en capacidad de corregir los errores, poniendo en práctica modelos que conduzcan a un aprendizaje institucional que flexibilice la organización hacia nuevos procedimientos, proporcionando respuestas, que involucren desafíos que conlleven a una transformación constante, dando prioridad al trabajo en equipo, disminuyendo la jerarquización para abrir espacios de interacción significativa entre docentes, alumnos y comunidad educativa en general.

BASES PARA UN NUEVO MODELO DE SUPERVISIÓN ESCOLAR

Los procesos de supervisión centrados en el control del cumplimiento de las normas son poco o nada eficaces, ya que desmotivan. Más no es siempre mejor. Lo que se necesita, realmente, son condiciones para que los cambio se consoliden dentro de los contextos adecuados. De allí que el verdadero fin de la supervisión escolar asertiva debe ser la priorización del asesoramiento y apoyo a los centros escolares, a fin de propiciar las condiciones organizativas, culturales y sociales que faciliten la innovación y el cambio. Entonces, el supervisor tiene que ser capaz de contribuir a que los centros educativos se conviertan en instituciones donde se promueva el autodesarrollo, aprovechando al máximo todos los recursos de que dispone, a fin de que logre una visión de conjunto y pueda nutrirse de sus propias experiencias para desarrollarse más plenamente. Entonces, dicho modelo de supervisión escolar debe estar sustentado en la configuración de una cultura escolar que favorezca las mejoras a través de la cooperación, coordinación, trabajo en equipo y con un sentido de compromiso, dejando a un lado el individualismo y la balcanización. Por otra parte, debe desarrollar un modelo de asesoramiento externo colaborativo que contribuya al logro de una praxis crítica, reflexiva e investigadora que permita generar soluciones creativas y potencie la profesionalidad, la autonomía y la autorregulación de los centros, en lugar de crear una dependencia excesiva. Esto contribuirá a que su voz sea escuchada dentro de la institución de una manera deseable, brindándole la oportunidad de fomentar la confianza y el compromiso de los actores involucrados en el proceso de cambio. Además de ello, el supervisor debe ser un líder que incida de manera positiva, estimulando y apoyando los programas y planes de innovación propuestos por los centros mediante la capacitación de los directivos escolares para que se conviertan en gestores de cambio, poniendo a su

disposición información y datos específicos en cuanto a cómo pueden obtenerse resultados positivos mediante el análisis y discusión constructiva de los puntos internos que ofrecen una perspectiva de mejora.