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ANTV, un dinosaurio no extinto

Los jóvenes acostumbran califica de dinosaurios a los viejitos que como yo, pensamos de manera anticuada.

EL término “dinosaurio” se aplica más ampliamente a creencias, conceptos o prácticas que se consideran obsoletas y que por lo tanto deben extinguirse.

La ANTV (Autoridad Nacional de Televisión) es uno de esos dinosaurios, que debió extinguirse en los estertores del Siglo XX, pero que se resiste a desaparecer, y que como el ave fénix renace de sus cenizas una y otra vez. La ANTV es un renacimiento de la CNTV, en buena hora ejecutada y enterrada por su inoperancia e inutilidad.

A su vez la CNTV fue el renacimiento de INRAVISIÓN, ese Instituto que se formó cuando el gobierno dejo de operar directamente la televisión y se dedicó a comercializar los espacios de televisión.

La ley 14 de 1991, en su Artículo Segundo enuncia:

Los fines del servicio de televisión son formar, informar y crear, contribuyendo al desarrollo integral del ser humano y a la consolidación de la democracia, la cohesión social, la paz interior y exterior y la cooperación internacional.

Desde la aparición de los canales privados y sobre todo después de la entrada en el país de cientos de canales de televisión internacional, los fines han cambiado “un poquito”.

La regulación televisiva estaba orientada a impedir que el gobierno de turno abusara de un canal de comunicación tan poderoso. En ese entonces existían en esencia cinco medios de comunicación (conversación directa, prensa, telefonía, radiocomunicación, y televisión), de los cuales tres estaban a merced del gobierno de turno. Lo único que se salvaba del control gubernamental eran la conversación persona a persona, en la cual al fin y al cabo la transmisión de información no superaba la categoría de chisme. Con la entrada de la televisión se puso a disposición del gobierno, operador exclusivo de la red de teledifusión, de un poderos medio de información, por lo cual se considerabas conveniente acotar sus poderes. Con la introducción de la operación privada de espacios, el papel de Inravisión lentamente paso de productor y controlador ideológico a comercializador de espacios, y el objetivo de los operadores de televisión fue netamente comercial.

Yo fui formado sin televisión, mis sobrinos fueron formados por Plaza Sésamo, en mi opinión el único programa realmente formativo que se transmitió alguna vez en la TV colombiana, y ni siquiera era nacional. Es posible que algunos concursos, como “20.000 pesos por sus respuestas” (que desvalorización, en ese entonces, eso era un montón de plata), y algunos programas documentales como Naturalia, y “Vida del Siglo XX”, de Alberto Dangón U., entre los que más recuerdo, aportaran retazos de conocimiento a las secas aguas del conocimiento popular colombiano, pero por alguna razón siempre me quedé en ascuas por la escasez de detalles que se podían aportar en media hora de programa.

La aparición de las cadenas privadas revolucionó todo. El único objeto de la programación es la captación de audiencia, quitándosela a la competencia. Punto. Los límites, la decencia y las buenas costumbres. El problema es que poco a poco la el concepto de “decencia” y buenas costumbres a involucionado. Por el lado de la decencia, en las cadenas de televisión lo único que no se muestra es “sexo explícito, con exhibición de órganos genitales” por decirlo de una manera elegante, y no recurrir a la más familiar palabra “pornografía”. Todavía me acuerdo del escándalo de las escenas más interesantes de “Los Pecados de Inés de Hinojosa”. Por el lado

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de las buenas costumbres, con el argumento de que las personas reales hablan y se comportan de determinada manera, se dejaron de lado los pordioseros que hablaban como Cervantes, los asaltantes que amablemente y sin insultos solicitaban sus pertenecías a sus víctimas, y los

asesinos que exponían casi en verso los motivos de su acto mientras acuchillaban, por una sola vez, como lo exigen las buenas maneras, el pecho de su rival y víctima, la cual, también como

lo exigen las buenas manera caía fulminado en el piso, muerto de por vida y sin aspavientos ni

medidas defensivas, que exaltaran y perturbaran a la teleaudiencia. Yo vi matar marranos por carniceros expertos, con una sola estocada certera en el corazón, y los pobres animalitos tardaban más de un segundo en expirar, al contrario de los acuchillados televisivos que ya estaban muertos al llegar al suelo.

Lo que es informar, yo creía firmemente que el “Mundo al Vuelo”, el único noticiero, patrocinado por la empresa estatal Avianca, relacionaba los acontecimientos realmente importantes que sucedían cotidianamente en Colombia y en el mundo y que eran de interés para todas los colombianos. Los noticieros de hoy día dan grima, el titular del día es una presunta agresión imperdonable por parte de un político a la prensa en general, cuando dijo que un periodista específico era un mentiroso, luego de que ese periodista lo acusase sin presentar pruebas de los más horrendos crímenes. Parece que a juicio de la prensa, los funcionarios públicos crecen del derecho de defensa ante las acusaciones de la prensa, sean estas probadas o no. Esa noticia sale al aire porque es escandalosa, y es escandalosa porque fue fabricada para escandalizar, por la misma prensa. Que mejor manera de crear un escándalo que acusar a una figura de amplio reconocimiento público de horrendos crimines y luego rasgarse las vestiduras porque ese alto funcionario público dice que la prensa miente.

La noticia de televisión del día anterior es más curiosa. Una de las más altas funcionarias, huida del país por la persecución de la justicia por un supuesto delito del cual parece que no obtuvo ningún beneficio (hasta en las series policiales más rudimentarias de la TV internacional enseñan que para hallar el culpable de un delito hay que hallar a ese alguien que tiene motivo, ocasión y medio). En Colombia los más horrendos delincuentes, condenado uno de ellos a la pena más larga conocida jamás por una presunta mala contratación, no tenían ningún motivo, no obtuvieron ningún beneficio, no actuaron por sí mismos, pero se regodearon cometiendo esos delitos, a juicio de la prensa. Ya incluso algunos prestigiosos comunicadores con por lo menos algo de ética han comenzado a despertar y reconocer que esas condenas y acusaciones parecen no tener mucho fundamente.

A mi juicio lo mejor que se podría hacer es enterrar ese dinosaurio y simplemente crear una

oficina de TV, con un director y una secretaria cuya única función sería recaudar los pagos de las cadenas privadas de televisión realizados cada 10 años al inicio de la concesión y entregárselos a la DIAN. Ahora que lo pienso¿Por qué no recauda la DIAN directamente esos pagos? Nos ahorramos el salario del funcionario, de la secretaria, de la papelería y del arriendo del local donde mora el funcionario durante 10 años sin nada útil que hacer. Para las licitaciones de concesión de espacios, pues que el señor ministro de las TIC, como se le llama ahora, contrate una firma consultora directamente, que al fin y al cabo eso es lo que hace la

famosa ANTV, porque directamente, parece que su única función es armar enredos.

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