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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 1

Inhibición, síntoma y angustia

Nieves Soria Dafunchio

serie del bucle

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soria Dafunchio, nieves Inhibición, síntoma y angustia. – 1a. ed. – buenos aires: Del bucle, 2009. 344 p.; 20 x 13 cm. – (Del bucle)

Isbn 978-987-21011-3-8

1. Psicoanálisis. I. título

cDD 150.195

© nieves soria Dafunchio, 2009

Edita:

Del bucle, buenos aires

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artes gráficas Delsur

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Presentación

Este volumen reúne el conjunto de las clases dictadas durante el año 2008 en el espacio de seminario diurno que llevo adelante desde 2005 en la Escuela de la orientación Lacaniana. Luego de una primera aproximación a la clínica nodal en el cam- po de las psicosis, a la que dediqué el año 2007, y que dio lugar al libro Confines de las psicosis, fui llevada a incursionar en la clínica nodal de las neurosis, a partir del encuentro en mi práctica como analizante, como analista y como supervisora, con lo real del anuda- miento borromeo de los tres registros y sus variaciones posibles en los distintos tipos y momentos de la estructura neurótica. neurosis que llegan al analista del lado de la inhibición, otras que llegan del lado del síntoma, otras de la angustia; y dentro de cada una de estas modalidades, pequeñas diferencias en el anudamiento que conllevan a su vez diferentes posiciones por parte del analista, distintas maniobras transferenciales, intervenciones que abordan la relación entre los registros de manera distinta. El trípode freudiano de inhibición, síntoma y angustia encontra- rá en este recorrido su lugar en el nudo borromeo lacaniano, a través de las nominaciones de lo imaginario, de lo simbólico y de lo real, que retomarán a su vez las tres identificaciones freudianas relevantes de Psicología de las masas y análisis del yo. agradezco a Fabián schejtman su aporte fundamental a la hora de establecer precisiones y distinciones dentro de cada una de estas formas de anudamiento, en esta oportunidad a través de su presen- cia en una clase, que se convirtió una ocasión de testimoniar acerca

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del íntimo lazo entre el inconsciente, la transferencia de trabajo y aquello que intento transmitir en mi enseñanza. agradezco también a quienes aceptaron mi invitación de expo- ner su práctica a la hora de intentar llevar a la singularidad de cada nudo subjetivo los hallazgos realizados en esta investigación. uno por uno fueron testimoniando de hasta qué punto el lugar del ana- lista implica un vacío, que en estas clases finales del seminario operó como causa de una elaboración in situ. agradezco también al auditorio, siempre tan interesado, incisi- vo, activo en sus aportes, algunos de los cuales están reflejados en esta publicación. Finalmente, un agradecimiento especial para bernardino horne por su prólogo, que es el reflejo de un interés que ha abierto una vía de transferencia de trabajo novedosa para mí y especialmente gratificante, en el encuentro con la investigación y la práctica de los colegas de la Escuela brasileña de Psicoanálisis. Esta publicación es para mí una posibilidad única: la de compar- tir con el lector, a quien quizás no conozco, los ecos que deja en mí una pasión, que es la del psicoanálisis. brindo porque haya encuentro.

Nieves Soria Dafunchio

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Prólogo, Bernardino Horne

1. Inmediatamente después de la Introducción, nieves aborda la clínica de modo directo y claro, entendida y teorizada desde la perspectiva de la topología del nudo borromeo. Fundamenta su acto en una cita de Lacan que ubica en el capítulo III (El nudo borromeo. Parte I). En dicha cita, Lacan nos recomienda empezar por la práctica “a lo bruto”. En dos oportunidades usa ese término, tan fuerte, para indicarnos que es necesario comenzar por la clínica antes de saber de matemáticas y topología. Las dos razones que da Lacan para esto son: una, para salir del cerco de la duda obsesiva y otra, para saber que el nudo da cuenta de la experiencia analítica y que ése es su valor. y nieves lo hace así, entra a los nudos desde la clínica y la trabaja en la perspectiva de los nudos. Lo hace tanto en los momentos iniciales, cuando comienza a exponer la importancia de la perspectiva nodal, como después, cuando toma casos clínicos, presentados en su seminario por colegas practicantes que participan del mismo. La claridad y el sonido cristalino que produce su clínica llevan al entusiasmo y al Wissentrieb.

2. El goce, en su satisfacción, mantiene una relación entre los nudos, sea en las neurosis como síntoma, como angustia o como inhibición o en las psicosis por la vía de las suplencias y la interpe- netración de los anillos. como en el Proyecto freudiano donde una estructura, los neuronios, da sostén a la circulación de cantidades, la estructura borromea da sostén a las diversas formas en que el goce se satisface. La estructura puede, pues, tomar formas diversas.

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Este libro, dedicado a las neurosis en la perspectiva nodal, parte de Inhibición, síntoma y angustia de Freud para adentrarse en la forma en que Lacan relaciona estos tres conceptos centrales con los tres re- gistros real, simbólico e imaginario en el nudo borromeo. Inhibición, síntoma y angustia marca un momento de cambio en Freud. “Es un texto de Freud que apunta a lo real de la experiencia”, dice Jacques- alain miller en El partenaire-síntoma (Paidós, 2008, pág. 62).

3. soy miembro de la Escola Brasileira de Psicanálise. De la sec- ción bahía de la EBP. Esto da a este prólogo una perspectiva brasi- leña. hace ya algunos años, el Núcleo de Investigação em Psicanálise e Medicina del Instituto de Psicanálisis Bahía comenzó a trabajar con pacientes afectados de anorexia, bulimia y obesidad, y decidió inves- tigar esta problemática. su coordinadora, celia salles, junto a Fa- bián schejtman, quien en ese momento trabajaba con un grupo de colegas entre los cuales estaba nieves soria Dafunchio, inició en el ICBA un programa de trabajo en bahía sobre el tema a partir de los nudos. schejtman comenzó a viajar a bahía y, luego, a todo brasil llevando adelante este trabajo de clínica de los nudos. Recientemen- te, nieves inauguró su participación en este programa produciendo, con su manejo clínico de los nudos, un verdadero movimiento en nuestra comunidad.

todas estas cualidades que tengo el placer de resaltar, ustedes podrán apreciarlas en la lectura de este texto que, por su sabor de real, no es fácil dejar para seguir leyéndolo mañana.

Bernardino Horne Salvador, Bahia Brasil

I. Inhibición, síntoma y angustia

I. Introducción al territorio de las neurosis

Propongo el trabajo de este año en continuidad con el del año pasado, en el cual con algunos de ustedes nos dedicamos a trabajar sobre los confines de las psicosis, tratando de abordar dentro del campo clínico de las psicosis la variedad de la estructura, intentando llevarla al nudo borromeo.

Este año nos dedicaremos al campo de las neurosis, centrándo- nos en el trípode freudiano de inhibición, síntoma y angustia, que es retomado por Lacan desde la perspectiva de los tres registros. me parece que puede ser muy enriquecedor a la hora de dar cuenta de la variedad clínica dentro del campo de las neurosis, articular a la vez los conceptos de inhibición, síntoma y angustia (que son centrales) con los registros imaginario, simbólico y real, especificando tipos de nudos muy distintos en las neurosis. Para ello vamos a dedicar algunas de las primeras clases a abordar los textos, fundamentalmente el texto freudiano “Inhibición, sínto- ma y angustia”, y su lectura por parte de Lacan, fundamentalmente en el Seminario X, el Seminario de La Angustia, y en el Seminario XXII, R.S.I.

En estas primeras clases vamos a hacer un recorrido para arribar a R.s.I., al nudo borromeo, tal como lo propone Lacan en el Semi- nario XXII, retomando el trípode freudiano de inhibición, síntoma y angustia. La de hoy será una clase introductoria del recorrido que vamos a

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hacer en esta primera parte del seminario, y en la segunda parte, algu- nos practicantes del psicoanálisis van a traer sus casos y vamos a tratar de ir ubicando estas diferencias en el nudo en los distintos casos. Para introducir este primer trayecto que vamos a hacer, voy a empezar con la imagen, que ustedes habrán visto por mail o en el afiche, que elegí para anunciar este seminario, que es este cuadro de Dalí que se llama “complejo de Edipo”. Esta pintura me ha resul- tado muy inspiradora, ya que es una imagen en la cual, por un lado encontramos una estructura que tiene una forma que es imprecisa, una forma difícil de definir, un tanto amorfa, como suelen ser las for- mas de Dalí, que además está agujereada, tiene algunas fisuras, hay algunas manchas. me parece que es una imagen que nos sumerge, con toda la fuerza de la pintura de Dalí, en el campo de la estructura neurótica tal como intentaremos abordarla aquí, en este espacio. Por otro lado, en el cuadro está este objeto que está por delante, que parece ser una suerte de cetro con plumas, al estilo de las plumas del pavo real. Propongo imaginar ahí el emblema del padre caído, del padre muerto, a Edipo habiendo matado a su padre y, dirigién- dose a ese horizonte que se encuentra en el final de la pintura. y por otro lado, por debajo de esta forma, de esta estructura que se encuentra en el centro del cuadro, encontramos un pequeño objeto que está caído, que también es un objeto difícil de definir, un tanto amorfo, que deja una sombra inquietante sobre la estructura; y por otra parte, tenemos esta figura, que es una figura humana semi-esque- lética, bastante indefinida también respecto del sexo, que me parece que encarna por excelencia lo que sería el sujeto neurótico en su inde- terminación, sin rostro, y por otra parte, en el lugar en el que debería estar la cabeza, lo que hay es una suerte de signo de interrogación, hay un vacío, en el que podemos ubicar la dimensión de la pregunta. Quería transmitirles de alguna manera lo que me causó este cua- dro de Dalí a la hora de pensar en abordar el campo de la neurosis, que desde el psicoanálisis queda definido a partir del complejo de Edipo freudiano; este campo que, por un lado, parece tan conocido, y por otro lado, siempre vuelve a resultarnos tan ajeno.

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Elegí este trípode de inhibición, síntoma y angustia, porque con- sidero que nos será de utilidad para introducirnos al nudo, y en ese sentido, me gustaría plantear una suerte de contrapunto entre lo que sería una primera vertiente en la enseñanza de Lacan, un primer tiempo en su enseñanza, que sería el período conocido como el Lacan clásico, el Lacan de la lógica del significante, que también es el Lacan que se apoya en aquellos textos freudianos en los que Freud trans- mite la maravilla del descubrimiento del lenguaje y sus efectos en el inconsciente: “La psicopatología de la vida cotidiana”, “El chiste y su relación con lo inconsciente”, “La interpretación de los sueños”, que son el eje de las referencias freudianas del primer Lacan.

II. La clínica de la pregunta

Este primer Lacan va a abordar la estructura, sea neurótica o psicó- tica, bajo la modalidad de lo que se plasma a la altura del seminario III y hacia adelante como “la clínica de la pregunta”. Esta lógica significante llevada a su máxima formalización en el primer Lacan constituye una clínica, y podríamos decir que el aparato conceptual que mejor despliega, que mejor explora el terreno, el territorio de la clínica de la pregunta es el grafo de la subversión del sujeto –que pueden encontrar en el Seminario V, y en el escrito “subversión del sujeto y dialéctica del deseo”. En este texto van a encontrar una pri- mer versión del grafo en la cual Lacan justamente va a dar forma al grafo a partir de esa interrogación, de esa pregunta por el deseo del otro, que es la pregunta que anima al sujeto neurótico.

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10 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Esta primera versión del grafo está animada por esta pregunta: Che

Esta primera versión del grafo está animada por esta pregunta:

Che vuoi?, ¿qué quieres?, es la pregunta que interroga el deseo del otro. Este grafo del deseo es el grafo que va a dar cuenta, y que va a intentar desplegar la estructura de la pregunta por el deseo del otro que anima al sujeto neurótico. Diana Rabinovich abordó en detalle las consecuencias clínicas del grafo en un librito que se llama Una clínica de la pulsión. Las impulsio- nes 1 , donde ella dividía el grafo por la mitad, situando el lado derecho como el lado de las peguntas y el izquierdo como el de las respuestas. El primer mojón en este camino que nos lleva al abordaje de la estructura neurótica en el nudo, es el grafo del deseo que despliega la estructura de pregunta en que consiste la neurosis. Quienes estu- vieron en el seminario del año pasado recordarán que trabajamos la cuestión de la pregunta en las psicosis también, tal como la plantea Lacan en el Seminario III, donde ubica justamente en las psicosis una pregunta, pero es una pregunta que se hace sin sujeto, o, la otra

1 Rabinovich, Diana. “una clínica de la pulsión. Las impulsiones”. Ed. ma- nantial. buenos aires, 1989.

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posibilidad que plantea Lacan es que haya una respuesta antes de que se pueda plantear la pregunta en la psicosis. Estas son las dos alterna- tivas que da para distinguir el estatuto de la pregunta en la psicosis del estatuto de la pregunta en la neurosis. Podemos hacer un primer abordaje de la estructura desde el gra- fo. En la psicosis esa estructura de la pregunta de algún modo se aborta en el primer nivel, antes de que pueda llegar a ser planteada por el sujeto –ya que la dimensión de la pregunta se abre recién en el piso superior del grafo–, antes de que pueda plantearse se hace presente la respuesta en el plano imaginario, en el eje especular. Del lado de la neurosis, en cambio, la pregunta llega a plantearse, pero no a desplegarse, ya que el sujeto recurre al cortocircuito del fantasma como respuesta en lugar de continuar con el recorrido que lo llevaría a la confrontación con ese agujero enigmático, del que la pintura de Dalí nos da un reflejo. Finalmente, hay un tercer trayecto posible, que es justamente el que habilita la experiencia analítica, que lleva la pregunta a desplegar- se, y a que el sujeto se confronte con este significante de la falta en el otro, es decir, con la castración, lo que implica un atravesamiento del plano fantasmático como nivel de respuesta a la pregunta. Este tema se podría desplegar mucho más, pero como no es el objetivo de este semi- nario centrarnos en la clínica de la pregunta, lo planteo rápidamente. Entonces, en el grafo podemos ubicar en el primer nivel la psico- sis, en el segundo nivel la neurosis, y finalmente, en el circuito más amplio, el análisis. se trata, entonces, de un aparato conceptual que está construido a partir de la lógica simbólica, de la lógica del significante, ya que la estructura mínima aquí es la estructura binaria propia del signifi- cante, s1-s2, y es la complejización de esa estructura mínima la que lleva a ese despliegue en el grafo. y desde la perspectiva del grafo podríamos decir que lo que va a plantear Lacan es que esa pregunta por el deseo del otro se va a mo- dalizar en la histeria –la pregunta va a ser ¿qué quiere una mujer?– es la pregunta por el ser femenino, por el ser de deseo femenino; y por

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otro lado, la modalidad obsesiva, que ya Freud sitúa como un dialecto de la histeria, como una complejización superior de esa primera pre- gunta sobre lo femenino, y entonces va a avanzar sobre la muerte. Esas dos modalidades de la pregunta no se pueden distinguir en tanto tales en el grafo, no podemos hacer una clínica diferencial de la histeria y la obsesión con la estructura del grafo, como tampoco podemos distinguirlas de la fobia, aunque podríamos preguntarnos qué pasa con la pregunta en la fobia. La fobia parece ser el impasse de la pregunta, el sujeto fóbico es un sujeto a quien la angustia le impide plantear la pregunta, por eso Lacan va a definir a la fobia como una placa giratoria, como un cambiavía. Es más un momento lógico de la estructura que un tipo de neurosis en sí misma. se trata de un momento de impasse de la estructura que además es constitutivo del sujeto. Esto es algo que Freud señala, las fobias infantiles como constitutivas del sujeto. Podríamos decir que el sujeto se constituye fóbicamente. Pero hay cierto punto de falla de la estructura neurótica en la fobia que también resulta un poco difícil abordar desde el grafo. Podemos decir en principio que en la fobia el sujeto atraviesa el primer nivel o piso del grafo, el sujeto sale del campo de la psicosis, pero tiene dificultad para construir su fantasma. Por ejemplo, en el caso de Juanito, su fobia y su análisis consisten en toda una serie de operaciones de construcción del fantasma. Entonces, podríamos decir que este aparato conceptual, que es el grafo del deseo, que es tan interesante para dar cuenta de toda una serie de cuestiones de la estructura subjetiva y de la estructura de la experiencia analítica en tanto tal, nos deja interrogarnos acerca de la diversidad clínica, es un aparato que nos permite ubicar en sí mismo estas diferencias de los tipos clínicos dentro de las neurosis, que es lo que vamos a tratar de abordar en este seminario. Posteriormente, cuando Lacan abre su abordaje de la estruc- tura a la concepción topológica de la misma, abre la estructura a los otros dos registros. Este grafo, en cambio, es fundamentalmen- te simbólico, es lógica del significante pura, es un intento de dar

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cuenta de lo imaginario –que va a estar en este primer nivel–, y de lo real –que va a estar en el último nivel–, desde lo simbólico. Es desde la primacía que Lacan le adjudica a lo simbólico que en este momento de su enseñanza él va a abordar simbólicamente tanto lo imaginario como lo real.

III. El trípode freudiano.

Pero podemos, en la enseñanza de Lacan, seguir el hilo de la otra vertiente, de la vertiente que intenta, desde el inicio, dar autonomía propia a los otros registros. Recuerden que el primer Lacan escribe el estadio del espejo, que es un intento de dar cuenta del registro imaginario en tanto tal. Ese otro Lacan, que en realidad está desde el principio pero que parece que recién logra desplegar toda su fuerza conceptual en los últimos seminarios, se va a apoyar fundamental- mente en el texto de Freud: “Inhibición, síntoma y angustia”. Este otro Lacan, que no se interesa sólo por la lógica del signifi- cante, sino que también es un Lacan matemático que se interesa por el estatuto real del número, encuentra en este trípode freudiano, en este tres de Freud, algo real de la estructura que verifica en su expe- riencia como analista. ya tendremos más de una oportunidad de volver sobre el texto de Freud, de momento me referiré a lo que considero central del mismo para hacer una introducción al recorrido que haremos. si ustedes leen este texto freudiano, se van a dar cuenta inme- diatamente de que en realidad más que nada es un tratado sobre la angustia. Pero lo más interesante es que es un tratado de la angustia que va a terminar siendo definida como angustia de castración, rec- tificando la primer concepción freudiana de la castración. Lo que está proponiendo Freud en este texto, y lo dice con todas las letras al comienzo de uno de los capítulos, es que la neurosis gira alrededor de la angustia de castración, de modo que la estructura neurótica es una respuesta a la angustia de castración.

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así, tanto la inhibición como el síntoma van a ser abordados desde la perspectiva de la angustia, de ahí que Freud plantee que la inhibi- ción es una detención de todo movimiento con la finalidad de evitar el desarrollo de angustia, es una solución tajante y radical al problema de la angustia. se produce una detención en el movimiento, cuestión que va a ser retomada por Lacan en el famoso cuadrito del Seminario de La Angustia, que vamos a trabajar, cuyos dos ejes son justamen- te la dificultad y el movimiento. La inhibición tiende a detener el movimiento, el despliegue mismo de la estructura se detiene con la inhibición y se logra expulsar la posibilidad de angustia. El síntoma en ese texto va a ser abordado por Freud como un resultado del desarrollo de la angustia, como señal de la castra- ción. De modo que cuando la angustia funciona como señal de la castración, cuando está acotada, cuando está localizada en este funcionamiento de señal de la castración, entonces promueve la formación de síntoma. En este plano del síntoma, a diferencia de la inhibición, tenemos cierto desarrollo de angustia, pero que lleva a la formación de síntoma, la cual podría llegar a desterrar total- mente el desarrollo de angustia. El ejemplo que da Freud de logro más radical del síntoma contra la angustia es el síntoma conversivo como el síntoma que tiene más éxito en la evitación de la angustia, pero su constitución no se consigue sin un desarrollo previo de angustia. Lo que diferencia entonces al síntoma de la inhibición es este primer tiempo de desarrollo de angustia, y luego un segundo tiempo donde el síntoma viene a resolver, o intentar solucionar este problema que le plantea la angustia. cuando nos detenemos en el concepto de la angustia, en este texto la vemos bifurcarse. Por un lado está la angustia como señal de la castración, que va a ser absolutamente evitada en la inhibi- ción, y a la que se le va a dar un tratamiento en el síntoma, pero va a haber otra vertiente de la angustia que va a atravesar todo el texto, que es la angustia que deja de lado –dice Freud– los vasallajes del yo y la castración. En esta vertiente la angustia no se limita a ser una señal. se trata de la angustia que se manifiesta en las neurosis

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traumáticas, que rompe la pantalla del yo y que deja de funcionar en relación con la castración, deja de estar acotada como señal. a esta vertiente de la angustia podríamos calificarla de angustia pura. angustia pura es un término que va a utilizar Lacan en el Seminario de La Angustia para referirse justamente al primer tiem- po de la angustia de Juanito, cuando todavía no logra armar un síntoma con ella. aquí el sujeto está totalmente tomado, arrasado por la angustia. ahí la angustia toma todo el ser del sujeto, no está localizada ni funciona como una señal. En estos casos el modo de ser del sujeto es la angustia.

Intervención: ¿y en el ataque de pánico?

Nieves: habría que definir cómo el ataque de pánico se articula con la estructura, pero en principio, podríamos ubicarlo como una irrup- ción de la angustia pura, donde dejan de funcionar los vasallajes del yo y de la castración, y que por eso es vivida como angustia de muerte –que es también la angustia que está en juego en las neurosis traumá- ticas. Freud hace esta distinción entre angustia de castración y angustia de muerte. si bien luego intenta dar cuenta de la angustia de muerte en términos de castración, a la vez ubica claramente un campo clínico en el cual se manifiesta la angustia como pura angustia de muerte, desbordando estos diques, y perdiendo la relación con la castración. En estos casos hay algo del narcisismo que se desarma –como ocurre efectivamente en el ataque de pánico– y tampoco está loca- lizada la función de la falta. Entonces el sujeto siente que se muere –ésa es la experiencia del ataque de pánico. también ésta puede ser eventualmente la experiencia en la neurosis traumática, donde justamente lo que se escucha es que el sujeto vuelve a vivir exacta- mente igual el momento del trauma, donde se pierde la referencia a la función retroactiva que posibilita la función de la falta.

Intervención: ¿Para vos la castración es un efecto de localización de la angustia pura?

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Nieves: si seguimos la lógica del texto de Freud, efectivamente la castración funciona como la posibilidad de hacer entrar a la angustia en el régimen del signo. cuando la angustia funciona como señal, acomoda al sujeto respecto de la castración, respecto de la falta, y entonces el sujeto, o bien se inhibe, o bien hace un síntoma, o bien hace un acto –que es la solución no neurótica a la angustia. La relación entre angustia y acto también está desplegada por Freud en este texto, y es retomada por Lacan. Existe una posibilidad no neurótica de enfrentar la angustia, que es con algún acto que nos ponga en relación con nuestro deseo. Eso es lo interesante de la angustia cuando funciona como señal, que el sujeto en vez de inhibirse cobardemente, o de armar un síntoma, puede actuar en conformidad con su deseo. Entonces, por un lado tenemos la angustia que funciona como señal de la castración en el yo; y por el otro, esta otra angustia que pierde los vasallajes del yo y de la castración, que incluso produce cierto desarmado del narcisismo, que –dice Freud– es pura repro- ducción del trauma, en la que falta esta vuelta segunda que localiza –que sería justamente la función de la castración en el funciona- miento propiamente neurótico de la estructura.

IV. La primera vuelta lacaniana

Lacan va a retomar este texto en varias oportunidades. La prime- ra oportunidad es el Seminario de La Angustia. La primera clase está dedicada a este texto de Freud –“Inhibición, síntoma y angustia”. Lacan comienza la construcción de su esquema, el cual es triádico, a diferencia del grafo, que consta más bien dos lados. se trata de un cuadro de doble entrada en el que Lacan distingue tres niveles, y en cada uno de ellos va a ubicar estos términos.

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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 17 Lo que él va a plantear es que la inhibición

Lo que él va a plantear es que la inhibición opera en el campo del movimiento, es decir que la inhibición lo que hace es detener un funcionamiento. si ustedes van al texto de Freud, van a encontrar ejemplos en los que el sujeto deja de poder realizar alguna función, por ejemplo tocar el piano, cocinar. Finalmente, Freud plantea la cuestión de la inhibición como pudiendo generalizarse a todas las funciones y, va a decir –cuando termina el primer apartado, dedica- do a la inhibición– que el estudio de la inhibición va a permitir a los psicoanalistas explicar la depresión y la melancolía como inhibicio- nes generalizadas. De modo que cuando esta función de la inhibi- ción es llevada a su máxima potencia, se transforma en depresión, y en el caso más extremo en melancolía. En esos casos se detiene todo movimiento en la estructura. En esta vía de la detención del movimiento, Lacan va a distinguir dos escalones más, que son el impedimento y el embarazo. Después lo vamos a ver más en detalle, pero lo que tiene de interesante este cuadro es que, por ejemplo, el impedimento tiene en común con la inhibi- ción que se trata de algo que se detiene, donde el sujeto está impedido de realizar determinada acción, pero no es exactamente lo mismo que la inhibición porque se juega en el plano del síntoma, de modo que ya tenemos ahí cierto entrecruzamiento entre inhibición y síntoma. Lo mismo ocurre con el término “embarazo” –que Lacan toma explícitamente del término español, que le interesa especialmente porque tiene esta significación de la mujer que lleva un niño en su vientre, que no encuentra en la lengua francesa en el término

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embarras, que no se utiliza para el estado de embarazo de la mujer en francés. Por eso usa el termino embarazo del español, porque da cuenta de ese estado de cierta detención en el plano del movimien- to, pero que va a quedar más ligado a la angustia. El sujeto que está embarazado, podríamos decir que está un poquito angustiado, hay algo con lo que no sabe muy bien qué hacer, está en una situación embarazosa, y hay cierta angustia. Luego tenemos el otro eje, que es el eje del movimiento. Lacan va a ubicar en primer lugar la emoción, y en segundo lugar la turba- ción. tanto la flecha del movimiento como la de la dificultad parten de la inhibición. Para Lacan tampoco es casual que la primera sea la inhibición, por eso vamos a seguir el seminario en este orden:

inhibición, síntoma y angustia. Vamos a hacer unas clases de intro- ducción general, pero cuando vayamos a los casos también vamos a seguir este mismo orden. acá va a ubicar la emoción, que va a estar en sintonía con el síntoma y la turbación –que es un fenómeno más angustioso. y posteriormente en la clase 6 va a agregar el acting-out, y el pasaje al acto, que abordaremos más adelante. Entonces aquí tenemos un esquema tríadico, es un 3 al cuadrado que da 9, son 9 casilleros, y ya abren a un movimiento que no es binario, que no se reduce a la lógica del significante. Lo que está en juego ahí es el tres y no el dos. Vemos cómo del grafo del sujeto a este esquema se opera un pasaje del dos al tres para dar cuenta de la estructura y para empezar a definir ciertos fenómenos en el campo de las neurosis, que en su diversidad y en su complejidad no son abordables desde la estructuración dualista.

V. Del dos al tres

Es este tres el que de alguna manera va a ir llevando a Lacan hasta el seminario en el que más nos vamos a centrar, que es el Se- minario 22, R.S.I., que es un seminario en el cual Lacan aborda la

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estructura como un nudo borromeo, tomando estos tres nombres freudianos –inhibición, síntoma y angustia– como las tres nomina- ciones constitutivas del nudo. allí Lacan va a proponer que el nudo borromeo se constitu- ye por tres nominaciones: la nominación de lo imaginario –que va a ser la inhibición–, la nominación de lo simbólico –que va a ser el síntoma–, y la nominación de lo real –que va a ser la angustia. Es decir, que Lacan va a proponer que el nudo del ser hablante se constituye en estas tres operaciones, y cada una de ellas cumple una función de anudamiento en la estructura y de constitución del nudo borromeo en tanto tal. Para trabajar la cuestión del nudo borromeo en tanto tal les voy a volver a proponer el mismo texto que les propuse el año pasado para empezar, que es el texto de Fabián schejtman llamado “acerca de los nudos” que está publicado en un libro que se llama Las dos clínicas de Lacan 2 , y que me parece que da de un modo muy claro las bases mínimas para entender lo que vamos a abordar como nudo borromeo. Lo que tiene de interesante este texto de schejtman, es que en su lectura del último Lacan, propone una distinción muy clara entre el nudo borromeo como nudo neurótico, y el nudo no borromeo como el nudo en la psicosis. se trata de una distinción que no es evidente leyendo a Lacan, pero que considero fundamen- tal para poder avanzar en la clínica de los nudos. En el Seminario R.S.I. Lacan va a abordar la estructura del nudo como nudo borromeo, y lo que va a terminar planteando es que ese nudo borromeo de tres en tanto tal no existe. se trata de la estructura del ser hablante como una relación borromea entre tres nominacio- nes: una imaginaria, una simbólica y una real, que está siempre falla- da, y es la particularidad que asume esa falla, así como la reparación de esa falla, lo que va a dar cuenta de los distintos tipos clínicos. Referirnos al anudamiento borromeo supone la función de media-

2 scfhejtman, F. “acerca de los nudos”, en mazzuca, R., schejtman, F., Zlot- nik, m., Las dos clínicas de Lacan. buenos aires, 2001. Ed. tres haches.

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ción, que es en lo que nos vamos a centrar este año. así como el año pasado nos centramos en la interpenetración entre los registros, este año vamos a trabajar alrededor de la función de mediación. Lo propio de la estructura neurótica es que cada uno de los tres registros está relacionado con algún otro por la mediación de un tercero. Entonces, por ejemplo, imaginario y simbólico en la neurosis se relacionan vía lo real, real y simbólico se relacionan vía lo imaginario, y así los tres. La función de nominación en Lacan es la función de anuda- miento. Para Lacan, el nombre anuda, es una función que anuda los registros, de allí la importancia que le da al principio de su enseñanza al nombre del Padre como función de nominación por excelencia. El título de este seminario, R.S.I., es homofónico con hérésie, que quiere decir herejía. Este seminario es entonces la herejía lacaniana al dogma del padre en el psicoanálisis, al proponerse abordar la estruc- tura por estas nominaciones intentando prescindir de la nominación paterna, cosa que no va a conseguir. Pero finalmente lo que va a decir es que inhibición, síntoma y angustia son nombres del padre. Les propondré abordar desde allí las tres vertientes del padre: la vertiente imaginaria, la vertiente simbólica, y la real, su particular anudamiento o desanudamiento en cada tipo de neurosis, y finalmente sus efectos.

IV. La segunda vuelta lacaniana.

En este planteo que va a hacer Lacan del nudo en R.S.I., va a tomar el texto de Freud nuevamente, y va a decir que la nominación de lo imaginario es la inhibición, ya que la inhibición es lo que de- tiene el funcionamiento simbólico de la estructura. Lo simbólico es lo propio del ser hablante, ya que somos seres del lenguaje, venimos al mundo inmersos en el lenguaje, inmersos en lo simbólico. El lenguaje, lo simbólico, puede ser una recta infinita y ¿qué es lo que detiene?, ¿qué es lo que le pone un límite?, ¿qué es lo que funciona como punto? La nominación imaginaria, el sentido. En la cadena sig- nificante el sentido es imaginario, es lo que detiene el desplazamiento

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metonímico. De allí lo fundamental de la inhibición, es necesario que en algún momento lo simbólico pare, se detenga, para constituir la estructura neurótica. Lo imaginario entonces detiene el despliegue de lo simbólico y permite cerrar el redondel de lo simbólico, en relación con los otros dos, que no sea una recta abierta a lo infinito. Por eso Lacan empieza por la inhibición, como Freud, porque dice que somos seres del lenguaje, estamos inmersos en el lenguaje, y la primer nomi- nación, el primer límite que encontramos es imaginario. Es por esto que para Freud, la primera operación que se realiza en la constitución del ser hablante es el narcisismo. se llega en un estado caótico, fragmentario, autoerótico, y la primera nominación, la primera función de anudamiento, la primera función de consti- tución, va a ser una función imaginaria: la constitución del yo, del narcisismo, que va a inhibir ese caos originario del autoerotismo. segunda nominación: la nominación de lo simbólico. La nomi- nación de lo simbólico no es lo mismo que lo simbólico, sino que Lacan va a decir que es justamente el nombre del Padre. Es esta función que hace que algo se despegue en el campo del significante, algo, un significante, la función del significante amo, del s1 que ordena, el s1 que además media entre imaginario y real, que le pone un nombre a las cosas –dice Lacan sobre el final del seminario. En estos seminarios, en el XXII con su herejía, luego en el XXIII cuando aborda la obra del escritor James Joyce, muy imbuido de su propia formación jesuítica, e inspirado por él, Lacan va a tener como referencia permanente la biblia para hablar de los orígenes y de la constitución de la estructura y del nudo del ser hablante. Entonces la nominación de lo simbólico es referida al momento en el cual adán les pone nombres a las cosas. La nominación de lo simbólico como mediación entre imaginario y real, abrochando imaginario y real con un nombre. La cosa, esa cosa que a la vez es una imagen, va a estar mediada por un nombre. Pero Lacan va a distinguir ese momento en el cual adán nombra a los animales del momento de la creación, momento previo en el que estará en juego una nominación de lo real. Va a decir que po-

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nerles nombres a las cosas es una nominación simbólica, pero hay otra nominación, que es cuando ese agujero que es ese Dios de la biblia que dice “yo soy lo que soy”, que es puro sin sentido, que es puro s1, porque “yo soy lo que soy” es un s1 que no remite a un s2, porque no dice “yo soy tal cosa”, sino “yo soy lo que soy”, es un s1 que remite a sí mismo, o en todo caso remite a un objeto a: “soy lo que soy, esa cosa, eso”. Lacan plantea que esa función de nomina- ción es un agujero que escupe un nombre. La nominación de lo real queda ubicada entonces en ese mo- mento angustioso en el cual algo surge de la nada, en el cual un agu- jero escupe un nombre. ¿cómo puede un nombre salir del agujero? En otra vía, es la pregunta que se hacen los científicos: ¿qué había antes del big bang?, ¿qué fue lo que explotó en el big bang?, ¿era una nada que explotó?, pero ¿cómo puede explotar una nada?

Intervención: Freud dice que la represión primaria es una opera- ción de contrainvestidura, y que la contrainvestidura es el modo de operación de la fobia. yo te quería preguntar si vos a eso lo considerás como una nominación imaginaria, o como una nominación real.

Nieves: Lacan ubica a la represión primaria como nominación de lo real, se trata de un punto que no es para nada imaginario, que queda totalmente por fuera del sentido. Dios no dice nada, es un nombre puro, y en ese sentido queda totalmente por fuera del sentido. Es un agujero que escupe un nombre. me parece impor- tante establecer la diferencia entre represión primaria y secundaria, y entre nominación real y simbólica. En la nominación real estamos en el plano de la represión pri- maria, y también de la identificación primaria, que es el momento de incorporación del padre, que es un momento en el cual hay una primera operación efectiva del sujeto que funciona según Freud por introyección, y que va a dar lugar a una identificación que va a ser primera; las otras identificaciones van a ser secundarias respecto de ella. Esto está en el capítulo VII de “Psicología de las masas y análisis

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del yo” 3 , donde Freud va a dar cuenta de cómo las identificaciones que dan lugar al síntoma son secundarias, son segundas respecto de esta identificación primaria que es de otro orden, que es anterior a toda relación de objeto, y donde se trata justamente de lo que con Lacan podemos llamar la admisión en lo simbólico del nombre del Padre. De modo que hay un primer momento en el cual se produce esa primera nominación que es la constitución del nombre del Padre como un significante real, que va a tener un valor real en lo simbóli- co. y luego hay un momento segundo en el cual esta función va ope- rando distintas nominaciones, distintos síntomas. Esta nominación real lo que produce es angustia, porque no liga nada. En ese sentido Lacan va a seguir el texto freudiano y va a decir que lo que liga el significante, lo que liga representaciones, es el sín- toma, la nominación de lo simbólico, que ubicamos en la relación s1-s2. mientras que la angustia es la nominación de lo real, es un s1 puro, ese Dios que dice “ yo soy lo que soy” y escupe un nombre, fuera de sentido. La nominación de lo real es una nominación difícil de aprehen- der, justamente porque no podemos abordarla ni en términos imagi- narios, ni en términos simbólicos, por eso estas metáforas de lo que había antes del big bang interrogan algo surge de la nada, o como va a decir Lacan, algo que pasa a ex-sistir algo que es arrojado fuera de ese agujero. ahí Lacan dice “Dios escupe el nombre”. un nombre es escupido por ese agujero que es Dios, es arrojado a la ex-sistencia, es arrojado afuera, empieza a sostenerse afuera. Lacan situará la ex-sistencia en el registro de lo real, y el agujero en el registro de lo simbólico. Desde la perspectiva de “Inhibición, síntoma y angustia”, les propongo situar la nominación de lo sim- bólico en relación con la función de la castración, que localiza y media entre imaginario y real; y lo imaginario como consistencia, como lo que une, lo que mantiene junto –dice Lacan.

3 Freud, s. “Psicología de las masas y análisis del yo”. En Obras Completas. cap. 7 Ed. amorrortu. tomo XVIII. buenos aires, 1986.

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cada una de estas nominaciones –que son constitutivas del nudo– a la vez participan de cada uno de los tres registros, de modo que cada registro tiene su consistencia, su agujero y a su vez ex-siste a los otros dos. Esto nos posibilita referencias tales como lo imaginario de lo real, lo simbólico de lo imaginario, etc. Por eso vamos a trabajar no solamente con el nudo, sino también con los tres registros, tal como los aborda- mos en algunos lugares, como si fueran conjuntos o círculos de Euler, y donde también va a ir haciendo diferentes localizaciones en distintos espacios que van a permitirnos distinguir versiones de las neurosis en función del registro que prevalece en la presentación de la estructura.

Intervención: acerca de la distinción de las nominaciones entre nombre propio –como nombre arrojado desde ese agujero– y los nombres de las cosas.

Nieves: Ese nombre propio, que es el nombre arrojado por ese agujero, a la vez es posibilitado por el nombre del Padre, de allí las dificultades en las que muchas veces se encuentra el psicótico cuando tiene que asumir el propio nombre. Efectivamente, en esa operación se trata de una nominación de lo real, por la cual se constituye el suje- to como nombre propio, que hay que distinguir de los síntomas –que serían esas nominaciones que pueden ir a la vez variando en la estruc- tura. y uno podría decir que lo real es lo que vuelve siempre al mismo lugar, es lo que uno no puede cambiar aún cuando uno quiera. Lacan dice en algún lugar que el neurótico quiere olvidarse de su nombre propio, que quiere ser un “sin nombre”, pero siempre se va a volver a encontrar con su nombre propio, que es lo que vuelve al mismo lugar, lo más real de la estructura. Esas otras nominaciones que son los síntomas pueden cambiar, pueden caer y pueden venir otras nominaciones, pero lo que va a estar siempre en el mismo lugar va a ser el nombre propio. Finalmente Lacan se va a encontrar en RSI que no existe el nudo borromeo de tres en el ser hablante. El ser hablante es una estructu- ra fallida, fallada, como señaló Freud en varias oportunidades, par-

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ticularmente en “El malestar en la cultura”, donde hace referencia a un desarreglo fundamental en el ser hablante. Lacan lo traducirá en estos términos: “La relación sexual no existe”. hay algo que no anda en el ser hablante, que hace que las cosas no se acomoden, que hace que la relación sujeto-objeto, hombre-mujer, no se acomode, y eso que no anda se va a manifestar como lapsus en el nudo. El nudo borromeo de tres no existe y entonces, o vienen otro tipo de anudamientos –que son lo que vimos el año pasado, no borromeos, que van a dar lugar a la diversidad de las psicosis–, o bien va a venir un cuarto a anudar a esos tres que están sueltos, a anudarlos borromeanamente. Pero la cuestión interesante de RSI es que ese cuarto puede ser en sí mismo imaginario, simbólico o real, lo que va a dar lugar a los diferentes tipos de neurosis. Les propongo en principio abordar la histeria como una estruc- tura borromea anudada simbólicamente, la neurosis obsesiva como una estructura borromea anudada imaginariamente, y la fobia como una estructura borromea anudada por el registro de lo real, es decir por la angustia, que no anuda mucho, de allí que en la fobia no se termina de captar la estructura. y lo que va a plantear Lacan en RSI es que ese cuarto nudo pue- de duplicar alguno de los tres registros. El cuarto que anuda puede duplicar lo imaginario, duplicar lo real, o duplicar lo simbólico, y esto va a dar distintos efectos en la estructura. no es lo mismo una estructura –por más que sea neurótica y borromea– que esté anudada por lo imaginario, inhibida, en la que el funcionamiento de la estructura sea la inhibición, que sea el síntoma, o que sea la angustia. y entonces eso es lo que nos va a permitir también trabajar después en los casos que veamos, y en la dirección de la cura saber por dónde entrar. Porque no se va a entrar en la estructura desde la intervención analítica de la misma manera, ya que los registros se presentan de manera diferente cuando la estructura está nominada por la inhibición, por el síntoma o por la angustia.

Clase del 3 de abril de 2008

II. Del texto freudiano al Seminario de la Angustia

I. Una defensa radical contra la angustia

Vamos a tomar algunos puntos de “Inhibición, síntoma y angus- tia”, que serán retomados por Lacan, encontrando posteriormente su lugar en el nudo. comencemos por el primer capítulo, que trata de la inhibición. Freud la definirá como una renuncia a una función, ya que a raíz de su ejercicio se desarrollaría angustia. se trata aquí de la renuncia a una función como manera muy radical de evitar el desarrollo de angustia. también va a plantear –siempre en el mismo apartado– que el yo renuncia a estas funciones que le competen, a fin de no verse precisado a emprender una nueva represión, a fin de evitar un conflicto con el ello. El yo renuncia a estas funciones para evitar, ya sea un conflicto con el ello, ya sea posteriormente un conflicto con el superyó. La inhibición es asunto del yo, es una función que realiza el yo, y como habíamos dejado indicado la vez pasada –con Freud– cuan- do la inhibición toma toda la vida del sujeto, estamos frente a los estados depresivos –señala–, y el más grave de ellos es la melancolía. Freud define a la depresión y a la melancolía como inhibiciones generalizadas. Freud terminará planteando –en este primer apar- tado– que la distinción fundamental entre síntoma e inhibición es que el síntoma no es un proceso que le suceda al yo, ni dentro del yo, mientras que la inhibición es un suceso que sucede en el yo, y le sucede al yo.

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Es importante entonces remarcar la relación íntima que hay en- tre esa formación especial dentro de la estructura subjetiva que es el yo, y la función de la inhibición. Retomaremos este punto en las próximas clases para abordar la estructura obsesiva, ya que la misma está sostenida fundamentalmente en la inhibición, ya que la instan- cia que prevalece en la estructuración del nudo obsesivo es el yo. Entonces, la inhibición es asunto del yo, y Freud la va a distinguir en ese punto del síntoma.

II. Una respuesta a la señal de angustia

El segundo capítulo de “Inhibición, síntoma y angustia” está de- dicado al síntoma, cuya formación será planteada como resultado de una defensa frente al surgimiento de la angustia como señal. El yo –dice– se revuelve contra un proceso pulsional del Ello, emite una señal de displacer, y el resultado de esa operación es el síntoma. En el capítulo siguiente Freud hace una observación al pasar, que retomaremos luego con el nudo. se trata de la distinción entre el yo como una organización y el Ello, que no lo es. señalo esto, ya que cuando con Lacan abordemos las distintas nominaciones, nomina- ción imaginaria, simbólica y real, vamos a distinguir, por ejemplo, una nominación imaginaria como es la inhibición, que proviene del yo, que es una organización, y que da lugar a un anudamiento organizado, de lo que sería por ejemplo una nominación de lo real, es decir, una estructura anudada por la angustia, anudamiento en el que prevalece lo que Freud llama el Ello, y que tiene que ver con el registro de lo real, que es un registro que no está organizado. En ese caso vamos a encontrar en la clínica fenómenos que van a estar más del lado de la dispersión en el campo del goce, y que van a llamar a otro tipo de abordaje por parte del psicoanalista. En ese mismo capítulo III, Freud también propondrá cierta ten- sión entre el yo y el síntoma. sobre el final del capítulo dirá: “El yo está dispuesto a la paz, y querría incorporarse el síntoma”. y agregará: “La per-

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turbación parte del síntoma, que sigue escenificando su papel de correcto

sustituto y retoño de la moción reprimida”. 1 a diferencia de la inhibición, el síntoma va a consistir en una perturbación que hace que no pueda quedar totalmente asimilado por el yo. hay una tensión irreductible proveniente del síntoma, a diferencia de la calma de la inhibición, de allí que Freud defina al síntoma como cuerpo extraño. El yo está dis- puesto a la paz, quiere incorporarlo y demás, pero hay una perturba- ción que parte del síntoma, el síntoma es una resistencia al yo. Lacan, por su parte, dirá que el síntoma es una resistencia del de- seo. El deseo se resiste a la captación que propone el yo, de modo que el síntoma vendría a ser la pequeña revolución del sujeto neurótico. En el capítulo siguiente Freud entra en el detalle de la formación del síntoma fóbico, deteniéndose en el caso Juanito, y es entonces que va a caer sobre el asunto alrededor del cual va a girar después todo el resto del texto, que es la angustia de castración. Freud comienza planteando que el síntoma fóbico es un síntoma que se constituye alrededor de la angustia de castración como motor de la represión, para luego generalizar esta estructura, planteando finalmente que toda formación de síntoma, en última instancia, está movida por la angustia de castración –la cual se manifestará de diferente manera en cada uno de los tipos de neurosis. con la segunda vuelta lacaniana, esto nos llevará a los diferentes nudos neuróticos. Es entonces en este cuarto capítulo que Freud empieza a captar esta estructura fundamental de la angustia de castración como mo- tor de la represión y de la formación de síntoma. El capítulo V estará dedicado fundamentalmente a la estructura del síntoma obsesivo. Volveremos sobre este capítulo más adelante. ahora me gustaría retomar algo que ya comenté la vez pasada, que considero importante, y es que Freud distingue síntomas que logran evitar totalmente el desarrollo de angustia, de otros síntomas que vehiculizan cierta dosis de angustia.

1 Freud, s. “Inhibición, síntoma y angustia” en Obras Completas. Ed. amorro- tu. buenos aires, 1986. tomo XX. Pág. 96.

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Recordarán ustedes que en este texto Freud define a la fobia como histeria de angustia, de modo que la diferencia que él estable- ce entre lo que conocemos como histeria y lo que conocemos como fobia, justamente, es que en la fobia el síntoma vehiculiza la angus- tia, mientras que en la histeria no. y da como ejemplo más acabado de la defensa del síntoma contra la angustia al síntoma conversivo, planteando que es el síntoma que más claramente logra desterrar el afecto de angustia, proponiendo que la genuina histeria de conver- sión es una histeria en la cual no se presenta nada de angustia. Podemos hacer un contrapunto entre el síntoma conversivo his- térico –como el síntoma que logra desterrar de plano el afecto de angustia–, y el síntoma de la fobia –como histeria de angustia– don- de justamente el síntoma vehiculiza la angustia.

III. Cuando la angustia no es señal de la castración.

En el capítulo VI hay un interesante señalamiento, que es reto- mado por Freud sobre el final del texto. se trata de una cuestión que habitará ampliamente la enseñanza de Lacan, y que es la particula- ridad de la angustia en las mujeres. En este capítulo Freud propondrá que el punto de arranque de las tres neurosis –histeria, fobia y neurosis obsesiva, a las que dedi- caremos este seminario– es la destrucción del complejo de edipo, ubicando el motor de la renuncia del yo en la angustia de castración. si bien las tres neurosis son respuestas a la angustia de castración, hace una distinción, ya que sólo en la fobia sale a la luz esa angustia, solo en ella es confesada. Este punto es desplegado en el capítulo anterior alrededor de los casos de Juanito y el hombre de los Lobos, en los que queda en primer plano la angustia de castración. ahora bien, sobre el final del capítulo abrirá la cuestión del esta-

tuto de la angustia en las mujeres de la siguiente manera: “¿Es seguro que la angustia de castración constituye el único motor de la represión o de la defensa? Si se piensa en las neurosis de las mujeres no se puede menos

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que dudar, pues si bien se comprueba en ellas la presencia del complejo de castración, no puede hablarse en este caso, en que la castración ya está

consumada, de una angustia de castración en el sentido pleno” 2 . se está refiriendo aquí a la angustia que conlleva la amenaza de castración en la fobia, como se verifica en las fobias de Juanito y de El hombre

de los Lobos, en quienes la posición pasiva o feminizada respecto del padre despierta en estos varones fóbicos el temor a la amenaza de castración, poniéndose en juego incluso algo de lo real del órgano.

Pues bien, Freud plantea ahora que nada de este orden podemos encontrar en las neurosis de las mujeres, en las que no se corre el ries- go de perder un órgano real, porque la castración ya está consumada desde el vamos. Entonces deja planteada la pregunta de cómo pensar la cuestión de la angustia en las mujeres. El capítulo VII insiste en esta doble vía de la angustia –que ha- bíamos señalado la clase pasada y que va a retomar Lacan a lo largo de todo el Seminario de La Angustia– al introducir la cuestión de las neurosis traumáticas. En la página 122 dice: “Si la angustia es la reac- ción del yo frente al peligro parece evidente que la neurosis traumática, tan a menudo secuela de un peligro mortal, ha de concebirse como una consecuencia directa de la angustia de supervivencia o de muerte, dejando

de lado los vasallajes del yo y la castración” 3 , de modo que aquí planteará una vertiente de la angustia diferente de su función de señal de la cas-

tración, que se manifestará en las neurosis traumáticas. alguien de ustedes en la clase pasada dio como ejemplo, con mu- cha precisión, el ataque de pánico, en el que efectivamente la angus- tia deja de funcionar como señal de la castración en el yo. En la página 123 va a plantear entonces: “A raíz de las vivencias que llevan a las neurosis traumáticas, es quebrada la protección contra los estímulos exteriores” 4 . Es decir que hay una defensa, una protección

  • 2 Freud, s. “Inhibición, síntoma y angustia”, en Obras Completas. Ed. amo-

rrortu. buenos aires, 1986. tomo XX. Pág. 117.

  • 3 Ibid. Pág. 122.

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que está quebrada, por lo que en el aparato anímico ingresan volú- menes hipertróficos de excitación; En términos lacanianos, podría- mos decir que irrumpe un goce ilimitado. sabemos que la función de la castración consiste justamente en limitar el goce, pero hay cierta versión de la angustia en la que esa defensa se quiebra, de modo que hay una invasión de goce en el cuerpo. En este punto Freud señala: “De suerte que aquí estamos ante una segunda posibilidad, la de que la angustia no se limite a ser una señal sino que sea también producida como algo nuevo”. 5 si bien Freud define a la angustia como angustia de castración, e incluso sobre el final del texto propone resignificar todas las pérdidas desde la pérdida que implica la castración, tanto el problema de la angustia femenina como la angustia traumática abren una vertiente de la angustia que impide esa lectura en términos de castración. En la página 123, que estaba comentando recién, Freud plantea:

“Se trata tan a menudo del peligro de la castración, como de la reacción

frente a una pérdida o a una separación” 6 . En relación con este pun- to, sobre el final del texto (más precisamente, en su apéndice) va a quedar abierta, justamente cuando indaga el estatuto del dolor, la posibilidad de una vivencia de la pérdida que no sea angustiosa, es decir, que no ponga en juego la castración sino que simplemente se manifieste como dolor –retomaremos este punto más adelante. Es en el capítulo VIII que Freud considera la cuestión de la angus- tia en las mujeres, extrayendo la siguiente conclusión: “Ahora vemos que no corremos el peligro de declarar a la angustia de castración como el único motor de los procesos defensivos que llevan a la neurosis” 7 . siguiendo este hilo de lo femenino, les propongo dirigirnos un momento a otro texto, “algunas consecuencias psíquicas de la di- ferencia anatómica entre los sexos”, en el que Freud plantea lo si-

rrortu. buenos aires, 1986. tomo XX. Pág. 123.

  • 5 Ibid.

  • 6 Ibid.

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guiente: “He puntualizado cómo el desarrollo de la niña pequeña es guiado a través del complejo de castración hasta la investidura tierna de objeto, y precisamente en el caso de las mujeres parece que la situación de peligro de la pérdida de objeto siguiera siendo la más eficaz. Respecto de la condición de angustia válida para ella, tenemos derecho a intro- ducir esta pequeña modificación, más que de la ausencia o de la pérdida

real del objeto se trata de la pérdida de amor” 8 . Es una puntualización clínica fundamental: la angustia frente a la posibilidad de la pérdida de amor del objeto en las mujeres.

Volviendo a “Inhibición, síntoma y angustia, es alrededor de este punto del estatuto de la angustia femenina, que Freud va a articular

los tipos clínicos neuróticos con la sexuación: “Puesto que sabemos con certeza que la histeria tiene mayor afinidad con la femineidad, así como la neurosis obsesiva con la masculinidad, ello nos sugiere la conjetura de que la pérdida de amor, como condición de angustia, desempeña en la histeria un papel semejante a la amenaza de castración en la fobia y a la

angustia frente al superyó en la neurosis obsesiva” 9 . Este trípode que Freud deja planteado sobre el final del capítu- lo VIII nos servirá de guía a lo largo del año a la hora de abordar

los distintos nudos en las neurosis. Pérdida de amor en la histeria, amenaza de castración en la fobia, y angustia frente al superyó en la neurosis obsesiva, tres modalidades de la angustia, que son la angus- tia en relación con el amor, la angustia en relación con el superyó y la angustia en relación directa con la castración. En el apéndice hay varias cuestiones interesantes, una de ellas en el punto b, en el complemento sobre la angustia, donde Freud retoma las dos vertientes de la angustia –que también serán retomadas por Lacan a lo largo de su seminario sobre la angustia–, planteando: “La angustia es por una parte expectativa del trauma –ahí podemos ubicar

  • 8 Freud, s. “algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los

sexos”, en Obras Completas. Ed. amorrortu. tomo XIX. buenos aires, 1986.

  • 9 Freud, s. “Inhibición, síntoma y angustia”, en Obras Completas. Ed. amo-

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la función de señal de la angustia–, y por otra parte es una repetición amenguada del trauma” 10 . Distingue estas dos vertientes que pueden estar más o menos marcadas en cada sujeto. y en la página 156 va a definir a la angustia como real –que es también un señalamiento fundamental del Seminario de La Angustia de Lacan. Freud esta haciendo una distinción entre la angustia realista –cuando se vive una situación de peligro exterior real– y la angustia neurótica –donde el peligro es una pulsión, es un peligro interior. y en este párrafo él le da el mismo valor de real a este peligro interior que a cualquier peligro exterior, planteando: “Hasta ahora no hemos tenido ocasión ninguna de considerar a la angustia realista de otro modo que a la neurótica. Conocemos la diferencia, el peligro realista amenaza desde un objeto externo y el neurótico desde una exigencia pulsional. En la medida en que esta exigencia pulsional es algo real puede reconocerse también a la angustia neurótica un fundamento real” 11 . Entonces ubi- ca al goce pulsional como lo que hace real a la angustia. El último señalamiento que les propongo sobre el texto de Freud es algo que ya dejé indicado, que es la distinción entre angustia y dolor. Freud va a decir: “El dolor es la genuina reacción frente a la pérdida del objeto –es decir que cuando perdemos un objeto lo que sentimos es dolor– mientras que la angustia lo es frente al peligro de la pérdida de objeto” 12 . Esto es interesante para pensar, por ejemplo, en los estados melancólicos marcados por lo que Lacan llama “dolor de existir”, estados en los cuales el sujeto más que angustiado está dolido, en los que prevalece el dolor de existir, en los que la relación del sujeto con la pérdida no está mediatizada por la función de la castración, no está mediatizada por la angustia, entonces el sujeto vive el dolor de la pérdida. Esto es algo que Freud va a desarrollar bastante profundamente en su texto “Duelo y melancolía”, donde

  • 10 Ibid. Pág. 155.

  • 11 Ibid. Pag. 156.

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justamente va a proponer que tanto en el duelo como en la melan- colía se trata de la pérdida del objeto, pero en la melancolía el sujeto no puede salir de ese dolor de la pérdida. Esta fue una puntuación del texto de Freud que nos va a llevar al Seminario de La Angustia. La lectura que les propondré ahora del Seminario X apunta a darnos los rudimentos, algunas herramientas para abordar la neurosis en el nudo.

IV. De la inhibición a la angustia.

Vamos a retomar el esquema de doble entrada de la primera clase del seminario.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 35 justamente va a proponer que tanto en el duelo como

Este esquema será retomado en diversas oportunidades a lo lar- go del seminario, y en las últimas clases –la 23 y la 24– lo va a retomar para la neurosis obsesiva, cosa que nosotros haremos en su momento cuando abordemos los casos de inhibición. Lacan redo- bla el tres de inhibición, síntoma y angustia con los tres registros:

imaginario, simbólico y real, lo que posibilita cierta dinámica en relación con los conceptos freudianos. En este esquema parten de la inhibición distintas declinaciones en dos ejes: el eje de la dificul- tad y el eje del movimiento. Lacan plantea que la inhibición es una cuestión de movimien- to, ya que cuando Freud la estudia se refiere a funciones, y en una función se trata de poner algo en movimiento. De modo que Lacan

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propone que en la inhibición se trata de la detención del movimien- to, por eso es el cero del movimiento en el eje vertical. Por otro lado, en el eje horizontal encontramos la dificultad. Efectivamente, la inhibición es la mejor manera de no tener problemas: no hacerlo, no meterse con eso. cero movimiento, cero dificultad: se trata de una defensa absoluta, muy radical y efectiva. Después vienen las modulaciones, y ahí empieza con el impedi- mento. En el impedimento el sujeto no está exactamente inhibido, ya que hay cierta confrontación con la dificultad. Lacan va a refe- rirse a la raíz latina de impedimento, impedicare, que significa haber caído en la trampa, y lo que plantea ahí es que lo que interfiere en el impedimento es el sujeto mismo, de modo que en el impedimento está puesto en primer plano el sujeto. como éste es un cuadro de doble entrada, imaginario, simbólico y real están en los dos ejes, por lo que con él también se puede hacer un nudo. Entonces, en la inhibición gana lo imaginario por parti- da doble –en los dos ejes tenemos lo imaginario en la inhibición–; mientras que en el impedimento, si bien hay cierta detención que promueve el yo, está en primer plano el sujeto. El sujeto está impe- dido y se encuentra con cierta dificultad, por eso Lacan lo pone en la misma columna que el síntoma, definiendo la trampa de la que se trata como la captura narcisista. Podemos hacer un contrapunto entre la captura narcisista y la castración. cuando el sujeto está co- mandado por su yo, comandado por su narcisismo, comandado por lo imaginario, puede eventualmente encontrarse con el síntoma del impedimento, en el que se va a manifestar el sujeto, pero capturado en la trampa del narcisismo. En el impedimento –que es un síntoma muy común en la neu- rosis obsesiva– se va a manifestar cierta ruptura de la imagen nar- cisista, porque eso de lo que el sujeto se ve impedido manifiesta al sujeto barrado, al sujeto del inconsciente, y pone un límite al yo, al dominio yoico. El sujeto avanza hacia su goce y se encuentra con esa ruptura de la propia imagen, y esa ruptura de la propia imagen se manifiesta como impedimento.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 37

El tercer término que propone es el embarazo. En el embarazo es donde Lacan ubica la máxima barradura, casi como si el sujeto fuera pura barra, y también toma la raíz latina imbaricare, que hace alusión directa a la barra como tal. y luego va a hacer referencia, como ya comentamos, al campo semántico del término “embarazo” en nuestra lengua, en español, refiriéndose a la mujer encinta como otra forma bien significativa de la barra en su lugar. La mujer que está barrada en su cuerpo, embarazada. El sujeto que está emba- razado, está absolutamente barrado, y si bien hay predominio del recurso a lo imaginario, hay cierto efecto angustioso, cierta mani- festación de lo real de la angustia –vean que el embarazo está en la misma columna que la angustia. El obsesivo es ese sujeto que está impedido, que no puede hacer ciertas cosas para sostener su imagen narcisista, y en esas cosas que no puede hacer se manifiesta su división subjetiva. Pero el sujeto que está embarazado es el sujeto que realmente no sabe qué hacer, en ese sentido está angustiado, está más atravesado por la castración. Pero de todos modos ese no saber qué hacer tiene que ver con el pre- dominio de una defensa imaginaria: dentro del campo de la defensa imaginaria es el fenómeno en el cual se verifica mayor dificultad. Vayamos ahora al otro eje, que es el eje del movimiento, en el que Lacan va a ubicar en primer lugar, después de la inhibición, a la emoción, que refiere etimológicamente al movimiento. se trata de arrojar, ex, es el movimiento que desagrega, la reacción catastrófica. De modo que partiendo de la defensa imaginaria –que luego llama- remos con Lacan nominación imaginaria– la emoción ya implica algún movimiento respecto de la inhibición. En la inhibición está todo detenido, salvo en esos episodios, como por ejemplo el de emoción violenta –que me parece que es un término que se utiliza en psiquiatría– donde el sujeto que está inhibido de repente va y mata a alguien, y nadie lo puede creer, porque era tan tranquilo…. La emoción como un primer grado de movimiento en la lógica misma de la inhibición. De pronto ese narcisismo arroja algo fuera de sí.

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sigue la turbación, cuya raíz latina lleva a las acepciones de per- turbar, espantar, perturbarse, pero donde va a poner el acento Lacan es en “perder la propia fuerza”, desalentarse, perder el poder, perder el dominio, siempre en la línea yoica. solamente para alguien que está dominado por su yo, que quiere tener el poder, la falta se va a mani- festar como falta de poder. Es por eso es que Lacan retomará luego este cuadro con otros contenidos para la neurosis obsesiva, ya que todos estos casilleros que están alineados con la inhibición parten de este tipo de defensa que es imaginaria. La turbación como caída de la potencia. Podemos ubicar allí la impotencia del obsesivo. En la clase VI Lacan agrega al cuadro el pasaje al acto y el acting- out. Los retomaremos más adelante.

38 / nIEVEs soRIa DaFunchIo sigue la turbación, cuya raíz latina lleva a las acepciones de

V. La doble vertiente de la angustia.

me interesa que vayamos ahora a la clase IV del Seminario de La Angustia, ya que allí Lacan retomará el texto freudiano proponiendo una lectura de lo que ubicamos anteriormente como la doble ver- tiente de la angustia: por un lado la angustia señal de la castración, que tiene como sede al yo, y por otro la angustia que pierde los vasallajes del yo y de la castración, y que de alguna manera es una reproducción del trauma. Lacan comienza a introducir aquí que la angustia no es solamente la señal de una falta, planteando que el texto freudiano podría llevar a la confusión de creer que la angustia es pura y simplemente la señal de que se va a perder algo, o de que falta algo, cuando en realidad se trata de un nivel redoblado, donde la angustia es señal de la falta de

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apoyo que da la falta, para terminar diciendo que en la angustia falta la falta. allí se referirá, por ejemplo, a que lo que verdaderamente an- gustia no es la nostalgia del seno materno, sino su inminencia, cuan- do al niño se le viene encima el seno materno, no cuando lo pierde. El planteo es que cuando el sujeto está más perturbado es cuando no hay posibilidad de falta. Esta es la lectura lacaniana de la castración, que la considera un operador que alivia al sujeto del goce.

Intervención: ¿Podés repetir la idea?

Nieves: sí. hay una vertiente de la castración en Freud, en la que la castración se lee como pura pérdida, entonces el sujeto se defiende de la castración, que es considerado el peor peligro. obviamente que en la lectura neurótica de la castración hay algo de este orden, pero lo que agrega Lacan, que también posibilita otra concepción de la cura, es que la castración es un bien a conquistar en el análisis, y que final- mente es la castración lo que cura en la neurosis. Es la castración lo que alivia del exceso de goce. Es eso lo que no queda claro en el texto freudiano, donde pareciera que la castración fuera verdaderamente un peligro, dando lugar a algo insoportable, ya que siempre está la versión imaginaria de la castración en juego. De allí el lío que Freud se hace con la castración femenina, porque siempre está la cuestión de la pérdida real del órgano en juego, y obviamente, si la castración es la pérdida real del órgano, es terrible. La conceptualización lacaniana de la articulación entre el complejo de Edipo y el complejo de castración freudianos le va a dar a la castra- ción un valor eminentemente simbólico, no imaginario, de modo que la referencia al órgano real es sólo un primer momento lógico, que va a dar lugar a la constitución de la estructura subjetiva, así como a una nueva distribución del goce en el cuerpo. En el Seminario de La Angus- tia la castración es un operador fundamental para limitar el goce. se da entonces una dimensión de la angustia que se hace presente cuando no está funcionando la castración simbólica, cuando no está localizada la función de la falta, de modo que el objeto a amenaza con

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hacerse presente todo el tiempo. En esta vertiente, Lacan lee la angus- tia como la amenaza de la presencia del objeto, es decir, de que falte la falta, de que el objeto se haga presente en el lugar de la falta. y es inte- resante en ese sentido la referencia al seno materno, ya que podríamos decir que lo angustiante es el goce materno, que es un goce que llena, que no permite ese respiro que da la función de la falta, y por eso en la clase VII va a ubicar a la angustia como un correlato del objeto a. Lacan define a la angustia como el único afecto real, siguiendo el planteo freudiano. más adelante va a ubicar al objeto a en el calce del nudo, es decir, en el punto en el cual se entrecruzan los tres registros. La estructura neurótica se constituye alrededor de la angustia, en función de lo que posteriormente Lacan llamará la nominación de lo real. En ese punto la angustia es la traducción subjetiva del objeto a, es el fenómeno fundamental de la neurosis, y también es lo más real de la estructura. cuando en “Inhibición, síntoma y angustia” Freud distingue el peligro realista del peligro neurótico, la angustia del miedo, los distin- gue justamente en el plano del objeto. El miedo supone un objeto, lo- calizable en el exterior, mientras que la angustia responde a un peligro pulsional, que desde la perspectiva freudiana carece de objeto. Lacan propondrá que en lo referente a la pulsión se trata de un objeto de otra índole. El objeto a tiene una consistencia lógica que parte de los objetos perdidos del cuerpo, de modo que, efectivamen- te, el seno materno en el destete vendría a ser la primera presenti- ficación del objeto a en la constitución del sujeto, y luego vendrán los otros objetos que se van desprendiendo del cuerpo: el objeto anal, el objeto escópico, el objeto invocante, que van a ser distintas modalidades del objeto a. Veremos cómo en la neurosis obsesiva lo que tiende a angustiar al sujeto es la inminencia del objeto anal o el objeto escópico. ¿Por qué se asusta tanto el hombre de las Ratas cuando escucha el relato del capitán cruel? se trata allí de la inminencia del objeto anal como un objeto de goce que lo angustia, o el objeto mirada, que está en juego en esos quevedos que pierde.

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En el caso de la histeria, se trata generalmente de la inminencia del objeto oral o del objeto invocante. siguiendo con la referencia de Lacan al seno materno, esa inmi- nencia angustiosa habitualmente remite al goce materno, a lo que no fue tramitado por la función paterna en cada neurosis. Porque el objeto a en la lógica de la constitución subjetiva es exactamente eso, es ese resto que no puede ser tramitado por lo simbólico, de allí que Lacan de cuenta del surgimiento del objeto a con la escritura del discurso del amo, que indica justamente cómo esta operación sim- bólica, que es una operación metafórica, que es la metáfora pater- na, que permite la constitución de un sujeto dividido, de un sujeto neurótico, de un sujeto del inconsciente, deja como resto un objeto, que es el objeto a:

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 41 En el caso de la histeria, se trata generalmente de

De allí la doble barra, que indica que este objeto a no va a poder ser reabsorbido por la lógica simbólica, ya que es un objeto hetero- géneo a lo simbólico, es un objeto real, resto de la división subjetiva. se trata aquí del resto en el sentido matemático del término. cuan- do ustedes hacen una división, el número ese que resta no entra en ninguna cuenta posterior, queda por fuera de las operaciones siguientes. El objeto a es lo que resta de la operación edípica, de la función paterna, es lo que no puede tramitarse simbólicamente, y lo que eventualmente retorna con su inminencia angustiosa, ame- nazando al sujeto. Por eso es que en la parte inferior del discurso del amo encontramos justamente la fórmula del fantasma. El fantasma sería el aparato mediante el cual el sujeto, a través de una serie de operaciones lógicas –que están matematizadas en el rombo– logra mantener cierta distancia más o menos homeostática para su goce con el objeto a. ¿cuándo se hacen presentes los fenó- menos de angustia? cuando algo de esta operatoria romboidal se suspende, lo que solemos llamar con Lacan vacilación del fantasma.

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otra cuestión interesante del Seminario de La Angustia que va- mos a retomar es la clase X, en la que Lacan va a abordar la estruc- tura de la neurosis con el toro. Lacan señala allí que en el toro –que ustedes saben que es como si fuera un neumático– hay distintos tipos de agujero, y va a distinguir distintos fenómenos clínicos en función del tipo de agujero que está en juego. Por un lado están los dos agujeros estructurales del toro, a los que Lacan llama “agujeros irreductibles”, que no se pueden reducir porque deja de ser un toro:

42 / nIEVEs soRIa DaFunchIo otra cuestión interesante del Seminario de La Angustia que va- mos

mientras que éste es un agujero al que llama “reductible”, ya que se puede reducir:

42 / nIEVEs soRIa DaFunchIo otra cuestión interesante del Seminario de La Angustia que va- mos

Esta distinción entre diferentes tipos de agujero es fundamental, ya que nos va a llevar a las distintas dimensiones de la falta o de la castración, y por ende de la angustia en la estructura neurótica. En esa misma clase, Lacan se detiene en los dos agujeros irreduc- tibles, y los distingue retomando el texto de Freud de la siguiente manera: “A propósito de la angustia, el discurso analítico se divide y presenta dos caras. Por una parte, referimos la angustia a lo real, enton- ces ahí la angustia es la defensa mayor, la más radical, es la respuesta al peligro más original, al famoso Hilflosigkeit, el desamparo absoluto en el momento de entrar al mundo” 13 .

13 Lacan, J. El Seminario. Libro X. La Angustia. Paidós. buenos aires, 2006.

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se trata de la referencia, que es abordada por Freud en “Inhibi- ción, síntoma y angustia”, al texto de otto Rank sobre la angustia de nacimiento. muchos psicoanalistas pusieron el acento en esa an- gustia primordial, en ese desamparo radical. se trata de un aspecto más real de la angustia, de una angustia masiva y una defensa pri- mera, anterior a la función de la castración. continúa Lacan: “Por otra parte, sostenemos que a continuación es retomada por el yo como señal de peligros muchos más ligeros o leves” 14 . aquí ya se trata del yo defendiéndose del Ello o del superyó. En esta vertiente ya hay una organización que es el yo, que está uti- lizando a la angustia como defensa, ya no se trata de esa angustia masiva del desamparo primordial. Lo que va a plantear entonces es que de lo que se trata es de distintas estructuras de la falta. Va a dis- tinguir una dimensión de la falta que se manifiesta en el nivel de la imagen narcisista, que es la que aparece como impedimento, como embarazo, como emoción, etc., de otra dimensión más radical de la falta, que tiene relación directa con el objeto a, y no ya con la imagen narcisista. Vayamos ahora a la clase XII. allí Lacan definirá a la angustia como una señal de lo real. señala: “Únicamente la noción de real en la función opaca, que es la que voy a oponer a la del significante, sólo la noción de real nos permite orientarnos, y podemos ya decir que aquello ante lo cual la angustia opera como señal es del orden de lo irreductible de lo real. Es en ese sentido que formulo que la angustia no engaña” 15 .

VI. Ética y castración.

En este seminario encontramos otro esquema, que nos va a llevar a la cuestión ética en el psicoanálisis. Podríamos afirmar que según qué

Pág. 152.

  • 14 Ibid

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concepción se tenga de la castración es la concepción que se va a tener del fin del análisis, el fin en el sentido de la finalidad de la cura analíti- ca, de aquello a lo que apuntamos con nuestra operación. aquí Lacan pone en cuestión que la última palabra de la experiencia analítica sea la angustia de castración en las dos versiones que da Freud del lími- te del análisis en “análisis terminable e interminable”: la modalidad femenina de la envidia del pene, que radicaliza su demanda de falo al analista, y la modalidad masculina que no acepta la curación del analista, que lo dejaría pasivizado, feminizado. Estos dos fantasmas fálicos de la angustia de castración en la mujer y el varón serían los límites a la posibilidad del análisis según Freud. El verdadero límite es la concepción freudiana de la castración, que no termina de dar el sal- to del registro imaginario al simbólico. Freud plantea que el sujeto no acepta la castración: la mujer no acepta estar castrada y quiere el falo –envidia del pene–, y el varón no acepta ser curado por otro hombre. son versiones imaginarias de la castración. con su concepción de la castración Lacan va a proponer que la experiencia analítica puede ir más allá de esos topes freudianos, por lo que todo el tramo final del seminario va a apuntar a dar cuenta de una concepción ética de la experiencia analítica, más allá de los límites freudianos, y que concierne al objeto a como tal. En este camino que se abre en la segunda parte del seminario, La- can va a ubicar a la angustia entre goce y deseo, que es el mismo lugar que le da al amor, a la transferencia. De modo que va a proponer a la angustia como una dimensión fundamental de la transferencia, y a la vez va a ubicar a la angustia como ese afecto que es necesario atravesar para pasar del goce al deseo. El pasaje del goce al deseo, que es de lo que se defiende el neurótico con la inhibición y el síntoma, no es sin angustia. De modo que la vertiente de la angustia como señal de la castra- ción es la que posibilita pasar del goce al deseo, la que acomoda al sujeto en el camino de su deseo, la angustia que alivia del exceso del goce; a diferencia de la angustia masiva, que aplasta, que imposibi- lita, que finalmente es una defensa contra la angustia de castración,

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es una defensa contra el deseo. En este segundo caso, el sujeto está absolutamente angustiado, es una angustia que es puro goce. Entonces, en esta clase que se llama “aforismos sobre el amor”, capítulo XIII, justamente va a ubicar a la angustia en el mismo lugar que al amor, entre goce y deseo. y por eso también va a ubicar a la angustia como una dimensión esencial de la experiencia analítica.

VII. Una erotología de la angustia.

más adelante, clase XIX, siguiendo este recorrido Lacan va a proponer que la angustia es la verdad de la sexualidad, porque la castración es la verdad de la sexualidad. Dice que el falo, cuando se lo espera como sexual, siempre aparece como falta 16 , y el hecho de que siempre aparezca como falta es lo que hace a lo estructural de la angustia en la sexualidad, ya que ahí donde se lo espera al falo como sexual siempre hay angustia. Incluso en la perversión, se trata de maniobras para que la espera del falo no conlleve angustia. La angustia no deja de estar en la escena, pero el perverso se dedica a angustiar al otro para no angustiarse él. no vamos a dedicarnos en este seminario a la perversión, vamos a de- dicarnos a la neurosis, simplemente señalo que la espera del falo en el campo del goce sexual, en cualquiera de las estructuras clínicas pone en juego la angustia. El asunto es que en la neurosis queda en primer plano la dimensión de la falta, el falo se hace presente como falta, barrando al sujeto. Por eso el Seminario de La Angustia es, como dice Lacan, una erotología, es un seminario sobre erótica, de allí que Lacan se detenga especialmente en esos fenómenos de angustia en la cama:

la eyaculación precoz, la impotencia, etc., es decir, todos aquellos fe- nómenos en los que claramente se pone en juego esta dimensión an- gustiosa de la falta ahí donde es esperado el falo como sexual.

16 Lacan, J. El seminario. Libro X. La Angustia. Paidós. buenos aires, 2006. cap. XIX.

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su definición de la angustia como la verdad de la sexualidad en este seminario, ya anticipa la formulación posterior de la inexistencia de la relación sexual como estructural en el ser hablante, como estruc- turante del nudo. habíamos dicho que en el calce del nudo está el ob- jeto a, cuya traducción subjetiva es la angustia. En el nudo la angustia es el correlato de la inexistencia de la relación sexual, que implica que los seres hablantes vivimos nuestra sexualidad vía la castración. hay varios lugares en los que Lacan retoma la cuestión del trau- ma del nacimiento y toda esa vertiente más desregulada de la an- gustia, de la angustia como masiva, de la angustia como cantidades de goce que invaden –según Freud al aparato psíquico, con Lacan podríamos decir que invaden el cuerpo. Lacan planteará que en el trauma de nacimiento, en esa angustia primordial, no se trata tanto de la separación de la madre, sino de ser aspirado por un medio que es absolutamente otro. De modo que en lugar de poner el acento en el cuerpo materno que se pierde, pone el acento en el hecho de que el sujeto sale a un medio que es otro, que es una alteridad absoluta. De este modo Lacan señala una relación entre la angustia y el lugar del otro en tanto tal, otro que a lo largo de la enseñanza de Lacan adquirirá distintas dimensiones. En los primeros seminarios encontramos el otro del significante, el otro de la ley, que es un otro simbólico. En este momento del Seminario de La Angustia, Lacan está abordando cierta vertiente real del otro, que se plasmará posteriormente como otro cuerpo u otro sexo. Lacan propone que en esta angustia del trauma del nacimiento, en esta angustia masiva del desamparo primordial, lo que está en juego es ese otro real. cuando vayamos el seminario RSI, veremos justamente que La- can va a plantear la constitución del nudo a través de identificacio- nes, a lo imaginario del otro real, a lo simbólico del otro real, o a lo real del otro real. y allí ubicará a la angustia en relación con esta última identificación, a lo real del otro real. De modo que, como ya señalaba Freud, el fenómeno fundamental de la neurosis es la angustia, porque justamente la angustia es la traducción subjetiva del encuentro con la alteridad en su dimensión más real.

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VIII. Angustia, función paterna y posición del analista.

una última cuestión que me interesa dejar planteada, aunque no podremos desplegarla hoy. se trata de la última clase del seminario, que es realmente hermosa. se llama “Del a a los nombres del padre”. se trata del nudo entre angustia y función paterna, anudamiento alrededor del cual girará posteriormente el seminario RSI. En esta clase Lacan retoma la aproximación entre angustia y amor con otra aproximación, entre la función paterna en la constitución del sujeto y la posición del analista en la experiencia analítica. no se trata aquí de la función del padre ideal, del padre simbólico, sino del padre real. hay cierta dimensión real del padre que encarna el analista. ¿cómo lo va a plantear aquí Lacan? su punto de partida es que la existencia del objeto a en el ser ha- blante es un resultado del hecho de que nadie puede ser causa de sí mismo, nadie es causa sui, de allí que el sujeto se constituya en el lugar del otro, que el deseo del hombre sea el deseo del otro. De modo que la causa, que se encarna en el objeto, está en el lugar del otro. El pro- blema es que toda la lógica significante lleva a Dios, lleva al nombre del Padre, lleva al punto de suponer otro que sea causa de sí, para que pueda dar lugar a esta cadena donde cada uno es causado por algún a, de allí la vertiente religiosa como estructural en el ser hablante. Por eso, inevitablemente, cierta vertiente del padre es religiosa, que es por otra parte lqa que heredó el psicoanálisis de la tradición judeo-cristiana. El nombre del Padre es un significante tomado de la religión judeo-cristiana, en cuyo origen encontramos ese Dios que dice: “Yo soy lo que soy”. Lacan señala que en ese “lo” está el a, “soy el a”, punto límite de la lógica significante, ya que se trata de un s1 que se signi- fica a sí mismo, que no refiere a otro significante, que no tiene una causa fuera de sí. Dios es causa de sí mismo, causa sui, es lo que es. Lacan plantea entonces que la función paterna consiste en encarnar algo de ese imposible, ya que nadie es causa de sí, el padre tampoco lo es, pero es quien encarna esta función, así como el analista es quien la encarna en el análisis.

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así como no puede ser padre en el nivel radical del ser, ya que es una función detentada por un sujeto que también es un hijo, lo mis- mo ocurre con el analista, que además de cumplir esa función es un hombre o una mujer. Pero al estar tomado por esa función, está en- carnando la causa sui, está encarnando el a, está encarnando algo que no remite a otro lugar, sino que se transforma en el polo de referencia para el sujeto –ya sea para el hijo en el caso de la función paterna, ya sea para el analizante en el caso de la experiencia analítica. así, llega a la siguiente formulación para la función paterna: “El padre tiene que ser alguien que haya llegado lo suficientemente lejos en la realización de su deseo como para reintegrarlo a su causa, cualquiera que ésta sea, a lo que hay de irreductible a la función de a.” 17 En el párrafo final del seminario va a plantear algo parecido para el analista, al preguntarse: “¿Qué conviene que sea el deseo del analista para que el trabajo sea posible más allá de los límites de la angustia de castración freudiana?” 18 , es decir: ¿qué tiene que ser el deseo del ana- lista para poder ir más lejos de esos topes freudianos de castración? su respuesta: “Conviene seguramente que el analista sea aquel que por algún sesgo, por algún borde, haya hecho volver a entrar su deseo en ese a irreductible, lo suficiente como para ofrecer a la cuestión del concepto de la angustia una garantía real.” 19

Intervención: cuando Lacan habla del analista como semblante del objeto a, ¿a qué se refiere?

Nieves: se trata justamente de este planteo. El analista encarna eso que es irreductible a lo simbólico, ese punto donde las palabras no alcanzan, al que no llega la palabra. Encarna con su presencia eso que el decir del analizante va bordeando, dándole vueltas, y en cada

  • 17 Lacan, J. El Seminario. Libro X. La Angustia. Paidós. buenos aires, 1986.

Pág. 364.

  • 18 Ibid. Pág. 365.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 49

vuelta de lo que va diciendo el analizante va armando alguna nueva versión del a. hay allí algo irreductible que hace presente el analista con su posición, que encarna de ese modo lo más singular de la es- tructura de cada sujeto. De allí que Lacan proponga que el discurso analítico es el reverso del discurso del amo:

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 49 vuelta de lo que va diciendo el analizante va armando

El analista queda encarnando ese objeto que es el objeto del fan- tasma de su analizante. Para un analizante será la voz, para otro la mirada, para otro va a ser una mierda, para otro un objeto oral. se trata de sostener esa posición para que el analizante pueda ir produciendo todos los significantes fundamentales a los que está sujeto, producirlos como resto, hacerlos caer del lugar de agente del discurso, lo que le permitirá abrir nuevos trayectos. Para que esto sea posible tiene que haber algo que esté siempre en el mismo lugar de la estructura. Para ello es necesario que el analista soporte, por ejemplo, ser una mierda para determinado analizante, encarnar ese lugar de objeto, que es tan difícil de soportar para el neurótico. De allí que haya cierta tensión entre la posición del ana- lista y la posición neurótica, ya que al neurótico no le resulta fácil encarnar el lugar de objeto, y mucho menos, de objeto del fantasma del otro, no del propio. Es en esa vía que la posición del analista se acerca a la función paterna, ya que en la función paterna justamente se trata también de ser causa para el hijo, para que el hijo arme su propia vida, y no que sea un objeto del padre. En ese sentido se trata de encarnar ese lugar de la causa para que el sujeto pueda hacer su propio camino.

Intervención: no entendí muy bien eso de que la angustia masiva es también una defensa contra la angustia de castración.

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Nieves: sí, me parece que es una vía que plantea Lacan en este seminario para las neurosis. otro asunto es la angustia masiva psicó- tica, en cuyo caso no podemos decir que es defensa contra la angustia de castración (porque no está el operador castración incorporado a la estructura), sino más bien que es signo de una imposibilidad del funcionamiento de la angustia como señal. Propongo que hay casos de neurosis, que son los que abordaremos sobre el final del seminario, casos en los que la nominación es real, que están sostenidos en la angustia, en los que es posible verificar que la angustia masiva le sirve al sujeto para defenderse de su deseo. y es para- dójico, porque justamente lo que dice el sujeto es que no puede hacer nada, que vive angustiado, de modo que pareciera que está sin defensa, cuando en realidad –si es una estructura neurótica– se trata de un uso de la angustia masiva para eludir el propio deseo, hay una responsabili- dad y una elección del sujeto ahí. En ese sentido es interesante que La- can en varias oportunidades ubica esa angustia masiva como defensa. Podríamos preguntarnos por qué el recurso defensivo es ése y no otro, y seguramente no hay una respuesta. Freud se refería en ese punto a unja elección de la neurosis. ¿Por qué hay estructuras que son nominadas por lo imaginario, otras por lo simbólico y otras por lo real? ¿Por qué hay sujetos que están inhibidos, otros que arman rápidamente un síntoma y otros que están angustiados? seguramente hay una incidencia de la cara del otro con la que el sujeto se confrontó más radicalmente en su constitución. Entonces, cuando el sujeto está más confrontado con esa cara real del otro –ya tendremos oportunidad de volver sobre el estatuto real del padre–, esa presencia tan traumática de la alteridad encarnada en el padre, en quien ejerce la función paterna, puede llevar al sujeto a vivir an- gustiado, lo que no quiere decir que no sea una defensa frente a esta alteridad radical, pero especialmente, frente al propio deseo. cuando abordemos RSI distinguiremos los diferentes tipos de defensa en función de las distintas dimensiones de la función pa- terna en la neurosis, y de la dimensión de la función paterna que prevalece en el anudamiento de la estructura.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 51

Intervención: me preguntaba si el discurso de la perversión no es similar al del analista en algún punto.

Nieves: El asunto es si se puede hablar de discurso de la per- versión. Es muy interesante tu pregunta, ya que Lacan justamente ubica al sujeto perverso en el lugar de objeto del fantasma:

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 51 Intervención : me preguntaba si el discurso de la perversión

El asunto es qué ocurre con los otros dos términos, el s1 y el s2 en la perversión. Lacan demuestra en “Kant con sade” 20 que la perversión sadiana da la verdad del imperativo categórico kantiano, con lo cual podríamos plantear que se entronca con el discurso del amo, ya que es una posición de objeto en el fantasma, pero que, a diferencia de la posición del analista, apunta a hacer consistir el significante amo, convirtiéndose el perverso por esa vía en instru- mento de goce del otro. Es en ese punto de la posición del perverso que algunos autores, como Deleuze, por ejemplo, señalan la operación de irrisión respec- to de la función paterna que opera la perversión, al trasformar a la figura de autoridad en un fetiche, en un fantoche grotesco. Paradó- jicamente, esa posición de irrisión, de increencia, deja al perverso absolutamente anclado a la figura del otro sin barrar, a diferencia de la posición del analista, que abre la vía del amor al padre, pero para ir más allá de él.

Clase del 17 de abril de 2008

20 Lacan, J. “Kant con sade”, en Escritos 2. siglo veintiuno ed. buenos aires,

1985.

III. El nudo borromeo. Parte 1.

I. El lapsus del nudo

La clase de hoy y la próxima van a constituir una suerte de uni- dad, ya que no me alcanzará el tiempo para exponer el tema en una sola clase. En el programa que les mandé figura un texto de Fabián sche- jtman que se llama “acerca de los nudos” 1 , porque mi idea no es entrar en todos los detalles del nudo, prefiero que ustedes lo lean. Voy a darlo por leído. mi interés es que ustedes a través de ese texto puedan tener una idea más o menos sencilla de qué se trata el nudo, para que entonces podamos manipularlo, como propone Lacan en el seminario RsI, en la clase del 17 de diciembre de 1974, donde justamente propone a los psicoanalistas “usar el nudo a lo bruto”. Es lo que voy a hacer aquí. no soy ninguna especialista en topología ni me interesa serlo, así que voy a seguir esta propuesta de Lacan, quien en esta clase plantea dos cuestiones al respecto. Por un lado dice:

“Para operar con este nudo de una manera que convenga es preciso que ustedes usen de él a la bruto, sean incautos, no entren en su materia con la duda obsesiva…” 2 . sabrán ustedes que sigo a la letra esta indicación de Lacan al igual que esta otra, que dice: “Yo los invito a repudiar las hipótesis, y aquí a ser suficientemente brutos como para no plantearse

  • 1 schejtman, F. “acerca de los nudos”, en Las dos clínicas de Lacan. tres ha- ches. buenos aires, 2001.Págs. 25-60.

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cuestiones concernientes al uso del nudo, él no nos servirá para ir más lejos que allí de donde sale, a saber, la experiencia analítica, es de ésta

que da cuenta, ahí está su valor” 3 . Les propongo entonces que nos me- tamos en el nudo a lo bruto, sin entrar en consideraciones eruditas, topológicas, lógicas y matemáticas, y que aprendamos a servirnos de él en la medida en que nos conecte con la clínica, en este caso, con la clínica de las neurosis. El texto de Fabián schejtman me parece muy preciso, muy claro, más que suficiente como para después poder manejarnos un poco intuitivamente. Lo que más me interesa de este texto es, por un lado, la distinción que establece schejtman en la lectura que hace de Lacan entre el anudamiento borromeo para la clínica de las neu- rosis, y el anudamiento no borromeo para la clínica de las psicosis. son dos tipos de nudos distintos. Es la primera cuestión que me in- teresa señalar, y como vamos a dedicar este seminario a las neurosis, este año trabajaremos con el nudo borromeo. Por otra parte, la concepción de la falla estructural en el nudo, teniendo en cuenta que el nudo es para Lacan la estructura de ser hablante, no la representa, no es una figuración, no es una metáfo- ra, es efectivamente la estructura del ser hablante. se trata de una estructura que está fallada, que está agujereada. En la medida en que es un ser viviente único, singular, por estar tomado por el lenguaje, esa estructura va a contar con dimensiones o con registros distintos que los de los demás animales. y además, esos registros van a estar anudados de un modo torcido, por lo que esta falla estructural del nudo del ser hablante se va a manifestar siempre con algún lapsus en el nudo. De modo que el nudo borromeo de tres, que anudaría los tres registros: imaginario, simbólico y real perfectamente –como está dibujado en el pizarrón– no existe.

3 Ibid.

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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 55 ¿En qué consiste el anudamiento borromeo? consiste en el he-

¿En qué consiste el anudamiento borromeo? consiste en el he- cho de que cada uno de los tres registros se relaciona con los otros dos en una relación de terceridad, es decir, que ninguno se relaciona pura y exclusivamente con otro registro, siempre hay un tercero que está mediando, entre imaginario y simbólico está mediando lo real, entre real y simbólico está mediando lo imaginario, y así. Esto se manifiesta en el anudamiento en el hecho de que si cortamos cual- quiera de los tres redondeles se sueltan todos, es decir que ninguno depende exclusivamente del otro, sino que cada uno depende del anudamiento entre los tres. Lo que introduce entonces la cuestión del anudamiento borro- meo es la función de la mediación. La función de la mediación es introducida tempranamente en la enseñanza de Lacan, y va a tener múltiples manifestaciones, por ejemplo, plantea para uno de sus primeros esquemas, el esquema Lambda, al eje simbólico como mediación entre los dos polos del eje imaginario (a y a’). Es en esa función de mediación que va a ubicar la función paterna. más adelante, cuando construye la fórmula del fantasma, el rombo introduce la mediación entre sujeto y objeto. y así sucesi- vamente, encontraremos que todos los aparatos conceptuales que va construyendo Lacan llevan esta función de mediación. Por ejem- plo, en la fórmula de la metáfora encontramos la mediación en la función de la barra, entre un significante y otro. Es impensable la estructura neurótica sin la función de mediación.

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La distinción entre neurosis y psicosis consiste en que el tipo de lapsus del nudo que se produce lleva a un tipo de anudamiento di- ferente. Por un lado están los casos en los cuales el lapsus se repara borromeanamente. se trata de aquellos casos en los que se producen dos lapsus entre los mismos dos registros (por ejemplo, dos lapsus entre simbólico y real). Es el tipo de lapsus que produce el soltamien- to de los tres, y por ende, la posibilidad de una reparación borromea. Es el tipo de anudamiento que encontramos en la clínica de las neu- rosis. mientras que en la clínica de la psicosis no encontramos esta posibilidad. Lo que propone schejtman en este texto es que la clínica de las psicosis está caracterizada por la interpenetración. Les propongo un dibujo que la vuelve evidente, el del lapsus de la estructura psicótica de Joyce, lapsus por el que se suelta el registro imaginario, mientras que simbólico y real quedan interpenetrados, quedan anudados como si fueran dos eslabones de una cadena. sa- bemos que Joyce construyó tempranamente un broche que impidió que el imaginario se fuera por su lado. Lo dibujo para que aprecien el detalle del lapsus.

56 / nIEVEs soRIa DaFunchIo La distinción entre neurosis y psicosis consiste en que el tipo

Entonces, en la clínica de las psicosis encontramos la interpene- tración, y en la clínica de las neurosis la mediación, de modo que nunca hay dos registros que estén enganchados uno con el otro, sino que siempre hay un tercero mediando en la neurosis.

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tanto en la clínica de las neurosis como en la de las psicosis vamos a encontrar lapsus del nudo, es decir, algún tipo de falla en lo que sería el anudamiento borromeo perfecto entre los tres registros. La diferen- cia entre neurosis y psicosis es que el lapsus o la falla del anudamiento en el caso de la neurosis se va a solucionar de una manera tal que el nudo sigue siendo un nudo borromeo, sigue siendo un nudo en el cual si cortamos uno se sueltan todos, sigue siendo un nudo en el cual entre dos registros siempre va a haber un tercero mediando. mientras que en la psicosis, por ejemplo en el caso de Joyce, él logra que el ima- ginario no se suelte porque él construye un broche acá:

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 57 tanto en la clínica de las neurosis como en la

Pero ese broche –que agarra nuevamente lo imaginario, con lo simbólico y lo real– no impide que siga habiendo interpenetración entre simbólico y real –trabajamos bastante este punto en el semi- nario del año pasado sobre los confines de las psicosis. La diferencia estructural está en el anudamiento inicial, en el tipo de lapsus del nudo que encontramos.

II. El trípode freudiano en el nudo

Quiero que nos dediquemos ahora a abordar la concepción la- caniana del nudo borromeo en RSI, donde va a retomar el trípode freudiano de inhibición, síntoma y angustia.

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seguramente les llame un poco la atención que en primer lugar nos vamos a manejar con el nudo borromeo de tres como si existie- ra, cuando afirmé anteriormente que el nudo borromeo de tres no existe, que siempre está fallido, que siempre es necesario un cuarto término. Pero en verdad ése es un punto de llegada del Seminario XXII, no es un planteo de inicio. al comienzo del seminario Lacan aborda el anudamiento entre los tres registros como un anudamien- to de tres redondeles, y es a lo largo del seminario que va a llegar al punto en el cual siempre hay lapsus del nudo, por lo que el cuarto término se vuelve irreductible. Los primeros desarrollos que hace Lacan en este seminario son con un nudo de tres. Ese nudo así, tal cual, no existe, pero permite entender cómo se anudan los registros estructuralmente en el ser hablante. ahí es donde Lacan va a retomar el trípode freudiano de inhibición, síntoma y angustia, y lo va a articular con los tres regis- tros: imaginario, simbólico y real.

III. La herejía lacaniana.

Vamos a retomar algunas de las cuestiones que quedaron plan- teadas en la primera clase. hicimos la referencia al título del semi- nario, que a la vez que nombra a los tres registros en un orden que parte de lo real (RSI), se pronuncia igual que “herejía”. De modo que este seminario es la herejía de Lacan a la concepción reinante en el psicoanálisis de la época respecto del complejo de Edipo, funda- mentalmente a la concepción freudiana del complejo de Edipo. hay en Lacan un deseo de herejía, de desviación respecto del dogma del padre en Freud. Pero como él va a plantear, tanto en este seminario como en el Seminario XXIII, no se trata de ser hereje de cualquier manera. Para Lacan ser hereje de la buena manera es poder encontrar la estructura del nudo, es decir, es encontrar lo real. Lacan concibe al nudo como lo real. no es una imaginación, no es una figuración, sino que es lo real de la estructura del ser hablante.

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ser hereje de la buena manera es dejarse tomar por el nudo y poder seguir su lógica. La herejía de Lacan es RSI, es el nudo borromeo, es el anuda- miento entre los tres registros. En la primera clase de este seminario Lacan planteará que los nombres del padre son lo real, simbólico e imaginario, ya que son los nombres que constituyen la estructura del ser hablante. El nudo se constituye entonces por estos tres nombres: real, sim- bólico e imaginario. y para que estos tres registros se anuden es ne- cesario un acto, el acto de nominación. Lacan propone que la nomi- nación es un acto cuya consecuencia es el anudamiento. nombrar, en el sentido fuerte de la nominación, es un acto de anudamiento. así, imaginario, simbólico y real son los tres nombres primeros, son las tres nominaciones que constituyen el nudo borromeo –que va a ser la estructura del ser hablante–, y que ya desde el inicio del semi- nario Lacan va a articular con inhibición, síntoma y angustia. En el trípode freudiano Lacan encuentra cierta vertiente hereje, ya que con inhibición, síntoma y angustia Freud da cuenta de la estructura neurótica a partir de esos tres nombres, no a partir del mito del padre.

Intervención: ¿Vos decís como que Freud hace una propia herejía a su dogma?

Nieves: no, ya que en toda herejía se trata fundamentalmente de otra lectura del texto. La operación que realiza Lacan aquí es ir a buscar los nombres del padre en el Freud de “Inhibición, síntoma y angustia”, en lugar de centrarse en el mito de Edipo para construir el nudo borromeo. aunque Lacan tampoco logra dejar de lado el mito de Edipo, ya que en la segunda mitad del Seminario XXII justamen- te trata de cómo articular el mito de Edipo con estas nominaciones. Entonces, la primera parte es la introducción de los tres registros, y luego es la cuestión del padre nuevamente, que lo va a llevar en el Seminario XXIII a la cuestión del sinthome.

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seguiremos ahora el recorrido del seminario en función de los tres registros. En la primera clase, del 10 de diciembre de 1964, La- can propondrá a la inhibición como nominación de lo imaginario, el síntoma como nominación de lo simbólico, y la angustia como nominación de lo real.

La inhibición como nominación de lo imaginario quedará plan- teada como un asunto de cuerpo, o sea, de función. En la medida en que se trata de la detención de una función siempre va a poner en juego la dimensión del cuerpo, que es para Lacan constitutiva del registro imaginario, y que va a tener efectos en el campo de lo simbólico:

60 / nIEVEs soRIa DaFunchIo seguiremos ahora el recorrido del seminario en función de los tres

Va a hacer un paralelo entre lo que es la inhibición de la función en el ser hablante y el centro inhibidor en el sistema nervioso del ani- mal, se va a preguntar si en el ser hablante no existe algo similar a ese centro inhibidor del animal, aunque tiene un efecto en lo simbólico en lugar de tener un efecto en lo real del organismo como pasa en el animal. Deja planteada esa pregunta, de cómo la inhibición puede tener que ver con este efecto de inhibición, que resulta de su intru- sión en el campo de lo simbólico, de modo que cuando él habla de la inhibición, habla de la intrusión de lo imaginario en lo simbólico.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 61

En la clase siguiente, que es del 17 de diciembre, Lacan va a intro- ducir la característica de lo imaginario que es la consistencia, va a decir que lo imaginario funda la consistencia. Respecto de esa consistencia imaginaria, el goce ex-siste, es decir, se sostiene afuera. Podríamos decir que en el ser hablante el goce logra ex-sistir, sostenerse fuera del cuer- po, en la medida que lo imaginario adquiere consistencia, es decir, en la medida que el campo imaginario se unifica, armando un cuerpo. Vamos a la clase del 11 de febrero de 1975, donde dice algo que considero importante tener en cuenta –y que retomaremos cuando vayamos a los casos– y me gustaría señalar: “Que los analistas sepan que lo que trenzan de imaginario no existe menos, esta existencia es lo que responde a lo real” 4 . se trata de un señalamiento fundamental, ya que a veces los analistas nos encontramos en una posición de cierta depreciación de lo imaginario, donde pareciera que las intervenciones que van por el lado del sentido, que van por el lado de lo imaginario, no son analíticas. a veces los analistas nos dejamos tomar por la idea de que la única intervención propiamente analítica es una interven- ción que juegue en el plano simbólico del significante, del equívoco, del sin sentido, y que las intervenciones imaginarias, que apuntan al campo del sentido, o que directamente introducen el sentido no son analíticas. muchas veces tendemos a pensar así, y esa manera de pensar tiene que ver con una depreciación de lo imaginario, que es posible de leer especialmente en el inicio de la enseñanza de Lacan. aquí Lacan está rectificando esta falsa orientación al decir que lo que se trenza de imaginario en el análisis tiene un valor real. su referencia en este punto es la raíz imaginaria en matemática, que es real: “La raíz imaginaria muestra bien que el término imaginario no es sinónimo de pura imaginación. Si podemos hacer que lo imaginario exista, es que se trata de Otro real. Yo digo que el efecto de sentido ex-site y que en esto es real” 5 . De modo que el efecto de sentido en psicoanálisis es real, “ex-siste”, va más allá de la imaginación.

  • 4 Lacan, J. El Seminario XXII. RSI. Inédito. clase del 11 de febrero de 1975.

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Pasemos a la clase del 11 de marzo de 1975. allí encontramos una articulación de lo simbólico con lo imaginario que me interesa. Lacan va a plantear que el falo es lo que le da cuerpo a lo imaginario. hay cierta dimensión del cuerpo, que no es la dimensión plana de la imagen, que se puede apreciar en su volumen, eso que también es el cuerpo pero que excede a la imagen visual. Es en ese punto preciso que interviene el falo. Lo planteo sencillamente de la siguiente manera: según qué re- lación tenga el sujeto con el falo, va a tener o no cuerpo su imagen. Incluso podríamos decir que la posibilidad de que la imagen de su cuerpo tenga algún tipo de brillo para el sujeto, que sea agalmática, que se constituya como yo ideal, va a ser el resultado de la interven- ción del falo. muchos de los fenómenos de deformación de la imagen especu- lar que encontramos en la clínica, por ejemplo los casos de defor- mación de la imagen especular en las anorexias, responden a cierto punto de impasse en el funcionamiento de la lógica falo-castración. cuando abordemos los casos tendremos oportunidad de ubicar esta relación entre el falo y lo que le da cuerpo a lo imaginario. hay algunas cuestiones que plantea Lacan sobre lo imaginario y la inhibición hacia el final del seminario, pero para poder abordarlas tenemos que hacer otro recorrido previo, así que nos detenemos aquí por ahora. Vamos a pasar al síntoma como nominación de lo simbólico.

V. El síntoma como nominación de lo simbólico

En la clase del 10 de diciembre de 1974, la primera clase, Lacan va a definir al síntoma como símbolo de lo que no anda en lo real, de modo que es un efecto de lo simbólico en lo real:

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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 63 En la clase siguiente, del 17 de diciembre de 1974,

En la clase siguiente, del 17 de diciembre de 1974, va a definir a lo simbólico como agujero. su referencia aquí es la operación cartesiana que conduce al cogito, al pienso luego existo. Recuerdan ustedes que justamente Descartes en el camino hacia el cogito se sirve de la duda metódica, poniendo en cuestión todas las certezas. Lacan se pregunta:

“¿Hay que entender que el “yo pienso” basta para asegurar la existencia?” 6 – en el cogito se trata de asegurar la existencia de algo que sea real. Lacan plantea: “El “yo pienso”, ¿sirve para asegurar la existencia? Ciertamente no, y Descartes tropieza, pero no es menos verdadero que hasta un cierto

punto la existencia no se define sino al borrar todo sentido” 7 . allí inter- viene el agujero: “Diré que para que algo exista es preciso que exista un agujero. Este agujero, ¿no está simulado por el “yo pienso” puesto que Des- cartes lo vacía?” 8 . ¿Qué quiere decir Lacan cuando dice que Descartes lo vacía? Que no importa cuáles sean los pensamientos, se trata del yo pienso, vaciado de cualquier pensamiento en sí mismo, es el acto mis- mo de pensar, independientemente de cualquier contenido. Lacan

plantea que al vaciar el yo pienso, Descartes constituye un agujero y que “Es alrededor de ese agujero que se sugiere la existencia” 9 .

  • 6 Ibid. clase del 17 de diciembre de 1974.

  • 7 Ibid.

  • 8 Ibid.

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Lacan encuentra este agujero como constitutivo del nudo: “Te- nemos un agujero en el corazón de cada uno de estos tres redondeles, sin

estos agujeros incluso no sería pensable que algo se anude” 10 . Entonces, la cuestión del agujero como fundamental para el anudamiento. En la clase del 21 de enero de 1975, va a definir al síntoma como lo que ex-siste al inconsciente. Lacan habitualmente ubica al inconsciente entre imaginario y simbólico. ¿Por qué digo habitual- mente? porque en este seminario, como en otros también, va a hacer referencia a un inconsciente real. Pero el inconsciente freudiano –el inconsciente de las formaciones del inconsciente– está entre simbó- lico e imaginario, es fundamentalmente simbólico, es decir, hecho de significantes, por lo que tiene efectos de sentido, imaginarios. si al inconsciente lo ubicamos en lo simbólico, el síntoma es lo que ex-siste, pasando de lo simbólico a lo real, que será definido por Lacan como ex-sistencia. El síntoma es entonces lo que del in- consciente pasa a lo real. Por eso el síntoma será definido como una letra, como lo que del inconsciente puede traducirse por una letra. se trata aquí de la distinción entre el nivel más simbólico del signi- ficante y el nivel más real sería de la letra, que es lo real de la lengua. Entonces, el significante es lo simbólico de la lengua, el sentido es lo imaginario de la lengua, y la letra es lo real de la lengua. Lacan propone aquí que el síntoma es una letra, que la función del síntoma es lo que del inconsciente puede traducirse por una letra, de modo que es una encarnación de lo real de la lengua.

VI. Síntoma y función paterna

Es en este punto que Lacan comenzará a interrogar el estatuto del padre. Veremos cómo este asunto se complejiza. Por ahora dejo sim- plemente señalado este punto de confluencia entre síntoma y padre. otra cuestión fundamental que será planteada en esta misma

10 Ibid.

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clase, es que el síntoma es constituido por una creencia. De allí que tanto el sujeto escéptico como el sujeto cínico no hacen síntoma, porque no creen en su inconsciente. Podrán tener inhibiciones o

sufrir de angustia, pero no van a hacer síntoma, que implica una posición subjetiva de creencia. En la clase del 18 de febrero de 1975 Lacan va a dar la siguiente definición del síntoma: “Yo defino al síntoma por la manera en que cada uno goza del inconsciente, en tanto que el inconsciente lo determina” 11 . se trata de una definición del síntoma como modo de goce, que im- plica justamente esta dimensión real del síntoma que lo distingue de las demás formaciones, puramente simbólicas, del inconsciente. En la clase del 15 de abril de 1975 Lacan articula el agujero cons- titutivo de lo simbólico con el nombre del Padre de la siguiente ma- nera: “Para nosotros la interdicción del incesto no es histórica sino estruc- tural –¿por qué?– porque está lo simbólico. Esta interdicción consiste en el agujero de lo simbólico, y para que aparezca individualizado en el nudo, algo que yo no llamo el complejo de Edipo –no es tan complejo como eso–

sino el Nombre del Padre, lo que quiere decir el Padre como nombre, y no solamente el padre como nombre sino el padre como nombrante” 12 . Retomaremos esta distinción entre el padre como nombre y el padre como nombrante. Lo que me interesa en este momento seña- lar es, por un lado, que Lacan ubica lo estructural de la interdicción

del incesto, que hace a la función paterna, (es decir, el nombre del Padre) como un agujero en lo simbólico: la interdicción del incesto misma como agujero de lo simbólico. Por otro lado, Lacan va a ar- ticular la cuestión del agujero con el Dios de la biblia –alguna men- ción a esto hice en la clase pasada–, ese Dios del antiguo testamento que dice “Soy lo que soy”, ese Dios que habíamos definido con Lacan como causa sui, que no remite a otro significante sino que es en sí mismo. Lacan plantea que “Soy lo que soy” es un agujero, de modo que el agujero en lo simbólico es la función paterna misma. ¿Por qué

  • 11 Ibid. clase del 18 de febrero de 1975.

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la función paterna es un agujero? si lo simbólico está constituido por significantes que remiten unos a otros –s1-s2, significante bi- nario–, “Soy lo que soy” es un agujero en el orden simbólico, porque es el único significante que no remite a ningún otro. sobre el final de esta misma clase Lacan esboza que, después de todo, quizás no sea sólo lo simbólico lo que tiene el privilegio de los nombres del Padre: “No es obligado que la nominación esté conjunta el agujero de lo simbólico” 13 . aquí deja abierta la cuestión de si la fun- ción paterna se reduce a lo simbólico, o si tiene también un estatuto real. Volveremos sobre este punto. Pasaremos ahora a un breve recorrido por la nominación de lo real como angustia.

VII. La angustia como nominación de lo real.

En la primera clase Lacan plantea que la angustia parte de lo real, y que va a dar un sentido a la naturaleza del goce que se produce ahí. hay una relación estrecha entre la angustia que da sentido y el goce fálico. Retomaré este último punto más adelante. El punto de partida es lo real, que tiene efectos sobre lo imaginario, sobre el campo del sentido.

66 / nIEVEs soRIa DaFunchIo la función paterna es un agujero? si lo simbólico está constituido

13 Ibid.

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Entonces, la inhibición va de lo imaginario a lo simbólico, el sínto- ma de lo simbólico a lo real, y la angustia de lo real a lo imaginario. Lacan le va a agregar al nudo borromeo en tanto tal el giro de los redondeles de cuerda. En este caso se va a tratar de un giro centrípe- to, de modo que todos los registros giran hacia el centro del nudo.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 67 Entonces, la inhibición va de lo imaginario a lo simbólico,

Empezamos por la inhibición. La inhibición proviene de lo ima- ginario pero tiene efectos en lo simbólico. Ese giro de lo imaginario al entrar en lo simbólico produce la inhibición, el detenimiento del despliegue de lo simbólico. Por otra parte, lo simbólico en su movimiento sobre lo real pro- duce el síntoma –recuerden que Lacan lo define como ex-sistencia del inconsciente. Finalmente, el giro de lo real sobre lo imaginario va a producir como resultado la angustia. Por otro lado Lacan va a escribir entre lo imaginario y lo simbó- lico el sentido, entre real y simbólico el goce fálico (Jϕ), y entre real e imaginario va a escribir el goce del otro (Ja):

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68 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Volviendo a la angustia, lo real al girar sobre lo imaginario

Volviendo a la angustia, lo real al girar sobre lo imaginario pro- duce la angustia, y la angustia le va a dar sentido a este goce que se encuentra entre simbólico y real, que es el goce fálico. aquí la refe- rencia es el caso Juanito. Juanito está complicado con su goce fálico, está complicado con el goce de su órgano, y el afecto concomitante que le va a dar algún sentido a ese goce es la angustia.

VIII. El problema de la ex-sitencia.

Dijimos que Lacan define a lo real como ex-sistencia. cuando nos preguntamos si algo es real, nos preguntamos acerca de su exis- tencia. ¿Existe o no existe más allá de mí? Existir quiere decir soste- nerse solo, sostenerse por sí mismo, sostenerse afuera. En el nudo, cada uno de los registros ex-siste a los otros dos. Podemos tomar en este punto la referencia al juicio de existencia freudiano. Freud distinguía el juicio de atribución del juicio de exis- tencia. El juicio de atribución era el primer juicio promovido por el yo del placer originario, al que no le importaba nada la existencia sino que distinguía simplemente lo placentero como yo de lo displacentero como no-yo. Es en una segunda operación que se constituye el yo de

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realidad definitivo. allí interviene el juicio de existencia, por el que el sujeto va a tener que verificar si ese objeto que existe en su interior, en su representación, en el plano de su fantasía, existe también afuera.

Intervención: ¿Esta relación la hace Lacan en algún texto?

Nieves: no sé si la hace explícitamente, pero cuando habla de la ex-sistencia, la define como sostenerse afuera, que es exactamente lo que plantea Freud para el juicio de existencia, donde se trata de que ese objeto que está a nivel representación también exista afuera, se sostenga afuera, no sólo que en la fantasía. Encuentro allí una raíz freudiana.

sobre el final de esta clase Lacan articula la angustia con la ex- sistencia: “¿Qué es la angustia?, es lo que del interior del cuerpo ex-site cuando algo lo despierta, lo atormenta” 14 . hay algo que se siente, que se experimenta en la experiencia de la angustia, que es el interior del cuerpo. En la angustia algo despierta al cuerpo. a Juanito, por ejem- plo, hay determinado momento en que las erecciones de su órgano empiezan a angustiarlo y a atormentarlo, rompiendo el paraíso que encontraba en la relación con la madre. Ese es el momento del surgi- miento de la angustia. En la angustia eso que despierta o atormenta al cuerpo se manifiesta como el interior del cuerpo ex-sistiendo, afuera. En el Seminario de La Angustia la metáfora para referirse a esta operación de la angustia sobre el cuerpo es la del guante dado vuelta, el cuerpo como un guante que de pronto se da vuelta, de modo que el in- terior queda afuera. De allí lo insoportable de la angustia, se dio vuelta el guante, el interior ex-siste, y por eso es real, el único afecto real. una cuestión interesante que va a señalar Lacan en la clase del 14 de enero de 1975 es que hay una disyunción entre la ex-sistencia y la universalidad. se trata del abismo que hay entre el particular (existe algún x) y el universal (para todo x) en la lógica proposicional.

14 Ibid. clase del 17 de diciembre de 1974.

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Lo que ex-siste no tiene nada que ver con lo universal, no tiene nada que ver con el todo, no tiene que ver con el concepto, no tiene que ver con el significante, por eso es real. Esto punto es largamente desplegado como problemática lógica por Lacan ya desde el seminario de La Identificación, volviéndose una suerte de nudo de su enseñanza, particularmente en los años que dedica a la construcción de las fórmulas de la sexuación. Lacan propone aquí una distinción máxima: “No solamente la universalidad no implica la existencia, –de modo que podemos te- ner el concepto del unicornio, lo que no quiere decir que exista alguno– sino que lo que es grave es creer que la existencia implica la universalidad.” 15 se trata de un problema de consecuencias clíni- cas fundamentales. En la dirección de la cura es necesario salir de esa debilidad mental del pensamiento para abordaren cada caso en su singularidad, uno por uno, prescindiendo de la referencia a un universal. Digo en la dirección de la cura porque después, cuando hacemos transmisión, tenemos que referirnos necesariamente a al- gún universal. Es importante que la existencia no tenga nada que ver con el universal. En este punto el psicoanálisis se acerca más a la poesía que a la ciencia. Es fundamental, es necesario, preservar esta dimensión poética de nuestra práctica.

Intervención: ¿tendría que ver con la garantía que tiene que tener la posición del analista?

Nieves: sí absolutamente. ¿Estás haciendo referencia a la última clase del Seminario de La Angustia?

Intervención: sí, y me había quedado la pregunta acerca de la garantía….

Nieves: Efectivamente, cuando Lacan se refiere a qué tiene que

15 Ibid. clase del 14 de enero de 1975.

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ser el analista para poder ofrecer una verdadera garantía al concepto de la angustia, se trata de soportar una existencia que no hace nin- gún universal, que soporta esa singularidad del objeto que lo causa. Va a poder ofrecerle esa garantía al analizante en ese mismo punto, que es el punto de la angustia del analizante.

En la clase del 11 de febrero de 1975, Lacan va a plantear que el efecto de sentido exigible al discurso analítico tiene que ser real. Esta afirmación se orienta en la misma vía que aquella de que lo que trenza el analista de imaginario es real. no se trata entonces de dejar de lado la dimensión de lo imaginario en nuestra práctica, sino de lograr que se anude con lo que vuelve al mismo lugar, que es lo real. no se trata de darle de comer sentido común al síntoma, que es lo que hace la psicoterapia, sino de un abordaje serio del sentido, tan serio que hace serie, y por esa vía se vuelve real, pasa a ex-sistir. El analista tiene que apuntar con su intervención, a que eso que produjo sentido ex-sista. Este movimiento no es posible sin la com- plicidad del analizante, de allí la necesidad de la dimensión de la creencia.

IX. Las identificaciones en el nudo

En estos últimos minutos quisiera avanzar un poco más, sobre la manera en que Lacan lleva las tres identificaciones freudianas cen- trales al nudo. Les propuse como bibliografía para la clase de hoy el capítulo VII de “Psicología de las masas y análisis del yo”, que es un texto fundamental para entender el nudo borromeo. aquí Lacan hace una lectura muy singular de las identificaciones freudianas, que lee de manera diferente cada vez que las aborda en su enseñanza. Estamos en la clase del 18 de marzo del 1975. El punto de parti- da de su planteo es el siguiente: “A nivel del nudo borromeo, decir que

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no hay Otro del Otro, quiere decir que el Otro real es el nudo mismo” 16 . Ese es el punto de partida, el nudo como otro real. Lacan concibe aquí a las identificaciones como nominaciones, de modo que las identificaciones, que le posibilitan al sujeto nombrarse, cumplen una función de anudamiento, de constitución del nudo. Va a continuar planteando que según a qué punto del otro real nos identificamos, va a ser el tipo de identificación. y aquí nue- vamente va a comenzar por lo imaginario: “La identificación a lo imaginario del Otro real es la identificación del histérico al deseo del Otro.” 17 se trata aquí de la famosa identificación del pensionado de señoritas. En ese ejemplo, una chica se desmaya y las otras también se desmayan por eso que Freud llama una comunidad de deseo, se identifican por el síntoma, ya que quisieran tener un amor secreto como el que tiene esta otra chica. se trata de una identificación al deseo del otro que es independiente de la persona en sí misma, se trata de alguien que le es indiferente al sujeto. Lo importante es esa comunidad de deseo. se trata del tipo de identificación que da cuenta de la constitución de la masa, que funciona como un uno, como un solo cuerpo. Por eso es una identificación a lo imaginario del otro real, se trata de una presencia imaginaria del deseo del otro. Podría tratarse de la camiseta de un equipo de futbol, del emblema de un conjunto musical, etc. Luego va a tomar el segundo tipo de identificación de “Psicología de las masa y análisis del yo”. Freud se refiere allí a la identificación que lleva a la formación del síntoma neurótico. se trata de la identi- ficación propia del complejo de Edipo, que puede hacerse, ya sea con la persona rival –y encontramos la referencia a la hija que se identifica con la madre porque quisiera ocupar su lugar al lado del padre, y que entonces va a tener un síntoma similar al de la madre, en el cual se va a hacer presente el superyó diciéndole: “¿Querías ser como tu madre? Pues lo serás en su sufrimiento”–; ya sea con el objeto amado –y ahí

  • 16 Ibid. clase del 18 de marzo de 1975.

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el ejemplo que da es la identificación de Dora con el padre en el sín- toma de la tos. En este caso hay una regresión, es una identificación regresiva, porque se produce una regresión a la identificación desde la elección de objeto. En este tipo de identificación lo que señala Freud con mucha precisión es que siempre se toma un rasgo del otro, por ejemplo la tos, o el catarro, se trata de la identificación al rasgo. Lacan desarrolla largamente este punto en su seminario sobre la identificación, en el que se centra en la constitución del sujeto de lo simbólico a través de la repetición de una marca, que es el rasgo unario. Lo propio de lo simbólico es ese rasgo, esa marca, que también es un agujero. De allí que Lacan sitúe la identificación a lo simbólico del otro real como identificación al rasgo. En tercer lugar vendrá la identificación primaria, que es previa a cualquier elección de objeto. Freud la define como identificación al padre, de tipo canibalística, en la cual el sujeto incorpora al padre a quien toma como su ideal. se trata aquí de la behajung del padre, en la que entra en juego cierta dimensión amorosa. Freud señala que el caníbal no se come a cualquier enemigo, sólo se come a aquellos que admira, cuyos atributos ama y quiere incorporar. Entonces, si no lo admira, si no lo ama, no lo come, no se opera la identificación primaria y hay forclusión del nombre del padre. Lacan señala en- tonces que esta identificación tiene que ver con el amor. La define como identificación a lo real del otro real, y dice que es el nombre del Padre, que es la identificación primaria freudiana. una última cuestión que empiezo a plantear hoy y voy a retomar la próxima clase –que como ya les dije va a ser una continuación de ésta, no va a ser un nuevo tema– es lo que Lacan va a proponer sobre el final del seminario, donde va a concluir fehacientemente que no existe el nudo borromeo de tres, que el nudo borromeo de tres está siempre fallado, y que hay un cuarto término que repara este anu- damiento, que restablece el nudo borromeo, y que ese cuarto es irre- ductible, de modo que no se puede prescindir del cuarto término. Este cuarto encontrará en el seminario siguiente, el Seminario XXIII, una dimensión simbólica ineliminable, ya que, como dijimos,

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la identificación es una nominación, una operación en sí misma sim- bólica, que sólo le es necesaria al ser hablante, el único viviente que necesita efectivamente del registro de lo simbólico para ser. Pero no es un simbólico puro, ya que cuenta siempre con alguna otra di- mensión, en términos de Lacan agrega una dit-mensión, agrega una mansión para el dicho o lo dicho, un lugar en el que esa dimensión simbólica se va a alojar. si ese cuarto redobla el registro de lo imaginario, da lugar a la in- hibición. si redobla el registro de lo simbólico, se forma el síntoma. si redobla el registro de lo real, provoca la irrupción de angustia. Intentaremos en la próxima clase interrogar la particularidad del tipo de neurosis: histeria, obsesión y fobia, en su relación con el tipo de identificación, teniendo en cuenta que cada identificación es una nominación. Es interesante en el ejercicio clínico interrogar cuál de estas identificaciones es la que prevalece, o falla, en cada caso. no va a llevar al mismo abordaje por el analista un caso en el que está dificultada (ya sea por exceso o por defecto) la identificación imagi- naria al deseo del otro, que si se trata de la identificación simbólica o la identificación real. De este modo nos abrimos a la diversidad de la clínica de la neurosis.

Clase del 15 de mayo de 2008

IV. El nudo borromeo. Parte II.

I. Nominaciones e identificaciones

Quiero retomar lo que plantee un poco rápidamente al final de la última clase. hicimos un recorrido por R.S.I. situando los tres grandes ejes de la neurosis; inhibición, síntoma y angustia en rela- ción con los tres registros, lo que lleva a la constitución del nudo borromeo a partir de tres nominaciones: la nominación de lo imagi- nario que es la inhibición, la nominación de lo simbólico que es el síntoma, y la nominación de lo real que es la angustia. seguimos la manera en que Lacan retoma las tres identificacio- nes freudianas del capítulo VII de “Psicología de las masas y análisis del yo”. En realidad en ese capítulo no son tres sino cinco las identi- ficaciones a las que Freud hace referencia, pero las tres primeras que Freud plantea son las que son retomadas constantemente por Lacan a lo largo de su enseñanza. En RSI Lacan define a la identificación al deseo del otro como la identificación a lo imaginario del otro real, es la identificación que Freud ejemplifica con el caso del pensionado de señoritas, y que llama identificación por el síntoma. Por otra parte, la identificación a lo simbólico del otro real, que es la identificación que Freud ubica como aquella que conduce a la formación del síntoma neurótico, que es la propia del complejo de Edipo, que ejemplifica con la tos de Dora que se identifica con su padre. allí Freud va a señalar que efectivamente este tipo de identi- ficaciones no es con el objeto total sino con un rasgo del otro. Es el tipo de identificación que va a dar lugar a la formación de síntoma,

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y que será retomada aquí por Lacan como identificación al rasgo, identificación a lo simbólico del otro real. Finalmente, la tercera identificación que va a proponer Lacan como constitutiva del nudo es la identificación a lo real del otro real, es lo que en Freud es la identificación primaria. La identifi- cación primaria como la incorporación del padre, en la que Lacan señala que la identificación tiene cierta relación con el amor. se trata de la incorporación canibalística, que es de lo que intenta dar cuenta el mito de Tótem y Tabú. En la comida totémica justamente de lo que se trata es de la incorporación del padre muerto, y lo que señalábamos junto con Lacan es que es una identificación que tiene relación con el amor porque el caníbal solamente incorpora aquel enemigo del cual gusta. no sé si llegue a señalar la clase pasada que en francés gustar y amar se dicen con el mismo verbo aimer; por ejemplo: “amo a Pedro” se dice j’aime Pierre, y “me gusta el cho- colate” se dice j’aime le chocolat. El caníbal incorpora a aquel que le gusta, aquel cuyos atributos ama, y no va a incorporar, no va a comer, al enemigo que desprecia. Justamente en el Seminario XXII, Lacan define al padre digno de amor y respeto (que va a ser incorporado por el hijo) como aquel que hace de una mujer la causa de su deseo. y señalará que si el padre no hace de una mujer la causa de su deseo, y no es digno de amor y respeto, el resultado va a ser su verwerfung, es decir, su forclusión. si no es digno de amor no es admitido el nombre del Padre, de allí que se trate de una identificación en la que es funda- mental la dimensión del amor. El sujeto solamente puede admitir el nombre del Padre si ama a quien encarna esa función. Esa identificación a lo real del otro real, que es la identificación primaria freudiana, Lacan la va a definir como nominación de lo real, y allí va a situar la angustia. De modo que cada una de estas tres dimensiones, inhibición, síntoma y angustia, que son constitutivas del nudo, cada una de ellas introduce un registro en el nudo.

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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 77 II. Nominación e identificación imaginaria La inhibición introduce el registro

II. Nominación e identificación imaginaria

La inhibición introduce el registro imaginario. El registro imagi- nario gira sobre el simbólico. Estas entradas de un registro en el otro tienen que ver justamente con el efecto de giro de un registro sobre el otro, giran en el sentido de las agujas del reloj, hacia el centro del nudo. La inhibición es una nominación imaginaria que tiene efec- tos sobre lo simbólico. consiste en el detenimiento del despliegue de lo simbólico. La inhibición lo que hace es detener, congelar en una imagen el despliegue de lo simbólico, posibilitando entonces introducir lo simbólico, articulándolo con lo imaginario. se detiene el despliegue infinito de la cadena significante y se produce el efecto de sentido entre imaginario y simbólico, el punto de capitón, como efecto de la operación de inhibición, la nominación imaginaria. En esa operación de nominación imaginaria, de inhibición, tam- bién podemos situar la identificación imaginaria al otro real, que es esta identificación al deseo del otro –que en Freud es ubicada como la identificación constitutiva de la masa. La nominación de lo imaginario, que se va a producir como inhi- bición de lo simbólico, opera el detenimiento en una imagen, en la

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que el sujeto queda capturado. En el caso del pensionado de señoritas, sería esa imagen de la chica que recibe la carta del novio, y ahí donde las otras se identifican con ella, se identifican incluso con el cuerpo, con la imagen de esa chica, y se desmayan también todas las otras, pero quedan identificadas con ese momento, con esa imagen en la cual ella recibe la carta del novio. Entonces entra en juego el cuerpo, y lo que constituye la masa es justamente esa multitud de cuerpos, que están identificados imaginariamente, que lo único que tienen en común es una imagen, y eso detiene el despliegue de lo simbólico. cuando Freud estudia la psicología de la masa, una de las cosas que le interesa es por qué la masa es tan fácil de convencer y de hacerla hacer cualquier cosa. Es, justamente, porque está suspendido el despliegue de lo simbólico, los integrantes de la masa están fascinados por una imagen, por ejem- plo, la camiseta, entonces son capaces de matar por la camiseta, queda anulado el pensamiento. Esto es lo que más le interesa a Freud: cómo puede ser que la masa sea tan manejable, tan influenciable, y tan tonta que en ella nadie piensa por sí mismo, que nadie puede seguir su pro- pia cadena significante, ya que están todos congelados en una imagen. Entonces, este tipo de identificación tiene que ver con la inhibición. De modo que los individuos de una masa están todos inhibidos en el despliegue de lo simbólico, están todos fascinados, hipnotizados, por el líder o por una idea directiva. Están congelados en una imagen. La masa funciona como uno, como un solo cuerpo. Lo propio de lo imaginario es justamente la consistencia. La consistencia es lo que mantiene junto, lo que unifica. De hecho, la imagen especular es la primera unificación que vivió el ser hablante en el estadio del espejo. La primera unidad con la que tiene que vérselas el ser ha- blante es imaginaria.

III. Nominación e identificación simbólica

Lo simbólico girando sobre lo real produce como resultado el síntoma. Esta nominación de lo simbólico es la intrusión de lo que

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no anda en lo real. El síntoma es lo que no anda, lo que no funcio- na, lo que se pone en cruz; es la falla o la falta haciéndose presente en lo real. En lo real no existen ni la falla ni la falta, porque lo real no es un orden. La falla o la falta, es decir, la castración, es propia del orden simbólico. El síntoma es una operación que introduce eso que es propio de lo simbólico en lo real, lo hace existir en lo real, de allí que Lacan defina al síntoma como lo que ex-siste del incon- ciente. El inconsciente se encuentra entre imaginario y simbólico, pero produce un resultado real que es el síntoma. Lacan dirá que el síntoma es lo que del inconciente puede traducirse por una letra. Es por la repetición de esa letra que el síntoma se escribe en lo real. De modo que el síntoma es un producto extraño porque surge del inconciente –que está entre imaginario y simbólico– pero tiene una existencia real. al no ser lo real es un lugar donde pudiera llegar a faltar algo, el síntoma opera un forzamiento, introduce allí la castra- ción, y hace intervenir de esta manera lo simbólico en lo real. cada una de estas nominaciones construye el anudamiento borromeo, anuda un redondel con los otros dos. Es en relación con esta nominación que interviene la segunda identificación freudiana, que es la identificación que conduce a la formación del síntoma, que es la identificación al rasgo. se trata de la identificación propia del complejo de Edipo, que extrae un rasgo, o bien de la persona amada, o bien de la persona rival. si hay algo que define la juntura entre simbólico y real es el rasgo o la marca, es el significante independientemente de todo sentido, que es un uno que se repite, una marca que insiste. En el síntoma encontramos esa insistencia repetitiva de la marca. marca que tam- bién es una hendidura, un agujero, que es lo propio de lo simbólico. Es el agujero del significante abriendo la dimensión del agujero en lo real del cuerpo.

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IV. Nominación e identificación real

En la tercera nominación, que es la nominación de lo real, se trata de la incidencia de lo real en lo imaginario, que se manifiesta como angustia, que exterioriza el interior del cuerpo. algo despierta o atormenta al cuerpo, cuyo interior pasa a ex-sistir, arrasando con la imagen narcisista, desarmándola. aquí interviene la identificación a lo real del otro real, que es la identificación primaria freudiana, que lacan denomina nombre del Padre. De modo que lo que funda el nudo neurótico es esta nominación real que pone en juego la dimensión de la angustia en la medida que se trata de una identificación que opera por incorpo- ración, poniendo en juego el interior del cuerpo. En esta operación interviene una dimensión real del padre, que es aquella dimensión que Freud mitifica en “ tótem y tabú”. Es por su intermedio que lo real se anuda a los otros dos registros en el ser hablante como ex-sistencia.

V. Las neurosis en el nudo.

Les propongo intentar ahora una distinción de las neurosis en el nudo borromeo. habíamos dejado planteado que el nudo borro- meo de tres no existe, de modo tal que siempre hay alguna falla en el anudamiento borromeo de los tres registros, y que es en esa falla estructural, en ese lapsus del nudo, que se traduce la inexistencia de la relación sexual. Distinguimos el campo de las neurosis del campo de las psicosis en función del tipo de lapsus. Para las psicosis, se trata de un lapsus tal que imposibilita el anudamiento borromeo, mientras que en las neurosis el lapsus suelta los tres registros, lo que posibilita el estable- cimiento de un nudo, más precisamente una cadena, borromea. Dijimos que para que se suelten los tres registros deben producirse dos lapsus entre los dos mismos registros. Esto da tres posibilidades:

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que el lapsus se produzca entre imaginario y simbólico, entre simbó- lico y real, o entre imaginario y real. cada uno de esos lapsus tendrá a su vez distintas posibilidades de reparación.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 81 que el lapsus se produzca entre imaginario y simbólico, entre

En la última clase de RSI Lacan propone abordar cada una de las nominaciones como duplicación de cada uno de los registros en el nudo, de modo que lo que definiría la distinción entre inhibición, síntoma y angustia sería el registro al cual se recurre para anudar bo- rromeanamente los tres sueltos. sitúa entonces a la inhibición como un nudo borromeo de cuatro en el cual el cuarto que anuda es una duplicación del registro imaginario, en el caso del síntoma se trata de una duplicación del registro simbólico, y en el caso de la angustia de una duplicación del registro real.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 81 que el lapsus se produzca entre imaginario y simbólico, entre

Volviendo ahora a los tres tipos de lapsus, les propongo distinguir en primer lugar los casos en los cuales la reparación es una duplica- ción del registro imaginario, en los que el sujeto recurre a la inhibi- ción, en segundo lugar los casos en los cuales la reparación es una duplicación del registro simbólico, que llegan con una presentación sintomática, y en tercer lugar los casos que llegan del lado de la an- gustia, en los cuales el recurso es a la duplicación del registro real.

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y les propongo entonces ubicar en el primer lugar (el de la no- minación imaginaria) a la neurosis obsesiva, en el segundo lugar (el de la nominación simbólica) a la histeria, y en el tercer lugar (el de la nominación real) a la fobia.

VI. La neurosis obsesiva.

La neurosis obsesiva es una estructura nominada imaginariamen- te, de modo que en el anudamiento prevalece el yo, el narcisismo. El sujeto obsesivo se atrinchera, se escuda en su imagen narcisista, y logra, en la medida en que se sostiene en esa imagen, estar a distan- cia de todo lo que pudiera ocurrirle en el campo del deseo. como demuestra una película de los hermanos cohen que les recomiendo, El hombre que nunca estuvo. Es el retrato de una estructura obsesiva, alguien que se las arregla para no estar nunca, que solamente pone en juego su imagen, pero no pone en juego su ser, no pone en juego su deseo. nunca está ahí donde parece estar. El sujeto obsesivo sosteni- do en su imagen, sostenido en su yo, padece los efectos de inhibición que conlleva este tipo de nominación. Los síntomas obsesivos son síntomas del lado de la inhibición, de modo más o menos marcado. El obsesivo nos habla de lo que no puede hacer, de su impotencia, y en esa impotencia podemos ubicar la lógica de la inhibición. Es esa prevalencia de lo imaginario en la neurosis obsesiva la que hace tan difícil su análisis, y esa impresión que tenemos muchas veces quienes practicamos el psicoanálisis de que nada le llega, de que la interpre- tación no lo toca, que toda palabra que le dirige el analista rebota contra esa armadura yoica, contra esa muralla narcisista. De allí que Lacan propusiera para el análisis de un obsesivo la histerización, es decir, hacerlo entrar en la lógica del síntoma. En esta vía les propongo que la intervención analítica por excelencia en la neurosis obsesiva es perturbar la defensa, desarmar la arma- dura, abrir un agujero en esa coraza imaginaria. La intervención que conmueve al obsesivo siempre es del orden de un acto, de un

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acto que desarma, que lo deja sin su armadura y que eventualmente lo angustia, o lo enoja tanto que llega a angustiarse. y esto puede permitir entonces que se abra la dimensión de la falta, la dimensión de la castración, y con ella la posibilidad de la sintomatización, de la histerización del sujeto. Pasemos ahora al nudo de “La tercera” 1 , que es un nudo muy parecido al de R.S.I., además la elaboración de ambos nudos es muy cercana en el tiempo, pero en el que se agregan algunas cuestiones interesantes.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 83 acto que desarma, que lo deja sin su armadura y

Dijimos que la nominación de lo imaginario, que sería la propia de la neurosis obsesiva, se produce de lo imaginario a lo simbólico, de modo que encontramos la inhibición en el registro de lo sim- bólico, es decir que el despliegue de lo simbólico está inhibido y el sujeto está coagulado en esa imagen yoica que nos ofrece con férrea resistencia. Es interesante que en este mismo lugar que se manifiesta la inhibición encontramos la muerte. ¿Por qué Lacan ubica la muerte en el registro de lo simbólico? Lacan sostiene con hegel que el concepto mata la cosa, que el sig- nificante mortifica al viviente, por eso los seres hablantes somos

1 Lacan, J. “La tercera”, en Intervenciones y textos 2. Ed. manantial. buenos aires, 1988. Pág. 104.

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los únicos animales que estamos un poco muertos en vida, ya que estamos afectados por la existencia de la pulsión de muerte, que es propia de lo simbólico, que mata algo de lo animal que hay en nosotros, algo de lo viviente que hay en nosotros, y nos da una vida significante que se separa de nuestro cuerpo. El ejemplo máximo de esta separación, resaltado por Lacan en varias oportunidades es el nombre en la sepultura, que verifica que para el ser hablante el cuer- po puede no estar y sin embargo el nombre en lo simbólico sigue existiendo. El obsesivo de algún modo es alguien que está muerto en vida, vendría a ser el reverso del nombre en la lápida, él mismo es un muerto en vida. Entonces, en la inhibición hay una lógica de muerte, eso que detiene el movimiento vital de lo simbólico, que hace a la metonimia del deseo, es justamente lo que pone en juego la pulsión de muerte, y que eventualmente lleva a la neurosis obse- siva a cierta gravedad clínica, allí donde prevalece la mortificación, y la desvitalización de la que testimonia el sujeto obsesivo, que está tomado por la muerte, propia de lo simbólico Por otro lado, ¿con qué se enfrenta el sujeto obsesivo que está instalado acá, en el lugar del muerto? tiene que vérselas con el goce del otro. con lo que se enfrenta el obsesivo es con el goce del otro sin barrar, que encontramos entre imaginario y real –ahí donde no está interviniendo lo simbólico. ¿Por qué está el goce del otro sin barrar ahí? porque es el único lugar del nudo donde imaginario y real confluyen sin la intervención de lo simbólico, fuera de lo simbólico. ahí ubicamos al goce del otro sin barrar, porque no está operando la lógica de la castración que es la lógica simbólica, que barra al otro. El obsesivo está enfrentado con su superyó, de allí que Freud defi- na en “Inhibición, síntoma y angustia” a la neurosis obsesiva como la angustia frente al superyó. El superyó es el goce del otro sin barrar, es un mandato a un goce sin límite, y el obsesivo es un esclavo que está todo el tiempo haciendo esos trabajos forzados que lo mortifican al servicio del superyó, al servicio de un mandato a gozar sin límites –que puede tomar la forma de la voz, o la forma de la mirada, tenien- do prevalencia en la neurosis obsesiva el superyó como mirada.

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En el nudo de “La tercera” Lacan agrega algo interesante, que es el campo de la representación, del preconciente. Efectivamente, el superyó se hace presente en el obsesivo, que va a tratar esa dimen- sión del superyó a través del goce con el pensamiento, que Freud llama erotización del pensamiento. Es ese pensamiento sin límite, ese pensamiento sin fin, que está desvinculado de la lógica de la cas- tración, que solamente sirve para gozar, que no lleva a ningún acto de deseo. se trata allí de la lógica de la pulsión de muerte que, según el Freud de “Inhibición, síntoma y angustia”, prevalece en la neu- rosis obsesiva como resultado de cierta desmezcla puslional, efecto del mecanismo de la regresión, que retrocede desde la lógica fálica hasta la lógica sádico-anal. Esta lógica desvincula el pensamiento del acto, que es el umbral por el que lo simbólico se sumerge en el goce de la vida como deseo. De allí la postergación del acto propia del obsesivo, que sólo puede vivir la vida como compulsión, como ac- ción compulsiva, evitándose de ese modo el encuentro con el riesgo radical de lo desconocido que implica el acto, degradándolo desde su estatuto radicalmente contingente a la lógica de lo necesario que comanda la compulsión. Ese poco de goce de la vida que el obsesivo atisba lo obtiene de allí, de la compulsión. De modo que en cuanto al pensamiento obsesivo, se trata de esa rumiación por la que gira en el vacío, como manifestación de un goce de muerte que posterga indefinidamente el acto. Recuerdo un paciente obsesivo que me decía: “Desde que me levanto hasta que me acuesto tengo un bolero en la cabeza: Estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando. Por lo que tú más quieras, hasta cuándo, hasta cuándo. Y así pasan los días, y yo desesperando, tú siempre contestando:

quizás, quizás, quizás”.

VII. La histeria.

nos volveremos ahora hacia la histeria como nominación de lo simbólico. y allí el síntoma es, como define poéticamente Lacan, la

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flor de lo simbólico; y agrego, la flor que viste a la histeria. no es casual que cuando Freud se refiere a la formación del síntoma neu- rótico en el capítulo VII de “Psicología de las masas y análisis del yo”, haga referencia al síntoma histérico, síntoma en el cual hay una fuerte prevalencia del mecanismo de la represión El ejemplo que da allí es el de la tos de Dora. Recordemos “Inhibición, síntoma y angustia”, allí Freud plantea que el síntoma histérico es el caso más logrado del mecanismo de la represión, que es el mecanismo propio de lo simbólico, que La- can define, desde la lógica del significante, como sustitución de un significante por otro, en el que un significante queda “caído abajo”, unterdrückt. El síntoma obsesivo, en cambio, no es una operación simbólica por excelencia, ya que la regresión opera en él una inhibición, una detención del despliegue de lo simbólico en una imagen. El síntoma fóbico, como veremos, es un resultado extremo, habitualmente no logrado o mal logrado, ya que lo que prevalece en esa estructura (que más que una estructura, es un momento lógico de la misma, en el que un sujeto puede eventualmente quedar detenido) es la angustia. La histérica, en cambio, está sostenida en su síntoma, enarbola su síntoma, enarbola su división subjetiva, que es lo que el síntoma pone de manifiesto. así como la inhibición borra al máximo la di- visión, y la angustia hace presente la división en una magnitud tal que eventualmente anula la división (ya que en ella, el sujeto, al ser pura barra, desaparece y cae como objeto), el síntoma hace presente la división subjetiva en sí misma, dando lugar a la afirmación de lo que estructuralmente son dos modos de goce diferentes (el goce fálico y el otro goce), pero que sufren aquí, particularmente el otro goce, del esfuerzo de su reducción a lo simbólico. Efectivamente, como está prefigurado en Freud a la altura de “Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” 2 , en la histeria se trata de la afirma-

2 Freud, s. “Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad”, en Obras Completas. Ed. amorrortu. buenos aires, 1986. tomo IX.

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ción fantasmática de estas dos vertientes del goce sexual, lo que será retomado por Lacan en “Intervención sobre la transferencia” 3 como rechazo de la histérica a su feminidad corporal. Es en esta misma vía de la afinidad, ya señalada por Freud, entre histeria y feminidad, que encontramos en el Seminario XXIII 4 la in- dicación de Lacan acerca del síntoma como el soporte del otro goce. ¿con qué se enfrenta el sujeto histérico, que está sosteniendo su división subjetiva con su síntoma? se enfrenta con el campo del sentido –si volvemos al nudo de “La tercera”–, con el inconsciente. Dijimos que el síntoma ex-siste al inconsciente, es el partenaire del inconsciente, es de lo que del inconciente se traduce en una letra y se vuelve real. Por eso la posición histérica es la posición más pro- picia a la posición analizante, porque justamente el sujeto histérico está directamente confrontado con el inconsciente, presentando a su vez un síntoma que está fuertemente afectado por el campo del sentido, un síntoma a descifrar. En este nudo de “La tercera”, vemos que Lacan ubica el fenó- meno de la vida, la dimensión viviente del cuerpo, en el registro de lo real. Esa dimensión viviente del cuerpo que va a dar lugar al síntoma histérico por excelencia, que es el síntoma conversivo, en el que encontramos ese factor somático que hace al cuerpo viviente, que se va a entramar con los significantes del inconsciente y va a adquirir un sentido –como lee Freud en síntoma de Isabel de R.:

no puedo dar un paso más. se trata del cuerpo viviente tomado en la lógica del inconsciente, produciendo sentido, por lo que Lacan va a proponer que el arma analítica contra el síntoma es el equívoco. así como dijimos que en la neurosis obsesiva se trata de que perturbe, que desarme la defensa obsesiva, en la histeria se trata del equívoco, se trata de intervenir desarmando el sentido del síntoma.

  • 3 Lacan, J. “Intervención sobre la transferencia”, en Intervenciones y textos 2.

Ed. manantial. Escritos I, buenos aires, 1985.

  • 4 Lacan, J. El Seminario. Libro XXIII. El Sinthome. Ed. Paidós. buenos aires,

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En “La tercera” Lacan plantea que el síntoma es un pececito que lo único que quiere es comer sentido. no se trata entonces de darle de comer más sentido –en el caso del síntoma histérico– sino que se trata de reventarlo con el equívoco, de desarmar esa lógica voraz de sentido propia de la histeria.

VIII. La fobia

Vayamos ahora a la estructura nominada por lo real, por la angus- tia, donde encontramos la fobia. se trata aquí de la angustia como una intromisión de lo real en lo imaginario. El sujeto angustiado es un sujeto que ha perdido el dominio de su cuerpo, de su imagen, de allí que a los casos que se presentan del lado de la angustia se los defina habitualmente como patologías del narcisismo, ya que la an- gustia desarma la imagen narcisista. se trata de la prevalencia de lo real por sobre el cuerpo imaginario, entonces, que pone de relieve el interior del cuerpo; es el sujeto que suda, se descompone, que tiene palpitaciones, que siente que se va a desmayar. En la fobia no es común la constitución del síntoma, en el que interviene el significante fóbico, que constituye, como señala Freud, una ligazón de aquello que está suelto en la angustia. En los casos en los que se consigue esa constitución de un síntoma fóbico, nos encontramos en el campo de lo que Freud llama histeria de angus- tia, de modo ya hay una nominación de lo simbólico, una vertiente histérica, en ese síntoma. Propongo la denominación de fobia para aquellos casos que per- manecen en lo que Freud distingue como un primer tiempo en la formación del síntoma de Juanito. se trata allí de una angustia flo- tante, dispersa, que no está ligada con nada. El sujeto está angustiado, pero esa angustia no se transforma en un miedo concreto a algo, no se sintomatiza, de modo que prevalece toda una serie de fenómenos corporales que hacen presente el interior del cuerpo, lo real del cuer- po, que desarma la imagen narcisista, y que plantean de entrada de

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la pregunta por el diagnóstico diferencial. Efectivamente, se trata de casos en los cuales no está funcionando la lógica del fantasma, con su incidencia en la lógica del síntoma, si no que, por el contrario, en ellos prevalece esa dimensión de lo real que desarma toda posible ligadura. Recordemos que en RSI el partenaire de la angustia es el goce fálico. En el goce fálico se trata de un goce que está por fuera del cuerpo imaginario, fuera del cuerpo narcisista. La imagen del cuerpo se unifica descontando el falo, como indica Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder” 5 en su referencia al mito del falo perdido de osiris embalsamado. osiris es asesinado por su her- mano, despedezado, y sus pedazos tirados al río. Isis logra reconstruir su cuerpo, pero el único pedazo que le falta es justamente el órgano, que se habían comido los peces. De modo que reconstruye la imagen corporal, pero falta el falo. Lo interesante es que con esta momia de osiris que ella arma, concibe un hijo, punto del mito en el que se verifica que el falo es un significante, que se pierde del cuerpo, se descuenta de la imagen narcisista y pasa a operar en otro registro, en el registro simbólico, como significante del goce de la vida. Juanito se enfrenta con esta dimensión del goce, que es el goce fálico, cuando su pequeño pene empieza a moverse. su órgano está por fuera de su imagen narcisista, de esa imagen que él domina; es el órgano fuera del cuerpo, el único órgano que tiene vida propia, que el sujeto no puede maniobrar como maniobra las demás partes de su cuerpo. Es el fuera-de-cuerpo del goce fálico. De allí la referencia de Lacan en “La tercera” a la experiencia de la masturbación en el varón como algo que rompe la pantalla, como ese goce del órgano que rompe con la pantalla del narcisismo. hay una referencia ahí al libro de mishima El pabellón de oro, donde jus- tamente el relato de la primera masturbación habla de la experiencia de una angustia brutal –se trata de esta relación entre la angustia y el goce fálico.

5 Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, en Escritos 2. siglo veintiuno ed. buenos aires, 1985.

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El sujeto angustiado está tomado por la lógica de lo real, que es la lógica de la dispersión, a diferencia de la lógica de lo simbólico, que es la lógica de la ligazón, posibilitada por la capacidad de arti- culación y encadenamiento del significante. como señala Freud en “Inhibición, síntoma y angustia”, el síntoma liga la energía que se manifiesta libremente como angustia. La lógica de lo imaginario es la de la unificación, la de la consis- tencia, la de lo que mantiene unido. La lógica de lo real es la de la ex-sistencia, que hace presente algo que está afuera, fuera del yo, fuera del narcisismo. En ese sentido, aún cuando hay formación de síntoma fóbico, éste mantiene una vertiente real que lo distingue del síntoma histérico. Ex-siste, se sos- tiene solo, ahí afuera, como el caballo de Juanito. La angustia hace presente esa dimensión de lo otro, de una alteridad radical e irre- ductible. Entonces el sujeto angustiado es un sujeto que está toma- do por esa dispersión, perdido. En el caso de la fobia la intervención analítica no va a ser el equívoco, no va a ser perturbar la defensa, no va a ser desarmar al sujeto, que ya está desarmado. Es fundamental distinguir los distintos tipos de neurosis, ya que serán muy diferentes la estrategia de la transferencia y la táctica de la intervención analítica en cada una. En el caso del sujeto angustiado, el analista como alguien que va a sostener un armado. Para sostener ese armado se puede recurrir tanto al campo del sentido como al campo del significante. se trata de que el sujeto pueda adquirir cier- ta consistencia, y que esa consistencia se le vuelva soportable gracias a la dimensión del agujero. De modo que la intervención analítica con la angustia va a operar entre imaginario y simbólico, apuntando por un lado a la construcción en el campo de sentido, y por otro a ligar el goce en juego en la angustia por la vía de la repetición signi- ficante. El analista va a tomar esos significantes que insisten, que se repiten, para que el sujeto pueda volver a encontrarse en ese lugar y pueda construir su síntoma. En la cura de Juanito, que llega con un síntoma fóbico ya cons- tituido, hay sin embargo un trabajo de armado. Que Juanito pueda

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prescindir del síntoma fóbico requiere de toda una construcción del fantasma, que se produce fundamentalmente en el campo del sentido, que le van ofreciendo Freud y el padre.

IX. Dimensiones de la función paterna en las neurosis.

Vamos a dejar abierta la puerta a la próxima clase, que va a ser sobre la función paterna, ya que dedicaremos estos últimos minutos a articular los tipos de neurosis con las tres dimensiones de la fun- ción paterna. comenzaremos por lo que Lacan desarrolla en el Seminario V como los tres tiempos del Edipo. Recuerden que su punto de partida es la función paterna como metáfora, es decir, como la sustitución de un significante por otro, la sustitución del Deseo de la madre por el nombre del Padre, que da como resultado la posibilidad de la signi- ficación fálica. Lacan va a plantear que esa operación se despliega en una temporalidad lógica en la que se pueden distinguir tres tiempos. un primer tiempo en el que la metáfora paterna actúa en sí, está en el orden simbólico, está en la cultura, está velada. En ese primer tiempo el niño está ubicado en el lugar de falo de la madre, de modo que la significación fálica opera en una dimensión puramente imagi- naria, no atravesada por la castración, ya está operando. Por eso este primer tiempo ya es edípico, ya nos encontramos en el campo de las neurosis. En este primer tiempo el nombre del Padre esta velado, latente, pero ya está. Les propongo situar en este primer tiempo del Edipo a la iden- tificación primaria, es decir, la identificación a lo real del otro real, la nominación real. todas las dificultades que tiene Juanito se plan- tean justamente a partir de que él es desalojado de este lugar por la presencia de su pene real, sin encontrar a su vez las condiciones para transitar el segundo tiempo. En este primer tiempo el estatuto del padre es real, es un signi- ficante que tiene una existencia real, que posibilita la significación

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fálica por la que el niño viene al lugar del falo de la madre, pero ese padre todavía no cumple una función ni simbólica ni imaginaria. Es real porque la metáfora paterna está en un estatuto potencial. Este primer tiempo del Edipo indica que ya hubo identificación prima- ria, que ya hubo inscripción del nombre del Padre, que ya hubo nominación de lo real en la estructura. El segundo tiempo. Lacan dice que es el tiempo nodal y negativo del Edipo, en el que el padre interviene, por un lado, privando a la madre fálica, por otro lado, desalojando al niño del lugar de falo de la madre. se trata de esa doble prohibición, a la madre: “no reintegra- rás tu producto”, y al niño: “no gozarás de tu madre”. aquí interviene el padre simbólico, el padre que prohíbe, el padre de la interdicción, el padre que introduce la ley de la castración, que separa al niño de la madre, permitiendo articular la ley al deseo, es la nominación de lo simbólico. aquí se trata de la palabra del padre, del lugar que tiene el padre en la palabra de la madre. En este segundo tiempo podemos ubicar la identificación al rasgo. y finalmente el tercer tiempo, en el que Lacan dice que se trata del padre real o imaginario–yo voy a decir padre imaginario, ya que se trata del padre del sujeto, de ese padre en particular, con su pre- sencia, se trata ahí de que ese padre responda por lo que prometió, que eso que prometió lo mantenga, que pueda responder por eso. Entonces acá yo ubico al padre imaginario, al padre de la realidad, en el ejercicio de la potencia, en el sentido genital del término, de modo que realmente él se haga preferir por la madre y por el niño, que se haga preferir por su potencia fálica. Este padre imaginario es quien va a tener el falo ahora, posibili- tando entonces la identificación al deseo del otro que va a dar lugar a la constitución del Ideal del yo, especialmente en el varón, que va a querer identificarse son su padre, va a querer ser como el padre, y va a recibir el título de virilidad que va a guardar en el bolsillo para cuando tenga que ejercer. En el caso de la mujer hay dos posibilidades en este tercer tiem- po: o que también haga una identificación al deseo del otro, una

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identificación viril; o que busque el amor en la vía del padre, orien- tada por su deseo de falo. Entonces acá encontramos esta presencia imaginaria del padre que va a dar la posibilidad de una nominación imaginaria.

Les propongo que cada una de las neurosis implica una dificul- tad en alguno los tres tiempos del Edipo. comencemos por la fobia. hay en ella, como señalamos respec- to de Juanito, una dificultad para salir del primer tiempo del Edipo, para transitar del primer al segundo tiempo. a la madre de Juanito la palabra de su marido le entra por un oído y le sale por el otro, de modo que el segundo tiempo no se realiza. cuando el sujeto se complica en el pasaje del primer tiempo al segundo del Edipo, la manifestación clínica es la angustia, ya que está impedida la inter- vención pacificadora de la función simbólica del padre. cuando se complica el pasaje del segundo al tercer tiempo del Edi- po, cuando está operando el padre simbólico, pero es el padre imagi- nario el que tambalea, o está alicaído en su función, nos encontramos en el campo de la histeria. En este punto, en el Seminario V Lacan pone el acento en la impotencia del padre de Dora. toda la histeria de Dora gira alrededor de la impotencia del padre, que puede estar ope- rando en lo simbólico, pero en su dimensión imaginaria no sostiene la potencia fálica, impidiéndole a Dora salir de la adoración histérica al padre muerto, al padre ideal. Ella queda atrapada en este síntoma de amor al padre, al padre muerto, al padre ideal, al padre impotente. Finalmente, encontramos la neurosis obsesiva cuando se compli- ca el tercer tiempo del Edipo, cuando la presencia del padre imagi- nario no es una presencia transmisora, cuando la potencia del padre imaginario no transmite el falo. En este punto encontramos en la neurosis obsesiva el fantasma del padre terrible, del padre gozador. El padre perturbador del goce que en lugar de habilitar inhabilita al sujeto. El sujeto queda impac- tado por un padre imaginario terrible, queda inhibido por esa figura potente del padre que no transmite la ley de la castración.

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Intervención: ¿Qué tan viable es ubicar las patologías del acto, las adicciones por ejemplo, en esta irrupción del goce del otro, jus- tamente en ese registro donde no hay un síntoma declarado?, ¿es viable ubicarlo ahí?

Nieves: Efectivamente, en la mayoría de las patologías del acto lo que está en juego es la angustia. Lacan plantea que la angustia es lo que bordea el goce del otro sin barrar, cuando la angustia no está operan- do como señal de la castración, es una dispersión que no logra locali- zar, y en ese sentido, muchas veces el recurso al tóxico es una manera que tiene el sujeto de intentar rellenar el vacío de ese goce sin límite que se le abre. Entonces, es el recurso a una sustancia que también es real, al real de la química para tratar lo real de ese goce del interior del cuerpo que angustia fuertemente al sujeto. y siempre que escuchamos al toxicómano, finalmente nos va a testimoniar de su intensa angustia, y muchas veces es una de las cuestiones mas complejas cuando el toxi- cómano quiere dejar el tóxico esa angustia masiva, la presencia de una angustia sin límites. Es importante distinguir esta dimensión del goce del otro en juego en la angustia de la dimensión imaginaria, fantas- mática, del goce del otro en juego en la neurosis obsesiva.

En las llamadas patologías del acto, el sujeto no cuenta con la operatoria fantasmática propia del funcionamiento neurótico en tanto tal. En el caso de la toxicomanía me parece muy evidente que ha- bitualmente son patologías de la angustia, en las que hay algo de lo real que se encuentra disperso, que no logra ligarse en la vía del síntoma, y que abre la cuestión del diagnóstico diferencial, que no es fácil, ya que no está la estructura neurótica en funcionamiento. se trata de verificar si el sujeto cuenta con el nombre del Padre, aún cuando no está sirviéndose de él, o si se trata de una psicosis. a veces lleva mucho tiempo poder hacer esa distinción. hay otras patologías del acto. se las suelen llamar así a causa de la presencia de impulsiones, que no tienen un carácter sintomático.

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algunas quedan del lado de la angustia, otras del lado de la inhibi- ción, como por ejemplo la anorexia, o ciertas bulimias, en las que el sujeto recurre a una imagen rígida, se sostiene en una imagen fija, con la que detiene todo movimiento, y de esa manera se mantiene a distancia de ese goce que, en cierto modo, podría avasallar al sujeto. Vimos desde la primera clase con Freud cómo la inhibición es el remedio más radical contra la angustia, es la manera que tiene el sujeto de defenderse más tajantemente de la presencia de angustia. ¿Por qué decimos inhibición y patología del acto? porque el su- jeto inhibido en cualquier momento pasa al acto. La inhibición es algo que en algún momento puede explotar, aunque hay sujetos que logran estar inhibidos toda la vida. En el caso de la anorexia, por ejemplo, encontramos a veces la impulsión bulímica, el “atracón”; el sujeto esta ayunando, ayunando, y en un momento no aguanta mas y se come cinco kilos de helado. hay una relación muy estrecha entre impulsión e inhibición. Entonces, a las llamadas patologías del acto las ubicaría entre angustia e inhibición. El síntoma es de otro orden, se contrapone a todo lo que es acting-out y pasaje al acto, ya que le vuelve posible al sujeto transcurrir en relación con la otra escena, con el incons- ciente. un sujeto que está conectado con su inconsciente, que está conectado con esa otra escena, no necesita armar la otra escena en el acting, o caer de la escena como ocurre en el pasaje al acto.

Clase del 29 de mayo de 2008.

V. La función paterna en el nudo

I. Los tres tiempos del Edipo en las neurosis.

En la clase pasada distinguimos tres modalidades diferentes de anudamiento borromeo: aquella en la cual el registro que se duplica es el registro imaginario, la estructura nominada por la inhibición, la neurosis obsesiva; la histeria, en la cual el registro que se duplica es el simbólico, operándose la nominación por el síntoma; y final- mente, cuando el registro que se duplica es el real, la angustia como nominación va a dar lugar a la fobia. Vamos a retomar estos tres tipos clínicos de las neurosis, estos tres nudos, que se pueden deducir de R.S.I., a la luz de lo que son los tres tiempos del Edipo. no sé si hoy lo voy a plantear exactamente igual que la clase pasada, ya que le estuve dando alguna vueltita más. En los tres tiempos del Edipo se trata del anudamiento o la arti- culación entre la función del nombre del Padre y la función fálica, lo que en Freud son el complejo de Edipo y el complejo de castración.

II. El padre real en la fobia

comenzamos por la nominación de lo real, la estructura angus- tiada, del lado de la fobia, en la que lo que está en primer plano es la dimensión real del padre. habíamos dicho que ahí se pone en juego –según el planteo de Lacan en R.S.I.– la identificación primaria, que es la identificación por incorporación, de modo que la presencia que

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está en primer plano, tanto en el nivel del nombre del Padre como del falo, va a ser la presencia real. En el primer tiempo del Edipo el nombre del Padre está en la estructura, está velado, todavía no está actuando, eso recién va a ocurrir en el segundo tiempo del Edipo. En este primer tiempo la manera en que está presente el padre es como identificación prima- ria. El sujeto se encuentra en el lugar de falo de la madre, que es el lugar que se vuelve angustioso para Juanito a partir de que comienza a tener sus primeras erecciones; ahí es donde podemos ubicar justa- mente la presencia real del falo, como goce fálico.

98 / nIEVEs soRIa DaFunchIo está en primer plano, tanto en el nivel del nombre del

Retomemos el nudo borromeo de R.S.I. para ubicar los entre- cruzamientos entre los registros. El sentido entre imaginario y sim- bólico, el goce fálico entre simbólico y real, el goce del otro entre imaginario y real. La angustia, que es un avance de lo real sobre lo imaginario, de lo que ex-site del interior del cuerpo sobre la imagen narcisista, es precipitada por la irrupción del goce fálico, ligado con la dimensión real del falo. Esta dimensión real del falo está ligada a la dimensión real del padre. Por ejemplo, en el caso de Juanito, la mordedura, que remite a esa enigmática mancha negra alrededor de la boca del caballo donde se concentra la fobia, remite por un lado al deseo materno (vertiente puesta de relieve por melanie Klein, y retomada por Lacan, pero por

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otro lado remite a la dimensión real del padre, como se puede deducir de los desarrollos de Freud en “Inhibición, síntoma y angustia” alre- dedor del síntoma fóbico. La mordedura se revela como el reverso de la incorporación canibalística propia de la identificación primaria; el sujeto está en una instancia tal que queda totalmente tomado por la identificación primaria, no ha podido realizar un trayecto segundo, una identificación secundaria. Está tomado por la lógica de la identi- ficación primaria, en la que se pone en juego una reversión –regresiva diría Freud– entre comer y ser comido, entre morder y ser mordido, ya que es recién en la otra vuelta de la identificación secundaria que se termina de establecer un límite entre lo que se presenta como interior y el exterior, límite que no es absoluto, ya que se pone en suspenso sólo en los agujeros del cuerpo; es allí que encontrará su lugar la es- tructura moebiana del ser hablante, que está en el origen de las otras figuras topológicas, el cross-cap y la botella de Klein. De modo que podemos encontrar en la mordedura del caballo esta vía paterna que se presenta como reverso de la incorporación canibalística del padre, donde entra en juego el padre real. En el caso Juanito encontramos cierta vertiente de la mordedura en relación con el padre real, y, por otro lado, las erecciones en rela- ción con esta dimensión real del falo que se vuelve traumática para el sujeto y lo desacomoda del lugar de falo materno, arrasando sobre ese imaginario fálico en el que estaba instalado tan a gusto. hay fobias en las cuales no se constituye el síntoma fóbico, y en las que el sujeto queda detenido en ese primer tiempo de la fobia, en el que es pura angustia. Pero aún en el caso de Juanito, en el que se constituye el síntoma fóbico, vamos a distinguirlo del síntoma histé- rico como nominación de lo simbólico, ya que el significante fóbico en juego en el síntoma fóbico viene a suplir al significante del nom- bre del Padre, como señala Lacan en el Seminario IV 1 , viene al lugar de la función del nombre del Padre que no está siendo vehiculizada

1 Lacan, J. El Seminario. Libro IV. La relación de objeto. Ed. Paidós. buenos aires, 1994. Pág. 402

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por la relación padre-madre, lo que se verifica en el caso Juanito en el hecho de que la madre no preste la menor atención a la palabra del padre. Que la palabra del padre no se constituya como ley para el deseo materno hace que el nombre del Padre no pase al acto, no jue- gue en ese segundo tiempo de privación –tiempo nodal y negativo, en el cual el padre priva a la madre de falo, desalojando al niño de su lugar de falo. El significante fóbico viene de alguna manera a cumplir bastante fallidamente esa función. En el síntoma como nominación de lo simbólico, en cambio, va a estar en juego la identificación al rasgo, y no la identificación pri- maria en sí misma, por lo que el síntoma recorta un rasgo del otro. son dos tipos de síntoma que cumplen una función diferente en la estructura, de modo que la fobia, aún cuando llega a constituir un síntoma, es una presentación de la estructura borromea del lado de la nominación de lo real, del lado de la angustia, ya que se trata de un síntoma que no consigue recortar un rasgo del otro –que sería la operación posibilitada por la identificación secundaria. Este padre real que está en juego en la nominación de lo real, en la angustia, es la dimensión del padre a la que se refiere Lacan sobre el final del Seminario XXII, cuando distingue la función de la nominación en su vertiente nominalista –que sería la operación de ponerles nombres a las cosas, que es un tipo de nominación que se realiza enteramente en el campo de lo simbólico, y que se corres- pondería en el mito bíblico con ese momento en el cual adán les pone nombres a los animales, al estilo de lo que sería la función de la etiqueta, por la que un nombre queda pegado a una cosa. se trata allí de una nominación de lo simbólico, limitada al campo de lo simbólico, que Lacan distingue de otra dimensión de la nominación que sería real, en la que se hace presente el Dios de la biblia que dice: “Yo soy lo que soy”, ese Dios que de alguna manera se nombra a sí mismo, pero que en esa nominación está nombrando algo real, se nombra por lo que es, se nombra por la cosa misma. Entonces ahí, en esa función real de la nominación, Lacan ubica ese agujero inicial que en Freud está hecho de incorporación y expul-

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sión, behajung y austossung, ese agujero primordial con el cual Freud formaliza lo que sería el primer tiempo de la constitución del sujeto a través del yo de placer primitivo, que incorpora lo que es placen- tero y expulsa o escupe lo displacentero. En ese primer movimiento de diferenciación, de admisión y rechazo de significantes, Lacan en- cuentra una operación real en relación a la nominación, por la que el Dios de la biblia que dice “Yo soy lo que soy” es un agujero que traga y después escupe el nombre. ahí seguimos en el plano de la identificación primaria, del padre como nombrante, que Lacan va a distinguir del padre como nombre. Podríamos decir que Juanito cuenta con el padre como nom- brante, pero no puede servirse del nombre del Padre, por eso nece- sita inventar un nombre de síntoma que es el caballo. Para retomar lo planteado en la última clase, podemos ubicar esta dimensión real del falo –que es la que está en juego en la an- gustia –como una dimensión del goce, que es el goce fálico, que se encuentra fuera de sentido, como pueden ver en el nudo. En Jua- nito de golpe el órgano se hace presente en una nueva dimensión, con movimiento propio, lo que lo desacomoda de la identificación con el falo, perturbándolo fuertemente, angustiándolo, en una ex- periencia que en principio está fuera de sentido. El sujeto que viene del lado de la angustia viene padeciendo de la ausencia de sentido.

Intervención: ¿En este punto estás hablando de algo forcluído?

Nieves: no, estamos hablando de la angustia neurótica, estamos hablando del nudo borromeo y de las tres posibilidades que se pueden encontrar en R.S.I. para pensar el nudo borromeo, que también son los tres fenómenos clínicos centrales para Freud a la hora de dar cuenta de la neurosis: inhibición, síntoma y angustia. Estamos refiriéndonos a cierto tipo clínico dentro de la neurosis, que es la fobia, estructura nominada por la angustia, en la cruda vía de la dimensión más real del padre, donde algo de la dimensión simbólica del padre está en impasse. no se trata aquí de la forclusión del nombre del Padre, pero sí de un

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sujeto que no está pudiendo servirse de él. De modo que el padre se hace presente en su dimensión más real, volviéndose devorador en esa regresión oral que señala Freud en “Inhibición, síntoma y angustia”. Esta dimensión devoradora del padre es el reverso del padre que debe ser incorporado en la identificación primaria. En la fobia la identificación primaria está conseguida, hay inscripción del nombre del Padre, lo que no hay es el movimiento siguiente de la identifi- cación secundaria, que permite tomar distancia del padre real, que permite velar esa dimensión real del padre. Por eso clínicamente no es sencillo hacer el diagnóstico estructural entre estos casos y ciertos casos de psicosis –tendremos oportunidad de volver sobre este punto en la segunda parte del seminario con la prueba de la clínica. En la medida que el sujeto angustiado viene padeciendo la ausen- cia de sentido, la intervención analítica que conviene no es segura- mente el equívoco, ni el enigma, que lo va a dejar aún más perplejo, aún más afuera del sentido, de modo que la intervención analítica más indicada se encuentra del lado de la construcción, del armado, de la ligazón. Este movimiento se puede seguir en la manera en que Lacan lee la cura de Juanito en el Seminario IV, cuando distingue las distintas operaciones lógicas que van posibilitando de armado del fantasma.

III. El padre simbólico en la histeria

La segunda posibilidad dentro del nudo neurótico es la estructu- ra nominada por el síntoma como nominación de lo simbólico. así como en relación con la angustia habíamos ubicado la identificación primaria, en relación con el síntoma habíamos ubicado la identifica- ción al rasgo –que es el segundo tipo de identificación que propone Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo”, en el capítulo VII, que justamente ubica como la identificación que lleva a la for- mación de síntoma, y que toma un rasgo del objeto o el rival edípico. se trata de la identificación al rasgo, y el ejemplo que va a dar Freud es la tos de Dora como identificación al rasgo de la persona amada,

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el padre. En esta identificación al rasgo podemos ubicar justamente el elemento propio de lo simbólico, que es el rasgo unario. si pensamos en otro síntoma de Dora, en la afonía, podemos empezar a ubicar claramente la dimensión del padre que está en juego en la histeria, tomando a Dora como ejemplo. tanto Freud como Lacan estudian este síntoma de la afonía en relación con un fantasma, que en la lectura de Freud es el fantasma de fellatio, mien- tras que en la lectura lacaniana se trata de un cunnilingus. En ambos casos lo que organiza, lo que estructura ese fantasma es la impoten- cia del padre. De modo que se trata de un fantasma estructurado alrededor del impasse en el tercer tiempo del Edipo. Recuerden que Lacan propone que en el tercer tiempo del Edi- po el padre debe intervenir con su potencia, en el sentido genital del término. En el Seminario V Lacan va a señalar que no es para nada secundaria la impotencia del padre en la histeria de Dora. más adelante, a la altura del Seminario XVII, Lacan va a formalizar la posición histérica como pareja de un amo castrado, apuntando al punto de impotencia del otro en el lugar de padre, en el lugar de amo 2 . En ese síntoma de la afonía –que es un síntoma en el que se ve claramente la incidencia del fantasma– se trata de una versión del padre en la cual no entra en juego este tercer tiempo del Edipo en el que el padre debe intervenir con su potencia genital, y donde el falo debe quedar ubicado de su lado. En el caso de Dora no sólo el padre se presenta como impotente, sino que, además, no parece haber en el deseo materno ninguna orientación hacia el falo del padre. Es en ese punto que la histérica queda detenida en el amor al padre muerto, en el amor al padre ideal, al nombre del Padre, al padre simbólico. Propongo ubicar también la dimensión simbólica del falo como determinante de la posición del sujeto histérico, en la medida que la pregunta por lo femenino, que Lacan sitúa como central en la estructura histérica, justamente está orientada por la prevalencia

2 Lacan, J. El Seminario. Libro XVII. El reverso del psicoanálisis. Ed. Paidós. buenos aires, 1992. cap. VI.

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de la dimensión simbólica del falo, es decir, de la función de la castración. Los dos sueños de Dora de alguna manera muestran el despliegue de esa interrogación alrededor de lo que queda ubicado en el campo de lo simbólico como una pura negatividad, que es el órgano genital femenino leído como castración. En el caso del síntoma, que habíamos ubicado como una inci- dencia del registro de lo simbólico que avanza sobre el real, encon- tramos por un lado al sujeto histérico, que cuenta con el campo del sentido, que está conectado con el inconsciente –ya que el campo del sentido es donde se van a desplegar las formaciones del incons- ciente, entre imaginario y simbólico–, y lo que va a quedar por fuera o en oposición a lo simbólico es el espacio del goce del otro. Podemos decir entonces que el sujeto que está nominado por lo simbólico está totalmente habitado por el sentido, conectado con el inconciente. Posteriormente, en el Seminario XXIV, Lacan va a ser más radical todavía y va a decir que el sujeto histérico se sostiene en su inconciente. Es en la medida que el sujeto está sostenido en el campo del sentido –y Lacan va a decir justamente que el síntoma se dedica a comer sentido– que la interpretación analítica va a ir a contrapelo del sentido, de modo que la interpretación en la vía del equívoco es la más conveniente para la intervención analítica en la histeria. En el caso de la angustia el analista tiene que tratar la ausencia de sentido, en cambio en la histeria es el sentido lo que tiene que tratar, y para hacerlo debe equivocarlo, o como dice Lacan, hacer reventar el síntoma con el equívoco.

IV. El padre imaginario en la neurosis obsesiva

Finalmente, la nominación de lo imaginario, donde vamos a ubicar la inhibición. Les propongo abordar la neurosis obsesiva como la estructura que está nominada a partir de la duplicación del registro imaginario y a partir de la inhibición. El sujeto obsesivo es un sujeto que se congela en su yo, y a través de ese congelamiento en

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la imagen detiene el despliegue de lo simbólico. El sujeto obsesivo que se atrinchera en el caparazón de su yo. La dimensión del padre que prevalece en la neurosis obsesiva es el padre imaginario, el padre de la realidad. En la neurosis obsesiva esa presencia imaginaria del padre no está orientada hacia una mujer como causa del deseo, que es lo que le permitiría al sujeto atravesar los tres tiempos del Edipo, o como dice Lacan en el Seminario V, salir del Edipo con el título en el bolsillo. El obsesivo queda deteni- do en el trámite del título, en la medida en que el padre no encarna para él un deseo orientado por una mujer como causa. Esta referencia a la mujer como causa de deseo para el padre la encontramos también en RSI, donde Lacan va a decir que un padre sólo tiene derecho al respeto o al amor si está perversamente orien- tado, es decir, si hace de una mujer la causa de su deseo 3 , planteando que esa père-versión es la única garantía de su función de padre. Es un aporte al planteo de los tres tiempos del Edipo, que está bastante centrado alrededor del deseo materno y donde queda un poco en la oscuridad, un poco tras las bambalinas, el deseo del padre en tanto tal. De modo que en el Seminario XXII Lacan agrega la función que tiene en el Edipo el deseo del padre, que se trata de que esté orien- tado por una mujer como causa. Lo que encontramos en el fantasma del obsesivo es que justamen- te se hace presente el goce de un padre que no está pere-versamente orientado –diría Lacan–, que no está orientado por una mujer como causa del deseo. En el hombre de las Ratas, por ejemplo, encontra- mos justamente el fantasma del tormento de las ratas en la que hay un otro –que está en posición de padre– que encarna la figura de un otro gozador, cuyo goce es un goce sádico-anal. En este punto opera la regresión –como señala Freud en “Inhibición, síntoma y angustia”– desde la etapa genital a la etapa sádico-anal. también encontramos esta versión sádico-anal del padre en el fantasma Pegan a un niño, que Freud encuentra en la mayoría de

3 Lacan, J. Seminario XXII. RSI. clase del 2 de enero de 1975. Inédito.

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casos en mujeres obsesivas. Este padre que goza pegando es, nueva- mente, una versión regresiva, sádico-anal, del goce del padre, cuyo goce estaría orientado por el hijo como objeto de goce y no por una mujer como causa de su deseo. hay una desviación en la neurosis obsesiva, que hace presente el padre imaginario, pero desviado de la función que garantizaría al sujeto la salida del Edipo. En el caso del hombre de las Ratas Lacan estudia dos vías, la vía del fantasma y la vía del mito. La desviación en el padre imaginario se hace presente en ambas. En la vía del mito va a ubicar esa doble traición del padre, por un lado, el padre que traiciona al amigo que le presta la plata para pagar la deuda del regimiento, y por otro lado, que traiciona su amor y su deseo por una mujer, ya que en lugar de casarse con la mujer amada y deseada se casa con la mujer rica, de modo que en la pareja padre/madre el padre no está causado por una mujer sino por su plata, que es un equivalente del objeto anal. nuevamente ahí tenemos la versión regresiva en el mito del goce del padre, causado por el dinero –objeto anal– y no por una mujer –que no es exactamente un objeto, sino en todo caso es un objeto causa –diría Lacan. Es también la dimensión imaginaria del falo la que se hace pre- sente en la neurosis obsesiva, por un lado en el fantasma, que es- cenifica una versión regresiva del goce. En el fantasma de Pegan a un niño, el látigo–como señala Lacan en el Seminario V– vendría a encarnar el falo, aunque la versión del goce en juego es sádico-anal; y por otro lado, podemos ubicar también otra dimensión del falo imaginario en la dimensión fálica de la imagen narcisista en la neu- rosis obsesiva, donde toda la lógica de la hazaña, de la proeza, todo aquello que forma parte de la pantomima obsesiva, justamente va a tener que ver con la mostración imaginaria del poderío fálico. De modo que encontramos al falo imaginario en la neurosis obsesiva tanto en la vía del fantasma como en la vía de la imagen narcisista. En el caso de la neurosis obsesiva, donde se trata de la inhibi- ción, de la nominación de lo imaginario, justamente lo que está en juego ahí es el goce del otro. Este goce del otro sin barrar es el que

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se va a poner en juego en el fantasma obsesivo, esa figuración del goce del otro sin barrar, del otro que no existe, que es ese padre gozador imaginario del obsesivo. El sujeto obsesivo que está con su armadura imaginaria sostenido en la lógica del fantasma, donde se trata de hacer consistir ese goce del otro que no existe. En estos ca- sos les propongo la intervención analítica orientada hacia la pertur- bación de la defensa, como conmoción de ese amurallamiento del obsesivo, apuntando a agujerear el caparazón. se trata de perturbar el imaginario del obsesivo, detenido en alguna imagen del goce del otro sin barrar.

V. El sínthoma

hasta aquí hicimos un recorrido por las tres nominaciones de R.S.I. en la perspectiva de la función paterna y la función fálica en el nudo. En el tiempo que queda voy a hacer un breve recorrido por algunas cuestiones de los Seminarios XXIII y XXIV, que dejaré abiertas. algunas de ellas seguramente serán retomadas en la próxi- ma clase por Fabián schejtman, que justamente va a traer algunas cuestiones que él está trabajando en relación con la diversificación del campo de la neurosis en el nudo. Entonces, algunas cuestiones seguramente van a quedar abiertas, pero las vamos a retomar la próxima a partir del planteo de Fabián. En el pasaje del seminario XXII al XXIII, sobre el final del XXII, encontramos el planteo de las nominaciones como duplicación de lo imaginario, de lo simbólico, y de lo real, que lleva a Lacan a pasar del tres al seis: 1,2,3,4,5,6. Los tres registros: 1, 2, 3, y las duplicaciones posibles de cada uno, que lleva al 4,5,6. Incluso el título para el semi- nario siguiente era “ 4, 5 y 6”, que apuntaría a esas tres nominaciones distintas: real, simbólica e imaginaria. Pero cuando empieza el Semi- nario XXIII Lacan dice: “me quedé en el cuatro”, y entonces introduce lo que va a llamar el sínthoma con h como el cuarto, de modo que hay algo del planteo de R.S.I. que de alguna manera él deja caer en

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el Seminario XXIII. Este cuarto término que es el sínthoma podría responder a la misma lógica que Lacan proponía para el nudo borro- meo en R.S.I., ya que están los tres sueltos y es un cuarto que viene a anudarlos borromeanamente. Ese cuarto podría estar, o bien dupli- cando el imaginario, o bien duplicando el real, o bien, duplicando el simbólico. sin embargo, cuando a lo largo del Seminario XXIII Lacan va definiendo el sínthoma, no parece tener la idea de que ese cuarto pueda consistir en una duplicación de cualquiera de los tres registros. ahí es donde algo del planteo de R.S.I. cae. Lacan define al sínthoma como un cuarto término que ex-siste a los otros tres, de modo que le da un valor de real, lo que no quiere decir

que sea una duplicación del registro de lo real. su planteo en el Semi- nario XXIII es que están los tres registros: imaginario, simbólico y real, y este cuarto que es el sínthoma ex-siste a los otros tres, es real respecto de los otros tres, tiene un valor de real, pero, a diferencia del registro de lo real, Lacan va a plantear que el sínthoma mantiene un sentido. a lo largo del seminario XXIII Lacan va a definir al registro de lo real como fuera de sentido, como un registro en el cual no existe nin- guna especie de sentido, sin embargo, va a proponer el sínthoma como lo que mantiene un sentido en lo real. Entonces, no es el registro de lo real en tanto tal, no es una duplicación de lo real, sino que es un real que tiene una singularidad, y es que mantiene un sentido. y ese real, a la vez está producido por el inconciente, ex-siste al inconsciente Por eso a lo largo de todo el seminario Lacan va a insistir en el hecho de que hay un lazo especial entre el sínthoma y lo simbólico, si bien el sínthoma tiene un valor real, tiene un lazo especial con el sím- bolo. con estos términos de sínthoma y símbolo podemos retomar las dos funciones que veníamos estudiando en el nudo, la función del padre y la función del falo. En el Seminario XXIII Lacan va a definir este cuarto término que anuda, que es el sínthoma, como el complejo de Edipo freudiano, planteando en la primera clase: “El complejo de Edipo es como tal un sínthoma, es en tanto que el Nombre del Padre es también el Padre del Nombre que todo se sostiene, lo que no vuelve menos necesario el

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 109

sínthoma” 4 y ahí anuda estas dos dimensiones: padre nombrante y nombre del Padre. Estas dos dimensiones que en R.S.I. habían que- dado separadas, que es la dimensión real del padre como nombrante y la dimensión simbólica del padre como nombre, las dos quedan subsumidas en el Seminario XXIII por la noción de sínthoma.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 109 sínthoma” – y ahí anuda estas dos dimensiones: padre nombrante

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El sínthoma, en la medida que hace confluir estas dos dimensio- nes del padre, condensa a su vez los tres tiempos del Edipo, de modo que este cuarto articula esas tres dimensiones que en R.S.I. podían quedar separadas. De modo que este cuarto va a poner en juego estas dos funciones: la función del padre y la función del síntoma. Entonces podemos ubicar justamente al padre como sínthoma y al falo como símbolo. Esas dos dimensiones, del símbolo y del sínthoma, que insisten a lo largo del Seminario XXIII, retoman estas dos vertientes de la función paterna en el nudo. Lacan en algún lugar va a decir que el único símbolo que hay es el falo, que el falo es el único significante que realmente es un sím- bolo, en ese sentido no es un significante similar a los otros. Es el único significante que a la vez es un símbolo, es el único significante que tiene esa raíz imaginaria que le permite ser a la vez un símbolo. El falo es el símbolo por excelencia.

  • 4 Lacan, J. El Seminario. Libro XXIII– El sínthoma. Ed. Paidós. buenos aires, 2006. Pág. 23.

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Lacan despliega a lo largo del seminario esta duplicidad entre símbolo y sínthoma, que va a formalizar alrededor del discurso del amo –el discurso del amo es también una formalización del Edipo freudiano.

110 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Lacan despliega a lo largo del seminario esta duplicidad entre símbolo

Va a plantear que en el discurso del amo está el s1, que represen- ta al sujeto, y por otro lado va a estar el s2, que produce el objeto. En el s2 Lacan va a ubicar la función de producción del objeto, que se produce entre los significantes. Dice: “El S2 es la conjunción entre dos significantes que lo que produce es un objeto”, agregando: “El S2 es la duplicidad del símbolo y del sínthoma” 6 ¿cuál es entonces el estatuto del sínthoma en el Seminario XXIII? Es el complejo de Edipo, es real en la medida en que ex-siste a los tres registros, que no se confunde con ninguno de los tres registros, no es ni lo imaginario, ni lo simbólico, ni lo real. Por otro lado, va a estar siempre íntimamente enlazado al símbolo; ese cuarto –que es el sínthoma– va a tener siempre una relación especial con lo simbólico, y en ese sentido podría decirse que de alguna manera el sínthoma del Seminario XXIII retoma especialmente lo que a la altura de R.S.I. era la nominación de lo simbólico, la retoma especialmente aunque no solamente. no se puede hacer equivalente el sínthoma del Seminario XXIII a la nominación de lo simbólico, ya que el sínthoma tiene un carácter de real que incluye la función del padre como nombrante, pero va a tener un lazo especial con el inconsciente. sobre el final de la primera clase del Seminario XXIII Lacan define al lazo que tienen el sínthoma y lo simbólico como un falso agujero, dibujándolo del siguiente modo:

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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 111 7 Es un falso agujero porque son dos cuerdas que

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Es un falso agujero porque son dos cuerdas que están engancha- das pero no anudadas, entonces se pueden separar. y plantea que la única manera de que realmente haya un verdadero agujero entre sínthoma y simbólico es que intervenga un tercer término, que pue- de ser una recta infinita, que va a intervenir como consistencia, que los va a mantener unidos, y ahí es donde él va a ubicar la dimensión del cuerpo. El cuerpo le va a dar consistencia al anudamiento entre sínthoma y simbólico.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 111 7 Es un falso agujero porque son dos cuerdas que

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Estamos distinguiendo el sínthoma de las tres nominaciones de R.S.I. Por un lado tiene cierto carácter de real que no tiene la nomi- nación de lo simbólico en R.S.I., pero a la vez tiene un lazo particular con lo simbólico. Ese lazo particular lo tiene con lo simbólico, no lo tiene ni con lo imaginario, ni con lo real. Incluso Lacan propone dis- tintas versiones del nudo en las que quedan por un lado imaginario y

  • 7 Ibid. Pág. 24.

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real en los extremos de la cadena borromea, y en el medio el sínthoma y lo simbólico, planteando que se pueden hacer distintos movimien- tos, pero que siempre lo que se puede intercambiar son imaginario y real, ya que el sínthoma tiene un lazo particular con lo simbólico. habría un enlace particular entre imaginario y real por un lado, y entre sínthoma y simbólico por otro.

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Para que este lazo singular entre sínthoma y símbolo se sostenga, tiene que estar el cuerpo comprometido ahí. Para obtener un verda- dero agujero es necesario una consistencia que los mantenga unidos, y ahí entra el cuerpo.

VI. El amor al padre en el seminario XXIII

Veíamos cómo en R.S.I. Lacan ubica en lo más real del nudo, que es la nominación de lo real, donde se va a poner en juego la angustia, a la identificación primaria. allí situamos la admisión sim- bólica del nombre del Padre, que no es posible sin el amor, de allí la referencia al carácter canibalístico de esta identificación; por otra parte está la definición del padre digno de amor y respeto que La- can propone en el mismo seminario. cuando el padre no es digno de amor y respeto el resultado es la verwerfung, es la forclusión, allí encontramos nuevamente la cuestión del amor al padre.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 113

a veces digo, para enojo de algunas, que no existe el amor a la madre, que el amor es el amor al padre, ya que la madre en tanto tal es necesaria. La madre, que es lo necesario, que es la Cosa, lo que genera justamente es una modalidad de lazo que solamente se va a poder trasmutar en amor vía el padre. Lo materno en tanto tal no da lugar al amor, lo que da lugar al amor es la función del padre, como función de la castración. El ser hablante sólo tiene noticia de la dimensión del amor en relación con la función paterna. Por eso Lacan va a señalar, por ejemplo en el Seminario XXI, 10 que cuando no está operando la función paterna el sujeto queda por fuera de la dimensión amor.

sobre el final del Seminario XXIII, Lacan va a hacer un juego de palabras, refiriéndose al nudo borromeo como nudo bo, en francés noeud bo, logrando así una homofonía con Mont Neubo, el monte neubo, en el que Dios le entregó las tablas de la ley a moisés: “La pere-versión es la sanción del hecho de que Freud hace que todo se sos- tenga en la función del padre, y el nudo bo es esto”. y más abajo dice:

“El nudo bo no es más que la traducción de esto, que el amor que se pue-

de calificar de eterno se dirige al padre, en tanto que éste es el portador de la castración” y un poco más abajo dice: “Evocar al Monte Neubo, donde como se dice fue dada la ley, esta ley no tiene nada que ver con las leyes del mundo real, la ley de la que se trata en este caso es simplemente la ley del amor, es decir la père-versión” 11 . La père-versión es la ley del amor, que es el amor al padre.

VII. El amor al padre en el seminario XXIV.

así como en el Seminario XXIII Lacan pasa de esas tres posibi- lidades del nudo que son las nominaciones imaginaria, simbólica

10 Lacan, J. SeminarioXXI. “Les non-dupes errent”. Inédito. clase del 19 de marzo de 1974. 11 Lacan, J. El Seminario. Libro XXIII. El sínthoma. Ed. Paidós. buenos aires, 2006. Pág. 148.

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y real, al nudo de cuatro, al sínthoma, el pasaje que se produce del Seminario XXIII al XXIV es que Lacan deja un poco de lado la cues- tión de la cantidad de redondeles, y se centra en que esos redondeles en lugar de ser cuerdas van a ser toros anudados. En este seminario Lacan va a dirigir una crítica hacia la concep- ción esférica de mundo propuesta por Freud, que va a encontrar, por ejemplo, en el esquema del“El yo y el ello”. Lacan califica de de- bilidad mental a esa concepción esférica del mundo que encuentra en Freud, mientras que su planteo es que el mundo es tórico, ya que la estructura del cuerpo es tórica, y el menor abordaje anatómico del cuerpo muestra que se trata del toro. Para ello va a hacer referencia a un corte posible de situar en el desarrollo embrionario, que figura al cuerpo como un toro con dos agujeros, que son la boca y el ano.

114 / nIEVEs soRIa DaFunchIo y real, al nudo de cuatro, al sínthoma, el pasaje que

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En sus incursiones con los toros va a proponer una manera de pensar la histeria, que de alguna manera continúa el planteo del Seminario XXIII, en la vía de darle una lugar más fundamental a la dimensión de lo simbólico, dentro del campo de las neurosis. En este seminario Lacan va a decir directamente que Freud se dio cuen- ta que la estructura neurótica era fundamentalmente histérica. a medida que avanzamos en la enseñanza de Lacan del Seminario XXII en adelante, podemos ubicar lo más estructural de la neurosis obsesiva en la estructura histérica, de modo que las intervenciones analíticas sobre las otras modalidades de neurosis pueden finalmente llevar a la presentación histérica, a la histerización, a poner en primer

12 Lacan, J. Seminario XXIV. L'ínsu que sait de l’une bévue c’est l’amour”. Inédi- to. clase del 14 de diciembre de 1976.

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plano la nominación de lo simbólico y el trabajo del inconciente, que es justamente la tarea analítica fundamental. En el Seminario XXIV va a decir: “La histérica está sostenida en su forma de garrote por una armadura, distinta de su conciente, que es su amor por su padre” 13 . Para dar cuenta de la manera en que funciona en la histeria el amor al padre parte de dos toros entrelazados, en- ganchados cada uno en el agujero del otro.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 115 plano la nominación de lo simbólico y el trabajo del

se opera un corte en uno de los toros y se lo da vuelta, por lo que queda envolviendo al otro toro, el otro toro queda adentro.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 115 plano la nominación de lo simbólico y el trabajo del

Esta es la presentación de lo que sería el garrote histérico soste- nido en la armadura del amor al padre, que es una transformación de la figura anterior. De modo que este toro que envuelve al otro es el amor al padre. En otros planteos posteriores hace la misma ope- ración con tres toros, y hasta se puede hacer con más de tres, lo que posibilitaría abordar estas cuestiones en relación con el nudo borro- meo de cuatro. se pueden juntar cuatro toros, anudarlos borromea- namente, cortar uno de ellos y con ese envolver a los otros tres. Pero acá lo que le interesa a Lacan no es tanto ubicar la diferencia en los registros y demás, sino cómo el amor al padre envuelve todo.

13 Ibid. clase del 14 de diciembre de 1976.

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otra cuestión interesante en este seminario es que Lacan se de-

fine como un histérico perfecto, es decir, sin síntomas. y dice: “La diferencia entre la histérica y yo es ésta, es que la histérica está sostenida en su forma de garrote por una armadura, distinta de su conciente, y que

es su amor por su padre” 14 . En cambio, respecto de su propia posición, señala: “Yo, en suma, a fuerza de tener un inconsciente, lo unifico con mi consciente” 15 . así, propone que en la histérica el inconsciente y la conciencia están diferenciados, ya que ella está sostenida en el amor inconsciente al padre, que ella desde su conciencia no tiene noticia del amor por el padre como armadura, mientras que él, en cambio, no está sostenido en el amor por el padre, ya que unifica o unificó –no sé si es algo que ya está conseguido, me parece que es algo que hace todo el tiempo– consciente con inconsciente. hay entonces una alternativa a la posición histérica sostenida en la armadura del amor al padre, que sería la histeria sin síntomas, la histeria no neurótica, no sostenida en el amor al padre, posición en la que el sujeto estaría todo el tiempo unificando consciente con inconsciente. De modo que no se sostendría en la represión, que sería lo propio de la posición neurótica según Freud. otra cuestión interesante es que aquí Lacan plantea que la ope- ración analítica, que es una operación que prioriza el registro de lo simbólico y el trabajo sobre el inconsciente, también produce un envolvimiento de los otros registros por el registro simbólico:

“Supongamos los tres toros, lo real, lo imaginario y lo simbólico, ¿qué vamos a ver al volver sobre sí mismo lo simbólico procediendo por un corte?, vamos a ver una disposición completamente diferente del nudo borromeo. Al volverlo, el toro de lo simbólico envuelve totalmente lo imaginario y lo real, es en eso que el uso del corte en relación a lo simbó-

lico corre riesgo de provocar, al final de un psicoanálisis, una preferencia dada en todo al inconciente” 16 .

  • 14 Ibid. clase del 14 de diciembre de 1976.

  • 15 Ibid.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 117

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 117 Por eso dice un poco más adelante: “Experimentar un psicoaná-

Por eso dice un poco más adelante: “Experimentar un psicoaná- lisis marca un pasaje… el hecho de haber hecho un psicoanálisis no podría ser vuelto a llevar al estado anterior, salvo al practicar otro corte que sería equivalente a un contra psicoanálisis. Es precisamente por eso que Freud insistía para que los psicoanalistas vuelvan a hacer lo que co- rrientemente se llama una tajada, es decir, que hagan una segunda vez

el corte restaurando así el nudo borromeo en su forma original.” 17 En la perspectiva que les propongo aquí hay dos cuestiones para señalar de este planteo. Por un lado, Lacan señala una estructura bastante similar entre la histeria, fundamento de la neurosis, soste- nida en el amor al padre, y la operación analítica. El envolvimiento impide el funcionamiento borromeo de la es- tructura, ya que impide el soltamiento de los toros que quedan den- tro. Pero si se lo vuelve a cortar y se vuelve a dar vuelta al simbólico, se restablece el anudamiento borromeo.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 117 Por eso dice un poco más adelante: “Experimentar un psicoaná-

17 Ibid.

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Entonces, por un lado ubica la estructura fundamental de la neu- rosis envuelta por lo simbólico, por el inconciente, por el amor al padre, y por otro lado, una suerte de duplicación de esta operación en el análisis, en la medida en que el análisis corre el riesgo de darle una preferencia en todo al inconciente y de producir este envolvi- miento. ahí es donde propone el contrapsicoanálisis, cuya referencia es el planteo freudiano de “análisis terminable e interminable” en cuanto al análisis del analista, quien cada tanto tendría que volver a analizarse. Es una versión distinta de la temporalidad del análisis de la que él mismo proponía anteriormente, cuando situaba el final del análisis como el fin de un recorrido, mientras que acá mas bien plantea que cada tanto hay que deshacer esta operación de envolvi- miento por lo simbólico. aquí queda abierta la cuestión de que quizá la operación ana- lítica, que de alguna manera redobla la estructura histérica –en el sentido de que tiende a envolver con el registro de lo simbólico, al orientarse por el trabajo con el inconsciente y con la función pater- na–, de alguna manera devolvería la estructura neurótica a su estado fundamental, tanto en su presentación por el lado de la fobia, como en su presentación por el lado de la neurosis obsesiva, ya que el movimiento de la cura analítica conduce hacia la nominación de lo simbólico, hacia la histerización de la neurosis.

Intervención: ¿Lacan después dice algo diferente respecto a la po- sición de él respecto de la histérica?

Nieves: Es algo que dice al pasar, marcando claramente una di- ferencia. Insiste en la diferencia entre el sujeto histérico y él en la medida que el sujeto histérico está sostenido en el amor al padre, que es algo distinto de su consciente, de modo que consciente e in- consciente están bien diferenciados. ahí está operando la represión, en ese sentido es la estructura fundamental de la neurosis. cuando él habla de su propia histeria dice que es un histérico perfecto, sin síntomas, y allí se refiere a la unificación entre consciente e incons-

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 119

ciente en la que él se sostendría. En lugar de sostenerse en el amor al padre, se sostendría en una especie de análisis permanente, en un proceso permanente de hacer consciente lo inconsciente –me parece que retoma el planteo freudiano desde ahí.

Apéndice

Clase del 19 de junio de 2008

a continuación sigue la presentación realizada por marcela mas, psicoanalista y médica, del desarrollo embrionario al que se refiere Lacan en su primera clase del Seminario XXIV, al hacer referencia a la estructura tórica del cuerpo.

Desarrollo embrionario

Las células del embrión de 7 días–blastómeras– componen una esfera hueca denominada blastocisto. En uno de sus polos se distingue un cúmulo de células denominada macizo celular interno. El sector de dicho macizo relacionado con la cavidad del blastocisto, se diferen- ciará dando lugar a una capa unicelular– endodermoconstituyendo la primera hoja germinativa del embrión propiamente dicho.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 119 ciente en la que él se sostendría. En lugar de

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Durante la segunda semana, el embrión ya es bilaminar. su hoja dorsal recibe el nombre de ectodermo. Junto al endodermo confor- man un disco de 0.25 mm. Este disco presenta dos estructuras: la línea primitiva y la placa procordal. El embrión bilaminar se encuen- tra ubicado entre la cavidad amniótica y el saco vitelino.

120 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Durante la segunda semana, el embrión ya es bilaminar. su hoja

Durante la tercera semana de gestación se conforma el sistema cardiovascular primitivo y se genera una tercera capa, mesodermo, mediante un proceso denominado gastrulación. Dicho proceso se produce entre el ectodermo y el endodermo. El proceso de gastru- lación consiste en la invaginación de células del ectodermo que se intercalaran entre el ectodermo y el endodermo, hacia las zonas la- terales del disco. Este alejamiento de la línea media se denomina divergencia, y es seguido por la elongación de esta nueva capa, para finalmente converger en el extremo opuesto.

120 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Durante la segunda semana, el embrión ya es bilaminar. su hoja

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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 121 Es a partir de la cuarta semana que la anatomía

Es a partir de la cuarta semana que la anatomía del embrión cambia, puesto que ha dejado de ser una estructura plana y se ha convertido en un cuerpo cilíndrico hueco, merced a los plegamien- tos que acontecen a lo largo y a lo ancho del embrión.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 121 Es a partir de la cuarta semana que la anatomía

Este cambio en la conformación del embrión se debe también a la evolución seguida por la cavidad amniótica, el saco vitelino y el pedículo de fijación. tanto el pedículo de fijación como el conducto vitelino generan el cordón umbilical primitivo.

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VI. De nudos neuróticos 1

Nieves: tengo el gusto de presentarles a Fabián schejtman, a quien ustedes conocen. Es psicoanalista, miembro de la EoL y la amP, titular de la cátedra de Psicopatología II de la Facultad de Psicología y docente del Icba. Quiero presentarlo con un sueño que tuve justamente anoche, y que no es casual, ya que, como verán, en él se trata de una transferencia de trabajo, que es la que hace que hoy esté Fabián aquí, y que dio lugar también a lo que será el tema de mi seminario del año próximo. En mi sueño Fabián y yo intercambiábamos textos entre su com- putadora y la mía. Los textos iban y venían, hasta que algo, un nudo, caía. se trataba de una figura extraña, su parte superior era un torso de mujer con cabellos largos, al estilo de los mascarones de proa de los barcos vikingos, sólo que hueco por dentro, y hecho de cintas que iban y venían de un lado a otro. se continuaba hacia abajo a través de una serie de figuras que podrían conformar las distintas partes de un tótem, siempre por medio de cintas que se anudaban. yo decía “es un nudo imposible”. De modo que le agradezco a Fabián tanto su presencia hoy aquí como anoche en mi sueño, que dio lugar a la caída de este nudo imposible de lo femenino, que me ha causado a proponerles trabajar el año próximo sobre Nudos del amor. Escuchemos ahora a Fabián.

1 Versión no corregida por Fabián schejtman.

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I. Realismo nodal

Fabián Schejtman: hoy me ocuparé de lo que efectivamente en matemáticas se llama teoría de nudos. hay tipos de síntomas, es de- cir que por un lado hay lo que no hay, no hay relación sexual, pero por otro, hay lo que hay, y Lacan dice entonces Hay una clínica y hay tipos de síntomas, es decir, de nudos 2 . En efecto, en la perspectiva de lo que es la clínica psicoanalítica, ésta se soporta de la tesis de Lacan de que …hay tipos de síntomas, es decir, de nudos. como ven hay una equivalencia en la frase de Lacan entre síntomas y nudos, y Lacan agrega para avanzar sobre el asunto:

Y el tipo de síntoma histérico no es el tipo de síntoma obsesivo 3 . si segui- mos esta perspectiva, hay un nudo de la histeria que no es el nudo de la obsesión, de modo tal que eso no es una cuestión que podría eventualmente modificarse. La idea de Lacan –me parece que ésta es la perspectiva– es que en lo real hay tipos de síntomas. y si queremos ser mas drásticos, retomando la primera enseñanza de Lacan, el tipo de síntoma neurótico –el nudo neurótico– no es el tipo de síntoma psicótico, es decir, el nudo psicótico. si uno va, en efecto, a la teoría de nudos, encuentra las llamadas tablas de nudos. En las tablas de nudos tienen ustedes clasificados, hasta donde ello es posible para nosotros en la actualidad, lo que se llaman nudos. un nudo es una cosa muy sencilla, es una cuerda que está unida en sus extremos. En la tabla de nudos, el nudo más sencillo se llama trivial, es el primero de los nudos, porque la tabla de nudos clasifica a los nudos en función de los puntos de cruce, sus puntos de cruzamiento, y en el nudo trivial no hay ningún punto de cruce.

2 Lacan, J. “autocomentario”. En Uno por uno nº 43. Eolia. buenos aires,

1996.

3 Ibid.

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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 125 Luego tienen ustedes un posible nudo de un punto de

Luego tienen ustedes un posible nudo de un punto de cruce, que sería como una especie de ocho:

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 125 Luego tienen ustedes un posible nudo de un punto de

El nudo trivial se escribe 0/1, cero indica que no hay ningún punto de cruce, ningún lado donde una hebra pase por debajo o por encima de otra. uno, es que existe sólo un nudo trivial en lo real, quiero decir que ustedes no pueden hacer existir otro nudo con cero puntos de cruce que no sea éste. Puede haber presentaciones distintas de este nudo trivial, es decir que yo puedo hacer esto, por ejemplo:

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 125 Luego tienen ustedes un posible nudo de un punto de

Pero evidentemente este nudo es equivalente a éste. Quiero que vean que el que yo acabo de hacer aquí también es equivalente al

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nudo trivial, porque éste es en verdad un pseudo punto de cruce, si ustedes hacen un seguimiento, por una deformación continua llegan al nudo llamado trivial. no hay tampoco nudos con dos puntos de cruce, ven aquí que el punto de cruce uno y el punto de cruce dos son pseudo puntos, porque si ustedes lo sacuden un poco así, enseguida vuelven al nudo trivial:

126 / nIEVEs soRIa DaFunchIo nudo trivial, porque éste es en verdad un pseudo punto de

El segundo nudo que existe en la tabla de nudos es el nudo de trébol, que tiene tres puntos de cruces. El nudo de trébol, en efecto, sí es distinto al nudo trivial, no es una presentación otra del nudo de cero punto de cruce, sino que a éste lo escribimos 3/1. En lo real no existe otro nudo de tres puntos de cruce que no sea éste, ya que, por ejemplo, este otro nudo, que es el que usamos para atarnos los zapatos, si ustedes unen los extremos, se ve que hay tres puntos de entrecruzamiento, pero estos dos nudos son equivalentes, sacudan ustedes el nudo de atar los zapatos y se van a encontrar con el nudo de trébol, son dos presentaciones del mismo nudo:

126 / nIEVEs soRIa DaFunchIo nudo trivial, porque éste es en verdad un pseudo punto de

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 127

Lo mismo ocurre con el de cuatro puntos de cruce –que no voy a dibujar. Existen en lo real solamente dos nudos de cinco puntos de cruce. Es interesante porque en el Seminario XXIII Lacan a uno de estos dos nudos de cinco puntos de cruce lo llama “nudo de Lacan”. En la página 21 propone darle a ese nudo, que escribimos 5/2, su nombre.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 127 Lo mismo ocurre con el de cuatro puntos de cruce

Existen –como les dije– en lo real solamente dos nudos con cin- co puntos de cruce, éste llamado nudo de Lacan y este otro, que he llamado hace un tiempo “nudo del che”, el nudo del che gue- vara, además. como estamos cerca del aniversario número ochenta del nacimiento de Ernesto che guevara, podemos hacerle nuestro sencillo homenaje.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 127 Lo mismo ocurre con el de cuatro puntos de cruce

El nudo del che se escribe en la teoría de nudos 5/1. Estos su- bíndices 1 y 2 quieren decir que en lo real existen dos ejemplares, y sólo dos nudos de cinco puntos de cruce. no es que uno puede

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deformar uno y llegar al otro, en ese caso son distintas presentaciones del mismo nudo –como les decía recién del nudo de trébol– estos nudos son realmente distintos, y lo vamos a probar tomando como base un invariante. En la teoría de nudos los invariantes nos sirven justamente para diferenciar nudos, por ejemplo, el número de puntos de cruces es un invariante, pero es evidente que en este caso el número de puntos de cruce no nos sirve como invariante para distinguir los dos nudos, porque los dos nudos tienen cinco puntos de cruce. Podemos usar un segundo invariante que se llama número de desencadenamiento o número de desanudamiento, y consiste en lo siguiente: tomando los puntos de cruce de un nudo, ¿cuántos puntos de cruce tengo que modificar –y modificar quiere decir lo que Lacan en el Seminario XXIII llama lapsus del nudo– para que un nudo devenga trivial, es decir, para que un nudo se desate, se desanude, se desarme? si ustedes toman el nudo que llamé “nudo del che”, es bien evidente que para que este nudo se desate no alcanza con cometer un lapsus del nudo, uno solo. ¿un lapsus del nudo qué sería? su- pongamos en el punto de cruce número dos, que yo allí cambié la hebra que pasa por encima por aquella que pasa por debajo.

128 / nIEVEs soRIa DaFunchIo deformar uno y llegar al otro, en ese caso son distintas

si yo cambio el punto de cruce y escribo esto, ahí cometí un lapsus, en este punto. si yo hago eso, no hago que el nudo del che devenga nudo trivial, en realidad lo convierto en un nudo de trébol. yo podría reducir esto y escribirlo así:

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 129

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 129 se ve que se redujo a tres puntos de cruce

se ve que se redujo a tres puntos de cruce nada más, y con un solo lapsus yo lo que consigo es que el nudo de cinco puntos de cruce se convierta en un nudo de tres puntos de cruce. Es preciso entonces introducir un segundo lapsus del nudo en cualquiera de los tres puntos que restan para que efectivamente el “nudo del che” devenga un nudo trivial, es decir, que el simple anillo se desanude. conclusión, el número de desanudamiento de 5/1 es dos, para que el 5/1 devenga trivial es preciso introducir dos lapsus.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 129 se ve que se redujo a tres puntos de cruce

¿Qué ocurre con el “nudo de Lacan”? Van a ver que en esto se com- porta distinto al “nudo del che”, demostramos invariantes distintos que son dos nudos diferentes. ocurre que en el “nudo de Lacan” los cruces no son simétricos, en el “nudo del che” sí. En él cualquier punto de cruce se comporta igual respecto de los otros cuatro. si yo tomo el punto de cruce número dos, éste tiene la misma relación con los otros cuatro, que cualquiera de los otros cuatro con el resto. En cambio, en el nudo de Lacan los puntos de cruce son disimétricos.

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Intervención ¿si tuvieran el mismo número de desanudamiento serían iguales?

Fabián: no necesariamente serían iguales porque hay que ir pro- bando los distintos invariantes hasta que los demuestre distintos. Por ejemplo, el número de puntos de cruce nos da igual, y no nos alcanza eso para saber que son desiguales, pero en el caso del núme- ro de desanudamiento, si allí nos da que efectivamente el número es otro, allí tenemos dos nudos distintos. El “nudo del che” es un nudo revolucionario. La idea de Lacan de lo que es una revolución es que una revolución puede comenzar, girar a 360° y volver al mismo lugar, de modo que tiene una idea un poco devaluada de los efectos de una revolución. El “nudo del che” es como una especie de ruleta, ustedes lo toman desde acá, lo hacen girar así, y no importa en qué número cae, siempre lo van a tener de la misma manera, es simétrico. En el “nudo de Lacan” –y no por nada Lacan le pone a ese su nombre– hay una disimetría evidente que está presente, adquieren una relación de equivalencia los puntos de cruce uno, dos y tres, pero no ocurre lo mismo con el cuatro y con el cinco. si ustedes producen un lapsus en el punto de cruce número cuatro, tenemos un trivial, es decir, se desata:

130 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Intervención ¿si tuvieran el mismo número de desanudamiento serían iguales? Fabián

con una sola modificación en este punto de cruce, ustedes des- atan el “nudo de Lacan” y lo vuelven un nudo trivial. Lo mismo ocu- rre –vuelvo a la perspectiva anterior– si ustedes introducen un lapsus

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en el punto de cruce número cinco, con un solo lapsus, con una sola modificación, el nudo de Lacan deviene nudo trivial. Pero, y acá está toda la cuestión, si el lapsus lo producen en el punto uno, dos, o tres, el “nudo de Lacan” no se desata, y deviene nudo de trébol, es decir, reducimos de cinco puntos de cruce a tres puntos de cruce. En el “nudo del che” es indiferente dónde introduzcan ustedes esos dos lapsus, son necesarios dos lapsus para desatarlo. Pero en el “nudo de Lacan” no es indiferente dónde introduzcan ustedes el lapsus del nudo, puesto que en dos lugares se desata con un solo lapsus, y en los otros tres lugares se desata con dos lapsus. consecuencia de esto: el número de desanudamiento del “nudo de Lacan” es uno, porque el número de desanudamiento en teoría de nudos se define como la menor cantidad de lapsus que hay que introducir en un nudo para que el nudo se desate. ustedes no pue- den desatar el “nudo del che” más que introduciendo dos lapsus; en el “nudo de Lacan” con un solo lapsus alcanza para desatarlo, según dónde ustedes introduzcan ese lapsus. Lo que quiero señalar es lo siguiente: en lo real existen solamente dos nudos de cinco puntos de cruce. no sólo que esto se ha demos- trado –por teoremas que yo no voy a repetir acá, por cierto– que estos dos nudos son distintos, sino que no puede haber, que hay una imposibilidad en juego allí –es muy interesante porque ahí nos cruzamos con el sueño de nieves–, hay una imposibilidad en juego:

es imposible que exista un tercer nudo de cinco puntos de cruce, hay solo dos, y esos dos son los que acabo de indicar. hay mil y una presentaciones de nudos con cinco puntos de cruces, pero cualquie- ra de esas presentaciones por una deformación continua se reduce a estos dos ejemplares que existen en lo real. Les diría entonces que en la perspectiva de Lacan hay un realismo nodal, porque tengo la idea con Lacan de que hay tipos de síntomas, así como hay tipos de nudos. Esto quiere decir que no por nada Freud habló –y Lacan lo retoma– de las tres grandes estructuras neuróticas, hablo solamente de las neurosis porque están trabajando las neurosis en este seminario, pero lean el libro de nieves sobre las

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psicosis y van a ver que podemos decir algo análogo respecto de las psicosis. hay tres estructuras neuróticas y solo tres. En lo real hay tres nudos de seis puntos de cruce, hay siete nudos de siete puntos de cruce, veintiún nudos de ocho puntos de cruce, y hay treinta y seis nudos de nueve puntos de cruce. y creo que los ma- temáticos han cargado las computadoras para saber cuántos nudos de catorce y quince puntos de cruce hay, porque todavía no se sabe. Estoy señalando, entonces, que hay desde la primera enseñanza de Lacan hasta el final una consideración que llamaría la tesis de la estructura real en Lacan, sólo que esta estructura en la última parte de su enseñanza está abordada en términos nodales. Lo que soporta la diferencia entre neurosis y psicosis es un anu- damiento distinto, un encadenamiento distinto, que con algunos amigos hace un tiempo propusimos de esta manera: la cadena bo- rromea no es lo mismo que la cadena no borromea, y esa es la di- ferencia básica que soporta la distancia que Lacan establece en la última parte de su enseñanza entre la neurosis y la psicosis.

II. Cadenas borromeas

hoy me voy a dedicar especialmente a las neurosis, vamos a ha- blar de cadenas borromeas, pero en principio podríamos decir que hay una diferencia, que no es cuantitativa sino cualitativa: que una cadena borromea es algo distinto en lo real que una cadena no bo- rromea, vamos entonces a eso. no sé si hasta acá hay preguntas.

Intervención: se habla de estructura neurótica y psicótica, ¿qué pasa con la perversión a esta altura?

Fabián: Esa es una pregunta que me hizo nieves cuando le en- tregué una primera versión del prólogo a su libro sobre psicosis, yo había puesto allí: “no es azaroso, no es contingente, es real que exis- ten tres estructuras: neurosis, psicosis y perversión”. Por los comen-

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tarios que me hizo nieves y por cuestiones que estuve pensando, ya que un prólogo no da para desarrollos muy extensos, le dije: una cosa es el nudo neurótico y otra el nudo psicótico, efectivamente, ése es un problema. hay que ver, porque es cierto que Lacan entre los Seminarios X y XVI, por poner una fecha que se puede sostener, aísla una tercera estructura subjetiva que se llama perversión, indicando que avenirse a funcionar como objeto del goce del otro es algo da una estructura radicalmente distinta; pero es cierto que en adelante Lacan no parece retomar esta perspectiva en sus últimos seminarios, e, incluso, está el juego de palabras que hace con el término père- versión –versión hacia el padre–, que no la explica a la perversión como estructura subjetiva sino que la va a hacer un equivalente de lo que él llama sinthome. Porque el sinthome no es otra cosa –lo defino muy rápidamente– que una cuerda que en Lacan viene justamente a reparar el lapsus del anudamiento. Recuerdan ustedes que recién hablábamos de cómo un nudo se desata. bueno, pero luego lo que se desata suele ser reparado, y la idea de Lacan en el Seminario XXIII no es otra que definir como sinthome a las reparaciones que se producen en los puntos en donde el nudo falla. y define a la perversión en ese seminario, no de otra manera que como lo que impide que los tres registros se vayan cada uno por su lado, que es otro modo de abordar lo que vamos a traba- jar hoy en relación con lo que Lacan llama Los nombres del Padre freudianos: inhibición, síntoma y angustia, como pasibles cada uno de ellos de tener una función de sinthome, o si ustedes quieren, de tener una función perversa en este sentido. Está el asunto de considerar cómo se retoma en la última ense- ñanza de Lacan la cuestión de la estructura perversa, a mí me parece que lo que él llama perversión excede la propuesta que ya había hecho entre los Seminarios X y XVI de aislar una tercera estructura subjetiva. creo que es un problema serio que habría que tomarse el tiempo para desarrollarlo, quizás podemos retomarlo al final del trabajo de hoy. En cualquier caso, si la clínica psicoanalítica no es la experiencia del psicoanálisis –porque la clínica supone un redoblamiento concep-

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tual de la experiencia–, puede ser abordada desde dos perspectivas: la de las construcciones nosológicas, y la de las modificaciones que en el ser hablante introduce la interpretación psicoanalítica –es decir, lo que usualmente llamamos intervenciones en la dirección de la cura. Esas dos perspectivas pueden formalizarse si y solo si partimos de la base de que hay un real que es accesible a esa formalización –no totalmente, ya que sabemos que hay algo justamente que nos permite definir a lo real como lo que introduce un impasse respecto de la formalización, pero que lo real se ponga en cruz e impida que nosotros matematicemos todo no exime al analista de la invitación lacaniana a que dé razones de lo que hace, esto es, a intentar formalizar, hasta donde ello sea posible, lo real que se le presenta en la experiencia. hay una relación que me gusta establecer entre lo real que está en juego en los tipos clínicos –y no solamente en los tipos clínicos, sino en las modificaciones que el análisis produce– y cómo formalizamos ese real de la experiencia. Es preciso a un caso volverlo caso clínico, ya que un caso no es caso clínico de suyo. El caso se vuelve caso clínico cuando el psicoana- lista se vuelve clínico él mismo, cuando eventualmente conceptualiza el caso hasta donde ello es posible. Por eso les digo que a veces uno de- searía poder llegar al rigor de las psicosis, sin el condimento de la can- tidad de fenómenos elementales que generalmente la acompañan. Quisiera trabajar con ustedes, en la perspectiva clínica que les estoy proponiendo, la tríada freudiana de la inhibición, el síntoma y la angustia, para plantear que el abordaje que hacemos de la expe- riencia está sin duda condicionado por la formalización con que la abordamos, ya que no podemos abordar la experiencia por ósmosis, de modo que cuando abordamos la experiencia la estamos categori- zando. El modo en que abordemos nuestra experiencia nos amplía o reduce sus límites. no va de suyo que en la experiencia encontremos lo que los anteojos formales que voy a propones ahora nos permiten visualizar en nuestra experiencia. Voy a tomar el inicio y el final del Seminario XXII de Lacan, y lo que construyamos respecto de este final no puede ser pensado sin el modo con el que Lacan inicialmente plantea lo que podríamos lla-

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mar el nudo neurótico. al comienzo del seminario Lacan comienza a trabajar la posibilidad de que sus tres registros se anuden de modo borromeo, de modo que lo real, lo simbólico y lo imaginario se anudan sin pasar ninguno de ellos por el agujero del otro, es decir, sin ningún orden de interpenetración.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 135 mar el nudo neurótico. al comienzo del seminario Lacan comienza

además escribe vida en relación con lo real, muerte en relación con lo simbólico, y cuerpo en relación con lo imaginario, localizan- do allí la tríada freudiana de la inhibición, del síntoma y la angus- tia, como inyecciones, avances, de un registro sobre otro. Entonces ubica allí al síntoma como un efecto de lo simbólico en lo real; a la angustia como eso que eventualmente se siente en el cuerpo por la intromisión de lo real allí; y a la inhibición como un efecto de de- tención de lo simbólico por una inmiscución de lo imaginario. no necesariamente se trata aquí de la apertura de los registros, Lacan más bien trabaja con superficies que se responden, son su- perficies que están anudadas de modo borromeo. ya que la relación borromea no se plantea únicamente en términos de cuerdas, por ejemplo, el jueguito de “Piedra, papel o tijera” supone una relación borromea. acá por ejemplo tenemos lo real por encima de lo simbó- lico, y lo simbólico por encima de lo imaginario, pero lo imaginario está, a su vez, por encima de lo real. La piedra que le gana a la tijera, la tijera que le gana al papel, pero el papel le gana a la piedra. una caja a, que contenga la caja b, que contenga a su vez a la caja c,

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pero sucede que a está dentro de c. o, River le gana a boca, boca a san Lorenzo, pero san Lorenzo le gana a River. La relación borromea se puede establecer no sólo en el nivel de las cuerdas, Lacan trabaja allí superficies que se responden, entonces ubica el inconciente respondiendo a lo real del síntoma, al falo res- pecto de la angustia, y no indica allí qué es lo que viene a responder de la inhibición –no por lo menos en la primera clase del Seminario XXII. sí en el nudo que precede a esta clase, que es su antecedente más próximo, el nudo que presenta en “La tercera” 4 , en donde ubica lo que Freud llamó el preconciente y la representación.

III. El cuarto eslabón

Quiero ir al modo como Lacan retoma la localización de la tría- da freudiana del síntoma, la inhibición y la angustia en la última clase de su seminario, y luego hacer dos consideraciones. ocurre que entre esta presentación del nudo que está en la primera clase del Seminario XXII y la última clase, Lacan ha puesto en cuestión que podamos siquiera proponer la posibilidad de una cadena borromea de tres eslabones. Lacan comienza por indicar que en Freud esos tres registros, lo real, lo simbólico y lo imaginario, no se enlazan por sí mismo sino que están sueltos, y que Freud necesitó –esto a la mitad del seminario más o menos– de una cuarta cuerda, de un cuarto eslabón, de una cuarta consistencia. si Lacan propuso –primera clase de R.S.I., Seminario XXII– que los tres registros están enlazados de modo borromeo, él propone un poco más adelante que a Freud no le alcanzó el lazo borromeo míni- mo –es decir, el lazo borromeo de tres eslabones–, sino que precisó de un cuarto eslabón que según Lacan lo llamó nombre del Padre, complejo de Edipo, o realidad psíquica. El nombre del Padre se

4 Lacan, J. “La tercera”, en Intervenciones y textos 2. Ed. manantial. buenos aires, 1988. Pág. 104

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 137

lo atribuye a Freud, ustedes vayan a la obra de Freud y no lo van a encontrar por ningún lado, pero sí ciertamente habló de realidad psíquica, y sin duda, del complejo de Edipo. En Freud los tres registros estaban sueltos –después vamos a con- siderar cómo tenemos que ubicar los cruces para que no se suelten–, la idea de Lacan es que en Freud encuentran ustedes un cuarto esla- bón –complejo de Edipo, realidad psíquica, o nombre del Padre– que enlaza esos tres. Viene a proponer incluso que un psicoanálisis llevaría a alguien a poder prescindir de este cuarto eslabón, de modo tal que los tres registros podrían en esta perspectiva en el analizado, enlazarse sin esa cuarta consistencia que es el nombre del Padre. En este punto critica fuertemente a Freud, refiriéndose a la boludez religiosa de Freud, quien no pudo prescindir del padre, a diferencia de algunos lacanianos como Platón y tolstoi. Pero señala que Freud no era lacaniano, ya que no pudo prescindir del padre. Pero sí podemos acompañar a alguien, y ese alguien es un neu- rótico, a despojarse de ese cuarto nudo en más, de volverlo prescin- dible, para llegar a la propuesta de Lacan de que los tres registros se aten sin el auxilio del nombre del Padre, de modo tal que el fin de análisis lacaniano, a cierta altura del Seminario XXII, lleva a un analizante freudiano, cuaternario –no porque sea un hombre de las cavernas–, a volverse un analizado que prescinde del padre, y al que podemos llamar lacaniano en un sentido fuerte, en el sentido en el que Lacan –y habría que ver por qué– indica que tolstoi y Platón sí eran lacanianos y Freud no. hacia la mitad del Seminario XXII Lacan critica a Freud por no prescindir del padre, y sigue promoviendo la idea de un nudo borro- meo de tres eslabones. si ustedes siguen el desarrollo del seminario se van a encontrar con que Lacan se vuelve cada vez más freudiano, llegando a proponer que el cuarto –que Freud llamó, según Lacan, nombre del Padre, realidad psíquica, o complejo de Edipo– es ne- cesario, irreductible, básicamente porque si ustedes no introducen un cuarto eslabón en una cadena, en una cadena triádica, los tres son indistinguibles y homogéneos.

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Para decirlo rápidamente, la cadena –es una cadena porque con- siste en tres nudos triviales– supone más de un eslabón, más de un nudo, y la cadena borromea de tres eslabones es simétrica, es decir, tiene la misma simetría que encontrábamos antes, por ejemplo, en el “nudo del che”, o, si a R.s.I. no los pintamos de colores diferen- tes, los tres registros son homogéneos o indistinguibles.

138 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Para decirlo rápidamente, la cadena –es una cadena porque con- siste

si ustedes introducen un cuarto eslabón, como acabo de dibujar, se produce una disimetría: este cuarto eslabón, que es el complejo de Edipo, o la realidad psíquica, o el nombre del Padre, se cruza con el registro de lo simbólico cuatro veces, y con los otros dos registros sólo dos veces. De modo tal que ustedes, aún sin introducir ninguna letra, pueden señalar que este registro viene a ser disimétrico respec- to de estos otros dos. señalo que la cadena de cuatro introduce una disimetría respecto del borromeo de tres eslabones. Lacan va a proponer en la última clase del Seminario XXII, que esa función de anudamiento, que en última instancia ven ustedes no es otra que la función del padre –según Lacan encuentra en Freud–, y que no llama tanto a esta altura nombre del Padre, sino Padre del nombre, no es tanto el significante del nombre del Padre sino más bien el padre como nombrante, es la función de la nominación. Lacan propone entonces que esta función no necesariamente puede cumplirse con elementos de lo simbólico, sino que puede cumplirse esta función de anudamiento, de cuarto, con elementos de lo real, o con elementos de lo imaginario.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 139

y el seminario va a concluir planteando que estos tres registros pueden estar anudados, ya sea por una nominación simbólica a la que llama síntoma, por una nominación imaginaria a la que llama inhibición, o por una nominación real a la que llama angustia. sin entrar en las consideraciones de lo que sería una angustia que anu- de, cosa que ya tiene que por lo menos plantearnos alguna inquie- tud, lo que yo quiero proponerles aquí es que si nos atenemos a la formalización que está presente en la cadena borromea de cuatro eslabones, eso nos da entonces no tres, sino seis posibilidades, que eventualmente podemos o no corroborar en la experiencia, posibili- dades que existen en lo real. Vamos a ir a esas seis posibilidades. Dos formas del síntoma, dos formas de la inhibición, y dos formas de la angustia.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 139 y el seminario va a concluir planteando que estos tres

si partimos de una cadena borromea de tres eslabones, ven que lo real está pasando por encima de lo simbólico, que lo simbólico a su vez pasa por encima de lo imaginario. Para que el nudo se vuelva no borromeo, el que está debajo del otro tiene que pasar por arriba, de modo que se sueltan los tres registros. Para volverlo borromeo tenemos que introducir dos contralapsus. Podemos ver en qué pun- tos se han producido los lapsus, ya que en esos puntos es donde tenemos que introducir un contralapsus. Para volver borromea esta cadena tenemos que hacer pasar el imaginario por encima de lo real.

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con esto queda bastante claro que para que tres registros se suelten, si es que están anudados de modo borromeo, no alcanza con intro- ducir un solo lapsus. Lo que tiene de interesante lo que les estoy tratando de proponer, es que hay al menos dos formas para pensar el desencadenamiento. se puede pensar el desencadenamiento por corte de un registro, yo

corto lo simbólico y se sueltan lo real y lo imaginario. En el Seminario XXI, que se llama Los no incautos yerran, o, Los Nombres del Padre, Lacan propone que la locura es que, si ustedes cortan un registro, se suelten todos los demás, y él está pensando el desencadenamiento de la locura –todavía no vimos ni neurosis ni psicosis, digo locura, como

dice Lacan ahí– por corte de un registro

Incluso, llega a proponer a

.. la neurosis, no a partir de la cadena borromea, ya que dice: “Los neu- róticos son irreventables” 5 , entonces propone lo que se llama un nudo olímpico –con el que no me voy a meter hoy pero ustedes lo cono- cen, está en la bandera de las olimpíadas, en el cual los redondeles están unidos por interpenetración, de modo tal que si ustedes cortan uno, quizás dos siguen enganchados. y dice que los neuróticos son irreventables, son los que en la guerra han actuado mejor, les puede explotar una dimensión, sin embargo, las otras dos siguen juntas. no es el modo con el que va a volver a abordar la neurosis luego –en los Seminarios XXII y XXIII. Pero a esta altura dice que no se ponen locos porque están anudados de modo no borromeo, porque en el caso del borromeo si ustedes cortan un registro se sueltan los otros dos. y Lacan termina por proponer otro orden de desencadenamien- to que no se sigue de que un registro se corte. En el Seminario XXIII propone lo que llama lapsus del nudo, y éste me valí antes para in- troducir la noción de número de desanudamiento, que no es que un registro se corte –ahí el desencadenamiento no pasa por si se corta un registro– sino por modificar algún punto de cruce. si ustedes en la cadena borromea introducen una sola modificación, un solo lap-

5 Lacan, J. Seminario XXI. Los no-incautos yerran, o los nombres del padre. Inédi- to. clase del 11 de diciembre de 1973.

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sus del nudo, lo que les da por resultado es que dos registros quedan interpenetrados y un registro se suelta. si introducimos un solo lapsus, por ejemplo, entre real y simbó- lico, el resultado es que lo real y lo simbólico quedaron interpene- trados y lo imaginario se suelta.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 141 sus del nudo, lo que les da por resultado es

En el Seminario XXIII Lacan utiliza esta cadena, fallada, para explicar algunas cuestiones que pueden extraerse de algunas situa- ciones que Joyce comenta sobre su vida en su juventud. Luego de determinada paliza, entiende que su cuerpo se cae como la cáscara de una fruta madura. tenemos allí un imaginario que se suelta, y lo real y lo simbólico quedan interpenetrados, por haber cometi- do uno y un solo lapsus, entre simbólico e imaginario. En su libro nieves propone que las esquizofrenias habría que pensarlas en esta perspectiva, un lapsus que deja a lo imaginario suelto, y a lo real y a lo simbólico interpenetrados. Pero el lapsus podría no haberse producido entre real y simbóli- co, el lapsus podría haber dejado interpenetrados por ejemplo, ima- ginario y simbólico.

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142 / nIEVEs soRIa DaFunchIo En el libro de nieves encontrarán, apoyada en una perspectiva que

En el libro de nieves encontrarán, apoyada en una perspectiva que introduce Lacan en una presentación de enfermos, que la para- frenia puede pensarse eventualmente como una suelta de lo real, y lo simbólico y lo imaginario quedan interpenetrados. Finalmente, para ser exhaustivo con todas las posibilidades que en lo real entrega la estructura, hay una tercera posibilidad. Vaya- mos nuevamente al borromeo inicial y lo que queda interpenetra- do es real e imaginario, y el simbólico se suelta. se ve que los dos registros que quedan interpenetrados son aquellos en los que yo introduzco el lapsus.

142 / nIEVEs soRIa DaFunchIo En el libro de nieves encontrarán, apoyada en una perspectiva que

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 143

nieves propone en su libro que podemos pensar la melancolía, y eventualmente la manía, en relación con esta suelta del registro de lo simbólico y la interpenetración de real e imaginario. Prueben en sus casas, hagan un nudo borromeo e introduzcan lapsus en los seis puntos que existen en ese nudo, van a ver que no hay mas que esto, en todos los casos psicosis. Quiero decir, en todos los casos, dos registros interpenetrados y uno que se suelta. Para que se suelten los tres registros, es necesario producir dos lapsus del nudo. supongan ustedes que yo introduzco un lapsus aquí, uno solo, eso me da Joyce desencadenado, pero si introduzco dos lapsus, es decir, un segundo lapsus acá, esto me da los tres re- gistros sueltos.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 143 nieves propone en su libro que podemos pensar la melancolía,

si ustedes producen dos lapsus –y acá está la cuestión porque se introduce una dificultad– hay dos posibilidades: si los introducen en los mismos puntos de cruce, es decir, en los dos puntos donde se cruzan los dos mismos registros –acá se cruza real y simbólico, y acá también real y simbólico–, es solamente allí que los tres registros se sueltan. yo los llamo lapsus intermitentes, porque si ustedes vienen de acá, por ejemplo, producen el lapsus aquí sí, aquí no, aquí sí, y hacen lapsus intermitentes entre los dos mismos registros, tienen ustedes allí la suelta de los tres. tomen ustedes análogamente cual-

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quiera de los otros tres registros, y van a ver suceder lo mismo.

144 / nIEVEs soRIa DaFunchIo quiera de los otros tres registros, y van a ver suceder

La otra posibilidad es que introduzcamos lapsus que no sean in- termitentes, lo que nos da como resultado es una cadena de tres en línea –a veces se la llama así–, a mi gusto da cuenta de otras formas de psicosis, sin que necesariamente un registro se suelte, pero tienen ustedes allí la interpenetración por base, independientemente de cuál sea el registro que vaya en el medio, eso puede ir modificándose según donde ustedes introduzcan el lapsus.

144 / nIEVEs soRIa DaFunchIo quiera de los otros tres registros, y van a ver suceder

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 145

Exahución de las posibilidades de la estructura, eso es lo que es- tamos haciendo. Quizás la experiencia no da cuenta de todas las po- sibilidades que estamos viendo aquí, en el nivel de lo que yo llamo la estructura real, pero no vamos a encontrar más que esas. Estoy diciendo por ejemplo que no hay sino tres posibilidades respecto de la psicosis, con un solo lapsus, y es que un registro se suelte y los otros dos queden anudados. con Lacan podemos pensar formalmente dos modos de abordar lo que llamamos desencadenamiento: o cortando un registro, o por lapsus del nudo. si es por corte de un registro, se ve muy bien que las posibilidades son mucho menores, porque o cortamos lo real, lo simbólico, o lo imaginario, y además, los tres quedan sueltos. si us- tedes introducen la perspectiva del lapsus, que me parece más rica, les da un abanico mayor de posibilidades que nos permite avanzar mejor posicionados sobre cuestiones que están en la experiencia.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 145 Exahución de las posibilidades de la estructura, eso es lo

Estos tres están sueltos porque cometí dos lapsus del nudo. Lo que hice fue que en lugar de que lo simbólico pase por debajo de lo real, lo hice pasar en dos lugares por encima de lo real. Vamos a colocar lo que Lacan llama sinthome, es decir, algo que viene a re- mediar, a reparar, a compensar el hecho de que los tres registros aquí van cada uno por su lado. Lo vamos a pasar por encima del que está arriba, y por debajo del que está abajo.

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146 / nIEVEs soRIa DaFunchIo siempre ustedes van tejiendo, porque lo que tenemos que lograr es

siempre ustedes van tejiendo, porque lo que tenemos que lograr es un anudamiento borromeo, y para ello el cuarto no puede pasar por el agujero de los otros, tiene que ir por arriba, por abajo, por arriba, por abajo. ustedes pueden entender bien por qué Lacan in- troduce estos sinthome-oreja (son sinthome-oreja porque con un solo nudo ustedes pueden reparar dos lapsus). Podríamos haber hecho una reparación aquí y otra aquí, pero si hacemos eso el nudo ya no es borromeo, la cadena ya no es borromea, porque se suelta una de esas reparaciones y la otra lo mantiene todavía encadenado.

146 / nIEVEs soRIa DaFunchIo siempre ustedes van tejiendo, porque lo que tenemos que lograr es

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 147

IV. Inhibición, síntoma y angustia.

Para que la cadena se mantenga borromea tenemos que intro- ducir aquí un eslabón que venga a reparar ambos lapsus del nudo. Este eslabón que acabo de escribir aquí, Lacan lo llama síntoma, y lo llama así porque está redoblando el registro de lo simbólico. y hay otra posibilidad para el síntoma, que redoble también lo simbólico, y es que el lapsus se cometa no entre real y simbólico, sino entre simbólico e imaginario. Recuerden ustedes que yo puedo, para soltar los tres producir dos lapsus intermitentes, pero en diver- sos lugares, si los ubico acá el posicionamiento del síntoma es éste, redoblando el registro de lo simbólico. La otra posibilidad es que los lapsus se cometan entre simbólico e imaginario, y entonces, el cuarto nudo sintomático va a venir a estar posicionado aquí.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 147 IV. Inhibición, síntoma y angustia. Para que la cadena se

Estas son las dos posibilidades para el síntoma, para la nomina- ción simbólica, que permite que los tres registros no se vayan cada uno por su lado. En la primera tienen a lo simbólico, al síntoma, y (como el lapsus se produjo entre simbólico y real) el síntoma media entre simbólico y real. En la otra versión, el síntoma media entre simbólico e imagi- nario, entonces lo que tienen es simbólico, síntoma, imaginario, real. Lo que cambia allí es con qué registro el síntoma enlaza a lo

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simbólico. En el primer caso lo enlaza con lo real, el síntoma vino a remediar el lapsus del nudo producido entre real y simbólico. En el segundo caso, el síntoma está enlazando a lo simbólico con lo imaginario, y lo que tenemos allí entonces es un síntoma que vie- ne a reparar el punto de falla, de fracaso del nudo, producido entre imaginario y simbólico. Estoy diciendo que la nominación simbólica, que Lacan llama síntoma, tiene estas dos posibilidades formales. Ven ustedes que correlativamente podríamos hacer lo mismo con la inhibición, y lo mismo con la angustia. La inhibición para Lacan es algo que viene a posicionarse re- doblando el registro de lo imaginario, pero puede ser que sea una inhibición que ponga en relación a lo imaginario con lo simbólico, o a lo imaginario con lo real.

148 / nIEVEs soRIa DaFunchIo simbólico. En el primer caso lo enlaza con lo real, el

Por último, tendríamos la nominación real que es la angustia. hay dos formas de la angustia, una que pone en relación lo real con lo imaginario, y otra que pone en relación a lo real con lo simbólico.

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InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 149 Estoy tratando de demostrar que formalmente no hay más po-

Estoy tratando de demostrar que formalmente no hay más po- sibilidades que éstas. Estamos haciendo una exhaución de las posi- bilidades que nos da la cadena borromea de cuatro para situar fallas en lapsus intermitentes, y modos de reencadenamiento, y no da más que estas seis. Les propongo entonces lo siguiente: lo que Lacan llama el sínto- ma-metáfora, es decir, el síntoma como un mensaje dirigido al otro en su primera enseñanza corresponde a un síntoma, siempre y cuando ese síntoma tenga el carácter de sinthome, es decir, cuando funcione anudando los tres registros, y es posible que eso no ocurra. Estamos hablando de inhibiciones, síntomas, y angustia en tanto que vengan a funcionar como cuarto que anuda los tres registros, pero quizás po- damos encontrar síntomas, inhibiciones y angustias que no tengan esa función. Entonces, lo que les propongo es lo siguiente, que lo que Lacan llamo síntoma-metáfora en su primer enseñanza, es cuando este síntoma tiene función de sinthome, cuyo paradigma es el síntoma fóbico de Juanito, que para Lacan es una metáfora, –si no lean el Seminario IV, donde se refiere a la metáfora fóbica 6 . tiene función de sinthome, incluso de suplencia del padre, habría que ver cómo se juega, y respecto de qué padre, pero no lo haremos hoy.

6 Lacan, J. El seminario. Libro IV. La Relación de objeto. Ed. Paidós. buenos aires, 1994. Pág. 402.

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En principio propongo que este síntoma metafórico viene a poner en relación lo simbólico con lo imaginario, es decir que consideramos allí los efectos de sentido del síntoma. y hay que distinguirlo de ese síntoma que concibe Lacan más al final de su enseñanza, abordándo- lo, ya no como una metáfora, sino como una letra de goce, que puede eventualmente tener función de sinthome. muchas veces se confunde el sinthome con la vertiente real del síntoma de Lacan, ven ustedes que en la perspectiva que les propongo no se confunden ambas co- sas. Porque el sinthome puede ser un síntoma-metáfora, o puede ser un síntoma letra de goce, un síntoma real. y tanto un síntoma-letra como un síntoma-metáfora pueden tener función de sinthome, es decir, estar anudando, estabilizando la estructura. me parece que el síntoma-letra puede ubicarse entre real y simbólico, mientras que el síntoma-metáfora se ubica entre simbólico e imaginario. con la angustia y la inhibición quizás nos encontramos más complicados, pero me parece que pueden pensarse desde la perspec- tiva siguiente: podría diferenciarse eventualmente una angustia-letra de una angustia-cuerpo –la llamaría así. Porque vean ustedes que en el nivel de la angustia, la angustia puede ubicarse entre imaginario y real, o, entre simbólico y real. Del lado de la angustia-letra hay un simbólico que se realiza, mientras que del lado de la angustia-cuerpo hay un imaginario que se realiza. En el sueño de la inyección de Irma, donde Freud se encuentra con esa garganta –no sé si recuerdan ustedes la lectura que hizo Lacan de ese sueño en el Seminario II 7 –, tengo la impresión que se ubica más en relación con este imaginario realizado –imagen angustiante, dice Lacan, y efectivamente, hay una figuración en juego. Quiero decir que hay angustias que pueden ligarse quizás con algún orden de figuración, y otras angustias que no tienen ese recurso imaginario, que quedan más localizadas en relación con lo que estoy ubicando acá como una angustia que se produce entre real y simbólico.

7 Lacan, J. El seminario. Libro II. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psi- coanalítica. Ed. Paidós. buenos aires, 1983. caps. XIII y XIV.

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Finalmente, del lado de la inhibición tendríamos también dos po- sibilidades. una inhibición ubicable entre simbólico e imaginario, y otra entre real e imaginario. un simbólico que se imaginariza o un real que se imaginariza. Esta posibilidad que da el juego entre registros está dada por Lacan desde muy temprano, vayan a la conferencia que se llama “Lo simbólico, lo imaginario y lo real” del año ‘53 8 y van a encontrar a Lacan planteando estas perspectivas: simbolizar lo real, imaginarizar lo simbólico, realizar lo real, y demás. Está allí como un tesoro todavía por ser descubierto, hay que ir y tomarlo, nada más. Para terminar, me interesa señalar que sólo podemos hacer estas disquisiciones a partir de la escritura del nudo, de la puesta en plano del nudo, que implica poner el nudo, o la cadena, en el pizarrón. ¿Por qué? si tengo los tres registros sueltos, ustedes pueden decirme dónde se produjeron los lapsus porque yo hice un aplanamiento de ellos y quedó claro cuál estaba en el medio, cuál estaba arriba y cuál estaba debajo.

InhIbIcIón, síntoma y angustIa / 151 Finalmente, del lado de la inhibición tendríamos también dos po-

hemos podido saber dónde se produjo el lapsus por un recurso imaginario, que es detener –hasta cierto punto– el desatado de la cadena borromea. si la dejamos a sus anchas, más bien terminan sueltos de esta manera:

8 Lacan, J. “Lo simbólico, lo imaginario y lo real”, conferencia inédita.

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152 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Lo que quiero decir es que sólo podemos situar dónde se

Lo que quiero decir es que sólo podemos situar dónde se pro- dujo el lapsus, en verdad, por un movimiento retroactivo que va del sinthome al lapsus. Podemos saber del lugar donde se produjo el lapsus retroactivamente a partir de la reparación. cuando pongo un registro debajo del otro, ya estoy suponiendo en realidad el sinthome, no lo escribí todavía, pero sé que el sinthome va allí. Vamos siempre del sinthome a la reparación, del sinthome al lapsus. sólo por el lugar donde está situado el corcho podemos saber dónde está el agujero de la botella, por decirlo así.

Intervención: me gustaría algún ejemplo, de la inhibición, del simbólico que se imaginariza, o del real que se imaginariza…

Fabián: Por un minuto hagamos el esfuerzo de plantear las cues- tiones en principio formalmente. Porque el camino que conocemos es el siguiente: tenemos el caso y lo pensamos. Les estoy proponiendo que hagamos la exhaución de las posibilidades que nos da el nudo, y después sí volver a la experiencia, a ver si eso permite o no hacer cosas que, quizás, antes no podían aprehenderse. ustedes no van desnudos, inermes, a encontrarse con la experiencia, van con determinadas categorías. Entonces, detengámonos, no vaya- mos tan rápido a buscar ejemplos clínicos, tratemos de meternos en la perspectiva formal, cosa que nos cuesta, por eso les decía antes que de vez en cuando tengo ganas de ser psicótico, para meterme esa rigurosi-

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da y llevarla al extremo. Va a ser muy difícil, enseguida queremos tocar la cosa, ¿no?, pero démonos un tiempo, no vayamos tan rápidamente a buscar el ejemplo clínico, tratemos de captar cuál es la perspectiva for- mal que se introduce con el nudo, y después, eventualemente sí, quizás podamos captar algunos fenómenos que no aparecían antes. Lo que les estoy tratando de promover es más bien el camino que usualmente no recorremos, que está en juego pero habitualmente dejamos entre paréntesis. abordamos la perspectiva de la experiencia con determinado bagaje formal y conceptual, no con el olfato. Respecto del síntoma, piensen ustedes que lo que anuda en de- terminados casos no es necesariamente siempre un síntoma-metáfo- ra como el de Juanito. La perspectiva con la que, por ejemplo, Lacan piensa el síntoma en Joyce –sin entrar en la cuestión neurosis-psico- sis, porque allí hay diferencias– me parece que es un síntoma-letra que tiene función de sinthome, que por la vía del trabajo artístico que toma Joyce, hace del síntoma-letra un sinthome.

Nieves: y se podría hacer un contrapunto con lo que sería la metáfora delirante en schreber.

Fabián: claro. ahí hay una diferencia absoluta, la localización sería distinta, y serían dos formas distintas de estabilización. Para empezar, si uno lee a Lacan, la de schreber aparentemente es una metáfora –independientemente de que introduzcamos diferencias con la metáfora paterna, que seguramente tiene–, pero no habría allí el mismo trabajo con la letra que el que encontramos en Joyce, y evidentemente, los resultados literarios de uno y de otro son bien dis- tintos; en las neurosis también podemos plantear algo de ese orden.

V. Síntoma, sinthome y fin de análisis.

Para empezar, y para introducir la cuestión del fin del análisis, me parece que la idea de Lacan de la identificación última, por decir

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final, al síntoma, la que propone en el Seminario XXIV, cuando dice que un análisis no terminaría en una identificación con el incons- ciente sino con el síntoma, tengo la impresión de que el síntoma que está en juego allí es un síntoma que está depurado de su vertien- te metafórica (puesto que está terminado el trabajo interpretativo de desciframiento), y tenemos allí la posibilidad de ubicar un síntoma- letra, funcionando como sinthome, en la cadena del analizado que llegó al fin del análisis. no creo que en el analizado tengamos los tres registros sueltos, hay un trabajo en el síntoma que le permite a alguien llegar a su hueso, a la letra del goce del síntoma, respecto del cual el sujeto logró algún anudamiento menos neurótico que aquel que lo llevó a la consulta, y si quieren, menos neurótico que la neurosis de transfe- rencia misma –que por otra parte también es un sinthome, cuestión que habría que trabajar también. acá tenemos solamente la inhibición, el síntoma y la angustia anudando o encadenando los tres registros, pero Lacan planteó que el analista puede venir perfectamente a ese lugar, lo que Lacan llama el analista-sinthome. En el Seminario XXIII le preguntan a Lacan si el psicoanálisis es un sinthome, y él responde que de ningún modo, lo que es un sinthome es un analista; allí donde una neurosis se desen- cadenó y perdió ese cuarto redondel que lo mantenía estable, sea el que fuere –cualquiera de las dos inhibiciones, cualquiera de los dos síntomas, o cualquiera de las dos angustias–, eventualmente el analis- ta puede venir a suplir esa función sinthomática alicaída y ocupar ese lugar. tanto es así, que la familia que está alrededor del paciente aho- ra le dice al pobre tipo que depende de su analista, que su analista es como una especie de muleta, y tienen alguna razón en esto, porque el analista viene exactamente al lugar de esa función de anudamiento que hemos llamado sinthome. Valdría la pena que acompañe al sujeto a encontrarse, por último, con algún otro elemento que le permita esa función que el analista cumple durante una temporada.

Nieves: Quería hacerte dos preguntas.

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La primera: estuvimos trabajando este seminario cada una de es- tas tres nominaciones, nominación de lo imaginario, de lo simbólico y de lo real, en relación con alguno de los tres tipos de neurosis. Propuse la nominación de lo imaginario como inhibición en relación con la neurosis obsesiva, la nominación por el síntoma en relación con la histeria, y la nominación por la angustia en relación con la fobia. Desde la perspectiva que planteaste hoy, de dos posibilidades distintas de redoblamiento de cada uno de los registros, ¿se podría seguir manteniendo este trípode, o habría seis tipos de neurosis. La otra pregunta es en relación con esto tan interesante que plan- teaste del analista-sínthoma, o del síntoma-letra del analizado. En ese punto el avance de Lacan en el seminario XXIV sobre el toro qui- zás posibilita distinguir operaciones, por ejemplo el envolvimiento, que permitirían quizás distinguir las nominaciones estructurales de aquellas otras que serían producto de nuestra intervención.

Fabián: En cuanto a lo primero, soy freudiano, les diría que me parece que el campo de las neurosis queda tripartito, de modo que no veo inconveniente en ubicar eventualmente, formas de la histeria –en relación con estas dos formaciones sintomáticas–, formas de la obsesión –en relación con estas dos inhibiciones–, y formas de la fobia –en relación con estas dos versiones de la angustia. con respecto a la segunda pregunta, Lacan era un tipo muy in- quieto, vieron ustedes que de un seminario a otro parece dejar esto y ya se mete efectivamente con las reversiones del toro. Porque luego está que cada uno de estos redondeles puede ser considerado un toro, ya no es una cuerda con espesor, sino un toro que puede revertir- se, desenvolverse y envolver a los otros tres. con estas reversiones tendríamos multiplicadas las posibilidades, ya que eventualmente, en cada una de ellas uno de los tres toros puede envolver a los otros tres

Intervención: ¿hay alguna manera de dar cuenta, si es que hay al- guna diferencia, entre un nudo de un analizante al inicio del análisis, y otro al final?

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Fabián: Debiera haberlo. La propuesta que me parece que pode- mos considerar a partir de lo que les propuse es lo siguiente. uno. Refutamos la idea de que el sinthome es algo que se alcanza al final del análisis, para empezar Lacan lo propone para alguien que nunca hizo un análisis, James Joyce. si consideramos eso, hay neuro- sis sinthomadas, es decir, neurosis que están encadenadas, en las que los tres registros se soportan por un cuarto redondel antes de que haya habido un análisis. Para que un análisis comience, y más aún, antes que eso, para que alguien demande un análisis, tuvo que fraca- sar esa reparación sinthomática que mantuvo a esa neurosis estable y adormecida. De modo que uno tiene que pensar que para que haya una demanda de análisis algo tiene que haberse desencadenado. En principio, y como les dije, hay dos formas de pensar el desen- cadenamiento y allí se nos abren al menos dos posibilidades: corte de un registro o lapsus del nudo. apostaría por el lapsus del nudo solamente porque me da algunas posibilidades de pensar más am- pliamente algunos casos clínicos. La cuestión del corte de un regis- tro me parece limitada en términos de su constatación clínica. ahora bien, entonces tendríamos un sinthome de una neurosis no desencadenada, el desencadenamiento, y luego, lo que Freud lla- mó neurosis de transferencia –que es la puesta en forma del sínto- ma. allí ya tenemos lo que es la estructura de la entrada en análisis pensada en términos de nudos. La puesta en forma del síntoma consiste en darle al síntoma el estatuto metafórico, que no es natural y que no trae, porque en rea- lidad, el síntoma como metáfora es un artificio del análisis –esto no era lo que decía Freud, pero Freud tenía que vender el psicoanálisis a su época. Freud suponía el inconciente más allá del psicoanálisis, pero no es la posición de Lacan. Lacan en Radiofonía & Televisión 9 , se juega por la idea de que no hay inconsciente por fuera de la ex- periencia analítica, de modo que no hay inconciente en un sentido fuerte si no está la oreja del psicoanalista presta a escucharlo.

9 Lacan, J. Radiofonía y televisión. Ed. anagrama. buenos aires, 1977.

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De modo que lo que vuelve metafórico a un síntoma, en un sentido fuerte, es el analista que lo completa. El analista comple- tando el síntoma, poniéndolo en forma. habría que ubicar si esa identificación con el hueso del síntoma al final del análisis da una diferencia con el síntoma a la entrada. tengo la impresión de que en el fin del análisis no solamente nos quedamos con el síntoma-sinthome, que es el síntoma que anuda, que estabiliza; si así fuera tendríamos lo que Lacan critica en abra- ham como “la novela rosa de la felicidad genital”, que acá sería “la novela rosa de la felicidad sinthomática”, de un nudo estable, de un hombre de hierro, por decirlo así. me parece que hay esta vía de la identificación al síntoma, que supone la identificación con lo duro, con el hueso del síntoma, pero luego me parece que hay, además de esa versión sinthome, algo que del síntoma no anda, y que no anda todavía allí, en el final del análisis. Es decir, que hay algo que queda encadenado, anudado, y hay algo que queda desencadenado. hay un saber hacer ahí con, y un no saber hacer radical –me parece que el fin de análisis da cuenta de las dos perspectivas. y por más que ustedes se encuentren a veces con gente que les cuenta no sé qué cosas del fin del análisis, siempre es posible encontrar testimonios de que hay un núcleo real que se mantiene allí inalterable, y es el hecho de que no hay relación sexual, y que el psicoanálisis no nos cura del hecho de esa inexistencia, que es sín- toma. Luego están los tratamientos de eso, que llamamos sinthome, el modo de reparar, de vérselas con lo que no anda. yo ubicaría esas dos vertientes del síntoma al final, una vertiente sinthome, y una vertiente propiamente síntoma.

VI. Real y formalización.

Intervención: ¿En la neurosis se sostiene presente el cuarto anu- damiento?

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Fabián: si está encadenada, estable, sí. En el Seminario XXIV, por ejemplo, Lacan habla de la estabilidad que aporta a la histé- rica la armadura del amor al padre 10 , por ahí podemos examinar la perspectiva del sinthome histérico. Pero también hay una locura histérica, y hay posiciones en la histeria en las que encontramos clí- nicamente del lado de las histerias un no contar con la armadura del amor al padre, y las tenemos más bien desencadenadas. allí se plantea una cuestión que habría que desplegar y desarrollar bien: desencadenamiento en términos clínicos, ¿siempre es desencade- namiento en términos nodales? Porque alguien que está clínicamente para internar, no necesariamente es alguien que no cuenta con un sinthome. hay sinthomes, algunos modos de anudamiento, muy pro- blemáticos, que dan una fenomenología clínica de alguien que está para internar. no creamos que el sinthome es el mejor de los mundos, puede dar anudamientos muy rígidos. hemos trabajado durante mu- chos años los anudamientos en la anorexia por ejemplo, en donde el sujeto encontró una solución, pero es una solución que la lleva al ce- menterio, porque se deja morir de inanición. Ella resolvió la pregunta por lo femenino, tiene una solución, pero la solución es catastrófica. hay soluciones problemáticas, y problemas que son bien inte- resantes plantearse. un psicoanalista puede poner en cuestión un encadenamiento rígido, y eso da un poco de aire, un poco de salu- bridad. no siempre estar anudado es lo mejor que nos puede pasar. hay anudamientos muy complicados. habría que ver si siempre superponemos lo que llamamos des- encadenamiento en términos de nudos con desencadenamientos clínicos. a veces, alguien está desencadenado, y está tan desencade- nado porque está demasiado rígidamente anudado.

Intervención: ¿Vos estás proponiendo para el final de análisis el sínthoma en relación al síntoma letra?, ¿puede ser?

10 Lacan, J. Seminario XXIV. L’insu que sait de l’une bévue c’est l’amour. Inédito. clase del 14 de diciembre de 1976.

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Fabián: una de las vías que tomé es ésa, sí.

Intervención: En ese caso, supondría que está reparando el lapsus la letra real y simbólico?

Fabián: supondría.

Intervención: sin embargo, estás ofreciendo seis opciones de lap- sus iniciales. En ese caso, si el sínthoma de fin de análisis es entre simbólico y real, ¿daría un anudamiento que no es borromeo?

Fabián: Es borromeo. Es entre simbólico y real, en los dos jun- tos, e incluyo allí un sínthoma que viene como oreja a enlazar a esos dos juntos.

Intervención: sí, ése sería el sínthoma, sin embargo, el lapsus ini- cial puede ser en cualquiera de las otras cinco opciones…

Fabián: El asunto es el siguiente: ¿existe ubicándolo realmente, el lapsus en algún lugar? no, dije que más bien es una cuestión de artificio de escritura. claro, si yo pongo el imaginario en el medio entre simbólico y real, eso me da pretendidamente un lapsus en determinado lugar. En realidad desencadenados están así:

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160 / nIEVEs soRIa DaFunchIo Es un asunto de escritura dónde vamos a ubicar retroactivamen- te

Es un asunto de escritura dónde vamos a ubicar retroactivamen- te el lapsus a partir del anudamiento. Lo que decía al final, no es que necesariamente el lapsus está allí, está allí porque allí lo escribimos. hay una relación que hay que trabajar entre real y formalización, porque en lo real lo que hay son letras. Es la posición que el análisis le da a los registros lo que permite eventualmente situar un lapsus y situar el sínthoma que lo viene a reparar. Pero no necesariamente el lapsus que encontramos al final –reparado por un sínthoma entre simbólico y real– es el mismo que está en juego antes, o en algún momento de esa cura. Es decir que podemos ir situando lapsus dis- tintos, y encadenamientos y desencadenamientos distintos a lo largo de una cura, de acuerdo a cómo vayamos escribiendo formalmente las relaciones entre los registros.

Nieves: Le agradezco mucho a Fabián su clase de hoy. hasta la próxima.

Clase del 3 de julio de 2008

VII. La inhibición. “Control de vuelo”.

Nieves: buenas tardes. Les presento a Liliana cantagalli, que es coordinadora del Equipo de trastornos de la alimentación del hos- pital de san Isidro y docente de la cátedra de clínica con púberes y adolescentes de la Facultad de Psicología. En esta oportunidad nos va a presentar un caso de su práctica a partir del cual vamos a inten- tar trabajar en el nudo la inhibición.

I. El caso

Liliana: Patricia es una mujer de treinta años que consulta en el Hospital de San Isidro a raíz de episodios de vómitos y atracones que padece desde sus quince años, cuando llega a pesar 40 Kg., vómitos sólo interrumpidos durante el embarazo de su hijo de dos años, reiniciados tras el nacimiento del bebé. Hizo tratamiento en Aluba durante un año y medio a los catorce años, y en su juventud un tratamiento psicológico privado, siempre “tra- tando de encontrar la causa de la bulimia y la anorexia”, y de una “base de tristeza que siempre tengo: mi papá y esa competencia que nunca me deja bien parada”. De su padre dirá: “Fue muy duro toda la vida, se encargó de traernos la parte económica. Me cuesta muchísimo la relación con él, yo soy la del medio. He deseado más de una vez que se muriera, y después sentirme culpable. Con mi hijo mi papá es una persona distinta. Es el padre que nunca tuvimos. Dice mamá que sí fue así con nosotras, de chiquitas. No

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tengo recuerdos de mi papá jugando conmigo. Despreciativo con la gente, altanero, “yo lo sé todo”, era su posición. “La inseguridad que tengo, todo era para demostrarle que yo podía. Costaba mucho satisfacerlo. Tenía que ser un logro”. Interrogada acerca de qué había que demostrarle, responde: “Que yo era digna de su orgullo también, yo estaba desesperada por llamar la atención de mi papá”. Atención que parecía centrarse, según la paciente, en su hermana mayor, con quien sostiene una competencia permanente, y afectos de amor y desprecio muy intensos. “Yo engordaba o adelgazaba según lo que hacía ella”. Esta relación sólo se apacigua un tanto luego de un accidente que esta hermana tiene en el extranjero y que casi le cuesta la vida. “Tuvieron que reconstruirle la uretra entera y todavía no se sabe su condición para ser madre, me hizo replantearme por qué la juzgaba tanto, volver a ese sentimiento de hermana”. Durante el inicio del tratamiento los vómitos se producían a diario, por lo menos una vez, y por períodos varias veces al día, al punto de “comer para vomitar, descargarme de algo, un descargo, me saco un peso de encima”. Al interrogarla acerca de cuál es el cargo, cuál es la culpa, responde: “por mentir, en todo lo que fuera la enfermedad mentí mu- chísimo”. En una sesión comenta: “Trato de controlar todo, y se volvió a repetir un sueño: Un accidente aéreo que veo desde la casa donde vivía yo antes. Un avión despega, se da vuelta y cae boca abajo, y yo lo puedo ver desde la casa donde vivía. Ahí no viví la mejor época de mi vida, desde los once a los veintidós, y ahí me enteré que se había suicidado mi tío” (hermano paterno). Intenta controlar sus vómitos como conjurando algún mal: “no voy a vomitar para asegurarme de que él vuelva”. Sus preocupaciones constantes son, por un lado, volver a insertarse laboralmente y por otro la seguridad de su hijo, expresada como “si a Lucas le pasa algo…” Hijo buscado, pero a cuyo parto le sucede una depresión puerperal que dura hasta el quinto mes del bebé aproximada- mente, y de la cual dirá: “Había perdido la independencia”, y por otro lado: “Me agarró que volviera a la panza”. “La mamá perfecta tiene que tener leche. No entendía a mi bebé”.

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Por razones laborales del padre, se trasladan a Uruguay en su pri- mera infancia, regresando a Buenos Aires en quinto grado. Infancia marcada por ser “gordita”, alcanzando un peso máximo de 70 Kg. hasta la pubertad. A la vez que despliega su historia, un nuevo sueño, esta vez una pesadilla la interroga: “Cosas de tragedia. Ya me confirmaron que no en un trabajo, otra vez eligieron a otra, hay otra mejor. Pesadilla del once de septiembre, yo estaba adentro y veía como se iba cayendo el edificio. Estaba tratando de ver cómo salía. Yo voy caminando por el techo o las paredes. Se está cayendo. Ni rasguños, ni nada, me las podía arreglar”. Intervengo para señalar un desmoronamiento. Transcribo el desa- rrollo de la sesión siguiente, en la que dice haberse quedado pensando en sus sueños de cosas que se desmoronan y piensa en su padre. “Papá estaba muy bien en el trabajo, cuando volvimos a Argentina empezaron los problemas, empecé con esos sueños, siempre en la misma casa. Para mí, mi papá siempre fue el roble, el imbatible. Cuando empezó a tener problemas de trabajo, cuando se suicidó su hermano, cuando tuvo un problema con un familiar, lo vi por primera vez quebrarse, fue entre mis doce y quince años. Lo fui a ver y estaba llorando, nunca en mi vida lo había visto llorar, me conmovió completamente, lo abracé y él me abrazaba. Ese edificio que se caía. Descubrí que tenía problemas de comida, en mi cumpleaños de quince no quería comer la torta, me sentía angustiada”. Intervengo para preguntar sobre el desmoronamiento. “Papá trabajaba en una importante empresa internacional, lo trasladan a Uruguay, y después de siete años le habían propuesto ir a EEUU, que era su sueño. Mi abuelo paterno estaba muy enfermo y le pide si no puede venir a Buenos Aires. y papá pide la transferencia en lugar de EEUU, a Buenos Aires. El abuelo nos da una casa en el gran Buenos Aires, pagándole un alquiler; siempre el abuelo quería algo más. Empezó a haber muchos problemas con su padre, nos mandaron carta documento para salir de la casa. En Argentina se dedicaba a su trabajo, no le gustaban nuestras amigas, de vuelta no se adaptó a la nueva geren- cia. Lo dejó por un padre que tampoco nunca le enseñó a querer. Ahora

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está muy volcado a la iglesia y ahora te habla de sentimientos. Más de una vez desee la muerte de papá. Sigue teniendo pedantería, orgullo. Hay mucho de mi papá en mi enfermedad”. Durante el tratamiento el padre enferma de meningitis, y si bien ante el dolor del padre la paciente se asusta, se hace presente la fantasía de su muerte, tantas veces deseada, pero temida ahora, y otra fantasía, la de vi- vir con su madre: “Me encargaría de mamá, las ventajas si él no estuvie- ra”. De su madre, que como ella es la hija del medio, antecedida y sucedi- da por hermanas, dice: “Si a mi mamá le pasa algo lo sufriría muchísimo, no le deseo más que muchísima salud y felicidad, no mostró diferencias con nosotras, con un corazón de oro, me llena de orgullo mamá. Pecó de ingenuidad, confía mucho en lo que yo le digo”. Interrogada acerca de las consecuencias de la ingenuidad de su madre responde: “En el tema de la comida, un montón, cuando le dije que no iba a seguir el tratamiento de Aluba se puso a llorar, me conmovió un montón, que ella nada más era feliz con nosotros”. También su madre era la que “ponía paños fríos” en la relación del padre con sus hijas, y hacía de cuenta que no pasaba nada”. Más adelante en su tratamiento dirá: “Mamá toda su vida fue de esquivar el problema, que esté cómodo él, nosotras tenemos como natural que esté cómodo él”. La relación de la pareja parece haber sido mejor en los años que vivieron en el extranjero, siendo que “papá por mamá se des- vivía, pienso si él no nos tendría celos, que le quitábamos el tiempo”. Los vómitos continúan y lo plantea como un “Voy a fallar en el intento de no vomitar”, que recibe como intervención una pregunta: “¿Y por qué no podrías fallar?” “No quiero fallar en esto, igual no me gusta fallar, si vomito empiezo a sentirme mal con todos alrededor”, y continúa con “El tema de mi padre nunca lo llego a arreglar, si va a cambiar alguna vez, desear su muerte”, a lo que le sigue la larga lista de reproches desde que empezó a tener problemas laborales en Argentina. Intervengo entonces pre- guntando si no se habrá deprimido el padre con todos estos problemas. “Se deprime cuando en una discusión le decimos que es altanero, está deprimido cuando no tiene trabajo.” y continúa: “…sacar de aden- tro todo lo malo, como cuando uno vomita. Me dieron ganas de llorar. Creo que tiene depresión”.

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Movimiento de la falla a la depresión, que marca la inminencia del cese de los vómitos. Retoma lo dicho en aquella sesión: “Hablamos del vómito y lo com- paré con sacar toda la bronca de adentro, no sé si desde ese momento algo cambió, o empecé a decir todo lo que me pasaba. Con la depresión de mi papá siempre sentíamos culpa por no estar ayudándolo. Cada vez que sale un aviso para papá se lo muestro”. Pregunto: “¿Vos lo querés más activo?” “Más de una vez él nos reclamó que le debíamos el sostén económico, la ayuda que él nos había dado. Me da bronca”. En su infancia “…siempre era la gordita, me aislaba mucho. Ha- cerme la payasa de chiquita, cayéndome al piso, y me lastimaba, pero no importaba porque los demás se reían. ¿Habré tenido una infancia tan feliz?” Intervengo entonces, como en sucesivas ocasiones, interrogando esa imaginaria felicidad infantil, o la perfección supuesta a su hermana, o su madre, intervenciones que descompletan y alivian a la paciente. “Estoy teniendo un poco más de paz adentro, lo asocio con mi niñez, que haya descubierto que mi niñez no era tan feliz como creía”. Pre- gunto: “¿Lo que pesaba era sostener esa ilusión?”A lo que responde: “Tal vez ese ideal no era tan así…” Se pregunta sorprendida, dado que ya no vomita, qué puede haber cambiado, dado que venía vomitando hace quince años.Tras una discusión con su esposo, tiene ganas de llorar: “En otro momento, era el punto para vomitar, como mi mamá, que hace de cuenta que no pasa nada”. Movimiento que hace lugar a la angustia, a la vez que interroga y abre distancia de la posición materna a la que se encuentra identificada. Teme heredar de su padre la depresión que también padeció y llevó a la muerte a su tío. La pregunta por el cese de los vómitos es cerrada ahora con una in- terpretación que lo pone nuevamente a su hijo como causa: en el jardín de infantes de su hijo cae un árbol, y en agradecimiento porque su hijo está ileso, es que deja de vomitar. Decido en este momento poner término al tratamiento hospitalario, al año de haberse iniciado, y que continuará a su pedido en privado.

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En este tramo de tratamiento atraviesa momentos de angustia, y reaparece la sorpresa por el cese de los vómitos, cese ubicado nuevamente como más allá de su control. “La ira contenida estuvo conmigo muchos años, la aplacaba vomitando”. Sueña: “Me secuestraban y yo decía: “Pero yo no quiero que me violen más. No quiero ver más””. Algunas de sus asociaciones fueron: “Como te- nía tantas ganas de ser deseada, porque como era gordita y nunca causaba ningún tipo de interés, en la adolescencia, quería que me secuestraran”. A mi pregunta por el ser forzada a ver responde: “Era una violación que era yo, pero yo me estaba viendo también, me fijo en la escena”. Otro sueño: “Estoy comiendo un chicle, como que va creciendo. Me lo voy sacando, sacando, pero van quedando restos, restos, hasta que al final queda limpia la boca, después de eso empezaba a hablar, porque eso me tapaba la boca. A raíz de haber dejado de vomitar estoy como más angustiada”.Se pregunta “¿Podré hacer las dos cosas, convivir con la maternidad y mi trabajo?” Se inserta laboralmente en una empresa donde “….me buscaron por ser mujer”, hecho que vive como una “…caída en mi autoestima, es in- distinto ser mujer u hombre”, antecedido por un sueño que tiene mientras está manteniendo entrevistas laborales en la empresa que finalmente la toma: “Había un bombonazo atómico que me declaraba su amor y lo rechazaba a él para seguir con vos –refiriéndose al marido– porque te quería”. Se pregunta: ¿Me podría pasar alguna vez que me enamorase de alguien, cambiaría mi vida por algo así? Intervengo destacando el ser mirada con amor y su rechazo. En el trabajo, su sensación de no estar a la altura “…es una constan- te medición de mi parte, cuánto me falta, éste sabe más…” y la duda:

“Tal vez estoy en un puesto más alto del que debería estar, y esa duda me mata”; no entiende, se siente tonta. Varios sueños eróticos con jefes y compañeros de trabajo remiten a la mirada de un hombre. “Hace rato que no me sentía mirada”. Interroga- da responde: “Uno tiende a desmerecer lo que tiene al lado. Mi marido como mi mamá, ¿me dicen cosas porque me quieren?” Intervengo para señalar este analogía: “Mi marido como mi mamá…”

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Dos ausencias consecutivas al tratamiento me alertan acerca de un punto de angustia, frente al que intervengo con una frase que ella retoma:

“Me quedé con tres palabras que me dijiste: no te asustes, me lo repetía cada vez que me frenaba”. Un par de sueños con contenido erótico con compañeros y uno con su padre son casi el cierre del tratamiento: “Papá abusaba de nosotras. Me acariciaba. Estaba acostada en mi cuarto y papá venía y como que me abrazaba de una manera rara, no de padre a hija, pero lo sentí como abu- so. Yo estaba en una actitud muy pasiva, no por rechazo, sino porque, esto es un divague, lo veo más cercano al abuso psicológico, abuso de autoridad”. A los cuatro meses de estar trabajando, un embarazo le permite refu- giarse en la maternidad, e ir dejando el trabajo y el tratamiento.

II. La lógica de la inhibición.

Nieves: muchas gracias, Liliana. mi comentario va a tener dos partes. una parte en la que voy a seguir un poco el relato que hizo Liliana para ir ubicando distintas cuestiones, y un segundo momen- to en el que intentaremos a llevar ese recorrido al nudo. titulé mi comentario “control de vuelo”.

antes de comenzar con él, les voy a leer una cita del Seminario XXIII: “El cuerpo no se evapora, es consistente, y eso es lo que le es a la mentalidad antipático, únicamente porque ella cree allí tener un cuerpo

para adorar. Esta es la raíz de lo imaginario. Yo lo pienso, es decir, lo

hago panza, es decir, lo sufro, es a eso que se resume, es lo sexual lo que miente ahí dentro por contarse demasiado” 1 Patricia llega a los treinta años al tratamiento con Liliana con esta

cuestión de los vómitos que viene provocándose desde hace quince años, la mitad de su vida. Inmediatamente plantea que se siente mal parada y en un estado de competencia, y por otro lado, una base de

1 Lacan, J. El Seminario. Libro XXIII. El sínthoma. Paidós. buenos aires, 2006. Pág. 64.

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tristeza que liga con su padre. Describe a este padre como duro, des- preciativo, altanero, salvo con los niños, ya que con su hijo el padre es una persona distinta; por otro lado tiene relatos por parte de la madre que refieren que cuando ella era niña también el padre era así. se trata de un padre que sólo puede ser dulce, tierno o amoroso con los niños. Desde el primer momento se enuncia un deseo de muerte hacia al padre, que es totalmente consciente y que le provoca culpa. Por otra parte refiere una inseguridad ligada a la obligación de de- mostrarle al padre su valor. De modo que desde el inicio se pone de relieve en Patricia una posición mostrativa, es decir, una disposición al acting destinada a llamar la atención, a demostrarle al padre. Por otra parte está la rivalidad con su hermana mayor, que pa- rece haber sido la preferida del padre. con esta hermana entra en una relación especular, engordando y adelgazando en función de los avatares de esta relación. al referirse a los vómitos que se provoca a diario, hay un mo- mento en el cual ella dice: Comer para vomitar… descargarme de algo un descargo. La analista interviene preguntando cuál es el cargo, y ahí surge la cuestión de la mentira. Esta mentira queda ligada a lo que se oculta en el control: Trato de controlar todo. De modo que la posición de Patricia es una posición de control, en la que los vómi- tos cumplen una función de control, una función de mentir o de ocultar, y también una función de conjura respecto de un mal. En este momento Patricia trae un primer sueño, repetitivo, el sueño del avión que cae. Ella liga directamente ese sueño con una etapa de su vida, de los once a los veintidós años, que asocia con la casa desde donde ella veía el accidente aéreo. La nombra como la casa en donde se enteró del suicidio de su tío paterno, de modo que ese avión que cae queda ligado a esa marca. Por otro lado, podemos ubicar algunos significantes en este sue-

ño que son significativos: despegar, darse vuelta, caer, y, boca abajo –ahí está la boca. Es en el marco de este sueño que ella va a significar a los vómitos como conjura, al decir: No voy a vomitar para asegu- rarme de que él vuelva.

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Los vómitos están al servicio del control, y a la vez ella quisiera poder controlar los vómitos. si ella controlara los vómitos se ase- guraría de que él vuelva. Ese “él” queda un poco indefinido pero

remite a la línea paterna, ya que surge en el marco de ese sueño en el que la referencia es el suicidio del tío paterno. Por otra parte ella trae las dos preocupaciones que podemos ubi- car como las demandas que la llevan al análisis: la reinserción labo- ral, y la angustia por la seguridad de su hijo; dos cuestiones que ella no puede controlar. Por otro lado, ella también testimonia de la dificultad en la que se encontró a partir del nacimiento de su hijo para ubicarse en el lugar de otro: Había perdido la independenciano entendía a mi bebé. En este punto podemos definir ya un primer aspecto de la posición de Patricia, que es una posición de niña. En la medida que el padre sólo podía ser amoroso con los niños, ella eligió –median- te la inhibición de su feminidad– quedar ubicada en una posición infantil, respecto de la cual el deber ocuparse de su niñito se ve perturbada, dando lugar a esa depresión puerperal que dura cinco meses, a pesar de haber buscado ese hijo. su cuerpo parece haberle pesado ya desde la infancia, nombrán- dose como “gordita”, y llegando a pesar setenta kilos. a medida que Patricia habla de su historia trae un nuevo sueño, en el que nuevamente está la cuestión de la caída en juego: El once de septiembre yo estaba dentro y veía cómo se iba cayendo el edificio, estaba tratando de ver cómo salía, ni rasguños ni nada, me las podía

arreglar. trae este sueño a la vez que cuenta que eligieron a otra en el trabajo, nuevamente ella queda mal parada, y es ese “mal parada” que insiste el que la lleva a este sueño, en el que justamente se trata de un edificio que cae. Es interesante cómo la posición en la que se encuentra el sujeto en este sueño es la de tratar de ver cómo salir, de poder arreglárselas. De modo que en esta demanda de análisis en el nivel del inconsciente se trata de encontrar la salida, y el sentimien- to que tiene el sujeto de que va a poder con eso. La analista señala el desmoronamiento en ese sueño, lo que lleva

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a que Patricia despliegue un momento fundamental de su historia, que es el momento de desmoronamiento del padre, cuando el padre se quiebra –entre sus doce y quince años–, renunciando a su deseo para volver con su propio padre, abuelo paterno que toma la faz de un superyó feroz que obliga a su hijo a quedarse en buenos aires, a ocuparse de él, para terminar echándolo de la casa. La respuesta de Patricia al desmoronamiento del padre es la posi- ción anoréxica-bulímica, Descubrí que tenía problemas de comida. En mi cumpleaños de quince no quería comer la torta. En ese momento de la adolescencia podemos ubicar cierto vuelco en su posición, ya que pasa de ser “la gordita” a rechazar la incorporación, a no querer comer y provocarse los vómitos. se trata de un movimiento de inhi- bición como respuesta a una doble cuestión: por un lado el desmoro- namiento del padre, por otro, la irrupción de la feminidad corporal. En este tramo del tratamiento el padre enferma de meningitis, y en ese momento se hace más presente la ambivalencia en juego en relación con su deseo de muerte del padre. Por un lado es algo que ella siempre desea, y por otro lado está el temor a que esto suceda, ella queda dividida ahí. En este punto hace una declaración que da cuenta de hasta qué punto su posición se puede ubicar en términos de lo que Freud plan- teaba como Edipo invertido, ya que dice que la fantasía de muerte del padre la lleva a la fantasía de vivir con su madre, de encargarse de ella, afirmando que la ventaja si el padre no estuviera sería que ella podría estar con su madre, ahí se verifica el estrago materno en juego como correlativo de la posición del sujeto en el Edipo invertido. Es en este punto que Patricia abunda en una descripción de la madre ideal: Si a mi mamá le pasara algo lo sufriría muchísimo, no le deseo más que salud y felicidadNo mostró diferencias con nosotras… con un corazón de oro… me llena de orgullo, etc. y lo que termina situando en esta especie de himno a la madre, es cómo en realidad siempre se las arregló para hacer de cuenta que no pasaba nada y para esquivar esta relación de cierta ferocidad entre el padre y sus hijas, o al menos entre el padre y Patricia.

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III. El cese de los vómitos.

a partir de este momento podemos situar el inicio de un movi- miento en el análisis, que va a llevar al cese de la práctica del vómito. hay unos hitos en ese movimiento que va señalando la analista. al primer hito podríamos llamarlo “Encuentro con la castración”. Patricia dice: Voy a fallar en el intento de no vomitar, a lo que la res- puesta de la analista no se hace esperar: ¿Y por qué no podrías fallar? cuando ella vuelve una vez más sobre el asunto del deseo de muerte y la lista de reproches al padre, la analista interviene preguntándole si no se habrá deprimido el padre, y ese significante depresión loca- liza el punto de castración en el padre, Patricia termina llorando y diciendo que sí, que cree que el padre tenía o tiene depresión. Luego hay una serie de intervenciones que barran a la madre y al ideal de la infancia feliz en el que ella se sostenía. Es a partir de este movimiento inicial de confrontación con la castración que Patricia puede comparar los vómitos con sacar la bronca de adentro y situar ahí un antes y un después. Ella dice: Des- de ese momento algo cambió, desde el momento en el que comparó el vómito con sacar toda la bronca de adentro. se trata de un efecto de interpretación, por el que va a traducir vómito por bronca, traduc- ción que opera cierta simbolización del fenómeno corporal. Esta simbolización del fenómeno de los vómitos va a contrapelo de la operación misma de inhibición –que es justamente la imagi- narización de lo simbólico. allí podemos ubicar un acontecimiento –en este antes y después que señala Patricia, por el que algo cambia, y ese algo que cambia a partir de ese momento va a llevar al cese efec- tivo de la práctica del vómito– en la medida que las intervenciones de la analista empiezan por situar la castración en el sujeto mismo y en el punto mismo del control. ya que la primera intervención que sitúa la castración opera sobre el sujeto que venía diciendo que iba a fallar en el intento de controlar el vómito; esa intervención sitúa la falla en el control, agujereando el mecanismo de la inhibición.

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VI. La vía de la angustia.

cuando Patricia deja de provocarse el vómito surge la angustia, ahí verificamos la definición que da Freud en “Inhibición, síntoma y angustia” de la inhibición como el mecanismo más eficaz para evitar el desarrollo de angustia. Por otro lado, a partir de que ella puede perder esa práctica pue- de ligarla simbólicamente con el hacer de cuenta que no pasa nada materno, de modo que los vómitos quedan justamente situados en esta línea en la que opera la inhibición, que apunta justamente a que todo quede igual, que nada cambie. Por eso es interesante que cuando algo cambia, ella deja de vomitar. cuando algo cambia en el análisis, ella dice Desde ese momento algo cambió, algo dejó de ser igual, ahí deja de vomitar, puede perder el vómito. Justamente, el vómito estaba en el punto de hacer de cuenta que no pasa nada, de anular todo acontecimiento, de ocultar, en todo caso, lo que pasa, de allí que cuando lo pierde sobrevenga la angustia. En este punto surge una nueva interpretación, acerca de por qué dejó de vomitar, ella se interroga acerca de esto que le resulta enigmá- tico, y entonces surge la cuestión de que se había caído un árbol en el jardín de infantes del hijo, entonces ella cree que dejó de vomitar por eso. me parece interesante esta interpretación que hace Patricia, ya que en ella una contingencia –que es esta caída del árbol– desarma la lógica de la repetición en la cual ella se encontraba tomada, en ese temor que tenía ella de padecer la depresión paterna y de llegar al suicidio como su tío, de que esa desgracia de la familia paterna caiga sobre ella. Es en el punto en el que la desgracia no cae sobre su hijo donde la lógica de lo necesario se detiene, cesa de escribirse. a partir de esta contingencia se vuelve posible otra cadena que no sea la repe- tición incesante de lo mismo, y esto distinto queda encarnado en su hijo como causa, entonces ella puede trasmitir también otra cosa a su hijo, algo diferente de la desgracia de la familia paterna. Junto con el cese de los vómitos llega el cierre del tratamiento hospitalario, cuya demanda estaba justamente ligada a ellos, a la

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bulimia. Pero la demanda de análisis continuaba presente más allá de la remisión sintomática, y es la que lleva a Patricia al consultorio de la analista. Este tramo del tratamiento analítico transcurre en la vía de la an- gustia, una vez que el sujeto ha perdido el control del vuelo, el control de los vómitos. Es interesante que el dejar de vomitar no es conse- cuencia del control, ni de una decisión, sino que es algo que la sor- prende. no es por el lado del yo que ella deja de vomitar, al contrario, está sorprendida y necesita interpretar el hecho de haber dejado de vomitar. En ese momento que ella se sorprende por haber dejado de vomitar, es el sujeto dividido el que viene al lugar donde antes estaba el yo, controlando con los vómitos lo que entraba y lo que salía, lo que se veía y lo que no se veía, lo que pasaba y lo que no pasaba; ahora se hace presente el sujeto dividido, y ella necesita entender lo que pasó.

hay una serie de sueños que muestra muy bien el movimiento que va realizando el análisis, movimiento que la va a llevar a un punto de angustia frente al cual va a retroceder –no hasta el punto inicial, como veremos Primer sueño de este nuevo tramo del análisis: Me secuestraban y yo decía: “No quiero que me violen más, no quiero ver más”. se recorta el objeto mirada, que irá teniendo distintas elaboraciones a lo largo de los siguientes sueños. surgen también sus ganas de ser deseada, en asociación con su adolescencia, cuando tenía ganas de ser desea- da pero como era gordita fantaseaba con que la secuestraban. En ese mismo punto, en este sueño, quedan asociadas la obesidad con un fantasma de violación.

V. Vicisitudes del objeto.

El sueño siguiente, que es el sueño del chicle, es un sueño por demás interesante. Estoy comiendo un chicle, como que va creciendo. Me lo voy sacando, sacando, pero van quedando restos, restos, –repetición,

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repetición, claramente en juego ahí– hasta que al final queda limpia la boca. Después de eso empezaba a hablar porque eso me tapaba la boca, y también dice que a raíz de haber dejado de vomitar está más angustia- da. Forma parte también de este relato del sueño la asociación entre el haber dejado de vomitar y la angustia. El chicle habla de una infla- ción imaginaria del objeto oral, es el chicle que va creciendo. Podría- mos también decir que es una versión fálica del objeto oral. Ese chicle que va creciendo es el objeto oral que se va inflando imaginariamente hasta explotar. cuando un chicle crece mucho termina explotando, porque finalmente es extraído como un objeto a, como un resto. Me lo voy sacando, sacando, pero van quedando restos, restos, hasta que al final queda limpia la boca, se ve ahí la extracción del objeto oral. Es un sueño que habla de la transformación de ese objeto a imaginarizado por la inflación yoica, en un objeto real, en un resto, en una nada que deja la boca limpia y permite hablar, pasar a la palabra. Este sueño muestra cómo a partir de que el sujeto puede perder ese objeto imaginario, puede salir de la inhibición, puede hablar. La inhibición es tener la boca tapada, y cuando ella pierde ese objeto que le tapaba la boca, empieza a hablar, de modo que se relanza el despliegue de lo simbólico, que era lo que la inhibición detenía, y quedan en ese mismo sueño, con una lógica implacable, situados los vómitos como tapón de la angustia. Luego viene ese momento en el cual a ella la eligen en el trabajo por ser mujer. Es interesante ya que habla de la caída de su autoes- tima y de una indistinción entre los sexos, ella dice: Es indistinto ser mujer u hombre, pero trae un sueño en el cual se trata de la distin- ción entre los sexos, de un hombre que la mira con deseo. En este punto se verifica también que en la demanda de análisis inicial –referida a esas dos cuestiones que podían escapar al control, que eran reinsertarse laboralmente y la seguridad por su hijo– estaba en juego la cuestión de lo femenino para ella. De hecho, ya antes de empezar a trabajar sueña con relaciones eróticas con compañeros de trabajo: Había un bombonazo atómico que me declaraba su amor, y lo rechazaba para seguir con vos –con el marido– porque te quería.

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En esta serie de sueños, especialmente en este último, empieza a producirse una primera reversión pulsional en relación con el ob- jeto mirada. El primer sueño que ella había traído en esta serie del análisis en el consultorio, era que ella era violada y era forzada a ver, de modo que ella era quien miraba; mientras que aquí se trata de

hacerse ver, de un otro que la mira, de un hombre que la mira. De ese goce autoerótico, cuando ella tenía que mirarse siendo violada –porque no había ningún hombre que la mirara–, a ese goce hétero, en el que la mirada queda del lado del hombre, y ella como causa del deseo y del amor de un hombre. se establece un claro contrapunto entre la corriente tierna en relación con el marido y este “bombonazo atómico”, que encarna también el objeto oral, pero ahora en una dimensión ligada al goce heterosexual y al deseo, y no a la satisfacción autoerótica de comerse sola el bombón y después soñar con que es violada. Ella rechaza al “bombonazo atómico” para quedarse con el marido porque lo quiere, para preguntarse luego: ¿Me podría pasar alguna vez que me enamorase de alguien?, de modo que querer al marido queda en contrapunto con enamorarse, con un amor articulado al deseo. El amor al marido es la corriente tierna, como se va a verificar después, cuando Patricia diga:

  • Mi marido como mi madre…, cuestión que es escuchada y señalada

por la analista, y que va a ser determinante en la decisión del sujeto de

retroceder, al menos por un tiempo, al menos por nueve meses. De mirarse a hacerse mirar se opera ese mismo movimiento que antes situamos del chicle al resto, del yo al sujeto barrado. De mirar- se yoicamente, fantaseando, a hacerse mirar y quedar dividida por la mirada de un hombre, rechazándolo histéricamente. Insisten los sueños eróticos con jefes y compañeros de traba- jo que remiten directamente a la mirada de un hombre. Ella dice:

Hace rato que no me sentía mirada, y ahí también nuevamente está la distinción entre la mirada de un hombre, el sentirse mirada, y el

marido y la mamá que le dicen cosas porque la quieren. ahí se dice

  • Mi marido como mi mamá…, lo que es señalado por la analista; a

partir de esa intervención ella se ausenta dos sesiones consecutivas,

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quiere decir que tocó el punto justo, que esa intervención tocó un punto de goce que la frena –en términos de Patricia–, ya que ella dice que cada vez que se frenaba repetía tres palabras que le había dicho la analista, No te asustes. Recordemos que el freno es una de las maneras en que Lacan define a la inhibición.

VI. El fantasma de seducción histérico.

Finalmente, el sueño de seducción, que habla de una erotización del lazo con el padre: Papá abusaba de nosotras, me acariciaba…, en- tonces el rechazo del yo a esta erotización del lazo, que dice: No, pero en realidad era abuso psicológico, abuso de autoridad. El inconsciente dice, o desea, otra cosa, haciendo presente el fantasma de seducción histérico, que sería la punta para ir desde esa angustia que le provoca a Patricia –como a todo sujeto– al síntoma histérico. La vía de la histe- rización justamente se articula en el punto en que se puede erotizar el lazo con el padre, en el que podría despuntar la vertiente amorosa. se trataría allí del mismo movimiento que realiza Freud como construcción del segundo tiempo del fantasma “Pegan a un niño”, tiempo imposible de recordar, que hace al fantasma fundamental:

mi padre me pega porque me ama, donde está en juego un goce eró- tico con el padre, que lleva la marca de la regresión, como señala Freud, al manifestarse como golpe, de allí que encuentre ese fantas- ma en su mayoría en mujeres obsesivas, ya que en esa estructura, o superestructura “de la histeria”, el goce genital regresiona hasta su versión sádico-anal. En este sueño de Patricia se realiza el movimiento inverso a la re- gresión obsesiva, que es la histerización, por la que el sujeto encuentra la vertiente erótica del lazo con el padre. En ese momento la decisión del sujeto es volver a la inhibición, al freno, al tapón, pero esta vez se trata del tapón de la maternidad. no vuelve a los vómitos sino que recurre a la maternidad, por eso decía que al menos son nueve meses, ya que después de ese plazo, por más que quiera, la panza no va a