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DE VISIONES Y CEGUERAS.

LA MONEDA COMO INSTANCIA DE COORDINACIÓN EN UNA


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ECONOMÍA DE MERCADO
María Eugenia Castelao Caruana (Centro de Estudios de Sociología del Trabajo, FCE, UBA) y María
Mercedes Patrouilleau (Instituto de Investigaciones Gino Germani, FCS, UBA)

1. INTRODUCCIÓN

Este trabajo tiene por objetivo responder a dos preguntas principales. La primera es una pregunta sobre
contenidos y refiere a qué es el dinero en una economía de mercado. La segunda pertenece al campo
epistemológico y busca identificar las problematizaciones que dan lugar a la introducción o exclusión de
la cuestión monetaria como aspecto fundante de la economía de mercado.

Se plantea la necesidad de analizar el concepto de economía de mercado bajo un paradigma diferente al


de la teoría económica moderna, en un marco de referencia que permita explicar la articulación
ambivalente de los individuos independientes y activos, en una economía descentralizada. Esta tarea
requiere un cambio conceptual en relación a la idea del mercado como mecanismo de coordinación en sí
mismo para pasar a considerar la moneda como instancia de cohesión y centralización del orden
económico.

Realizaremos un recorrido por los lineamientos generales de las principales corrientes económicas,
analizando su visión sobre la relación entre la economía de mercado y la cuestión monetaria. La lectura
sobre estas teorías tendrá en cuenta los aportes y limitaciones para pensar esta problemática según los
interrogantes y supuestos que conforman sus marcos conceptuales.

2. LA MONEDA EN ENFOQUES NO MONETARIOS

La teoría económica propiamente dicha surge como campo autónomo de pensamiento en el siglo XVIII,
cuando comienza a tratarse el concepto de mercado en el contexto de discusión sobre la evolución y el
origen de la riqueza. Los economistas clásicos, y luego la reinterpretación neoclásica, ven al mercado
como esfera de intercambio de equivalentes, partiendo de un principio ordenador que le precede: “Se
presume que este principio domina las fuerzas destructivas que engendra ineluctablemente la separación
de los sujetos mercantiles. Este procedimiento lógico está en la base de toda teoría del valor, ya sea
“objetiva” o “subjetiva” (…) se postula la existencia de una ley primera, la racionalidad de los agentes o la
primacía del trabajo, la cual más allá de la anarquía aparente de la producción mercantil hace sentir su
potencia ordenadora” (Aglietta y Orléan, 1990, 86).

Desde Adam Smith el concepto de mercado no es sólo un modo de asignación de recursos a través de
un sistema de precios sino un mecanismo de organización social, a través del mercado se produce una
verdadera socialización (Rosanvallon, 2006: 78). Con respecto a su funcionamiento, Smith dejó
pendiente la resolución de la “mano invisible” y la forma en que se efectuaba la coordinación en el
intercambio. En cuanto a la moneda, se centraba en las interdependencias generadas por la división
social del trabajo y en este contexto justificaba su origen, relacionado con la necesidad de los “hombres
de negocio” de disponer de una mercancía universalmente aceptada a cambio de los productos de sus
respectivos esfuerzos (Smith, 1776). La moneda es un medio técnico que facilita la descentralización
social.

En la teoría de David Ricardo el dinero jugaba un rol esencial como medio para el intercambio al interior
del mercado nacional, y como elemento que podía perturbar, vía precios, la posición competitiva de un
país en el comercio internacional (Furio Blasco, 2005). En su obra comienza a desarrollar una teoría del
valor trabajo asociada a las condiciones técnicas de producción. Estos desarrollos serán luego retomados
por Marx y abandonados por la economía marginalista.

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Este trabajo surge de la cursada del Seminario de Doctorado “Mercado, organización y coordinación”, Centro
Franco Argentino de Altos Estudios y Facultad de Ciencias Económicas, UBA, dictado por el profesor Faruk Ülgen
entre los días 30 de abril al 11 de mayo de 2007.
Sobre la cuestión monetaria Marx tampoco llegó a trascender el debate de la época. Su teoría se
concentró en demostrar la relación de explotación existente entre las clases sociales centrándose en el
plusvalor generado en el proceso producido entre el intercambio de equivalentes en el mercado y la
capacidad productiva efectiva que poseen tanto la fuerza de trabajo (Marx, 1999a) como la organización
y el control del proceso de trabajo por parte del capitalista (Marx, 1999b; 1999c). En este lugar, la relación
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mercantil se muestra como un intercambio de equivalentes (Cartelier, 2003) . Luego, con la noción de
acumulación originaria Marx tampoco explica cómo se da la acumulación capitalista más allá de saqueos,
expropiaciones de tierras, es decir, por fuera del mercado. La ceguera de la teoría marxista con respecto
a la cuestión monetaria puede encontrarse en esta indefinición entre la acumulación capitalista por fuera -
en la irregularidad- y por dentro del mercado -bajo las leyes del mismo.

Los economistas clásicos, Marx inclusive, se mantienen en un mismo campo de problemática (Althusser,
2000), no pueden descubrir el lugar de la moneda en la economía de mercado porque mantienen la
discusión en torno al viejo problema del origen de la riqueza, pregunta fundada en la teoría del valor
trabajo.

Para los neoclásicos, el funcionamiento de la economía de mercado es representado a partir del


intercambio de recursos escasos entre agentes individuales racionales actuando en mercados
perfectamente competitivos; donde el óptimo pareteano de equilibrio es asegurado ex ante por la ficticia
presencia de un martillero walrasiano (Ülgen, 2005). En esta economía el equilibrio es independiente de
la existencia de la moneda (Cartelier, 2003) y es sustentado por una teoría subjetiva del valor. Sin
embargo, la presencia de fricciones en el mercado y la necesidad de separar el acto de la venta y el de la
compra, imposibilitan el trueque directo y exigen la incorporación de un instrumento técnico que permita
llegar al óptimo de equilibrio. Este instrumento, considerado como un bien económico por los neoclásicos,
es la moneda, la cual cumple esencialmente la función de medio de cambio, volviendo innecesaria la
“doble coincidencia de deseos” entre individuos para efectuar el intercambio.

Igualmente esta corriente admite diferentes funciones de la moneda, que no le son exclusivas (Fisher y
Dornbusch, 1978), y en comparación con otros bienes ésta no puede ser utilizada directamente para el
consumo, ni en la producción. La teoría neoclásica ha desarrollado diversos modelos que incorporan la
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moneda a la dinámica del intercambio , pero su capacidad explicativa es limitada por las especificaciones
exógenas que se adhieren a esta incorporación (Walsh, 2000). El dinero es neutral y exógeno a la
economía, lo que le otorga un rol meramente funcional.

3. APORTES DESDE LOS ENFOQUES KEYNESIANO, POSTKEYNESIANO Y REGULACIONISTA

Como sostiene Ülgen (2005) existen dos categorías de análisis del concepto de la moneda en economía:
las teorías del equilibrio, mejor representadas por la teoría neoclásica, y los modelos Postkeynesianos y
algunos enfoques monetarios de no equilibrio. Esta última conforma una masa crítica heterogénea de
investigación, pero su análisis de la economía de mercado se centra en el dinero y en las relaciones
monetarias, “consideran que el dinero es usado para superar la gran complejidad organizacional de una
economía de mercado descentralizada. En la mayoría de estos modelos, el dinero es una variable
endógena no neutral, un concepto primario de la economía de mercado” (Ülgen, 2005: 3, traducción
propia).

La teoría Keynesiana enfatiza la existencia de incertidumbre en el mercado generada por la


interdependencia de las acciones de los agentes en el mercado. Asimismo, la moneda creada por el
Estado a través del banco central permite incentivar la producción y el empleo desde la esfera de la

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Así también lo reconoce Rosanvallon, al afirmar que todo el esfuerzo teórico de Marx está centrado en una teoría
de explotación en el orden, dado que la demostración sobre el concepto de plusvalía está fundada en el
reconocimiento del carácter necesariamente igualitario del intercambio (2006, 217).
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Pueden diferenciarse tres líneas de modelización: 1) Modelos que asumen que el dinero produce utilidad directa,
incorporando sus saldos reales en la función de utilidad de los agentes, éstos son criticados por considerar al dinero
como un bien con utilidad intrínseca, lo cual asegura su valuación positiva; 2) Modelos que asumen la existencia de
costos de transacción, de esta forma el dinero provee utilidad indirecta al ser utilizado en las transacciones y 3)
Modelos que tratan al dinero como cualquier otro activo, usado para transferir recursos intertemporalmente (Walsh,
2000).
política fiscal bajo circunstancias de desempleo de los factores productivos, sin necesariamente
reemplazar el rol de los agentes privados. Siguiendo este razonamiento, la corriente Postkeynesiana
considera el mercado como la dimensión donde se manifiesta el resultado de las acciones
descentralizadas de los individuos en el sistema (Ülgen, 2005) y la riqueza como el medio que permite
mitigar la incertidumbre. Como explica Alicia Giron, “…la autoridad monetaria crea el equivalente general
que permite no sólo el intercambio de las mercancías sino que otorga el crédito necesario para el circuito
productivo” (Girón, 2006: 30), y esto definiría a una economía monetaria. La moneda es creada por el
Estado y reproducida a través de la relación de endeudamiento entre las empresas productivas y los
bancos. Esta teoría desafía el postulado de neutralidad del dinero, al hacer hincapié en la relación
existente entre la moneda y las variables económicas reales. Según esta visión la oferta de dinero es
determinada de forma endógena a partir de la creación de dinero-crédito aplicado a los proyectos
productivos, impulsores de la actividad económica (Ülgen, 2005).

En este sentido Ülgen distingue dos corrientes. Los postkeynesianos e institucionalistas que consideran
que el dinero es tanto exógeno como endógeno según los diferentes procesos que lo originan: el de
generación-financiera de ingreso (crecimiento endógeno de la oferta del dinero debido al incremento de
los prestamos bancarios) y el proceso de variación de portfolio (el banco central cambia la oferta de
dinero, exógena, a través de operaciones de mercado abiertas). En cambio la vertiente de la
“endogeneidad plena” (full endogeneity) supone que el banco central cubre los desajustes de saldos del
sistema bancario una vez determinados sus préstamos, de esta forma la oferta monetaria estaría
completamente sujeta a la demanda de crédito de los emprendedores (Ülgen, 2005).

Finalmente, la teoría de la regulación se centra -en contraposición a un equilibrio general- en las


instituciones y normas que rigen el orden de la economía, y la cuestión monetaria es tratada por algunos
autores como una forma institucional de regulación entre otras (Boyer y Sayllard, 1996), mientras que
para otros la moneda adopta un papel central en la explicación del funcionamiento de la economía de
mercado (Aglietta, Orléan, Téret, Guttman). Según Guttman, la moneda define el régimen de
acumulación (Guttman, 78) de la economía a partir de sus modalidades de creación y circulación que
definen un modelo de crecimiento. Las principales configuraciones institucionales monetarias que la
acompañan y hacen a un régimen monetario son: el banco central, los mecanismos de préstamos y las
reglas de transferencia de financiamiento entre países.

4. ENFOQUE MONETARIO Y TRANSICIÓN PARADIGMÁTICA: AGLIETTA Y SCHUMPETER

Si bien se han tratado algunas corrientes que comienzan a dar importancia a la cuestión monetaria, aquí
nos detendremos en dos autores principales que desarrollan rupturas epistemológicas al introducir la
moneda en un lugar central en la exploración de las condiciones de funcionamiento de la economía de
mercado.
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Aglietta y Orleán (1990) intentan comprender cómo la economía de mercado accede, por lo menos
temporalmente, a cierta estabilidad; cuál es el principio que comanda la socialización de los productos
privados y que regula las relaciones de intercambio. En oposición a los planteos neoclásicos sostienen
que “la moneda precede a la economía mercantil y la funda, y no a la inversa” (1990: 200). Para ellos la
estabilidad -temporaria- de una economía descentralizada es posible a partir de la intermediación de la
moneda entre los deseos de los hombres. La moneda constituye un espacio de socialización y una
institución, funciona como un tercero que mediatiza los conflictos y representa el modo de cohesión de la
economía mercantil, convirtiendo a los individuos en elementos de un espacio monetario (1990: 58). Lo
monetario puede ejercer una acción mediadora dada la exterioridad que legitima su soberanía.

Los autores caracterizaron a la acción de la moneda como ambivalente, porque si por un lado garantiza
la cohesión social, el individualismo es su otra cara. Si bien permite cierta gestión de los conflictos (a
través del anonimato y la autonomía que concede) también reproduce fuerzas sociales violentas (1990:
86-87) a partir del carácter fundamentalmente inestable del orden de mercado y de las dificultades
permanentes que encuentran los lazos sociales en su reproducción (1990: 41).

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Aglietta en una de sus principales obras -Regulación y crisis del capitalismo (1979)- ya otorgaba centralidad a la
cuestión monetaria en la regulación del sistema capitalista, pero subyace aún en la misma una teoría del valor trabajo.
Ésta es abandonada luego en esta obra que comparte con Orleán.
El funcionamiento de la sociedad mercantil se basa en la capacidad de creación monetaria en manos
privadas y por lo tanto sitúan su surgimiento a partir del siglo XIII, cuando esta dinámica comienza a
institucionalizarse y a instaurar un nuevo tipo de soberanía en donde la instancia política interviene de
forma mediata.

Schumpeter es otro autor que más tempranamente introduce un cambio de paradigma en relación a la
economía neoclásica (Ülgen, 2003). En la economía monetaria de propiedad privada la interdependencia
entre el sistema bancario y los emprendedores se da a través de la creación de dinero-crédito. Esta
economía funciona a través de un proceso evolucionario guiado por los empresarios privados,
caracterizada por la propiedad privada de los medios de producción para uso no personal, la producción
por iniciativa privada para el beneficio privado y la existencia de instituciones de crédito bancario
(Schumpeter, 1961). Esta visión monetaria de la economía sitúa a los emprendedores y a los bancos en
el centro del desenvolvimiento capitalista.

Para Schumpeter, los agentes relevantes del análisis económico son sólo aquellos definidos como
empresarios, individuos que adquieren el rol de deudores por la propia naturaleza de su función
económica independientemente de su riqueza (1961). El crédito le otorga al empresario poder de compra,
como derecho al producto social a cambio de servicios futuros o de bienes por producirse, lo que le
permite innovar, movilizar los factores de producción de empleos alternativos y “forzar al sistema
económico por nuevos canales” (1961: 114). De esta forma los empresarios “crean una nueva demanda
de bienes, sin crear al mismo tiempo una nueva oferta de los mismos” (1961: 114). En este punto
Schumpeter se toca con Keynes al centrar su mirada en las inversiones de los empresarios que
incentivan la economía y determinan la oferta endógena del dinero. Bajo esta concepción, el capital no se
corresponde con nada equivalente en la corriente circular ya que no es necesariamente riqueza existente,
sino un fondo financiero dependiente de las expectativas de beneficios futuros que sólo puede realizarse
como tal en mano de los agentes privados.

Estas concepciones permiten dejar definitivamente de lado una teoría del valor trabajo así como la
distinción entre economía real y economía monetaria, para pasar a la dinámica real de lo monetario en
una economía de mercado.

5. LA LÓGICA MONETARIA DE LA ECONOMÍA DE MERCADO

En una economía de mercado (monetaria) el dinero es la condición de inteligibilidad de la división


mercantil del trabajo, o de una economía descentralizada de propiedad privada. Como ya se trataba en
Aglietta y Orleáns (1990), esta división social de las actividades se caracteriza por un principio de
descentralización (individuos privados “libres”) y uno de interdependencia (se imponen a los individuos
las consecuencias colectivas de sus acciones descentralizadas). La combinación particular que estos
principios adquieren en la economía de mercado no reside en el sistema de determinación de precios
sino en la coordinación efectuada en el mercado por la lógica monetaria (1998: 47). En esta coordinación
actúan tres componentes, que hacen al sistema de pagos: un principio de unidad de cuenta, un principio
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de emisión y un principio de regulación de los saldos , que sientan las bases de la relación monetaria
entre emprendedores y sistema bancario descrita por Shumpeter.

Además, el dinero como medio de cambio, para poder cumplir su rol ambivalente debe ser respaldado
por la confianza colectiva y esto es posible por la existencia de una relación vertical entre los individuos y

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El principio de unidad de cuenta ya fue tratado por otras corrientes económicas, representa el anclaje nominal que
se da la sociedad. Es necesario presuponer su existencia, pero esto no basta para conocer cómo se mantiene a
través de las vicisitudes del mercado. Es la condición necesaria de toda acción individual, pero no es suficiente. El
límite del sistema de pagos lo establece el principio de regulación de saldos, éste hace referencia a la existencia de
un principio de equivalencia en el intercambio verificable sólo al nivel del conjunto de la circulación
intertemporalmente, que implica que los saldos del conjunto de la economía deben anularse. Esta equivalencia, sin
embargo, no está sujeta al valor del dinero, ya que como aclaran los autores: “El dinero no compra los bienes porque
posee un valor equivalente a ellos. Él es aceptado a cambio de bienes porque permite comprar otros bienes (o
cancelar la deuda contraída por el gasto)” (Aglietta y Cartelier, 1998: 64). En adelante se focalizará en el principio de
emisión desde la lógica de creación de dinero descrita por Schumpeter.
un principio organizador, como lo es la existencia de un banco central (Aglietta y Cartelier, 1998). Este
principio facilita que los bancos privados generen dinero crédito expandiendo la oferta de dinero y las
fronteras de producción de la economía. Sin embargo, la acción del banco central no debe interpretarse
como exógena (Ülgen, 2005) ya que la oferta monetaria esta determinada por los desajustes de saldos
del sistema bancario en relación a la demanda de crédito.

El comportamiento de los bancos modifica las condiciones monetarias y financieras sobre las cuales se
sostiene toda la estructura económica (Ülgen, 2003), centralizan el dinero existente fuera de circulación,
desempeñando un papel de intermediario financiero que permite colectivizar los riesgos (Aglietta, 1976).
Sin embargo, el proceso de creación de dinero crédito tiene límites definidos aunque variables. A nivel de
la relación entre bancos y emprendedores, la principal restricción es el comportamiento racional de los
bancos en su búsqueda de beneficios con riesgos diversificados. El racionamiento del crédito, la
información asimétrica y la evolución de las tasas de interés, también actúan como restricciones (Ülgen,
2005).

Finalmente, la estabilidad de este sistema de pagos está sujeta a desplazamientos de opinión colectiva
(Aglietta y Cartelier, 1998). La liquidez sólo existe si una gran cantidad de acreedores no deciden ponerla
a prueba al mismo tiempo. Como explican Ülgen y Marques-Pereyra (2006), la capacidad de la política
económica de prevenir crisis monetarias y financieras está ligada a la confianza en la viabilidad del
régimen monetario, y a la integridad del sistema de pagos.

6. CONCLUSIÓN

Para concluir interesa retomar las preguntas que motivaron este recorrido: ¿Qué es la moneda en una
economía de mercado? Y ¿Cuál es la relación entre las problematizaciones de las corrientes económicas
y su tratamiento de la moneda?

La capacidad explicativa de las corrientes económicas sobre el funcionamiento de la economía de


mercado está sujeta a sus interrogaciones y supuestos. Por ejemplo, si se parte de considerar la
existencia de una sustancia ordenadora anterior al intercambio (teorías del valor), estas corrientes no
explicarán la coordinación de las acciones de los individuos descentralizados. El recorrido conceptual
desarrollado da cuenta de que la posibilidad de comprender el funcionamiento de la economía de
mercado debe poner en el centro de análisis la dinámica monetaria: la forma compleja de socialización y
descentralización que la moneda representa como condición de posibilidad y coordinación de las
acciones económicas individuales y descentralizadas. La naturalización de esta dinámica no permite
comprender en profundidad la lógica de una economía de mercado, las desestabilizaciones frecuentes y
el origen de las desigualdades sociales que se generan en su desarrollo.

Este enfoque plantea la necesidad de superar la tradicional división entre economía real y monetaria
(Ülgen, 2005), asumiendo a estas esferas como construcciones analíticas y de funcionamiento
interdependientes. De este modo, la ciencia económica puede asumirse como una práctica de indagación
que exceda la cuestión de la “asignación de recursos escasos” y aborde una visión más holística,
comprendiendo interrelaciones del individuo con el todo y los complejos mecanismos de mediación.

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