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SI TU CONOCIERAS EL DON DE DIOS… (JN 3)

Nacer de nuevo, es una posibilidad antrópica radical. Es un momento donde algo sucede en la esfera de la gracia y cambia 360 grados la vida del hombre, es la exigencia de Jesús a Nicodemo. Nicodemo asume un cierto valor y un cierto paradigma que lee la historia sacerdotal. Nicodemo era fariseo, el sacerdote también lo es, es decir, estamos en torno a las cosas religiosas y espirituales como las tiene todo sacerdote, Nicodemo cumple bien las exigencias de la ley el pago del necesario al templo, el sacerdote intenta cubrir sus exigencias religiosas pero como Nicodemo, superficialmente. Jesús recrimina a Nicodemo el ser maestro de Israel y no tener la capacidad intuitiva de percibir el don de Dios. De ahí la necesidad de romper con los paradigmas societarioreligiosos para entrar en la dinámica del Espíritu que urge el alma de nacer siempre de nuevo.

¿Cuál es el proceso de ese nuevo nacimiento? Dejar de pensar que es el propio esfuerzo de la energía farisea la que te hace encontrar o agradar al Señor. El proceso comienza cuando me dejo hacer del espíritu, cuando el corazón empieza a percibir a Dios y a las cosas desde el amor de Dios que me llama a romper con mis propias seguridades, con mis propias estructuras. El Fariseo por su espíritu religioso, permanece en un estado de pecado, la moralidad de sus costumbres no le deja “nacer de nuevo”. El fariseo es una mezcla de religión y pecado juntos, su espíritu es libertino, se permite cosas, a sabiendas que conoce los requerimientos de la fe y de la fragilidad humana. Quien camina por pecados graves de moralidad es probable que no haya nacido de nuevo. Entrar a esa dimensión espiritual significa entrar en la dinámica del Reino de Dios. Se trata de entrar a la dinámica de nacer de nuevo, hacerse con otros criterios, dejar lo antiguo y abrirse a la novedad de Jesucristo. El nacer de nuevo es vivir como hombres nuevos en la exigencia de san Pablo. Se necesita cubrir ciertos requisitos, ciertas circunstancias de la vida del sacerdote, arrepentirse verdaderamente del mundo pecaminoso, es el único modo de nacer de nuevo. Dar asco de los propios pecados, es el síntoma que estamos en el camino de nacer de nuevo. La gracia no es estéril, es rica, sobreabundante, el nacer de nuevo es siempre posible.

Cuando la dureza del corazón es tal, la gracia sobreabundante, coge el alma de tal manera que nos derriba como a San Pablo, nos da una gracia que nos hace correr lejos del pecado. Nos hace llorar nuestros muchos pecados y nos construye en la alegría. El puerco vuelve a

su vómito y la puerca lavada a su cieno, esto indica que el no nacer de nuevo indica la tendencia temporal y cotidiana de volver al pecado y siempre con renovado esfuerzo y a veces cediendo mayores espacios a la liviandad, a la impureza, a la pornografía, y después a la ruina total. Es el

“callo” del pecado, como dice la Escritura “y a pesar de todo no se convirtieron”. Terrible

revelación para un hombre que no tiene la capacidad de reaccionar de su vida pervertida, de su camino desviado. Se lea Juan 3,1416, como Moisés elevó la serpiente en el desierto así tiene que ser elevado el hijo del hombre, porque tanto amó Dios al mundo que le dio a su hijo para que todos tuvieran vida en Él. La salida de nuestro mundo de muerte es …. La cruz. La cruz, es decir, la negación de los sentidos, del sacrificio cotidiano, la cruz que me indica el morir al pecado, mirar en la cruz también el proyecto de amor, el proyecto de vida, quien mire la cruz tendrá de nuevo la vida, como salvó de su persistencia pecaminosa a los israelitas del tiempo de Moisés. Mirar al que hemos traspasado con nuestros pecados. Necesitamos orar y pedir arrepentimiento y compunción de nuestros pecados, llorar nuestros pecados, pero con la acción del Espíritu Santo. El que cree en él no juzga, el que no cree ya esta jusgado porque no cree en el hijo de Dios. Necesitamos dejar que el Señor nos juzgue, nos recrimine los pecados, para poder hacernos conscientes de la necesidad de convertirnos. No buscar subterfugios, ni pretextos, por que existen muchísimos.

Consecuencias prácticas: en esta mudanza de época, una comunidad cristiana verdadera es la que carga con la cruz. No hay manera de renovar una parroquia o diócesis, cargando la cruz y seguir a nuestro Señor Jesucristo, renunciar al mesianismo falso. Jesús tu eres el Mesías y el hijo de Dios. Necesitamos alejar el poder de satanás, con las palabras: apártate de mi satanás.

Mucho pelagianismo (animosidad, emociones espirituales), pero poca conversión, no al pelagianismo, enamorarse de la cruz, que es fuerza de Dios para salvación del que cree. La soberanía de Cristo sobre la cruz es lo que distingue nuestra religión de otra religiones. Anunciar la cruz de Cristo hasta que el vuelva. Los ángeles caídos no tuvieron una segunda opción, nosotros sí. San Ignacio de Loyola, “yo podría estar con los ángeles caídos en el infierno, pero en cambio podemos volver nuestra mirada a la misericordia para convertirnos, cambiar el corazón, y llorar nuestros pecados.

Confusiones doctrinales sobre Cristo y sobre la fe cristiana, Monseñor Raúl Verzosa

La nueva era esta engatusando a muchos, años 60 Cristo sí, iglesia no; la sociedad actual ya no necesita redentores, somos nosotros infierno y gloria, el cielo lo genero yo o yo genero el infierno. Relativismo espiritual: espiritualidad sí, Dios o religión no. Por eso es importante la predicación del kerigma, porque esta nos conduce a Cristo como mi redentor personal, y Cristo nos conduce al Padre, y no existe Cristo sin Iglesia. Como presbítero vas a estar en el lugar de Cristo, vas a tener que salvar, redimir, sanar, perdonar, conducir a las almas al Padre, conceder salud y vida en abundancia.

“Dime como te confiesas y te diré que fe tienes en Jesucristo”. “La estola es para la vida, no sólo para consagrar”. Nuestra vocación

Mucho pelagianismo (animosidad, emociones espirituales), pero poca conversión, no al pelagianismo, enamorarse de la cruz, que

definitiva no es consagrar, es el abrazo de la felicidad. Hemos salido de la Trinidad y vamos a la trinidad. La fe es un proceso, necesita años de maduración, para ellos se necesita instaurar procesos formativos, personales y colectivos, individuales y laicales. El momento más importante del Sacerdote o de un laico, no es su consagración, no es su ordenación, no es el matrimonio, es la conversión, en términos de nacer de nuevo, hombres nuevos con una íntima relación con la Santísima Trinidad. Aunque se atraviese por áridos valles, noches oscuras del

alma, el encuentro profundo con Cristo, me conduce a ser plenamente suyo, esta íntima unión con la Trinidad es el más alto nivel que hombre o mujer alguno pueda aspirar tener. El día del Obrero de Cristo es el día en que fue constituida oficialmente, mediante decreto del superior mayor, la aceptación del movimiento de parte de la Arquidiócesis de Monterrey, como Asociación pública de fieles.

Monseñor José Azcona No podemos predicar a Cristo resucitado sin antes haber tenido un encuentro con el Resucitado. Conducirnos de admiración en admiración hasta llegar a enamorarnos de Cristo, y un enamorado le viene espontáneo el decir cosas tiernas, cosas dulces de aquel que amamos: Señor, te amo! Yo les daré un corazón nuevo, cambiare el corazón de piedra por carne. (Jeremías). Joel:

volved a mí de todo corazón, con ayunos con llantos con duelos. Rm pero ahora la justicia de Dios se revela para todo aquel que tiene fe. Ahora es el tiempo de la gracia, el tiempo nuevo. Para el fariseo y el duro de corazón, la ceguera espiritual es imprescindible el amor de Jesús, el único capaz de deshelar nuestro corazón, de cambiar nuestro corazón de piedra, de amar profundamente. Amamos con todo el Ser a la Trinidad y desde ahí aprendemos a amar como Jesús amó, a todos los seres humanos con los que compartimos la vida. Nuestra familia, nuestros fieles, nuestros hermanos de religión, nuestros colegas sacerdotes. Te desposaré en el desierto. También en el área de la sexualidad y la afectividad, también Jesús es Señor. Ez 37, resucitar un muerto, porque muertos somos en medio de nuestro no amar. Solo Dios puede resucitar, solo él que es la vida concede a los muertos la vida. Pero Dios no reconcilia a nadie que no se reconoce pecador. Jesús resucita mis huesos secos. La gracia de Dios nos devuelve la vida. El poder

intercesor de la Iglesia. La fe del Pueblo de Dios que nos impulsa a recuperar el sentido. El siervo sufriente “no tenía apariencia de hombre”, era como un animal, nos animalizamos cuando la gracia nos falta. Necesitamos hominizarnos en el sentido espiritual de Teilhard de Chardin, pero el esfuerzo del hombre es poco, la gracia lo es todo, pero es necesario acercarnos de corazón sincero a ella. Creerle a Jesús que puede hacernos resurgir de la nada, que puede recrearnos, que puede hominizarnos, que puede limpiarnos, que puede resucitarnos, que puede librarnos de la esclavitud de las Bellotas porcinas. ¿Cómo nos libramos de la incoherencia? Volver a ser hombres de fe, hombres de Evangelio, hombres resucitados, radiantes, creyentes sinceros del amor profundo de Dios por mi y la humanidad. Acoger los sufrimientos de Cristo en nuestro corazón, conectar nuestros sufrimientos con los suyos. Por que? Porque el dolor de Cristo es mi pecado. Así como Jesús desciende al infierno, debemos permitir que Jesús entre al infierno de nuestro corazón, que llegue hondo, a lo más profundo de nuestro orgullo, de nuestra vanidad, de nuestro pecado. Un corazón arrepentido y reconciliado sólo así puede reconocerse y darle gloria. Dar gloria con tu persona, mas que con tu predicación y tus ritos sacramentales. Dar gloria a Dios en la sexualidad, dar gloria a Dios en el vestido, dar gloria a Dios en el hablar, dar gloria a Dios en el testimonio y la coherencia, dar gloria a Dios en medio del sufrimiento y alegría, dar gloria a Dios siempre, porque para eso hemos venido a la existencia, para darle gloria a Dios. Si no lo hacemos así, lo que hacemos que convertirnos nosotros mismos dioses. Al hombre le gusta ser Dios, esto es de los orígenes, y ser dios indica, no buscar su gloria sino mi gloria, que me aplaudan, que me reconozcan que me aplaudan, que me consideren. Es necesario en este sentido que Dios crezca y que yo disminuya.

Monseñor José Azcona Muertos al pecado, y vivos para Dios en Cristo Jesús = Continuar muerto y sepultado con Cristo para que el pecado no te domine. El pecador no sabe que peca, cree que el pecado tiene que ver con el sentido de culpa, entonces me siento psicológicamente mal, el sentido de culpa me persigue, entonces tengo pecado, si no, no. Pero el pecado está muy por encima de lo que yo siento o creo, sino algo que me destina a la condenación eterna. Es esa la gravedad del pecado. El hombre nuevo y el hombre viejo no es lo mismo, la envidia no se vive igual en ambos, la avaricia o ambición no se vive igual en ambos, de igual manera el deseo de tener familia no es lo mismo en ellos. El hombre nuevo tiene la gracia que lo capacita para ir más allá del estímulo de la concupiscencia. El hombre nuevo debe estar atento a la vida espiritual, está atento al amor profundo que se cultiva en la oración, es un hombre vigilante de todos sus reacciones instintivas, morales y erógenas.

El ser humano percibe ansia de infinito, hambre de paz profunda, sed de trascendencia. Si tu supieras el don de Dios y quien es quien te lo pide, el te daría una agua con la cual nunca tendrías sed. Te convertirías en un manantial de aguas vivas. Jesús de su costado surge Sangre y agua, es la redención y el don del Espíritu que hace posible satisfacer mi necesidad de infinito.

Tres son los que dan testimonio…. El agua… agua misteriosa que surge del costado de Cristo.

Amorhombre nuevo y la sexualidad. (1Cor 6,9ss.): ustedes fueron unos de esos, pero fueron lavados con la Sangre del Cordero, santificados, ungidos con el espíritu santo. Por qué tanta problemática en torno a la sexualidad, afectividad? El fondo es una falta de fe. Confesar con fe es Señor de mi cuerpo, de mi sexualidad. La perversión priva del Reino de Dios. Y nadie quiere ser privado de participar al Reino de Dios. Es verdad que Dios salva a los homosexuales también, pero hay necesidad de perseverar en el hombre nuevo. El cuerpo (la sexualidad, la afectividad) no es para la fornicación sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. El Señor es también Señor de nuestra sexualidad, y afectividad, es una sexualidad nueva. Es este el eje central para una conversión en el amor. El amor libera de ser un sacerdote neurótico, esquisofrénico, sin una sexualidad integrada en el amor a Cristo plenamente vivida en un amor acentuado en la oración

que es el amor demostrado, imposible vivir la dimensión afectiva y sexual de nuestra vida espiritual, religiosa y sacerdotal. La masturbación es la necesidad de buscar un espacio para ser feliz, pero para que quiere un sacerdote masturbarse si ya es feliz en Cristo Jesús? Quien se une a una prostituta se hace una sola carne con ella, pero el que se une a Cristo se hace un solo espíritu. Debemos entonces glorificar a Dios con nuestra genitalidad, con nuestra afectividad, con nuestra necesidad e imperativo. Glorifiquemos a Cristo con nuestra sexualidad, en un mundo hipersexualizado, hay necesidad de dar ese testimonio de amor a este mundo erotizado en todos los medios, y formas, a este mundo grotesco que se desbarata en corrupción y perversión de formas siempre más superfluas posibles. Es importante glorificar a Dios con nuestro cuerpo, es decir, con nuestra sexualidad y nuestra afectividad. Mi sexualidad integrada para gloria de la Santísima Trinidad.

(Para los manuales de liderazgo cristiano) “Nadie llega a ser verdaderamente auténtico líder, Obrero siervo, verdadero Pastor, si antes no ha aprendido a ser verdadera oveja”.

Se puede ser sacerdote con fe, pero sin vivir como hombre nuevo. Se puede llevar una parroquia con cierto éxito pero sin ser un hombre nuevo. El sacerdote nuevo kerigmático ofrece su vida en oblación, ofrece su sacrificio cotidiano por los pecados del pueblo. Sal 40 el sacrificio no sólo de la eucaristía, sino el de sí mismo para gloria de Dios y bien de las almas. Sacerdocio en el Espíritu Santo. Hb 9,13s. La sangre de Cristo que por el espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará nuestras conciencias para rendir culto al Dios Vivo. Entregar la vida sin fariseísmo ni pastoralismo. Libertar al pueblo desde el Espíritu, liberar del factor económico, cultural, liberar en las opciones políticas. El sacerdote en el Espíritu tiene el poder. Liberar de las estructuras sociales y económicas, pero todo desde el Evangelio, porque el Evangelio es el Evangelio de la liberación. Ministerio en el Espíritu. Orar por los parroquianos, orar por los obreros de Cristo, vida de mortificación, de abstinencia, ayunos por los fieles, es un ministerio crucificado. Asi debiera ser el servicio a los hermanos, sacrificarse por ellos, como Cristo. 2Co 7,4: contento en medio de tribulaciones. Felices los pobres de Espíritu. El sacerdocio del espíritu se vive desde la dinámica de las bienaventuranzas. Alegría en la tribulación. 1Co 1,26: no muchos sabios según la carne, ni poderosos, ni nobles, Dios escoge a los que no cuentan, a los débiles, para confundir a los sabios, a los fuertes, para reducir a la nada lo que es. Jesucristo, Sabiduría de Dios. La nueva evangelización debe pasar por los pobres. Escoger a los laicos pobres para que teniendo la experiencia del espíritu evangelizan a los ricos, a los sabios, a los potentes. Es la tendencia del magisterio papal de Francisco. En nuestra realidad pastoral es pobre, y debe aprovecharse para evangelizarse entre ellos mismos. Pastoral del presbítero: 2Co 4,10 llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes la muerte de Jesús, así que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Que seamos capaces de morir día y noche, por el bien de los laicos, del pueblo de Dios, morir siempre, mientras se sirve con calidad en el espacio que la obediencia me destina a una porción de Iglesia. Morir, morir siempre no buscarse en sí mismo, no intentar vivir, pasarla bien, sino sacrificarse. Escojo mas pobreza que riqueza, prefiero injurias que honras, más considerado inútil y loco antes que sabio y prudente, y todo por Cristo.

Hch 1,8 recibiréis una fuerza cuando el Espíritu venga sobre vosotros, y seréis mis testigos…hasta los confines de la tierra. Esto es una promesa para todo sacerdote, toda la catequesis, toda la predicación toda la vida de parroquia está puesta en este paradigma, bajo el poder, la fuerza del espíritu Santo. Es importante llevarnos esta certeza para entender que nuestra actividad pastoral es divina más que humana, porque Esta conectada con la realidad de Dios y su poder. Debemos entonces regresar a nuestras realidades espirituales, comprendiendo este envío de manera personal. Dios mismo nos envía a esa porción de Iglesia. Llevar entonces el goso y la alegría la parresía que debe caracterizar quien se siente motivado y asistido por la fuerza de lo

alto. El encuentro personal y transformante con Cristo. La iglesia necesita una nueva pentecostés, pero pentecostés sacerdotal, con la fuerza del espíritu que hace posible el proyecto de Dios con valentía y amor. Dios da la serena audacia para el testimonio y la experiencia del poder del Espíritu. Necesitamos una “escatología personal” vivir como si fuera el último momento de nuestra vida, qué es nuestra vida sino un breve suspiro, y que hermoso vivirlo con fe, con esperanza con audacia, con celo, con amor profundo por Dios y las creaturas, y los fieles y los obreros de Cristo. Debemos predicar en medio del neopaganismo, el discurso de Pablo ante los atenienses. Dios ha querido enviar a su hijo para salvar al mundo, el ya ha determinado el día de su retorno y el juicio que hará del mundo. Predicar el arrepentimiento de los pecados a todas las naciones, Dios no quiere el mal en el mundo de manera que el sacerdote siendo misionero, teniendo toda la fuerza y el aval del Espíritu Santo está ahí para predicar el arrepentimiento pero como arrepentido, como testigo de la gracia en sus propias miserias, ser un ejemplo para los demás de arrepentimiento. Predicar con la experiencia, con el ejemplo, más que con la palabra o con la Escritura. Dentro de la propia Iglesia el Amor no es amado, vivimos del carro lujoso, del placer sensual, de los aparatos electrónicos que anhelas más que el bien de las almas, del vientre que quieres mantener bien alimentado, bien rotondo, satisfecho.

Con la contrición (arrepentimiento, remordimiento, penitencia, compunción, dolor, aflicción, pena pesar) DA INICIO EL HOMBRE NUEVO.

Comunidades de cenáculo: comunitario Comunidades de Pentecostés: proféticos Comunidades ni cenáculo ni Pentecostés Comunidades S.O.S aparezco y desaparezco. Comunidades de cumplimiento: cumplo y miento

El Señor providente ha formado la Iglesia para acoger a los que debe salvar, pero indirectamente ha hecho de la misión de la iglesia la oportunidad de mostrar que merecemos el cielo con nuestra fidelidad como pastores. Porque el buen pastor, no se sirve de la iglesia, sirve a la Iglesia; hace de ella motivo de su fidelidad no motivo de su infidelidad; el buen pastor no puede pastorearse a sí mismo sin que reciba el reproche del Espíritu que vigila las iglesias del Apocalipsis, ¡maldito!

Profético, celebrativo, comunitario,

  • 1. Iglesia de Cristo no nuestra.

  • 2. Iglesia encarnada que los pastores huelan a oveja y a pastor, no sólo inculturar también evangelizar.

  • 3. Iglesia arriesgada: iglesia del pueblo y para el pueblo

  • 4. Iglesia que sabe donde está su riqueza:

  • 5. Iglesia servidora

  • 6. Iglesia corresponsable, todos compartiendo carismas y funciones

  • 7. Iglesia fraterna, acoge con ternura a toda la humanidad

  • 8. Iglesia a lado de los sufrientes, carne herida y llagada hoy

  • 9. Iglesia de puertas abiertas; llegar a las periferias geográficas, culturales y geográficas.

Necesitamos salir al mundo no confiando en tu buen propósito, sino en el poder del Espíritu. Reavivar como dice pablo a Timoteo, el don de Dios. El Señor me ha enviado indica que la iglesia es misionera. Evangelizar a los pobres, preferencialmente, no exclusivamente. El año de la gracia es en la idiosincrasia del pueblo de Israel un momento de liberación real, se trataba de devolver la libertad a los aservidos o esclavos, dejarlos partir después de haber servido por un cierto tiempo a una familia en condición de servidor. El año de gracia es liberar la tierra, dejarla descansar, los pobres son por ello recompensados.

Las tendencias hereticales de la Iglesia:

El neopelagianismo El neognosticismo El neomaniqueismo El neocatarismo La nueva era.

No dejarse engañar por el demonio, convencernos de que estamos ya en la gracia, y que no tenemos nada que cambiar, llevarse buenos propósitos y por eso pensar que ya he nacido de

nuevo, que ya estoy “del otro lado”, hay que salir de este retiro, desconfiando de “mi propia conversión”, humillándose cada vez más, buscando en todo el bien de los demás y la gloria de

Dios, seguir, considerando los aspectos que tienes que cambiar. Dejarse totalmente hacer por el Espíritu. Revisar el área de los dineros, no podemos acumular sin razón, compartir esos bienes con los pobres, compartir los alimentos. No podemos servir a Dios y al dinero, no debemos. Porque está escrito adorarás solo al Señor y solo a él le darás culto. No podemos mantener el estatus económico, los niveles bancarios al tope, acrecentar las cifras con lo que recibimos de los pobres, de los diezmos, eso es algo sacrílego. Volver a confiar en la providencia divina, busquen primero el Reino y lo demás se les dará por añadidura. Quitar las preocupaciones de los dineros. Llevar el dinero de los pobres a las arcas de tus tesoros, y convertirlos en el Tesoro, y terminar dándole el corazón. Es importante atender las necesidades del pueblo de Dios. Su hambre, su necesidad espiritual, sus anhelos y sueños. Atenderlos lo mejor posible. Lo que sobra en la situación económica no es nuestro, es de los pobres, no podemos imitar los criterios de los ricos. Si es difícil que un rico se salve, quien que atesora tesoros podrá salvarse. Todo esto tiene necesidad de replantearse, de convertirse. Debemos atender la causa de los pobres, de lo contrario no vivimos el Evangelio de Jesús.

Ser Pastores, no mercenarios. Audaces y valientes antes los depredadores de las ovejas de Cristo.