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Escritos PEnalEs Manuel G. abastos

instituto Pacífico Escritos PEnalEs Manuel G. abastos 2014
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instituto Pacífico Escritos PEnalEs Manuel G. abastos 2014

2014

MANUEL G. ABASTOS

ESCRITOS

PENALES

Nota preliminar de José F. Palomino Manchego

MANUEL G. ABASTOS ESCRITOS PENALES Nota preliminar de José F. Palomino Manchego 2014
MANUEL G. ABASTOS ESCRITOS PENALES Nota preliminar de José F. Palomino Manchego 2014
MANUEL G. ABASTOS ESCRITOS PENALES Nota preliminar de José F. Palomino Manchego 2014

2014

Índice

Nota PrelimiNar

Por José F. Palomino manchego

I.

Pinceladas biográficas

8

II.

Manuel G. Abastos, Estudiante universitario

9

III.

Abastos y el derecho de menores

18

IV.

Abastos y las revistas jurídicas

19

V.

Abastos, historiador

21

VI.

Abastos, indigenista

23

VII.

Abastos, bibliotecario

25

VIII.

Metodología jurídica y enseñanza práctica

26

IX.

Abastos, penalista

28

X.

Abastos, Decano Del Colegio de Abogados de Lima

36

XI.

Los ultimos años de abastos

39

 

i

Parte GeNeral

1.

El delincuente en el Código de Maúrtua

43

I.

Imputabilidad y responsabilidad

45

II.

Clasificación de los delincuentes

50

ii

Parte esPecial

1

Esquema para el estudio de los delitos contra la libertad y honor sexuales

123

2.

El delito de violación del secreto de la correspondencia en el Código Penal peruano

136

iii

eNseñaNza y metodoloGÍa JurÍdico–PeNal

1.

Programa de segundo curso de derecho penal

155

2.

Exposición sobre el desarrollo del programa y método de enseñanza del segundo curso de Derecho Penal (Parte Especial)

169

3.

La enseñanza del derecho penal y el método de “casos”

171

4.

Los colegios de abogados y la enseñanza práctica del derecho

175

NOTA PRELIMINAR

Por

J OS é F. P ALOM i NO M AN ch EGO

Profesor en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

De antesala debo confesar que para la presente Nota Preliminar sobre Manuel G. abastos Hurtado (1893-1983) nos hemos valido de los testimonios muy valiosos e ilustrativos de José Hurtado Pozo, luis

raMírez aGuirre, luis a. braMont arias, luis e. roy Freyre, Víctor a. VillaVicencio cuneo, JaVier silVano anda, Manuel cerPa cerPa, Francisco aGuilar condeMarín († 1990), y de

doMinGo García belaunde, quien, una vez más, me proporcionó parte del material bibliográfico escrito por el penalista moqueguano. De ahí, pues, mi gratitud y reconocimiento in extenso a cada uno de ellos, por cuanto sin la información que me alcanzaron hubiera sido difícil escribir las líneas que a continuación discurren. No obstante ello, me responsabilizo de manera personal por cualquier idea, expresión o dato aquí insertado. Quiero también expresar mi especial agradecimiento a José Manuel abastos Gil-VarGas, por autorizar publicar con sentido académico los escritos de su ilustre abuelo, de quien ha heredado el noble oficio de la abogacía.

Hasta la fecha, quisiera equivocarme, la producción intelectual de abastos no ha sido estudiada de manera rigurosa en conjunto. Quizás obedeciendo en parte a la falta de información, en realidad muy dispersa, principalmente la relativa a los datos biográficos. (En vía de ejemplo, alberto tauro no lo toma en cuenta en la primera edición de su Diccionario Enciclopédico del Perú, Editorial Mejía Baca, Lima, 1967, ni mucho menos en el Apéndice a dicha obra, aun cuando lo hace en la nueva edición, muy mejorada, con el título Enciclopedia Ilustrada del Perú, Promoción Editorial Inca, Lima, 1987, Vol. 1, pp. 19-20. Incluye retrato).

Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

Fue en una de las últimas reuniones, aproximadamente a fines de abril de 1989, que tuvimos en el Comité de Redacción de Ius et Praxis, la revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Lima,

donde nació la idea de incluir en la Sección “Nuestros Clásicos”, con justicia

y acierto, a Manuel G. abastos Hurtado. A fortiori, estando próximo

a celebrarse el centenario del nacimiento del eximio penalista. El Director

de Ius et Praxis, en esa oportunidad exclamó: ¡Ahora, a quién ponemos en “Nuestros Clásicos”! Se bosquejaron algunos nombres, pero finalmente por iniciativa del siempre entusiasta y bondadoso profesor luis raMírez aGuirre, quien fue alumno de nuestro homenajeado en el ciclo doctoral de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, se decidió que Manuel G. abastos ocupe el sitial de la Sección “Nuestros Clásicos” de la revista Ius et Praxis.

I. PINCELADAS BIOGRÁFICAS

Pues bien, hablando de datos biográficos diremos que Manuel G. abastos Hurtado nació en Moquegua el 8 de noviembre de 1893. Desde muy joven fue formando un curriculum vitae sumamente envidiable y copioso. La nota característica de su persona fue la de mantener una actividad constante que se vio más acentuada en la docencia que en la producción bibliográfica. (Sobre los datos biográficos, para mayor información, Cfr. aroseMena Garland, Geraldo, El Colegio de Abogados de Lima y sus Decanos, Sigraf, Lima, 1977, p. 318; GuzMán FiGueroa, Abraham, “Homenaje al Dr. Manuel G. abastos” (Día del Maestro Universitario de Derecho), en Revista del Foro, Año LXV, N.º 2, Lima, 1978, pp. 105-112. Se incluyen retratos fotográficos, pp. 119-120. El 18 de mayo de 1978, en la persona de Manuel G. abastos se creó el “Día del Maestro Universitario de Derecho”. Curiosamente y habiendo en nuestro medio maestros universitarios que con humildad y en silencio han dedicado gran parte de su vida a formar futuros hombres de leyes, el Ilustre Colegio de Abogados, corporación gremial a la cual pertenecemos, no ha seguido homenajeándolos. carlos enrique MelGar (“Homenaje al Dr. Manuel G. Abastos, con ocasión de celebrarse el Día del Abogado”, en Revista del Foro, Año LXX, N.º 1, Lima, 1983, pp.

es una de las más gloriosas fisonomías

de la Historia del Derecho y de la docencia universitaria”. Vid., también los “Datos biográficos” que se incluyen con toma fotográfica de abastos, a raíz de su elección como nuevo Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lima, en la Revista del Foro, Año XLIV, N.º 1, Lima, 1957, pp. II y III.

167-171) decía sobre abastos: “(

)

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NOTA PRELIMINAR

Además, consúltese la “Nota Biográfica” sobre abastos, publicada en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas (en adelante Revista de Derecho y Ciencias Políticas), Año XXIX, N.º I, Lima, 1965, pp. 221-222, con ocasión de su nombramiento como Catedrático Emérito de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el mismo que fue ratificado por Resolución Rectoral N.º 22729 del 15 de enero de 1965. De sumo interés resulta el discurso de abastos —en realidad es un testimonio personal y memorias de su vasta labor en la cuatricentenaria Universidad— agradeciendo el homenaje que se le tributó el “Día del Maestro Universitario de Derecho”, publicado en la Revista del Foro, Año LXV, N.º 3, Lima, 1978, pp. 49-56. También vio la luz en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Vol. 42, N.ºs. 1, 2 y 3, Lima, 1978, pp. 119-127).

Manuel G. abastos era un hombre de innata formación cultural, habiendo realizado una labor modesta pero efectiva y silenciosa en la vita universitae. Si bien es cierto que gran parte de su pensamiento ha destilado en el Derecho Penal (parte general y especial) no podemos dejar de lado su fructífera actividad cumplida en sus años estudiantiles, como también su labor en el campo de la Historia, de la Metodología Jurídica, del Derecho de Menores, además de su meticuloso trabajo en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas, y el papel que le cupo desempeñar al frente del Colegio de Abogados de Lima como Decano. En ese orden de ideas, iremos desarrollando el ethos pensante, para decirlo de otra forma, el horizonte de la producción intelectual y bibliográfica de Manuel G. abastos. El superhombre que Nietzsche refería, tipo al que debe tender la humanidad, sin desconocer los valores y la libertad, ni mucho menos reniegue a la democracia, recae en abastos.

II. MANUEL G. ABASTOS, ESTUDIANTE UNIVERSITARIO

La actividad de abastos, verdadero homo universitarius, en buena parte obedece a su atalaya formación juvenil. Hombre de ideas renovadoras e inquietantes fue abastos desde el inicio de sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos hasta los últimos años de su existencia como profesional. Manuel G. abastos llegó a formar parte del “Movimiento Reformista”, que posteriormente se agrupó en un Comité Central presidido por José Manuel calle. En tal virtud, abastos dejó una honda huella en la época de la Reforma Universitaria. Como se sabe, el ab initio data del año 1907 que se empieza a plantear algunas reformas en el Congreso de estudiantes reunidos en la ciudad de Buenos Aires. Luego se volverá con

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mayor fuerza en mayo de 1919, siendo en el Perú el abanderado Víctor raúl Haya de la torre. Para ello influyeron sobremanera el diario La Razón que dirigía el Amauta José carlos MariáteGui, y otro más denominado La Actualidad, sobre todo por su contenido revolucionario. abastos fue uno de los portavoces de la Reforma Universitaria a quien se le encomendó redactar los “famosos manifiestos” que en el fondo eran una especie de demandas juveniles. Ahí se hizo famosa aquella frase al compás del inquieto y novel estudiante abastos: “Por primera vez los universitarios hablan al País en nombre del ideal de cultura”. Documento realmente valioso fue el “Manifiesto del Comité de Reforma”, cuya paternidad se le atribuye

a Manuel G. abastos, y al cual, otro reformista y actor de esa época, luis alberto sáncHez calificó como histórico. A la verdad, abastos, en términos de sáncHez, era un “hombre macizo y frío”, es decir, un poco barroco. En alguna oportunidad, Villavicencio Cuneo nos manifestaba que abastos era una persona de poco hablar, sobria, de buen castellano, que escribía muy bien, exigente y responsable en el contenido de algún ensayo suyo antes que salga a publicidad. No en balde, el extinto penalista español JiMénez de asúa catalogó a abastos “de ágil entendimiento y sólida cultura penal”.

A continuación, reproducimos in integrum el Manifiesto, gracias al permiso

concedido por JorGe basadre ayulo, hijo del ilustre historiador tacneño, mediante carta del 31 de agosto de 1990:

LOS ESTUDIANTES AL PAÍS Nuestra divisa es: Pensar y hacer por el Perú y para el Perú

¿Por qué actuamos?

Por primera vez los universitarios hablan al país en nombre del ideal de cultura. Nuestra palabra interpreta el sentimiento de la nacionalidad y el entusiasmo y la esperanza de veinte generaciones. Quienes ayer hubieran amado el pueril contentamiento de una vida sin tendencias ni inquietudes espirituales, hoy, frente a la pálida y enferma realidad, elevan el íntimo fervor visionario hacia las grandes cosas y los supremos intereses de la patria. La fe en el porvenir orienta las almas y abre prometedoras rutas a la acción de jóvenes energías. Entramos resueltamente al concierto renovador, pues comprendemos que es más progresivo un pueblo cuanto más intensamente se cumplen los deberes humanos y cuanto más cerca de la vida pasa la corriente saneadora de las aspiraciones juveniles.

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¿Qué perseguimos?

Perseguimos la organización nacional por medio de la cultura nacional. Queremos descolonizarnos un tanto de las metrópolis científicas europeas; aspiramos al conocimiento de nuestro mundo por nuestro propio esfuerzo intelectual; tratamos de acabar con la disociadora aristocracia universitaria, infiltrando la ciencia que democratiza y unifica; deseamos curarnos de las nocivas abstracciones y del extranjerismo ideológico, desviado y enervante; anhelamos formar nuestro criterio positivo para el análisis de este enfermo yacente que se llama Perú. Y para obtener todo esto necesitamos fundar la Universidad Peruana, cálido regazo de la patria futura, robusto seno de vitalidad mental, materna directora de actividades prácticas y de fecundos ideales nacionales. He aquí por qué los estudiantes lanzamos al país nuestra palabra de sinceridad, empeñados desde hace un mes en tremenda batalla de profilaxis universitaria.

¿Qué es nuestra Universidad?

El Perú se yergue mediocre en la cultura de América, orgulloso de su universidad secular, mientras un fresco espíritu universitario realiza obra de génesis en países circunvecinos. Si el analfabetismo es índice de anormalidad social, la afanosa conquista del diploma y la seca teoría de una media ciencia postiza y cascabelera, son signos de degeneración. Y tal le acontece a nuestro primer centro educativo.

San Marcos, nobiliario blasón de las letras coloniales, rancia cátedra de ergotistas peripatéticos, dejó de ser el claustro salmantino aplicado a un sabio humanismo académico, para convertirse en mala fábrica de titulados. Sus disciplinas, muchas de ellas arcaicas o circunscritas, se desenvuelven conforme a programas irrealizables. Sus métodos rutinarios y memoristas, producen neurastenia y rebajan e infantilizan al instituto. Los maestros, entre los que para suerte de la juventud hay algunos muy dignos, encariñados con el saber, metódicos y comprensivos, carecen por lo general de dotes pedagógicas, pues las Facultades, olvidando la prueba eficaz de los concursos, elevaron a la cátedra a profesionales competentes e incompetentes, que distaban mucho de ser lo que la cátedra exigía: maestros.

Dando una ciencia envejecida y deformada, la Universidad se propone el ideal del sabio; y no se orienta ni en la dirección altamente especulativa ni en la práctica, aplicada o nacionalizante. La Facultad de Letras vive divorciada de la literatura peruana. La Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas no da ni una mala burocracia diplomática. La Facultad de Jurisprudencia revisa fríamente el Derecho. La Facultad de Ciencias Naturales no crea aptitudes científicas al servicio de la industria. La Facultad de Medicina no estudia definitivamente los graves problemas de la Higiene y la Nosografía en el país. ¿Qué hace, entonces, la Universidad?

Respecto al abandono en que la Universidad ha dejado el sentido educativo de la enseñanza, pueden aplicarse a nuestro medio estas palabras del profesor español Sela: “La juventud no tiene, en su mayoría, al abandonar la Universidad, otra idea de

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la vida que aquella con que entró a los cursos de la Facultad, ni un sentido elevado

e ideal, ni la nobleza de gustos y de pensamientos, que es su consecuencia; nada,

en suma, que acredite el desarrollo armónico de todas las facultades del cuerpo y del alma conforme a una concepción racional de los fines humanos, y el completo dominio del objeto de la especial profesión a que cada cual se dedica.

El concepto moderno de Universidad

La definición que puede darse de Universidad en los Estados Unidos es: un lugar donde se enseña la universalidad del saber. En Alemania, la Universidad desarrolla la inteligencia y crea el hábito científico; es, según la frase de Fichte, no un establecimiento de instrucción, sino una escuela en la que se hace del estudiante

un artista del arte de aprender. El college inglés dirige hacia la vida y fortalece el carácter. La Universidad francesa está abierta a todas las ideas; las ideas abundan

y superabundan. El gran principio que rige en estos centros de estudio, es el de la

libertad, libertad para los profesores, libertad para los estudiantes. Todos ellos viven en continua gestación de reformas de enseñanza. Todos ellos plantean y resuelven en sus laboratorios y clases de seminario, los problemas que atañen a la vida

material y espiritual del Estado. La educación y la política les deben orientaciones precisas; la economía y la industria obedecen a sus inspiradas sugestiones. Y es que

la Universidad moderna más que a hacer profesionales tiende “hacia los fines de alta

cultura, a la investigación directa, a la disciplina del saber, a la aplicación del método científico, a la comparación de los resultados adquiridos, y a la adaptación de todo esto al medio en que se vive”. Para cumplir tal programa, los discípulos se hacen colaboradores de los maestros; investigan con ellos, descubren con ellos; o sea, los maestros no se limitan a exponer los resultados de la ciencia hecha y vulgarizada, sino que enseñan a remontarse a las fuentes y a la concepción de los métodos; y en fuerza de tal familiaridad directora, es que pueden moldearse las almas juveniles en el troquel de una sabia y cálida presión. De otro lado, la Universidad educa física

y espiritualmente. En plena naturaleza, provista de gimnasios y jardines, forma

organismos sanos y vigorosos; hace conciencias sanas y fuertes caracteres; vincula

al joven a la tierra y a sus muertos y ahonda en las almas la tesis del nacionalismo

redentor.

Esta es la universidad moderna

¿Cuáles han sido nuestras demandas?

Seríamos utópicos si después de mirar hacia las universidades extranjeras, pidiéramos que San Marcos suba en una hora a tan alto nivel. No. Nuestro criterio es relativo. Tenemos en cuenta deficiencias sustanciales. Guardamos el sentido de proporcionalidad que conviene a quienes estudian un país en infancia. Mas, por lo mismo, vamos hacia la reforma para que la Universidad encauce y eduque energías caóticas que, siendo fuerza del tiempo y de la sangre, subterráneamente fraguan deformidades en el organismo nacional.

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Al Rector y a los Decanos de la Facultad les hemos pedido todo aquello que es posible conceder. Hemos exigido que abandonen los claustros maestros dignos y venerables

a quienes achaques de edad no permiten ejercer eficazmente sus útiles funciones.

Gente incomprensiva nos han opuesto el argumento sentimental. ¿Cómo es posible que así pague la juventud a quienes dedicaron su vida a la enseñanza superior? ¿Y cómo es posible —respondemos— que un centro de cultura universitaria, tenga por maestros a doctores retrógrados encariñados con un dogmatismo estrecho? Acusamos a los sentimentales de ignorancia y antipatriotismo. Sacrificamos a los menos presentándoles la ofrenda de nuestro reconocimiento y reclamando su jubilación, para que se salven los más, aquellos que necesitan de la savia nueva y enérgica de los cerebros selectos.

Nuestra demanda comprende, también, a maestros jóvenes en quienes el pecado de

deficiencia es más grave. Y se extiende en consideraciones referentes a la provisión

y reglamentación de cátedras y concursos; a la orientación de la enseñanza en un

sentido eminentemente nacionalista; a la libertad de la cátedra y a la libre disciplina de los alumnos; a la intensificación de los estudios prácticos, disminuyéndose el abuso teórico; al aumento de disciplinas útiles o reducción de las inútilmente extensas; a la creación de bibliotecas especiales para cada Facultad; a la supresión de premios y de todo falso estímulo de aprovechamiento; a la concesión de becas

a estudiantes pobres de Lima y provincias; al aumento del haber de los maestros,

a fin de que puedan dedicarse por entero a la enseñanza; a la derogación de una

ley destinada a abrir fácil camino al diletantismo profesional; y, por último, a la representación de los estudiantes en los Consejos Facultativos y Universitarios, conquista democrática alcanzada ya en todas las aulas americanas.

Nuestra universidad del futuro

Nuestra Universidad deberá inspirarse en sabias direcciones modernas. San Marcos no hará más esos malos bachilleres y doctores, cuyo excesivo número constituye un pernicioso proletariado. San Marcos se adaptará a la vida y al país; unificará su educación y diversificará su instrucción; desterrará tendencias aristocráticas para abrir sus puertas a todo espíritu ávido de ciencia. Y ya no hará pensar a la juventud con un cerebro francés de importación sino con un cerebro peruano dirigido hacia las propias cosas del terruño.,

La vasta e intocada realidad nacional está abierta al universitarismo generoso. La incógnita histórica; los pesantes problemas de la raza y de la higiene; la estrechez económica y el desarrollo de la riqueza; la reforma de los viejos moldes de organización política; de nuestra contradictoria legislación civil; hasta, diremos, la formación de la conciencia moral y nacional deben ser los puntos de mira de nuestra Universidad.

Cultura, grandes raudales de cultura necesita el país; y luego, ciencia aplicada a todas las viejas endemias sociales. Los estudiantes creemos que en un pueblo tan atrasado como el Perú —y esto no es participar de las visiones platónicas— la Universidad debe ser la que oriente la vida nacional.

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Conocer lo que fuimos, saber lo que somos y fundamentar lo que seremos, he allí la obra de la Universidad Futura.

El Comité General de la Reforma:

José Manuel calle.- ricardo VeGas García.- Manuel G. abastos.- raúl Porras barrenecHea.- JorGe GuillerMo leGuía.- Jacobo Hurwitz.- Juan Francisco ValeGa.- PrósPero cHáVez.- Fernando GaMbirazzio.- luis J. Payet.- luis alberto sáncHez.- ricardo arbulú.- raúl iParraGuirre.- lizardo aste.- elías lozada benaVente.- carlos raMos Méndez.- daVid PareJa.- oscar roJas.- Félix Mendoza.- Manuel seoane.- enrique b. arauJo.- JorGe basadre.- isMael aceVedo criado.- luis Pinzas.- auGusto rodríGuez larraín.- estaMante salinas carMona.- Federico la rosa toro.- carlos solari.- alberto esPeJo.- enrique Villarán.- eloy esPinoza saldaña.- JorGe VillanueVa.- Víctor raúl Haya de la torre.- José quesada.- eusebio colMenares.- sixto M. aleGre.- José león y bueno.- abel rodríGuez larraín.- alberto Fuentes.- ricardo de la Puente.- ricardo Jerí.

(Tomado de BASAdrE, Jorge. La vida y la historia, 2ª ed., revisada y aumentada por el autor, Industrial Gráfica, Lima, 1981, pp. 225-231).

Como complemento de esta etapa de formación que tuvo abastos, señalaremos su paso por el Conversatorio Universitario. En principio, ¿quién trae la idea y cómo llega al Perú? Fue Víctor andrés belaunde quien planteó por vez primera en el Perú en un interesante opúsculo la idea de crear conversatorios y seminarios, luego de haberse formado y vivido en Europa. (Cfr. La vida universitaria. Ensayo sobre la Universidad y los estudios nacionales, Conferencia dada en la Federación de Estudiantes y algunos discursos, Imprenta y encuadernación de E.R. Villarán, Lima, 1917. Hay una nueva edición corregida con una exquisita Nota Preliminar realizada por doMinGo García belaunde, editada por Okura Editores, Lima, 1987. Vid., nuestra recensión en Ius et Praxis, N.º 16, Lima, 1990, pp. 393-395). Así lo ha reconocido luis alberto sáncHez, a fuer, uno de los últimos sobrevivientes del Conversatorio Universitario. (Cfr. “Prólogo” al libro de belaunde, Víctor Andrés, La realidad nacional, 4ª ed., Interbanc, Lima, 1980, p. xviii. También en su artículo “Recuerdos de Raúl Porras”, escrito en Libro Homenaje a Raúl Porras Barrenechea, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 1984, p. 82).

Ahora bien, ¿qué es el Conversatorio Universitario? Víctor andrés belaunde apunta que los principales aspectos del problema universitario se

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NOTA PRELIMINAR

reducen, entre otros, a la vinculación de la Universidad con la vida nacional. Sostiene que “Es indispensable establecer seminarios o conversatorios dirigidos por profesores, en que, en vista de las fuentes y documentos más completos, se discutan los diversos aspectos de aquellos problemas”. (Cfr. La Realidad Nacional, cit., p. 198).

De lo expuesto, se puede sostener que el Conversatorio Universitario era una reunión donde se desarrollaban planteamientos, interrogantes y respuestas concretas sobre la Independencia del Perú, con ocasión de celebrarse en 1921 su Centenario. En rigor, los temas tenían un enfoque histórico y la Historia se estudiaba bajo esa metodología. Ahí se formaron los futuros historiadores, tal como es el caso de Porras barrenecHea, quien desarrolló exitosamente su labor histórica hasta su muerte ocurrida el 27 de setiembre de 1960, y cuyas contribuciones escritas siguen siendo guía de consulta para cualquier estudio, ya sea, límites, lengua, arqueología, viajeros, personajes, etcétera. Por ello mismo, también el manojo de ideas que se expusieron y discutieron en el Conversatorio Universitario fueron, con el transcurso del tiempo, temáticas paralelas en las diversas disciplinas del saber humano practicadas por sus integrantes. En realidad, la mira se extendió más allá de su objetivo central en busca de otro propósito; es decir, mantener un vínculo de amistad e intelectual, así como abordar los infaltables problemas de la Universidad. Y sin pruritos personales, debemos destacar que sus integrantes tomaron la posta de la “Generación Novecentista”, conocida también como el “Grupo de la Protervia”. Acá no está en discusión saber si los integrantes del Conversatorio Universitario formaron parte de una generación. Si tenemos en cuenta que una generación, como enfatiza aristóteles, es el cambio que va del no ser al ser del sujeto según la contradicción, llegamos a la conclusión que el Conversatorio Universitario tuvo en su seno, quiérase o no, a intelectuales de una nueva generación, conocida también como la “Generación del Centenario”, “Generación del Conversatorio”, o “Generación vetada”. Fueron, entre muchos, sus integrantes los siguientes: raúl Porras barrenecHea,

Manuel seoane, José luis llosa belaunde, carlos Moreyra y Paz soldán, luis alberto sáncHez, JorGe GuillerMo leGuía, luis a. Flores, JorGe basadre, GuillerMo Hoyos osores, carlos sayán álVarez, José quesada larrea, ricardo VeGas García, GuillerMo luna cartland, Manuel G. abastos; y, tal

vez, sin confirmar, Víctor Raúl Haya De La Torre, en tanto que el líder aprista venía de Trujillo. Uno de sus máximos exponentes, JorGe GuillerMo leGuía exclamaba: “En la generación de hoy sí existe un propósito definido

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y benéfico. Cierto es que aún no ha presentado una personalidad pujante. Mas ¿cómo se quieren exigir frutos maduros a una cosecha que recién empieza a enervar?” cHirinos soto sostiene que: “La Generación del Centenario se

yergue como contradictoria de la Generación novecentista”. (Cfr. Historia de

la República (1930-1985), Editores Importadores, Lima, 1985, T. II, p. 18).

De las diversas conferencias, en homenaje al Centenario de la Independencia, las únicas que se publicaron en folletos sueltos, desafortunadamente de difícil acceso para la consulta, fueron las de JorGe GuillerMo leGuía, “Lima en el siglo XVIII”; raúl Porras barrenecHea, “Don José Joaquín Larriva”; y la de luis alberto sáncHez, “Los poetas de la Revolución”. Manuel G. abastos dictó una conferencia sobre Bartolomé Herrera, de ahí que sus amigos cariñosamente lo llamaban “Bartolito”. (Vid. Excelsior [Lima, 23-VI-1917] y La Prensa [Lima, 25-IX-1921]) donde abastos aborda al pensador político peruano más importante del siglo XIX).

No obstante ello, el eco de sus ideas se centró en dos ensayos suyos, a propósito del Centenario de la Independencia. El primero “La influencia ideológica en la Revolución peruana de la Independencia”, que fue exactamente la cuarta conferencia, publicada en La Prensa (Lima, 1-XII-1919), edición de la tarde. Y el segundo rotulado “La doctrina de la Emancipación”, aparecido en la revista Studium. Publicación universitaria de ciencias sociales, políticas

y económicas, N.º 3, Lima, 1920, pp. 272-282. Al final va la firma del

autor. Detengámonos y analicemos brevemente las líneas directivas de este importante ensayo. Empieza abastos arguyendo lo siguiente: “Entre diversos temas, ninguno adquiere mayor interés que la explicación de las causas que produjeron la Independencia de las colonias del dominio español. Hay al respecto muy originales contribuciones que constituyen apreciable doctrina. Audaces teorías, análisis prolijos, visiones en veces desprovistas de perspectiva y que por lo mismo conviene rectificar. En tan pintoresca ideología, donde aparecen novadores de la cultura americana, fuertes y concentrados espíritus científicos, no encuentro sin embargo la exacta ecuación histórica. Vista la Independencia de los pueblos neolatinos según

privatistas orientaciones locales, el proceso causal se fragmenta y desfigura,

y hasta la misma bizana [sic] epopeya en que culmina resulta empequeñecida.

Una exposición de muy pocas, pero representativas opiniones, bastará para darse cuenta de las varias tesis sostenidas”. Luego de realizar un examen

crítico al pensamiento escrito de José Victorino lastarria, Vicuña

Mackena, J.M. saMPer, ánGel C. riVas, oliVeira liMa, José

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inGenieros y aleJandro álVarez, nuestro autor nos enseña que la

Historia ha mostrado estar determinada según la varia y conjunta relación de factores síquicos y mesológicos, que suman influencias modificatorias

y

progresivas. abastos, a nuestro juicio, ocupa un preferente sitial en

el

campo de la Historia, por la laboriosidad que puso en cada uno de sus

escritos. En la parte correspondiente a la Historia nos ocuparemos con más amplitud. Concluye abastos su ensayo afirmando que las principales causas o factores definitivos de la Emancipación fueron el americanismo y la influencia francesa.

El Conversatorio Universitario siguió prolongando sus reuniones los días lunes en la casa de Porras barrenecHea, situada en la calle Mariquitas,

hoy Moquegua. luis alberto sáncHez recuerda: “(

leíamos, se escogía un libro, se leía páginas y se comentaba después de un

no obstante su

juventud promovieron desde ese Conversatorio un movimiento de revisión de valores y empezaron a diseñar un programa de análisis de las cuestiones fundamentales del país desde el ángulo del acontecer histórico”. (Cfr. “Porras y Sánchez”, en Libro homenaje a Raúl Porras Barrenechea, cit., p. 176).

más que conversar,

)

chocolate (

)”.

estuardo núñez, por su parte añade: “(

)

La generación del Conversatorio nació casi paralela con el “Grupo de Trujillo” donde destacaron, acaso con ideas también progresistas, antenor orreGo, cox, ValleJo, entre varios. Asimismo, gran parte de la gente joven que integró el Conversatorio Universitario como, por ejemplo Manuel G. abastos, debido al apoyo del entonces Rector Pedro M. oliVeira, formaron parte de la plana docente de la Facultad de Letras, Historia y Filosofía. Con ser ya mucho, ahí no quedó su actividad ya que fueron dinámicos y siempre al día con los quehaceres intelectuales.

En esta vía, basadre enjuicia: “El Conversatorio fue el único esfuerzo intelectual de conjunto valioso en relación con el primer Centenario de la Independencia nacional. Su aporte no se orientó hacia la acumulación documental ni a la exaltación panegírica. Estuvo orientado por una máxima independencia de criterio y quienes allí intervinieron no tuvieron nada de retrógrados y sí un liberalismo pleno de sentido crítico”. (Cfr. Introducción a las bases documentales para la historia de la República del Perú con algunas reflexiones, Ediciones P.L.V., Lima, 1971, T. II, p. 980). El Conversatorio Universitario no ha sido tomado en cuenta por los estudiosos de las ideas en el Perú, de todas suertes no faltan algunos cuantos, pese a su gran importancia.

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Debe recordarse que sus integrantes no fueron meros espectadores, sino jóvenes inquietos que vivieron de cerca los grandes acontecimientos mundiales, tales como la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y la Revolución Mexicana. Y aún cabría añadir que algunos de ellos jugaron un rol protagónico en la vida nacional. Vid., sin ningún propósito de examen agotador, GálVez, José, “El Conversatorio Universitario”, en Revista Mundial, Año II, número extraordinario, julio, Lima, 1921, pp. 241 y ss., incluye una foto de sus integrantes que luego fue reproducida ampliamente merced a la idea de Porras. Actualmente se puede ver dicha foto en el Instituto Raúl Porras Barrenechea, sito en Miraflores. Este número fue dedicado al Centenario de la Independencia, LLOSA P., Jorge Guillermo, “La cultura peruana en el siglo XX”, en Visión del Perú en el siglo XX, Ediciones Librería Studium, Lima, 1963, T. II., pp. 159 y ss. El citado autor, al analizar la Generación de 1920, no dice nada sobre abastos, ni mucho menos lo incluye entre los integrantes del Conversatorio. More, Ernesto, “José Carlos Mariátegui y la generación infortunada”, en Revista Mundial, Año X, N.º 513, Lima, 1930, pp. 26-27).

III. ABASTOS Y EL DERECHO DE MENORES

El Derecho tutelar de menores fue familiar a Manuel G. abastos desde su etapa juvenil. En puro rigor, aquí se inicia el período formativo de abastos en materia penal, por cuanto las herramientas conceptuales que utiliza así lo demuestran. Recuérdese que en 1923 abastos se recibió de Bachiller con la tesis Las orientaciones de nuevo Derecho y el concepto del niño delincuente. Fue también autor de un Anteproyecto de Reglamento de Patronato de Menores.

El 2 de enero de 1925, con ocasión del “Tercer Congreso Científico Panamericano”, que se celebró en Lima, abastos disertó sobre “Un nuevo concepto jurídico penal: el menor delincuente”. abastos recuerda que el más antiguo Código de Menores que se conoce es el Children’s Act inglés, del 21 de diciembre de 1908, y que luego fue superado por los Códigos de la Infancia, dejándose notar en el “Anteproyecto presentado a la Comisión encargada del Código de Menores” que redactó Ildefenso Ballón, en 1935. (Vid., la nota bibliográfica de abastos en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año 1, N.º 1, Lima, MCMXXXVI, pp. 136-138).

Según abastos, las medidas preventivas destinadas a evitar la delincuencia de menores debe estar a cargo del Estado y de la comunidad; la familia, la

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escuela, la iglesia; los centros de orientación infantil, la activa y benéfica acción del servicio social, los organismos de control y vigilancia: la policía, los jueces y tribunales de menores. (Vid., abastos, Manuel G., “Las Naciones Unidas y la prevención de la delincuencia de menores”, en Revista del Foro, Año XLIV, N.º 1, Lima, 1957, pp. 16-22. Se trata del discurso pronunciado en representación del Colegio de Abogados de Lima en la reunión rotaria, el 21 de marzo de 1957, con ocasión del Fórum sobre delincuencia infantil).

IV. ABASTOS Y LAS REVISTAS JURÍDICAS

En 1936, por iniciativa del Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, don Pedro M. oliVeira (1882-1958), se crea la Revista de Derecho y Ciencias Políticas. El primer Comité de Redacción estuvo integrado por los profesores alberto ulloa (1892-1975), ánGel GustaVo corneJo (1876-1943),

Juan bautista de laValle (1887-1970), JorGe basadre (1903-

1980) y Manuel G. abastos (1893-1983). El 26 de setiembre de 1935, oliVeira propuso al Consejo Directivo de la Facultad la creación de la Revista, idea que fue aprobada por unanimidad. García rada nos dice

que la idea fue de Manuel G. abastos y carlos Martínez HaGue.

Por aquella época las Facultades de Letras y de Medicina eran las únicas que tenían su revista. Manuel G. abastos le dio forma y contenido, además la dirigió por espacio de 20 años. ¡Quién más que él sabía perfectamente los secretos para el armado y los contactos para la suscripción y el canje respectivo de una revista jurídica, que no es tarea de improvisados! Tal es así que abastos fue autoridad no discutida que supo cimentar la Revista de Derecho y Ciencias Políticas. “Todo centro de investigación jurídica — en palabras de abastos— debe tener un órgano académico en el que los maestros den expansión a sus enseñanzas y los alumnos encuentren lectura provechosa relacionada con la cátedra”. La Revista de Derecho y Ciencias Políticas, con más de medio siglo de existencia, recibió la colaboración de los más destacados juristas del mundo académico en las diferentes disciplinas jurídicas. Los alumnos distinguidos y luego profesores de casa, a su turno también expusieron sus ideas. Ahí germinaron las primeras ideas de los que años más tarde serían los manuales y los libros. (Vid., “Artículos de doctrina, comentarios, notas y conferencias publicadas en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas durante sus veinte años. Año I [1936] - Año XX [1956]”, publicado en dicha Revista, Año XX, N.ºs I-II-III, Lima, MCMLVI, pp. 253-269. “Índice acumulado por materias y autores de artículos de doctrina,

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notas, informes, etc., y algunos dispositivos legales publicados en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas durante los primeros cuarenta años: 1936- 1976 [Vols. 1-40]”, en Revista de Derechos y Ciencias Políticas, aparecido en el Vol. 41, N.ºs 1, 2, 3, Lima, 1977, pp. 187-204. Se incluye la conferencia disertada por doMinGo García rada, a la sazón, Director Académico de la Revista, con ocasión de su 40 Aniversario, pp. 155-158).

Durante los días 15 a 17 de junio de 1967, se realizaron en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires, las “Jornadas Latinoamericanas de Revistas Jurídicas”. abastos presentó una ponencia con el título: “Agentes promotores de las revistas jurídicas. Técnica de la Revista Jurídica Académica. La Hemeroteca, centro de documentación”. En aquel evento abastos fue nombrado Vicepresidente de la mesa directiva. (Vid., abastos, Manuel G. y Francisco aGuilar condeMarín, “Informe de la delegación designada por la Facultad de Derecho sobre Jornadas Latinoamericanas de Revistas Jurídicas”, en Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año XXXI, N.º III, Lima, MCMLXVII, pp. 715-718).

Prosiguiendo su labor académica, el recio valor, le cupo a Manuel G. abastos fundar y a su vez redactar el Boletín del Seminario de Derecho, que era una publicación trimestral dividida en 8 secciones permanentes, repartida gratuitamente entre los alumnos. Puntualiza abastos: “Con la

el Seminario de Derecho cumple una de las

misiones fundamentales que le corresponden como institución docente”. “Todo Seminario —añade abastos, por lo mismo que persigue tanto el fomento y cultivo de la investigación científica como la difusión del saber,

debe necesariamente mantener un órgano de publicidad que registre los resultados de su labor. El nuestro, que aunque fundado a fines de 1935, solo pudo comenzar a dar limitados frutos como departamento de información bibliográfica a comienzos de 1938, experimenta un gran júbilo al ver convertido en realidad uno de sus más caros anhelos’“ (Cfr. Boletín del Seminario de Derecho, Año I, N.º 1, julio-setiembre, Lima, 1941).

publicación de este Boletín (

)

El Boletín sirvió para publicar las investigaciones que realizaban los alumnos, básicamente en materia penal, incluyéndose también las últimas adquisiciones bibliográficas para la biblioteca. Manuel G. abastos, una vez más con su tarea de publicista, habida cuenta de otras publicaciones rubricó el panorama uniforme de su pensamiento que lo encausó de manera magistral, tenaz y discretísima. (Vid., su interesante artículo “Misión de la Universidad”, en el

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citado Boletín, Año I, N.º 2, 1941, pp. 99-102; Año II, N.º 3, 1942, pp. 3-8; Año II, N.ºs 4 y 5, 1942, pp. 133-138; Año II, N.º 6, 1942, pp. 259-265, y Año III, N.ºs 7 y 8, 1943, pp. 3-13. Inspirado, especialmente en Max scHeler,

José orteGa y Gasset, MiGuel de unaMuno y aleJandro o.

deustua, aconseja abastos que “El mejor profesional es aquel que sabe

mejor su oficio, pero que, además, sabe en torno de su oficio, o sea que agrega

a su saber técnico un saber más vasto y general, un saber que es algo más que

un mero saber, un saber que se ha trasmutado en cultura. Lo que significa que la cultura ocupa un rango preeminente, y que las técnicas o profesiones dependen de ella y por ningún motivo pueden valer tanto como ella”).

V. ABASTOS, HISTORIADOR

Manuel G. abastos se inició en la docencia enseñando las asignaturas de Historia de la Civilización Moderna y Contemporánea, Historia de la Cultura y Sociología General, a partir de 1928, en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El Instituto de Historia, en 1931, era presidido por riVa aGüero. Como profesores estuvieron JorGe

basadre, JorGe GuillerMo leGuía y Manuel G. abastos. (Vid.

sáncHez, Luis Alberto, “Cómo conocí a Riva Agüero”, en Nueva Crónica, órgano del Departamento de Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, N.º 1, Lima, 1963, p. 19. El propio sáncHez calificó a abastos de “joven profesor de altos méritos”).

Los juicios certeros de abastos sobre la Historia nos demuestra la simpatía que tuvo por esta rama del saber humano y la reputación de que gozó. Ahí se inició, pero más pudo su pasión y actuación futura por el Derecho Penal. Bordeando los 30 años, así reflexionaba abastos: “Aún no se ha escrito nuestra historia; aún no sabemos a ciencia cierta quiénes fuimos, por qué

sendas transcurrió la planta errante de las generaciones y cómo hemos llegado

a ser el pueblo que somos. ¿Por qué asqueamos nuestra historia? ¿Acaso el

pasado peruano es canijo y feo, monótono y sin color? ¡Ya quisieran muchos pueblos de América para linderos de su verdad los que nuestro pueblo tuvo! ¡Ya quisieran la escala suntuosa de cultura y la brillantez de civilización, la original maravilla del arte, la firme perceptiva de las costumbres, la sencilla emoción de los ritos religiosos y el admirable aspecto político de fuerte y bien trabada teocracia de nuestro Imperio Incaico! ¡Ya quisieran unos conquistadores más fieros y pujantes, una Edad Media más española, unas colisiones y unos motines más bravíos y pintorescos, unas horas más trágicas

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y unas más claras horas de luz!”. (Cfr. leGuía, Jorge Guillermo, “Prólogo”

a El Precursor, Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay, Lima,

1922. pp. vi-viii. Parte del Prólogo se publicó en el Repertorio de noticias

breves sobre personajes peruanos, Selección y recopilación de alFredo Moreno MendiGuren, Sucs. de J. Sánchez Ocaña y Cía., Madrid, 1956, p. 295).

Anteriormente, abastos en otra modesta esfera fue profesor de Historia y de Economía Política en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe

y, más adelante, Miembro Correspondiente del Centro de Estudios Histórico-

Militares del Perú, y Miembro de la Sociedad Geográfica de Lima. En puridad, abastos fue homo in historia diligens. (Del propio abastos revísese:

“La cuestión del Pacífico”, en Revista Studium, N.º 7, Lima, MCMXXI, pp. 201-214. “La curva de nuestra historia”, en La Prensa (Lima, 9-XII-1924). La recensión al libro de basadre, “Historia del Derecho Peruano”, en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año II, N.º 1, Lima, MCMXXXVII, pp. 169-171, con las siglas M.G.A., utilizadas también en otras ocasiones. Al cumplir San Marcos 400 años, Manuel G. abastos, en su condición de Jefe de Redacción de la Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año XV, N.º 1, Lima, 1951, pp. V-VII, con el título “Nuestro Homenaje”, escribió unas líneas donde puso de relieve, una vez más su riguroso conocimiento en Historia, ora la historia de San Marcos. Sus primeras armas en Historia abastos las hace en la revista Mercurio Peruano que fundó Víctor andrés belaunde en

1918. Vid., su artículo “El Perú y España (Miraje comparativo)”, en el N.º

28, Lima, 1920, pp. 254-269; así como sus recensiones a los libros de Gabriel

aloMar, “La formación de sí mismo”, N.º 28, pp. 325-326; de Mirror, “Al margen de la Historia”, N.º 87-88, pp. 400-402; y al de andrés aVelino cáceres, “La guerra entre el Perú y Chile” (1879-1883), N.º 107-108, pp. 230-232. Véase también su nota bibliográfica al libro de a lbert M at H iez, “La Revolución francaise”, Letras, Año I, 1 volumen, Lima, MCMXXIX, pp. 213-219. abastos se codeó con otros historiadores de fuste, algunos

mayores que él, riVa aGüero, V.A. belaunde, carlos wiesse, Julio C. tello, luis E. Valcárcel, carlos A. roMero, Horacio H. urteaGa, Francisco MostaJo, césar antonio uGarte, carlos Valdez de la torre, GerMán leGuía y Martínez, JorGe GuillerMo leGuía, FeliPe barreda y laos, N. neMesio VarGas, JorGe basadre y raúl Porras barrenecHea; estos dos últimos de

su generación. Se desprende de lo expuesto que la generación de Víctor andrés belaunde le dio la oportunidad a la Generación del Conversatorio

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no solo para escribir sino también para formar parte de los integrantes de la revista Mercurio Peruano, en especial, a partir de 1921, en que se celebró el Centenario de la Independencia. (Vid. bacacorzo, Gustavo “Manuel G. Abastos, historiador”, en Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Vol. 45, Lima, 1981-1985, pp. 164-166).

Líneas arriba, decíamos que abastos hizo sus primeras armas en Mercurio Peruano, el año 1918. No debemos olvidar, sin embargo, su ensayo publicado en 1916, intitulado “Bolognesi y su hazaña”, que fuera premiado en el concurso promovido por el Ministerio de Instrucción para conmemorar el centenario del nacimiento del heroico defensor del Morro de Arica. La historia patria despertó un temprano interés en la mente de abastos. Crítico irreprochable, de sólida preparación en Historia, que discurría por sus venas, fue Manuel

G. abastos.

Con tesón y simpatía juvenil, abastos boceteó a Bolognesi afirmando de él

enseñó al Perú, a la América y al mundo entero —porque las acciones

sublimes aprovechaban a la Humanidad— el idealismo, que eleva los corazones y diviniza las almas”. (Este folleto y otros datos más de abastos lo hemos consultado en la Dirección de Investigaciones Bibliográficas y Fondos Especiales de la Biblioteca Nacional del Perú. De igual forma, rica información guardan la Biblioteca de la Facultad de Derecho y la Hemeroteca de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sobre la Historia, véase la recensión bibliográfica de abastos, al libro El Derecho Inca según Felipe Guamán Poma de Ayala, en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año VII, N.º I, Lima, MCMXLIII, pp. 380-382).

que “

VI. ABASTOS, INDIGENISTA

abastos en su mocedad vivió la efervescencia del indigenismo, al que calificó “problemas de las mayorías”, bosquejando algunas ideas generales. Sus estudios relativos a la parte general del Derecho Penal tienen sabor indigenista. Fue Miembro del Comité Técnico del Instituto Indigenista y Presidente de la Comisión de Asuntos Sociales en dicho Instituto. (Vid. “Conferencias del Dr. Manuel G. Abastos sobre el problema indígena de la Y.M.C.A.”, Letras, órgano de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cuyo Director era José GálVez, Año I, Vol. II, Lima, MCMXXIX, pp. 585-591. La Nueva Revista Peruana, Año I, N.º 3, Lima, 1929, pp. 418 ss., también dio cuenta mediante una nota escrita por Manuel

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sáncHez Palacios. Del mismo abastos: “Necesidad de una legislación especial indígena”, en Revista de Asuntos Indígenas del Perú, Año I, N.º 1, Lima, 1949, pp. 25-29. La bibliografía sobre el indigenismo es copiosísima; sin entrar en detalles, entre muchos, véanse los artículos siguientes publicados en la Revista Universitaria: Villarán, Manuel Vicente, “Condición legal de las comunidades indígenas”, Lima, año 1907, Sem. II, Vol. II, pp. 1-8; Vidalón, Cesareón, “El problema indígena”, año 1912, Sem. II, Vol II, pp. 177-213; encinas, José A., “Causas de la criminalidad indígena en el Perú”, año 1919, Sem. II, Vol. II, pp. 192-268. Del mismo autor, “Contribución a una legislación tutelar indígena”, año 1920, Sem. I, Vol. I, pp. 34-143; escobar, Julio, “La condición civil del indio”, año 1925, Sem. II, Vol. II, pp. 550-605. También, susana solano: El indígena y la ley penal, 2ª ed., Librería e Imprenta D. Miranda, Lima, 1950. Se trata de una ponencia).

Conviene añadir que abastos, desgranando sus ideas, afirmaba: “Dotado de un excelente espíritu societario, de un generoso y desinteresado amor al grupo racial que contrasta con el individualismo egoísta de blancos y mestizos, el indio debe ser tratado administrativamente de modo que pueda poner en juego las heredadas virtudes de su raza, lejos del maléfico influjo de autoridades rapaces e inmorales, y alcanzar del Estado los beneficios que tiene derecho. Respetuoso como el que más de todo lo que significa autoridad, descendiente de un bien organizado imperio donde el orden administrativo había llegado al más alto grado de planificación, el indio culto y desenvuelto podría ser el ciudadano ideal de un Estado justo y democrático”. A continuación recomendaba: “El régimen que en el actual estado de miseria del indio se conciba para su mejoramiento material y moral, debe ser uno que concilie libertad y sujeción, tradición y progreso, autonomía local y unidad política, voluntad individual autónoma y moderada tutela. Que la acción del Estado llegue hasta el indio no bajo la odiosa forma personal de autoridades rapaces e inmorales, sino en la diligente y bienhechora del servicio público, panacea de sus muchas y urgentes necesidades”. (Cfr. “Breves notas sobre el aspecto político administrativo del problema indígena”, Perú Indígena, órgano del Instituto Indigenista del Perú, Vol. I, N.º 2, Lima, 1949, pp. 26. La colección completa de esta revista, que contiene trabajos de valoración, fue obsequiada por Manuel G. abastos a la Biblioteca de la Facultad de Derecho de San Marcos).

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VII. ABASTOS, BIBLIOTECARIO

La labor que realizó abastos en la Biblioteca de la Facultad de Derecho

de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos es digna de encomio. Fue precisamente en uno de los ambientes de la Biblioteca de la Facultad de Derecho que traté de manera personal a abastos. Recuerdo que el Director

y viejo amigo Víctor VillaVicencio cuneo me lo presentó. abastos, pese a su avanzada edad frecuentaba, con buen vestir, la Biblioteca que la conocía palmo a palmo y por clasificación cada uno de los libros y revistas que en su oportunidad acarició. Al jubilarse abastos, VillaVicencio cuneo le tomó la posta en la Dirección de la Biblioteca. De él aseveró

bibliotecario formado en la misma Biblioteca y mi más

eficiente colaborador”.

abastos: “(

)

El celo puesto por abastos para edificar la Biblioteca —su magnum opus— con excepcionales dotes, sigue trasuntando en beneficio de los profesores y alumnos que a diario consultan sus ficheros cada vez más enriquecidos.

En elocuente expresión cuenta abastos: “Como sistema de catalogación más adecuado, preferimos en vez del decimal, en uso de la Biblioteca del Congreso de Washington, el “expansivo” de Cutter. Valiéndonos de letras mayúsculas y minúsculas, y de números romanos y arábigos —teniendo a la vista el Plan de estudios de la Facultad— elaboramos unas pautas-guías para clasificar y signar los libros según sus materias; y para distinguir aquellos que sin tener nombre jurídico específico, se hallaron dentro de la órbita del Derecho moderno, utilizamos signos convencionales”. Y, a renglón seguido, añade: “Las bibliotecas universitarias se complementan necesariamente con una Hemeroteca. Si el libro es útil, la revista lo es en mayor medida porque si aquél se vuelve estático y acaba cristalizándose, la revista proporciona al lector información de última hora”.

Digo más: el buen bibliotecario vive per se en Biblioteca, entre libros y revistas. Ese es su mundo, fichar, consultar, leer, ordenar, a veces atender al

público. A la luz de esta experiencia el bibliotecario tiene que ser devotísimo

y disciplinado en sus quehaceres intelectuales. El ejemplo in interiori hominis lo tenemos en Manuel G. abastos. En la Biblioteca de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos existe un periódico mural y un círculo de estudios que llevan el nombre de Manuel G. abastos. (Vid. “Informe sobre el funcionamiento de la Biblioteca de la

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Facultad durante el año de 1963”, elaborado por su Director, Dr. Manuel G. abastos, Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año XXVIII, N.º I, Lima, MCMLXIV, pp. 143-144).

VIII. METODOLOGÍA JURÍDICA Y ENSEÑANZA PRÁCTICA

Adicionalmente a todo lo dicho, el pensamiento vivo de abastos siguió insuflando al compás de la lógica académica puesta de realce en todos sus ensayos. abastos fue un profundo conocedor de la enseñanza práctica del Derecho. De igual modo, renovó los estudios, empleando una metodología jurídico-penal acorde con la realidad y, por ende, con la parte especial del Código Penal de 1924. En tal sentido catequiza: “Teoría y práctica son valiosos. Importa mucho estimular en el estudiante la intuición jurídica

enseñándole las relaciones existentes entre el hecho y el Derecho, la vida real

y las normas legales. El futuro abogado debe saber el precepto y aprender

a traducirlo, esto es, interpretarlo y aplicarlo”. No hay más que añadir por

cuanto la claridad en la exposición que patentiza abastos en cada uno de sus artículos lo dicen todo. Desde 1936, año en el cual abastos inicia el dictado del Derecho Penal, parte especial, se deja notar un cambio radical en la enseñanza. Sus ensayos que son parte del presente epígrafe, esto es “La enseñanza práctica del Derecho y el método de casos” y “Los Colegios de abogados y la enseñanza práctica del Derecho” fueron dos ponencias que presentó, en calidad de delegado de la Facultad de Derecho de la Universidad San Marcos, ante la Segunda Conferencia Latinoamericana de Derecho reunida en Lima el año de 1961. El 16 de mayo de 1956, el Colegio de Abogados de Lima aprobó el “Plan de enseñanza práctica del Derecho” que elaboró la Comisión designada para tal fin, compuesta por los Dres.

Manuel G. abastos, José A. García Miro y J. E. castañeda. Su

contenido —así lo ha reconocido abastosfue prácticamente elaborado por él, de ahí que lo hace suyo. (Vid. Revista del Foro, Año XLIII, N.º 2, Lima, 1956, pp. 268-278). El año de 1963, también como delegado ante la Tercera Conferencia Latinoamericana de Derecho, reunidas en Santiago de Chile, abastos presentó la ponencia “Implantación de cursos sin promoción por examen final”. Luego, en 1965, en la IV Conferencia de Facultades de Derecho Latinoamericanas (Montevideo, 1965), abastos fue Presidente de la delegación de profesores y alumnos que representó a su alma mater. Ahí plasmó sus ideas en una ponencia intitulada “Anteproyecto de un plan de estudios para una Facultad de Derecho Latinoamericana”. Como siempre trabajador, abastos también participó en la Comisión que trató de la

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organización de los cursos de doctorado y de la posibilidad de crear cursos de especialización dentro del ciclo profesional. (Vid. “Informe del Presidente de la delegación Dr. Manuel G. Abastos”, Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año XXIX, N.º I, Lima, MCMLXV, pp. 267-279).

Ya nos hemos ocupado del Seminario de Derecho en el epígrafe IV. Ahora nos resta anexionar su amparo legal, a través de la “Ordenanza de Seminarios”, compuesta por 41 artículos, que acertadamente elaboró Manuel G. abastos, inspirado en la Ordenanza argentina de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires. La propuesta fue aprobada por el Consejo Directivo de la Facultad de Derecho y por el

Consejo Universitario, el 18 de diciembre de 1940, mediante Resolución N.º 2280. Es sugestivo mencionar dos importantes artículos: “Artículo 1º. Son fines propios del Seminario de Derecho: a), Organizar tanto los ejercicios del Pre-Seminario como los cursos del Seminario; b), Reunir y sistematizar la bibliografía jurídica existente en la Biblioteca Central de la Universidad, en la de la Facultad y en las Bibliotecas Públicas; c), Coordinar

y sistematizar la jurisprudencia y la legislación nacionales; d), Publicar los

trabajos de Seminario y el material bibliográfico sistematizado, en la Revista

de la Facultad o en el Boletín del Seminario; e), Publicar el Boletín del Seminario”. “Artículo 13. Los cursos de Seminario tienden al fomento del espíritu científico y sirven para desarrollar las aptitudes críticas, estimular la vocación, cultivar la solidaridad en el saber, perfeccionar la expresión escrita

y formar investigadores y juristas. En lo posible, los cursos de seminario

deberán orientarse hacia el estudio de los problemas de las ciencias jurídicas

y políticas que tengan relación con la realidad nacional”.

La “Ordenanza de Seminarios” no escapó a la crítica de luis JiMénez de asúa. (Vid. abastos, Manuel G., “Anteproyecto de Ordenanza de Seminarios”, en Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año V, N.º I, Lima, MCMXLI, pp. 241-248. Publicado, también con el título “Ordenanza de Seminarios”, en el Boletín del Seminario de Derecho, Año III, N.ºs. 7-8, Lima, 1943, pp. 132-137. Como agregado, se acompaña la “Memoria del Jefe de Seminarios, Dr. Manuel G. abastos, correspondiente al año 1942”, pp. 137-142. Más antes se divulgó, tan solo un extracto, con el título “Proyecto de Ordenanza del Seminario de Derecho y de los cursos del Seminario”, en el Boletín del Seminario de Derecho Público, N.º 11, Santiago de Chile, 1939, pp. 37-42. Incluye una nota, a pie de página, de aníbal bascuñán Valdez, autoridad en la materia. Revísese la reseña bibliográfica de abastos al

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conocido libro de bascuñán Valdez, “Técnica de la investigación jurídica”, en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año XII, N.º III, Lima, MCMXLVIII, pp. 598-600. abastos, muy inquieto y preocupado por la enseñanza, fue Delegado del Poder Ejecutivo ante la Comisión encargada de redactar la nueva Ley Orgánica de Educación).

De abastos, nos queda la interrogante de no haber podido consultar las “Reglas para la aplicación del Método Jurídico-Penal”, publicado en mimeógrafo, sin fecha, y que es citado por luis roy Freyre, en su artículo “El método jurídico-penal”, en Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año XXVIII, N.º I, Lima, MCMLXIV, pp. 175-190. Después fue reproducido en su libro Derecho Penal. Parte especial, T. I, 2ª edición revisada y ampliada, Eddili, Lima, 1986, p. 505. Al inquirirle a roy Freyre sobre el presente trabajo nos decía que abastos se había apoyado, en parte, en el libro de JaMes GoldscHMidt, Metodología jurídico-penal”. Aserto que nos fue confirmado por braMont arias y VillaVicencio cuneo, sin poner en tela de juicio la alturada inteligencia de Manuel G. abastos. Con la reserva que existe, el testimonio oral de los discípulos es muy provechoso, siempre y cuando no se desnaturalice el pensamiento y la obra escrita del maestro. Por ejemplo, raúl Peña cabrera en sus libros cita a abastos atestiguando de buena fe lo que escuchó en clases. Lo de las copias es otro cantar.

IX. ABASTOS, PENALISTA

Parte de la profunda obra de Manuel G. abastos, polígrafo por antonomasia, ha tamizado en el Derecho Penal. Fue un penalista acrisolado que se identificó familiarmente con esta disciplina del Derecho. abastos no escribió un manual ni un tratado, pero su obra escrita con acento humano, dispersa en admirables artículos y comentarios bibliográficos modélicos con una claridad expositiva innata fueron suficientes para que se consagrara como penalista. Mas, de otra parte, abastos se había volcado honradamente a la enseñanza del Derecho Penal. Fue profesor de Derecho Penal y Criminología en la Escuela de Policía.Además, se le encomendó el Curso de Casuística Penal. En la sección doctoral que se creó en San Marcos, el año 1944, abastos fue profesor de Derecho Penal Comparado y Derecho Penal Especial. En 1936, en la Facultad de Derecho de San Marcos se desdobló el curso de Derecho Penal ánGel GustaVo corneJo dictó la parte general y abastos se encargó de la parte especial. “Por entonces, evoca abastos, las cátedras de Derecho

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Penal —europeas y latinoamericanas— seguían diversas orientaciones. Unas permanecían adictas a la Escuela Clásica; otras enseñaban Positivismo italiano, siguiendo a Ferri; y las demás distribuían sus preferencias entre la Terza Scuola, el Correccionalismo, la Escuela Técnico-Jurídica o el eclecticismo de rossi. Mientras tanto, los dogmáticos alemanes que no se habían adherido a ninguna de estas “escuelas”, elaboraban una construcción jurídica del delito basada en la doctrina del tipo de autor, no antropológico sino normativo, que habría de innovar radicalmente el Derecho Penal. En 1906, belinG destaca la importancia de un elemento primario en el delito, la tipicidad, elemento objetivo-descriptivo que Max ernesto Mayer convierte en la ratio essendi de la antijuridicidad. bindinG perfila mejor este concepto cuando define el delito como acción típicamente antijurídica, contraria al Derecho, elemento que MezGer perfecciona exigiendo que dicha acción se ajuste a un tipo penal y no esté comprendida en ninguna causa de justificación. El propio MezGer consolida esta construcción al dar a la tipicidad su indispensable punto de apoyo, la culpabilidad: ser culpable significa ser autor imputable a título de dolo o culpa; el Derecho Penal es Derecho de culpabilidad. En esta construcción no podía omitirse el elemento punibilidad. Si Max ernesto Mayer opina que se trata de una tautología, Von liszt define el delito como acción típicamente antijurídica conminada con una pena y belinG agrega ciertas condiciones objetivas de punibilidad para que la acción sea punible. En 1936, esta era no solo la concepción más avanzada sino la más consonante con la doctrina del Código Penal de 1924, tan alabado por su modernidad. Por eso la adopté. Y para que los alumnos la asimilaran utilicé un método que debía permitirles familiarizarse con la morfología de los Títulos y su onomástica, y hacer la anatomía de las figuras de delito descomponiéndolas en sus elementos constitutivos. Método que transformó la lección magistral, dirigida a un auditorio pasivo, en una intervención activa del estudiante obligado a seguir al profesor, Código en mano, tratando de entender la voluntad de la ley y de interpretarla según su recto finalismo”.

abastos, con modestia y afanosa labor, le dio a la enseñanza del Derecho Penal otro giro desde los inicios de su carrera académica, siempre al día con los aportes de la doctrina. Sus alumnos embebieron el criterio valorativo de sus ideas sin machaconería. Gran parte de sus ensayos penales, que iremos citando, están publicados en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas. Todo ese conjunto copioso de sus artículos en revistas y periódicos, ciertamente que dan pie para elaborar una tesis a denominarse —tan solo es una sugerencia—

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

“Manuel G. Abastos, penalista”. Seámosle deudores en el terreno teórico y práctico a abastos, figura relevante del Derecho Penal, por las enseñanzas que desgranó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, siempre renovadoras, y por su labor publicística in extenso, que debemos ir ordenándola para situar bien los meridianos y los paralelos de su raciocinio jurídico.

No se equivocó LUIS JiMénez de asúa cuando, en 1924, aseveraba: “A mi

llegada a Lima he conocido un considerable número de gentes intelectuales

y entre ellos las que se consagran a los mismos trabajos que yo, Mariano

iGnacio Prado, Juan José calle, oscar Miro quesada, luis G. corneJo, leonidas aVendaño, bernardino león y león,

Manuel G. abastos, Fernando castro, van dejando lo mejor de su actividad en la ciencia de los delitos y de las penas”. (Cfr. “Prólogo” al libro de león y león, Bernardino, El Poder Judicial, Librería Francesa Científica y Casa Editorial Rosay, Lima, 1925, p. 7).

abastos tuvo una destacadísima participación en el Tercer Congreso Científico Panamericano —desarrollado en Lima durante fines de 1924 y comienzos de 1925— dentro de la subsección de Derecho Penal Siguiendo en esta parte a JiMénez de asúa, la subsección se inauguró el 29 de diciembre de 1924. En la segunda sesión fechada el 2 de enero de 1925

abastos expuso ante los asambleístas dos trabajos que fueron aprobados plenamente. El primero fue “La teoría del estado peligroso del delincuente en nuestro Código Penal”. Para abastos el Código Penal del Perú es uno de los más avanzados, y recomienda que “se adopte en la legislación penal de América la fórmula del “estado peligroso” del delincuente. Años más tarde, abastos dirá que: “El Código Penal de 1924, equivocadamente ecléctico en

la teoría de la responsabilidad, es, en lo demás, radicalmente novedoso”. (Vid.

“Discurso del catedrático de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos Dr. Manuel G. abastos, en el sepelio de los restos del Dr. Víctor M. Maúrtua”, en Revista del Foro, Año XXIV, N.ºs 7, 8 y 9, Lima, 1937, pp. 582-585. También vio la luz pública en La Prensa (Lima, 10-VIII-1937).

abastos, desde que comenzó a comentar el Código Penal de 1924, en frase feliz, se refería al “Código Maúrtua”. A propósito, nos dice abastos: “Un Código Penal es obra de técnicos. En su elaboración no hay colaboración ni opinión popular. Los técnicos discuten, opinan y sacan adelante sus ideas convertidas en preceptos. El público no se pronuncia sobre la ley sino cuando,

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ACTUALIDAD PENAL

NOTA PRELIMINAR

después de haber sido puesta en vigencia, constata no solo que la delincuencia sigue su camino, sino que la estadística del crimen engrosa y matiza cada vez más sus cifras”. Vid. su nota bibliográfica al libro El problema penal de rodolFo Moreno, en Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año II, N.º III, Lima, MCMXXXVIII, p. 760. En otro lugar, dijo: “La lucha contra el delito requiere: 1) intenso y amplio esfuerzo preventivo, con participación del Estado y de las instituciones de reforma social y de los filántropos; 2) recta interpretación y aplicación de la ley; 3) régimen penitenciario adecuado; y 4) educación jurídica mínima impartida desde la escuela”. Cfr. “El problema del aumento de la criminalidad en nuestro país”. (El Dr. Manuel G. Abastos, catedrático de Derecho Penal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, analiza, a través de un reportaje, los diversos aspectos de dicho problema). El Comercio [Lima, 7-VII-1952], edición de la mañana, pp. 3 y 9).

El segundo trabajo de abastos, “Un nuevo concepto jurídico-penal: el

nueva disciplina

que por sus alcances preventivos y sus fines de adaptación, corrección y tutela, es considerada como el espejo en que debe moverse el Derecho Penal de los adultos”. Finalizó abastos proponiendo el siguiente voto: “que todos los países de América deben legislar sobre los menores delincuentes, creando jurisdicciones y tribunales especiales”. (Vid. JiMénez de asúa, Luis, El Derecho Penal en la República del Perú, Talleres Tipográficos Cuesta, Valladolid, 1926, pp. 101 y ss. Dicho libro se ha vuelto a reeditar por Ediciones Jurídicas, Lima, 1987. El libro con el título El Tercer Congreso Científico Panamericano de Lima, Edición de la Revista de la Universidad Nacional de Córdova, 1925, de los delegados argentinos enrique Martínez Paz y Félix Garzón Maceda, al tocar la subsección de Derecho Penal, pp. 24- 25, ignora la actuación de abastos).

menor delincuente”, se centra en la pedagogía correctiva, “

En la tercera sesión, realizada el 3 de enero de 1925, bajo la presidencia de Juan José calle, abastos presentó un voto, que también se aprobó, “en que se recomendaba a los países americanos la creación de escuelas penitenciarias, donde mediante cursos especializados se formen técnicamente los cuerpos de penales, que han de prestar sus servicios en las penitenciarías, colonias penales, reformatorios, etc.”. (Cfr. JiMénez de asúa, Luis, El Derecho Penal en la República del Perú, cit., p. 102. Pese a las indagaciones realizadas, desafortunadamente no hemos podido tener a la vista las ponencias deabastos. Los datos proporcionados por JiMénez deasúa, magna figura del Derecho Penal, estimamos que a tenor de lo expuesto, son indiscutibles y

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

provechosos. Con todo, hay que rastrear los diarios de diciembre de 1924 y enero de 1925).

La problemática jurídico-penal que enmarcaba el novísimo Código Penal de 1924 en sus inicios fue descifrada por abastos, empezando por la parte general. Nuestro penalista no da concesiones al estudiar y comentar el Código MAURTUA con un profundo saber. abastos critica, interpreta y sugiere con sensibilidad nuevos planteamientos. ¿Cómo se forma un penalista? Las ideas directrices y robustas que conlleva el Derecho Penal se tienen que

compartir, como añadido, con la Ciencia Penitenciaria, la Psicología Criminal,

la Medicina Legal, la Criminología y la Psiquiatría Forense, entre las ciencias

auxiliares más importantes. Visto así el fondo genérico, el penalista, apoyado

y

sin descuidar sus premisas, recurre a otro tipo de ideas para fundamentar

y

encausar, por buen camino, su disciplina. Así era abastos; por eso que

el manojo y el eco de sus ideas penales, y el horizonte de su producción bibliográfica serán fuente de consulta inevitable. Léanse sus escritos que

están líneas arriba y llegaremos a la conclusión que Manuel G. abastos adopta una postura personal, y, en condiciones diferentes, supo alternar con los mejores penalistas de América. Recordemos que abastos fue Miembro Titular de la Sociedad Peruana de Medicina Legal, Delegado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos ante el Consejo Local de Patronato, Miembro de la Comisión creada por D.S., de 25 de marzo de 1965, para el estudio

y revisión del Código Penal, Miembro de la Comisión designada por el

Ministerio de Relaciones Exteriores para estudiar el Proyecto de Convención redactado por el Comité Jurídico de la O.E.A., sobre prevención y represión de los delitos de terrorismo, secuestro de personas y otros delitos con

trascendencia internacional.

Se ha cuestionado mucho, inclusive se ha vuelto hasta anecdótico, las famosas copias de Derecho Penal, II Curso, Lima, s/f., 260 pp., que se adquirían a través del antiguo empleado de la Facultad de Derecho, señor letona, ya

fallecido. Desde Fribourg, nos decía Hurtado Pozo que abastos siempre negó la autoría ante sus repetidas preguntas (carta del 8-1-1989). Igual postura tomó abastos con auGusto Ferrero cuando este le solicitó que se las dedicara con su firma para un recuerdo. Conversando con braMont arias

y VillaVicencio cuneo nos manifestaban que a abastos le gustaba

escribir perfectamente, y la riqueza de su pensamiento estaba bien ordenada en cada uno de sus trabajos. Añadían ambos que abastos nunca se sentía satisfecho con lo que publicaba. Por lógica, deducimos que tratándose de

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ACTUALIDAD PENAL

NOTA PRELIMINAR

la versión taquigráfica de las clases que dictaba abastos, este jamás iba aceptar la paternidad de las copias.

En poder de Hurtado Pozo obran los trabajos inéditos de abastos sobre la parte especial del Derecho Penal, él como agudo y buen crítico, al hacer el respectivo paralelo, nos debe tener alguna luz, con la cual desentrañaríamos algo que sigue en la interrogante del lector. A simple vista, de acuerdo a lo que nosotros hemos podido consultar, diremos que las copias fueron apuntes de clase realizados por los alumnos de abastos y luego publicadas; pero, al no ser previamente autorizadas por él, pierden indiscutiblemente, seriedad. En San Marcos eso sucedió también con Manuel Vicente Villarán,

toribio alayza y Paz soldán y ánGel GustaVo corneJo. Bien es

cierto que ellos no tuvieron el serio problema de abastos. En la Católica le pasó lo mismo a Víctor andrés belaunde, con la diferencia que sus apuntes de clase aún siguen inéditos. No es moneda corriente ver en nuestro medio universitario la publicación de los apuntes de clase de los profesores.

Consideramos oportuno, por otra parte, recordar que en diciembre de 1951 se llevó a cabo el “Congreso Internacional de Juristas’” en la ciudad de Lima. El motivo radicaba en que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos celebraba su cuarto centenario. Nunca antes habían llegado a Lima esclarecidos juristas de inigualable estirpe académico, entre algunos, como

HuGo alsina, Francesco carnelutti, GuillerMo Feliu cruz, Henry Mazeaud, enrique V. Galli, tullio ascarelli, enrique díaz de GuiJarro, luis JiMénez de asúa, GasPare aMbrosini, José M. ots caPdequi, cHarles rousseau, carlos ruiz del castillo.

La Comisión de Derecho Penal estuvo integrada por JiMénez de asúa,

José Portuondo y de castro, luis GuillerMo corneJo, carlos Valdez de la torre, luis a. braMont arias, bernardino león y león, Víctor Modesto VillaVicencio y Manuel G. abastos. Con

gran objetividad, nuestro penalista presentó una extensa ponencia nominada “Prevención y represión de los accidentes de tránsito”. El tema que había sido desarrollado en su momento por especialistas, tales como E. battaGlini,

E. cuello calón, Juan del rosal, G. escobedo, G. FoscHini, a. Jannitti PiroMallo, Jacques PreVault, r. scaPaticci y r. VoVin,

no fue para abastos una tarea escabrosa. Razones de peso nos lleva a decir, de manera explícita, que tal ensayo de abastos goza de reconocido mérito

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

en

el Derecho Penal Comparado. antonio quintano riPollés lo cita en

su

libro Derecho Penal de la culpa, Bosch, Barcelona, 1958. (El contenido

completo del artículo se puede consultar en la Revista de Derecho y Ciencias

Políticas, Año XVI, N.ºs I-II-III, Lima, MCMLII, pp. 275-352. El Capítulo

III se publicó en la Revista Peruana de Ciencias Jurídicas y Sociales, N.º 1,

Lima, 1954, pp. 117-151, de la cual abastos fue fundador y colaborador.

abastos tenía en mente publicar un libro intitulado Derecho Penal del automóvil, conforme se hace notar a pie de la página 117. Igualmente, el capítulo IV se imprimió en la Revista Penal de La Habana, Año VII, N.º

3, 1956, pp. 68-81. El texto casi completo se volvió a editar en La Habana

por la Revista Trimestral Enquiridión, en diversas entregas: N.º 13, pp. 31- 37, N.º 14, pp. 29-50, N.º 15, pp. 39-48, N.º 16, pp. 33-38, correspondiente a 1956; N.º 17, pp. 35-40, N.º 18, pp. 29-34, correspondiente a 1957. En el encabezamiento del N.º 13 se puntualizaba lo siguiente: “Preocupado de

verdad por el difícil problema de los accidentes de tránsito, atento siempre a toda legislación sobre la materia y a los métodos de prevención, el profesor Manuel G. abastos de recia personalidad continental, representa una de

las voces más autorizadas de América en tan complejo asunto”).

Manuel

G.

abastos,

Recomendación:

al

final

de

su

ponencia

hacía

la

siguiente

“Por todo lo expuesto el autor propone el siguiente Proyecto de Recomendación:

El Congreso de Juristas

RECOMIENDA

1. Que se adopten cuantas medidas sean necesarias para prevenir los accidentes de tránsito;

2. Que se incorpore en el Título de los delitos de “exponer a peligro o abandonar personas en peligro”, de los Códigos penales la hipótesis delictuosa de “omisión de asistencia a las víctimas de un accidente de tránsito”;

3. Que se incorpore en el Título de los delitos “contra la seguridad pública”, de los Códigos penales, la figura culposa de “conducción peligrosa de autovehículos”;

4. Que en materia de responsabilidad civil de los automovilistas, por accidente de tránsito, se adopten los principios contenidos en el Anteproyecto de Ley Uniforme elaborado por el Instituto Internacional para la unificación del Derecho Privado;

5. Que para garantizar a las víctimas de accidentes de tránsito la efectividad de la responsabilidad civil, se adopten igualmente los principios sobre seguro obligatorio de los automovilistas contenidos en el Anteproyecto de Ley Uniforme

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ACTUALIDAD PENAL

NOTA PRELIMINAR

elaborado por el referido Instituto Internacional, dejándose en libertad a cada país para determinar la cuantía del capital garantizador”.

La ciencia punitiva fue para abastos, digámoslo así, su “criatura predilecta”. Recibido de Abogado en 1924, abastos siguió perfeccionándose en Derecho Penal, hasta recibirse de Doctor en Derecho con la tesis Los delitos contra el patrimonio en nuestro Código Penal, en 1938. (Los trabajos de Manuel G. abastos, en Derecho Penal, aparte de los que están plasmados más arriba, con la consiguiente fuente original de su publicación, son los siguientes: “Ángel Gustavo Cornejo, penalista”, en Revista de Derecho

y Ciencias Políticas, Año VIII, N.º 2, Lima, MCMXLIII, pp. 431-446. No

llegó a concluirlo. “Mariano Ruiz Funes, penalista”, en Revista de Derecho

y Ciencias Políticas, Año XVII, N.ºs. I-II-III, Lima, MCMLIII, pp. 246-258. “Informe” del Dr. Manuel G. abastos a la Tesis para optar el Grado

de Doctor en Derecho Público de carlos iVán zúñiGa Guardia,

intitulada La teoría jurídica del homicidio en el Código Penal peruano, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 1957, pp. I-II. Deben

citarse finalmente algunas reseñas bibliográficas que escribió abastos demostrando, con ello, que la línea de argumentación de sus ideas se ensalza

en sumo grado en un conjunto copioso de comentarios bibliográficos. Entre

muchas citemos las siguientes publicadas en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas: “Incapacidad civil de los penados” de alFredo orGaz, Año V, N.º I, Lima, MCMXLI, pp. 230-232; “Proyecto Oficial del Código Penal” de Manuel lóPez-rey y arroJo, Año VIII, N.º III, Lima, MCMXLIV, pp. 693-707; “Delitos de la muchedumbre” de JorGe Peirano Facio, Año

IX,

N.º I, Lima, MCMXLV, pp. 348-351; “Derecho Penal Argentino”, T. III,

IV

y V, de sebastián soler, Año X, N.ºs. I-II-III, Lima, MCMXLVI,

pp. 348-350; “La Reforma Penal en Bolivia”, Año XI, N.ºs. I-II-III, Lima,

MCMXLVII, pp. 453-456; “Principios de Derecho Penal”, T. I, de Juan del rosal, Año XII, N.º I, Lima, MCMXLVIII, pp. 179-183; el colectivo “El Derecho Penal Administrativo”, Año XII, N.º III, Lima, MCMXLVIII, pp. 595-598; “Estudios jurídicos”, 2 vols., de alFredo Giribaldi oddo, Año XIII, N.ºs. I y II, Lima, MCMXLIX, pp. 368-370, y La Ley Penal de luis braMont arias, Año XV, N.º I, Lima, MCMLI, pp. 159-160. También, “Sobre el delito sexual habla el Dr. abastos”, entrevista publicada en La Prensa (Lima, 7-X-1951), pp. 2 y 4. Incluye foto).

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

X. ABASTOS, DECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS DE LIMA

La profunda vocación e interés superlativo de abastos por el Derecho se dejó notar también cuando ocupó el Decanato del Ilustre Colegio de Abogados de Lima. Ahí a abastos le cupo una actividad multiforme entremezclando la finura, la agudeza y la versación cultural, en parte por los problemas que tuvo que afrontar y por el hecho de representar al gremio de abogados más importante de la República. El primer período 1956-1957 lo asumió Manuel G. abastos —era Diputado Primero— debido a que el Decano ricardo elías y aParicio fue llamado a integrar el Gabinete del Gobierno de turno.

La Junta Directiva estuvo integrada además por José A. García Miró,

MáxiMo cisneros sáncHez, eduardo GlaVe ValdiVia, JorGe euGenio castañeda, JorGe VeGa García, wenceslao Villar Montoya, FeliPe aParicio Valdez, JorGe Jelicic y GuillerMo

García MontuFar. (Vid. “El Decano Accidental del Colegio de Abogados de Lima”, en Revista del Foro, Año XLIII, N.º 2, Lima, 1956, pp. V. Incluye retrato. “Discurso del Dr. Manuel G. abastos en la celebración del Día de Abogados”, presentando a raúl Porras barrenecHea a quien se le encomendó el discurso de orden, en Revista del Foro, Año XLIII, N.º 1, Lima, 1956, pp. 173-175. “Palabras del Decano en la incorporación como Miembros Honorarios de los doctores Luis Podestá Costa, Francisco Gamarra y Adolfo Bioy”, el 1 de agosto de 1956, en Revista del Foro, Año XLIII, N.º 2, Lima, 1956, pp. 451-457. En la portada se incluye una foto de los 4 juntos, pp. III. Además: “Memoria del Sr. Decano del Colegio de Abogados de Lima leída en la Junta General realizada el 18 de marzo de 1957”, en Revista del Foro, Año XLIV, N.º 1, Lima, 1957, pp. 54-80. Incluye foto en la portada, pp. VI. Es un detallado Informe compuesto por XVII secciones, y demostrando su independencia mental abastos decía al final: “Entregamos nuestra obra al juicio benigno de los hombres de la corporación que, si no han de encontrar en ella brillantes iniciativas ni grandes aciertos, hallarán, por lo menos, algo que nadie puede negarnos, y es el deseo de servir con fe y celo gremial indesmayables, al Ilustre Colegio de Abogados de Lima, tan digno de ser servido por todos los que a él pertenecen”. Por aquélla época, el 10 de febrero de 1957, Manuel G. abastos en el salón de actos de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, ante los restos mortales de José GálVez barrenecHea, subrayaba: “Marchito está el laurel, cansado y envejecido el cuerpo; pero se diría que, a pesar de la muerte, una luz irreal luce como una pálida estrella sobre la serena frente, espejo de

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ACTUALIDAD PENAL

NOTA PRELIMINAR

Vid. abastos, Manuel G., “Homenaje a José

Gálvez Barrenechea”, en Revista del Foro, Año XLIV, N.º 1, Lima, 1957, pp.

175-177).

una conciencia tranquila

”.

abastos, ampliando los horizontes de su rica cultura, y con una rara destreza para cultivarla, trató con propósito pedagógico el Derecho Constitucional, al disertar “El Centenario de la Constitución Liberal de 1856”. Acertadamente, enseñaba: “Con ser muy progresista, la Carta de 1856 resultó menos radical de como la desearon los hombres de la extrema izquierda de la Convención. Si se pasa revista a los principios propuestos, pero no admitidos en el texto definitivo, parece una ley de compromiso”. (Vid. Revista del Foro, Año XLIII, N.º 3, Lima, 1956, pp. 722-724. Su fugaz incursión en la temática constitucional data de 1931, donde conjuntamente con dióMedes arias scHreiber,

toribio y luis alayza, JorGe basadre, luis ecHecoPar García, carlos García castañeda, José león barandiarán, raúl Porras barrenecHea y alberto ulloa sotoMayor, ofrecían

soluciones en un Programa de reformas constitucionales “para contribuir con su propaganda y su acción a que el éxito corone los trabajos de la Constituyente”. Vid. “Manifiesto de la Acción Republicana” del 1 de enero de 1931, en el diario El Perú (Lima, 8-1-1931), p. 6. Del mismo abastos, consúltese la exhaustiva “Bibliografía preparada por el Seminario de Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que dirige el Dr. Manuel G. abastos, a pedido del Dr. Manuel Vicente Villarán, Presidente del Comité VI de la V Conferencia Interamericana de Abogados, sobre Derecho Constitucional Comparado por temas”, en Revista del Foro, Año XXXIV, N.ºs. 4-6, Lima, 1947, pp. 228-249. El índice elevado de su cultura nos demuestra que abastos no era huérfano de ideas, antes bien, sus ideas arrojaron luz en cada una de las disciplinas jurídicas que trató. Para el ámbito del Derecho Administrativo, en conexión con el Derecho Penal, revísese su artículo “El Poder de Policía”, en Revista del Foro, XLI1I, N.º 2, Lima, 1956, pp. 205-227).

A lo anterior debe de agregarse el segundo período 1957-1958 que le cupo

desarrollar a Manuel G. abastos al frente del Colegio de Abogados de Lima. En el Discurso con motivo de su elección nuevamente como Decano,

el 18 de marzo de 1957, abastos exaltó las ventajas y el significado de

la agremiación profesional, diciendo que “La abogacía se caracteriza, sin

duda, por su independencia, pero lo que hace posible esa independencia es

la sumisión a un cuerpo gremial cohesionado y fuerte, capaz de neutralizar

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

cualquier atentado contra la libertad de los abogados. Es esta fuerza corporativa la que, debidamente organizada, ejerce un sano influjo sobre la administración de justicia, orienta el proceso evolutivo de las leyes y colabora eficazmente en el mantenimiento del orden jurídico”. (Cfr. Revista del Foro, Año XLIV, N.º 1, Lima, 1957, pp. 89).

abastos volcó toda su experiencia docente al frente del Colegio de Abogados de Lima, así como le dedicó sus mejores esfuerzos. Dotado de abundantes ideas, y en función de buenas lecturas, abastos hizo un trabajo de sedimentación. Tal como es conocido en el gremio forense, con ocasión de celebrarse el 2 de abril el día del abogado, se rindió, en aquella fecha, homenaje a raMón ribeyro. Abriendo el acto Manuel G. abastos pronunció el discurso “Reflexiones sobre la abogacía”. (Vid. Revista del Foro, Año XLIV, N.º 1, Lima, 1957, pp. 179-182).

En este segundo período —1957-1958— de abastos como Decano del Colegio de Abogados de Lima hubo un incidente con su persona. El 5 de abril de 1957, el Sr. Decano Manuel G. abastos presenta su renuncia a la Junta Directiva del Colegio, a raíz de que en El Comercio (Lima, 2-IV-1957) el abogado GasPar Fernández concHa publicó un duro comentario. Entre otras cosas, decía que al haber aceptado abastos el cargo de Asesor Jurídico del Ministerio de Gobierno y Policía por el que fue nombrado por Resolución Suprema del 23 de marzo de 1957, ha dejado de ser idóneo para ocupar el Decanato del Colegio de Abogados de Lima. Es más, que hay incompatibilidades entre uno y otro cargo. Que, por estar agrupados el cargo de Decano y el de Vocal de la Corte Suprema, al abogado que ejerza el primero le alcanza el artículo 226º de la Constitución de 1933. Luego de exponer rigurosamente cada punto y traer bajo la opinión del abogado Fernández concHa, la Junta Directiva del Colegio, por unanimidad de votos, el 5 de abril de 1957, acordó no aceptar la renuncia del Decano. En una esmerada exposición decía: “La calidad moral de los hombres se juzga por su conducta y resultaría una irritante injusticia pensar que quienes han aceptado un cargo público están moralmente impedidos de cumplir lealmente con las obligaciones que impone los Estatutos del Colegio”. Firman: José antonio

García Miro, darío Herrera Paulsen, MáxiMo cisneros, eduardo GlaVe ValdiVia, J.e. castañeda, JorGe VeGa García, wenceslao Villar Montoya, FeliPe aParicio Valdez, JorGe

Jelicic y GuillerMo García MontúFar. (Vid. “Comentarios relativos

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ACTUALIDAD PENAL

NOTA PRELIMINAR

con la renuncia del Decano”, en Revista del Foro, Año XLIV, N.º 1, Lima, 1957, pp. 91-94).

En condiciones diferentes, y siempre al frente del Decanato, Manuel G. abastos presidió la delegación de abogados que concurrió a la X Conferencia

Inter-Americana, convocada por la Inter-American Bar Association, llevada a cabo en Buenos Aires en 1957. De manera casual y en vista que no estuvieron presentes los delegados de Chile y Ecuador, abastos con gran personalidad

y erudita versación participó en la discusión del tema “Status Jurídico de la

Plataforma Continental”, defendiendo con elevada nombradía los Principios de la Declaración de Santiago de 1952, lo que trajo como resultado que abastos se opusiera a la Tesis de Henry Holland. (Vid. “Informe del Dr. Manuel G. Abastos sobre la X Conferencia Inter-Americana de Abogados”, en Revista del Foro, Año XLIV, N.º 3, Lima, 1957, pp. 402-412. Del propio abastos, al frente del Colegio de Abogados, véase en la Revista del Foro, Año XLV, N.º 1, Lima, 1958: “Memoria del Decano Dr. Manuel G. Abastos” el 18 de marzo de 1958, pp. 104-150; “Discurso pronunciado por el Decano Dr. Manuel G. Abastos en el sepelio del Dr. Manuel Vicente Villarán”, pp. 167-172; “Discurso del Decano del Colegio Dr. Manuel G. Abastos en la inauguración de la librería jurídica y de los consultorios jurídicos”, pp. 173- 174; y dentro de este contexto, “Declaración del ex-Decano, Dr. Manuel G. Abastos, en el 150 aniversario del Colegio de Abogados de Lima”, p. 96.

Recordemos que abastos fue profesor de Economía Política y Derecho Internacional de Guerra, en la Escuela Superior de Guerra. Véase su extensa nota bibliográfica al libro “Posición internacional del Perú” de alberto ulloa, en Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Año V, N.º III, Lima, MCMXLI, pp. 545-551).

XI. LOS ULTIMOS AÑOS DE ABASTOS

La vejez es la etapa de la vida más triste en la cual el hombre toma un radical sesgo. Lo más notorio en el ser humano es que deja casi por completo sus actividades. El intelectual, como es el caso de abastos, disminuye su producción bibliográfica. Tan solo espera un homenaje o agradecimiento que lo tonifica y hace meditar. Muchas veces su humildad no le permite asistir

a las ceremonias en las que se le tributa un agasajo. El discípulo atesora sus importantes ideas, las asimila, va formando y enhebrando su propia posición sin que olvide el epígono del maestro.

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

La figura científica de Manuel G. abastos en la plenitud de su vejez, su obra

fecunda y su magisterio apostólico sin proclamas, se vieron recompensadas, mas no en su verdadera magnitud, con las distinciones que se le confirió. Así, abastos fue condecorado con las “Palmas Magisteriales del Perú”, en el Grado de Comendador, por los impagables servicios prestados a la educación nacional; y con la Orden Peruana de la Justicia en el Grado de Gran Cruz (1977).

El 30 de junio de 1967, en su primer período, Fernando belaunde terry

mediante R.S. N.º 209 reconoció a la Academia Peruana de Derecho creada por el Colegio de Abogados de Lima, siendo Decano Mario alzaMora Valdez; habiéndose instalado el 20 de julio del mismo año en el Salón de Actos del gremio. Entre los incorporados estuvo Manuel G. abastos. (Vid. Revista del Foro, Año L1V. N.º 3, Lima, 1967. pp. 9-31. Incluye retrato).

Pese a sentirse disminuido físicamente abastos se daba tiempo para acudir a la Biblioteca de Derecho para disfrutar con remanso espiritual y delectación

la lectura ávida de la voluminosa literatura ordenada entre libros y revistas.

Quizás podríamos justificar en algo la deuda intelectual contraída con Manuel G. abastos, publicándose in memoriam un Libro-Homenaje.

abastos murió casi nonagenario el 14 de enero de 1983. Aún está fresco en nuestra memoria el día de su entierro. Recuerdo que su ataúd llegó a la puerta principal del Cementerio El Ángel en hombros de seis cargadores quienes lentamente marchaban hasta la morada final, bajo tierra; al lado de su esposa rosa elena GóMez de abastos († 8-5-1964). Pero, antes, el rezo de estilo y la última despedida estuvieron a cargo de ricardo la Hoz tirado,

luis a. braMont arias y Manuel cerPa cerPa. Cada uno de ellos

destacó la laboriosa actividad e ideas que infundió Manuel G. abastos. Sin exagerar, no pasaban de veinte las personas que lo acompañaron a su entierro. Nunca había visto a uno de sus discípulos predilectos Víctor a. VillaVicencio cuneo tan apesadumbrado como ese día. (Vid., la nota necrológica en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas, Vol. 45, Lima, 1981- 1985, pp. 161. A raíz de su deceso se publicaron dos artículos periodísticos,

a saber: araMburú MencHaca, Andrés, “El maestro Abastos”, El Comercio (Lima, 21-1-1983); y bacacorzo, Gustavo, “Manuel G. Abastos, humanista”, en La Crónica (Lima, 13-XII-1983). La muerte de abastos pasó prácticamente desapercibida. Manuel G. abastos supo “vivir hasta llegar a una gran vejez”. (Vivere ad sumam senectutem).

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ACTUALIDAD PENAL

I

PARTE GENERAL

1.

EL DELINCUENTE EN EL CÓDIGO DE MAÚRTUA*

Maúrtua fue autor exclusivo de la reforma penal.

Su ponencia parlamentaria de 1916 tímidamente

influida por el anteproyecto Suizo de 1915, es una

transacción con la Escuela Clásica. Con mejor propósito reformista su proyecto de 1921, más directamente inspirado en los anteproyectos suizos de 1916 y 1918, incluye instituciones

y resortes de política criminal omitidos en el

anterior. Y es este segundo proyecto, de ágil y

moderna arquitectura, el que después de sufrir ligeras enmiendas por parte de la Comisión Reformadora, que atinadamente había llamado

a Maúrtua a su seno, se convierte en 1924 en

la vigente ley. En el trabajo que insertamos a

continuación se confrontan algunos preceptos del Código —los más importantes en nuestro concepto— con las nuevas doctrinas penales. El resultado —según se verá— no es favorable. Después de trece años de vigencia, la antes perfecta teoría del Código muestra defectos y vacíos debidos no solo a una concepción que

* Publicado en la Revista de Derecho y Ciencias Políticas (Universidad Nacional Mayor de San Marcos), Año II, N.º I, pp. 8-44; N.º II, pp. 306-322; N.º III, pp. 726-750, Lima, 1937-1938.

Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

ahora resulta defectuosa, sino, sobre todo, a una permanente falta de aplicación. Raro destino el de esta ley, que ya su ilustre autor constataba con desencanto: envejecer sin haber sido aplicada.

Para enjuiciar un Código penal moderno hay que enfocarlo desde el triple punto de vista de la concepción del delincuente, de la latitud y eficacia de la política criminal y de la configuración de los delitos.

Siguiendo este método estudiaremos, por ahora, la doctrina del Código tan solo en lo que se refiere al delincuente.

De filiación netamente clásica, el Código de 1863, cortado en el patrón francés de 1810, concebía el delito como una acción u omisión voluntaria y maliciosa penada por la ley. El delincuente era en él —tal como lo pinta la certera frase de Ferri— nada más que un “maniquí animado sobre cuya espalda el Juez pega el número de un artículo de la ley el cual llega a ser igualmente un número para la ejecución de la sentencia”. 1

Enrolándose en la escuela positiva, el Código Maúrtua opone a la concepción del delito la concepción del delincuente. Pero, la prevalencia del delincuente sobre el delito ¿es en él tan absoluta como parece a primera vista?

Aun cuando los artículos 81, 82 y 83 hacen del “agente de infracción” el eje alrededor del cual gira todo el aparato de las penas y de las medidas de seguridad, la adopción de la fórmula biológica-sicológica de la responsabilidad conduce necesariamente a la discriminación de los hechos que integran el delito. Asimismo, la determinación de la medida de la pena obliga a tener presente —“en cuanto la ley no las considere especialmente como constitutivas o modificadoras del delito”— (artículo 51), circunstancias de individualización pertinentes, unas, a la naturaleza del hecho delictuoso, y otra, a la persona del delincuente. Lo que significa que la doctrina del Código no mira exclusivamente hacia este, cosa explicable se advierte que para la apreciación de “la culpabilidad y el peligro del agente” hay que mirar también hacía el delito, expresión de peligrosidad.

1 FERRI, Sociología, T. I, Introducción, p. 15.

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ACTUALIDAD PENAL

PARTE GENERAL

I. IMPUTABILIDAD Y RESPONSABILIDAD

Según la escuela clásica, el delincuente es responsable porque dotado de la facultad de escoger entre el acto punible y el acto lícito, se decide por el primero. De acuerdo con este principio, el Código del 1863 consideraba irresponsable al incapaz de discernimiento, fuese loco o menor de edad.

Apartándose de la posición clásica, pero temeroso al mismo tiempo de adoptar una fórmula radical, el Código Maúrtua conserva el requisito de la intencionalidad o voluntariedad del agente de infracción (artículos 81 y 82), autorizado con criterio defensista la represión del agente de infracción no intencional ni culposa “en los casos de peligro social” (artículo 83). De este modo se combinan el criterio subjetivo de la responsabilidad basada en la libre determinación de la voluntad del agente y el criterio objetivo de la responsabilidad social basada en el estado peligroso.

Causas de inimputabilidad

Bajo el impropio rubro de “causas que eliminan o atenúan la represión”, el Código agrupa, sin distinguirlas —lo que produce cierto confusionismo— las causas de inimputabilidad y las de justificación, entregando al arbitrio judicial las que atenúan la responsabilidad. Las causas de inimputabilidad contenidas en el artículo 85 son:

1. Enfermedad mental (inciso 1º).

2. Idiotez (inciso 1º).

3. Una grave alteración de la conciencia (inciso 1º).

4. Fuerza irresistible (inciso 3º).

5. Miedo insuperable (inciso 3º).

Según el inciso 1º del artículo 85 está exento de pena “el que comete un hecho punible en estado de enfermedad mental, de idiotez o de una grave alteración de la conciencia y no posee en el momento de obrar la facultad de apreciar el carácter delictuoso de su acto o de determinarse según esta apreciación”.

Esta es la fórmula mixta (biológica-sociológica) de la responsabilidad contenida en el artículo 12 del anteproyecto suizo de 1916 —conservada en

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

el anteproyecto de 1918 y reproducida en el artículo 10 del reciente Código Federal— y la misma que Thormann opuso a la fórmula biológica propuesta por Stooss en el artículo 14 de su proyecto de 1908. Según ella, para que la irresponsabilidad funcione se requiere, además de un estado patológico de enfermedad mental o idiotez (estado permanente) o de grave alteración de la conciencia (estado transitorio), falta de apreciación sicológica del hecho por parte del agente. No basta, pues, —como advierte Ramos al comentar esta fórmula— que el Juez, por medio de peritos, constate el estado biológico del delincuente, sino que es menester también —para que exista irresponsabilidad— que se evidencie “que el agente, en el momento de obrar, carecía de la facultad de apreciar el carácter delictuoso de su acto o la de determinarse de acuerdo con ella”. 2

Un Código que mirando al porvenir ha incorporado la noción del “peligro social” (artículos 51, 83 y 89), no debía haber adoptado la fórmula sicológica de la responsabilidad, por ser un rezago de vieja escuela susceptible de hacer perdurar embrollados problemas de sicología y de metafísica eliminados ya del área penal. Preferible habría sido adoptar la formula biológica de Stooss, que hace depender la irresponsabilidad de una causa de hecho: la enfermedad mental, la idiotez o una grave alteración de conciencia. Causa que, una vez comprobada por la pericia médica, obliga al Juez a declarar la irresponsabilidad, sin que sea necesario averiguar si el estado permanente

o transitorio del autor del delito ha sido o no causa directa de este, o si el agente pudo o no comprender lo injusto de su acción para determinarse o no

a realizarla.

La Psiquiatría demuestra que la gran mayoría de los alienados tienen conciencia de sus actos y que son capaces de premeditación. Pero ello no obliga a pasar por alto su trastorno mental. Si un anormal delinque en un intervalo lúcido, el juez no podrá pensar que es responsable porque obró con discernimiento. La investigación del discernimiento es, pues, además de difícil, inútil y susceptible de inducir a error.

Frente a un enfermo mental, que no es responsable de sus actos. El Juez debe declarar la irresponsabilidad, sin mayor requisito. “si el perito oficial asevera la enajenación, el Juez no tiene por qué escudriñar la aptitud intelectual, la capacidad sicológica o la valuación moral”. 3

2 RAMOS, J. P, Introducción a La Reforma penal argentina, por José Peco, p. XXII.

3 PECO, José, La reforma penal en el Senado, p. 329.

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ACTUALIDAD PENAL

PARTE GENERAL

Cuánto más conveniente habría sido que nuestro legislador hubiera adoptado la fórmula de la responsabilidad legal de todo delincuente, tal como la

concibe el artículo 18 del Proyecto Ferri de 1921, que declara que “los autores

y copartícipes de un delito son siempre legalmente responsables, salvo los

casos de justificación del hecho”. El proyecto italiano sustituyó así el clásico

postulado de la imputabilidad por el de la responsabilidad social basada en

el estado peligroso del agente, estableciendo para los delincuentes enfermos

de la mente (artículos 32, 33 y 42) sanciones especiales, de acuerdo con la fórmula de peligrosidad inscrita en sus artículos 20, 21 y 22.

Sería inútil buscar en la regla del artículo 83 de nuestro Código —“el agente de infracción no intencional ni culposa será también reprimible en los casos de peligro social, cuando la ley lo prescribe expresamente, substituyendo a la pena la medida de seguridad o educativa más adecuada determinada por la ley”— un precepto semejante al del artículo 18 del Proyecto Ferri, porque, mientras este es norma genérica que no tiene más excepción que las causas de justificación, aquella es norma restrictiva que funciona solo “cuando la ley lo prescribe expresamente”.

El término “enfermedad mental” adoptado en el inciso 1º del artículo 85 reemplaza con alguna ventaja los de “locura” y “demencia” empleados por otros Códigos, inclusive por el nuestro del 63. En gran latitud están

comprendidas todas las perturbaciones mentales —las psicosis y las neurosis

la idiocia y la imbecilidad, las paranoias y la epilepsia— sin olvidar la sordo-

mudez expresamente mencionada en el artículo 93 y que según la doctrina puede ser causa de inimputabilidad como de atenuación.

Aunque el propio inciso 1º del artículo 85 no cita expresamente la embriaguez alcohólica, esta debe ser tomada en cuenta como causa de irresponsabilidad (artículo 41, 2º apartado) o como simple circunstancia atenuante (artículo 90) según se trate de la embriaguez habitual (especialmente de la locura alcohólica) o de embriaguez accidental, fortuita semiplena. El Código del 63 consideraba la embriaguez como circunstancia atenuante, salvo el caso de la preordenada al delito que podía reputarse agravante.

El inciso 1.º del artículo 85 tampoco hace mención expresa de las toxicomanías,

causas de graves alteraciones fisiológicas y, dentro de estos estados, de una anulación del discernimiento y de la voluntad. 4

4 Algunos autores consideran, además, que ciertas infecciones y toxinfecciones (encefalitis epidémica, tubercu-

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

En cuanto a la edad, causa de inimputabilidad en los viejos Códigos, hoy triunfa la tendencia —bien acusada en la ley vigente— a sustraer a los menores del área del derecho penal expiatorio, para transportarlos a la del derecho tutelar que por medios educativos y protectores a la de derecho tutelar que por medios educativos y protectores trata de readaptar en momento oportuno a seres cuyos hechos defectuosos son, por lo general, fruto del cruel abandono en que la sociedad deja a la infancia desvalida.

Fuera del artículo 85 y ubicada en el artículo 95 se encuentra otra causa de impunidad: el desistimiento espontáneo, que funciona siempre que los actos practicados no constituyen por sí mismos delito.

Causas de justificación

Las causas de justificación comprendidas en el artículo 85 son:

1. Legítima defensa (inciso 2º).

2. Estado de necesidad (inciso 3º).

3. Ejercicio de un derecho (inciso 4º).

4. Cumplimiento de deberes de función o de profesión (inciso 4º).

5. Ejecución de una ley (inciso 5º).

6. Obediencia jerárquica (inciso 5º).

En su parte especial el Código contiene estas otras causas de justificación:

1. Móvil no egoísta (homicidio-suicidio, artículo 157)

2. Causar un mal para evitar otro mayor (aborto terapéutico, artículo

163)

3. Omisión por causa legítima (omisión de auxilio por razón de riesgo personal, artículo 183).

4. Evitar un mal grave a sí propio o a otro (allanamiento justificado de domicilio, artículo 231).

losis, sífilis); otras enfermedades no mentales (fiebre, tifoidea, fiebres intermitentes, gripe); y ciertos aconte- cimientos fisiológicos propios de la vida de la mujer (menstruación, embarazo, parto, puerperio, menopausia) pueden originar desórdenes en la vida psíquica capaces de determinar la irresponsabilidad o la responsabilidad atenuada según los casos.

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ACTUALIDAD PENAL

PARTE GENERAL

Causas atenuantes

El sistema de nuestro Código es el de las llamadas “atenuantes específicas” y comprende:

1. Eximentes incompletas, o sean todas las del artículo 85.

2. Error de hecho y de derecho (artículo 87).

3. Ignorancia de la ley penal (artículo 87).

4. Arrepentimiento activo (artículos 96 y 334, 5º apartado).

5. Delito imposible (artículo 99).

6. Emoción violenta (artículos 153 y 154).

7. Edad juvenil (artículo 148).

8. Preterintencionalidad (lesiones, artículo 167).

9. Vindicación de ofensa grave (duelo, artículo 178, inciso 2º).

Por incompresible pasadismo, el Código Maúrtua transforma todas las eximentes en atenuantes, siguiendo un absurdo sistema que recuerda el del Código español de 1870 y el de nuestro Código de 1863.

Decía este último en su artículo 9, inciso 1º: “son circunstancias atenuantes las comprendidas en el titulo anterior (que incluye las eximentes) cuando no concurren en ellas todos los requisitos necesarios para eximir de responsabilidad, o no sean plenamente probadas”. Y dice el vigente Código en su artículo 90: “en los casos del artículo 85 (que contiene las eximentes) cuando no concurren los requisitos necesarios para hacer desaparecer totalmente la responsabilidad, el Juez podrá disminuir la pena prudencialmente hasta límites inferiores al mínimum legal”. Los casos del artículo 85 son las causas de inimputabilidad y de justificación ya enumeradas.

Como se ve, las disposiciones son semejantes, y solo se diferencian en el mayor arbitrio judicial concedido por la segunda.

No todas las causas de exención son susceptibles de convertirse en atenuantes. Siguiendo la doctrina Silvela —y adaptándola al sistema de nuestro Código— podemos clasificar las eximentes de la siguiente manera:

1°. Eximentes fundadas en un hecho indivisible y que no admiten fraccionamiento, porque existen o no existen, siendo inconcebible su existencia a medias y, por lo mismo, que funcionen como atenuantes.

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Tales son: la enfermedad mental; la idiotez; una grave alteración de la

conciencia; la fuerza irresistible; el cumplimiento del deber; el ejercicio de un derecho, oficio o cargo y la ejecución de una ley. Eximentes que no nacen de un hecho indivisible y que, aun cuando la ley no haya diferenciado los elementos que las integran, pueden fraccionarse

y convertirse en otras tantas atenuantes, a condición de que los jueces, haciendo una recta apreciación de los hechos, determinen en cada caso

los requisitos exigibles. Tales son: el miedo, cuando no sea insuperable;

el estado de necesidad, la obediencia jerárquica y la embriaguez.

3°. Eximentes cuyos requisitos han sido debidamente diferenciados por la ley, de modo que si falta alguna la eximente se vuelve atenuante. Tal es

2°.

el caso de la legítima defensa.

De acuerdo con esta clasificación debemos concluir que solo las eximentes del segundo y tercer grupos pueden convertirse en atenuantes, más nunca las del primero. Esta enmienda a la imperfecta regla del artículo 90 la dicta la cordura y la apoya la buena doctrina que no acepta, como causas de atenuación, ni la semilocura ni la semi-imbecilidad.

No debe olvidarse, además, que las diversas circunstancias “constitutivas o modificadoras del delito”, que el artículo 51 recomienda para la debida individualización penal y que radican unas en el hecho delictuoso y otras en la personalidad del agente, pueden producir el efecto tanto de atenuar de como de agravar la pena.

II. CLASIFICACIÓN DE LOS DELINCUENTES

Una clasificación de los delincuentes es de absoluta necesidad en un Código moderno, ya que ella “sirve de cartabón para la norma penal, para la sentencia judicial y para el cumplimiento de la sanción”. 5 “Vano es centrar toda la defensa social en torna al criminal, si la parte general no proporciona normas practicas sobre las categorías de delincuentes, que huyan de las clasificaciones teóricas complicadas, más propias para la discusión de la cátedra o el libreo que para guiar al legislador o al juez”. 6

En formulas dispersas y no exentas de imperfección técnica, nuestro Código ofrece la siguiente clasificación de los delincuentes:

5 PECO, José, La reforma penal en el Senado, p. 315.

6 PECO, José, La reforma penal en el Senado, p. 315.

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PARTE GENERAL

1. Enfermos mentales (artículo 85, inciso 1º).

2. Delincuentes de responsabilidad restringida (artículos 90 y 91).

3. Alcoholistas habituales (artículo 41).

4. Ambientes (ociosos, malvivientes) (artículo 42).

5. Reincidentes (artículos 112 y 113).

6. Habituales (artículo 116).

7. Ocasionales (artículo 53).

8. Político-sociales (artículo 18).

9. Menores delincuentes (artículos 137 a 149).

10. Salvajes (artículo 44).

11. Indígenas semicivilizados o degradados por la servidumbre y el alcoholismo (artículo 45).

Enfermos mentales

El Código menciona a los delincuentes enfermos de la mente dentro de la fórmula del inciso 1º del artículo 85: “el que comete el hecho punible en estado de enfermedad mental

El concepto “enfermedad mental” es muy vasto. En amplitud abarca desde las formas complejas de alineación hasta las formas simples de anormalidad. Por lo mismo, llama la atención que la fórmula del inciso 1º del artículo 85 incluya, en segundo término, a los idiotas 7 y en tercero, a los que delinquen en estado de grave alteración de la conciencia, terminología que responde a una nomenclatura psiquiátrica ya sobrepasada. En giro técnico, el primer término es eliminatorio de los otros dos. Mejor empleado sería el término alineación mental que, siendo más conveniente a los fines de la individualización penal. 8

Las reglas codificadas por los artículos 85 (inciso 1º), 89 y 94 pertinentes a los enfermos mentales pueden reducirse a tres:

1. En principio, todos los enfermos mentales son inimputables, y, por consiguiente, irresponsables. Sin embargo, “en los casos del artículo 85, cuando no concurren los requisitos necesarios para hacer desaparecer totalmente la responsabilidad” (artículo 90), el enfermo mental puede ser

7 El artículo 10 del anteproyecto suizo de 1918 dice “imbecilidad” en vez de “idiotez”.

8 La reciente reforma penal en el Senado argentino ha adoptado la siguiente regla, que incluye la fórmula bioló- gica de la responsabilidad: “El que haya cometido el hecho en estado de enajenación mental o de inconscien- cia completa”.

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

imputable y responsable con responsabilidad restringida.

2. un enfermo mental ofrece “peligro para la seguridad o el orden públicos

Si

y

se hace necesario internarlo en un hospital o en un hospicio, el juez

ordenara este internamiento” (artículo 89).

3. La medida de seguridad es absolutamente indeterminada. El juez la hará cesar solo “cuando la causa haya desaparecido”, con audiencia del Ministerio Público y previo dictamen de peritos (artículo 94).

La indeterminación con que comienza la regla del artículo 89, hace suponer que a cualquiera de los eximidos de pena del artículo 85 se le puede aplicar la etiqueta de peligroso y la correspondiente medida de seguridad. Eso es tan absurdo como equipar al loco homicida con el que mata en legítima defensa. Dada su especial naturaleza, la medida de seguridad prevista no puede ser aplicable sino a los enfermos mentales, y de estos hace mención solamente el inciso 1º del artículo 85, al cual debería referirse taxativamente el artículo 89.

La medida de seguridad no es absolutamente obligatoria. El artículo 89 la impone previas dos condiciones: 1º que el irresponsable ofrezca peligro para la seguridad o el orden públicos; y 2º que el internamiento sea necesario.

Según el principio de la peligrosidad del delincuente, el delito cometido por un enfermo mental es signo tan inequívoco de su “estado peligroso”, que no se precisa de la reincidencia para aplicarle la adecuada mediad de seguridad. Tratándose de este tipo de delincuentes, la segregación es urgente y necesaria.

La restricción en la aplicación de la medida de seguridad, que parece derivarse de la mal concebida regla del artículo 89, se debe a que este se refiere a “un delincuente eximido de pena”, término en cuya indeterminación se hallan comprendidos delincuentes que ofrecen peligro y delincuentes sin ninguna peligrosidad.

El Código debería haber establecido imperativa y taxativamente, que la internación de que habla el artículo 89 se aplicara a los irresponsables alienados, por ser estos indubitablemente peligrosos.

Los términos “peligro para la seguridad o el orden públicos” no son los que mejor expresan el “estado peligroso”. Con mayor propiedad, el artículo 83 emplea los términos “peligro social” para justificar la imposición de la medida defensista al agente de infracción no intencional ni culposa. Bastaría, pues,

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ACTUALIDAD PENAL

PARTE GENERAL

con referirse al peligro que el alienado ofrece para “la seguridad social”, para que se entienda justificada aquella.

La medida de seguridad consiste en internamiento en hospital u hospicio. “Si, por otros motivos —agrega el artículo 89— el estado del delincuente irresponsable exige que sea tratado o colocado en un hospital o en un hospicio, el juez ordenará este tratamiento o esta hospitalización”. La ley no expresa el porqué de esta dualidad de medidas. La frase “si, por otros motivos”, indicativa de la aplicación de la segunda medida, nada significa, ya que la ley no dice cuáles son esos otros motivos. Esta regla dice: “si el estado de un irresponsable exigiere tratamiento u hospitalización en un hospital u hospicio, corresponderá al juez ordenar que se proceda a dicho tratamiento u hospitalización”. Parece desprenderse de aquí, que la internación es para los incurables y la colocación o tratamiento para los susceptibles de cura o para los que por su especial estado del momento requieran atención inmediata.

Es de advertir que un hospital o un hospicio no son lugares apropiados para internación, colocación o tratamiento de delincuentes alienados, salvo que por hospital se entienda manicomio. Preferible habría sido emplear este último término que designa con claridad el tipo de establecimiento que la doctrina y los textos de mucho Códigos recomiendan para estos fines.

Además, si la ley ha creado “una casa de tratamiento para alcohólicos anexa al Asilo de Magdalena” (artículo 408, inciso 7º), ha debido cuidar asimismo de autorizar la apertura en el propio establecimiento de una sección para criminales alienados.

El artículo 93 no ha puesto en manos de peritos oficiales el examen de los delincuentes alienados. “El Juez o el Tribunal —dice simplemente este artículo— ordenará el examen por peritos de los inculpados cuyo estado mental se preste a dudas y, en todo caso, de los epilépticos o sordo-mudos”. Son, pues, peritos no oficiales los que deben informar “sobre el estado mental” del delincuente y expresar “si procede el internamiento en un hospital o en un hospicio o si hay peligro para la seguridad o el orden público”. La reforma penal propuesta por el Senado argentino hace intervenir en estos casos a “peritos oficiales” 9 , lo que garantiza el acierto del juez en la aplicación de la medida.

9 El Decreto Supremo N.º 252 de 11 de agosto de 1936, que limita y reglamenta el ejercicio de la función de perito psiquiatra en el Distrito Judicial de Lima, no innova sobre el particular, pues no crea la institución de peritos oficiales.

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El artículo 94 encomienda a “la autoridad administrativa” —¿qué autoridad es esta?— la ejecución de las medidas de seguridad, y faculta al juez para hacerlas cesar “cuando la causa haya desaparecido”, oyendo antes al Ministerio Público y previo dictamen de peritos. De modo que si la causa no desaparece ¿el internamiento, tratamiento o colocación serán absolutamente indefinidos? Aun cuando nuestro Código carece de una fórmula cabal del estado peligroso, hay que suponer que sí. A este respecto merece elogio la fórmula adoptada por la Comisión Reformadora del Senado argentino, que establece que, “en caso de absolución por enajenación mental, el tribunal ordenara que se interne al agente en un manicomio, del que no podrá salir sino por resolución judicial, con audiencia del Ministerio Público, previo dictamen de peritos oficiales que declaren hacer desaparecido el peligro de que el enfermo se dañe a sí mismo o a los demás”.

Delincuentes de responsabilidad restringida

Este es un término de significación clásica que conspira contra la técnica penal. La nomenclatura moderna lo rechaza, y nosotros lo incluimos aquí solo porque, conforme a la sistemática de nuestra ley, él involucra un grupo de delincuentes imputables y peligrosos distinto del primero: los semialienados.

El Código no otorga categoría individual a los semialienados, a quienes ni siquiera nombra. Pero es indudable que los enrola entre los delincuentes “de responsabilidad restringida”, término inadecuado y contradictorio, fatal secuela de la fórmula de la responsabilidad sicológica, que suscita de inmediato los reparos de la crítica.

Según el artículo 90, todos los eximidos de pena del artículo 85 se convierten en delincuentes de responsabilidad restringida, “cuando no concurren los requisitos necesarios para hacer desaparecer totalmente la responsabilidad”. 10

Desde el punto de vista de la individualización penal, y conforme a la doctrina del Código, estos delincuentes se clasifican en dos grupos:

10 El antecedente de esta manera de concebir la llamada responsabilidad restringida lo encontramos en el artículo 11 del anteproyecto suizo de 1913, que a la letra dice: “El Juez atenuará libremente la pena, cuando por consecuencia de una perturbación de la salud mental o de la conciencia, o por efecto de un desarrollo mental incompleto, el delincuente no poseyere. en el momento de obrar la plena facultad de apreciar el carácter ilícito de su acción o de determinar sus actos con arreglo a dicha apreciación”. El texto suizo presupone un menor grado en la perturbación mental del agente, causa de discernimiento incompleto, y por uno y otro dato concluye la noción de la responsabilidad restringida.

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ACTUALIDAD PENAL

PARTE GENERAL

1°. Delincuentes de responsabilidad restringida que no ofrecen peligro para la seguridad y el orden públicos y a quienes “el juez podrá disminuir la pena prudencialmente hasta límites inferiores al mínimum legal” (artículo 90), grupo en el cual se hallan incluidos equivocadamente todos los casos del artículo 85; y 2°. Delincuentes de responsabilidad restringida, que ofrece peligro para la seguridad y orden públicos y a quienes el Juez suspenderá la ejecución de la pena, ordenando, según los casos, internamiento, tratamiento o colocación en hospital un hospicio (artículo 91), grupo en el cual la ley comprende limitativamente solo los casos del inciso 1º, del artículo 85.

Como se ve, la ley concibe primero, la responsabilidad restringida a base de la ausencia de los requisitos que son necesarios para hacer desaparecer totalmente la responsabilidad, aplicando a este tipo de responsables una pena atenuada. Y luego cuando uno de los irresponsables del inciso 1º del artículo 85, convertido en delincuente de responsabilidad restringida por virtud del anterior sistema, resulta peligroso, desplaza el principio de atenuación por el criterio defensista, suspendido la ejecución de la pena y sustituyendo esta por la medida de seguridad.

La ley emplea terminología impropia y contradictoria al llamar delincuente de responsabilidad restringida al sujeto a quien, por su peligrosidad, hace objeto de una medida de seguridad de duración indeterminada, que puede ser todavía complementada por la ejecución de la pena, una vez desaparecida la causa que determinó su suspensión (artículo 98).

Los delincuentes del segundo grupo no deben ser llamados delincuentes de responsabilidad restringida. Son delincuentes peligrosos y nada más. La referencia el inciso 1º del artículo 85 que los señala en forma equívoca e indiferenciada, obliga a una clasificación tan arbitraria como esta:

1. Enfermos mentales con perturbaciones no muy graves y discernimiento limitado (¿alineación incompleta?).

2. Idiotas con perturbaciones no muy graves y discernimiento limitado.

3. Sujetos que delincan en estado de alteración de la conciencia que no sea grave y de discernimiento incompleto.

Es inútil redundancia tomar de nuevo en cuenta a los alienados para hacer de ellos semirresponsables o, como quiere el Código, delincuentes de

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Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

responsabilidad restringida. La alineación específica, en un hecho nosológico indivisible que, penalmente, no admite gradación diminutiva. El alienado propiamente tal, es siempre un inimputable. Sería grave error convertir al alienado en semialienado por el sistema de reducción del artículo 90, pues uno y otro integran categorías clínicas distintas.

Y en cuando a los que delinquen en estado de grave alteración de la conciencia, resulta más difícil todavía establecer diferencia entre los inimputables y peligrosos susceptibles de una medida de seguridad como la del artículo 89 (estado grave) y los imputables y peligrosos susceptibles de un régimen mixto como el de los artículos 91 y 92 (estado menos grave).

La Psiquiatría ha comprobado que, entre el individuo normal y el alienado, hay un grupo heterogéneo y vasto de sujetos patológicos. O, mejor dicho, que, entre la alienación y la salud, se interpone la semi-alienación, realidad clínica indiscutible que, sin ser tipo nosológico definido, incluye una categoría de estados anormales, diferentes entre sí. Los técnicos reúnen en este grupo a los epilépticos sin sicosis, histéricos, psicasténicos, neurasténicos graves, débiles de espíritu, desequilibrados de franca constitución psicopática, degenerados con perversiones instintivas, etc. A estos semi-alienados hay que agregar, por razón del peligro que ofrecen, el doliente grupo de los morfinómanos, cocainómanos, eterómanos y alcoholistas crónicas impulsivos. 11

De ninguno de estos semi-alienados hace mención expresa la ley. Pero en cuanto el Juez logre identificarlos con ayuda de la pericia médica, deberá aplicarles, no por cierto la regla del artículo 90, sino la del artículo 91, excluyendo tan solo al alcoholista habitual, para quien está reservado el régimen del artículo 41.

Dando por aceptado que los artículos 91 y 92 son pertinentes a los semi- alienados, resta ver qué régimen punitivo les señala el Código y cómo concibe su peligrosidad.

Tal como en el caso de los irresponsables alienados, el artículo 91 supone que los delincuentes de responsabilidad restringida, del inciso 1º del artículo 85, pueden ser y no ser peligroso. He aquí una concepción errónea. Los

11 En el décimo Congreso de la Unión Internacional de Derecho Penal, celebrado en Hamburgo, en 1905, Liszt propuso los siguientes cinco grupos: 1º débiles de espíritu; 2º neurasténicos, histéricos, cleptómanos; 3º intoxi- cados por el alcohol, éter, morfina, opio; 4º degenerados seniles; 5º pervertidos sexuales.

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ACTUALIDAD PENAL

PARTE GENERAL

delincuentes semi-alienados son siempre peligrosos, casi tanto como los alienados, y su tratamiento especial es imperativamente necesario. Este es un postulado que hay que defender enérgicamente, a fin de que el criterio de los jueces no se deje influenciar por el falaz concepto de la responsabilidad restringida.

Es igualmente válida aquí la objeción que hemos formulado respecto del uso de los términos “peligro para la seguridad o el orden públicos” empleados por el artículo 91. El semi-alienado, como el alienado, ofrecen “peligro social”, y esto es lo que la ley debe decir.

El régimen punitivo concebido por el artículo 91 para los semi-alienados, es mixto y se compone de penas y medidas de seguridad. Acreditada la peligrosidad del agente, el Juez suspenderá la ejecución de la pena e impondrá la medida de seguridad, consistente en internamiento en hospital u hospicio. De todos modos, el delincuente deberá pasar primero por el hospital u hospicio y después por el penal.

La ley no fija término a la medida de seguridad. Según el artículo 92 su duración está condicionada por la desaparición de la causa que hizo suspender la ejecución de la pena. Si dicha causa desaparece “El juez decidirá si la pena debe ser aún ejecutada y en qué medida, previo dictamen de peritos”.

Es plausible la absoluta indeterminación de la medida de seguridad, por ser conforme a su naturaleza. 12 Pero una vez cumplido su fin curativo, es inaceptable que, en seguida, se ejecute la pena, así sea breve su medida, sobre todo si se ha de ser en una cárcel común. El régimen mixto —según dice Jiménez de Asúa— equivale “a una penalidad por partida doble y a olvidar por completo el principio pro-reo13 . Además, nuestra ley no se cuida de establecer expresamente —como lo hace el anteproyecto suizo de 1915— que la duración del internamiento, tratamiento o colocación deberá ser computada para la extinción de la pena, sino que deja al arbitrio judicial la medida de esta. Lo que expone al Juez a incurrir en arbitrariedad.

12 El proyecto Ferri y el proyecto del Senado argentino señalan término o una indeterminación relativa. El prime- ro, un tiempo igual al de la segregación simple o rigurosa establecida para el delito, no inferior a tres meses y no superior a 15 años, en el primer caso, y no inferior a 3 años y no superior a 20 años o también a tiempo indeterminado absolutamente con mínimum de 10 años, en el segundo caso. Y el segundo, tiempo indeter- minado no menor de la mitad del máximum dé pena establecida para el delito, o 20 años en caso de prisión o reclusión perpetuas.

13 JIMÉNEZ DE ASÚA, Luis y José ANTÓN ONECA, Derecho Penal, Tomo I, p. 355.

INSTITUTO PACÍFICO

57

Escritos PEnalEs / ManuEl G. abastos

De las medidas defensistas propuestas contra los delincuentes semi-alienados,

las

represivas, con atenuación de la pena, han sido rechazadas. E igual rechazo

ha

merecido el internamiento en asilos especiales, con aplicación de la pena

antes o después de la medida de seguridad. No obstante haber censurado este sistema mixto, Stooss, consintió, para calmar las críticas, en aplicar la pena después del tratamiento, computando el tiempo de duración de este como parte de la pena, fórmula que prevalece en el anteproyecto suizo de 1915.

El sistema mixto ideado por Le Poittevin —reclusión en establecimientos

especiales, con un régimen a la vez de pena y tratamiento— pretende obrar preventiva y represivamente, curar e intimidar a un tiempo. Pero si el fundamento de la imputabilidad de los semi-alienados es su estado peligroso, el único régimen conveniente para ellos es la internación

o colocación en establecimientos especiales, exentos de todo aparato

expiatorio. Es erróneo sostener con Grasset, que, porque el semi-loco es, al

mismo tiempo, un culpable al que hay que castigar y un enfermo al que hay que curar, le conviene tanto la prisión como el asilo.

En conclusión, censuramos la doctrina de nuestro Código, porque el aplicar penas comunes como contera de una medida de seguridad que ya ha evidenciado si eficacia curativa, es régimen expuesto a fracasos y a peligrosas recidivas.

Y le censuramos, igualmente, el que no haga franca mención de los semi-

alienados y que los incluya en forma dudosa entre los mal llamados delincuentes de responsabilidad restringida. 14

Alcoholistas habituales

“Tratándose de delitos reprimidos con prisión perpetrados por un ebrio habitual 15 , que al delinquir se hubiera hallado, o no, en estado de embriaguez, el juez podrá ordenar, previo dictamen se coloque al condenado en una casa de tratamiento y de trabajo.

14 Sin reputarla perfecta, recomendamos la fórmula adoptada por la Comisión reformadora del Senado argentino:

“Al que no siendo enajenado hubiere cometido un delito a causa de grave anormalidad psíquica o de intoxica- ción crónica producida por el alcohol o el uso de drogas o estupefacientes, se le internará en el establecimiento adecuado, por tiempo indeterminado, no menor de la mitad del máximum de pena establecida para el delito o veinte años en caso de prisión o reclusión perpetuas, salvo que la autoridad judicial en la sentencia o posterior- mente, en caso de no ser conveniente o necesaria su permanencia en establecimiento especial, por dictamen de peritos oficiales resuelva internarlo en un penal”.

15 El artículo 42 del Anteproyecto suizo de 1918 dice “bebedor habitual”, término más correcto que “ebrio habi- tual”. La embriaguez, que es la causa, da como se refiere el precepto.

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ACTUALIDAD PENAL

PARTE GENERAL

“El Juez podrá asimismo colocar en una casa de tratamiento y de trabajo, conforme al Título X, por todo el tiempo necesario para su curación, al ebrio habitual que hubiera sido declarado irresponsable” (artículo 41).

En esta regla el Código no hace mención de la embriaguez accidental o fortuita, sino de la habitualidad en el uso de bebidas alcohólicos, dejando como es de suponer librado al arbitrio judicial el precisar, con carácter previo, en cada caso, y en vista de las circunstancias, la existencia del hábito alcohólico. 16

El artículo 41 comprende dos categorías generales de alcoholistas, a saber:

1. Alcoholista habitual responsable;

2. Alcoholista habitual irresponsable.

La primera categoría comprende, a su vez, otras dos:

1. Alcoholista habitual que al tiempo de delinquir no se hubiere hallado en estado de embriaguez;

2. Alcoholista habitual que al tiempo de delinquir no se hubiere hallado embriagado.

La doctrina del Código a este respecto, es que el hábito alcohólico predispone al delito o lo condiciona, razón por la cual resultan equiparados el caso del alcoholista habitual que delinque bajo el influjo de una intoxicación reciente, vale decir en estado de embriaguez, y el del alcoholista crónico que delinque sin estar embriagado, pero cuyo hábito de beber explica causalmente su delito.

Respecto de los alcoholistas habituales responsables, el artículo 42 de Anteproyecto suizo de 1918 exige que el delito guarde relación con el vicio de la bebida. La exigencia huelga, ya que cualquiera que sea el delito cometido por un alcoholizado habitual, él no será sino el efecto lógico de su doble degeneración, moral y física.

El régimen penal establecido para los alcoholistas responsables comprende: