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BROCAR, 36 (2012) 161-183

LOS CARLISTAS DE VALENCIA. LA REACCIÓN EN UNA CIUDAD LIBERAL (1833-1840)

Antonio Caridad Salvador IES Peset Aleixandre, Paterna, Valencia

RESUMEN: En este artículo se analiza la fuerza del carlismo en una ciudad mayoritariamente liberal, como era Valencia en 1833-1840. Para ello se hace un recorrido biográfico por los carlistas más destacados de la ciudad, pasando des- pués a estudiar la importancia del carlismo entre las clases populares de Valen- cia, a partir de los casos individuales que conocemos. De esta forma se observa que, aunque el apoyo a don Carlos era minoritario, no por eso dejaba de tener un gran número de seguidores en la capital del Turia. Palabras clave: Carlismo, Liberalismo, Primera Guerra Carlista, Valencia, re- presalias.

THE CARLISTS OF VALENCIA. THE REACTION IN A LIBERAL CITY (1833-1840)

ABSTRACT: This article analyses the strength of Carlism in a mainly liberal city, as was Valencia between 1833 and 1840. To do this, we are taken on a biographical tour of the most distinguished Carlists in the city, to then study the importance of Carlism among the lower classes, using the individual cases that are known. By doing so we observe that, although the Carlist supporters were a minority in Valencia, they were still large in number. Keywords: Carlism, Liberalism, First Carlist War, Valencia, Reprisals.

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Aunque Valencia era una ciudad predominantemente liberal, eso no quiere decir que no hubiera también allí partidarios del pretendiente, durante la primera guerra carlista. De hecho, numerosos dirigentes rebeldes eran naturales o veci- nos de la capital del Turia, desde donde salieron para unirse a sus correligiona- rios, en una guerra que duró cerca de siete años. Además de ellos, el carlismo tuvo algunos adeptos entre los sectores más empobrecidos de la ciudad de Va- lencia, que buscaban en la rebelión una forma de escapar de la miseria que pa- decían. Al mismo tiempo, hubo individuos que permanecieron en la capital va- lenciana como informadores o propagando rumores, sirviendo de otro modo a la causa de don Carlos.

1. Los jefes del carlismo

Empezaré mi relato hablando de los dirigentes del carlismo. Como la ciudad de Valencia era la residencia de numerosos nobles, funcionarios y profesionales liberales, no es extraño que de allí salieran los principales cuadros del carlismo civil del País Valenciano y Aragón. Pero este movimiento contaba con un apoyo popular reducido, lo que hizo que no pudiera arraigar en la ciudad y que la ma- yoría de sus miembros tuvieran que marcharse. Además, apenas hubo jefes mi- litares nativos de la ciudad de Valencia, lo que hizo todavía más difícil que las masas de la capital se uniesen a las fuerzas tradicionalistas. De todos los carlistas de la ciudad de Valencia, el más destacado fue Joaquín Catalá, conde de Cirat, que presidió durante la guerra la junta rebelde del Maes- trazgo. Este personaje era uno de los principales propietarios nobles de la Huerta, en la que poseía 42,8 hectáreas de tierra. Sus padres debieron morir muy pronto, ya que en 1813 era ya conde, bajo la tutela de su abuelo, el marqués de Dos Aguas. Su infancia y su adolescencia transcurrieron bajo el peligro del impago de las rentas por parte de los campesinos, como pasó ese mismo año con los de Benimeli. Debido a esto su abuelo hizo llegar una protesta a la regencia, contri- buyendo al año siguiente al golpe de estado de Fernando VII, al que aportó dos millones de reales. Pero el problema no se resolvió y en 1820 el marqués de Dos Aguas presentó otra queja en su nombre, esta vez ante las Cortes 1 . Todo esto de- bió influir en el joven aristócrata, en el que se fue desarrollando una ideología antiliberal, ya que la rebeldía campesina se debía en gran parte a las reformas aprobadas por las Cortes de Cádiz.

1. Boletín Oficial de Valencia, nº 26, 29 de noviembre de 1833. Diario Mercantil de Va-

lencia, nº 189, 8 de julio de 1838. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, B-4, mi- licias provinciales, expedientes generales, caja 2. Hernández Mateo. J. L y Romero. J, Feuda- lidad, burguesía y campesinado en la Huerta de Valencia, Valencia, 1980, pp. 60 y 61. Hernández Montalbán. F. J, La abolición de los señoríos en España (1811-1837) , Valencia, 1999, pp. 168, 170 y 210.

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Al llegar a la mayoría de edad nuestro personaje se hizo cargo personalmente del condado, ingresando más tarde en las milicias absolutistas. De esta manera, en 1832 era capitán del primer escuadrón de voluntarios realistas, así como te- niente coronel de caballería, aunque sin sueldo ni antigüedad. El 20 de diciem- bre del año siguiente fue nombrado síndico personero del público, pero duró poco en el cargo, ya que cuatro meses después fue destituido, debido a que fal- taba mucho a la comisión municipal de revisión de agravios, de la que era vo- cal nato. Además, sus ideas absolutistas debían ser del dominio público, por lo que al cabo de un tiempo fue detenido y enviado preso al castillo de Santa Ca- talina (en Cádiz), de donde se fugó el 18 de junio de 1836. Poco después la junta progresista de Valencia ordenó el embargo de sus bienes, por haberse confirmado la noticia de su marcha a la facción. De hecho, nuestro personaje se había fu- gado a Navarra, donde fue designado gentilhombre de cámara por don Carlos. Allí permaneció hasta que al año siguiente se incorporó a la Expedición Real, de la que se separó en Solsona (Lérida), en junio de 1837. No obstante, al poco tiempo pasó a Aragón, al ser nombrado el 1 de agosto presidente de la Junta Su- perior Gubernativa de Aragón, Valencia y Murcia 2 . Pero este organismo apenas tenía recursos económicos, ya que casi todos los ingresos iban a parar a los jefes militares. El conde de Cirat se quejó entonces a Cabrera, diciéndole que, con el dinero que se quedaban los cabecillas se podría comprar fusiles y pagar a la tropa. Pero el tortosino no hizo nada para cambiar las cosas, por lo que las relaciones entre ambos fueron empeorando. De hecho, aquél llegó a desterrar a Cataluña a dos miembros de la junta, Joaquín Polo y Víc- tor de la Dehesa, por haber criticado sus operaciones. La corporación pidió en- tonces explicaciones y que se suspendiera dicha medida, pero el jefe carlista se negó, diciendo que castigaría a todos los que le criticaran 3 . Ante esta respuesta, los miembros de la junta escribieron a don Carlos, que- jándose de los abusos de Cabrera y presentando su dimisión, a no ser que se les diera un poder real. En un principio el pretendiente no se la aceptó, pero el conde de Cirat insistió, por lo que le fue admitida la renuncia, el 1 de diciembre de 1838. Después de esto permaneció en el Maestrazgo sin ocupar cargo alguno, hasta que emigró a Francia en marzo de 1840, falleciendo en Toulouse el 20 de agosto de dicho año. El conde era pequeño, enfermizo y nervioso, con una cara fea y un

2. Archivo Histórico Municipal de Valencia, capitular ordinario de 1833, actas del 2 y

30 de diciembre. Capitular ordinario de 1834, folios 2, 81 y 82. Archivo Histórico Provincial de Cádiz, gobierno civil, pasaportes, caja 129. Diario Mercantil de Valencia, nº 220, 8 de agosto de 1838. Córdoba. B, Vida militar y política de Cabrera, Madrid, 1844-1846, v. 3, p. 20. Boix.

V, Historia de la ciudad y reino de Valencia, Valencia, 1847, v. 3, p. 384. Pirala. A, Historia de la guerra civil y de los partidos liberal y carlista, Madrid, 1984, v. 4, pp. 93 y 804. Asín. F y Bu- llón de Mendoza. A, Carlismo y sociedad 1833-1840, Zaragoza, 1987, p. 63. Bullón de Men- doza. A, La primera guerra carlista, Madrid, 1992, p. 708.

3. Pirala. A, Historia de la guerra… v. 5, p. 126. Diario Mercantil de Valencia, nº 256, 13

de septiembre de 1838.

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aspecto desaliñado y sucio. Era un completo inculto y despreciaba a los peque- ños hidalgos, aunque a la vez era muy sumiso hacia todo aquel que tuviera algo que ver con don Carlos 4 . Otro carlista notable fue Antonio de Saavedra y Jofré, que tenía el título de conde de La Alcudia y era además señor de Gestal- gar y barón de Albalat dels Tarongers y de Canet d’en Berenguer, así como uno de los enfiteu- tas más importantes de Albalat dels Sorells. Tenía asimismo propiedades en Valencia, Cheste, Gestalgar, Sot de Chera, Ayódar, Fuentes de Ayódar y Rojales, además de en los partidos de Xàtiva y Segorbe. Di- cho personaje nació en Valencia el 1 de febrero de 1777 y en su juventud sirvió en la marina real, realizando numerosos viajes a América y llegando a alcanzar el empleo de teniente de fragata, reti- rándose luego del servicio para encar- garse de sus numerosas fincas e intere- ses. Más tarde se dedicó a la diplomacia, ya que en noviembre de 1823 fue nom- brado embajador de España en Rusia, pa- sando a Londres tres años después. Sus servi- cios en dichos destinos le fueron premiados con la gran cruz de la real y americana or-

den de Isabel la Católica 5 .

En enero de 1832 el conde de La Alcudia fue nombrado ministro de estado por Fernando VII, siendo uno de los pocos políticos fernandinos con los que se sentían identificados los sectores realistas. Durante los meses siguientes, en alianza con Calomarde, emprendió una feroz campaña contra el ministro de ha- cienda López Ballesteros, el reformista más destacado del gabinete. Además de

el reformista más destacado del gabinete. Además de Retrato del Conde de la Alcudia 4. Pirala.

Retrato del Conde de la Alcudia

4. Pirala. A, Historia de la guerra…v. 5, pp. 126-128. Archivo del Reino de Valencia, pro-

piedades antiguas, legajo 659. Von Rahden. W, Cabrera. Erinnerungen aus dem spanischen Bür-

gerkriege, Fráncfort, 1840, p. 302. Asín. F, El carlismo aragonés 1833-1840, Zaragoza, 1983, p. 106.

5. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajos 250, 472 y 592. Ma-

doz. P, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultrama r,

Almendralejo, 1989-1993, v. 8, p. 392. Brea. R, barón de Artagán, Carlistas de antaño, Bar- celona, 1910, p. 76. Gil Olcina. A, La propiedad señorial en tierras valencianas, Valencia,

1979, pp. 107-117. Millán. J, “Els militants carlins del Pais Valencià Central. Una aproxima- ció a la sociologia del carlisme durant la Revolució Burgesa”, en Recerques, nº 21, 1988, p.

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esto, participó activamente en los sucesos de La Granja, intimidando a la reina y convenciendo a Fernando VII para que aboliese la pragmática sanción, lo que suponía nombrar como sucesor a don Carlos 6 . Pero el rey cambió pronto de opinión, por lo que en octubre cesó a su ministro de estado. Nuestro personaje fue nombrado entonces embajador en Inglaterra, pero renunció al puesto y marchó a Italia, pasando en 1834 a Viena con licen- cia del gobierno español. Lo que las autoridades españolas no sabían es que el conde de La Alcudia había sido nombrado embajador de don Carlos y que tra- bajaba para conseguir que las potencias extranjeras reconociesen como rey al pretendiente. Esto acabó levantando las sospechas del ministro de gracia y jus- ticia, que el 30 de noviembre le exigió que se presentara en Madrid. Al no cum- plir esta orden, se dispuso el secuestro de sus bienes el 25 de mayo de 1835 7 . Quince días antes nuestro personaje había entregado a don Carlos ocho millo- nes de reales que había obtenido de Austria, Cerdeña, Prusia, Nápoles y Holanda. Tal vez por ello Zumalacárregui lo propuso como ministro universal del preten- diente, pero la propuesta no llegó a prosperar 8 . Durante 1836 el conde de La Alcudia intervino en los proyectos de transac- ción y de matrimonio entre la reina Isabel y el hijo del pretendiente, que por aque- lla época abrigaron algunas personas notables de Madrid y que fueron el origen de la Expedición Real del año siguiente. Durante el transcurso de la misma don Carlos se alojó en el palacio que nuestro personaje tenía en Albalat, aunque no fue muy cómoda su estancia debido a la falta de muebles, que habían sido con- fiscados 9 . Mientras tanto el conde seguía contribuyendo a financiar a los carlistas, ya que envió otros 6 millones de reales desde Viena. Además, realizó difíciles y arries- gadas misiones para defender la causa legitimista, gastando para ello 7.196.000 de reales de su propio bolsillo. Todos estos servicios fueron recompensados por don Carlos con la grandeza de España. Además, cuando éste se casó, en 1838, con la princesa de Beira, nuestro biografiado fue testigo oficial de la ceremonia. El conde, por su parte, siguió siendo fiel al pretendiente y un año más tarde de-

6. Fontana. J, La crisis del antiguo régimen 1808-1833, Barcelona, 1988, p. 44. Bullón de

Mendoza. A, La primera guerra… pp. 116 y 703.

7. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajos 196, 250 y 472. Brea.

R, barón de Artagán, Carlistas… pp. 76 y 78. Pirala afirma que el conde de La Alcudia fue nom-

brado embajador en Viena en 1837. Pirala. A, Historia de la guerra… v. 4, p. 144.

8. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajos 196, 250 y 472. Anó-

nimo, Fastos españoles o efemérides de la guerra civil, Madrid, 1839-1840, v. 1, pp. 1, 64 y 65.

Sánchez. R, Historia de don Carlos y de los principales sucesos de la guerra civil en España, Ma- drid, 1844, v. 1, p. 29. Brea. R, barón de Artagán, Carlistas… pp. 76 y 78.

9. Brea. R, barón de Artagán, Carlistas… p. 78. Pirala. A, Historia de la guerra…v. 4,

p. 144.

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nunció los trabajos transaccionistas llevados a cabo por el marqués de la Grúa, representante carlista en Nápoles 10 . Antonio Saavedra continuó en su puesto en Viena hasta septiembre de 1840, pero no por ello dejó de defender la causa legitimista. De hecho, durante los dos años siguientes continuó siendo uno de los principales consejeros del pretendiente. Por esas fechas su estado de salud era bastante malo y su vista estaba tan dañada que recurría a otras personas para que escribiesen las cartas por él. Así pasaron sus días hasta que falleció en Génova el 13 de febrero de 1842, dejando varios hijos menores de edad, a los que se devolvió poco después los bienes de su padre 11 . Pasemos ahora a hablar de José María Cucaló y Gozalvo, barón de Cárcer y de Terrateig, que nació en Valencia en marzo de 1789, como hijo de Alejandro Cucaló y de Maria de los Desamparados Gozalvo y Mas. Su padre debió morir pronto, ya que en 1814 nuestro personaje era ya barón, bajo la tutela de su ma- dre. En enero de ese año Desamparados Gozalvo presentó, junto a otros nobles, un escrito a las Cortes, quejándose de que los campesinos se negaban a satisfa- cer las rentas. Pero el asunto no se resolvió, por lo que cinco meses después la baronesa madre, con otros aristócratas, solicitó al rey la plena restauración de los derechos jurisdiccionales de la nobleza, como única forma de obligar al pago de dichos tributos. Tampoco esta vez se consiguió nada, por lo que Desamparados Gozalvo volvió a enviar peticiones a las Cortes, cuando éstas se restablecieron, en 1820 12 . En este entorno no es de extrañar que el joven aristócrata acabara desa- rrollando unas ideas políticas antiliberales. Sus simpatías por el absolutismo debieron aumentar durante los últimos años del reinado de Fernando VII, en los que acumuló varios cargos y honores. De esta ma- nera, en 1829 ingresó como caballero en la orden de Calatrava y más tarde ocupó el cargo de comandante de la compañía de artillería de los voluntarios realistas de Valencia. Y en 1833 era además regidor, así como clavario de las casas de San Gre- gorio. Más tarde se unió a los carlistas, siendo elegido miembro de la junta de Mi- rambel, en la que ejerció el cargo de tesorero a partir del 1 de enero de 1838. Seis meses después se dedicó a recorrer los pueblos del Maestrazgo para recoger 8.000 duros para la junta, al tiempo que predicaba la obediencia y la sumisión a don Car- los. Pese a que era una auténtica nulidad, ocupó el cargo de tesorero hasta el 30 de septiembre, cuando entregó las existencias a Vicente Bañuls. Un año más tarde

10. Brea. R, barón de Artagán, Carlistas… pp. 78 y 79.

11. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajos 472 y 592. Pando. M,

marqués de Miraflores, Memorias para escribir la historia contemporánea de los siete primeros años del reinado de Isabel II, Madrid, Imprenta de la viuda de Calero, 1844, v. 2, p. 706. Brea. R, barón de Artagán, Carlistas… pp. 78 y 79. Urcelay. J, Cabrera. El Tigre del Maestrazgo, Bar- celona, 2006, p. 217. El conde de La Alcudia falleció el 13 de julio de 1842, según el barón de Artagán.

12. Hernández Montalbán. F. J, La abolición de los señoríos …pp. 168 y 210. Mogrobejo.

E, Mogrobejo. I y Mogrobejo. G, Diccionario hispanoamericano de heráldica, onomástica y ge- nealogía, Bilbao, 2008, v. 20, p. 84.

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todavía era miembro de la Junta Superior Gubernativa, ya que firmó un manifiesto de la misma, fechado en 14 de septiembre de 1839. Por todo ello, sus bienes fue- ron confiscados por las autoridades liberales, siendo puestos a subasta en enero de 1840. Al acabar la guerra debió emigrar a Francia, donde siguió siendo fiel a la causa realista. Probablemente fallecería en 1859, ya que en esa fecha su hijo reclamó el desembargo de sus propiedades 13 . También hay que mencionar a Lorenzo Artalejo y Gómez, nacido en Valencia el 5 de septiembre de 1800, hijo de Pedro Artalejo (intendente del ejército) y de Nicolasa Gómez. Sus antecedentes familiares le permitieron empezar su carrera mi- litar a los doce años, al ser nombrado meritorio de menor edad en la contaduría de Valencia. En 1816 pasó a ser escribiente tercero, ascendiendo en 1825 a oficial 7º de la intervención de Extremadura. Dos años más tarde pasó a ser oficial 4º y fue trasladado a Baleares, siempre en el campo de la administración militar 14 . Se encontraba en dicho destino cuando en julio de 1834 fue apartado del ser- vicio y confinado en Ibiza, bajo la vigilancia del gobernador militar de la isla, de- bido a sus ideas absolutistas. Allí permaneció hasta julio de 1836, cuando se tras- ladó a Valencia, donde se reunió con el capitán Soler y con los dos hijos del barón de Neuli, uniéndose con ellos a los carlistas. Enterado de su capacidad y hon- radez, Cabrera lo nombró entonces comisario de guerra de primera clase, jefe de

la administración militar y ministro principal de hacienda. Se le encomendó ade-

más la dirección del taller de recomposición de armas de fuego, lo que compa-

tibilizó con sus anteriores cargos. Además, en enero de 1837 el caudillo catalán lo llamó, a la vuelta de la expedición de Gómez, para examinar las cuentas y en- cargarle una memoria sobre posibles mejoras. Dos meses más tarde acompañó

a Forcadell en su expedición a Orihuela y a su regreso fue nombrado ministro

de la comisión de hacienda, con sede en Cantavieja (Teruel). En 1838 se le en- cargaron los presupuestos de dicha fortaleza y en octubre del año siguiente fue comisionado por Antonino de Bocos, jefe de la administración carlista, para ex- traer bagajes de los pueblos y llevarlos a Albocácer (Castellón) 15 .

13. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajos 229 y 407. Archivo His-

tórico Municipal de Valencia, capitular ordinario de 1833, actas del 21 y 22 de octubre y 16 de diciembre y capitular ordinario de 1834, folio 41. Diario Mercantil de Valencia, nº 189, 8 de julio de 1838 y nº 285, 12 de octubre de 1839. Pirala. A, Historia de la guerra…v. 5, p. 127.

Millán. J, “Els militants carlins del Pais Valencià Central. Una aproximació a la sociologia del carlisme durant la Revolució Burgesa” en Recerques, nº 21, 1988, p. 104. Mogrobejo. E, Mo- grobejo. I y Mogrobejo. G, Diccionario hispanoamericano… v. 20, p. 84.

14. Archivo General Militar de Segovia, primera sección, legajo A-2540.

15. Córdoba. B, Vida militar…v. 2, pp. 70, 166 y 228 y v. 3, pp. 239 y 240. Archivo Ge-

neral Militar de Segovia, primera sección, legajo A-2540 y S-3093. Archivo Municipal de Cu- lla, caja 134, legajo 2. Archivo Histórico de Orihuela, legajo D 1144. Segura. J, Morella y sus aldeas, Villarreal, 1991, v. 4, p. 126. Ferrer. M, Tejera. D y Acedo. J, Historia del tradicionalismo español, Sevilla, 1941-1960, v. 11, p. 110. Sauch. N, Guerrillers i bàndols civils entre l`Ebre i el

Maestrat: la formació d`un país carlista, Barcelona, 2004, p. 329.

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Acabada la guerra emigró a Toulouse, donde en 1846 fue arrestado por las autoridades francesas, a fin de evitar que se uniese a un nuevo alzamiento le- gitimista. Dos años más tarde se acogió al indulto, siéndole revalidado su em- pleo de comisario de guerra. Pero no tardó mucho en convertirse en cesante, pasando seis años más tarde a la situación de reemplazo. No obstante, en 1855 pudo volver al servicio activo, en el que permaneció durante tres meses. Des- pués se le jubiló, aunque regresó a su puesto en 1857 y ocupó entonces varios puestos en los distritos de Granada y Málaga. Cuatro años más tarde consiguió ascender al empleo de intendente de división y de distrito, recibiendo de nuevo el retiro en 1864. Se estableció entonces en Castelserás (Teruel), pasando seis años después a Zaragoza. Allí no permaneció mucho tiempo, ya que fa- lleció en Morella el 20 de noviembre de 1871, celebrándose su funeral en la iglesia del Corpus Christi de Valencia. Estaba casado con Justa Domingo y te- nía dos hijos, Francisca y Pedro, así como varios nietos. Físicamente era bas- tante alto, ya que medía cinco pies y cinco pulgadas, tres más que la media de la época 16 . Otro carlista destacado fue Andrés Armengol y López, que nació en Va- lencia en el seno de una familia noble. Lo primero que sabemos de él es que estudió leyes en la universidad de esta ciudad, graduándose como bachiller en 1826. Posteriormente ejerció como abogado en la misma localidad, donde todavía residía en 1835. Después de esa fecha se unió a las filas carlistas, re- cibiendo en ellas el grado de oficial. Pero no parece que llegara a combatir, ya que la única muestra que tenemos de su actividad militar data de febrero de 1838, cuando entró en Culla (Castellón) y se llevó de allí una de las cam- panas de la iglesia, para ser utilizada en la fundición de Cantavieja. Más tarde fue nombrado alcalde mayor de San Mateo (Castellón), cargo que debió ocu- par durante bastante tiempo, ya que tras este nombramiento desaparece de las fuentes durante casi dos años. Lo último que sabemos de él es que en febrero de 1840 fue capturado en Andilla (Valencia) y, aunque dijo llamarse Andrés Joaquín López, pronto se descubrió su verdadera identidad, por lo que fue mandado preso al castillo de Chulilla (Valencia) 17 .

16. Archivo General Militar de Segovia, primera sección, legajos A-2540 y L-1820. Dia-

rio Mercantil de Valencia, año 12, nº 285, 12 de octubre de 1846, nº 2854, 21 de marzo de 1857

y nº 7460, 5 de diciembre de 1871. Para la altura media de la época se ha tenido en cuenta la

descripción de 194 desertores que aparecen en el Boletín Oficial de Valencia, desde el 23 de

enero de 1838 al 26 de junio de 1840. De todos los que aparecen en estas listas, sólo uno era más alto que Lorenzo Artalejo.

17. Diario Mercantil de Valencia, nº 62, 2 de marzo de 1840. Archivo General Militar

de Segovia, primera sección, legajo A-2170. Archivo de la Universidad de Valencia, archivo

general, libro 72, folios 397-399. Archivo del Reino de Valencia, protocolo 8571, folios 201

y 202. Archivo Municipal de Culla, caja 191, legajo 8. Córdoba. B, Vida militar… v. 3, p.

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A estos podemos añadir a José Villarroya Rius, que pertenecía a una familia acomodada, ya que su padre había sido miembro del consejo del rey, ministro

de la real casa y poseía varios terrenos e inmuebles en la Huerta. En 1837 se unió

a los rebeldes, con los que ascendió hasta comandante de caballería, llegando

incluso a acompañar a don Carlos en la Expedición Real. Terminada la guerra se refugió en Francia, de donde regresó el 17 de diciembre de 1841, acogiéndose al indulto. Poco después le fueron devueltos sus bienes, que le habían sido em- bargados unos años antes, a causa de su apoyo a la rebelión 18 .

También cabe mencionar a Juan Antonio Soler de Ferreiro, nacido en Valen-

cia hacia 1809. Sabemos que estudió leyes en la universidad, recibiendo el tí- tulo de bachiller en 1831 y ejerciendo más tarde ejerció como abogado, lo que

le sirvió para ser nombrado asesor del Serrador y vocal de la junta carlista de Can-

tavieja. Fue capturado en Tuéjar (Valencia) el 12 de marzo de 1838 por la co- lumna volante del Turia, pero posteriormente debió ser canjeado, ya que en di- ciembre del año siguiente constaba como pasado a la facción. Tres meses después debió reunirse con su madre, María Francisca Ferreiro, que había sido

expulsada a Morella para castigar la rebeldía del hijo, pese a que éste hacía mu- chos años que se había emancipado. Lo último que sabemos de Soler es que pasó

a Francia con el ejército carlista en julio de 1840 19 . Otro valenciano era José Almenar, que fue jefe de escuadrón, con lo que es-

taría al mando de entre 50 y 150 jinetes y tendría el rango de comandante. Al aca- bar la guerra tenía 23 ó 24 años y se exilió a Francia, donde permaneció varios años. Tras estar internado en los departamentos de Ain y Mosela, se trasladó en 1843 a la prefectura de Sète (en el Languedoc) para trabajar para un español que fabricaba botones. Probablemente fuera hermano de Andrés Almenar, también valenciano, que era alférez de caballería del regimiento de lanceros de Tortosa

y que fue capturado en Morella en 1840 20 . Pasemos ahora a Felipe López Catalá, también natural de la capital del Turia.

Este personaje era un religioso absolutista y fue miembro de la junta de Fe que en 1826 ejecutó a Cayetano Ripoll, el maestro de Ruzafa, por sus avanzadas ideas pedagógicas. Posteriormente fue cura de Alaquàs, donde sus violentos sermones

le granjearon el odio popular, por lo que fue arrestado y enviado preso a Valen-

cia. En agosto de 1835 la multitud amotinada lo sacó de la cárcel de San Nar-

18. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo 572.

19. Archivo de la Universidad de Valencia, archivo general, libro nº 73, folio 525. Ar-

chivos Departamentales de los Pirineos Orientales, legajo 4 M 593. Archivo Histórico Mu- nicipal de Valencia, actas del ayuntamiento constitucional de 1839, folio 1401. Archivo del

Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo 471. Diario Mercantil de Valencia, nº 75, 16 de marzo de 1838.

20. Archivos Departamentales de Ain, legajo 4 M 200. Boletín Oficial de la Provincia de

Zaragoza, nº 52, 30 de junio de 1840.

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ciso, donde se encontraba, para pedir a las autoridades su ejecución (y la de otros presos carlistas), lo que se produjo poco después 21 . A los anteriores hay que añadir un personaje más, que probablemente fuera natural de la misma ciudad, aunque no lo sabemos con certeza. Se trata de Ma- nuel Cubells y Mora, que tenía tierras en Godella, pero que residía en la ca- pital del Turia, donde el 20 de diciembre de 1833 fue designado regidor en la clase de ciudadanos. En enero de 1835 todavía ocupaba el cargo, pero a fi- nales del año siguiente ya se había unido a los carlistas, que en octubre de 1837 lo nombraron administrador de la Junta Gubernativa. Su misión era en- cargarse de la gestión del real patrimonio existente en el territorio controlado por los rebeldes, por lo que escribió a los pueblos de la zona para pedirles in- formación, desde su oficina en La Iglesuela (Teruel). Un año después pasó a ser vocal de la comisión directiva de hospitales, desapareciendo de las fuen- tes a partir de entonces 22 . Por otra parte, en Valencia residían muchos forasteros influyentes, que tam- bién acabaron uniéndose a las filas carlistas. Entre ellos se encontraba el barón de Hervés, que poco antes de estallar la guerra era corregidor de esta ciudad, y que, ante la falta de apoyos a su causa, la abandonó para tomar las armas en el Maestrazgo. Con él marchó su hijo, el futuro conde de Samitier, que más tarde sería secretario de la junta carlista de Valencia y Aragón. Otro carlista destacado fue Juan Sevilla, médico del hospital general de Valencia y que acabó de inspector de los hospitales rebeldes, además de atender a Cabrera durante una grave en- fermedad que padeció el jefe rebelde. Al mencionado doctor le acompañó su hijo, que era abogado, de nombre Joaquín, y que fue nombrado fiscal del juz- gado de rentas 23 . Otro forastero destacado era Joaquín Bou Crespí de Valldaura y Carvajal, que había nacido en Madrid en septiembre de 1804. Era el tercer hijo de Joaquín Crespí de Valldaura, 12º conde de Orgaz, y de María Francisca Carvajal y Gon- zaga, hija de los condes de Abrantes. Su hermano mayor falleció pronto, por lo que, tras la muerte de su padre (en 1814) y de su hermano Esteban (en 1819) se convirtió en el 14º conde de Orgaz. Nuestro personaje era además conde de Cas-

21. Una reunión de amigos colaboradores, Panorama español. Crónica contemporánea,

Madrid, 1842-1845, v. 3, p. 67. Boix. V, Historia de la ciudad …v. 3, pp. 295 y 296. Ferrer. M,

Tejera. D y Acedo. J, Historia del tradicionalismo… v. 14, p. 251. Baldó. M, Profesores y estu- diantes en la época romántica. La Universidad de Valencia en la crisis del Antiguo Régimen (1786-1843), Valencia, 1984, p. 233.

22. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, B4, milicias provinciales 1, expe-

dientes generales, caja 2. Archivo Histórico Municipal de Valencia, capitular ordinario de 1833, acta del 30 de diciembre y capitular ordinario de 1835, acta del 2 de enero. Archivo Munici- pal de Culla, caja 141, legajo 17. Córdoba. B, Vida militar…v. 3, p. 447.

23. Archivos Departamentales de los Pirineos Orientales, legajo 4 M 593. Boletín Oficial

de Valencia, nº 33, 24 de diciembre de 1833. Córdoba. B, Vida militar… v. 3, pp. 20, 238, 240 y 528 y v. 4, pp. 187-191.

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trillo, de Serramagna y de Sumacárcel, marqués de La Vega de Boecillo, de Pal- mas y de Musey, vizconde de Toyara, Guarda y La Laguna, así como gentilhombre de cámara de la reina y grande de España de primera clase 24 . Pero tanto título no reflejaba las dificultades por las que pasaba la casa con- dal, ya que muchos de los campesinos habían dejado de pagar las rentas. Por ello el duque de Montemar, tutor de Joaquín, tuvo que presentar un escrito ante las Cortes, en 1820, para pedir a los diputados que tomaran medidas al respecto. Poco después el conde de Orgaz alcanzó la mayoría de edad y se vió en la ne- cesidad de buscar esposa. No le costó mucho encontrarla, ya que el 30 de abril de 1821 se casó con Margarita Caro y Salas, hija del marqués de La Romana. Pos- teriormente la pareja se trasladó a Valencia, donde el conde tenía una casa grande y donde nacieron al menos dos de sus cuatro hijos: Maria Francisca, Mari Car- men (1828), Agustín (1833) y Maria de la Concepción 25 . Mientras tanto el madrileño iba adoptando posiciones cada vez más con- servadoras, ya que en 1833 no acudió a la iglesia de los Jerónimos a recono- cer como heredera a Isabel II, como le había indicado el rey. Pensando que su ausencia se debía a la distancia a la corte, se le ordenó, el 20 de septiembre, que lo hiciera en Valencia, ante el arzobispo y el corregidor. Tampoco esta vez debió obedecer, ya que en junio de 1834 se negó a contribuir a la manuten- ción de las compañías de seguridad creadas para combatir a los carlistas. Por todo ello se le retiró la llave de gentilhombre y se le prohibió pasar a Alema- nia, como había solicitado. Pero debía tener, además, alguna vinculación con los rebeldes, ya que fue detenido el 6 de agosto de dicho año y conducido in- mediatamente a Mallorca, pasando después a Mahón, donde quedó confi- nado 26 . En dicha población permaneció durante bastante tiempo, hasta que en agosto de 1836 la junta progresista creada en Valencia ordenó el embargo de sus bienes, por haberse confirmado la noticia de su huída al extranjero. De allí pasó a Navarra, ya que al año siguiente se incorporó a la Expedición Real, con la que llegó en junio a Solsona (Lérida), donde fue nombrado por don Carlos su representante en San Petersburgo. No obstante, parece que no llegó allí,

24. Boletín Oficial de las Provincias de Valencia y Castellón de la Plana, nº 79, 3 de ju-

nio de 1834. García Carraffa. A y García Carraffa. A, Enciclopedia heráldica y genealógica

hispano-americana, Madrid, 1927, v. 27, p. 254. Mogrobejo. E, Mogrobejo. I y Mogrobejo. G, Diccionario hispanoamericano… v. 24, p. 364.

25. Mogrobejo. E, Mogrobejo. I y Mogrobejo. G, Diccionario hispanoamericano…v. 24,

pp. 364 y 365. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo 615. Del Moral.

J, Hacienda y sociedad en el Trienio Constitucional. 1820-1823, Madrid, 1975, pp. 42 y 43. Her- nández Montalbán. F. J, La abolición de los señoríos … p. 210.

26. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo 229. Boletín Oficial de las

Provincias de Valencia y Castellón de la Plana, nº 79, 3 de junio de 1834. Asín. F y Bullón de Mendoza. A, Carlismo… pp. 54 y 63. Bullón de Mendoza. A, La primera guerra… p. 694.

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puesto que se quedó en Turín con su esposa, al frente de la delegación carlista. Su misión en la corte piamontesa era obtener fondos para sostener la causa

del pretendiente, lo que consiguió en mayo de 1838, al recibir 800.000 francos del rey de Cerdeña. Durante su estancia en Italia se hizo amigo de dicho monarca

y de su ministro, el conde de Solars, siendo agraciado además con la cruz de

San Mauricio y San Lázaro. Sin embargo, esta amistad no le sirvió de mucho más, ya que cuando al año siguiente se le encargó que consiguiera más dinero, el rey Carlos Alberto se negó a seguir colaborando con la causa. El italiano ale- gaba que lo que había donado anteriormente era para ir a Madrid, no para sos- tener al ejército carlista en el País Vasco y Navarra, que era a lo que se había destinado su dinero 27 .

Al terminar la guerra el conde de Orgaz siguió en el exilio y en 1845 llevó el acta de abdicación de don Carlos a los gabinetes de Roma y Turín. En 1856 formó parte de la Comisión Regia Suprema y ese mismo año falleció su esposa, que- dando así viudo. Por esas fechas debió regresar a España, ya que en 1858 resi- día en Valencia, donde al año siguiente presidió una asociación de beneficen- cia. Pese a ello siguió apoyando la causa carlista y en 1860 participó en la conspiración de San Carlos de la Rápita (Tarragona), muriendo en Madrid el 9 de diciembre de 1867. Le sucedió como conde de Orgaz su hijo Agustín, que siguió fiel a la causa tradicionalista 28 . También residía en Valencia Miguel Cubells, nacido en Alpuente (Valencia)

y que tal vez fuera hermano del Manuel Cubells que he mencionado antes. Este

individuo se dedicaba a la abogacía y fue nombrado por los rebeldes letrado de la división del Turia, así como asesor del juzgado de artillería e ingenieros. Otro carlista fue Luis Soler, que aunque era natural de Madrid, se encontraba en Va- lencia al estallar la guerra, como capitán de infantería. En 1836 abandonó la ca- pital del Turia y se unió a las fuerzas de Cabrera, siendo nombrado más tarde jefe de la artillería rebelde. También cabe mencionar a Francisco de Paula Ar- mengol, que aunque era hermano de Andrés, había nacido en Aielo de Malfe- rit (Valencia). Este personaje, que era catedrático de leyes en la Universidad de Valencia, se unió en 1839 a las fuerzas rebeldes, siendo nombrado presidente de la audiencia de Mirambel (Teruel). Por último encontramos a Joaquín López,

27. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajos 229 y 615. Boix. V, His-

toria de la ciudad… v. 3, p. 384. Pirala. A, Historia de la guerra… v. 4, pp. 123 y 804 y v. 5,

pp. 178 y 530. Vizconde de la Esperanza, La bandera carlista en 1871, Madrid, 1871, p. 135 de la sección biográfica. Boix. V, Historia de la ciudad … v. 3, p. 384.

28. Diario Mercantil de Valencia, año 11, nº 208, 26 de julio de 1845, nº 3065, 18 de oc-

tubre de 1857, nº 3381, 14 de septiembre de 1858 y nº 3480, 7 de enero de 1859. Pirala. A, Historia contemporánea. Segunda parte de la guerra civil. Anales desde 1843 hasta el falleci- miento de don Alfonso XII, Madrid, 1892-1906, v. 1, p. 853. Ferrer. M, Tejera. D y Acedo. J, Historia del tradicionalismo… v. 21, p. 61 y v. 28, parte 2, p. 268. Mogrobejo. E, Mogrobejo. I y Mogrobejo. G, Diccionario hispanoamericano… v. 24, p. 365.

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capitán retirado antes de la guerra y que en 1837 era jefe de un batallón rebelde, que operaba por la Plana de Castellón 29 .

2. La base social del carlismo

Pasemos ahora a estudiar el apoyo que tenía el carlismo entre las clases po- pulares de la capital del Turia. Tras analizar varios archivos y periódicos de la época, he contabilizado 122 combatientes carlistas nacidos en la ciudad de Va- lencia, de los que tenemos el nombre y el apellido de 109. De muchos de ellos conocemos también el barrio, siendo los más numerosos los del cuartel de San Vicente (20), seguidos por los del cuartel del Mar (14), de Serranos (13) y de la calle Murviedro (actual calle Sagunto), extramuros de la ciudad (11). En cambio, del cuartel del Mercado procedían muy pocos carlistas, ya que sólo constan cinco de esta parte de la ciudad 30 . De todas maneras, estos 122 individuos no debieron ser más que una pequeña parte de todos los rebeldes valencianos, ya que en la prensa vemos a muchos pri- sioneros de la capital del Turia, que no aparecen en ninguna lista municipal. De hecho, de los 40 que he encontrado en la prensa, sólo 2 habían aparecido pre- viamente en los informes de las autoridades. Si aplicamos este porcentaje (el 5%) al total, nos encontramos con que los 80 rebeldes que mencionan los archivos valencianos equivaldrían a 1.600 carlistas reales. Pero esta cifra parece excesiva, dado el predominio del liberalismo en Va- lencia, que nos comunican casi todas las fuentes 31 . Por ello debemos contrastarla

29. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo 471. Archivo General Mi-

litar de Segovia, primera sección, legajos A-2351 y S-3093. Archivo de la Universidad de Va- lencia, archivo general, caja 326. Diario Mercantil de Valencia, nº 132, 12 de mayo, nº 180,

29

de junio y nº 181, 30 de junio de 1837. Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, nº 51,

27

de junio de 1840. Córdoba. B, Vida militar …v. 2, pp. 229 y 230; v. 3, p. 238. Cabello. F,

Santa Cruz. F y Temprado. R. M, Historia de la guerra última en Aragón y Valencia, Zaragoza,

2006, p. 120. Segura. J, Morella… v. 4, pp. 125 y 126. Ferrer. M, Tejera. D y Acedo. J, Histo- ria del tradicionalismo… v. 13, p. 148.

30. Archivo Histórico Municipal de Valencia, actas del ayuntamiento constitucional de

1839, folios 1399, 1401, 1405 y 1408. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas,

legajos 471 y 472. Archivos Departamentales de los Pirineos Orientales, legajos 4 M 594 y 4

M 641. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge-

nerales, caja 54. Archivo General de la Administración, caja 54/5526. Boletín Oficial de la Pro-

vincia de Zaragoza, nº 51, 27 de junio, nº 52, 30 de junio, nº 53, 4 de julio, nº 54, 7 de julio,

nº 56, 14 de julio, nº 57, 18 de julio y nº 59, 25 de julio de 1840. Diario Mercantil de Valen-

cia, nº 135, 14 de mayo y nº 254, 22 de agosto de 1840. Diario de la Ciudad de Valencia, nº

64, 22 de octubre de 1836.

31. Archivo Histórico Municipal de Valencia, capitular ordinario de 1834, folios 251 y

252. Diario Mercantil de Valencia, nº 219, 7 de agosto y nº 220, 8 de agosto de 1835; nº 68,

8 de marzo y nº 69, 9 de marzo de 1836; nº 194, 13 de julio, nº 195, 14 de julio, nº 196, 15

de julio y nº 197, 16 de julio de 1837; nº 298, 25 de octubre, nº 338, 4 de diciembre y nº 350,

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con otros cálculos, a fin de aproximarnos mejor al número real de combatientes rebeldes de la ciudad. Una forma de hacerlo es comparando el porcentaje de car- listas de la capital del Turia respecto al total que conocemos que combatieron en Valencia y Aragón. Una vez calculado el porcentaje, podemos aplicarlos al nú- mero de rebeldes que combatieron en este teatro de la guerra, a fin de saber cuán- tos lucharon de verdad. Para ello tenemos que utilizar fuentes en las que puedan aparecer carlistas de cualquier parte del estado, lo que nos obliga a renunciar a los archivos valen- cianos, que nos dan una información únicamente local o provincial. Así pues, si nos limitamos a los periódicos de la época y a los Archivos Departamentales de los Pirineos Orientales nos encontramos con que el 1,39 % de los carlistas co- nocidos (más de 5.000) procedían de la ciudad de Valencia. Como el número de combatientes tradicionalistas en esta parte de España debió estar en torno a los 50.000 32 , podemos estimar en unos 695 el total de rebeldes originarios de la ca- pital valenciana. Esta cifra parece bastante más probable que la anterior, por es- tar basada en una muestra mucho mayor y por concordar mejor con lo que nos dicen los cronistas y periodistas de la época. Veamos ahora cuál fue el destino de los combatientes que conocemos. El grupo más numeroso fue el que fue capturado y pasó por ello una temporada en prisión. Como ejemplo podemos citar a Pedro Aguilar, vecino de la calle Mur- viedro (actual calle Sagunto), que en 1839 se encontraba preso en la isla de León (Cádiz). De hecho, este presidio era el destino más frecuente de los prisioneros carlistas valencianos, sin que sepamos muy bien por qué. Pero no era el único, ya que los prisioneros de Morella, como el cadete Félix Macip, fueron conduci- dos a Zaragoza. De otros, en cambio, no sabemos cuál fue su lugar de reclusión, ni siquiera si fueron fusilados poco después de ser capturados. Es el caso de Juan Bautista Vives, comandante de armas de Abejuela (Teruel), que cayó en manos de la sección volante de Viver el 17 de octubre de 1836 33 .

16 de diciembre de 1838; nº 251, 8 de septiembre, nº 267, 24 de septiembre, nº 268, 25 de septiembre, nº 270, 27 de septiembre y nº 274, 1 de octubre de 1839; nº 125, 4 de mayo, nº 136, 15 de mayo, nº 137, 16 de mayo, nº 148, 27 de mayo y nº 149, 28 de mayo de 1840. Una reunión de amigos colaboradores, Panorama español… v. 3, p. 67. Calbo y Rochina. D, His- toria de Cabrera y guerra civil en Aragón, Valencia y Murcia, Madrid, Establecimiento tipográ- fico de don Vicente Castelló, 1845, p. 508. Madoz. P, Diccionario geográfico-estadístico… v.

15, p. 445. Boix. V, Historia de la ciudad… v. 3, pp. 291 y 293-297. Segura. J, Morella …v. 4, p. 19. Sebastià. E, La revolución burguesa La transición de la cuestión señorial a la cuestión so- cial en el País Valenciano, Valencia, 2001, v. 2, pp. 141 y 191.

32. Caridad. A, El carlismo en el País Valenciano y Teruel (1833-1840), Valencia, 2010, pp.

124, 1006 y 1021.

33. Archivo Histórico Municipal de Valencia, actas del ayuntamiento constitucional de

1839, folios 1399, 1401, 1405 y 1408. Diario de la Ciudad de Valencia, nº 64, 22 de octubre

de 1836. Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, nº 52, 30 de junio de 1840.

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CUADRO 1. Destino de los carlistas valencianos conocidos 34

 

Prensa

Archivos

TOTAL

Prisioneros

37

16

53

43,4 %

Muertos durante la guerra

5

11

16

13,1 %

Acogidos al indulto

0

5

5

4,0 %

Exiliados

0

4

4

3,2 %

Se ignora

0

44

44

36,0 %

TOTAL

42

80

122

Fuente: Archivo Histórico Municipal de Valencia, actas del ayuntamiento constitucional de 1839, folios 1399, 1401, 1405 y 1408. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajos 471 y 472. Archivos Departamentales de los Pirineos Orientales, legajo 4 M 594 y 4 M 641. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge- nerales, caja 54. Archivo General de la Administración, caja 54 / 5526. Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, nº 51, 27 de junio, nº 52, 30 de junio, nº 53, 4 de julio, nº 54, 7 de julio, nº 56, 14 de julio, nº 57, 18 de julio y nº 59, 25 de julio de 1840. Diario Mercantil de Valencia, nº 31, 31 de enero de 1837, nº 135, 14 de mayo y nº 254, 22 de agosto de 1840, Diario de la Ciudad de Valencia, nº 64, 22 de octubre de 1836 (elaboración propia).

El siguiente grupo era aquel del que ignoramos su destino final y que probable- mente acabaría desertando y acogiéndose al indulto, a fin de volver lo antes posi- ble a su vida anterior a la guerra. Después tendríamos a los que murieron durante la contienda, que perdieron la vida de varias formas. Uno de ellos fue Francisco Martí (a) El Curro, que era comandante de armas de Mirambel (Teruel) y que murió el 17 de enero de 1837 en un combate contra las fuerzas del gobernador liberal de Can- tavieja. Once meses después falleció en esa localidad, de una enfermedad, el car- lista valenciano Antonio Cortina. Otro infortunado fue Juan Peris, que murió en di- ciembre de 1838, en la acción de Cheste. Por último podemos mencionar a Mariano Fortea, capitán recaudador de la división valenciana, que en agosto de 1840 fue fu- silado en Titaguas, tras rendirse el fuerte de Collado de Alpuente (Valencia) 35 .

34. Los que aparecen mencionados en dos sitios han sido ubicados en el lugar donde apa-

rece su destino final, si es que se conoce. En este cuadro no se incluye a los jefes rebeldes men-

cionados en las páginas anteriores.

35. Archivo Histórico Municipal de Valencia, actas del ayuntamiento constitucional de

1839, folios 1405 y 1408. Diario Constitucional de Zaragoza, nº 21, 21 de enero y nº 23, 23 de enero de 1837. Diario Mercantil de Valencia, nº 31, 31 de enero de 1837 y nº 254, 22 de agosto de 1840. Córdoba. B, Vida militar… v. 1, p. 229.

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Pero no todos tenían finales tan trágicos. De los carlistas que conocemos hubo cuatro que acabaron pasándose a los liberales, terminando la guerra como com- batientes de la causa constitucional. El caso más señalado es el de Andrés Martí, escribano de la audiencia de Valencia, que combatió en el País Vasco y llegó a ser comandante del ejército de Maroto, antes de adherirse al convenio de Ver- gara. También podemos mencionar a Vicente Marzal, que, tras ser capturado, de- cidió unirse a las fuerzas liberales, pasando a combatir en el segundo batallón franco de Andalucía 36 . Más habitual era el caso opuesto, ya que muchos militares liberales acaba- ron uniéndose a las partidas carlistas, a veces por convicción y otras por conve- niencia, para evitar las penurias del cautiverio. Un ejemplo de esto lo tenemos en Juan Bautista Alcaina, que fue sargento primero de un regimiento de Almansa antes de pasarse a las huestes del pretendiente. O en Fernando Capuz, miliciano nacional hasta que decidió abandonar Valencia para unirse a las fuerzas rebel- des. También podemos citar a Tomás Rosi, cabo primero del ejército de la reina, que acabó pasándose a los carlistas. En total he contabilizado a siete pasados de bando, que suponen el 5,9 % de los rebeldes valencianos que conocemos 37 . Otro grupo de carlistas fueron los que marcharon al exilio en cuanto acabó la guerra. Es el caso de Tadeo García, nacido hacia 1806, que era oficial de la administración rebelde y que en julio de 1840 pasó a Francia con el ejército de Cabrera. Y el de Joaquín López, que en 1841 se acogió al indulto y pidió que se le devolviesen sus bienes. Más información tenemos de Luis Adán, subteniente de la división de Murcia, que al acabar la guerra se estableció en Beaune (Fran- cia) con su mujer. Allí aprendió el trabajo de prensista litógrafo, que le permitió ganarse la vida, hasta que en 1850, al fallecer su cónyuge en un parto, pidió per- miso para regresar a Valencia con sus hijos pequeños 38 . También podemos citar a José Laborda, que nació hacia 1793 y que antes de la guerra era zapatero en el cuartel del Mercado. En una fecha indeterminada se casó y tuvo dos hijos, uno de los cuales sirvió durante la contienda en el regi- miento de Zamora, perteneciente al ejército de la reina. Su otro vástago era una hija nacida hacia 1822, tan pobre que tuvo que ponerse a servir como criada, en cuanto su padre se marchó con las fuerzas rebeldes. Esto nos hace sospechar que la falta de recursos fue determinante para que nuestro personaje, que pasó al exi-

36. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo 471. Archivo Histórico

Municipal de Valencia, actas del ayuntamiento constitucional de 1839, folio 1401.

37. Archivo Histórico Municipal de Valencia, actas del ayuntamiento constitucional de

1839, folios 1401, 1405 y 1408. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo

471. Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, nº 53, 4 de julio, nº 54, 7 de julio, nº 55, 11 de julio y nº 58, 21 de julio de 1840.

38. Archivos Departamentales de los Pirineos Orientales, legajo 4 M 641. Archivo del

Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo 471. Archivo General de la Administración, caja 54 / 5526. Archivo General Militar de Segovia, primera sección, legajo A-249.

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Por otra parte, no todos los carlistas pertenecían a familias humildes. Ya he- mos visto que la mayoría de los jefes rebeldes eran de clase social acomodada

e incluso de la aristocracia. Pero incluso entre los carlistas de base, nos encon- tramos con algunos que no debían estar pasando hambre. De hecho, sabemos que cuando don Carlos llegó a Burjassot, en julio de 1837, muchos jóvenes de

la nobleza valenciana acudieron a su encuentro para alistarse en sus filas. Un car-

lista de familia pudiente era Manuel Liaño, hijo de un coronel liberal y que mu- rió en 1838, defendiendo Morella de las tropas de la reina. Lo mismo podemos decir de Francisco de Paula Morera, hijo de un abogado de Valencia, que tam- bién se unió a las fuerzas rebeldes 41 . De todas maneras, no hay que confundir combatientes carlistas con partida- rios del pretendiente, ya que muchos valencianos tenían simpatías por la causa absolutista, aunque nunca se alistasen en sus filas, probablemente por su avan- zada edad o por el miedo a perder sus propiedades si abandonaban Valencia. No obstante, ayudaban a la causa de otra forma, informando a Cabrera de los me- nores acontecimientos públicos antes de que el público los conociese. Al mismo tiempo, alistaban individuos para sus filas y les facilitaban recursos y pasaportes para que llegasen con facilidad hasta su territorio. Esto se hizo patente cuando el 9 de enero de 1837 fue detenido Dionisio Monreal, que había pertenecido a la facción de Morella y que pernoctaba todas las noches en el convento de las monjas de la Puridad. Se registró entonces su casa, encontrándose allí varias pro- clamas de don Carlos, así como otros papeles comprometedores. Diez días des- pués fue juzgado, siendo ejecutado el 3 de febrero, a garrote vil y en el Llano de Zaidía, ante la presencia de un gran número de curiosos. Pero no fue el único caso, ya que otros simpatizantes del absolutismo actuaban como confidentes y cómplices de los rebeldes, operando desde dentro de la ciudad. Estos individuos intentaban desanimar a los liberales propagando noticias favorables al preten- diente y relativas a enfrentamientos entre los partidarios de la reina. Su número debía ser importante, ya que, unos días antes de la llegada de los carlistas, las au- toridades detuvieron a tres paisanos, que fueron sometidos a un consejo de gue- rra, acusados de ser agentes de la facción 42 . Por la información que nos ha llegado, cabe suponer que estos “infiltrados” pertenecían a las clases más pudientes, que perdían más si se rebelaban y que, al mismo tiempo, tenían acceso a más información importante. Esto lo aprecia- mos en los casos del barón de Campolivar y el marqués de León, concejales del

41. Archivo Histórico Municipal de Valencia, actas del ayuntamiento constitucional de

1839, folios 1399 y 1401. Ferrer. M, Acedo. J y Tejera. D, Historia del tradicionalismo… v. 13,

p. 156.

42.

Diario Mercantil de Valencia, nº 12, 12 de enero, nº 20, 20 de enero, nº 187, 6 de ju-

lio de 1837 y nº 38, 7 de febrero de 1838. El Satanás, nº 16, 18 de enero y nº 30, 4 de febrero de 1837. Boix. V, Historia de la ciudad … v. 3, pp. 402 y 403. Lichnowsky. F, Recuerdos de la guerra carlista (1837-1839), Madrid, 1942, p. 110.

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Ayuntamiento de Valencia, que colaboraban secretamente con los carlistas, por lo que fueron cesados en agosto de 1834, junto con otros regidores reacciona- rios. El primero, además, tuvo que emigrar después al extranjero con su familia, para evitar las persecuciones de que fue objeto posteriormente. Asimismo, la co- rrespondencia del marqués de Cáceres con el conde de Orgaz nos muestra las simpatías que aquel tenía por la causa del pretendiente 43 . Otro ejemplo lo tenemos en el notario José Mora y Casanova, que obtuvo la escribanía en tiempos de Fernando VII, gracias al influjo de su tío, que era se- cretario de la inquisición. Más tarde se convirtió en sospechoso a ojos de los li- berales, que lo destituyeron de su puesto durante la guerra. También podemos citar a Félix Urbina, magistrado de la audiencia y conocido por sus ideas abso- lutistas, que intentó desarmar a la milicia nacional, así como evitar que se am- nistiara a los asesinos de Elío, el capitán general absolutista asesinado en 1822. Y a Manuel Royo, comerciante e industrial de ideas absolutistas, que nunca se incorporó a las fuerzas rebeldes, aunque estuvo a punto de abandonar la ciudad para evitar que su hijo fuera reclutado en la milicia nacional 44 . Un caso similar es el de Pedro López Segura, que era director de la fábrica de tabacos. Lo primero que sabemos de él es que en 1823 se encontraba en Ali- cante y, al ser cercada la ciudad por los realistas, la abandonó para unirse a ellos. Por esta razón se le dio de baja en el destino que desempeñaba con una nota negativa que lo incapacitaba para cualquier otro empleo. Pero al restablecerse la monarquía absoluta prosiguió su carrera y fue nombrado director de la fábrica de tabacos de Valencia. Entonces aprovechó su cargo para influir en la opinión política de los trabajadores, difundiendo la animadversión al régimen liberal. Todo esto debió hacerle bastante impopular en la ciudad, ya que, en cuanto es- talló la guerra, nuestro personaje emigró a Madrid, a fin de librarse de posibles represalias 45 . Pero su marcha no impidió que la fábrica de tabacos siguiera siendo un foco de ideas absolutistas. De hecho, en 1839 había allí 18 empleados que simpati- zaban con el carlismo, estando entre ellos 8 maestras de labores, 3 porteros, 2 obreros, 2 carpinteros, 1 escribiente, 1 contador y 1 oficial de la contaduría. Las primeras eran las que encabezaban el antiliberalismo del establecimiento, una vez marchado el director, influyendo en este sentido a las obreras que tenían a

43. Archivo Histórico Municipal de Valencia, capitular ordinario de 1834, folio 182. Viz-

conde de la Esperanza, La bandera carlista… pp. 78 y 79 de la sección biográfica. Asín. F y Bu-

llón de Mendoza. A, Carlismo… p. 64. Millán. J, “Els militants carlins

44. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge-

nerales, cajas 50 y 62. Vizconde de la Esperanza, La bandera carlista… pp. 38 y 39 de la sec- ción biográfica.

45. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge-

nerales, caja 58.

p. 105.

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su cargo. Además, algunas de ellas llegaron a romper el retrato de las reinas que había en la fábrica, escupiéndolo y pisándolo 46 . Por último tenemos a los sacerdotes, entre los que también había unos cuan- tos carlistas. En este sentido, podemos citar a buena parte de los empleados del palacio arzobispal, muchos de los cuales habían sido nombrados por el anterior arzobispo, el reaccionario Simón López. Este era el caso de Juan Álvarez, que ha- bía sido criado de dicho prelado y que compartía sus ideas políticas. Otro em- pleado absolutista era Antonio Ángeles, bibliotecario del palacio episcopal y que también tenía simpatías por la causa rebelde. Lo mismo se puede decir de Justo Domínguez, que fue criado del arzobispo Veremundo y que perteneció a la fac- ción realista de Samper, en 1823 47 . En cuanto a los curas párrocos de Valencia, muy pocos se destacaron por la causa carlista, ya que las reformas liberales no amenazaban su empleo, que sí que podían perder si se unían a los rebeldes. Uno de los pocos que se enfrentó con las autoridades isabelinas fue Francisco Bellver, cura de San Lorenzo, que en agosto de 1835 fue confinado a Palma de Mallorca por marcharse de Valencia sin permiso. No obstante, en enero de 1838 se le permitió regresar siempre que residiera en su curato y jurase la Constitución. Otro sacerdote carlista fue Salva- dor Bosch, beneficiado de San Pedro Mártir y San Nicolás, a quien, por esta ra- zón, se denegó el permiso para predicar y confesar. Lo mismo podemos decir de Joaquín Ortolá, del que sólo sabemos que era licenciado en teología 48 . Los que sí que se vieron muy perjudicados por las reformas del nuevo régimen fueron los miembros del clero regular, en el que el apoyo al carlismo fue mayor. De esta manera, sabemos que algunos frailes eran de ideas absolutistas, como José Cas- tells (convento de San Sebastián), Mariano Claramunt, Vicente Estival (convento de San Francisco), José Ferrero (convento del Carmen), Pascual Soto (convento de la Merced) y José Martí (capuchino), entre otros. Uno de los más activos fue Vicente Navarro, fraile de Santa Mónica, que estuvo en las filas carlistas de noviembre de 1837 a febrero de 1838. Después se retiró a Torralba (Cuenca), desde donde escri- bió al comandante de la partida liberal de Viver para acogerse al indulto. Mientras esperaba respuesta debió acercarse a Valencia, ya que fue apresado por la columna volante de Soneja y conducido a las torres de Quart, donde permaneció prisionero hasta septiembre. Otro clérigo desafecto fue Antonio Vidal, exclaustrado de San Fran- cisco, que tenía relaciones con personas contrarias al régimen constitucional 49 .

46. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge-

nerales, caja 58.

47. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge-

nerales, caja 52.

48. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge-

nerales, cajas 54 y 59.

49. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge-

nerales, cajas 51, 52, 53, 54 y 57.

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3. Conclusión

Después de este recorrido uno puede pensar que Valencia era una ciudad pre- dominantemente carlista, lo cual no se ajusta mucho a la realidad. En primer lu- gar porque entre las clases dirigentes de la capital del Turia el carlismo era fran- camente minoritario. De hecho, la alta nobleza contaba allí con 9 casas nobiliarias favorables al carlismo, frente a 17 que se decantaron por el liberalismo. En cuanto al clero, la ciudad de Valencia tuvo uno de los más liberales del País Valenciano, debido a la postura del arzobispo Joaquín López Sicilia, que predicó la obediencia a la reina y que fue nombrado por ello prócer del reino. Esto lo po- demos apreciar en que, de los 11 curas párrocos de la ciudad, sólo dos de ellos (el de San Lorenzo y el de Santo Tomás) tuvieron en esta época problemas con las autoridades. Tampoco era muy fuerte el apoyo al carlismo en el clero regu- lar, ya que de los 118 exclaustrados analizados, sólo 11 se decidieron claramente por el carlismo 50 . Aún más liberal era la alta burguesía, ya que sólo he encontrado un comer- ciante o propietario rico de Valencia que, sin ser noble, diese su apoyo a la causa carlista. Por el contrario, podemos mencionar al menos ocho hombres de nego- cios liberales, que demostraron sus ideas políticas presentándose a las eleccio- nes o formando parte de alguna junta de gobierno, de las que se crearon en esta época en la capital del Turia. Y en cuanto a los profesionales liberales, también aquí hay una mayoría liberal clara, ya que nos encontramos con 18 partidarios de la reina (13 abogados, 3 escribanos y 2 médicos) frente a 7 de don Carlos (4 abogados, 2 escribanos y 1 médico) 51 . Una vez dicho esto, veamos cómo era la situación entre las clases populares. Lo primero que hay que tener en cuenta es que Valencia era una ciudad bastante grande, por lo que un elevado número de carlistas no implica que estos consti- tuyeran la mayoría de la población. Por ello, para calcular el peso del carlismo en la ciudad resulta más adecuado utilizar otros parámetros. Ya he dicho ante- riormente que el número de valencianos que tomaron las armas por don Carlos debió estar en torno a las 695 personas, lo cual puede parecer mucho, pero sólo supone un 1,04 % de la población, en una localidad de 66.355 habitantes. Esto

50. Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, C1, gobierno civil, expedientes ge-

nerales, cajas 51, 52, 53, 54, 59 y 62. Archivo Histórico Municipal de Valencia, actas de 1836,

folio 115. Archivo del Reino de Valencia, propiedades antiguas, legajo 471. Archivo de la Ca- tedral de Valencia, libro de acuerdos capitulares de 1834, folios 18 y 29. Diario de Valencia, 28 de junio de 1834. Martínez Roda. F, Valencia y las Valencias. Su historia contemporánea (1800-1975), Valencia, 1998, p. 132. Olcina. E, Carlisme i autonomia al País Valencià, Valen- cia, 1976, p. 53. Caridad. A, El carlismo en el País Valenciano… pp. 832-839.

51. Boix. V, Historia de la ciudad… v. 3, p. 305. Burdiel. I , La política de los notables (1834-

1836), Valencia, 1987, pp. 58, 184 y 235. Burdiel. I, “Revolució liberal liberal i moderantisme burgés: 1833-1866” en AA.VV, Història del País Valencià, Barcelona, 1990, v. 4, pp. 86 y 88. Caridad. A, El carlismo en el País Valenciano… p. 872.

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contrasta con el 2,2 % del País Valenciano y el 4,6 % de la provincia de Teruel, donde el carlismo fue mucho más importante 52 . El liberalismo de Valencia queda además confirmado por los tumultos anti- carlistas que se produjeron en la ciudad durante la guerra. El primero de ellos tuvo lugar en agosto de 1835, cuando un motín popular sacó de las cárceles a los pre- sos absolutistas y obligó a las autoridades a ejecutar a siete de ellos, a fin de cal- mar la indignación del gentío. En cuanto al resto, fueron escoltados y embarca- dos en el Grao, para evitar que fueran víctimas de un linchamiento. Un año después la ciudad proclamó la Constitución de Cádiz y se creó una junta que or- denó el secuestro de bienes de algunos nobles desafectos. Además, en octubre de 1838 la capital del Turia se alborotó de nuevo, al pedir la población que se tomaran represalias con los prisioneros rebeldes, como respuesta a unas ejecu- ciones ordenadas por Cabrera 53 . Después de todo esto podemos concluir que Valencia era una ciudad mayo- ritariamente liberal, pero en la que también había una importante minoría car- lista. Este grupo era especialmente importante entre la nobleza y los profesiona- les liberales, teniendo menos peso entre la iglesia y las clases populares, y prácticamente ninguno entre la alta burguesía de la ciudad. El carlismo era mi- noritario incluso en los primeros colectivos, lo que hacía que nunca pudiera des- empeñar un papel destacado en los acontecimientos políticos de la capital del Turia. En este sentido, muchos notables carlistas fueron perseguidos y tuvieron que marcharse con los rebeldes por miedo a ser detenidos o linchados en una ciudad predominantemente liberal. En cambio, los menos comprometidos se que- daron, haciendo lo posible por colaborar con los rebeldes, bien como informa- dores o como propagandistas. En cuanto a las masas carlistas, podemos dividirlas en dos grupos. En primer lugar tenemos a aquellos que simpatizaban abiertamente con la causa del pre- tendiente, ya fuera por una profunda religiosidad, por enemistades personales con algún liberal o por haber sido perjudicados de alguna manera por el nuevo ré- gimen. Este colectivo sería predominante entre las clases medias carlistas, cuyos hijos marcharían a las filas rebeldes en busca de aventuras o para defender un ideal. Más numeroso sería el otro grupo, formado por personas que se marcha- ron a la facción por intereses particulares y no porque creyesen que don Carlos podía ser un buen rey para España. Aquí podemos incluir a muchos jornaleros y artesanos pobres, que buscaban en las fuerzas rebeldes una forma de sobrevi- vir. Otras causas para unirse al carlismo podían ser el deseo de salir de la tutela

52. Caridad. A, El carlismo en el País Valenciano… p. 124.

53. Diario Mercantil de Valencia, nº 219, 7 de agosto, nº 220, 8 de agosto de 1835, nº 298,

25 de octubre y nº 338, 4 de diciembre de 1838. Boix. V, Historia de la ciudad… v. 3, pp. 291, 293-297 y 384. Una reunión de amigos colaboradores, Panorama español… v. 3, p. 67. Ma-

doz. P, Diccionario geográfico-estadístico … v. 15, p. 445.

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paterna, el de escapar de las quintas o el de evitar un penoso cautiverio, una vez reclutados por el ejército y capturados por los rebeldes. Con todo esto ya se puede concluir un estudio que nos ha llevado a varias conclusiones interesantes. En primer lugar que el carlismo, pese a ser minorita- rio, tuvo una cierta importancia en la ciudad de Valencia. En segundo lugar que la capital del Turia proporcionó gran parte de los dirigentes civiles del carlismo, pero muy pocos caudillos militares. Algo parecido sucedía con los combatien- tes de base que, aunque eran numerosos por el tamaño de la ciudad, suponían sólo un pequeño porcentaje de la población, teniendo por ello una influencia muy limitada. Y en tercer lugar que los carlistas valencianos nunca intentaron en- frentarse con sus paisanos liberales, sino que dieron su apoyo al carlismo unién- dose a sus fuerzas o intentando colaborar con él desde dentro, de la forma más disimulada posible.

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