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Edición N° 3 / Santiago de Chile / Noviembre 2014

“ La Medicina moderna es una
negación de la salud. No está
organizado para servir a la salud
humana, sino sólo a sí mismo,
como institución. Tiene más gente
enferma que sana.”
Ivan Illich
Como todo el mundo espera de
mí que lo diga, puedo empezar
con la afirmación de que la ezqui-
zofrenia no existe. Sin embargo, la
forma concreta de su no existen-
cia plantea muchas cuestiones
semánticas y filósoficas así como
una gran cantidad de problemas
sociohistóricos.
La “no existencia” de la esquizo-
frenia se refiere simplemente al
no establecimiento de una enti-
dad patológica en el sentido mé-
dico nosológico ordinario: una
colección (más o menos) unifica-
da de signos objetivos y síntomas
objetivables que tiene una causa
o que hay que encontrarla. Es la
importancia de este modo de
pensar en relación con ciertas
formas de experiencia y compor-
tamiento humanos lo que se pone
en cuestión el enfoque clasifica-
dor y el modelo epistemológico.
Por lo tanto, cuando me refiera
aquí a la esquizofrenia, siempre
será entre comillas implícitas.
Ciertamente no voy argumentar
un caso para una etiología social o
socio-psicológica de la esquizo-
frenia, en oposición a una orgáni-
ca, o como una parte de una com-
pleja etiológia que incluya todos
los factores en diversa medida.
Esto sería un juego inutil en el que
todo estaria centrado en una
“entidad” que, en primer lugar, no
existe.
La esquizofrenia no existe, la lo-
cura si que existe. En el lenguaje
medio secreto, esoterico, de la
medicina, la etiqueta de esquizo-
frenia se aplica a la amplia mayo-
ria de personas que son conside-
radas socialmente como locas. La
locura se encuentra latente en ca-
da uno de nostr@s como la posi-
bilidad de una desestructuración
casi total de las estructuras de
existencia normales en vistas a la
reestructuración de una forma de
existencia menos alienada (es
¡QUÉ ES LA ESQUIZOFRENIA!
es decir, gobernadas por fuerzas
internalizadas de “ alteridad ” ) en
un nuevo espacio personal;
desintegración - reintegración
muerte - renacimiento. La perso-
na solo es considerada social-
mente como loca cuando, en al-
gun punto arbitrario, deja de con-
formarse lo suficiente con las
conveciones sociales, y en este
punto en la sociedad burguesa, en
este momento de la historia, es
cuando entra en acción el aparato
medico. Si el comportamiento
desviado es lo bastante oscuo,
suficientemente comprensible y
por lo tanto aterrador para las
personas normales por que razo-
na con las terrorificas posibilida-
des de muerte - renacimiento
dentro de cada persona, normal-
mente se aplica la estigmatizante
etiqueta de esquizofrenia. Es dife-
rente en el caso de la “maniaco
-depreción ”, porque todos somos
un poco “maníacos” o nos senti-
mos deprimidos de vez en cuan-
do y por lo tanto existe cierta
comprensión, también es difícil en
el caso de alguien que haya
tomado deeterminada droga. Sin
embargo, en el caso de la esqui-
zofrenia, parece que nos enfren-
tamos con la locura definitiva-
mente incomprensible.
Este no ha sido siempre el caso.
Como ha demostrado Michel
foucault ( en Histoire de la folie á
l´age clasique), en la Edad Media,
en Europa, la locura se respetaba
como una forma diferente de ser y
saber, quizás una forma privili-
giada con acceso más directo al
cielo. No fue hasta el llamado
renacimiento europeo, con el
florecimiento del mercantilimso y
los primeros inicios del capita-
lismo que , en los siglos XVII Y
XVIII, empezó el proceso de
exclusión del loco; primero fue-
ron los barcos de locos viajando
sin fin por los canales de europa
y luego el encarcelamiento del
demente en la leprosería, que se
había quedado vacante. Esta ex-
clusión del loco llegó de la mano
del extremo estrechamiento de la
razón en el interés pragmático de
la naciente burguesía. Creo que
debemos distinguir entre razón y
conocimiento. La razón y la sinra-
zón son ambas formas de cono-
cimiento. Locura es una forma de
conocimiento, otro modo de ex-
ploración empírica tanto el mun-
do “interior” como el “exterior”.
La razón de la exclusión e invali-
dación de la locura no es pura-
mente medica, ni tampoco, estric-
tamente social. Es, como intentare
demostrar, una razón política. En
siglo XIX, con el total desarrollo
del captalismo europeo, la exclu-
sión y control del loco fueron ab-
solutos, y la psiquiatra se desa-
rrollo como una rama de la me-
dicina, con toda respetabilidad,
todo sus secreto y todos los po-
deres especiales del colegio de
medicina, para controlar al loco
en nombre del nuevo estado bur-
gués. En el siglo XX, con todas las
mistificaciones del “progreso li-
beral”, este control se ha hecho
más intensivo que nunca, y en
especial con muchos de los “pa-
cientes” que viven fuera de las
instituciones.
Pasquín Mensual de la SDA - Salud Antiautoritaria
Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero:
El psicótico que rechaza el trata-
miento presenta un problema
particularmente dificíl. A menos
que el médico se vea asistido por
habilidades previamente adquiri-
das y cuente el puntual de su pro-
pia capacidad de comprensión,
comenzará discutiendo y termi-
nará encolorizándose. Tratará de
explicarle al paciente cuán enfer-
mo está, tratará de de hacerle
entender que él (el médico) sabe
mucho mejor que el paciente lo
que este tiene que hacer, que el
tratamiento es realmente indes-
pensable, etcétera, etcétera.
Cuando todos sus esfuerzos fra-
casan, monta en cólera. Y lo hace
porque está angustiado, porque
ha perdido el control de la situa-
ción, porque está genuinamente
envuelto en el asunto, porque se
siente responsable de su fracaso y
también lo último, pero no por ello
lo menos importante porque es
muy perturbador enfrentarse con
alguien que no ve lo mismo que
uno ve. Si incluso el médico, con
todo el apoyo de sus colegas
mentalmente sanos detrás de él ,
puede ser trastornado por un
único demente, ¿qué decir del
paciente? Pues para este no se
trata de simplemente enfrentarse
con un loco: para él, todos los
demás están locos. Esto no es una
elegante retórica, sino la cruda
realidad...del paciente. Es una
situación solidaria y aterradora,
cuando más colérico se pone el
médico, más aumentan los temo-
res del pacientes.
Uno de los dos tiene que incur-
sionar en el territorio del otro;
esto no es fácil para ninguno de
los dos, pero como es imposible
para el paciente en esta etapa, la
responsabilidad le incumbe al
médico. Lo que se requiere es un
acto de verdadero coraje mental:
ver deliberadamente la realidad a
través de los ojos de una perso- na
insana. Una vez que se cuenta con
la voluntad necesaria para ello, el
método a seguir es compartiva-
mente sencillo: basta con pregun-
tar sin decir nada. ¿ Qué es lo que
el paciente supone que quieren
hacer el médico y los enfermos ?¿
Qué es lo que han hecho hasta el
momento? ¿Por qué lo han he-
cho? ¿ En qué consiste ese trata-
miento que el paciente no quiere
que se le administre ? ¿Cuál
piensa que es su efecto sobre él ?
¿ Porque tiene dicho efecto ? De
esta y otras maneras parecidas se
puede ir trazando un cuadro del
mundo propio del paciente. En
forma gradual puede ampliárselo
para incorporar aspectos de la
realidad sobre los cuales él y el
médico están de acurdo.
ANTIPSIQUIATRÍA
Es un concepto acuñado original-
mente por David Cooper y que se
usa para designar a diferentes
enfoques y doctrinas políticoso-
ciales en el área de la salud men-
tal que tienen en común ser de-
tractoras de la psiquiatría.
Según Cooper la Antipsiquiatría
es política y subversiva, por su
misma naturaleza, con respecto al
represivo orden social burgués
(…) antipsiquiatra es quien esta
dispuesto a correr los riesgos
involucrados en alterar progresi-
vamente y radicalmente la forma
en la que vive. El o la antipsiquia-
tra debe estar dispuesto a aban-
donar los mecanismos de segu-
ridad de la propiedad (más allá
del mínimo necesario), los juegos
monetarios explotadores y las
relaciones estáticas, confortables,
de tipo familiar, oponiéndoles
la solidaridad y la camaradería
(…) Debe estar dispuesto a in-
gresar en su propia locura, quizás
hasta el punto de ser invalidado
socialmente, ya que si así no lo
hace, no estará capacitado. La
Antipsiquiatría es una parte nece-
saria y urgente de la revolución
permanente, de lo contrario no es
nada"
Cooper ditinguía tres tipos de
locura:
1.- La primera, que el denomina-
ba "demencia" es la locura social
que nos envuelve (explotación,
guerras, desastres ecológicos,
masacre del deseo, relaciones de
competencia…) fruto del capita-
lismo y de la sociedad especta-
cular mercantil en la que vivimos.
2.- La segunda locura que distin-
guía era la locura de "viaje inte-
rior", defendiéndola como un
medio de desestructuración de la
experiencia alienada y de cons-
trucción del propio proyecto
existencial .
3.- La tercera locura que señalaba
era la producida por la"demencia
social", la creada por los entornos
esquizofregénicos,(generalmente
a partir de la estructura familiar
patriarcal pero también en el tra-
bajo, escuela…) que sitúan a la
persona en una posición sin otra
salida que la locura.
HOSPITALIZACIÓN
INVOLUNTARIA
La psiquiatría se encuentra a la
cabeza en la práctica del cuidado
en salud mental en pabellones
psiquiátricos, u otros establecimi-
entos médicos, usando coerción
legalmente sancionada para ad-
mitir a individuos en contra de su
voluntad. Los críticos señalan que
esta práctica va en contra de uno
de los principios rectores de las
sociedades abiertas o libres: los
principios de John Stuart Mill, ta-
les como son presentados en su
obra fundacional sobre el conce-
pto de libertad. Mill arguye que la
sociedad no debe usar la coer-
ción para someter a un individuo
mientras él o ella no dañe a otros.
La hospitalización psiquiátrica
involuntaria, aseveran los críticos,
viola este principio. En contraste
con la visión de Hollywood sobre
los esquizofrénicos, la gente per-
turbada generalmente no es más
propensa a la violencia que los
individuos cuerdos (Monahan,
1992). La creciente práctica en el
Reino Unido y en otros países
sobre el llamado "cuidado en la
comunidad" fue instituida en
parte como respuesta a tales
preocupaciones.
En casos de personas sufriendo
de severas crisis psicóticas, las
Soteria houses solía proveer, di-
cen los críticos, una alternativa
más humanitaria y compasiva que
la psiquiatría coercitiva. Las casas
Soteria cerraron en 1983 debido a
la falta de soporte económico. No
obstante, recintos del tipo de
Soteria houses se encuentran
floreciendo en Europa, especial-
mente en Suecia y en otros países
europeos del hemisferio norte.
"Etiquetar a un niño
de enfermo mental
es estigmatización,
no un diagnóstico.
Darle a un niño una
droga psiquiátrica
es envenenamiento,
no un tratamiento"
Thomas Szasz