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DERECHO CIVIL II: ACTO JURÍDICO Página 1

EL FRAUDE EN EL NEGOCIO JURÍDICO.
1.-CONCEPTO DEL FRAUDE.
El vocablo fraude viene de las locuciones latinas “fraudis”, que significan falsedad,
engaño, malicia, abuso de confianza que produce un daño, por lo que es indicativo de
mala fe, de conducta ilícita.
El fraude es un vicio voluntario en el acto jurídico y consiste en la sustracción
maliciosa del deudor al cumplimiento de las normas legales y de sus acreedores,
quedando en estado de insolvencia.
Por medio del Fraude, el deudor realiza actos jurídicos reales y legales disponiendo u
ocultando sus bienes a título oneroso o gratuito para burlar la ley o perjudicar los
derechos de sus acreedores.
MESSINEO, a su vez, sostiene que “por fraude debe entenderse un malicioso y
desleal obrar en daño ajeno, en el cual debe apreciarse, agravada, la figura de la mala
fe en sentido objetivo”.
La diferencia entre simulación y el fraude radica en que mientras en el fraude el
deudor realiza actos serios, reales, legales o revestidos de legalidad; en la simulación
el deudor aprovecha la ley para realizar actos jurídicos con un contenido ficticio,
irreales o ilegales.
El código civil peruano, pese al epígrafe del título VII de su libro II legisla sobre el
fraude pero sin adoptar noción alguna. El epígrafe, a nuestro parecer, es equivoco en
cuanto se refiere al fraude del acto jurídico y por eso hemos preferido nominar este
capítulo como el acto jurídico fraudulento. El articulado de la materia lo dedica el
código civil a la regulación a la regulación del ejercicio de la acción pauliana, de la
manera que su presupuesto es el fraus creditorum”.Fraude: Implica engaño.
FRAUDE DEL ACTO JURIDICO
ARTICULO 195
Como es sabido, el deudor responde frente al acreedor con todos sus bienes, tonto
presente como futuro. Para evitar la burla en los derechos del acreedor mediante
artimañas del deudor, el artículo 195 sanciona lo que la doctrina conoce como fraus
legis o acción paulina y utilizando la ineficiencia o inoponibilidad como instrumento
permite que esos derechos se conserven intactos. Lo novedoso del numeral está en
que la acción que confiere al acreedor es una de ineficiencia y no de anulabilidad,
como sucedía en el Código Civil derogado en 1936 (inciso 2 del artículo 1125).
Además, ya no se exige el requisito de la insolvencia del deudor (artículo 1098 del
Código Civil derogado de 1036); procede aun cuando el crédito este sujeto a condición
o plazo y requiere por parte del deudor el conocimiento del perjuicio que le está
causando al acreedor. Lohmann hace notar que “ si lo que hace el acreedor al
accionar es ejercer una pretensión amparada en el derecho que le confiere al artículo


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195 del Código, la constatación que solicita al juez, constatación de un acto perjudicial,
tiene un objeto : que se califiquen unas conductas y se declare la ineficacia de ese
acto. El ulterior embargo de los bienes y el cobro del crédito ya son asuntos
independientes. Esta es, en breve, la finalidad querida con la inadecuadamente
llamada acción paulina, denominación que originalmente no pertenecía al ámbito civil
ni necesariamente se dirigía contra el deudor, pero que conviene conservar por que la
tradición la ha legitimado.
Santos Cifuentes define al fraude de la siguiente manera: el fraude es, al igual que la
simulación, un acto o negocio de engaño, contrario a la verdad, pero en vez del ficticio
es real y tendiente a eludir obligaciones. En un sentido estricto, o sea referido al fraude
a los acreedores, que es el ámbito que regula el Código Civil, el fraude también es un
acto contrario a la buena fe, como vicio propio del acto jurídico, pero no como vicio de
la voluntariedad del acto, esto quiere decir que en el fraude la voluntad no padece
vicios, pero, en cambio, implica un actuar de mala fe en perjuicio de los acreedores.
Es sabido que el patrimonio del deudor es la garantía común de los acreedores, en el
sentido de que el deudor, cuando se obliga, lo hace respaldado en su patrimonio
activo y suficiente, y el acreedor también adquiere su derecho creditorio, teniendo en
cuenta ese patrimonio del deudor que el día del pago – obligación exigible. Permitirá el
cumplimiento o será la base para responder si aquel no cumple. La noción de fraude
hace referencia a: actos del deudor que disminuyen el patrimonio, provocando la
insolvencia o agravándola, e impidiendo de tal modo la satisfacción de los créditos o
las responsabilidades del deudor, con perjuicio para los acreedores.
En ese sentido dispone el artículo 961 del Código Civil que: “todo acreedor
quirografario puede demandar la revocación de los actos celebrados por el deudor en
perjuicio o en fraude de sus derechos”.
Se destaca e esta noción el perjuicio al acreedor que radica en la imposibilidad del
deudor, por causa del negocio fraudulento, de pagar sus deudas total o parcialmente,
debido al desbalance patrimonial en que se ha colocado con el acto de fraude.
La acción para evitar el fraude se llama revocatoria o pauliana (esto último porque
habría sido creada por Paulo pretor o por Paulo jurisconsulto). Esta acción tiene claras
diferencias con la acción simulación, que será oportuno destacar para comprender el
fraude:
a) Ambas acciones se dirigen a conservar la garantía patrimonial del deudor. En
este orden; hay una tercera acción, que es la de <<subrogación>>, en la cual el
acreedor sustituye al deudor inactivo, para hacer ingresar bienes en el
patrimonio de ese deudor y poder cobrarse (art.1196).
b) Las tres acciones solo operan si ese patrimonio, por alguna de las maniobras
del deudor (simulación, fraude o inactividad frente a su propio deudor),
disminuye de tal modo que se vuelve insuficiente. Luego, son acciones
subsidiarias, pues si quedan otros bienes ejecutables no podrían ser ejercidas.
c) La de simulación ataca actos aparentes del deudor que no quiere pagar y
esconde la realidad de su patrimonio tras los negocios ficticios; el fraude ataca


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actos reales del deudor, que se desprende de bienes para no pagar en forma
verdadera, no ficticia.
d) En la simulación se procura que se declare la nulidad del acto simulado y, por
ello, que los bienes vuelvan al patrimonio del deudor; en la revocatoria o
pauliana, se pretende desconocer esos actos fraudulentos, de modo que el
acreedor pueda ejecutar los bienes (inoponibilidad, no nulidad), y cobrarse,
pero sin dejar sin efectivo el negocio del deudor desconocido.
e) Por lo expuesto en d, la simulación, al anular el acto, beneficia a todos los
acreedores ya que se declara que ese acto es invalido por ficticio; en la
pauliana, al ser meramente inoponible el acto al acreedor, solo se beneficia al
que inicio la acción y no a los demás acreedores. Como en la pauliana, el acto
es válido, pero inoponible a los acreedores anteriores al fraude; ese acto tiene
vigencia entre el deudor y el tercero que adquirió los bienes, en la medida en la
que el acreedor demandante haya quedado desinteresado de su crédito.
f) La acción de simulación prescribe a los dos años. La acción de fraude al año.

g) No se las puede iniciar en forma principal simultáneamente, pues un acto no
puede ser ficticio y real al mismo tiempo ni pretender que anulable y valido al
unísono, pero si podría demandarse la simulación y subsidiariamente la
revocatoria para el caso de que no prosperara la de simulación.

El artículo 195 trae también como novedad el requisito del designio fraudulento,
el cual en palabras de Vidal Ramírez <<consiste en la intención, por parte del
deudor, de causar perjuicio a su acreedor o acreedores, o, al menos, de tener
conciencia del perjuicio que les causa>>


2.-REQUISITOS DEL FRAUDE:
Artículo 195º.- Acción pauliana. Requisitos
El acreedor, aunque el crédito este sujeto a condición o a plazo, puede pedir que se
declaren ineficaces respecto de él los actos gratuitos del deudor por los que renuncie a
derechos o con los que disminuya su patrimonio conocido y perjudiquen el cobro del
crédito. Se presume la existencia de perjuicio cuando del acto del deudor resulta la
imposibilidad de pagar íntegramente la prestación debida, o se dificulta la posibilidad
de cobro.
Tratándose de acto a título oneroso deben concurrir, además, los siguientes requisitos:
1.- Si el crédito es anterior al acto de disminución patrimonial, que el tercero haya
tenido conocimiento del perjuicio a los derechos del acreedor o que, según las
circunstancias, haya estado en razonable situación de conocer o de no ignorarlos y el
perjuicio eventual de los mismos.


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2.- Si el acto cuya ineficacia se solicita fuera anterior al surgimiento del crédito, que el
deudor y el tercero lo hubiesen celebrado con el propósito de perjudicar la satisfacción
del crédito del futuro acreedor. Se presume dicha intención en el deudor cuando ha
dispuesto de bienes de cuya existencia había informado por escrito al futuro acreedor.
Se presume la intención del tercero cuando conocía o estaba en aptitud de conocer el
futuro crédito y que el deudor carece de otros bienes registrados.
Incumbe al acreedor la prueba sobre la existencia del crédito y, en su caso, la
concurrencia de los requisitos indicados en los incisos 1 y 2 de este artículo.
Corresponde al deudor y al tercero la carga de la prueba sobre la inexistencia del
perjuicio, o sobre la existencia de bienes libres suficientes para garantizar la
satisfacción del crédito. (*)
(*)
Articulo vigente conforme a la modificación establecida por la Primera
Disposición Modificatoria del Texto Único Ordenado del Código Procesal Civil,
aprobado por Resolución Ministerial Nº 10-93-JUS, publicada el 23-0.- 93.
Nota: La Resolución Ministerial Nº 10-93-JUS, recoge la modificación hecha
anteriormente a este articulo por la Primera Disposición Modificatoria del Decreto
Legislativo Nº 768, publicado el 04-03-92.
Artículo 196º.- ONEROSIDAD DE LAS GARANTÍAS
Para los efectos del artículo 195, se considera que las garantías, aun por deudas
ajenas, son actos a título oneroso si ellas son anteriores o simultaneas con el crédito
garantizado.


3.-LA ACCIÓN PAULIANA:
3.1.-CONCEPTO:
Entendemos por acción pauliana a la facultad que la ley otorga al acreedor para pedir
la declaración de imposibilidad o ineficacia respecto de é, de ciertos actos de
disposición- no necesariamente fraudulentos, insistimos- que el deudor efectúe de su
patrimonio y que causen perjuicio a sus derechos, hasta el límite de ellos. Vista de otro
modo: es el modo de pedir protección contra la violación dañosa de un derecho,
cometido libremente, tanto dolosa como culposamente y, por tanto por una razón que
no debe prevalecer sobre el derecho perjudicado y que debe removerse.


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La denominación de acción revocatoria es conceptualmente incorrecta, aunque
consagrada por el uso. En efecto, tal como está concebida en nuestro ordenamiento,
la acción de ineficacia es una pretensión de imponibilidad, ante el acreedor
accionante, de los efectos de un cierto acto jurídico. Si prospera la pretensión el acto
no es revocado, porque subsiste con plenitud de valor y efectos entre las partes del
mismo y ante otros terceros distintos del acreedor.
¿De dónde deriva esta excepcional poder que se concede al acreedor para
inmiscuirse en las relaciones entre el deudor y terceros? La doctrina ha querido
justificar este amparo recurriendo a diversos razonamientos; en el enriquecimiento
injusto del deudor o de terceros; en el derecho de prenda general de los bienes del
deudor a favor al acreedor, en una limitación del derecho sobre sus bienes constituida
al tiempo de la obligación o, simplemente, en el objetivo perjuicios quebranto
económico del acreedor. No interesa aquí analizar prolija y concienzudamente los pros
y los contras de estas teorías: la naturaleza y dimensiones de este estudio lo impiden.
Entre los autores españoles de Castro y Bravo abogó por las tesis que objetivizan el
fraude y sostuvo la independencia de la revocatoria de los conceptos de deuda y
responsabilidad, situando el núcleo central de la doctrina de la acción pauliana en el
estudio de la naturaleza de la impugnación. Sin embargo, al desplazar de esta manera
el punto de enfoque, soslayó el análisis del porqué de la pauliana, para explicar cómo
y el para qué. A partir del objetivo perjuicio del acreedor, concluyó que el negocio es
ineficaz ab initio respecto de los acreedores: la demanda de revocación no crea, sino
que se basa en la ineficacia del acto. No podemos compartir esta corriente a la luz de
nuestra ley. El acto como tal no nace ineficaz: la ley dice que puede declararse
ineficaz y es efecto de una pretensión, lo que en sede de acción pauliana equivale a
decir que se le puede privar de virtualidad (pero que no surge privado de ella) ante el
perjudicado. La ineficacia sobreviene cuando se la declara y retroactivamente a la
fecha del perjuicio, hasta la cuantía del mismo, no cuando se celebra el acto. En suma:
no es ineficaz, sino que deja de ser eficaz, con cierta virtualidad retroactiva. Prueba de
ello es que podrá el acreedor impugnar la enajenación a un tercer de mala fe en
complicidad fraudulenta, aunque a dicho acto hubiera seguido la disposición maliciosa
de bienes distintos a otros terceros de buena fe y por tanto invulnerables. Es indudable
que a la hora de calificar el ilícito de los intervinientes, habrá que considerar no
solamente su relación entre el acto y el perjuicio, sino los efectos que debía preverse
al celebrar el acto.
Por añadidura, de aceptarse la tesis de la ineficacia original y consustancial del
negocio, forzoso sería declararla aunque el deudor hubiera recuperado su patrimonio,
lo que nos ería razonable. No basta, pues, que el acto del deudor ocasione un
perjuicio, sino que además ser requiere al subsistencia del mismo, de donde se infiere
que la ineficacia no deriva del acto propiamente dicho, sino de un conjunto de
circunstancias adicionales al mismo. La ineficacia no proviene de acto, como sobre
todo de las consecuencias que ocasiona y sobre todo una línea de conducta que se
refleja hasta la fecha de la sentencia en la ausencia de un patrimonio conocido, y
luego la falta de cobertura del perjuicio por el deudor, el adquirente o un tercero
garante.


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3.2. SU NATURALEZA:
Al ocuparnos de su origen, evolución y naturaleza jurídica y tal como lo veremos a
continuación, la acción pauliana es una acción creditoria, por los fundamentos que
hemos expuestos para preferir esta denominación a la de acción personal. Es también
una acción de ineficacia, esto es su finalidad es que se declare sin efecto el acto
jurídico que el acreedor que la incoa califica de fraudulento, con el carácter individual,
en cuanto solo favorece a acreedor que insta, como acabamos ponerlo en relevancia,
lo cual nos exime de un mayor desarrollo.
3.3. EFECTOS JURÍDICOS:
El principal efecto de la Acción Pauliana es la restitución al patrimonio del deudor de
los bienes fraudulentamente cedidos o enajenados. O sea que por declaración del juez
orden al demandado que se restablezcan las cosas en el estado en que estaban antes
del acto contra el cual iba dirigida la acción pauliana. Su ejercicio favorece a todos los
acreedores, aun los de fecha posterior al acto fraudulento, y alcanza al tercero
adquirente de buena fe, cuando el acto fraudulento sea a título gratuito.
Cuando se trata de una enajenación, debe ser restituida la cosa enajenada con los
productos y los frutos que se hayan producido eventualmente; pero si la demanda es
una remisión de deuda, el crédito remitido se restablece en toda su plenitud.
El demandado es absoluto, siempre que obedezca a la orden del juez, si se niega a la
restitución incurre en una condena y debe indemnizar lo equivalente al perjuicio
ocasionado.
3.4.-DIFERENCIA DE LA ACCIÓN PAULIANA DEL CÓDIGO
CIVIL DE 1936
La acción pauliana o de ineficacia (que hasta el Código Civil de 1936 fue revocatoria).
Inicialmente la acción pauliana fue vista como una "Acción de Nulidad" (Código
Civil de 1936, artículos 1098º al 1101º), JOSSERAND sostiene "La acción pauliana es
una acción de Nulidad" de modelo reducido y a basa de indemnización minimizada.
La doctrina (BETTI, CASTAN TOBEÑAS, COVIELLO, MESSINEO) rechaza la
atribución de acción de nulidad por que la acción no procura anular el acto solo
hacerlo oponible a ciertos sujetos.
Por último tiene el carácter de "Acción Declarativa de Ineficacia" o "Acción de
Oponibilidad" (Código Civil actual), pues el acto no desaparece, simplemente no


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produce tales efectos. Su finalidad es declarar, simplemente, la ineficacia del acto
practicado por el deudor en la medida que este acto perjudique los derechos del
acreedor y que la ineficacia de tal acto sea el único medio como éste puede hacerse
efectivo su derecho. Así mismo con la ineficacia del acto jurídico fraudulento, este
resulta ineficaz respecto del acreedor, pero mantiene su validez y eficacia jurídica
respecto de los terceros que han contratado con el deudor, para que puedan reclamar
sus derechos afectados.