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El Primitivismo en la Danza

France Schott-Billmann Arte y Terapias La Investigación en Danzas Paris 1989

La Expresión Primitiva

Capítulo 1

La Expresión Primitiva es una forma de danza dinámica, alegre, rítmica, acompañada por el tam-tam y la voz de los participantes. Lo retomaremos más delante de una manera más detallada y expondremos ahí los caracteres principales de esta técnica.

Un músico acompaña la sesión con un tambor. Él encarna el tiempo, al cual el hombre supone una existencia trascendental y lo capta en los ritmos habitualmente binarios, ejecutados en 8, 4 ó 2 tiempos, según el movimiento de los bailarines que los sostiene. Esas secuencias repetidas inducen una periodicidad que hace que la duración no sea lineal sino más bien cíclica, sucesión de retrocesos eternos, a la imagen de un “gran tiempo” que hace nacer y apoyar el universo en una pulsación cósmica.

El percusionista encarna la ley a la cual cada uno, animador y participantes, se someten. Los pases y los movimientos son construidos sobre el ritmo que funciona a la vez como límite y brinda seguridad. Toda expresión, en esta técnica debe apoyarse en el “tiempo” y tenerlo en cuenta. El ritmo trascendente, el grupo y el animador; esto no puede liberar a los participantes a su pura voluntad porque ellos deben respetar esta ley. Este dispositivo está ahí para significar la existencia de un orden que va más allá del ser humano y que no se puede desatender.

La Expresión Primitiva es una actividad colectiva.

Los participantes están de pie, dispuestos en filas paralelas, frente al animador en espejo. El grupo oficia de continente e impide el estallido individual formando un marco y también asegura una función reafirmante y dinamizadora: por un lado permite a cada uno a animarse a hacer lo que los demás parecen realizar fácilmente, por otra parte, anima como un resonador amplificando los gestos y la voz. Además, reenviando a cada uno la imagen de sus movimientos en tanto a las facetas de los participantes, actúa como un espejo. (No se utilizan espejos en esta técnica). Los participantes y el animador marcan el tiempo por la pulsación continua de los pies, siguen todos juntos al tambor, rítmicamente y sincrónicamente por el tiempo que materializan golpeando el piso.

La expresión primitiva se baila de pie. Se camina marcando el ritmo con los pies, que alternan según los “tiempos” diferentes, muy lento, un tiempo sobre cuatro, una reclinada lenta, un tiempo en dos, una blanca; rápida marcando cada tiempo, una negra, mas rápido hasta la vibración, corcheas y semicorcheas.

La pulsación de los pies acompaña constantemente los gestos. La Expresión Primitiva es en principio este júbilo de la marcha en la cual Nietzsche veía la esencia en la danza 1 . Los movimientos son fuertes, estilizados y repetidos durante un tiempo sobre esa arquitectura rítmica y de pulsación.

1 Commengé Béatrice, La Danza de Nietzsche, Mémoires de maîtrisse en danse, Université Paris-Sorbonne, (Paris IV), 1987 Ed. Gallimard, Collection L’ Infini, Paris, 1988.

El ritmo sostiene el gesto, lo incita y lo canaliza, facilitando su ejecución y borrando poco a poco los elementos que lo parasitan. La primera vez el movimiento puede ser débil y confuso. La repetición lo afirma, le hace perder sus inhibiciones en un aliento cada vez más renovador que lo amplifica. Cada vez que vuelve el ritmo toma mayor rigor por la precisión de la expresión. Se busca menos aprenderlo que a recibirlo para descubrirlo, conocerlo y dialogar con él.

En esta búsqueda, después de haberlo construido sobre el ritmo, se busca “escucharlo” dejándolo hablar. En efecto en el olvido de sí inducido por la repetición, ligeramente hipnóticas, el movimiento una vez “matrizado” gobernado, escapa al bailarín para vivir una vida propia, como en los fenómenos de posesión, lleva entonces al entusiasmo aprovechando del gesto que codifica a su inconsciente las funciones que al mismo tiempo libera.

En Expresión Primitiva los gestos son simples. Una estructura en “Aller – retour”, ir y venir permiten que vuelvan a su punto de partida para poder recomenzar. Es decir, están siempre asociados por pares, conjunto de dos elementos gemelos u opuestos idénticos o contrarios. Por consecuencia los movimientos son 2 veces dobles, a la vez bipolares pues han sido concebidos sobre una estructura de vaivén, y “gemelizados”, despliegan dos figuras simétricas o complementarias.

Por el mecanismo de la repetición, cada elemento de la cupla gestual lleva a su pareja y lo forma, se afirma en cada vuelta al ritmo, amplificando la diferencia o distancia entre los dos polos. El cuerpo se encuentra así inmerso en un proceso de sobrepasar sus límites, se puede siempre llevar su gesto más lejos y prolongado.

No hay entonces teóricamente un fin pero se interrumpe el movimiento repetitivo y ascendente por un dispositivo particular: el animador grita “stop”. Entonces todo se detiene. Como en el cuento de hadas de la bella durmiente, la vida queda detenida, fija: el percusionista inmoviliza sus manos debajo de su tambor, los participantes se petrifican en la posición que ocupaban en ese momento preciso.

Esta suspensión del tiempo y del movimiento dura algunos instantes hasta que la música vuelva a comenzar, liberando el movimiento de los cuerpos de los bailarines. La Expresión Primitiva recurre a la voz, a la voz que escapa a la mirada, aleja la danza del narcisismo y la constituye en una relación, de la misma manera que el niño descubre que su voz lo vincula con su mamá, porque a través de ella le puede hacer sentir.

Aquí, este llamado no está destinado a una persona real y presente sino más bien a “otro” abstracto y trascendente que va más allá de los individuos integrados en el grupo. La danza le es consagrada.

Los gestos son primitivos. Esto quiere decir no solamente que son simples, repetidos redoblados, sino también que se refieren al mundo arcaico de donde el hombre saca su subsistencia de la naturaleza, de la pesca, de la caza, la cosecha, practica la agricultura o cuando no se libera de los combates y de la magia, etc.

Sin embargo no se trata de una transcripción naturalista de la actividad agrícola primitiva, sino más bien de la movilización de esquemas que pueden estar presentes en un programa genético y ligado a gestos ancestrales que no ejecutamos más pero que, por tanto, continúan sin duda a estructurar nuestros ritmos y nuestro imaginario. Conservan en efecto un alto valor simbólico que permite jugar bajo un disfraz poético y lúdico, fantasmas transgresivos ligados al amor y al odio: en Expresión Primitiva se baila en simulaciones de seducción o de guerra, y bajo la “cubierta” de los movimientos “primitivos” que pueden ser animales, se expresan las pulsaciones de una manera de código articuladas a los modelos dados por el animador.

Por el efecto de la repetición que permite liberar el gesto, este se diferencia según el participante. A partir del enunciado colectivo: cada uno descubre progresivamente su propia enunciación individual y se observa un ejemplo a partir de un marcador propuesto por el animador, la variedad de estilos de danza de los bailarines.

El conjunto de los movimientos propuestos obedece el orden riguroso que vamos a describir, pero sobre el bosquejo el animador borda variaciones en cada sesión.

Los participantes comienzan a dar acto de su “estar en el grupo” formando la pulsación en los pies, primero en su lugar y lentamente marcando un tiempo sobre dos. Luego circulan en las salas saludándose los unos a los otros. Con un ritmo se golpean sus manos ejecutando sobre la pulsación de los pies y que cambia por cada sesión o escena.

Enseguida se orientan sucesivamente hacia los puntos cardinales practicando una ida y vuelta solemne en cada una de las cuatro direcciones del espacio: el norte, el sol que se eleva, el sur, el sol que se oculta.

Luego viene la invocación, lírica, amplia, majestuosa dedicada al cielo, a la tierra y al recorrido o curso del sol. Se canta o se baila según una dinámica de cruz (vertical uniendo el cielo y la tierra / horizontal uniendo el oriente y el occidente) que representa al hombre. En relación a los dos ejercicios precedentes, la invocación se inscribe en una periodicidad mas larga porque cambia según el ritmo mensual y de nuestros pasos semanales.

La invocación no pertenece a ninguna lengua establecida a fin de que cada uno pueda escucharla a su manera y le dé la identidad, de que lleve su mensaje personal.

El animador propone las secuencias vocales como si el conociera una lengua secreta, sagrada, misteriosa e íntima. La voz repite en sílabas quitadas, “Hou” “He” por ejemplo, o melódicas como “Oyé baja”, que sienten en el movimiento.

La primera media hora está contenida sobre la pulsación lenta, mas solemne, esta parte consagrada

a los saludos, a la invocación y a los movimientos lentos de las grandes articulaciones: toma de conciencia alegre, maravillada, asombrándose del movimiento armónico del cuerpo humano, momentos de reconocimiento, de homenaje y de llamada.

La fase siguiente deja lugar a la pulsación rápida, los pies marcan todos los tiempos. Solicitamos sucesivamente a cada parte del cuerpo, cabeza hombros, brazos, pelvis… ordenándolos rigurosamente al ritmo, según la velocidad coherente de la música, puntuando el “stop” fijando el movimiento en una inmovilidad que lo magnifica.

Los bailarines experimentan así un estado de entusiasmo, el frenesí de la posesión por la intimidad y

el éxtasis de la inmovilidad, practicados en las numerosas técnicas místicas, por ejemplo en los Sufis

del Islam.

La pulsación rápida y mantenida en los desplazamientos, las vueltas, los saltos y los movimientos infinitos, encadenados repetidamente variados, desplegando como en los derviches giradores, de vaivén en relación a su centro bajo la forma de figuras abstractas, espirales, círculos, cruces, etc.

La “ceremonia” se termina por un coro final en el cual el grupo se dispone en círculo escindido en “sub-grupos” que se ponen de frente y se hacen “llamadas” / respuestas codificadas, propuestas sucesivamente por el animador. Las partes vocales se articulan de manera polifónica, bajo forma de un “negro-spiritual”. La última frase musical de estos intercambios se continúa en una comunicación

antes individual, cada participante circulando en la sala y confrontando su secuencia gestual y vocal a la de las formas que encuentra.

Se hace durante algunos minutos, todo el mundo se refleja, se parece por esa vibración colectiva; todos los cuerpos desplegados, erguidos sobre la punta de los pies; este trance se termina por un instante de recentramiento sobre uno mismo, de agrupación de la fuerza del grupo pues cada uno vuelve a comenzar la vivencia a su cotidiano.

Así termina la sesión de expresión primitiva presentada como un Rito sin mito. Aunque no se apoya sobre una base religiosa igualmente tiene un sentido. Veremos que ella vuelve a trazar las diferentes etapas del desarrollo humano, despertando así en cada uno lo olvidado, que sin hacerse necesariamente consciente, se reactiva y se representa en esta danza.

La Expresión Primitiva es una práctica artística en la cual la estética reúne lo que se trabaja desde el comienzo del siglo veinte con las investigaciones pictóricas y plásticas de occidente. No busca reconstituir la danza prehistórica ni reproducir las danzas tribales, aunque no pretende ser a histórica. Se inscribe en nuestra época y se integra a la corriente primitivista, fenómeno occidental moderno que toma en cuenta una actitud presente a través de toda la historia del arte. Se trata de un movimiento artístico que busca, simplificando el estilo, ir directamente a la esencia de las cosas. El primitivismo es entonces un enfoque que no hay que confundir con el arte primitivo arcaico u exótico, que se retoma y se re-trabaja secundarizándolo. La denominación exacta sería entonces “Expresión Primitivista” pero los caracteres técnicos y más especializados de este término nos hacen preferir, mismo si es más ambiguo, el de Expresión Primitiva. No queda más que agregar que se trata de una actividad occidental primitivista y es en ese marco que es necesario situarla.