Guía de Estudio.

Tema: Gobierno Militar y vuelta a la Democracia.

El 11 de septiembre de 1973, un quiebre histórico.
La mañana del martes 11 de septiembre de 1973 debe ser el momento histórico más dramático y decisivo de la historia
de Chile en el siglo XX. Sus consecuencias, más allá de las simpatías o rechazo que generen, son indesmentibles. Tras el
bombardeo a La Moneda, el suicido del Presidente Salvador Allende y la instalación en el poder de una Junta Militar
encabezada por el Comandante en Jefe del Ejército, general Augusto Pinochet Ugarte, el país no volvería a ser el mismo.
El fin de la era del Estado de Bienestar y el cambio del modelo económico; la nueva institucionalidad política
materializada en la Constitución de 1980; y la sistemática violación de los Derechos Humanos, modificaron
significativamente la faz de la sociedad chilena.
Tras el retorno a la democracia en 1990, los gobiernos democráticos de los presidentes Aylwin, Frei y Lagos, heredaron
los cambios y conflictos desarrollados durante el régimen militar: el modelo económico implementado des-de entonces
se ha constituido en la base del proyecto de desarrollo de los gobiernos de la Concertación; la Constitución de 1980,
aunque con modificaciones, rige los destinos institucionales del país; en tanto que la violación a los Derechos Humanos
sigue siendo un conflicto que no termina de ser resuelto por la sociedad chilena.
Los acontecimientos que desencadenaron el 11 de septiembre y los cambios a que este hecho dio lugar, son motivo de
muy diferentes análisis e interpretaciones por parte de los chilenos. Al igual que ocurre con otros hitos de la historia
nacional, respecto de los eventos ocurridos en torno a esa fecha, probablemente nunca se llegue a un acuerdo sobre las
causas que originaron la pérdida de la democracia en Chile

El escenario de una crisis
Durante los últimos meses del gobierno de Salvador Allende, la gran crisis por la que atravesaba la sociedad chilena y
que culminó en el golpe de Estado de 1973, se manifestó en toda su magnitud. Por una parte, la oposición se
concentraba en aumentar su fuerza y desarrollar acciones que desgastaran al gobierno, por otra, este recurría a diversas
estrategias para recuperar la gobernabilidad del país, mientras paralelamente debía enfrentarlas divisiones entre los
partidos que lo apoyaban, en relación con el modo como debía solucionarse la crisis.
Varios sectores productivos, entre los que destacó el gremio de los camioneros y de los trabajadores del cobre de El
Teniente, organizaron paros que dificultaron significativamente el normal desenvolvimiento de la economía y de la
gestión del gobierno. El rechazo al proyecto de reforma educacional del Ejecutivo, en donde unieron sus voces los
militares, la Iglesia y los partidos de oposición, obligó a la Unidad Popular a retirar definitivamente el proyecto; el 29 de
junio se produjo un alzamiento militar que intentó derrocar al gobierno. La acción del comandante en jefe del ejército,
general Car-los Prats González, fue decisiva para contener a los alzados.

El golpe de Estado
En las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, el gobierno y la oposición midieron sus fuerzas. Si esta obtenía una
mayoría significativa, contaría con los votos que le permitirían destituir constitucionalmente a Allende en el Congreso.
Sin embargo, a pesar de la grave situación económica y de la fuerte oposición de la derecha y del centro, el gobierno de
Allende obtuvo un sorpresivo 43% de la votación, sumando seis diputados y dos senadores a su bancada parlamentaria.
Este hecho, sumado a la salida de los militares del gabinete, consolidó la opción entre gran parte de la oposición del uso
de la fuerza para poner fin al gobierno de la Unidad Popular. A fines de agosto, el último obstáculo para el golpe de
Estado fue eliminado. La falta de respaldo de parte del Alto Mando del Ejército, provocó la renuncia del general Prats y
su remplazo por un hombre considerado cercano a él, el general Augusto Pinochet. En esos días, además, el Parlamento,
controlado por la oposición, decretó la ilegalidad del gobierno. En la madrugada del 11 de septiembre de 1973, los
barcos de la Armada fondearon en Valparaíso, ocupando la ciudad. La “vía chilena al socialismo” había terminado. A las
once de la mañana, el palacio de La Moneda, con el presidente Allende y un puñado de colaboradores en su interior,
comenzó a ser bombardeado por los aviones “Hawker Hunter” de la Fuerza Aérea de Chile.

Los fundamentos de las Fuerzas Armadas
Por medio de una serie de bandos, la recién constituida Junta Militar de Gobierno, conformada por los comandantes en
jefe de las Fuerzas Armadas y el general Director de Carabineros, dieron a conocer las razones que habían motivado la
intervención militar. La Junta señaló que la Unidad Popular se había puesto fuera de la legalidad, razón por la cual se
había convertido en un gobierno ilegítimo. Los uniformados argumentaron que se habían “quebrantado los derechos
fundamentales”: libertad de expresión, de enseñanza, el derecho a huelga, a petición, y a propiedad. Asimismo, al
fomentar la lucha de clases entre los chilenos, el gobierno de Allende quebró la unidad nacional, valor fundamental de la
nación. Semanas después, se dio a conocer la existencia de un supuesto Plan Zeta, que consistía en el asesinato de los
altos mandos castrenses para dar un autogolpe de Estado, con el fin de instaurar una dictadura marxista y totalitaria en
Chile. A pesar de que hoy día se reconoce que este plan nunca existió, en su momento sirvió como base para decir que el
pronunciamiento militar de 1973 había liberado a los chilenos de las cadenas del totalitarismo. Esto explica que la Junta
Militar planteara que su movimiento era en defensa de la democracia y que respondía a la petición de la inmensa
mayoría de los chilenos, hastiados del régimen marxista de Salvador Allende.


El régimen militar (1973-1990)
Desde el primer día del gobierno militar se implementaron una serie de medidas que anticipaban las severas
restricciones a la libertad y participación que debería experimentar la sociedad chilena. El Congreso Nacional fue
clausurado; la declaración de estado de sitio permitió anular los derechos ciudadanos contenidos en la Constitución de
1925; los partidos políticos de izquierda fueron proscritos y los restantes declarados en receso; se censuró la prensa
escrita, televisiva y radial; las universidades y la administración pública fueron purgadas, expulsándose desde ambas
instituciones a los sospechosos de ser opositores al régimen. En fin, el toque de queda impedía el desplazamiento
nocturno por las calles del país, asegurando el control sobre la población.
En todo el contexto de restricciones que describimos, durante el régimen militar se desarrolló una persistente política
tendiente a eliminar a los militantes que habían sido integrantes o partidarios de la Unidad Popular, fundamentalmente
miristas, comunistas y socialistas. Dicha política procedía de la influencia que ejerce después de la Segunda Guerra
Mundial en las fuerzas armadas latinoamericanas, la doctrina de seguridad nacional, proveniente de EE UU, que
consideró que los verdaderos enemigos de la nación se encontraban dentro de las fronteras territoriales y que eran
todos los grupos que postularan un cambio social o político de tipo socialista, y a los cuales había que combatir, por
encima de cualquier consideración ética, que incluía por cierto, la violación de los Derechos Humanos.
La violación de los Derechos Humanos tuvo tres etapas. Una primera que abarcó desde el mismo 11 de septiembre de
1973 hasta diciembre de aquel año, que se caracterizó por su violencia y crudeza, lo que destruyó cualquier asomo de
organización social y focos de resistencia. Fueron los meses de allanamientos y de-tenciones masivas en campos de
prisioneros como los de los estadios Nacional y Chile, la ex oficina salitrera de Chacabuco, isla Dawson y Pisagua; de
ejecuciones sumarias, en particular a los campesinos que habían participado en la reforma agraria. En este temprano
período de represión, se hizo habitual la no entrega de los asesinados, los cuales eran lanzados a los ríos, al mar,
dinamitados o inhumados clandestinamente, dando lugar a los primeros detenidos desaparecidos.

Los organismos que violaron los Derechos Humanos
El segundo momento abarca los años 1974-1977, coincidiendo con la existencia de la Dirección de Inteligencia Nacional
(DINA), dirigida por el general de ejército Manuel Contreras Sepúlveda. Este organismo, junto al Comando Conjunto,
golpeó selectivamente a los integrantes de las direcciones de los partidos de izquierda, que para entonces operaban en
la clandestinidad. El accionar de la DINA fue apoyado por una amplia red de influencias que incluyó reparticiones
públicas y medios de comunicación, lo que sumado a su funcionamiento generalmente secreto, le permitió acumular un
gran poder represivo que desembocó en gravísimas violaciones a los Derechos Humanos que incluyeron torturas,
muertes y más de trescientas desapariciones.

La DINA se abocó además a la tarea de crear una coordinación de los servicios de inteligencia militar de Argentina,
Uruguay, Brasil y Paraguay, conocida como Operación Cóndor y que permitió la captura de izquierdistas más allá de las
fronteras nacionales; fue además el organismo responsable de alguno de los más connotados crímenes ocurridos bajo el
régimen militar: asesinato del ex ministro de Salvador Allende, Orlando Letelier, en Washington; del ex comandante en
jefe del ejército Carlos Prats y su esposa, en Buenos Aires; baleo del dirigente demócrata cristiano Bernardo Leighton en
Roma, y de la eliminación en años sucesivos de las direcciones políticas del MIR, y de los Partidos Socialista y Comunista.
Por su parte, en el año de su existencia, el Comando Conjunto golpeó significativamente al Partido Comunista, sien-do
responsable de la desaparición de varios de sus militantes.
En 1978, producto de los efectos políticos que tuvo la investigación del asesinato del ex canciller Orlando Letelier, el
gobierno de Pinochet disolvió la DINA y creó la Central Nacional de Informaciones (CNI), disuelta a meses de ter-minar el
gobierno militar, en lo que sería la tercera etapa de represión. Si bien tuvo algunas similitudes con la DINA,
especialmente en cuanto a sus métodos que sistemáticamente violaban los derechos humanos de sus detenidos y a su
amplia capacidad operativa, no tuvo el poderío que alcanzó en su tiempo la DI-NA. En cifras, se calcula en unos tres mil
los asesinatos ocurridos en los 16 años y medio de gobierno militar, de los cuales cerca de mil se encuentran
desaparecidos hasta el presente.

El modelo económico neoliberal
En sus dos primeros años de gobierno, el régimen militar no tuvo un proyecto claro acerca de qué país quería construir.
Desde el punto de vista económico, los militares tradicional-mente habían sido partidarios del modelo basado en una
fuerte intervención estatal. Sin embargo, poco a poco se impuso dentro de las Fuerzas Armadas el proyecto económico
neo-liberal. Esta propuesta fue presentada por un grupo de economistas conocidos como los “Chicago boys”, en alusión
a que la mayoría de ellos habían realizado estudios en la es-cuela de economía de la Universidad de Chicago en los Esta-
dos Unidos, a partir de la década de 1950. Su diagnóstico sobre la realidad económica chilena señalaba que todos los
males que habían provocado el subdesarrollo del país, se relacionaban con la excesiva participación del Estado en la
economía y que esta situación debía ser sustituida por la implementación de una economía de libre mercado. La
aplicación del nuevo modelo se basó en tres tipos de medidas: la privatización de empresas públicas; la desregulación de
los mercados; y la apertura de la economía a los mercados externos.

Las privatizaciones consistieron en la venta de empresas que eran de propiedad estatal al sector privado, y se iniciaron
con el traspaso del Área de Propiedad Social conformada durante el gobierno de la Unidad Popular a particulares. De
esta manera, los bancos y las principales empresas del país volvieron a manos privadas. Debido a que la venta se hizo en
tiempos de recesión, el precio alcanzado fue, según estimaciones, un 30% menor que el real y como eran muy pocos los
empresarios en condiciones de comprarlas se constituyeron grupos económicos que con el tiempo concentrarían
significativamente la riqueza del país. En los años siguientes el proceso de privatización traspasó a manos particulares
prácticamente todas las grandes empresas estatales, y las áreas de servicios que tradicionalmente habían pertenecido al
Estado, como la salud, la educación y la previsión, dando lugar al nacimiento de las Administradoras de Fondos
Previsionales (AFP) y de las Instituciones de Salud previsional (ISAPRES).
En la economía la desregulación de los mercados significó el fin de las políticas que permitían al Estado intervenir en
algunas áreas de la economía. Una de las primeras medidas fue poner fin a la fijación de precios de productos básicos,
dejándolos al libre juego de la oferta y la demanda. Por otro lado, el mercado laboral también se liberalizó, lo que se
tradujo en la pérdida de una serie de garantías que beneficiaban a obreros y empleados, y que facilitaron la posibilidad
de ser despedidos, condicionaron significativamente la realización de huelgas, y traspasaron parte importante de los
gastos previsionales a los propios trabajadores.

Uno de los pilares fundamentales del nuevo modelo implementado fue la integración de Chile a la economía mundial a
través de la exportación de sus recursos naturales. Por otro lado, esta política significaba la apertura de la economía a la
producción manufacturera producida en el extranjero, cuestión que se realizó reduciendo paulatinamente los aranceles
a los productos importados y que en el período anterior habían tenido por objetivo la protección de la industria
nacional. El carácter productor y protector del Estado, típico del modelo industrializador, era poco a poco eliminado. La
constante disminución del gasto público, hizo que el Estado fuese teniendo cada vez menor injerencia en los distintos
planos de la economía nacional.

Los resultados de estas políticas en el período 1975-1982 (año de crisis eco-nómica) fueron muy dispares. Por un lado, se
logró bajar la inflación y el déficit fiscal, se diversificaron y aumentaron las exportaciones no tradicionales (madera,
pesca y frutas), las que hacia 1979 se habían triplicado. Sin embargo, el costo social de estos éxitos fue alto, ya que el
drástico descenso del gasto social y de los salarios de los obreros y empleados, golpeó fuertemente a la sociedad
nacional. Por otro lado, en un solo año el gasto por habitante disminuyó un 21% en educación y un 23% en vivienda.
La facilidad para obtener créditos, permitió a amplios sectores del país tener acceso a préstamos de inversión y a bienes
de consumo como televisores, refrigeradores, y autos. La feroz crisis económica que estalló en 1982 y que asoló al país
hasta 1984, provocó ajustes en el modelo neoliberal. La crisis económica mundial ocurrida en esos años, significó el fin
de los flujos de dinero que sostenían la expansión crediticia en el país. En 1985, el ministro de Hacienda Hernán Büchi, si
bien siguió aplicando la receta neoliberal, fue más pragmático que sus antecesores, imponiendo ciertas regulaciones,
como la aplicación de aranceles específicos para proteger al producto nacional de la competencia externa. De esta
manera, hacia el fin del régimen militar, la economía había recuperado su ritmo de crecimiento, pero estaba muy lejos
de mejorar la distribución de la riqueza.

La nueva institucionalidad: la Constitución de 1980
Uno de los requisitos indispensables para dar continuidad en el tiempo al proyecto refundacional del régimen militar,
fue la construcción de un cuerpo jurídico que legalizara a un gobierno que se había hecho del poder por la fuerza de las
armas y no a través de votaciones populares. Este fue el origen de la Constitución de 1980.
En 1978 se creó una Comisión de Estudios Constitucionales encargada de proponer la nueva carta fundamental que
regiría los destinos del país. Tras arduos debates internos, en 1980 estuvo lista para ser aprobada o rechazada en un
plebiscito. La propuesta consistía en los siguientes puntos:


• Creación de un sistema político de “democracia protegida”, con un Poder Ejecutivo fuerte y un Parlamento elegido
solo en parte, en donde se consagraba la tutela de las Fuerzas Armadas sobre el conjunto de la institucionalidad,
mediante el establecimiento del Consejo de Seguridad Nacional.
• Consolidación del modelo económico, al reforzar el derecho a propiedad, la restricción de los derechos laborales y la
autonomía del Banco Central.
• Un cronograma de 10 años de transición a la democracia, que contemplaba el gobierno del general Pinochet hasta
1988, sobre la base del articulado transitorio de la Constitución, que permitía prolongar las restricciones a las libertades
públicas. En 1988 se plebiscitaría el nombre del candidato propuesto por el órgano legislativo, compuesto por los cuatro
miembros de la Junta Militar. Si el candidato propuesto era respaldado por la mayoría, gobernaría hasta 1997, pero
ahora con una Constitución funcionando a cabalidad. De perder, habría elecciones libres.

El resultado del plebiscito de1980 no tuvo mayores sorpresas, ganando la opción SÍ por amplio margen, en una votación
sin registros electorales ni Tribunal Calificador de Elecciones, ni posibilidades de que la oposición tuviera acceso a los
medios de comunicación de masas. Con todo, el gobierno lograba su institucionalización y prolongación en el tiempo.

De las protestas a la lucha institucional (1983-1986)
El cronograma contenido en la Constitución de 1980, fue la clave en torno a la cual se enfrentaron el régimen militar y la
oposición. El primero se la jugó por hacer cumplir sus plazos y la segunda por acortarlos. Hacia 1983, cuando en el país
se dejaban sentir los graves efectos de la crisis económica y el descontento de la población se hacía patente, se inició un
ciclo de movilizaciones sociales contra el régimen conocido como “las protestas”, que se extendieron hasta 1986.
Convocadas inicialmente por los trabajadores del cobre y a las que se unieron amplios sectores sociales, consistían en
protestas callejeras durante el día en el sector céntrico de las principales ciudades, las que se trasladaban a las
poblaciones marginales caída la noche, donde pobladores se enfrentaban a las fuerzas de orden con piedras y
barricadas. En el período de las protestas, se constituyeron dos grandes bloques opositores. Uno de corte
centroizquierdista, llamado Alianza Democrática (AD), en donde confluían la Democracia Cristiana y sectores de
izquierda moderada. El otro era el Movimiento Democrático Popular (MDP), compuesto por el Partido Comunista, el
MIR y sectores socialistas más radicales. Las diferencias entre ambos bloques se relacionaban con el uso de la violencia
para enfrentar la dictadura. Mientras que la AD se oponía a usarla como método de lucha política, el MDP consideraba
que dado el poderío represivo del régimen, era necesario implementar acciones de lucha armada para debilitarlo. La
aparición del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) se enmarcó dentro de esta estrategia.
Hasta 1986 y pese a la fuerza de las movilizaciones sociales en su contra, el gobierno pudo mantenerse en el poder. El
descubrimiento de un gran arsenal de guerra perteneciente al FPMR, y el atentado contra la vida del general Pinochet,
hicieron retroceder la estrategia de la movilización social.

El plebiscito de 1988: Chile, la alegría ya viene
El año 1988 fue un año electoral. La oposición, agrupada casi en su totalidad en el Comando por el NO, se la jugó por
ganar el plebiscito. Para impedir un fraude electoral, su estrategia se basó en inscribir a la mayor parte de la población
en los registros electorales y en convencer a la población que el voto sería secreto y que no habría represalias si es que
votaban NO. Simultáneamente, la oposición logró levantar un eficiente sistema de conteo de votos paralelos al oficial, lo
que le permitiría denunciar cualquier intento de fraude. Por el lado del gobierno, se hacían optimistas cálculos, porque
se creía que la ciudadanía premiaría al general Pinochet por haber ordenado y modernizado la economía del país.
Oficializado a fines de agosto de 1988 el nombre de Pinochet como el candidato de la opción SÍ, la oposición desarrolló
una exitosa campaña televisa. Haciendo uso de los 15 minutos que legalmente le correspondían, el Comando del NO
envió un mensaje optimista y no confrontacional al país, resumido en el eslogan “Chile, la alegría ya viene”. Mientras
que el gobierno insistía en una estrategia basada en la descalificación de su oponente, la oposición aparecía ofreciendo
algo nuevo y distinto al país. Los largos 15 años de gobierno autoritario y el obvio desgaste que ellos implicaron, las crisis
económicas y las violaciones a los derechos humanos, terminaron por hacer perder al candidato Pinochet. Tras una
tensa jornada, el 5 de octubre de 1988 consagró el triunfo del NO con el 54% de los votos, contra el 43% del SÍ.

La recuperación de la democracia
Al año siguiente, el ex Comando del NO, ahora articulado en la Concertación de Partidos por la Democracia, presentó
como candidato presidencial al líder demócrata cristiano Patricio Aylwin Azócar. Este se impuso con el 55% de los votos
al candidato derechista Hernán Büchi, el que fuera hasta abril de ese año, ministro de Hacienda de Pinochet. En marzo
de 1990, tras 16años y medio de régimen autoritario, Chile recuperaba la democracia.
Con el retorno a la democracia, los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, encabezados por los
presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos, tuvieron un doble desafío. Por un lado, resolver los temas
pendientes heredados del Régimen Militar, especialmente el relacionado con la problemática de cómo hacer justicia en
los casos de violación a los derechos humanos. Por otro lado, el manejo económico de los gobiernos democráticos, dio
continuidad al modelo instaurado durante los años del Régimen Militar, aunque aumentando el gasto en áreas sociales
como salud y educación.

Los Derechos Humanos
Respecto a la temática de los derechos humanos, durante el primer gobierno democrático, el Presidente Aylwin creó la
Comisión Verdad y Reconciliación, más conocida por el nombre del jurista que la dirigió, Raúl Rettig. La llamada
“Comisión Rettig”, compuesta por personeros de todas las tendencias políticas, estableció la verdad sobre los crímenes
políticos cometidos entre los años 1973-1990. Las Fuerzas Armadas y particularmente el Ejército, aún dirigidas por
Augusto Pinochet, se resistieron a reconocer validez al documento final emitido por la comisión. Años más tarde, en
1998, a raíz de la detención de Pinochet en Londres, acusado de crímenes contra la humanidad, los distintos sectores del
país reconocieron la necesidad de resolver judicialmente el caso de los detenidos-desaparecidos. La “Mesa de diálogo”,
en donde uniformados y abogados defensores de derechos humanos conversaron por primera vez, terminó con el
reconocimiento de parte de las Fuerzas Armadas de los crímenes cometidos. Así, una nueva generación de jueces
comenzó a investigar, dando pasos significativos en el castigo a los responsables de las violaciones a los derechos
humanos. El 13 de agosto del año2003 se dio un nuevo paso, no exento de polémica, al darse a conocer una propuesta
de solución y reparación a los casos de violaciones a los derechos humanos que incluyó a las víctimas de tortura. El
documento fue elaborado por una comisión de gobierno sobre la base de las proposiciones de los partidos políticos, de
las organizaciones de Derechos Humanos y de las agrupaciones de las víctimas y familiares.

CUESTIONARIO:

1.- Describa la situación crítica de 1973, previo al golpe de estado.

2.- ¿Cómo se gesta la idea de dar un golpe de estado?

3.- ¿Qué fundamentos exponen las fuerzas armadas para dar el golpe?

4.-¿Qué organismos violaron los derechos humanos y, como procedieron?

5.-Explique brevemente el modelo económico neoliberal impuesto en Chile.

6.-Para dar legalidad al gobierno de las fuerzas armadas se propuso una nueva constitución. ¿Cuáles fueron las
principales propuestas de esta constitución? Y ¿Cómo se aprobó?

7.-Describa como se desarrollaron las protestas, como se llega al plebiscito de 1988 y cuál fue su resultado.

8.-¿Cómo se recupera la democracia?

9.-¿Cómo se investigan las violaciones a derechos humanos?