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El ensayo, para escribir

Joaquín Peña
Es natural que quien nunca ha escrito un ensayo, encuentre dificultades cuando intente hacerlo.
Pero en el caso presente, las dificultades no provienen del ensayo, como se acostumbra a decir en
los medios estudiantiles y, en general, entre el público que se ve abocado a escribir uno, sino de la
incompetencia de la persona; de su falta de, primero, saber escribir y, despus, saber escribir
ensayos. Porque saber escribir y saber escribir ensayos es algo que se aprende como se aprende a
mane!ar la cuchara para llevarla alternativamente a la boca y al plato en un movimiento continuo,
así unos la co!an con el pulgar, el índice y el cora"#n, y otros la agarren atravesando el cabo en
toda la mano como si no fuera una cuchara sino un machete. $as palabras que siguen no tienen el
prop#sito de enseñar a elaborar un ensayo; s#lo pretenden acercar ante un lector m%s o menos
desconocedor del tema, la noci#n de ensayo, su estructura y algunas dos ideas m%s que giran
alrededor de las mencionadas. &i el lector e'trae de aquí elementos que le permitan escribir un
ensayo, ello ser% una ganancia necesaria pero e'tra al ob!eto de este escrito.
El ensayo es una forma de escritura e'positiva (usa la e'posici#n, al contrario de otras formas
como el cuento o la novela que utili"an la narraci#n y)o la descripci#n(, de e'tensi#n muy variada
(desde una p%gina o menos hasta libros completos de m%s de cuatrocientas p%ginas(, en donde el
autor presenta su punto de vista sobre algún aspecto de la realidad (la vida, la muerte, el !uego,
las muchachas, el baile, el profesionalismo, la honrade", los comien"os de la pintura rupestre,
navegaci#n en autopistas, ley y estado, la ingeniería industrial frente al desafío econ#mico, las
matem%ticas como forma de pensar, in!usticia y violencia en la *olombia de la dcada del +, y
políticas educativas de los últimos cuatro gobiernos en *olombia, etc.(, en un escrito que tiene
introducción, desarrollo y conclusiones. &e mencionan, entonces, cuatro aspectos claves del
ensayo- naturale"a e'positiva, e'tensi#n variada, tema universal y estructura. &obre los dos
primeros no vamos a decir nada porque consideramos que no presentan problemas de
comprensi#n, aunque sobre la e'tensi#n, no s#lo de un ensayo sino de cualquier traba!o, es bueno
decir de una ve" (s#lo nos anticipamos a la pregunta del estudiante- profesor; y cu%ntas p%ginas
hay que escribir( que un escrito tiene las p%ginas que necesita; una ve" que se le haya dado el
desarrollo necesario, allí se acaba y la cantidad de p%ginas ocupadas es el número de p%ginas que
tiene; son las que se necesitaron para decir cuanto hay que decir sobre el tema escogido.
.bsrvese que la tercera característica est% dada porque el autor presenta su punto de vista sobre
algún aspecto de la realidad. Esto quiere decir que un ensayo no puede tratar sobre todos los
aspectos de un tema; ni siquiera sobre dos aspectos del mismo tema al mismo nivel de
importancia en desarrollo. /igamos que si se encuentra un ensayo que se llame como cualquiera
de los primeros siete enunciados arriba ( la vida, la muerte, el !uego, las muchachas, el baile, el
profesionalismo, la honrade"(, con seguridad, no va a tratar sobre todos los aspectos, por e!emplo,
de la vida 0origen, evoluci#n, la vida entre los esquimales, la vida cotidiana, la duraci#n de la
vida en los mineros bolivianos, alimentaci#n y vida, etc.1, sino que el ensayo tal ve" desarrolle
una de las cosas que es posible decir sobre la vida; por e!emplo, qu sentido tiene; el ensayo, en
realidad, debería llamarse El sentido de la vida. E'iste, por consiguiente, en el comien"o del
ensayo, antes de empe"ar su escritura, la necesidad de escoger un tema y, a su ve", delimitarlo; es
decir, tocarle s#lo un aspecto al tema escogido. /e la delimitaci#n que se haga del tema, depende
la e'tensi#n del ensayo. &i se escoge El origen de la vida, el ensayo resulta m%s e'tenso que si se
escoge El sentido de la vida que, fí!ese, es muy distinto a escoger este otro aspecto del mismo
tema- El sentido de la vida en el mundo occidental que, sin duda, es muchísimo pero muchísimo
m%s e'tenso que si el tema es El sentido de la vida en los 2u3a3 4a3ú.
$os dos último títulos, de paso, nos conducen a tratar otro aspecto sobre el ensayo. 56u necesita,
fundamentalmente, una persona para escribir un ensayo, descontado el hecho de que tiene que
hacerlo7 $a respuesta no es otra que saber acerca del tema. &i el autor sabe acerca del tema,
escribe su ensayo de inmediato y se acab# el cuento. &i no, tiene que investigar, averiguar,
consultar en distintas fuentes (libros, documentos gr%ficos, arquitectura, personas, etc.(. &i va a
escribir ensayos sobre los dos últimos títulos, cada uno de ellos nos presenta una posibilidad
distinta en cuanto al mtodo de investigaci#n. El primero lo podríamos desarrollar con base en
consulta bibliogr%fica (consulta de libros; de fuentes escritas(; el segundo, mirando una película
que e'iste sobre la comunidad 2u3a3 4a3ú y, sobre todo, conocindola; haciendo un estudio de
campo; visitando a la comunidad; viviendo en ella porque sobre estos indígenas, que se sepa, no
e'isten estudios. *uando la persona se enfrenta con un tema, a veces no sabe si e'iste o no
documentaci#n sobre l. Este laguito de ignorancia se navega f%cilmente. &e va a las bibliotecas y
se averigua. *uando la persona sale de la biblioteca ya sabe qu tan factible es su tema; ya sabe
qu tan reali"able es, al menos, en cuanto a la e'istencia de publicaciones que puede consultar.
El ensayo, decíamos, es un cuerpo que tiene tres partes- introducción, desarrollo y
conclusiones. 02o es del todo cierto, pero es positivo si se cree que esa estructura la tiene
cualquier tipo de traba!o y si tratamos de darle esa conformaci#n a los nuestros.1 En la
introducción pueden ir varias cosas como !ustificaci#n, motivos, metodología y otras pero es
suficiente con que sea mencionado el objetivo del ensayo. 08ase el primer p%rrafo de este
escrito1. 56u es lo que persigue el autor al escribir el ensayo7 $a respuesta enuncia el objetivo.
9odo cuanto no tenga relaci#n con el desarrollo del ob!etivo, sale; no tiene porqu estar ahí; es
impertinente. El desarrollo presenta la argumentaci#n conveniente y necesaria para conseguir el
ob!etivo. Es la penetraci#n en el tema; constituye un profundo campo de vrtigo tanto para el
autor como para el lector; se atraviesan nuevas puertas del saber; se transita por campos
desconocidos del conocimiento; el autor y el lector saben, maravillados, las m%s de las veces
complicadamente maravillados, que fuera de sus mundos e'isten otros mundos que se los apropia
mediante la escritura, mediante la lectura del ensayo. El desarrollo siempre es la parte m%s
e'tensa del ensayo. Esto, desde luego, en relaci#n con la introducción y con las conclusiones en
donde se presentan los resultados del desarrollo en relaci#n con el ob!etivo planteado, y pueden
presentarse, adem%s, consideraciones sobre otros posibles desarrollos, sobre temas o subtemas
que se deriven de los resultados.
$eamos el siguiente ensayo transcrito literalmente de una revista Cromos donde apareci# como
columna-
Contra la oscuridad
1
:ctor Abad ;aciolince
<no a veces aprende m%s en las tiras c#micas que en los artículos serios. :ace algún tiempo leí
una de Justo y ;ranco que me ayud# a despo!arme de un comple!o que siempre he tenido frente a
los profesores de colegio- cuando voy a reuniones de padres de familia no les entiendo lo que me
dicen. Justo y ;ranco me ayudaron. En la tira c#mica que digo, ellos est%n pasando frente a una
guardería infantil y leen en la puerta un cartel que dice así- =$ecci#n de hoy- desarrollo de la
habilidad de comunicaci#n no verbal con nfasis en la capacidad de poner fin en forma simb#lica
y formal a una relaci#n personal en progreso mediante procedimientos sem%nticos gestuales=.
Justo le e'plica al otro- =6uiere decir que les est%n enseñando a los niños a decir adi#s con la
mano=. $os comics, para hacer reír, e'ageran; pero en este caso est%n copiando literalmente la
oscura !erga con que se e'presan hoy en día los maestros.
9odos hemos recibido circulares de los colegios. >o empie"o a leerlas y me pasa lo mismo que
con los libros de /eleu"e y de $acan- no entiendo ni !ota. 4e sueño siempre con un Justo que me
las e'plique. E? otro día a una amiga que tiene una hi!a de seis años, le escribieron en un papel
del colegio que =adquiriera los apoyos did%cticos apropiados@ porque en estos meses estaban
=implementando los mecanismos tendientes a coadyuvar en el proceso de apropiaci#n de
competencias en las capacidades de lectoescritura=. :ubo que llamar a otros padres y despus de
mucho discutir se lleg# a la conclusi#n de que lo que le estaban pidiendo era, sencillamente, un
l%pi" y un cuaderno, porque les iban a enseñar a leer y a escribir a los niños. Pero al profesor le
daba vergAen"a decir eso en cristiano y tenía que envolverlo en su lengua!e cifrado.
El uso permanente de esta !erga profesional, que complica inútilmente el lengua!e corriente, se
debe, si no estoy mal, a que a nuestra universidad le cay# una peste afrancesada- creer que para
1
Abad ;aciolince, :ctor, Contra la oscuridad. En revista *romos; &antaf de Bogot%; 0CDDE(?F(
GD(1 HC.
ser profundos hay que ser oscuros, creer que lo muy culto, lo muy inteligente, es lo poco claro, lo
estrictamente tcnico. En esta escuela de oscuridad se forman muchos de nuestros maestros y de
ahí su tendencia a usar palabras rebuscadas, casi ridículas por altisonantes.
Esta peste es m%s dañina en la escuela que en cualquier otra instituci#n, porque si un requisito se
le debe e'igir, antes que cualquier otro, a un profesor, es el de ser claro. $a primera virtud que
debe cultivar un maestro 0y por supuesto los maestros de maestros1 es la claridad. Entendernos,
con palabras sencillas, haciendo simple lo comple!o. :ay, es verdad, materias que son difíciles,
comple!as; pero yo no me refiero a la comple!idad intrínseca que tienen, por e!emplo, las
nociones de la física cu%ntica. $a comple!idad que hay que combatir es esa comple!idad adicional
e inútil que se pone muchas veces en las materias humanísticas, y cuyo único fin es deslumbrar
con grandes palabras en ve" de iluminar con palabras simples.
El gran fil#sofo Bertrand Iussell era profundo y claro al mismo tiempo y e'igía ante todo que las
cosas se plantearan de una manera comprensible para todos. $o que no se puede decir claramente
es porque no se lo ha pensado claramente. :ablar y escribir no es poner acerti!os, adivinan"as ni
adornos complicados; es comunicarse con otros, hacerlos que participen de lo que pensamos.
$a sospecha que se siente al ver que los profesores se escudan en la oscuridad es que tal ve" en el
fondo, est%n envolviendo su ignorancia o su pobre"a de ideas en grandes palabras. &i un rector
dice- =la concreci#n de los ob!etivos se podr% alcan"ar en la medida que las concepciones
e'istentes al interior del discurso escolar representen los elementos m%s conspicuos del
estamento=, es posible 0es seguro1 que los oyentes o lectores no le entiendan nada. Pero como
todos somos inseguros y el rector es una autoridad, tendemos a atribuirnos a nosotros la
incapacidad de comprender el seguramente hondísimo planteamiento del rector. En cambio
deberíamos ser capaces de denunciar seme!ante esperpento y e'igir que se nos aclaren los
trminos, que nos hablen en una lengua comprensible. Es necesario un niño inocente que al fin
sea capa" de gritar que el rey est% desnudo, como en la famosa f%bula. Esos discursos est%n
desnudos, no tienen ningún fondo, son basura ret#rica. &i no combatimos la oscuridad no
tendremos la posibilidad de evaluar y discutir las ideas, de construir un pensamiento crítico. Esta
oscuridad desemboca en confusiJn, y la confusi#n en silencio, en ausencia de crítica, en
oscurantismo.
.bsrvese el título y su relaci#n con todas las palabras y todas las ideas del te'to. $os dos (título
y te'to( se autodelimitan. 2o se habla de la oscuridad en las casas vie!as, de la oscuridad cuando,
repentinamente, se va la lu" en la calle, en la fiesta, en el traba!o. 9e'to y título me dicen que el
aspecto único desarrollado sólo hace referencia a la oscuridad conceptual que se manifiesta en la
expresión de algunos profesores cuando, precisamente, el profesor es la persona que debe hablar
con mayor claridad.
.bsrvese la estructura. El escrito tiene seis p%rrafos. En el primero, el autor introduce el tema,
plantea el ob!etivo mediante una ancdota simp%tica; segundo, tercero, cuarto y quinto son
p%rrafos de desarrollo. &e adentran en el tema, se insiste en la !erga oscura de los maestros 0G1, se
propone una e'plicaci#n 0K1, se enuncian los males y la necesidad de que los profesores utilicen
una e'presi#n clara 0L1, se recurre a una autoridad para desarrollar m%s el tema 0H1. En el último,
0J1, como conclusi#n, se hacen algunas propuestas y se termina con una afirmaci#n que, en cierta
medida, se fuga del tema aunque deriva directamente de l. &i continuamos siendo oscuros en la
e'presi#n, no podremos tener un mundo ni limpio ni claro. En otros trminos, la e'presi#n no es
s#lo cuesti#n de palabras sino tambin y, sobre todo, de los mundos reales, del mundo real que
est% dicho por esas palabras con la actuaci#n decisiva de la mente y que corresponde al mundo de
los seres humanos, y al mundo que ellos construyen, proponindoselo o no.
.bsrvese la manera como est% escrito este ensayo. El primero y el último p%rrafos introducen
ancdotas y citas. Elementos como esos dotan de equilibrio y de unidad a un escrito. > esos
mismos elementos m%s otros como el tipo de oraci#n utili"ada, la e'tensi#n de los p%rrafos, la
naturale"a de la argumentaci#n, la concepci#n e'presada, etc. constituyen lo que se llama el
estilo. 6uien no haya escrito, que no se preocupe por el estilo. 2o lo tiene. 2o se sabe c#mo
camina quien no ha dado ni un paso. Munque, finalmente, se termine caminando como el pap% y
la mam% con algún cambio personal; menos encorvado; con el movimiento de los bra"os m%s
rítmico, en fin. Msí, las personas terminan escribiendo como escriben sus padres intelectuales con
algunos toques personales; puntuaci#n m%s correcta, integra m%s elementos de la realidad- aun
los temas difíciles, en su e'presi#n, son claros; en fin. Esto conduce a decir que no hay un estilo
sino que e'isten estilos; corrientes estilísticas. Pero lo importante, por ahora, es que hay que
hacerse a un estilo o perfeccionar el que se trae o el que late dentro de cada quien pues nadie es
virgen de palabras.
.bsrvese, por último, que el ensayo transcrito parece y aparece como la e'presi#n del punto de
vista del autor sobre un único aspecto de un tema; es decir, como algo muy personal. *omo que
da la impresi#n de que el autor no consult#, ni investig#, ni pregunt# para escribir su te'to, sino
que ste surgi# de las cosas que el autor ya tenía incorporadas a su ser, a su conocimiento. &in
embargo, miremos que había leído a Justo y ;ranco; ha leído comunicaciones de los profesores;
conoce a Nla peste afrancesada@ de hablar enredado; ha leído a Bertrand Iussel y sabe, como un
fil#sofo, que las palabras construyen tambin a los mundos del hombre. /esde esta perspectiva,
como que escribir un ensayo es f%cil. &í; y lo es; pero no tanto.
Iecurdese que en el segundo p%rrafo fueron mencionados posibles temas de ensayos y que en el
tercero retomamos siete. &i este escrito es una especie de ensayo, 5qu pas# con los otros7 5Para
qu fueron mencionados7 5*u%l es su pertinencia7 8eamos.
$os temas Nolvidados@ son los siguientes- los comien"os de la pintura rupestre, navegaci#n en
autopistas, ley y estado, la ingeniería industrial frente al desafío econ#mico, las matem%ticas
como forma de pensar, in!usticia y violencia en la *olombia de la dcada del +, y políticas
educativas de los últimos cuatro gobiernos en *olombia. &i comparamos a estos con los siete
primeros, veremos algunas diferencias. $os anteriores (la vida, la muerte, el !uego, las
muchachas, el baile, el profesionalismo, la honrade"( son m%s generales aunque como materia de
ensayo, ya qued# dicho, s#lo sea desarrollado uno de sus aspectos; generan un ensayo de tipo que
parece personal y filos#fico; y que, en apariencia, su escritura no demand# estudio. En tanto que
los temas que ahora nos conciernen dan la impresi#n de ser m%s concretos; m%s aterri"ados; m%s
precisos; generan un ensayo de tipo impersonal; y, en su reali"aci#n, se hace evidente la consulta
y el estudio de fuentes de informaci#n sobre el tema. 9iene, como ensayo que es, la misma
estructura referida con anterioridad pero introduce constancias de su veracidad. $leva, entonces,
citas, notas de pie de p%gina, ane'os, sin e'cluir el fundamental de estos- la bibliografía. Este tipo
de ensayo se parece a los traba!os acadmicos y)o al contrario. En la realidad, muchas veces se
borran los límites entre el traba!o acadmico, el ensayo impersonal y el ensayo personal. Podría
decirse que, en la medida en que este ensayo se escribe mediando la consulta de fuentes de
informaci#n, su elaboraci#n es f%cil; y sí; lo es. Pero no tanto.
Es hora de recurrir al e!emplo que tiene, es la pretensi#n, virtud aclaratoria-
La estrategia de las fusiones de empresas en el país
$a finalidad del siguiente ensayo no es otra que confirmar la tendencia que se presenta en el país
hacia la fusi#n de empresas como respuesta a los desafíos planteados por los procesos de
globali"aci#n de la economía y, por lo tanto, de apertura econ#mica. Ml respecto, el profesor de la
<niversidad *entral, Ien 4ora dice que *olombia Nha entrado en el desarrollo e
implementaci#n de estrategias de crecimiento diferentes a las tradicionales, que le permitan
disminuir la distancia econ#mica que lo separa de los países industrial y tecnol#gicamente m%s
avan"ados@. > agrega enseguida-
Es así como hoy por hoy nuestras empresas utili"an estrategias de crecimiento
que, aun cuando han e'istido de tiempo atr%s en otras latitudes, poco se han
usado en nuestro medio. Estrategias de gesti#n utili"adas en el pasado como la
e'pansi#n de la capacidad de planta y e'plotaci#n de nuevos mercados; la
diversificaci#n de productos o especiali"aci#n en los mismos; integraciones
verticales hacia atr%s o hacia adelante, se est%n constituyendo en los
instrumentos de apoyo estratgico para el crecimiento que se viene
desarrollando en nuestro país a travs de las fusiones. 04ora, CDDE, KD1.
Estas afirmaciones fueron hechas en el mes de octubre por el profesor mencionado. /e octubre a
finales de enero de CDD+, algunas publicaciones peri#dicas confirman que las fusiones son un
fen#meno que no s#lo se presenta en el sector privado, sino tambin en el público.
*uando el profesor 4ora hacía su afirmaci#n acerca de las fusiones como una tendencia
estratgica empresarial y financiera que tomaba fuer"a en nuestro país, apenas se hablaba de la
fusi#n entre el Banco de *olombia y el Banco ?ndustrial *olombiano. :oy est% sellada. NEn total
el B?* pagar% JJK millones de d#lares por el C,, por ciento del Bancolombia@ 08alds, CDDE, KK1
y, según Jorge $ondoño, presidente del B?*, en diciembre ya le estaban buscando nombre a la
nueva entidad y tratando de resolver los tres problemas que, según el mismo $ondoño, presenta
una fusi#n- el tecnol#gico, el mane!o de sucursales y la integraci#n de los traba!adores. 0?bid, KL1
$as siguientes noticias escuetas confirman la presencia del fen#meno entre nosotros-
(El Banco &antander y la compañía de financiamiento comercial ?nvercrdito fueron fusionados.
G
(El grupo 4e'icano /ataflu', del consorcio 9elevisi#n M"teca, el mayor distribuir de inform%tica
en 4'ico, compra el EH por ciento de la empresa colombiana 4a3ro *#mputo, el mayor
distribuidor de computadores en *olombia. &e agrega que la estructura de la 4a3ro *#mputo no
cambiar%.
K
($as empresas Endesa de España y Enersis y *hilectra de *hile colocaron G.CE+ millones de
d#lares en la Empresa de Energía de Bogot%.
L
(El banco &antader de España compr# el HHO de Bancoquia.
H
(<n año antes, el banco tambin español Bilbao 8i"caya se había hecho al control del Banco
Panadero.
J
(El banco brit%nico &tandart *hartered compr# el JE.K,O del E'tebandes cuya ra"#n social es
ahora Banco &tandart *hartered de *olombia.
E
(4archa una megaalian"a que integra el Banco de Bogot%, el Banco de .ccidente y el Banco
Popular, la *orporaci#n de ahorra y vivienda $as 8illas y Mhorram%s.
+
(Mrgentaria Participaciones ;inancieras &.M. de España compr# el KHO (QH,.LJ, millones( de
*olfondos &.M., la tercera administradora de pensiones y cesantías del país.
D
2
Revista Cromos. Santafé de Bogotá (1998,12,15,)102
3
Revista Cambio Colombia. Santafé de Bogotá. No. 238, (1998,12,15) 8688
!
"e# 1, $. 106.
5
%&id. $.102.
6
%&id.
'
El Salmón dia#io e(on)*i(o de El Espectador. Santafé de Bogotá. (1998115) 3B+
(o,-*nas !6.
8
.$. /it. (1998118) 2B+ (o,s. 3!. 0n e, *o*ento de te#*ina# este ensa1o 19981' -na
$#o$aganda de te,evisi)n (on2#*a ,a #ea,i3a(i)n de esta a,ian3a. An-n(ia a A"A4.0s $osi&,e
5-e $a#a e, (aso no se t#ate de -na f-si)n, ent#e ot#as (osas, $o#5-e todas ,as entidades 5-e
se -nie#on $e#tene(6an 1 $e#tene(en a, *is*o d-e7o. 0, 558 de ,a 9,ti*a, A:o##a*ás, f-e
ad5-i#ido e, a7o $asado $o# 110 *i,,ones de d),a#es. ("e# 1, $. 110)
9
.$. /it. (199'12...)
(@*olpatria determin# fusionar en una sola instituci#n la financiera, la corporaci#n de ahorro y
vivienda y el banco.@
C,
(*arva!al compr# el E,O (+, millones de d#lares( de las acciones de la Productora de Papeles
(PI.PM$(.
CC
El diario El Espectador del CL de diciembre public# este titular en primera p%gina y a cuatro
columnas- P.B?EI2. NMI4M@ <2 &<PEI PI<P. ;?2M2*?EI. .;?*?M$, y dedic# tres
p%ginas de su diario econ#mico El salmón del mismo día a dicho asunto. &egún la informaci#n,
se prepara la formaci#n de un pool entre $a Previsora, que ya había adquirido &eguros *a!a
Mgraria, el B*: y el Banco del Estado con el fin de constituirse en entidades m%s grandes, m%s
competentes y m%s capaces de sobrevivir y competir con las entidades del sector privado. >, de
paso, mane!ar con eficiencia los QK,,.,,, millones que recibe mensualmente de los &eguros
&ociales.
En menos de tres meses, la prensa nos anuncia una docena de operaciones en el mundo de las
finan"as que indican a las claras, entre otras cosas, que la estrategia de las fusiones est% de moda.
*laro que, adem%s, dicha estrategia tambin puede estar mostrando que el país (no tenemos los
datos para hacer la afirmaci#n acerca de que lo mismo acontece en el mundo( atraviesa por un
momento de reacomodamiento de las relaciones econ#micas, marcado por un significativo y
habría que ver si preocupante proceso de oligopoli"aci#n de la economía.
BIBLIOGR!"
C. 4.IM I. Ien $eonardo. N;usi#n de empresas@. En revista Hojas Administrativas. &antaf
de Bogot%. 2o. + 0CDDE(CG1 KD(LC.
G. 8M$/R&, *ristina $ucía. NMrranca la megafusi#n@. En revista Cambio Colombia. &antaf de
Bogot%. 2o. GKC. 0CDDE(CC(CE1 KG(KL.
K. Ievista Cambio Colombia. &antaf de Bogot%. 2o. GK+, 0CDD+, CG, CH1.
L. Ievista Cromos. &antaf de Bogot% 0CDD+, CG, CH,1.
H. El almón diario econ#mico de El Espectador. &antaf de Bogot%. 0CDDE(CG(CL1.
10
.$. /it. (199'121!) 6B+ 2.
11
%&id. 'B+ 5. "e# 1 $. 111
J. El almón diario econ#mico de El Espectador. &antaf de Bogot%. 0CDDE(CG(...1.
E. El almón diario econ#mico de El Espectador. &antaf de Bogot%. 0CDD+(C(CH1.
+. El almón diario econ#mico de El Espectador. &antaf de Bogot%. 0CDD+(C(C+1.
Es preciso mirar la manera como van las citas cortas y las citas largas; las diversas formas de
hacer los llamados 0que en el e!emplo anterior, como ilustraci#n, combina las distintas
posibilidades pero que en un ensayo debe utili"ar s#lo una de ellas1; la forma de escribir la
bibliografía. .bsrvese, igualmente, que mantiene la estructura conformada por un p%rrafo de
introducción, p%rrafos de desarrollo y uno final de conclusión.
En general, entonces, escribir ensayos es f%cil. &í; pero no tanto. Esto, mientras no se sepa
escribir ensayos. > cuando ya se sabe escribir ensayos, resulta que cada ensayo es distinto y sus
e'igencias son, por lo tanto, diferentes. Pero, de todas maneras, si ya mane!amos conceptos,
estructuras, delimitaci#n de temas y subtemas, si ya no cometemos la barbaridad de llamar a
nuestro ensayo la prostituci#n, la drogadicci#n, el alcoholismo o la administraci#n, el camino
ser% cada ve" menos tortuoso y sí m%s e'pedito, fructífero y hasta placentero. M ensayar, pues.
El #i$o pródigo
1%
&usan &ontag
&upongo que debo empe"ar por hacer una declaraci#n de inters.
$os ensayos ingresaron en mi vida de lectora preco" y apasionada de una manera tan natural
como lo hicieron los poemas, los cuentos y las novelas. Estaba Emerson al igual que Poe, los
12
Pr#logo al volumen 9he Best Mmerican Essays of CDDG. 9raducci#n de Mndrs :oyos. Iev. El 4alpensante,
enero(febrero, CDDE
prefacio, de &haS al igual que sus pie"as teatrales, y un poco despus los Ensayos de tres
d!cadas de 9homas 4ann, y =$a tradici#n y el talento individual= de 9. &. Eliot en paralelo con
"a tierra bald#a y "os cuatro cuartetos$ y los prefacios de :enry James al igual que sus novelas.
<n ensayo podía ser un evento tan transformador como una novela o un poema. <no terminaba
de leer un ensayo de $ionel 9rilling o de :arold Iosenberg o de Iandall Jarrell o de Paul
Poodman, para mencionar apenas unos cuantos nombres norteamericanos, y pensaba y se sentía
diferente para siempre.
Ensayos con el alcance y la elocuencia de los que menciono son parte de la cultura literaria. >
una cultura literaria (esto es, una comunidad de lectores y escritores con una curiosidad y una
pasi#n por la literatura del pasado( es !ustamente lo que no se puede dar por sentado en la
actualidad. :oy es m%s frecuente que un ensayista sea un ironista dotado o un t%bano, que un
sabio.
El ensayo no es un artículo, ni una meditaci#n, ni una reseña bibliogr%fica, ni unas memorias, ni
una disquisici#n, ni una diatriba, ni un chiste malo pero largo, ni un mon#logo, ni un relato de
via!es, ni una seguidilla de aforismos, ni una elegía, ni un reporta!e, ni...
2o, un ensayo puede ser cualquiera o varios de los anteriores.
2ingún poeta tiene problemas a la hora de decir- soy un poeta. 2ingún escritor de ficci#n duda al
decir- estoy escribiendo un cuento. El Npoema@ y el Ncuento@ son formas y gneros literarios
todavía relativamente estables y de f%cil identificaci#n. El ensayo no es, en ese sentido, un
gnero. Por el contrario, =ensayo= es apenas un nombre, el m%s sonoro de los nombres que se da a
una amplia variedad de escritos. $os escritores y los editores suelen denominarlos =pie"as=. 2o se
trata solamente de la modestia o de la informalidad de los norteamericanos. <na cierta actitud
defensiva rodea en la actualidad la noci#n de ensayo. > muchos de los me!ores ensayistas de hoy
se apresuran a declarar que su me!or traba!o ha de encontrarse en otro lugar- en escritos que
resultan m%s =creativos= 0ficci#n, poesía1 o m%s e'igentes 0erudici#n, teoría, filosofía1.
*oncebido con frecuencia como una suerte de precipitado a posteriori de otras formas de
escritura, el ensayo se define me!or por lo que tambin es (o por lo que no es. El punto lo ilustra
la e'istencia de esta antología, ahora en su sptimo año. Primero fueron "os mejores cuentos
norteamericanos. $uego, alguien pregunt# si no podríamos tener tambin "as mejores pie%as
cortas (5de qu7 (de no ficci#n
$a m%s e'acta de las definiciones del ensayo, así como menos satisfactoria, es la siguiente- un
te'to en prosa corto, o no tan largo, que no cuenta una historia.
> sin embargo se trata de una forma muy antigua (m%s antigua que el cuento, y m%s antigua,
cabría sostenerlo, que cualquier narraci#n de largo aliento que pueda llamarse en propiedad una
novela. $a escritura ensayística surgi# en la cultura literaria de Ioma como una combinaci#n de
las energías del orador y del escritor de cartas. 2o s#lo Plutarco y &neca, los primeros grandes
ensayistas, escribieron lo que lleg# a ser conocido como ensayos morales, con títulos como
=&obre el amor a la rique"a=, =&obre la envidia y el odio=, d =&obre el car%cter de los
entrometidos=, =&obre el control de la ira=, =&obre los muchos amigos=, =&obre c#mo escuchar
discursos= y =&obre la educaci#n de los niños= (esto es, prescripciones confiadas de lo que han de
ser la conducta, los principios y la actitud(, sino que asimismo hubo ensayos, como el de Plutarco
sobre las costumbres de los espartanos, que son puramente descriptivos. > su =&obre la malicia de
:er#doto= es uno de los e!emplos m%s tempranos de un ensayo dedicado a la lectura cuidadosa
del te'to de un maestro- es decir, lo que llamamos crítica literaria.
El proyecto del ensayo e'hibe una continuidad e'traordinaria, que casi se prolonga hasta el día de
hoy. /ieciocho siglos despus de muerto Plutarco, Tilliam :a"litt escribi# ensayos con títulos
como =&obre el placer de odiar=, =&obre los via!es emprendidos=, =&obre el amor a la patria=,
=&obre el miedo a la muerte=, =&obre lo profundo y lo superficial=, =$a prosa de los poetas= (los
t#picos perennes(, así como ensayos sobre temas sesgadamente triviales y reconsideraciones de
grandes autores y eventos hist#ricos. El proyecto del ensayo inaugurado por los escritores
romanos alcan"# su clíma' en el siglo F?F. 8irtualmente todos los novelistas y poetas
decimon#nicos prominentes escribieron ensayos, y algunos de los me!ores escritores del siglo
0:a"litt, Emerson1 fueron principalmente ensayistas. ;ue tambin en el siglo F?F cuando una de
las transposiciones m%s familiares de la escritura ensayística (el ensayo disfra"ado de reseña
bibliogr%fica( obtuvo su lugar de privilegio. 0$a mayoría de los ensayos importantes de Peorge
Eliot fueron escritos como reseñas bibliogr%ficas en el &estminster 'evie(). Ml tiempo que dos
de las me!ores mentes del siglo, Uier3egaard y 2iet"sche, podrían considerarse practicantes del
gnero (m%s conciso y discontinuo en el caso de 2iet"sche; m%s repetitivo y verboso en el de
Uier3egaard.
Por supuesto que calificar de ensayista a un fil#sofo es, desde el punto de vista de la filosofía, una
degradaci#n. $a cultura regentada por las universidades siempre ha mirado el ensayo con
sospecha, como un tipo de escritura demasiado sub!etiva, demasiado accesible, a duras penas un
e!ercicio en las bellas letras. El ensayo, en tanto contrabandista en los solemnes mundos de la
filosofía y de la polmica, introduce la digresi#n, la e'ageraci#n, la travesura.
<n ensayo puede tratar el tema que se quiera, en el mismo sentido en que una novela o un poema
pueden hacerlo. Pero el car%cter afirmativo de la vo" ensayística, su liga"#n directa con la
opini#n y con el debate de actualidad, hacen del ensayo una empresa literaria m%s perecedera.
*on unas cuantas e'cepciones gloriosas, los ensayistas del pasado que s#lo escribían ensayos no
han sobrevivido. En su mayor parte, los ensayos de otros tiempos que todavía interesan al lector
educado pertenecen a escritores que nos importaban de antemano. <no tiene la oportunidad de
descubrir que 9urgueniev escribi# un inolvidable ensayo(testimonio contra la pena capital,
anticip%ndose a los que sobre el mismo tema escribieron .rSell y *amus, porque tenía presente a
9urgueniev como novelista. /e Pertrude &tein nos encantan =6u son las obras maestras= y sus
Conferencias sobre Am!rica porque &tein es &tein es &tein.
2o es s#lo que un ensayo pueda tratar de cualquier cosa. Es que lo ha hecho con frecuencia. $a
buena salud del ensayo se debe a que los escritores siguen dispuestos a metrseles a temas
e'cntricos. En contraste con la poesía y la ficci#n, la naturale"a del ensayo reside en su
diversidad (diversidad de nivel, de tema, de tono, de dicci#n. 9odavía se escriben ensayos sobre
la ve!e" o el enamoramiento o la naturale"a de la poesía. Pero tambin los hay sobre la cremallera
de Iita :aySorth o sobre las ore!as de 4ic3ey 4ouse.
M veces el ensayista es un escritor que se ocupa m%s que todo de otras cosas 0poesía y ficci#n1,
que tambin escribe... polmicas, versiones de via!es, elegías, re(evaluaciones de predecesores o
rivales, manifiestos de autopromoci#n. &í. Ensayos.
M veces =ensayista= puede no ser m%s que un eufemismo solapado para =crítico=. > claro, algunos
de los me!ores ensayistas del siglo FF han sido críticos. $a dan"a, por e!emplo, inspir# a Mndr
$evinson, a EdSin /enby y a Mrlene *roce. El estudio de la literatura ha producido una vasta e
constelaci#n de grandes ensayistas (y aún los produce, a pesar del acaparamiento que sobre los
estudios literarios ha hecho la academia.
M veces el ensayista es un escritor difícil que ha condescendido feli"mente, a la forma del ensayo.
:abría sido deseable que otros de los grandes fil#sofos, pensadores sociales y críticos culturales
europeos de comien"os del siglo FF hubieran imitado a &immel, .rtega y Passet, y Mdorno, los
cuales probablemente se leen hoy con placer apenas en sus ensayos.
$a palabra ensayo bien del francs essai, intento Vy muchos ensayistas, incluido el m%s grande de
todos, 4ontaigne han insistido en que una seña distintiva del gnero es su car%cter apro'imativo,
su suspicacia ante los mundos cerrados del pensamiento sistem%tico. 2o obstante, sus rasgo m%s
marcado es la tendencia a hacer afirmaciones de un tipo y otro.
Para leer un ensayo de la manera apropiada, uno debe entender no solamente lo que argumenta,
sino contra qu o contra quin lo hace. Ml leer ensayos escritos por nuestros contempor%neos,
cualquiera aporta con facilidad el conte'to, la polmica pública, el oponente e'plícito o implícito.
Pero el paso de unas cuantas dcadas puede dificultar en e'tremo este procedimiento.
$os ensayos van a parar a los libros, si bien suelen iniciar su vida en las revistas. 02o es f%cil
imaginar un libro de ensayos recientes pero inditos todos1. Msí, lo perenne se viste
principalmente de lo t#pico y, en el corto pla"o, ninguna forma literaria tiene un impacto de
seme!ante fuer"a e inmediate" sobre los lectores. 4uchos ensayos se discuten, debaten y suscitan
reacciones en un grado que a los poetas y los escritores de ficci#n a duras penas les cabe envidiar.
<n ensayista influyente es alguien con un sentido agudi"ado de aquello que no se ha discutido
0apropiadamente1 o de aquello que se debería discutir 0de una manera diferente1. *on todo, lo que
hace perdurar un ensayo no son tanto sus argumentos cuanto el despliegue de una mente
comple!a y una destacada vo" prosística.
En tanto que la precisi#n y la claridad de los argumentos y la transparencia del estilo se
consideran normas para la escritura del ensayo, a seme!an"a de las convenciones realistas, que se
consideran normativas para la narraci#n 0y con la misma escasa !ustificaci#n1, el hecho es que la
m%s duradera y persuasiva tradici#n de la escritura ensayística es la que encarne el discurso lírico.
$os grandes ensayos siempre vienen en primera persona. M lo me!or el autor no necesitar%
emplear el Nyo@, toda ve" que un estilo de prosa vívido y lleno de sabor, con suficientes apartes
aforísticos, constituye de por sí una forma de escritura en primer persona- pinsese en los ensayos
de Emerson, :enry James, Pertrude &tein, Eli"abeth :ardSic3, Tilliam Pass. $os escritores que
menciono son todos norteamericanos, y se ría f%cil alargar la lista. $a escritura de ensayos es una
de las virtudes literarias de este país. 2uestro primer gran escritor, Emerson, se dedic# ante todo a
los ensayos. > stos florecen en una variedad de vertientes en nuestra cultura polif#nica y
conflictiva- desde ensayos centrados en un argumento hasta digresiones meditativas y
evocaciones.
En ve" de anali"ar los ensayos contempor%neos según sus temas (el ensayo de 8ia!es, el de crítica
literaria y otra crítica, el ensayo político, la crítica de la cultura, etc.(, uno podría distinguirlos por
sus tipos de energía y de lamento. El ensayo como !eremiada. El ensayo como e!ercicio de
nostalgia. El ensayo como e'hibici#n de temperamento. Etc,
/el ensayo se obtiene todo lo que se obtiene de la inquieta vo" humana. Enseñan"a. Elocuencia
feli" desplegada porque sí. *orrecci#n moral. /iversi#n. Profundi"aci#n de sentimientos.
4odelos de inteligencia.
$a inteligencia es una virtud literaria, no s#lo una energía o una aptitud que se pone atavíos
literarios.
Es difícil imaginar un ensayo importante que no sea, primero que todo, un despliegue de
inteligencia. > una inteligencia del m%s alto orden puede ante sí y de por sí constituir un gran
ensayo. 08alga el e!emplo de Jacques Iiviere sobre la novela, o *rismas y +inima moralia de
Mdorno, o los principales ensayos de Talter Ben!amin y de Ioland Barthes1. Pero hay tantas
variedades de ensayo como las hay de inteligencia.
Baudelaire quería intitular una colecci#n de ensayos sobre pintores, "os$ pintores que piensan.
Es este punto de vista uno quintaesencial para el ensayista- convertir el mundo y todo lo que el
mundo contiene en una suerte de pensamiento. En la imagen refle!a de una idea, en una hip#tesis
(que el ensayista desplegar%, defender% o vilipendiar%.
$as ideas sobre la literatura (al revs, digamos, de las ideas sobre el amor( casi nunca surgen si no
es como respuesta a las de otras personas. &on ideas reactivas. /igo esto porque tengo la
impresi#n de que usted o la mayoría de la gente, o mucha gente( dice eso. $as ideas dan permiso.
> yo quiero dar permiso, por intermedio de lo que escribo, a un sentimiento, una evaluaci#n o
una pr%ctica diferentes.
Rsta es, en su e'presi#n preeminente, la postura del ensayista.
>o digo esto cuando usted est% diciendo eso no s#lo porque los escritores son adversarios
profesionales; no s#lo para endere"ar la balan"a o corregir el desequilibrio de una actividad que
tiene el car%cter de una instituci#n 0y la escritura es una instituci#n1, sino porque la pr%ctica (y
tambin quiero decir la naturale"a( de la literatura arraiga inherentemente en aspiraciones
contradictorias. En literatura, el reverso de una verdad es tan cierto como esa verdad misma.
*ualquier poema o cuento o ensayo o novela que importe, que mere"ca el nombre de literatura,
entraña una idea de singularidad, de vo" singular. Pero la literatura (que es acumulaci#n( entraña
una idea de pluralidad, de multiplicidad, de promiscuidad. 9odo escritor sabe que la pr%ctica de la
literatura e'ige un talento para la reclusi#n. Pero la literatura... la literatura es una fiesta. <na
verbena, la mayor parte del tiempo. Pero fiesta, así y todo. ?ncluso a título de diseminadores de
indignaci#n, los escritores son dadores de placer. > uno se convierte en escritor no tanto porque
tenga algo que decir cuanto porque ha e'perimentado el 'tasis como lector.
Mhí van dos citas que he estado rumiando últimamente. $a primera, del escritor español *amilo
Jos *ela- =$a literatura es la denuncia del tiempo en que se vive=.
$a otra es de 4anet, quien en C++G se dirigi# a alguien que lo visitaba en su estudio de la
siguiente manera- =4uvase siempre en el sentido de la concisi#n. > luego cultive sus recuerdos;
la naturale"a nunca le dar% otra cosa que pistas (es como un riel que evita que uno se descarrile
hacia la banalidad(. :a de permanecer usted siempre el amo y hacer lo que le pla"ca. W9areas,
nuncaX W2o, nunca hacer tareasX=.
Bagatela sobre la $u&entud
:ernando 9lle"
El grupo de muchachas venía de pie, por la ancha avenida. 9raían los cabellos al aire, las cabe"as
altas, erguidas, c%ndidamente desafiadoras. Ba!o la tela de los tra!es se percibía el%stica y fina la
línea de los cuerpos, la erctil poma de los senos, el !uego e'acto de los músculos. Mvan"aban con
ritmo seguro, con paso de vencedoras, por la calle casi solitaria. 2adie las estaba observando de
cerca, y, sin embargo, condicionaban su andar y sus ademanes y su risa y sus palabras y sus
miradas, a una gentil pauta de coquetería desinteresada, como si allí, en la atm#sfera, las
estuvieran acechando muchos o!os masculinos.
>o las veía desde mi ventana. $as veía avan"ar, despla"arse sobre la vía pública con cierta gracia
instintiva de deportistas. :asta mí llegaba el rumor vago, incoherente, de sus palabras y sus risas.
2o podía entender lo que decían, pero del alboroto y la alegría deducía un tema delicioso como
ob!eto de su conversaci#n. *uando desaparecieron, me qued# una sensaci#n deliciosa de
!uventud, de salud física, de vigor natural, de tranquila y primitiva fuer"a biol#gica. $a !uventud
acababa de pasar por la calle, ba!o la preciosa y fr%gil envoltura carnal de la belle"a femenina en
perfecta sa"#n. Esas muchachas simboli"aban fuga"mente el triunfo de la vida sobre las
asechan"as del tiempo, del dolor, de la enfermedad, de la debilidad humana. &imboli"aban el
triunfo sobre las leyes que aseguran la desintegraci#n, y la fealdad, y la decadencia, y la muerte.
&u paso moment%neo ba!o mi ventana, garanti"aba, tambin moment%neamente, la circunstancial
vigencia de la belle"a, la perduraci#n eventual de la hermosura física, el efímero reinado del
Nsex,appeal-.
5Pero sabían ser !#venes y bellas esas lindas mu!eres7 W6uin podría decirloX .curre que la
!uventud de las mu!eres y de los hombres es un estadio de la vida en el cual se presenta de
continuo una inconsciente situaci#n de rebeldía interior, prodigiosamente absurda. *onsiste en
que muchachos y muchachas no quieren ser ni aparecer como tales. $es mortifica que no se crea
en la autenticidad de una e'periencia que no tienen, de una madure" de !uicio de que est%n
hurfanos, de una seguridad de conducta de que se hallan desposeídos. M los die" y ocho, a los
veinte años, se empeñan en confundir el ímpetu vital con la e'presi#n de la audacia; y en cada
aventura amorosa en que fracasan o triunfan, ven, agrandada y perfecta, una sabia estrategia del
cora"#n. 6u raro es encontrar una mu!er !oven que declare, en nombre de sus pocos años, la
inseguridad de sus sentimientos y la alternabilidad de sus pasiones. $a conciencia de ser !oven es
bastante clara por lo que se refiere a las condiciones físicas de la persona. Pero por lo que toca
con el mundo interior, no hay claridad de criterio. <n adolescente no supondr% !am%s que en la
escptica y risueña manera como los vie!os reciben la confesi#n de sus penas de amor, va
implícito el concepto de la providencial fugacidad de tales penas. *reer%, por el contrario, que en
ese gesto de benvola duda sobre la Neternidad@ del dolor, interior, hay apenas una insoportable
incomprensi#n moral, una le!anía, una distancia infinita entre dos mundos psicol#gicos, entre dos
maneras antag#nicas de entender la e'istencia.
&i en la !uventud hubiera %nimo y tiempo para refle'ionar sobre las venta!as que depara la misma
!uventud en el orden de los sentimientos, esa edad sería m%s go"osa de lo que es o puede ser en
verdad. 9odos nos hemos sentido irreparablemente desgraciados en el fondo m%s luminoso de los
dorados años de la e'istencia. 5Por qu7 Porque en esa etapa de la vida no poseemos aún el
sentido de la relatividad de los afectos y de las pasiones y los creemos eternos, estables, durables,
desafiadores del tiempo y de la vida. Por fortuna ese sentimiento de la desdicha que ensombrece
tantas horas !uveniles, tampoco es eterno. 8a pasando y alternando, cambiando de cauce, de!ando
una soluci#n de continuidad, dentro de la cual florece la epis#dica dicha de los nuevos amores, de
las nacientes alegrías.
5$as muchachas que he visto hoy y cuyo paso desata en mi %nimo estas refle'iones, son felices,
cabalmente felices en medio de su !uventud y de su belle"a7 /ebían serlo, sin duda. Pero no es
posible asegurarlo con e'actitud porque la vida humana recela una sutil fuente de dolor como
adecuado contrapunto a la felicidad y al bienestar. Esa preciosa muchacha que se adelanta por la
vida, dominadora y gr%cil, envuelta en su propia belle"a como en una atm#sfera inmaterial de la
que fluye un encanto superior y maravilloso, lleva ba!o su pecho el secreto tormento de no poseer
los cabellos de oro de una amiga, las finas manos estili"adas de otra compañera, el novio, el
amante, de una amiga. /ebería bastarle con su propia belle"a para ser dichosa, !uvenilmente
dichosa. Pero la norma de la !uventud es la inconformidad, la insatisfacci#n. >, de seguro, la
norma general de la e'istencia humana en la tierra.
9al ve" descendiendo un poco m%s en la escala "ool#gica, y llegando al reino de nuestros
hermanos inferiores, los animales, trope"amos con un salva!e paraíso del que est% proscrita la
inconformidad en su sentido moral y psicol#gico. $a inconformidad de las bestias feroces y de
las que no son feroces, tiene un acicate menos cruel y despiadado que la de las criaturas humanas,
como que obedece a un instinto esencial de la especie- defender la propia vida, alimentarse,
subsistir físicamente. $a inconformidad de los humanos, de las mu!eres, se apoya en la vanidad,
en un criterio especial de lo que debe ser la propia y la a!ena belle"a, el confort, la elegancia, la
rique"a, la coquetería, el amor, la seducci#n, el matrimonio, la familia. Estimulada por estos
agentes m%s o menos sub!etivos, m%s o menos discernibles y reales, la inconformidad de hombres
y mu!eres, resulta mucho m%s catastr#fica, m%s dolorosa, m%s agobiadora y tremenda en sus
consecuencias que la de los animales. El dolor de una mu!er !oven que no puede ser tan bella, ni
tan efica" en el e!ercicio de su belle"a, como otra mu!er !oven, no tiene par en el cosmos
psicol#gico.
/e la !uventud se ha dicho que es caudalosa generosidad. 2ada m%s ine'acto. $a !uventud no es
generosa, sino radicalmente hostil e intransigente. /esde luego, ese espect%culo de la
intransigencia y de la inconformidad tiene su hermosura y atractivo intrínsecos. Pero implica una
fiera batalla, a veces inútilmente salva!e, que s#lo cesa con la ve!e". &i las mu!eres !#venes que
sufren secreta, hondamente, con la belle"a a!ena de sus amigas y adversarias, con el 'ito
sentimental de sus compañeras, alcan"aran a refle'ionar un poco sobre la inanidad incuestionable
de ese sufrimiento, hallarían muchas ra"ones para la conformidad, y se tornarían generosas. Pero
la !uventud no ra"ona, y si ra"onara demasiado, el mundo se tornaría de una insoportable
seriedad, perdería el encanto que se deriva de la desconcertante y feral batalla silenciosa de los
instintos, las pasiones y los sentimientos que proliferan maravillosos, ca#ticamente, en esa edad
insegura.
/entro de unos años (5cu%ntos años7( es posible que vuelva a ver a estas muchachas que hoy
pasaron ba!o mi ventana luciendo la fugitiva gracia de sus cuerpos y llenando la luminosa
atm#sfera de la mañana con la música !ovial de sus risas. > como es bien sabido que el tiempo no
perdona y que el dolor físico y el dolor moral son el obligado lote de las criaturas de /ios, las
encontrar a!adas, deformada la dulce línea de los cuerpos, apagado el fulgor solar de los o!os.
Entonces parecer%n las abuelas de sí mismas, y, a lo me!or, pero ya tarde, entender%n cu%nto hay
de vano en el dolor de la inconformidad !uvenil.
Car'cter (tico de la cita.
$a escritura de un ensayo implica la construcci#n de un te'to en el que alternan las voces de
autores leídos, palabras de otros, y la vo" m%s propia del autor. $o anterior supone que cuando
son otros los que est%n afirmando una idea, sta apare"ca entre comillas. &i se est% parafraseando
la idea de un autor, es necesario mencionarlo como autor. /e tal manera que en la lectura se
pueda detectar claramente cu%ndo habla un autor y cu%l es el punto de vista de quien escribe el
te'to en su con!unto.
Por ello, el uso de las comillas est% destinado a incluir en los te'tos palabras te'tuales de otro,
palabras que no pertenecen a quien escribe. <na cita puede ser utili"ada como punto de partida
para desarrollar un pensamiento propio.
$a presencia de citas no garanti"a la seriedad de un te'to. <sadas simplemente como argumento
de autoridad, sin que el conte'to !ustifique por qu se recurre a ellas, no son m%s que vana
pretensi#n. &i un te'to puede ilustrarse con una cita es porque logra sus propias ra"ones y porque
su desarrollo confluye en el sentido de la cita escogida. $o importante, entonces, es la
responsabilidad con la que se traba!e un te'to que pueda entrar en di%logo (sin someterse
simplemente al prestigio de un nombre y sin %nimo de intimidar al lector ( con las palabras de un
autor. 2o resulta conveniente plagar de citas los escritos que se producen. <na sola, bien
escogida puede ser m%s que suficiente. Puede decirse que la escritura de un ensayo pone siempre
a prueba el arte de citar.
9aller
C. $ea los te'tos- .na l#nea de sangre a trav!s del tiempo de /iana *arolina Mcosta y
El juego real de >ury 4ayerly &alinas. CLY *oncurso estudiantil ;ernando Pon"%le",
<.Mut#noma, G,,H
G. *ompare los dos puntos de vista desde los cuales hablan estas autoras y el efecto que produce
cada lectura.