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GOBERNABILIDAD Y APATÍA JUVENIL EN BOLIVIA

Cristina Hurtado de Mendoza Carranza

23 años, Subdirectora de Area, Procuraduría General de la República. México DF

Cristina Hurtado de Mendoza Carranza 23 años, Subdirectora de Area, Procuraduría General de la República. México

Los grandes movimientos políticos de la historia, desde las pequeñas revueltas hasta las grandes revoluciones, han tenido siempre entre sus principales componentes el conflicto generacional y la decisión de los jóvenes de asumir un papel activo en la construcción de su propio futuro y de la sociedad en la que les tocará vivir. Salvedad hecha de algunos eventos, la juventud boliviana no parece mostrar iniciativas de cambio, más allá de verbales, sobre la conflictividad política y social en el país, a pesar de que son uno de los grupos sociales más afectados por este hecho. En nuestro caso, estos hechos sociales no sólo representan tensiones entre grupos sociales, disonancias entre la sociedad y el Estado o expresiones de malestar o esperanza, sino que también son formas de ejercer la ciudadanía, son medios para ampliar y conseguir derechos individuales y colectivos, y son también procedimientos para conquistar o defender privilegios de grupo.

 

El entorno político social y actual en Bolivia

Bolivia atraviesa un periodo especialmente agudo de conflictos sociales, con la novedad de que las críticas y protestas contra la administración de Evo Morales provienen de sectores opuestos por intereses y por ideología , así como también de grupos que antes formaban su base de apoyo. Por el contrario, numerosas y a menudo violentas manifestaciones de los últimos meses han sido protagonizadas por sectores tradicionalmente afines al gobierno. Parece evidente que dichos acontecimientos sociales han marcado una nueva etapa en la relación entre el gobierno y los sectores sociales. Recordemos que el gobierno actual ha tenido discursos redistribucionistas durante toda su gestión, así como, se ha encargado de administrar la mayor parte del excedente que se obtiene por la exportación de recursos naturales, por lo tanto, la gente confiaba en que las promesas de Morales de resolver la desigualdad y las carencias iban a ser cumplidas. Sin embargo, después de 5 años, el Estado sigue siendo ineficiente y la redistribución depende cada vez más de la capacidad de cada grupo para presionar. La crisis primero financiera y luego fiscal de los países industrializados, se ha expresado también muy rápidamente en movilizaciones sociales que cuestionan el estilo de gobernar que ha prevalecido hasta ahora. Todo hace pensar que existen indicios de una crisis de gobernabilidad en Bolivia pero hay que tomar en cuenta que pese a que la popularidad del Presidente ha pasado de más del 60% cuando fue relecto en 2010 a menos del 40% en la actualidad, y pese a la efervescencia social que ha ido en aumento, no parece haber indicios de una crisis gobernabilidad en Bolivia. Ello se debe en parte a que las recientes críticas a la administración de Evo Morales

obedecen más a demandas sociales concretas resumibles, en general, en mayor gasto público que a un rechazo ideológico de su gobierno. Por otro lado, no existe indicio de la presencia de un partido más sólido que se ofrezca como alternativa ante una posible reelección del Presidente en 2014. Hay que tomar en cuenta que los conflictos sociales no ponen en duda la estabilidad del país ni la permanencia de Morales, sin embargo lo paralizan y le impiden gobernar.

Política y juventud

Admito que es controversial afirmar que la juventud boliviana responde débilmente ante los hechos políticos y sociales y generalizar dicha actitud sería incorrecto. En efecto, existen pequeñas organizaciones en los diferentes Departamentos del país que participan de

movilizaciones y cuestionan las decisiones de las altas autoridades. Sin embargo, la actitud de la mayoría de los jóvenes se basa en quejas y conformismo. Al parecer, los movimientos sociales y las discrepancias políticas son tan comunes en la vida cotidiana que pasan por desapercibidas. Los jóvenes, al no contar con referentes-guía en lo ideológico ni tampoco en los procedimientos de inserción política, caen en una participación anodina, en indiferencia o construyen sus propios espacios de interrelación. Es necesaria la construcción de modelos ideológicos en torno a los cuales pueda darse la identificación y participación política de los jóvenes. La prueba es que, en Bolivia, la poca juventud inquieta en política se encuentra en las universidades y es motivada por modelos ideológicos sustentados. Quizá el rechazo implícito o explícito a la práctica política del país no motiva a los jóvenes a seguir con interés y profundización los acontecimientos políticos, lo que no es rasgo exclusivo de la juventud pues muchos otros sectores quizá la mayoría nacional- no tiene conocimiento suficiente del tipo de trabajo político que se hace en el país. Hay notorio desinterés de los jóvenes por la política pero también indiferencia para enfrentar tal situación de parte del Estado, partidos políticos, sistemas educativos, familias y medios de comunicación, con lo que el abismo se agudiza ya que no hay quién se anime a dar los primeros pasos de acercamiento. El Estado boliviano no promueve la participación política responsable y democrática de los jóvenes y se presenta ante ellos más como un poder abusivo, corrupto y soberbio que como ente destinado teóricamente a servir a las necesidades de la población. Los partidos políticos sólo recurren al estrato juvenil de la ciudadanía cuando necesitan votos y entonces propalan indiscriminadamente mensajes propagandísticos que apuntan más a emociones y sentimientos que a niveles racionales y pensantes de un electorado que como el juvenil necesita argumentos y fundamentos para decidir sus opciones políticas. Más allá de los comicios, los partidos no hacen labor continua de acercamiento a la juventud mediante dotación de información, análisis, foros, encuentros, visitas a centros juveniles, universidades y colegios. Es cuanto a la sociedad civil boliviana, es característica de ella su poca densidad organizativa, aspecto que queda aún más remarcado en el caso de la juventud que no tiene instancias de agrupamiento en torno a modelos distintos a los partidos. Es muy escasa la participación de jóvenes en sindicatos, federaciones, comités cívicos y otras organizaciones. Los medios de comunicación en su mayoría no tienen programación especial para la información y formación política de la juventud. Buena parte de los medios consideran que los jóvenes sólo demandan shows, música, entretenimientos fáciles, diversión, sexo o concursos, y quizá los acostumbran a ello pues no se ve que de los jóvenes surja una cultura de demanda que los llevaría a exigir otro tipo de contenidos mediáticos no siempre relacionados con lo consumista o lo superfluo. En definitiva, el sistema social y político boliviano no tiene escenarios ni canales establecidos para una participación política constante de la juventud; ante ello, no se internaliza en los jóvenes la importancia de la vida en democracia con lo que el tipo de participación que ellos puedan generar es improvisada, eventual y desconectada de las estructuras institucionalizadas.

La democracia se sustenta en la participación ciudadana en política. De nada sirve un reconocimiento formal de voto a partir de los 18 años de edad, si este va a ser un voto obligado que no representa sustento en la conciencia y participación genuina de los ciudadanos. La

juventud que sólo vota reproduce un esquema de democracia formal y “comicial” que está

demostrando no ser suficiente para avanzar en los procesos necesarios de profundización democrática en el país. En las circunstancias actuales es poco probable que se produzca renovación de liderazgos políticos portadores de visiones de país diferentes a las desgastadas con las que

nos enfrentamos hoy en día. Los liderazgos se construyen en las prácticas y las reflexiones permanentes, en la constitución de grupos, de movimientos circundantes a proyectos comunes, a sueños y a estrategias compartidas. Si no hay oportunidad de hacer eso, difícilmente podrán surgir torrentes de renovación ideológica y prácticas políticas. La juventud es el terreno más fértil desde donde se debe construir democracia; los jóvenes deberían ser actores prioritarios en la práctica política, a partir de sus escenarios más inmediatos y llegando hasta las instancias más importantes de definición política vinculante. No olvidemos que Bolivia es un país con predominancia juvenil en su composición poblacional. Los jóvenes, por su parte, deben tomar conciencia de la importancia de la política en una sociedad y de que la democracia necesita la participación de ellos, ante lo cual y pese a las circunstancia adversas, conviene que se organicen, debatan, generen liderazgos, exijan mayor participación política; se informen más de lo que sucede en el país, estudien y busquen nuevas opciones ya que son ellos quienes por su fuerza, sus ganas de vivir y el futuro que tienen, son los más llamados a asumir la tarea de criticar a la sociedad que heredan y empeñarse por cambiarla.