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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE NICARAGUA

UNAN- MANAGUA

FACULTAD DE EDUCACIÓN E IDIOMAS

DEPARTAMENTO DE ESPAÑOL

MAESTRÍA EN FILOLOGÍA HISPANOAMERICANA

Competencia Lingüística: la gramática (esquema de acción),


eje integrador de los enfoques lingüísticos cognitivo,
generativo, antropológico y cultural.

Trabajo de fin de curso de la asignatura Corrientes Actuales de la Lingüística.

Elaborado por. Esp. Álvaro Antonio escobar Soriano.

Managua, diciembre 14 de 2009.


La presente reflexión tiene como fin primordial presentar la gramática como el
eje vertebrador de un constructo teórico, que conjunta a los enfoques
lingüísticos cognitivo, generativo, antropológico y cultural, en una base común e
integradora que permita explicar el funcionamiento de los esquemas de acción
que los hablantes ponen en práctica cuando se interrelacionan entre sí. Antes
es necesario definir qué es gramática debido a la importancia de este término
para este esfuerzo teórico; no obstante es imperante advertir que existen
muchas definiciones de gramática que van desde el saber normativo hasta la
definición que la considera como una teoría lingüística universal.

Para este ensayo se considera la definición planteada en Lewandowsky


(1992:158), porque expresa la inmanencia de la gramática como esquema
abstracto consustancial al lenguaje:“ [es una] construcción lingüística,
estructura inmanente del lenguaje, el sistema de reglas en funcionamiento que
subyace al lenguaje”, lo cual es relevante, en cuanto en tanto es parte esencial
del funcionamiento de éste como organizador, procesador y medio entre el
individuo y la realidad social o natural que es percibida.

Si la gramática es un esquema de acción entonces habrá que definir qué es un


esquema de acción. Propongo que éste es un microsistema de conocimiento
(almacenado) estructurado en el cerebro, que impulsa a la acción a otros
microsistemas en un proceso de interrelación y conjugación de sus elementos:
conceptuales-factuales, lingüísticos, sociales, motrices, fisiológicos y
bioquímicos – que son subesquemas de acción. Entonces la gramática vista
como una estructura mental abstracta, es el motor que influye y se
interrelaciona con otros procesos mentales superiores para que el hombre
perciba, construya y modifique su realidad.

En el lenguaje están contenidas todas las posibilidades del ser humano. Así
desde una perspectiva filosófica, se puede aducir que la verdad está contenida
sólo en el lenguaje o se realiza a través de él. Sin embargo, se debe recordar
que este “ente” es humano y en ese sentido tiene características tanto
espirituales como biológicas. Sobre este último aspecto las características
principales de las propiedades biológicas del lenguaje son:
• El comportamiento lingüístico está en correlación con el desarrollo (s),
morfológico y funcional especiales.

• La aparición y desarrollo del lenguaje se produce de manera regular.

• Es posible incluso en presencia de los impedimentos más severos


(ceguera/sordera).

• Ninguna especie no humana puede aprender el lenguaje.

• Existen universales del lenguaje (gramática estándar universal).

(Hörmann 1973:18)

Todas las características anteriores llevan a pensar que el lenguaje es una


actividad (energeia no ergon en términos platónicos), que como se ha dicho
sirve de mediador entre el hombre y la realidad que aprehende. Así, el medio
(mundo) es un tabique que si se considera como sistema (con un orden y
relaciones determinados), debe relajarse (romperse) para que puedan surgir la
conciencia, la representación, el lenguaje y el saber.

El relajamiento de la ensambladura de espontaneidad y “campo vital” (la vida)


constituye el presupuesto del lenguaje. Dicho ente se considera como
estructura dinámica (esquema de acción) que es utilizado como instrumento, y
por tanto considerado un fenómeno social que presupone una actividad
teleológica racional, en tanto es realizada por el hombre. Es decir, el lenguaje
es una competencia, una capacidad real (un sistema cognoscitivo y abstracto
de conocimientos y creencias subyacentes al comportamiento y sus modos de
realizarse), una gramática, cuya existencia y desarrollo puede considerarse
dentro de los límites de lo innato y del efecto que el entorno tiene sobre su
poseedor.
Con base en las ideas anteriores, se puede extraer la siguiente deducción: la
competencia lingüística supone a la gramática como esquema de acción
esencial y consustancial en el procesamiento de información durante la
interacción entre el emisor y el receptor. Por tanto, la competencia del lenguaje
es la capacidad del hablante de una lengua materna, su conocimiento interior,
e inconsciente de su lengua. Dicho de otra manera, es la capacidad gramatical
de un hablante de estructurar cuantas frases quiera, de entenderlas, y de
decidir sobre la identidad y uso que les dará (Lewandowsky 1992:61).

Sin embargo, el uso lingüístico no ofrece información completa sobre la


competencia lingüística de un hablante o de una comunidad de habla. Sólo en
teoría se puede especular sobre la competencia del hablante ideal, si se toman
como referentes los supuestos de una gramática universal, considerada ésta
como un proceso mental producto de la actividad cerebral humana.

Así, la competencia lingüística es la capacidad lingüística de un usuario


individual para usar - su gramática - el lenguaje, (a través de la producción e
interpretación de signos), y de construir situaciones de comunicación. A la par
de esta concepción de competencia lingüística se ha desarrollado la de
competencia comunicativa, la cual se considera es la capacidad de
desempeñarse - de un hablante - con dominio en diferentes situaciones de
habla, y por lo tanto de emplear diferentes subcódigos lingüísticos, como
condición básica de dicha comunicación (Id, 1992:62). Las ideas anteriores no
sólo consideran el uso de la gramática como generadora y organizadora del
lenguaje, sino que va más allá, entra en el terreno de lo social, de los actos
lingüísticos que consideran: la situación de uso (pragmática), de las
estructuras lingüísticas, el componente lingüístico y el componente institucional
(convencional).

Del parágrafo anterior se desprenden las siguientes deducciones: es falso que


los hablantes puedan desenvolverse competentemente en todas las
situaciones de comunicación en las que se encuentre. No obstante, es
verdadero que utilizará toda su capacidad de generación gramatical para
desempeñarse de manera eficiente. Esto último lleva a retomar al concepto de
hablante ideal, lo cual incita a pensar en la gramática como un esquema
cognitivo-generativo interrelacionado con otros procesos mentales superiores,
mediante los cuales el hombre percibe, construye y modifica su realidad.

Una teoría importante sobre la consideración anterior es la propuesta por


Chomsky (1986:196), en la que propone la idea de que la gramática de una
lengua es:

Un modelo para una competencia idealizada, establece cierta relación entre sonido
y significado, entre las representaciones fonéticas y las semánticas. Podríamos
decir que la gramática de una lengua L genera un conjunto de acoplamientos (s, I),
donde s es la representación fonética de cierta señal e I es la interpretación
semántica asignada a esta señal por las reglas de la lengua.

Lo interesante de la cita anterior es el hecho de que Chomsky presenta a la


gramática como un proceso de generación de alternativas de comunicación, a
manera de acoplamientos en una suerte de diasistema lingüístico, en el cual la
gramática (sintaxis) es un esquema de acción ajustado y condicionante. Por
una parte es ajustado, en tanto pone su interés en tres tipos de
condicionamientos:

• Los que requieren la clase de representaciones fonéticas admisibles.

• Los de la clase de representaciones semántica.

• Los de los sistemas de reglas que generan representaciones fonéticas y


semánticas acopladas.

Por otra parte, es condicionante, porque al entrar en acción somete al


organismo biológico poseedor a una acción generativa sistemática determinada
(por el contexto) e indeterminada (por los procesos cerebrales), pero mediada
por él mismo, en cuanto está constituido por la información que requiere y
extrae de todo el sistema cerebral. En síntesis, siguiendo (Chomsky 1986),
unas pocas y muy obvias propiedades de este esquema de acción generan el
conjunto infinito de acoplamientos (ensamblajes sintácticos) fonéticos y
semánticos. Entonces para estudiar (descubrir) la gramática de alguien que usa
el lenguaje se debe obtener información relevante sobre las estructuras
semánticas, gramaticales y fonéticas que la persona asigna a las oraciones
(sintaxis).

El componente sintáctico es cierta clase (infinita) de objetos abstractos. Dicho


componente está estructurado, como hemos dicho, por una suerte de
diasistema lingüístico que ensambla dos componentes: una estructura profunda
y una estructura superficial. La primera, si se consideran los esquemas de
acción de los que hemos estado hablando se correspondería con los
subesquemas conceptual-factual y lingüístico, ya que contiene toda la
información relevante para la interpretación fonética. Sobre la línea de las
palabras de Chomsky (Id. 1986), los componentes semánticos y fonológicos
son puramente interpretativos. El componente semántico asigna interpretación
semántica a las estructuras profundas. El componente fonológico asigna
interpretaciones fonéticas a las estructuras superficiales y contribuye aunque
de una manera limitada, pero importante con la interpretación semántica.

Para darle acción a los componentes anteriores Chomsky refiere que el


componente sintáctico tiene que tener un número finito de esquemas de reglas
organizadas (microesquemas de acción), a fin de que permitan producir un
número infinito de acoplamientos, los cuales son las oraciones que los
hablantes producen durante sus comunicaciones.

Lo dicho hasta aquí es terreno de las primeras ideas chomskianas. Es en el


período de 1986 hasta 1994, cuando Chomsky da un paso más allá en su
teoría sobre el origen y desarrollo del lenguaje. El programa minimalista, así se
denomina esta vertiente, está basado en la teoría de Principios y Parámetros
que ofrece nuevos conceptos (aunque conserva varios de los presentados en
los postulados anteriores), e ideas que permiten reducir el grado de
redundancia de las teorías anteriores especialmente la de Rección y
Ligamento, y simplificar los movimientos generativos en el componente
sintáctico:

El programa minimalista trata, aunque de forma limitada, la cuestión de la


especificidad del lenguaje. Sugiere dónde debería surgir la cuestión: en la
naturaleza de los procedimientos computacionales de CLH y el lugar de su
variabilidad (según estoy asumiendo los rasgos formales y morfológicos del
léxicon); en las propiedades de las condiciones de salida franca; y en la cuestión
más oscura, pero muy interesante, de la naturalidad conceptual de sus principios
y conceptos.

(Chomsky, 1999:158)

Dentro de la teoría minimalista hay conceptos importantes: el de movimiento


alfa (α ) , la teoría de la huella la cual se define como rasgo, criterio θ , ο rol Z
el cual es de tipo temático. Las categorías léxicas consideradas son: nombre
[+N –V], verbo [+V –N], adjetivo [+- N] y la preposición [+- V]. Para este
programa la lengua es un ensamble que necesita ser cotejado para que pueda
haber movimiento. Algunas de las ideas esenciales son expuestas por
Chomsky (Id, 154), en estas se observa la revisión constante que esta teoría ha
tenido:

Un lenguaje particular L es una instanciación de estado inicial del sistema


cognitivo de la facultad del lenguaje con las opciones especificadas. Tomaremos
L como un procedimiento generativo que construye pares (π , λ ) que se
interpretan como “instrucciones” para los sistemas de actuación en los interfaces
articulatorio-perceptual (A-P) y conceptual-intencional (C-I), respectivamente.
π es una representación en Forma Fonética (FF) y λ es una representación de
Forma Lógica (FL), cada una de las cuales está formada por “objetos legítimos”
(…) Si se genera una representación que consta únicamente de tales objetos,
diremos que satisface la condición de interpretación plena (IP). Una expresión
lingüística de L es como mínimo un par (π , λ ) que satisfaga esta condición – y
bajo supuestos minimalistas, también como máximo, lo que significa que no hay
niveles de estructura lingüística, más allá de los niveles de interfaz FF y FL;
concretamente no hay niveles tales como estructura P o Estructura S.
En las ideas anteriores se esboza un cambio de dirección teórica. Se ha
eliminado de los planteamientos iniciales la estructura profunda y la estructura
superficial, por considerarlas inexistentes. Esto supone una simplificación
teórica, a favor de evitar complicaciones en el análisis, que propone: “(…) el
lenguaje genera tres conjuntos relevantes de computaciones el conjunto D
[sustituye las estructuras P y S], de las derivaciones, un subconjunto DC de
derivaciones convergentes de D y un subconjunto DA de derivaciones
admisibles de D. IP determina D C y las condiciones de economía seleccionan
DA” (Id,155). Se puede observar que subyace al planteamiento anterior la
aplicación deliberada del principio de economía a los conjuntos
computacionales de derivaciones DA y DC lo cual confiere mayor poder de
explicación exitosa de las transformaciones que se realizan cuando se usa el
lenguaje. Un ejemplo sencillo de lo anterior es el siguiente:
Aunque expuesta de manera sintética, en la actualidad la teoría gramatical
generativa minimalista chomskiana es una de las más convincentes que logran
dar a entender, en parte, cómo se ha desarrollado y funciona el lenguaje
humano. No obstante, comprender el uso contextual de este don que el hombre
posee, requiere de otras explicaciones que si bien, no logran aclarar del todo
este ente abstracto, permiten dar un paso más para hacerlo. La ciencia
cognitiva, que según Iglesias (2006: 15), se define como: “el estudio científico e
interdisciplinar del pensamiento”, ha hecho aportes importantes sobre el
funcionamiento y uso del lenguaje. Para lograrlo ha venido insertando en sus
descubrimientos, fundamentos cada vez más firmes y completos que integran
los procesos mentales como actividad biológica con el carácter social del
pensamiento (lenguaje), y los incluye a ambos en una perspectiva no
determinista de la condición humana.

La Lingüística cognitiva, una de las áreas que nutre a la Ciencia cognitiva con
sus teorías proporciona explicaciones del lenguaje que se integran con el
conocimiento actual de la mente humana. Esta ‘ciencia’ (se critica a la
Lingüística cognitiva por la mezcla de enfoques de los cuales nutre su teoría)
propugna, porque el uso del lenguaje debe ser explicado haciendo referencia a
los procesos mentales subyacentes en lo que denomina la teoría de la
corporeización del pensamiento, por tanto, se centra en el estudio de éste
como instrumento para organizar, procesar y expresar información. En ese
sentido, la Lingüística cognitiva se interesa por los siguientes postulados:

• Las características estructurales de la categorización del lenguaje.

 Prototipicidad

 Modelos cognitivos.

 Metáforas e imágenes.

• Los principios funcionales de la organización lingüística.

 Iconicidad (sistema de símbolos).

• Interfaz conceptual entre sintaxis y semántica.

• Relación entre lenguaje y pensamiento.

 Universalidad del lenguaje.

 Especificidad del lenguaje.

• La experiencia de uso del lenguaje.

 Trasfondo cultural

 Contexto del discurso

 Entorno psicológico del desarrollo lingüístico.


(Iglesias Id: 2006)

Se desprende de los postulados que el lenguaje es un vehículo para expresar


significado, pero ahora considerado como esquema de acción relacionado con
las demás funciones cognitivas. Por un lado, la aseveración anterior se
relaciona con los principios de la Gramática Generativa - con la cual está
emparentada y divorciada por cuestiones metodológicas - porque considera a
la gramática en tanto estructuración y simbolización del contenido semántico a
partir de la forma fonológica, el significado es fundamental y no derivado del
análisis gramatical.

Por otro lado, se aleja de dichas teorías, porque al considerar la relación entre
el lenguaje y el pensamiento, y la experiencia del uso del lenguaje, caracteriza
al lenguaje como ente dinámico que difumina las fronteras entre los diferentes
niveles del lenguaje. Lo anterior según Langacker (1987), en Cuenca y Hilferty
(1999: 19), muestra:

(…) las dificultades e inadecuaciones que resulta de la aplicación rígida de ciertas


dicotomías, como la que opone diacronía y sincronía, competencia y actuación,
denotación y connotación. La gramática es una entidad en evolución continua, “un
conjunto de rutinas cognitivas, que se constituyen, mantienen y modifican por el
uso lingüístico.

A pesar de alejarse de la gramática generativa, la idea final de la cita anterior


pone de manifiesto la importancia del generativismo, ahora minimalismo para
comprender el lenguaje en uso, pues si la gramática es un conjunto de rutinas
cognitivas, eso da pie a una vinculación directa con el componente
transformacional sintáctico que a la vez se dinamiza, porque el lenguaje no es
independiente de su poseedor, sino parte consustancial de éste, lo cual permite
ver claramente la interrelación de los subesquemas (conceptual-factual,
lingüístico y social), que conforman dicho microsistema de acción (ver
Chomsky, 2006: 229-252).
Dos corrientes gramaticales nutren los estudios cognitivos del lenguaje: la
gramática cognitiva (de Langacker, 1987, 1990a, 1991, etc) y la gramática de
construcciones (de Fillmore y Kay, 1997). La gramática cognitiva intenta poner
de manifiesto las bases semánticas de la gramática como conjunto organizado
de unidades simbólicas resultado de la asociación de un polo semántico a
uno fonológico. Extiende el concepto de unidades simbólicas a los niveles del
lenguaje incluso a la sintaxis. De tal manera, que según este enfoque, la forma
no puede estar desligada del significado, ni de la función - léxico, morfología y
sintaxis son un continuum (Cuenca y Hilferty 1999).

La visión anterior sobre la gramática remite a considerar el hecho de que el


lenguaje es una entidad dinámica y cambiante, influida por la realidad
fenomenológica natural y social. Así, cualquier cambio funcional se vincula a
modificaciones en la conceptualización y se relaciona con el diferente tipo de
implicación del hablante en la estructuración gramatical del contenido que
comunica. Sin embargo, no se debe obviar la idea generativista de la existencia
de reglas sintácticas que permiten el ensamblamiento de esa red conceptual
que el elocutor conforma según sea su relación con el medio que lo rodea.

Otro enfoque gramatical es la gramática de construcciones. El concepto de


construcción es la unidad básica de ésta gramática. Por una parte, es un
marco adecuado para explicar estructuras idiosincráticas-idiomáticas del
lenguaje, y por otra parte, analiza las construcciones como integración de
construcciones más simples. Esta concepción tiene relación con el
generativismo no transformativo, en el sentido de que se parte de unidades
más simples hasta obtener unidades más complejas, sobre las cuales basa su
método de análisis. Dicha metodología es integradora, pues conjunta en un
solo nivel de análisis: información morfológica, información sintáctica e
información semántico-pragmática (Id: 1999).
Al ser el enfoque anterior una metodología de análisis integradora puede servir
para realizar un acercamiento más detallado de la estructuración y
funcionamiento de los subesquemas de acción de la comunicación humana
propuestos al inicio de esta reflexión teórica. No obstante, otra teoría lingüística
que explica mejor la interacción entre encodecodificadores es la que ofrece la

‘Etnografía del lenguaje’. Esta se preocupa por el análisis del lenguaje, como
algo siempre presente, constante, como entidad homogénea manifestada en el
habla (Nodel 1953), en Valdés (s.a), es decir, como una realidad dinámica de
aprehensión, discusión y modificación de su ambiente vital.

Este enfoque propone que el significado de una lengua no depende sólo de la


estructura (gramática), sino de los modelos de uso: el conocimiento del código
lingüístico y el conocimiento de qué decir, a quién en cada contexto concreto
(competencia comunicativa). Lo anterior se explica, el lenguaje tiene que ser
interpretado como un instrumento para apropiarse de determinadas estructuras
noéticas (de conocimiento), y en ese entender, se debe concebir que son los
esquemas mentales de los individuos, en tanto seres comunitarios, los que
rigen el uso del lenguaje, ya que dichos modelos mentales son modelos
culturales: la visión del mundo está configurada en una complicada red de
microeesquemas, subesquemas y macroesquemas que forman modelos
mentales en el cerebro, así lo explican Jonhson-Laird (19863), en Palmer
(2000: 82):

Los modelos centrales desempeñan un papel central en la representación de los


objetos, los estados de cosas, las secuencias de acontecimientos y la forma en
que es el mundo, así como las acciones sociales y psicológicas de la vida diaria.
(…); permiten establecer inferencias y predicciones, comprender fenómenos, es
decir qué acción realizar y controlar su ejecución, y sobre todo experimentar
acontecimientos por proximidad; permiten usar el lenguaje para crear
representaciones comparables a las derivadas de la familiaridad directa con el
mundo; y relacionan las palabras con el mundo por medio de la concepción y la
percepción.
Para no abandonar el eje conductor de este ensayo (la gramática) es necesario
traer a escenario el argumento de Whorf, quien pensaba que los modelos
mentales ‘automáticos’ e involuntarios del lenguaje no son los mismos para
todos los humanos, sino que son especiales para cada lengua – esto no debe
excluir la concepción de universales gramaticales – para cada gramática. Así,
personas de diferentes culturas utilizan gramáticas diferentes y dirigen su
concepción y análisis del mundo desde esa gramática. Es decir, dos personas
de culturas o incluso comunidades lingüísticas o ideológicas diferentes tendrán
una observación y evaluación diferente de la realidad. Por lo tanto, no son
equivalentes como observadores, pues llegan a concepciones del mundo,
también diferentes (Palmer 2000), sin embargo utilizan su lenguaje para
comunicarlo, a fin de llegar a posibles acuerdos (si se piensa en traductores en
la ONU o en la sala del congreso del Nicaragua). Lo dicho anteriormente tiene
su base en la hipótesis de Sapir-Whorf, la cual explica: “(…) cada lengua tiene,
como sea, una regulación propia; cada lengua tiene su propia estructura única
de categorías gramaticales y léxicas, y crea su propia realidad conceptual
imponiendo esta estructura categorial particular sobre el mundo de las
sensaciones y experiencias”, (Lyons, 1997:133).

Entonces el fenómeno básico que determina las formas de la vida mental o


consciente se encuentra a nivel de la inconsciencia, pues la gramática en
cuanto uso, es inconsciente. Así, desde la perspectiva de la competencia
comunicativa las realizaciones fundamentales y objetivas, que consisten en
sistemas de relaciones, son el producto de los procesos inconscientes del
pensamiento. Por consiguiente (si se revisa lo que se ha planteado arriba
sobre los componentes que entran en juego para que la comunicación ocurra),
la base natural del sistema fónico – que es el desencadenante de la
comunicación - es la “estructura del cerebro”, pues es el mediador básico y la
influencia contrastiva en el pensamiento humano (Levi-Strauss 1963a,b) en
Valdés (s.a). Lo anterior plantea nuevas interrogantes surgidas al observar a
los sordomudos ¿si es la estructura del cerebro la base natural del sistema
fónico cómo piensan los sordomudos?, ¿es el componente fónico innato?,
responderlas es entrar en el terreno de la neurociencia y la metafísica, lo cual
no es objetivo de este ensayo.

El fenómeno idiomático al igual que otros fenómenos sociales, es la proyección


universal de las leyes que rigen la actividad inconsciente en el nivel de la
conciencia y del pensamiento socializado. Son las leyes del inconsciente (la
gramática y sus componentes) del lenguaje determinan rigurosamente la forma
del pensamiento (Rossi 1987) comentado por Valdés (s.a). No obstante y sin
entrar en contradicción con lo expresado, es el medio el que influye
decisivamente sobre esa estructura abstracta del cerebro para que el poseedor
actúe, y es en ese actuar cuando se combinan y reconfiguran todos los
microsistemas que son esquemas de acción.

El modelo explicativo propuesto por la ‘etnografía del habla’, también refiere


que los hablantes aplican recursos lingüísticos a fines sociales en situaciones
culturalmente definidas, lo cual hace centrar la atención en los actos de habla,
el discurso y la actuación de esos interlocutores. Hymes (1971), comentado por
(Palmer 2000:45), acierta al exponer que:

La competencia lingüística no sólo debe incluir la producción de una sintaxis


apropiada, sino la capacidad de usar el lenguaje pragmáticamente en contextos
sociales y culturales (…) la “prioridad de la perspectiva funcional” y el papel del
habla en “la mediación entre personas y situaciones”, frente a la visión en la que el
lenguaje sólo mediaría entre sonido vocal y significado (…) nunca negó la
importancia de la cognición o “conocimiento” en el lenguaje (…) y planteó la
cuestión del grado en que las categorías cognitivas de un pueblo hallan expresión
patente en formas lingüísticas.

Si nos detenemos en las ideas anteriores, expuestas por Hymes, se puede


poner en perspectiva que los etnógrafos del habla no dejan a un lado los
aspectos relacionados con el estudio cognitivo del lenguaje. Esta posición
permite conjuntar todos los estudios anteriores en tanto no desprecia las
teorías arriba expuestas, antes bien, abre un espacio de análisis más amplio,
pues invita a documentar los escenarios de comunicación (participantes, fines,
secuencia de actos, claves, instrumentalidades, normas de interacción e
interpretación, géneros de discurso), sin excluir la gramática.

Sobre una fuerte orientación cognitiva, Saville-Troike (1989), en Palmer (Id:


48), piensa – coincidiendo con Hymes - que los hablantes deben tener un
“conocimiento compartido”, cuyos componentes, presentados a continuación,
les permita comunicarse:

• Conocimiento lingüístico.

- Elementos verbales.

- Elementos no verbales.

- Patrones de elementos en acontecimientos de habla determinados.

- Gama posibles de variantes (en todos los elementos y su organización).

• Destrezas de interacción.

- Percepción de rasgos salientes de las acciones comunicativas.

- Selección e interpretación de formas apropiadas para situaciones, papeles y relaciones


específicos (reglas para el uso del habla).

- Organización y procesos discursivos.

- Normas de interacción e interpretación.

- Estrategias para alcanzar objetivos.

• Conocimiento cultural.

- Estructura social.

- Valores y actitudes.

- Mapas/esquemas cognitivos

- Procesos de enculturación (transmisión de conocimientos y destrezas).

Es posible que los componentes mencionados no sean todos los que


intervienen en el conocimiento compartido de los hablantes, durante una
comunicación, sin embargo, ofrecen un marco de análisis válido para realizar
acercamientos reales al uso del lenguaje. Además encajan bien en la definición
de esquema de acción, referida al inicio, especialmente en la relación que se
puede establecer con los esquemas conceptual-factual, lingüístico y social.

Finalmente, incluyendo la riquísima experiencia teórica de Chomsky, arriba


abordada (primero como generativista y en la actualidad como minimalista, );
cuatro son los modelos mentales basados en teorías generativas-cognitivas
que refuerzan este planteamiento, hasta aquí sostenido. Se traen a colación
debido a las siguientes razones: estamos convencidos de que los modelos
mentales rigen el uso del lenguaje, los modelos mentales son modelos
culturales, las visiones (diferentes) cambiantes del mundo constan y se
reestructuran enteramente sobre la base de modelos mentales y los modelos
mentales se realizan sobre la base de las gramáticas particulares de cada
cultura, lo cual no contradice la existencia de una gramática generativa
universal, que ha permitido comunicarse entre sí al ser humano. Los tres
modelos que se abordarán sucintamente a continuación son comentados por
Palmer. Se expondrá de ellos lo más relevante relacionado con esta discusión
teórica.

El modelo de capas de tarta de Johnson-Laird (Palmer, 2000:82-84), implica


que los esquemas cognitivos pueden derivarse de la percepción (son
imaginísticos) y que es posible razonar sin lógica de manera válida. Los
modelos desde esta perspectiva son específicos, pero pueden usarse para
representar una clase general de entidades, a través de procesos
interpretativos que consideran al modelo como muestra de un modelo mayor.
También pueden ser artificiales (matemáticas o escritura) o naturales como el
lenguaje. Estos se pueden construir dentro del discurso, como cuando un
oyente trata de construir un modelo mental de una casa nueva que acaba de
adquirir. En fin los modelos mentales para estos autores están
interrelacionados y tienen un funcionamiento autónomo, lo que les posibilita la
recuperación y procesamiento de la información agrandes velocidades.
El modelo cognitivo idealizado de Lakoff (Id, 2000: 87), está formado por una
división cuatripartita de funcionamiento: estructura proposicional, especifica
elementos, sus propiedades y las relaciones existentes entre sí; estructura
esquemático-imaginística, especifica imágenes esquemáticas como
trayectorias o formas largas y delgadas, son como contenedores; proyecciones
metafóricas, son proyecciones desde la estructura proposicional o desde la
estructura equemática-imaginística de un dominio sobre la estructura
correspondiente de otro dominio; proyección metonímica, comprende las
estructuras anteriores junto con una función de un elemento de ésta sobre otro.
Este modelo también deja sentada la idea de que los esquemas mentales se
interrelacionan entre sí, pero además incluye las proposiciones idiomáticas
como elementos categorizadores y organizadores de la realidad percibida.

El último modelo es el propuesto por Fillmore (Id, 2000: 87-88), - modelos


textuales – el cual surge de su definición de marco como recursos léxico-
gramaticales específicos de una lengua determinada para nombrar y describir
las categorías y relaciones halladas en los esquemas. Para Fillmore las
personas adquieren esquemas conceptuales a partir de sus experiencias en el
mundo, éstos funcionan como escenas del mundo real. La estructuración de
dichos esquemas a veces ocurre a partir de elementos de los marcos
lingüísticos (palabras que pueden llamarse primitivos semánticos), los cuales
los etiquetan y activan en la mente de los usuarios. Cuando ese elemento es
‘evocado’, éste activa todo el marco lingüístico y a su o sus esquemas
asociados. Una vez fijados los esquemas pueden usarse como herramientas o
bloques para montar (módulos) sobre la base de las palabras - un modelo
textual – un modelo del mundo que sea compatible con el texto o modelo
mental construido.

Este último modelo propone la estructuración de esquemas cognitivos a partir


de o alrededor de palabras - elementos idiomáticos - que activan los
esquemas mentales de los usuarios (encocodificaodres) cuando se
comunican entre sí o consigo mismo. Estas palabras activadoras pueden ser
sustantivos o verbos que implícitamente impulsan a la acción a los usuarios de
una lengua (gramática, esquema de acción abstracto), mediante la interrelación
dinámica de todos los microsistemas cerebrales y sus elementos, involucrados
en una actuación particular.

Para concluir, lo esencial es que no se puede desdeñar ninguna teoría


lingüística para comprender el lenguaje en uso. Todas las teorías gramaticales
expuestas son válidas y como comprendemos no se contradicen del todo: una
puede prestar su marco metodológico y sus avances teóricos para
complementar a la otra. El reto es llegar a complementarlas dentro de un marco
formal unificador (Moreno 2001), que permita entender en la medida de lo
posible este don llamado lenguaje natural. En síntesis, una teoría sobre los
esquemas de acción con una base teórica lingüística unificada (la gramática -
esquema de acción - eje integrador de los enfoques lingüísticos cognitivo,
generativo, antropológico y cultural), brinda las pautas para realizar un estudio
más cercano sobre cómo funciona el lenguaje usado por los hablantes en
situaciones de comunicación reales.

Bibliografía.

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- Palmer, G. (2000). Lingüística Cultural. [trad. Enrique Bernárdez]. Madrid:


Alianza Editorial.

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