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PODER MILITAR Y

EN LA   POLÍTICA
, asta 1943
ALAIN ROUQUIÉ
EMECÉ EDITORES
PODER MILITAR Y
SOCIEDAD POLÍTICA
EN LA ARGENTINA
n_1943-1973
MISMO AUTOR
or nuestro sello editorial
Primera parte
PRACTICA Y MECANISMOS
DEL PODER MIUTAR
"En América del Sur, las Repúblicas SÓN
lo se apoyan en el poder militar, toda su
historia es una revolución continua."
FEDERICO HEGEL
Titulo origi al f
n rancés, Pou .
© 1978 Presses de ' ,VOIr miiítaíre el société poltü
© AEIsm.ecé Editores   Natíonale des Sciences pq¡u.e,en République Argentine
ma 2062 B " , o usouee.
Ed¡ . uenos Aires A .
ícíon anterior: 10.00 . ' rgentína.
2a • .' Oejemplares
unpresíon en offset. .
Impreso en e _. 5.000 ejemplares
B
ompania I .
uenos Aires . mpresora Argenti S
, novIembre de 1982 . na .A., Alsina 2041149
IMPRESOEN LAARGENTIN' . ,
Queda hecho el depós', A. - PRINTED IN ARGENTINA
uo que pe' I
1 S . evrene a ley 11.723
..B.N., 950-04-0119_3 .
23.304
"Ha sonado otra vez, para bien del
mundo, la hora de la espada.
Así como ésta hizo lo único enteramente
logrado que tenemos hasta ahora, y es la
independencia, hará el orden necesario.
implantará la jerarquía indispensable que
la democracia ha malogrado hasta hoy.
fatalmente derivada, por el socialismo."
LEOPOLDO LUGONES
medio de acceso a los oficiales ' I r
ciedad 'de las uarnicio . tatas o profesionalistas. La
reeiJ:>irlos. intentaba o de
sentirse espiados por los subofic' 1azaban acttvísmo político, al
diados por sus amigos civiles por. 'poder y repu-
que a veces desembocaba en un exa erad a CrISIS de conciencia
un Iegalismo crispado. En 1954 tod;el o y otras veces en
ejército deliberaba y que el en la Argentina. que el
continuidad del régimen en lugar de f tila la puesto en peligro la
or a ecer e poder.
Se los trataba de cobardes. por ejemplo ridiculizándolos: 1
  su
98
Capítulo 3
Revolución Libertadora y restauración liberal:
la implantación del golpe de estado permanente
Las graves dificultades económicas por que atravesó la Argentina a
partir de provocaron algunos cambios en la política del régimen
peronista. Inducido por una crisis que no sólo estaba vinculada a la coyun-
tura y a las calamidades climáticas de 1952, el poder abandonó su naciona-
lismo intransigente y a veces agresivo. La confianza internacional era indis-
pensable para la recuperación económica. En el plano interno, el persisten-
te marasmo estaba erosionando el consenso y dando armas a la oposición
que, en consecuencia, comenzó a ser reprimida con mayor severidad. Los
viejos partidos, desacreditados por una propaganda obsesiva, parecian es-
tar controlados, pero el gobierno, que permanecia en guardia, tomó ade-
más medidas para impedir el surgimiento de nuevas fuerzas opositoras.
1
La
Secretaría de Asuntos Políticos de la Presidencia de la Nación, así como el
Ministerio del Interior, prestaban particular atención a la posible transfor-
mación de instituciones aún autónomas, como la Iglesia, en fuerzas políti-
cas de sustitución o al menos en canales de movilización opositora.a El Es-
tado, cada vez más policíaco, enfrentaba los problemas del momento ha-
ciéndose nuevos enemigos: si el hostigamiento no surgía de la acción de los
sectores antiperonistas, la provocación podía eventualmente proporcionar
los motivos.
El peronismo de las vacas flacas
Evidentemente, el peronismo echó las bases de una balbuciente in-
dustria pesada y aceleró el desarrollo de la industria liviana; pero su politica
económica contribuyó a aumentar la vulnerabilidad externa del país. La
Argentina de Perón no era "económicamente libre": su modelo de creci-
1Mediante una ley que prohibía la participación en las elecciones de las coali-
ciones o formaciones políticas recientemente creadas.
2 Ver al respecto nuestro estudio sobre la Iglesia y las organizaciones religiosas
como fuerza política de sustitución en la Argentina: lntégristes el mititaires: les ten-
tatives du national-catho/icisme en pépublique Argentine, París, Fondalion na-
tionale des sciences politiquea, septiembre de 1972 (coloquio del 27 y 28 de octubre
de 1972,.
99
101
(1): ONU CEPAL Bale/In económico para Améríca Latina, Nueva York, enero de 1956, pág. 2
7..
d I
(2): ONU' CEPAL Análisis y proyecciones del desarrollo eeonómico, V, El eeonó"'.,co e a
  1, Los problemas y las perspectivas del crecimiento económico argentino, MélUCO, 1959,
cuadro 1J. . . f ¡'no 1945
(3): Dirección Nacional de Estadistica YCensos, Comercio Exterior. Intercambío comerae orgen I -
1955 Buenos Aires, 1%0. . I 'h!" A ntina Buenos Ai-
(4): FIAT/OECEI, Veinlicineo ailOSde la vida de a. Rt'P.U tea rge ,
res, 1961. Se trata del promedio anual para una familia IlpO, VIVIenda incluida.
------
---E-n un pais que, 1919, no a los bruscos
aumentos de precios, la situación de detenoro de oferta acompañada
por una considerable inflación: controlada a partir de.1953 (3,98 %
entre 1949Y1952había alcanzado el39 OJo. Los argentinos de hoy en dia es-
s tbía., parte 2, Los transportes, pág. 91, cuadro 33.
miento. Entre 1939y 1946, la guerra mundial había .J;lrácticamente imped,i-
do que se realizaran importaciones de bienes de .eqUIpo. Cuando, despue,s
de su propia reconstrucción, los países !ndustnales :ondI-
ciones de satisfacer nuevamente las necesidades de las naciones
la Argentina no podía encarar las inversi.ones La descapita-
lización de la economía nacional se reflejaba a SImpleVIstaen
aparato productivo y en los equipos que en muchos casos hablan cumplido
su vida útil. Así es como, en 1954, la edad promedio del parque
era de diecisiete años (un tercio de los vehículos tenia mas de qumce anos y
otro tercio más de veinte años). Para la misma época, sobre un de
alrededor de 4.300 locomotoras -de las cuales sólo 226 eran a motor diesel
y el resto a vapor-, 2.680 tenía"?"!11ás de treinta y cinco años, OJo :sta;
ban prácticamente fuera de serVICIO y s?lo 220 tenían men,os diez
El relevamiento es abrumador y las CIfras hablan por SI mismas. La m-
dustria, así como la producción agropecuaria, estaban estancadas por falta
de medios.
La economía argentina entre 1946 Y1955 a través de algunos indicadores
140,5
159,5
180,4
236,5
296,9
405,8
562,9
585,3
607,5
682,3
922,8
+ 606,0
- 3.779,2
- 3.969,2
+ 1.522,1
+ 358,5
- 1.607,0
3.398
3.708
3.824
3.677
3.624
3.642
3.225
3.436
3.522
3.598
Producto por Saldo del balance Índice del
habítaníe'U comerciaí'U costo de vida(4)
(en mtn, a pre- (en mili. de m$n) (1943 = 100)
cios de 1950)
96,0
101,3
117,6
101,3
100,0
. 97,0
73,3
74,3
77,9
Términos del
íntercambio'U
1946 ..
1947.. ..
1948 ..
1949 ..
1950 ..
1951. ·
1952 ..
1953.. ..
1954 ..
1955 ..
Afio
miento seguía dependiendo "del ganado y de las mieses" que. en la belle
époque, habían hecho la prosperidad del Río de la Plata, La dependencia
respecto del mercado mundial de productos agrícolas no había variado, pe-
ro la política de sustitución de importaciones y de industrialización no in-
tegrada habían hecho que el aparato productivo fuera todavía más sensible
que -antes a la contracción de las exportaciones o de los términos del ínter-
cambio, La provisión necesaria de energía y de bienes de equipo es, en efec-
to, mucho menos incomprensible que las anteriores importaciones de pro-
ductos manufacturados,
A partir de 1951-1952, las sucesivas malas cosechas coincidieron con
una tendencia a la baja de los precios mundiales. La caída del nivel de las eXM
portaciones, que en 1952cubrían apenas el 50 de las importaciones, oca-
sionando un déficit récord de casi 4.000 millones de pesos (unos 800 millo-
nes de dólares), se debía también, en gran medida, a una orientación dese-
quilibrada y miope del crecimiento económico. La política de precios y de
paridades, especialmente la sobrevaluación irreal del peso, permitieron
operar una transferencia de ingresos hacia el sector industrial a expensas de
la actividad agrícola. El poder de compra de los cereales a precio oficial,
por ejemplo, pasó del índice lOOen 1948 a 64 en 1952.3 Es por ello que las
buenas cosechas de 1953
M1954
no alcanzaron para superar la situación. Los
productores insatisfechos no hacían ningún esfuerzo para aumentar la su-
perficie sembrada o la retención de vientres. Los rendimientos estaban es-
tancados, cuando no disminuían, debido a la falta de inversiones y de una
indispensable modernización de las explotaciones; as! sucedió con el maíz,
entre 1950 y 1954: mientras la producción por hectárea aumentó el 73,3 OJo
en los Estados Unidos, en la Argentina disminuye el 18,4 OJo. 4
Durante el gobierno de Perón, la Argentina dejó de ser el granero del
mundo. Antes de la guerra, la República Argentina exportaba 6,5 millones
de toneladas de maíz (un 64 % de la demanda mundial)¡ en 1950-1954, ya
no vendía más que un millón de toneladas. Mientras que el mercado mun-
dial de trigo se expandió, la participación de la Argentina pasó del 20 OJo
(3,3 millones de toneladas) al 9 O/, (2,2 millones de toneladas). Y lo mismo
sucedió con las carnes. Una política de transferencia sectorial en detrimen-
to del poldmotriz de-la economía, en un marco liberal y en ausencia de las
reformas estructurales que habrían permitido dirigir realmente la produc-
ción, no podía tener más que consecuencias negativas, las que se sumaban
al aumento natural del consumo interno.
El déficit comercial se produjo en el preciso momento en que la Argen-
tina, además de sus importaciones corrientes de combustibles y de artículos
semiterminados, debía hacer frente a un considerable esfuerzo de reequipa-
3 Según Magnet (Alejandro), Nuestros vecinos justicialistas, Santiago de Chile,
Pacífico, 1954, pág. 114.
4 "La situación argentina y la nueva política económica", Boletín económico
de América Latina, enero de 1956, Las estadísticas siguientes provienen, salvo men-
ción especifica, del estudio de la CEPALde 1959. ONU, CEPAL, A nátisis y proyec-
ctones del desarrollo económico, V, El desarrollo económico de la Argentina, parte
1, Los problemas y perspectivas del crecimiento económico, Méjico, 1959, 130 págs.
lOO
tán familiarizados con tasas muy superiores. Sin embargo, aquella acelera-
ción de la inflación tuvo inmediatas consecuencias políticas y sociales, .
sobre todo en las clases medias que se desempeñaban en relación de depen-
, dencia, y en particular en los empleados públicos, cuyos sueldos eran re-
ajustados con atraso". El alza generalizada de los precios, además de provo-
car la caída del salario real (incluso el de los obreros), creó un clima de
quietud y de escepticismo. La inflación es un desorden al que, como vere-
mos, los militares son particularmente sensibles. Las capas medias tenían la
fundada impresión de que el país se empobrecía mientras sus miembros se
pauperizaban. El peronismo se convirtió entonces en sinónimo de decaden-
cia nacional. Se aspiraba a volver a la edad dorada de la preguerra con la
que se identificaba al régimen oligárquico -liberal derrocado en junio de
1943. ¿No era esa la época en que la Argentina se contaba entre los países
más adelantados, al menos desde el punto de vista del consumo? En efecto,
aunque las debilidades estructurales de la economía nacional no puedan im-
putarse al régimen peronista, que se contentó con no hacer nada para solu-
cionarlas, la Argentina involucionó: el consumo de hierro y acero cayó de
unos 117 kg en 1929 a 55 kg en 1950-1954; el número de automóviles, que
en 1929 ubicaba a la Argentina en los primeros puestos a nivel mundial con
27,8 vehículos cada mil habitantes, se redujo a 18, I por cada mil habitantes
en 1954.
6
La imagen del peronismo se confundía con ese evidente deterioro
del nivel de vida, el de los estratos privilegiados principalmente.
Pero la finalización de la fácil prosperidad de la posguerra afectó a to-
das las categorías sociales, especialmente a las más humildes. El tiempo de
la generosidad tocaba a su fin. El salario real de los obreros industriales pa-
só de 104 a 82 (1950 100) entre 1949 y 1952. La participación de los asa-
lariados en el ingreso nacional ya no progresaba y tendía a bajar después de
haber alcanzado un nivel sin precedentes entre 1947 y 1950.
7
Al concluir
1951, el gobierno puso término oficialmente a una política "laborista" u
"obrerista" de redistribución del ingreso nacional. La creación de la Con-
federación General Económica, central patronal percnista, en diciembre de
correspondía al ideal de la "comunidad organizada", púo también
respondía a preocupaciones más inmediatas. Se trataba de lograr el control
de la inflación mediante una estrecha colaboración de la CGE y la COT. A
partir de entonces, los sindicatos frenaron las reivindicaciones sociales y el
auséntismo endémico que el poder habla alentado multiplicando los "San
Perón't.f La prensa sindical adoptó un nuevo slogan: "Producir más".
Todos esos esfuerzos desembocaron en marzo de 1955 en el Congreso Na-
cional de Productividad y Bienestar Social que puso en primer plano la co-
6 [bid., pág. 127, cuadro 77.
7 CL FIAT/OECEI, Veinticinco años de la vida económica y financiera de la
República Argentina, Buenos Aires, FIAT, 1961, YZuvekas (Clarence jr.), "Bcono-
mic growth and incorne distributíon in postwar Argentina", Interamerican econo-
míe affairs, invierno de 1966, pág. 25.
8Según un estribillo improvisado en una manifestación de alegria justlcialista,
muchas veces repetido, representativo del estilo y del clima social del peronismo:
"Mañana es San Perón, que trabaje el patrón".
102
laboración entre el capital y el trabajo y concluyó en un acuerdo nacional
de productividad que exigía sacrificios a los trabajadores. Perón que
usar toda su influencia para lograr que los representantes de los trabajado-
res aceptaran los principios de un futuro plan de austeridad. La tirantez de
la situación quedó reflejada en el intercambio de palabras poco amenas
se produjo entre José Gelbard, presidente de la CGE, y Eduardo Vuletich,
secretario general de la CGT. . .
El nuevo curso de la política social fue complementado por un VIraje
decisivo en política exterior. En 1953, el gobierno argentino lanzó una carn-
paña de seducción, con cierta discreción al principio, para atraer las
entonces despreciables inversiones extranjeras. En agosto de 1953 se dictó
una ley sobre radicación de capitales extranjeros que aseguraba un trata-
miento benévolo en materia de repatriación de utilidades. La decidida polí-
tica antiyanqui de la época de "Braden o Perón" fue dejada de lado. La ac-
titud respecto de ros Estados Unidos, revisada al estallar la gue.rra. de Co-
rea fue sustancialmente modificada con la llegada al poder de Eisenhower.
La calurosa recepción que el gobierno argentino brindó a su hermano Mil-
ton enviado especial del nueva presidente norteamericano, en julio de 1953
señaló e&e momento crucial. "La visita de Milton Eisenhower a la Argenti-
na fue el Waterloo del peronismo. A partir de ese momento, su pérdida de
popularidad fue fatal" ,9 escribió un observador "antiimperialista" chile-
no. .
Es verdad que a partir de entonces ya no se atacó al presidente de la
gran nación amiga: los pérfidos designios del imperialismo norteamericano
dejaron de ser responsables de los males que aquejaban al país y de las ma-
niobras culposas de los oligarcas. Los diarios norteamericanos ingresaban
con mayor libertad y las agencias de noticias estadounidenses pudieron
operar de nuevo sin trabas. Pero el régimen perdía así uno de sus caballos
de batalla más eficaces, se privaba de uno de los más poderosos medios de
movilización popular.
Parte de la legitimidad del sistema peronista se esfumó, en efecto, con
la nueva política exterior. Si bien ello no preocupaba mucho al hombre de
la calle, decepcionaba a los delegados sindicales de las grandes e,mpresas y a
los oficiales nacionalistas. Los primeros en particular no teman muchos
motivos para estar satisfechos, ya que no podían prevalerse de ningún éxito
notable ni en el campo de las conquistas sociales, ni en el de las reivindica-
ciones salariales; su papel era más bien controlar el descontento y  
la combatividad de los trabajadores, evitando las huelgas y las movilizaciones
en pos de objetivos económicos. El secretario general de la CaT fue silba-
do por los descamisados que se encontraban concentrados en la Plaza de
Mayo el 17 de octubre de 1952.
10
9 waiss (Osear), Nacionalismo y socialismo en América Latina, Buenos Aires,
Iguazú, 1961, pág. 126. .
10 Según el testimonio del sindicalista Miguel Gazzera, en Gazzera (MIguel),
Ceresoíe (Norberto), Peronismo, autocrítica y perspectiva, Buenos Aires, Descartes,
1970, pág. 51.
103
r
, De todas maneras, la Argentina, "potencia atómica" que en 1949
declaraba su independencia económica, dejó entrar a los monopolios inter-
nacionales. FIAT se estableció en Córdoba en 1954. Al año siguiente le to-
có el turno a Kaiser, que instaló una fábrica automotriz en la soñolienta y
docta capital del hinterland argentino. Y lo que es aun peor: el presidente
q.ue jurado <lc.ortarse el brazo" antes de mendigar jamás
cíarmento externo, dejó que su gobierno solicitara un préstamo de 60 millo-
nes de dólares al Eximbank de los Estados Unidos para construir la aceria
de SOMISA, obra de los militares. ¿Habrían abandonado éstos su altivo
nacionalismo?
Sucedía que los tiempos habían cambiado. Europa, debilitada y mili-
dependiente, ya no era un modelo plausible para el ejército argen-
La bder. "mundo libre" también era la primera potencia
militar. El ejercito dejó de tener prevenciones contra los yanquis, según pa-
mucho.antes que la guerra de Corea influyera en la diplomacia argen-
tma. Puede Juzgarse sobre ello analizando el contenido de la Revista Mili-
tar. Once artículos, de los diecinueve incluidos en el número ordinario de
mayo de 1947, están escritos por oficiales norteamericanos o son traduc-
de revistas espec,ializadas del US Army; el 50 % de los artículos apa-
recidos en todos los numeras del año 1952 son traducciones (95 OJo de las
cuales .extraídas revistas norteamericanas). No obstante, el tradicional (y
profesional} reflejo nacionalista no había desaparecido; convenientemente
avivado por la oposición, podía renacer de sus cenizas a poco que se pre-
sentara un asunto de carácter estratégico.
. Tal era el caso del proyecto de contrato de explotación petrolera que el
gobierno estaba a punto de firmar, en el segundo semestre de 1955 con la
filial la Standard Oil. El proyecto pretendía el dé-
fICIt energetíco argentmo apelando a las inversiones de esa gran empresa
norteamericana, por medio de una clásica política de concesión. Los pero-
, nístas reconocían que' 'el realismo aconseja colaborar con empresas priva-
das extranjeras" y que "el Estado no puede encarar semejante esfuerzo" .11
El cont;ato e;a más para la California porque la imagen
que los mversromstas extranjeros tenían de la Argentina era mala. Un vasto
ter;itorio de (48.000 km2) fue concedido ala compañía signa-
tana. La oposición se dedicó a desmenuzar el contrato y criticar las cláusu-
las "que enajenaban la soberanía nacional" .12 Los militares se conmo-
vieron, influidos por los ideólogos "nacionalistas", que aprovecharon la
11 sobre la reunión del Consejo Superior del peronismo La N:ción 10
de septiembre de 1955. ' ,
,,12 C,f. el d!ctad.o en la-Fa:ultad de Derecho de Buenos Aires por el profe-
sor Silenz¡ de Stagni, cuyas copias mimeografiadas circularon en las
de 1: Militar. Silenzí de Stagn¡ (Adolfo), El petróleo argenti-
no, Versión taquígráñca de la clase extraordinaria... dictada el 26 de mayo de 1955
en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires
.Aires, nacionales, 1955.(3a edición), 159 págs. Ver igualment;
; Historia del perorusmo, La segunda presidencia", en Primera Plana lOd
üembre de 1968. ' e sep
104
ocasión para tomar sus distancias, y lograronque se modificaran los térmi-
nos del acuerdo.
Lejos quedaba la época de Braden y Sumner Welles. Perón se había
vuelto "razonable" y los medios financieros norteamericanos estab.an
"dispuestos a confiar" en la Argentina. El Wa/l Street Journal del 27 deJ";l-
nio de 1955 llegó incluso a afirmar que el Departament.o. de sentía
mucho que el presidente Perón se enfrentara con_graves ínternas;
porque. agregaba, en Washington se pensaba que Peron, del lado
occidental en los momentos de tensión de la posguerra, constituía una exce-
lente garantía para los capitales. Era una detente   aunque no llegara a
ser la entente cordlale, pero costosa en el plano POlItICO.. .
En efecto, si la exaltación nacionalista contra el enemigo extenor. no
era oportuna y la situación económica hacía aconsejable tratar
ración a los capitalistas y a la patronal, entonces la propaganda regI.men
ya no contaba con un blanco privilegiado, con un ChIVO expiatorio eficaz.
Los partidos tradicionales habían sido utilizados en demasía. La oligarquia
era un espantajo evanescente. Había que encontrar algo nue,:o. La OP?S.I-
ción facilitaría la tarea al imaginar nuevas estrategias para evitar la asfixia
política a que la condenaba el peronismo. , . . .
Hacia 1953-1954, la Iglesia, que aún conseguía eludir el pero-
nista era la única institución nacional que no formaba parte de la comu-
nidad organizada" . Es verdad que recientemente había dado pruebas ?e su
fidelidad: Perón había sido "su" candidato nuevamente en las elecciones
presidenciales de 1951. La cúpula de la jerarquia eclesiástica adhería sin.du-
da decididamente al régimen. Al menos, así lo daba a entender la actitud
del cardenal primado monseñor Copello. Pero la del
sobre la juventud, su intención de movilizar a las mujeres por medio del
Partido Peronista Femenino (y gracias al otorgamiento del derecho de vo-
to) y su monopolización de la ayuda social ignorando la función c.aritativa
de la Iglesia irritaban a los prelados más jóvenes. Sacerdotes ylaICOS sen-
tían que se coartaban sus iniciativas, en países los par-
tidos y sindicatos que invocaban la doctnna de la Iglesia se ?e-
sarrollaban y multiplicaban. Compartian en lo esencial Ia creciente aversión
de los estratos medios por el régimen.
La situación era compleja. En el plano político, Perón temía con toda
razón que se constituyera un partido democristiano al que no podría prohi-
bir sin exponerse a serios problemas con la jerarquía eclesiástica. Por otra
parte, si bien muchos católicos no querían ni sindicatos cristianos ni parti-
do democristiano, deseaban poder sustraer a sus hijos de la influencia del
peronismo, de sus organizaciones, de sus ceremonias, de su culto; espera-
ban mucho de la-Iglesia contra el intento de movilización política forzada y
la inmoralidad de que acusaban a los medios oficiales. Que La razón de mi
vida, autobiografía novelada y politica de Evita, se convirtiera en manual
de lectura obligatorio de las escuelas primarias no complacía a los padres de
todos los alumnos. Pero la afiliación casi obligatoria de los adolescentes
que cursaban el secundario a la UES (Unión de Estudiantes Secundarios),
que tenía la reputación de organizar bacanales y conseguir jovencitas para
105
los jerarcas del régimen, 13 pasaba de la raya e indignaba a la "gente decen-
te". Resultó muy difícil para Perón refutar "los ataques injustificados
contra las organizaciones juveniles" y "la campaña de calumnia y difama-
ciones de que fueron objeto las mujeres del Partido Peronista
Femenino" .14
Desde comienzos de 1955, la actitud de la Iglesia, su ingratitud y el fra-
caso de la politica tendiente a separar al clero de la oligarquía, 15 se convir-
tieron en asuntos politicos de primer orden. La cuestión religiosa estaba
planteada. Perón había encontrado una derivación politica para la crisis
económica y los audaces virajes del régimen. Mas la oposición había descu-
bierto un catalizador y un apoyo logístico de peso en el clero contestatario.
La lucha de Perón contra la Iglesia nunca fue frontal, sino que se basó
en una estrategia indirecta compuesta por una serie de vejaciones, de pe-
queñas venganzas y hasta de golpes bajos que índudablemehte arrojó divi-.
dendos políticos tremendamente negativos. El diario católico El Pueblo,
único diario no peronista que había hecho una crónica favorable del 17 de
octubre, fue cerrado en enero de 1955. La disminución de los días feriados
redujo a dos (Navidad y Viernes Santo) las celebraciones del calendario
cristiano, y poco faltó para que un San Perón reemplazara Pascua o la As-
censión. La lucha anticatólica iba a la par de la intención de poner a la Ar-
gentina a trabajar. En cuanto a la derogación de la ley de 1947 sobre la en-
señanza religiosa en las escuelas, 16 así como la legalización del divorcio y la
prostitución, de ningún modo se trataba de medidas liberales de seculariza-
ción de la sociedad argentina, sino de medidas vengativas propias de politi-
quería que acabaron por revelar a muchos argentinos la naturaleza del régi-
men. Faltaría agregar los ataques difamatorios contra las escuela-s católicas
y las provocaciones habituales hechas de volantes falsos e innobles panfle-
tos atribuidos a la Acción Católica. El objetivo al que se apuntaba .........más
una amenaza o una forma de chantaje en realidad que una verdadera inten-
ción- era la separación de la Iglesia y del Estado.U Quos vult perdere Ju-
piter...
La Iglesia respondió a ese zafarrancho torpe y sin sentido a su manera,
es decir con procesiones. EI!1 de junio de 1955, día de Corpus Christi, se
organizó una manifestación politico-religiosa frente a la catedral, a pocos
pasos de la Casa Rosada. La curia metropolitana había hecho distribuir
13 Según los rumores de entonces. Varios oficiales superiores, padres de fami-
lia, nos lo confirmaron. Una versión 'escrita se encuentra en el panfleto de Boizard
(Ricardo), Esa noche de Peron, Buenos Aires, Tribuna, 1955 (4
a
edición), pág. 99.
:4 de Perón del 13 de junio de 1955, La Nación, 14 de junio de 1955.
.5Ibid. Perón recordó que numerosos sacerdotes se negaron a celebrar misas
por la salud y luego en memoria de Evita.
16 Perón anuló, por decreto, la ley de 1947sobre enseñanza religiosa obligatoria
que ratificaba el decreto promulgado-por Martínez Zuviría bajo el régimen militar.
Esa ley habia sellado en cierto modo la alianza entre el peronismo y la extrema de-
recha nacionalista católica; fue votada para agradecer a la Iglesia haber tomado par-
tido contra los candidatos laicos de la Unión Democrática.
17 Cf. Discurso de Perón del 17 de junio de 1955 donde, después de los aconte-
cimientos del 16 de junio, aludió al proyecto.
106
500.000 volantes en todas las parroquias de la ciudad. 18 La reli-
giosa, en la que estaban representadas las fuerzas opositoras, fueran
o no creyentes, sirvió para que los mas diversos descontentos se expresaran
públicamente. Los pescadores a río revuelto y los provocadores
fueron de la partida. Según la policía, algunos manifestantes se dirigieron
al Congreso, arriaron la bandera argentina y, antes de quemarla, la re-
emplazaron por una bandera del Vaticano. .
Ese crimen de lesa patria se convirtió en un asunto d: Estad.o q.ueel
bierno tomó muy en serio. El poder trataba de manejar la indignación
pública volcándola contra ese "acto que debía demost.rar en
principio -esquema clásico- que los católicos, como radicales,
los conservadores o los comunistas, eran agentes de la anttpatna. Pero era
un procedimiento grosero que no convenció a una opinión pública
de esas comedias. Is fecit cuí prodest. Es lo que pensaban los míütares: l,No
son de su dominio la salvaguarda y defensa del símbolo nacional? Segura-
mente Perón no había pensado en ello. El Consejo ,Supremo de.la,s
Armadas llevó a cabo una investigación YellO de julio comunico al presi-
dente que "la orden de quemar la enseña patria de la Policía
ral". Los culpables eran, pues, el ministro del Interior Angel Borlenghl Yel
jefe de policía Miguel Gamboa, 1910s que, felizm.ent.e Perón,
de renunciar. De todas maneras, el asunto detenoro la Imagen y quito a?o-
yo, particularmente en el ejército, a un régimen .que parecía h?ber perdido
su serenidad. La Argentina avanzaba a pasos agigantados hacia un enfren-
tamiento violento.
De junio a septiembre: una gnerra civil larvada
El engranaje de la provocación seguía su curso., Perón, estar
en ventaja, se encerró en el conflicto contra la Iglesia. El 12 de JUnIO,
pos de choque peronistas lapidaron la catedral en en que all¡ s.e
celebraba una misa. Ell4, fueron expulsados del pats dos prelados
nos acusados de ser responsables de la manifestación realizada el dia de
Co;pus a pesar de la prohibición del Ministerio del Interior. Mo"?señor Ta-
to y monseñor Novoa, detenidos y conducidos a b?rdo un avión que  
lía para Roma, se convirtieron en mártires del La
del Vaticano no se hizo esperar: los miembros del gobierno cul-
pables de la expulsión de los obispos fueron excomulgados el día 16. La
18 Lafiandra (Félix), Los panfletos. Su aporte a la Revolución Libertadora. Re-
copilación, comentario y notas, Buenos Aires:     pág. 187.
19 Los militares son particularmente sensibles a la utilización de la enseña ?a-
cional en una provocación policial. Fue une de los objetos principales
que justificaron ladegradación del general Perón y un motivo de CI·
vica permanente. Cf. los considerandos del tribunal de honor de
conducta de Per6n, La Nación, 10 de noviembre de 1955, y también vlcepresídencia
de la Naci6n, Libro negro de la segunda tiranía, Buenos Aires, s.e., 1957, pág. 123.
107
Santa Sede sancionaba a ningún gobierno católico desde 1850. Decidi-
damente, Perón no acertaba una.
sinceramente creyentes se preguntaban si Perón no
,lt de una Iglesia justicialista cismática, coronamien-
Ro
emSPalflEul a e a organizada"20 y desenlace de la ruptura con
. conserva onsmo o ro' d¡ h 1 .
ciales estaba profundamente 0, e confOrrnISffi? muchos óñ-

do juntos en el Río de la Plata lea y habían marcha-
ba en lo cierto y resultaba quej o,meJor a conservadora esta-
la misma subversión del "muenPdeofoms.ffido y eran dos formas de
. occi enta y cristiano"
el anticrist,o, ?ara muchos de la ar-
gunos apa-ratos de El16 de, JUnIO, la apoyada por al-
 
del general.
A' con sus vuelos rasantes sobre el centro d B
tres no era la que se esperaba. Tras descargar muchas bombas souenos
los.pilotos, ajustando el tiro, alcanzaron la Casa
. tanto, la infantería de marina avanzaba desde el edificio d dMi-
msteno sobre la Casa de Gobi II e }-
presidente. Desde la primera hasta ,el despacho ya vacío del
un subsuelo del Ministerio del se había refugiado en
Lucero dirigió con sangre fria I ,', es e on e el general Franklin
a represión.
El secretario general de la COT II m' ,
defender la República Con o f a o radio a los trabajadores a
ción la sede de la ,? ca ortuna, como punto de concentra-
uno de los objetivos de al de Ejército y
litan tes peronistas ba¡ aban la ano.s camiones oficiales llenos de mi-
reunión cuando se rodui por a avenida de Mayo hacia el lugar de
de los Gloster de lJOfun segundo ataque aéreo. Se trataba esta vez
siada puntería y aerea. sus bombas sin dema-
que habían salido de sus refugi a CUrIOSOS, a los manifestantes
pas leales recuperaban el camiones de la COTo .Mientras tro-

, la eja o acer en un pnmer momento re-
20 Así pensaba entre otros un 0["" .., '
Guevara, colaborador cercano del icial cor!:'oratlvlsta', el coronel Juan F,
ca), La Argentinay su sombra Guevara (coronel Juan Francis-
, .", uenos u-es Ed del autor 1970 ' 6
mor tema sus fundamentos aun u' ,. "pag. 1. Ese te-
mático del poder peronista hit e mas no por el ritualista y caris-
pecto "religioso" del peroni n puesto de relieve algunos investigadores, El as-
ronismo como otros por Verdú (Mario), "El pe-
págs, 87-89 treo , Política (Caracas), noviembre de 1969
, '
108
tomó su puesto y se puso al frente de los rebeldes: la marina sólo se rendiría
al ejército regular.é! Entretanto, los sublevados se defendían parapetados
tras los muros del Ministerio causando grandes pérdidas en las filas de los
manifestantes cegetistas. Finalmente, un poco antes de las seis 'de la tarde,
se rindieron. El jefe de la infantería de marina, el vicealmirante Benjamín
Gargiulo, se suicidó en su:despacho. El ministro de Marina y el jefe del Es-
tado Mayor, contralmirante Samuel Toranzo Calderón fueron apresados y
sometidos a un proceso judicial acelerado. Por último, Per6n habló. Mini-
mizó las acciones de los rebeldes, pero se había declarado el estado de sitio.
Las cosas habían llegado al límite. El golpe no había tenido nada de los
clásicos pronunciamientos, de los paseos militares pacíficos y declamato-
rios, sino que había presentado las características sangrientas y odiosas de
la guerra civil: los rebeldes deben haber estado cegados por el odio para ha-
ber ametrallado a:civiles indefensos en la Plaza de Mayo y haberse ensaña-
do con grupos de curiosos tomados por partidarios del tirano, Oficialmente
se habló de 3()()"muertosy de un centenar de heridos. Algunos testimonios
hablan de 1.000 y hasta 2.000 muertos enterrados a hurtadillas en la Chaca-
rita. La CGT, que había enviado a centenares de trabajadores con las ma-
nos vacías a una matanza; no tenía ningún interés en magnificar las pérdi-
das. Muchos fueron los que dejaron su trabajo para ir a defender a Perón y
que reclamaron en vano armas frente al Ministerio de Ejército; el ardor
combativo de los que se salvaron disminuyó singularmente. La popularidad
del régimen decayó a raíz de estos nechos.s-
Las condiciones atmosféricas, entre otras, hicieron fracasar la subleva-
ción de junio, que no por ello había sido improvisada. El gobierno trataba
de tranquilizarse destacando que "la flota de mar y las fuerzas de las bases
navales de Puerto Belgrano, Río Santiago, Mar del Plata y Ushuaia... se
mantuvieron totalmente leales al gobierno" .23 Sin embargo, la marina ha-
bía preparado una operación de gran envergadura. Las unidades estaciona-
das en Puerto Belgrano esperaban que terminara la primera fase del plan
para pasar a la acción.24 En numerosas reuniones, los conjurados de la ma-
21 Ver el testimonio del almirante Olivieri en su libro Dos veces rebelde, memo-
rias del contralmirante Otivieri, julio de 1945-abril de 1957, Buenos Aires, Siglo,
1958, págs. 105-140, así como Cavallo (Miguel Ángel), Puerto Be/grano, hora cero.
La marina se subleva, Buenos Aires, Editorial Americana, 1956 (4
a
edición), págs,
36-46 y Plater (contralmirante Guillermo D.), Una gran lección, Buenos Aires, Al-
mafuerte, 1956.
22 Un joven obrero de 15 años, Agustín Tosco, que como dirigente del sindica-
to de electricistas cordobeses se convertiría más tarde en una figura de primer plano
del sindicalismo de izquierda no peronista, se precipitó a la Plaza de Mayo para de-
fender a Perón. Volvió indignado por la conducta de los dirigentes de la CGT y desi-
lusionado sobre la naturaleza "obrera" del peronísmo. CL "Informe especial. El
principio del fin", Primera Plana, 16 de junio de 1970.
23 "Comando conjunto de las Fuerzas Armadas", La Nación, 20 de junio de
1955,
24 CL Cavallo (Miguel Ángel), op. cít., págs. 21 y 41, asl como "Diez periodis-
tas argentinos" en Así cayó Perón. Crónica del movimiento revolucionario triun-
fante, Buenos Aires, Lamas, s.d., pág. 21.
109
a punto un dispositivo ofensivo y político, asegurándose
sectores de la fuerza aérea y del general León Bengoa,
el de la III División del Ejército, que se había plegado a la cons-
piración. Los partidos políticos estaban dispuestos a asegurar el poder una
vez consumado el tiranicidio. Se había establecido, en efecto, un acuerdo
entre los militares y tres civiles que representaban a las tres principales
formaciones "democráticas": Adolfo Vicchi, dirigente del Partido Conser-
vador, América Ghioldi, uno de los jefes del Partido Socialista, y Miguel
Zavala Ortiz, de la Unión Cívica Radical.
Según el contralmirante Olivieri, el 16 de junio se llevó a cabo una
reunión con los líderes civiles. a los que se había unidó un nacionalista,
Luis María de Pablo Pardo, en el despacho del jefe del Estado Mayor de la
Armada, El plafond estaba demasiado bajo para un ataque aéreo, por lo que
se decidió aplazar el movimiento; pero la orden no llegó a tiempo a la base
aeronaval de Punta Indio. Después del fracaso, 39 aviones rebeldes se posa-
ron en el Uruguay. A bordo de uno de los últimos De3 que salió de Ezeiza
iba, según se dice, Zavala Ortiz. A fines de mes fueron dados de baja 106 ofi-
ciales, 81 de ellos pertenecientes a la marina.
Al caer la tarde del día 16, comandos peronistas incendiaron varias
iglesias del centro de Buenos Aires. La Curia Metropolitana fue destruida,
las-sacnstias saqueadas, el mobiliario y las estatuas destrozados con ensa-
fiamiento. ¿Violencia simbólica que respondía a la rebelión de los marinos
o etapa en la escalada contra la Iglesia y nueva réplica a los "incidentes"
del 11 de junio? Nadie lo sabía, y la actitud del presidente después de la se-
ria .advertencia que acababa de recibir no era propicia a la venganza sino al
apaciguamiento. Su "salvador" y amigo, el general Lucero, preocupado
por la cohesión de las Fuerzas Armadas, le sugirió una política de conce-
sión y conciliación. Los diarios del día siguiente, que seguían las directivas
de la Secretaría de Prensa y Difusión, marcaban la tónica. El 5 de julio, el
presidente habló de la "necesidad de pacificación". El día 15 por último,
Perón declaró en un gran discurso que la revolución percnista había alean-
zado sus objetivos y que había llegado el momento de aflojar la tensión. En
adelante, asumiría la condición de "presidente de todos los argentinos,
amigos o adversarios". "Mi situación ha cambiado absolutamente y, al ser
así, yo debo poner término a todas las limitaciones que se han hecho en el
país sobre los procederes y procedimientos de nuestros adversarios, im-
puestas por las necesidad de cumplir los objetivos, para dejarlos actuar
libremente dentro de la ley, con todas las garantías, derechos y libertades".
¿Cómo interpretar esa declaración? ¿Se restauraría la democracia libe-
ral, o la nueva situación mencionada por el presidente seria transitoria?
¿Eran los jefes del ejército, del que dependía el poder desde el bombardeo
de la Casa Rosada, quienes promovían la apertura anunciada por el régi-
men? Esta explicación es sin duda válida en parte, pero lo que es más signi-
ficativo es que el círculo dirigente _y el mismo Perón tenían conciencia de
haber ido demasíado lejos en el autoritarismo y las prácticas policíacas. Al
atacar a la Iglesia, habían jugado a ser aprendices de brujos y desencadena-
ron una oleada de indignación, incluso hasta en los sectores más leales de
110
. ' n controlar Ya era hora de dar marcha
las clases medias, que ya na comunicabaü informes alarmantes
atrás. Los servicios de. informacroücs de oficiales Yen los cuarteles,
sobre el clima prevalecIente en los casinos denar la profanación de los
perón se a deplorar Y pobre defensa a los
templos, responsabilIzando por de quienes
ojos, cada vez más n,umer?sos mino a la subversión comunista, Era la inge-
ban que justamente el abría h cía tiempo se sospechaba, excla-
nua confesión de una complicidad de ciases el anticapitalismo, ¿no
maron; el estatismo, el ohrerismo , e ? 1 ateo? Por lo demás circulaba la
eran todas manifestaciones del marxismo d c'hoque que habían saqueado
versión de que los miembros de los gruposañol: se recordó de repente que
las iglesias tenían un acento originarios de la madre patria,
muchos anarquistas, socialistas Ytrots bían convertido en cuadros de la
que habían huido del, s"ade Madrid y Barcelona, "asesinos
COT peronista.2
5
¡AsI pues, los rojo . tiano general que prometía la ar-
de curas", tenían que ver el de la guerra civil "a la es-
manía social! Reaparecía súbitamen los argentinos desde 1936,
pañcla" que atormentaba la r los ánimos reconciliándose en pri-
Perón se esforzaba po: 1:: arar inmediatamente los templos
mer término con la Iglesia. HIZO C P llo invitó a los católicos a respon-
quemados. por su parte, monseñor la pacifIcación, Una verdadera
der al llamado del presidente en
f
la admirtistración pública eliminó a
purga del gabinete Y, de altas es er:
s
o;tica anticlerical. Los ministros del
los responsables mas evidentes de P hi Me'ndez San Martín, que eran
" Ed"" Angel Borleng I Y " d 1 ¡
Intenor Yde ucacion, ituid El primero fue alejado e pa s
tid fueron destituí os, d "
los más compro
me
1. os, la 'usticia sobre los incidentes del Ll e
para evitar que atestiguara ante ,1 A Id corrió la misma suerte, Vanos
nio. El secretario de ,Prensa, Rau uemar la bandera argentina.
26
policías fueron detemdos por t d el iobierno, al que ingresaron va-
Para demostrar su: buena va Osear Albrieu), permitió
rios moderados (Francls.co M. Angl , Después de diez años de silen-
te que los partidos opositores se democráticas podían hablar
1
diri tes de las formaclon bté
cio forzado, os mgen , 1" ítado y espectacular. pero tam len
" El d ría un nesgo trm . 1 "
por radio. po er ca:. ba debilitar el carácter radical de a OPOS!-
se tiraba un lance político: pensa 1 di entes que aceptaron el ofrecí-
ción y dividir a los partidos- Porque como oposición de
miento, entraron en el Juego de per
t
J'd Yen cierto modo, aceptaban la
"Su Majestad". Tomaban la La trayectoria posterior de
lógica del régimen cuya. Lima qu'e se dirigieron a los argenti-
Arturo Frondizi Yde Vicente o ano 1con;ervadorismo existía una amplia
nos a pesar de que en la UCR y. en e tación así como la negativa de los
adversa, perón.
SOCialistas a aprovec ar
. B' rd (Ricardo) op, ctt., pág. 84.
25 Ver particularm.ente oíza df rd) VIII (7), 1955. Ver asimismo "La
26 Hispanic American repon   tíranta, op, cito. págs.
quema de la bandera" en Libro negro
111
No obstante, los dirigentes opositores no hicieron concesiones al régi-
men. un lenguaje combativo y reclamaron la moralización y de-
mccratízacíón del gobierno, fustigando-sus bajezas. El portavoz del Parti-
?o Conservador del pequeño Partido Demócrata Progresista exigieron
mcluso la renuncia del presidente. La bocanada de aire fresco terminó
causando bastante agitación en los círculos áullcos del poder.
De la pacificación a la caída
El táctico la pacificación no desarmó a los antiperonistas
acontecímíentos recientes habían fortalecido y confirmado su inten
eren de acabar de con un sistema que a su entender no podía en
mendarse; EIl6 de jU?IO.marcaba para el ejército un punto de no retorno
Nada era JgUiU iU, dJasiguiente de la sublevación de la aviaciónnaval y de la
  de lasiglesias, El contrahniranteOlivieri declaróante el tribunal militar:
.He Sido después de los ataques contra la Iglesia me es impo,
síble seguir siéndolo .27 En el ejército, ya se complotaba hasta en el Estado
M.ayor.
2B
L?s.oficiales ,antiperonistas asistían ostensiblemente a misa el do-
mmgo. El habla quedado herido. Amenazaba la guerra civil. El ge-
Franklin Lucero, ministro de Ejército, que los observadores coincí-
en J?;esentar como hombre fuerte del momento, intentaría estabilizar
la situación, que Perón parecia haber salido debilitado del
golpe del 16 de junto. SI bien era leal al presidente y al peronismo, no podía
más que r.econocer el flagrante fracaso de la peronización del ejército. Lu-
cero apelo a los. tradicionales, para evitar que el ejército
cayera en la Sed!Clón: disciplina, jerarquía y subordinación constitucionaL
la de prensa del 23 de junio, el discurso transmitido por ra-
del l l de julio y en la orden general N° 15, el ministro de Eiército Insis-
tió e? que l,a de las instituciones militares es la garantía de su exis-
tencia; hincapié en dos temas: la autoridad es impersonal uno no eli-
ge a su jefe, y "nuestra institución no puede ser un fin.en sí misma" 29 es
decir q,?e ejército está del estado y no puede ubicarse po/enci-
ma de el SIn perder su ,legl.hIDldad propia. Muy oportunamente, el general
la debida al gobierno peronista por la mística
de la obedlenc!a y el sacrificio. El mismo día de la sublevación, ha-
bla presentado al presidente y a los generales en actívídadw el Decálogo del
Olivíer¡ (contralmirante Aníbal), op. cit., pág. 139.
29Tal era el caso del Señorans, brazo derecho del general Aramburu.
" Lucero (general Franklín), "La misión del ejército" Hechos e Ideas junio
Julio de 1955, pág. 577. " -
B I JO Se encontraban presentes entre otros los generales Aramburu Lagos Videla
ti a aguer, Bengoa y Francisco A. Imaz que dirigirían la sublevación de se
P
embr¡e:
6
s e
g
un Lucero (general Franklin), El precio de la lealtad Buenos
ropu SI n, 1959, pág. 101. "
112
soldado argentino que insiste sobre el profesionalismo de los militares y re-
cuerda solemnemente -citando con habilidad al "conductor de la nueva
Argentina"- "que las Fuerzas Armadas son la síntesis del pueblo, que no
pertenecen a determinados partidos o sectores ni servir de instru-
mento a la ambición de nadie y que pertenecen a la Patria, que es hogar co-
mún y que a ella se deben por entero" . " . " ..
El incendio de las iglesias fue "el momento más tnste de mt VIda ,dijo
el general Lucero. En realidad.sus penas recién comenzaban. por
ninguna unidad del ejército se había movido, yen la marina los suboficiales
y la tropa estaban en su mayoría a favor del régimen. no dejó de
cordarlo públicamente el 22 de junio: los soldados de la infantería man-
na y los suboficiales de la aviación naval fueron engañados, se les dijo que:
iban a liberar a Perón, apresado por un movimiento sedicioso. por CIerto,
las penas impuestas a los facciosos fueron relativamente leves y sin propor-
ción con la terrible efusión de sangre que habían provocado: fueron dlcta-
das doce condenas a cadena perpetua. Pero la represión de la marina por el
ejército había creado un estado en el oficiales,
jando la disciplina. Un clima de suspicacia y la actualización de-las dIVI-
siones políticas estaba dañando seriamente la El
mantelamiento de la marina alimentó rencores Yprecipitó a la disidencia y
el desprecio a soldados y marinos todavía dudosos. En efecto, la base aero-
naval de Punta Indio fue neutralizada, y, a fin de que no causara proble-
mas, la marina vio reducidas sus adjudicaciones de combustible, suprimi-
das algunas municiones e incluso Quitadas las espoletas de sus bombas y
obuses.U
La oposición se apresuró a echar leña al fuego, a explotar el malestar
reinante en el ejército criticando sin ambages su actitud durante los "acon-
tecimientos del 16 de junio". Volantes, cartas abiertas y panfletos, con su
séquito de rumores, circulaban profusamente en las de los
y hasta en los domicilios de los oficiales. Así, unas Estancias a Lu-
cero hablaban pestes del ministro de Ejército y exaltaban a la manna, reser-
va de todas las virtudes democráticas y patrióticas; una versión caricatures-
ca del Decálogo del soldado ridiculizaba la cobardía y la corrupción de los
generales burócratas.V Lo que se buscaba era hacer reaccionar a los ofi-
ciales jóvenes que estaban impresionados por la "noble acción" de los ma-
rinos. El 12 de julio, el diplomático católico Mario Amadeo publicó una
carta abierta al general José Embrioni, subsecretario de Ejército, pidiendo-
le sublevar al ejé.eito para que deje de ser "una guardia pretoriana al servi-
cio de la opresión" y de los "delincuentes anarquistas que se apoderaron de
la CGT" )3 Es comprensible que en tales condiciones se suspendiera la cena
31 Cf. Cavallo (Miguel Ángel), op, cít., pág. 55.
32 Lafiandra (Félix), op. cít., págs. 203-208. Los oficiales del ejército eran tra-
tados, en público o por correo, de gallinas; se les enviaba plumas, de arroz o
de maíz. Esta técnica de provocación fue utilizada por la derecha chilena en 1973.
Cf. testimonio de Bartolomé Galíndez, Apuntes de tres revoluciones (1930-1943-
1955), Buenos Aires, s.e., 1956, pág. 119.
33 Lafiandra (Félix), op. cit., pág. 255.
113
de camaradería de las Fuerzas Armadas que debia tener lugar el 9 de julio.
.Ante la energía y. la audacia de los opositores, Perón y el
Partido Peromsta estaban írnpacientes por sacarse de encima la tutela del
ejército y poner fin a la tregua política que les diera tan malos resultados.
Para lograrlo, el presidente iba a recurrir a lag. masas. Los militantes del ala
combativa reemplazaron a los burócratas prudentes. La consigna era: vol-
ver al 45,
, Lel?ir suplantó al contralmirante Alberto Teisaire en la pre-
sidencia Consejo Supenor del Partido Peronista. John William Cooke
fogoso aboga?o de opiniones.extremas, fue designado interventor del
do en la Capital Federal. El 29 de agosto, el gobierno encontró un buen
para dar terminada la tregua política: un arsenal montado por
estudiantes pertenecientes a grupos opositores. Todo estaba dispuesto para
una de esas impactantes puestas en escena a las que Perón era tan afecto.
El 31 de agosto, la noticia estalló como una bomba. En una carta diri-
g!da al Peronista y a la CGT, hecha pública ese día, Perón anun-
Ciaba su ?eCISIÓn de "retirarse" para garantizar la pacificación. "Nuestros
y ,enemigos políticos ponen como condición para cambiar su
actitud mr salida del gobierno... los grandes reformadores no son buenos
presidente se había cuidado bien de no pronunciar el tér-
mIn? y no presentar su nota al Congreso. A la CGT y a los dos
partidos peromstas no les cabía más que rechazar con indignación el sacriñ-
CIO de su líder y elogiar su magnanimidad. La central sindical había declara-
do de entrada una huelga general hasta que Perón cambiara de parecer. La
Plaza de Mayo estaba colmada por una multitud de partidarios del general
que, desde la mañana, acudían de todos los suburbios. Los oradores se su-
cedían para la permanencia de Perón en el poder, mientras se iba
c?l?eando el ambiente. La inmensa. muchedumbre reunida en la plaza his-
tonca esperaba la palabra del líder coreando las consignas de la lealtad:
"La vida por Perón", "La Argentina sin Perón es un barco sin timón". Fi-
  cuando el fervor y la tensión del auditorio alcanzaban su punto
maXI??O, el."Primer.Trabajador" apareció en el balcón presidencial. Pro-
un discurso, en las antípodas de la modesta y corta nota en-
VIada, al partido esa .mIsma mañana. La cuestión de la renuncia ya no fue
mencionada. Después de recordar hábilmente los "doscientos muertos"
,de la Plaza de Mayo, la mano tendida a los asesinos, y estig-
matizado la actitud de la OpOSICIon que "rechazaba la pacificación", Perón
expresó: :'Yo c?ntesto a esta presencia popular con las mismas palabras del
45: la vIOlenCIa. le .hen:os.de cont,estar con una violencia mayor". Y luego
preCISó,. una mCI,tacIón al asesinato que, vistas las circunstancias y los
acontecímíentos recientes, no era simple retórica: "y desde ya, establece-
mos com? una permanente para nuestro movimiento: aquel que
e.ncualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades cons-
tltl:lIdas o en.contra de la Ley o la Constitución, puede ser muerto por cual-
quier .. La consigna de todo peronista, esté aislado o dentro de
una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta.
¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos!".
114
Esa declaración de guerra a la oposición fue más queun error¡ fue una
falta grave, significó dar aliento a los conspiradores militares y rienda suel-
ta a los opositores indecisos del ejército. En efecto, desde las depuraciones
de 1951, había pocos activistas decididos. La mayoría pasiva o leal estaba
lista para cumplir con su deber, sin celo pero sin defección. Las exalta-
ciones homicidas del general Perón, agregadas a la quema de las iglesias, lí-
libera a muchas conciencias. Varias lineas conspirativas se desarrollaban en
las guarniciones más importantes del país, aisladas por la desconfianza y el
temor. La seguridad militar, el adoctrinamiento y el dominio propios de un
régimen surgido del ejército tenían tanta fuerza disuasiva que se tanteaba el
terreno sin demasiada convicción. A pesar de todo, las Fuerzas Armadas
"deliberaban", según el vocabulario clásico de las conspiraciones milita-
res, y se realizaban reuniones con políticos civiles. Los jefes en actividad no
podían moverse con facilidad, pero la vigilancia de los servicios de informa-
ciones pudo burlarse con discretas reuniones. El general Bengoa, oficial
"revolucionario" de 1943, prosiguió manteniendo contactos en forma
clandestina después de haber sido relevado en junio del mando de la 111 Di-
visión de Entre Rios. Después del exaltado discurso de Perón, se reunió con
el comandante de la guarnición de Cuyo, en el domicilio de un político vin-
culado con el general Lagos, desde la época en que Per6n comenzó su
carrera politica¡34 Lagos, sintiendo que la situación maduraba, solicitó a
uno de los jefes del Estado Mayor un "relevamiento de las presuntas opi-
niones politicas de los generales y coroneles bajo sus órdenes")5 El sondeo
arrojó resultados muy favorables.
En Buenos Aires, algunos generales sin mando de tropa, como el gene-
ral Aramburu, estaban armando paciente y prudentemente una red de
conspiradores, Este general de infantería estaba en condiciones de conocer
los sentimientos de la oficialidad joven y de trabar relaciones útiles. Subdi-
rector de la Escuela Superior de Guerra en 1950, en 1955 ocupaba el puesto
de director de la Escuela Nacional de Guerra donde dirigía el curso para
formación de los coroneles. Aramburu no era considerado peronista desde
que había asumido la defensa ante el tribunal militar de uno de los acusa-
dos de la rebelión de Menéndez en 1951. Sin embargo, el16 de junio acom-
pañaba al general Lucero y parecía un legalista, como -todos los generales
en actividad claro está. Pero, después del31 de agosto, el grupo de conjura-
dos que se nucleaba alrededor de él decidió esperar circunstancias más pro-
picias, fortaleciendo mientras tanto su organización.
Algunos oficiales de artillería cordobeses de filiación católica, aconse-
jados por el coronel Arturo Ossorio Arana, antiguo director de la Escuela
de Artillería, dado de baja en diciembre de 1951, se pusieron en contacto
con el general Aramburu. Ante su actitud momentáneamente negativa,
buscaron a otro general que encabezara la rebelión. El general de artillería
34 Se trata de Bonifacio del Carril. Cf. del Carril (Bonifacio), Crónica interna
de la Revolución Libertadora, Buenos Aires, Emecé, 1959, pág. 46. Testimonio con-
firmado por el general Lagos (entrevista concedida al autor el31 de marzo de 1970),
35 Entrevista citada.
115

vincules de familia con los sectores católicos y
parecia ser el-más indicado, Dado de baja y en-
por conspirar contra Perón en el año 1951, había salido eh
en diciembre de 1953 después de once meses de detención. El go-
bierno lo consideraba inofensivo. Lonardi, que también había buscado po-
nerse en contacto con Aramburu, aceptó, hacia fines de agosto, atravesar
solo el Rubicón y pasar a la acción en Córdoba. Tenía dos razones para no
posponer el movimiento: los conscriptos serían licenciados al concluir sep-
tiembre, por lo que habia que prever un período de transición antes de dis-
de nuevas tropas operacionales, y se decía cada vez con mayor insis-
tencia que se organizarían milicias obreras. La CGT habla propuesto al ge-
neral Lucero que se crearan milicias populares armadas, oferta que éste se
apresuró a rechazar temporariamente; pero los oficiales antiperonistas de-
cidieron actuar en la creencia de que el peligro era inminente.
Desde junio, la marina se encontraba en un estado de semiinsubordi-
nación. Las medidas de represión tomadas por el gobierno habían fortaleci-
la cohesión de los oficiales. El problema no era saber quién conspiraba,
sino cómo conseguir los medios materiales, tales como armas y municiones,
para. lanzarse asalto del régimen. La marina tenía la desventaja de estar
relativamente aislada a bordo de sus navíos y en sus bases, por lo que con-
un mosaico de conspiradores a lo largo y ancho del país sin más
vmculos que contactos esporádicos. No existía ningún plan de conjunto.
El 2 de septiembre, el general Videla Balaguer, comandante de la IVa
Región Militar, titular de la Medalla de la Lealtad Peronista por su actitud
en junto, se sublevó en Río Cuarto. Fue al menos lo que se anunció oficial-
  Se orden de captura contra el general faccioso y cinco de sus
oficiales prófugos. Todas las personas más o menos bien informadas sabían
o.presentian que algo sucedería ineludiblemente. EI12 de septiembre se hi-
  maniobras de tiro en Córdoba, las que, por precaución y por orden'
ministro de Ejército, se hicieron con balas de fogueo. El 14 de sep-
tiembre fueron arrestados cincuenta y cinco oficiales. Llegó finalmente el
16 de septiembre, día del estallido. Un comunicado de la Secretaría de
Prensa anunció "la rebelión de efectivos de las guarniciones de Córdoba
Cuatiá y de algunas guarniciones de la marina", precisando que ei
Jefe movimiento sedicioso era "el ex general Videla Balaguer".
. Sin entrar en el detalle anecdótico de los acontecimientos, es útil exa-
mmar algunas de las peripecias de la sublevación para poner de manifiesto
las divisiones y las relaciones de fuerza que existían en el seno de la sociedad
militar.
El epicentro del movimiento estuvo en Córdoba, específicamente en
las escuelas militares. El16 por la mañana.fa Escuela Militar de Aviación
la Escuela de Artillería y la Escuela de Paracaidistas se pusieron a las órde-
nes del general Lonardi y del coronel Ossorio Arana. En la Escuela de Ar-
tillería, Lorrardi hizo arrestar a un gran número de suboficiales y al director
que se negaban a unirse al movimiento. "Mientras tanto los rebeldes ataca-
ban la Escuela de Infantería que resistía. Al no disponer de suficientes solda-
dos, distribuyeron armas a comandos improvisados por civiles antiperonis-
116
taso A pesar de un intenso bombardeo de artillería, la Escuela de Infantería
no se rendía, colocando a los rebeldes en una situaciónnada alentadora-. El
coronel Brizuela, su director, se decidió al fin a parlamentar, encontrándo-
se con Lonardi que lo persuadió de cesar el fuego para evitar un "enfrenta-
miento fratricida". Entonces, los rebeldes le rindieron honores. Quedaba
la policía legalista de Córdoba, atrincherada tras los muros del viejo Cabil-
do, en el centro de la ciudad.ae
A las cero hora del día 16, también se alzaron lasdos principales bases
navales: Río Santiago, cercana a La Plata, y Puerto Belgrano, cercana a
Bahía Blanca. La situación de la primera, donde todo estaba preparado
desde hacía semanas, era delicada en razón de su proximidad de Buenos
Aires. El capitán de fragata Palma se había encontrado secretamente con el
general Lonardi a principios de mes, quedando fijados el día y la horade la
sublevación. Oficiales de marina radiados del servicio activo y unos sesenta
oficiales del ejército llegaron a la base naval el 15 por la noche. A la hora
indicada, la Escuela Naval, el Liceo Naval Almirante Brown, la flota de
instrucción y la de río se pusieron a las órdenes del almirante Isaac Rojas.
El objetivo era bloquear las vías de acceso, al puerto de Buenos Aires con la
adhesión de la flota de mar. La base y los buques rebeldes fueron bombar-
deados desde el amanecer por aparatos de la aeronáutica. En tierra, la in-
fantería de marina fue rechazada por la policía y por refuerzos enviados
desde el 7° Regimiento de Infantería con asiento en La Plata; además venía
en camino un Grupo del 2° Regimiento de Artillería Montada de Azul. La
base no disponía de aviones desde el 16 de junio. En vista de la situación
militar desesperada, en la tarde del 17 de septiembre el almirante Rojas or-
denó la evacuación masiva de todos los ctectlvos.s?
El alzamiento tuvo menos inconvenientes en la base naval de Puerto
Belgrano, protegida por su situación geográfica más alejada y menos casti-
gada por la represión del 16 de junio. La importante Base Aeronaval COM
mandante Espora, en manos de los rebeldes, le brindó un apreciable apoyo
aéreo. Los efectivos eran numerosos y la tripulación de la flota de mar,
bien controlada, tenía una buena moral revolucionaria: de los 4.000
hombres, sólo 93 se habían negado a colaborar con la sublevación. Los re-
beldes ocuparon Bahía Blanca donde sólo resistía el 5° Regimiento de In-
fantería. La guarnición leal se rindió el 17 para no ser bombardeada,
mientras que numerosas columnas con refuerzos de artillería e infantería
36 Consultar el relato del hijo del general Lonardi, en Lonardi (Luis Ernesto),
Dios es justo, Buenos Aires, Francisco Colombo, 1958, 398 págs., así como "Hiero-
ria del peronismo. La caída. Represión en Córdoba", Primera Plana, números 338,
341,342. Asimismo Guevara (coronel Juan Francisco), op. cit., págs.  
31 CL el relato del contralmirante Sánchez Sañudo, uno de los primeros ofi-
ciales que se puso en contacto con el almirante Rojas. Sánchez Sañudo (contralmi-
rante Carlos A), "La Revolución Libertadora" (Algunos acontecimientos ocurri-
dos en Río Santiago, Escuela Naval, Fuerza Naval de La Plata y Flota de Mar desde
el15 a123 de septiembre de 1955)", Gaceta Marinera (Puerto Beígrano), 16 de sep-
tiembre de 1967, Yentrevista concedida al autor por el almirante Isaac Francisco Ro-
jas el28 de mayo de 1970.
117
convergían sobre Bahía Blanca desde toda la provincia de Buenos Aires.38
En guarniciones del ejército cercanas a la Capital Federal nadie se
.. El general Uranga no había logrado sublevar al Co'legio Mi-
  s.mgran Importancia operacional, por cierto, pero factor
psicológico de pnmer orden en un golpe de estado. Buenos Aires estaba
perfectamente por el gobierno. Campo de Mayo, Magdalena y
Azul estaban bajo las órdenes del Comando de Represión.
. El general Aramburu, que a último momento se había unido al moví-
miento de Lonardi, salió de Buenos Aires con los miembros de su estado
mayor (entre ?tros el coronel Seftorans y el teniente coronel Arias Duval)
con el propósito d,et0';11ar la guarnícíón de Curuzú Cuatiá, en la provincia
de Corne?tes. Alh su asiento la mayor unidad blindada del país, a la
que era vital neutralizar para fortalecer los focos rebeldes, sobre todo en
caso de que se declarara una guerra civil. Aramburu, después de muchos
rode?;'l para burlar la vigilancia policial. llegó demasiado tarde a Curuzú
  no logró su propósito. El enfrentamiento entre oficiales rebeldes y
su.boficIales   fue favorable para los primeros. El denso encuadra-
de ,subofIcIales y su elevado nivel técnico colocaba a los rebeldes en
una situación desventajosa. Finalmente se estableció una tregua, y el inten-
to del general Aramburu-terminó lastimosamente.
. Los generales Lagos y Arandia que comandaban la guarnición de San
LUiS. en la zona puntana del centro del país se "pronunciaron" COn éxito
A pesar del "estado de sorda rebelión de suboficiales"39 con respecto a
sus supe;iores sólo sesenta se negaron a participar' en la
del 2 Ejército, siendo en consecuencia arrestados. Similar ac-
tltt,Id se adoptó con un general (Raviolo Audisio) y cuatro coroneles sobre
quince. Pero guarnición de San Luis estaba muy alejada de los centros
del poder político, por lo que sólo podía servir de apoyo estratégico al foco
rebelde de Córdoba.
En su edición del 18 de septiembre,.La Nación publicó un título a
nueve columnas: "Han entrado en Córdoba las tropas leales" . El comuni-
cado. .de Represión publicado en la noche de la víspera preci-
saba. Contmua remando perfecta calma en todo el país. con excepción de
los centros de Córdoba y Puerto Belgrano". ¿Propaganda, intoxicación?
peor de los casos, una ligera anticipación sobre los previsibles aconte-
CImientos. estaba cercada por las tropas gubernamentales. El co-
en jefe habiaenviado a todos los regimientos de:infanteria dispo-
nibles. El general Iñíguez, al mando de diez mil hombres comenzaba el
sobre los mil rebeldes. El19 por la mañana, ei aeropuerto de
Pajas Blancas cala en manos de las fuerzas leales.
. Los aguardaban en vano refuerzos, esperaban que e12° Ejér-
cito marcharía sobre Córdoba a las órdenes del general Lagos, o que por 10
menos tomaria Rio Cuarto y cortaría las vías de comunicación de las tropas
3.8Cavallo (Miguel Ángel), op. cu.. págs. 95-100, Lucero (general Franklin)
op. ctt., págs. 150-151. '
39 GeneralLagos, entrevista citada.
118
Ahora bien, el general Lagos prefirió, por razones políticas, consoli-
dar su posición en las provincias de San Luis y Mendoza a fin de crear una
zona liberada adosada ti la frontera chilena.se En la mañana del 19, el ma-
yor Juan Francisco Guevara salió para Mendoza con una nota en que Lo-
nardi pedía ayuda a Lagos: "Le agradeceria me enviara toda la infanteria
-c-con ametralladoras y morteros- ... Nuestra crisis es de infanteria" .41
Ante la creciente represión del gobierno, los rebeldes aún disponían de
una carta: la flota de guerra. Para aliviar la situación del foco rebelde, el
comando en jefe de la armada sublevada decidió atacar objetivos económi-
cos neurálgicos, en una acción capaz de socavar la moral del poder. La ma-
yor parte de los buques con artillería pesada se habían sumado al alzamien-
to. La marina rebelde anunció que si Perón no renunciaba, sus unidades
bombardearían el 19 los depósitos de combustible de Mar del Plata, luego
la destileria de La Plata y finalmente los objetivos militares de la Capital. El
19 por la mañana, los caftanes de 150 mm del crucero 9 de Julio convir-
tieron en humo miles de toneladas de combustible almacenados a lo largo
de la costa atlántica. Si no sucedió lo mismo en Buenos Aires, se debió a
condiciones meteorológicas adversas. 42 Ese mismo día, la marina se dispo-
nía a proseguir su espectacular escalada. El crucero General Belgrano esta-
ba en posición para bombardear la destileria de La Plata, cuando cundió la
noticia de que el presidente Perón había delegado el poder en el ejército. El
general Lucero anunció ún alto el fuego y la apertura de negociaciones con
los rebeldes en el Ministerio de Ejército.
En su nota de cuasi renuncia, el presidente declara que ningún hombre
tiene la autoridad suficiente para reconciliar a los argentinos y resolver la
crisis, y sugiere que sólo el ejército, como institución nacional. puede ga-
rantizar la paz. Agrega -in caudavenenum- una conclusión que huele a
maniobra y recuerda su falsa salida precedente: "Si mi espíritu de luchador
me impulsa a la pelea, mi patriotismo y mi amor al pueblo me inducen a to-
do renunciamiento personal" .
El general Lucero imitó al presidente: en su mensaje precisó las razo-
nes de la tregua, pero no aludió a una eventual "renuncia" de éste ..Ante el
ultimátum de bombardear la zona ribereña de Buenos Aires y para evitar
prolongar la efusión de .sangre, "el comandante en jefe de las fuerzas de
represión" invitó a los "comandos revolucionarios" a parlamentar.
La muy favorable situación militar del poder no justificaba semejante
decisión politica. Los más sorprendidos por el alto el fuego eran los jefes de
las fuerzas leales que rodeaban la -ciudad de Córdoba. La tregua salvó in
extremls al general Lonardi en en que el general Iñíguez se dis-
40 Segúndel Carril, el mismo Lonardi habría pedido al general Lagos, cuya si-
tuación militar era más desahogada; que formara un gobierno provisional en Men-
daza (Cf. del Carril [Bonifacio], op. cít., pág. 100). Los testimoniosde los lonardís-
tas no concuerdan con esta afirmación. Cf. "Historia del percnismo. La calda",
Primera Plana, N° 341.
41 Carta del general Lagos publicada en La Nación del 22 de noviembrede 1958
que incluyela reproducciónde una carta del general Lonardi al general Lagos.
42 Según el contralmirante Sánchez Sañudo, artocitado, pág. l.
119
ponía a <lar el asalto final y ter .." 1 . . .'
qüeFetónqueria repetir la centro de rebelión. Pare-
Junta de generales que detentaba el p d e agosto. Es por esoque la
nuncía tan poco clara. El presidente no se apresu!"óa aceptar una re-
relieve el carácter odioso y criminal J 1 mtentaban poner de
contra objetivos civiles y hacer e e militares de los rebeldes
posible guerra civil El P so re e os la responsabilidad de una
movimiento de indignación pop e¡ron, por su parte, esperaba que un amplio
... ti ar, una movilización masí 1 .
en sus funciones dándole los recurs li . .slva, o repusiera
lucha hasta el fin. os po neos necesarios para llevar la
El coraje personal del presid t
que hayan dicho sus adversarios e no estar en duda, a pesar de lo
vez que, habiendo visto en España ¡e
9
n
3e9ml¡gos.
Perón repitió más de una
con ifi . e resultado de una guer lvil
su sacn ICIO personal pretendió lib . ra CIV ,
jante.o Puede pensarse ue Per 1, rar a su pars de una tragedia seme-
La polarización social sabia la lucha estaba mal entablada.
a un enfrentamiento f;atricida ataversl n de los altos mandos a lanzarse
l con ra otros militares lo' .
ema: o las cosas se solucionaban olíti " poruan ante un di-
ra armar a los sindicatos antes d p   o que prepararse pa-
solución no podía agradar a un uera demasiado. tarde. Esta última
cuarenta y cinco años. re que usaba uniforme desde hacía
Pero esta vez la maquina . 1 bl , ,
"suplicó" allíd ti pe iscnana no funcionó. Nadie
er re irar una renuncia que en re lid d ól h
En la Argentina de 1955 cada in titució a a s o abía sugerido.
o sea, en salvarse a si au: n   en sus propios intereses,
su suerte. La COT no se D d a e regl?Jet,t, y que Perón corriera
nistas de los sindicatos e el 16 de junto, los militantes pero-
en la productividad, e;an os P?r el que se venía poniendo
ción politica. Los dirigentes u.tIlizar y a arriesgar su posí-
manejaban un patrimonio a llUmstradores de que
su poderío. Ya no era cuestión de e" pensa.ban ante todo en conservar
Considerando que la "renuncia" andar .ofreclendo "la vida por Perón".
compromisos, la mayoría de los los en parte de sus
estuvo de acuerdo, en la reuni6n del el C?mlté Central Confederal
prudente expectatíva.ss El 24 la COT d f   en mantener una
do que es un verdadero a la dese un P?6slclón en un comunica-
movtnzact n:
"E
sobre en que cesado el fuego entre hermanos, y por
J
•o se di e antepone}a Patria, la Confederación General del Traba-
mge una vez mas a los compañ t b . d
carles la necesidad de m t 1 eros ra aja ores para signifi-
sus tareas... Cada trabaiad ener a más absoluta calma y continuar en
nía para mostr ja or en su puesto, por el camino de la armo-
, ar al mundo que hay en los argentinos un pueblo de'
43 Perón defendió esa tesis ante nosotr d .
el12 de enero de 1969. os urante la entrevista que nos concedió
44 Cf. Gazzera (Miguel), Ceresole (Norberto), op. ctt., pág. 18.
120
hombres debien; que s610 en la paz de los espíritus es posible promo-
ver la grandezade la Nación,' que es el modo deafianzar las conquistas
sociales. Iremos de frente. Tengamos fe. Lo demás lo hará la Patria".
Esta prosa poco combativa significa claramente que hay que- confiar
en el ejércitoy olvidar a Perón. Así, la suerte estaba echada desde el día 20.
Perón había fracasado; refugiado en la embajada del Paraguay, s610 le
quedaba salvar la vida abandonando el país lo más rápidamente posible. El
general Lucero y la Junta Militar no habían tenido mejor suerte en las ne-
gociaciones. Las exigencias de la marina impidieron que fueran reconoci-
das las verdaderas relaciones de fuerza que existían dentro del ejército y que
tomaran el poder en sus manos los legítimos jefes de las instituciones mili-
tares, bloqueando así todo intento de restauración política y social. En
efecto, el contralmirante Rojas exigió en nombre de la armada que la Junta
se reuniera con los representantes de las fuerzas revolucionarias a bordo de
la nave insignia, el crucero General Belgrano. La Junta aceptó y el 20 tuvo
lugar una entrevista entre una delegación presidida por el contralmirante
Rojas, a quien acompañaba el general Uranga, por un lado, y los generales
Emilio Forcher, Angel Manni, José Sampayo y Osear Saccheri, por el otro,
quienes aceptaron las condiciones de la marina.
La revolución resultaba victoriosa. La Junta capituló, aceptando la re-
nuncia de Perón y el nombramiento del general de división Eduardo Lonar-
di como "jefe de la revolución" al frente de un gobierno provisional.
La facilidad de la victoria y la debilidad de un régimen que se derrum-
bó casi sin combatir, después de un ardid irrisorio, confunden y asombran.
Quedándonos en el plano estrictamente militar que nos interesa, podemos
señalar sin embargo que aparte de la marina el levantamiento estaba atorni-
.zado y tenía alcances limitados. No afectó a la Capital Federal y sus alrede-
dores, es decir a los centros neurálgicos del país. Esta sublevación, constí-
tuida por una serie de pronunciamientos de oficiales superiores no siempre
en actividad, no tiene nada que ver con un golpe de estado institucional en
que el aparato militar asume el poder desde el interior bajo la conducción
de los comandantes en jefe. Los suboficiales del ejército eran peronistas en
su inmensa mayoría y la infanteria era de una lealtad casi sin fallas; pero
muchos cuadros estaban a la espera de los acontecimientos, indecisos. Esto
nos da la clave del problema. Pocas unidades se rebelaron, el número de ge-
nerales facciosos era ínfimo; 'sin embargo, los "legalistas" no querían
aplastar a los rebeldes, no los aprobaban, pero los comprendían. Más que
ser fieles a Perón, los oficiales leales obedecían al general Lucero: el ejérci-
to ante todo. La represión, por lo tanto, se hizo sin convicción. Hu"bocon-
voyes con municiones que no llegaron a destino, columnas que se rezaga-
ron. Muchos oficiales, que no eran ni revolucionarios ni peronistas, esta-
ban ligados a los origenes del régimen, pero consideraban que Perón "ha-
bía perdido el sentido de la realidad política" y debía retirarse. El general
Lucero comprobó con amargura que en el mismo seno de la Junta del 19de
septiembre varios generales interpretaban el ambiguo mensaje de Perón co-
rno una presentación de renuncia que debía ser inmediatamente aceptada.
121
e tiembre, después de la "Con la en Cristo yla Virgen del
s p.
o
a quien el general que dirigió las operaciones de la ciudad ha ofrecido
san
voto
su espada y la ha llamado la Virgen de la Resistencia y de la Recu-
en ación hemos triunfado tal vez milagrosamente. No en vano en los
los soldados y civiles, en las alas de los aviones, en las de
fa artillería se vio lucir un nuevo lábaro, una cruz Y una V = Cristo
Vence". . . - 1 L
No obstante todas estas referencias místico-guerreras, el 0-
nardi no tenia la mentalidad de un con todo lo ella implica
cuanto a deseo de revancha o de del ..Su pr:t
mer
dis-
curso público como presidente provísional marco la .. de
concordia y reconciliación. "La victoria no da derechos ,diJO Lonardi, y
retomando la fórmula de Urquiza, proclamó: "En esta no hub? m
vencedores ni vencidos" . El nuevo pr::sidente guardia a l?s
ronistas contra sus deseos de borrar sm apelación diez años de ar-
gentina. Dejando de lado toda veleidad de a los grupos SOCiales
beneficiados en la era de Perón, Lonardi rechazó. igualmente
"restauración liberal" . Para él y sus asesores, se rmpcma una Simple recti-
ficación hist6rica: había que volver al período 1943-1946, restablece: la po-
lítica de Ramirez y Farrell, pero esta vez con el apoyo de los trabal.adores
organizados-a quienes se propondría la enmienda, y no la d:l
régimen peronista. Lonardi confiaba, hasta cierto punto, en CI-
mientos del régimen depuesto para realizar por fin la revolución nacional,
eterna Dulcinea de los nacionalistas civiles y   .
El presidente provisional esbozó desde sus primeros ese am-
bicioso proyecto politice cuya simplicidad ignoraba las rela-
ciones de fuerza del momento. El general partió en guerra contra
la inflación, la burocracia parasitaria yla corrupción, los tres   may?-
res, según él, de la "dictadura". Se al c.ontrato con la
contrario al interés nacional, y proponía poner fin a los malentendidos con
la Iglesia mediante la fuma de "un concordato" ". el
general-presidente intentó echar las bases de un peromsmo sm diri-
giéndose directamente a los trabajadores   del "tITano
derribarlo". "Deseo la colaboración de los obreros, el 23 de. sep-
tiembre, y roe atrevo a pedirles   acudan a mí con la misma confianza
quelo hacían con el gobierno antenor. Buscarán en vano al demagogo, pe-
ro ... siempre encontrarán un padre oun hermano". . ..
Para poner en marcha esa de y reconcjJl_?CIÓ,n
no desprovista de segundas intenciones, Lonardi logró Impone.r a vanos de
sus amigos en puestos de responsabilidad   As.i mgresaron a
la Casa Rosada corporatívístas, católicos integristas, nostálgicos de los re-
gímenes autoritarios. Entre los civiles, Clemente Achával, cuñado
del general y antiguo presidente de la Juventud Católica, de Córdoba, fue
nombrado asesor de la Presidencia¡ Mario Amadeo d.ene-
laciones Exteriores; uno de los fundadores de la revista católica Criterio fue
designado titular de Educación, y el publi.cista de extrema Juan
Carlos Goyeneche, fue nombrado secretano de Prensa y Actividades Cul-
123
generales que no se habían sublevado no aceptaba pelear'
La discordia existente en el seno de las fuerzas de represión y las
presiones internas que se ejercían sobre los miembros de la Junta confir-
man esa circunstancia que incitaba a los generales legalistas a hacer efectiva
la partida de Perón aún antes de la entrevista con la marina.e
El 21 de septiembre, en Córdoba, el general Lonardi se declaró presi-
dente provisional. Designó como secretario .general de gobierno al capitán
de navío Rial, enviado del contralmirante Rojas, y como ministro de Rela-
ciones Exteriores, al comodoro Krause: las tres armas unidas organizaban
el nuevo poder.
El 23 de septiembre, el general Lonardi entró solemnemente en la Casa
Rosada donde tres cadetes, uno por cada fuerza, le entregaron los símbolos
presidenciales. Antes de la ceremonia pasó revista a un destacamento de las
tres escuelas militares. En el discurso que pronunció desde el balcón de la
Casa-Rosada, fustigó a los que se habían dejado corromper por el poder y
subrayó la contribución de los oficiales jóvenes "no contaminados" al éxi-
to del movimiento del 16 de septiembre. Todo hacía suponer que el ejérci-
to, o mejor dicho, las Fuerzas Armadas eran las que se instalaban en el po-
der y que en el fondo éstas no habían fallado.
El nuevo presidente parecía abordar la política con la actitud de un
moralista. Extraño destino el de este oficial de artillería: era a la vez un clá-
sico producto de las instituciones militares y el portavoz de un reducido sec-
tor político que mantenía relaciones privilegiadas con el ejército desde los
años 30. Hijo de un inmigrante italiano, estaba vinculado por su casamien-
to con una de las familias católicas tradicionales de Córdoba, los Villada
Achával; entre los antepasados de su mujer se cuenta uno de los lideres de
la reacci6n católica de fines del siglo XIX, Tristán Achával Rodríguez; su
cuñado Manuel fue secretario de Instrucción Pública en 1943. El general
Lonardi, católico practicante que llevaba una existencia austera en la que la
fe exaltaba los valores de:servicio y de deber del orden militar, frecuentaba
sobre todo el medio marginal de la derecha ultramontana donde se mezcla-
ban integristas y nacionalistas. Contra Perón invoc61a intercesión divina, y
SUs proclamas tienen un tono mesiánico. El santo y seña de los conspirado-
res cordobeses era: "Dios es justo". La radio rebelde proclamó el 22 de
45 Recordemos, para In pequeña historia, la acción tipo comando del general
Francisco lmaz y del futuro general Rosas que irrumpieron en una reunión de la
Junta. pistola en mano, para intimar a sus miembros a que dieran por aceptadas las
renuncias de Perón y LUcero. Cf. Lonardi (Luis Ernesto), op, cit., pág. 130Yentre-
vista citada con el general Rosas.
Ni vencedores ni vencidos: la imposible revolución nacional
del general Lonardí
122
rura¡'os..- ... El' general habría deseado asegurar la continuidad ha- ,
al gabinete, además de estos nacionalistas, cierto número
de personalidades del justicialismo. Llegó incluso a ponerse
et,t contacto con el Dr. Brarnuglia, a quien se señalaba como posible mi-
mstro Trabajo, quedando finalmente descartado su nombramiento por
resultar para la oposición "democrática". Un abogado, asesor
legal de vanos y funcionario del Ministerio de Trabajo durante el
gobierno de Peron, ocupó a pesar de todo la problemática certera.s?
El general no demasiado campo libre para elegir a sus
colaboradores: SI bien logro evitar que los partidos opositores dictaran su
y se los cargos, tuvo que aceptar en puestos clave a liberales
bien por fonnaciones poUticas tradicionales o por los gru-
pos de eCOn?mIcos. Así sucedió con lo,s Ministerios de Agricultura
y Interior, Los   además, los antiperonistas revanchistas parti-
danos de una depuración del estado y de la sociedad argentina, ro-
al presIdente.paternalista. La Casa Militar estaba en manos de los
?uros. golpistas de 1951, antiperonistas de larga data, vigilaban,
al teniente coronel Bernardino Labayrú, la marcha de la Revolucíó
Libertadora.ss n
L?s más intensas y las mayores decepciones se encontraban
en ejército. Los que más habían sufrido con el peronismo, en es-
pecial los que a partir de 1951 habían sido degradados, dados de baja o en-
  clamaban venganza, indignados al ver que los oficiales que ha-
blan hecho la revolución durante largo tiempo habían sido conformistas "y
a?ora aprovechaban su éxito. Esos antiperonistas de la primera hora exi-
gran actitud dura con el régimen derrocado y sus partidarios. En com-
gran parte de los protagonistas del golpe de estado de sep-
  que nunean habían dejado el servicio activo y habían sido distin-
a veces por el régimen justicialista, se esforzaban con vigor en hacer
olvidar supasado o menos su tolerancia culposa. Los que invo-
caban el de revolucl?nano de 1951 despreciaban a aquellos camara-
das que en el ejército desempeñando funciones. En
  mllitares vtctímas del peronismo esperaban en realidad que su co-
raje ° mala s,:erte compensados. La estratificación cronológica
del actívrsmo antiperonista engendró en la sociedad militar un afán de emu-
. 46 la trayectoria política de los colaboradores de Lonardi y su proyecto
  ver nuest:o estudio Intégrístes et militaires.... op. cit.
LUlS B', Cerrutt¡ Costa, asesor de la Unión Obrera Metalúrgica, asistido por
un de la misma tendencia, el Dr. Rudolfo Biedel.
. . Cuando el general Señorans, ideológicamente cercano al presidente no ace _
to la jefatura de .la Casa Militar, el general Lonardi designó para el cargo
Beraardino Labayrú, por el capitán de fragata Francisco Manrique.
onardí pr?puso al numstro de Ejército que el mayor Alejandro Lanusse fuera
del Regimiento Granaderos a Caballo, escolta presidencial; el presi-
ente .quena así un hombre que había pasado cuatro años en prisión
mucho bajo el peromsmo. CL Guevara (coronel Juan Francisco), op. cit.,
124
lación que resultó fatal. para el proyecto político de Lonardi y sumió .a las
Fuerzas Armadas, sacudidas porlas ambiciones ylos rencores, en una per-
sistente inestabilidad.
Es por eso que cuando Lonardi pretendió poner en práctica las inten-
ciones proclamadas en sus discursos, tuvo que enfrentar una oposición
violenta cuyo epicentro se encontraba enla marina y sus apoyos ideológicos
civiles. Las primeras medidas destinadas a ganarse la simpatía de los traba-
jadores peronistas fueron rechazadas de plano por los revolucionarios que
no concebían haber derrocado al gobierno peronista para que todo quedara
igual. Lonardi, en efecto, se había afanado en dar amplias garantias a la
Confederación General del Trabajo, rama sindical del movimiento justi-
cialista. Ya el 25 de septiembre, el presidente había hecho saber al secreta-
rio general de la CGT que la Central Obrera no seria disuelta ni interveni-
da, que sus bienes no serían confiscados y que se respetarían todas las con-
quistas sociales obtenidas en los últimos doce años. Aun La Prensa, confis-
cada a los opositores, seguiría siendo propiedad de los sindicatos hasta
.nueva orden. El gobierno provisional también dio a entender que la pode-
rosa Fundación Eva Perón podría continuar funcionando.
Tales medidas no tomaban en cuenta el clima que se vivía en aquel mo-
mento ni la tremenda carga de rencor y odio acumulada durante doce aftas.
En la Argentina de septiembre de 1955 había, efectivamente, vencedores y
vencidos. Los antiperonistas encarcelados o exiliados y todos aquellos que
se consideraban perjudicados o humillados por la política social y económi-
ca de la "segunda tiranía". esperaban una reparación. Los partidos políti-
cos tradicionales, vilipendiados y mantenidos al margen del poder durante'
doce años, pensaban que habia llegado su hora. Considerando que tenían
el mérito de haber vresístido" a una "dictadura totalitaria" emparentada
con las potencias del Eje, su primer objetivo era una "desperonizaclón"
del país, indispensable a su entender para el restablecimiento de una de-
mocracia efectiva a la que sólo serían invitados los "verdaderos demócra-
tas" . Es por eso que las fuerzas políticas y los grupos de presión hostiles al
peronismo reclamaban el desmantelamiento total de su aparato estatal
(partidos, CGT, organismos económicos, medios de comunicación).
Muchos ni siquiera disimulaban sus deseos de abolir toda la legislación jus-
ticíalista, particularmente la legislación social promulgada a partir de 1943.
Porque la hostilidad política hacia los "enemigos dela libertad" encubría
muchas veces un odio social, un enfrentamiento de clases inexpiable que el
general Lonardi ignoraba por completo.
Mientras la presidencia colmaba de buenas intenciones a los trabaja-
dores peronistas, se tomaban diversas medidas represivas contra los obre-
ros. El ejército ocupó militarmente los barrios populares de Rosario,
las localidades de Avellaneda, Berisso y Ensenada.w Muchos empleadores to-
49 La Nación del 24, 25 y 26 de septiembre. Según este diario, en Rosario se rea-
lizaban vuelos rasantes sobre los barrios populares después del toque de queda; las
manifestaciones "contrarrevolucionarias" fueron dispersadas a tiros. Cf. Torre
(Juan Carlos), Senén González (Santiago), Ejército y sindicatos, Los 60 dios de Lo-
nardi, Buenos Aires, Galerna, 1969, págs. 11-12.
¡:zs
maron sanciones contra los,delegados sindicaleso suprimieron arbitrariamente
algunosde los beneficios.socieles que .legalmente correspondían a los asala-
riados. Había llegado la hora de la revancha. El 27 de septiembre, el mi-
nistro de Trabajo se vio obligado a lanzar una advertencia a los empresa-
rios y el I" de octubre, a desmentir que se pensara suprimir el aguinaldo¡
pero poco podía hacer para evitar la ocupación de algunos sindicatos por
"sindicalistas libres" con el apoyo del ejército o la marina.
Mientras el jefe de la Revolución Libertadora avanzaba contra la
corriente, aumentaban día a día las presiones que se ejercían sobre él¡ apun-
taban especialmente a sus colaboradores inmediatos, sospechosos con ra-
zón de querer instaurar un Estado corporativista. Poco a poco se fueron.
promulgando medidas represivas. El embate contra el plan de Lonardi se
profundizó. A principios de octubre el secretario de Prensa se vio obligado
a renunciar. El 24 fue prohibida la palabra "peronista". La depuración de
la diplomacia comenzaba. Se impuso a la COT mi proyecto de normaliza-
ción sindical: una dirección provisional (percnista, es cierto) se encargaria
de organizar elecciones libres y democráticas supervisadas por el Ministerio
de Trabajo. Se arrestó a numerosos peronistas civiles y militares.
Pero era en las Fuerzas Armadas donde la utopía conservadora del ge-
neral Lonardi ponía en juego su futuro. Los oficiales liberales y laicos, ma-
yoritarios en la marina, desconfiaban de los allegados al presidente y de su
política. Ahora bien, gracias a su intervención decisiva en el levantamiento
de septiembre,los marinos habían logrado un peso político sin precedentes.
El vicepresidente, el almirante Isaac Rojas, encarnaba la más absoluta
intransigencia respecto del "totalitarismo peronista". Por 10demás, la ma-
tina consiguió la parte del león en la distribución de los despojos. Verdad es
que los civiles antiperonistas consideraban que la intervención de los
cuadros del ejército había sido escasa en la definición de la lucha. La Poli-
cía Federal estuvo por primera vez a cargo de oficiales de la armada. Se iba
a reorganizar a la infantería de marina y a incrementar sus efectivos. Seis
provincias, entre ellas Santa Fe, correspondieron a la marína.x'
Los marinos, por tradición ideológica, rechazaban tanto el integrismo
ultramontano, como el nacionalismo de la nueva administración. La
influencia de ciertos partidos y grupos culturales laicos ligados al liberaiis-
mo oligárquicos! acentuaba la actitud militante de la marina, punta de lan-
, 50El jefe de Policía Federal era el capitán de navío Antonio Dellepiane de la
?e marina, y el subjefe, el capitán de fragata AIdo Molinarl. ... '
. La Idea d,e la manna tiene que ver con la masonería está profundamente
enraizada en el.eJércItoy la clase poJitica. Verdad es que la oligarquía liberal siempre
contó en sus filas a numerosos masones. Perón, evidentemente, hizo-suya la idea
(ver Perón [J.D.], revoluciones militares, Buenos Aires, Escorpión, 1963, pág.
185). Se sospechaba Igualmente que las asociaciones culturales mencionadas tales
como   ASCUA y SUR, tuvieran una filiación masónica. Bajo la presidencia
de Lonardi, las dos fuerzas se enfrentaban por una cuestión religiosa. Cf Lozano
(Jorge M.), "La caída de Lonardi {elenigma de los 50 días)", Extra. 5 de noviembre
de 1?65. La armada, por su parte, rechazó la acusación que, según el ministro de
Marina, se había hecho para desacreditar (sic) a los marinos; éste declaró que las tri-
126
de los demócratas. Sin embargo, la crisis se desencadenó primero en el
seno del ejército, más heterogéneo y dividido. El 9. de noviembre renunció
el general Bengoa, ministro de Ejército. Se oponía, al igual que el presiden-
te, a la intolerancia con los "partidarios del dictador" y, por sobre todo, se
negaba a reincorporar masivamente a los oficiales antiper-onistas pasados a
retiro desde 1946 para evitar que las instituciones militares adquirieran una
coloración política incompatible con el proyecto de los nacionalistas. A la
renuncia del ministro de Ejército, reemplazado por el general Ossorio Ara-
na, siguió la de otro militar nacionalista, el general Uranga, ministro de
Transportes. La crisis de gabinete se transformaba en una del régimen.
Para contrarrestar a los asesores y los proyectos del presidente provi-
sional, los liberales del ejército y el vicepresidente apelaron a un nuevo re-
curso: la Junta Consultiva. El organismo, constituido por representantes
de los partidos políticos opuestos al régimen derrocado y presidido por Ro-
jas, tenia como finalidad afirmar la orientación liberal y democrática del
nuevo poder. Se trataba también del primer intento de sacar a flote las for-
maciones políticas tradicionales, condenadas al ostracismo por Lonardi, y
oponer otra legitimidad a la invocada por él, o sea, rechazar el continuismo
en nombre de la democracia liberal.
El presidente de la República comunicó sus impresiones a la Junta
Consultiva en ocasión de su sesión inaugural. Lamentó que la asamblea,
donde sólo estaban representados los vencedores, no incluyera a todas las
corrientes políticas nacionales. Recordó que la política del dictador derro-
cado había contado indiscutiblemente con el apoyo de gran parte del
pueblo, no pudiéndose por lo tanto rechazar a todos los peronistas sin que
el pais se viera comprometido en una crisis insoluble y expuesto a disturbios
interminables.
Pero ese llamado a la sensatez fue tanto menos escuchado cuanto que
Lonardi, enfermo, delegaba cada vez más .sus poderes en su cuñado Villada
Achával. Éste era considerado por los militares liberales como un coadju- .
tor ambicioso que no disimulaba sus sentimientos antidemocráticos.S
2
No
puede negarse que el secretario de la Presidencia hacía el papel de un primer
ministro predispuesto a despedir a los miembros del gabinete.
Un incidente aparentemente menor provocó por último el desenlace.
El presidente, decidido a retomar la iniciativa, se proponía desdoblar los
dos departamentos que el peronismo había reunido en el Ministerio del In
R
terior y Justicia. La decisión, en apariencia puramente administrativa,
acarrearía la renuncia del titular de esa cartera fundamental. Un ministro
bien visto por los liberales habría"podido ser así reemplazado por dos na-
pulaciones y los oficiales no eran ni masones ni ateos, sino profundamente religiosos
por tradición y convicción.
S2 Es la interpretación que nos dio el ministro de Educación Nacional de Lonar-
di, Atilio dell'Orc Maini, durante la entrevista que nos concedió el 20 de agosto de
1969. También es, por supuesto, la interpretación oficial de los sucesores; ver "In-
forme sobre el alejamiento del general Lonardi. Secretaría de Prensa de la Presiden-
cia de la Nación", La Nación, 4 de diciembre de 1955.
127
129
acuerdo secreto por el que fue designado iba acompañado de una declara-
ción de principiosampliamente difundida que constituía de alguna manera
la carta del nuevo reinado. El gobierno provisional retomó ese texto publi-
cándolo en forma oficial a principios de diciembre bajo el título Directivas
básicas del gobierno revolucionario. 55
Según este documento, el programa del presidente Aramburu incluía
un objetivo esencial: "Suprimir todos los vestigios de totalitarismo para
restablecer el imperio de la moral, de la justicia, del derecho, de la libertad
y de la democracia" . El gobierno planeaba-llamar a elecciones libres cuan-
do la destrucción del aparato propagandístico y represivo del estado auto-
ritario permitiese que la democracia se expresara. Los revolucionarios no
tenían la menor duda de que el 60 OJo de votos obtenido por Perón en 1951
había sido arrancado mediante el fraude, la coerción y la manipulación de
la opinión. Es por eso que, además de "democratizar las instituciones fun-
damentales" y "desintegrar el estado policial", las directivas que empeña-
ban al nuevo gobierno disponían "establecer la libertad sindical", termi-
nando así con el monopolio de la CGT peronista. Finalmente, los nuevos
dueños de la Argentina, reconociendo implícitamente que el régimen pero-
nista favorecia excesivamente a una clase social a expensas de las otras, se
proponían" algo más ambicioso: "Propender a la recuperación del
equilibrio, de la armonía y del mutuo respeto entre los distintos grupos so-
ciales y políticos" . Desde luego, el gobierno no dejaba de prometer el "re-
conocimiento de las conquistas y derechos de los trabajadores" .
Las primeras medidas del nuevo presidente no dejaron lugar a dudas
sobre la energía con que se instauraría, o mejor dicho, se restauraría la de-
mocracia. Se trataba de liquidar el sistema peronista. El16 de noviembre se
declaró intervenida la CGT, caducas sus autoridades, a las que se encarce-
ló, así como todas las asociaciones gremiales sometidas a su jurisdicción, y
se designó como interventor a un oficial de marina. El nuevo ministro de
Trabajo, Raúl Migone, antiguo delegado ante la OIT, era un ferviente
adepto del sindicalismo libre a la norteamericana; así lo atestiguó Serafina"
Romualdi, secretario general adjunto de la ORIT, cuando se enteró de su
nombramiento, al que aplaudió calurosamente.X A fines de noviembre
fueron disueltos el Partido Peronista y la Confederación General Económi-
ca. La ley de expropiación de La Prensa fue anulada por decreto y se resti-
tuyó a Gainza Paz, exiliado en Nueva York, la propiedad de su diario fami-
liar. Los arrestos de dirigentes peronistas se multiplicaron. A pesar de las
buenas intenciones anunciadas, se prorrogó la vigencia de todas las conven- _
ciones colectivas que vencían a fines de febrero de 1956, sin que" se
vislumbraran perspectivas de renegociación.
que se creaba el Consejo Militar Revolucionario, publicado en el Boletfn Oficial el
18 de noviembre de 1955.
55 Directivas básicas del gobierno revolucionario, Buenos Aires, Presidencia de
la Nación, s.d.
56 "Hispanic American Report", noviembre de 1955. El secretario d'ela organi-
zación sindical panamericana calificó al nuevo ministro defirm believer infree trade
uníonism.
cionalistas; alterando el. equilibrio interno del bl t
fue desbaratada, Con la aprobación del vi me e. Pero la m,miobra
Fuerzas Armadas, los miembros de la cepresldente,Y de un sector de
dos nacionalistas, reafirmando .. ;OnsUltIv,a ex-
víembre, presionado por un TU • • e emocrátIca . El 13 de no-
ríos del 51. Lonardi que se ghabt:° de Of
d
lCI3les en su mayoría revoluciona,
. • la nega o a presci di . d
ongen nacionalista católico prese tó . n Ir e sus asesores de
que algunas guarniciones n ,su renuncia. Había intentado en vano
das reuniones mantenidas en la residencia a su favor. Al término de agita-
d,e la que, según él, había sido fustigó la traición
ClO! Ustedes me echan" . 1 que sepan todos que no renun-
Un cónclave milita; nomb ' id
ru. El vicepresidente que ente al general Pedro E. Arambu-
en funciones, así los tres mí la a la y la continuidad, siguió
uus ros m itares,
Restauración o revancha: la desperonización en marcha
El nuevo presidente era un hombre hábil ,.
llegara su hora. Afable y enigmáti que habla esperar que
un agricultor vasco de la y desconfIa,do, hijo de
exceso de prudencia había de' d . loanunca habla bnllado. Por
Cuando' el uta pasar ?,casión de.encabezar la
sional, lo dejó de lado. Sus m' it d1 en presidente provi-
por lo que. sin cartera ni uesto os revo no fueron reconocidos,
frente a los grupos que   quedó a la expectativa
de la renuncia del general Ben A po ero Luego, algunos días antes
elementos del ejército más a a la marina y a los
una reunión que tuvo lugar entre re nen aCI n e la Casa Rosada. En
píos de noviembre, los militares de las armas a princi-
nuncia del general Bengoa y su re l ecr ieron pedir a Lonardi la re-
di se negó terminantemente D em; azo por el general Aramburu. Lonar-
. sólo salida: la renuncia d'el TI: edncontraron
cesar smo el ex futuro ministro d " . i> uien a na e ser su su-
Ni nacionalista, ni liberal este   Eugenio Aramburuvn
despertaba demasiadas en 1 e f n modera?o 52 años no
armas. as acciones mayontanas de las tres
Los militares, grandes electores di'
puestos sin embargo a darle cart bl e nuevo presidente, no estaban dís-
jefe de estado establecía la Egexto.de del nuevo
que intervendría entre otr e,?n onsejo Militar Revolucionario
as cosas en la reestructuración ministerial" 54 El
BE . .
54   1 de abril de 1970.
a o en e Carnl (Bcnifacío) ,
tada del genera) Aramburu. Decreto-ley N0 2908 d°r cu., pág. 259, Yentrevista d-
e 13de noviembre de 1955 por el
128 •
Como afirmó el general Aramburu el 14 d .
era asunto de los demócratas E . e novIembre, la democracia
COn la tradición política "que' a fa que la Argentina se reencontrara
o" E . parecí en 18lOyr ió d .
r s. sta hnea política ultraHbe lId . esurg¡ espues de Case-
que justificaba la represión del fa '. a enommada línea Mayo-Caseros
I
h¡ . peromsmo por 1'" ,
a tstoria nacionaí y la asimila ló a esencia democrática" de
tací ideolé 1 el n de Perón a Ros ól .
orones I eologlCaS e institucionales. as, no s o tenia conno-
. La proclamada defensa de la democra-I ,
Iismo económico y social ASI' l encubna un f.etorno al libera.
J t h . o atestigua la co . "
o a. ombres provenientes de las . . del gabinete.
oligárquIcoS como los ministros de R fan,lIItas tradlc.lOoales, de los grupos-
de Obras Públicas (Pedro (Podesta Costa),
daburu), el mundo de los ne' o de Justicia (Laureano Lan-
El .. gOClOS estaba li
: mmtstm de Comercio (Juan U . amp amente representado
CID, el ministro de Industria   asesor de la Bolsa de
Blanco) eran miembros del direcr . ;ogara
y
) y el de Economía (Eugenio
extranjeras, Entre los ministros empresas argentinas y
del Interior, E¡juardo Busso _ que slgUI,eron en SUs puestos, el
Jefe de la Revolución Libertadora_ provocó la caída del
influyentes' el .' y e . e A;gncultura. Alberto Mercier,
drrectlvo de la Sociedad pnrero habla formado parte del consejo
arroz en Santa Fe, era presiden't: p!opietario de campos de
de,sde El cambio político iba cnfederacíonze Rurales Argentinas
onentaclón de la politica social entonces acompañado por una nueva
pocas palabras, a través del pr¿cun a la ortodoxia económica. En
una restauración de los grupos dirise e redemocratización" se operaba
dueños del país volvían a tomar igentes hechos a un lado por Perón Los
en sus manos las riendas del estado .
La "liberación" económica y social
La nueva orientación de la . olí . .
marcaha una ruptura económica de la Revolución Liber.,
roo. Los mtereses agropecuario' a sustentada hasta entonces por Pe-
plano. La actividad rural desde 1945, volvieron al pri-
faclonal. .. ha sido una de las y fuente de la riqueza
Osque la ReVOlución LIbertador s irnas de los años de abusos a
gobIerno. 57 Asimismo se d a ñn, se lee en una publicación del
forzact¡... enunci oficialmente el "milagro de una in-
La SOCIedad Rural se con r
de vergÜenza"58 y ofrecía "la que llega:a a su fin "una década
. p a colaboracIón a las nuevas autorí-
. 57 República Argentina Presld .
na provisional de la Secretaría de Prensa, Memo-
oCledad Rural Argentina M. ' 1 erta ora (1955-1958), s.d. pág 83
pág. 8. . , emana, período 1955-1956 Bueno A: . .
, s tres, s.d.,
130
dades" . Pero la prestigiosa asociación de los hombres de campo argentinos
se alegraba ante todode que varios de sus miembros ocuparan algunos car-
gos' de importancia en el gobierno. No sólo los ministros del Interior y de
Agricultura eran miembros de la Sociedad Rural, sino que un ex presidente
de la Rural y uI1 vicepresidente, Ignacio C. Zuberbühler -un nombre que
representa todo un programa-e, ocupaban puestos ministeriales decisivos
en el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Los barones de la carne vol-
vían a mirar el futuro con optimismo: no se equivocaban.
La primera preocupación de la Sociedad Rural se refería al régimen de
arrendamientos rurales prorrogados varias veces durante el gobierno pero-
nista en beneficio de los arrendatarios. Los dirigentes de la Sociedad Rural,
que deseaban "superar el arcaico concepto de la lucha de clases" y blan-
dían bien alto el estandarte de la propiedad privada, consiguieron que el go-
bierno atendiera rápidamente sus reclamos. Las sentencias de desalojo,
bloqueadas, según ellos, por "medidas demagógicas del régimen preceden-
te", se fueron aplicando mientras se esperaba la sanción de una nueva ley
de arrendamientos que facilitara, volviendo a un régimen de libre contrata-
.ción, la expulsión de los arrendatarios. 59 Los requerimientos de los ganade-
ros en el terreno comercial y financiero hallaron eco a fines de octubre. Se
puso término a la sobrevaluación del peso, que deprimía los precios inter-
nos y desalentaba a los productores, mediante una devaluación, y se supri-
mieron los tipos de cambio múltiples. La nueva paridad (18 pesos por dólar
contra los 5 a 7,5 anteriores) debía restablecer la confianza y dar nuevo im-
pulso a las exportaciones gracias a precios internos remunerativos.
Pero las nuevas autoridades necesitaban un plan global para enfrentar
la delicada situación económica. El gobierno del general Lonard¡ había en-
cargado un informe al respecto a Raúl Prebísch, experto de reputación in-
ternacional y antiguo administrador del Banco Central bajo la presidencia
de Castillo. El diagnóstico que éste entregó a fines de octubre fue dado a
conocer por la Presidencia de la Nación recién a principios de 1956. Sus re-
comendaciones iban a servir de hilo conductor a la política económica del
presidente Aramburu, El Plan Prebísch enfocaba la situación esencialmen-
te desde el punto de vista ortodoxo de la moneda y las reservas de divisas.
Éstas habían caído de 1.650 millones de dólares en 1946 a 450 millones en
1955. Según el equipo de Prebisch, la causa de la inflación eran los aumen-
tos masivos de salarios y el dirigismo estatal; 60 y sus consecuencias, el incre-
59 El decreto-ley n'' 4366 del 30 de noviembre de 1955 hace ejecutables las resci-
siones de arrendamientos por los propietarios al31 de enero de 1956 (cf . Anales de
legislqción argentina, XV-A, 1955, pág. 611). El decreto-ley n° 7095 del 27 de di-
ciembre de 1955 anula la prórroga automática de los arrendamientos pactados bajo
el régimen precedente en algunos casos (ef. Anales de legislaciónargentina),
1956, pág. 33). Finalmente, un plan de transformación agropecuaria, dec idldamente
apoyado por el decreto 2187/57, dispone modalidades "amables" que permitan a
los propietarios recuperar sus tierras libremente y a los arrendatarios convertirse en
propietarios (cf. Sociedad Rural Argentina, Memoria, período 1957-195B, pág. 12.L
60 Prebisch (Raúl), Informe preliminar acerca de la situación económica,
Buenos Aires, s.e., 26 de octubre de 1955, págs. 13 y 38.
131
I
!
I
132
mento de los beneficios de los industriales y el desaliento a aumentar la pro-
ductividad. 61 Durante el período peronista, el producto por habitante prác-
ticamente no varió (+ 3,5 % en 10años). Las categorías sociales favoreci-
das por Perón mejoraron pues su condición en detrimento de los otros gru-
pos. El Plan Prebisch demuestra que los obreros aumentaron su ingreso
real en un 37 % a expensas de los productores agropecuarios y de las cIases
medias. La "ciencia" económica legitimaba así la vindicta social de los.
propietarios y de los privilegiados.
Las viasde acción propuestas obedecían a un plan neoliberal, aunque
su autor negara oponerse a toda intervención estatal y pretender retrotraer
a la Argentina a la era agropastoril. 62 En realidad, su plan de recuperación
económica buscaba restablecer autoritariamente una moneda sana y el libre
juego de la oferta y la demanda. Constituyen algunos de sus objetivos el
aumento de las exportaciones agropecuarias, el incremento de la producti-
vidad mediante la supresión de las "prácticas restrictivas" permitidas por
algunas convenciones colectivas y el traspaso "a la iniciativa privada" de la
mayoría de las empresas administradas por el Estado.
Una política de austeridad, el mantenimiento de precios que favore-
cieran los intereses agroexportadores, la privatización de empresas estatales
y la denuncia de la política social del régimen precedente eran otras tantas
líneas de fuerzas convergentes. El Plan Prebisch, adoptado en 1956 como
programa económico del gobierno, dramatizaba en exceso la situación eco-
nómica de la Argentina y no aludía en lomás mínimo a la influencia de las
estructuras arcaicas y üütieccnómicas, particularmente en el sector prima-
rio, sobre el crecimiento del país. Parecía que de lo único que se trataba era
de culpar a ciertos grupos sociales y de preparar y legitimar una transferen-
cia de ingresos de los estratos favorecidos por el peronismo a los que apoya-
ban al nuevo régimen.
Había que arreglar cuentas con las industrias estatales y, sobre todo,
con la clase obrera. Las saturnales se habían acabado. La finalidad de la
ofensiva antisindical no se reducía a democratizar sindicatos corruptos,
consistía además en hacer aceptar con menor resistencia los "sacrificios"
que se consideraban necesarios para que la Argentina se pusiera de nuevo a
trabajar. Dos decretos suprimieron la ley de 1945 sobre sindicato único y
reglamentaron el derecho de huelga; pero suscitaron una reacción adversa
tan grande que nunca fueron aplicados. La multiplicación deconfllcms de
trabajo y de huelgas de defensa sindical o de agitación política a partir de
1956 movió al gobierno a la prudencia. El uSQ de la fuerza para quebrar al-
gunas huelgas no dio resultados demasiado positivos.ea El mundo del tra-
Prebisch (Raúl), Moneda sana o inflación incontenible y Plan de restabteet:
mient,,'conómico, Buenos Aires, Secretaría de Prensa de la Presidencia de la Na-
crón, enero de 1956, pág. 35.
62 Prebisch (Raúj), Desarrollo económico J' ootítica social. Mesa redonda en la
Universidad de Córdoba, Buenos Aires, Secretaría de Prensa de la Presidencia de la
Nación, 25 de febrero de 1956, págs. J5 y 23.
63 Las huelgas más importantes fueron reprimidas por la fuerza y sus instigado_
1942 Los obreros argentinos habían
. 956 no era el mismo que de . di nidad y de su fuerza. La
1conciencia bajo. social de las nuevas auto-
..dad de los trabaja ores a .


seoso de adoptar una opue,smico de Prebisch insistía la
do O
ficialmente. El equipo econo fin de obtener ayuda financiera
ma fí a externa al· es
sidad de exigible y :eanuda
t:
al
moratona de a eu .' 1 La Argentina con mu
circuitos comerciales   los años 40, a pesar de
aislamiento (cada vez menos los Estados Unidos, hasta. la a e
camiento vergonzante y tard10
1
eONU pero hostil al panamencamsmo'l se
.
Estados Unidos. Obedeciendo ias solicitaron el ingreso de la Argen-
Prebisch, las autoridades reV01UCI?nan al Banco Mundial; se firmaron
tina al Fondo Monetario y Perón consideraba un engaño.
tonces los acuerdos de Bretton W?O s do libre iba mucho más allá
De todos modos, el acercamiento a tmunAl nacionalismo retórico y
. . . os del mamen o. ió '
de los imperativos tit d de apertura y de "colaboraci m-
tivo de Perón sucedía una .ac 1 u ificó la carta de la OEA, rornpten-
ternacional" . El continental y de des-
do así con una tradición diplomát¡ Unid 65 Los militares que se encontra:
confianza respecto losh la guerra fría con la caída de
ban en el poder parecían di lomáticas inesperadas, como el in-
rón Esto explica algunas f nsa del Atlántico Sur en el
tento de poner en pie un 1e" Interamericana". InVI-
co de la seguridad continental Yr O;AN del Sur, se buscaba, es
tando a Brasil y Uruguay a roveer material de guerra a la Republi-
convencer a los Estados Umdos timientos de buena vecindad; pero
ca hermana que por fin demostra .ricana es reveladora de los profundos
esta política exterior Armadas.
cambios operados en e sen
--. . Así sucedió con el paro general de transportes
res fueron deportados a la o de 1956 y con las huelgas declaradas en .Ios
que se produ o en Buenos de todo, en 1956 hubo, en la Capital
frigoríficos de La Plata en jumo. p 853994 trabajadores y 5.167.294 Jornadas
Federal, 52 conflictos ..afectaron 'o;nadas perdidas por 11.990
perdidas, contra 21 conflictos y rn
J
utados), según estadísticas del Ministerio
en 1955 (los paros generales, no son ca) dicatos y poder, Buenos Aire-s, Sudesta-
de Trabajo citadas por Carn (Roberto, In I .
da, 1967, pág. 7? h (R '1) preliminar acerca de la sttuacián económica,
64Ver Prebísc au, J'
op, cit., pág. 69. . . rovisional en el campo internacional y sus
65 Sobre las iniciativas del gobler.no p . 'anal op. ctt., págs.
justificaciones, ver Memoria del gobierno provtst ... ,
133
134
Si la marina permanecía fiel a sí misma, los cuadros del ejército y. en
menor medida, los de la fuerza aérea quémaban apresuradamente todo lo
que ellos y sus mayores habían reverenciado. La súbita conversión al libera-
lismo económico y político de gran parte de 'les oficiales, tan insospechada,
como frágil, encubría una crisis de conciencia. Esta mutación nacía, en
efecto, de un difuso sentimiento de culpa. La opinión "democrática", es
decir, las amplias clases medias y los prestigiosos grupos dominantes, no
había escatimado esfuerzos para que el ejército derrocara al régimen.
Mucho antes del 16 de junio, una intensa acción psicológica reprochaba
abiertamente a los oficiales su cobardía y su tolerancia para con un régimen
despótico y. odioso, imputándoles como un crimen todo lo que hace la difí-
cil grandeza de su estado: el legalismo, el profesionalismo, el apolitismo, en
una palabra, e incluso el nacionalismo. Los estratos sociales excluidos o
mantenidos al margen del poder consideraban, en 1955, que el ejército te-
nía el deber de intervenir en la vida política para restablecer la moral, la jus-
ticia, la Constitución y su preponderancia perdida. Los que fueron a gol-
pear a la puerta de los cuarteles eran los mismos que, en 1945, habían caído
en el antimilitarismo, abucheado a los generales frente al Círculo Militar y
anhelado un ejército dedicado a sus funciones específicas y subordinado a
un gobierno civil. Contra Perón exigían, en 1945, la salida de los militares
para que resurgiera el orden constitucional; contra Perón reclamaban, en
1955, la toma del poder por los militares para restaurar la democracia.
El ejército argentino respondió esta vez al llamado. Muchos oficiales
tomaron súbitamente conciencia de su enorme responsabilidad con la ayu-
da interesada de los portavoces ideológicos del antiperonismo que les reve-
laban complacientemente las lacras del régimen. Ya sea que se indignaran
por haber sido engañados por sus jefes y la propaganda del tirano, sea que
deploraran su paciencia y su pusilanimidad, los oficiales argentinos se en-
contraban en un estado de receptividad política propicia al cambio. Es ver-
dad que su escasa cultura política, contrapartida de su naturaleza institu-
cional, los hace particularmente sensibles al clima ideológico imperante en
un momento determinado. El adoctrinamiénto justicialista que habían pa-
decido no los contuvo, al contrario. Los oficiales jóvenes fueron los que
adhirieron a la nueva causa con mayor fervor y, como muchas generaciones
.de soldados argentinos;'tuvieron su bautismo de fuegoen un golpe de esta-
do. Pero su horizonte militar ya no era Verdún o Stalingrado. La literatura
profesional que utilizaban les había inculcado el maniqueísmo de la guerra
fría; el mundo blanco o negro en que se movían no admitía ni matices, ni
"tercera posición". y el golpe de estado se efectuó contra un régimen po-
pular. En su fervor de cruzados libertadores confundían fácilmente de-
mocracia y sistema liberal, asimilaban el peronismo al comunismo. Indirec-
tamente a través de su formación castrense, se reencontraban en definitiva
on la vieja doctrina elitista de la oligarquía librecambista, interiorizando
 
creron, presionadas por sus oliticos'" 'Si bien los militares no
los oficiales "sólidos conocirmen os PI'oblemas de la misma y a
deben actuar en política, deben conocer os pr
" 1 d II 67 • d
quienes a con ucen '. Ó n tal fin enviar a sers representantes e
La Junta Consultiva acept ca 1 riores del ejército. Una nueva
id d acráticos a las escue as supe . 1
los partí os em " á . lazó a la doctrina nacrona pero-
materia, la jurisconsultos de la Universi-
nista en los colegies Ifoll nares. la Escuela Superior de Guerra sobfe la
dad de Buenos AIres disertaban en . . 1de 1949y volver a la sacro-
" d d d la reforma constttuciona .
necesida e:?gar 69 L línea Mayo-Caseros triunfaba en los cuar-
santa Constitución de 18.53. a d algunos prestigiosos altos mandos.
tetes, no sin suscita: se.nas. e temían con razón que se formara
Esas vestales de las mStItucI.ones al que Perón había intentado
un ejército. partidista y al carácter apolítico de
poner en pie; segutan 1servicio de la nación entera, cuerpo
.las Fuerzas las discusiones del momento.
jerárquico y disciplinado x: 1 maban en el desierto. Las nuevas op-
Pero eran voces aisla ,as que \a 1 "democratización" del ejército.
ciones diplomáticas del prusiana como propicia. al
Algunos general;s. Unidos comenzaron a enviar matenal
civismo democrático." os ntinas yen 1956 invitaron a una
pedagógico a las a realizar un cursillo. Los
promoción entera de ca. e dos aíses eran tan numerosos que La
intercambios l?s ejércitos s mhitares argentinos: "Éstos constí-
Nación pudo escnbt; en 195
d
? so t re ? os que presenció las actividades de
tuyeron el mayor numero e ex ranjer . . d " 71
los organismos militares norteamericanos en tiempo e paz .
. . t f de una canción que estaba de mo-
66 La inspiración popular utilizó una es ro a. . furibundos cr Rodi-í-
da cuando cayó Perón para a de 1968, págs. 27-
guez (Horacio D.), "¿Qué es un gon a. , ,
32. 67 Entrevista al general Ossorio Arana, ministro de Ejército, La Nación, 26 de
abril de 1956. .. .. L N, ción 28 de enero de 1956.
68 "Nueva materia en colegios militares , a a • f d 1949 La
69 Rodriguez Galán (Alberto), de
Constitución vigente y las reformas proyec a as ,
b dici b de 1957 págs. 526-536. .
Guerra, octu re- tcte.m re f G' zál en particular, causó cierta conmoción
70 El general LUIS Rodol o on. ez, . r slana la Escuela Superior de
cuando denunció que, en razón1.de.Ia American Report", sep-
Guerra era un semillero de tota ttartsm .' ., ...
tiembre y noviembre de 195
d
6" 1956" La Nación 6 de enero de 1957.
71 "Las Fuerzas Arma as en, ,
o la inconstancia ideológica de
la sociedad militar
135
El ambiente parecía, por lo tanto, propicio para reorganizar el ejérci-
to, poniéndolo al servicio de los vencedores. Desde la caída de Lonardi se
venía hablando de una profunda depuración que afectaría a todo el cuerpo
de oficiales y de la reincorporación en masa de los militares dados de baja o
pasados a retiro por Perón. Los gorilas pretendían, por su parte, eliminar a
tod<:s los oficiales superiores sospechosos de simpatizar con el peronismo,
realizar una nueva clasificación en función de los méritos revolucionarios y
reintegrar a los oficiales opositores teniendo en cuenta su actitud política
bajo Id "tiranía", La situación era sumamente delicada porque en ese mo-
mento los más exacerbados llevaban la voz cantante y reinaba el afán de
emulación. A las divisiones políticas se agregaba el enfrentamiento genera-
cional: varias veces los oficiales jóvenes habían puesto a sus superiores lega-
listas o simpatizantes del régimen derribado ante el hecho consumado
violando alegremente la disciplina. Los generales peronistas, dignatarios de
la "segunda tiranía", habían sido inmediatamente detenidos y degradados
sin mayores problemas, pero un proceso de depuración y reincorporación
de todos los cuadros amenazaba la cohesión del ejército.
Los generales más imparciales y respetados no disimulaban su in-
quietud. Según ellos, los oficiales injustamente alejados tenían derecho por
cierto a una reparación equitativa, pero reintegrando a los activistas y cons-
piradores se corría un grave riesgo: •'Esta minoría inquieta, decían, ha vivi-
do demasiado tiempo en contacto con la política, para que ahora se olvi-
de de ella y se interese por los 'estrechos' problemas de la técnica pro-
fesionalv.tz Además, las modalidades de reincorporación elegidas por
los oficiales demócratas contradecían claramente los reglamentos y la dis-
ciplina. Se dispuso, en efecto, que consejos de calificación integrados por
oficiales revolucionarios estudiaran los antecedentes de los camaradas vícti-
mas del peronismo. Cuando esos procedimientos fueron llevados a la prác-
  algunos oficiales aritiperonistas llegaron incluso a rechazar su propia
reincorporación, oponiéndose así a que sus legajos fueran estudiados por
oficiales más jóvenes que ellos, antiguos subordinados suyos a veces, en
menoscabo de los grandes principios Instítucionales.ra Sea lo que fuere, el
problema de la depuración, de la reincorporación selectíva o masiva, auto-
mática o no de los opositores militares, constituiría por más de veinte años
la manzana de la discordía y una fuente de rencores insuperables en el seno
de la sociedad militar. El intento, duramente reprimido, de levantamiento
peronista de junio de 1956, levantaría una barrera insalvable entre los dos
bandos. La sangre derramada transformaría a la división política en un
drama irremediable. La rebelión armada y las circunstancias en las que se
produjo vinieron a justificar oportunamente el rigor de los gorilas y la nece-
sidad de una drástica depuración.
72 Rattenbach (general Benjamín), "Estudios sociológicos militares. Fenóme-
nos   Revista Militar, marzode 1956, pág. 6. Cf. igualmente la
entrevistaconcedidaal autor por el general Rattenbach el6 de mayo de 1970.
73 Tal fue el caso, entre otros, del comodoro Güiraldes, quien rechazósu rein-
tegroen semejantescondiciones. Entrevistadel comodoro Güiraldes 20de mayode
1970. '
136
Operación masacre
El9 de junio de 1956 estalló una rebelión armada en varios puntos del
país, principalmente en el 7° Regimiento de Infantería de La Plata y en la
Escuela de Suboficiales Sargento Cabral de Campo de Mayo. En Buenos
Aires, los suboficiales intentaron sublevar la Escuela de Mecánica del Ejér-
cito y los cuarteles de Palermo, mientras civiles trataban de volar el Arse-
nal. En Santa Rosa, La Pampa, Rosario y varias localidades de la provincia
de Buenos Aires, grupos de civiles y militares se apoderaron de estaciones
de radio y puestos policiales. Este intento de golpe peronista carecía a tal
punto de preparación y de cohesión que fue aplastado en pocas horas. El
gobierno aprovechó las circunstancias para reaccionar brutalmente. La
aviación naval bombardeó el7° de Infantería y la infantería de marina pro-
cedió a realizar cerca de mil arrestos. Se implantó la ley marcial y, contra-
riamente a las tradiciones argentinas, indulgentes en la materia, se aplicó
un procedimiento sumario -más administrativo que jurídico- a los su-
puestos lideres de los rebeldes y a simples sospechosos, condenándolos a
muerte y fusilándolos los días 11 y 12 de junio. Se ejecutó a treinta y ocho
civiles y militares, entre ellos, al general Juan José Valle, único golpista a:-
gentíno a quien se aplicó la pena máxima por rebelión armada. La seven-
dad de la represión habla a las claras del ambiente que se vivía en aquel en-
tonces. Rojas y Aramburu avalaron los fusilamientos de 1956, aunque
quizás no los hayan ordenado personalmente. La Revolución Libertador.a
tuvo la audacia de actuar con un rigor que Perón nunca aplicó a sus enenu-
gas. ¿Por qué se produjo esta alteración sangrienta a las reglas de juego'?
El alzamiento fallido de junio de 1956 no se presenta como un pronun-
ciamiento militar de tipo "corriente" . La situación era delicada para el go-
bierno. porque las masas peronistas estaban organizando la resistencia.
rebelión armada se inscribió en un contexto de huelgas muy duras, sabotaje
de la producción y desobediencia cívíca que enrarecían la atmósfera social.
Los militares sublevados habían complotado con sindicalistas. 74 Para el ge-
neral Aramburu "esa sublevación implicaba una grave subversión de la je-
rarquía y el orden militares: era ante todo una rebelión de los suboficiales
contra los oficiales". 75 Efectivamente, en la Escuela de Mecánica, por
ejemplo, los suboficiales arrestaron a sus jefes.
Pero, además del reflejo de defensa institucional y de temor social, hay
que tornar en cuenta las consideraciones político-militares que intervi-
nieron. Es probable que partidarios del justicialismo se hayan puesto en
contacto con los militares lonardistas que conspiraban. Ahora bien, las eje-
cuciones contribuyeron a ensanchar el abismo que separaba a peronistas y
revolucionarios, a vencidos y vencedores. Para el gobierno era una forma
74 Ver OIgoOchoa (Pedro), "Los fusilamientos de 1956'.', Primera   8 de
junio de 1971, pág. 38Yla investigación de Rodolfo Walshtitulada Operación ma-
sacre, BuenosAires, Continental Service, 1964, 144págs.
75 Entrevistacitada con el general Aramburu.
137
quemar las naves, de llegar a un punto de no retorno. Haría imposible
una reconciliación por largo tiempo. El odio tenaz de los peronistas por
Aramburu y Rojas no disminuiría en ningún momento, 76 yen las masas pe-
ronistas comenzaría incluso a manifestarse a partir de entonces cierto anti-
militarismo. Otra consecuencia política derivó igualmente de esa grave cri-
sis: la marina ejerció la tutela del régimen a partir del momento en que lo
salvó.
La ofensiva de los gorilas
Cuando por un decreto de reincorporación extremadamente liberal se
reintegró al servicio activo a gran número de antiperonistas, los ultralibera-
les del ejército decidieron que había llegado el momento de actuar. Frente a
los partidarios de la unidad organizativa de la institución, exigían una
unidad ideológica sin fallas. Los conspiradores de 1951y los conjurados de
1955 juzgaron que era hora de que rindieran cuentas los generales tránsfu-
gas o hábiles que se refugiaban detrás del escalafón. Todo comenzó con el
arresto de los generales Bengoa y Uranga por orden del coronel Alejandro
Lanusse, jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo de la guardia presi-
dencial. Lanusse, oficial de caballería encarcelado después del golpe de Me-
néndez de 1951, había desempeñado un papel decisivo en la destitución del
general Lonardi. Los dos ex ministros de éste fueron arrestados frente a los
cuarteles de Palermo. ¿Puesta en escena o excesivo nerviosismo? La noticia
tuvo amplia difusión, haciendo sospechar que los oficiales nacionalistas
(entonces se decía lonardistas) estaban implicados en una conspiración
criptoperonista.
Paralelamente, en las guarniciones se rumoreaba que se iba a designar
a nuevos titulares de los comandos. Los cambios habrían sido decididos
por un Consejo Revolucionario oculto tras la Presidencia de la Nación. El
comandante en jefe, general Francisco José Zerda, era satirizado. El mi-
nistro de Guerra, general Ossorio Arana, que había pedido el retiro para
dar el ejemplo de la "renovación" militar, dejaba hacer: por complicidad
"revolucionaria" con los gorilas seguramente, aunque algunos digan que
por debilidad. Circulaban listas de destitución. Los.altos mandos comenza-
ban a impacientarse, pero el ministro no desmentía nada. Algunos políticos
echaban leña al fuego para asegurar la depuración. Así, el comandante en
jefe se quejó ante el ministro de las palabras insultantes para el ejército y al-
gunos generales dichas en público por el Dr. Mathcv, del Partido Radical.
El ministro reaccionó blandamente contra los que pretendían endilgar al
ejército "una actitud reaccionaria, antidemocrática..;"; evidentemente, la
76 Los jóvenes guerrilleros peronlstas que secuestraron y asesinaron al general
Aramburu en mayo de 1970, pretendieron vengar, catorce afias después, las víctimas
de-junio de 1956. .
138
indignación ministerial podía tomarse de dos maneras .distintas. Los. gene-
rales cuestionados se reunieron con el comandante en Je.fe para.analIzar la
situación. El24 de noviembre, el presidente Arambur.u dIOamplios poderes
al ministro de Guerra, el que asumió el comando en jefe en lugar del gene-
ral Francisco Zerda, puesto en disponibilidad. Se relevó mando y :e
arrestó por rebelión a dieciocho generales que habrían pedido la renuncia
del general Ossorio Arana. Los coroneles reemplazaron de hecho a,sus su-
periores en cinco guarniciones. El coronel Víctor Arriban, de la
Presidencia, dio la clave del asunto al explicar algunos los mlemb:os
de las instituciones militares creían que la jerarquía procedía del  
mientras que ellos pensaban que en ese momento tenían mayores mentos
quienes hablan luchado por la libertad. . ,
El presidente Araroburu se por el Retiró d.e
los cuadros a una docena de oficiales supenores y, en di-
ciembre, ascendió al grado de general a una docena de   algu-
nos meses más tarde, hizo designar como director del a un
oficial no demasiado liberal, nombramiento que provoco la renuncia del
. . t de Guerra Ossorio Arana. Los cambios de comandantes tradu-
rmms ro , 1 " lt
cían la profundidad de la crisis que se había desat.ad.o e o, que
entró en un estado deliberativo. La jerarquía y la disciplina no salieron m-
tactas de la tormenta. La nueva influencia de los oficiales jóvenes sobre sus
.superiores (hasta el cnrnandante en jefe) confinaba a la subver,sIonlos valo-
res militares. Ninguno de los anteriores golpes de estado quebranta-
do a tal punto los cimientos de la a;gentm.a.
Por otro lado, el relajamiento de la disciplina corna parejo con el for-
talecimiento de cada una de las armas. Dado que las Fuerzas Armadas eran
las únicas fuentes de poder, cada servicio canalizaba y
corriente política a base del apoyo civil que recibía, lo agudizaba la n-
validad existente entre sí. Es por eso que cada arma no busc.aba hac:r-
se asignar los créditos necesarios para modernizar sus equipos, SIllO que es-
tos fueran mejores y más poderosos que los de sus comoetídcras.
trataba además de extender su dominio del Estado su
feudo. La autonomía de los distintos servicios aumentó. El gobierno
caba las decisiones de los círculos dirigentes más o menos formales y
quicos que se constituían en el seno de servicio: La nacional
parecía haberse convertido en una función secundana,
La empresa estatal de aeronavegación Aerolíneas   por
ejemplo fue puesta bajo el control militar del Ministerio de
Las Armadas argentinas se responsabilidades en
el preciso momento en que su cohesión estaba La
institucional no logró evitar la cristalización de facciones en ejercito y la
fuerza aérea. Este fenómeno doble originó un activismo   una fra-
gilidad duradera. Además, la depuración interna y la   en las
comisiones investigadoras encargadas de hacer el inventano de las trregu-
laridades" cometidas por el régimen   a ofi-
ciales de sus tareas profesionales. Pero la politización de .enra- .
zón de sus nuevas funciones no era el único mal que aquejaba al ejército ar-
139
  Muchos militares se vieron atraídos por el mundo de los negocios
papel a;:umidoY,a t;avés de los laberintos de los legajos sobre
. . . dquíridos .exprojnecrones y otras actividades conocidas por las
corrusiones investigadoras. Los litigios estudiados por las . ..
r fe ' . cOITllSlones se
e a a sumas     y ponían en juego poderosos intere-
la trayectoria pura y dura de la
verdade Ii ' fa. a rpertro la de los servicios de informaciones
:;';s
La democracia minoritaria y el golpe de estado permanente
140
de una edad dorada justicialista. acreditada por los grupos dominantes pa-
ra quienes esa era la época maldita en que "los obreros creían que todo les
estaba permitido" .En lugar de "desperonizar" a los trabajadores, la Re-
volución Libertadora "reperonizó" a grandes sectores populares decep-
cionados por la, segunda presidencia de perón.
Las autoridades libertadoras ignoraban evidentemente la eventual acti-
tud electoral de masas hasta entonces peronistas. Convocar a comicios
libres en tales condiciones significaba dar un verdadero salto al vacío, era
embarcarse en una aventura de final incierto, o mejor dicho, con la certeza
de ve,ra un partido de inspiración peronista renacer de sus cenizas para que
la corriente política hasta entonces mayoritaria ganara las elecciones y ocu-
para puestos clave del aparato estatal.
Las soluciones, considerando los principios proclamados por los revo-
lucionarios de septiembre, no eran ni numerosas ni, sobre todo, satisfacto-
rias. Para quien "negaba la libertad a los enemigos de la libertad", en la
Argentina de 1955 no había otra salida más que una democracia sin pueblo.
O bien se garantizaba que los totalitarios no volvieran al poder mediante
proscripciones -¿pero quién decidía que un partido era o no una transfor-
mación del peronismo de antaño?-, o bien una "dictadura democrática"
reeducaba al país, eliminaba todo vestigio del sistema autoritario y dejaba
al tiempo hacer su obra antes de someterse al veredicto de las urnas. Pero
para eso había que contar con un frente antiperonista sin·fallas. Las organi-
zaciones, el potencial militante y los votos del peronisme caídos en orfan-
dad no podían dejar de tentar a los políticos pragmáticos que no compar-
tían el fervor liberal del gobierno y de los gorilas. El general Lonardi, que
había señalado el camino dando el ejemplo, tendría numerosos imitadores.
El problema de las relaciones con el peronismo y los peronistas fue, durante
los dos agitados años que siguieron a la caída de Perón, una de las cues-
tienes primordiales que se debatieron en el seno de los partidos políticos.
La unión sagrada que se había forjado en la oposición y las conspiraciones
pareció resistir, a primera vista, la prueba de la victoria. Sucedía que las lí-
neas divisorias pasaban por el interior de los partidos. Todas las forma-
ciones políticas sin excepción tuvieron su crisis interna a propósito de la
apreciación de la obra del régimen peronista y de la actitud a asumir respec-
to de las masas justicialistas. Hasta los partidos id,eológicos o doctrinarios
de izquierda que no afectaba el oportunismo electo-ral tuvieron sus proble-
mas internos. El Partido Comunista ya había expulsado en 1953 a uno de
sus secretarios nacionales más brillantes por "filoperonismo";78 los ecos
del caso aún no se habían apagado. El Partido Socialista estaba profunda-
mente dividido. Lo mismo sucedía con el conservadorisrno, del que una ra-
ma ¡¡popular", animada por Vicente Solano Lima, intentaba recobrar jun-
to al peronismo una vena plebeya abandonada desde 1943. Pero la escisión
consumada en el difuso Partido Conservador tuvo menos influencia sobre
el futuro del país que la del Partido Radical, principal fuerza política orga-
nizada.
78 Se trata de Juan José Real.
141
Hemos visto anteriormente qu 1 t d . u' .
do Radical había repudiado en ef mtransigente" del Partí-
dentro de la Unión DemocráÚc • a a con los conservadores,
rección "unionista" de derecha
a,;
al partido la di-
fijado un programa social h'.' os mtransigentes que se habían
tes- a uno de los suyos como 0.. icrercn elegir -no sin inconveníen,
heteróclita Unión Cívica del   Nacional de la muy
gimen en bloque y estaban dis uest rentras los rechazaban al ré-
los intransigentes, liderados alianza para derribarlo,
ces de una oposición leal .. pretendían hacer las Ve-
el terreno social y sobre a la del justicialismn, en
Los unionistas, los sabattinis::atena de política Internacional.
gentes participaron en el movimien:o y "';lna parte de los intransi-
taran. Zavala Ortiz antiguo di t d evo. ucronarío, y sus líderes complo-
cerebros del ataque 'a la Casa o po: Córdoba, fue uno de los
nidad y en las conspiraciones a por. a aVIaCIÓn   En la clandesti-
estrechamente con los milita' s   combatientes se vincularon
viembre. Los intransigentes as en el ,poder desde el 13 de no-
pio y para no exponer el futuro mgían el partido, en cambio, por princi-
maquinaciones conspirativas y d'es}e apartados de las últimas
Una vez derrocado el obiern a eu lIbertadora'.'.
Comité Nac'ionallanzó un;int o peronísta, la mayoría Intransigente del
las simpatías de los campana propagandística para atraerse
toro La VCR organizó grandes miti esamparados tras la caída de su protec-
lítica social. 79 El Partido Radical s mes en el.Luna Park para exponer su po-
ca, un solo sindicato por rama ind
e
por obrera úni-
calistas detenidos así corno un ust:13,l, y pedía la liberación de los sindi-
Comité Nacional' que impulsabaaamnistía, Arturo Prondízi, presidente del
sus discursos púb'licos presentab esa orientación, en
antiimperialista, recordaba la co::en
a
d c0I?-? un partido socializante y
dencia intransigente y proponía lara e yn,lOn por la ten-
adversario del radicalismo no 1econcl1.Iaclón   El verdadero
aliados del campo democrático   SInO la oligarquía y sus
rección de la VCR, que rompía el/en os e,   La actitud de la di-
mo una traición por muchos ad antIpe:o,llIsta, era considerada co-
clase política en su conjunto A del régimen justicialista y por la
ciones de Frondizl, muchos e1tono yngoyenista de las declara-
nea del partido que les parecía un ces   ograban comprender la nueva lí-
La actitud de la dirección de la la mesperad,o y sospechoso.
namentales de restablecimiento de 1 . R favorecía los proyectos guber-
ral Aramburu y el almirante Ro' as mstItuclOnes   El gene-
difícil que la anterior. A la a una aun más
la fragmentación de la alianza antipe e ,etecto,rado   se agregaban
rorus a y a OPOSICIón de los radicales.
79 Sobre la estrategia y la ideoIo ía d .
e.studio-?e mouvement Frondtü et le e .los radlcal.es ver nuestro
han natIonale.des sciences politiq 196"7
11sm
Paris, Presses de la Fonda-
ues, , capítulos 3 y 7.
142
A pesar de que numerosos militares se sentían tentados de no llamar a elec-
ciones hasta que el panorama político se hubiera aclarado, el general Aram-
buru prefirió seguir adelante utilizando todos los artilugios de la democra-
cia liberal. El gobierno provisional, vinculado con los hombres y tendencias
del Partido Radical que no transaban con el peronismo, los ayudó a debili-
tar a la dirección frondizista,
El gobierno decidió convocar a una Asamblea Constituyente encarga-
da de abolir la Constitución de 1949, antes de entregar el poder a quienes
fueran electos por el pueblo en las elecciones nacionales prometidas. Se tra-
taba en realidad de una doble maniobra: por un lado, realizar un "recuento
globular", según la expresión de un líder del Partido Socialista, que permi-
tiera conocer el estado de la opinión después de la conmoción de sep-
tiembre; por el otro, una trampa tendida a la dirección de la VCR. Ob-
viamente, esa asamblea de vencedores no resultaba propicia para los desig-
nios de Frondizi y sus amigos, ¿Cómo captar votos percnistas para la elec-
ci6n de una asamblea destinada a desperonizar las instituciones anulando la
Constitución social promulgada por el "Primer Trabajador"? La dirección
del Partido Radical condenó vigorosamente la reunión de tina Asamblea
Constituyente y exigió en vano elecciones nacionales a breve plazo.
Un nuevo elemento vino a aclarar la situación para los militares en el
poder y fortalecer las posibilidades de la estrategia legalista elegida por
Aramburu. Del 9 al12 de noviembre de 1956se reunió en Tucumán la Con-
vención Nacional que eligió la fórmula presidencial del radicalismo para los
comicios anunciados. Como resultado de hábiles manipulaciones -de un
abuso de autoridad, al decir de sus adversarios-e, fueron proclamados los
nombres de Arturo Frondizi y Alejandro Gómez. Pero unionistas y sabattí-
nístas no intervinieron en laconvención, El sector dirigido por Ricardo Bal-
bin, candidato contra Perón en '1951, no participó en la votación: apoyó el
voto directo de los afiliados y se opuso a que se inscribiera en el orden del
dia la elección de los candidatos presidenciales. La escisión quedó consu-
mada después de una serie de renuncias, exclusiones y la disolución de los
comités provinciales que no aceptaban las decisiones de la convención. La
Justicia obligó a que las dos UCR que coexistían se diferenciaran en las
siglas, adoptando la fracción de Arturo Frondizi el epíteto' 'intransigente"
y la de sus adversarios "del pueblo". La Unión Cívica Radical Intransigen-
te, surgida de un combate conducido por Frondizi en torno a su persona, se
presentaba claramente como un instrumento a su servicio en la lucha por el
poder. La Unión Cívica Radical del Pueblo heredaba, en lugar de una red
de notables, una organización bastante disgregada e inconexa; pero pro-
fundamente enraizada, de comités locales.
El partido de Balbin gozaba además del apoyo del gobierno provi-
sional. Los radicales opuestos a la nueva linea del partido habían manifes-
tado en repetidas ocasiones su acuerdo con la Revolución Libertadora y
con el gobierno del general Aramburu. Después de la escisión, la alianza se
hizo oficial. El gobierno decidió poner sus esperanzas en "el mayor partido
democrático" y dar un respiro al régimen militar -que andaba muy mal
por entonces- haciendo ingresar a algunos radicales del pueblo al gabine-
143
te;80Elpresidente ofreció incluso un importante ministerio a Balbín que
declinó el ofrecimiento. De todos modos, la reorganización ministerial de
enero de 1957 resultó muy beneficiosa para la UCRP. La presencia de un
radical balbinista en el Ministerio del Interior era un buen presagio para los
adversarios de Frondizi ante la proximidad de las elecciones.
La elección de la Asamblea Constituyente se presentaba todavía con
claridad como un arma de guerra utilizada contra este último: un
quíte contra un hombre hábil y un partido cuya escalada causaba in-
quietud. El propósito de la asamblea debía permitir hacer volver a la VCRI
a sus justas proporciones. En efecto, la convocatoria de la Asamblea Cons-
tituyente colocaba a la VCRI en una posición ambigua: o bien los radicales
intransigentes, coherentes con su línea de pensamiento, boicoteaban la
no participaban en las elecciones, o bien el partido de Frondizi
Jugaba la carta del antiperonismo para ganarlas. La dirección de la UCRI
se mantuvo fiel a su orientación e intentó captar los votos peronistas en la
base. A pesar de que Perón, desde su exilio en Caracas, había ordenado el
voto en blanco a sus seguidores, la propaganda de la UCRI se "peronizó"
escandaliza?-do a los y a los otros partidos. Además de los
cada vez mas punzantes y directos contra el gobierno, la UCRI se esforzaba
en convertir a Frondizi en el nuevo jefe de los descamisados retomando los
temas,.el estilo e incluso los tics del "ausente". Pero esos ejercicios sutiles,
esa actitud contradictoria (participación en las elecciones y rechazo de la re-
forma constitucional) terminaron en un fracaso, o sea en una victoria del
gobierno militar. '
La VCRI se ubicó detrás de la VCRP, yen la tercera ubicación si se
computan los votos en blanco: obtuvo 1.847.603 votos (21,2 %) contra
2.106.524 del partido apoyado por el gobierno (24 'lo) y 2.115.861 en blan-
co. El peronlsmo, por cierto, seguía siendo una fuerza de primer orden la
primera minoría, a pesar de la precariedad de su situación. Pero los parti-
dos "democráticos" que apoyaban a la Revolución Libertadora consi-
guieron cerca del 60 % de los votos, "triunfando" con 120 diputados favo-
rables en la asamblea contra 85 (VCRl, neoperonistas y nacionalismo de
derecha). Por lo demás, estos últimos se retiraron en seguida. Los constitu-
yentes restantes no tardaron en enfrentarse. Finalmente, roto el quorum, la
Asamblea Constituyente dio por terminado su cometido. -
El partido que había jugado la carta del inmediato reintegro de los pe-
ronistas (sin Perón) a la vida política resultó afectado por su fracaso. Pero
el gobierno provisional se percató de la gravedad de la amenaza peronista.
De todos modos, y ante el agotamiento del régimen, el general Aramburu
podía posponer "indefinidamente las elecciones. La creciente impopula-
ridad del poder provisional irritaba a los militares y desconcertaba a nume-
rosos antiperonistas de antaño. Las declaraciones sobre la libertad, la de-
mocracia y los.grandes principios no lograban disimular el fiasco económi-
co y el atascamiento político de los oficiales restauradores. Si bien el apara-
80 Según el ex presidente Aramburu, entrevista citada.
144
represivo del peronismo había sido destruido, el gobierno
· (as las circunstancias políticas evolucionaba a pasos acelerados hacia
VIS , di ..
una forma de Estado policíaco. La desbordante e os se.rvlclos
de informaciones y de los grupos parapoliciales, que al no haber ninguna
institución representativa gozaban de una impunidad de
la imagen de las Fuerzas Armadas. El rigor de y la
riedad de los métodos utilizados contra los m?lgnaban a
quierda antiperonista. La izquierda e independiente denunciaba
el odio de clase virtuosamente disimulado bajo el estandarte de la democra-
• 81
era. La situación económica imperante hacía olvidar las dificultades que el
régimen derrocado había enfrentado en ese terreno. El Prebis.ch
titulado "Moneda sana o inflación incontenible", gue estigmatizaba la m-
· ID etencia económica de los justicialistas q_ue Violaban las' sacrosantas
ca p .. . lid d . óni A
leyes del mercado, cobraba una íntencíona l..a -ir mea. pe-
sar del congelamiento de hecho de los salaríos, la supresión de todo subsi-
dio al consumo popular, el fomento de la producción agríc()la, la-puerta
abierta a los capitales extranjeros, la política dellaisser
generaba un marasmo creciente. El balance .c0r:t-ercial,' de
equilibrarse, arrojaba saldos cada vez más deficitarios. 82.  
guía descontrolada: el alza de precios democrática nada que  
a la de la "tiranía" .83 No se había restablecido la conf.ianza
los prestamistas internacionales no aceptaban comprometerse por más d,e
cinco años. Como era políticamente imposible caer en una mayor. austen-
dad el gobierno, donde se-sucedían con igual infortunio los _ministros de
Economía iba a la deriva en espera de la transmisión del mando.
La del gobierno de la
caba disentimientos entre las armas, las que mamfestaban politi-
cas muy contrastadas, mientras que sus intereses corporativos se opoman
eada vez más a medida que empeoraba la situación económica. La fuerza
aérea protestó por intermedio-de su ministro por la tardanza en convocar
elecciones nacionales. La fecha'de los comicios era en realidad un pretexto
de los aviadores para expresar su descontento por la decisión de no
comprar cazas de un modelo reciente; protesta tenía un
contenido político. El comodoro Krause, mnustro de Aeronáutica fue exo-
81 Ver el significativo ensayo de Ernesto Sabato, El otro rostro del peronismo,
(l956), en el que un hombre antiperonista aquello que en el
peronismo despierta la confianza-ytaesperanza de los humildes. . .
82 El saldo negativo céluatance comercial pasa de 1.607 miles de pesos en 1955
a 9.124 miles en 1957. Según la Secretaria-de Hacienda, Comercio exterior argenti-
no, Intercambio comercia11954-1963, Buenos Aires, Dirección Nacional de Estadís-
tica, 1964, {'Jág. 8.
83 El índice del costo de vida, que se ubicaba en 682,3 en 1955 (base
100 = 1943), evoluciona de la siguiente manera: 773,8 en 1956,965,1 en 1957 y
1.269,9 en 1958. Según FIAT/OECEI, 25 años de la vida económica, op. cít., La
Memoria Anual del Banco Central da, con índices algo diferentes, alzas del costo de
vida del 25,4 lIJo para 1957 y del 32,3 lIJo para 1958.
145
nerado· por su actitud. Era allegado a los íonardistas.ss Así, pues, los
aviadores, en buenas relaciones con la derecha católica y nacionalista, no se
entendían con los ultraliberales de la marina; y el desarrollo de una
aviación naval competidora de la fuerza aérea empeoraba las cosas. El. cli-
ma preelectoralllevaba a asumir compromisos inevitables que la prensa o
los partidos opositores hacían públicos. Se confundía cada vez más lo polí-
tico con lo militar. Una revista frondizista (dedicada a los peronístas por
otra parte) publicó en marzo las cartas del contralmirante Arturo Rial al
presidente provisional, las que..revelaban que el general Aramburu había
aconsejado a las autoridades provinciales poner trabas al candidato de los
radicales intransigentes. El presidente se vio obligado a destituir y poner
bajo arresto a Rial. Pero la marina se solidarizó con el subsecretario san-
cionado por intermedio de su ministro, el contralmirante T. Hartung.
La prescindencia tantas veces proclamada por el gobierno era pura re-
tórica. Así pretendía hacerlo saber el candidato autorizado de la oposición
-desde luego, los peronistas estaban proscriptos-. El Ministerio del Inte-
rior y los gobernadores debían atender las demandas de Balbín, candidato
del Partido Radical del Pueblo, el que hacía las veces de frente antiperonis-
ta apoyado por el gobierno. En principio, si los cálculos electorales eran
exactos, Balbín tenía el éxito asegurado.
La VCRI y Frondizi jugaron a fondo la carta de la oposición y olvida-
ron sin reservas doce años de antiperonismo y de lucha contra la "tiranía".
En un primer momento, esa actitud les valió, si DO boletas de voto, al me-
nos un aporte de nuevas energías. Militantes de izquierda y amplios secto-
res juveniles de las clases medias apoyaron el nacionalismo del autor des
Petróleo y polftica contra el gobierno liberal que estaba dispuesto a liquidar
las riquezas del país. El pasado antiimperialista del candidato de la VCRI
podía incluso atraer a algunos peronistas. Varios hombres de negocios en
buena posición bajo Perón y preocupados por la política antiindustrialista
de la Revolución Libertadora, prestaron su apoyo a la candidatura de Artu-
ro Frondizi conformando un grupo influyente en tomo de Rogelio Frigerio
y el semanario Qué.
Frigerio y sus colaboradores se dedicaron a convencer a Perón de "dar
la orden" de votar por Frondizi. Los argumentos que desarrollaron ante el
ex presidente refugiado en Caracas, y luego expulsado de Venezuela. el
23 de enero de 1958 al caer su' anfitrión, el dictador Pérez Jiménez, eran de
naturaleza muy diversa, algunos contantes y sonantes sin duda; pero en lo
esencial se trataba de dar a elegir al peronismo, perseguido y tocando fon-
do, el mal menor. Al cabo de laboriosas tratativas encomendadas a nume-
rosos y misteriosos intermediarios, Perón y Frondizi firmaron un pacto. El
ex presidente dio la orden de votar por Frondizi en una conferencia de
prensa a la que convocó en Santo Domingo el 4 de febrero. Frondizi se
comprometía, de ser electo, a levantar las medidas de excepción tomadas
84 Después de su pase a retiro de oficio, Krause, seguido por doscientos ofi-
cialesdela fuerza aérea de uniforme, sedirigióen peregrinacióna Córdoba a la tum-
ba del general Lonardi.
146
contra los perorústas, restablecer la situación anterior en que. se
ban los sindicatos y, finalmente, abrir la vía electoral para el  
Tanto la clase politica como los peronistas se sorprendieron cuand?
trascendió la orden de Perón. Los partidarios de Perón se re.u-
centes; la mayoría que obedeció creía votar por el retorno indig-
nándose tres meses después al no verlo en la Casa Rosada. El inmerecido
triunfo de Frondizi nació en la oscuridad.
En realidad, el hábil general errante, que se esforzaba por
control de su movimiento y se instalaba en el rol duradero de presidente m
partibus, perseguía objetivos que no correspondían exactamente a los
compromisos del pacto. Es indudable que con la orden de vota.r Fron-_
dizi se adelantaba a las formaciones neoperonistas que se multiplicaban
acercarse la fecha de los comicios y sobre las que no tenía mnguna auton-
dad. Los herederos infieles se beneficiaban en muchos casos :on el apoyo
del gobierno, que los utilizaba para debilitar a Frondizi y canalizar el fervor
de los nostálgicos del régimen derrocado. Además, es muy probable .que
Perón deseando matar dos pájaros de un tiro, haya optado por la política
de lo peor. Vencer al candidato oficioso era un objetivo prioritario que for-
talecía el prestigio del jefe y levantaría la moral de las tropas. Pero, como lo
precisa claramente en su con. su representante personal
J. W. Cooke,85 si los aliados civiles de Ios gorilas no ganaban las
los militares no transmitirían el poder; un golpe de anularía
tado de las urnas y daría la victoria al candidato del gobíerno Los
antiperonistas probarían así la imposibilidad del funcionan.lIento de
tituciones democráticas a base de la proscripción del partido  
Esta idea rectora sería durante dieciocho años el eje de estrategia de Pe-
rón, oculto a menudo por acciones tácticas contradictonas y
tes. Esa política se adecuaba bien a las formas de lucha de 1958. La orgam-
zación de la "resistencia", la formación y armamento de y la
realización. de sabotajes debían desembocar en una insurrección
que barriera a un régimen de estrecha base social. Es por eso que 1?eleccIon
de apoyar electoralmente a Frondizi era una provocación.capaz
de atraer a los militares al callejón sin salida de una dictadura por tiempo
indeterminado.
El23 de febrero de 1958 Arturo Frondizi, candidato de "veinte millo-
nes de argentinos" por "el' desarrollo económic?, la con,stitu-
cíonal y la paz social" 1 fue elegido contra el candidato del antíperomsmo,
Ricardo Balbín, apoyado por el gobierno provisional. Frondizi contó
apoyo del Partido Comunista, deseoso de terrrñnar con elpoder de los mili-
tares y de no desvincularse del movimiento sindical perorusta; era un apoyo
de poca importancia en términos numéricos pero políticamente embarazo-
so. Desde la derecha, recibió la ayuda de los lonardistas de la Unión Fede-
85 Ver en particular la carta de Perón a John WilliamC?oke del t.o de sep-
tiembre de 1957, en Correspondencia Perón-Cooke, Buenos AIres, Graníca, 1973,
tomo 1, pág. 318.
.147
Capítulo 4
148
ral y la bendición de los demócratas cristianos El díd
un triunfo apabullante, a la medida d1 can 1 ato,de la oposición
rustas. Frondizi y Gómez ree . e apoyo masrvo de los pero-
candidato oficial. La VeRI 4
dlOO.O
OO
votos contra 2.550.000 del
d.ediputados contra 52 para la las 133 bancas
era de Corrientes). Fue un éxito ter 1 y para los liberales de la provín-
tidos del bando de los vencedor nada franco. Para todos los par-
sido mal elegido; se había ase     el presidente electo había
usurpado el poder gracias a ti g t la victoria mediante votos impuros y
dernqcracia se iniciaba baj o m"a¡poasc o natura. La restauración de la
La auspIcIOS.
. mayor parte de los militares estab lndi
tnaquiavélicn COn que este hijo de i , an ígnados por la habilidad
proscripción de los peronistas en utilizado la
más moderados consideraban ue a Revolucíón LIbertadora. Los
galmente electo, pero que no;' 1el presídente había sido tal vez le-
cuarteles no parecía muy prObrab¡egl Imo:dEI retorno de los oficiales a los
le
' , ' a e consl erando la d¡ .
e ccaon Impugnada A partí d s con tetones de esa
. r e ese momento t blé
entre tres protagonistas de recursos olític en a. o un extraño torneo
legal. las Fuerzas Armadas y Perón ?S , arto diferentes el gobierno
el que se instaló por mucho tiem o' 1 inestable sobre
tencia gubernamental   político argentino: la impo-
r e go pe de estado permanente.
El ejército argentino entre la guerra fría y la
industrialización .
Al caer la tarde del 23 de febrero de 1958 se supo que había vencido el
candidato de la oposición, Los pcronístas habían demostrado su fuerza y su
capacidad para desbaratar los planes de sus adversarios encaminados a eli-
minarlos de la vida política. Pero los militares detentaban el poder. Debida-
mente depurados, los altos mandos del ejército y los de la marina estaban
comprometidos con la tradición liberal de "la línea de Mayo y Caseros". El
gobierno provisional se consideraba garante de la revolución que había li-
berado al país del "tirano" , El aparato militar había movilizado todos sus
recursos para asegurar la victoria del candidato oficial, algunos oficiales
llegaron incluso a montar una "operación voto en blanco" -sobre todo en
la provincia de Buenos Aires- para quitarle electores peronistas a Frcndi-
zi, haciendo circular una carta apócrifa en la que Perón recomendaba la
abstención activa.! El estado de ánimo de los gorilas no los disponía a la in-
dulgencia: tal vez porque la carrera del 70 OJo de los oficiales se había de-
sarrollado exclusivamente bajo el régimen peronista. En todo caso, encara-
ban el problema justicialista con una sensibilidad a flor de piel, denigrando
al régimen derrocado, a sus partidarios, sus pompas y sus realizaciones. Pa-
ra el sector duro de la oficialidad, preocupado por una eventual revancha
de los vencidos de septiembre de 1955 y junio de 1956,.un resurgimiento del
movimiento popular, aún tímido y limitado, sería algo apocalíptico,
La clase política tradicional, los grupos dominantes, los cuerpos cons-
tituidos y los dueños del capital no les predicaban por cierto ni perdón ni
olvido. De vuelta a la intimidad del poder, y resueltos a permanecer allí, no
habían aprendido ni olvidado nada durante las saturnales justicialistas. Pa-
ra ellos, la fiesta había terminado, En adelante, el ejército debía ser el dique
de contención que los amparara de las hordas de cabecitas negras siempre
listas a cruzar los puentes del Riachuelo para un nuevo 17 de octubre,
El fracaso electoral cambió completamente la situación del poder. La
primera reacción de los militares, indignados por la traición de Frondizi fue
una solución definitiva pero imposible: no entregar el gobierno al candida-
to desleal, electo por los peronistas. Para los revolucionarios def 55, la vic-
toria de Frondizi, aliado a Perón, significaba el primer paso hacia la res-
1Según el ex ministro de Relaciones Exteriores de Frondizi, Carlos A. Florit, en
su libro Las Fuerzas Armadas y la guerra psicológica, Buenos Aires, Arayú, 1963.
pág. 108.
149
tauraclón de la "segunda tiranía". ¿Permitirían que se les arrebatara la vic-
toria? ¿Habrían hecho una "revolución" para nada? ¿Pero cómo anular
las elecciones SI el objetivo unificador del movimiento de septiembre era el
restablecimiento de la democracia? Demócratas, los oficiales antiperonistas
eran, pues, víctimas de la democracia. Podían exclamar con Odilon Barrer:
"La legalidad nos matan, y encarar seriamente la instauración de una "dic-
tadura democrática" que creara las condiciones para una consulta donde
sólo triunfaran los "verdaderos demócratas". La marina propiciaba esa
solución. El ejército estaba dividido sobre el método, aunque no sobre el
fondo. Las dos líneas, "quedantismo" y "cominuismo", se diferenciaban
por un leve matiz: quedarse o no abandonar el poder. Finalmente se impu-
sieron los legalistas ma non troppo, o sea, el general Aramburu. Fron-
dizi asumiría el gobierno, pero las Fuerzas Armadas conservarían el poder.
La legalidad no era más que una tregua, los días del presidente electo ya es-
taban contados. El presidente provisional, hombre de gran habilidad y gran
visiónv según se dice, se responsabilizaba por esa libertad vigilada. Calmó
las inquietudes de la sociedad militar arrogándose la calidad de árbitro del
destino nacional. Frondizi le debía mucho; el ejército también. Cuando lle-
gara el momento, "ni un minuto antes ni un minuto después", se ofrecería
para unificar al pueblo argentino: mientras tanto, se mantenía como reser-
va de la nación. En el ámbito castrense se daba a Pedro Eugenio Aramburu
un sobrenombre que sin duda le encantaba: De Gaulle.z
El mal electo Frondizi diría más tarde, a un confidente, que había co-
metido su mayor error al aceptar el gobierno, añadiendo: "Cuando uno re-
cuerda las condiciones en que lo recibí..."3 El candidato triunfante en las
elecciones no ignoraba todo lo que podía tramarse en su contra en las guar-
niciones y en los cónclaves de los Estados Mayores. Entre el23 de febrero y
el I'' de mayo, día de la transmisión del mando, la Argentina vivió un clima
de tensa incertidumbre. La opinión públícacomentaba rumores de golpe de
estado, o al menos de plantees, como se llamó durante cuatro afias a ese ti-
po de pronunciamiento "seco". Se habían abierto las apuestas: ¿Se irían?
Predominó al fin la opinión de los militares con mentalidad política. Un re-
tiro en orden, combinado con una intervención directa y continua que per-
mitiera utilizar el gobierno sin mezclar al ejército en los conflictos; fortale-
cía su cohesión. Una guardia de hierro liberal, dispuesta a no pasar nada
por alto, vigiló celosamente a Frondizl a partir del 10 de mayo. El objetivo
de las Fuerzas Armadas era cuidar que se aplicaran los ideales de la Revolu-
ción Libertadora. Esos principios caben en pocas palabras: liberalismo po-
litico y económico, evicción de los peronistas. Por tanto, las circunstancias
imponían una peligrosa paradoja: el presidente "encargado" por los mili-
tares de aplicar los grandes principios "revolucionarios" había sido electo
2 Según el testimonio del efímero vicepresidente Alejandro Gómez, en su
panfleto contra Arturo Frondizi, Políticas de entrega, Buenos Aires, Peña Lillo,
1963, pág. 348.
3 Luna (Félix), Frondizi (Arturo), Diálogos con Frondízt, Buenos Aires, Ed.
Desarrollo, 1964, pág. 36.
150
recisamente en contra de la orientación de la Revolución Libertadora.
estaba condenado de entrada. De todas maneras, Artuoro
intentó demostrar durante cuatro años que podía resolver esa situación in-
soluble.
Los equívocos frondizístas
Los electores argentinos votaron confusamente el 23 de
rnenos ue puede decirse. En cierto modo, todo el cuerpo erm I?
ot; negativo votó en contra de alguien: los votantes de Balbm lo h.I-
u.n v n contra el retorno de Perón, de la dictadura o de la preponderanCIa
los de Frondizi, contra Aramburu, Rojas, los gorilas y los grupos
dominantes tradicionales. -, h bia
Para colmo, nadie sabía exactamente a,base d: que programas se a n-
elegido a Frondizi, ni lo que esperaban de el sus dIspar:: El -
dídato de la UeRI era responsable de las Bases de Acción Po tíca atific 1-
aprobadas por la Intransigencia en 1947, en. Avellaneda Y
la VCR en 1949, de las que ni él ni su partido se,retracta
ron.
,Sm
su plataforma electoral de doce puntos no es mas un  
gc
de
vag'as promesas lenitivas: anuncia' 'bienestar para ; ¡1?e
ro.
ndo
.' f d" i "nacícna izacton e
ropone "reforma agraria Inmediata y pro un a . "
fos servicios públicos energía, transporte, combustible y... ,
ni planeamientc ni política internacional
blo ues Por el contrario, en su mensaje del 20 de de 19,5., ron IZI
re¿isa de ser elegido garantizará "la seguridad de .la Yla esta-
bilidad del empresario". Anticapitalista Y antnmpenalista en
Frondizi se convirtió a la libre empresa; [ihrepensador, declaro su
ca y apoyó la enseñanza libre. Antiperonista na hacía mucho, resu t e ec o
or los votos peronistas, y, lo que es peor, a de U? programa que
totalmente desprovisto de referencias negativas al derrocado¡
, sucedió a pesar de que los peronistas lo colmaron de hasta a
d ¡ "orden" del líder Electores Yopositores desconfiaron desde
víspera e a . . li d licid d
1 rimer día del nuevo presidente. La fama de maqurave ismo y up ici a,
cuyas sucesivas resultaban sospechosas, comenzo
antes de que asumiera sus funciones. o '
S pasado yel de sus colaboradores teman mucho que ver
con reputación. Arturo Frondizi fue partidario .1936 de lf
ción de un Frente Popular. Como [ntegrahte del ala izquierda de a mon
Cívica Radical, mantenía relaciones con el Partido Comumsta y con las or-
4. En él se alude entre otras cosas, al "restablecimientode la moral y
" es ecto de los programas Yla ideologíafrondizista, vernuestr? estu e
Frondizi et le radicalisme argentin, presses de la Fondation nationale
des sciences politiques, 1967, cap. 6 y 7.
151
  sindicales y culturales de izquierda y extrema iz-
de la L" zo campana en favor de la España republicana,fue -sccrcrarto
(Ar Argentina por los del Hombre, participó en la AIAPE
Artistas, ,Periodistas y Escritores), que se consi-
. P, . a al peA, Y. mtelectual antifascista, defendió a pri-
políticos en colaboración con Socorro Rojo Todos esto
tendían a desdibujarse, pero sus
piedra de su libro Petróleo y política, subtitulado «Rel _
Clones entre el imperialismo y la vid . " .. . a
democrático Américo Ghloldi: "S a • del cual dIJO el socialista
el esquematismo propio de al el" al leer (la introducción)
L . . nIS as... .
; emmencra gris .de Frondizi, su asesor económico Rogelis Frigerio
próspero que en la extrema izquierda en
1 "" anüene excelentes relaciones con los dirigentes del PC
con medios de negocios peronistas (la CGE). "La gente d 1 1I Y
ractenzaba a Rogelic Fri erioc como a e a ca e ca-
vechó los tiempos de   ex que apro-
concretos en un Isd ' emas, poco Importan los hechos
la im d 1 pros ande la clase dirigente vive atormentada desde 1919'
jero nuevo presidente y su cense-
acusaciones que se le hacían' "No he sid . febrero de 1958, nego las
desde hace treinta a un
o:one, a los partidos políticos interna-
.... os separa e comurusmo como ideologia com id
poli tIC?.Y fuerza internacional", Algún tiempo despué's 1 o o
elsa profesión de.fe, mientras
as puertas e pros a los capitales extranjeros 7 N b
tante, un escribía en 1965 que el "10 de Ma o'd s-
marca el subrepticio ascenso al pod del anarato cri Y e ._,
por Frondizi-Frigerio" 8 Lo TI er e aparato cnpto-comunista dirigido
, ' s mur ares opuestos al nuevo presidente n t
ciderto. tanto las medidas avanzadas como la:
era as y conservadoras.v
5 Ghioldi (Améríco) "P t 61 .
febrero de 1964. Citado;n r .:o( y política arg,entinos", Cuadernos (París),
Gómez op. cn., pago 48.
En el mensaje a la naciónpronunciadoel23 d .
por la Secretaríade Prensa de la P id o bai enovíembre de 1960 ypublicado
biemo v et resi encra ajo el título F dizi (A
y e comunismo, A partir de 1959 I P . IZl rturo), El go-
gobierno sin miramientos; sobre todo desr artido comenzó a tratar al
proyecto de leyde defensade la demo .de Frondizí elevó al parlamento un
Cf. Nuestra Palabra (órganodel contra los de ízquíer-
rmsmo la respuestacomunistaal discurso omunista), 5 deJubode 1960. Verasi-
ta y el gobierno de Frondízi, folleto enEl Partido Comunis-
8 Mainar (coronel Horacio L ica ?e. 3 de noviembre de 1960
1960, pág. 187. .), La República fuerte, Buenos Aires, Albacara
9 A' " '
SI. el mismocoronel considera I
la leysobre enseñanza yla autoriza "6 que a reforma (reclamadapor la Iglesia) de
CI n para crear establecimientos enseñanza su-
152
¿Pero cuáles eran el programa, la ideología y las verdaderas .inten-
cienes de Frondizi? Debemos hacer constar ante todo que la VCRI no ganó
las elecciones; que Frigerio, asegurando los votos peronistas, y Frondizi,
abandonando las referencias al radicalismo intransigente para convertirse
en el presidente de "veinte millones de argentinos" , consiguieron la victo-
ria. La VeRI no participó en la elaboración del programa de gobierno. El
partido, apartado del poder nacional, no contribuía a reforzar las bases
fluctuantes de un presidente mal electo al que seguía de mala gana. El fron-
dizismo, término que aparece entonces, se forja en realidad fuera del parti-
do y sus comités: el programa desarrollista fue elaborado por el brain trust
de Frigerio, integrado por hombres de negocios, jóvenes empresarios y téc-
nicos modernistas. Porque Frondizi y Frigerio habían descubierto la poción
mágica que curaría todos los males del país: la industrialización a marcha
forzada, por cualquier medio y a cualquier costo. Justicia social, redistri-
bución del ingreso nacional y reforma agraria son conceptos arcaicos, supe-
rados por los cruzados del desarrollo. Incrementando la producción gracias
a mayores inversiones y a la implantación de técnicas de avanzada se llega-
ría a una sociedad de abundancia donde los conflictos sociales se mitigarían
y los intereses encontrados se armonizarían.
Frondizi y Frigerio consideran que la Argentina es un pais subde-
sarrollado porque "está incapacitado para financiar el crecimiento sosteni-
do de sus fuerzas productivas con el producto de su comercio exterior" . La
economía argentina es dependiente en razón del papel antinacional desem-
peñado por los intereses "agroexpcrtadores" vinculados con la Gran Bre-
taña. Sólo la aceleración del desarrollo y una transformación económico-
técnica permitirán quebrar las condiciones de la dependencia y resolver los
problemas sociales. Los medios son la libre empresa, que ha dado prueba
de sus aptitudes, y el recurso al capital y a la tecnología extranjeros. Frige-
rio resume así su proyecto que se inserta oportunamente en la nueva organi-
zación del capitalismo internacional: "Cerrar la puerta al artículo foráneo,
para abrir de par en par la puerta a la fábrica que lo producirá aquí" . 10
La segunda palabra clave de los desarrollistas es la integración. Se tra-
ta de su estrategia. La integración política, la reconciliación de todos los ar-
gentinos en una nación liberada de sus desacuerdos pasados y la integración
social de los trabajadores condenados al ostracismo por la reacción antipe-
ronista deben permitir alcanzar un desarrollo armonioso del país. En térmi-
nos de éomponendas políticas, estas elevadas preocupaciones significaban:
si a los peronistas sin Perón. La alianza de la clase obrera (mayoritariamen-
te peronístajy de la burguesía industrial progresista (de la que Frondizi pre-
perior libre favorecían al comunismoporque atentaban contra la escuelalaica "cri-
sol de la nacionalidad"; que "la desintegración de las Universidades Nacionales y su
entregaal comunismo" sería el "inevitable resultado, previsto" de la "equivocada
'retirada' de los católicos yde particularesliberales anti-comunistas a sus pequeñas y
famélicas Universidades". Mainar(coronel Horacio L.), op. cít., pág. 194.
!O Frigerio(Rogelio), Las condiciones de /0 victoria, Montevideo, Monteverde
y Cía., 1963 (4
a
edición), pág. 120.
153
tende ser el abanderado) era la base del proyecto de transformación na-
cional.. La integración se traducía en términos electorales y de organización:
refundir al perorusmo en un amplio movimiento "nacional y popular"
que apoyara, a Frondizi y su equipo. El reingreso del peronismo a la vida
política estaba previsto, desde luego, pero a condición de que seocontentara
con una posición subordinada y con ser, como el 23 de febrero, una fuerza
Por lo demás,. la mentalidad economicista (objetivamente mar-
!,Is,ta, sus adversanos) de la pareja Frondizi-Frigerio, atribuye poca
a las fuerz?s políticas parlamentarias y formales. Una concep-
cíón reah.sta (algunos dicen que cínica) algo mecanicista e ingenua.f I pron-
to conocida con el nomb.re de "teoría de los factores de poder", les hace
que en Argentina contemporánea los grupos de presión tienen
mas que partidos políticos. Es por eso que el gobierno
f:ondIzIsta prestó particular atención a sus relaciones con las tres institu-
orones el.ave a su entender: los sindicatos obreros) el ejército y la Iglesia.
Eso explica también el oportunismo elevado a regla de gobierno y la imagen
muy para las nuevas autoridades de un presidente que hacía poco
caso del pros legal para entre bastidores arreglos no siempre confe-
sables con el pars real de los factores de poder. Frigerio, la eminencia gris
se encargaba de esas negociaciones paralelas. '
la tá,ctica es francamente oportunista y sigue caminos secretos,
los objetivos estan claramente señalados. La voluntad industrialista sacrifi-
ca todo en aras de un desarrollo acelerado. El rumbo está firmemente mar-
cado. L.a política. sigue y, acompaña. Es lo económico, que condiciona la
estrategia. Frondizi tomo la mayor parte de las decisiones críticas de su
mandato en los primeros meses de su gobierno. Era el apresuramiento de
un hombre enfermo que se sabía condenado. Evidentemente se le
reprocharía tanto activismo. En primer lugar, el nuevo presidente satisfizo
su con los peronistas. El5 de mayo, el Congreso sancionó una ley de
al!llllS!I,a, y .el de agosto la ley de Asociaciones Profesionales, que res-
sindicato UfilCO por rama y por industria como deseaban los jus-
tlclaystas. En el económico, Frondizi, retomando los proyectos de
Peron con la California, lanzó su política petrolera el 24 de julio: consistía
según sus en contratos de prestación de servicios  
daderas al decir de sus adversarios) con sociedades extranjeras
p.ara paliar el déficit energético del país y la incapacidad técnica y
financiera YacImlent?S Petrolíferos Fiscales para explorar y explotar las
reservas nacionales de hidrocarburos, 12 La ley sobre enseñanza libre anuló
.11 En una dirigida al autor, con fecha del 11 de diciembre de 1967, el ex
presidente nuestra apreciación sobre el carácter rnecaniclsta y hasta
Ingenuo del análisis del Sistema político y social argentino que hacen los desarrollís-
ta:>'. A pesar nuest.ro estudio sobre el fenómeno frondizista no
utilizado ese término (ingenuidad), Arturo-Frondiz¡ escribe: "Ese calificativo no me
molesta, hasta me parece un verdadero consuelo después de tantas acusaciones de
maquiavelismo". (Archivos Alain Rouquié).
12 I?capacidad reconocida por el gobierno y sus partidarios y refutada por sus
adversarios. Sobre este problema, del que se ha hablado y escrito mucho, ver, para
154
'en octubre el monopolio estatal de la enseñanza superior, para gran satis-
facción de la Iglesia. Finalmente, a fines de 1958 fue promulgada una ley de
promoción de las inversiones extranjeras.
Una vez echadas las bases de la política "de integración y desarrollo"
Frondizi iba a navegar a merced de las crisis militares y de la
ofensiva de sus aliados de un día, los peronistas, Treinta y dos o treinta y
cuatro planteos, según los observadores, jalonaron el mandato Arturo
Frondizi, dando prueba de la vigilancia sin tregua de los custodio? de los
postulados de la Libertadora. La tregua duró poco los el
tiempo que le tomó al presidente pagar sus deudas. Peron habia apostado
al golpe de estado preventivo. Ahora bien, Frondizi en e.1 po-
der, y su integracionismo buscaba meter la hoz t,Ille? justicialista y dlsmi-
nuir la influencia del líder sobre las masas. La tácttca Insurreccíonal no f,:e
abandonada, ni mucho menos; la victoria de Eidel Castro en Cuba le.dana
una nueva juventud, un aura de respetabilidad revolucionaria y una
sión épica. Enfrentados a Frondizi, los peronistas que SI
capaces de llevar al poder al líder de una formación minorttarra,
podían derrocado. "¿Quién te ha hecho rey?" podía decir Perón al presr-
dente, '" ' brevi diñ '1 tura i t
Esa tensa sítuación mterna so revmo en una -1 CI coyun ura m erna-
ciona!. Con la ruptura entre el nuevo gobierno cubano, instalado en La Ha-
bana en enero de 1959; y los Estados Unidos, la guerra fría se instaló física-
mente en el continente americano. Los Estados Unidos, particularmente
durante la presidencia de John F. Kennedy (enero de 1961) prestaban una
atención sin precedentes a América Latina. Para responder al desafío cuba-
no, la Casa Blanca lanzó la reformista Alianza para el Progreso y el Pentá-
gono se esforzó en coordinar la acción de los ejércitos "americanos" en la
lucha antisubversiva y la contrainsurgencia.U Estos dos métodos comple-
mentarios de la política continental de "contención" del comunismo se
implementaron no sin contradicciones y algunos tropiezos.
La intervención permanente y multiforme, directa o indirecta, de la
potencia-tutelar se agregaba a las dificultades internas propiamente inextri-
cables que enfrentaba la nueva administración, en el preciso momento en
que Frondizi intentaba subordinarla política exterior de la Argentina a su
el punto de vista desarrolIísta, las justificaciones, de Frigerio   Petróleo y
desarrollo. Recopilación de artículos sobre política energética, Prologo y
Rodolfo Calvo, Buenos Aires, Concordia, 1962, 92 págs. Sábato (Arturo),
de los contratos petroleros, Buenos Aires, s.e., 1963, 98 (Jose V.),
Petróleo. Los contratos petroleros y los teóricos del Buenos
Aires, Arayú, 1963,220 págs. Para conocer el punto de VIstade la OpOSlc1ó.n ver las
conclusiones del informe de la comisión investigadora parlamentaría publicado en
octubre de 1964, "Les imputan delitos a Frondizi y Prigerio por los contratos petro-
leros que han negociado" , La Razón, 20 de octubre 1964. .
13 Ver al respecto Barbier (WHlard), Neale Renníng (C.), Internal securtty and
military power {counter insurgency and civic acUo? in Am.ericaj, Columbus
University Press, 1966 y Glick (B.E.), "Confllct, ClVlC actíon and counrer
insurgency", Orbis, 10 (3), 1966, págs. 899-910.
155
gran designio: el desarrollo del país. Fascinados por los Estados Unidos,
modelo de la civilización industrial a la que aspiraban, los frondizistas se'
acercaron a Washington, pensando en obtener dividendos económicos de
su integración al juego político interamericano. Ello explica esa política in-
ternacional que parecía reticente de tanto hacer pasar el bargaining power
, del país antes que ninguna otra consideración y poner el acento en él. "Po-
lítica de extorsión" ,14 "mendicidad internacional' han dicho sus adversa-
rios, chocados de ver a la altiva Argentina rebajada al nivel de los países del
Tercer Mundo. Con la lógica de la guerra fría se hablaba nuevamente de
duplicidad, y hasta de traición.
La internacionalización de la vida política
argentína y el nuevo rol de los militares
El contexto internacional deformaba y dramatizaba los enfrentamien-
tos propiamente argentinos; justificaba, en el plano profesional, la intru-
sión de los militares en la vida política. En efecto, la lucha contra la "sub-
versión comunista" , contra un enemigo interno en consecuencia, legitima-
ba el poder militar borrando cualquier frontera entre la defensa nacional y
el activisrrio político: La reformulación de los objetivos y de las hipótesis de
guerra, desde 1955 pero sobre todo después de 1959, que convirtió al ejérci-
to guardián de las fronteras en garante del orden económico y social, per-
mitió a los militares argentinos encontrar por fin una función de alcance in-
ternacional a la medida de su verdadero rol. Pero- en la Argentina el con-
cepto de guerra contrarrevolucionaria se interpretaba en forma muy
amplia. Para los militares ultraliberales, el anticomunismo era una prolon-
gación del antiperonismo. Uno y otro prácticamente se confundían en
muchas cabezas como dos modalidades complementarias (o sucesivas) de
un mismo totalitarismo. Ese totalitarismo era desembozado por los alertas
pretorianos a través de los índices más tenues, cuando no los más extrava-
gantes. La tétrica obsesión por un perocomunismo omnipresente y todopo-
deroso condujo a una peligrosa autointoxicación de los cuadros del ejérci-
.to. Algunas fuerzas políticas no estaban descontentas de que se produjera
esa polarización; por el contrario, se esforzaban en utilizarla contra el go-
bierno indigno.
A partir de 1960, el "peligro comunista" estuvo a la orden del día en
14 Verlos comentariosanónimos, muy biendocumentados por lo demás, publi-
cados en la secciónde política exteriorde la revistade la derecha intelectualEl prín-
cipe, en particular el número de mayo de 1961. Las mismascríticasy el mismoestilo
se encuentranen la pequeña obra apasionadamenteantifrondizista'deConil Paz (Al-
berto), Ferrari (Gustavo), Política exterior argentina 1930-1962, Buenos Aires,
Huemul, 1964, cap. VII.
156
los medios conservadores. Parecía que la teoría del dominó se aplicaba al
hemisferio occidental. Después de Cuba, ¿quién sería la próxima víctima?
se interrogaban periodistas y hombres políticos aficionados a las emociones
fuertes. Un publicista con buenas conexiones en el ámbito castrense no du-
dó en escribir, pasando de la hipótesis a la afirmación: "La conquista de
Sudamérica sería, en cambio, decisiva como factor de presencia y elemento
de poder en el esfuerzo final que Rusia habrá de llevar contra los Estados
Unidos. No necesito agregar qV$en el plan soviético de conquista de Suda-
mérica, la comunización de la Argentina es pieza esencial y necesaria y es,
por tanto, uno de los primeros objetivos actuales de la acción comunista.
La situación creada en Cuba demuestra que ésta no es una mera suposición
conjetural" .15
Los medios militares profesionalmente motivados eran muy recepti-
vos, evidentemente, a ese tipo de análisis. Su natural tendencia a magnifi-
car su rol para justificarlo los llevaba a exagerar la inminencia del peligro.
Así, el coronel Rómulo F. Menéndez, míembro de la comisión directiva del
Círculo Militar y director de la Revista Militar, 'muy representativo por lo
tanto de la actitud de los cuadros del ejército, escribía en octubre de 1961:
"Es oportuno mencionar que Kruschev dijo recientemente que la Repúbli-
ca Argentina sería el próximo país que caería en manos comunistas" .16
Los medios conservadores argentinos no eran los únicos que anun-
ciaban la venida del lobo. La Iglesia organizaba reuniones de estudio sobre
las responsabilidades de los cristianos ante el peligro comunista en materia
religiosa, cultural, económica y social. El cardenal primado de la Argenti-
na, monseñor Caggianc, denunció en una pastoral, en ocasión del Primer
Congreso Mariano Interamericano, el peligro de revolución comunista.
Oficinas internacionales especializadas orquestaban campañas y publica-
ban informes o documentos relativos a la "penetración' comunista" en
América Latina y en la Argentina.t" Expertos en comunismo prodigaban su
prosa hasta en la Revista Mtlitar.ís No se destacaban en general ni por su
seriedad ni por su ponderación: denuncias extravagantes acompañaban a
previsiones apocalípticas, bien indicadas para perturbar la mente de ofi-
15 Del Carril (Bonifacio), La crisis argentina, BuenosAires, Emecé, 1960, pág.
93.
16 Menéndez (coronel Rómulo F.), "El conflicto mundial y su incidencia en
AméricaLatina" Revista Militar octubre-diciembre de 1961, pág. 30.
n Es el caso'dela revista sobre el comunismo, publicada en Santiago
de Chile con fondos presumiblemente norteamericanos, que dedica numerosos
ttculosa la Argentina. Ver Caggiano(Msr. Antonio), "La Iglesia frente al
mo" Estudios sobre el comunismo. enero-marzo de 1961, págs. 3-6. Bonafina
Dorrego(Andrés), "La penetracióncomunista en la Universidad de BuenosAires",
ibid., págs. 110-114.
18 Ver los artículosde José Julio Santa Pinter, jurista y autor de Estudios sobre
el comunismo. Santa Pinter (José Julio), "Diplomacia, estrategia y política
exterior", Revista Militar, enero de 1959, págs. 9-17; "La Nato, el Pacto de Varso-
via y la estrategia", Ibid., julio de 1959, págs. 12-19; "Diplomacia soviéticay pe-
netración comunista en Hispanoamérica", ibtd., enero de 1960, págs.  
157

sensibles a-la simplicidad maniquea de los argumentos, y
connrmar .   h.ipótesis de guerra. De creer a esos eminentes espe-
cialistas, ru el ejercito m el clero estaban a salvo de la infiltración. No había
un minuto que perder.
La concepción del rol de las Fuerzas Armadas se vio profundamente
modificada. "El baluarte del bloque anticomunista es" , se puede leer en la
Revista Militar, "Estados Unidos, único país dentro de las naciones no co-
munistas que... dispone de suficiente potencial para enfrentar a la
URSS" .19 La defensa del mundo occidental sustituye la defensa nacional.
Pocos fueron los oficiales superiores que se interrogaron sobre esa dilución
de la idea de nación o que se mostraron en desacuerdo con una interna-
cionalización.de la defensa que subordinaba de hecho la soberanía a objeti-
V?S supranacionales.zc Desde la llegada de Frondizi al poder, algunos ofi-
ciales, rechazando todo nacionalismo, propusieron incluso" crear una suerte
de OTAN panamericana para coordinar las tareas defensivas con los Esta-
dos Unidos en el marco de una división del trabajo militar contínental.zt
Los oficiales jóvenes, fastidiados de custodiar las fronteras velando las ar-
mas, se sintieron particularmente entusiasmados por la 1 'guerra moderna"
El estudio de esa nueva forma de guerra, la lucha contrarrevoluciona-
ría, ocupó enadelante. un lugar preferencial en la formación de los ofi-
ciales. La reconversión antisubversiva se manifestó en primer lugar en las
revistas profesionales. A partir de 1958, el número de artículos dedicados a
la "guerra revolucionaria" o a la "guerra subversiva" fue aumentando re-
gularmente. En la Revista Militar se pasa de un artículo por número a seis
artículos en el número de marzo de 1962. Los autores franceses, eruditos en
la materia, se encuentran ampliamente representados. De los 60 artículos
publicados en la Revista de la Escuela Superior de Guerra entre enero de
1958 y diciembre de 1962, 16 están dedicados a la guerra subversiva, 7 de
los cuales son de autores franceses. Ya sea que se trate de traducciones de
revistas francesas o de estudios escritos especialmente por los
mI1Itares,;ranceses, .la indcchina, luego la argelina, y
las técnicas de la . guerra psicológica" se encuentran frecuentemente en el
de la Revista lV/ilit?ro de la más austera Revista de la Escuela Supe-
nor de Guerra. Los cursillos seguidos por oficiales argentinos -c-como los
futuros generales Rosas y López Aufranc- en la Escuela Superior de
Guerra de París complementaban la influencia militar francesa en ese senti-
do. El comandante en jefe del ejército, teniente general Carlos Severo To-
ranzo Montero, declaró en junio de 1960 al concluir un viaje por Francia y
Portugal: "Sería provechosa una relación más estrecha entre el ejército ar-
19 Menéndez (coronel Rómulo), art. citado, pág. 25.
20Es indudablemente el caso del teniente general Rattenbach que siempre nave-
gaba coritra la corriente por ser más capaz, en razón desu formación de militar y de
sociólogo, de resistir a los entusiasmos momentáneos. Ver Rattenbach (teniente ge-
neral Benjamín), "Objetivos nacionales y supranacionales en la planificación de la
guerra moderna", Revista Militar, abril de 1959, págs. 3-7.
21 Rawson Bustamante (vicecomodoro Juan), "Comunismo y desarme", Re-
vista Militar, julio de 1958, págs. 14-29.
158
gentino y el francés. Si no sepueden adoptar pura y simplemente las doctri-
nas francesas, ellas exigen al menos un estudio más profundo para... adap-
tarlas a nuestro caso particular considerando nuestras posibilidades y nece-
sidades" .22El2 de octubre de 1961, en Buenos Aires, fue inaugurado un
curso interamericano de guerra contrarrevolucionaria en la Escuela Supe-
rior de Guerra, en presencia del presidente Frondizi y del cardenal Cag-
giano, en el que participaban dos instructores franceses.
El entrenamiento para la guerra contrarrevolucionaria no se limitaba
al terreno estrictamente técnico. Los oficiales argentinos, a incitación de los
oficiales de acción psicológica franceses, intentaron naturalmente propor-
cionar un cuerpo doctrinario, una ideología a su lucha anticomunista. Así,
el ejército ultraliberal terminó por condenar al liberalismo y a la democra-
cia, fuente de todos los males, que, como predicaba la extrema derecha ar-
gentina desde hacía un cuarto de siglo, llevan al comunismo. Los militares
que combatían la "hidra comunista" en nombre de los valores de la de-
mocracia terminaron por poner en tela de juicio' 'las libertades, antecáma-
ra del mal" y buscar en una "sociedad finalista"23 o en un comunitarismo
integrista, la fuerza para luchar contra el "anticristo".
La definición del "enemigo" se ampliaba singularmente. Los antitota-
litaríos de 1955 parecían confluir, en el ardor de la lucha, con los neofascis-
tas y otros nacionalistas que no hacia mucho habían llevado al peronismo a
la pila bautismal. Una de las principales consecuencias de esa coincidencia
fue un maccarthismo desenfrenado que subtendía la acción de los servicios
de informaciones de las tres fuerzas (SIE, SIN y SIA) y la Secretaria de In-
formaciones del Estado (8IDE).24
¿Pero qué sucedía realmente con la amenaza comunista, dentro de qué
realidad nacional se desarrolló la reformulación de los objetivos de las
Fuerzas Armadas argentinasTEl Partido Comunista ortodoxo, dependien-
te de Moscú, aunque bien organizado, tenía una difusión muy limitada, y
sólo en la' clase obrera. En las elecciones para la Asamblea Constituyente de
1957 obtuvo 228.821 votos. El peronismo había detenido el crecimiento de
los partidos marxistas en el proletariado argentino. Hasta los políticos más
propensos a enarbolar el fantasma comunista se ven forzados a comprobar
esa evidencia. Como escribe Bonifacio del Carril: "Felizmente el dirigente
obrero peronista, que se formó en la lucha contra el comunismo, ha sido
hasta ahora reacio a entregarse a las directivas de Moscú" .25
22 La Nación, 29 de junio de 1960.
23 Cf. Querol (coronel Horacio E.), "Acción comunista en el campo educa-
clonal", Revista Mílítar, enero de 1962, págs. 56-69 y Pasqualie Politi (teniente co-
ronel Arturo), "El problema marxista y su incidencia en nuestra resolución de estra-
tegia general", Revista Militar, julio de 1961, págs. 45-79.
24 Los servicios de informaciones militares -Servicio de Informaciones del
Ejército, Servicio de Informaciones Navales y Servicio de Informaciones de Aero-
náutica-, así como el Servicio de Informaciones del Estado, rivalizaban para de-
mostrar su celo. Controlaban un gran aparato de información a través de la comí-
sión de-radio y televisión.
25 Del Carril (Bonifacio), op. cít., pág. 94.
159
El Partido Comunista argentino tiene cierta proyección en los medios
intelectuales y universitarios, es decir, en la clase media cuyas ideas y actitu-
des son mejor conocidas por los militares que el comportamiento del mun-
do obrero. Los oficiales argentinos hacían hincapié en la bolchevización de
la futura clase dirigente o en el hecho de que la enseñanza se encontrara en
gran parte en manos de los comumstas.te
Con todo, el 'Partido Comunista, cuya estrategia es eminentemente le-
galista y opuesta a la lucha armada, no podía servir como blanco para la
lucha antisubversiva directa. Algunos focos guerrilleros aislados apare-
cieron eI1 las provincias de Tucumán y Salta en 1960. La malograda expe-
rtencía de ésosémulos de Castro no era obra del comunismo; quienes se ha-
bían lanzado a esaaventura eran jóvenes peronistas, muchas veces estu-
diantes, cuyas acciones no podían inquietar al poder. En cambio, los aten-
tados urbanos del peronismo insurreccional se multiplicaban; pero las
bombas y los sabotajes tenían un carácter "expresivo" más que "instru-
mental", s,e trataba de una violencia simbólica. En realidad, el "comunis-
mo"; en el sentido que le daban y de la manera en que lo definían los mili-
tares argentinos, no parecía amenazar seriamente la sociedad argentina.
Salvo que, última artimaña del "demonio", el comunismo ya estuviera en
la Casa Rosada, corno pensaba cierto número de mílitares.
Es importante señalar que contra toda previsión -particularmente la
de sus promotores- el programa industrialista de Frondizi sólo sedujo a
una ínfima minoría de militares. La promoción de la industria pesada, la
aceleración del Plan Savio que daba nacimiento a la siderurgia nacional,
podían satisfacer a un ejército preocupado por el potencial económico na-
cional, es decir por los medios disponibles para sostener una guerra exte-
rior; pero las nuevas hipótesis de guerra relegaban a un segundo plano los
problemas de equipamiento y de autonomía industrial. De tarde en tarde se
volvía a hablar de la siderurgia argentina, viejo sueño del eiército.t? pero la
preocupación principal era otra. Y en .lugar de reconocer que la industriali-
zación era uno de los logros del gobierno, se le reprochaba como un crimen
porque acrecentaba el éxodo rural y la proletarización de los trabajadores
agrícolas.
28
Ahora bien, quien dice proletariado dice comunismo, por lo
que la industria engendra al comunismo: los oficiales argentinos leyeron
bien a Marx.
26 CL el artículo del coronel Querol ya mencionadoyel artículodel coronel Ró-
mulo Menéndez "Las Fuerzas Armadas yla defensa nacional", Revista Militar,
abril-junio de 1961, págs. 13-17. Ver las directivasoficialesy secretasde
la Secretaría de Guerra sobre la "quinta columna intelectual", en "Disposiciones
provisoriasde defensa contra el comunismo", Militar Reservado, 16 de oc-
tubre de 1958. < c' "
27 Ce. "La siderurgia en la Argentina", Revista de la Escuela Superior de
Guerra, abril-junio de 1960, págs. 147-16.4. '
28 Segúnel coronel RórnuloMenéndez, "Las FuerzasArmadas yla defensana-
cional", art. citado, pág. 14.
160
La conspiración continua y los gajes del desarroDismo
Treinta y dos o treinta y cuatro planteos institucionales el
mandato presidencial de Frondizi, contar es-
pontáneos" y los alzamientos de oficiales peromstas. No e;
ción hacer una crónica detallada de todos ellos. Nos en cambio,
comprender el proceso de institucionalización de las cnSIS militares, su de-
sarrollo, su relación con el sistema político global.
El presidente electo estuvo a punto de no acceder. al Arturo
Frondizi conocía bien las tratativas Ylos debates que agitado a la so-
ciedad militar. Consideraba, habida cuenta de las condu;Iones d.e su
ción, que no podía gobernaren contra de l?s ASI, pues,
ganárselos -sobre todo mediante concesiones estnctamente P?littcas- o
al menos neutralizarlos. En un primer momento, el nuevo presidente trató
de cubrir los puestos de confianza con oficiales que .no le fueran adverso?
Al mismo tiempo, reconociendo que el aparato mIII:ar n? conformaría
con aceptar sumisamente las decisiones de una presidencia Impugnada, le
concedió cierta autonomía. ." .
Así, después de haber reestructurado el orgam.grama de-
signado a sus responsables, Frondizi consultó a los Jefes militares..Algun?s
días antes del 10de mayo, fecha del traspaso de poderes, el general Ossorio
Arana, los almirantes Rojas y Hartung y el como?oro· Lan?aburu fueron
invitados a dar su opinión, en presencia del sobre la
creación de un Ministerio de Defensa bajo cuya JunsdIc.clOn las
secretarias de las tres fuerzas, así como sobre los oficiales elegidos para
cubrir esos puestos.é? El ejército y la aeronáutica expresaron su d.esllcuerdo
y adoptaron una actitud de diálogo y presión con el presidente. La
marina aceptó sin discusiones a su secretano: en realidad, rechazaba en
bloqueal presidente usurpador y su política, y, por ende, se negaba-a
en el juego de cercar al presidente por unas Fuerzas
mas, como proponían las otras armas. o golpe, de-
mocrático" o putschismo obstinado: la manna por el se-
gundo camino. Sea como fuere, se sabía desde el pnnclpI09ue los secreta-
rios de Guerra, general Solanas Pacheco, y de comodoro
Huerta, no gozaban de la confianza de sus sub?rdma?os. .
El plazo de respiro acordado al nuevo presidente des-
pués de su investidura fue de corta duración. No obstante, .er: eLdls:urso
que pronunció ante el Congreso el! o de Arturo Frondizi adopto una
actitud "civilista" serena y firme para dirigirse a
Después de haberles rendido homenaje por su eontribución al
miento de la democracia, prosiguió: "Hoy el país retorna a senda-constí-
tucional., , De aquí en adelante las Fuerzas Armadas no deciden. Ahora de-
29 El almirante Isaac Rojas se refirió al episodiopara el  
de la marina. La interpretaciónesobviamentenuestra. EntreVIsta Citada con e a mi-
rante Rojas, 26de mayo de 1970.
161
163
. . bi decidido no asistir al banquete de cama-
portaaviones para la manna, ha la b R cordemos que en esa ocasión el
radería, éste no pudo llevarse a de Defensa un memoran-
secretario de Aeronáutica presen o a , a la compra de un portaaviones,
dum en el que la fuerza aerea se ?P?dmd
a
de la armada con relación a las
, li ' una snpenort a . [i '
porque ello rmp no de' aria de tener corisecuencies po incas.
otras armas, supenondad qued ' Jo fue un incidente aislado. Revelaba
Lo de la cena de   en la marina. Los partida-
una intensa fermentacl
on
politl:a camiento no incluía el golpe de es-
ríos de Aramburu, cuya estrategIa ultras. El capitán de naví?
tadc, .se en. Naval y antiguo jefe de la Ca,sa MI-
FranCISCO Mannque, drrecto; 1h br de Aramburu en la marma- El
litar del ex presidente, parecIabsler.e , Ofi
to
uen ciclo de conferencias dictadas
" 'suesta ecIrnIen " ti
4 de julio inauguro en , b 1t a "La Repúbhca Ysus ms 1-
, dl t politices so re e em di
P
or conocidos mgen es iti o' a los civiles que acu 13n a
di o de apertura crt le '
tuciones" .31 En s"? lscur,s. esmintió las "conspiraciones y otras
los militares con fines   d tit d militante en torno de la consigna
tudes clandestinas" y neral Aramburu: "Ni
q
ue sintetizaba el cammo mterme 10 edge ás tarde declaró en público:
, I f r a" Cuatro ras m . .
todo ni recurrrr a a ue z: . volución" Sus supenores je-
, A d o qUIeren nmguna re . " .
"Las Fuerzas as n h días de arresto domiciliario-
rárquicos lo sancIOnar?,n con oc ,od d militar Ylos "estados de ánimo" de
Ante el   concesiones para calmar a las
los marinos, FrondlZl do lastre en el plano estrictamente poh-
giorres inquietas. ., n mensaie a las Fuerzas Armadas a
tico. E19 de julio, el   dirigió u
I
que ma;caba claras distancias con
, I di s de difusión en e , dii
traves de os me 10 '1 . tas "La Argentma, lJO, no
respecto a sus aliados de ayer, las·minorías... Nada de lo qu.e
podrá tolerar el al de em rendió una gira por las guarni-
el país ha repudiado volve:a .   P siento en Morón, donde
ciones. Visitó a la vn- y la situación económl·
metió: "No bien el país conSIga serán destinadas a nuestra fuerza
ca lo permita, las primeras adquísícro b do del crucero General Belgrano.
aérea". Tres días después desayune a o; te estabilizar lo más pronto po-
Para Frondizi, en   eralilrnpolrparofigrama desarrollista. Las prime-
U
' t afmderea zar e 1 L
sible el frente miar . iorid d al desarrollo petro ero. os
. ' . as dieron pnon a ,
ras medidas .. firmados díscreta Yamistosamente
contratos de prestaCIón de serVICIOS, 'que impusieron severas condi-
, . anas en su mayona, . , 1
compañms norteamenc .. , nsible al tema del petro eo.
d
g
it ar a una opuuon se . 1
cienes, no tar aron en al' nes otorgadas al perorusmo as
, , t fueron as concestc , d
En un primer mornen o,. ít y al ejército. Algunos días es-
que conmovieron a los da en la legislación justicialista,
l
a ley sindica , msptra .
pués de votarse a nuev H 'Thedy por el Partido Demócrata
Id
I UCRP oracro '.. B f
31 CrisólogoLarra e por r t Ordoi'i.ez por la democraciacrisnanaY 0-
Progresista, Palacios por los 15 as'que los cuatro quintos de los oradores eran
fi representando a la UCRI. "Un almuerzoen el LiceoNaval", La Na-
hombres de primera fila de la opOS1Cl n. .
ción, 5 de julio de 1958.
ciden los representantes del pueblo del cual forman parte los ciudadanos
que componen aquellas ... No deliberan más ... Es el pueblo quien juzga a
sus mandatarios". Aunque Frondizi agregó que "a las Fuerzas Armadas
nosotros las queremos al servicio de la nación y no como guardia preto-
riana del presidente de la República", que no habría "partidismo en la fun-
ción pública ni en las Fuerzas Armadas", y que éstas, modernizadas y bien
equipadas, serían "el brazo impulsor del desarrollo nacional" , su perorata
para uso externo no engañó a los protagonistas de la vida política. Tal
despliegue de wishfull thinkíng no modificaba en nada las relaciones de
fuerza. No era presentando ante el Congreso un proyecto de ley en home-
naje a las Fuerzas Armadas por su acción política que Frondizi lograría ga-
narse la buena voluntad de los gorilas. '
Estos, vencidos "deslealmente", según ellos, en las elecciones, no se
habían resignado sin embargo. En el seno de los partidos "democráticos",
particularmente en el radicalismo del pueblo, privado de una victoria que
creía asegurada, a partir del mes de mayo se pensó seriamente en derrocar
al gobierno. El 11 de mayo, en una declaración pública, la UCRP lanzó una
ofensiva .dirigida contra los radicales intransigentes "extraviados" por
Frondizi. "Este gobierno... es fruto de una concentración de parcialidades
morales y doctrinarias encontradas y opuestas. Su aparente congruencia no
resulta de identidades filosóficas permanentes y fundamentales, sino de
coincidencias accidentales en el logro de propósitos utilitarios... Por eso se-
rá inevitable que lo único radical de este nuevo gobierno, partidariamente
hablando, se acerque otra vez a la UCRP".
A partir del 18 de mayo, oficiales de las tres armas se reunían en el
Centro Naval en torno del contralmirante Rial para "examinar la si-
tuación", poniéndose en contacto con políticos civiles, radicales del pueblo
en su mayoría, que tenían detrás de sí una vasta experiencia como conspira-
dores. Se trataba. entre otros, de Zavala Ortiz, de Carlos Perette y de San-
tiago Nudelman.w
El 8 de julio .se hicieron públicos los indicios de una crisis militar. La
cena anual de camaradería, a la que tradicionalmente asiste el presidente de
la República, fue anulada. El incidente se originaba en la conspiración que
se incubaba en la marina, agravada por la rivalidad que se había desatado
entre las armas. El vicepresidente del Centro Naval, contralmirante Arturo
Rial, debía pronunciar un discurso. Como de costumbre, sometió el texto a
consideración de la presidencia, que rechazó su contenido, netamente opo-
sitor, y, considerando su tenor como un acto de indisciplina, impuso a Rial
ocho días de arresto. Como la fuerza aérea, inquieta por la compra de un
30 Esta versiónde los hechos fue publicada el26 de agostode 1958 por la revista
frondizista Qué, y es reproducidaen el libro que publicóalgunos años después su di-
rector, Mariano Montemayor, Claves para entender a un gobierno, BuenosAires,
Concordia, 1963, págs. 183-184. Las personalidades políticas denunciadas negaron
haber participado en actividades conspirativas: pero, aparte de que mantener
simples "contactos" no constituye un delito, el desarrollo de los acontecimientos,
así como el testimonio de un hombre esencial de la tendencialiberal, el almirante
Rojas, parecenconfirmar esos asertos.
162
165
La crisis de la aeronáutica confirmó las sospechas de los militares hosti-
al gobierno, pero no fueron separados de sus cargos. Al conmemorarse la
revolución de septiembre de 1955, el brigadier Medardo Gallardo Valdez
públicamente: "Hemos asistido con estupor esta última semana a un
verdadero intento de desintegraci6n de la aviación militar. Fuerzas extrañas
operaban en forma negativa, auspiciando divisionismos... ". Las circunstan-
eran propicias para la ofensiva golpista de la oposición civil que parecia
a menos a las instituciones democráticas que pretendía defender.
Ese mismo 16 de septiembre, el Dr. Zavala Ortiz de la UCRP no se an-
con rodeos: "No se puede escapar a una dictadura en marcha. En
camoio, cuando se está en vísperas de una dictadura se puede evitarla. Es
eso que no necesitamos militares ni civiles que esperen a mañana para
a decirnos que estamos en un estado totalitario... ¿Cuál es la legali-
acatamiento se nos recomienda? ¿Acaso la legalidad de la incerti-
dumbre? ¿Alguien está seguro? ¿Existe un ciudadano que se siente tran-
(... ) ¿Saben el general, el almirante o el brigadier si mañana conti-
en los mandos?" .
Algunos días antes, el jefe de los radicales del pueblo había respondido
en forma ambigua, al preguntárselo por radio si era golpista o antlgolpista:
"Quienes hablan de golpismo pretenden ante todo desacreditar a la revolu-
ción como derecho natural de las sociedades" . No es sorprendente que una
revista musical se llamara "Un Gorila en la Corte del Rey Arturo" y que
proclamara en su publicidad: "No somos golpistas".
Mientras los radicales del pueblo y los amigos de Aramburu
33
se in-
quietaban por la existencia de un pacto secreto con el "tirano prófugo"
-negado por el gobierno- que conduciría al país a un "régimen de tipo
falangista" , las organizaciones laicas manifestaban masivamente en la calle
su oposición a la enseñanza universitaria libre autorizada por el gobierno.
El Dr. Alfredo Palacios, eterno "maestro de la juventud", exigía en esa
ocasi6n la renuncia del presidente. Es en ese contexto que se originó el
problema con el vicepresidente.
El vicepresidente Alejandro Gómez, radical por temperamento,
hombre del partido y militante de la Intransigencia estaba turbado por la
orientación política del gobierno que daba la espalda alas Bases Políticas
de Avellaneda. La importancia que tenían en las altas esferas del poder los
recién llegados de dudoso pasado "democrático" yel descaro con que el
presidente trataba al partido que lo había llevado al poder envenenaban las
relaciones entre un vicepresidente aislado y un presidente que exigía una to-
tal identidad de miras a sus colaboradores. Un exceso de lenguaje, hábil-
mente explotado por el ministro del Interior Vitola, una simpatía ingenua
por los proyectos de reunificación del radicalismo y de gobierno de unidad
nacional acariciados por la UCRP, bastaron en aquel momento para desen-
cadenar una crisis. Alejandro Gómez fue acusado de conspirar contra el
gobierno y de preparar un golpe de estado, o al menos, de estar en el secre-
to de militares golpistas. Pero Frondizi aprovechó la ocasión para retomar
33 "El gobierno cometeria vil traición si tuviera pactos ocultos que ha negado
reiteradamente", declaró el general Aramburu después de su entrevista con el presi-
dente (La Nación, 11 de septiembre de 1958).
164
Ia publicó una declaración condenand ' ,
la presIdencia y particularmente "la caos' la política neoperonista de
trumento que... promoverá el renacimientItuclOn de!a única... ins,
e? la producción". Aprovechaba 1 del totalitansmo y la anarquía
ctonal está lleno de penosos r a ocasión añadir: "El ámbito na-
pr '. umores estos días El dl Ii
onunctarnientor pero esta' . fa lea rsmo no desea
. , seguro que será el g b' ,
que SI no escucha al país" .32 o terno quien los prevo,
El I;lfesidente no prestó ninguna aten " . .
menos .sInceros de colaba . . Clan a los cfrecimientoc más o
poder restablecer la qlue,acompafiaban la declaración Creía
antTb '1 'nen e terreno milita d '
. llera es, nacionalistas o Ion di . r apoyan o a elementos
rustas víctimas de las depuracio:
r
o remtegrando a oficiales no pero-
del ex comandante en jefe F . es gon as de 1956-1957. El retiro de oficio
Provocado una crisisde José Zerda, en noviembre de 1956, había
c,!ando el presidente y su   eran distintas ahora,
rece, al comandante en jefe del ann eronautIca, Ignorando, según pa-
septiembre, al comodoro Krause a, tratar?n de reintegrar, a principios de
intención de asignarle un P t' a retiro por el general Arambum con
el reemplazo de tres altos mando, El no_mbramiento de y
general de Defensa Antiaér ' s (los comandantes aéreo de Combate
lión de los jefes de unidad y de Institutos) provocaron la
mu ' , s o lela es opuestos a , brami
mcaron por radio a todas las . , os nom ramlentos co-
Huerta, prohibiendo el acceso al la renuncia del secretario
tes, del secretario y del subsecretario de los  
fueron arrestados; otros, entre ellos el a o. Los ofIcla,les indisciplina,
  Elt1 de septiembre finalme t '1 comandante en Jefe, pidieron el
ero. El gobierno después de h b n e, e comodoro Huerta cedió y renun-
ción quedó doblemente   creado el conflicto, retrocedió. Su posi-
El general Aramburu, llamado en e "
el 10 de septiembre, fue uno de los Insr¡ a la residencia presidencial
ba la autoridad presidencial. El "árbit ores de,esa concesiÓnque SOcava-
legalistas hechas por 1 ha.bIa un tanto. Sus
mo un ultImátum, estrechando un oca a ,termI?O de la crisis, sonaron co-
ba al presidente, El ex jefe del mas de hierro que rodea-
tos de incertidumbre vividos por 1 ' se refirió en ellas a los mornen,
tares que paralizaban todas las e y a los rum?res de sublevaciones mili-
claramente al gobierno ac
u
IV: ades, a la gente; luego
gunos desconocidos aunque caq e a notable influencia adquirida por al-
había votado por un p preocupaba al pueblo, ya que éste
nencia gris, Frigerio de quien ICO. ataque se concentraba así en la emi-
los contactos con los'sindicato se, a que estaba a cargo de
de los   que no era ajeno a
publica con hombres de clara Tt .' QUe.el gobierno maneje la cosa
sus antecedentes y actitudes u mr 1 que constituyan por
na xaranua solIda".
32 Declaración de Crisólogo L Id
UCRP, La Nación, 25 de agosto de   e, presidente del Comité Nacional de la
el control del bloque parlamentario de la VCRI y obtener declaraciones de
legalisrno y subordinación por parte de los militares. Alejandro Gómez, ex-
pulsado de la VCRI, se vio forzado a renunciar. De acuerdo con el sistema
establecido por la Constitución el vicepresidente no fue reemplazado. El
gobierno no salió fortalecido de esa defenestración sin gloria.
Además, la agitación política se superponía a una situación económica
y social poco brillante. El semicongelamiento de salarios impuesto por el
gobierno de Aramburu a partir de 1957, ocasionó, a principios de 1958, nu-
merosas huelgas en demanda de aumentos. Teniendo en cuenta su progra-
ma y sus bases electorales, el nuevo gobierno no podía hacer menos que re-
cuperar el retraso en la materia con relación a los precios. Se decretó en
consecuencia un aumento general de salarios del 60 OJo por encima de los ni-
veles de febrero de 1956. Su repercusión sobre los precios fue inmediata
provocando una fuerte reactivación de la inflación: entre mayo y diciembre
de 1958, el índice del costo de vida registra un alza del 35 %. La incapacidad
de las autoridades para frenar tanto los aumentos de salarios como de pre-
cios profundizó el déficit fiscal. El reequipamiento del país y su apertura a
los capitales extranjeros provocaron, por otro lado, una aguda crisis de ba-
lance de pagos. Para conjurarla lo más pronto posible, el gobierno recurrió
al Fondo Monetario Internacional, el que impuso un plan de reordena-
miento conforme a su filosofía liberal ortodoxa.s't
Los empresarios, descontentos e inquietos con el resabio neoperonista
de la nueva administración -compartiendo al respecto el punto de vista de
los partidos "democrátlcosv-.., aplaudieron las medidas de austeridad dic-
tadas por el FMI, "rectificación total de la política seguida hasta
entonces", según la VIA, por ajustarse a las que siempre ha preconizado
esta confederación patronal. Pero los trabajadores, golpeados por la infla-
ción y luego por la austeridad, reaccionaron enérgicamente, Las huelgas se
multiplicaron a partir del último trimestre de 1958. Los severos conflictos
que afectaron al sector ferroviario en varias oportunidades indujeron al go-
bierno a decretar la movilización de sus empleados. La huelga de los petro-
leros de la provincia de Mendoza, considerada política (según los medios
oficiales estaba dirigida por el Partido Comunista), provocó una muy dura
réplica gubernamental: la declaración del estado de sitio que puso término
a las negociaciones emprendidas. Esta medida tuvo como consecuencia in-
directa la renuncia del secretario de Relaciones Económico-Sociales de la
Presidencia de la Nación, encargado de los contactos con los sindicatos,
Rogelio Frigerio, quien, junto con sus colaboradores, deseaba una política
más conciliadora.ai
34 Sobre el plan de estabilización y los "consejos" del FMI, ver Eschag (Epri-
me), Thorp (Rosemary), "Las políticas económicas ortodoxas de Pcrón a Guido
(1953-1963), Consecuencias económicas y sociales", en Ferrer (Aldo) y otros, Los
planes de estabitizacián en la Argentina, Buenos Aires, Paidós, 1969, págs. 64-131.
-'5 La versión oficial (pero no pública) de la crisis nos fue proporcionada]'501" el
antiguo subsecretario de Trabajo, Rubén A, Vi rué, que renunció en esa oportuni-
dad. Entrevista concedida al autor por R.A. Virué, 21 de mayo de 1970.
166
, li se en diciembre de 1958, el plan
Es en ese clima que c?menzo a ap recomendaciones del Fondo
de estabilización a estaba condicionada la ayu-
Monetario Internacional a cuyo rcad libre de cambios al tiempo que se
da financiera. Se estableció un   °t 1. (va Se buscó reducir el déficit
implementaba una P?lítica,   de salarios del sec-
del presupuesto mediante la contenclOnt y el mcremento de las tarifas de
ter público, el congelamiento de. es un 60 % las de subterráneos en
los servicios públicos (las OJo) hasta entonces obede-
un 100 OJo y el precio del petr l' e.
0
unelevó asimismo la tasa del impuesto
cían a criterios puramente po IUCOS, se
a los réditos. . la en ci al causa de la depresión econó-
Esa política de austendad fue a pnn p '6" de la demanda provocó
• '1' 1959 La contracct n
mica que atravesó e pats en 'm leo La inflación, lejos de retroceder,
una caída de la del e PAr' entina: 113,69 OJo en doce meses.
alcanzó niveles todavía inéditos iad la g f leron una importante erosión.
. Los ingresos los redistribución de ingresos en
La política deflaclOfilsta origino e   d con la devaluación del peso.
favor del sector agr?pecuari? b:
ne
comercial, los salarios rea-
Mientras se restablecl3 el de en 1958 a 931 en 1959.36EI con-
les (1943 = 100) pasaron del nivel'de vida popular, ba-
sumo de carne per cápita, exce e k en 1959. Las huelgas se muuipficaro»:
jó de 90 kg en 1958 a menos de 70 ,gilOmillones de jornadas de trabajo
sólo en la Capital   su
per0
4
:illones de trabajadores en doce me-
perdidas con la partlClpacIon de \' ., para volver a lanzar su ofensi-
ses. Los peronistas contribuido a elegir. En lo
va contra el "anüpopu a.
r
. que te los nostálgicos de la Revolú-
sucesivo, los golpistas no senan úrucamen
ción Libertadora.
t
I peron
ismo· la capitulación ante los gorilas
La rup ura con e .
speraban los dirigentes pero-
El plan de austerida? fue el al gobierno para cumplir
nistas para dar por la trefua ompió cuando la política guberna-
sus compromisos. El f:ente e   opositores debían padecer cierta
mental se precisaba, dIferencIan ose. . nte una mutación que daba
. t 1criptoperomsmo a
miopía para clamar con ra e d temas del [usticialismo:
resueltamente la espalda a los,gr.an es Ii o social Frondizi fue el pn-
di . . cononuco popu Ism. . .
da nacional, mgrsmo e r', na visita oficial a los Estados Uní-
rner presidente argentmo que rea IZO u
. . ' . de FIATJOECEI, 25 años de la eco-
36 Las cifras un1Jzadas e.xtra1das tina Buenos Aires. FIAT, 1961: ast como
nómica v financiera de la Republlca Arg
en
t'citado pág. 96 Y de Consejo Federal
de (Eprime) y Thorp (Rosemary), ar
/,
decarr;/fo agropecl/ario e industrial.
" "onJ'unto para e "
de mverstones, Programa e
1962, pág. 42.
167
dos.a? El plan de austeridad permitió 1 A . . .
329 millones de dólares del FMI y Ea ,a b recibir préstamos por
fa restablecer la confi e . XI": an de los Estados Unidos. Pa-
inversiones las auto 'idad de los medios financieros internacionales y atraer
tos del y se en los gas-
administrativa implicaba la pri ti ación de La política de racionalización
tatales, generalmente izacron e. número de empresas es-
vueltas a sus legítimos pro ieta . y administradas. No sólo fueron de-
ronista (grupo Bemberg) as,cfpresas requisadas por el poder pe-
sido estatizadas en 1945 t
a
,as empresas alemanas que habían
propiedad enemiga (DINIE) tar m,e Ul?aS.en los alcances de la ley sobre
no  
los partidos de izquierda se oSpa PeroOlstas. o influenciados-por'
pitales privados, sobre t¿do cu a entrega de colectivos o ca-
Frigorífico Lisandro de la To ala es os eran extranjeros. Los obreros del
ga y procedieron a la ocupacr:
e,
forde de quiebra, declararon una huel-
gobierno, que no estaba estadblecHlllento para evitar su venta. El
hecho ant 1 T . . a ce er ante los obreros como lo había
Frondizi y el estado de sitio.
los huelguistas Al término di' al ejercito para intimidar a
arrestándose a 'numerosos 10 desató una drástica represión,
dicho que la huelga responsables frondízistas han
desde Montevideo por el delegado de p ro de la Torre estaba dirigida
subversivo a hacer parte de un plan
Pero, recurnendo al ejército pa t
después de haber decretado la mo T
ra
ener el en las empresas,
en huelga, Frondizi demostró la dde los trabaJa.dores
deuda con los militares. Estos en e su social y contrajo una
cumphr funciones policiales y paliar ,se resbIgnaban a
tal; estaban decididos a hacerse accion gu ernamen-
luchar contra los eronist paga: muy cara la ayuda prestada para
los partidarios defex elegido gracias a los votos de
El clima social se deterioraba 'muy rápidamente y la' .
er . . l recrudeci s circunstancras
an prOpICIaS para e recrudecimiento del terrorismo. Los comandos de la
viajó los.Estados Unidos el 15de enero de 1959 en
Palm Beach 'el IS
r
sbUYOd' precisaPierre Salinger, se encontró con Kennedy en
ce octu re e 1961.
38 Segúnel antiguo subsecretariode Trab . ". . .
accesorios de la huelga habría sido impedi I aJ? virué.. de los objetivos
dos. Es por esoque re rimic rr a VISita e Frondizi a los Estados Uni-
los grandes huelguistas e intervinoa cuatro de
39 Veral respectolas reflexi di'
nombrado subjefe de movilización er e coronel que en marzo de 1959 fue
 
124-126. . , ay su som ro, BuenosAires, s.e., 1970, págs.
168
"resistencia" peronista se proponían demostrar que no era posible eludir el
problema del peronismo. La estrategia insurreccional del ex presidente
apuntaba menos a la toma del poder que a mostrar su fuerza creando un
clima de inseguridad poco propicio para los designios desarrollistas. A par-
tir de enero de 1959, numerosas bombas estallaron en Buenos Aires. Esos
atentados se producían en el preciso momento en que Fidel Castro entraba
a La Habana (coincidencia que algunos supieron aprovechar pocos meses
.más tardej.-por 10 que se llegó a pensar que se trataba del inicio de un plan
global para incendiar el continente. La impopularidad del gobierno crecía
día a día. Se lo tenía por el gobierno de los grandes grupos industriales na-
cionales y extranjeros. El racionamiento del consumo de carne que se im-
puso para incrementar las exportaciones no contribuyó a mejorar su ima-
gen.
Los conflictos sociales se volvían cada vez más severos. Los paros ge-
nerales tomaban el lugar de los movimientos sectoriales. Los disturbios que
se produjeron en Buenos Aires en abril de 1959 fueron duramente reprimi-
dos. El presidente denunció a los comunistas (sus aliados de antaño) yex-
pulsó a diplomáticos rusos; pero no se prohibió la participación del Partido
Comunista en las elecciones provinciales. El fortalecimiento de esa agrupa-
'ción en los comicios mendocinos causarla gran inquietud en el ámbito
castrense.
Las elecciones de Mendoza marcaron el debilitamiento del partido de
gobierno y el descontento popular. Mientras que en 1957 la VCRl sola ob-
tenía 76.683 votos, en abril de 1959 no conseguía más que 53.022. Los ven-
cedores de la consulta fueron una vez más.los conservadores (demócratas
de Mendoza), que progresaron un 51 fIlo, y el PCA, que duplicó sus votos
(33.300contra 14.897en 1958y 15.473en 1957). Numerosos votos peronis-
tas se habrían desplazado hacia candidatos comunistas, como demuestra la
reducción de los votos en blanco. En su edición de ese día, La Razón titula-
ba: "Sacudió a la República el resultado de la elección de Mendoza" .
Esos resultados inquietaron sobremaneraal ejército. El fantasma del
comunismo daba mayor consistencia a los rumores que corrían de guarni-
ción en guarnición sobre los allegados del presidente y sus verdaderos desig-
nios. Los militares se sentían especialmente conmovidos por la corrupción
y los escándalos financieros. Cada acto del gobierno (en particular la firma
de los contratos petroleros) iba acompañado por trascendidos de malversa-
ciones o peculado. La afición por el secreto en que se complacía Frigerio,
tanto por costumbre de hombre de negocios como por necesidad política,
así como los que ya se llamaban" Irigeristas" , contribuía a agravar las co-
sas. Los oficiales no vacilaban en teorizar sobre ese fenómeno político-
moral y en integrarlo a sus hipótesis de guerra. El teniente coronel Amieva
Saravia escribió en-el número de abril-junio de 1959 de la Revista Militar un
artículo titulado "Reflexión sobre el comunismo" en el que puede leerse:
"Sin moral es imposible pretender dominar el comunismo... El comunismo
internacional conoce esto y tratade fomentar al inepto e inescrupuloso en
la función pública de las democracias".
Las artimañas del comunismo son innumerables como las del demo-
169
nio. Este artículo, que reflejaba un ... .
alcance político: significa tiene un enorme
interior del gobierno, que la lucha contra el e enemigo se encontraba en el
contra una parte al menos del 1 abe comunismo pasaba por la lucha
El bri di . e eneo gu ernamental.
mandos de s ier Abrahirn, secretario de Aeronáutica, convocó a los altos
cial. Los su: inquietudes y la política ofi-
discutibles, tanto por su a el gobierno de hombres
ideológica el peculado y la int Y. ,anestl a como por su coloración

no, eran otros tantos llamados aiord petrolera del gobier-
E
llO deben elegir a los funcionarios ni
n cuanto a las mal . us unciones.
binete cuidaría de qvUe;SnaOclOnesd' el de la Aeronáutica en el ga-
'. . que asen Impunes.
Simultáneamente, el general Sol n P h .
reunió a los jefes del " it .as ac eco, secretario de Guerra,
de la que se había enteJ:ardcIOopOpara redCtIfIcar una información distorsionada
. r con uctos no militar En los m¡ .
rmnos que su colega de la fuer a ' , es. TI os mismos ter-
discutibles sobre lo . z a:rea, hablo sobre los altos funcionarios
la infiltración en oficiales y sobre
la política no debía entrar b círculos, Advirtió a los oficiales que
no habría nmgun pretexto al ejército y prometió que
Se estaba, en realidad ante una nuev .. . <
fuego; los escándalos no política. hay humo sin
pecialistas en guerra psicológica 40 L de afiebradas de es-
tanto en las adjudicaciones de contrate corrupcion nnperaba por doquier,
negociaciones con delegados   par!f. del Estado en las
puntos de vista de la oposición d '. b \ S rru nares, compartiendo los
F
. , ' enuncia an el poder "par 1 1 ". id
p.or ng:no, a quien se le habían atribuido de' a o ejercí o
era, funciones paraministeriales tan am li ' spu:s de prunera renun-
de mayo, Friger¡o renunció por sesund p ras A mediados
oficiales, incluso la de asesor prpsid \ez:. Dimitió a todas sus funciones
den legal". En su carta de re "". encta '. para salvar el imperio del or-
nuncia también denu . 1 "d .
yuntura económica -caótica herenc¡ di' !1
cIa
a ramática co-
la e sometímíento y del odio-".
40 Sin pretender subestimar la intoxi , ,
ciales, la tesis de la "guerra esp:-
mero yderrocar ?espuésa Frondizi mediantela P:l-
el y la sin relacióncon la realidad- pareceser
a. es la posición oficial de los frondlzistas desarrollada en Florit (Carlos A )
.,

compl t te i e a acton, no parece haber SIdo
de de sob:e el escándalo
propiedad Pájaro Blancodenunciados del tngo, msobre el de la
170
La partida de Frigerio estuvo precedida y seguida por una ola de re-
nuncias ministeriales que afectó sobre todo al personal político extrapartida-
rio, allegado al ex secretario de la presidencia. La reorganización de los ser-
vicios presidenciales trajo aparejado el 5 de mayo el apartamiento de los fri-
geristas Schmukler y Ovidio Zavala y la renuncia de uno de los pocos ofi-
ciales sinceramente desarrollistas, el coronel Guglialmelli. El general Uranga,
lonardista pasado al frondizismo, renunció el 13 de mayo a la dirección de
Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Tres secretarios de estado cuyos departa-
mentos eran acusados de haber encubierto o favorecido malversaciones,
entregaron igualmente su renuncia: José Carlos Orfila se alejó de la secretaría
de Comercio, Antonio López de la de Finanzas y Alberto López. Abuin de la
de.Transportes. Finalmente, el ministro de Relaciones Exteriores y el secreta-
rio de Agricultura y Ganadería siguieron el mismo camino.
Esas renuncias en cadena reclamadas por los militares -c-se trataba de
los funcionarios de dudosa ideología que se habían convertido en su fobia
permanente- no apaciguaron sin embargo. a los gorilas. Los dioses tenían
sed. Y cada concesión del presidente generaba un nuevo avance del poder
militar sobre el poder civil. La reorganización ministerial coincidió con una
verdadera rebelión militar que afectó la guarnición de Córdoba cuyo argu-
mento es significativo.
El secretario de Guerra relevó de sus funciones y pasó a retiro, a prin-
cipios de mayo, al comandante de la ¡va División, general Ernesto V. Cor-
des, designando en su reemplazo al general Grotz. Ante el "malestar" que
afectó a los subordinados del general saliente, el secretario del arma previ-
no a los cuadros del ejército contra el sectarismo profesional de quienes
consideraban al ejército como un fin en si mismo. El general Cardes era un
hombre de la Revolución Libertadora ligado a los medios civiles y militares
antiperonistas de Córdoba y Buenos Aires. La guarnición de Córdoba se-
guía siendo un bastión fiel al espíritu de la revolución de septiembre. Es por
eso que, pretextando un cambio en la dirección de la Escuela de Paracaidis-
tas, veinte oficiales pidieron su traslado. El secretario de Guerrarespondió
a ese estado de rebeldía latente con el arresto de varios oficiales. La utiliza-
ción de las tropas contra los ferroviarios y los bancaríos cordobeses en
huelga precipitó los acontecimientos. Los jefes militares de la guarnición
exigieron la renuncia del subsecretario de Guerra, coronel Manuel Reimun-
"des, apodado el Dragón Verde. Se suponía que trataba de establecer a la
vez núcleos en el ejército, depurándolo de sus elementos ultraliberales, y
asumir el papel de coronel popular. 42El 30 de mayo, Frondizi declaró no
temer un golpe de estado y no creer en esa posibilidad. Pero el 18 de junio
42 El Dragón Verdeera tan pronto una logia militar comoel nombre de eseco-
ronel cuya estrella ascendía rápidamente desde el episodio protagonizado por Gó-
mezo Corría el rumor de que el subsecretariode Guerra manteníaseguidoscontactos
con dírigentes sindicales (no fue ni el primero ni el último militar argentino en ha-
cerlo) y que estaba estrechamente vinculadocon el ministrodel Interior, Vítolo, y el
subsecretariode Defensa, Bernardo Larroudé. Ello bastaba para adjudicarle gran-
des ambiciones. Ver Montemayor (Mariano), op. cit., pág. 225, así como "Green
Dragonand gorillas", The Economtst, 26de septiembrede 1959. El Partido Comu-
171
prefirió dejar a Reimundes Iibrado la i .. -
la rebelión de Córdoba. En lugar deas a Ira dt lo; gorilas antes que reprimir
der los impulsaba a mayores ex' osegar os arumos, el retroceso del po-
o. , , rgencias.
La situación se volvió decididam
antiguo ministro de Guerra O 'A
cnte
tensa la vuelta a la escena del
1
' ssono rana qtu ., d
os rebeldes cordobeses 'e it¡ .' en, pomen ose de parte de
d 1
" . ' I mt 10 comunicados diri .di'
e ejército invitándolas a solid . gt os a as guarniciones
Solanas Pacheco le reproch' rblicarru con los rebeldes! Cuando el general
o PU rcamente el procedi . .
neral y ex.ministro respondió justific nd 1 muentc, el temente ge-
amonestación" de los militares E a o os planteas y el "derecho de
do, el antiguo ministro     secretario de esta-
expresiones de oficiales superiores q e a tu decisión de no atender las
sus inquietudes decidí por' , ue cump ieron con su deber al exponer
ponsable con eÚos de la   hacerme solidariamente res-
El general Ossorio Arana enrostra tambi
reprocha olvidar su pasado co b t len a su sucesor, a quien
apartado de los senderos que a e el "Usted se ha
no está integrado por personajes .01VI?ando que este gobier-
del dictador y agentes del comuni ,por la tiranía depuesta, con socios
Pacheco de traición, le echa   a Solanas
pertinacia... ". ara. El ejercito esta SIendo destruido con
Al día siguiente de la publicación d " .
nuevo subsecretario de Guerra . e esta filípica, el secretario y el
. . renunCIaron.
Pero las crtsrs político-militares no ocurrí ' .
mente, sino que se desencaden b rn,an de ImproVISO ni aislada-
composición de la autoridad : an Y, superponíancreando un clima de des-
El 25 de junio de 1959 el poder legal.
voluntad, Frondizi había no:b ddar al nuevas pruebas de buena
tán Alvaro Alsogaray Este o de Economía al ex capi-
de oficiales presidia ei Partid e¡nedgoclOs perteneciente a una familia
d 1957
' o VICO TI ependiente que e 1 1 '
e obtuviera apenas 86 000 t" ' n as e eCClOTIeS
político-militar", diría más os. Fue .factor de estabilización
Ehrard Ydel "mila ro alemán" rturo Frondizi. 43 Admirador del Dr
tabilidad en el el desarrollo a la
dilecta de su inspirador T ' SOCIal de mercado" , pre-
Mientras tanto la etelente Imagen. en el ejército,
marina en particula; manifestaroca Y armada se agitaban. Los jefes de la
rina, contralmirante Rodolfo esco.ntent? con el secretari? de Ma-
asegurado al gobierno contar con el ' qUdlen
l,
sm previa, había
apoyo e arma, termmando por exigir
generalmente precavidocon lo
ejercito, hIZO suyaslas acusaciones ca t R' s rumores, sobre todo si se refierenal
ca ind " n fa eimundes d '
. mparan ola a la vezcon Perón con " enunciandosu nasserismo y
- no), El plan Frondizt analizado a luz Iraquies. Ver Codovilla (Vito-
forme rendido en la reunión del Comité Cea situación y nacional, ln-
10y 11 de enero de 1959 'Buenos A' A ntral del Partido Comunista en los días
43 Luna (Félix), pág. 59.
. ' op. ctt., pago 46.
in
su renuncia. Se repetía la trama habitual: los rebeldes Y
sometidos a un tribunal militar; los jefes de la marina reiteraron sus exigen-
cías al presidente y pidieron su pase a retiro; el secretario Estévez presentó
su renuncia, la que fue inmediatamente aceptada. Una vez más, Frondizi
abandonaba a uno de sus leales y entraba en componendas con los fac-
ciosos.
El mismo día de la renuncia del almirante Estévez, el nuevo secretario
de Guerra, general Elbio Carlos Anaya, antiguo ministro del régimen mili-
tar de 1943, que había dejado el servicio activo desde hacía casi veinte años
Yse encontraba apartado de las querellas del momento, designó como co-
mandante en jefe al general Carlos Severo Toranzo Montero, hijo de un ge-
neral yrigoyenista de 1930. El contralmirante Gastón Clement fue nombra-
do al día siguiente secretario de Marina. A partir de entonces, los ultralibe-
vrales ocuparon el frente de la escena militar.
El general Anaya, sacado de su retiro para restablecer la disciplina, era
un soldado profesional que tenía un elevado concepto de las grandezas Y
servidumbres de la vida militar. Ningún antiperonista podía darle lecciones
ya que había combatido a Perón desde 1943; pero se enfrentaba a una difí-
cil tarea. Porque Perón no permanecía inactivo, como tampoco los parti-
dos "democráticos". Perón publicó, desde la República Dominicana, el
texto del pacto secreto acordado con Frondizi. Aunque no fuera una reve-
lación, esa estrepitosa confirmación afectó profundamente el prestigio de-
mocrático del presidente y la confianza que le acordaba el ejército. La agi-
tación antigubernamental de los militares resurgió sobre nuevas bases. Na-
die dio crédito a las declaraciones del ministro del Interior sobre la falsedad
del texto, ni a las del presidente, que negó (imprudentemente) "ante Dios y
ante la historia" la paternidad del pacto.
El nuevo comandante en jefe, más cercano a Ossorio Arana que Sola-
nas Pacheco, no pretendía por su parte despolitizar al ejército. Antiguo de-
legado,ante el Interamerican Defense Board, el general Toranzo Montero
era el tipo mismo de militar marcado por la guerra fría. Su principal objeti-
vo parecía ser la depuración del ejército de nacionalistas Yde partidarios de
Frondizi. Al poco tiempo se desató una controversia sobre sus atribuciones
que lo enfrentaron al inflexible secretario del arma, teóricamente superior
jerárquico según el organigrama oficial. Éste se había opuesto a que los co-
mandantes de la I" YIV
a
División fueran relevados simplemente porque
contaban con la confianza del general Solanas Pacheco. Al no ser obedeci-
do por el comandante en jefe, el secretario de Guerra lo relevó Ynombró en
su lugar al general Pedro Castiñeiras. Quince generales en actividad se ne-
garon a acatar la decisión ministerial, lo que comunicaron por radiograma
a las guarniciones. El general Anaya los arrestó de inmediato. Contaba con
el apoyo de la I", Ira y Hl" División, de la caballería y de la guarnición de
Bahía Blanca. La guarnición de Córdoba, por el contrario, adhirió al rebel-
de: la IVa División declaró que el secretario del arma no contaba con su
confianza.
Con ese apoyo asegurado, el general Carlos S. Toranzo Montero, que
se consideraba imbuido de una "misión" moral en la que no podía fallar,
173
Mecánica y se autoproclamó comandante en
fin,según hizo saber, de restablecer la jerarquía, el principio de
autoridad y la disciplina en el seno de la institución militar, sin ninguna in-
tención de menoscabar el orden constitucional y el acatamiento a las autori-
dades de la República", Pero ese golpismo respetuoso parecía haber presu-
mido demasiado de sus fuerzas, Tanques y tropas se dirigían desde Campo
de Mayo hacia la Escuela de Mecánica, donde comenzaban a llegar civiles
dispuestos a combatir. La aeronáutica solicitó la autorización de bombar-
dear el cuartel general del jefe rebelde, En esa situación dramática, la deci-
sión correspondía al jefe del Estado. El presidente Frondizi resolvió capi-
tular sin combatir. Sacrificó a susecretario de Guerra y a los comandantes
legalistas, en tanto Toranzo Montero seguía siendo comandante en jefe. La
insubordinación daba buenos dividendos,
La decisión tomada el 3 de .septiembre dio por tierra con cualquier
apariencia de legalidad militar. El presidente, para "evitar un derrama-
miento de sangre", 44 se había negado a imponer la disciplina, siendo que la
relación de fuerzas le era favorable, perdiendo así la confianza de los ofi-
ciales que lo apoyaban y de los profesionalistas. Hasta los más decididos an-
tifrondizistas le reprocharon al presidente su negativa a reprimir, acusán-
dolo de intentar disolver la unidad del ejército y la jerarquía militar, contri-
buyendo así a debilitar el aparato detensívos" para beneplácito de la sub-
versión comunista. Para ellos, la perversidad intrínseca del presidente nun-
ca estaba en falta: que reprimiera al antiperonismo o que cediera ante él, el
resultado siempre era malévolo.
A pesar del eufemismo de Alvaro Alsogaray, para quien con la crisis
quedaba "definitivamente establecida la supremacía del poder civil", las
relaciones entre éste y el poder militar salieron transformadas de ese episo-
dio sin gloria. ¡Toranzo Montero, restablecido en sus funciones, confirma-
ba al presidente en las suyas! "No es un planteo político institucional", dijo a
los periodistas. "No deseamos el poder pclitlco... Queremos que el presiden-
te siga en su puesto". Un nuevo secretario de Guerra fue nombrado por in-
dicación del comandante en jefe. El general Larcher, nuevo titular de la
cartera, se apresuró a precisar: "Estamos mancomunados desde hace trein-
ta años en un ideal común de principios democráticos" . Se procedió a reor-
ganizar el Estado Mayor, siendo designados para ocupar los-puestos más
importantes los generales firmantes del telegrama de solidaridad a Carlos S,
Toranzo Montero. En adelante, se dispuso controlar de cerca la guarnición
de Campo de Mayo y, sobre todo, la división blindada legalista.
44 Esta cita fue extraída del memorándum que nos entregó el general Elbio
Carlos Aneya, pág. 6. '
45 CLQuinterno(CarlosAlberto), Historia reciente, Lacrisis política argentina
entre 1955 y 1966, Buenos Aires, Huemul, 1970, pág. 83.
174
El ejército y la subversión o la lucha revolucionaria contra el
gobierno legal
, . baio su dominio Los legalistas Ylos fron-
Los gorilas tenían el ejército a] 1 id nte Se abría un nueva pe-
dizistas hablan sido abandonadosl por e prelsa'do
e
de' un hombre, el coman-
, do por e proco
nsu
, El
ríodo que estana marca " it víctima de las facciones.
. . t bTdad de un e]erCI o . .
dante en Jefe, y la mes a 1 1 d bo dó el campo de sus atribuciones
general Carlos S. r uel que un diario de derecha
hasta abarcar las de aaqtomar un poder vacilante, Se
calificó coma "Hamlet golpIsta, ió de una d,'ctadura militar de futuro
, . ., la [nstauract n . ' d 1
opoma, por príncipto, a id d serlo feroz adversario e a
incierto, Demócrata o convenCI o   consideraba: "Exhibirnos
"tiranía", el general .Toranz
o
1 do nos traería un descrédito
con una nuéva militar, ?nt,e e 'no podría evitar la parali-
definitivo, moral, pOlItICO Y conduciría a un retorno de masas
zación y sería el desastre", esta sI,tuacI,ó ál a la de Cuba" ,47 Era en-
11
'" , una sttuact n an oga l
exaltadas que nos evana a, " que el general liberal jugaba al gato y a
tonces por miedo al T ban medios empíricos, los ultralibera-
ratón con el presidente, Si bien utí .e d f id s El comandante en jefe los
les tenían sus objetivos claramente declaración de carácter "reservado"
. , .' de 1960 en una ec 1 lé it
preciso, en junio 'ba ante todo, de permitir' que e ej rCI o
hecha ante los generales, Se trata.: Llb tadora" "A través de los as-
, f d 1 RevoluclOn 1 er· . l
alcanzara' los mes e dice el comandante en jefe, el color actua
censos, pases y nOm?ramIentos, ., de la Revolución Libertadora", Se
del ejército es el mtsmc ,que n Iornerado de delincuentes" con
consideraba per?,ll1s
mo
con su línea política integ
ra-
objetivos totahtanos. El go . istas Esta línea fue abandona-
cionista inicial estimuló las siempre todo es-
da por-la presión de las Fuerzas rma als del retorno del régimen
tímulo al peronismo, qfue a ni" Pero era dificil lograr la
d
., na catastro e nacto a. .
P
eronista con ucma a u l' mo se había vuelto subversivo Y
. . 1" porque e peroms
1 iército debía reprimir firmemente para no
practicaba un que el eran perjudiciales para la "recons-
dar paso al cqmumsm
o.
Las, e ec, d odía hacerse al respecto, sal-
micción" del país, conyalecIente aun. Na :rle'aba en los hechos en la pre-
vo mantener la vígílancía s¡e r cual medida política, de ultimá-
sentacióndememorándumsexlgIen o a o
turns o de del general Carlos S. Toranzc Monte-
El ejército, bajo la con UCCI t tra "todos los totalitarismos".
ro, se preparaba a luchar, organismos militares que esta-
Una mentalidad maccarthl,sta se .aj hipertrofia de los servicios de informa-
ban en busca de un robl no era algo pasajero. ,El órgano
clones comprobada ajo a 1
46 "To or not to golpe", El príncipe, mayo de 1961.
47 La Nación, 29 de junio de 1960,
175
crea la función. . exigieron, en primer término, reemplazar a
las autoridades civiles en la represión del terrorismo y de las actividades
subversivas. El ejército no vacilaba en poner al poder civil en el banquillo
de los acusados. Se pasó rápidamente de los reproches de excesiva manse-
dumbre a las acusaciones de tolerancia culposa, y hasta de complicidad. La
subversión estaba en el poder.
ataques fueron fuertes que el presidente se vio obligado a pro-
nunciar un discurso ampliamente difundido, en noviembre de 1960 recha-
zando las acusaciones de comunismo que se le hacían. No dejó de referirse,
lo demás, al omnipresente "peligro comunista" , seguramente para sa-
a los factores de poder. Haciendo recaer principalmente sobre el
Partido Comunista la responsabilidad por la huelga de enero de 1959 en el
frigorífico Lisandro de la Torre, contribuía a mantener la confusi6n exis-
tente entre peronistas y comunistas.ss
La del poder militar en áreas de competencia del poder civil
fue espectacular a nivel provincial. En dos provincias sep-
tentrionales aparecieron focos terroristas. Un foco guerrillero intent6 en
vano implantarse en la provincia subtropical de Tucumán, mientras que co-
mandos de saboteadores asestaban sus golpes en el coraz6n industrial de
Para satisfacer a las Fuerzas Armadas, el gobierno central deci-
dIÓaplicar el plan Conintes sobre conmoción interna del Estado que daba
amplios poderes a los jefes de unidad. quienes podrían así poner en práctica
sus antiguerriileras. Pero las autoridades provinciales y la inde-
pendencia del poder judicial subsistían, aunque los militares proclamaran,
com? en l?cha antisubversiva, que el país estaba en guerra. En la Ar-
gentma segura Imperando el. estado de derecho, lo que dio origen a múl-
tiples conflictos con el poder civil y a querellas de competencia entre la jus-
ticiaordinaria y la justicia militar.
El mismo secretario de Guerra acusó al gobernador radical intransi- .
gente de Tucumán, Celestino Gelsi, de no haber reaccionado con la sufi-
ciente energía contra los guerrilleros del "comandante Uturunco" .49El go-
bernador respondió incisivamente que estaba en tela de juicio la pericia del
ejército, se había dejado robar material de guerra. y que no era nada
glorioso fusilar a muchachos de dieciséis a dieciocho años engañados por
algunos activistas peronistas en fuga. 50 El asunto terminó en una interpela-
ción parlamentaria en febrero de 1960.
Las cosas fueron distintas en Córdoba, donde el sabotaje industrial
provocaba dafios materiales de importancia y causaba algunas muertes. El
informe Conintes del comandante en jefe sobre represión del terrorismo en
Córdoba, ampliamente difundido, hacía graves acusaciones contra el go-
48 Frondizi (Arturo), El gobierno y el comunismo, Buenos Aires Presidencia
de la Nación, 1960, pág. 9. . ,
49 El ' ' dí d
estu 10 ocumentado sobre este intento guerrillero del que tenga-
mos conocmuento es el que apareció en El Obrero, diciembre de 1963-febrero de
1964, págs. 33-48, firmado por Emilio Morales y titulado "UTURUNCO y las
guerrillas en la Argentina". .
50 La Nación, 19 de febrero de 1960.
176
bernador Zanichelli, miembro de la VCRI: "quedó demostrado no sólo la
complicidad sino también que, en ocasiones anteriores al caso   el
apoyo gobierno de la provincia y su la  
equipamiento y armamento de grupos   dicha acti-
tud en un propósito de defensa, de las ínstítucíones provinciales contra un
supuesto golpe militar en preparación". El duro enfrentamiento que se
produjo entre el Poder Judicial y el ejército vino a   en erecto, a un
arreglo de cuentas local. Los jueces se negaron a
de terrorismo a las autoridades militares, ante lo cual el ejercito ocupo las
cárceles y requisó al personal penitenciario. El gobernador, apoyado por.su
partido, protestó. Los militares revelaron entonces que uno de los terrena-
tas {peronista) prófugos había mantenido contactos el en
1958 y que las armas utilizarlas procedían del gobierno'. En
de 1958, el gobernador electo había tratado de Jefatura poli-
cía expulsando a los jefes' 'gorilas" destacados por el ejército. La ?ohcia se
habla rebelado y declarado en huelga. Ante cualquier eventualidad, las
autoridades electas habían organizado entonces milicias discretamente ar-
madas de las que formaban parte algunos elementos peronistas. El
se había aplacado pero no olvidado. Además, la
de un gobernador frondizista con peronistas partidarios de la violencia, el
ejército atacaba la alianza electoral del presidente. .
En esa pugna de intereses, a pesar de las atribuciones del Poder JUdI-
cial reconocidas por la Suprema Corte, el tomó partido
militares contra sus propios partidarios. Obedeciendo sus deseos,
a las autoridades legales y declaró intervenida a la provincia. El presidente
tuvo que hacer pesar toda su influencia el bloque de!a VCRI
aceptara, .contra sil propia voluntad, votar la,l"?terven-
ción. Así lo atestiguan los embarazados consíderandos
solidaridad parlamentaria con Zanichelli y.el debido acatamiento al prest-
dente'. El presidente, en nombre de .los superiores intereses del desarr?llo,
libraba sus gobernadores a los gorilas, después de haber hecho lo mismo
con sus generales. Los minigolpes de estado minaban la y socava-
ban el poder presidencial. La dura para aplicar el
económico. Sin embargo, la anarquía militar se ampliaba. :La O?SeSIOn an-
tisubversiva de los altos mandos no impedía que se manifestara-la subver-
sión en uniforme, y que hiciera su aparición un golpismo generalizado. A la
conspiración permanente e institucional se sumaron las conspiractones am-
bulantes y espontáneas de generales . .
El 12 de junio, en la soñolienta provmcta de San LUIS, una umdad se
sublevó y detuvo al gobernador. estaba
por el general retirado Fortunato GlOvannolll, quien leer por la radio
local una encendida proclama que denunciaba, entre otras cosas: "la
podredumbre que amenaza aniquilar las últimas reservas morales de la so-
ciedad argentina ... una red de funcionarios   en el go-
bierno, protegidos y adjudicados por el equipo tr.otsklsta dirigido personal-
mente por Frondizi... para instaurar la República Popular marxista, co-
mo última etapa" . Los efectivos militares de la guarnición no apoyaron la
177
proclama con demasiado entusiasmo, pero sí lo hicieron numerosos ele-
mentos civiles y sobre todo los adherentes de la UCRP, poniendo al partido
en una delicada posicíón.u Ese levantamiento de opereta no representó
ninguna amenaza, desde luego, para los poderes constitucionales.
Seisineses depués de esa desusada aventura, un general peronista in-
tentó realizar un golpe de mano en Rosario. Unos cincuenta hombres ata-
caron, con la complicidad de suboficiales, el l l o Regimiento de Infantería.
El tiroteo duró varias horas y arrojó un saldo de cuatro muertos (entre los
cuales un coronel peronista retirado, Julio "Barreda) y numerosos heridos.
El general Iñíguez, jefe del fallido intento insurreccional, se dio a la fuga.
Un ataque simultáneo al Arsenal San Lorenzo de Puerto Borghi no tuvo
consecuencias. El bastión peronista de Rosario no respondió. Los obreros
del Frigorífico Swift, cercano a los cuarteles del regimiento, no se mo-
vieron. El presidente aprovechó el incidente para fustigar a los que agre-
dían la libertad y pretendían restablecer la tiranía. Era una manera cómoda
de ser considerado antiperonista, lo cual se hacía necesario, porque, en vir-
tud de las promesas hechas y del restablecimiento del monopolio sindical de
la Central Obrera, la CGT debía entregarse a los representantes electos, o
sea peronistas, a fines de 1960; una grave crisis había estallado, además,
entre la presidencia y el comando en jefe a principios de octubre.
El detonante de la crisis fue como siempre el espinoso problema de las
relaciones entre el comandante en jefe, el secretario de Guerra y el gobier-
no. Todo empezó con las críticas formuladas poreel Estado Mayor sobre la
orientación de la política petr.olera. El general Charpy, representante del
ejército en Yacimientos Petrolíferos Fiscales, presentó en una reunión de
generales un memorándum sobre la necesidad de reservar, por razones
estratégicas, la explotación del sur de Comodoro Rivadavia a la empresa es-
tatal o a sociedades nacionales. Se trataba de un problema técnico-
profesional que no parecía poner en tela de juicio, sino tangencialmente, la
firma de contratos petroleros concompañías extranjeras.
El presidente recibió un nuevo memorándum,con lo que se estaba en
presencia de un nuevo planteo. El general Larcher, secretario de Guerra,
declaró, tras mantener una reunión con los generales, que el representante
del ejército en YPF estaba de acuer.do 'con el plan petrolero, que el proble-
ma atañía a la administración de la empresa y que los contratos no se cues-
tionaban. Es decir que,conforme a sus funciones y a las exigencias de la so-
lidaridad gubernamental, el amigo de Toranzo Montero asumía la defensa
de la política presidencial. La crisis quedó abierta cuando fue desautoriza-
do por sus pares.El general Larcher presentó su renuncia. Volvía a repetir-
se la secuencia habitual. El general Aramburu se entrevistó con Frondizi
para examinar la situación y habló Con los periodistas haciendo críticas
abrumadoras contra el poder. Las reuniones-de oficiales se multiplicaron.
Los comunicados también, entre otros, los emitidos por YPF. Los llama-
dos a la calma lanzados por el secretario del arma desde el comienzo-de la
51 El Comité Provincial de la UCRP desautorizó a los miembros del partido que
participaron en la rebelión. CL La Nación. 14 de junio de 1960.
178
crisis asegurando que el lado sur quedaría reservado para YPF de nada sir-
vieron. El pretexto ya había sido olvidado. Los altos mandos deliberaban,
analizando detalladamente todos los aspectos de la política gubernamental,
en particular, los problemas del peronismo y del comunismo. Los' 'frigeris-
tas", aquellos que habían negociado ennombre de un gobierno que no in-
tegraban, estaban en la picota. También se atacaba la ley sobre aso-
ciaciones profesionales.
De los cónclaves surgió un planteo interarmas en que cada una de ellas
presentó al presidente, durante una reunión del.gabinete militar, un memo-
rándum sobre la actualidad política. El servicio de prensa de la presidencia
comunicó que el presidente examinó las sugerencias ... "ellas importan una
valiosa contribución a la eficaz solución de tales problemas" . Como
prueba de buena voluntad, el Poder Ejecutivo condenó una vez más a la
instauración del totalitarismo ya sea comunista o peronista. Condenó
igualmente, no retrocediendo ante ningún sacrificio, su propia política tal
como la veían los Estados Mayores: "en tal sentido quiere señalar que se
opondrá a toda actividad política que so color de una aglutinación o in-
tegración en un partido democrático, procure restaurar el régimen despóti-
ca que soportó el país o intente alcanzar los objetivos o designios destructi-
vos que persigue el comunismo internacional" .
Debemos reconocer que la presión era más fuerte que nunca. El12 de
octubre, Frondizi lanzó un patético llamado al pueblo: "En ningún caso re-
nunciaré", dijo. presionado por los "mismos intereses (que) derrocaron a
.Hipólito Yrigoyen en 1930". Frondizi reafirmó su programa económico y
negó una vez más ser comunista, arguyendo las leyes sobre enseñanza libre,
sobre inversiones extranjeras y los contratos para la explotación privada del
petróleo. Al día siguiente, diecisiete generales pidieron su pase a situación
de retiro. La prensa dio cuenta del memorándum de siete puntos del co-
mandante en jefe del ejército que reclamaba, entre otras cosas, la expulsión
de los frigeristas y peronistas del gobierno y la revisión de la ley sindical.
Frondizi replicó publicando la versión dactilografiada de la reunión mante-
nida con el gabinete militar y dejando trascender el texto de la renuncia del
general Larcher. El prestigio del comandante en jefe se vio seriamente afec-
tado: el general Larcher denunciaba sus actitudes "rayanas en la irrespon-
sabilidad". Precisaba: "Nos encontramos en presencia de un oficial supe-
rior con veleidades de futuro dictador, ya sea por su propia vocación, o por
ser instrumento maleable de una camarilla enquistada en sucomando con'
ambiciones inconfesables". El memorándum, agregaba el general Larcher,
contenía' 'exigencias desmedidas que... podían conducir a romper la legali-
dad constitucional". La renuncia del general Larcher fue finalmente acep-
tada, pero rechazados sus términos por insultantes. A raíz de ello, tuvo que
comparecer ante un tribunal de honor. El general Carlos S. Toranzo Mon-
tero se imponía, una vez.más, pero no por mucho tiempo.
El general Tóranzo Montero fue víctima de la desmesura. Triunfante
en la crisis del 12 de octubre, impuso su superioridad. Institucionalizando
-el planteo, el Estado Mayor se erigía en censor permanente de los actos del
gobierno, una especie de órgano de control paralelo (pero superior) al
179
Congreso. Así, el ejército confeccionó una lista de funcionarios sospecho- __
ses-de ser comunistas y la comunicó al Poder Ejecutivo para que éste los
destituyera. En el Ministerio de Defensa Nacional se constituyó una comi-
sión ad hoc para centralizar las informaciones referidas a la "penetración
comunista". Elcomandante en jefe pretendía, además, dar una coloración
política homogénea al ejército: trasladaba o.separaba de su cargo a los ofi-
ciales superiores que no eran de su agrado. El arresto de un general into-
cable desde el punto de vista profesional dejó al general Toranzo Montero
en una posición falsa. Los generales no lo siguieron y el secretario de
Guerra rechazó las medidas disciplinarias tomadas por el comandante en
jefe, su subalterno. Este renunció, pero en esta ocasión nadie lo imitó. Los
oficiales estaban cansados de un activismo que poco tenía que ver con su
desempeño profesionaL Toranzo Montero hacia política, lo que nunca es
bien visto en el ejército, y sin duda no supo dar a sus intervenciones la nece-
saria justificación profesional.
Dos días después de su renuncia, el 25 de marzo de 1961, el ex coman-
dante en jefe dio a publicidad una carta abierta al general Rosendo M. Fra-
ga, secretario de Guerra desde la renuncia del general Larcher, muy signifi-
cativa respecto de las relaciones entre el ejército y el poder civil. Después de
recordar los peligros que amenazaban al país y la línea política que había tra-
tado de imponer, el general Toranzo Montero atacaba personalmente al ge-
neral Fraga..' 'Ingresó usted al gabinete nacional, a mi propuesta, no sin an-
tes contraer el compromiso implícito de gravitar en el gobierno para obte-
ner el cumplimiento de las exigencias planteadas".
De acuerdo con esta concepción invertida de las relaciones entre el mi-
nistro y sus subordinados, el presunto "representante" del ejército en el
ministerio no había cumplido con sus compromisos. El ex comandante en
jefe podía reprocharle con razón la falta de firmeza de su acción política
encaminada a presionar al gobierno para restaurar los postulados de la Re-
volución Libertadora.
La renuncia del comandante en jefe significó una victoria para el go-
bierno. Así lo sintió la oposición ultraliberal. Las organizaciones paramili-
tares antiperonistas apoyaron al general. 52 Las felicitaciones que recibió del
almirante Rojas, ex vicepresidente, demostraron la importancia del revés
sufrido. Rojas calificaba al régimen de "agente disimuladamente compla-
ciente de la penetración acelerada del comunismo... y el factor aglutinante
de ambos totalitarismos", y pedía a los argentinos (¿civiles o militares?) no
"dejarse engañar por los legalismos de utilería que están muy lejos de
representar a la democracia" .53 En realidad, el pesimismo de ll.\s opositores
que militaban en el liberalismo extrema no venía al casa. El nuevo coman-
dante en jefe, general Poggi, no era considerado ideológicamente muy dis-
tante del general Toranzo Montero. Por otro lado, la crisis cubana y las re-
laciones interamericanas proporcionaban a los golpistas y a la oposición en
52 Como el Movimiento Cívico Revolucionario o el Frente de Entidades De-
mocráticas.
53 La Nación, 2 de abril de 1961.
180
general los medios para llevar cabo una contun-
dente, contrarrestando el relativo Fortalecimientc de la gube:na-
mental, fruto del triunfo de la UCRI en las .elecciones parciales dea.bnl d.e
1961 de las provincias de Catamarca, Santiago del Estero, LUIS, MI-
siones y sobre todo Santa Fe. El inesperado
para muchos, permitió por lo demás despedir al supermíntstro Alsogaray,
que se había vuelto tan inoportuno como perfectamente Impopular.
La crisis cubana contra el poder constitucional
La ruptura entre los Estados Unidos y Cuba y el Fidel
Castro a Moscú se convirtieron rápidamente en datos de la política íntema
argentina, debido a la intención del presidente de de.sar:ollar una
diplomacia activa, y debido igualmente a la. política intervencionista p.elos
Estados Unidos, sobre todo durante el goblerno?e ..
influjo, en efecto, que se realizó decisiva del dISPOSitiVo
litar interamericano y la conversión de los ejércitos nacionales a la contraín-
surgencia.HLas presiones ejercidas sobre los gobiernos del subcontine.nte pa-
ra hacerles adoptar las medidas contra Cuba ?eseadas por
adoptaron, durante su presidencia. fo:mas tan dIversas.como múltiples.
El embajador de los Estados Unidos en la Roy  
hizo caso omiso de la reserva diplomática y del pnncipio de no intervencton
en los asuntos internos de otros países. Se inmiscuyó en las luc?as entre fac-
ciones militares y entre armas. Habría a su gobierno rehusar
la venta de aviones de fabricación norteamericana a
tina, por no merecerle absoluta confianza sus definiciones ideológicas.
Frondizi diría de él: "conspiraba con la marina" .55 La su
relevo. Kennedy aceptó, a pedido del presidente el
lar de la embajada. Parece, no obstante, que la misión militar norteamen-
cana y algunos servicios de la embajada siguieron adelante, con mayor
discreción por cierto, con la política de .
La cuestión cubana comenzó en la Argentina con la reunión de can-
cilleres de la üEA de agosto de 1960 en Costa Rica. En aquella el
presidente Frondizi, además de las directivas referidas al tema de la
reunión (las "amenazas extracontinentales"), indicó a la delegación que
llamara la atención a los Estados Unidos sobre los problemas del desarrollo
y una eventual ayuda norteamericana a las naciones del Por un
54 gemidei (Manuela), "Trente ans de poli tique extérieure I?tats Unís (1944-
1974). Quelques livres récents", Revue francaise de science poi/tique, octubre de
1974, pág. 1069. .'.' 1
55 Según las declaraciones que el ex presidente habría he,ch.b.a pe-
riodista Gregorio Selser en 1963. Ver su artículo: "l.Argentma, para que sirven las
misiones militares?", Marcha (Montevideo), 11 de enero de 1974.
181
l? cancillería argentina había recibido la orden de condenar el" o
msmo internaciq; 1" . I e mu-
r .. nar-. por e otro Iado, sus consejeros económicos debían
e? en confOrrnlda? Con la doctrina desarrollista, en mostrar la rela-
_ írecta entre subversión y pobreza, entre revolución y subdesarrollo
Sm para y Frigerio, la lueha más eficaz cOntra el
n:
o
pasa a por de economias modernas y prósperas. Los frondi-
zístas eran partidarios antes de tiempo de la Alianza para el P o
Ello b té la onosi " r greso.
ciones dobles o para que a opostcron se conmoviera y. hablara de instruc-
es, y Como el defensor de los aspecto ,.
ministro. Arnaldo Musich),
VIV. as acusaciones de duplicidad. La presencia en P ,
en una de comandantes latinoamericanos del eneral anan:
a,
comandante en jefe del ejér.cito, a
nómico a: . s e se opuso: en a las Instrucciones de orden eco-
ti y apoye firmemente, SIn ser invitado, una ponencia de solidarid d
de Estado. De vuelta a Buenos Air:s,
tea del U" de octubre el asunto que tuvo cierto peso en el plan-
su al servicio del desarrollo y pen-
. que a guerra fna podía Instalarse por largo tiem o n 1
Arturo Fro,ndizi sus "buenos oficios" a Cuba E;-
. t dioS para zanjar sus diferendos en marzo de 1961. Los dos país
e:;sa os rechazaron _secamente la buena voluntad argentina pero ella

para 9ue la oposición acusara al gobierno de ':protegé, a
u a ,un pros comurusta.
sospechas no tardaron en confirmarse. En el clima tenso del m
desCpueb's de el desembarco
n en U a, e presidente Frondízi firmó U
con el nuevo (y  
pesar de q?e.el menciona la
cano y cristiano de. ambos países. Se reprochaba a la Argentina ser
por el el momento en que éste se orientaba hacia el
el bloque afroasiático
que el gobernador del estado de·Río m
Su
as¡
thaa'bd,e sd
e
supo
pap I d' 13 esempena o un
e prepon erante en flrma del tratado; se trataba del cuñado del futu-
Brizz?la
h,
al se atribuyen ideas avanzadas,
, . . o se precisa a mas. Con todo Frondizi no se de
tuvo de 1961, con el consentimiento norteamericano, es
dad, recibió en Olivos al argentino Ernesto' 'Che" Gu . .
evara, muustro de
56 "L illerf d '" ,
a cancr eria a a ertva ,El prtncipe, septiembre de 1961
, 57 Como lo ante el Congreso el diputado Camet algunos meses des-
pues la :ntrevlsta. CL .Conil Paz (Albe,rto), Ferrari (Gustavo), op. cit., pág·, 237.
" Segun las declaraciones del ex presidente Frondizi al diario italiano II Giorno
. (Milán), del 15 de febrero de 1968.
182
Industria de Cuba. Fue una verdadera provocación para los militares que
-dio lugar a un intento de sublevación rápidamente sofocado y aumentó el
malestar y la irritación de los cruzados de la guerra fría.
Los militares reaccionaron ante el castrismo, en efecto, con una sensi-
bilidad exagerada. La sociedad argentina no se encontraba amenazada por
focos guerrilleros o acciones subversivas. La situación estaba bien controla-
da y, en líneas generales, el país se encontraba más calmo que en 1959. Pero
debido al entusiasmo que su prestigio romántico despertaba en la juventud,
particularmente en los-estudiantes y en ciertos sectores peronistas, la refe-
rencia castrista era omnipresente. Algunos partidos tradicionales nada re-
volucionarios la adoptaron incluso para renovarse. Así es como el muy li-
beral Alfredo Palacios, veterano del socialismo democrático argentino, fue
elegido senador por su distrito de la Capital Federal, en febrero de 1961,
haciendo una campaña abiertamente pro castrista de gran repercusión. El
Partido Comunista lanzó una activa campaña de solidaridad con el nuevo
régimen cubano, y cualquiera que sostuviera públicamente una política
amistosa para con La Habana contaría, llegado el caso, con su apoyo elec-
toral.
De todos modos, la lucha política en torno del problema cubano era
más intensa enel frente de la política exterior. Los Estados Unidos desea-
ban que se tomaran sanciones contra La Habana y que Cuba fuera excluida
del concierto de naciones americanas. Muchos países, la Argentina entre
ellos, se mostraban remisos a aceptar esa imposición, en nombre de los
principios de no intervención y del derecho de cada pueblo a buscar su des-
tino. La diplomacia norteamericana utilizó todos los medios de presión a su
alcance para provocar una reunión de cancilleres de la üEA que votara se-
gún sus deseos. En ese sentido, los Estados Mayores nacionales que habían
adoptado una concepción internacionalista y "occidental" de su función y
que se consideraban al servicio del "mundo libre", constituían un enlace
interno muy eficaz para modificar las politicas gubernamentales. 59
Así se daban las cosas en fa Argentina, donde, en un clima de guerra
fría en el que individuos sospechosos y agentes de informaciones extranjeros
complotaban de común acuerdo con militares de honor quisquilloso, pare-
cía que todos los golpes contra el gobierno estaban permitidos.
En octubre de 1961, un exiliado cubano, Frank Díaz Silveira, presentó
a la prensa las fotocopias de ochenta y dos notas diplomáticas confiden-
ciales de la cancillería cubana dirigidas al encargado de negocios cubano en
Buenos Aires. Esas notas, escritas con claridad, daban cuenta de contactos
mantenidos con altos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores
argentino, emitian juicios sobre el personal militar y los jefes del ejército y
¡daban la impresión de que Cuba conspiraba para derrocar al gobierno ar-
gentino! "La publicación de los documentos, escribía el corresponsal de"La
Nación en Nueva York, es probable que induzca a la Argentina... a romper
con La Habana" .60 El procedimiento era bastante grosero y los textos pa-
S9 "Curso de guerra contrarrevolucionaria", La Nación, 3 de octubre de 1961.
60 La Nación, 10 de octubre de 1961.
183
:1
recían redactados por propagandistas especializados en anticomunismo 61
El gobierno desbarató fácilmente la maniobra. Aceptó examinar los origi-
nales, solicitándolos a los exiliados cubanos; el grupo de Miami que había
las ochenta y dos fotocopias, terminó por entregar treinta y dos
ongmales que, -en lo esencial, no coincidían con los documentos recibidos.
Se llamó en consulta a expertos militares de los servicios de informaciones
los que descubrieron un documento falso. La cancillería decidió cerrar el
expediente y-dar, el asunto. Pero el mal estaba hecho, princi-
palmente en el ejército donde se daba mucho crédito a los cubanos "parti-
darios de la libertad", escapados del "infierno. castrista" que el gobierno
tratado con cierta desenvoltura, para cubrirse, y sin ir al fondo de la
cuestión.ez
Todo estaba listo I?ara la 8
a
reunión de consulta de cancilleres de
países miembros de la üEA que tuvo lugar en Punta del Este en enero de
1962. La Argentina se había abstenido de votar a-favor de la convocatoria
de esa conferencia. La delegación argentina recibió precisas instrucciones:
"A pesar de la guerra fria y los intereses egoístas que se esconden detrás de
ella, a pesar de las reiteradas tentativas de penetración que realiza el comu-
nismo nos cabe a nosotros, los argentinos, dejar claramente
establecido que lo que se está discutiendo en América no es la suerte de un
caudillo extremista que se expresa a favor de un orden político que nada
tiene que ver con la realidad de nuestros pueblos, sino el futuro de un grupo
de naciones subdesarrolladas que han decidido libremente acceder a niveles
más altos de desenvolvimiento económico y saciar'. La consigna que se
desprendía era simple: "Salvar la unidad del sistema interamericano y por
ello nos abstendremos de votar sanciones que puedan vulnerar el principio
de no intervención" .63
Los militares pensaban exactamente lo contrario. Lo probaron y lo de-
mostraron. ¡El delegado argentino ante la Junta Interamericana de Defen-
sa con asiento en Washington votó por la expulsión de Cuba! Mientras tan-
ta, en la Conferencia de Punta del Este, el ministre de Relaciones Exte-
riores, Cárcano, se abstuvo, junto -con Brasil, México, Chile, Bolivia y
Ecuador, de votar la medida de ostracismo reclamada parlas Estados Uni-
dos. Esta fue aprobada por catorce naciones, las que, salvo una (Uruguay),
habían roto sus relaciones con Cuba después de que lo hicieran los Estados
61 Según Diaz Silveira, el gobierno de Fidel Castro habría intentado crear es-
guerrillaen la Argentina y utilizadouna red de contrabando de droga para
introducir armas y propaganda por el norte dela Argentina. Todos los frigeristas del
Palacio San Martín eran calificados elogiosamente por losservicios "diplomáticos"
cubanos; los liberalesestaban calificadoscomo extremadamentepeligrosos.
  La importancia que los militares atribuyeron al episodio y la poca fe que les
merecían las denegaciones gubernamentales están muy bien reflejadas en el libro de
Fernández (coronel A.), Democracia y comunismo, BuenosAires, Círculo
Militar, 1962. Ver particularmenteel tomo n, El caso de la documentación cubana
enviada a la Argentina, págs. 261-301.
63 La Nación, 4 de febrero de 1962, Estas instrucciones fueron citadas por
Frondizi en Paraná.
184
Unidos. Nada pudieron las numerosas presiones que se ejercieron sobre el
gobierno y la opinión de Buenos Aires.
64
Las reacciones internas ante la abstención fueron virulentas. Las
reuniones militares se multiplicaban febrilmente. Los grandes nombres del
ultraliberalismo, el almirante Rojas, el general Toranzo Montero, hacían
encendidas declaraciones. El teniente general Ossorio Arana aprovechó la
ocasión para denunciar a "los hombres que han integrado el Socorro Rojo
Internacional y militan en las filas de las más variadas tendencias del comu-
nismo, pugnan desde los más altos cargos oficiales para imponer principios
lesivos al espíritu de la Constitución Argentina" . Los tres Estados Mayores
se concertaron y los tres secretarios militares se reunieron con el mímstro
del Interior. El secretario de aeronáutica emitió la orden general n'' 29, diri-
gida a las unidades, en la que reafirmaba su posición occidental y su
ridad con todos los países que habían asumido la defensa del mundo libre,
y recordaba que no toleraría la menor amenaza estilo de
Los militares presentaron un nuevo memorandum a Frondizi extgten-
dale la ruptura con Cuba, la depuración de los frigeristas del Ministerio de
Relaciones Exteriores y la destitución del ministro Cárcano. Frondizi trató
de ganar tiempo y, después de algunas dilaciones, contraatacó. El 3 de
febrero pronunció en Paraná un violento y patético discu:so que
cía su estilo electoral de 1957-1958. Después de haber explicado la posición
argentina atacó los' 'elementos reaccionarios que se oponen a la liberación
y al desarrollo" de los pueblos y aludió a los monopolios sin mencionar a
las Fuerzas Armadas. Pero ese llamado al pueblo cayó en el vacío. No hubo
ningún apoyo popular y nadie se movilizó en favor de Frondizi, ni siquiera
los que aprobaban la posición argentina en Punta del Este.
coherencia aparente -hacía imposible cualquier alianza, aunque fuera tácn-
ca, con un gobierno profundamente impopular.
El discurso de Paraná alejó de él incluso a los moderados que comen-
zaban a considerar que Frondizi, a pesar de su pasado y de sus debilidades
se había vuelto razonable. La revista católica Criterio escribía al respecto:
"el discurso de Paraná demuestra que si bien y con todas sus ambigüeda-
des, la política económica del gobierno nacional como
una política de derecha, la vertiente radical de la UCRI sigue transitando a
través de la política exterior, por un latente misticismo de izquierda" .65
Así, pues, con su reacción tan inesperada corno intempestiva, Frondizi
perdía todo su apoyo.
La presión militar se hizo pública y ostentatoria. Los jefes de las tres ar-
mas, incluyendo a los secretarios, se abstuvieron de asistir a toda
oficial. Un banquete de platos vacíos saludó así la llegada a Buenos Alfes
del ex rey Leopoldo de Bélgica. El boicot venció la inusitada resistencia,del
64 Diversas manifestaciones se sucedieron en Buenos Airespara que el gobierno
modificarasu decisión. Algunosexiliados cubanos dieron una conferenciade prensa
para ilustrar a la opinión pública sobre el régimen castrista.
6S "Punta del Este y la coexistencia pacífica", Criterio, 22de febrerode 1962,
págs. 123-125.
185
1
presidente y el8 de febrero la Argentina rompía sus relaciones diplomáticas
cap. La Habana. El poder presidencial había llegado a su nivel más bajo.
Los idus de marzo
La proximidad de las elecciones parciales para renovar entre dos o varios
gobernadores provinciales mantenía bajo una extrema presión a la clase po-
lítica, civil y militar. Frondizi sabía que se jugaba su última carta. Si conse-
guía vencer al peronismo en el terreno electoral, su poder resultaría no sólo
fortalecido, sino engrandecido, transmutado. Sería el hombre que habría
vencido democráticamente a los peronistas, el presidente que habría resuel-
to un problema espinoso, alejado un peligro lancinante. Mal elegido, en
adelante contaría con una legitimidad irreprochable;' poco importaba que
hubiera llegado al poder, en febrero de 1958, con los votos peronistas. Ad
augusta per angusta...
Faltaba lo esencial, es decir los medios. Dejar que los peronistas pre-
sentaran candidatos en las principales provincias constituía de por sí una.
audacia, significaba correr un riesgo incalculable. Rehusar la facilidad de
las proscripciones, declarar que la legalidad era para todos representaba un
'gesto democrático bienvenido, pero también era como ponerse al borde del
abismo. ¿No se habla acusado bastante a Frondizi de querer restaurar la ti-
ranía? La incógnita era evidentemente la actitud de los. peronístas.
Estos se habían entregado a una oposición sistemática, irreconciliable.
No se detenían ni ante la provocación, ni ante la violencia verbal más extre-
ma. Cuando se les brindó la posibilidad de presentar a sus propios candida-
tos, designaron a Perón como postulante a vicegobernador de la provincia
de Buenos Aires. No vacilaban en recurrir a cualquier insulto en su propa-
ganda. Aprovechando el aura castrista, exaltaban el poder de las armas y
prometían el paredón a sus adversarios.
La violencia de los ataques era del agrado del ministro del Interior, Ví-
tolo, que dirigía -la campaña gubernamental. Frente al peronismo insurrec-
cional que invocaba a La Habana, recibía el apoyo de los comunistas y de
los socialistas de izquierda, la VCRI representaba el orden, la paz social, la
democracia y la seguridad.
El ministro del Interior denunció la formación de un frente castrista a
través de la candidatura de Framini, dirigente del sindicato textil, a gober-
nador de la provincia de Buenos Aires.ce La insistencia sobre el apoyo de
formaciones marxistas y sobre el carácter clasista de la candidatura era sus-
ceptible de despertar al fantasma de un nuevo 17 de Octubre. La VCRI in-
tentaba de esa manera canalizar el antiperonismo, obtener los votos de la
mayoría silenciosa.
66 Los peronistas retiraron la candidatura "provocadora" del general Perón
para formar el binomio Pramini-Anglada.
186.
El mismo presidente abandonó pocos días antes del18 de marzo, fecha
de las elecciones, su actitud de repulsa de los "extremismos peronista y an-
tiperonista", para atacar drásticamente la campaña de los justicialistas,
mensajeros "del odio y de la violencia". El ministro del Interior, que había
movilizado todos los recursos del poder, previno a los electores sobre la
aventura que significaría una victoria peronista. Los militares contenían el
aliento.
La jugada de Frondizi sólo era temeraria en apariencia. Fiel partidario
de las negociaciones discretas y de los arreglos entre bambalinas, el presi-
dente se había puesto en contacto con la dirección política local del peronis-
mo. Existía un acuerdo que disponía el retiro in extremis de las candidatu-
ras justicialistas. ¿Nuevo pacto, nuevo trato? ¿Lo había decidido Perón?
Sin duda, pero el lejano jefe aprobaba en lo esencial las relaciones de fuerza
loc-ales. Ahora bien, un grano de arena vino a bloquear esa combinación
tan bien preparada. El obstáculo imprevisto era la actitud de los cuadros
sindicales combativos y de una tendencia político-sindical oportunista que
encarnaba un hombre del que volveremos a hablar, un hombre que ascen-
día dentro del sindicalismo peronista; dirigia el sindicato más poderoso, el
de los metalúrgicos, y controlaba al bloque de las 62 organizaciones pero-
nistas de la COTo Augusto Timoteo Vandor simbolizaba el nuevo poder de
los sindicatos. Representaba a un aparato político peronista de base sindi-
cal que se esforzaba por emanciparse de Perón. Ahora bien, negarse a reti-
rar las candidaturas, conseguir una victoria en las elecciones, significaba sin
duda provocar la intervención de los militares más antiperonistas. En caso
contrario, la vigilancia antiperonista disminuiría y Pcrón tendría más cam-
po libre. Las concesiones de 1958 no habían sido en vano,las de 1962 po-
dían ser igualmente fructuosas. La corriente vandorista propiciaba la polí-
tica que ellos estimaban más desfavorable para Perón, la mejor en conse-
cuencia para sus eventuales sucesores. Señalemos que, más allá de esas peri-
pecias oscuras, la presión y la movilización popular para derrotar al gobier-
no y para expulsar a los "hombres del FMI" dificultaban las maniobras de
Frondizi.e?
Las listas justicialistas triunfaron en Buenos Aires, Jujuy, Chaco, Mi-
siones, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan y Tucumán. La VCRP ganó
en Córdoba y la UCRI 10 hizo en la Capital Federal, Entre Ríos, Corrien-
tes, La Pampa y Santa Cruz. Además, los peronistas obtuvieron la primera
mayoría en los comicios, con un 32 OJo de los votos.
El país estaba en efervescencia, y podría decirse que artificialmente en
efervescencia. Como señalaba un comentarista moderado: "Se transforma
a la cuestión peronista en peligro peronista" .68 Las reacciones irracionales
67 Sobre la actitud de las bases sindicales y la corriente vandorista, ver Gazzera
(Miguel); Ceresole (Norberto), Peronismo: autocritíca y perspectivas. Buenos Aires,
Descartes, 1970, págs. 119-123. Este punto de vista favorable a vandor coincide con
el testimonio del antiguo subsecretario de Trabajo frondizista, Virué (entrevista cita-
da).
68 "La comedia electoral", Criterio, 22 de marzo de 1962.
187
h   í ~ las veces de una actitud política. ¡Framini, un obrero, un sindicalis-
t ~ de Ideas avanzadas, gobernador de Buenos Aires! Una sensación de pá-
meo se apoderaba de las clases medias en los barrios residenciales. ¡Volvían
I?s cabecitas negras! Se acercaba la hora de la revancha. Los militares parti-
ciparon de la autointoxicación. El ejército patrullaba en Buenos Aires. Los
puentes fueron puestos bajo vigilancia militar, y e119 se procedió a levantar
el puente ferroviario sobre el Riachuelo. Se temía que se abatiera una olea-
da popular sobre la Capital.
Las reuniones políticas y militares se sucedían. El 19, presionado por
los militares, el presidente accedió a intervenir las provincias donde el justi-
cialismo obtuviera la mayoría: Buenos Aires, Tucumán, Santiago del Estero,
Río Negro, el Chaco. Anular las elecciones donde triunfaba el adversario era
una solemne torpeza. La opinión pública ya no consideraría al presidente ni
siquiera como un hombre de principios que trataba de imponer a los milita
res el respeto por la democracía.e? Habiéndose desacreditado el presidente,
los militares examinaban diversas modalidades para salir de la crisis: el
derrocamiento del presidente y la ocupación directa del poder por parte de
las Fuerzas Armadas, la deposición constitucional del presidente o una re-
forma constitucional que limitara sus poderes.
Frondizi reorganizó su gabinete y luego propuso, para juntar los peda-
zos, la formación de un gabinete de unión nacional. Ningún partido quiso
discutir con un presidente sin autoridad que había violado la legalidad de-
mocrática. Frondizi recurrió una vez más a la mediación de Aramburu; pe-
ro éste le asestó el golpe de gracia, sugiriéndole que renunciara para salvar
el orden constitucional. La UCRP, imitando al Partido Conservador, pidió
la renuncia del presidente y la anulación de las intervenciones. Frondizi se
negó a hacerlo. El nuevo ministro de Defensa, Rodolfo Martínez, propuso
un ingenioso plan encaminado a poner al presidente bajo tutela. Pero el
plan de Martinez fue rechazado.
E128 de marzo, los tres comandantes en jefe -c-Raúl Poggi por el ejér-
cito, Cayo A. Alsina por la aeronáutica y Agustín R. Penas por la marina-
exigieron la renuncia del presidente. Este se negó nuevamente y dio la or-
den de reprimir a los facciosos. Pero el general Poggi hizo arrestar al secre-
tario de Guerra. El ejército puso bajo su control las comunicaciones y ocu-
pó el Congreso. Se detuvo al presidente yse lo condujo a Martín García. El
antiguo ministro de Economía, Alvaro Alsogaray, comentaba así la si-
tuación: "Las causas fundamentales de la perturbación que exponen las
Fuerzas Armadas es la percepción intuitiva, acompañada por el convencí-
69 Los testimonios difieren en lo que concierne a la iniciativa de las interven-
ciones. ¿Fueron impuestas por los militares y el presidente se vio forzado a apro-
barlas, o éste pretendió tomarles la delantera? La segunda interpretación prevaleció
en la opinión. Según el testimonio de un ministro de la provincia de Buenos Aires en
1962, el ministro del Interior y los altos mandos habrían firmado un convenio secre-
to para que intervinieran las provincias donde había triunfado el peronismo. Ver:
"Antecedentes acerca de la intervención a Buenos Aires en 1962. El ex ministro pro-
vincial y actual diputado nacional Felipe Dlaz O'Kelly revela detalles ignorados del
proceso" , La Nación, 27 de agosto de 1964.
188
miento de hechos concretos que indican que estamos sufriendo las conse-
cuencias de una maniobra comunista de alto vuelo, cumplida por el señor
Rogelio Frigerio" , 70
Los militares, por su parte, emitieron un comunicado justificando' su
actitud. "Las Fuerzas Armada') ... vigilaron la marcha del proceso institu-
cional con la mirada puesta en un solo objetivo: la plena realización de los
ideales de la Revolución Libertadora. Tuvieron, por ello, que intervenir ac-
tiva y enérgicamente cuando la subversión totalitaria amenazó la vida y la
seguridad de los argentinos. Hicieron más de una vez llegar sus sugerencias
y su consejo al gobierno en los temas vinculados con la defensa de la de-
mocracia" .
El presidente prisionero denunció en una violenta carta abierta a
quienes 10 habían derrocado exponiéndose a hundir al país en una "guerra
social" que abriría "las puertas al comunismo". Olvidando que la UCRI
había jugado la carta del antipercnismo mientras el Poder Ejecutivo repri-
mía severamente a los justicialistas, Arturo Frondizi evocaba "la unidad de
todos los sectores populares" y la necesidad de un "frente unido" . Afirma-
ba incluso: "Los últimos comicios señalan que más del 70 OJo del electorado
se ha pronunciado por el desarrollo económico, la justicia social y la convi-
vencia democrática". ¡Las coincidencias "objetivas" se burlaban pues de
la historia! Pero Frondizi cuidaba el futuro.
Los medios liberales y conservadores tradicionales se regocijaron con
el desenlace que deseaban desde siempre. "Las Fuerzas Armadas ... se
vieron obligadas a derrocar la nueva dictadura que se había entronizado
subrepticiamente, gracias a las alianzas inconfesables y al apoyo del comu-
nismo internacional", puede leerse en una declaración de notables acadé-
micos aparecida en La Prensa.tv En un editorial del 22 de abril, el mismo
diario sacaba la lección de la crisis: el gobierno instaurado en 1958 siempre
se había resentido por el "pecado original del Pacto". ¿Pero cómo invocar
a la democracia y alegrarse al mismo tiempo por la impotencia de las fuer-
zas políticas argentinas para vencer democráticamente al peronismo?
¿Un ejército antónomo al servicio de Occidente?
De ninguna manera cabría reducir el tumultuoso episodio frondlzista a
una acumulación fastidiosa de planteos y pronunciamientos, de declara-
ciones contradictorias, de huelgas insurreccionales y de medidas represivas.
En esos años, tanto en el plano institucional como en el de las fuerzas pro-
ductivas, comenzaron a precisarse grandes líneas y transformaciones que
nas permiten comprender mejor el comportamiento de los diferentes prota-
gonistas. " . .
La misma secuencia puede encontrarse en las múltiples cnsrs. Un mo-
70 La Nación, 29 de marzo de 1962.
71 La Prensa, 6 de abril de 1962.
189
delo de crisis militar, que permite apreciar las relaciones reales entre el po-
der civil y el poder militar, se destaca nítidamente. El presidente y sus ase-
sores se niegan a enfrentar a los oficiales sediciosos, los militares gorilas.
Ceden y abandonan a sus aliados, los oficiales legalistas, aumentando así el
número de descontentos y opositores dentro de las Fuerzas Armadas. Todo'
ocurre como si Frondizi considerara que no tiene el legítimo derecho de im-
poner la voluntad gubernamental al ejército, como si todo, hasta la obe-
diencia militar, pudiera negociarse. Allí se origina la postrante incompren-
sión de los profesionalistas, como el general Anaya, víctima de la crisis de
septiembre de 1959.
La autonomía de las Fuerzas Armadas respecto del poder civil era re-
conocida y estaba institucionalizada, lo que permite explicar el esquema de
las crisis. El presidente se compromete moralmente a no interferir en el fun-
cionamiento interno de las instituciones militares; y con motivo, éstas se
consideran investidas de la misión de "vigilar" al presidente. Los jefes de
unidad eligen en cierto modo al comandante en jefe, y éste propone al
secretario de su arma, no a la inversa. Quienes comandan al ejército, a ve-
ces por su cuenta y riesgo, es cierto, son los jefes de unidad.
Dentro de ciertos límites, la verticalidad jerárquica no ha sido elimina-
da. El sistema sólo es "democrático" y sólo funciona de abajo hacia arriba
en la cumbre, y en forma muy imperfecta.
El secretario de guerra o el de aeronáutica, y en menor medida el de
marina, es el ojo del arma en el seno del gabinete. "Debe" informar al pre-
sidente del punto de vista de su institución y utilizar toda su influencia para
que las decisiones gubernamentales estén conformes a los deseos de los al-
tos mandos. Pero, sea por influencia del nuevo marco de actividad, sea por
toma de conciencia de la problemática nacional y de las necesidades minis-
teriales, sea por la capacidad de convicción de sus colegas del gabinete o
por el ascendiente personal del presidente, el portavoz de los militares se
transforma poco a poco en un emisario del Poder Ejecutivo ante el arma,
en un moderador de ésta. La transferencia de lealtad provoca la crisis. El
secretario pierde la confianza de sus mandantes y, después de un enfrenta-
miento en el que cada uno cuenta sus fuerzas, se impone el alejamiento del
secretario o del comandante en jefe.
Esta autonomización relativa del ejército coincide con la reformula-
ción de sus funciones. La mutación estratégica que se produjo entre fines
de la décadadel 50 y principios de la del 60 correspondió a la nueva coyun-
tura continental, a la redefinición de las "amenazas" hecha por el Pentágo-
no. La coordinación de los ejércitos continentales en la lucha contrarrevo-
lucionaria se efectuaba, en efecto, impulsada por Washington y bajo su égi-
da. El ejército "politizado" de la RepúblicaArgentina adhirió sin reservas
a las nuevas hipótesis de guerra que 'legitimaban profesionalmente sus prác-
ticas francamente extramilitares. La relativa autonomía institucional iba
acompañada paradójicamente por una heteronomía funcional que rompía
con los valores defendidos hasta entonces. La lucha contrae! comunismo y
la solidaridad con la potencia "líder de! mundo libre" se antepusieron a la
defensa de la independencia nacional y la preocupación por el industrialis-
mo. La ruptura era tanto más evidente cuanto que los militares atacaban a
190
un gobierno que se negaba a alinearse sin condiciones con la diplomacia
norteamericana y que industrializó al país más que ningún otro anterior-
mente. Un desarrollo industrial que transformara la situación de la econo-
mía nacional no convencía a la dirección ultraliberal del ejército, aunque se
basara en las inversiones extranjeras72 y convirtiera al país en una filial. Se
trataba de un ejército "antinacionalista" que apreciaba la acción guberna-
mental en nombre de la defensa de Occidente.
En materia económica, los gorilas no veían más que la inflación, la cri-
sis financiera, el déficit de la balanza comercial. Debe admitirse que el re-
equipamiento del país después de la "descapitalización" de la era peronista
causó un serio desequilibrio de las finanzas externas. El déficit del balance
comercial llegó a 496 millones de dólares en 1961. Pero, después de la rece-
sión de 1959, la recuperación económica de 1960-1961 dejó al país un saldo
en realizaciones que tendría que haber resultado positivo para un ejército
que había estado preocupado durante cuarenta años por el potencial in-
dustrial del país. Con todo, ¡los militares tenían la tendencia de atribuir la
devaluación monetaria o la contracción del crédito a la corrupción existente
en las esferas dirigentes!
Algunos sectores antigorilas minoritarios, algunas armas como la ca-
ballería o la aeronáutica eran sensibles a la modernización de la economía
argentina, la que no podía pasarles inadvertida. A pesar del elevado costo
económico y social, debido tanto a procedimientos "mercantilistas" como
a la falta de un plan nacional, es sin duda desde el punto de vista de la de-
fensa nacional que el desarrollismo es inatacable. La Argentina duplicó en
1959 la producción de 3,6 millones de metros cúbicos de petróleo corres-
pondiente a 1946, y superó los 15 millones en 1962; esa producción abaste-
cía cerca de195 070 de la demanda interna. Con Frondizi, la siderurgia se en-
caminó finalmente por la senda trazada en el plan Savio, bajo control mili-
tar. En 1961se inauguró el primer alto horno de SOMISA, yen 1963 el país
producía casi un millón de toneladas de acero. El progreso de las construc-
ciones mecánicas no tenía precedentes. A partir de 1959, la Argentina con-
tó con una importante industria automotriz que produjo 130.000 vehículos
en 1962. La ampliación de la red caminera iba a la par del aumento del par-
que automotor. Los desarrollistas también sentaron las bases de la química
pesada, de la petraquímica especialmente, lo cual se relaciona con la fabri-
cación de explosivos y equipos militares.
El desarrollo industrial reclamado por generaciones de militares sensi-
bilizados por las dependencias críticas llegó demasiado tarde, o más preci-
samente fue víctima de la guerra fría. Objetivamente, podrían decir los de-
sarrollistas, el ejército debería haber apoyado el esfuerzo de industrializa-
ción emprendido por el gobierno de Frondizi. Pero las condiciones "subje-
tivas>! lo llevaban a combatir a sus promotores en el marco de una nueva
forma de guerra.
n Las inversiones extranjeras aprobadas en el marco de la ley 14.780 de 1958 .
pasaron de 14 millones de dólares anualesen 1958a 209 millones en 1959. El país re-
cibió másde 550 millones de dólares de inversiones directasentre 1958 y 1962. Datos
extraídos de la Revista de la Unión Industrial. abril de 1970.
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