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El valor de la paciencia

El valor de la paciencia

Paciencia

es

la

capacidad de padecer o

soportar algo sin alterarse.

También,

es

la

capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas y finalmente es la facultad de saber

esperar cuando algo se desea mucho.

A todos nos gustaría que las cosas siguieran el ritmo que queremos: progresar rápido en cualquier actividad, reunir fácilmente el dinero para comprar algo que nos gusta, aprender al instante a usar el trompo y el yoyó y resolver de golpe los problemas de nuestra familia. Sin embargo, cada proceso que ocurre en el mundo tiene su propio ritmo y debemos aprender a reconocerlo. Si no esperas el tiempo indicado para sacar las galletas del horno, van a quedar crudas; si no aguardas a que seque el pegamento del modelo que estás armando, se deshará en tus manos; si no te cuidas de la gripa el tiempo necesario, se convertirá en una enfermedad más delicada.

La paciencia, en un sentido, consiste en comprender ese ritmo y aguardar, simplemente, a que los procesos se completen. En otros casos, lo que requiere de ti es que la combines con la constancia, sobre todo cuando se trata de una habilidad que quieres adquirir o de un objetivo que deseas alcanzar. Por ejemplo, aprender a nadar requiere que durante un buen número de meses entrenes frecuentemente hasta que sepas hacerlo bien. Otro valor relacionado con ella es el esfuerzo. Para conseguir objetivos importantes no basta con un instante, sino el paciente esfuerzo de muchos años.

“La capacidad de resistir”

La paciencia también significa soportar con autodominio y serenidad las situaciones que no nos gustan. Puedes tratarse de casos muy sencillos: el radio que tus vecinos ponen a todo volumen, las clases de una materia que te choca o las dificultades para transportarte desde tu casa a la escuela por el tráfico, el calor y la incomodidad de los vehículos. Pero también te sirve para soportar situaciones mucho más difíciles: la carencia de dinero en tu hogar, la enfermedad o los pleitos de tu familia. Muchas personas reaccionan a esas circunstancias con ira o enojo, porque en realidad son débiles, se desesperan y no logran nada. Quienes son pacientes responden con calma e integridad que les permiten pensar en soluciones y tomar mejores decisiones.

No pienses que ser paciente consiste en cruzarte de brazos. Se trata, más bien, de aceptar

No pienses que ser paciente consiste en cruzarte de brazos. Se trata, más bien, de aceptar con valor las pruebas que te pone la vida y tratar de aprovecharlas para progresar y crecer, de ver en cada obstáculo una oportunidad. El ritmo de las cosas no siempre favorece lo que nosotros queremos o planeamos. Las demás personas tienen sus propios planes y problemas y sólo en ciertos casos cooperan con los nuestros. A veces parece que hasta los

objetos están contra nosotros: el plato que se rompe, las llaves que se pierden, la tele que

se descompone… La paciencia nos permite soportar y, hasta donde es posible, controlar

todos esos problemas. También nos ayuda para salir adelante en casos donde no queda nada por hacer, como cuando muere un ser querido. En otras palabras ¡nunca te desesperes! Resiste con calma, piensa estrategias y soluciones, ten paciencia contigo mismo y recuerda que, de esta forma, a cada minuto te estás volviendo más fuerte.

Actualmente, nuestras vidas se desarrollan a un ritmo acelerado. A tal punto que todo pasa por hacer y llegar con prisa, también para resolver nuestros asuntos personales y del trabajo, surgiendo muchas veces roces con personas que a lo mejor pudiéramos evitar.

Lo que ocurre es que todo lo que queremos tiene que ser “ya”, ocasionando que nuestra vida cotidiana no tenga sensatez y uno sea menos amable hacia los demás. Tal es así, que

todos estamos inmersos en una época denominada “prisa”. Aquí debemos detenernos y

pensar un poco sobre el valor de la paciencia, ya que sino nos sentiremos cada vez más

molestos con esa carrera que llevamos, y que es nuestra propia vida, y que es única. Por lo tanto, podemos definir a la paciencia como el valor que nos hace como personas:

tolerar, comprender, padecer y soportar los contratiempos y las advertencias con fortaleza y por ende sin lamentos; esto es posible porque uno aprende a actuar acorde a cada circunstancia, moderando las palabras y la conducta en esos momentos. De igual manera no debemos confundir lo que se llama indiferencia e insensibilidad con las actitudes de paciencia. Esto siempre ocurre cuando nos encontramos con personas que a nuestro criterio son molestas y fastidiosas, y escuchamos aparentando tener una actitud paciente y efectivamente lo que buscamos es evadir de esa situación lo más rápido posible. Y obviamente tratando de que no se den cuenta, para no herir sus sentimientos. Por otra parte, el no detenerse a considerar las posibilidades reales de éxito, tiempo y esfuerzo que se necesitan para alcanzar un determinado fin, es el principal obstáculo del desarrollo de este valor y se denomina impaciencia. Tal es así, que uno debe moderarse y entender de nuestros alcances para evitar cargarse de demasiados compromisos que posiblemente no los podrán efectuar.

Por ejemplo, el ahorrar puede ser una forma de medir nuestra paciencia, pero si quitamos de

Por ejemplo, el ahorrar puede ser una forma de medir nuestra paciencia, pero si quitamos de vista nuestro objetivo, nuestra meta será cada vez más inalcanzable y lejana. O bien la paciencia para educar a nuestros hijos, ya que son más traviesos de lo que uno muchas veces se espera, pero el verdadero reto es tener la habilidad para educarlos tolerantemente y de la mejor manera posible.

Sin embargo, podríamos decir que el hecho de soportar y tolerar las contrariedades más inesperadas, también constituyen retos, aunque de menor importancia pero que hacen al desarrollo de la paciencia. Tal es el caso de sobrellevar inclemencias del tiempo, ser comprensivos en la realización de tareas junto a otras personas, ante la falta de sus experiencias, conocimientos para realizarlas efectivamente, entre otras. Si en cualquiera de ellos nos obsesionamos, el resultado puede ser totalmente el opuesto al deseado, por lo que se recomienda ser pacientes, ya que ella nos enseña la manera por la cual debemos hacer las cosas.

Recuerda, ten buena predisposición para acudir a aquellos lugares donde siempre para ti son pérdidas de tiempo, porque ello puede disgustarnos innecesariamente. Otra cuestión es no mostrar impaciencia y hacer cosas de mala gana, ante el pedido de favores. Ante ello se recomienda que esa actividad se cuente como fija, dentro de nuestro tiempo y quehaceres, ya que de esa manera será posible realizarla de manera agradable.

Las reacciones espontáneas no tienen una finalidad precisa, por lo cual se recomienda tomarse un tiempo para escuchar, razonar y en el momento más indicado actuar o emitir la

opinión más acertada desesperación.

a

la circunstancia. Si

nos olvidamos de

esto,

nos ganará

la

Pero, ¿cuáles son los verdaderos estímulos que ganamos de ser pacientes? La verdad es que son múltiples, desde el mantenimiento y mejora relacional con nuestra pareja, hijos y compañeros de trabajo; hasta las amistades más duraderas.

Así la persona que vive pacientemente, logra comprender mejor

la naturaleza

de

los

sucesos, creando paz y armonía a su alrededor. Es decir, que posee la sensibilidad para afrontar todas aquellas contrariedades conservando la calma y por ende, su equilibrio

interior.

Tal es así, que una vez conocida o presentida una dificultad que es preciso superar o algún bien deseado que tarda en llegar, soportaremos las molestias presentes con serenidad. Y nos ayudará a moderar los excesos de tristeza y a esperar con calma el bien deseado.

Para desarrollar la paciencia debemos:

Vaya a la raíz del problema

Para desarrollar la paciencia debemos: Vaya a la raíz del problema A las cosas o situaciones

A

las

cosas

o

situaciones

que

irritan

a

una

persona

se

las

denomina

factores

desencadenantes de la impaciencia. ¿Cuáles son? Tal vez sean otras personas, como su cónyuge, sus padres o sus hijos. O quizás el problema tenga que ver con el reloj: ¿se inquieta cuando otros lo hacen esperar o cuando se está haciendo tarde? Y ¿qué ocurre si

está cansado o hambriento? ¿O si tiene sueño o está estresado? ¿Dónde se impacienta con

más facilidad, en

casa

o

en

el

trabajo?

Lo importante aquí

es

ver

cuál

es

la

raíz del

problema para poder afrontarlos.

Lleve una vida sencilla

Noreen Herzfeld, catedrática de Ciencias Informáticas de la Universidad Saint John

(Minnesota, Estados Unidos), aseguró: “La gente no puede ser „multitarea‟. El cerebro es

incapaz de concentrarse en varias actividades a la vez”. Y añadió: “Con el tiempo, hacer

distintas cosas simultáneamente agota nuestra capacidad de concentrarnos, de prestar verdadera atención. Eso va desgastando cualidades como la paciencia y la perseverancia,

así como el sentido común y la habilidad para resolver problemas”.

Se le hará cuesta arriba ser paciente si está estresado porque tiene un exceso de cosas que hacer, sitios a donde ir o gente con quien mantenerse en contacto. La psicóloga Jennifer

Hartstein, ya mencionada en esta serie, puntualiza: “En el fondo, el estrés es la causa de numerosos brotes de impaciencia”.

Por eso, como se ha dicho siempre, hay que tomarse las cosas con calma. Dedique tiempo a disfrutar de la vida y a forjar amistades estrechas con unas cuantas personas, en vez de buscar amistades superficiales en una red interminable de contactos. Administre bien las horas del día y establezca sus prioridades. Tenga cuidado con las aficiones y los aparatos que puedan mantenerlo demasiado ocupado.

Para simplificar su vida, tal vez necesite examinar su rutina diaria. ¿Qué podría tomarse con más calma? ¿De qué podría prescindir? Otro proverbio bíblico dice: “Para todo hay un

tiempo señalado, [

...

]

tiempo de guardar y tiempo de desechar”. Probablemente este sea el

momento para desechar algunas cosas que absorben su tiempo y hacen que le resulte más difícil

momento para desechar algunas cosas que absorben su tiempo y hacen que le resulte más difícil ser paciente.

Sea realista

Adopte una visión realista de la vida. Para empezar, lo cierto es que las cosas no siempre suceden tan rápidamente como nos gustaría. Tener paciencia es aceptar el hecho de que el tiempo avanza a la velocidad del tiempo y no a la de nuestras expectativas.

Por otro lado, tenga presente que no podemos controlar todo lo que nos sucede. El sabio

rey Salomón escribió: “El que corre más rápido no siempre gana la carrera; el ejército más

poderoso no siempre gana la batalla; el más sabio no siempre consigue dejar de ser pobre; el más astuto no siempre consigue hacerse rico y una persona educada no siempre recibe la recompensa que merece. Todos tienen sus buenos y malos tiempos. Nadie sabe qué le irá a

pasar”

No permita que su paciencia flaquee ante circunstancias que usted no puede controlar. Más bien, analice qué factores sí puede controlar. Por ejemplo, en vez de enojarse porque el autobús o el tren se retrasan, trate de buscar otra opción para llegar a su destino. Hasta caminar sería mejor que dejar que la ansiedad y el enojo lo dominaran. Pero si no queda más remedio que esperar, aproveche el tiempo haciendo algo útil, como leer algo interesante o anotar lo que planea hacer después.

Siendo realista, no vale la pena que nos preocupemos por cosas que escapan a nuestro control.

Cultive valores espirituales

Muchas personas que confían en la Biblia y sus principios han comprobado que ponerlos en

práctica ayuda a actuar con más serenidad. En la Biblia se indica que es más fácil que una persona con valores espirituales manifieste paciencia, además de otras cualidades valiosas,

como amor, gozo, paz, amabilidad y autocontrol. También leemos esta promesa: “No se

inquieten por cosa alguna, sino que en todo, por oración y ruego junto con acción de

gracias, dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera a todo

pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales”. Así que, estudiar la Biblia

nos ayudará a vivir con menos estrés y a ser más pacientes.