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Artigas, Andresito y una progenie en problemas



Conozco a Artigas


Mi primer contacto con Artigas fue a los nueve años. Fue un contacto aleatorio, y no
tanto. Hacía unos años, desde el mundial 78, que venía coleccionando billetes de otros
países. No tenían más valor para mí que el del viaje perpetuo, que el de despertar una
curiosidad extrema que me llevaba de billete a enciclopedia y vuelta a empezar. Ese
billete era de mil pesos uruguayos y me lo había regalado un amigo en cuarto grado. Sus
padres eran parte de ese gran contingente de orientales que cruzaron el charco a
principio de los 80 y en la época en que, cuentan que cuentan, un chistoso puso un cartel
en el aeropuerto que decía: “El último que apague la luz”.
El billete era hermoso, de varios colores, uno de los menos solemnes que había visto en
esa época
1
, salté a un diccionario enciclopédico Larousse que me había comprado mi
abuelo en tres cuotas en primer grado. Era un diccionario de la época de los milicos en
los cuales Albert Einstein era Alberto Einstein (como la calle en Pompeya) y los
nombres propios estaban castellanizados.
2
En aquel billete aparecía un Artigas de perfil;
en el diccionario el que lo muestra a la puerta de la ciudadela de Colonia, pintado por
Blanes. El diccionario lo designaba como prócer uruguayo, omitiendo las iniquidades y
traiciones que acontecieron para que el caudillo latinoamericano terminé siendo
uruguayo, dejando de lado los deseos continentales del “Padre de los pobres”, de aquel
que velaba por los infelices y, como un adelantado a las premisas que imperaron en
Argentina a mediados de los 40, vaticinaba que los más “infelices”, serían los más
privilegiados.

1
http://aes.iupui.edu/rwise/banknotes/uruguay/UruguayP62c-100NuevosPesos-1985-donatedrrg_f.jpg. En
esta dirección se puede observar el mismo billete pero de edición 1985. Pero a modo de muestra se puede
experimentar el color que lo diferencia de otros billetes de la época.
2
Diccionario enciclopédico Larousse. T. III. Ed. Larousse. París. 1971.
2
El poncho del cuadro “Ciudadela” parece llevar a cuestas todas las vicisitudes de la
campaña. No es hombre que se vista para impresionar, como acusaran a Güemes o a
Dorrego, sino que el poncho, ahora, como dijimos, sobre el hombro –probablemente
representado en verano- lo ha acompañado en la campaña, abrigándolo al sereno y
bancando las paradas contra el enemigo. Este hombre lleva el poncho que ha usado,
colgado al hombro, con flecos deshechos como futuros sueños. Era un cuadro pintado
por Juan Manuel Blanes en 1884
3
, ya muerto José Gervasio, y que lo muestra con el
gesto adusto, mistura extraña
4
de militar y baqueano, con la mirada puesta vaya a saber
en que ilusión gigantesca, asomado a él mismo y con deseos de rodearse de la lana
colorada y salir a buscar a quién se le cruce, y acompañado, casualmente, por los que se
le cruzan. Porque Artigas reunía ejércitos a su paso, y ese imán para con su gente lo
transforma, entre muchas otras virtudes, en el más grande caudillo del federalismo.
5

Hasta en su derrotero final, acosado a diario por las fuerzas del traidor Ramírez, reunía a
diario nuevos guerreros que tomaban la lanza del hermano muerto y protegían al Caraí
Marangatú. Según Abelardo Ramos, en un afilado análisis, esta encarnizada persecución
obedecía al miedo extremo que Ramírez le tenía a Artigas, sabiéndolo capaz de juntar
un nuevo ejercito en muy corto tiempo. De esta forma iba diezmando los intentos de
reagrupación.
6
Pero no nos adelantemos en la narración y comencemos por aclarar que
este trabajo no busca dar respuestas a problemas irresueltos, sino que intenta recopilar y
analizar las otras voces que han sostenido el nombre del caudillo y aquellas que se
ocuparon de discutir con la engañosa y minimalista historiografía oficial.
Lo han transmitido complejas correlaciones de fuerzas reducidas a enciclopedismo
formador, lo que deviene en sociedades obligadas a pensar lo que piensa el
stablishment. Trataré de ir de este aberrante, aunque absolutamente adorado, diccionario
Larousse, a algunos autores que rescataron la base popular, los guiños a los planes
morenistas, cuando no su total aplicación, y la relación con las masas construida desde

3
Existe una muy buena película al respecto de la realización de ese cuadro llamada “La rredota”, en el
que queda de manifiesta las manipulaciones de un gobierno impopular para legitimarse en el pasado.
http://www.youtube.com/watch?v=W6SlUUqVSAQ
4
Hubiera querido decir mezcla rara sin intención de incurrir en un plagio hacia el maestro Ferrer, pero
decir mezcla rara, gracias a él, se ha transformado en una voz popular.
5
Ibáñez, Germán: Artigas y la revolución popular rioplatense.
6
Ramos, Abelardo: Las masas y las lanzas. Ed. Hispamérica. Bs. As. 1986. Pág.79.
3
la masa misma; como emergente popular del mismo barro y calaña que aquellos que lo
ungieron como protector: sus compaisanos, los llamaba el caudillo oriental.
7

Al mismo tiempo, por una especie de intuición, me inclino a medida que leo sobre
Artigas, a idealizarlo. Eso no es bueno, pero tiendo a idealizar a los que han perdido, y
creo descubrir, en un cuadro muy posterior, en el cual se ve a un Artigas viejito
amparado a la sombra del régimen de Dr. Francia, antaño enemigo pero tal vez uno de
los pocos que no lo traicionó, un no-mirar a la nada en donde se percibe el rosario de
traiciones que sufrió y sufrirían los descendientes de Caraí Marangatú, el padre de los
pobres.
Termino de ir armando la imagen de Artigas como un gran traicionado
8
, y si no es
bueno tener cariño por un personaje que uno va a estudiar, menos bueno aún es incurrir
en ucronías siempre falaces, pero es inevitable imaginar que ese cuadro de un Artigas
con canas largas, perdido en las selvas de Ibaray, no hubiera sido pintado de no haber
recibido tantas traiciones. Artigas, acaso, sea el caudillo más traicionado de toda la
guerra independentista. Lo traicionan Pueyrredón, Soler, Alvear, Ramírez, Rivera y
algún que otro infausto más. También, mientras más me informo sobre su vida, queda
de manifiesto que los que no lo traicionaron fueron los naturales, aquellos que nunca
tuvieron nada para perder.
En aquella época, la de mi primer encuentro con Artigas a los seis años, José Gervasio
se reveló como un prócer uruguayo, lejos de la bandera argentina, totalmente
identificado con otro país, y se evitaba en las aulas inmiscuirse en temas espinosos que
los propios docentes no habilitaban o lisa y llanamente desconocían. A don José lo iban
a mandar a los manuales destinados para el Uruguay; del lado argentino iba a ser poco
más que un bandolero, un ilustre desconocido. Ni que hablar de Andrés Guacurarí,
quien fuera lugarteniente y entenado de Artigas.
Mi encuentro con Andresito fue de noche, en una época en que organizábamos fiestas
para poder editar un fanzine, Chaucha y Palito. Andresito Artigas era el nombre de un
salón que nos alquilaron para hacer un evento, que quedaba en Bartolomé Mitre
(siempre un Mitre en todas las ciudades) y Jean Jaures. En aquella época, año 93,

7
Azcuy Ameghino, Eduardo: Artigas y la revolución rioplatense: indagaciones, argumentos y polémicas
al calor de los fuegos del siglo XXI, en Waldo Ansaldi (coord.): Calidoscopio latinoamericano. Ed. Ariel.
Bs. As. 2004. Pág. 72.
8
Galasso cuenta 3 traiciones: La del primer triunvirato, en 1811; la de Sarratea, sobornando cuadros de
mando para que pasaran de bando y no dejarle la provincia oriental al artiguismo; y la tercera, pergeñada
por el infame Manuel García con Lord Strangford. Había que sostener el único bastión que les interesaba
del liberalismo: el económico.
4
Andresito era menos conocido que hoy. Artigas era una calle del barrio de Flores y
Uruguay un futuro paraíso fiscal.


Las barbaridades que nos han contado


Con los años comencé a acercarme a ambos personajes con otra mirada, fui
acercándome a los hombres, más que a los próceres, de una época en la que Argentina
no tenía límites establecidos, ni siquiera existía como tal; una época en la que ellos no
sabían de enciclopedias Larousse ni de óleos de fuerte cotización y en la que no sabían
que serían una suerte de “abuelos de la nada” de los desheredados de las dos centurias
posteriores
9
.
La ningunización de Artigas data de cuando él estaba vivo, pero encontró en las plumas
historiográficas argentinas a sus mejores detractores. En 1814, cuando deserta del cerco
de Montevideo, Posadas suscribe un bando en el que lo tilda de “bandido” y
“anarquista”. Más tarde será el propio Sarmiento, instigador natural de la madre de las
zonceras, como la denominaba Jauretche a la antinomia civilización y barbarie, quien
formará la idea de una caudillo bestial, de contrabandista que solo pudo volver al redil
de la ley por una trato por el que se le dio el grado de comandante de campaña, y del
cual se aprovechó para hacerse secundar por una mesnada de gauchos e indios, tan
asesinos como él. Mitre escribe de él como un anarquista, un enemigo del orden, pero
comparándolos con la oligarquía del directorio, le reconoce ser artífice de una semi
democracia bárbara. Pareciera que Mitre envidiara a ambos, a Artigas por lo romántico,
y a la oligarquía por su deseo de pertenecer a ella. Años después Vicente Fidel López
legitimará a las montoneras, pero será lapidario con Artigas, a quién tildará de “bandido
fuera de la ley”. En 1883 Uruguay lo eleva a categoría de prócer nacional, lo que
produce aquí un nuevo enfoque sobre aquella época del plata.
10

A pesar de que por un motivo de cortesía Artigas dejó de ser la oveja negra para la
visión liberal de la historia, pagó con la denominación de prócer nacional, ser obviado

9
Me refiero a la frase de Marechal, y no al grupo que tomo el nombre del libro El banquete de Severo
Arcángelo, de don Leopoldo. La frase dice “Padre de los piojos, abuelos de la nada”.
10
Chumbita, Hugo: El bandido Artigas, en Lo mejor de todo es historia T. II. Ed. Taurus. Bs. As. 2002.
Pág. 193.
5
de las gestas patrias de este lado del charco. Es curiosa la tibia reivindicación que hace
Félix Luna (tampoco esperábamos del autor que vamos a nombrar una defensa a
rajatabla al estilo Maggi), quien lo reconoce como “fundador del federalismo
rioplatense” y con una “obsesión” por la gesta emancipadora que lo equiparará con San
Martín o Bolívar.
11

De cualquier forma, y sin más pretensiones de poder hacer un compacto resumen de lo
mucho que se ha escrito sobre Artigas y deslizar alguna que otra reflexión, conviene
empezar por el principio, por la zona lodosa de la vida del hombre, de aquel hijo de
familia acomodada que partió a la frontera vaya a saber a hacer qué.


Los años oscuros de la campaña


Los inicios de Artigas importan, más bien, a partir de que abandona su casa y se va a la
frontera. Es muy buena la serie de preguntas que se hace Chumbita, y que circundan por
los motivos que lo instaron a ello. ¿Ya estaba construyendo su poder como caudillo?,
¿era sólo una práctica de un niño mimado en busca de aventuras?, ¿representaba a los
gauchos, a los indios o a los hacendados?
12
Dadas las circunstancias de la época nos
podríamos inclinar a pensar que era parte de la conveniencia familiar que Artigas, ya
criado con el gauchaje, se dedicara a encargarse del tráfico ilegal contra la corona
española, y que al tiempo que estalla la revolución él querrá imponer lo conveniente
para los suyos, de aquellos con los que ha compartido mediante mendrugo y mate,
fogón y tacuara, noches y albas amasando los sueños que les niegan a los que pareciera
que no sueñan.
Para las personas de la campaña había costumbres que excedían las leyes antinaturales
de las fronteras. Y entre aquellas leyes consuetudinarias, si cabe el término, se forjó el
sentido de la justicia que se haría conciencia en aquel joven de 14, 15 años, que ya no
pasaba noche en la estancia familiar y en cambio vagaba entre el gauchaje (Chumbita:
198). Algunos autores ven en las actividades de contrabando, una actividad ocasionada
y usufructuada por los changadores, gauderios y gauchos, pero en general eran los

11
Luna, Félix: Los caudillos. Peña Lillo editor. Bs. As. 1981. Pág. 39.
12
Chumbita, Hugo: El bandido Artigas, en Lo mejor de todo es historia T. II. Ed. Taurus. Bs. As. 2002.
Pág. 195.
6
dueños de las tierras, muchas veces “comerciantes de la ciudad, otras pulperos, otros
militares o gobernantes civiles (Cabildantes)”
13
, quienes ante la restricciones vigentes se
ocupaban de imponer lo que Assunção llamará “la cultura cimarrona”, aquella en que
una economía “mostrenca” sobrevolaba las relaciones comerciales de la campaña
oriental. El mismo autor dirá lo siguiente: “Es la edad del cuero con todas sus
exigencias, moviéndose sobre la especial dinámica de la Era del caballo en su momento
cenital” (Assunção: 155).
Existen partes oficiales que dan cuenta de que Artigas comandaba gavillas de
changadores que cuereaban vacunos y cuenta la leyenda que las tropas reales evitaban
cruzarse con él, prefiriendo hacer la vista gorda antes de seguir recibiendo tundas
descomunales y agraviosas de parte del pichón de caudillo. Varios autores conjeturaron
sobre los motivos que llevaron a Artigas a vivir la vida junto a toda la cohesionada clase
de frontera que desdeñaba ceñirse a un orden del todo desconocido y rechazado, pero se
deduce que no fueron menos de quince años los que Artigas pasó junto a los bravos
hombres que conformarían su ejército posterior (Chumbita: 200).
Artigas comenzó a hacerse fama de Robin Hood, aunque el nombre sajón dijera poco a
gauderios y charrúas con los que compartía el rancho. Entre 1795 y 1796, señala en un
ensayo de Carlos Maggi, se asoció a los charrúas para corregir las injusticias a las que
eran sometidos. El verbo corregir es deslizado por el historiador Washington Lockhart
(Chumbita: 204). Esta forma de corregir abusos, de obrar como arbitro entre disputas
vecinales, e imponer contribuciones impositivas, lo acercan a la imagen del bandido
popular que analiza Hobsbawn.
14

Para Maggi, Artigas no fue un “contrabandista, sino un integrante de determinada tribu
asentada en un lugar determinado: los charrúas de Aregunguá”, que utilizaba, como toda
su tribu, los medios a su alcance para subsistir sin perjudicar a nadie que le faltara para
comer, por el contrario, dice, que velaba por la manutención de todos
15
.
A partir de 1796, El gobernador de Montevideo, Olaguer y Feliú, alentó un cuerpo de
blandengues en la provincia oriental a fin de cuidar la frontera con el Brasil y perseguir
el contrabando. Como ocurre e menudo, allí dónde el estado no llega con su poder, se
tiende a pactar con el poder local e incorporarlo al bando de la ley seduciendo a los

13
Assunção, Fernando: Historia del gaucho. El gaucho: Ser y quehacer. Editorial Claridad. Bs. As. 2007.
Pág. 155.
14
Hobsbawn, Eric: Rebeldes primitivos. Estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en
los siglos XIX y XX. Editorial Crítica. Barcelona. 2010. Pág. 11.
15
Maggi, Carlos: Artigas y el Lejano Norte. http://letras-uruguay.espaciolatino.com/maggi/vuelta.htm.
7
rebeldes con prerrogativas e indultos. Eran muchos los bandidos populares que eran
cooptados de aquella forma por los poderes centrales, y Artigas se acogió a ese
beneficio poniendo como condición que toda su tropa gozara del beneficio (Chumbita:
205). Artigas reunió a la gauchada y fue enviado al Chuy con determinada autonomía.
Parece ser, según Chumbita, que el joven ayudante mayor del Cuerpo de Blandengues
era blando con los Charrúas, lo que le granjeaba más de una antipatía de otros oficiales
del cuerpo.
Artigas tenía una forma bien diferente de disciplinar a su tropa, y lo que a ojos
occidentales y marciales parecía un rejunte de “gauchos matreros”, era un eficaz cuerpo
que cumplía con sus directivas sin mayor pompa que la fidelidad, ni mayor galanura que
la rudeza para empuñar la tacuara.
Se sabe que en los tiempos de la campaña, alrededor de 1790, tuvo un hijo con Isabel
Velázquez (algunos autores le atribuyen dos hijos), José Manuel, quien lo acompañará
en las luchas independentistas. En 1792 tiene otro hijo, Pedro Mónico, quien también
recibirá reconocimiento y legado sucesorio. Para la misma época se casa con Rosalía
Rafaela Villagrán, su prima, con quien tiene otro hijo. Años más tarde, ya habiendo
enloquecido Rosalía y quedando al cuidado de su madre, tiene un romance fugaz con
la pulpera Matilde Borda y del probablemente nace María Escolástica Centurión.
También se conoce una relación Melchora Cuenca, con quien tiene dos vástagos. En los
años de Paraguay, llega a los 56 años a aquellas tierras, un tal Nelson Caula (19a)
sostiene que tuvo un hijo llamado Juan Simeón Gómez
16
.
Estos datos sobre sus amoríos no es un intento por hacer una especie de programa de
chimentos sobre el General, sino que procura dar cuenta de las relaciones informales, y
reales, por cierto, que estaban lejos de las pretendidas por la “gran sociedad rioplatense,
cargada de una moral religiosa rayana en lo hipócrita. El rol de las mujeres, de hecho,
fue mucho más complejo de lo que se lo reconoce y se tiene documentos que dan cuenta
de la bravura de más de una patriota que defendió la revolución.
A costa de corrernos un poco del eje de la narración, nombraremos a algunas de ellas a
sabiendas que estamos siendo injustos con muchas más. Podemos nombrar a: Petrona
Rosende, poetisa artiguista, que le canta a Ansina (un revolucionario negro, para mayor
transgresión de época); Guyunusa, cautiva y enviada a París para ser exhibida como en
zoológico; Felipa Gutiérrez, curandera que presenció el grito de Asencio. Vivió 113

16
Abella, Gonzalo: Artigas, el resplandor desconocido. http://www.chasque.net/vecinet/abella16.htm
Consultado el 16/11/2010.
8
años y de viejita prendía velas a su hijo, caído en la guerra contra Aparicio; María
Aviará (China María) la primera mujer caída como lancera en Paysandú en 1811;
Soledad Cruz, la lancera negra artiguista quien, según la leyenda, era protegida y amada
por un lobizón que la protegía; Sinforosa, la mujer de Ansina, que lo esperó hasta su
muerte, manteniendo contactos permanentes con el Paraguay; Juana Bautista, lancera de
la Patria Vieja que insultaba a los paisanos que arrugaban en la lucha; la mujer de
Francisco de los Santos, guaraní cristiana como él, quien crió a varios niños
afroamericanos huérfanos; Victoria, la Payadora, que se acercaba a las murallas
enemigas a cantar cielitos provocadores.
Luego de este interregno de género que creímos pertinentes y reivindicativo, es bueno
comprender que Artigas, hombre de su tiempo, a pesar de vivir en “pecado” era un
hombre religioso, y la religión era un baluarte importante a la hora de concitar alianzas
y aunar voluntades.

La relación con los religiosos

Artigas fue formado, académicamente, decimos, por los frailes franciscanos, y hasta
que se largó al norte fue un fiel observador de las costumbres religiosas de la época,
como todo biennacido en el Montevideo de fines del siglo XVIII. No podríamos
concebir el movimiento artiguista si no pensáramos en las masas de guaraníes y otros
pueblos originarios que engrosaron sus columnas.
Este acercamiento tampoco, tal vez, hubiera ocurrido de no haber mediado la influencia
jesuita de las reducciones, que, en muchos casos, sería el terreno en el cual se darían las
luchas federales y contra el invasor portugués. Si bien las bases indígenas respondieron
aleatoriamente a uno u otro bando, se sabe que Artigas concito su adhesión en forma
tumultuosa, en el sentido arcaico del término y que se refiere al rejunte que produce
escozor en las pieles sensibles de las elites, y en el término de una relación intensa y con
vaivenes, pero sólida, comprometida y cargada de contenido político.
Muchos jesuitas y franciscanos pudieron ver que las costumbres de los indios
guaraníes, en muchos casos no eran disonantes con el evangelio, e incluso en muchos
casos llegaba a tal armonía que contrastaba con lo que la mayoría de los clérigos había
visto en Europa. Muchas veces fueron nexo entre revolucionarios y originarios.
9
Es conocida la relación con el padre Larrañaga. Este cura recorre las cuchillas
uruguayas metiéndose en el lugar, en el tiempo y en las comunidades y, como muchos
jesuitas, hacía gala de respeto y conocimiento de lengua, costumbre y formas de
comunicación jesuita17. En algún momento llega a Purificación, y recoge el ardor
revolucionario del que estaban imbuidas las masas que rodeaban al caudillo. Abella
pone de manifiesto que Larrañaga insiste ante el Caraí, para que este adopte la vacuna
antivariólica y para que difunda las “luces” en la confederación. No le dará mucha
bolilla don José, terminando el sacerdote organizando una escuela lancasteriana bajo el
gobierno de Rivera, bien alejado del espíritu de la “Escuela de la Patria”
Entre los curas más radicales se encuentra el padre Monterroso, quien fue el secretario
más radical de Artigas. Este sacerdote, influenciado por la revolución francesa, ayudó a
redactar los documentos más "jacobinos" de la Liga Federal. Fue, según el mismo
Abella, tan tolerante en temas religiosos como furibundo con las ideas monárquicas. Era
un religioso que tras la igualdad propuesta por la revolución, al menos nominalmente, se
hallaba la mano divina que lo orientaba. No podemos criticar esta concepción milagrosa
de la lucha armada, pero de todas formas, tanto él como los que vinieron luego,
demostraron que no siempre son reñidos los caminos de la iglesia con el de las
reivindicaciones de los verdaderamente más necesitados. Los días de Monterroso
terminaron en Montevideo, haciendo ostentación de un espíritu vindicativo de la gesta
artiguista.
Entre los más “gauchos”, podemos situar al padre Acevedo, quien era llamado "mi
compañero" por Andresito y de hecho lo fue en sus tiempos de guerra. En 1819 es
apresado por el ejército portugués y conducido a prisión en la Ilha das Cobras de Río.
Finalmente es liberado, pero su cuerpo ya acusaba los años duros y, trapisonda del
destino, acaba muriendo en Montevideo el mismo año en el que se extinguía en una
cárcel desconocida Andresito.
También cerca de Andresito militó el cura Tomás Gomensor. Era tan patriota en sus
arengas desde el púlpito que Andresito lo invitó a predicar en los pueblos de indios de
misioneros. Un dato curioso es que mientras tenía a su disposición el libro parroquial de
Villa Soriano, en 1811, asentó la “muerte de la tiranía” en la sección de "defunciones" y

17
Sobre el método de acercamiento de los jesuitas a las comunidades locales, tanto aquí como en Oriente,
es muy bueno el trabajo de Fernando Mires, La colonización de las almas. Libros de la araucaria.
10
el “nacimiento de la libertad” en la sección de bautismos. Desde ese momento registraba
nacimientos y defunciones con el encabezamiento: "Año 1 de la libertad"
18
.





Andresito

Contrario a lo que se espera habitualmente, no todos los hijos ilegales eran
defenestrados, ni todos los sin padre estaban destinados al olvido y al escarnio. Por
supuesto que no ocurría lo mismo con un hijo natural de soldado raso y mujer guaraní
del montón, a pesar de ser una sociedad bastante igualitaria, que haber nacido de señor
español y hermana de un cacique de Sao Borja. Ello posibilitó que una vez enviada a
santo tome, en Corrientes, tuviera acceso a una educación trilingüe que lo conformó
como un auténtico hijo de América (Valero: 56).
Al tiempo que se formaba como criado al lado del cura del pueblo, por otro lado llevaba
indeleble el gusto por los quehaceres de su comunidad, revelándose como buen jinete,
respetado por su comunidad y un digno sucesor como cacique una vez que hubiere
muerto su abuelo. Cabe decir que no alcanzaba entre los guaraníes con la progenie real,
sino que el liderazgo no era consanguíneo sino que tenía que ver con las aptitudes del
candidato y con nociones bien diferentes a las de los monarcas europeos. Entre los
guaraníes, el poder del cacique no era el de un jefe al estilo occidental, sino que se
ganaba el prestigio como buen orador y simplemente era aquel que poseía el don de la
palabra y contaba con argumentos para resolver entuertos sin llegar a la lucha. El
cacique sugería pero no ordenaba. Solamente en las lides se hacía efectivo el mando sin
reservas, una vez terminada la lucha volvía a ser un líder destacado, respetado y a quien
se escucha con respeto, pero que lejos está de mandar sobre su comunidad al estilo
totalitario de occidente.
Los guaraníes, señala Clastres, vivían sin un estado en el sentido que lo conocemos, y
cuando parecía, por cuestiones demográficas, que se tendía a la sedentarización regida

18
Abella, Gonzalo: Artigas, el resplandor desconocido. http://www.chasque.net/vecinet/abella16.htm
Consultado el 16/11/2010.

11
por un líder, no faltaban miembros de la comunidad que agitaban a los restantes
integrantes a proseguir la búsqueda de “la tierra sin mal”, buscando la felicidad divina
que se contrapone a la muerte en la sociedad como ellos la entendían.
19

Con las invasiones portuguesas se agrava el odio que se venía gestando en las misiones
desde la expulsión de los jesuitas y que se hicieron superlativas cuando España se retira
de la contienda en forma oprobiosa y otra vez comenzaron con los guaraníes los tratos
ofensivos, esclavizantes y humillantes. Andresito se va a Santo Tomé, actual provincia
de Corrientes y se une a las tropas de Balcarce, que contaba con cuatrocientos guaraníes
entre sus filas (Valero: 57). Imaginemos, tratando de corrernos de que hablamos de
Andresito, ya que en este momento hablamos de un “cacique” pero en esencia
mencionamos a un exiliado, a un expulsado por la guerra. Hay un hombre, miles, y no
solamente un nombre en una enciclopedia, recorriendo los bordes del río Uruguay
luchando, literalmente, por su vida, por la dignidad de la misma y por el orgullo de
saberse hombre libre. Son noches al sereno elucubrando las mejores decisiones para su
gente, para su pueblo, arreciado con dudas comunes a cualquier humano y abordado por
vacilaciones comunes a los humanos pero cuyo lujo no se pueden permitir los líderes.
Andresito demostrará madera de sobra para ser quilla de su pueblo en el tumultuoso mar
de la revolución.
En aquellos tiempos, y aunque sea de Perogrullo, las noticias tardaban en llegar, pero a
escasos 20 días del estallido de la revolución, un chasqui llegó, lengua afuera no
descrita en los libros, con la noticia a Yapeyú. Rocamora se suma rápidamente al
movimiento, siendo su situación bastante delicada, ya que estará rodeado de hostiles
vecinos: por el norte el paraguay realista al mando de Bernardo de Velasco; los realistas
apenitas cruzando el río y, por último, y como si lo anterior fuera poco, con los
portugueses que ambicionaban la banda oriental y el litoral como punto estratégico para
el comercio y el dominio del plata.
Andresito se dispuso a combatir junto a las tropas enviadas al mando de Belgrano, pero
observó como la extrema prudencia de Rocamora para proteger las misiones dejaban a
Belgrano luchando a su propio arbitrio y observaría como este regresaría derrotado en
Tacuarí. A su paso por el arroyo de la china, nombra a Artigas segundo jefe de los
patriotas.

19
Clastres, Pierre: La sociedad contra el estado. Revista "la nave de los locos"
número 16, julio de 1991. Morelia, México.
http://www.psicologiagrupal.cl/documentos/articulos/contra.html Consultado el 16/11/10.
12
Valero divide la gesta artiguista en tres etapas, que, casualmente, y como si la vida de
Artiguitas fuera un reflejo de las tramas bélicas y políticas del movimiento federal,
coincide aquella con la salud del hijo adoptivo de don José Gervasio. El autor separa
dichas etapas de la siguiente forma: Etapa de preparación, etapa del poder y la guerra, y
finalmente la etapa que coincide con la muerte de Andresito y los sueños pospuestos de
formar una patria grande y confederada.
La vida y la historia nos han enseñado que los procesos no solamente existen cuando
triunfan, y que muchas veces una derrota momentánea no es más que eso, la pérdida de
una batalla en una lucha muchísimo más larga y que nos halla como herederos de los
sueños de otros. ¿Seremos honrosos depositarios de los sueños de un Artigas o de un
Moreno?
Como decíamos al principio de este trabajo, no intenta el mismo aportar datos
desconocidos ni resolver entuertos historiográficos, y si bien tengo (prefiero usar el
singular, contrario a la soberbia académica que suma un montón de anónimos a sus
deducciones) una posición decidida, este trabajo no es más que un mísero estado de la
cuestión del estudio sobre el artiguismo, sus componentes y su legado.
Por eso vamos a referirnos al texto de Valero, uno de los pocos referentes literarios que
encontramos y que encontramos consistente, para cronologizar la vida de Andresito,
tratando a la vez de ir desmenuzando la misma con criticismo apocado, respetuoso pero
responsable con mi propia convicción.
Decíamos que Valero nombra una primera etapa ligada a la preparación del
movimiento federal de Artigas.
Una pregunta que a esta altura se deben hacer los lectores de este trabajo y que ha sido
precedida por un interrogante similar por algunos historiadores, es cómo Andrés
Guazurari, tal el verdadero nombre del adoptado por el “padre de los pobres”, llegó a
convertirse de soldado indio a preferido del comandante y Comandante General de Las
Misiones.
Ellos se conocen en 1811, luego del triunfo de Las Piedras. Andresito se presenta al
frente de un grupo de guaraníes y le causa una muy buen impresión a Don José, el cual
al poco tiempo comenzó a tratar al cacique como aun hijo, trascendiendo tal trato a
través de cartas, testigos y, sobre todo, con la avenencia para que aquel usase el apellido
Artigas.
En aquel tiempo, y luego de que Artigas pone sitio a Montevideo, Bs. As. transa con
Elío y Artigas queda a merced de lusos y realistas. Estaba claro que al gobierno de Bs.
13
As. no le hacía gracia la turba en armas, y estaba mil veces más dispuesta (increíble) a
perder la banda oriental antes que tolerar las huestes populares de la banda de
desclasados que revestían con el líder federal.
En aquel momento Artigas demuestra una de las formas de rebelión más exitosas y tal
vez de las más onerosas a los sentimientos de raigambre: el éxodo. Fueron parte de él
una cantidad increíble de desposeídos y guaraníes. Ni siquiera para ellos, de los que se
podría creer a partir de un etnocentrismo absurdo, que guardaban entre sus costumbres
ancestrales una procura divina, estaban contentos. Sabían que era parte de una derrota
política, ni militar, y eran parte del ejército de dientes apretados que recibía la mirada
por sobre el hombro de la elite porteña. Nada menos que un 80 % de la población
acompaño al líder en aquel desarraigo. Sin saberlo, creo, Artigas estaba cimentando un
camino de moral revolucionaria que lo acompañaría hasta su destierro final en
paraguay, en el cual manifestó cuando fue invitado por el presidente de turno uruguayo
a regresar a la patria, que él ya no tenía patria (Ramos: 81). Patria, para el caudillo, era
la grande. En aquellas circunstancias Artigas es nombrado general (Valero: 59).
Andresito, acompañante fiel del éxodo, no fue el único guaraní que llevó el apellido del
caraí marangatú y también tenía un hijo con una mujer guaraní, al que nos hemos
referido y al que esperamos contar con el espacio y tiempo suficiente como para
dedicarle un poco más de estudio: el caciquillo Manuel.
Más adelante le dedicaremos todo un apartado a la relación con el plan de operaciones,
pero Valero nos obliga a adelantarnos cuando dice sin empacho, imaginando un
encuentro entre padre e hijo, que se puede reconstruir una conversación entre ambos que
hable del contrato social, de la independencia norteamericana, del plan de operaciones,
del cual llegaban los primeros ejemplares, y de la idea contenida en el mismo de
trasladar la guerra al imperio portugués, abolir la esclavitud y granjearse la simpatía de
las masas, a la vez que apropiarse de las minas del norte permitirían contar con recursos
para hacer la guerra y aumentar la producción agraria y manufacturera (Valero: 59).
No podemos saber con certeza si Artigas conocía al plan. Sabemos que no conocía a
Moreno, aunque sí a Manuel, su hermano. Y podemos inferir que si bien no lo conocía
en forma escrita, conocía las directivas políticas que, al menos, habría charlado con
Belgrano en el arroyo de la China. No olvidemos que Belgrano fue uno de los
impulsores, sino también redactor, del plan que nos espera un poco más adelante.
14
Las masas artiguistas estuvieron acampando junto al arroyo Ayuí
20
desde el 15 de junio
de 1811 hasta septiembre de 1812 (aquí era primavera, pero en el invierno ruso, al
mismo tiempo, empezaba a declinar la estrella napoleónica).
En aquel septiembre Andresito es nombrado sargento de blandengues, que para aquel
momento era un cuerpo preparado y duro, dispuesto para aceptar las privaciones como
si fueran dádivas para el espíritu, utilizando su conocimiento del terreno y su buen
manejo del cabalo y utilizando la guerra montonera, que, trasladad den el tiempo, sería
muy similar a la guerra de guerrillas: golpeaban cuando era conveniente, hacían daño,
dejaba desorientado al enemigo sobreviviente y se retiraba casi sin bajas. Según cuenta
Valero, Andresito demostró ser un soldado incansable y que imponía con el ejemplo un
entrenamiento extenuante y “suicida” a su tropa.
El 26 de febrero de 1813, con un húmedo calor, casi con seguridad, comienza el
segundo sitio de Montevideo y Andresito está en el lugar. En 1814 es nombrado
ciudadano y capitán de blandengues.
Armado de trabuco, puñal y lanza de tacuara, nuestro cacique soldado asiste a los
juegos de la envidia y las intrigas. Es testigo de las artimañas que quieren acabar con el
poder popular y el influjo despojado de intereses que Artigas, y el mismo, tienen sobre
los combatientes. Manuel de Sarratea, jefe militar de la banda oriental, intrigará contra
los proyectos populares siguiendo directivas de Bs. As.
Andresito, ya transformado en comandante, y aquí entramos en la segunda etapa
descrita por Valero, participa de diversas campañas entre 1815 y 1819 con resultados
disímiles, pero el objetivo de salvaguardar los territorios de Corrientes y Misiones es
alcanzado. A principio del 15 llega a Purificación (vaya nombre), y en cada pueblo
recuperado para la Liga de los Pueblos Libres se nombra en el cabildo a los naturales
del lugar, dejando las decisiones municipales en manos de los habitantes del lugar (San
Javier, Apóstoles, San Carlos, Concepción, etc.)
En aquel momento se da un cambio político en Paraguay, con el ascenso de Francia,
pero finalmente Artiginha, como lo llamaban los portugueses, avanza hacia Candelaria,
y a pesar de estar convaleciente con viruela (miren que el padre Larrañaga y sus “luces”
habían hablado de la novedosa vacuna) logran hacerse con la ciudad.

20
Diríase que no viene al caso, y por eso le dedicamos solamente una indiscreta nota al pie. Pero es dable
mencionar que dicho arroyo se encuentra en disputa entre los lugareños y los impulsores de una represa
que terminaría con las márgenes del curso de agua que le dio de beber a los exodados orientales.
http://www.lanueva.com/hoy/nota/ba89f9c707/1/82787.html
15
Andrés, logra instaurar una economía adaptada al lugar, con influencia guaranítica-
jesuítica, que podríamos calificar de amparo, a la vez que fomenta el comercio
aprovechando el control de las rutas comerciales. En concepción se instala una fábrica
de pólvora, otra coincidencia con el Plan que bogaba, valga la época, por una proto
industria bélica para no depender del suministro de otras potencias. Con el mismo
objetivo también improvisa hornos artesanales para hacerse del hierro tan necesario para
la guerra, a través de una piedra del lugar (eso es arreglárselas en la adversidad. Pocas
zonas menos ricas en minerales que el litoral y sus suelos arcillosos).
Cuatro años duraría la lucha emprendida desde Sao Borja, frente a Santo Tomé. Aquí
Valero discute con otros historiadores que se empeñan en situar las acciones bélicas en
una sola jornada, mientras que el autor contabiliza diez batallas.
Imaginemos durante un segundo un río. Pongámonos en una de las veras y miremos al
otro lado: abrumador el contingente de enemigos. Pongamos ahora dos ejércitos
enfrentados a ambas márgenes del curso de agua. Tratemos de imaginar la adrenalina
que les moja los pies y los cojones, la tensa vigilia que durante tres meses, de
septiembre a diciembre de 1816, mantuvo al pie del cañón a combatientes de uno y otro
lado, tan convencidos los dos de sus razones para matar al otro, que tarda un trimestre
en definirse la lid, demora tres meses en teñirse definitivamente de rojo el agua marrón.
En estos momentos se da uno de esos instantes de la historia provisionales para uno de
los dos bandos (el autor hace una analogía con la situación de Tupac Amaru II en el
Cuzco). Cuando estaba todo perdido para las tropas del margen oriental de la ribera,
llegó el Coronel Abreu con tropas frescas y se hace con la victoria (Valero: 66).
La desbandada y matanza es fulgurante. Andresito se refugia a reponer fuerzas en la
Tranquera de Loreto.
Una vez repuesto comienza la Campaña de las misiones occidentales. La campaña fue
una sangría y todo el tiempo era un avanzar y retroceder mientras las tropas se iban
agotando de tanta guerra e iban desertando. Sin el apoyo de Bs. As., y sosteniendo un
triple frente, las fuerzas artiguistas se fueron desgastando hasta el colapso.
Para 1818 Andresito se afianza en un reducto no del todo seguro pero bajo su control.
Entre las medidas que dispone hay una que habla de un sentido de la justicia que la
occidentalidad consideraría básico y cercano a las propuestas de Hammurabi, y que
radicaba en recuperar a 200 jóvenes guaraníes que estaban sirviendo y utilizar a
doscientos blancos nacidos en el lugar para oficiar de servidumbre de los guaraníes. El
dolor de la servidumbre contado con el ejemplo. Imagínense a las señoras de alta
16
alcurnia correntinas, al borde del soponcio. Cualquier madre a la que separan de sus
hijos, desespera, se seca de dolor. Pero en este caso, a dolor natural se le agrega el dolor
de la humillación en clave etno-clasista. Esas mujeres se sentían escarnecidas de que sus
hijos sirvieran a indios. Por supuesto que la medida no hizo más que aumentar el odio
de los pérfidos aprovechadores correntinos. Y si bien duró una escasa semana, y no una
vida cuando la relación se daba a la inversa, fue suficiente para despertar el odio de las
correctas clases ilustradas de hoy y tradicionales de antaño.
La estrella de Artigas se opacó a partir de traiciones y conspiraciones racistas
comandadas por hombres que no podían aguantar ser representados y mucho menos
dirigidos por un indio.
El seis de junio de 1819 Abreu sorprendió a Guazurarí en Itacurubí causando 430
muertos. Esta parte es la parte que me gustaría liberalizar, si se me perdona el
neologismo. Pero esos 13 días de un invierno litoraleño, pasando hambre y frío;
pensando en salvarse, soñando en volver a juntar tropa en ese inmenso mercado de
soldados que era la campaña llena de desheredados, es ya motivo de un cuento épico.
Sin embargo, cuando la salida se presentaba con marco dorado y fanfarrias triunfales,
quince portugueses los rodearon y los apresaron. A partir de allí comienza un tortuoso
camino, un vía crucis a través de senderos ingratos durante cientos de kilómetros hasta
Porto Alegre. Allí sufre una severa prisión, obligado a trabajos forzados, viviendo
como un galeote destinado a dejar su pulguiento rincón para que lo venga a ocupar otro
saco de huesos.
A pesar de ello, y por intersección del Conde de Casaflores, Andresito y otros
compatriotas recuperan la libertad. Andresito se dirigía al arroyo de la china. Lo mismo
que deduce Valero lo dedujeron los portugueses. ¡Artiginha no arroio da chinesa é
demais! Ni bien salió de la gayola terminó involucrado en una pelea que lo devuelve de
inmediato a prisión.
El final también es novelesco. Finalmente sale por una nueva mediación del mismo
Conde. Nuestro héroe no es Brad Pitt. El muchachito de la película es moreno,
achinado, de pelo negro y fornido. La charada final se la da otra mala pasada. No muere
combatiendo y a caballo, sino que perece envenenado. La peligrosidad para el
stablishment de la existencia de un líder popular como lo era Andresito, siempre fue
zanjada de la misma forma. O el exilio, o la prisión, o su forma menos sutil: la
extinción, la desaparición, el desvanecimiento.

17

La revolución a caballo

Luego de años de campaña y de la dura vida blandengue, en 1803 pide el retiro y se
establece en Montevideo. Uno no sabe que pensar cuando ve que el retiro no le dura
nada. Más allá de que la burocracia de la época hacía viajar en barco el pedido hasta el
rey, ¿se podía acomodar a la vida de la ciudad? Que aunque agreste, Montevideo,
ciudad al fin. Eso no lo podemos saber, ya que una y otras vez recibe hombres a su
mando y se ve obligado, incluso con conciencia, de que a pesar de la artritis reumática
que lo aquejaba, era necesario ordenar la campaña (Chumbita: 211).
En 1810 es ascendido a capitán y es enviado a reprimir los levantamientos juntistas de
Entre Ríos. En 1811 deserta de las filas realistas para cruzar junto al teniente Ortiguera,
cruzan el río Uruguay y se encaminan a ponerse al servicio de la revolución
21
. Es dable
imaginar los cabildeos nocturnos del día a día; el tiempo pasado en las tropas realistas
mientras el fuego revolucionario ya había prendido en él. Imaginen el problema de
conciencia que tendría cada vez que le tocaba enfrentar una partida juntista. No habrán
sido esos días los primeros en que la objeción de conciencia lo perseguía en sus
andanzas políticas por la campaña. Prefiero llamarlas políticas por que uno lo imagina
en un equilibrio constante en el que procura hacer justicia según sus valores éticos,
conformar a los que de un lado de la negociación están convencidos de que están
perdiendo privilegios, y a los que del otro lado, generalmente charrúas, guaraníes y
gauchos, siente que debe proteger y ayudar. Con más de un superior chocó y
desobedeció órdenes que contravenían sus convicciones (Chumbita: 211). El mismo
Chumbita intuye que más allá de haber tenido un entredicho con el brigadier Muesas, su
superior, la decisión de parte de su familia de sumarse a la revolución, entre los que se
encontraban los Monterroso y entre los que a su vez se encontraba Fray Monterroso,
quien sería años después su secretario, fue determinante para que la espada confederada
de la Banda Oriental se sumara al proceso revolucionario (Chumbita: 211).
Son varios los autores que hacen alusión a la mención de Artigas en el Plan de
Operaciones, por eso le dedicaremos un capítulo aparte. Diferentes autores interpretan
de diferente forma los motivos del acercamiento a la Revolución. Luna, por ejemplo, no
menciona relación alguna al Plan de operaciones, aunque luego tenga palabras

21
http://www.artigas.org.uy/fichas/artigas/artigas_intro_02.html
18
reivindicativas para Artigas tratándolo de líder federal, latinoamericanista e incluso,
citando a Busaniche, dice que es el “…primero que rechazará la máscara de Fernando
VII y pedirá que sea declarada la independencia de las provincias.”
22
. A mí, y
seguramente a otros, nos parece verosímil que puede haber influido la decisión tomada
por parte de los familiares, pero no nos parece determinante. Por lo que podemos
observar de las actitudes de Artigas para con los “infelices”, podemos deducir que su
inclinación a la revolución obedece exclusivamente a su conciencia. Las ideas en boga
se adecuaban lo suficiente al pensamiento artiguista, incluso sería superador de los
ideales ilustrados, pudiendo observar con pensamiento situado, la mejor manera de
lograr una igualdad de la que tanto se hablaba. Todos los elementos, su partencia social
bipartita (mundo de desclasados y mundo de descendientes de fundadores), su política
de la tierra expresada en el “Reglamento provisorio”, su ideal democrático e inclusivo,
su reivindicación de las autonomías, indican que su conversión a revolucionario era el
único paso que cualquier hombre coherente y con agallas hubiera dado.
Artigas vuelve a la Banda Oriental convertido en Teniente Coronel de Blandengues. Su
primo Manuel cae en una batalla, demostrando que en la tropa no había privilegios para
observar la guerra con catalejo, y su hermano Manuel Francisco, triunfa en la batalla de
Las Piedras, y queda firme el sitio a Montevideo.
Este texto está atravesado por traiciones, por caídas de máscaras y por calzones
quitados. El disgusto de los porteños por el halo puebleril con el que venían narradas las
noticias al otro lado del plata, hicieron que mandaran al mucho más atildado Rondeau
(también recomendado del Plan) y que Artigas se subordinara a él. Cuando alcanzaba
con dar la orden para tomar Montevideo, ocurrió un suceso oprobioso: llega la orden de
retirarse. Muy bien lo califica Luna cuando lo menta como un hecho “increíble” e
“incalificable”, a la decisión del primer Triunvirato de pactar con los españoles en
detrimento de la unión de las provincias, reconociendo a Elío jurisdicción sobre la
Banda Oriental y los pueblos de Entre Ríos. Acto seguido, culpa al “desaprensivo”
Sarratea y a Lord Strangford. Mira Félix…
Este hecho marcó el comienzo del fin con el gobierno de Bs. As y dejó al descubierto
los diferentes intereses que se habían agrupado originalmente, y que ahora bullían desde
el seno de la revolución exponiendo un tenso entramado social que comenzaba a ceder
en sus tendones.

22
Luna, Félix: Los caudillos. Peña Lillo editor. Bs. As. 1981. Pág. 40.
19
Vos mismo, Germán (calculo que sólo vos leerás este trabajo, y si algún entrometido
husmea que sepa que me refiero a Germán Ibáñez), nombrás las contradicciones entre
las clases pudientes, con intereses sectarios y elitistas, munidos de una suficiencia
iluminista, tan brillante, que sólo ellos podían guiar a las mayorías ignorantes, y las
mayoritarias masas, rápidamente identificadas con los caudillos, el federalismo y la
autodeterminación democrática por la cual bogaban Artigas y algunos otros,
respondieron al estímulo.
23



La raigambre nacional y popular

Emprender el éxodo no debe ser una decisión fácil. Imaginamos lo duro que debe
resultar el desarraigo, pero no debemos olvidar que es una medida de rebeldía
contundente. ¿A quién mandará el tirano si no hay nadie a quien mandar? Tal migración
masiva, que fue sumando hombres y mujeres en su desplazamiento, no hubiera sido
posible sin el carácter del entramado masivo que acompañara al caudillo. Nos gustaría
explayarnos en tal tema, pero por una cuestión de espacio y tiempo lo dejaremos para
otros estudios, pero sin duda podemos adelantar que la tozudez de los pueblos
habitantes de la llanuras coadyuvaron a desafiar las inclemencias de la vida errante,
además de verse nutridos por cosmovisiones más amplias, de pueblos tupí-guaraní, en
los que la errancia no es huera, sino que va en procura de un “tierra sin mal”.
Entre los más destacados de su tropa, podemos encontrar a personajes como el pardo
Encarnación, engrandecidas sus “partidas” por los atribulados contrincantes, más para
tratar de explicar como un gaucho al mando de una docena de hombres hacía poner pies
en polvorosa a grupos grandes de soldados profesionales, que por la historiografía
oficial que preferiría no tener que explicar la incidencia de la plebe en el devenir
histórico. Cuando uno oye hablar de Encarnación Benítez, puede imaginar la
precariedad del sentido de justicia para con los desheredados de la época y la
precariedad de la enmienda de tal desviación jurídica.
No podemos dejar de reconocer que la mayoría de los hombres habían sido reclutados
en un ámbito dónde la justicia se imparte en forma arbitraria, aunque codificada.

23
Ibáñez, Germán: Artigas y la revolución popular rioplatense. S/E.

20
Muchas veces, o mejor dicho siempre, se tiene un código de eticidad no escrito que se
sigue a rajatabla y muchas veces la verdad de un hecho está cotejado solamente con la
veracidad de la palabra de uno de los individuos de la comunidad. La campaña, a ojos
occidentales, puede parecer brutal, pero en verdad, como en muchos ámbitos las
lealtades y los comportamientos suelen ser claros y todos conocen las reglas.
Ya sé que venimos adelantando ejemplos que tienen que ver con un apartado en
particular y que remite al Plan Revolucionario de Operaciones”, pero justamente en el
factor popular que auroleaba sobre Artigas, era en dónde el famoso Plan hablaba con
nombre y apellido del “protector”, aunque aún sólo era un oficial blandengue de la
provincia Oriental. Algunas veces, ante el escándalo que fingen algunos personajes ante
los postulados del plan les pediría que miren lo que han visto desfilar ante sus ojos sin
que chistaran demasiado; infamias de gran cuantía, connivencias escandalosas,
asesinatos en masa, hundimiento de los sistemas productivos del país, intento, y sólo
intento, de apropiarse del espíritu popular que subyace, como el “Nuevo topo” de Sader,
bajo opresiones ignominiosas, diamantizadas por presión de mercado, pero con las
furia, la mística y la conciencia de lo mejor para ellos, y podría decir nosotros, intacta.
También los haría detenerse en el nombre: Plan Revolucionario de las Operaciones. Por
lo pronto, si hablamos de un plan, aquellos que tienen un plan, nosotros mismos cuando
forjábamos un Plan entre dos o tres amigos, guardábamos celosamente los contenidos
del Plan. Hasta los Boy scouts, procuran que la estrategia en determinado juego no la
conozca nadie, para de esa forma poder contar con el factor sorpresa. De tal forma que
era inevitable que no se diera a conocer al público masivo en su momento y que su
contenido lo manejaran pocas personas. Es revolucionario, por lo tanto debe contener
objetivos que de mínima tenderán a despedazar el orden imperante, y cómo todo intento
de cambio brusco de matriz, conlleva un trabajo propagandístico y de difusión para
poder llegar rápidamente a los estamentos favorecidos por tal revolución.
Necesariamente iba a ser dogmático, ya que se había agotado el diálogo ante los
absolutistas del Río de la Plata. Por otro lado, y aquí es donde las palabras pierden
obviedad ante el lector. Las operaciones, y no debemos olvidar el uso que hoy se le da a
al vocablo cuando nos referimos a los políticos tras bambalinas, a los lobbistas de la
realpolitik.
Las operaciones a las que se refiere el Plan es una cantidad de medidas relacionadas
que irían activándose en forma ordenada y tocando los puntos neurálgicos de cada
sociedad de cada lugar para ir regando la revolución iluminada morenista por toda
21
América. No se le escapará al lector del plan, que Moreno, acaso con la megalomanía
con que sólo los estadistas poseen, hace girar al mundo a partir de su centro comercial,
Inglaterra, sirviéndose de ella y del resto del universo conocido por Moreno y
“operados” por agentes de la Revolución. Las operaciones es la Alta Política tras los
trabucos revolucionarios.
El ingreso de las masas de desposeídos al proyecto político artiguista es uno de los
grandes instantes de visibilación y empoderamiento de las huestes indígenas. Artigas ve
clara que la forma de acercarse es a través del “refugio” no de la “hostilización”, y
aclara en una carta que se traté a los indios con mayor consideración a fin de no
imputarles una cierta ignorancia sin no sentirse poco patriotas por la discriminación
llevada a cabo.
24

Si bien en un primer momento Artigas se erige como líder de gran parte los estancieros
descontentos con la elite montevideana y con el centralismo porteño, en sucesivos
defecciones se irá consolidando su alianza con lo más popular del conglomerado
oriental y se irán alejando, en sucesivas y poco espaciadas oleadas, las tropas ligadas a
intereses económicos y sociales contrarias a la democratización artiguista. Finalmente,
sus últimos días, no los pasará con la elite que lo vio nacer, sino acompañado del negro
Ansina, perdido en sus propios desvaríos en la foresta paraguaya (Luna: 62).
La convocatoria fue exitosa por gran parte de las clases populares verían confluir sus
aspiraciones ancestrales con el proyecto artiguista. Criollos pobres, indios, negros
libertos y esclavos serán la savia de la liga federal; los ocupantes de de tierras sin
títulos, peones y fugados, verían en el bando artiguista la caricia del sueño, la
posibilidad de ver restituidos en algunos casos los derechos ancestrales –caso pueblos
originarios- y en otros el reconocimiento de sujetos con derecho –criollos
empobrecidos, libertos y esclavos- (Frega: 153).
En 1815 el Sistema de los Pueblos Libres se consolida incorporando a Córdoba y Santa
Fe a las provincias litoraleñas y a la banda oriental. Con esta consolidación las masas
ven reivindicado su papel no sólo en lo nominal, sino en lo concreto al alcanzar puestos
de jerarquía en el nuevo ordenamiento. En ese sentido se promulga el reglamento
provisorio de la Provincia oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus
hacendados. Este reglamento contaba con la doble función de reivindicar la posesión de
la tierra para los más “infelices” por un lado, promoviendo también la cría de ganado de

24
Frega, Ana, Los infelices y el carácter popular de la revolución artiguista. En Fradkin, Raúl, editor: ¿Y
el pueblo dónde está? Prometeo. Pág. 170.
22
rodeo, a la vez que “anclaba” a los hombres errantes de la campaña a la tierra,
asegurándose de que tuvieran un papel productivo y, a los ojos de los hacendados
originales, se los viera como una masa subordinada y carente de peligro. Por supuesto
que, una vez más, a Artigas le costaría hacer efectivo tal reglamento. Con diversas
excusas se dilatará la aplicación de tales medidas por parte de Rivera. Ramos recoge un
intercambio de cartas que van en un in crescendo de tensión a medida que Don José
observa la renuencia de aplicar sus disposiciones. De tal forma recoge una carta Ramos
en la que amenaza a Rivera con ir él mismo a hacer cumplir tal disposición.
De igual forma, Frega recoge una carta en la que queda demostrado que los
contingentes artiguistas no eran masas ignorantes que iban tras el sanguche y la coca,
sino que eran bien conscientes de su poder y del objetivo perseguido al acompañar al
líder. El mismo Pardo le escribe a “Pepe” Artigas a fin de recriminarle que luego de
poner el pecho a las balas no iban a soportar que se hicieran con los beneficios los
mismos de siempre (Frega: 154).
Constantemente tendrá que pilotear Artigas la nave entre la presión de corrientes
contrapuestas. En un caso el reclamo legítimo de aquellos que sentían urgencia para ver
reivindicado el esfuerzo de la lucha, y por otro, de las fuerzas acomodadas que
renegarían de los mandos populares de Artigas, señalando todo tipo de desmanes de
parte de sus dirigidos. De cualquier forma, en la mayoría de los inconvenientes Artigas
terció a favor de los más “infelices vecinos”.
Con la invasión lusitana de 1816, una parte de la provincia oriental quería alinearse con
el directorio de Bs. As., pero una demostración democrática ratificó su liderazgo.
Inmediatamente se procedió a la ruptura con el Directorio y se abrió una guerra en dos
frentes: al norte con los portugueses y en el río Uruguay, por el control del mismo, con
Bs. As. que a la postre devendría en una ventaja para los portugueses.
El gobierno artiguista se vio obligado, tal cual era costumbre de la época a instituir la
leva obligatoria, con la diferencia que los incorporados, en su mayoría, sentía que estaba
siendo incorporado a un proyecto y no como simple carne de cañón.
Nos gustaría ampliar la investigación sobre los componentes del “bajo pueblo” que
revistieron en las tropas del protector, pero dadas las limitaciones espacio-temporales,
vamos a concluir este segmento remitiéndonos a las sucesivas incorporaciones que iba
receptando el artiguismo en su huida hacia el Paraguay, y el constante asedio de
Ramírez por miedo a que Artigas se rearmase en breve y se viera en inferioridad de
condiciones.
23
Sin duda una de las características del artiguismo es su componente social, y quedará
para siempre en la memoria popular su apego y respeto por las conductas y creencias
ancestrales, su poder cohesionante en función de una coherencia entre lo declamado y lo
operado, y la gran influencia entre los desposeídos por simpatía con las masas.



Artigas y el Plan de Operaciones

Hay dos elementos claves que me gustaría poner de manifiesto antes de referirme a los
puntos de acercamiento o de diferenciación entre los proyectos artiguista y morenista,
algunos autores observan una correlatividad entre ambos proyectos
25.
Un punto
elemental tiene que ver con la mención que el propio Moreno hace a las necesidades de
contar con alguien como Artigas, con mando de tropa, con conocimiento tal de la
campaña que en seis meses podría poner sitio a la plaza de Montevideo
26
.
Si buscamos puntos en común, es más fácil encontrarlos en el “Plan de las
operaciones”, tal el título del manuscrito encontrado por Madero en el archivo general
de indias de Sevilla, que en la política final de la junta. Al principio parece coincidir
absolutamente con el plan morenista, pero rápidamente el sector moderado ira
queriendo ganar terreno para apaciguar al jacobino intransigente. Tanto la Primera Junta
como cuerpo, como lo expresado en el plan de operaciones sugerido por Belgrano y
escrito por Moreno eran en esencia antiabsolutista. También lo sería Artigas, pero aquí
es dónde comenzaron las divergencias con la junta. Moreno ya estaba bajo el mar,
cuando surge la figura de Artigas como hombre fuerte de la banda oriental, más aún
después del triunfo en la batalla de Las Piedras.
En febrero de 1811 Artigas viaja a Bs. As. a ponerse a las ordenes de la junta, y se
promueve una insurgencia en Mercedes, ya invocando al nombre del futuro Caraí
Marangatú, padre de los pobres
27.
Y en eso coincidirá con la política de igualdad
impulsada por la primera junta. Artigas movilizará y será sostenido por los “infelices”, y

25
Ibáñez, Germán: Artigas y la revolución popular rioplatense. S/E.
Galasso, Norberto: Artigas y las masas populares para la revolución. Cuadernos para la otra historia.
Centro cultural “Enrique S. Discépolo”. Bs. As. 2006. Pág. 2.
26
Moreno Mariano: Plan revolucionario de operaciones. Perfil libros. Página 64.
27
Chumbita, Hugo: El bandido Artigas, en Lo mejor de todo es historia T. II. Ed. Taurus. Bs. As. 2002.
Pág. 212.
24
adelantándose en los términos en más de un siglo, en el artículo 6° del Reglamento
provisorio, sentencia que los más infelices serán los más privilegiados
28.
A fines de
lograrlo dispone que cantidades de tierra pasen a manos de quien las trabaja, y en caso
de que no lo hicieren deberían devolverlas, siendo los más beneficiados en el reparto
aquellos considerados más pobres. Moreno, en su plan de operaciones también coincide
con el reparto de tierras aunque nunca hubo una reforma agraria en las provincias
unidas.
Uno de los principales objetivos morenistas, era poblar la banda oriental a fin de
colonizar zonas que algún día podían levantarse y necesitaba contar con fervorosos
revolucionarios. Por supuesto que todavía no habíamos llegado al año XIII y había
esclavitud, pero lentamente la cantidad de libertos por diversos motivos, entre ellos la
promesa de libertad a cambio de enrolamiento, se iban sumando a la revolución.
Libertad e igualdad para todas las castas y etnias será una de las grandes coincidencias
que tienen Artigas y Moreno y mencionadas en el artículo 18° del plan
29
. En ese sentido
coincide la política poblacional del plan con lo llevado a cabo por Andresito bajo
directivas de don José Gervasio
30
.
Tanto Moreno como Artigas sabían que las masas eran importantes para llevar a buen
puerto a la revolución, y ambos conocían la gran base popular sustentada por negros,
indios y pobres; de hecho el secretario recomienda a Chiclana que no descuide de llevar
consigo al criollaje y que le haga saber sus conveniencias
31
. Artigas, posiblemente,
tenga un acercamiento más genuino y menos coyuntural, desarrollado a través de
relaciones personales como con su hijo adoptivo, Andresito. No sólo considera
beneficiosa la relación con los naturales, sino que reconoce que ellos tienen “el principal
derecho” y sería vergonzoso seguir excluyéndolos como en aquella época (Azcuy
Ameghino: 54). Artigas, a diferencia de Moreno que pertenecía a una joven burguesía
revolucionaria, era un desclasado económicamente, como dice Real de Azúa, y de
hecho es notorio la tirria que se tiene con la urbe patricia, de dónde emergiera
originalmente para pasarse en la campaña (Azcuy Ameghino: 70).
Con respecto a las expropiaciones, ambos coinciden en expropiarle a todo enemigo de
la revolución. Moreno habla de todo aquel que sea enemigo de la revolución (Moreno:

28
Frega, Ana, Los infelices y el carácter popular de la revolución artiguista. En Fradkin, Raúl, editor: ¿Y
el pueblo dónde está? Prometeo. Págs. 151 – 154.
29
Moreno Mariano: Plan revolucionario de operaciones. Perfil libros. Página 55.
30
Moreno Mariano: Plan revolucionario de operaciones. Perfil libros. Página 130.
31
Galasso, Norberto: Mariano Moreno. El sabiecito del sur. Ediciones del pensamiento nacional. Pág. 71.
25
72), y Artigas nombra a los “malos europeos y peores americanos” poseedores de tierra
ociosa
32
.
A efectos de contentar a diferentes facciones, la puesta en práctica del “Reglamento
provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de los
hacendados”, tendía por un lado a crear una base social de propietarios rurales de clase
media, y por otro, el de brindar seguridad al hacendado y sedentarizar el gaucho (Azcuy
Ameghino: 52). En este sentido ambos, Moreno y Artigas se revelan Rousseaunianos.
Tal vez el motivo principal por el cual se los pueda diferenciar radique en cuestiones no
del todo importantes y que responden más que a diferencias políticas puntuales a
tiempos diferentes y a relación de clase desde el vamos. Si bien ambos tienen una
formación de primeras letras con sacerdotes (única forma de acceder a educación en
aquellos tiempos), mientras Moreno se forma como abogado en Chuquisaca, Artigas se
foguea en las duras tierras de la frontera cohesionándose con la forma de ser de los
gauchos, indios y negros con los que se nutrirá su poder bélico, su base social y los
depositarios de su política de avanzada para la época. Artigas reconoce el derecho de los
naturales y en el caso de los pueblos misioneros les permite obtener un lugar en la
asamblea constituyente. A Moreno no se lo siente tan cerca de la gente y se lo considera
más maquiavélico a fin de lograr los objetivos perseguidos. En 1815, Andresito Artigas
será nombrado Comandante General de las misiones, lo cual generara resquemor entre
la gente bien de Montevideo. ¡Imagínense! ¡Un indio con mando de tropa! (Frega: 168).
Recordemos que la junta ordena la igualdad entre soldado indio y soldado español, si es
que ambos están al servicio de la revolución
33
.
El plan de Moreno es complejo y enrevesado, el de Artigas tiene tres ejes
fundamentales y de clara comprensión, sin dobleces: Independencia del colonialismo,
soberanía particular de los pueblos y la liga ofensiva-defensiva (Azcuy Ameghino: 55).
Tal vez los ideales de Mariano puedan ser coincidentes con estas premisas artiguistas;
tal vez el punto flojo tenga que ver con cierto paternalismo del que estaban investidos
los ilustrados de la época y que los llevaba a querer ejercer determinado control sobre
las provincias hasta que estas vieran antes sus ojos las “razones” en su más pura

32
Azcuy Ameghino, Eduardo. Artigas y la revolución rioplatense: indagaciones, argumentos y polémicas
al calor del siglo XXI. En Ansaldi, Waldo (Coord.): Calidoscopio latinoamericano. Imágenes históricas
para un debate vigente. Ed. Ariel. Pág. 62.

33
Galasso, Norberto: Mariano Moreno. El sabiecito del sur. Ediciones del pensamiento nacional. Pág. 10.
26
expresión, cuándo las huestes artiguistas conocían las razones con el lomo y el corazón
y no a través de palabras hueras a sus oídos las más de las veces.
Esa independencia del colonialismo a la que hacíamos mención reposará su coherencia
en las instrucciones que dará a los diputados del año XIII, entre las que se encuentran
como elementos fundamentales que Bs. As. no sea la capital del nuevo estado que
supuestamente surgiría de la constituyente, que se funden puertos a lo largo del río
Uruguay y que se respeten la autonomía de las provincias, que se distribuyan las rentas
de la aduana y que se brinde protección a las economías regionales.
También ambos coinciden en la forma de llevar a cabo la guerra, una vez ocupado un
lugar proceden a saquearlo ya sea para abastecerse o para demostrar que la revolución
estaba en su etapa dogmática
34
. Así lo expresará la Junta en una recomendación a
Castelli en su expedición al Alto Perú
35
. La misma en la que llegó a puerta del sol,
abolió el yanaconazgo y la mita y celebró con las comunidades originarias el despertar
de la libertad e igualdad.
Tal vez lo que más una a estos dos personajes, ya que ambos eran partidarios de la
libertad y de la igualdad, radique en sus enemigos. Ambos tuvieron que lidiar con
traiciones e intrigas; ambos fueron víctimas de las conspiraciones reaccionarias que
temían el ascenso popular a situaciones de igualdad, y ambos fueron víctimas de la
soberbia del puerto. A Moreno se le endilga no ser lo suficientemente federal, sin
embargo creo que si lo era. O al menos para eso apoyaba e instigaba las expediciones al
Alto Perú y Paraguay. Es verdad que al momento los sectores poderosos del interior
eran federales a costa de mantener el monopolio español, y no estaban muy de acuerdo
con la forma de llevar las cosas adelante por el secretario de la junta, pero ambos se las
tuvieron que ver con la urdimbre de ambiciones que haría que cada provincia tirara para
su redil sin pensar en el bienestar general, y en ese sentido Moreno era unitario.
Necesitaba tener el control hasta poder tener una base sólida en el interior.
Ambos sufrieron la traición de los porteños: uno terminó bajo el agua, y el otro
peinando canas, declarándose sin patria y terminando sus días en la tierra de otro
personaje emblemático de aquellos tiempos, enemigo de a revolución, pero forjador de
un proyecto independentista y autónomo: el Dr. Francia.

34
Chumbita, Hugo: El bandido Artigas, en Lo mejor de todo es historia T. II. Ed. Taurus. Bs. As. 2002.
Pág. 215.
35
Caparrós, Martín: Quién escribe qué. Prólogo al Plan revolucionario de Operaciones, de Mariano
Moreno. Perfil libros. Pág. 18.
27
Al primero le fueron ganando terreno corriéndolo por izquierda, forzando la postura
democrática de Moreno y obligándolo a aceptar a los diputados del interior, con los
cuales se vería en franca minoría; al segundo lo traicionarían seguidamente Rivera,
Pueyrredón, Alvear y Ramírez, al menos. Vergonzantemente, el directorio prefería
entregar la banda oriental a los portugueses antes que ver ascender la estrella del
caudillo oriental y sus mesnadas salvajes; e igual de vergonzante serán las medidas
tomadas luego de la influencia morenista y el ascenso de las figuras de Alvear y
Rivadavia.
Artigas sufrió la disgregación de varios sectores que al principio se encolumnaron detrás
de él y fueron dimitiendo a medida que se iba radicalizando el proyecto Artiguista:
primero desertaron los pro porteños, más tarde llegará el quiebre político cuando
comprenda que nada podía esperar de las facciones enquistadas en el gobierno porteño
encargado de erigirse en un poder central indiscutible (Azcuy Ameghino: 52).
Curiosamente, cuando peor estaba en la Banda Oriental, tras la derrota de Tacuarembó,
más parecía afirmarse su poder en la liga de los pueblos libres, y en 1820, tras la batalla
de Cepeda Buenos Aires cae en manos del poder federal. Sin embargo, una vez más será
traicionado a cambio de prebendas y de las ventajas para su provincia por Ramírez (algo
sobre lo cual llamaría la atención Moreno en el plan: la frustración de planes generales
por ambiciones personales o regionales).
Hay muchas páginas en blanco por delante que se irán llenando lentamente en algún
que otro trabajo, pero lo fundamental es pensar que estos hombres, humanos ambos, por
si hace falta recordarlo, dieron lo mejor de si dejando de lados egoísmos y personalismo
que tuvieran que ver más con el ego que con la eficiencia a la hora de impartir
conciencia revolucionaria. Seguramente hay más diferencias de las mencionadas y
deberíamos seguir llenando hojas con más preguntas que respuestas, pero me quedo con
la idea de que ambos están del lado necesario en este momento.
Es muy interesante el concepto que nos trae Azcuy Ameghino y elaborado por
Chesneaux, y que denomina “fondeadero de la historia” (Azcuy Ameghino: 52). Con él
se refiere a hechos del pasado que muchas veces han sido silenciados y coincide con las
luchas del presente, legitiman los clamores del hoy y, aunque unificados a los
ponchazos, tanto Artigas como Moreno; como Monteagudo, Castelli, Belgrano y San
Martín siempre estarán de un lado. Resulta que el fondeadero de la historia puede flotar
en el aire sin ser visitado, y es por ello que cada tanto surge la necesidad de retrotraer
las voluntades populares que encarnaron dirigentes con visión de estadista. Sacarlos de
28
ese estado de flotabilidad, e incorporarlos a la política como una renovación de las
lealtades nacionales y populares.



Síntesis del proyecto artiguista

El artiguismo se erigió como una fuerza hostil al centralismo porteño y al liberalismo
circunscripto a un aspecto meramente comercial. Coincidirán Galasso, Ibáñez, Frega,
Chumbita y otros en considerar al artiguismo un movimiento popular, e incluso algunos
irán más allá tildándolo directamente de nacional y popular, categorización con la que
coincido si entendemos nacional con los ideales de una patria que rebalse los límites de
Argentina o Uruguay, tal como los conocemos.
Es claro el artiguismo cuando envía a sus diputados con órdenes certeras sobre algunos
temas (Instalación de la capital en otro lugar que no fuera Bs. As.; un sistema de puertos
a lo largo del río Uruguay; la conformación de una confederación de “pacto recíproco”;
la observancia por parte del gobierno central de los negocios “generales” dejando
autonomía para el resto de los asuntos a cada provincia, la conformación de la provincia
Oriental; la posibilidad de contar con ejército propio y la independencia, entre otras)-
está tomando una posición política clara, latinoamericanista y que propende a la unión
de los pueblos.
Sin duda creía Artigas en un proyecto con independencia económica, soberanía política
y socialmente justa. No deben extrañarnos tal caracterización ni observarla como
tendenciosa, que acaso lo sea, sino que debe ser interpretada como un intento de forjar
un sistema que integrara a diferentes regiones en un proyecto con intereses comunes que
se vio frustrado, en su mayor parte, por el intento egoísta de Bs. As.
Galasso sintetiza muy bien el proyecto artiguista basándose en el proyecto
constitucionalista del artiguismo y a él nos remitiremos caracterizando a tal empresa
como: Demócrata e igualitaria, distribuidora de tierras expropiadas al “mal europeo y
peor criollo”; protectora de la industria local; elemento de fractura del centralismo
29
porteño incentivando la creación de puertos; hispanoamericanista; contraria al dominio
hispano, porteño o británico, reivindicando la autodeterminación de los pueblos
36
.




Vámonos a navegar al Paraguay…

“Mi alternativo extorsionador, mi
jurado enemigo, el promotor de
conjuras contra mi Gobierno, se
avanzó a mendigarme asilo”.
Augusto Roa Bastos
37



Es sabido que Artigas terminó sus días en Ibaray. Luego de Ituzaingó y Cambay, de los
8000 hombres le quedaban sólo doscientos aguerridos lanceros
38
. Muchos, entre los que
Frega cuanta a Manuel Artigas pasaron al bando portugués a fin de proteger de la ira
porteña a sus familias. Otros quedaron desperdigados e integrarían la extensa progenie
de naturales y sus descendientes que verían socavadas sus integridades morales, sus
derechos ancestrales y adquiridos, su protagonismo en el quehacer de las
nacionalidades, su negación como sujeto de derecho, su relegación a servir en calidad
de “empleados” a las elites venideras. Fueron cientos los guaraníes que quedaron
viviendo en taperas al mando de Nicolás Aripí, en las inmediaciones de San Ignacio
Miní, constituyendo de facto la “provincia hermana”. Enterado Francia del hecho,

36
Galasso, Norberto: Artigas y las masas populares para la revolución. Cuadernos para la otra historia.
Centro cultural “Enrique S. Discépolo”. Bs. As. 2006. Págs. 16 y 17.
37
Roa Bastos, Augusto: Yo, el supremo. Pág. 68.
http://books.google.com.ar/books?id=ZaNRKTLgF5kC&printsec=frontcover&dq=yo+el+supremo&sour
ce=bl&ots=wrb5kq25j4&sig=VlvrLqvXchW-
crjf6P7d8szv69I&hl=es&ei=5IHsTIr8BcL38Aaat7XMAQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=
2&ved=0CB8Q6AEwAQ#v=onepage&q=Artigas&f=false
38
Estos guerreros se denominaban los Artigas Cué (Pueblo de Artigas), y así permanecieron hasta hoy en
día, conformando un barrio muy particular en las afueras de Asunción.
30
procedió a espantar al cacique y a incorporar a las mujeres y niños a dos poblados del
paraguay.
39

Artigas le pide asilo luego de enviar los 4.000 patacones a los refugiados en el Janeiro,
y luego de unos veinte días recibió la contestación del Supremo. Cuentan que caían
lágrimas del hombre fuerte oriental y de sus duras tropas. A aquellos hombres les dolía
la “redota”, les dolía haber perdido el sueño, y más aún les dolía la humillación de
recurrir a un enemigo de antaño. Esto lo imaginamos, ya que podemos deducir que
luego de un tiempo, el mismo Artigas sintió que era respetado como un hombre de valía
e íntegro, y que el dictador reconocía su honestidad en la lucha emprendida.
A pesar de haber conspirado contra el dictador del paraguay, a ambos la historia los
juntaría por haber promovido proyectos independentistas. En aquel momento, el Dr.
Francia demostró que su ilustración también concitaba los elementos de la cortesía y la
magnanimidad del poderoso que “no pide clemencia, pero otorga perdón”.
Una vez concedido el asilo, Artigas y los suyos se vieron beneficiados por tierras las
cuales trabajar. Lo acompañaban constantemente el negro Ansina y Manuel Antonio
Ledesma, quien fuera líder de los negros y más tarde llegaría a alcalde de Guarambaré.
Muy al estilo de Francia, cuando este recibió un mensajero de Ramírez en el que pedía
la “extradición” de Artigas, el iracundo doctor procedió a encerrarlo, como si sintiera
una ofensa querer conminarlo a la traición.
Durante su estadía en paraguay artigas no fue recibido por don Gaspar; se dice que era
más difícil de ver que el general Bazuca. Sin embargo, diariamente Artigas recibía en
calidad de General a un empleado de Francia para saber sobre sus necesidades. No
obstante, Roa Bastos rescata un llamamiento de un Francia doliente debido al
conocimiento y la habilidad para curar “con hierbas” que tenía el Pepe Artigas
40
.
Años después es enviado por orden del dictador a morar en la villa de San Isidro, en la
que construirá una casa, y reunirá hacienda, salvándose de los fusilamientos destinados
a Yegrós y Cía., conspiradores contra Francia y viviendo a buen recaudo mientras vivió
Rodríguez de Francia.
Una vez muerto el supremo, la junta militar provisoria encarcela durante once meses a
Artigas, de 76 años, por considerarlo peligroso. Cuando es liberado lo esperaban el fiel
Ansina, su caballo, Moro, y su perro, Charrúa. En 1845 es puesto a prueba cuando se lo

39
http://www.lancerosorientales.com/docs/Artigas_en_Paraguay.pdf
40
Roa Bastos, Augusto: Yo, el supremo. Editorial Sudamericana. 1981. Pág. 26.
31
nombra “Instructor del ejército de Paraguay”, pero al saber que la partida era contra
Rosas, se niega a ser de la partida.
Artigas, y ésta es una respuesta a un interrogante que hemos hecho en otra parte del
trabajo, no gusta de las ciudades. Debido a tal gusto por el campo López lo aloja en una
chacra de su propiedad en Ibiray, cerca de la capital.
De aquella época queda el retrato mencionado y realizado por el médico francés
Alfredo Demersay.
El 22 de Septiembre de 1850, apenas un mes y días del fallecimiento de San Martín,
Artigas pide que le traigan su caballo Moro, ya que no quería morir en un camastro sino
montado en su alazán. Félix Luna dirá que a los 87 años daba “órdenes” a su sombra y
se negó a ser llevado a la casa de su vecino López. No es de extrañar que un hombre de
87 años vea menguada sus facultades, sin embargo, no coincido con la honesta
intención de Luna de pintarlo totalmente extraviado. El pedido no era otra cosa que una
coherencia más de aquel hombre que pasó su vida a caballo, una última voluntad de
aquel que en los últimos momentos reafirmó su condición de caudillo popular. El 23,
expiraba Don José Gervasio Artigas, el padre de los pobres, el Caraí Marangatú, el
protector de los Pueblos Libres, acompañado, como no podía ser de otra forma, por el
negro Ansina, representante del pueblo que seguiría colgando su bandera, igual a la de
Argentina pero cruzado con una franja roja en diagonal, hasta nuestros días; la progenie
de la que hablamos en el título y que ha lidiado con los poderosos que intentaron
desconocerlos hasta el día de hoy
41
.









41
Gonzalo Abella cuenta que en Loma Campamento, llamado Camba Cué (agujero de los negros) aún
residen los Artigas Cué, y que siempre se verá un santito negro, tambores lubolos, tereré, la mencionada
bandera, y chiquitos con la piel un tono más oscura que los comunes del lugar. Todos esos elementos nos
hablan de una tradición basada en la lealtad y el sentido de pertenencia del que supo imbuir Artigas a su
pueblo. http://www.lancerosorientales.com/docs/Artigas_en_Paraguay.pdf
32


Bibliografía:

Abella, Gonzalo: Artigas, el resplandor desconocido.
http://www.chasque.net/vecinet/abella16.htm

Assunção, Fernando: Historia del gaucho. El gaucho: Ser y quehacer. Editorial
Claridad. Bs. As. 2007.

Azcuy Ameghino, Eduardo. Artigas y la revolución rioplatense: indagaciones,
argumentos y polémicas al calor del siglo XXI. En Ansaldi, Waldo (Coord.):
Calidoscopio latinoamericano. Imágenes históricas para un debate vigente. Ed. Ariel.

Caparrós, Martín: Quién escribe qué. Prólogo al Plan revolucionario de Operaciones,
de Mariano Moreno. Perfil libros.

Clastres, Pierre: La sociedad contra el estado. Revista "la nave de los locos"
número 16, julio de 1991. Morelia, México.
http://www.psicologiagrupal.cl/documentos/articulos/contra.html

Chumbita, Hugo: El bandido Artigas, en Lo mejor de todo es historia T. II. Ed. Taurus.
Bs. As. 2002.

Diccionario enciclopédico Larousse. T. III. Ed. Larousse. París. 1971.

Frega, Ana, Los infelices y el carácter popular de la revolución artiguista. En Fradkin,
Raúl, editor: ¿Y el pueblo dónde está? Prometeo.

Galasso, Norberto: Artigas y las masas populares para la revolución. Cuadernos para la
otra historia. Centro cultural “Enrique S. Discépolo”. Bs. As. 2006.

Galasso, Norberto: Mariano Moreno. El sabiecito del sur. Ediciones del pensamiento
nacional.
33

Hobsbawn, Eric: Rebeldes primitivos. Estudio sobre las formas arcaicas de los
movimientos sociales en los siglos XIX y XX. Editorial crítica. Barcelona. 2010.

Ibáñez, Germán: Artigas y la revolución popular rioplatense.

Maggi, Carlos: Artigas y el Lejano Norte.
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/maggi/vuelta.htm.

Moreno Mariano: Plan revolucionario de operaciones. Perfil libros.

Ramos, Abelardo: Las masas y las lanzas. Ed. Hispamérica. Bs. As. 1986.

www.lancerosorientales.com/docs/Artigas_en_Paraguay.pdf

www.lanueva.com/hoy/nota/ba89f9c707/1/82787.html

http://www.youtube.com/watch?v=W6SlUUqVSAQ

Índice

Página 1: Conozco a Artigas.
Página 3; Las barbaridades que nos han contado.
Página 5: Los años oscuros de la campaña.
Página 8: La relación con los religiosos.
Página 10: Andresito.
Página 16: La revolución a caballo.
Página 19: La raigambre nacional y popular.
Página 23: Artigas y el Plan de Operaciones.
Página 27: Síntesis del proyecto artiguista.
Página 29: Vámonos a navegar al Paraguay.

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