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EL CID: Entre el mito y la

Historia
Catalina Acevedo Marín
Cantar del mío Cid
El Cantar del mío Cid es un cantar
de gesta anónimo que relata las
hazañas heroicas inspiradas en los
últimos años de la vida
del caballero castellano Rodrigo
Díaz de Vivar: El Campeador.
Es la primera obra narrativa
extensa de la literatura
española en una lengua romance,
su estilo es de alto valor literario.
Fue compuesto alrededor del
año 1200.
El poema consta de 3735 versos de extensión
variable (anisilábicos), aunque dominan
versos de 14 a 16 sílabas métricas. Los versos
del Cantar de mío Cid están divididos en
dos hemistiquios, separados por cesura. La
longitud de cada hemistiquio es de 4 a 13
sílabas, y se considera unidad mínima de
la prosodia del Cantar. No hay división en
estrofas, y los versos se agrupan en tiradas, es
decir, series de versos con una misma rima
asonante.
Se desconoce el título
original, aunque
probablemente se
llamaría «gesta» o
«cantar», términos
con los que el autor
describe su obra en
los versos 1085 y
2276,
respectivamente.
Estructura
Los editores del texto, desde la
edición de Menéndez Pidal de
1913, lo han dividido en
tres cantares. Podría reflejar
las tres sesiones en que el
autor considera conveniente
que el juglar recite la gesta.
Parece confirmarlo así el texto
al separar una parte de otra
con las palabras: «aquís
conpieça la gesta de mio Çid
el de Bivar» (v. 1085), y otra
más adelante cuando dice:
«Las coplas deste cantar aquís
van acabando» (v. 2776).
• Primer cantar.
Cantar del destierro
(vv. 1–1084)
• Segundo cantar.
Cantar de las bodas
(vv. 1085–2277)
• Tercer cantar.
Cantar de la afrenta
de Corpes (vv.
2278–3730)
El Cid
Campeador
Rodrigo Díaz de Vivar, llamado El Cid
Campeador, nació en Vivar (actual
España) en el año 1043, y murió en
Valencia en 1099.
Caballero Castellano, hijo de Diego
Laínez y descendiente de Laín Calvo.
Quedó huérfano estando muy
pequeño y fue educado junto al
infante Sancho, hijo del rey Fernando
I de Castilla y León, quien, al acceder
al trono castellano, lo nombró alférez
real (1065).
Hacia 1066, el prestigio de Rodrigo
Díaz se vio notablemente
incrementado a raíz de su victoria en
el combate singular que mantuvo con
el caballero navarro Jimeno Garcés,
para dirimir el dominio de unos
castillos fronterizos que se disputaban
los monarcas de Castilla y Navarra; el
triunfo le valió el sobrenombre de
Campeador.
Como jefe de las tropas reales, Rodrigo participó en la guerra que enfrentó a
Sancho II de Castilla con su hermano Alfonso VI de León, quien, derrotado en las
batallas de Llantada (1068) y Golpejera (1072), se vio obligado a buscar refugio
en la corte musulmana de Toledo. El destino, sin embargo, quiso que Sancho II
muriera en 1072, cuando intentaba tomar Zamora, con lo que Alfonso VI se
convirtió en soberano de Castilla y León.
El nuevo monarca no sólo no manifestó resentimiento hacia el Campeador, sino
que, consciente de la valía de sus servicios, lo honró concediéndole la mano de
su sobrina, doña Jimena, con quien se casó en julio de 1074. No obstante, unos
años después en 1081, una inoportuna expedición a tierras toledanas sin el
premiso real, que puso en grave peligro las negociaciones emprendidas por
Alfonso VI para obtener la emblemática ciudad de Toledo, provocó su destierro
de Castilla y la confiscación de todas sus posesiones.
En 1086, la derrota de Alfonso VI frente
a los almorávides en Sagrajas propició
la reconciliación del monarca con
Rodrigo Díaz, quien recibió
importantes dominios en Castilla.
De acuerdo con el soberano
castellano-leonés, el Cid partió hacia
Levante, donde, entre 1087 y 1089,
hizo tributarios a los monarcas
musulmanes de las taifas de
Albarracín y de Alpuente e impidió
que la ciudad de Valencia,
gobernada por al-Qadir, aliado de los
castellanos, cayera en manos de al-
Mundir y Berenguer Ramón II.
En 1089, sin embargo, una nueva
disensión con Alfonso VI provocó su
definitivo destierro de Castilla,
acusado de traición por el rey.
Rodrigo decidió regresar al oriente
peninsular, se convirtió en protector de
al-Qadir y derrotó una vez más a
Berenguer Ramón II en Tévar (1090).
Muerto su protegido, decidió actuar
en interés propio, y en julio de 1093
puso sitio a Valencia, aprovechando
el conflicto interno entre partidarios y
opuestos a librar la ciudad a los
almorávides. El 15 de junio de 1094, el
Cid entró en Valencia y organizó una
taifa cristiana que tuvo una vida
efímera tras su muerte, acaecida el 10
de julio de 1099.
Doña Jimena, su viuda y sucesora,
con la ayuda del conde Ramón
Berenguer III de Barcelona, casado
con su hija María en 1098, consiguió
defender la ciudad hasta el año 1101,
en que cayó en poder de los
almorávides.
Al abordar la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid
Campeador, es necesario diferenciar
cuidadosamente entre los datos históricos firmemente
documentados y la elaboración literaria de su figura,
cargada de elementos legendarios y adaptada a las
necesidades internas de cada una de las obras en las
que de él se ha tratado. Todavía en nuestros tiempos
es relativamente frecuente confundir ambos planos,
histórico y literario, y aunque siempre es necesario
compararlos, jamás se ha de confundirlos.
BIBLIOGRAFÍA
• http://www.caminodelcid.org/Camino
_ElCidCampeador.aspx
• El Cantar de Mío Cid
• http://es.wikipedia.org/wiki/Cantar_d
e_mio_Cid
• http://www.biografiasyvidas.com/biog
rafia/c/cid.htm

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