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Unidad I. Introducción a la teología moral.
1. Noción de teología moral y sus fuentes.
Concepto: La moral es la parte de la teología que estudia las costumbres que debe entrañar la vida de
los que creen en Cristo. Es el reflexionar desde la fe, sobre cómo y por qué el cristiano debe vivir de un
determinado modo, con el fin de alcanzar la bienaventuranza feliz.
Es el saber sobre el hombre y su conducta a partir de la revelación divina. Sobre el actuar humano y la
única capaz de guiar al hombre a su perfección y a su felicidad temporal y eterna.
Estudia quien es el homre y cómo debe obrar para encaminarse a su fin sobrenatural de la
bienaventuranza eterna y comportarse ya en este mundo como hijo de Dios.
Ya decía Juan Pablo II en su encíclica Veritatis splendor que es la ciencia que acoge e investiga la divina
revelación, respondiendo a la vez a las exigencias de la razón humana. Concerniente al bien y el mal de
los actos humanos y de la persona que los realiza. Y como vivir de la manera adecuada que Dios ha
dispuesto en todos los hombres
Objeto: Su objeto es la vida entera del hombre, pues la moral abarca la totalidad existencia del hombre
y de la mujer. La cual no solo afecta a la persona, sino también a todos los que lo rodean, por ser un ser
social.
Es el estudio de la conducta del hombre, sus principios operativos y los actos que lo conducen o apartan
de su último fin sobrenatural que es la unión con Dios uno y trino. Es el comportamiento humano a la
luz de la fe. La fe nos permite conocer con claridad la conducta humana porque proporcionan la certeza
absoluta sobre su contenido propio. Pues este es el revelado por Dios.
Unión teológica: la ciencia teología es una sola. Por ell comprendemos las verdades reveladas por Dios
que configuran la vida del hombre. Esas verdades deben ser aceptadas (al conocerlas por medio de la
teología dógmatica) junto con un modo de actuar (teología moral). De modo que las creencias se
encarnan en la vida, se demandan a los cristianos a orientar su vida a la perfección como hijos de Dios,
lo cual les enseña la teología moral.
Fuentes: de donde se nutre la doctrina teológica acerca de la vida moral. Son las mismas que la teología.
-SAGRADA ESCRITURA: de la biblia se deducen varios criterios éticos. La moral cristiana es una moral
revelada. Dios determina lo bueno y lo malo al crearnos, pued sabe lo que es bueno o malo para sus
criaturas. Por ello las cosas malas o buenas no son ajenas al hombre, sino que nacen de su propia
naturaleza, el mal nos deteriora, por eso Dios lo prohíbe, por el contrario, el bien nos perfecciona, y Dios
lo impone. Es así como la biblia informa al hombre de lo correcto para que se perfeccione.
Pero Dios le dio al hombre el poder de dominar toda la creación, menos de la determinación del mal y
el bien, de ello el hombre no podía comer. Pero el hombre quiso determinarlo y es por eso que Dios
cuando Israel se hace pueblo, les impone que lleven la conducta adecuada de los Diez Mandamientos, el
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decálogo que luego Jesús vino a perfeccionar enriqueciendo la enseñanza moral con otros preceptos y
con el espíritu de las bienaventuranzas. Como también nos dio su ejemplo de vida que es a lo que el
cristiano tiende a imitar.
También los libros que le siguen a la Ascensión constituyen material moral que imitar, como en las
cartas los cristianos de Corinto piden a San pablo como deben vivir, respecto de sus antiguas
costumbres.
-TRADICIÓN: El modo concreto en el que han vivido los cristianos a lo largo de la historia. Gran parte
de ella se puso por escrito, la doctrina de los santos padres. Por ello es importante la historia cristiana.
Expresa la obra de quienes han sido plenamente fieles al Evangelio.
-MAGISTERIO: Los doce apóstoles tenían la finalidad de enseñar a todos sus seguidores a observar todo
lo que Jesús les había enseñado. Por ello los cristianos siguen acudiendo a los apóstoles y a sus
sucesores, los obispos, en busca de respuestas sobre cómo vivir moralmente el NT, y cómo comportarse
frente a los cambios históricos. Ej. CIC, encíclicas papales, concilios, etc. Tiene carácter de infalible.
Estas tres fuentes tienen contenido moral y han de interpretarse siempre en la unidad, ninguno puede
subsistir sin el otro y cada uno bajo la acción del E.S. contribuye eficazmente a la salvación de las
almas.
La teología también requiere de la filosofía, y del uso de la recta razón para poder ser aplicada en la vida
humana. La fe no destruye, sino que supone y perfecciona la razón. Y la razón es un presupuesto del
conocimiento fidei sobre las verdades morales. Como también necesita de todas las ciencias del
hombre, como la recta antropología, pues de su concepción de hombre depende la ciencia moral.
2. Teología moral cristiana y ética natural
La reflexión ética se da desde Sócrates – es la cs. De las cs. Y según Aristóteles, el hombre se diferencia
de los animales por conducir su vida moralmente- hasta nuestros días. Pero hay dos diferencias notables
entre la ética filosofía o natural y la moral cristiana.
1. Método.
a. Natural. Sigue el filosófico por el cual deduce y argumenta a favor de la moral desde la razón.
b. Cristiana. Deduce desde la razón y asume elementos de la natural filosófica, pero también da
argumentos éticos desde datos bíblicos, como la vida y la enseñanza de Jesús.
2. Fin.
a. Natural. Que el hombre siguiendo la ética se perfecciones como persona y sea feliz en su existencia
terrenal.
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b. Cristiana. La perfección sobrenatural, orientando al hombre como hijo de Dios por la gracia, a
conseguir la felicidad temporal y la de las bienaventuranzas de la vida eterna. La vida moral cristiana
posee principios y exigencias propias nacidas de la gracia y cognocibles solo por la revelación.
3. La moral en las sagradas escrituras. La bienaventuranza.
La concepción cristiana de persona asume que el bautismo torna al hombre en un hombre nuevo donde
se convierte en hijo de Dios y donde Cristo comienza a vivir en él. Por ello el bautizad debe vivir de un
nuevo modo. Por lo que el cristiano ha de esforzarse con la ayuda del E.S. en llegar a ser lo más
parecido a Cristo. A partir de las SS.EE. se sigue, imita e identifica con Cristo.
Y como hijo de Dios, el cristiano debe esforzarse con la gracia y los sacramentos de alcanzar la cima de
su ser, de alcanzar la perfección. Lo que coincide con la santidad. No es una ética de mínimos. Se deben
identificar con Cristo.
En el sermón de la montaña Jesús supera las demandas étdel AT recogidas y formuladas en los 10
mandamientos. Estos mantienen su vigencia, pero sin embargo se completan con exigencias éticas muy
superiores. Jesús las mejoró notablemente. Por ejemplo, el quinto mandamiento de no matar tiene un
agregado por el que es no irritarse ni insultad al prójimo. Jesús nos incura a ser perfectos como es
perfecto el Padre por medio de las bienaventuranzas que nos perfeccionan y llevan a la plenitud la ley
antigua de los diez mandamientos. En la encíclica Veritatis splendor se dice que las bienaventuranzas
contienen la formulación más amplia y completa de la ley nueva, en clara conexión con el decálogo
entregado por Dios a Moisés en el monte Sinaí. Son la carta magna de la moral evangélica. Indican el
espíritu de la nueva moral predicada por Jesucristo. Refieren a actitudes y disposiciones básicas de la
existencia y por ello no coinciden exactamente con los mandamientos. Pero aún así no hay separación o
discrepacncia entre las ambos. Pues los dos refieren al bien, a la vida eterna. Son promesas e
indicaciones normativas que la vida moral, invitaciones al seguimiento de Jesús y la comunión de vida
con Él.
Representan para el cristiano el verddero programa moral, no contrapuesto con los mandamientos, sino
que los incluye y los sublima. Pero son más que ellos, son el modelo de vida al que hay que aspirar
siendo cristiano porque son el verdadero retrato de Jesús a quien debemos imitar. Constituyen un
verdadero modelo de conducta.
4. Breve historia de la teología moral.
Tanto la dogmática como la moral fueron consideradas como una única ciencia, pero se fueron
separando.
1. Jesús no solo enseñaba sobre Dios Padre, sus sentimientos y su forma de relacionarse con el hombre,
sino también como debía comportarse el hombre con Dios, consigo mismo y los demás. Como rezar,
como amarnos los unos a los otros, acciones que no debemos cometer, etc.
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2. Tanto el antiguo como el nuevo testamento nos dicen los mandamientos del señor que debemos
cumplir. De lo cual Jesús nos da el ejemplo. Evangelio de los apóstoles.
3. También los Santos Padres elaboraron una doctrina a partir de las enseñanzas del NT para darles
respuestas a los nuevos bautizados que se confundían en seguir el ejemplo de Cristo o el de los judíos.
4. Se escribieron muchas obras de carácter moral, como el pedagogo o el dídaje, el punto de vista
cristiano en la sociedad pagana, o la parábola evangelica de los dos cainos, etc. O las virtudes que deben
vivir los cristianos, según San Ambrosio. O San Agustín, con sus distintas obras, entre ellas, sobre la
paciencia.
5. En la alta edad media aparece Lombardo que expone contenidos de la materia.
6. Tomás de Aquino es quien estudia de modo sistemático la teología moral en la suma teológica. Entre
los cuales encontramos los actos morales, la libertad, etc.
7. S. XVI. El dominico Francisco de Vitoria señaló algunos d° humanos, derechos y deberes de
autoridades y de los pueblos, guerra justa, etc.
8. Juan Azor: Teología moral para ayudar a los sacerdotes a ejercer el sacramento de la penitencia.
9. s. XIX. La teología moral dejó de tener en cuenta la doctrina bíblica, basándose en la ley natural
aplicada a los aspectos de la vida. Da lugar a la moral casuística que tenía más en cuenta la caridad y el
estudio de los sacramentos.
10. A partir del s. XX se busca explicar la teología moral con sumo cuidado y nutrida de las sagradas
escrituras, siendo fieles a Cristo.
11. Entre las últimas intervenciones del Magisterio de la Iglesia sobre la moral, encontramos encíclicas
como la humanae vitae, el CIC, la veritatis splendor, etc.
5. Crisis moral. Causas de la crisis.
En la actualidad podemos afirmar que hay una crisis moral, es decir, un no poder distinguir entre el bien
y el mal. Pues cada día esa división parece ser más subjetiva y se deja de lado la moral universal. Las
causas son muchas, algunas más importantes que otras, otras más evidentes que aquellas más sutiles.
Pero las dividiremos en aquellas correspondientes a ideologías no cristianas, y aquellas que son
intraeclesiales.
I: INFLUJO DE IDEOLOGÍAS NO CRISTIANAS.
A. la crítica marxista.
La religión católica no es más que el opio del pueblo, quien nos duerme no nos permite llegar a las
soluciones morales porque siempre sus principios morales se vieron acompañados de grandes injusticias.
La distribución ecónomica tampoco pudo llevarse a cabo en los países católicos. Los valores éticos
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deben ser en la praxis eficaces. Y los que propone el católico no lo son. En la temporalidad, en lo
terrestre, no han podido hacer nada bueno.
B. las denuncias del psicoanálisis.
Hallazgos importantes de la psicología ayudan a comprender la moral y las influencias sobre el acto
moral. Como Freud, que destaca que la motivación de elementos inconscientes nos hacen actuar
moralmente. Pero esas motivaciones deben ser realizadas, no reprimirse para poder conocernos y
descubrirnos. Pero la moral católica traumatiza al hombre y reprime su conciencia con el concepto del
pecado. Allí es donde entra la posición del papa Francisco al decir que se equivocan los sacerdotes que
hacen incapie en un Dios castigador de los pecados, nos hacen vivir con miedo. Y en realidad
deberíamos vivir con ilusión porque la verdadera moral nos lleva a la felicidad.
Lo religioso se ha metido en el inconsciente social, y nos determina.
C. planteamientos existencialistas.
Corrientes de Sastre y Gabriel Marcel dicen que la libertad no existe y en consecuencia no hay lugar
para ningún tipo de moral. Nada me determina. La persona es un ser singular que no se ve limitado por
nada. No hay naturaleza que lo determine, ni mucho menos normas universalmente obligatorias y
válidas.
Lo único que determina la acción son las condiciones personales y las circunstancias concretas. El bien
y el mal son limitados de acuerdo a la moral de situación, que le permite al hombre modificar la moral a
su antojo.
D. pluralismo relativista.
Desde el s. VII hasta el XIX el pensamiento filosófico solo se dividía en empirista –solo existe lo que
toco- y racionalista –la realidad se determina en mi cabeza, con mi razonamiento-. Luego con la
aparición del empirismo en el s. XX aparecieron todas aquellas corrientes de la muerte de las ideologías
y de los intentos de reflotar alguna doctrina antigua. Los neo.
A raíz de ello se da una falta de fijación objetiva por lo que se da tal pluralismo intelectual que permite
interpretaciones subjetivas de cualquier realidad. El relativismo. La verdad deja de ser universal, junto
con el bien y el mal, y todo se mide por datos sociológicos.
II: CAUSAS INTRAECLESIALES QUE PROVOCAN CRISIS MORAL.
A. la necesidad de la reforma sentida en los estudios de teología moral.
A partir de los años treinta se busca una reforma de estudios morales para superar la moral casuística, la
moral basada solo en la naturaleza y en el deseo de la vuelta a las fuentes bíblicas. Pero no todos los
autores le dieron la misma importancia a estas causad. Algunos fueron progresistas y otros
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conservadores. Como a otros se radicalizaban y se fascinaban con los cambios y el futuro, mientras que
otros temían desligarse del pasado.
B. la influencia de los estudios bíblicos.
Cuando el estudio moral se desligó de aristoteles para alinearse en el mensaje de Jesús sucedió que
muchos tomaron literalmente a la biblia sin darle una exégesis apropiada. Como también hubo quienes
no tuvieron en cuenta la tradición ni el magisterio. Dando como resultado una disociación entre los
teólogos y los exégetas.
C. Pluralismo de normas morales.
Las culturas diferentes hacen diferente al hombre y a los criterior morales. Esto tiene origen en la
difusipon de culturas con valores diferentes, el pluralismo legal en occidente, diversidad de
circunstancias políticas, sociales y económicas que lleva a la idea de cambio y no a la de principios
permanentes. Y además un cierto pluralismo de autores de teología católica.
Sí bien lo cultural es muy importante debemos señalar que algunas culturas contradicen las normas de
ética cristiana. Como el materialismo practico y extremista de la cultura consumista.
D. La falta de síntesis doctrinal entre conciencia y norma.
El subjetivismo moral hace un desprecio a la norma que busca imponerse a todos. Frente a la conciencia
individual de cada persona. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que se
siente a solas con Dios. Emite juicios sobre los actos
El mal y el bien son determinados por la norma moral. Existen leyes que orientan al hombre sobre lo
bueno y lo malo. Como en la biblia, lo es el decálogo, o el mandamiento del amor. El cristino debe
orientar su conducta en orden a cumplir esas normas dictadas por Dios a la humanidad. Pero a veces,
surgen problemas frente a las exigencias de la libertad y la conciencia respecto a dterminadas leyes
morales. La libertad debe aromonizarse con la conciencia y la norma.
E. La crisis de la vida cristiana. Secularización de la moral.
Actualmente hay una declinación del culto debido a Dios. Y como la relación entre la experiencia de la
fe y la vida moral es muy estrecha, quien no vive en relación a ellas no puede comprender las exigencias
morales. Y sin la práctica religiosa disminuye la preocupación por la vida moral. Como también sucede
con la ignorancia.
La securalización que lleva a la moral al campo laico, socaba a la fe y la vida cristiana, y con ello, a la
misma moral. Un securalismo sano sería que haya cierta relatividad de acuerdo al orden temporal.


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Unidad II. Fundamentos del orden moral.
1. La creación fundamento del orden moral.
La moralidad es una dimensión del obrar de la persona que solo responde a la dignidad de su naturaleza
racional. Es la propiedad del obrar libre, según la que se ordena o no al fin y la perfección del hombre,
que está en Dios. No solo es un calificativo de sus obras, sino una dimensión del hombre que las realiza
porque con ellos actos se determina a sí. La moral no es más que una respuesta de amor a las iniciativas
de amor que da Dios al hombre.
La racionalidad ética y Dios no pueden separarse.
Concebir el concepto de bien y mal dependerá de las concepciones antropológicas del hombre y de las
teorías antropológicas derivadas de la concepción religiosa también.
Sí bien puede lograrse un sistema moral racional, no es fácil fundamentar una serie de valores
universales, y mucho menos que todos los pueblos se sientan obligados a cumplirlos, sin recurrir a Dios.
La única razón válida para una ética universal es que se acepte la existencia de Dios, ser absoluto.
Por otra parte, Dios ha creado al hombre de manera que pueda comportarse de un modo moralmente
adecuado. El hombre refleja en su mismo ser la imagen de Dios. Lo que demanda que su
comportamiento no puede ser arbitrario, sino que debe ser acorde a su dignidad. El hombre es libre para
todo, menos para determinar el bien y el mal. En esa imagen Dios nos hace tender hacia él, y ha impreso
en nuestro mismo ser nuestra tendencia hacia él. Y es según se acepte la creación, será el concepto de las
distintas corrientes éticas, las que se influeyen de acuerdo a las concepciones antropológicas y el aceptar
o no la existencia de Dios.
La teología moral elabora una serie de nociones donde se asienta la ciencia moral:
1. el hecho de la libertad.
El hombre es un ser libre y por ello existe la moral. De lo contrario, las acciones serían buenas o malas
en sí mismas, y no se le podrían imputar a las personas. El hombre es sujeto de deberes y derechos por la
libertad. Por eso la teología moral la estudia junto con su alcance, ejercicio y limitación.
2. la conciencia.
El actuar ético del hombre es medido y juzgado por la conciencia. Allí el hombre se siente solo con
Dios. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que se siente a solas con
Dios. Emite juicios sobre los actos
3. la norma moral.
El mal y el bien son determinados por la norma moral. Existen leyes que orientan al hombre sobre lo
bueno y lo malo. Como en la biblia, lo es el decálogo, o el mandamiento del amor. El cristino debe
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orientar su conducta en orden a cumplir esas normas dictadas por Dios a la humanidad. Pero a veces,
surgen problemas frente a las exigencias de la libertad y la conciencia respecto a dterminadas leyes
morales. La libertad debe aromonizarse con la conciencia y la norma.
La antropología teológica y sus consecuencias. Proyecto original. Naturaleza elevada caída y redimida.
Para toda concepción del bien y el mal moral hay una concepción sobre el hombre detrás. Para el
cristiano el análisis moral comienza con a antropología revelada enseñada por Cristo.
Según la encíclica Veritatis Splendor, la moralidad de los actos lo define la libertad del hombre de
acuerdo con la Sabiduría de Dios que lo ordena a su fin. El obrar es moralmene bueno cuando las
elecciones de la libertad están conformes con el verdadero bien del hombre y expresan así la ordenación
voluntaria de la persona hacia su fin último, Dios mismo, bien supremo donde encontramos nuestra
felicidad plena.
Podemos decir que el plan de Dios a partir de la intervención humana puede ser dividido en tres
elementos que nos dan el fundamento de la antropología revelada.
-El proyecto del principio –naturaleza integra-
El hombre fue creado por Dios a su imagen, con una N espiritual y corporal, elevado a la condición de
hijo de Dios por la Gracia. La armonía entre sus potencias era plena. No podía pecar sino unicamene por
soberbia como los ángeles. Era inmune al dolor y la muerte. Tenían dos mandatos: crecer y
multiplicarse, y dominar la tierra. Pero habían sido limitados en su libertad: no podían comer del árbol
de la cs del bien y del mal.
-La situación del hombre después de la caída –naturaleza caída-
El primer pecado hace perder el estado originario, su inocencia frente a la muerte y el dolor. Ello fue la
causa de que en adelante toda la raza humana sea concebida en pecado. Fue un pecado de desobediencia
por soberbia. Quiso poner la medida de sus propias acciones sobrepasando los preceptos de Dios. Desde
entonces nuestra N está herida, pero conserva su inclinación a Dios. Pero también tiende al mal, al
pecado. Todos nacen así, menos María.
-Historia de la salvación: modo en el que Dios ofreció la salud nueva a todo hombre con la obra de la
redención.
Después de que el hombre rompió con la alianza primera, Dios le ofreció la salvación a lo largo de la
historia por distintos caminos, hasta que en la plenitud de los tiempos, envió a su hijo para que
instaurase la nueva y definitiva alianza con su encarnación y muerte en la cruz. La redención de Cristo
es universal. Todo hombre puede encontrar Cristo por medio de dos formas: una, a partir de la Iglesia
de Cristo, accediendo a su fe y por l os medios creados por él. O pueden hacerlo sí buscan con
sinceridad a Dios, y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia en cumplir con las obras de su voluntad,
conocida por el dictado de su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.
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2. Dios, fin último del hombre y de toda la creación.
Desde la fundación de la ética por la cultura griega se propuso que su fin último sea la felicidad, a ella
aspiran todos los hombres. Para la ética cristiana esa felicidad perfecta es la de la salvación, la vida feliz
en el cielo. Ese es el fin último de su existencia. ¿Qué le importa al hombre ganar el mundo entero si
pierde su alma? La razón última de conducirse rectamente no es disfrutar el bienestar temporal, sino
alcanzar la plenitud de su vida en la felicidad eterna.
El concilio Vaticano I nos dice que hemos sido creados para la gloria de Dios, es él el principio de todas
las criaturas y su fin último. En él se encuentra la felicidad.
La moral regula la conducta del ser racional que busca la vida feliz. En otras palabras, es el ser racional
actuando moralmente para encontrar a Dios, la finalidad de su existencia. Un fin que no es impuesto en
el hombre, sino que procede de su propia naturaleza. Dios ha creado al hombre para la felicidad, la cual
solo la encontramos en Él. Aunque a veces la sombra del pecado nos confunda y nos separe de ese bien
absoluto. Pero Dios nos sigue llamando en las tinieblas iluminándonos ese camino.
Tender a Dios está escrito en nuestra naturaleza. Glorificarlo respetando la grandeza divina y aceptando
su dignidad original, reconociéndola. Mientras que nosotros derivados de ella. Lo que nos hace bien está
determinado. Pero a veces no podemos verlo por el pecado.
El fin último no es solo la salvación eterna, sino orientar todos sus actos a Dios. Por ello la vida moral
abarca cada una de las acciones singulares que realiza la persona. Por ello la vida moral tiene un carácter
teleológico, finalista, por consistir en la ordenación deliberada de los actos humanos a Dios. Pero para
orientarlas a Dios, a su verdadero fin, es necesario que esos actos sean objetivamente buenos,
adecuándose a los preceptos otorgados por Dios.
La bienaventuranzas nos enseñan cual es el camino y cuales son las decisiones morales decisivas que
nos llevan a él.
Cabe destacar que son acciones moralmente buenas las que garantizan la consecución del fin último y
serán éticamente negativas aquellas que se separen del fin. Si lo niegan o lo contradicen serán en sí
mismas malas, y sí solo se distancian serán imperfectas.
C.I .C.
Cap. 1, nuestra vocación a la bienaventuranza.
Las bienaventuranzas: son el centro de predicación de Jesús. En ellas están las promesas al pueblo de
Israel perfeccionadas ordenandolas a la posesión del reino de los cielos. Ej. Bienaventurados los que
lloran, porque ellos serán consolados, los que tienen ser de hambre y justicia, porque ellos serán
saciados, los perseguidos por causa de justicia, porque ellos verán a Dios. Vuestra recompensa será
grande en los cielos. Mt 5.
Iluminan las acciones y las actitudes características de la vida cristiana.
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Responden al deseo natural de la felicidad, que Dios ha impuesto en el corazón del hombre desde la
creación por lo cual lo atrae hacia él. Descubren la meta final de la existencia humana: la propia
bienaventuranza de Dios. A la cual estamos todos dirigidos individualmente y como Iglesia.
Como Dios nos ha puesto en la tierra para conocerle, servirle y amarle, la bienaventuranza nos hace
participes de su N divina y de la vida eterna. Lo cual es fruto de Dios, sobrenatural, supera nuestra
inteligencia y nuestras metas.
La bienaventuranza nos coloca frente a opciones morales decisivas buscando el amor de Dios por
encima de todo.
La libertad del hombre. Dios hizo al hombre racional, digno y dominador de todas sus acciones.
Quiso Dios que el hombre llegara libremente a Él.
La libertad es poder radicado en la razón y en la voluntad de ejecutar las acciones que delibere. Es una
fuerza que crece cuando está ordenada a Dios que es el fin último del hombre. La elección del bien hace
al hombre más libre, mientras que el mal lo esclaviza en el pecado. Todo acto querido y voluntario hace
al hombre responsable de él. Y quien nos termina de liberar es Cristo que nos permite despegarnos del
pecado. Es Él quien nos da la fuerza necesaria por medio de la gracia del E.S. para poder alcanzar
nuestro fin último.
La moralidad de los actos humanos. Los actos humanos libremente realizados tras un juicio de
conciencia son calificables moralmente: buenos o malos. El hombre es el sujeto moral que puede
calificarlo.
Para ello debemos decir que la moralidad de un acto depende: del objeto elegido (el bien hacia el cual
tiende la voluntad, debe ser conforme al bien verdadero); de la intención (del sujeto que actua, es el
movimiento de la voluntad hacia un fin); y las circunstancias (actos secundarios del acto moral que
pueden atenuar o aumentar la responsabilidad o el bien y el mal que implica la acción).
Un acto moralmente bueno supone la bondad del objeto, el fin y las circunstancias. Sí alguno de ellos es
malo, el acto será malo.
La moralidad de las pasiones. Las pasiones son los impulsos o emociones de la sensibilidad que
inclinan a obrar o a no obrar en razón de lo sentido o imaginado como bueno o malo. En sí mismas no
son buenas ni malas. Reciben su calificación moral sí dependen de la razón y de la voluntad. Son
moralmente buenas cuando contribuyen con una acción buena y las malas en el caso contrario.
La conciencia moral. La conciencia le permite al hombre descubrir que hay una ley por encima suyo.
La conciencia moral le ordena al hombre en momentos oporturnos practicar el bien y evitar el mal. Nos
dice cual es el bien de acuerdo al bien supremo. Es un juicio de la razón por el que la persona humana
reconoce la cualidad moral de un acto concreto que la persona piensa hacer, está haciendo o ha hecho. El
hombre sabe lo que es justo y resto. La dignidad de la persona exige la rectitud de la conciencia moral,
percibir los principios morales y aplicarlos. Por ella asumimos la responsabilidades de nuestros actos.
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La educación y formación de la conciencia debe darse pues estamos sometidos a influencias negativas y
tentados por el pecado a preferir su juicio. Es una tarea de toda la vida. En su formación la única luz es
la palabra de Dios, la fe y la oración puesta en practica. Debemos buscar siempre lo justo, bueno, e
interpretando la voluntad de Dios. No está permitido hacer un mal por un bien. La conciencia moral
puede estar en la ignorancia o formar juicios erróneos que no siempre están exentos de culpabilidad.
Las virtudes: disposiciones habituales y firmes a hacer el bien. Las virtudes humanas regulan nuestrs
actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe, proporcionan facilidad
de dominio. Se adquieren mediante fuerzas humanas.
Prudencia- dispone a la razón practica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y elegir
medios rectos para realizarlo.
Justicia- constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.
Fortaleza- asegura en las dificultades la firmeza y la constancia de la búsqueda del bien. Reafirma la
resolución de resistir a las tentaciones.
Templanza- modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados.
#caridad: virtud teologales por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por el mismo y a nuestro
po´rjimo como a nosotros mismos por el amor de Dios
Cap. 3, la salvación de Dios: la ley y la gracia.
Ley moral: instrucción de Dios que prescribe el camino del hombre y las reglas de su conducta para
alcanzar la bienaventuranza prometida. Es una regla de conducta proclamada por la autoridad
competente para el B.C.
Es una ley que solo puede ser recibida por el animal dotado de razón y discernimiento, el hombre. Quien
es capaz de resugar su conducta usando su libertad y razón.
La ley moral puede ser expresada por la ley eterna –fuente de todas las leyes en Dios-, la ley natural, la
revelada –que comprende la ley antigua y la nueva- y las leyes civiles y eclesiásticas.
Ley moral natural: El creador le permite al hombre dominar sus actos y autogobernarse con miras al
bien y a la verdad. Esta ley expresa el sentido moral original que le permite al hombre discernir con la
razón. Está escrita en el alma de los hombres por medio de la razón que le permite y prohíbe cosas al
hombre. Contiene los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral en pos del fin. La ley N no
es otra cosa que la inteligencia de puesta en nosotros por Dios, que nos permite conocer. Es una ley que
pertenece al corazón de los hombres, que es universal y su autoridad se extiende a todos ellos. Expresa
la dignidad de la persona y todos sus derechos y deberes. Es inmutable y eterna. No puede dejar de
aplicarse. Permanece en las culturas diversas siendo los principios comunes, aún cuando su aplicación
puede variar de acuerdo a multiplicidad de condiciones. Pero es inmutable en el tiempo, nada puede
destruirla. Le da los elementos al hombre para que construya leyes morales, es indispensable para ello.
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No es percibida por todos tan fácilmente, muchas veces la gracia y la revelación son necesarias.
Ley antigua: Dios le reveló a Israel du ley para prepararlos hacia Cristo. El decálogo contiene muchas
verdades naturalmente accesibles por la razón. Es la primera ley revelada. Establecen los fundamentos
de la vocación del hombre, prohíben lo esencial de acuerdo con lo que es contrario al amor de Dios y del
prójimo. Nos muestra que hay que hacer, pero no nos da la fuerza para hacerlo, el espíritu.
Es una preparación para el evangelio, profetiza la liberación del pecado, nos orientan hacia la nueva
alianza. Preparan al pueblo para la llegada de Cristo.
La ley nueva: es la perfección de la ley divina, natural y revelada. Es obra de Cristo y se da
particularmente en el sermón de la montaña. Y es obra también del E.S., es su gracia dada a los fieles
mediante Cristo. Nos enseña que hay que hacer mediante el sermón del Señor y nos comunica la gracia
por medio de los sacramentos.
Da cumplimiento, purifica, supera y lleva a la perfección la ley antigua. En las bienaventuranzas da
cumplimiento a las promesas divinas elevándolas al reino de los cielos. Traza los caminos a su reino
destinando las bienaventuranzas a los afligidos, a los limpios de corazón, a los perseguidos en su
nombre, etc. Lleva a la plenitud los mandamientos, no los abole, sino que extrae de ella sus virtualidades
ocutas u revela la verdad de todas sus exigencias. No añade preceptos exteriores nuevos, pero reforma la
raíz de los actos del hombre donde se forman las virtudes.
Es una ley contenida en el mandamiento nuevo de Jesús, amarnos los unos a los otros como Él nos ha
amado. Es la ley del amor y no del miedo, pues por él infunde en nosotros el E.S., de la gracia porque
nos da la fuerza para obrar bien por medio de los sacramentos y la fe. Es la ley de la libertad porque nos
permite dejar de seguir los rituales de la ley antigua y responder espontáneamente bajo el impulso de la
fe y las virtudes. Están en relación con la caridad. Todo lo que de ella se aparte es moralmente malo. Es
la ley del evangelio que le permite a sus discípulos practicar sus preceptos.