Las legislaciones restrictivas

no disminuyen los abortos




Dossier núm. 2


Agenda Pública Dossier núm . 2
2

Índice

Pág 4. Presentación
Agenda Pública
Pág 6. GRÁFICO: ¿De qué hablamos cuando decimos “consenso” en
torno al aborto?
Máriam Martínez-Bascuñán
Pág 8. Nosotras decidimos
Trinidad Noguera
Pág 11. La mujer, ¿sujeto de derechos?
Argelia Queralt y Silvia Fernández
Pág 14. Ley del aborto: Una ley que produce violencia de género
Máriam Martínez-Bascuñán
Pág 17. Hoy hablamos de la supresión del plazo
María Casado
Pág 20. El ahora y el después en la regulación del aborto
Argelia Queralt
Pág 23. ¿Cuál es el perfil de las mujeres que abortan?
Teresa Castro
Pág 25. El anteproyecto de la ley del aborto frente a los estándares
europeos
Lydia Vicente
Pág 28. Las legislaciones restrictivas no evitan los abortos
Argelia Queralt


Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


3

Pág 30. Las tasas de aborto son más elevadas en los países con leyes
restrictivas
Teresa Castro
Pág 32. El Ministro que instrumentalizó a las mujeres
Máriam Martínez-Bascuñán







Agenda Pública Dossier núm . 2
4

Presentación

A la espera del recurso interpuesto ante el Tribunal Constitucional contra la ley de
plazos del 2010, muchas son las cuestiones que quedan abiertas sobre lo que ha
ocurrido y puede ocurrir en relación a algo tan complejo y delicado como la libertad
reproductiva de las mujeres. La regresión sufrida en relación a las cuestiones que
competen a la igualdad de género durante la legislatura presidida por Mariano Rajoy,
ha tenido en el proyecto de ley que el ya ex Ministro Ruíz-Gallardón quería impulsar,
uno de sus más preocupantes exponentes.
Todo lo sucedido en torno al proyecto regresivo de Ruíz-Gallardón merece de entrada
una reflexión: que las conquistas en materia de derechos no son definitivas, y que en
muchas ocasiones pueden ponerse al servicio de intereses que con frecuencia son
difíciles de calibrar. Y puesto que esa libertad reproductiva sigue hoy amenazada,
Agenda Pública quiere volver a sacar a colación algunas de las cuestiones principales
que se han ido esgrimiendo en los últimos meses a raíz de este tema.
La presentación de este dossier recoge la inestimable aportación de algunas expertas
que han tratado de explicar con rigor, y desde una visión también pedagógica si se
quiere, por qué Gallardón estaba jugando con aspectos que atravesaban
profundamente la vida de las mujeres, su salud, y sus derechos más básicos.
Desde estas aportaciones, nuestras colaboradoras han mostrado evidencia empírica de
algo que conviene siempre recordar: que las legislaciones más restrictivas no
disminuyen las tasas de abortos. La correlación es más bien la inversa: cuanto más
punitivas son las regulaciones, mayores tasas de aborto nos encontramos. Para Teresa
Castro es importante llamar atención sobre algo de vital importancia; desde un
enfoque interseccional, la investigadora nos muestra la conexión del aborto con la
cuestión social, pues en realidad, regular el aborto como derecho incide en el principio
de igualdad social. Esto quiere decir que al amparo de una legislación adecuada sobre
el mismo, las mujeres con menos recursos tendrán las mismas oportunidades para
ejercer ese derecho que las más pudientes. Este hecho decisivo, si lo que se persigue
con cualquier legislación es ahondar en el principio de igualdad recogido en nuestro
marco constitucional.
Desde Agenda Pública hemos ido haciendo un seguimiento detallado de cómo se iba
diseñando la articulación de esa ley. Los análisis arrojaban luz sobre la situación de
dependencia en la que quedaban relegadas las mujeres como consecuencia de esa
articulación. Con esta propuesta se estaba produciendo un retroceso claro en
derechos y en la capacidad de agencia de las mismas que era necesario evidenciar, y
así lo argumenta María Casado en sus análisis. Por eso, y al hilo de ese argumento, la
experta Trinidad Noguera afirmaba que cualquier legislación que regulara el aborto
debía “dejar un margen dentro del cual la mujer, como ciudadana de pleno derecho
directamente afectada, eligiera autónomamente si quiere o no tener hijos y cuándo”. Y

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


5

en ese sentido, era la ley de plazos vigente en España desde 2010 la que mejor se
ajustaba a tal posición, siendo ésta a su vez la más acorde con la mayoría de las
legislaciones de nuestro entorno europeo, tal y como muestra la profesora Silvia
Fernández, y también la experta Lydia Vicente Márquez. Frente a ella, y así lo señala
Vicente Márquez, las legislaciones europeas más restrictivas con el aborto como son la
de Irlanda y la de Polonia, indicaban el camino hacia el cual nos dirigíamos con el
anteproyecto de ley orgánica que Gallardón pretendía sacar adelante.
Por todos estos motivos, no sólo nos alejábamos del marco legal europeo, y del
reconocimiento a las mujeres de su capacidad de agencia en relación a su libertad
reproductiva, sino que con ese anteproyecto de ley, ahondábamos en el fenómeno de
violencia estructural producida contra las mujeres. Si la violencia contra las mujeres se
produce cuando a éstas se les niega la libertad, el respeto y la capacidad de decisión, la
nueva ley del aborto, antes que paliar los mecanismos de violencia estructural de
género que operan en nuestra sociedad, los agravaba y los profundizaba.
Con todo lo sucedido hemos aprendido que todavía son muchas las cuestiones que
atañen especialmente a las mujeres que se prestan a la manipulación e
instrumentalización partidista. Y que el gran avance en la concienciación de las
mujeres contrasta con la mentalidad de muchos de nuestros políticos y con el diseño
institucional que intentan imponer. Aún queda un largo camino para que muchos de
estos políticos entiendan que el género es una dimensión clave de la vida personal de
hombres y mujeres, de las relaciones sociales en general, y especialmente, de la
cultura. Es en la arena de una desigualdad estructural de género de raíz, desde donde
deben emerger las principales cuestiones sobre la justicia, la libertad y la dignidad para
todos los seres humanos. Los trabajos recogidos en este dossier intentan avanzar en
esa dirección.


Máriam Martínez – Bascuñán
Profesora de Ciencia Política de la UAM y miembro del Consejo Asesor Editorial de
Agenda Pública

Argelia Queralt
Profesora de Derecho Constitucional de la UB y Directora Editorial de Agenda Pública




Agenda Pública Dossier núm . 2
6

GRÁFICO: ¿De qué hablamos cuando decimos “consenso” en
torno al aborto?
Por Máriam Martínez-Bascuñán


Ya en 1983 más de la mitad de la población española pensaba que el aborto debía
estar despenalizado en todos los casos. Pero nótese que la pregunta se formula en
torno al hecho de “despenalizar” lo que hasta entonces había sido entendido como
delito y no como derecho. Todavía en ese tiempo primaba la mirada penal sobre la
forma de comprender el aborto. Todavía en ese tiempo la producción del discurso en
relación al aborto no tenía que ver con la libertad reproductiva de las mujeres, ni a
favor de la propia elección.
Poco antes de aprobarse la Ley de Supuestos de 1985, más del 74% de la población
pensaba que el aborto debía estar despenalizado en todo caso si el embarazo suponía
un riesgo para la salud física o mental de la madre. Había consenso en señalar que era
preciso poner por delante la protección de la vida de la mujer en tanto que principal
sujeto político responsable al que iba dirigido esta ley.
El avance social impulsado en buena medida por el activismo feminista y la necesidad
de equiparar el marco legal al contexto europeo, hicieron cambiar progresivamente el
lenguaje y el tipo de preguntas que se hacía en torno a estos temas. Fíjense que en
2012 ya no se habla de despenalizar determinados supuestos, sino de la posibilidad de
elegir voluntariamente la interrupción de un embarazo. Ese activismo feminista había

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


7

conseguido recuperar el pensamiento sobre la vida a través de la defensa de una
postura centrada en la libertad reproductiva. La defensa en torno a la vida no se
basaba en una individuación biológica, sino en las condiciones sociales que hacían
posible la idoneidad de la vida. Eso implicaba dialogar con otras leyes, como la ley de
dependencia o la ley contra la violencia de género. La base del pensamiento sobre la
vida se hacía sobre el principio de igualdad, y ponía a la mujer en el eje central de su
articulación. De alguna manera, se culminaba con un proceso de concienciación social
que entendía que las mujeres eran mayores de edad para elegir responsablemente
sobre sus vidas, y que había que desarrollar las condiciones institucionales necesarias
para el desarrollo y ejercicio de sus capacidades individuales. Nótese también que el
75% de la población española pensaba que efectivamente, las mujeres embarazadas
debían tener ese “derecho a decidir”.
Con una amplia mayoría como la del 75% sorprende que el gobierno del PP pensara
que el aborto debía entrar otra vez en la agenda política, pues en 2013, aunque no por
una mayoría aplastante, sí era cierto que la ley de plazos contaba con un respaldo
mayor que la opción de regularlo mediante una ley de supuestos. Concretamente, un
46% frente a un 41% respectivamente. ¿Quiere esto decir que no había consenso? Es
muy probable que la respuesta haya que buscarla más en el tipo de pregunta que se
hace a la gente que en el resultado que arrojan las propias respuestas. Nótese que
para las preguntas seleccionadas en 2013, la mujer deja de ser el eje central de las
mismas. Y en su lugar se interroga sobre si hay preferencia por una ley de plazos frente
a una ley de supuestos. El interrogante que divide en torno a la preferencia por una ley
u otra viene adscrita sin duda a una predilección partidaria que polariza más. La
pregunta por la ley de plazos se vincula con el Gobierno de Zapatero, mientras que no
existe esta adscripción ideológica y partidaria tan clara con la ley de supuestos del 85.
El propio PP pretendía volver a ella (pasándola por un baño ultraconservador, eso sí).
Probablemente sea esto lo que explique ese salto tan llamativo de una cifra que
asciende al 75% de la población que entiende que “la mujer debe tener derecho a
decidir libremente si quiere seguir o no con su embarazo”, a sólo un 46% que piensa
que el aborto debe ser legal según un sistema de plazos. La libertad reproductiva y la
propia elección de la mujer quedan desplazados del eje central de la preguntas y es
entonces cuando comienzan a cobrar protagonismo en este tema otra clase de
intereses que poco tendrán que ver con las mujeres y sus vidas. Sin embargo, y es
necesario insistir, cuando lo que se pregunta tiene que ver con ese derecho de la
mujer a decidir, el porcentaje de consenso en torno al sí es nada más y nada menos
que del 75% de la población. Esta comprensión sobre el aborto como derecho se ha
naturalizado ya en la inmensa mayoría de la sociedad española.
Eso merece una reflexión profunda, especialmente para los políticos. No se puede ir en
contra de algo que ya se ha adquirido, que ya es aceptado socialmente y valorado
como progreso. Por ello, importante en relación a esto que algunos políticos tomen
conciencia de que afortunadamente estamos ya en el siglo XXI.

Agenda Pública Dossier núm . 2
8

Nosotras decidimos
Por Trinidad Noguera


La ropa de hombre no suele abrocharse por la espalda. La de mujer, sí. ¿Alguna vez se
ha preguntado por qué? La articulación del codo de las mujeres funciona sólo hacia
delante, igual que la de los hombres, y las contorsiones necesarias para abrir y cerrar
una larga fila de pequeños botones o subir y bajar una cremallera posterior son tan
difíciles para ellas como para ellos. Así pues, la explicación de esta disparidad de
confección tan poco práctica no está en la naturaleza ni en la anatomía, sino en la
sociedad y en la cultura.
Tal vez sea un detalle nimio, pero es una nimiedad simbólica, y con símbolos
construimos nuestra concepción de la realidad. Los botones en la espalda nos dicen
que aunque hoy las mujeres adultas se visten solas, lo cómodo, lo “ideal”, sería que
alguien –una madre, una amiga, una doncella, un marido- las asistiese en esa tarea
cotidiana. En cambio, la ropa masculina indica que los hombres adultos se visten
siempre solos. Estos símbolos revelan que en nuestra sociedad los hombres son
considerados autónomos por principio; las mujeres, depende. Si para ellos la
autonomía es un hecho incuestionable, para ellas es una carrera de obstáculos,
sembrada unas veces de simples engorros y otras de auténticas murallas que les
impiden vivir en libertad e igualdad.
En ese marco de autonomía o dependencia se inscribe el debate sobre la interrupción
voluntaria del embarazo. Este tema evidencia con claridad meridiana que, como
rezaba el eslogan feminista, lo personal es político. Nada hay más personal que el
cuerpo y más íntimo que la sexualidad; pocos acontecimientos marcan tanto la vida
como tener un hijo, o no tenerlo. Por obvias razones biológicas, esto es especialmente
cierto para las mujeres. Los términos en que se regulan las decisiones sobre esta

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


9

cuestión personal –quién, cómo, cuándo, dónde- son un asunto político, porque
obligan a escoger entre distintas visiones del mundo.
Desde una visión laica vinculada a los valores ilustrados, el Estado debe ser neutral
respecto a las opciones religiosas y morales de sus ciudadanos. Así, en un tema
éticamente controvertido como el aborto, ni obliga a ser madre ni a interrumpir el
embarazo: deja un margen dentro del cual la mujer, como ciudadana de pleno derecho
directamente afectada, elige autónomamente si quiere o no tener hijos y cuándo. Se
reconoce pues el derecho a decidir sobre la maternidad, se pondera con el carácter de
bien jurídico del nasciturus y se refuerza la salud sexual y reproductiva con el fin de
prevenir embarazos no deseados y reducir el número de abortos (un desenlace que,
no nos engañemos, es siempre traumático). Esta es la posición que refleja la ley de
plazos vigente en España desde 2010, semejante a las que rigen en la mayor parte de
países de nuestro entorno.
Los términos en que se regulan las decisiones sobre esta
cuestión personal –quién, cómo, cuándo, dónde- son un
asunto político, porque obligan a escoger entre distintas
visiones del mundo
Existen por otra parte las visiones políticas confesionales, donde la separación entre el
Estado y un determinado culto tiende a difuminarse, al menos en los temas con
implicaciones éticas. Aparece la tentación de convertir al Estado en agente secular del
culto en cuestión e imponer la norma moral de éste al conjunto de la población,
confundiendo incluso las categorías de pecado y delito. Este proceder limita la
autonomía de todos los ciudadanos en lo que respecta a las preferencias religiosas.
Pero para las mujeres la restricción va más allá, si prospera un cierto relato sobre la
vida humana en el que la interrupción voluntaria del embarazo es homicida siempre y
en todo caso, y la maternidad aparece como verdadero horizonte “natural” –es decir,
socialmente válido- de realización femenina. En coherencia con tal relato, estas
visiones políticas confesionales aspiran a prohibir la interrupción voluntaria del
embarazo, convirtiéndola en hecho punible, o como mínimo a limitarla severamente.
No obstante, en contextos complejos –por ejemplo, una transición hacia la
modernidad democrática- la correlación de fuerzas sociales y políticas puede dar lugar
a que, aun sin reconocerse el derecho a decidir, se acepten algunos supuestos de
despenalización del aborto. Este fue el tipo de contexto en el cual se aprobó la primera
ley española de interrupción voluntaria del embarazo, en 1985.
Han pasado casi treinta años desde entonces, la sociedad española ha madurado y se
ha modernizado. Sin embargo, parece que la reforma de la regulación del aborto
anunciada por el Ministro de Justicia –la selección de este Ministerio como
responsable del tema es ya toda una declaración de principios- no se conformará con
retroceder hasta 1985, sino que dará el salto hacia una apuesta netamente
confesional, que nos acercará más a Irán que a Alemania.

Agenda Pública Dossier núm . 2
10

Sustraer a las mujeres la capacidad de decidir sobre su maternidad, poniendo esa
decisión en manos de otro –sea médico, juez, sacerdote o ministro- es cercenar su
autonomía ante una circunstancia que condicionará el resto de sus días. Sólo se puede
hablar de libertad e igualdad para las mujeres si se les reconoce el control sobre su
cuerpo y su vida, dos cosas que –a veces es preciso repetir lo obvio- son suyas y sólo
suyas. De lo contrario se las convierte en una especie de ciudadanas de segunda,
adultas sólo a veces, autónomas a medias. Con voz y voto para elegir a quienes
gobiernan el futuro de todos, pero sin ellos a la hora de escoger el suyo propio. Esta
contradicción es insoportable en una sociedad avanzada. La igualdad y la libertad no
son opcionales en democracia, y sin derecho a decidir sobre su maternidad, las
mujeres ni son libres ni son iguales.
Negar a las mujeres la capacidad de elegir en este campo no es crearles un engorro
adicional, otra “blusa con botones en la espalda”. Es infinitamente más grave. Es
imponer una camisa de fuerza –nunca mejor dicho- al 50% de la ciudadanía española, y
reconstruir una muralla que ya había caído. Señor Ministro, no se obstine en el
dogmatismo y la hipocresía. En esto, nosotras decidimos.


Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


11

La mujer, ¿sujeto de derechos?
Por Silvia Fernández y Argel ia Queralt


Desde hace ya unos meses el Ministro Gallardón viene anunciando la más que
probable modificación de la actual ley del aborto (LO 2/2010 de salud sexual y
reproductiva y de la interrupción del embarazo). Tal y como se plantean las
cambiantes propuestas, la futura reforma muestra, una vez más, la ofensiva de
nuestro gobierno contra los derechos más elementales de la mujeres. La actual
regulación del aborto se plantea como un sistema mixto de plazos y de indicaciones –
acorde con la mayoría de las regulaciones de nuestro entorno europeo-
despenalizando la interrupción voluntaria del embarazo dentro las primeras catorce
semanas de gestación, así como la producción del aborto por causas médicas siempre
que no se superen las veintidós semanas. Ambas posibilidades quedan sometidas, en
cualquier caso, a la concurrencia de determinados requisitos de preceptivo
cumplimiento, lo que evidentemente proporciona un control legal y médico de dicha
práctica. Con independencia de la opinión que nos merezca la técnica legislativa
utilizada en la redacción de los preceptos tanto del Código Penal como del reglamento
que lo desarrolla (RD 825/2010) lo cierto es que los supuestos médicos no son tan
permisivos como pueda parecer. A título de ejemplo poner de manifiesto que no se ha
previsto expresamente el supuesto de que corra peligro la salud (física o psíquica) de la
embarazada pero se hayan superados las veintidós semanas de gestación. En estos
casos la producción del aborto en aras de la salud de la madre sería un supuesto, a
priori, de aborto delictivo.
La tan anunciada modificación de la LOIVE trae causa de la más que evidente influencia
de la Iglesia Católica en nuestro país, y más concretamente en las personas que forman
el gobierno actual. Tal influencia resulta discriminatoria en cualquier caso, pues siendo

Agenda Pública Dossier núm . 2
12

absolutamente respetable la elección y el ejercicio de dicha confesión –derecho
fundamental- supone un agravio comparativo con respecto a aquellas personas, que
de manera igualmente legítima, optan por otros modos o formas de pensamiento.
Dicho de otro modo: la despenalización del aborto no obliga a realizar dicha practica,
simplemente permite la opción de llevarla a cabo en el caso de que se cumplan los
requisitos legalmente establecidos. Lo que no pueden negar los detractores del aborto
es que tras sus argumentos subyace una cuestión moral que no solo tiene que ver con
el reconocimiento del derecho a la vida, sino con un trasfondo de censura con
respecto al mismo acto de la procreación.
Abundando en el reconocimiento de los derechos no podemos olvidar que siendo
reconocibles los del nasciturus ello no puede cercenar los derechos de elección de
alguien que es plenamente sujeto de derechos y obligaciones: LA MUJER
EMBARAZADA. A este respecto debe añadirse que el nasciturus goza de protección
constitucional por lo que de potencial vida, esto es, persona tiene. En cambio, la mujer
embarazada es titular de derechos fundamentales, tales como vida, intimidad,
integridad física y moral, y, también, claro está la libertad para el libre desarrollo de su
personalidad. Así las cosas, ¿Puede el Estado interferir en decisiones tan
personalísimas como la de ser madre? ¿Con qué legitimidad obligamos a una mujer a
ser madre de un bebé con malformaciones? Ser madre debe ser, en cualquier caso, un
derecho y no una obligación. De lo contrario colocamos a la mujer en un alieni iuris en
la que son otros los que deciden sobre su destino acudiendo a argumentos cuanto
menos supralegales como el valor sagrado de la vida en formación. Estos sectores
todavía no han entendido que defender el aborto es luchar por reconocer un derecho,
esto es, una capacidad de elección y no la de crear una obligación. Las personas que
defendemos la posibilidad de que una mujer pueda abortar partimos de que las
mujeres debemos tener la capacidad de elegir qué hacer con nuestra vida lo que
incluye, indudablemente, decidir sobre si tener un hijo o no. No se olvide que aquellos
sectores que imponen el nacimiento de un hijo curiosamente lo imponen a la madre,
no al padre.
La situación actual nos resulta del todo bochornosa y
ninguneadora de los derechos de la mujer
Ante la intimidatoria reforma de Gallardón los responsables de los partidos de la
izquierda española han anunciado, como no podía ser de otra forma, que impugnarán
ante el Tribunal Constitucional la nueva norma que sea aprobada tras el rodillo de la
mayoría absoluta del PP. Esta será, nos tememos, una nueva oportunidad perdida para
que nuestros representantes, los de todos y todas, ejerzan su mandato representativo
con la ciudadanía, y no ese mandato imperativo constitucionalmente prohibido que
marca la disciplina de voto dentro de cada partido.
En cualquier caso, la situación actual nos resulta del todo bochornosa y ninguneadora,
si se nos permite, de los derechos de las mujer: a día de hoy la LOIVE está todavía a la
espera de ser analizada por el Tribunal Constitucional, con la previsión de que sea
rebajada en sus expectativas ante la entrada en la próxima renovación de cuatro
Magistrados "conservadores", por cierto, todos hombres. Lo de la paridad en la justicia

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


13

parece que también tendrá que esperar. Peso a ello, el Ministro sigue amenazando con
una normativa todavía más restrictiva en la que se coloca a la mujer en una situación
de dependencia respecto de terceras personas como decíamos más arriba. Así pues, lo
que está sobre la mesa una vez más es la consideración de la mujer como sujeto de
derechos con plena capacidad.
Por otra parte no podemos olvidar que la realidad social se impone ante el Derecho. Es
indudable que las prácticas abortivas se seguirán realizando con independencia de su
penalización lo que puede provocar un indeseable ámbito de clandestinidad. Si así
fuera retrocederíamos más de treinta años en la realidad social española, en la que
únicamente aquellas personas pudientes podían permitirse un aborto en óptimas
condiciones sanitarias. La desigualdad social basada en criterios económicos es,
desgraciadamente, uno de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad y
provoca situaciones realmente dramáticas, ¿debemos añadir a las muchas mujeres
que soportan la precariedad el riesgo vital?
Sería este un campo de pruebas más para las políticas de desigualdad que este
gobierno lleva aplicando desde que está en el poder. Una desigualdad que, además, se
ha visto agravada en relación con la situación de las mujeres en el ámbito laboral como
espléndidamente mostraba Nuria Pumar en este mismo espacio hace unos meses; con
la vuelta a la esfera esencialmente doméstica y, por tanto, irrelevante para lo público,
de las tareas de cuidados de las personas dependientes que en su gran mayoría llevan
a cabo las mujeres y que describía en este artículo Berta Baquer; con el progresivo
enmascaramiento del fenómeno de la violencia de género que pretende ser de nuevo
reconducido a los crímenes pasionales, de nuevo, propios del ámbito privado,
doméstico, ese que queda escondido de la luz pública.
En conclusión, no aprovechen nuestra diferencia para tratarnos de forma injustamente
desigual.


Agenda Pública Dossier núm . 2
14

Ley del aborto: Una ley que produce violencia de género
Por Máriam Martínez-Bascuñán


Mucho ha hablado nuestro Ministro de Justicia sobre la violencia estructural que
afecta a las mujeres. Baste recordar que esa violencia estructural era, en palabras de
Gallardón, la que obligaba a las mujeres en muchos casos a abortar. En las líneas que
siguen pretendo darle la vuelta a su argumento y demostrar que la ley del aborto que
quiere aprobar produce más violencia de género. Lejos de paliar los mecanismos de
violencia estructural de género que operan en nuestra sociedad, la nueva ley del
aborto los profundiza y los agrava. Por tanto, la ley de Gallardón, produce violencia de
género.
Preguntémonos primero qué es la violencia de género. Responder a esta cuestión nos
obliga a ir a la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la
Violencia de Género, en cuya exposición de Motivos se sostiene que la violencia de
género es una violencia producida contra las mujeres cuando a éstas se les niega la
libertad, el respeto y la capacidad de agencia, esto es, lacapacidad de decisión. Esa
violencia es “la manifestación más brutal” contra la igualdad, contra la creación de la
igualdad social a través del reconocimiento de la dignidad, la integridad y el respeto de
todos sus miembros.
El primer paso de los politólogos cuando se enfrentan al análisis de políticas públicas
es el de preguntarse a qué valores sirve esa ley. Cuál es el objetivo normativo que
persigue esa ley, esto es, qué pretende mejorar, transformar o remediar. En ese
sentido, la ley integral contra la violencia de género iba ligada a una idea de justicia
que tenía como finalidad la creación de igualdad. Una de esas dimensiones de la
igualdad era la distribución igualitaria de dignidad, respeto y capacidad de agencia,
esto es, reconocer la capacidad de las mujeres de decidir por sí mismas sobre sus
vidas, de elegir unas vidas significativas para sí mismas.

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


15

El reconocimiento de la dignidad de las personas, de su libertad y su capacidad de
agencia o de decisión ha sido un elemento esencial del concepto de justicia sostenido
por los grandes pensadores. La idea de respeto, por ejemplo, tomó en el propio Kant la
función de máximo principio de toda moral porque contenía el núcleo imperativo
categórico de tratar a todas las personas como fines en sí mismas. Esto quería decir
que ninguna persona podía instrumentalizarse para conseguir un fin. Que la vida de las
personas era un valor en sí mismo, no un instrumento para dotar de valor a otras vidas
o cosas. La ley del aborto instrumentaliza a la mujer y por tanto vulnera ese principio,
pero ¿por qué?
Con la nueva ley, el valor de la vida de la madre es menor
que el propio feto
El anteproyecto de ley orgánica se refiere a “la protección de la vida del concebido y
de los derechos de la mujer embarazada”. Nótese que en el propio título se pone por
delante la protección de la vida del concebido, y después se garantizan los derechos de
la mujer en tanto que embarazada. Con la nueva ley, el valor de la vida de la madre es
menor que el propio feto, la hace más precaria porque la arranca del fundamento
último de toda vida; contar como sujeto, vivir una vida que tenga sentido para una
misma. Nótese además que hay un discurso sobre la maternidad que omite la
subjetividad de la propia mujer porque ésta sólo es protegida en tanto que
embarazada. El embarazo deja de pertenecerle a ella y ella pasa a convertirse en un
contenedor donde se desarrollará el feto. La mujer deja de ser sujeto para devenir en
un objeto que habrá que amparar en tanto que recipiente del feto que se protege en
primer término. La mujer sólo interesa en tanto que cuerpo para contener un feto. La
situación previa en la que ella debe decidir si quiere seguir adelante o no con el
embarazo no merece protegerse. No es un derecho. Su autonomía y su capacidad de
agencia para decidir no se garantizan. Esa fundamentación moral de que los individuos
sólo pueden adquirir conciencia de su libertad cuando hacen uso de su autonomía se
vulnera. Esa negación de la autonomía es una de las formas más básicas de humillación
del sujeto, porque priva a las mujeres de su autonomía física en su relación consigo
mismas y por tanto, destruye una parte de su confianza básica con el mundo que es
necesaria para desarrollar la autoconfianza y el autorrespeto.
Antes que reconocer a la mujer como sujeto con capacidad de agencia, la nueva ley del
aborto la instrumentaliza en tanto que objeto para fecundar una vida. Esa cosificación
de su cuerpo, de su persona, viola el estado más básico de su seguridad emocional y
física para la exteriorización de sus necesidades, de sus sentimientos propios, de la
facultad que permite a las personas buscar el sentido último de sus vidas, algo que
está estrechamente relacionado con su dignidad y que constituye la premisa básica
para todas las formas de autoestima.
La privación de un derecho a decidir que la mujer tiene supone un acto de humillación
en la medida en que no se le concede la imputabilidad moral de una persona jurídica
de pleno valor. Es una forma de menosprecio que vulnera el principio básico de

Agenda Pública Dossier núm . 2
16

igualdad de nuestras sociedades desde el momento en que deja de considerarse titular
de los mismos derechos que el resto de miembros de la sociedad. Hablamos de las
estructuras generales de una vida satisfactoria que reconocen a las personas como
seres autónomos, iguales y a la vez singulares. Individualizarlas y reconocer el valor de
sus vidas es sacarlas de una categoría que las define primero como madres sin
preguntarles si ellas lo quieren ser. Esta humillación y degradación sistemática ejercida
sobre la mujer por el hecho de serlo, señor Ministro, se llama violencia.




Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


17

Hoy hablamos de la supresión del plazo
Por María Casado


Detrás de los cambios normativos subyacen valores que se pretenden proteger o
modificar. Así, el anteproyecto de regulación de la interrupción voluntaria del
embarazo presentado por el Gobierno forma parte de una campaña más amplia de
recorte de derechos y de promoción de los valores de cuño ultraconservador y
nacionalcatólico que están intentando rehabilitar.
El papel de la mujer en la sociedad, la valoración de su autonomía en las decisiones
que le atañen y su rol en la familia y la sociedad son de los más gravemente afectados.
No hay que olvidar que en tal ideario las mujeres son secundarias y subordinadas; el
sexo, débito conyugal encaminado a la reproducción; y el ejercicio de la libertad ajena,
siempre sospechoso. En este sentido, la supresión del plazo propuesta en el
anteproyecto resulta por antonomasia significativa.
La regulación del aborto tiene cinco alternativas: prohibición total, aborto libre,
despenalización de indicaciones tasadas, establecimiento de un plazo de libre decisión
de la mujer, o instauración de un sistema mixto que conjugue el plazo con ciertas
indicaciones –el modelo actualmente vigente en nuestro país–.
Descartadas las dos primeras opciones, pues nadie actualmente las ha defendido en
nuestro panorama político, la diferencia crucial entre indicaciones y plazos es
únicamente el lugar que ocupa la mujer en la decisión. En el plazo la decisión es suya –
sin avales externos de médicos, psicólogos, asistentes sociales, ni grupos de apoyo de
por medio–: en un primer periodo –que suele variar de 12 a 21 semanas de embarazo-,
la mujer decide si sigue adelante con un embarazo que no desea sin tener que dar

Agenda Pública Dossier núm . 2
18

razones de por qué lo hace, lo que no significa que no tenga causas, sino sólo que no
tiene que hacerlas públicas, ya que son parte de su derecho a la intimidad.
Esto implica que se trata a la mujer como a una persona realmente capaz de tomar sus
decisiones sin intromisión, que se la considera realmente autónoma y no como una
incapaz necesitada de consejos y asesoramientos obligatorios a golpe de ley; ella ya los
buscará si los necesita y sabrá por qué lo hace. Es decir, se la respeta, de verdad y en
serio, como una ciudadana: una persona adulta capaz.
Decir que esta propuesta normativa es “para proteger la
vida” resultaría risible
Las indicaciones (tres o cuatro supuestos despenalizados, según las legislaciones)
pueden dar amparo a los mismos casos, según se interpreten y fijen; es decir, pueden
permitir igual número de abortos en la práctica. La diferencia fundamental reside en
que no es la mujer quien tiene en su mano la decisión, sino que necesita muletas:
informes médicos sobre su salud o la del feto, informes policiales en la violación y, en
los casos que se acepta la indicación socioeconómica, informes de servicios sociales.
Es evidente que cada una de las opciones tiene detrás un modelo distinto de entender
la capacidad de las mujeres; las mismas mujeres que, por cierto, dirigen partidos y
gobiernan países, gestionan empresas, educan hijos y cuidan padres, sin que para esto
se cuestione su capacidad para decidir.
Decir que esta propuesta normativa, de restricción de derechos de las mujeres, es
“para proteger la vida” resultaría risible si no fuera porque tiene consecuencias tan
duras. Sabido es que la prohibición del aborto no lo evita, sino que sólo lo hace
clandestino. Sabido es que el Estado puede manifestar su apuesta por la vida sin
necesidad de ejemplificar a costa de la vida y la salud de las mujeres –es decir, más de
la mitad de su ciudadanía–, sino mediante políticas de verdadero apoyo a la vida de los
ya nacidos y las familias mismas. Sabido es que la única manera efectiva de disminuir
el número de abortos es evitar embarazos indeseados, y esto sólo se consigue con una
buena educación sexual y reproductiva y un acceso real a los anticonceptivos.
Así pues, resulta que estamos ante un anteproyecto que pretende introducir cambios
de un enorme contenido simbólico, que implican un retroceso en la valoración de la
mujer y su lugar en la sociedad española.
Además, planea en la propuesta un tufo de cambalache: dispuestos a ceder y rebajar,
pedir lo más, y así contentar a los sectores más retrógrados del partido y del país,
tener una cortina de humo para tapar más restricciones de derechos sociales con este
ruido mediático y hasta la oposición entretenida haciendo de esto su caballo de
batalla…
Todos sabemos que la ley no quedará así: se irán haciendo aparentes concesiones para
volver a donde estábamos antes de la ley de 2010. Los obispos, contentos; las clínicas
privadas –que cubrirán cobrando los abortos que no se harán en la sanidad pública–,
contentas; los autodenominados provida, contentos… y un amargo regusto de saber

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


19

que, una vez más, se usa a la mujer como moneda de cambio. Pero ¿de qué nos
quejamos? Si ya sabíamos el remedio: “cásate y se sumisa”.


Agenda Pública Dossier núm . 2
20

El ahora y el después en la regulación del aborto
Por Argelia Queralt

Las informaciones sobre el paradero del anteproyecto, ahora quizá ya proyecto, de ley
de protección de la vida del concebido y de derechos de la embarazada son confusas.
El texto que finalmente sea aprobado por el Consejo de Ministros parece que
presentará cambios respecto del Anteproyecto presentado por Gallardón en diciembre
de 2013. Sin embargo, y ante las dudas, desde Agenda Pública queremos contribuir a
un mejor entendimiento de cuales son hoy los derechos de las mujeres en relación con
el embarazo y una posible decisión de interrumpirlo y cuales serán, en cambio, si se
aprobara el anteproyecto del Ministro tal cual lo conocemos.
Para ello hemos elaborado una tabla comparativa con los elementos definitorios de los
dos sistemas: el vigente y el proyectado por el Ministro Gallardón. Respecto de los
elementos penales, recomendamos consultar la tabla realizada por nuestro
colaborador Joan Queralt.
Como se observará, y como venimos poniendo de manifiesto en este espacio desde
hace tiempo, el retroceso en los derechos y capacidad de decisión de las las mujeres es
patente.


Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


21



Agenda Pública Dossier núm . 2
22




Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


23

¿Cuál es el perfil de las mujeres que abortan?
Por Teresa Castro


En 2012, último año con datos oficiales, interrumpieron su embarazo en España 12 de
cada 1.000 mujeres de 15 a 44 años. Una tasa similar al promedio de Europa
Occidental pero muy inferior al de otras regiones del mundo, como América Latina (32
abortos por 1000 mujeres), donde el acceso al aborto está restringido legalmente en la
mayoría de países. Al contrario de lo que pronosticaban los sectores opuestos a la
actual ley de plazos (vigente desde Julio de 2010), no solo no se ha producido un
aumento de las tasas de aborto, sino que éstas han experimentado un ligero descenso
en 2012.
Las estadísticas publicadas anualmente por el Ministerio de Sanidad muestran que las
interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) se dan en todos los grupos sociales. El
perfil de las mujeres que interrumpieron su embarazo en 2012 es heterogéneo con
respecto a su nivel educativo (39% tenían educación postobligatoria), su situación
laboral (50% tenían empleo), su nacionalidad (62% tenían nacionalidad española), su
situación conyugal (49% convivían en pareja) y su biografía reproductiva (55% tenían
hijo/s). Sin embargo, a la hora de analizar la incidencia relativa de IVE, es conveniente
comparar el perfil socio-demográfico de las mujeres que interrumpieron su embarazo
con el del conjunto de mujeres en edad reproductiva, para detectar en qué segmentos
sociales la incidencia de IVE es superior a lo que cabría esperar por su peso en la
población (según el Censo de 2011). Por ejemplo, aunque casi la mitad de las mujeres
que interrumpieron su embarazo convivía en pareja, son las mujeres que viven solas
las que presentan una mayor probabilidad de interrumpir su embarazo. Como muestra
el gráfico, la incidencia relativa de IVE es más elevada entre las mujeres con menor

Agenda Pública Dossier núm . 2
24

nivel educativo, las mujeres inmigrantes, las que viven solas y aquellas sin hijos. En
caso de aprobarse la nueva ley, este perfil probablemente cambiará, ya que tanto las
mujeres que viajen al extranjero como las que recurran al aborto farmacológico sin
supervisión médica desaparecerán de las estadísticas.
Lo que más llama la atención en el gráfico es que un tercio de las mujeres que
interrumpió su embarazo declaró no utilizar anticonceptivos. Como es bien sabido, la
única manera efectiva de disminuir el número de abortos es prevenir los embarazos no
deseados. Sin embargo, el nuevo proyecto de ley no incluye ninguna estrategia de
salud sexual y reproductiva. Ni siquiera se menciona.


Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


25

El anteproyecto de la ley del aborto frente a los estándares
europeos
Por Lydia Vicente Márquez


Las legislaciones restrictivas en materia de aborto no garantizan ni un menor número
de abortos y, a la vez, restringen en exceso los derechos de las mujeres, como ha
afirmado el Comité de asuntos sociales, salud y familia de la Asamblea Parlamentaria
del Consejo de Europa.
Tanto es así que 4 de las sentencias más relevantes que ha dictado el Tribunal Europeo
de Derechos Humanos (Estrasburgo) en relación con el aborto han sido, precisamente,
contra los dos Estados que actualmente cuentan con las legislaciones más restrictivas
en esta materia: Irlanda y Polonia. A sus legislaciones es hacia donde tiende
el Anteproyecto de Ley Orgánica de protección de la vida del concebido y derechos de
la mujer embarazada. Por ello, lo que hasta ahora ha dicho el TEDH es de absoluta
relevancia ya que es el estándar europeo respecto del que debe responder el Estado
español.
Así, pese a no haber llegado a reconocer el derecho al aborto como tal, el Tribunal
Europeo afirma que cuando los Estados permiten, sea en el grado que sea, el acceso al
aborto tienen la obligación de crear un marco jurídico y poner en marcha un proceso o
mecanismo que permita a las mujeres ejercer de forma efectiva y real su derecho de
acceso a un aborto legal. Según el TEDH, si bien los Estados gozan de un margen de
apreciación sobre las circunstancias bajo las cuales está permitido abortar, el marco
jurídico establecido para ello debe estar configurado o estructurado de una manera
coherente que permita ponderar adecuadamente los diferentes intereses legítimos en
juego de conformidad con las obligaciones derivadas de la Convención. El TEDH ha
concluido que las “disposiciones legales aplicables deben ante todo definir claramente
la situación de la mujer embarazada respecto a la Ley. (...) Una vez que el legislador ha
decidido autorizar el aborto, no debe concebir el marco jurídico correspondiente de

Agenda Pública Dossier núm . 2
26

manera que limite en la realidad la posibilidad de obtener el acceso a tal intervención”
(asunto Tysiąc contra Polonia).
En esta línea, los criterios de medir o determinar el riesgo o peligro para la vida y salud
de la mujer tienen que ser claros y precisos. Los términos vagos y amplios pueden
generar incertidumbre en cuanto a su aplicación precisa. La claridad de la norma y del
proceso es esencial, no sólo para facilitar a la mujer la toma de una decisión informada
sino también para que los médicos sepan como deben proceder.
Igualmente, el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, por restringido que
sea, debe estar desprovisto de obstáculos para la mujer que decida abortar. Así, el
acceso debe ser efectivo y, por tanto, debe garantizarse un aborto seguro, asequible,
aceptable y apropiado. Por ello, son incompatibles con las obligaciones internacionales
las legislaciones nacionales que, en la práctica, obstaculizan a las mujeres abortar por
la falta de centros de salud locales, la falta de médicos que quieran realizar abortos, el
número de consultas médicas exigidas, el tiempo previsto para cambiar de opinión o el
tiempo de espera para la realización del aborto, ya que todo ello dificulta o incluso
impide en la práctica el acceso seguro, aceptable y apropiado al aborto. Este estándar
de actuación es tan relevante que el TEDH condenó a Polonia por tratos inhumanos y
degradantes por dificultar hasta el extremo la posibilidad de abortar de una joven (R.R.
y P. y S. contra Polonia).
En el contexto relativo al aborto, el proceso debería
garantizar el derecho de la mujer a ser escuchada así como
a que se tomen en consideración sus opiniones
Un aspecto crucial a cuyo respecto el Anteproyecto de Ley es del todo silente es ¿qué
sucede en caso de opiniones divergentes entre los médicos, o en el caso en que la
mujer discrepe con las opiniones de éstos? La jurisprudencia del TEDH en el
asunto Tysiąc establece con claridad cuáles son los estándares relativos a la revisión de
decisiones divergentes. En términos generales, el TEDH ha reiterado que las medidas
que afecten derechos humanos fundamentales están sujetas a algún tipo de proceso
ante un órgano independiente competente para revisar las razones y las pruebas
relevantes. En el contexto relativo al aborto, tal proceso debería garantizar, al menos,
el derecho de la mujer a ser escuchada así como a que se tomen en consideración sus
opiniones. La ausencia de tales procesos en la legislación doméstica puede equivaler a
una falta de cumplimiento del Estado con sus obligaciones positivas bajo el Convenio
Europeo de Derechos Humanos.
En cuanto al tema de la objeción de conciencia, según el TEDH, los Estados están
obligados a organizar su sistema de salud de tal manera que se garantice que el
ejercicio efectivo de la libertad de conciencia por los profesionales sanitarios no impida
a los pacientes obtener acceso a los servicios a los que tienen derecho según la
legislación vigente. Por tanto, el derecho de objeción de conciencia debe conciliarse
con los intereses del paciente y los Estados tienen la obligación de garantizar que las
mujeres obtienen los servicios de aborto a pesar de la objeción por parte de
profesionales de salud (asuntos R.R. y P. y S.)

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


27

Una comparativa del anteproyecto con este contexto normativo de referencia nos
permiten ver la vaguedad con la que está redactado el Anteproyecto de Ley de
reforma del aborto en relación con los supuestos en los que se considera que la madre
está en riesgo y, por tanto, no casan con la claridad y precisión exigida por el TEDH.
Asimismo, los 7 días de período de “reflexión” de la mujer embarazada podrían ser
incompatibles con la obligación de no obstaculizar el acceso de ninguna forma. Como
se ha visto, tampoco prevé el Anteproyecto un mecanismo rápido y adecuado para
resolver el conflicto entre los informes médicos que tenga, además, en cuenta la
opinión de la mujer. En la misma línea, la objeción de conciencia reconocida en el
Anteproyecto, no debe, en ningún caso, suponer un obstáculo para el acceso a la
interrupción del embarazo.
En definitiva, cualquier obstáculo o barrera que en la práctica impida un acceso real al
aborto legal supone incumplir las obligaciones del Estado de conformidad con los
tratados internacionales de derechos humanos ratificados por España. Además, en la
medida que tales obstáculos tengan un impacto desproporcionado en mujeres
pertenecientes a los grupos y socialmente más desfavorecidos y marginados también
supondrá una clara discriminación que está prohibida por las normas internacionales.
Como se observa, si se aprueba el Anteproyecto, pasaremos de tener una legislación
respetuosa con los derechos de la mujer, clara, utilizada como modelo por el propio
TEDH (asunto A, B y C c. Irlanda), a una legislación colocada entre las tres más
restrictivas de nuestro entorno, con problemas de salida de compatibilidad con los
estándares europeos en materia de derechos humanos.
Nota: Por todas estas razones seis organizaciones de derechos humanos (Alianza por la
Solidaridad; el Centro de Derechos Reproductivos; EuroNGOs; la Federación de
Planificación Familiar Estatal; Human Rights Watch y Rights International Spain) hemos
calificado el proyecto legislativo como una “grave amenaza para la salud y los derechos
sexuales y reproductivos de las mujeres” y hemos instado al Ministro de Justicia a
retirarlo.



Agenda Pública Dossier núm . 2
28

Las legislaciones restrictivas no evitan los abortos
Por Argelia Queralt


Uno de los argumentos esgrimidos para restringir la actual legislación en materia de
Interrupción Voluntaria del Embarazo es la de reducir el número de abortos en España.
Sin embargo, de los datos que se ofrecen a continuación se desprende que, en contra
de lo defendido por el Ministro de Justicia e impulsor de este texto, las legislaciones
que impiden el acceso de las mujeres a abortar o bien reducen mucho las posibilidades
de hacerlo o no cuentan con unos índices de abortos menores. Baste ahora con traer a
la luz la Resolución de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de 2008 sobre
el acceso al aborto legal y seguro y los informes ( Doc. 11537 rev. y Doc. 11576) que lo
acompañaron. Esta Resolución, aprobada por la Asamblea Parlamentaria, se
fundamentaba en los siguientes hechos:
1) El aborto es legal en la gran mayoría de los 48 Estados del Consejo de Europa,
aunque es muy variada su regulación. Las dos grandes opciones son el sistema de
supuestos o bien el sistema de plazos, aunque también existen ordenamientos que
optan por una combinación entre ambos (sería el caso de la ley española actual). Así,
en la mayoría de Estados se permite el aborto libre hasta la semana número 12 de
gestación, que puede ampliarse en algunos supuestos, incluyendo, por ejemplo,
dificultades sociales, médicas o económicas. Las más restrictivas sólo permiten el
aborto en caso de riesgo para la vida de la madre (por ejemplo, Polonia y Reino Unido).
El único Estado en el que sigue prohibido el aborto en cualquier plazo y supuesto es
Malta, o al menos esto es lo que dice la letra de la ley.
2) En Europa conviven los sistemas más avanzados en políticas de salud sexual y
reproductiva de la mujer con sistemas con las tasas más altas de abortos del mundo.

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


29

3) En Europa en algunos países el aborto es legal, seguro, libre y accesible, mientras
que en otro se obliga a las mujeres a abortar en clandestinidad y en condiciones que
ponen en riesgo su salud incluso su vida.
4) Es generalizado el período de reflexión en Europa occidental y, por lo general, se
exige el consentimiento de los padres para el aborto de las menores.
5) Los países con legislaciones más restrictivas tienen unos índices de mortalidad
maternal más elevados debido a los abortos inseguros, realizados en clandestinidad y
en condiciones poco salubres.
6) Las legislaciones más restrictivas provocan que las mujeres salgan a abortar a otros
países, generando el llamado “turismo del aborto”, con los problemas para la salud de
la mujer que esto puede provocar, y la desigualdad que se genera entre mujeres
pudientes y no pudientes.
7) Las legislaciones más restrictivas que no permiten el acceso al aborto seguro
conviven con abortos ilegales practicados en clínicas privadas, por ejemplo en Polonia,
donde son tolerados por la iglesia y el Estado.
8) Las legislaciones más restrictivas que no permiten el acceso al aborto seguro
incrementan la ratio de mortalidad de las mujeres embarazadas.
9) Las restricciones en el acceso al aborto seguro no disminuyen el número de abortos,
pero sí las posibilidades y derechos de las mujeres.
10) Las legislaciones más restrictivas que no permiten legalmente o en la práctica el
acceso al aborto seguro no hacen disminuir los números de abortos.
Como ponía de manifiesto la citada Resolución y los textos internacionales en la
materia, el aborto no debe utilizarse como una política de planificación familiar y,
evidentemente, hay que evitar los abortos no deseados y los embarazos no deseados.
Como concluía la propia Resolución, una de las vías para evitar los embarazos y los
abortos no deseados pasa por promover una educación sexual y reproductiva
obligatoria, incorporada en el currículo escolar, y con una perspectiva de género.
Parece que el proyecto finalmente incorporará un nuevo supuesto: el de graves
malformaciones del feto. Pues bien, ante ello, más datos: los abortos por este motivo
rondan el 3% de las interrupciones voluntarias del embarazo que se producen en
España, mientras que en el 91% se produce, en el plazo previsto por la ley, a petición
de la mujer.
Así pues, vamos a una ley muy restrictiva que no acoge la primera causa de
interrupción voluntaria del embarazo, la libre decisión de la mujer, y que, como
demuestra la experiencia europea, no servirá para reducir los abortos.


Agenda Pública Dossier núm . 2
30

Las tasas de aborto son más elevadas en los países con leyes
más restrictivas
Por Teresa Castro


En contra de lo que todavía mucha gente cree, las tasas de aborto son más elevadas en
aquellos países donde las leyes son más restrictivas y punitivas. Las tasas de aborto son
de 29 por mil mujeres en edad reproductiva en África y 32 por mil en América Latina,
regiones en donde el aborto está severamente restringido en casi todos los países. En
cambio, la tasa de aborto es de 12 por mil en Europa Occidental, donde existe un
amplio acceso tanto al aborto como a la anticoncepción. Penalizar el aborto no evita su
práctica, pero sí provoca un aumento de ingresos hospitalarios por complicaciones y
de muertes derivadas de procedimientos clandestinos e inseguros. En América Latina,
por ejemplo, el 95% de los abortos se llevan a cabo en condiciones inseguras, con
graves consecuencias para la salud de la mujer en términos de morbilidad y
mortalidad.
Estas son algunas de las conclusiones del estudio realizado por investigadores
del Instituto Guttmacher y la Organización Mundial de la Salud, publicado en The
Lancet. A nivel mundial, el porcentaje de abortos realizados en condiciones de
inseguridad sanitaria y jurídica ha aumentado de 44% en 1995 a 49% en 2008 –aunque
solo suponen el 6% en el mundo desarrollado–. LaOMS estima que las complicaciones
derivadas de abortos en condiciones inseguras causan 47.000 muertes anuales y
representan un 13% del total de muertes maternas en el mundo.

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


31

En el caso de España, un estudio publicado en la European Journal of Public Health,
que analizó los registros de abortos de mujeres españolas en Inglaterra y Holanda
desde 1974 y en España desde 1986 concluyó que la despenalización del aborto de
1985 no tuvo un efecto observable en la evolución de la tasa de aborto, pero sí en la
reducción de desigualdades sociales en el acceso al mismo. La ley de plazos de 2010 sí
afectó a la evolución de la tasa de aborto, pero en el sentido contrario al augurado por
los sectores más conservadores, ya que ésta experimentó un ligero descenso. En caso
de entrar en vigor la nueva ley, el pronóstico es bastante preocupante: el número de
abortos no se reducirá (desaparecerán de las estadísticas españolas, pero emergerán
en las estadísticas de otros países europeos), aumentarán los riesgos para la salud de
las mujeres derivados de procedimientos sin control médico, y aumentará la
desigualdad social respecto a la libre elección de la maternidad.


Agenda Pública Dossier núm . 2
32

El Ministro que instrumentalizó a las mujeres
Por Máriam Martínez-Bascuñán


Al comienzo de esta legislatura nos preguntábamos cómo era posible que el hombre
que había defendido el matrimonio gay fuera el mismo que pretendía satisfacer a la
Conferencia Episcopal con la reforma del aborto. En la rueda de prensa que dio el
pasado martes, el Ministro se escudaba en el mandato del gobierno para esgrimir el
argumento de que la ley del aborto en realidad había sido un proyecto del gobierno, y
no del Ministerio de Justicia. Ese tono quejumbroso mostraba el lamento de una
traición, probablemente la de la jugada maquiavélica de Rajoy que al guardar esta ley
en el cajón, ha permitido finalmente quitarse de en medio a su delfín. Conviene
recordar que hubo un tiempo en el que Gallardón era quien le hacía sombra desde el
sector más centrista del partido. Conviene recordar también que supuestamente
Gallardón era un liberal; más aún, un “político atractivo” entre los votantes de la
izquierda y del centro. Es muy probable que por todo esto haya ido traicionando la
expectativa de lo que para mucha gente significaba su figura dentro del Partido
Popular.
Pero todo cuanto ha ocurrido en torno a él y a su gran contrarreforma debe analizarse
con cautela para extraer algunas conclusiones en clave política. Aunque es
fundamental dejar claro que todas estas conclusiones nos deben ayudar a detectar el
trasfondo que han marcado las maniobras del Ministro. Ese trasfondo, no lo olviden,
ha sido el de la instrumentalización de las mujeres. En ningún momento al Señor
Ministro le ha temblado el pulso al ir diseñando una ley que era a todas luces
humillante para las mujeres, porque con su contrarreforma, Gallardón impuso una
mirada penalista sobre el aborto que nada tenía que ver con la vida, con el valor de la
vida, con la protección del derecho de las mujeres a vivir vidas que fueran significativas
para ellas y elegidas por ellas mismas.
El Ministro instrumentalizó a las mujeres para garantizarse los votos del ala extrema
del mercado electoral de su partido, de la misma manera que el gobierno las ha vuelto
a instrumentalizar ahora para conservar los votos del sector más centrista de ese

Las legislaciones restrictivas no disminuyen los abortos


33

mercado electoral. Así lo aconsejaban los estudios sociológicos de Pedro Arriola al
apuntar que al parecer, muchos de los votantes del PP se estaban “sintiendo
incómodos con el tema”. De esto cabe concluir que tanto en un momento como en
otro, las conminaciones de los consejeros y expertos electorales del PP han sido las
que realmente han obligado a dedicarse a lo que importaba: la conquista de los votos.
Habrá pocas leyes que atraviesen de forma tan profunda el proyecto de vida de las
mujeres, y sin embargo lo que estaba en juego no eran las vidas que ellas querían vivir,
ni el derecho a decidir sobre las mismas. Ni siquiera la supuesta protección del
nasciturus. Sin lugar a dudas con este espectáculo, parte del mundo político se ha visto
reducido a una suerte de circo entregado a cálculos electoralistas carente de toda
convicción, proyectando una visión cínica del mundo político sin precedentes.
Pero además con el Ministro Gallardón hemos asistido a dos hechos inauditos hasta
ahora en nuestra vida política. En primer lugar, un personalismo llevado hasta sus
últimas consecuencias, pues la retirada de una ley ha supuesto el retiro automático de
quien la defendió. De quien la defendió además con una forma de comunicación
política completamente novedosa, pues también conviene recordar que con Gallardón
nos enfrentábamos a un adversario armado con un lenguaje progresista. El titular de
Justicia hablaba de los derechos de las mujeres mientras las instrumentalizaba, y de
luchar contra la violencia estructural de género al mismo tiempo que emprendía su
revolución conservadora. Ahora sabemos que bajo esta circulación retórica en realidad
subyacía la lógica calculadora de alguien que iba ofreciendo un servicio ideológico a
cambio de una posición de poder.
En segundo lugar, Gallardón ha inaugurado una nueva forma de hacer política a partir
de un código de activación y desactivación del tiempo político para entrar en la
agenda, sin dejar nunca de estar ahí. En realidad había una producción de discurso que
no problematizaba la violencia estructural ejercida contra las mujeres, ni la lucha
contra desigualdad de género con un alcance social transformador. No existía una
mirada interseccional que dialogara con los múltiples problemas a los que las mujeres
se enfrentan cuando tienen que decidir si siguen adelante o no con un embarazo. Por
el contrario, había momentos. Momentos en los que se hablaba mucho de un Ministro
que se enarbolaba como el guardián de las mujeres, y momentos en los que
estratégicamente el Ministro se replegaba. Sin embargo, ese código de activación y
desactivación de la agenda ayudaba a mantener la tensión social y la atención
mediática. Profundizaba en su afán personalista, intercalando Consejos de Ministros,
comités de expertos, manifestaciones y declaraciones parlamentarias. Nos
encontrábamos ante la lucha por un capital simbólico que se servía de una política de
la presencia mediática permanente para procurar la cotización al alza de sus
aspiraciones políticas personales.
Sin embargo, el Ministro que instrumentalizó a las mujeres acabó siendo víctima de
otra instrumentalización basada en un cálculo electoral distinto al que él estaba
haciendo. Es importante no engañarse en relación a esto; Gallardón no ha dimitido, lo
han echado. Por esto mismo, no debemos perder de vista todo lo que queda tras su

Agenda Pública Dossier núm . 2
34

ausencia. Por lo pronto, el recurso interpuesto ante el Tribunal Constitucional contra
la ley de plazos del 2010. Mucho nos conviene no bajar la guardia.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful