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¿Profesor o

Maestro?
Por César Iván Hernández Vega

“Cuando terminen los pasos


del maestro, su alumno continuará
el camino”
César Iván Hernández Vega
***
“Necesitamos mejores profesores”. “Debemos mejorar la calidad de
los profesores”. Éstas y muchas frases más hemos escuchado a lo
largo del siglo XX y comienzos de este nuevo siglo. Sin embargo y
con todos los esfuerzos que hacen las instituciones de gobierno en
materia de educación, hemos sido testigos de la desmotivación por
parte de los alumnos para seguir estudiando, aprendiendo y
comprendiendo los conocimientos para mejorar este mundo. Claro
está que con estas nuevas tecnologías como el Internet, las redes
sociales, las telecomunicaciones que cada día están al alcance de la
gran mayoría, los niños y las niñas se encuentran sumergidos en un
mundo de distracciones que le apartan de su objetivo más primario:
estudiar. Y estudiar no sólo es presentarse al salón de clases y repetir
las mismas palabras que dice el profesor. Tampoco es repetir por
largas horas la lección de matemáticas e historia de manera
mecánica, automática o de manera monótona.
El estudiar debe ser algo exquisito, y en realidad lo es. El estudio es
un privilegio del Ser Humano como la máxima expresión de su
racionalidad, de su avance en la escala evolutiva en lo que a
conocimiento se refiere. Sin embargo, debemos preguntarnos
<¿Quién nace con el conocimiento?> Absolutamente nadie. Todos
necesitamos de un guía para adquirir ese conocimiento, para
comprender los fenómenos que a nuestro alrededor (e interior)
ocurren. En pocas palabras, necesitamos Maestros.
Entonces ¿necesitamos “profesores” o necesitamos “maestros”? Todo
parece que son sinónimos e incluso los tomamos como iguales. Pero
¿cuál es la diferencia entre un profesor y un maestro?

***
Retomemos un poco la historia. La palabra “profesor” se deriva de la
palabra “profesar”, luego entonces antiguamente quienes profesaban
eran los profetas. Los profetas eran personas que se dedicaban a ir
de pueblo en pueblo a hablar de la Palabra de Dios (en cuanto a
religiosidad se refiere). Sin embargo, existía una cualidad de los
profetas. Éstos permanecían en un pueblo por un corto periodo de
tiempo y sin más, se marchaban hacia otro poblado. Había dado la
Palabra, pero no se detenía en instruir en grados más altos a sus
oidores. Esta labor ha sido loable pues era un gran compromiso el
alejarse de la familia y los amigos en la búsqueda por la difusión de la
Palabra.
Ahora bien, la palabra “maestro” se deriva del latín “magíster”, la
cual proviene del prefijo latino “magis” que significa “más”. Magíster
era lo opuesto al “Minister” que provenía del prefijo latino “minus”
que significa “menos”. Así, el maestro o magíster era el más
apropiado para realizar una labor. Pero esto no queda aquí. En el
ámbito de la construcción, eran los maestros de la misma quienes
instruían poco a poco a sus alumnos o pupilos para que en un futuro
fueran iguales o mejores que los maestros de ese tiempo. No es
casualidad la frase “El alumno supera al maestro”.
***
En la educación, esto no ha cambiado del todo. Seguimos
encontrando a profesores y maestros en cada escuela de nuestro
planeta. Ningún país es ajeno a esto. Siguen habiendo profesores que
llegan a una escuela, exponen el tema y cuando suena la campana,
se dan la media vuelta y se retiran sin preocuparse por el avance de
cada uno de sus alumnos.
También hay maestros. Maestros que se preocupan por el avance y
crecimiento integral de sus alumnos. Maestros que no ven al alumno
como una fuente de dinero, sino como un Ser Humano que tiene
derecho a recibir una adecuada educación, pues a final de cuentas
quien agradece la adecuada educación de un Ser Humano es el
planeta entero.
Con todo esto, es necesario que cuando una persona toque a la
puerta de nuestra escuela le preguntemos: ¿profesor o maestro?