Mi columna el 18 de setiembre del 2014

¿Quién dio
la orden?

El caso López Meneses no tendría que sujetarse a tanto rodeo gubernamental, policial, fiscal,
judicial y legislativo.
Debiera consistir simplemente en jalar la pita de quién dio la orden para que la casa del ex
operador de Vladimiro Montesinos gozara, por mucho tiempo, de un aparatoso resguardo policial.
La formalización de la denuncia penal de la fiscal Norah Córdova contra Óscar López Meneses y
numerosos ex jefes policiales parece limitarse a investigar a quiénes recibieron la orden y quiénes
la ejecutaron.
Es decir: a encapsular el enjambre de culpabilidades en la relación de López Meneses con la cúpula
policial de turno.
La exclusión del proceso del almirante José Cueto Aservi y del general retirado Luis Howell
Ballena, que como presidentes del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas habrían
supuestamente solicitado el resguardo policial, según testimonio del ex director de la PNP Raúl
Salazar, abre un grave vacío en la investigación.
Se trata precisamente del vacío que deja suelta una de las piezas claves para llegar a la verdad
sobre el secreto mejor guardado del presidente Ollanta Humala o sobre la mayor infiltración
mafiosa que su gobierno haya sufrido y que él no haya podido exorcizarla.
¿La supuesta orden de Cueto o de Howell, que obedientemente acató Salazar y la trasmitió a sus
mandos, fue un invento de la cúpula policial para cubrir de formalidad e impunidad la presumible
protección mafiosa de esta a López Meneses?
La súbita renuncia del entonces asesor presidencial en asuntos de seguridad nacional, Adrián
Villafuerte, seguida de la del ministro del Interior Wilfredo Pedraza, a poco de la denuncia de
Willax Televisión y El Comercio, deja pie a la siguiente pregunta: ¿acaso no hubo una orden de
mayor nivel gubernamental que a su vez también fue encapsulada?
Si el presidente Humala tenía la certeza de que semejante resguardo a López Meneses, a quien
llamó “basura”, era simplemente un tema de corrupción policial, no tenía por qué apresurarse en
sacar a Villafuerte y sacrificar a su ministro del Interior.
Algo más: ya sea que se trate de un tema de corrupción policial o de otro que alcanza una esfera
más alta, a sabiendas o no del presidente Humala, lo cierto es que nada justifica el manto de
secretismo que lo envuelve, en los fueros gubernamental, legislativo y fiscal (que ahora pone, por
ejemplo, fuera del tablero, a Cueto y Howell, comprometiéndolos así más que si hubieran sido
incorporados al proceso).
La respuesta a la pregunta de quién dio la orden, incluye, por supuesto, la otra no menos
importante: qué motivaciones policiales mafiosas o qué razones de Estado, y hasta qué punto
distorsionadas, convirtieron la vivienda de López Meneses y a este mismo en sujeto de una
costosísima y sofisticada protección oficial.
Nada agradecería tanto a la fiscal Norah Córdova como encontrar la pita clave de donde jalar la
verdad: ¿quién y desde qué altura del poder político dio la orden que la cúpula policial cumplió a
pies juntillas?
Por supuesto que López Meneses no es un marciano recién llegado al planeta Tierra.

HALLAZGO FISCAL
Una verdad
de Perogrullo

— Según la resolución de la magistrada Córdova, hay elementos probatorios del indebido uso de
recursos públicos en un resguardo domiciliario injustificado.
Esto lo sabemos de sobra desde el primer día.

PARA EL ARCHIVO
El resguardo
salió gratis

— A López Meneses se le ha archivado la investigación sobre cohecho, en razón a que no tuvo que
pagar a la policía para obtener el resguardo de su domicilio. ¡Claro! El resguardo lo pagó el Estado,
en unidades y en personal.
¡Qué suerte!

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