© Ignacio Bellido, 2014

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reproducción total o parcial del contenido de esta obra por cualquier medio
o procedimiento.
ISBN 978-84-617-1274-8









Ignacio Javier Bellido nació en Salamanca
(España). Posee estudios universitarios en
Antropología y Educación Social. Su especialidad
es el entorno del marketing y la psicología que
envuelve el comportamiento del ser humano a la
hora de tomar decisiones. Su libro “La ciencia del
consumidor. Cómo las emociones y los sentidos
seducen a la razón” (Siníndice 2013) ahonda en
esta temática.
Tras varios años de aventura profesional en SAGE
SP compañía multinacional líder en el desarrollo y
creación de software para la empresa, sus
esfuerzos se centran en el entrenamiento y
capacitación de profesionales. A lo largo de estos
años, ha colaborado con las principales empresas
de formación en España lo que le ha permitido dar
el salto a América y llevar hasta el nuevo
continente su labor docente.








“Es necesario revisar nuestra forma de vivir.
El desarrollo tiene que ser a favor de la felicidad humana
porque ese es nuestro tesoro más importante”
PEPE MÚJICA,
presidente de Uruguay en su discurso ante las Naciones Unidas
Río de Janeiro, 2012




ÍNDICE

INTRODUCCIÓN: MODERNIDAD DIGITAL . . . . 6

1. HABLAR SIN EMOTICONOS . . . . . . . . 14
2. SIN AMIGOS EN FACEBOOK . . . . . . . . 26
3. SOBREVIVIR SIN APP’s . . . . . . . . . . 36
4. CAMBIA DE COMPAÑÍA Y DE MÓVIL . . . 44
5. MOVIMIENTO ES VIDA . . . . . . . . . . . 50
6. COME COMO TUS ANTEPASADOS . . . . 56
7. DEJA DE TOCAR LA PANTALLA . . . . . . 63


INTRODUCCIÓN
MODERNIDAD DIGITAL

Pasó un cuarto de siglo hasta que tuve mi pri-
mer teléfono móvil. Más de tres décadas hasta que
porté en mi bolsillo un smartphone o teléfono inteli-
gente. Hoy, que ni uno ni otro ocupa mis bolsillos y
desvelos puedo decir que el mundo no se acaba sin
ellos. Estando a más de diez mil kilómetros de dis-
tancia de mis familiares y amigos, en un país en el
que no conoces a nadie, perder el smartphone puede
parecer el mayor de los contratiempos. Una vez que
sucede se descubre que la tragedia no es tanta. Si
bien este dispositivo ayuda a acercar a quienes
están lejos, le hace a uno consciente del ansia por lo
inmediato, por querer estar siempre conectado con
todo un mundo que es incapaz de abarcar, por mu-
cha red social digital de la que se forme parte y por
atractiva que pueda resultar.
MODERNIDAD DIGITAL │7
Cuando somos felices no solemos darnos cuen-
ta de que lo somos, sin embargo, en el momento en
el que nos vemos expuestos a altas dosis de dolor o
a una tragedia que nos desgarra por dentro, toma-
mos conciencia del estado de felicidad en el que nos
hallábamos antes de que estos sucesos acontecie-
ran. Hace apenas un año tuve que hacer frente a tres
acontecimientos dolorosos: la muerte de mi padre, la
separación de mi pareja y el cierre de mi negocio. Mi-
rado con perspectiva, un año después, descubro que
lo que hoy me roba el sueño no es ninguna de esas
tres cosas, sino el haber extraviado el teléfono móvil.
Sorprendido por este hecho me he visto en la nece-
sidad de analizar cuáles han sido las razones que me
han permitido alcanzar la serenidad y bienestar que
experimento. La sorpresa que me he llevado una vez
enumeradas ha sido máxima, al terminar de leerlas
ha asaltado mi mente la imagen del hombre de cro-
mañón, un cavernícola con mi rostro y, partir de esa
imagen, he decidido escribir estas líneas.
8 │LA FELICIDAD DEL CAERNÍCOLA
La angustia que durante unos días me ha gene-
rado haber perdido el teléfono era causada porque
me sentía en un estado total de desconexión, había
perdido una herramienta que consultamos alrededor
de ciento cincuenta veces al día, padecía lo que se
conoce como FOMO (fear of missing out) o miedo a
perderse algo. Mi mente no dejaba de elucubrar ide-
as y lanzar hipótesis que tenían por seguro que, en
ese momento, estaban sucediendo cosas importan-
tes (llamada de trabajo, un suceso trágico que podría
haber afectado a un familiar, un correo que llevaba
días esperando…) de las que cuando fuese informa-
do ya no podría participar en el devenir, lo cual me
hacía sentir excluido, fuera del mundo. Estaba domi-
nado por el terror que me generaba no poder saber
de los demás y que éstos tampoco tuvieran la opor-
tunidad de saber de mí. Conforme los días avanza-
ban y la ansiedad se rebajaba cobré conciencia de
que lo que realmente era motivo de real de lamenta-
ción por mi descuido era la pérdida de oportunidades
para decir te quiero y tampoco poder escucharlo, de
MODERNIDAD DIGITAL │9
lanzar o recibir mensajes de ánimo, de no dar ni ob-
tener besos.
Hoy, en un mundo en el que mayores recursos
para el bienestar poseemos, en el que ya no es ne-
cesario recorrer largas distancias y cargar con baldes
de agua para saciar la sed, en un mundo donde para
encontrar una pieza de carne que llevarse a la boca
basta con recorrer un centenar de metros, un entorno
en el que hemos reducido al mínimo las oportunida-
des de que un depredador ponga en peligro nuestra
existencia… en este mundo, nos empeñamos en de-
finirnos más infelices que nunca. Los diagnósticos de
enfermedad por depresión van en aumento, cuatro
de cada cinco personas afirman vivir episodios de
estrés. El consumo de antidepresivos, estimulantes y
psicofármacos es la norma a seguir para ser capaces
de sobrevivir en las junglas de asfalto. El café, el té,
las bebidas azucaradas ha pasado a ser el petróleo
de nuestra civilización. Creo que ha llegado el mo-
mento de decir STOP, y plantearnos qué estamos
haciendo. Volvamos a analizar qué era lo que nos
10 │LA FELICIDAD DEL CAERNÍCOLA
hacía felices cuando lo éramos y no sabíamos que lo
estábamos siendo.
La felicidad es una emoción que experimenta-
mos en el presente, es en el aquí y en el ahora don-
de la disfrutamos. Ni el pasado ni en el futuro pode-
mos experimentar la felicidad porque ésta solo es
posible en el ahora. Sin embargo, creo que el pasado
puede ayudarnos a vivir un presente de felicidad y
por ello propongo una vuelta al origen, a los tiempos
en los que vivíamos en una cueva. Propongo recupe-
rar los pilares del estilo de vida que empleábamos en
aquella época. Abandonar, por un tiempo, el entorno
urbano y el continuo deseo de progreso económico
por un modo de vivir que apueste por una mayor in-
tensidad en nuestras relaciones afectivas, contribuya
a satisfacer nuestros impulsos de exploración y
aprendizaje, todo ello, en un cuerpo mucho más sa-
ludable y mejor preparado para combatir las enfer-
medades y contratiempos.
MODERNIDAD DIGITAL │11
Volvamos a ser cavernícolas. En la simplicidad
de su estilo de vida podemos encontrar altas dosis de
felicidad y toda ella se alberga debajo de nuestra piel,
no de la piel hacia fuera. Continuamente nos llegan
mensajes sobre una felicidad que se forja de la piel
hacia fuera: riendo, pasándolo bien, acudiendo a lu-
gares y recurriendo a remedios que prometen una
diversión de la que hay que hacer continua ostenta-
ción. Las redes sociales están pobladas de fotograf-
ías que muestran estos momentos donde la mayoría
se esfuerza en mostrar su felicidad pues nadie quiere
mostrarse infeliz a ojos de los demás. Nadie quiere
labrarse una reputación de persona deprimida, amar-
gada y triste. Este deseo fomenta el consumo de es-
timulantes en sus diferentes formas del que hablá-
bamos antes. Nos rodea la exhibición continua de
una felicidad digitalizada medida por las pulgadas de
la pantalla en la que contemplar la felicidad digital de
los demás.
Para adoptar al estilo de vida cavernícola no es
necesario abandonar nuestros hogares ni despoblar
12 │LA FELICIDAD DEL CAERNÍCOLA
las ciudades para ir en búsqueda de cuevas en en-
tornos escarpados próximos a un arroyo, no es si-
quiera necesario apagar ni desconectar nuestros
teléfonos, ni tampoco hay que cancelar el contrato
con nuestro operador de telefonía. No estoy hablan-
do de esto. Es algo mucho más sencillo, basta recu-
perar los que los siete elementos sobre los que la vi-
da de estos hombres de la caverna se sustentaban y
que pueden seguir siéndonos muy útiles hoy en día.
Estos siete recursos o pilares sobre los que ci-
mentar la vida los tenemos a nuestro alcance ya que
son parte sustancial de la naturaleza del ser humano.
Sucede que, en muchas ocasiones, los hemos des-
cuidado, hemos dejado de utilizarlos y los hemos
sustituido por otros que consideramos necesarios
(acumulación de riqueza, reconocimiento, éxito social
y laboral, adecuación a una imagen lindante a la per-
fección y ausente de defectos) porque son capaces
de estimular nuestros deseos pero terminan por ge-
nerarnos altos niveles de malestar y frustración. Por
ello, volvamos al origen. Volvamos a ese modo de
MODERNIDAD DIGITAL │13
vivir que construimos alrededor de un fuego y del ca-
lor que de él emana. Retornemos allá.
Para emprender este viaje no hace falta despo-
jarse de nuestras ropas ni que caminemos desnudos
o apenas cubiertos con unas pieles, ni siquiera es
necesario descalzarse, sólo es necesario vencer el
pudor de reconocer que hay una parte primitiva en
cada uno de nosotros, algo primario que nos mueve y
que nos reporta mucha satisfacción cuando, sin fisu-
ras, sin tapujos, sin máscaras, nos relacionamos li-
bremente con nuestros semejantes y con el medio en
el que nos movemos.



1
HABLAR SIN EMOTICONOS

Hace aproximadamente cuarenta mil años sa-
limos de África. Utilizamos como ruta de salida Orien-
te Medio y, mientras unos decidieron continuar su
camino hacia el este otros arribaron a Europa. Al lle-
gar al viejo continente nos encontramos con una po-
blación que había llegado mucho antes que nosotros.
Se trataba de unos tipos con una fuerza tal que pa-
recían verdaderos colosos: los neandertales. Con
ellos convivimos en algunos momentos, en otros
competimos por la caza y por hacernos con los mejo-
res asentamientos. Esta historia de lucha y alianzas
se alargó durante cinco mil años, hasta que con el
comienzo de la última glaciación los neandertales se
extinguieron mientras contemplaban el continente
africano desde Gibraltar anhelando volver a sus pro-
pias raíces.
HABLAR SIN EMOTICONOS │ 15

La pregunta que se plantea es ¿qué provocó
que una especie formada por individuos más robus-
tos y fuertes físicamente, dotados con un cerebro de
mayor tamaño que el nuestro desapareciese? La
respuesta la encontramos en la capacidad simbólica
del homo sapiens, en el uso continuo de símbolos:
las pinturas con las que colorear el cuerpo y el rostro,
el uso de adornos que posteriormente transformamos
en otras símbolos como el uso color blanco para las
bodas, el pez para identificarse como cristiano, etc.
El neandertal era incapaz de construir simbologías,
sin embargo, nuestra especie hizo del uso de símbo-
los algo consustancial a nuestra especie: palabras,
banderas, prendas, pinturas, collares… que utiliza-
mos no sólo para identificarnos con los miembros de
nuestro grupo, sino también como vía de acerca-
miento hacia otros grupos lo que nos ha permitido
establecer relaciones de cooperación y alianzas con
quienes compartimos el uso y significado de esos
símbolos.
16 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

El uso de la capacidad simbólica que hace tan-
to tiempo se nos permitió sobrevivir y acercarnos
unos a otros, hoy también nos aleja. Nos ponemos
las camisetas con los colores de nuestro equipo por-
que eso significa algo, al mismo tiempo que me une a
muchos me enfrenta a otros tantos, nos vestimos con
prendas cargadas de símbolos, buscamos continua-
mente a nuestro alrededor la presencia de una sim-
bología que unos aproxima al tiempo que nos separa
de los otros.
El símbolo estrella del hoy es el uso de la tec-
nología digital, nos permite interactuar con muchos
mediante el uso de brevísimos mensajes, repletos de
palabras ilegibles y símbolos que describen estados
de ánimo, elaborados en apenas un minuto. Ese
mensaje tiene como propósito describir a un gran
número de personas, digamos a modo de ejemplo
que va destinado a cien personas, cómo nos encon-
tramos, lanzar una opinión o trasladar una idea. Es-
timando que hemos tardado en pensarlo y escribirlo
aproximadamente tres minutos, le habremos dedica-
HABLAR SIN EMOTICONOS │ 17

do a cado una de las personas a las que va dirigido
un segundo y ocho décimas. Un segundo y ocho
décimas es para mí, teniendo en cuenta que nuestro
tiempo es un recurso muy valioso ya que es limitado,
todo el valor que hoy ha tenido mi relación con esas
personas haciendo uso de las herramientas digitales:
apenas dos segundos de mi tiempo. Sustituimos el
tiempo y el contacto cara a cara por el uso de unos
emoticonos que intentan reflejar una emoción en una
cara que no es la mía, es más, que no es la de nadie
porque niego, sea por la razón que fuere, la posibili-
dad de vernos sin la mediación de una pantalla.
Volvamos la vista atrás y entremos en la cueva,
en el hogar de nuestros antepasados. ¿Qué es lo
primero que encontramos allí? Una abertura que nos
da acceso a una zona oscura en la que desconoce-
mos qué podemos encontrar. Para poder explorarla y
ver si es un lugar adecuado necesitamos una llama
que nos ilumine y un fuego que nos caliente la estan-
cia si decidimos quedarnos a vivir allí. Una vez que
nos hemos acomodado y el fuego está prendido qué
18 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

es lo que nuestros antepasados hacían en la cueva:
hablar. Ellos utilizaban el hecho de sentarse en torno
al fuego para hablar acerca de lo que les había pa-
sado a lo largo del día, para intercambiar informacio-
nes acerca de dónde alguien había visto un animal al
que poder dar caza, dónde estaban las frutas y raí-
ces más apetecibles, la zona del río en la que poder
darse un agradable chapuzón y obtener pescado…
En torno al fuego hablamos y empezamos a vi-
vir una parte nueva del día, aquella en la que nos re-
uníamos con los demás para contarles lo que nos
había sucedido y escuchar lo que les había sucedido
a ellos. De este modo los días se hicieron más largos
y más entretenidos, ya el día no era sólo esa parte en
la que el sol estaba en lo alto iluminando la sabana y
nos pasaban cosas, sino que conquistamos la noche
y con ella comenzamos a ganarle tiempo a la natura-
leza para poder contarles a los otros los que nos hab-
ía sucedido o para tratar de explicar lo inexplicable.
Surgían así los mitos, las leyendas, los relatos, en
HABLAR SIN EMOTICONOS │ 19

definitiva, se ponían los posos para la cultura, el co-
nocimiento y el arte.
La comunidad, el grupo de personas con las
que nos relacionamos, son fundamentales para el
bienestar de cada persona. Los dágara, una tribu
africana situada en lo que hoy conocemos como Bur-
kina Faso, mantienen un rito ancestral para de solu-
cionar los problemas. Para ellos no existen los pro-
blemas privados. Todos los problemas, tanto los co-
lectivos como los personales, incluidos los de pareja,
se resuelven en el seno de la comunidad y con la
participación de todos sus componentes. Consideran
que la existencia de un problema personal es un
síntoma de que la colectividad no funciona adecua-
damente. El grupo, en torno a un círculo de cenizas,
se reúne para profundizar en el problema de esa per-
sona. Con ello descubren que lo que le perturba a
ese individuo es un problema social ya que afecta a
los sentimientos de todos. Los dágara situados alre-
dedor del círculo de cenizas, en el que la persona
que padece el problema se ha ubicado en el centro,
20 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

hablan, debaten y profundizan en el asunto para que,
desde la distancia que aporta la visión grupal, ser ca-
paces de comprender el origen del problema y en-
contrar la solución más adecuada. Cada uno de los
asistentes a este ritual preguntan, uno a uno, qué le
sucede para conocer en profundidad el motivo que
les ha reunido. De este modo, haciendo un análisis
exhaustivo de un problema individual, tratan de movi-
lizar las relaciones de todos los presentes con los
demás en la dirección adecuada, contribuyendo al
mismo tiempo a aumentar el grado de apertura y la
receptividad sentimental de todos los asistentes y,
por consiguiente, de toda la comunidad.
Recuperar espacios de diálogo en los que po-
der hablar, intercambiar impresiones y escuchar al
otro es algo que mientras permanecimos en las ca-
vernas hicimos constantemente. Estas conversacio-
nes nos servían para entender la vida y descubrir que
no sólo somos un yo sino que hay un nosotros del
que formamos parte. Para poder construir el nosotros
y formar parte de establecimos como requisito el es-
HABLAR SIN EMOTICONOS │ 21

fuerzo de comunicarse, de hablar con unos y otros,
continuamente, constantemente. Hoy, con todos los
recursos para la comunicación que tenemos a nues-
tro alcance: teléfonos inteligentes, pantallas de tele-
visión por doquier, ordenadores que nos dan acceso
a una red de comunicación que ofrece la posibilidad
de hablar con una persona por muy lejos que se en-
cuentre, es cuando menos lo hacemos.
Rellenamos de contenido las redes sociales
con información de nosotros mismos y de nuestras
vidas, pero lo hacemos desde una perspectiva
egocéntrica: mostrar a los demás lo que hacemos o
manifestar nuestra opinión, pero no con el afán de
dar lugar a un intercambio sincero, sino simplemente
en búsqueda de aprobación. No buscamos diálogo y
mucho menos la construcción de un nosotros, sino
aumentar la separación, hablamos desde un narrador
(yo) que lanza una información a una audiencia (vo-
sotros), para que interactué con ella (información) y
no conmigo (yo). Las distancias en vez de reducirse,
por el contrario, se ven acrecentadas.
22 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

En el recién estrenado siglo XXI hemos dejado
de buscar y encontrar al otro, dialogar con él para,
juntos, tratar de comprender la vida. Con las redes
sociales simplemente buscamos su aprobación, me-
dida por la retroalimentación recibida a través de sus
interacciones en forma de “Me gusta” o “Retweet” pa-
ra experimentar la felicidad digital: la inyección de au-
toestima que nos crea la sensación de bienestar y
serenidad de que pertenecemos a algo que sólo exis-
te de forma simbólica. Esta búsqueda de la felicidad
digital provoca la pérdida de honestidad con uno
mismo porque queremos reducir el miedo a vernos
aislados y por ello compartimos nuestra vida cotidia-
na en las redes sociales. Nos esforzamos por pre-
sentar una imagen embellecida: evitamos incluir foto-
grafías en las que no salimos muy agraciados, for-
zamos posturas y gestos para parecer más atracti-
vos, hacemos alarde de estar continuamente vivimos
estados emocionales positivos o situaciones que ine-
vitablemente conducen a ellos. Ocultamos una parte
de nuestra vida y de nosotros mismos, los sucesos
HABLAR SIN EMOTICONOS │ 23

desagradables y nuestros defectos, para obtener el
amor y reconocimiento de los demás, es decir, la
percepción de que existe una conexión emocional
entre nosotros.
Es tal el deseo de conexión y el bienestar que
nos produce sentirlo que estamos deseos de experi-
mentarlo en cualquier momento. Por eso hemos po-
blado nuestros espacios vitales de las herramientas
que nos permitan volver a vivir la percepción de co-
nexión. Ordenadores, teléfonos. Televisores, conso-
las, tablets… se han apropiado de todos nuestros
espacios, incluidos los más íntimos como nuestra
cama o el cuarto de baño. Renunciar al sentimiento
de pertenencia es muy doloroso y por ello nos nega-
mos a perder la posibilidad de satisfacer esta necesi-
dad cuando la tenemos al alcance de la mano, más
aún cuando nuestro modo de vida fomenta la viven-
cia de la soledad: largas jornadas de trabajo que difi-
cultan los encuentros sociales, mayores distancias
físicas entre unos y otros con la extensión del trazado
urbano y la proliferación de espacios residenciales
24 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

periféricos, y la prevalencia de una oferta de ocio que
prima el disfrute individual y penaliza el colectivo. An-
te esta tendencia a la reclusión en el propio en sí
mismo el entorno digital nos provee de manera inme-
diata de la certeza de pertenecer sea cual sea la hora
del día en la que la anhelemos.
En contraposición, el modo de vida cavernícola,
un lugar también repleto de símbolos, hace uso del
fuego como un espacio real de encuentro, donde
construir cultura, adquirir conocimiento, fomentar el
aprendizaje y relacionarnos, en la que la presencia
del otro y el contacto cara a cara es el fundamento de
su vida social. No mediante una pantalla, sino con su
presencia física, su cercanía, lo que ayuda a apren-
der sus claves de comunicación sin tener que recurrir
para ello al uso de emoticonos sino, simplemente,
con una mirada atenta a la expresión de su rostro y al
discurso de su cuerpo. Sin esta presencia no sería-
mos quien somos, parece que no nos damos cuenta
y pasamos por alto su importancia.
HABLAR SIN EMOTICONOS │ 25

El hombre cavernícola era un ser empático. Su
manejo de la empatía es uno de sus mayores lega-
dos, su esfuerzo para tratar de entender a sus seme-
jantes nos ha ayudado a sobrevivir como especie
hasta nuestros días. Atendiendo a lo que los otros
decían y callaban, escuchando, prestando atención a
su lenguaje no verbal comenzamos a entender las
intenciones de los demás, sus preocupaciones y sus
deseos. Hablar con los otros y escucharles nos ayu-
da a ser más capaces y estar mejor preparados. En
definitiva, nos hace mejores. Dejemos un poco de
lado ese afán sólo por enfatizar una parte de la vida,
la dedicada hablar y a narrar nuestra propia historia y
pongamos atención a las historias de los demás.
Dejémonos seducir por ellas y las ensoñaciones que
nos provocan. Escuchemos y atendamos a quien te-
nemos a nuestro lado, a quienes podemos acariciar
con sólo estirar el brazo, sin descuidar a los que
están lejos.

2
SIN AMIGOS EN FACEBOOK

Somos más de siete mil millones de personas
habitando el planeta. Después de China e India el
tercer país más poblado del mundo es un país que
no tiene playas, no tiene montañas, ni siquiera tiene
vegetación, no hay un río que le surta de agua y, sin
embargo, más de mil millones de personas habitan
en él. Es un país virtual llamado Facebook. Increíble
pero cierto. Nos lanzamos a querer vivir en un país
sin tierra donde no podemos encontrarnos cara a ca-
ra con el otro, donde no podemos tocarnos, donde no
hay agua que beber ni en la que bañarse, no hay sol
ni luna, cielo ni estrellas. Aún así nos adentramos en
él buscando hacer uso de un altavoz y alcanzar el
éxito dentro de él para que nos sirva de sustento fue-
ra de sus fronteras digitales. Recurrimos como
termómetro del éxito en este mundo virtual a la longi-
SIN AMIGOS EN FACEBOOK │ 27

tud de su lista de amigos o a su número de seguido-
res. Amigos y seguidores adoptan un valor simbólico
como sinónimos de afecto y admiración recibida por
alguien con quien no se tiene contacto y con quienes,
fuera de ese espacio virtual, no tendríamos posibili-
dad de establecer un vínculo estrecho y sincero con
cada uno de ellos. Por cada amigo más considera-
mos que la reputación aumenta, creemos ser impor-
tantes y que los mensajes lanzados son valiosos. El
hombre y la mujer cavernícola nos enseñan otra co-
sa, pues ellos carecían de este entorno digital y, sin
embargo, edificaron el sostén de la vida social y
afectiva que hasta hace dos décadas conformaban
nuestro cotidiano.
Vivimos en un mundo social, repleto de relacio-
nes con los otros para la organización del grupo. Nos
enfrentamos al mundo y al medio a través del grupo
mediante los símbolos y jerarquías que compartimos
para así trascender el entorno natural y sus limitacio-
nes. Tal es el nivel de desarrollo que hemos alcanza-
do como especie que ya nos relacionamos en entor-
28│ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

nos virtuales, lugares que existen pero que son o no
son en función de si se está en posesión de un dis-
positivo y de una conexión a internet. Hasta hace
unos años el vehículo de conexión con los demás era
un Dios, la oración y el seguimiento de unas doctri-
nas religiosas. Actualmente, una conexión a internet
y un dispositivo electrónico nos dan la oportunidad de
conectar con los demás a cambio de un menor es-
fuerzo y una mayor tasa de éxito de lo que hasta no
hace mucho tiempo representaba acudir a la iglesia y
seguir un conjunto de mandatos religiosos.
La religión ha sido utilizada como un vehículo
de integración y solidaridad. La propia palabra reli-
gión, cuyo origen es el término latino religare, en su
raíz significa reunir. La religión es una comunidad
creada para ayudar al individuo para prepararse para
la vida y el entorno. En esta comunidad dios ocupa el
lugar central desempeñando el papel de conector en-
lazando a los miembros de la red, es decir, conecta a
una persona con las demás. Dios ha sido el recurso
que permitía unir a unos con otros sin distinciones de
SIN AMIGOS EN FACEBOOK │ 29

edad, sexo o lugar de nacimiento, nos permitía tener
la sensación de poseer un vínculo con nuestros se-
mejantes. La creencia en dios es una construcción
que hemos realizado para estar en contacto con los
demás, especialmente con aquellos que están lejos o
que ya no está. Dios y la religión han sido un recurso
para combatir la soledad y el sentimiento de aisla-
miento. Las guerras que a lo largo de la historia y
que aún hoy se producen cuando un grupo de pobla-
ción apela al nombre de un dios nos es más que el
reflejo de su deseo de expandir su red social y poner
fin a su aislamiento, pues cuanto más aislados nos
sentimos mayor es el fervor religioso, a la vez que el
poder religioso no quiere verse privado de su papel
de conector. Este papel de dios y los líderes religio-
sos es desempeñado por las redes sociales digitales
y es que en ellas tenemos la posibilidad de recurrir a
un número ilimitado de conectores que posibilitan los
encuentros que, hasta su aparición creíamos imposi-
bles.
30│ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

Dudo de la utilidad de tener cuatrocientos ami-
gos porque, siendo honestos con nosotros mismos,
hemos de tener en cuenta nuestras limitaciones co-
mo seres humanos. Es imposible establecer relacio-
nes de confianza sincera con un número tan elevado
de personas. Estamos preparados para establecer
verdaderas relaciones de confianza y conectar con
afectividad sincera con un número de personas mu-
cho más reducido: de veinte a treinta y cinco perso-
nas. Podemos acumular cientos de amigos en las re-
des sociales, un sinfín de conocidos repartidos por
todo el planeta, pero si somos sinceros con nosotros
mismos, las relaciones francas, sólidas y genuinas
las fraguamos con un número reducido de personas.
Tener claro este legado y esta limitación nos ayudará
a evitar muchos quebraderos de cabeza y a disfrutar
más de quienes tenemos y sentimos cerca.
Las digitalización de las relaciones nos llevan a
la infelicidad, a la insatisfacción, pues en el entorno
digital no podemos conectar con nuestros afectos por
lo que no sabemos lo que sentimos. En las relacio-
SIN AMIGOS EN FACEBOOK │ 31

nes digitales se intenta mostrar lo que uno cree sen-
tir o quiere hacer creer que siente y la intensidad de
ese sentimiento quedará medida por el número de
feedback recibido. Los sentimientos, emociones y
afectos son trasladados a entornos virtuales dando
lugar a una identidad digital en el que la identidad
personal no sabe lo que siente y, por ello, no puede
llegar a saber lo que quiere.
Una de las claves de nuestra supervivencia es-
triba en nuestra capacidad para establecer relaciones
afectivas y de confianza sincera con los demás. Sa-
ber que podemos contar con alguien que nos brin-
dará su ayuda cuando lo necesitemos y que se trata
de algo recíproco, de que podemos hacerle partícipe
de lo que sentimos, sin ocultamientos. Para poder
labrar esta relación es necesario para el cavernícola
mantener contactos frecuentes y continuados en el
tiempo en los que poder compartir experiencias, re-
compensas (en forma de carne de caza), aciertos (a
la hora de poner en práctica nuevas estrategias de
caza) o errores (a la hora de elaborar los útiles para
32│ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

la caza o elegir una planta inadecuada). Pero tener la
percepción de que suceda lo que suceda podremos
contar con el apoyo de quien para nosotros es impor-
tante.
Con los medios actuales de comunicación y el
deseo de querer estar en contacto con muchos las
relaciones se quedan en su nivel superficial. No pro-
fundizan ni en contenido ni se les dedica el tiempo
suficiente para lograrlo arrastrados por la sociedad
de la urgencia que se mueve en pos de las recom-
pensas inmediatas. Los hombres de las cavernas nos
enseñan que lo verdaderamente importante para
construir un vínculo afectivo es el tiempo, la continui-
dad de la relación y que éste vínculo no sea algo
clandestino, sino que se viva, con el otro y a vista de
los otros, lo que auténticamente se siente. Utilizamos
Facebook, Twitter, Google+, etc, como un lugar don-
de mostrar lo que sentimos pero desde la distancia
psicológica: siento pero es una parte de lo que soy, el
valor emocional que se le dará a esta parte de mí
que te muestro dependerá de la respuesta obtenida
SIN AMIGOS EN FACEBOOK │ 33

de mis amigos o seguidores. Si la respuesta es posi-
tiva y amplia en número nos lanzaremos el mensaje
de que es una parte importante de nosotros, si la
respuesta no es la esperada negaremos, desde
nuestra identidad real, esa parte desapegada que es
la identidad digital.
Una relación afectiva sólida y sincera no se
construye de un momento al otro. La necesidad del
paso del tiempo en la construcción de afectos es algo
que hemos perdido de vista movidos por el afán de
aumentar el número de amigos digitales. Demos
nuestro tiempo y entrega a esas veinte o treinta per-
sonas a las que realmente podemos ofrecer afecto
sincero y veremos cómo nuestra felicidad aumenta.
No podemos contentar a todos. Centrando nuestra
energía y esfuerzo en unos pocos veremos cómo
nuestra sensación de bienestar aumenta de forma
exponencial. Queriendo abarcar una relación estre-
cha en lo afectivo con muchos, la desesperación
suscitada por la frustración de ver que no es posible,
solo hará que aumentar al estar sumidos en la frus-
34│ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

tración de querer tener la relación deseada con un
número tan amplio de personas.
Focalicemos nuestros esfuerzos en este núme-
ro de entre veinte y treinta personas. Esto no quiere
decir que a lo largo de nuestra vida sólo nos relacio-
nemos de forma estrecha con este número de suje-
tos en total, sino que iremos reemplazando a unos y
otros conforme vayamos trazando nuestro porvenir.
Saber esta limitación del ser humano permite estar
más tranquilo y disfrutar más de nuestros vínculos
presentes. No envidiemos a los demás porque afir-
men tener un sinfín de amigos, porque, aunque afir-
men lo contrario, todos estamos programados para
no tener una relación afectiva y de confianza sincera
con más de treinta personas. Lo habitual para el
hombre de las cavernas era mantener una relación
afectiva sincera con muy pocas personas y, pese a
que nos cueste creerlo, apenas hemos cambiado en
este sentido, por muchas tecnologías de la comuni-
cación que hayamos inventado desde que abando-
namos la cueva.
SIN AMIGOS EN FACEBOOK │ 35

Hemos hecho del teléfono móvil nuestro mejor
amigo pues creemos que él los contiene a todos. Se
ha vuelto nuestro confidente. Le hemos dejado inva-
dir nuestra casa, acompañarnos en el trabajo, hacer-
nos más llevadero el tránsito entre un lugar y otro y,
además, le hemos otorgado el poder de evitar el con-
tacto con nuestros semejantes fingiendo que habla-
mos con alguien. Con el móvil creemos prestar aten-
ción a todos cuando en realidad no atendemos a casi
nadie, creemos hacer muchas cosas cuando real-
mente no hacemos nada. Es tal su poder que le rega-
lamos nuestra primera interacción por la mañana y la
última por la noche. Es más, mantenemos una rela-
ción sexual y, nada más terminar, consultamos el
móvil en una clara evidencia de quien se desea tener
al lado. Con el móvil y sus aplicaciones sociales bus-
camos mostrarle lo que sentimos a los que no están
a la vez que se lo negamos a los que se quedaron.

3
SOBREVIVIR SIN APP’s

El smartphone, el ordenador y la tablet se han
convertido en una extensión más de nuestro cuerpo.
Son una prótesis pero no lo son de nuestras manos,
sino del cerebro. Hacemos uso de estas herramien-
tas y de su capacidad para almacenar información
para ser más inteligentes y tener una mayor capaci-
dad de adaptación a un entorno y un yo que muta
con frecuencia. Los dispositivos inteligentes posibili-
tan aumentar nuestra capacidad cerebral para alma-
cenar y procesar información y por ello los acarrea-
mos con nosotros a todas partes. Nos proveen de
respuestas a los que nos rodea pues, haciendo uso
de la memoria transactiva, nos permiten resolver
problemas cotidianos.
La memoria transactiva es la memoria que hace
referencia a los datos, informaciones y recuerdos al-
SOBREVIVIR SIN APPS │37

macenados fuera de nuestro cerebro ya sea en un
disco duro, una agenda, un bloc de notas o en el ce-
rebro de otra persona como ocurre, por ejemplo,
puede ser la mujer que recuerda la fecha de la cita
con el médico de su esposo y éste cuando le recuer-
da la fecha en la que su vehículo debe pasar la
próxima revisión. Esta memoria no sólo la aplicamos
en un entorno familiar sino que el mundo laboral y
social está presente. Hay personas a las que consi-
deramos responsables de saber según qué cosas, al
igual que uno mismo lo es de saber otras.
La práctica del conocimiento transactivo contri-
buye a la especialización del individuo a que dedique
su energía cerebral, su tiempo y su aprendizaje en
desarrollar y potenciar sus habilidades, al igual que
ayuda a que el otro desarrolle las suyas. Conectar
con el otro y su memoria ayuda a resolver con mayor
rapidez problemas y adoptar soluciones óptimas. An-
tes recurríamos al saber de una madre para preparar
una comida, hoy recurrimos al conocimiento compar-
tido en internet al que tenemos acceso a través de
38 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

nuestro smartphone, lo que sucede es que en este
medio no tenemos la certeza desde el comienzo de
que el conocimiento al que recurrimos para resolverlo
sea el más adecuado al no poseer la garantía del co-
nocimiento profundo del otro.
Buscamos explicaciones a las cosas que suce-
den y soluciones a los problemas a los que hemos de
enfrentarnos. Se trata de algo consustancial ser
humano. Desde que nos reunimos en la caverna en
torno al calor del fuego con la compañía de los otros
hemos intentado dar respuesta a los enigmas de lo
que acontece a nuestro alrededor. Nos hemos lanza-
do muchas preguntas, hemos teorizado infinidad de
respuestas que, según ha ido avanzando el conoci-
miento, se han vuelto más precisas. Sucede que las
justificaciones que vamos encontrando a todo lo que
acontece parecen apuntar en una dirección y tener
un único protagonista y responsable: el ser humano.
Con el egoísmo y egocentrismo que nos
hemos afanado en cultivar, situando al ser humano
SOBREVIVIR SIN APPS │39

en el centro de todo, termina por resultar que, al final,
todo aquello que acaece acaba siendo responsabili-
dad de uno mismo. El cambio climático culpa mía
porque no reciclo lo suficiente, la crisis financiera es
culpa mía porque soy un avaro, la elevada tasa de
desempleo es culpa mía porque no quiero trabajar y
cuando lo hago no lo hago lo suficientemente bien,
que mi pareja me abandone es culpa mía porque
tengo un carácter que no hay quien me soporte, que
pierda mi equipo favorito es culpa mía porque no me
puse la camiseta de la suerte o porque no los animé
con la intensidad suficiente…
Nos sobrecargamos de responsabilidades en
torno a lo que acontece a nuestro alrededor y bus-
camos ansiosos aplicaciones en nuestros teléfonos
que nos provean de respuestas. Creemos tener más
capacidad de control en torno a lo que sucede de la
que realmente es. Nos creemos superhombres y no
lo somos. Nuestros antepasados de las cavernas lo
sabían y por eso se liberaban de responsabilidades
acerca de lo que sucedía que no le correspondía
40 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

asumir. Si de repente una lluvia fuerte desbordaba
los ríos no se culpaban por haber encendido dema-
siado fuerte una hoguera, si una partida de caza re-
gresaba con las manos vacías se decía que el animal
era más rápido o más inteligente, si uno de nuestros
hijos moría al poco de nacer se afirmaba que esa era
la voluntad de los dioses primeros. La manera de ex-
plicarnos el mundo y entender la vida estaba en que
la responsabilidad en torno a lo que sucedía estaba
fuera de uno. Tenían la certeza de encontrarse con
situaciones que no eran capaces de controlar. La
carga que transportaban sobre sus hombros era mu-
cho más liviana.
Esta forma de entender la vida no implica que
uno se deje arrastrar y llevar por la desidia y la indo-
lencia. Ni mucho menos. El hombre de la caverna
sabía perfectamente que gran parte de lo que era
capaz de obtener dependía de su propio ingenio y de
las conductas que ponía en práctica. No se acomo-
daba, pero era capaz de asumir sus propias limita-
ciones y convivir con ellas. Sabía perfectamente que
SOBREVIVIR SIN APPS │41

había tareas y logros que no podía alcanzar porque
no poseía la capacidad ni los recursos suficientes pa-
ra lograrlo. Hoy cultivamos el sentimiento de que si
hay algo que no somos capaces de conseguir o de
lograr en pos de este dios del nuevo milenio que es
el éxito es porque somos inferiores, de esos que
según Darwin acabarán extinguidos víctimas de una
genética inadecuada. Aceptar este axioma es sem-
brar la semilla de nuestra destrucción.
Seamos realistas y expliquémonos el mundo
con honestidad y franqueza. Si todos perseguimos el
éxito, ser los números uno debemos ser conscientes
de que no es posible para todos. Es una manera
cuestión matemática. Caemos una y otra vez en el
error de que tenemos la capacidad de influir en nues-
tro porvenir y en nuestro destino de una forma muy
por encima de lo que los cálculos probabilísticos nos
asignan. Creemos que si no nos toca la lotería es
porque no jugamos lo suficiente o porque no pasa-
mos el boleto por la chepa del jorobado. Dejemos de
una vez por todas de asumir unas cargas que no son
42 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

las nuestras y relativicemos nuestro grado de res-
ponsabilidad en lo que ocurre. Defiendo la postura
que adoptaba el personaje televisivo Steve Urkel con
su famoso “¿he sido yo?” que le liberaba de gran par-
te de la responsabilidad, si bien es cierto que él se
encargaba de ser el detonante final de una situación
catastrófica. Catástrofe que no se habría desatado
sin la intervención y acción previa de otros que, tam-
bién, han de asumir su cuota de responsabilidad en
lo acontecido.
Concibamos el mundo con honestidad haciendo
uso de nuestra capacidad para hablar y dialogar con
los demás, así como de las conexiones afectivas con
los demás. Si cuando nuestra pareja aparece por la
puerta de casa, después de una larga jornada laboral
y lo hace de mal humor, no le digamos que tiene un
carácter muy difícil y muy poca paciencia, digámosle
simplemente que ha debido tener un día muy difícil
en el trabajo. Le estaremos liberando de una carga
que no tiene por qué asumir y le estaremos acercan-
SOBREVIVIR SIN APPS │43

do a esa forma de ser de las cavernas que tan felices
puede hacernos.

4
CAMBIA DE COMPAÑÍA
Y DE MÓVIL

“Todo cambia, nada permanece” Este axioma
de Heráclito, pensador griego, ha ido de la mano con
el ser humano desde el Paleolítico. Nuestra historia
como humanos es una historia de cambio, de explo-
ración, una búsqueda constante. En cada uno de no-
sotros aflora un instinto y una pulsión por el descu-
brimiento, por conocernos y trascender nuestros pro-
pios límites. Para ello hay que salir de la comodidad.
Nuestros antepasados hacían un ejercicio continuo
de adaptación al medio, de flexibilidad, no eran rígi-
dos sino que se acomodaban a las exigencias de un
entorno que cada poco tiempo cambiaba puesto que
tenían que estar siempre listos para emprender un
nuevo camino en busca de alimento.
CAMBIA DE COMPAÑÍA │45

El cambio es evolución, es crecimiento. Aco-
modarse a una situación por temor a la incertidumbre
acerca de lo que podrá suceder va en contra de
nuestra propia naturaleza. Continuamente cambia-
mos, basta sólo con mirarnos a nosotros mismos,
nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y descubri-
remos que no somos los mismos que tiempo atrás.
Cambiamos, de manera gradual, casi imperceptible,
pero irremediablemente lo hacemos. Y de la misma
manera que cada uno de nosotros cambia el medio
ambiente en el que nos movemos también lo hace.
Hemos de ser conscientes de esto para reajustarnos
de cara a maximizar nuestras posibilidades de super-
vivencia y mantener un alto nivel de felicidad. No po-
demos ser siempre felices de la misma manera, para
cada momento y etapa de nuestra vida, le corres-
ponde una ruta hacia la felicidad.
No podemos obviar que estar preparados para
el cambio es necesario. Aparecen nuevas normas,
nuestra salud no es estable, las creencias se modifi-
can, se producen avances tecnológicos… y ante to-
46 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

do estas fuentes de cambio tenemos que estar pre-
parados para ajustarnos. Hemos de ser flexibles y
evitar la rigidez. Ser excesivamente rígidos como lo
es el cristal nos hace fácilmente vulnerables y que-
bradizos. Como gentes procedentes de las cuevas
hemos de tener predisposición para la migración. No
sólo entendida como un cambio de escenario sino
algo que va más allá, no tiene por qué ser necesario
cambiar el escenario, pero sí la actitud y las estrate-
gias que empleamos para desenvolvernos en él. Pa-
ra ello hemos de estar en un aprendizaje continuo, no
limitarlo a un número de conocimientos y destrezas
adquiridos tiempo atrás, sino que éstos deben some-
terse a continua revisión para ver si siguen siendo
adecuados o se están quedando obsoletos. De nada
sirve emplear una estrategia de caza y unas armas
empleadas para cazar leones si ahora nos enfrenta-
mos a un mamut. La experiencia empleada con el
primero nos servirá para el segundo pero no todo
será extrapolable, ya que se necesitará un mayor
empleo de la fuerza, armas más robustas, una táctica
CAMBIA DE COMPAÑÍA │47

de caza un grupo distinta porque ya no estamos en la
sabana sino en entornos más fríos y ásperos.
Los hombres de las cavernas tenían un alto ni-
vel de resilencia, es decir, tenían una elevada capa-
cidad para hacer frente a situaciones trágicas y dolo-
rosas. Nuestros antepasados convivían con la muerte
y la enfermedad de forma continuada, debían aban-
donar lugares en los que comenzaban a echar raíces
y, pese a todo, fueron capaces de sobrevivir. Esta-
mos preparados para sobrevivir y sobreponernos a
cualquier situación, por dura que esta sea siempre
que tengamos un propósito, un fin, motivo por el cual
seguir adelante. Si no cambiamos nos extinguimos,
morimos, desaparecemos, caemos en el olvido. El
deseo de cambio, la movilidad, la migración nos ayu-
da a superar la endogamia (dependencia de los re-
cursos del propio grupo) y disponer de respuestas
más variadas así como los recursos de los que valer-
nos. Cambiar, por tanto, es un buena estrategia para
vivir más y mejor.
48 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

Cambiar nos ayuda a crecer, a trascendernos y
a explorar nuestros límites y áreas de nosotros mis-
mos que desconocíamos. Qué habría sido de noso-
tros si nadie hubiese decidido abandonar la sabana
africana, si a nadie le hubiese dado por explorar otros
territorios, de golpear dos piedras para hacer cuchi-
llos y cómo a partir de ello descubrir que era posible
hacer fuego. Nada de eso habría sido posible sin la
voluntad de cambio, de abandonar el calor de la sa-
bana y vivir en el frío de las montañas. La premisa
del cambio que se nos ofrece como aprendizaje es
que aunque uno sepa hacer lo que está haciendo,
por increíble que pueda parecernos, ¡puede hacer
otras cosas!
Nuestro deseo de cambio existe si tenemos la
necesidad de hacerlo. En el Paleolítico esta necesi-
dad la pautaba la escasez de alimento que obligaba
a buscarlos en otras regiones aún por explorar. Para
poder hacerlo había que confiar en que uno aguan-
taría el viaje y estaba preparado para el tránsito así
como confiar en que los demás también lo estarían,
CAMBIA DE COMPAÑÍA │49

que unos y otros se apoyarían y se dejarían ayudar
durante todo el viaje. No se trataba de un camino
fácil había que ser muy pacientes y saber lidiar con el
dolor y el sufrimiento que traerían consigo momentos
complicados e inevitables pero necesarios. Perseve-
rar y ser constantes en la utilidad del viaje emprendi-
do, tener presente que el cambio es necesario es lo
que ha permitido al ser humano llegar a alcanzar lo
que hoy somos.
El hombre cavernícola nos dejó un legado muy
valioso para ser capaces de afrontar el cambio. Nos
mostró que no seamos rígidos y caigamos en la so-
breprotección de uno mismo y de los suyos, hay que
ser flexibles es la mejor opción para conseguir lo que
uno quiere pues tanto uno como su entorno cambian
y quien esté dispuesto a hacerlo terminará por des-
aparecer. Por eso es necesario aprender, imitar lo
que otros hacen y les funciona, así es como cons-
truimos la cultura que es el mejor medio para sobre-
vivir, sin cultura no evolucionamos.
5
MOVIMIENTO ES VIDA

El sedentarismo nos destruye, hemos pasado el
95% de nuestra historia como especie siendo nóma-
das. El cuerpo humano está diseñado para el movi-
miento, el movimiento es su vida. Sin embargo, hoy,
más que nunca pasamos muchas horas sentados de-
lante de las pantallas. Necesitamos del ejercicio físi-
co para que nuestro organismo experimente la vida.
Nuestros antepasados caminaban en pos de alimen-
to, corrían bien para escapar de un depredador o
bien para apresarlo, saltaban, trepaban, reptaban.
Hoy, excepto cuando somos niños, nos hemos olvi-
dado de hacerlo. En vez de practicantes de ejercicio
nos hemos convertido en sus espectadores y deja-
mos que sean unos pocos quienes lo hagan mientras
asumimos el papel de jueces de su desempeño. Pre-
ferimos permanecer sentados al volante o en el sofá
MOVIMIENTO ES VIDA │51

frente al televisor aunque sepamos que es atentamos
contra nuestro propio cuerpo al darle un descanso
que no se ha ganado, negándole una actividad que le
contribuye a potenciar el sistema inmune, mejora la
concentración, combate la depresión y la demencia,
e incluso previene del cáncer, el alzheimer y la diabe-
tes.
Una hora de ejercicio físico diaria es suficiente
para ser más felices. No digo que nos lancemos to-
dos a la calle a correr maratones, sino que, cada
cual, en base a sus posibilidades tenga la voluntad y
la constancia de hacer ejercicio. Un pequeño ejerci-
cio que podemos hacer es abandonar el hábito de
utilizar el coche para ir al trabajo, nos negamos la
posibilidad de cumplir con esa hora de ejercicio diario
por ahorrarnos un trayecto de treinta minutos a pie y
aumentamos la probabilidad de sufrir y provocar un
accidente e incluso morir y matar por esa manía de
atender llamadas y mensajes de nuestro smartphone
mientras conducimos porque las consideramos más
importantes que la responsabilidad de la conducción.
52 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

Este mismo recorrido, hecho a pie, nos ofrece
la oportunidad no solo de mejorar nuestro estado físi-
co, sino que también nuestra vida social lo agrade-
cerá. ¿A cuántas personas saludamos mientras con-
ducimos? ¿Cuántas nos saludan? Si optamos por
realizar ese camino a pie las oportunidades de gene-
rar encuentros sociales y obtener informaciones in-
esperadas aumentarán considerablemente. Con ello
nuestras probabilidades de éxito al estar más cerca
de obtener informaciones que de otra forma nos ser-
ían negadas o nos pasarían desapercibidas.
Miles de años atrás, en estas sociedades de
cazadores-recolectores, corríamos para escapar de
depredadores o para abatir piezas de caza. Los indi-
viduos mejor preparados eran los que más piezas
cazaban y menor riesgo tenían de morir en las fauces
de un animal. Este hecho los convertía en sujetos
más atractivos dotándoles de un mayor acceso
sexual a las hembras. Hoy ocurre lo mismo, aquellos
hombres y mujeres que realizan ejercicio físico de
manera regular tienen mayores posibilidades de con-
MOVIMIENTO ES VIDA │53

seguir un empleo que quien no lo practica, así como
de tener mayor actividad sexual pues su cuerpo se
presenta como más sano y su oferta de genes es
mejor a la de quienes permanecen cómodamente
sentados. Practicar ejercicio físico, siempre y cuando
no se haga por mera vanidad y alarde, habla de los
recursos personales y mentales del individuo: resis-
tencia, constancia, perseverancia, manejo de la frus-
tración y postergación de recompensas. Capacidades
todas ellas, muy válidas en el actual mundo empresa-
rial y en el universo social en el que nos desenvol-
vemos.
Demos a la práctica regular de actividad física
la importancia que se merece. El gran salto evolutivo
de nuestra especie se produjo con el bipedismo. El
abandono de la subsistencia centrada en la copa de
los árboles por una subsistencia a ras de suelo y ci-
mentada bajo una nueva capacidad para recorrer lar-
gas distancias y emplear las manos para manejar y
construir útiles y herramientas. Gracias a que nos
lanzamos a caminar nuestro cerebro creció pro-
54 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

veyéndonos de nuestro mejor recurso para la super-
vivencia. Sentados en el sofá, al volante de nuestro
coche o frente del ordenador nos conduce a una in-
volución del funcionamiento del organismo que hace
que éste no se adapte al entorno y el estrés, la de-
presión, la fatiga crónica se conviertan en el estado
habitual de un cuerpo diseñado para vivir desde el
movimiento.
Nos llenamos de excusas y de razones para
permanecer inmóviles: falta de tiempo, no es necesa-
rio, está lloviendo, hace calor o la falta de valoración
del ejercicio como acción preventiva ante la enferme-
dad. Sobre todo porque hemos de tener que hacer
frente a un rival muy duro de vencer: la pereza. La
falta de hábito en el ejercicio nos pone ante una si-
tuación en la que, antes de hacerlo, hay que decidir
si lo hacemos o no. Si ya tenemos que hacer el es-
fuerzo de decidir y nos cuesta, cómo vamos a reali-
zar un esfuerzo aún mayor. Este ejercicio de nego-
ciación con una mismo nos agota y nos deja ancla-
dos al sillón. Hace treinta mil años no teníamos este
MOVIMIENTO ES VIDA │55

problema porque el ejercicio formaba parte de nues-
tro plan de vida. Si no hay ejercicio no hay comida
con la que alimentarse y por ende formaba parte de
una rutina diaria que no admitía dudas ni negociacio-
nes. Esta rutina del movimiento la convertía en una
orden dada a uno mismo si quería mantenerse con
vida, así ahorrándonos la agotadora batalla de pelear
con uno mismo empleábamos esa energía en nues-
tra salud física y mental.
El ejercicio físico nos muestra como personas
activas, nos devuelve resultados inmediatos, nos
asombramos de nuestra capacidad para mejorar,
muestra habilidades y capacidades que de otra ma-
nera sería muy complicado hacer visibles. El ejercicio
físico reconforta, ayuda a gestionar el estrés y es un
alarde de madurez psicológica y de actitud vital. El
ejercicio es la búsqueda continua de nuevos desafíos
de una orientación centrada en el medio y largo pla-
zo, todo un atractivo para los demás y una estrategia
que nos ayudará a aumentar nuestros niveles de feli-
cidad.


6
COME COMO TUS ANTEPASADOS

Nuestra dieta tiene repercusiones directas so-
bre nuestro estado de ánimo y en la predisposición a
mantenernos activos y a relacionarnos con el entorno
y nuestros semejantes. Las reacciones de nuestro
organismo no son similares después de consumir un
vaso de agua que una copa de whisky o un refresco,
simplemente las demandas de actividad a la que se
ve sometido es diferente. De este modo, encontra-
mos que existen alimentos como los azúcares refina-
dos, los lácteos, grasas o los carbohidratos que blo-
quean el funcionamiento de nuestro organismo,
llevándonos a estados de ira, malestar, agresividad,
cambios de humor… En definitiva, los alimentos que
consumimos determinan en gran parte nuestro esta-
do de ánimo ya que, en función de los alimentos y
COME COMO TUS ANTEPASADOS │ 57


cantidad que ingiramos, someter al organismo a epi-
sodios de estrés que pueden dar lugar a que vivamos
episodios de inestabilidad emocional.
Seguir una dieta equilibrada y variada nos ga-
rantizará estados prolongados de bienestar, de equi-
librio emocional y una mayor protección frente a las
enfermedades. Diferentes nutricionistas, antropólo-
gos, médicos y terapeutas han señalado la necesidad
de volver a una dieta centrada en el consumo de pro-
teínas y grasas, en la que la presencia de carbohidra-
tos es muy reducida, lo cual consideran como el mo-
delo óptimo de alimentación. A este modelo lo han
llamado: Paleodieta. El argumento fundamental que
defiende esta teoría es el que el seguimiento de esta
dieta es el que ha permitido al Homo Sapiens des-
arrollarse hasta lo que es hoy, pues ésta es la dieta
que hemos seguido a lo largo de más del 90% de
nuestra historia como seres humanos.
58 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA


El Paleolítico es la etapa más larga de nuestra
historia como seres humanos, extendiéndose alrede-
dor de 2,5 millones de años, en donde nuestra ali-
mentación como especie se centraba en lo que éra-
mos capaces de recolectar y cazar. No existía la
agricultura y nuestra dieta se componía de los frutos
secos, fruta, raíces y tubérculos que recolectábamos.
Tenemos la falsa idea de que la caza era el soporte
fundamental de nuestra dieta cuando en realidad nos
servíamos de los frutos, plantas o semillas que las
mujeres recolectaban. No fue hasta la aparición del
hombre de Neanderthal, que desarrolló sobremanera
el arte de la caza, y gracias a su capacidad para fa-
bricar armas y dominarlas, lo que propició un aumen-
to de la presencia de grasas en la dieta, lo cual se
reflejó en el acortamiento del tracto digestivo, en su
desarrollo físico y en el tamaño del cerebro de los
miembros de esta especie (contaba con una cerebro
mayor que el del hombre actual). Los homo sapiens
emularon la artillería de caza del Neandertal y con
COME COMO TUS ANTEPASADOS │ 59


ello pudimos valernos de esas mismas ventajas
adaptativas.
La Paleodieta lleva consigo no sólo el segui-
miento del régimen alimentario basado en proteínas y
grasas, sino que lleva consigo la adopción de un con-
junto de hábitos que con el desarrollo cultural, social,
industrial y tecnológico llevados han caído en des-
uso. Es necesario recuperar la base de la dieta de
estos nuestros antepasados: comer cuando se tiene
hambre, beber cuando se tiene sed y, sobre todo, lle-
var una dieta variada de alimentos que venía marca-
da por la estacionalidad de los mismos.
Con la llegada de la agricultura la variedad de
nuestra dieta cayó en picado, pasamos de obtener
nutrientes de fuentes muy diversas a obtenerlas de
un número más reducido de alimentos. Se extendió
el monocultivo y con ello que en un sitio sólo se co-
mía trigo, en otro arroz y en otro maíz, la calidad de
la dieta se vio mermada a cambio de que todos co-
60 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA


mieran. Nuestra dieta se empobreció y, con ello,
nuestra esperanza de vida bajó de los sesenta años
a los treinta y cinco, nuestra estatura se redujo en
diez centímetros, aparecen las caries y la obesidad, y
nos volvimos más vulnerables a las enfermedades.
Hoy hemos recuperado, con la expansión de las re-
des de transporte y distribución, la oportunidad de
tener una dieta variada, lo que ocurre es que no la
equilibramos porque teniendo al alcance una amplia
posibilidad de elección entre la oferta alimentaria,
tomamos la decisión equivocada y nos decantamos
por consumir unos pocos alimentos a lo largo de todo
el año, alimentos altamente procesados y con una
elevada carga calórica.
¿Para qué consumir alimentos que nos debili-
tan? Un consumo elevado de carbohidratos y lácteos
es desaconsejable ya que nuestro organismo puede
no estar preparado para asimilarlos: uno de cada tres
españoles es intolerante a la lactosa y nueve de cada
diez asiáticos y africanos. Estos nutrientes los hemos
COME COMO TUS ANTEPASADOS │ 61


incorporado desde hace relativamente poco a nues-
tra dieta y aún no se han producido los cambios evo-
lutivos necesarios para adaptarnos a ellos. Por ejem-
plo, con la industrialización lechera este producto y
sus derivados se han introducido en nuestros hoga-
res en apenas un siglo, cuando, hasta entonces, se
trataba de un alimento de consumo muy local por lo
que muy pocas poblaciones, como las nórdicas,
están biológicamente preparados para asimilarla. El
resto de poblaciones dejaban de consumir leche en
el mismo momento en el que se producía el destete
y, conforme íbamos creciendo, al dejar de consumir
leche el organismo deja de segregar la enzima que
permite su absorción.
El consumo de lácteos y el exceso de carbohi-
dratos provocan la hinchazón del tracto digestivo. Es-
ta inflamación degenera en una mayor propensión a
sufrir enfermedades cardiovasculares, la aparición de
cefaleas, mayor probabilidad de sufrir osteoporosis,
la experimentación de estados de ánimo desagrada-
62 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA


bles, el desarrollo de adicciones (azúcar, tabaco, al-
cohol) y una aceleración de los procesos de enveje-
cimiento. Todo causado por los cambios en los pa-
trones de consumo alimentario que hemos llevado a
cabo durante las últimas décadas que, unido al se-
dentarismo, puede inducir cambios de peso acelera-
dos que es una de los mayores peligros a los que,
mediante nuestra dieta, nos exponemos.
Nuestro cuerpo aún está programado para vivir
en la escasez y fomentar la búsqueda continua de
alimento variado. Hemos de tener presente que, al
igual que la mejor carne, el mejor ser humano, el más
sano, el más apetecible, es aquel que experimenta el
placer de correr libremente en la naturaleza y que,
después de hacerlo, se sienta alrededor de un fuego
a brasear el alimento que ha sido capaz de conse-
guir: frutas, verduras, cereales, leguminosas, frutos
secos, semillas y, de vez en cuando, carne.

7
DEJA DE TOCAR LA PANTALLA

Vivimos en el mundo del eyaculador precoz.
Queremos conseguir y vivir emociones de mucha in-
tensidad y poca duración saltando de una a otra de
forma desencadenada. Nuestros antepasados ca-
vernícolas vivían en grupos pequeños en los que to-
dos tenían relación con todos. El sexo no se centraba
en la reproducción ni en la búsqueda de placer.
Nuestros antepasados eran muy promiscuos y la infi-
delidad era habitual en sus prácticas sexuales pues
éstas tenían un propósito. El sexo era utilizado como
una fuente de creación de vínculos amorosos, de pa-
rentesco, sociales, económicos y cooperativos. A
partir de él se construye la pareja humana y el lazo
interpersonal entre macho y hembra. Nuestras con-
ductas sexuales actuales continúan reproduciendo
este modelo de conducta social sin descuidar sus fi-
64 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

nes reproductivos y su capacidad para generar pla-
cer. Mi propuesta es tener mucho sexo y si es bueno,
mejor que mejor. Esto no quiere decir que salgamos
a buscarlo fuera de nuestra actual pareja, basta con
recuperar su valor social, su capacidad para generar
intimidad y dar lugar a alianzas más sólidas.
El sexo un vehículo de interacción social y un
pilar que hace posible la formación y el mantenimien-
to de relaciones sociales. Gran parte de las frustra-
ciones sexuales del ser humano provienen de la lle-
gada de la agricultura y con ella la propiedad privada.
Es a raíz de este momento que la pareja pasa a ser
considerada un valor patrimonial. Esta apreciación de
la pareja como un valor mercantil provoca el deseo
de regular su conducta sexual y con ella sus interac-
ciones sociales, la mujer deja de tener un estatus so-
cial similar al del hombre y pasan a ser consideradas
un valor de cambio. Nuestros antepasados paleolíti-
cos consideraban el sexo como un valor social de
cada individuo y por eso, en las cavernas, no había
cuentas corrientes ni hipotecas ni stock options.
DEJA DE TOCAR LA PANTALLA │ 65

Dejemos que cada cual regule su comporta-
miento en esta área de su vida y recuperemos el
sexo como bien de intercambio social. Eso sí, con-
viene que hacer una matización, no todo el sexo tie-
ne que pasar, necesariamente, por la reproducción y
la genitalización. La sexualidad es algo más que la
mera exploración y uso de los órganos reproducto-
res. La sexualidad que contribuirá a aumentar nues-
tra felicidad cavernícola pasa por una mayor presen-
cia de contacto visual, el uso continuado del tacto, de
las caricias de la posibilidad de sentir a la otra perso-
na a través de todos nuestros sentidos.
Debemos recuperar el sentido del tacto en
nuestras relaciones pues es uno de los pilares de to-
das nuestras relaciones. Tocarnos, acariciarnos, pal-
parnos, besarnos, abrazarnos, sujetarnos… son re-
cursos de los que valernos para estar en sintonía con
los demás y son una fuente inagotable de bienestar
pues nos indica que hemos sido capaces de conectar
con otra persona y establecer un vínculo. El contacto
físico es nuestro vínculo más primario, nos da el
66 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

mensaje de que formamos parte de un mundo carga-
do de sensaciones y emociones por experimentar.
La ausencia de caricias, palabras de afecto,
besos, abrazos, privarnos de la posibilidad de sentir
el calor que otro cuerpo emana da lugar a una no
existencia. La necesidad del contacto físico es fun-
damental para nuestro bienestar y correcto desarro-
llo, quien no lo recibe es considerado invisible. La fal-
ta de contacto físico es conocida como el síndrome
de carencia afectiva o marasmo emocional. Para en-
tender la trascendencia y necesidad del contacto físi-
co basta conocer los efectos que tiene sobre un re-
cién nacido la ausencia de contacto y caricias regula-
res por parte de una madre como ocurría con niños
recién nacidos que pasaban largas temporadas hos-
pitalizados o que estaban recogidos en orfanatos. Es-
tos niños, con una crianza distante, institucionalizada
y despersonalizada mostraban retardo en su desarro-
llo, falta de expresividad emocional, escasa coordi-
nación ocular y menor capacidad mental. Esto mismo
sucede a lo largo de toda nuestra vida, al perder el
DEJA DE TOCAR LA PANTALLA │ 67

contacto físico y no poder establecer lazos afectivos
perdemos capacidad emotiva, dejamos de poner en
práctica la empatía y tenemos la percepción de vivir
una existencia ajena al mundo social que nos en-
vuelve. Detrás de una caricia se esconce algo que ca
más allá de ser un gesto sencillo y en ocasiones de-
valuado, está la esencia de todas las relaciones
humanas porque dota de existencia física a quien
participa en ellas y es un signo de comprensión del
universo emotivo que se intenta compartir.
Nuestras terminaciones nerviosas nos conectan
con el mundo exterior, nos ayudan a percibir cambios
en el entorno y sobre todo, nos da la oportunidad de
sentirnos próximos a los demás. Éstos, nuestros an-
tepasados, lo sabían y lo ponían continuamente en
práctica. Tocar y ser tocados provoca que segre-
guemos oxitocina, sustancia que invade nuestro or-
ganismo cuando estamos enamorados o mantene-
mos una relación sexual. Una caricia o un abrazo
también contribuyen a segregarla, no es necesaria la
genitalización del contacto físico para desencadenar
68 │ LA FELICIDAD DEL CAVERNÍCOLA

una sensación de bienestar y placer en el otro, basta
con abrazarle durante unos segundos, agarrarle la
mano o darle un beso.
La oxitocina en nuestro cuerpo nos aporta más
confianza en nosotros mismos y en los demás, da
lugar a comportamientos altruistas, ayuda a estable-
cer más vínculos de apego. Tocarnos, acariciarnos,
en definitiva, sentirnos nos desestresa. Si no nos to-
camos, si rehuimos el contacto físico con el otro, lo
que hacemos es inocularnos el virus de la descon-
fianza, de la competitividad extrema, de la tensión
permanente. Toda relación, con el paso del tiempo,
reduce la presencia de esta hormona. El motivo está
en que la persona con la que quisimos establecer el
vínculo ya no es la que está delante sino que ha
cambiado, ser conscientes de ese cambio nos sitúa
en un estado de shock que nos distancia. Para sorte-
ar esta nueva realidad todo lo que necesitamos es
cambiar la perspectiva de la relación, que hasta ese
momento se encontraba centrada en el presente, pa-
ra conducir las miras hacia el largo plazo y volver a
DEJA DE TOCAR LA PANTALLA │ 69

generar oxitocina y experimentar placer porque, cada
día, a través del escalofrío de una caricia, de la ilu-
sión de un nuevo encuentro, del calor de un abrazo
estaremos redescubriendo de nuevo a la persona
que tenemos a nuestro lado.
Hagamos como nuestros antepasados y recupere-
mos el hábito de tocarnos. Dediquemos más tiempo
a estimular nuestras terminaciones nerviosas, erice-
mos más a menudo el vello de nuestro cuerpo, sin-
tamos esas corrientes eléctricas que desencadena
una caricia inesperada. Toquemos menos pantallas y
más personas, exploremos menos internet y más los
cuerpos de los que nos rodean. Hagamos sentir a las
personas que nos importan que, cuando tenga o
haga frío, tenemos para darle todo el calor que nece-
sitan.
RECORDATORIO
PINTÁLO EN TU CUEVA

• Habla y escucha a los demás, te ayudará a es-
tar mejor preparado y entender lo inexplicable.
• Céntrate en unas pocas personas y vuelca to-
dos tus esfuerzos afectivos en ellas, no puedes
querer a todo el mundo ni todo el mundo te
quiere.
• Muchas de las cosas que suceden a tu alrede-
dor no son responsabilidad tuya sino que su
explicación se encuentra fuera de ti. Libérate de
cargas que no son tuyas.
• Aprende, estudia, imita, viaja, busca nuevos re-
tos, explora nuevos lugares y oportunidades,
conoce a gente nueva, haz cosas diferentes.
• Dedica una hora de cada día al ejercicio físico,
lucirás mejor y te presentarás al mundo como
una persona más competente.
PÍNTALO EN TU CUEVA │ 71

• Come más fruta, vegetales y verduras y menos
hidratos de carbono y grasas animales. Tu
cuerpo y los que te rodean lo agradecerán por-
que tu estado de ánimo mejorará.
• Ten más y mejor sexo. Recupera el sentido del
tacto, toca, acaricia, besa, abraza más veces y
durante más tiempo a los que tienes alrededor.

AGRADECIMIENTOS
Mis gracias más sinceras a todos aquellos que
estando invisibles por la distancia me ayudan y me
empujan a perseguir mis sueños. No puedo dejar
de dar las gracias a mis cuatro madres por
brindarme todo su afecto, por aceptar mis locuras
y por no desesperarse cada vez que pierdo el
teléfono. Estando muy lejos os sentí más cerca
que nunca.
No puedo dejar a un lado a todos aquellos que me
estimulan y de los que uno trata de copiar una
parte de su ingenio. Sin vosotros no sería posible
nada de lo que mis limitadas capacidades me
permiten hacer. Sé que este libro es una deuda
enorme con otra mucha gente y que sin ellos nada
de esto se me pasaría por la cabeza siquiera
hacerlo. Gracias a todos y cada uno los que me
brindáis la libertad de ser.

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