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Requerimientos de Capital Humano en sectores productivos en el marco de la Protección Social

Diciembre de 2006

protección social

ÍNDICE

 

Presentación

3

Introducción

5

Objetivos del estudio

9

Capítulo 1 Calidad del Empleo

10

1

Estabilidad laboral

10

1.1

Contrato de trabajo de los asalariados

10

1.1.2

Tipo de contrato de trabajo

19

1.2

Previsión

29

1.3

Seguro de Cesantía

37

2

Calificación del empleo

41

2.1.

Calificación de la fuerza de trabajo ocupada según años de escolaridad

42

2.1.2

Escolaridad de la fuerza de trabajo por sexo y quintil de ingreso autónomo

44

2.1.3

Escolaridad de la fuerza de trabajo ocupada por categoría ocupacional

47

2.2

Capacitación

53

3

Síntesis de resultados en el marco de la protección social

58

3.1

Resultados generales por ramas de actividad y región

58

3.2

Síntesis regional

61

Capítulo 2 Conclusiones y recomendaciones

72

2.1 Conclusiones generales

72

2.2 Conclusiones territoriales

73

2.3 Conclusiones sectoriales

74

Capítulo 3 Apéndice metodológico

75

3.1 Relación entre fuerza de trabajo ocupada y trabajador asalariado

75

3.2 Cálculo del mes de Noviembre para Encuesta nacional de Empleo INE

75

3.3 Quintiles de ingreso nacional y regional

75

3.4 Correlación entre nivel de escolaridad y ejercicio de derechos y calificación laboral según rama de actividad

75

Capítulo 4 Anexo: Caracterización de la oferta según otras fuentes

80

4.1 Oferta de trabajo según Censo 2002

80

4.2 Oferta de trabajo con base en Encuesta Nacional de Empleo. INE. Noviembre 2003

88

 

Bibliografía

91

Presentación

El estudio que se presenta consta de una introducción y tres capítulos.

La introducción pretende sistematizar la complejidad e importancia que representa contar con capital humano calificado para asegurar la inserción internacional exitosa y por otro lado, las implicancias de avanzar hacia un sistema de protección social integral desde la perspectiva de derechos.

El primer capítulo efectúa una revisión de la calidad del empleo y la calificación de la fuerza de trabajo analizando la existencia o no de contrato de trabajo, la situación de previsión de los trabajadores ocupados asalariados y la existencia o no de seguro de desempleo. En cuanto a calificación de la mano de obra, el análisis se centra en la escolaridad y acceso a capacitación.

Todo el capítulo se basa en resultados de la Encuesta de Caracterización Socio Económica Nacional, CASEN, por sexo, quintiles de ingreso y rama de actividad económica, tanto para el país como sus regiones.

Para efectos de comparación y homogeneidad de las series, se utilizan los resultados de los años 1992, 1996 y 2003 cuando ellos se encuentran disponibles según categoría de análisis.

En un apartado, sintetiza estos resultados en el marco de la protección social, analizando según rama de actividad económica la estructura de las cuatro variables en el ámbito nacional y regional.

Se optó por utilizar las ramas de actividad económica en el entendido de que la competitividad y la protección social van estrechamente ligadas a una inserción internacional exitosa y por tanto, dicha responsabilidad recae tanto en trabajadores como empleadores. Además porque los gremios empresariales se encuentran agrupados según rama, lo que facilita la conversación al momento de revisar líneas de política.

El capítulo segundo presenta las principales conclusiones y recomendaciones, tanto desde una perspectiva general como en el ámbito territorial y sectorial.

El capítulo 3 comprende el anexo metodológico, necesario para aclarar aspectos de procesamiento de la encuesta Casen, no necesariamente familiares para todos aquellos que tengan acceso a este documento.

El capítulo cuatro es una anexo que presenta un resumen de los principales resultados de otras fuentes en cuanto a calificación de la mano de obra, con base en los años de escolaridad promedio. Los resultados del Censo 2002 sintetizan las principales conclusiones presentadas en el documento Perfil del Capital Humano en el Territorio 1 .

1 Perfil del Capital Humano en el Territorio. Mideplan. Noviembre 2005. www.mideplan.cl (infopais)

Igualmente se revisan los resultados de la Encuesta Nacional del Empleo, para Noviembre 2003.

Este capítulo sólo pretende ser un referente del planteamiento de restricción estructural que presenta hoy en día el país en la calificación de la mano de obra y por otra, deja en evidencia la necesidad de levantar otras estadísticas que pongan de manifiesto los requerimientos de capital humano desde la empresa, ya que, todas las fuentes utilizadas provienen de encuestas o censo a hogares y una condición sine qua non para asegurar el éxito de las políticas de mejoramiento de capital humano proviene de los antecedentes de requerimientos y especialización que los afectados pueden entregar, es decir, la empresa.

Finalmente, la bibliografía, que por su diversidad sistematiza la compleja relación entre protección social y competitividad.

Este documento fue elaborado por Maritza España Valdivia, Michael Gillmore Evers y Verónica Miranda Briño, todos profesionales del Departamento de Competitividad Regional, de la división de Planificación Regional.

Introducción

La mayor equidad y ampliación de la protección social 2 tienen efectos positivos sobre la economía en más de un sentido (Bonilla García y Gruat, 2003). En primer lugar, mayor y mejor acceso a educación y salud implica un mejoramiento del nivel medio de capital humano, lo cual es decisivo para el crecimiento sostenible y la competitividad en un mundo que premia cada vez más la inteligencia y la innovación, así como para mejorar el nivel productivo medio de las economías nacionales; estos elementos permitirían pasar de una competitividad espuria, basada en bajos salarios y explotación excesiva de los recursos naturales, a una competitividad auténtica, basada en la incorporación de valor intelectual agregado (CEPAL, 1990; CEPAL/UNESCO, 1992).

En segundo lugar, mientras mayor es la protección social y mejor la garantía de los derechos sociales, menor es el nivel de conflictos; en otros términos, mayor es la disposición de los actores sociales a negociar acuerdos para resolver conflictos en las pugnas distributivas, en lugar de operar por otras vías que merman la gobernabilidad. En este sentido, una estructura distributiva menos desigual fortalece la estabilidad política y, con ello, alienta mayores inversiones y mejora el financiamiento, tanto en el plano externo como interno.

En tercer lugar, la mayor equidad permite, indirectamente, reducir los altos costos de la pobreza y la desigualdad, en términos de deserción escolar, morbilidad evitable y maternidad no deseada, entre otros. Por último, un sistema de protección social, que ofrezca una cobertura más equitativa contra riesgos y una mayor igualdad de oportunidades en la formación de capital humano, alienta la confianza institucional y la reciprocidad de las relaciones entre los ciudadanos. En este sentido fortalece el capital social, que también es considerado un resorte importante para fomentar círculos virtuosos entre mayor confianza social y mayor dinamismo económico. 3

Chile enfrenta el desafío de potenciar el desarrollo social y económico aumentando la productividad y capacidad de innovación de la economía. Los aumentos de productividad y la capacidad para innovar, desarrollando y transfiriendo nuevas tecnologías, se ven fuertemente condicionados por las destrezas y competencias de la fuerza laboral.

La evidencia indica que el volumen de capital humano en Chile, medido por los años de escolaridad promedio de la población adulta, es moderado. El ritmo de acumulación y la tasa de

2 Las políticas sociales tendrán como objetivo no sólo superar la pobreza, sino también las desigualdades y discriminaciones que están en la base de los riesgos sociales que afectan a familias y personas, como son la pérdida del empleo, el trabajo precario, los bajos ingresos, la enfermedad, la falta de educación, que amenazan a niños, mujeres, adultos mayores o personas con discapacidad. El Sistema de Protección Social es el mecanismo que permite generar condiciones que brinden seguridad a las personas durante toda su vida, garantizándoles derechos sociales que les permitan finalmente reducir los riesgos en empleo, salud, educación y previsión, generando condiciones de mayor igualdad y oportunidades de progreso.(www.mideplan.cl : Sistema de Protección Social/Concepto)

3 LA PROTECCIÓN SOCIAL DE CARA AL FUTURO: ACCESO, FINANCIAMIENTO Y SOLIDARIDAD. Trigésimo primer período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Montevideo, Uruguay, 20 al 24 de Marzo de 2006.

renovación del capital humano han sido lentos en comparación a los observados en países desarrollados, mientras su distribución es marcadamente desigual cuando se comparan trabajadores con diversos niveles de ingreso (menores ingresos van asociados a menor nivel educacional). Sin perjuicio de lo anterior, el capital humano es el principal patrimonio del país, correspondiendo al 78% de su riqueza total. Del porcentaje restante el 10% corresponde al capital natural –riqueza representada por los recursos naturales renovables y no renovables– y el 12% al capital producido –capital físico, edificaciones e infraestructura. 4

Durante la última década Chile ha tenido importantes avances en materia de cobertura en educación básica y secundaria, lo que lo ha ubicado junto a países desarrollados en este indicador. La cobertura de educación superior muestra también un crecimiento importante acercándose rápidamente al observado en naciones desarrolladas. Estas tendencias indican que el flujo de estudiantes hacia el mundo del trabajo en las próximas décadas se traducirá en una fuerza laboral más calificada, con un promedio de educación cercano a los 12 años. Existe, sin embargo, abundante evidencia de que aún queda mucho por mejorar en la calidad de la educación inicial.

Cuando se analiza el capital humano en la fuerza laboral actual, sin embargo, la situación es menos favorable. El 50% de la fuerza de trabajo no tiene estudios secundarios. Este fenómeno se relaciona con los bajos niveles de escolaridad de los trabajadores de menores ingresos (quintiles I, II y III) y de aquellos de mayor edad, que no se beneficiaron de los importantes aumentos en la cobertura educacional logrado en las últimas décadas por la Reforma Educacional 5 que buscó mejorar la cobertura, calidad y equidad del sistema escolar. Estas exitosas políticas, sin embargo, apuntaron a asegurar que el flujo de las nuevas generaciones de estudiantes en edad escolar completaran su educación inicial y lograran así aprendizajes relevantes, pero no abordó directamente el problema de la fuerza de trabajo con bajo nivel educativo.

Una medida complementaria, y de creciente relevancia para países con alta cobertura educacional como Chile, es la medición de las competencias reales de la fuerza de trabajo. La encuesta de Alfabetización Funcional de la Población Adulta 6 (ver página 15) en que participó Chile en 1998 junto a los países de la OECD mostró que sólo un 14% de la población nacional supera el umbral mínimo requerido para un desempeño eficaz en la sociedad de la información. La encuesta reveló que los resultados fueron deficientes aun en el caso de la población adulta con mayores niveles educacionales. Esto abre interrogantes relevantes sobre la calidad de los aprendizajes no sólo en el sistema escolar, sino que en el de educación superior.

4 Brunner, J. J. y Elacqua, G. (2003), Informe Capital Humano en Chile, Escuela de Gobierno Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago. (ver página 14)

5 INE. Comisión Bicentenario (2003). Cuánto y cómo cambiamos los chilenos. Balance de una década. 1992-2002. Ver

también en: OECD (2004) Revisión de Políticas Nacionales de Educación en Chile. OECD: París, y Cox, C. (ed.) (2003)

Políticas Educacionales en el Cambio de Siglo: La Reforma del Sistema Escolar de Chile.

6 Cifras de la encuesta Internacional de Alfabetización Funcional de Adultos aplicada en los países de la OECD y en la que Chile participó como invitado. Véase el reporte de resultados en Bravo, D. y Contreras, D. (2001) Competencias Básicas de la Población Adulta. Departamento Economía, Universidad de Chile.

Si bien el país ha crecido sostenidamente durante más de un década, diversos análisis concuerdan en destacar que para retomar tasas de crecimiento como las logradas durante los noventa, el país requiere de esfuerzos adicionales de mejoramiento de la productividad.

Mejorar la productividad depende en importante grado de la innovación y el cambio tecnológico de las empresas y sectores claves de la economía, especialmente en el ámbito de recursos naturales. El capital humano juega un importante papel en la efectiva transferencia y adaptación de nuevas tecnologías, las que pueden resultar en productos y servicios de mayor valor agregado. Las menores destrezas de la fuerza de trabajo limitan severamente la adopción y difusión de nuevas tecnologías, constituyéndose en un cuello de botella para la innovación y productividad, pilares del crecimiento económico 7 .

La magnitud del esfuerzo requerido para aumentar el capital humano de la fuerza laboral actual y futura supone tomar diversas medidas. Mejorar la calidad y equidad de la educación escolar es un desafío central. Pero también lo es mejorar el acceso a una educación superior de calidad, incluida aquella de carácter técnico-profesional, y la renovación del capital humano a través de la formación continua.

La experiencia internacional muestra que un factor crucial para elevar la competitividad es eliminar las barreras a la productividad laboral. Para ello, es muy importante la expansión y mejoramiento de la educación formal y de la capacitación laboral, junto con la construcción de relaciones laborales armoniosas 8 .

En consecuencia, el desarrollo y expansión de la educación técnica y profesional, tanto dentro como fuera del sistema escolar formal y en el marco del aprendizaje a lo largo de toda la vida, debe constituir un objetivo prioritario de las estrategias de educación. En particular, desde el lado de las empresas que hoy día están realizando los esfuerzos de certificación de sus trabajadores según competencias, la gran mayoría, sino todas, está orientada a aquellas que pertenecen a líneas de formación concordante con la enseñanza media técnico profesional, en sus diversas especialidades o a aquellas especialidades impartidas en los Institutos de Formación Profesional.

Hoy es común señalar el profundo impacto que la globalización, las nuevas formas de organización de la producción y la difusión de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC) han tenido sobre todos los ámbitos de la sociedad. El mundo del trabajo es uno de los ámbitos que ha experimentado mayores cambios y todo indica que este seguirá siendo el caso en las próximas décadas. Si bien en la actualidad se discute la validez de teorías que pronosticaban “el fin del trabajo” como resultado de la difusión de las TIC, es indudable que se observan importantes cambios en el contenido de gran número de ocupaciones (incluyendo la extinción de muchas de ellas), en las dinámicas del mercado de trabajo y en las trayectorias laborales de los trabajadores.

7 Mulitlateral Investment Fund, Inter-American Development Bank (2003), Lessons from Innovation. Skills Standards and Certification, MIF-Fomin, Washington D. C.

8 5. Banco Interamericano de Desarrollo (2001), Competitividad: el Motor del Crecimiento. El Progreso Económico y Social en América Latina. Informe 2001, Washington D. C.

Algunas de las principales tendencias que se observan a nivel internacional son:

Aumento de las ocupaciones en sectores de servicios y menor empleo, como industrias

extractivas, construcción y agricultura.

Aumento del componente de información/conocimiento en la mayoría de las ocupaciones por efecto de la revolución tecnológica.

Virtual desaparición de oficios rutinarios que pueden ser reemplazados por sistemas de información.

Cambio en las competencias requeridas por el mundo del trabajo y mayores exigencias educacionales de la fuerza de trabajo.

Menor estabilidad en el empleo debido a la transformación de las ocupaciones, el imperativo de la flexibilidad y la intensificación de la competencia.

Emergencia de nuevas modalidades de empleo y formas de contratación (jornadas parciales, plazos fijos, teletrabajo, etc.)

En el caso del mercado laboral nacional las principales tendencias que se observan son las siguientes:

Mayor tasa de participación. Los resultados del reciente censo indican que la tasa de participación en la fuerza de trabajo ha aumentado sistemáticamente en los últimos años, básicamente por la mayor incorporación de mujeres que cuentan con estudios secundarios completos o superiores.

Fuerza laboral más calificada. La fuerza laboral ha aumentado su nivel de escolaridad en una tasa mayor que el promedio de la población. Entre 1992 y 2002, el porcentaje de ocupados con educación básica incompleta disminuyó de un 29% a un 16%, y aumentó el de aquellos con educación superior, de un 15% a un 28%.

Esta tendencia es un reflejo de la expansión de la oferta educativa en todos los niveles, especialmente en la educación superior. El mayor incremento de escolaridad se da en personas de entre 45 y 59 años, lo que muestra que hay una demanda y un acceso creciente a oportunidades de educación para adultos.

Calidad del capital humano y nivel de competencias básicas. Reportes recientes sugieren que la existencia de capital humano en Chile es limitado en comparación a los países desarrollados, su ritmo de acumulación es lento y su distribución es poco equitativa. Si bien los niveles de escolaridad de la fuerza laboral siguen una tendencia al alza, no ocurre lo mismo con los estudios secundarios. Alrededor del 50% de la fuerza de trabajo (especialmente trabajadores de menores ingresos y de mayor edad) no dispone de estos estudios, lo que supone una importante brecha por superar.

Cambios en el empleo y estructura ocupacional. Entre 1992 y 2002 hubo un descenso del empleo en los sectores primarios, y un aumento en sectores como servicios financieros y de comercio. En sectores de industrias extractivas sofisticadas como la minería, se observan importantes cambios en los contenidos del trabajo hacia ocupaciones que requieren competencias más sofisticadas e intensivas en conocimiento y manejo de información. Desde el punto de vista de los niveles ocupacionales, el grupo de técnicos y profesionales de nivel medio es el que experimentó el mayor incremento en la estructura ocupacional durante la última década, pasando del 5% al 13,8%, lo que muestra una tendencia hacia una creciente tecnificación de la fuerza de trabajo.

Con esta marco, se plantearan algunas hipótesis importantes de corroborar tanto, por la pertinencia para la elaboración de políticas, como en la importancia que tiene para esta división avanzar en el proceso de descentralización.

Objetivo General

Identificar las brechas de requerimientos de formación del capital humano regional desde la oferta según información base encuesta CASEN y análisis de la situación laboral en el marco de la protección social

Orientar medidas de política territorial y sectorial en función de los resultados obtenidos

Objetivos específicos

Realizar un diagnóstico por regiones de la calificación de la fuerza de trabajo regional según años de escolaridad por grupo de ocupación, nivel de educación, sexo y quinquenio de edad.

Identificar la situación de los ocupados desde la perspectiva de competitividad en el marco de la protección social, aprovechando la posibilidad de análisis por quintiles de ingreso que brinda la encuesta CASEN.

Verificar la incidencia de la formación educacional en el ejercicio de los derechos laborales definidos en el marco de protección social

Capítulo 1

Calidad Del Empleo

El concepto de calidad del empleo comprende factores relacionados con condiciones de trabajo, estabilidad laboral, protección social y remuneraciones. La calidad del empleo puede conceptualizarse como el conjunto de requisitos mínimos que debe tener una ocupación para considerarse como aceptable. Estos requisitos o factores se refieren a la protección social, protección de la legislación laboral (contratos), estabilidad, horas trabajadas, los ingresos del trabajo, el ambiente de trabajo y los riesgos, el contexto ético o moral, la participación y otros 9 . A continuación se analizan algunos indicadores relativos a la calidad del empleo, obtenidos de la Encuesta Casen años 1992, 1996 y 2003.

La calidad y estabilidad de los empleos desempeñados tienen una incidencia central en la productividad y en la situación laboral de los trabajadores. La calidad de los empleos que se generan, pasa a ser un factor elemental en la política laboral, ya que una proporción importante de los nuevos empleos presentan características de inestabilidad, falta de protección y bajos ingresos lo que trae como consecuencia la persistencia de un contingente de ocupados en situación de deterioro laboral.

1. Estabilidad laboral

La inestabilidad laboral ocasionada por la ausencia de un contrato de trabajo y de protección previsional, constituyen dos aspectos centrales en lo que a calidad de trabajo se refiere. La falta de protección derivada de una relación de trabajo no protegida y de no contar con una afiliación previsional, implica empleos de condiciones precarias.

1.1 Contrato de trabajo de los asalariados 10

En relación a los ocupados asalariados, los datos de la Casen 1992 muestran que un 14,2% de los ocupados asalariados no contaban con contrato, cifra que se eleva a 21,9% en el año 1996, llegando en el año 2003 a 22,2%, lo cual se traduce como un deterioro de la calidad del empleo,

afectando en el año 2003 a 972.239 ocupados en el ámbito nacional. Al analizar esta situación en el territorio se observa que en todas las regiones se ha incrementado el deterioro de la calidad del empleo entre el período 1992-2003. Las regiones que arrojaron los menores incrementos, en términos de puntos porcentuales, son las regiones de Los Lagos y del Maule con 0,4 y 0,3 puntos porcentuales, respectivamente. Por otro lodo, las regiones que sobrepasaron los 8 puntos porcentuales, a nivel país, son siete, en orden decreciente, Coquimbo, Tarapacá, Valparaíso, Araucanía,

Magallanes, O’Higgins y Metropolitana de Santiago,

Región

Ocupados asalariados sin contrato

1992

1996

 

2003

 

I 9,4

 

14,4

24,5

II 10,6

16,5

14,0

III 13,0

17,3

16,3

IV 12,7

24,5

28,0

V 12,1

20,3

25,6

VI 10,8

26,4

21,2

VII 28,9

38,3

29,3

VIII 20,4

24,2

24,8

IX 18,1

26,7

29,7

X 22,0

23,9

22,4

XI

14,4

17,2

15,6

XII

4,9

22,5

15,8

RM

11,1

19,0

19,7

País

14,2

 

2

1, 9

22,2

Fuente: Encuesta Casen

 

9 Chacón, Boris. Calidad de los Empleos y su Incidencia en los niveles de pobreza en Chile 1990-1996. Departamento Estudios Económicos- Mideplan.

10 Se refiere a los empleados y obreros más el servicio doméstico puertas afuera.

con aumentos de (15,3), (15,1), (13,5), (11,6), (11,0), (10,4) y 10,4 puntos porcentuales, respectivamente.

Asimismo, no se puede dejar de mencionar que las regiones de el Maule y La Araucanía son las que presentaron en el año 2003 los porcentajes más altos de ocupados en precarias condiciones laborales, siendo además la región de La Araucanía la que presenta de acuerdo a esta misma fuente (Casen) las mayores concentraciones de pobreza de su población con un 29,7%, lo cual hace aún más crítica la

situación laboral.

Estructura ocupados asalariados sin contrato según sexo 24,5 25,0 20,3 20,5 14,8 Hombre 13,9 Mujer
Estructura ocupados asalariados sin
contrato según sexo
24,5
25,0
20,3
20,5
14,8
Hombre
13,9
Mujer
1992
1996
2003
años

30,0

%

20,0

10,0

Un elemento necesario de incorporar en este análisis es la condición laboral según sexo, ya que en los últimos años la ocupación femenina ha ido en aumento, siendo según los datos Casen su incorporación bastante más precaria que lo acontecido con los varones. A nivel nacional el año 1992, según Casen el 13,9% de

los hombres no poseía contrato laboral, en tanto este porcentaje se incrementaba a 14,8% en el caso de las mujeres. Esta situación se agudiza bastante en el año 2003, donde los hombres presentan un 20,3% de población ocupada sin contrato en tanto la población femenina ocupada alcanza a un 25% sin contrato. Cabe señalar, que claramente el sector femenino es el que progresivamente se ha ido incorporando en una situación más crítica en esta variable, ya que los hombres más bien tienden a mantenerse en un 20% desde el año 1996, en tanto las mujeres siguen incrementando su precariedad laboral y las mujeres en un 25,5%.

Región

Sexo

Ocupados asalariados sin contrato

1992

1996

2003

I

Hombre

10,1

15,1

21,9

Mujer

8,0

13,1

29,3

II

Hombre

9,3

12,2

10,9

Mujer

13,7

28,9

20,1

III

Hombre

12,7

14,2

10,7

Mujer

13,8

23,8

27,1

IV

Hombre

12,3

24,3

26,2

Mujer

13,5

24,9

31,0

V

Hombre

11,8

18,8

23,0

Mujer

12,8

23,2

29,4

VI

Hombre

11,3

26,2

19,9

Mujer

9,8

26,8

23,8

VII

Hombre

31,8

38,8

29,4

Mujer

23,0

37,1

29,1

VIII

Hombre

19,4

23,6

23,5

Mujer

22,5

25,3

27,0

IX

Hombre

18,3

25,7

29,0

Mujer

17,7

28,6

30,8

X

Hombre

22,3

25,0

20,4

Mujer

21,5

21,6

25,6

XI

Hombre

14,6

15,6

13,2

Mujer

13,7

20,3

18,8

XII

Hombre

3,5

18,1

15,1

Mujer

7,7

28,6

17,1

RM

Hombre

10,1

16,1

17,5

Mujer

12,8

23,3

22,7

País

Hombre

13,9

20,5

20,3

Mujer

14,8

24,5

25,0

Si esta situación se observa desde el territorio, claramente es posible apreciar como el comportamiento dado en el país también se reproduce en las regiones, destacando la región de Magallanes el año 1992 con los menores porcentajes de ocupados asalariados sin contrato tanto en hombres como en mujeres con un 3,5% y 7,7%, respectivamente, situación que en el año 2003 varía, siendo las regiones de Antofagasta y Atacama las que presentan un menor porcentaje de precariedad laboral en los hombres con 10,9% y 10,7%, respectivamente. Por el contrario, en el caso de las mujeres son las regiones de Aysén y Magallanes las que presentan la situación laboral menos crítica de este segmento poblacional con un 18,8% y 17,1% sin contrato laboral.

Fuente: Elaboración propia en base Casen 1992, 1996 y 2003.

Por otro lado es necesario señalar que existen regiones que durante el período 1992 – 2003 disminuyeron la población masculina sin contrato de trabajo como es el caso de Atacama, Maule, Los Lagos y Aisén en un -2,1, -2,4, -1,8 y -1,4, puntos porcentuales respectivamente. Por el contrario, en el caso de las mujeres sólo se aprecian incrementos durante el período de análisis, siendo la región de Tarapacá con 21,3 puntos porcentuales la que presenta mayor variación y la región de Los Lagos con 4,1 puntos porcentuales la con menor variación en la calidad del empleo femenina.

Estructura ocupados asalariados sin contrato según rama de a ctividad SERVIC.COMUN.SOC. ESTAB.FINANC. TRANSP. Y
Estructura ocupados asalariados sin contrato según rama
de a
ctividad
SERVIC.COMUN.SOC.
ESTAB.FINANC.
TRANSP. Y COMUNIC.
COMERCIO
CONSTRUCCION
ELECT.GAS Y AGUA
2003
IND.MANUFACT.
1996
1992
MINAS Y CANTERAS
AGRIC.CAZA SILV.
ACT. NO BIEN ESPEC.
0
5
10
15
20
25
30
35
40

%

Fuente: Elaboración propia en base Casen 1992, 1996 y 2003.

Si se analiza la población ocupada asalariada sin contrato según rama de actividad económica, el sector Servicios Comunales y Sociales presenta la mayor precariedad de los empleos durante todo el período (superando el 30% a partir del año 1996). Por el contrario el sector Electricidad, gas y agua presenta el menor porcentaje de ocupados asalariados sin contrato de trabajo. Sin embargo, no se puede dejar de mencionar que durante el período de análisis se observa una disminución en la precariedad del empleo en los sectores

Actividades no bien especificadas, Silvoagropecuario, Minería e Industria Manufacturera, destacando en particular el sector Silvoagropecuario llegando a un descenso de 10,3 puntos porcentuales entre los años 1992 y 2003 situación dada por la correspondiente disminución de la participación de esta rama de actividad económica en la ocupación a nivel nacional. Por el contrario el sector Servicios Comunales y Personales presenta un incremento de 5,1 puntos porcentuales durante los años 1992 y 2003.

Al realizar este análisis de estructura de ramas de actividades según regiones, es posible observar en el cuadro siguiente como las regiones de O’Higgins y el Maule presentan la mayor precariedad en el ámbito de contratos de trabajos en el sector Silvoagropecuario, presentando en el año 2003 del orden del 50,3% y 53,9%, respectivamente, los asalariados ocupados sin contrato, situación crítica a pesar de haber decrecido esta condición desde el año 1992 en 4,8 puntos porcentuales en la Región de O’Higgins y 7,5 puntos porcentuales en la Región del Maule.

Estructura ocupados asalariados sin contrato según rama de actividad económica y región

 

Act.no bien

Silvoagropec.

Minería

Industria

Elect.gas y

Construcción

Comercio

Transp.y

Estab.Finan.

Serv.Com.

Total

Región

espec.

Manufact.

agua

Comunic.

Soc.Pers.

96

03

96

03

96

03

96

03

96

03

96

03

96

03

96

03

96

03

96

03

96

03

I

**

0,4

 

13,1

12,2

0,3

0,4

9,8

8,2

0,1

0,0

9,9

11,2

31,8 28,0

13,0

14,2

2,0

4,5

20,1

21,0

100

100

II

0,9

0,7

8,6

8,0

3,7

3,7

8,3

9,4

0,1

0,0

11,4

11,5

29,5 23,7

11,1

9,6

3,1

3,7

23,3 29,7

100

100

III

**

**

13,2

16,1

10,3

5,3

5,5

7,3

0,8

**

7,1

8,4

33,0

31,8

8,8

9,6

1,2

0,8

20,1 20,8

100

100

IV

0,3

**

29,2

27,9

9,7

1,8

6,8

8,9

0,4

0,2

6,5

7,2

26,2 23,7

9,1

7,9

0,9

2,2

10,9 20,2

100

100

V

0,5

0,2

18,6

13,4

1,1

0,2

11,9

9,0

0,1

0,2

10,6

12,7

23,2 26,3

8,4

8,6

1,3

2,8

24,3 26,6

100

100

VI

**

0,0

41,4

33,8

1,0

0,4

13,3

9,7

0,3

**

6,5

8,8

17,6 20,4

4,9

6,0

1,2

1,7

13,8

19,2

100

100

VII

0,2

**

53,4

38,5

1,2

0,1

6,8

9,8

**

0,0

5,1

10,0

17,4 20,6

3,9

5,0

0,5

1,4

11,5

14,4

100

100

VIII

1,1

0,0

33,7

27,7

1,0

0,1

8,7

12,2

0,3

0,1

6,9

7,9

20,0 20,4

7,3

6,8

1,6

2,1

19,4 22,7

100

100

IX

0,9

0,1

45,7

38,7

0,2

0,1

11,5

10,0

0,2

0,0

5,1

7,8

15,5

15,9

4,4

3,9

1,4

2,5

15,1

21,0

100

100

X

0,2

0,1

41,3

35,1

0,2

0,1

6,8

8,5

**

0,2

6,4

9,5

21,6

19,5

6,0

7,4

1,5

1,5

16,0

18,0

100

100

XI

**

**

39,7

33,7

**

0,2

8,5

8,9

**

**

5,1

9,6

21,1

18,9

5,8

7,3

0,7

1,2

19,0 20,3

100

100

XII

**

**

20,3

9,2

2,5

0,3

11,3

15,3

0,5

**

11,9

13,5

14,6

13,1

8,5

20,7

1,1

0,3

29,3 27,6

100

100

RM

0,7

0,2

5,4

4,7

0,3

0,1

18,7

14,4

0,2

0,2

9,6

9,7

27,4 28,6

7,1

8,1

2,8

6,6

27,8 27,5

100

100

País

0,6

0,1

 

22,9

18,2

1,2

0,4

13,0

11,7

0,2

0,1

8,2

9,6

23,7 24,5

6,9

7,7

1,9

4,0

21,5 23,8

100

100

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta Casen 1992, 1996 y 2003. ** sin dato

Asimismo, la precariedad observada a nivel nacional en el sector Servicios Comunales y Sociales se confirma con un aumento de 2,4 puntos porcentuales entre 1996 y 2003. En 1996, las dos principales regiones que mostraban las mayores precariedades en este sector son las regiones de Magallanes y Antofagasta con 50,7% y 41,6%, respectivamente. En el 2003 las dos principales regiones en precariedad laboral fueron la de Aysén y Antofagasta con 44,7% y 42,3%, respectivamente. Observando de manera genérica el comportamiento de las regiones en esta rama de actividad económica, en ocho de ellas aumentaron sus porcentajes de asalariados sin contrato, respecto a su total regional. Estas regiones, en orden decreciente, son Aysén con 14,1 puntos porcentuales, la región de Los Lagos con 8,9 puntos porcentuales, la del BíoBío con 7 puntos porcentuales, Atacama con 6,1 puntos porcentuales, O’Higgins con 2,7 puntos porcentuales, del Maule con 1,9 puntos porcentuales, Coquimbo con 1,2 puntos porcentuales y Antofagasta con 0,7 puntos porcentuales, entre los años

1996 y 2003. Destacándose la Región de

Magallanes con una disminución de 8.6 puntos porcentuales, pasando de 50,7% en 1996 a 42,1% en el 2003.

po rcentuales, pasando de 50,7% en 1996 a 42,1% en el 2003. Por el contrario, los

Por el contrario, los sectores que a nivel nacional presentan los menores porcentajes de

ocupación sin contrato de trabajo, son Actividades no bien especificadas, Minería y Electricidad, gas y agua. En el primer sector, se registraron los mayores porcentajes de ocupados sin contrato con 0,5% en la Región Metropolitana de Santiago en 1996 y en el año

2003 con 1,9% en la Región de Antofagasta; En el segundo sector, en 1996 su porcentaje

máximo fue de 11,3% en la Región de Atacama y en el 2003 con 3,4% en la región de Antofagasta; En el sector Electricidad, gas y agua, durante el año 1996 obtuvo como porcentaje máximo de 2,2% en la Región de Magallanes y en el 2003 con 0,4% en la Región Metropolitana de Santiago.

% Asalariados sin contrato según sexo

80

60

40

20

0

1992 1996 2003 65,7 60,5 43,8 56,2 34,3 39,5 Hombre Mujer
1992
1996
2003
65,7
60,5
43,8
56,2
34,3
39,5
Hombre
Mujer

En el caso de los ocupados asalariados sin contrato de trabajo según sexo, se pasa de 328.267 en el año 1992 a 540.010 en el año 2003 en el caso de los hombres, significando un incremento de 64,5% de precariedad laboral. En tanto las mujeres pasan de 171.247 en el año 1992 a 420.848 en el año 2003, con un aumento del 145,8%. Sin embargo, a pesar de incrementarse en valores absolutos en

ambos sexos los ocupados sin contratos, claramente la incorporación de la mujer al mundo laboral ha sido más crítica, ya que su participación del total de asalariados sin contrato pasa de 34,3% en 1992 a un 43,8% en el año 2003, implicando un incremento de 9,5 puntos porcentuales, en tanto en los hombres se percibe un comportamiento contrario que se ve reflejado en el descenso de su participación de la ocupación asalariada sin contratos.

Ocupados asalariados sin contrato de trabajo según sexo y quintil de ingreso

Añ os

 

Total

   

Total

 

I

II

III

IV

V

Total

I

II

III

IV

V

Total

1992

123.586

131.930

119.563

85.867

38.568

499.514

24,7

26,4

23,9

17,2

7,7

100,0

1996

228.316

227.303

166.796

135.113

89.628

847.156

27,0

26,8

19,7

15,9

10,6

100,0

2003

240.619

263.491

203.315

158.478

94.955

960.858

25,0

27,4

21,2

16,5

9,9

100,0

Años

 

Hombres

   

Hombres

 

I

II

III

IV

V

Total

I

II

III

IV

V

Total

1992

90.539

88.935

74.615

53.222

20.956

328.267

27,6

27,1

22,7

16,2

6,4

100,0

1996

164.062

138.065

95.180

70.955

43.956

512.218

32,0

27,0

18,6

13,9

8,6

100,0

2003

155.857

145.563

105.079

86.320

47.191

540.010

28,9

27,0

19,5

16,0

8,7

100,0

Años

 

Mujeres

   

Mujeres

 

I

II

III

IV

V

Total

I

II

III

IV

V

Total

1992

33.047

42.995

44.948

32.645

17.612

171.247

19,3

25,1

26,2

19,1

10,3

100,0

1996

64.254

89.238

71.616

64.158

45.672

334.938

19,2

26,6

21,4

19,2

13,6

100,0

2003

84.762

117.928

98.236

72.158

47.764

420.848

20,1

28,0

23,3

17,1

11,3

100,0

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta Casen 1992, 1996 y 2003.

Ahora bien, al incorporar al análisis anter ior la variable quintil de ingresos, es posible advertir como todos los quintiles de ingresos prese ntan población ocupada asalariada sin contrato de trabajo, sin embargo es claramente visible como los quintiles de ingresos más bajos (I a III) muestran una situación bastante más preca ria que los quintiles IV y V, comportamiento que se repite durante todo el período. Sin embarg o, la tasa de crecimiento promedio anual por quintil de ingreso, indica que es el quintil V el que presenta la mayor tasa a 8,2% en tanto el I quintil lo hace a una tasa d e 6,1% durante el período 1992-2003. Según la gráfica con información se gún sexo, el incremento de la precariedad laboral de las mujeres es a tasas de crecimiento m uy superiores a las de los hombres, destacando en particular los quintiles II y V con c recimientos muy similares (del orden

d e 9,1%), seguido por el quintil I con un c recimiento promedio de 8,6%. Por otro lado, llama la atención que en el caso de los hombres es el V quintil de ingreso el que manifiesta la mayor tasa promedio a nual con un 7,4%, superando en al menos

3 puntos porcentuales al resto de los quintiles de ingreso.

Tasa promedio anual asalariados sin contrato tasa según sexo y quintil de ingreso 10 9
Tasa promedio anual asalariados sin contrato
tasa
según sexo y quintil de ingreso
10
9
Hombre
Mujer
8,2
8
Total
7
6,3
6,1
6
5,6
5
4,8
4
3
2
1
0
I
II
III
IV
V
quintil

Fuente: Elaboración propia en base Casen 1992, 1996 y 2003.

Al incorporar la variable territorial al análisis anterior se observa como entre los años 1992 y 2003 se alteran las estructuras de participación de los quintiles según región, cambio que es posible advertir en las siguientes gráficas:

Estructura asalariados sin contrato según región y quintil de ingreso, Año 1992

TOTAL R.M . XII XI V X IV IX III II VIII I VII VI
TOTAL
R.M .
XII
XI
V
X
IV
IX
III
II
VIII
I
VII
VI
V
IV
III
II
I

0

10

20

30

40

Estructura asalariados sin contrato según región y quintil de ingreso, Año 2003

TOTAL R.M . XII XI X IX V IV VIII III II VII I VI
TOTAL
R.M .
XII
XI
X
IX
V
IV
VIII
III
II
VII
I
VI
V
IV
III
II
I
0
10
20
30
40

Fuente: Elaboración propia en base Casen 1992, 1996 y 2003.

La primera conclusión, es que los quintiles I, II y III concentran la precariedad laboral de la población ocupada asalariada sin contrato de trabajo en todas las regiones del país. En el año 1992, las mayores concentraciones en el I quintil se detectan en las regiones de Valparaíso, Los Lagos y Metropolitana (del orden del 26%), en el caso del II quintil las concentraciones se dan en las regiones de Tarapacá, Coquimbo y Valparaíso (31,2% en el caso de la primera región y con un 29% las restantes) y en el III quintil las concentr aciones se dan prioritariamente en las re giones de O’Higgins y Maule, ambas con un alto componente rural y temporalidad, con concentraciones superiores al 30%. Destaca en particular en este año, el quintil IV en donde las regiones extremas del país (Aisén y Magallanes) presentan una elevada participación de ocupados sin contrato con porcentajes cercanos al 35%.

En el año 2003, si bien se mantienen los quintiles precarios, se modifican las regiones que concentran ocupados sin contratos, y aumentan los porcentajes, lo cual apunta a un e mpeoramiento de la situación laboral de este grupo poblacional, tal es el caso de la región de Magallanes la cual en el I quintil concentra al 37% de población asalariada sin contrato, situación que se agudiza aún más al concentrar en el II quintil al 40% de su población. En el caso del III quintil, la mayor concentración se da en la región de Antofagasta con un 33,5%.

La segunda conclusión es que el V quintil, tanto en el año 1992 como 2003 presenta menores concentraciones de ocupados sin contratos, siendo en el año 1992, sólo tres regiones las que presentan porcentajes superiores al 10%, tal es el caso de Atacama, Antofagasta y Araucanía. S ituación que varía en el año 2003, ya que si bien sigue siendo el V quintil el que presenta una mejor condición laboral, se incrementan las regiones con participaciones sobre el 10%, siendo

sólo cinco regiones las que se mantienen por debajo de este porcentaje, como son Atacama

(6,3%), Coquimbo (8,6%), O’Higgins (7,4%), Bio Bio (9,8%) y Magallanes (5,2%).

E n tercer lugar, a nivel país la concentración de la población en los distintos quintiles de

ingreso tien

23,9% en el año

1992 a 21,2% en el añ

en 2,2 puntos porcentuales,

quedando en el año 2003 con un 9,9% de población sin contrato.

de a mantenerse, con la excepción de los quintiles III que pasa de

o 2003 y del V quintil que se incrementa

Tasa promedio anual crecimiento población ocupada asalariada sin contrato según región y quintil de ingreso.

REGION

I

II

III

IV

V

Total

I

14,7

8,6

7,5

7,2

12,5

10,1

II

8,3

1,9

5,8

2,2

4,1

4,8

III

2,9

3,7

12,3

-0,3

-2,8

3,8

IV

12,4

9,7

9,3

8,4

14,6

10,4

V

7,3

7,7

8,8

7,2

12,0

8,1

VI

8,3

8,5

4,1

10,3

12,7

7,7

VII

1,4

2,1

-0,8

1,8

8,2

1,5

VIII

5,2

3,7

3,0

2,5

4,3

3,7

IX

0,5

1,3

1,0

3,5

3,2

1,6

X

6,9

4,8

3,7

-4,7

5,1

2,8

XI

17,5

18,3

5,3

-6,8

14,0

11,3

XII

9,6

5,8

8,7

2,9

4,6

6,5

R.M.

8,2

7,5

6,6

5,8

9,2

7,3

Total

6,1

6,3

4,8

5,6

8,2

5,9

MAX

17,5

18,3

12,3

10,3

14,6

11,3

MIN

0,5

1,3

-0,8

-6,8

-2,8

1,5

Fuente: Elaboración propia en base Casen 1992, 1996 y 2003.

Si se analiza la tasa de crecimiento promedio anual de los asalariados sin contrato durante el período 1992-2003, se aprecia que el V quintil presenta la mayor tasa con un 8,2%, siendo el

III quintil el que presenta la menor tasa con un 4,8%. A nivel de quintiles, en el I quintil las

tasas de crecimiento promedio anual van desde un 1,4% a 17,5% siendo las regiones de Maule y Magallanes las que presentan estos porcentajes, respectivamente. En el II quintil nuevamente la región de Magallanes presenta la mayor tasa con un 18,3% en tanto la menor tasa la presenta la región de Los Lagos con un 1,3%. A partir del II quintil las menores tasas de crecimiento

p romedio anual son decrecientes, es así que tenemos el caso de la región de Maule (-0,8% en el

III quintil), Magallanes (-6,8% en el IV quintil) y Atacama (-2,8% en el V quintil). Por el

contrario, las mayores tasas promedio en estos quintiles se dan en las regiones de Atacama (12,3% III quintil), O’Higgins (10,3% en el IV quintil) y Coquimbo en el V quintil con un 14,6%.

Al desagregar la tasa promedio anual según sexo, las estructuras varían bastante entre los quintiles y las regiones respectivas. En el caso de los hombres, la región de Magallanes presenta las mayores tasas promedio anual entre el I y III quintil, llegando del orden del 20% e n los quintiles I y II, tasa que nuevamente se repite en el V quintil pero en la región de Tarapacá. Por el contrario las menores tasas (del orden del -10%) se registra en las regiones d e Atacama y Magallanes (V y IV quintil, respectivamente).

 

REGION

 

Tasa Promedio Anual - Hombres

   

Tasa Promedio Anual - Mujeres

 

I

II

III

IV

V

TOTAL

I

II

III

IV

V

TO TAL

I

9,5

8,0

6,1

4,9

19,7

8,3

30,0

9,6

10, 3

13,7

6,6

13 ,5

II

9,5

-4,1

5,1

2, 5

3,4

3,3

6,9

13,3

6,9

2,0

5,2

6,9

III

-2,4

2,6

3,4

-4,0

-9,8

-0,9

10,3

6,6

18,3

4, 5

7,6

10,2

IV

13,5

8,3

7,9

8,1

8,8

9,5

10,4

12,0

11,5

9,1

25,8

11,9

V

5,5

7,0

6,6

4,6

9,8

6,3

10,8

8,7

12,7

10,6

14,8

10,8

V

I

7,3

7,9

1, 1

9,4

14,7

6,5

11,5

10,0

9,0

12,1

10,5

10,4

V

II

1,1

-1,0

-2,2

2,4

7,7

0,3

2, 3

11,7

1,9

0,3

8,7

4,4

VIII

5,1

3,8

1,2

1,3

3,6

3,2

5,7

3,4

5,5

4,2

5,3

4,8

X

I

9,0

3,4

6,9

2, 1

3,5

5,2

11,6

11,5

13,1

4,2

5,6

8,9

X

-1,0

-1,0

0,3

1,1

-0,9

-0,4

3,9

5,9

2,1

7,9

9,2

5,3

X

I

4,3

-1,4

1,5

-5,1

-6,2

-0,7

12,8

14,7

7, 1

-3,8

13,9

8,4

XII

20,3

19,0

9,2

-10,4

13,8

12,9

13,6

17,6

-0,9

-3,9

14,1

9,4

R.M.

6,5

5,5

6,8

3,5

9,4

6,1

10,7

9,9

6,3

8,2

9,0

8,8

TOTAL

4,9

4,5

3,1

4,4

7,4

4,5

8,6

9,2

7,1

7,2

9,1

8,2

Maxímo

20,3

19,0

9,2

8,1

19,7

12,9

30,0

17,6

18,3

13,7

25,8

13,5

Minímo

-2,4

-4,1

-2,2

-10,4

-9,8

-0,9

2,3

3,4

-0,9

-3,9

5,2

4,4

Fuente: Elaboración propia en base Casen 1992, 1996 y 2003.

En el caso de las mujeres llama la atención la tasa promedio anual de los quintiles I y V, en las regiones de Tarapacá y Coquimbo, que alcanzan valores de 30% y 25,8%, respectivamente. Por el contrario, las menores tasas se dan en la región de Magallanes en los quintiles III y IV con - 0,9% y -3,9%, respectivamente. Para el resto de los quintiles, las cifras se mueven entre 2,3% (Maule) y 18,3% (Atacama).

1.1.2

Tipo de contrato de trabajo

La situación de empleo permanente o no permanente es otro indicador de la calidad del trabajo desempeñado. La situación de no permanente, incluye a las categorías plazo fijo, por temporada, por tarea o servicio. En relación a este tema sólo se cuenta con información a partir del año 1994, pero para seguir la lógica de los años analizados anteriormente se comenzará a partir del año 1996.

empleo

permanente se encontraba en el año 1996 el 76,8% de los ocupados, llegando al año 2003 a

120

100

80

60

40

20

0

% Año 1996

Hombre Mujer 29,9 35,3 70,1 64,7 Permanente No Permanente
Hombre
Mujer
29,9
35,3
70,1
64,7
Permanente
No Permanente

En

condición

de

120

100

80

60

40

20

0

% Año 2003

Hombre Mujer 36,0 40,9 64,0 59,1
Hombre
Mujer
36,0
40,9
64,0
59,1

Permanente

No Permanente

sólo el 68%. De la población que presentaba contrato permanente

el 64,7% lo concentraban los varones en el año 1996 bajando su

participación a un 59,1% en el año 2003. Por el contrario de la

población que presentaba condición de empleo no permanente el 70,1% correspondía a varones en el año 1996, bajando su

participación a un 64% en el año 2003. Se concluye que según tipo de contrato las mujeres son las que han incrementado su precariedad en el ámbito laboral, a pesar de ser los varones los que presentan la mayor condición crítica.

Al analizar este comportamiento en el resto del territorio, se observa que en las regiones se mantiene el resultado descrito a nivel país. Destaca que en los asalariados con contrato permanente las mayores participaciones en los varones está en las regiones de Antofagasta y O’Higgins (71,8% ambas regiones) en el año 1996, en tanto en el año 2003 se encuentra en el extremo norte del país Tarapacá y Antofagasta (66,3% ambas regiones), además es posible advertir como se va notando la incorporación de las mujeres en el mercado laboral, al ir disminuyendo las particiones de los varones.

   

Permanente

 

1996

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

RM

Total

Hombre

65,7

71,8

71,2

67,4

64,5

71,8

69,0

66,9

68,4

70,1

65,7

60,5

61,2

64,7

Mujer

34,3

28,2

28,8

32,6

35,5

28,2

31,0

33,1

31,6

29,9

34,3

39,5

38,8

35,3

Total

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

2003

   

Hombre

66,3

66,3

63,6

58,9

60,0

65,6

62,2

61,8

58,0

60,5

57,5

61,4

56,7

59,1

Mujer

33,7

33,7

36,4

41,1

40,0

34,4

37,8

38,2

42,0

39,5

42,5

38,6

43,3

40,9

Total

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

   

No Permanente

 

1996

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

RM

Total

Hombre

70,0

76,0

67,6

72,3

68,9

69,4

74,3

75,6

74,6

76,4

77,9

66,4

63,8

70,1

Mujer

30,0

24,0

32,4

27,7

31,1

30,6

25,7

24,4

25,4

23,6

22,1

33,6

36,2

29,9

Total

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

2003

   

Hombre

64,4

67,0

69,6

69,6