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CÓMO PREPARARSE PARA
LA LUNA LLENA
CÓMO PREPARARSE PARA LA LUNA LLENA
ENERO 1991, VISAKHAPATNAM (INDIA)
SRI K. PARVATHI KUMAR

La Luna llena es una excelente oportunidad para experimentar la conciencia de
la existencia. Nos ofrece una oportunidad total para experimentar la existencia
con una consciencia completa. Por eso, en toda práctica oculta, la Luna llena
tiene una importancia muy, muy grande. Es un día en que la Luna está
completamente expuesta al sol y también en nosotros. Entonces la conciencia
está completamente en flor. El tiempo hace posible el florecimiento completo en
el día de Luna llena. Durante ese día, los que de entre nosotros estemos
condicionados por la personalidad se nos ofrece una posibilidad de olvidarnos
de la personalidad y vivir en consciencia completa. Para los que siempre viven
como Alma y han invadido su personalidad con el Alma -es decir, aquellos que
saben cómo usar sus tres vehículos, el vehículo mental, emocional y el físico,
los que son maestros de estos tres vehículos- cada día es una Luna llena.
Porque tienen consciencia total en todo momento. Están ya fuera de la rueda
del auto-condicionamiento.
Hace dos días hablamos del cómo nos auto-condicionamos, cómo nos
desviamos del karma Divino y creamos nuestra propia rueda, quedándonos
parados dentro de ella. Para los seres condicionados existe una oportunidad
que nos es dada durante todos los días de Luna llena. La rueda Divina se abre
para aquellos que están condicionados por su propia personalidad. Es un punto
por el cual podemos entrar a un sistema superior. Así es que uno ha de entrar
en las energías de Luna llena conscientemente. No es suficiente con que nos
agrade la idea de que es Luna llena, ni que vivamos con una mente esperando
la Luna llena. Porque si pasamos a través de un día de Luna llena sólo con
júbilo y alegría, no pasa nada.
Hay una manera de hacer uso específico de un día de Luna llena para entrar
en el sistema superior, disolviendo nuestros sistemas individuales. El propósito
de la Luna llena es entrar en sistemas superiores o sintonizar con el sistema
natural existente del que nos hemos desviado y creado mucha artificialidad. En
esa artificialidad, en la que creemos, hemos creado nuestro mundo ilusorio. Por
eso vivimos completamente en nuestro propio modelo de pensamiento y no
somos capaces de experimentar la existencia sin pensamiento. Nuestros
propios pensamientos y la manera por la cual somos empujados por ellos nos
apartan de la existencia. Con lo cual no nos liberamos nunca de los
pensamientos constantes. Y aunque estemos todos juntos bajo el mismo techo,
será sobre todo un estar juntos sólo físicamente.
Desde que acabamos de desayunar y nos encontramos aquí, o entre la
meditación y el desayuno, cuando se nos deja libres, somos de nuevo la presa
de nuestra máquina de pensar. Según lo que nos proponga esa máquina de
pensar, nos mantenemos emitiendo. Somos una herramienta de esta máquina
de pensar y por eso no somos capaces de tener un poco de paz apartados de
ese empuje del pensamiento. Siempre tenemos una mente que tiene una
especie de programa ya propuesto. Y la mente nunca se queda tranquila. La
pantalla de la mente nunca se queda tranquila, siempre estamos escribiendo
algo en ella.
Cuando éramos niños nos daban una pizarra para escribir. Cada vez que
escribimos algo en una pizarra, antes de que pensemos escribir una cosa
nueva, lo normal es que borremos lo que ya está escrito y escribamos de
nuevo. Ahora nos imaginamos una pizarra blanca, no negra -cuando hablo en
Occidente normalmente tienen una pizarra blanca, no negra- y escribimos en
ella. ¿Qué haremos cuando esté llena? La borraremos y escribiremos de
nuevo. Imaginaos que siguiéramos escribiendo sin haber borrado lo anterior.
¿Qué aspecto tendría? Suponeos que hemos estado escribiendo en la misma
pizarra sin borrar durante treinta años. Si nos podemos imaginar cómo
quedaría esta pizarra escribiendo siempre sin borrar durante treinta años es
que es visible. Ni siquiera nosotros, que hemos escrito, podemos leerla. Es una
confusión total. No sabemos lo que hemos escrito sobre ella. Y mucho menos
otra gente. Pero seguimos escribiendo sobre la pizarra. La llenamos
completamente. De modo que es ya incluso difícil saber qué color tiene la
pizarra. Si una persona como yo se pone a mirarla, pensará que es una
especie de arte moderno. No tiene, digamos, un sentido. Tenemos todo tipo de
rayas sobre la pizarra, pero no podemos ver ni siquiera un símbolo, ni un color,
ni lengua ninguna, ni método ninguno. De esta manera, la pizarra de nuestra
mente la ponemos nosotros mismos en uso y no pensamos en limpiarla
diariamente. Por eso la pizarra no nos es útil. De ahí que la naturaleza cada
noche la limpie por nosotros.
Y afortunados aquellos que pueden entrar en un sueño profundo. Porque
cuando dormimos profundamente la Madre Naturaleza limpia nuestra pizarra y
nos la deja preparada para la mañana. Pero si abusamos de la pizarra, ni
siquiera dejamos a la Madre que la limpie. Eso es lo que pasa cuando tenemos
insomnio y nuestros pensamientos no nos permiten dormir . Eso quiere decir
que queremos seguir escribiendo en la pizarra día y noche. Hemos de
encontrar un momento para limpiar nuestra pizarra. Porque así la Madre
Naturaleza va a seguir ayudándonos a limpiarla.
El proceso de borrarla con nuestro propio esfuerzo es lo que se llama
meditación. Es un proceso por el que intentamos mantenernos aparte del
pensamiento, lejos del pensamiento, cuando en verdad no tenemos un
pensamiento y experimentamos la existencia auténtica. La existencia, como ya
os he dicho, es eterna, pero los pensamientos son temporales. De la existencia
nos vamos a la conciencia de ella. Cada mañana nos levantamos a la
conciencia. La consciencia es eterna. Es eterna también para los Maestros de
Sabiduría. Para nosotros la conciencia está ahí. Pero no somos muy
conscientes de ello. Porque en seguida pasamos al paso siguiente. Es decir, al
paso de los pensamientos individuales.
Cada día por la mañana, al levantarnos, nos hemos de vincular al proceso de
llegar a la conciencia a partir de la existencia. Hemos de conseguir que la
conciencia observe lo que está dentro y fuera de nosotros. Cuando dormimos
no hay tal cosa como fuera y dentro. Al despertarnos sí tenemos esa
consciencia de lo exterior y de lo interior. Si podemos pararnos ahí quiere decir
que saltamos de la existencia a la conciencia y nos mantenemos conscientes.
Nos mantenemos despiertos y, si podemos pararlo ahí, conseguiremos lo que
se llama tener conciencia de la existencia. Sin embargo no solemos quedarnos
ahí. Parece que tenemos prisa para empezar con los pensamientos. Y todos
caemos en nuestro modelo de pensamiento. Y una vez que hemos caído en
nuestro modelo de pensamiento individual, tanto la consciencia como la
existencia se van al fondo y empezamos a vivir únicamente alrededor de
nuestras opiniones. Así es que, desde que nos levantamos, vivimos casi
constantemente con nuestras opiniones. Hasta que nos vamos a dormir.
De esta manera, desde que me levanto por la mañana sigo viviendo con mi
dolor de muelas, otro empezará a vivir con su dolor de estómago o de cabeza,
otro tendrá otra cosa especial y algunos se levantaran con la nariz resfriada.
Así nos dispersamos en la objetividad y ya no existe más la ciencia de la
existencia. Existimos temporalmente en medio de los pensamientos. En medio
de la multitud de pensamiento existimos como una chispa, entre pensamiento y
pensamiento. Lo que es de por sí eterno se ha hecho temporal con nosotros. Y
lo que es temporal se ha hecho eterno en nosotros. Los pensamientos son
temporales en la conciencia. Ésta es más permanente. Pero incluso la
conciencia es temporal comparada con la existencia. La existencia es lo más
eterno y la conciencia va y viene.
Cada vez que hay una conciencia en el Universo se produce la Creación del
Universo. Y cada vez que la conciencia se absorbe dentro de la existencia, ya
no hay más conciencia. Es lo que se llama Pralaya. Pralaya quiere decir una
existencia única, que no tiene consciencia de sí misma porque no hay nadie
para poder observarla. No hay nadie que pueda hacerse consciente de ello.
Tenemos nuestro propio Pralaya a diario. Cada noche volvemos del
pensamiento a la existencia y, durante el sueño, no hay nadie que pueda
observar la conciencia pues es absorbida por la existencia. Por eso la
existencia es existencia únicamente y no hay una segunda persona para
observarla. Es lo que se llama la no creación. Pero aunque haya no creación, la
existencia sigue, igual que cuando dormimos no tenemos pensamientos y, sin
embargo, estamos existiendo. A través de nuestros pensamientos formamos
nuestra propia creación, de igual manera que la consciencia Divina tiene sus
propios pensamientos, que son esta creación. Es el poeta cósmico que sigue
escribiendo su poesía. Lo que vemos como galaxias, planetas y seres
humanos son sus poemas. Y cuando se va a dormir, todo el universo vuelve a
él. Y cuando se despierta todo el universo surge otra vez de él. Igual que
nosotros cuando nos vamos a dormir nos olvidamos de que estamos
durmiendo en Visakhapatnam. Sólo al levantarnos nos damos cuenta de que
estamos aquí. Y sucede así con nosotros porque es también un proceso que
pasa en el Universo.
El estado original de existencia pura se llama Shiva en las escrituras sagradas
antiguas. Es la existencia absoluta. La conciencia que surge de Shiva es lo que
se llama Vishnu (333333). En el estado de Shiva no existe el estado interior o
exterior. Cuando tenemos el estado de Vishnu, tenemos la existencia que
puede ir adentro o afuera. Vishnu es el nombre que utilizan las escrituras
sagradas antiguas; otros la llaman la Madre Naturaleza. Al primero -Shiva- se
lo llama el Padre; y a la consciencia que surge de la existencia -Vishnu- se la
llama la Madre Divina. Los pensamientos emergen únicamente del estado de
consciencia. Cuando dormimos no tenemos pensamientos. Sólo los tenemos
una vez despiertos. Es decir, los pensamientos son el producto de la
conciencia. La conciencia se deriva de la existencia y la conciencia desarrolla
los pensamientos. ¿Queda claro este proceso?
El sueño es un estado de conciencia. Y la conciencia es la base para todo
pensamiento. Os puedo poner otro ejemplo. Todos podemos ver la pantalla de
televisión cuando está apagada. El paso siguiente es encender la televisión
porque, si no la encendemos, no podemos empezar a ver ningún programa y,
aunque haya programa, no podemos verlo si no está encendida. El levantarnos
del sueño es como encendernos. Cuando encendemos la televisión tenemos
una pantalla blanca. Se vuelve blanca después de ser negra o gris; es decir, se
ha vuelto potencial para poder recibir los programas; y por eso tenemos la
pantalla plateada. En los escenarios, el paso siguiente a esta pantalla plateada
es recibir las imágenes. La televisión está siempre ahí y es más permanente
que el estado de apagarla o encenderla. Una vez que la hemos encendido
podemos ya recibir los programas.
Pero también puede permanecer encendida sin que haya programa en ella.
Cuando hay programa en la pantalla, entonces ya no vemos la pantalla.
Debemos pues tener algún tiempo en el que no haya programa manteniendo
una pantalla blanca encendida sin poner nuestros propios programas. Eso hará
que se refleje en ella el programa que está pasando en el Universo. Y aún más
si queremos tener el Mahabharata en la pantalla. Lo mejor no es encender
nuestro videocasete al mismo tiempo. Imaginaos que yo tuviera doscientos o
trescientos videocasetes y empiezo a meter uno detrás de otro. Y cuando
empiezan a emitir el Mahabharata, empiezan a surgir otros programas. ¿Qué
es lo que he de hacer? Debo de apagar mis propios programas, ¿no? De esta
manera la pantalla podrá reflejar automáticamente el Mahabharata. Si
apagamos, pues, nuestros programas individuales en la mente, lo que está
pasando en los círculos superiores se reflejará en nuestra mente. Pero solemos
estar muy ocupados con nuestros propios videocasetes y no nos preocupamos
de ver el programa nacional. En nuestro caso el videocasete corresponde a
nuestra mente individual y el programa nacional es la mente universal.
La finalidad de toda práctica oculta es llegar a conocer la mente universal.
Todos queremos conocer el Plan Divino. Pero ¿cómo podremos llegar a
conocerlo a menos que apaguemos nuestros propios planes? Es como tener
encendido mi propio videocasete y seguir quejándome de que no puedo recibir
el Mahabharata. Tenemos muchísimas quejas acerca de Dios, y Dios nos dice
siempre: "¡apaga tu video! y entonces podrás ver el Plan". Es necesario que
apaguemos los programas individuales. Hemos de apagar nuestros programas
aunque sea de vez en cuando.
Si vemos en la televisión nuestro propio programa durante tres días seguidos,
nos cansaremos y diremos: "¡bueno, ya no quiero ver más esta casette!"
¿Cómo encontramos la paz, esa inmensa paz que no se puede expresar con
palabras? La encuentra la persona que es capaz de liberarse del proceso
continuo de pensamientos. Por eso el hombre aspira incesantemente a
liberarse de los pensamientos. Si cuando, con la ayuda de un Maestro,
experimentamos, y por un solo segundo, este estado de no pensamiento tan
dulce y tan profundo, no nos gustará ya perdernos más a costa de nada esta
experiencia. Cuando la hemos probado, nos gusta volver a tenerla tantas veces
como sea posible. Por eso, también en el estado de evolución, el hombre llega
a un momento en que ve que tiene que permanecer más en la conciencia que
en el pensamiento. Y solamente entra en el pensamiento para hacer algo
concreto, volviendo luego al estado de no pensamiento. Esto es lo que se llama
vivir en meditación en todo momento y descender en el cuerpo del
pensamiento cuando es estrictamente necesario. Y, si no lo es, cuando no hay
necesidad de actuar, volver otra vez a la existencia. Afortunados son aquellos
que pueden pensar solamente cuando hay necesidad de actuar.
La acción aquí incluye también el planear algo. La acción no quiere decir que
sea solamente física, pues tiene sus propios pasos: el primer paso es la idea
que nos viene; el segundo es arreglar la idea; y el tercero es el de adecuar en
lo físico la idea que nos ha venido. Entonces, cuando necesitamos actuar, la
idea y su organización en este proceso descienden al cuerpo de pensamiento y
al cuerpo físico según sea necesario. Y, cuando se ha terminado, volvemos
otra vez al estado de existencia pura. Y poco a poco cambiamos nuestro plano
de existencia del pensamiento al otro plano de la consciencia. Cuando vivimos
más en el estado de consciencia, dejamos de vivir en modelos de pensamiento
creado. Si no hay necesidad de actuar se dice que somos una pantalla
plateada encendida y sin programa alguno. Entonces los programas superiores
se reflejan en ella y empezamos a ver los programas más elevados. Es lo que
el Maestro Djwhal Khul explica de manera diferente hablando de la Luna llena.
El Maestro Djwhal Khul nos dice que en cada día de luna llena podemos recibir
el programa para todo el mes siguiente.
Si apagamos nuestros propios programas y mantenemos nuestra pantalla
plateada, preparada para ese programa, la Luna llena tendrá algún significado.
Lo tendrá para aquellos que son capaces de apagar sus propios programas
personales y saben mantener el programa y el equipo preparado para el
programa satélite. La pantalla es la Luna para nosotros. Recibimos el programa
en nuestra pantalla plateada a través de la pantalla plateada del sistema solar.
El sistema solar tiene su pantalla plateada en la luna y los programas que se
proyectan en ésta pueden ser recibidos por nuestra luna pequeñita, que es
nuestra mente. Para que podamos experimentar las energías de las diferentes
Lunas llenas tenemos que hacer muy poquitas cosas: sólo apagar nuestros
propios programas.
Por eso los Maestros de Sabiduría nos dicen que dos días antes de la Luna
llena paremos nuestra actividad desmadrada, no nos movamos demasiado, no
hagamos muchas cosas. Para no movernos demasiado, mejor nos quedamos
en casa. Sin embargo la mente sigue moviéndose como loca. Cuando digo que
no nos movamos demasiado, me refiero a que no nos movamos mucho en la
mente. Nos podemos mover físicamente sin estar por ello locos en la mente,
muy activos. La estabilidad física o el alimento físico no es tan importante. A lo
que me refiero es al movimiento mental. Si estamos tranquilos en nuestra
mente durante las horas de Luna llena, el programa de los sistemas superiores
puede ser proyectado sobre nuestra mente. Por esa razón se nos pide que nos
preparemos para la Luna llena, en el punto álgido de la Luna, que también se
llama el punto de la Luna -que será mañana a las 10:27-. En este punto el Sol y
la Luna están en un ángulo de 180º, cuando la Luna está completamente
expuesta al Sol, cuando nuestra mente está completamente sintonizada a la
consciencia.
Para llegar a ese punto hace falta que antes haya una preparación. Es una
preparación que ha de comenzar como mínimo dos días antes. Pero ¿de qué
preparación se trata? La primera preparación es acordarse de que hay una
Luna llena que va a llegar. Para mucha gente no existe ni Luna llena ni Luna
nueva. Si les decís que mañana es Luna llena, te dirán ¿y qué? Quiere decir
que no están preparados para ella. Nosotros esperamos la Luna llena y, por
eso, la primera cosa es ser conscientes de que va a llegar la Luna llena. El
segundo paso es el de preparar los tres cuerpos. Emplear quizá un día para
preparar cada cuerpo. Organizar la actividad física mediante nuestras citas y
nuestra alimentación para que el cuerpo físico no nos dé problemas al llegar la
Luna llena. Porque ¿qué pasa si se llega a la Luna llena y uno de los tres
cuerpos no está en su debido orden? Imaginaos que tengo una encía hinchada
que me duele constantemente. Mi consciencia funcionará constantemente
concentrada en ella a menos que sepamos la técnica para apagarnos, para
apartarnos de ella. Por eso los Maestros dicen que preparemos nuestro cuerpo
físico, luego el emocional y luego el mental. Hacer que éstos estén tranquilos
para cuando lleguen las horas de la Luna llena es como acercarnos a la
pantalla de televisión cuando faltan pocos minutos para que el programa
empiece.
El Maestro Djwhal Khul nos ha dicho que, durante la Luna llena, el programa
durará doce horas, empezando seis horas antes del punto de Luna llena y
terminando seis horas después de este punto. Durante estas doce horas me
hago disponible para todos los verdaderos servidores en el planeta. Ese es el
caso de todo Maestro. Todo Maestro contacta con su verdadero discípulo el día
de Luna llena. Y el programa se emite por medio de un programa de impresión
o de telepatía. Durante el próximo mes entero se lleva a cabo el programa
donde los verdaderos servidores actúan.
Nos es dada, pues, una oportunidad cada mes siempre y cuando
mantengamos la pizarra de nuestra mente limpia el día de Luna llena. Y poco a
poco y gradualmente podremos aumentar de frecuencia y podremos llegar a un
estadio en el que cada día pueda ser Luna llena para nosotros. Es decir,
mantendremos la mente siempre tranquila, limpia y expuesta a la conciencia
que llevamos dentro de nosotros y a la conciencia que está fuera. Este estar
sintonizados con la conciencia en todo momento hace de nosotros un Ser de
Luna llena, quiero decir una mente florecida, completamente capaz de recibir el
programa minuto a minuto y llevarlo a cabo según este programa. Eso supone
una experiencia constante del juego de la energía.
Cuando llegamos a este estadio, estamos en un juego continuo esplendoroso y
su falta es lo que se llama muerte. Lo que nosotros entendemos por muerte es
diferente de lo que entienden por ello los que saben. Un gran Maestro definía la
muerte como un lapsus de conciencia, un momento de bache en la
consciencia. Podemos decir que no estamos viviendo nuevamente, porque
tenemos más lapsus que conciencia. Cuando hay consciencia hay vida y
cuando no la hay se llama muerte. Solemos vivir con tanta falta de conciencia
que en realidad podemos decir que no estamos viviendo. No tenemos un
entendimiento adecuado de la vida y de la muerte. El gran Maestro que se
llama Sanat Sujata, que es el hermano gemelo de Sanat Kumara, nos dice: “no
os preocupéis por la muerte, porque en realidad no estáis viviendo. Hazte cada
vez más consciente, porque la conciencia es la vida y su falta es la muerte”. Lo
que entendemos como la muerte del cuerpo físico es una consciencia de este
tipo. Por eso decimos que creceremos a una conciencia completa y viviremos
como Lunas llenas eternamente. Y por eso, al mostrar un cuadro de todos los
Santos, solemos ver una Luna llena detrás de ellos. Lo cual quiere decir que
están viviendo eternamente en su conciencia y que no están muertos. Puede
que no tengan cuerpo físico, pero están viviendo muchísimo en la consciencia.
El hecho de pintarlos con el aura tiene su sentido. Nunca veremos detrás de
cada Santo una media luna pintada, sino una luna llena que está siempre
abierta para el programa Divino.
Debemos ser capaces de vivir en esa especie de conciencia con la técnica de
la meditación y de otras prácticas. Porque ¿cómo nos quitamos de encima
nuestros pensamientos? Un método antiguo dado es el de observar, seguir
observando cómo pienso, qué tipo de pensamientos me vienen y de donde
proceden. ¿Soy yo el que piensa o los pensamientos me vienen? La verdad es
que los pensamientos siguen viniendo aunque no pensemos. Si pensamos
cuando queremos y dejamos de pensar cuando no queremos, hemos llegado a
ser Maestros de Sabiduría, maestros de la mente o del pensamiento. Pero
todavía no lo somos. Por eso, a veces, aunque no queramos pensar, los
pensamientos vienen. Lo mejor para quitarnos de encima estos pensamientos
es observar como vienen y, al observarlos, permanecemos fuera de ellos como
observadores. Salimos de ellos con un pensamiento; y cuando nos damos
cuenta de nuevo que hemos empezado a pensar, nos salimos otra vez de ese
triángulo de pensamiento.
Cada vez que salimos de un triángulo en la forma de pensamiento y cada vez
que te quieres acordar de cómo los pensamientos vienen, te liberas de ellos.
¿Qué es lo que nos pasa cuando nos sentamos a meditar durante quince
minutos? El pensamiento nos lleva a tierras lejanas sin nuestro permiso.
Porque la mente está acostumbrada a actuar en la objetividad. ¡Ah! y cuando
nos damos cuenta que estamos en meditación, nos deshacemos del
pensamiento y entonces volvemos. Pero el pensamiento dice: "¡Ja, Ja, Ja! ¡Ya
me ocuparé de verte otra vez y de llevarte a otro lado!". Y otra vez nos
volvemos a acordar de que estamos meditando. Le decimos "adiós" al
pensamiento y volvemos. Siempre el pensamiento nos lleva afuera de paseo y,
después de un poco de viaje, cuando hemos recorrido cierta distancia, le
decimos "¡Chao, Chao!", y volvemos.
Este es el comienzo de la práctica de la meditación. Poco a poco, si
practicamos regularmente, seremos capaces de decirle al pensamiento
"¡adiós!" antes de hacer mucho camino con él. Y gradualmente reduciremos el
tiempo y la distancia que andamos con el pensamiento y volveremos a un
punto en el que cuando el pensamiento intente sacarnos afuera le diremos
inmediatamente adiós. Poco a poco nuestra novia nos dejará. Como no nos
queremos mover con nuestra novia desde el pensamiento, nos dejará. Así nos
despegaremos poco a poco del pensamiento, hasta el punto de que ya en el
momento mismo en el que está surgiendo le diremos: "Namaskarams"; le
saludaremos y le diremos: "ya sé que me puedes enseñar muchas cosas, pero
no tengo las fuerzas necesarias para viajar contigo". Sin embargo, esperará un
minuto y nos dirá todavía: “¡vamos ahora!”. Pues incluso en el momento mismo
de hacernos la propuesta, ya lo sabremos.
Al inicio no sabemos cuándo nos hace una propuesta y ni siquiera nos
consulta. Hace un programa y nos saca afuera. Y sólo cuando hemos andado
unos cuantos kilómetros, nos damos cuenta de que hemos sido raptados. Me
voy hasta un punto como Bombay, me doy cuenta y vuelvo a Visakhapatnam. Y
al volver nosotros, él también vuelve con nosotros. Y otra vez nos vuelve a
llevar fuera. Y así seguimos jugando a este juego hasta que ella, nuestra novia,
llega a entender que no queremos salir con ella. Y como siempre hemos estado
obedeciendo al pensamiento, ella lo da por hecho. Si le pedimos que nos
consulte desde el principio -“oye, antes de hacer algo, consúltame”-, nos
contestará: “todo este tiempo me has estado obedeciendo y ahora que te has
hecho mayor ¿quieres que te consulte yo a ti?” Entonces le diremos: “por favor
sí, consúltanos”.
Así que al principio es muy dominante, pero, poco a poco, al retirarnos,
empezará a consultarnos. Y entonces sólo nos llevará cuando queramos ir con
ella y nos preguntará si sólo vamos hasta allí, al templo de Krishna. Pero una
vez hemos salido, seguramente nos llevará más lejos. Empezaremos a
aprender también estos trucos del pensamiento. Sin embargo, a la próxima, le
diremos: “bueno, si has dicho hasta el templo de Krishna, que está allí, pues
sólo hasta allí, y basta”. El pensamiento, luego, nos dirá: “nunca me ha sido
posible llevarte a menos que te hayas dormido por el camino”. Cuando
lleguemos al templo de Krishna, ese de aquí, debemos acordarnos de que allí
se acaba todo. Pero si nos dormimos en el camino, nos lleva más lejos.
Es una práctica constante. Este juego que tenemos con el pensamiento es la
meditación que llevamos a cabo en los primeros años. Al cabo de cinco años,
si hemos practicado esta meditación regularmente, el pensamiento nos
consulta antes de sacarnos de paseo; y si le decimos: “espérate un rato”, nos
dirá: “vale, me espero”. Puede esperar durante quince minutos o puede esperar
tanto tiempo como queramos. Y, a partir de este momento, nunca más nos
hará proposiciones. La mesa se ha dado la vuelta y a partir de ahora si lo
necesitamos, tenemos que llamarlo y él nos dirá: “¿qué puedo hacer por ti?”
Entonces las cosas se harán según nuestra necesidad. Y cuando no
necesitemos al pensamiento, no nos dominará, ni nos dará problemas, ni nos
hartará, ni nos confundirá. Trabajará únicamente para nosotros cuando
queramos. Además es un trabajador excelente si meditamos regularmente. Así
es como en diez años llegaremos al punto de ver el punto en el que el
pensamiento surge. Esta fuente es el estado de nuestra existencia real. Es
decir, nuestra dirección auténtica. Es el indicio de que nuestra seña es
auténtica.
A partir de ahí vivimos siempre en nuestro domicilio original. Antes de eso
estábamos viviendo en casa de un amigo. Ahora la gente nos preguntará
donde vivimos y diremos que vivimos en nuestra casa y que el nombre de
nuestra casa es YO SOY. Luego nos preguntará si antes vivíamos en casa de
un amigo y nos dirá: "¿cómo es eso?" Y responderemos: “sí, también usamos
esa casa, pero sólo cuando la necesitábamos”. Si somos regulares en nuestra
práctica, en un ciclo de Júpiter podemos llegar a ese estado. Esto es lo que nos
dicen los Maestros. Ese ciclo de Júpiter es de doce años.
Hemos de mantener este tipo de práctica para que, poco a poco, un
pensamiento dominante que nos empuja a salir se haga nuestro asistente y el
amigo más obediente. Esta es la finalidad de la meditación. Cuando estemos
en ese estado podremos decir al pensamiento: “mira, es Luna llena; te doy
cinco días de vacaciones”. Y él nos contestará: “vale, de acuerdo”. Así es
como, poco a poco y de una manera afable, hemos de llegar a dominar al
pensamiento. Es un proceso muy delicado. Porque sin pensamiento no
podemos trabajar en la objetividad. El mundo objetivo lo necesitamos
muchísimo. Es como una esposa. Si somos capaces de tratar dulcemente a
nuestra esposa, se vuelve nuestro compañero más querido de la vida.
Tendremos un buen amigo a través del tiempo. Cuando tenemos un
compañero querido tenemos una vida maravillosa. La vida no es tan agradable
sin un compañero de viaje.
Si hacemos un buen uso de las energías de la Luna llena podremos llegar a
tener buen un amigo. Y, poco a poco, podremos transformar cada día en Luna
llena. Cuando apagamos nuestros propios programas y estamos en
consciencia continua del programa satélite, funcionamos según ese programa.
Es lo que todo buscador verdadero quiere llegar a conseguir. Sólo después
podemos llegar a experimentar la existencia eterna. Porque viviremos en
consciencia constantemente y no habrá muerte a partir de entonces. Esto es lo
que se llama inmortalidad. Entonces podremos llegar a ese estado de
conciencia a través de la Luna de Capricornio. Porque ésta nos ofrece una
buena oportunidad.
En las clases anteriores os he hablado en general de la importancia de
Capricornio. Capricornio es el amanecer de nuestras vidas en lo que se refiere
al planeta. Si lo miramos con el planeta, es el amanecer. Pero en este
momento en particular y concreto Capricornio es mucho más importante que en
otros momentos. Porque ahora tenemos a los grandes Maestros en
Capricornio: tenemos a un gran Maestro llamado Saturno, otro gran Maestro
llamado Urano y un Maestro más llamado Neptuno. Son los tres grandes
Maestros que tenemos ahora, además del Maestro del sistema solar, el Sol.
Neptuno, Saturno y Urano están en Capricornio y en la dirección opuesta
tenemos a otro gran Maestro: a Júpiter, el cual está con los ojos abiertos sobre
los otros cuatro. Es una distribución maravillosa. Y para darnos la visibilidad, la
luz entra ahora mismo en Cáncer. Así es que habrá un intercambio de energías
excelente entre Cáncer y Capricornio, en el que seis planetas están en
interrelación. Con esta situación, tenemos una gran posibilidad para esperar
una existencia más profunda. Así es que mantengámonos en forma para que
podamos conectar con el programa que se va a emitir en las próximas de
treinta y seis a cuarenta y ocho horas. Gracias.
AVISO
Este trabajo es una transcripción literal de la traducción simultánea de esta conferencia/
seminario. El trabajo no ha sido revisado por el autor, por lo que puede contener errores y
omisiones.

Más información:
edicionesdhanishtha@wttes.org
www.edicionesdhanishtha.com
www.wttes.com

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