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AIBR

REVISTA
DE ANTROPOLOGÍA
IBEROAMERICANA
2012
VOLUMEN 7
ENERO \ ABRIL
NÚMERO 1
MADRID
REVISTA CIENTÍFICA
DE LA ASOCIACIÓN
DE ANTROPÓLOGOS
IBEROAMERICANOS
EN RED
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mendable es de 15 páginas a espacio y medio. Pueden corresponderse con textos de opinión, reflexiones,
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ISSN: 1695-9752
E-ISSN: 1578-9705
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ÍNDICE DE CONTENIDOS
VOLUMEN 7 | NÚMERO 1
PRESENTACIÓN 7
ARTÍCULOS
ISABEL RUIZ-MALLÉN / PABLO DOMÍNGUEZ / LAURA CALVET-MIR /
MARTÍ ORTA-MARTINEZ / VICTORIA REYES-GARCÍA
ACCIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO. 9
ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ / GONZALO SAAVEDRA GALLO
TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA
ARTESANAL DEL SUR DE CHILE: HACIA UN ENFOQUE REFLEXIVO
DEL DESARROLLO ENDÓGENO. 33
DÉBORA BETRISEY
POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA:
LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE “EMIGRANTES PATRIOTAS”
E “INMIGRANTES RESPONSABLES”. 65
ORIOL ALONSO CANO
MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR. 99
RESEÑAS
M. SOLEDAD VIEITEZ CERDEÑO
TEXTOS DE ANTROPOLOGÍA CONTEMPORÁNEA.
Francisco Cruces Villalobos & Beatriz Pérez Galán 120
LUIS RODRÍGUEZ CASTILLO
ANTROPOLOGÍA DE LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA.
Íñigo González de la Fuente 125
PAULA GONZÁLEZ GRANADOS
ANTROPOLOGÍA AUDIOVISUAL:
MEDIOS E INVESTIGACIÓN EN EDUCACIÓN.
Antonio Bautista García-Vera & Honorio M. Velasco Maillo 130
7 CONSEJO DE REDACCIÓN
PRESENTACIÓN
La antropología se ha enfrentado desde sus orígenes al reto de resolver
nuevos problemas humanos. La diversidad cultural, ya sea a través de la
geografía del planeta o a lo largo de la historia de la humanidad, nunca
ha dejado de estimular a los especialistas para encontrar nuevos medios
de ayudar. Ha utilizado métodos que a pesar de mantener un denomina-
dor común en sus orígenes también han sufrido una adaptación selectiva
con el paso de los años. Precisamente en esta línea de actuación ofrece-
mos algunos de los artículos de este primer volumen del año 2012.
El primer texto nos llega a raíz de un amplio proyecto llevado a cabo
por el Laboratorio de Etnoecología de l‘Institut de Ciència i Tecnologia
Ambientals, en la Universidad Autónoma de Barcelona. A través de un to-
tal de cinco intervenciones llevadas a cabo en África, Asia, Latinoamérica
y Europa, sus autores nos describen algunos de los más interesantes pro-
blemas que se plantean en comunidades locales en diversas partes del
mundo. El texto nos ofrece las experiencias de etnoecología aplicada,
una disciplina centrada en el estudio de los sistemas culturales locales y
su interacción con el medio ambiente.
En una línea cercana a la mencionada en el primer artículo, aunque
con distinto tratamiento teórico y aplicado, Alfredo Macías Vázquez y
Gonzalo Saavedra Gallo nos remiten un texto que revisa las dinámicas de
desarrollo endógeno en dos localidades de la costa sur-austral de Chile.
El artículo reta al investigador en antropología a replantearse, o al menos
dudar, de muchas suposiciones tradicionales sobre las reacciones de las
comunidades locales frente a la corriente globalizadora. ¿Hay algo más
aparte de una mera reacción frente a lo exógeno que trate de minimizar
aspectos tales como los riesgos socio ambientales que lleva consigo la
globalización?¿Cuáles son las dinámicas económicas que tienen lugar a
nivel territorial?¿Es posible, por el contrario, innovar desde la tradición?
El tercer texto, escrito por Débora Betrisey, nos realiza una intere-
sante reflexión histórica sobre las políticas de reclutamiento de trabaja-
dores inmigrantes en España. A través de una interesante revisión sobre
los numerosos estudios de migración realizados hasta la fecha, así como
de un caso empírico centrado en una localidad andaluza, la autora de este
texto explora las políticas de control de y „moralización“ del inmigrante
por parte del gobierno central, comparando los criterios imperantes du-
rante y después del franquismo.
En el último artículo de este volumen se retoma uno de los elementos
centrales de la antropología social y cultural, la vivienda, bajo el pris-
8 PRESENTACIÓN
ma de la burbuja inmobiliaria. Su autor, Oriol Alonso Cano, derriba la
clásica concepción que en nuestra disciplina ha tenido “la casa” como
símbolo de separación entre lo público y lo privado. Si bien la vivienda
es uno de los elementos que en la sociedad contemporánea consideramos
por excelencia a través de su valor de uso, la realidad actual es que, de
manera progresiva, ha pasado a ser catalogado por su valor de cambio.
La mercantilización del hogar, analiza Oriol Alonso, cambia por comple-
to la concepción de los usuarios, y convierte a la vivienda, hoy más que
nunca, en un caso paradigmático de aquello que Marc Augé acuñó bajo
el término de “no lugar”.
Cerramos el volumen con un conjunto de reseñas de libros que se-
leccionan algunas de las numerosas novedades bibliográficas publicadas
en los últimos meses. Esperamos que esta nueva entrega siga teniendo la
misma acogida que siempre hemos recibido de la comunidad antropoló-
gica iberoamericana.
AIBR
Revista de Antropología
Iberoamericana
www.aibr.org
VOLUMEN 7
NÚMERO 1
ENERO-ABRIL 2012
Pp. 9 - 32

Madrid: Antropólogos
Iberoamericanos en Red.
ISSN: 1695-9752
E-ISSN: 1578-9705
INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA:
EXPERIENCIAS DE CAMPO.

ISABEL RUIZ-MALLÉN
PABLO DOMÍNGUEZ
LAURA CALVET-MIR
MARTÍ ORTA-MARTINEZ
VICTORIA REYES-GARCÍA
INSTITUTO DE CIENCIA
Y TECNOLOGIA
AMBIENTALES
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA
DE BARCELONA / ICREA
10 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
RECEPCIÓN: 11.03.2011
ACEPTACIÓN: 20.12.2011
APPLIED RESEARCH IN ETHNOECOLOGY: FIELD EXPERIENCES.

SUMMARY:
Ethnoecology studies the relations of human beings with their environment aim-
ing at understanding several current socio-ecological problems such as ecological
degradation and loss of cultural diversity, mainly from a local point of view. Since
2006, the research team of the Ethnoecology Laboratory (Autonomous University
of Barcelona) is conducting research projects focused on the study of social, cul-
tural, political, and ecological factors and dynamics influencing the relation of rural
and indigenous communities in Africa, Asia, Latin-America, and Europe, with their
environment. Contrary to the common practice of simply extracting information
from rural communities, projects at the Ethnoecology Laboratory blend academic
research and actions oriented to return findings to the populations where we work
and to improve their well-being and sustainable use of natural resources.
KEY WORDS:
Ethnoecology, cooperation, action-research, dissemination, education.
RESUMEN:
La etnoecología estudia las relaciones entre los humanos y el medioambiente en el que
viven, contribuyendo a entender algunos de los problemas socio-ecológicos actuales,
como la degradación ecológica o la pérdida de diversidad cultural, desde un punto
de vista eminentemente local. Desde el 2006, el Laboratorio de Etnoecología de la
Universitat Autònoma de Barcelona desarrolla proyectos de investigación dirigidos a
estudiar factores y dinámicas sociales, culturales, políticas, y ecológicas que ayudan a
explicar la relación de sociedades indígenas y rurales de África, Asia, Latinoamérica
y Europa, con su entorno ambiental. Huyendo de la dinámica de extracción de in-
formación sin retorno a las comunidades, los proyectos del Laboratorio combinan
investigación académica con acciones orientadas a la devolución de los resultados
de investigación a las poblaciones con las que trabajamos, a la vez que promueven
mejoras en el bienestar local y en el uso sostenible de sus recursos naturales.
PALABRAS CLAVE:
Etnoecología, cooperación, investigación-acción, divulgación, educación.
11 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
Agradecimientos
Agradecemos a las comunidades indígenas y rurales con las que trabaja
el Laboratorio de Etnoecología del ICTA-UAB su colaboración en los
proyectos que realizamos, así como a los estudiantes e investigadores que
participaron en dichos proyectos. También a las entidades financiadoras
que subvencionan los proyectos de cooperación del Laboratorio: Fondo
de Cooperación Internacional en Ciencia y Tecnología Unión Europea-
México (FONCICYT), Ministerio de Ciencia e Innovación (MINCIN),
Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo
(AECID), Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca (AGAUR),
Centre de Promoció de la Cultura Popular i Tradicional Catalana
(CPCPTC), y Fundació Autònoma Solidària (FAS).
Introducción
La etnoecología es el estudio interdisciplinario, desde una perspectiva
particularmente local, de las relaciones dinámicas entre los seres huma-
nos y el ambiente natural en el que viven. Desde sus orígenes en los años
cincuenta (cf. Conklin, 1954; Frake, 1962) hasta la actualidad, la de-
finición y las principales líneas de investigación de la etnoecología han
evolucionado profundamente. En sus orígenes, la etnoecología fue una
disciplina principalmente dedicada al estudio de los sistemas culturales
de clasificación del entorno natural (Conklin, 1954; Frake, 1962). Hoy
en día, la mayoría de estudios en etnoecología se centran en el estudio del
conocimiento ecológico tradicional bajo un enfoque altamente holístico
que incluye, entre otros, el análisis de su génesis, su historia, sus funciones
sociales y ecológicas, y sus relaciones con la cultura dominante en la que
se encuentra. Aparte de una herencia cultural determinada por su propia
historia y embebida en cosmologías mayores, a menudo milenarias, y
que condicionan su devenir, este conocimiento ecológico tradicional es
principalmente entendido como una estrategia humana de adaptación y
modificación del hábitat que, de acuerdo con Berkes et al. (2000), es el
resultado de la co-evolución entre cultura y naturaleza (Reyes-García y
Martí, 2007).
La etnoecología explora las maneras en que los diferentes grupos
humanos perciben y/o representan la naturaleza a través de un conjunto
de conocimientos, creencias y prácticas (Toledo, 1992). Esta disciplina
propone, por tanto, el estudio de un sistema integrado por 1) los sistemas
de creencias y cosmovisiones (cosmos) de los distintos grupos humanos
12 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
sobre su ambiente, 2) el conjunto de conocimientos ecológicos tradicio-
nales stricto sensu (corpus) cuyo objetivo final es el uso y manipulación
de los recursos naturales, 3) el conjunto de prácticas productivas (praxis)
mediante las cuales las sociedades satisfacen sus necesidades materiales
y espirituales (Berkes et al., 2000; Toledo, 2002), y 4) las instituciones
locales (formales e informales) destinadas al manejo de recursos natu-
rales (Ostrom, 1990). Mediante la integración de los significados, los
valores y las acciones, la investigación etnoecológica busca comprender
la realidad local y, muy frecuentemente, también se plantea el objetivo
de crear directrices que apunten a implementar propuestas de desarro-
llo local sostenible con la participación de los actores locales (Toledo y
Barrera-Bassols, 2008).
Por lo anterior, los estudios en etnoecología adoptan una perspectiva
transdisciplinaria que se basa en aportaciones de las ciencias naturales
y la ciencias sociales a diversas escalas, desde el punto de vista de los
habitantes rurales hasta la opinión de los políticos (Reyes-García, 2007).
Actualmente, mucha de la investigación en etnoecología se enfoca en
los siguientes temas de estudio: 1) los sistemas locales de conocimiento
ecológico tradicional (Berlin et al., 1974; Reyes-García et al., 2003), 2)
las relaciones entre diversidad biológica y diversidad cultural (Harmon,
2005; Dove et al., 2005; Maffi, 2005), 3) los sistemas de manejo de los
recursos naturales (Balee, 1994; Berkes y Folke, 1998; Atran et al., 1999;
Haenn, 1999; Olsson et al., 2004), 4) la manera en la que las poblacio-
nes locales perciben su medioambiente (Frake, 1962; Godelier, 1984 ;
Descola, 1986 y 2005), y 5) las relaciones entre desarrollo económico y
bienestar humano (Guest, 2002; McDade et al., 2007; Reyes-García et
al., 2007).
La mayoría de los estudios empíricos en etnoecología se focalizan
principalmente en grupos indígenas y rurales y, por lo tanto, requieren,
de una manera u otra, su participación. A nivel teórico-metodológico, las
sociedades científicas que trabajan en temas cercanos a la etnoecología
han desarrollado códigos éticos con el objetivo de enfatizar la necesidad
de establecer relaciones de igualdad entre científicos y poblaciones locales
(ver, por ejemplo, los códigos éticos de la Society of Economic Botany
http://www.econbot.org/ o de la International Society of Ethnobiology
http://ethnobiology.net, entre otras). Estos códigos sientan las bases para
el establecimiento, a lo largo de la investigación, de mecanismos de cola-
boración entre la población local y los investigadores. Dichos mecanis-
mos implican varias acciones que van desde la devolución de los resulta-
dos hasta la cooperación al desarrollo y la investigación-acción partici-
13 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
pativa, esta última entendida como "una creciente familia de enfoques y
métodos para permitir a la población local compartir, mejorar y analizar
el conocimiento de su vida y sus condiciones, para planificar y actuar"
(Chambers, 1994). La finalidad es que dichos mecanismos reviertan en
la mejora de la calidad de vida de los grupos indígenas y rurales donde
se realizan los estudios, así como en un mejor manejo de sus recursos
naturales en la medida de lo posible.
En la práctica, sin embargo, son aun pocos los estudios en etnoeco-
logía que logran desarrollar mecanismos de colaboración que involucran
a los locales de forma activa en el análisis, la discusión y la generación
de propuestas de la investigación. Tampoco son comunes los enfoques
analíticos dirigidos a sistematizar los mecanismos y prácticas de cola-
boración entre locales e investigadores. Puesto que sin la colaboración
de las poblaciones locales no sería posible realizar la investigación et-
noecológica, desde la etnoecología es necesario continuar reflexionando
sobre la importancia de establecer lineamientos para regular los derechos
y obligaciones de los investigadores con las poblaciones locales, y vice-
versa. Estos lineamientos deben regular la colaboración no sólo en el
proceso de recogida de datos, sino también en la planificación del estudio
así como en la devolución de los resultados, siempre con el objetivo de
crear un impacto positivo en los propios lugares de estudio. Asimismo, la
colaboración debe prever su posible impacto futuro dentro de la relación
dialógica que mantiene toda investigación con el resto del mundo (cientí-
fico, social, institucional, empresarial, etc.).
En este artículo, presentamos cinco estudios de caso desarrollados
por el Laboratorio de Etnoecología del Institut de Ciència i Tecnologia
Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), para
describir y reflexionar sobre una metodología de colaboración en el mar-
co de la investigación etnoecológica. Los estudios ejemplifican la expe-
riencia del Laboratorio en el establecimiento de espacios de diálogo entre
población local e investigadores, así como en el desarrollo de recursos y
estrategias de comunicación y aprendizaje mutuo.
Métodos
Desde el 2006, el Laboratorio de Etnoecología del ICTA-UAB (http://
icta.uab.cat/Etnoecologia/index.php) realiza acciones de investigación y
capacitación académica en África, Asia, Latinoamérica y Europa. Como
práctica común durante el proceso de investigación, se desarrollan ac-
ciones para establecer sinergias entre población local e investigadores. El
14 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
Cuadro 1 presenta las principales características de cinco estudios de caso
que se analizan en este artículo. Las investigaciones analizadas presentan
diferentes niveles de colaboración entre población local e investigadores:
desde el retorno de la información generada durante la investigación a
las poblaciones locales hasta el apoyo académico para lograr el recono-
cimiento del territorio indígena. A continuación resumimos el contexto
de los cinco estudios, para luego analizar las formas de colaboración
utilizadas en cada uno de ellos.
1. Conocimiento de variedades hortícolas locales en la Vall Fosca,
Pirineo Catalán, noreste español. La Vall Fosca es un valle pire-
naico de unos 200 km2 y aproximadamente 1.000 habitantes,
mayoritariamente ganaderos que dependen de las actividades tra-
dicionales basadas en la utilización de recursos naturales, así como
de nuevas actividades económicas surgidas en torno al turismo.
Durante tres años, como parte de una investigación de doctorado,
miembros del Laboratorio han llevado a cabo un estudio en el que
se analiza la conservación de la agrobiodiversidad y el manteni-
miento del conocimiento agroecológico local a través de las redes
sociales de intercambio de semillas en la zona (Calvet-Mir et al.,
2010b; Calvet-Mir et al., 2011a; Calvet-Mir et al., 2011b). Las
acciones de cooperación se iniciaron en 2009 como una iniciativa
de los investigadores del proyecto para retornar el conocimiento
científico generado a las poblaciones locales. Esta iniciativa aún
se encuentra en curso. En el marco del proyecto se han generado
materiales para devolver a la población local la información re-
cogida durante la investigación de doctorado, y se han llevado a
cabo acciones para revalorizar la agrobiodiversidad local, como
un proyecto de apadrinamiento de semillas.
2. Conservación comunitaria: El papel de la participación local en
la conservación de la biodiversidad. Estudios de caso del sureste
mexicano. El proyecto inició en 2009 como una investigación in-
terinstitucional e interdisciplinaria entre México, España y Reino
Unido, para entender los efectos de la participación comunitaria
en la conservación de espacios naturales protegidos ubicados en
seis comunidades campesinas e indígenas del sureste de México.
Estas poblaciones, constituidas en comunidades agrarias o ejidos
(otro tipo de propiedad colectiva de la tierra), se encuentran den-
tro o en la zona de influencia de áreas naturales protegidas por el
15 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
gobierno, donde ven limitadas sus actividades productivas. Para
mejorar y diversificar sus estrategias de vida, están desarrollando
iniciativas de conservación a través de proyectos de ecoturismo,
reservas comunitarias, programas de reforestación y pagos por
servicios ambientales (Ruiz-Mallén et al., 2011). Con el objetivo
de establecer un proceso continuo de colaboración entre la pobla-
ción local y los investigadores que permitiera retornar a las comu-
nidades la información obtenida durante el estudio, el equipo de
investigación, llamado CONSERVCOM, incluyó talleres de capa-
citación y espacios para la discusión de resultados con los locales
para mejorar la gestión de los recursos naturales, así como un di-
seño metodológico específico para la difusión de los resultados.
3. Sistemas tradicionales de gestión comunitaria de los recursos na-
turales en un Marruecos cambiante. El agdal es la prohibición
estacional del acceso a pastos, bosques y otros recursos natura-
les comunitarios con el fin de asegurar su renovación. A través
de métodos transdisciplinares y un enfoque histórico y espacial
comparativo, investigadores del Laboratorio identificaron y tra-
bajaron en varios agdales de la región del Alto Zat (Alto Atlas
de Marrakech). La operación de investigación-acción se diseñó
de manera participativa entre los investigadores, los miembros de
la organización no-gubernamental (ONG) local (Association des
Amis du Zat) y la población local representada por la jmaa, el
máximo órgano de gobernación autónoma de los bereberes del
Alto Atlas. Investigadores del Laboratorio se asociaron principal-
mente con el proyecto de desarrollo eco-turístico del valle que li-
dera la citada ONG, apoyando y reforzando la opción del turismo
del saber o turismo científico. Esta opción se promueve a lo largo
del alto valle del Zat para mejorar las condiciones de vida de las
poblaciones y se plantea como alternativa al turismo de masas que
se da ya en muchos lugares de Marruecos, como por ejemplo en
los vecinos valle del Ourika y agdal de Oukaïmeden. Las acciones
de cooperación del Laboratorio consistieron en la elaboración de
materiales de divulgación, capacitación y construcción de infraes-
tructuras en el marco de este proyecto de turismo científico, con
el objetivo de poner en valor el agro-pastoralismo, la biología, la
arquitectura y el paisaje de la región.

16 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
4. Conservación del Bosque Amazónico y Territorios Indígenas:
del conflicto a la colaboración. Estudio de caso en la Amazonía
Boliviana. Desde 1999 el Laboratorio colabora con TAPS
(Tsimane’ Amazonian Panel Study, http://www.tsimane.org/), un
proyecto de larga duración que tiene por objeto investigar los efec-
tos de la integración a la economía de mercado en la calidad de
vida y el uso de los recursos naturales de los tsimane’. Los tsimane’
son un grupo de cazadores recolectores de la Amazonía boliviana
que, como muchos otros pueblos indígenas de América Latina,
debe enfrentarse a sectores políticos y económicos que a menudo
frenan sus derechos a consolidar sus territorios alegando que los
grupos indígenas ya tienen suficientes tierras, que son relativamen-
te pocos para tanto espacio, o que reclaman más de lo que son
capaces de gestionar (Stocks, 2005). Los tsimane’ no disponen de
las herramientas legales para ejercer plenamente la titularidad de
su territorio, lo cual facilita la invasión de sus tierras ancestrales,
la deforestación por parte de colonos, ganaderos y madereros, y
puede generar conflictos entre las mismas personas del grupo indí-
gena destruyendo su tejido social (Reyes-Garcia et al., en prensa).
A pesar de que durante los últimos 20 años el gobierno de Bolivia
haya intentado dar la titulación legal a las tierras de grupos indí-
genas y habitantes rurales (Stocks, 2005), en muchos territorios
indígenas los avances han sido modestos y lentos. Para ayudar a
los tsimane’ a avanzar en el proceso que les permitirá fortalecer la
titulación de su territorio, los investigadores realizaron la carto-
grafía participativa de 32 comunidades indígenas ubicadas en el
Territorio Comunitario de Origen Tsimane’ y áreas colindantes
(Reyes-García et al., en preparación). Con esta información, se
elaboraron mapas del territorio indígena en los que se detallaban
los diferentes usos que las comunidades tsimane’ hacen de su te-
rritorio.
5. Etnocartografía de impactos de la actividad petrolera en el río
Corrientes, Amazonía peruana. Desde 2005 hasta la actualidad
y en respuesta a la demanda local de las comunidades indígenas
Achuar, Quechua y Urarina del río Corrientes (Amazonía norte del
Perú), miembros del Laboratorio de Etnoecología, en coordina-
ción con la Federación de Comunidades Nativas del río Corrientes
(FECONACO) y otras dos ONGs peruanas, han llevado a cabo
la cartografía indígena -etnocartografía– (Chapin et al., 2005) del
17 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
territorio y de los impactos de actividad petrolera en el territorio
indígena del río Corrientes. Este territorio ha sido afectado por las
actividades de la industria petrolera (Oxy, Petroperu y Pluspetrol)
desde finales de 1960 (Orta-Martinez et al., 2007), convirtiéndo-
se en el mayor y más largo proyecto de producción petrolera en
la Amazonía peruana y el más productivo del país, pero dejando
enormes impactos sociales, culturales y ambientales en la región.
Investigadores del Laboratorio, en colaboración con la población
local, desarrollaron un sistema independiente de monitoreo co-
munitario. Específicamente se monitoreaban los impactos de la
industria petrolera en base a la etnocartografía de impactos del
territorio por parte de las 32 comunidades que actualmente se en-
cuentran en ese territorio.
Análisis de las formas de colaboración
entre población local e investigadores
La colaboración entre locales e investigadores en los estudios de caso
descritos se estructura a lo largo de un gradiente de participación e invo-
lucramiento local que implica las siguientes líneas conceptuales y meto-
dológicas: 1) Devolución de la información, 2) Formación de capacida-
des, 3) Creación de empleo e infraestructuras, y 4) Apoyo a demandas
políticas. Así, los proyectos en etnoecología que se presentan aquí toman
elementos de cada forma de colaboración, aunque suelen priorizar una
de ellas. A continuación describimos y analizamos dichas líneas a partir
de las acciones de colaboración realizadas en los estudios de caso.
1. Devolución de la información
Las acciones de colaboración entre población local e investigadores fre-
cuentemente se inician a partir de la iniciativa de los investigadores para
retornar el conocimiento científico generado a las poblaciones locales.
A pesar de las limitaciones en la financiación, las acciones de retorno de
los resultados, por ejemplo las actividades y materiales de divulgación y
de educación ambiental, tienen un impacto en el ámbito socio-cultural
y educativo de las poblaciones locales. Con dichas acciones se preten-
de incentivar y revalorizar las formas tradicionales de conocimiento y
cultura entre la gente local, como en los cinco casos de estudio que aquí
analizamos.
18 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
CUADRO 1: Características de los estudios de caso.
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19 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
Por ejemplo, en el marco del proyecto de las variedades hortícolas del
Pirineo Catalán, y gracias a la iniciativa de los investigadores, se genera-
ron materiales para devolver a la población local la información recogida
durante la investigación, y se llevaron a cabo cuatro acciones para reva-
lorizar la agrobiodiversidad local. Por una parte se elaboró un tríptico in-
formativo de difusión de los resultados y un catálogo de variedades hor-
tícolas locales del valle (Calvet-Mir et al., 2010a), que se repartió a todos
los hortelanos que participaron en el estudio, ayuntamientos, escuelas
y asociaciones culturales del valle y valles colindantes. Por otra parte,
se creó una página web para difundir los resultados más allá del ámbi-
to local (http://icta.uab.es/Etnoecologia/var/Varietats_locals/Benvinguts.
html). En esta página web también se encuentra el catálogo en formato
electrónico. Gracias a estas dos acciones, además, se ha logrado llegar
a un público más amplio y establecer relaciones con personas interesa-
das en la conservación de la agrobiodiversidad y del conocimiento et-
noecológico. Por otro lado, con el objetivo de establecer contacto entre
los hortelanos e idear estrategias para la mejora de la conservación de
la agrobiodiversidad in situ (en los mismos huertos), se llevaron a cabo
charlas-talleres sobre las variedades locales de la zona y sus redes de in-
tercambio. En estas charlas-talleres se propuso, por ejemplo, realizar un
día de intercambio de semillas y hacer un proyecto escolar de conserva-
ción de semillas locales. De aquí surgió la idea de implementar una cuarta
acción, consistente en un proyecto de apadrinamiento de semillas como
recurso pedagógico con la finalidad de observar y estudiar diversos aspec-
tos (naturales, sociales y culturales) de la agrobiodiversidad y promover
la valoración y el respeto del patrimonio natural y cultural entre niños en
edad escolar, contribuyendo así a la valorización de la agrobiodiversidad
a largo plazo. Este proyecto inició en marzo de 2011 y ha tenido un gran
éxito por la amplia implicación de investigadores, profesores, alumnos,
padres y madres de alumnos y el ayuntamiento de la Vall Fosca.
El estudio en México ejemplifica otro caso de devolución de la infor-
mación en un contexto muy diferente. Debido a que en ese proyecto se
contaba con mayor personal y apoyo económico, las acciones de difusión
del proyecto de investigación en México se definieron a través de un Plan
de Comunicación elaborado con las aportaciones de la población local y
sus necesidades e intereses de aprendizaje ambiental identificados por los
investigadores a lo largo del estudio. Estudios previos en comunidades
rurales muestran que el diseño participativo de materiales educativos y la
contextualización de sus contenidos en la realidad socio-ecológica local,
son estrategias efectivas de aprendizaje ambiental (Ruiz-Mallén et al.,
20 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
2010). Por ello se incluyeron métodos participativos en el diseño meto-
dológico de la difusión de resultados a través de dos encuentros de inter-
cambio de conocimiento y experiencias sobre conservación comunitaria
entre las seis comunidades de estudio. Los encuentros, en los que 20 y
30 personas de diferentes comunidades se reunieron durante tres días,
potenciaron el diálogo sobre la experiencia de las comunidades en la con-
servación, identificando los aspectos que la facilitan y dificultan. Estos
encuentros también permitieron diseñar de forma participativa, con los
participantes locales, los materiales educativos y de divulgación sobre
los resultados de la investigación. Algunas de las actividades del Plan de
Comunicación incluyeron la entrega de mapas de vegetación que recogen
la historia ambiental de los cambios en el uso del suelo de las seis comu-
nidades de estudio, la creación de una página web (www.conservcom.
org), así como experiencias piloto de educación ambiental. Por ejemplo,
en la comunidad de Felipe Carrillo Puerto se diseñó, implementó y evaluó
de forma participativa, un programa de educación ambiental sobre una
reserva propiedad del ejido, dirigido a estudiantes de secundaria de la
localidad (González Ventosa, 2011).
En el estudio de caso en Marruecos la devolución de la informa-
ción no sólo iba dirigida a informar a la población local, sino también
a apoyarla en su iniciativa de eco-turismo. Específicamente, en el mar-
co del proyecto aquí descrito se elaboró una guía eco-turística del valle
que intenta fomentar el espíritu de valorización de la cultura tradicional.
También se organizó una exposición que buscaba poner en valor el pas-
toralismo, los agdales locales, el paisaje, la flora y la arquitectura de la
región. Esta exposición permanece en el edificio de la ONG local y los tu-
ristas pueden visitarla, de modo que también cumple una función dentro
del proyecto marco de conservación y desarrollo sostenible eco-turístico,
a través de la sensibilización de los turistas que visitan el valle.
En los dos casos de mapeo la devolución de información tomó un
carácter más aplicado que informativo. Así, en Bolivia, al finalizar el
proyecto, el equipo de investigadores entregó una copia de los mapas
elaborados a todas las comunidades participantes: un mapa del uso de
su territorio en la zona de la comunidad y un mapa general del uso del
territorio por parte de todas las comunidades que habían sido cartogra-
fiadas. Los mapas se entregaron en reuniones con las comunidades en
las que se explicaba el significado de los mismos y se hacía hincapié en
cómo los tsimane’ podían usar esta herramienta para defender su terri-
torio y los recursos naturales que hay en éste. Se aprovechó esa visita a
las comunidades para hablar sobre la importancia de la conservación de
21 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
los recursos naturales como herramienta para enfrentar los cambios que
están ocurriendo en el territorio (deforestación, cambio climático, etc.).
De forma similar, en el caso peruano, la base de datos original del
proyecto se entregó a la federación indígena FENOCACO, que regula su
acceso y uso, así como copias en DVD de las fotografías y videos de los
derrames para que puedan ser visionadas en las comunidades. También
se publicó un informe divulgativo sobre los impactos de las actividades
petroleras en la región (Stoll, 2011).
2. Formación de capacidades
Las acciones de capacitación representan otro nivel en la colaboración de
investigadores con poblaciones locales. A pesar de que un resultado ha-
bitual en los proyectos de investigación es su contribución a la formación
especializada de estudiantes a nivel de licenciatura, máster y doctorado,
es menos frecuente la formación técnica de miembros de las poblaciones
locales. En varios de los estudios de caso presentados, los investigadores
han promovido la capacitación local en varios ámbitos, como son el tu-
rismo, la cartografía, y la fotografía.
En Marruecos, por ejemplo, se contribuyó en la formación de los miem-
bros de la ONG local (guías turísticos locales, revalorización patrimonial
y educación ambiental), mientras que en los proyectos en Latinoamérica
se formó a colaboradores locales sobre el uso de GPS y la realización de
recorridos de campo para monitorear los cambios en el uso del suelo. En
México, por ejemplo, se realizaron dos talleres de cartografía participativa
en cada una de las seis comunidades de estudio que permitieron un análisis
espacial conjunto (entre población local y académicos) del territorio, con
una asistencia total de 251 personas (incluyendo 65 mujeres). También se
realizaron talleres de fotografía participativa, planteados como apoyo en el
registro visual de los recorridos de campo. El proyecto donó los GPS y las
cámaras fotográficas utilizadas en los talleres a las comunidades para ser
usados de este modo en la gestión ambiental comunitaria. En Perú se for-
mó a 24 monitores ambientales indígenas en el manejo de GPS, cámaras y
videocámaras digitales, redacción de informes, computación, química am-
biental, derecho y legislación ambiental (Orta-Martinez et al., en prepara-
ción; Stoll, 2011). En Bolivia, además de la capacitación en el uso del GPS
para monitorear el territorio, se capacitó a varios monitores indígenas en
la recolección de datos faunísticos para estimar la densidad de fauna, y la
recolección de datos socio-económicos mediante encuestas para entender
las condiciones de vida de los tsimane’.
22 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
3. Creación de empleo e infraestructuras
Algunas investigaciones en etnoecología también han contribuido de
forma directa a la cooperación al desarrollo mediante la generación de
puestos de trabajo, tanto temporales como a largo plazo, y la creación de
infraestructuras.
En cuanto a la generación de puestos de trabajo, una manera en
la que los proyectos del Laboratorio intentan contribuir a la economía
local es mediante la contratación de miembros de las comunidades como
ayudantes de campo para realizar los trabajos de colecta de datos. Esta
contratación va de la mano con la formación de estas personas en el uso
de los instrumentos de investigación. En el estudio en Bolivia, por ejem-
plo, un equipo de monitores indígenas trabajó durante dos años para
el equipo de investigación a fin de realizar la cartografía participativa
del área habitada por los tsimane’. Al concluir el proyecto, el Instituto
Nacional de Reforma Agraria (INRA), el organismo legal encargado de
la titulación de tierras, solicitó la participación de dos de los monitores
que habían trabajado en este proyecto en el equipo oficial que actual-
mente está llevando a cabo el saneamiento del territorio de los tsimane’.
Cuando es posible, se promueven empleos a largo plazo más allá de
la duración de la investigación. En algunos casos, cuando no existen sufi-
cientes recursos, estas iniciativas quedan en propuestas y recomendacio-
nes, como en el caso del proyecto realizado en el Pirineo Catalán. Con el
objetivo de mejorar la estrategia local de conservación de semillas se di-
señó un plan de mejora del espacio de intercambio de semillas promovido
desde el 2006 por el Planter de Gerri (banco de semillas local). A tra-
vés de este plan se detectaron los problemas del banco local de semillas,
como el déficit en el retorno de semillas por parte de sus colaboradores y
una mala gestión de éstas debido a la falta de personal. Para contribuir al
mantenimiento del Planter, se propuso la aplicación de medidas correcto-
ras entre las que se encontraba la contratación de un técnico.
En otros casos, la generación de empleos a largo plazo se consigue
durante la misma investigación. En Perú, el equipo de monitores am-
bientales indígenas recibía un apoyo económico como compensación por
los 15 días mensuales que se dedicaban al monitoreo de los impactos de
la actividad petrolera en los que no podían dedicarse a sus ocupaciones
de caza y recolección habituales. Gracias a la movilización indígena se
consiguió que la empresa petrolera tomara el compromiso ante las au-
toridades estatales de poner a disposición de la federación indígena los
recursos para mantener el apoyo económico a los dirigentes, pero sin
23 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
ninguna capacidad de control o dirección del sistema de monitoreo. En
la actualidad se trabaja a nivel nacional para que todo proyecto de explo-
tación hidrocarburífero deba ir acompañado de un sistema de monitoreo
comunitario independiente. En Marruecos también se apoyó la creación
de empleos como guías y acompañantes, planteados como empleos in-
termitentes pero a largo plazo, como resultado del proyecto eco-turístico
de la ONG local. Al mismo tiempo, las propias comunidades locales or-
ganizaron turnos rotatorios de los servicios por lo que actualmente to-
das las familias de la comunidad gozan de un trabajo remunerado por
turnos equitativos (principalmente portadores y muleros, pero también
cocineros). En total, a lo largo de cinco años, los investigadores lograron
hacer pasar por el proceso productivo local que lidera la ONG, más de
un centenar de científicos y turistas, cuatro proyectos internacionales de
investigación y más de 25.000 € brutos de los cuales el 20% fue directa-
mente a la financiación de proyectos locales.
Respecto a la creación de infraestructuras, la experiencia del proyec-
to de Marruecos ejemplifica cómo llevar a cabo este tipo de colaboración.
Una vez la población local empezó a recibir los beneficios del proyecto de
eco-turismo, los investigadores del Laboratorio y la ONG local pidieron
a la comunidad que eligiera proyectos a realizar dentro de su comunidad,
y ésta decidió usar el dinero para construir fuentes para los poblados en
los que se encuentran los albergues para turistas, así como un puente
permanente en el curso bajo del río Ikis que da acceso a una de las co-
munidades. Además, la construcción de los tres albergues rurales ha sido
realizada mimetizándose con el paisaje y arquitectura locales y éstos han
sido distribuidos estratégicamente a lo largo de los más de 500 km² del
alto valle del Zat (en los pueblos de Tizirt, Warzazt et Ait Ali n’Oubdir)
para favorecer dicho tipo de turismo sostenible a lo largo del valle.
4. Apoyo a demandas políticas
Las acciones para atender a demandas políticas de las comunidades loca-
les se plantearon en los estudios de caso en Bolivia y Perú.
En Bolivia, los investigadores entregaron una copia de los mapas
generados al Gran Consejo Tsimane’, que es el máximo organismo de
representación de los tsimane’, a la Alcaldía de San Borja (municipio del
que depende el territorio de los tsimane’), y al Centro de Documentación
del Herbario de la UMSA, contraparte boliviana de este proyecto. Estas
contrapartes podrán utilizar la información generada por este proyecto
como base para estudios de factibilidad de áreas protegidas, o de planes
24 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
de manejo en la zona.
No obstante, de los estudios de caso, el ejemplo más claro de apoyo
a demandas políticas es el proyecto sobre etnocartografía en Perú, que
como hemos mencionado, se realizó en respuesta a la demanda local de
los pueblos indígenas de la FECONACO afectados por las actividades de
la industria petrolera. La difusión y apropiación de la información gene-
rada durante la investigación fue considerada esencial para que las comu-
nidades y los dirigentes indígenas pudieran utilizarla como herramienta
de presión política para conseguir el cambio de las prácticas operaciona-
les de las empresas petroleras con el fin de garantizar sus derechos.
Las concesiones petroleras, conocidas como lote 1AB (497,027ha
en la actualidad y inicialmente de 2.222,416ha) y lote 8 (182,348ha en
la actualidad y inicialmente de 6.593,156ha), fueron establecidas a fi-
nales de 1960 ocupando la totalidad de las cuencas de los ríos Pastaza,
Corrientes y Tigre. En la actualidad, existen impactos graves y una ele-
vada contaminación derivada de la actividad petrolera en ambos lotes.
En análisis llevados a cabo por la Dirección General de Salud Ambiental
(DIGESA) se observó que el 66.21% de los menores de edad superaba el
límite de concentración de plomo en sangre en población infantil estable-
cido por la Organización Mundial de la Salud (10 ug Pb / dL de sangre) y
el 98.65% superaba los valores límite de cadmio en sangre por personas
no expuestas ocupacionalmente (<0.1 ug Cd / dL) (Orta-Martinez et al.,
2007). Estos resultados reforzaron la idea propuesta por la FECONACO
de desarrollar un "sistema indígena para el mapeo y monitoreo de los
impactos de la industria del petróleo" basado en una aplicación parti-
cular de las metodologías de etnocartografía (Orta-Martinez et al., en
preparación). La etnocartografía se consideró como la metodología más
adecuada puesto que descansa en el conocimiento indígena del territorio,
así como en sus prácticas cotidianas de uso y ocupación del territorio.
La base de datos original del proyecto, con la información compi-
lada sobre la actividad petrolera en la zona durante la investigación, se
envió a los medios de comunicación, a la administración pública com-
petente y a las compañías petroleras. Gracias a esta iniciativa, la infor-
mación está siendo utilizada por los dirigentes indígenas en las mesas de
negociación para exigir a las compañías, o a las propias administraciones
públicas, la mayor fiscalización de las operaciones, la remediación de
impactos, el cambio de los procedimientos operativos (por ejemplo, una
mayor tasa de renovación de los oleoductos), la mejora de las prácticas
de remediación, e incluso el cambio en el discurso de la empresa petrole-
ra, al obligarle a reconocer los impactos ambientales y sociales ocasiona-
25 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
dos. Por ejemplo, la quema de derrames de petróleo era una práctica de
remediación cotidiana en la zona, aunque nunca fue legal ni reconocida
públicamente por la empresa. La documentación gráfica de esta práctica,
sin embargo, obligó a la empresa a tomar medidas para erradicar dichos
procedimientos. Las imágenes grabadas por el equipo de monitores in-
dígenas fueron utilizadas para la serie televisiva “Amazonas” producida
por la cadena BBC (Robinson y Brandon, 2008).
Limitantes de la colaboración entre población local
e investigadores
Las experiencias descritas muestran cómo las investigaciones se plantean
e implementan considerando a las poblaciones locales no sólo como re-
ceptoras, sino como colaboradores activos de los estudios en etnoecolo-
gía desarrollados por el Laboratorio. Sin embargo, la participación local
en los proyectos se materializa a distintos niveles en función de los re-
cursos económicos y humanos con los que cuentan los investigadores, la
flexibilidad y objetivos de los financiadores de los proyectos, y la dispo-
nibilidad y voluntad de la población local para participar en las acciones
planteadas. En algunos casos es posible diseñar la investigación de ma-
nera participativa con la población local, como en los casos de Perú y de
Marruecos. No obstante, cuando el tiempo y los recursos son limitados, y
la prioridad de los financiadores no son los procesos participativos ni los
mecanismos de colaboración entre población local e investigadores, sólo
es posible incorporar a las poblaciones locales en la implementación de
los instrumentos de investigación previamente diseñados y que, por tan-
to, pueden estar lejos de sus intereses inmediatos. Además, los cambios
en los criterios referidos a las áreas de estudio prioritarias para la coope-
ración por parte de los financiadores tampoco permiten a los investiga-
dores presentar proyectos de investigación nacidos de la participación
con las propias comunidades como resultado de proyectos anteriores. De
esta manera, la falta de conocimiento previo del contexto socioecológico
de las poblaciones locales por parte de los investigadores puede sesgar
los objetivos de las acciones de cooperación planteadas, y por lo tanto
minimizar su impacto.
Oportunidades de la colaboración entre locales
e investigadores
Las acciones de cooperación realizadas en los cinco estudios de caso des-
26 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
critos han fomentado cuatro procesos distintos de promoción del desa-
rrollo humano y conservación de la biodiversidad.
Primero, se han generado procesos de aprendizaje individual y colec-
tivo de nuevos conocimientos y habilidades para la gestión del territorio
comunal resultado de los talleres de capacitación, por ejemplo, en carto-
grafía participativa.
En segundo lugar, se ha potenciado el proceso participativo de inves-
tigación-acción que ha permitido que la población local colabore con los
investigadores en la toma de decisiones desde el diseño de la investigación
en algunos casos y, en otros, desde la implementación de los instrumen-
tos para la colecta de datos, la generación de los materiales educativos
y de divulgación, o las acciones de cooperación. Ello ha propiciado una
retroalimentación positiva en el propio proceso de investigación, para la
continua mejora de los resultados en términos de productos e impactos.
Este proceso participativo de investigación-acción debe empezar desde
el inicio de los estudios de etnoecología, como hemos comentado antes,
por medio de la obtención del consentimiento previo, libre e informado
por parte de las poblaciones locales para la realización del proyecto. En
México, por ejemplo, el equipo de investigadores presentó a las autorida-
des locales de las seis comunidades indígenas un escrito con los objetivos,
actividades y productos del proyecto, el cual fue comunicado al resto de
la población con derecho agrario por medio de asambleas para su apro-
bación (sólo los propietarios de la tierra pueden tomar decisiones sobre
las actividades que se realizan en su territorio). Todas las comunidades
elaboraron un acuerdo de colaboración con los investigadores donde se
establecían las reglas de su colaboración en el proyecto (acciones a reali-
zar, contratación de personal local, devolución de resultados).
En tercer lugar, se han fomentado los procesos de revalorización de
la biodiversidad local y de aprendizaje colectivo de la gestión tradicional
de los bosques, selvas, huertos y pastos como estrategias de vida sos-
tenibles. Concretamente en el ámbito del turismo en Marruecos, se ha
brindado apoyo al proyecto eco-turístico local para promover un turismo
que se quiere sostenible y que permite realizar una mejor protección y
reforzamiento de la cultura local por adhesión de otras comunidades al
proyecto.
Por último, las acciones de cooperación han iniciado procesos po-
líticos y de gobernanza, y se ha logrado dar legitimidad institucional a
las formas tradicionales de gestión de los recursos naturales y, de esta
manera favorecerlas. Un ejemplo de ello es el involucramiento actual del
ayuntamiento de la Vall Fosca en el proyecto de apadrinamiento de se-
27 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
millas y su trabajo con diferentes hortelanos del valle para impulsar el
intercambio de semillas. También existen ejemplos en los proyectos con
poblaciones indígenas en Latinoamérica. El territorio es reconocido por
la mayoría de pueblos indígenas como la base de la que dependen el resto
de sus recursos, tanto naturales como culturales, para su salud, así como
para el ejercicio efectivo de sus derechos políticos y culturales (Surrallés
y Garcia-Hierro, 2004). Aunque la titulación legal es un proceso que no
está en manos de los investigadores, las acciones de capacitación y difu-
sión realizadas en el marco del proyecto en Bolivia, contribuyeron a gene-
rar conciencia sobre la importancia del reconocimiento del territorio y la
gestión de sus recursos, así como a dar una base empírica para demostrar
la necesidad que los tsimane’ tienen de su territorio y sus recursos para
mantener su calidad de vida. En el caso de Perú, las bases de datos resul-
tantes de la investigación están sirviendo como base para acciones legales
contra las empresas o los gobiernos para reclamar una indemnización
por los daños ambientales causados a las comunidades indígenas. Hasta
cierto punto, esta información, puesta a disposición de los pueblos indí-
genas puede provocar cambios significativos en relación a la asimetría
existente en las relaciones de poder entre dichos grupos indígenas y las
empresas multinacionales operando en sus territorios.
Conclusiones
De la experiencia adquirida por parte del Laboratorio de Etnoecología en
los proyectos descritos, se desprende que las acciones de concienciación y
cooperación que resultan de un proceso de investigación previo son cohe-
rentes con la realidad socio-ecológica de los sitios de estudio. Al basar las
acciones en resultados de investigaciones previas, éstas se pueden dirigir
a mejorar problemáticas locales o a cubrir necesidades específicas de las
poblaciones, como en el caso de México y Bolivia, donde la cartografía
participativa se realizó para llenar un vacío de información cartográfica
en la zona, y en el caso de los tsimane’ específicamente para apoyarles en
el proceso de obtención de la titularidad de su territorio. En ambos ca-
sos, el vacio fue identificado por los investigadores gracias a los estudios
previos. Por ello, si se conoce la realidad del terreno es más probable que
las acciones de concienciación y cooperación que se realicen respondan
a las necesidades e intereses reales de las poblaciones locales y por tanto,
sean más positivamente recibidas que las que se diseñan sin tener un co-
nocimiento del contexto socio-ecológico local.
Los proyectos descritos en este artículo van desde proyectos prác-
28 INVESTIGACIÓN APLICADA EN ETNOECOLOGÍA: EXPERIENCIAS DE CAMPO
ticamente individuales, como la tesis de doctorado que ha dado lugar a
las acciones de educación y divulgación en la Vall Fosca, hasta proyectos
más grandes con varios investigadores profesionales y estudiantes gra-
duados. Algunos también cuentan con la participación de ONGs y mayor
financiación, como en el caso de Marruecos y de los proyectos latinoame-
ricanos. Independientemente del tamaño del proyecto, la experiencia del
Laboratorio demuestra que se pueden desarrollar acciones para –por lo
menos- devolver la información a las poblaciones locales e intentar que
la investigación tenga algún impacto a nivel local.
Lamentablemente, a pesar del reconocimiento científico de la im-
portancia del conocimiento ecológico tradicional y de los sistemas de
gestión comunitaria de los recursos naturales para el bienestar de las po-
blaciones indígenas y la conservación de la biodiversidad (Berkes et al.,
2000; Benton et al., 2003; Blondel, 2006; Berkes, 2004), estos sistemas
continúan siendo rápidamente erosionados. En la base de tal fracaso en-
contramos dos factores que dificultan la vinculación de la investigación y
la cooperación. El primero está relacionado con la falta de financiación
para llevar a cabo este tipo de acciones. En general las agencias que fi-
nancian investigación no están abiertas a financiar acciones de desarro-
llo, que ven fuera de su esfera de acción. Es por ello que dichas acciones
dependen en gran medida de la creatividad, voluntad y grado de implica-
ción que deciden adquirir los investigadores hacia las poblaciones locales
donde han decidido realizar sus estudios, y giran en torno a las fórmulas
posibles que permitan redirigir los recursos en dicho sentido, dentro de
las fuertes limitaciones administrativas que vienen a menudo impuestas
desde los financiadores. De igual modo, las agencias dedicadas a la co-
operación a menudo rehúsan financiar los proyectos con un alto com-
ponente de investigación. La estrategia que ha seguido el Laboratorio
es en gran medida, la de conseguir financiamiento complementario para
ambos objetivos. Esto, obviamente, conlleva mayor esfuerzo en el corto
plazo por la necesidad de escribir, ejecutar, y gestionar un mayor número
de proyectos, pero puede compensar en el largo plazo como demuestran
las experiencias descritas anteriormente. La solución sería acceder a sub-
venciones que contemplen verdaderamente la investigación-acción como
un objetivo único y, por lo tanto, el financiamiento necesario para sus
acciones. En segundo lugar, los hechos establecidos por los científicos
son empleados sólo parcialmente por los agentes de decisión (políticos,
gestores, etc.) en la gestión de los recursos naturales, sin necesariamente
incorporar las preocupaciones y prioridades de las acciones a iniciar de
cara a las poblaciones locales y el medioambiente. Una posible causa de
29 ISABEL RUIZ-MALLÉN Y OTROS
dicha desvinculación es el uso de canales inadecuados para la transmi-
sión de la información generada en las investigaciones científicas. Los
artículos científicos raramente son leídos por los políticos. Sin embargo,
las acciones realizadas en campo, que tienen un impacto directo sobre
la población al generar herramientas de gestión, son más visibles para
la esfera política local y regional y, por tanto, es más factible que se cree
un interés y se entable un diálogo entre políticos y población local que
permita cambios favorables a las estrategias de vida locales. Prueba de
ello son las negociaciones mantenidas entre la federación indígena, las
administraciones públicas y las compañías petroleras para obligarles a
reconocer su impacto ambiental y social en Perú.
La presencia y el impacto de muchos proyectos de investigación no
van más allá del financiamiento obtenido para su ejecución. En cambio,
los proyectos del Laboratorio que incorporan la cooperación como línea
de acción, se convierten en una estrategia de las alianzas con actores loca-
les que generan un mayor rendimiento científico complementado por un
impacto en el desarrollo local, como se ha demostrado con los proyectos
descritos.
Por último destacar que con las acciones de concienciación y co-
operación del Laboratorio de Etnoecología que están siendo, o han sido
aprovechadas por las poblaciones rurales en las que se trabaja se preten-
de, además de generar cambios para la mejora de su calidad de vida y de
su medioambiente, favorecer el mantenimiento de su cultura y conoci-
miento tradicional y darlo a conocer fuera de sus territorios, tanto en el
ámbito académico como al público en general.
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Revista de Antropología
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VOLUMEN 7
NÚMERO 1
ENERO-ABRIL 2012
Pp. 33 - 64

Madrid: Antropólogos
Iberoamericanos en Red.
ISSN: 1695-9752
E-ISSN: 1578-9705
TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS
COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
DEL SUR DE CHILE: HACIA UN ENFOQUE
REFLEXIVO DEL DESARROLLO ENDÓGENO.
GONZALO SAAVEDRA GALLO / UNIVERSIDAD DE LOS LAGOS
OSORNO, CHILE
ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ / UNIVERSIDAD DE LEÓN
34 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
RECEPCIÓN: 04.01.2011
ACEPTACIÓN: 28.11.2011
TRADITION AND INNOVATION IN THE FISHING COMMUNITIES IN SOUTHERN CHILE:
TOWARDS A REFLEXIVE APPROACH TO ENDOGENOUS DEVELOPMENT
SUMMARY:
Our purpose in the present work is to make a methodological contribution to enrich
the endogenous development concept from two points of view. Firstly, as a critical
reconsideration of the theory of territorial development taking into account the fact
that local institutional framework is the result of the complex - even conflictive -
interaction of economic rationalities based on diverse cultural logics. Secondly, as
an analysis of the strategies promoted by this type of development, identifying the
endogenous components which strengthen and reinforce in local actors the ability
to reflectively structure and re-structure relations between territory and the global
environment. The empirical-ethnographic support for these reflections is drawn from
two zones of Chile’s southern coastline. The first, in the southern Aysen Region, il-
lustrates the dilemmas and responses of local-traditional economies based on small-
scale fishing in the face of the sustained growth of the captive salmon production
mega-industry along a large part of the coastline. The second, in the neighbouring
Los Lagos Region, reports on the strategies of traditional small-scale mussel-growers
in the Reloncaví Estuary, in the context of the invasion of their economic space by
multinational companies and the technological modernization of their traditional
systems,
KEY WORDS:
Endogenous development, fishing, reflexivity, innovation, Chile.
RESUMEN:
En este trabajo, nuestro propósito es hacer una contribución metodológica que permi-
ta enriquecer el concepto de desarrollo endógeno desde dos puntos de vista. En primer
lugar, como reconsideración crítica de la teoría del desarrollo territorial, tomando en
cuenta que el entramado institucional local es el resultado de la interacción compleja
-conflictiva incluso- de racionalidades económicas fundadas en lógicas culturales di-
versas. En segundo lugar, como análisis de las estrategias que este tipo de desarrollo
promueve, identificando los componentes endógenos que potencian y fortalecen en los
actores locales la capacidad de estructurar y reestructurar reflexivamente las relaciones
del territorio con el entorno global. Estos planteamientos tienen un soporte empírico-
etnográfico en dos zonas de las costas sur-australes de Chile. El primero, en la región
de Aisén, ilustra las encrucijadas y las respuestas de las economías locales-tradicionales
de pesca artesanal frente al sostenido avance de la mega-industria productora de sal-
mones en cautiverio en gran parte de su borde costero. El segundo, en la vecina región
de Los Lagos, da cuenta de las estrategias innovadoras de los cultivadores artesanales
de mitílidos del Estuario de Reloncaví, en el marco de la transnacionalización de su
espacio económico y de la modernización tecnológica de sus sistemas tradicionales.
PALABRAS CLAVE:
Desarrollo endógeno, pesca artesanal, reflexividad, innovación, Chile.
35 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
Introducción
En el mundo globalizado de hoy, especular sobre un hipotético desarrollo
endógeno desde el ámbito de las comunidades locales puede parecer una
quimera. Argumentos no sobran para llegar a esta conclusión. Por un
lado, en la visión más extrema y pesimista, las transformaciones estruc-
turales asociadas a la globalización provocarían un vaciamiento cultural
de los territorios, que en ocasiones se convertirían en espacios sin identi-
dad, uniformes y carentes de sentido propio, meramente funcionales a la
expansión de los actores globales. Por otro lado, en una argumentación
moderada, los intentos de resignificación por parte de las comunidades
locales estarían sujetos a diferentes trampas mediáticas, que nos infor-
marían de la necesidad de perder la inocencia respecto a la “inmediatez
de lo local” a la hora de abordar las posibles estrategias de desarrollo
endógeno.
Ante este panorama desolador, tal vez la solución subóptima consis-
tiría en adaptarse a los cambios estructurales, asumiendo las prácticas y
las lógicas exógenas, e intentando minimizar los costes económicos y los
riesgos socioambientales vinculados a dichas transformaciones. Buena
parte de la sociología contemporánea apuesta por esta alternativa estra-
tégica (Beck, Giddens y Lash, 1997), donde la reflexividad de las comu-
nidades locales se concibe como una reacción obligada a las condiciones
impuestas por la globalización. En realidad, esta respuesta no tiene nada
de endógena, aunque pueda ser localizada
1
.
Pero, ¿por qué no conformarnos con algo así? Una primera razón
para ello tendría un carácter epistemológico: ¿qué podemos conocer so-
bre las comunidades locales reduciendo nuestro objeto de investigación
a las reacciones frente a lo exógeno? Pensamos que muy poca cosa, al
menos desde una perspectiva etnográfica. Una segunda razón tiene que
ver con las oportunidades que se pierden cuando este tipo de sociedades
optan por una solución reactiva y adaptativa. En cierta medida, la pre-
1. La noción de “endógeno” es problemática en sí misma. Por un lado, acusa una polari-
zación anclada en la dimensión territorial pero que no destaca lo suficiente las dinámicas
de interacción entre las fuerzas externas y locales en los procesos de control del desarrollo
(Lowe, Murdoch y Ward, 1995). Por otro lado, no existe consenso en relación a su signifi-
cado. Los autores distritalistas sostienen que lo endógeno alude al aprovechamiento de los
activos de un territorio en orden a lograr una articulación simbiótica entre sus productores
y de estos con el mercado (Vázquez-Barquero 2001, 2002; Alburquerque 2004; Boisier
2001, 2006). En contraposición a esta visión, algo funcional, otras visiones -más antropo-
lógicas- se inclinan por lo que algunos han denominado el desarrollo desde dentro y no solo
desde abajo. Nuestra visión se encuadra en esta última perspectiva.
36 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
gunta fundamental que aquí nos hacemos consiste en analizar si no existe
otro camino estratégico para enfrentar reflexivamente los desafíos que
la globalización impone a las comunidades locales. En nuestra opinión,
esta hipótesis implicaría identificar las fuentes de dinamismo económico
a nivel territorial que no se explican por causas estructurales con raíces
exógenas, sino por capacidades subjetivas e intersubjetivas de carácter
endógeno.
Para analizar estas cuestiones, se expondrá una sistematización espe-
cífica de dos investigaciones etnográficas realizadas en las costas sur-aus-
trales de Chile entre 2004 y 2010. En ambos casos el objeto de análisis
son economías de pesca artesanal con fuerte arraigo histórico-cultural,
constitutivas de Sistemas de Producción Local (SPL)
2
. En ambos casos el
foco analítico es la problematización crítica de la dicotomía convencio-
nal que opone modernización y tradición, en particular como obstáculo
para el desarrollo económico. De manera sintética se plantea que, en el
marco de una dialógica reflexiva desplegada en el espacio local -constre-
ñido e interpelado por vectores de expansión capitalista transnacional-,
es posible concebir y observar que la vida económica construida en parte
desde la tradición expresa un potencial innovador y dinámico que en un
registro teórico-conceptual permite una profundización antropológica de
los enfoques del desarrollo endógeno.
El primer referente son los resultados de una investigación doctoral
(Saavedra, 2011) realizada en las costas de la austral región de Aisén.
En este caso se abordan las prácticas de procesamiento artesanal y/o mi-
croindustrial, en especial de recursos bentónicos. El segundo referente
es una investigación aplicada realizada con mitilicultores artesanales en
el Estuario de Reloncaví, algo más al norte cerca de la ciudad de Puerto
Montt
3
. Lo interesante aquí es la ampliación de la base económica de los
sistemas de pesca artesanal situados en el Estuario, los que en el curso
de una década han incorporado el cultivo de semillas de mejillón chile-
no o chorito (Mytilus chilensis). Ambas investigaciones fueron realizadas
bajo modalidades etnográficas pero cotejando información documental
atingente y relevante (histórica principalmente), se realizaron entrevistas
2. Siguiendo a Frank Moulaert y Farid Sekia (2003), los SPL se encuadran en sistemas de
innovación territorial que a su vez comprenden un antecedente de base artesanal tradi-
cional, urbano o rural, en el marco de procesos en donde las tensiones económicas locales
y globales son condicionantes de procesos a escala local.
3. Fondef HUAM AQ08I1018 (2009): “Desarrollo de capacidades de gestión de negocios
en pescadores artesanales miticultores del Estuario de Reloncaví, incorporando el con-
cepto de gestión de calidad”. Fundación Chinquihue, Puerto Montt. Agradecemos a su
director, Luis Oliva, nuestra inclusión en el equipo.
37 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
semi-estructuradas, grupos de discusión y se sistematizaron registros et-
nográficos en formato de notas y cuadernos de campo. En ambos casos
se aplicaron muestras estructurales con el fin de seleccionar a actores-
informantes clave.
Procederemos en cuatro apartados. En primer lugar, plantearemos
las aproximaciones teóricas que nos permitirán enmarcar la discusión
sobre los estudios de caso en nuestro enfoque del desarrollo endógeno.
En segundo lugar, realizaremos una presentación sintética de los dos es-
tudios de caso que se analizan en este trabajo. En tercer lugar, procedere-
mos a una interpretación teórica de dichos casos. Por último, intentare-
mos exponer algunas reflexiones finales.
Hacia una reflexividad híbrida, multitemporal
y hermenéutica
¿Cuándo podemos caracterizar un proceso de desarrollo como endóge-
no? ¿Simplemente cuando dicho desarrollo se produce en un ámbito lo-
cal? ¿Es suficiente con corroborar que el nivel de bienestar material de
dicha comunidad local aumente? En nuestra opinión, que esto suceda es
importante, pero no es sustancialmente relevante para verificar el carác-
ter endógeno del desarrollo. Dicho sintéticamente: para que se verifique
un proceso de estas características se requiere idealmente que la subje-
tividad local desempeñe un rol hegemónico (aunque no necesariamente
exclusivo) en la construcción del sistema productivo local, que las prác-
ticas y las lógicas de funcionamiento económico locales jueguen un papel
activo y decisivo en el proceso de desarrollo y, más en general, que exista
un sentido de vida propio que sea capaz de orientar el esfuerzo colectivo
de las comunidades en el largo plazo.
En muchas ocasiones, hay desarrollo local pero no endógeno.
Perfectamente, las economías locales pueden consolidarse mediante “es-
trategias de prosperidad” basadas en la prevalencia de proyectos y subje-
tividades externas -como la de los entes estatales, los organismos interna-
cionales o las empresas transnacionales-, o bien encontrarse articuladas
mediante prácticas y lógicas que destruyen o absorben funcionalmente
las propias del territorio. Es decir, estaríamos refiriéndonos a procesos de
consolidación de los SPL basados en estrategias de prosperidad que, en el
mejor de los casos, suponen una adaptación funcional de las prácticas y
lógicas locales a las acciones estratégicas estatales y/o globales, donde las
subjetividades del lugar representan un rol subordinado. Por cierto, es el
escenario pesimista.
38 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
Por desgracia esto es frecuente, incluso tomando discursivamente
la apariencia de su contrario. Por ejemplo, pareciera ser así en los casos
donde se pretenden legitimar como endógenas estrategias de desarrollo
local a partir de considerar exclusivamente a las empresas pequeñas y
medianas, y a los profesionales y a los expertos, como los protagonistas
decisivos del desarrollo local. A menudo, también sucede en aquellas ex-
periencias donde las estrategias de desarrollo local se conciben como un
intento sucesivo y repetitivo de captar subvenciones procedentes de los
programas públicos de promoción de los proyectos locales, como ocurre
en la Unión Europea con las diversas iniciativas derivadas de los fondos
estructurales y de cohesión social.
En este trabajo, pretendemos realizar una aportación metodológica
para identificar los criterios analíticos que nos permitan profundizar en
el estudio del carácter endógeno de las estrategias de desarrollo en los
procesos de consolidación de los SPL. Para empezar, consideramos que
no se debe partir exclusivamente de lo existente, hay que volver sobre
los pasos dados. Es preciso deconstruir históricamente las estrategias de
modernización que insertaron a las comunidades locales en los mercados,
aunque dicha inserción haya sido muy precaria para las mismas (García
Canclini, 2001: 195-197). Además, sería importante identificar los ele-
mentos culturales propios –tanto autóctonos como apropiados- que ver-
tebran la matriz tecnológica y de saber-hacer de los territorios, aunque
dicha matriz tenga un carácter híbrido
4
. Para abordar ambas cuestiones
es fundamental la realización de trabajo etnográfico en todos los estudios
de caso. En realidad, no se puede realizar una auténtica aproximación
sustantiva a un proceso de concentración productiva a escala local, o
incluso a un proceso de formación y de consolidación de un verdadero
SPL, si no realizamos dicho análisis.
Este análisis debe evitar una explicación reactiva del comportamien-
to de las comunidades locales, como si las mismas solo fuesen capaces
de adaptarse o resistir frente a las estrategias de agentes exógenos que
actúan o influyen en dicho territorio. Las comunidades no sólo reaccio-
nan resistiendo, también son capaces de resignificar y reinventar las di-
námicas estructurales en marcha. Precisamente, el análisis deconstructi-
vo permite valorar la existencia de una base económico-cultural latente,
que puede tener una importancia mayor que las acciones estratégicas del
4. Incluso, rescatando en parte la vapuleada tesis de G. Bonfil (1991: 50-53), cabría pensar
en una hibridación en la que convergen elementos culturales “impuestos” y “enajenados”.
Aunque en efecto cualquier alusión al esquema de este autor, bajo nuestro enfoque, deber
ser tomado con precaución.
39 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
mercado y del estado a la hora de explicar el comportamiento subjetivo e
intersubjetivo de las comunidades locales, y en especial la potencialidad
resignificativa de su mundo vital. En la línea con lo planteado por Filippi
y Torre (2003), el descubrimiento genealógico de esta base económico-
cultural, que pone en comunicación las generaciones actuales con las an-
teriores a través de las prácticas y del saber-hacer local, permite referirse
a otro tipo de proximidad a aprovechar socioeconómicamente en la cons-
trucción de los territorios. En nuestra opinión, esta proximidad histórica,
más que la geográfica o la institucional (en especial si esta última es for-
mal), representa una oportunidad para estimular el carácter endógeno de
los procesos de desarrollo a escala territorial, pues permite arraigar las
prácticas y el saber-hacer local del presente en la tradición histórica, limi-
tando, confrontando y/o problematizando la capacidad de penetración
de los actores exógenos. Por ejemplo, como analizaremos en el apartado
siguiente, en una comunidad pesquera se pueden extraer recursos bentó-
nicos del fondo marino porque una demanda externa creciente presiona
en este sentido, pero las decisiones relativas a los métodos de trabajo, a
la organización social del mismo y a las tecnologías empleadas tal vez
dependan en mayor medida de la tradición que del mercado.
Por consiguiente, estas explicaciones reactivas, que ocultan aspectos
sustantivos de la subjetividad local, conllevan una reducción de las opor-
tunidades estratégicas de los territorios. Además, en las últimas décadas
hay que tomar en consideración la crisis institucional de los “sistemas
expertos”, que impulsan los actores estatales e internacionales en esta
época de globalización. Históricamente, las teorías tradicionales sobre la
modernización han defendido que las capacidades reflexivas son un pa-
trimonio exclusivo de los “sistemas expertos”. En consecuencia, dichas
explicaciones teóricas no pueden aportar herramientas metodológicas
para fortalecer el protagonismo y las capacidades reflexivas de las comu-
nidades, cuando se produce explícitamente un fracaso de las estrategias
de modernización en los ámbitos ambiental y socioeconómico.
Desde el ámbito teórico de la modernización reflexiva (Beck,
Giddens y Lash, 1997), se ha intentado ofrecer una respuesta a esta crisis
de los “sistemas expertos”, es decir, de los aparatos científico-técnicos
de desarrollo que elaboran los conocimientos teóricos, las innovaciones
tecnológicas y las orientaciones políticas, que alimentan las estrategias
de los estados nacionales y los organismos internacionales para mejorar
el bienestar material de las comunidades locales. Desde dicho enfoque,
existe una preocupación teórica por incorporar a la comunidad en los
procesos reflexivos, lo que pasa fundamentalmente por una profundiza-
40 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
ción de las instituciones democráticas locales. En el caso de Ulrich Beck,
inventando una dimensión institucional de la “subpolítica” que otorgue
un espacio de participación a los nuevos movimientos sociales; mientras
que Anthony Giddens sostendrá la necesidad de transformar los “siste-
mas expertos” en esferas públicas dialógicas y políticas. En ambos auto-
res, las capacidades reflexivas, que generarían estas nuevas instituciones
más democráticas (pero diferenciadas de las tradicionales), permitirían
a los territorios adecuarse más eficazmente a los acelerados cambios de
las coordenadas espacio-temporales que se relacionan con el proceso de
globalización
5
, y a la vez poseerían facultades suficientes para penetrar
significativamente en la vida cotidiana de las comunidades locales.
De este punto de vista, parecería conveniente profundizar la demo-
cracia en un sentido fundamentalmente deliberativo, otorgando de esta
manera cohesión social a una sociedad pluralista donde no es posible
aspirar a una unidad simbólica, pues las comunidades se han fragmen-
tado en identidades múltiples que claman reconocimiento. En esta línea,
Jürgen Habermas intenta buscar una salida a la crisis de la modernidad
haciéndose nuevas preguntas alrededor de la interrelación entre el mundo
comunitario y los “sistemas expertos”, que el pensador alemán considera
cada vez más distanciados. Desde su punto de vista, la racionalidad co-
municativa sería la única racionalidad que permitiría la reconstrucción
de la unidad de estos ámbitos escindidos, pues solamente aquella tiene
una orientación primordial hacia la comunicación intersubjetiva. Según
Habermas (1987: 465-508), la racionalidad comunicativa -al contrario
de la racionalidad cognitivo-instrumental- hace posible el actuar comu-
nicativo como forma máxima de la interacción social. De esta forma,
serían las competencias comunicativas de los sujetos las que permitirían
la organización racional de la vida moderna
6
.
En este sentido, las personas serían esencialmente reflexivas y en las
mismas residiría la solución de los problemas prácticos de la vida coti-
5. En el caso de los SPL, esta justificación teórica de los cambios institucionales, que
pretenden profundizar la modernización reflexiva de los territorios para responder en
mejores condiciones a los desafíos de la globalización, posiblemente subyace en los plan-
teamientos estratégicos que pretenden introducir instituciones de comercialización en
común o de organización colectiva de la calidad para mejorar la capacidad de respuesta
de las comunidades locales ante los rápidos cambios de coordenadas que se producen en
el entorno económico global.
6. No obstante, Habermas reconoce que las posibilidades comunicativas del mundo de la
vida se encuentran crecientemente limitadas, pues asistimos a una “deformación patoló-
gica de las infraestructuras comunicativas del mundo vital” como resultado de sustituir
al lenguaje en su función de coordinación de las acciones sociales por instrumentos tales
como el dinero y el poder burocrático.
41 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
diana. Además, los sujetos no serían solamente reflexivos y constructivos,
sino que podrían transformar la realidad puesto que resuelven conflictos
mediante el discurso. Al contrario de lo planteado por Luhmann (1998:
31-50), que postula un cambio inmanente del sistema, sería la experien-
cia intersubjetiva derivada de la acción comunicativa la que crearía las
capacidades reflexivas para introducir transformaciones en la realidad
social. En nuestra opinión, la teoría de la acción comunicativa representa
sobre todo una base interesante (aunque no exclusiva
7
) para pensar el
problema de la gobernanza territorial y ambiental en estos tiempos de
globalización y crisis de los “sistemas expertos”, abriendo nuevas vías
para diseñar estrategias de acción colectiva que contribuyan a activar
dinámicas endógenas de desarrollo (Ostrom, 2000), como por ejemplo
ciertos espacios comunicativos instalados en lo local y en sus diálogos
con otros actores localizados y translocalizados. Además, como marco
teórico tiene la ventaja de poseer una mayor plasticidad que los enfoques
de Giddens y Beck, otorgándonos la oportunidad de interpretar teórica-
mente procesos reflexivos más híbridos que los planteados por estos dos
autores.
En este sentido, las explicaciones reactivas sobre el comportamiento
de base comunitaria tienden a caer en el pensamiento dicotómico, lo que
también supone un límite a la hora de abordar las posibles estrategias de
desarrollo endógeno en los territorios. A partir de la hipótesis de hibri-
dación que propone García Canclini (2001), creemos sugerente también
entrar en un debate sobre estas cuestiones, particularmente sobre el signi-
ficado de la identidad cultural en un contexto de globalización. En princi-
pio, habría que comenzar reconociendo que el enfoque hibridacionista ha
modificado la manera de aproximarse al estudio de las identidades cul-
turales, replanteando a su vez cierta dicotomía articulada en torno a los
conflictos entre tradición y modernidad, o entre lo local y lo global. En
la Introducción a la nueva edición de Culturas Híbridas, García Canclini
parte de una primera definición:
Entiendo por hibridación procesos socioculturales en los que estruc-
turas o prácticas discretas, que existían en forma separada, se com-
binan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas”. Pero,
¿cómo fusiona la hibridación estructuras o prácticas sociales discretas
para generar nuevas estructuras y nuevas prácticas? (2001: 13-33).
7. Por ejemplo, Emmanuel Levinas (2003: 100-101) irá más allá en esta reflexión, al ar-
gumentar que el simple hecho de decirle algo a alguien no puede comprenderse a partir de
las estructuras significativas de lo meramente dicho.
42 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
En ocasiones, este proceso ocurre de forma no planificada, o constituye
el resultado no previsto de ciertos procesos económicos y sociales planea-
dos. Sin embargo, y este aspecto es el que más nos interesa en este traba-
jo, la hibridación también surge de la creatividad individual y colectiva
de diferentes actores, tanto en el ámbito de la vida comunitaria como
-reconozcámoslo- en el entorno de los “sistemas expertos”. En el caso de
ciertos territorios, se busca reconvertir el patrimonio cultural, tangible
e intangible, para reinsertarlo en las nuevas condiciones productivas y
comerciales impuestas por la globalización. Estas estrategias de reconver-
sión tienen un carácter económico, pero también simbólico. Por ejemplo,
adecuar la elaboración de alimentos típicos en una tradición local a los
gustos y las exigencias de calidad de los consumidores globales podría
ser un caso: no hablamos solamente de cambios tecnoeconómicos, sino
también culturales.
Estos procesos de hibridación conducen a relativizar la noción de
identidad cultural, incluso cuestiona el estudio etnográfico de la misma
(Clifford, 1999: 11-25). Sacan a la luz los riesgos inherentes al intento
de delimitar las identidades locales como formas autocontenidas, o como
construcciones en sí mismas enfrentadas a la globalización. Entre estos
riesgos, se encuentra en primer lugar la intención de desvincular el saber-
hacer local de su génesis histórica, la cual se caracteriza principalmente por
mezclas recurrentes. En el fondo, necesitamos otra manera de aproximar-
nos a los procesos de desarrollo y de innovación en las culturas locales,
entendiéndolos más que como una fuerza ajena y dominante, que operaría
como sustitución de lo propio tradicional, como las estrategias de renova-
ción con que diversos actores (también los locales) se hacen cargo de la he-
terogeneidad multitemporal de cada territorio (García Canclini, 2001: 36).
En realidad, los interrogantes son difíciles de responder, pero remi-
ten a planteamientos sencillos de exponer: ¿cómo pueden coexistir las
culturas tradicionales con las nuevas tecnologías? ¿cómo se pueden com-
binar los métodos de producción artesanales e industriales? De hecho, si
hacemos caso al análisis histórico, los territorios donde se producen las
intersecciones más intensas entre temporalidades heterogéneas son aque-
llos donde la creatividad cultural local y la imaginación adquiere un nivel
más elevado, al contrario de aquellos lugares donde prevalece el avance
uniforme y sin resistencias de las transformaciones estructurales asocia-
das a la internacionalización económica, o por el contrario en aquellos
que parecen anclados en los límites de las tradiciones más vernáculas. En
consecuencia, lo decisivo sería que los actores fuesen capaces de elaborar
estrategias de desarrollo que gestionasen dichas temporalidades, encami-
43 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
nándolas hacia un proyecto de conjunto (2001: 81-87).
Para abordar estos interrogantes, consideramos que existe la posi-
bilidad de realizar una aproximación hermenéutica a una reflexividad
comunitaria, concentrando nuestra atención en el diálogo entre sujetos
muy diversos (Clifford 2003). Según Scott Lash, la necesidad de dicha
aproximación se relaciona precisamente con la forma de comprender la
vida colectiva local. Para Lash, la comunidad se basa sobre todo en un
conjunto de prácticas y significados compartidos, y no tanto de una re-
lación de control sujeto-objeto de carácter abstracto, que se supone en
la aproximación cognitivo-instrumental de la teoría de la modernización
reflexiva. De hecho, la intervención crónica de los “sistemas expertos”
sobre el mundo de la vida comunitaria tiende a marginalizar estas prác-
ticas y significados compartidos, haciendo cada vez más difícil el desa-
rrollo de una capacidad reflexiva endógena (Beck, Giddens y Lash, 1997:
187-188). En esta lógica, las capacidades reflexivas de la comunidad no
se refieren a las reglas institucionales vigentes en la misma, sino a un
sustrato que no es posible conocer directamente (solo se puede interpre-
tar), y que tiene que ver con las precondiciones y las predisposiciones de
nuestras prácticas compartidas.
Posiblemente, la noción de habitus de Pierre Bourdieu implique un
camino más esperanzador a la hora de elaborar una concepción de la
reflexividad desde el mundo de la vida en comunidad. En su obra, el
sociólogo francés no busca al sujeto plenamente intencional y consciente
que supuestamente sería capaz de controlar el objeto exterior mediante
su capacidad racional. Por el contrario, nos invita a una reflexión dife-
rente basada en la interpretación de los fundamentos ontológicos de la
acción práctica, asumiendo que el individuo en realidad “es arrojado”
a una red de significados y prácticas preexistentes (Bourdieu, 2002). Es
decir, se trata de una idea de reflexividad que rompe con cualquier tipo de
objetivismo, abriendo la posibilidad de un diálogo entre actores locales
y extra-locales que llegue a representar una fusión parcial de sus mundos
vitales y donde las disciplinas científicas tienen que concebirse a sí mis-
mas como una “etnometodología” más.
En buena medida, este planteamiento teórico nos permite concebir la
posibilidad de que variantes no funcionalistas se puedan concretar como
posibles escenarios del impacto de la globalización en las comunidades
locales. En coordinación con el enfoque hibridacionista y multitemporal,
una aproximación hermenéutica a la problemática de la reflexividad en
las comunidades abre nuevos horizontes a la hora de comprender los
procesos de resignificación y de invención asociados a dichas transfor-
44 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
maciones materiales, sin necesidad de recurrir a una explicación causal y
determinista basada en una racionalidad cognitivo-instrumental.
Reseña a la transformación de los recursos del mar
en las costas sur-australes chilenas
Las costas sur-australes de Chile, emplazadas entre los 41º 46’ y los 45º
50’ de latitud sur, comprenden un espacio de alto dinamismo económico
y sociocultural. En este vasto territorio se despliegan formaciones econó-
micas de base tradicional -pesquero artesanales y de agricultura de subsis-
tencia- entrelazadas con sistemas industriales, en su mayoría asociados a
la extracción y al procesamiento de las pesquerías
8
. La industrialización
pesquera del territorio sur-austral se remonta a la década de los ochen-
ta, aunque a mediados de los años noventa cobra una intensidad mayor
vinculada a la expansión de la industria productora de salmones en cauti-
verio (Claude y Oporto, 2000). Este proceso se desarrolló en dos etapas.
Primera, como expansión localizada en la actual región de Los Lagos, con
especial magnitud en el borde costero interior de la isla de Chiloé y en el
Estuario de Reloncaví. Segunda, una década más tarde, como expansión
por los canales sur-australes de Aisén, en particular en los entornos de las
islas Guaitecas, islas Huichas, Puerto Cisnes y Puerto Chacabuco.
Testimonios recogidos en nuestros sucesivos viajes a los archipiéla-
gos corroboran algunas de las proyecciones más pesimistas de observa-
dores especializados marino (Claude y Oporto, 2000; Doren y Gabella,
2001; Pizarro y Zolezzi, 2003), esto es, un progresivo deterioro del
borde costero sur-austral y una degradación incesante del fondo marino
(Saavedra, 2011). Sin embargo, también se valora la instalación de cen-
tros de cultivo debido a la oferta de puestos de trabajo (especialmente
para mujeres), el mejoramiento de la infraestructura portuaria y sobre
todo las nuevas estrategias productivas relacionadas con los servicios a
la industria que activaron los propios pescadores artesanales. En reali-
dad, lo que nos interesa aquí es remarcar un contexto económico local
complejo y dinámico, en el que se intersectan y convergen vectores de
naturaleza variada, como la expansión salmonicultura, su aguda crisis
o las respuestas locales a tales coyunturas. Esto implica la aceleración
de algunos procesos de reconfiguración económico-cultural, en donde se
revelan tensiones e hibridaciones en estos sistemas localizados de extrac-
ción/producción de alimentos.
8. Estas regiones aglutinan en torno al 40% de los pescadores artesanales a nivel nacional
y una cifra equivalente en cuanto a este tipo de capturas (SERNAPESCA, 2008).
45 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
1. Las conserverías bentónicas en Aisén
Los sistemas bentónicos de Aisén comprenden una importante diversidad
de formaciones sociales y económico-culturales. En nuestras investiga-
ciones de campo destacamos aquellas de base tradicional, con arraigo en
sistemas de vida indígena-canoero, que se han desplegado por las vastas
costas sur-australes desde antes de la llegada de los primeros explora-
dores, misioneros y colonizadores europeos. Estos sistemas de pesca ar-
tesanal se basan principalmente en dos soportes: la economía canoera
recolectora chona, supuestamente extinta hacia fines del siglo XVIII
(Mena, 1985), y la economía extractiva seminómada de los hacheros (ta-
ladores de ciprés) y loberos (cazadores de pieles) provenientes de la Isla
de Chiloé, que se diseminaron y asentaron en estos archipiélagos desde
mediados del siglo XIX (Martinic, 2005). Ambas tradiciones configuran,
según nuestras observaciones etnográficas e investigaciones documenta-
les, la base de las economías de pesca artesanal presentes en tres de los
más importantes asentamientos bentónicos del archipiélago patagónico:
Puerto Melinka (islas Guaitecas), Puerto Aguirre (islas Huichas) y, en
menor medida, Puerto Aisén.
Esta base tradicional, en una de sus líneas más relevantes, se ha espe-
cializado en la extracción de moluscos y comercialización en crudo. No
obstante, durante varias décadas la estrategia más plausible para trasla-
dar estos productos a los mercados regionales y locales fue la aplicación
de técnicas de deshidratación que aseguran su conservación. Entre los
productos bentónicos transformados y/o semielaborados de mayor al-
cance comercial, encontramos la cholga seca, el pescado ahumado y un
tipo de alga comestible denominada luche.
Un segundo tipo de procesos de transformación que añaden valor a
los recursos extraídos son las pequeñas plantas conserveras, que a partir
de los años treinta se comenzaron a instalar en algunas localidades con
capital privado y apoyo público. Las implicaciones más arriba reseñadas
también son válidas en este caso. Estas plantas conserveras permitieron
(y permiten) atenuar el efecto de las distancias y obtener mayor margen
de movimiento para la comercialización de los productos.
Ambas experiencias reportan consistencia y sustento histórico a
prácticas económicas en el presente (no dominantes pero si con mucho
potencial de dinamización de los sistemas locales). Las técnicas de des-
hidratación nunca han dejado de utilizarse, sobre todo en familias que
mantienen vivo el interés por recrear ciertas prácticas de su tradición
46 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
ESTUARIO DE RELONCAVÍ
ISLA DE CHILOÉ
ISLAS GUAITECAS
ISLAS HUICHAS
FIGURA 1: Mapa de las costas Sur-Australes de Chile
(Fuete: Elaboración propia)
47 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
recolectora-seminómada
9
. En los sistemas de conservería, especialmente
entre las mujeres, estos aprendizajes y estas prácticas se siguen recrean-
do al punto de constituir alternativas en principio exitosas en el marco
expansivo transnacional
10
. En particular en un contexto donde la crisis
de la industria productora de salmones en cautiverio ha erosionado las
precarias fuentes laborales que hacia fines de la década de 1990 impulsó
esta industria en toda la zona.
2. El cultivo del Mytilus chilensis en el Estuario de Reloncaví
Nuestro segundo caso se emplaza en la vecina Región de Los Lagos. Allí
un grupo de productores costeros del Estuario de Reloncaví, que combi-
nan pesca artesanal y agricultura doméstica, se transformó a principios
de la pasada década en cultivadores de mitílidos. En particular en pro-
ductores de semillas de la especie denominada chorito chileno (Mytilus
chilensis), en la actualidad denominado (por razones de mercado) meji-
llón chileno.
Este caso es llamativo por varias razones. En primer lugar, a pesar
de los esfuerzos de desarrollo local asistido, en Chile son escasas las ex-
periencias exitosas de tránsito desde la pesca artesanal a la acuicultura
artesanal. En segundo lugar, en los últimos ocho años esto ha respondi-
do exclusivamente a la demanda del mercado externo
11
. En tercer lugar,
como en el caso anterior, el factor condicionante del cambio parece ser
una base tradicional que se recrea, se recompone, se reinterpreta y se
resignifica. En particular la vida económica campesina, basada en ciclos
de siembra y cosecha muy distintos a los de la pesca artesanal extractiva,
inmersos en la temporalidad inmediata del aquí y el ahora.
En noviembre de 2009, iniciamos una serie de cinco expediciones
al Estuario de Reloncaví con el propósito de conocer y entrevistar a los
9. Muchas cuadrillas estaban compuestas originalmente (principios del siglo XX) por
familias completas que se desplazaban de un lugar a otro recolectando cholgas para se-
cado, pescando robalo para ahumado o incluso cazando lobos marinos para procesar y
vender su piel.
10. Los ejemplos son diversos. Reseñemos dos: 1) El procesamiento de centolla para venta
en congelado. Una práctica familiar de larga data en sitios como Puerto Melinka (Guai-
tecas) y Puerto Aguirre (Huichas), cuya venta suele hacerse por encargos y al margen de
cualquier procedimiento jurídico; 2) El enfrascado de erizos para su traslado a la isla de
Chiloé (Quellón sobre todo). Volveremos sobre este tema.
11. El accidente del Prestige en 2002, frente a las costas de Galicia, habría impulsado una
alta demanda de mitílidos de procedencia chilena. Esta es la coyuntura que habría activa-
do una dinámica productiva sin precedentes y por cierto, a la larga, un cambio económico
cultural en los sistemas costeros del Estuario de Reloncaví.
48 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
integrantes de ocho sindicatos de pescadores artesanales dedicados al
cultivo del Mytilus chilensis. Nos propusimos comprender el proceso
de ampliación de su base productiva y al mismo tiempo, en considera-
ción a los trabajos de Ostrom (2000), desentrañar sus modelos para la
gestión colectiva de pesquerías de uso común. Pudimos observar que la
ampliación de la base productiva desde la captura extractiva al cultivo de
semillas de mitílidos, encontró un fundamento no solo en la oportunidad
de mercado o en las excepcionales condiciones de las aguas del Estuario,
sino especialmente en la “tradición” de agricultura de subsistencia que
en estas localidades existía. A nuestro juicio, una diversificación tan van-
guardista como la reseñada se encuentra anclada en prácticas económi-
cas tradicionales y, más aun, debe su persistencia a ellas. En síntesis, se
combinan dos procesos, o lógicas si se prefiere, que en el marco de una
coyuntura de tensión local/global da lugar a una respuesta innovadora
pero construida desde la matriz local, es decir endógena.
En la base de estos procesos de diversificación e innovación de las
citadas economías de pesca artesanal, hay un dinamismo que emana y
se sostiene desde prácticas que, en una lectura convencional, denomi-
naríamos tradicionales. Pues bien, entendiendo que desarrollo tiene que
ver justamente con este tipo de procesos de cambio y transformación
(económicos principalmente), cabría dejar enunciada la pregunta por la
condición endógena de ese desarrollo, aunque no limitada exclusivamen-
te a la cuestión tradicional.
La problemática del desarrollo endógeno en las
comunidades de pesca artesanal en el Sur-austral
de Chile
Esta cuestión, en principio algo evidente, exige una problematización
doble. Por una parte entender que los sistemas de pesca artesanal en la
zona sur-austral chilena, han sido y siguen siendo altamente diaspóricos y
translocales y por tanto es necesario acudir a unas perspectivas de lo cul-
tural que problematicen aquella condición (Appadurai, 1996; Clifford,
1999). Esta no es solo una cuestión descriptiva, sino que tiene el mérito
de favorecer una lectura y una problematización también dinámica de
los procesos económicos. Es más, como ha sucedido en otras zonas del
mundo de características estructurales similares, cabe observar que esta
inestabilidad del objeto cultural es consecuencia directa de esos dinamis-
mos (Wolf 1987, Friedman 1994).
49 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
La segunda dimensión de la problematización se encuadra en lo an-
terior pero alude al objeto en cuestión, a nuestros estudios de caso: la
historia económico-cultural de las costas sur-australes de Chile está sig-
nada por procesos de expansión y transformación económica que tras-
cienden los sentidos locales. Por tanto se trata de procesos que con el
tiempo han contribuido a la estructuración, a la reestructuración, a la
recomposición y, con algún grado de importancia especial, a la hibrida-
ción de estas economías. Así, las dinámicas expansivas del capitalismo
transnacional implican oportunidades y no solo constricciones para las
economías locales, es decir, posibilidades de trasponer sus propios límites
culturales y por tanto sus parámetros de reflexividad. En otras palabras,
la complejización y la agudización de las tensiones en un campo de de-
sarrollo económico localizado activa espacios dialógicos que impelen a
observarse y a pensarse en escenarios de futuro. Al respecto, observamos
que el ejercicio reflexivo del diálogo supone la expansión de capacidades
para re-imaginar las economías locales, pero a partir de las condicio-
nes contemporáneas (realismo). Es decir, en el contexto enriquecedor del
análisis emanado de un pensamiento local que se ve interpelado por la
expansión transnacional pero también por otras visiones sobre la vida
económica local
12
.
Situándonos en una línea de tiempo convencional, en el primer caso
(asentamientos bentónicos de los archipiélagos de Aisén) se suceden una
serie de oleadas extractivistas de recursos prolíficos. En el fondo habla-
mos de una expansión capitalista, acorde a las convenciones que han
establecido los enfoques críticos de las economías latinoamericanas. Un
complejo itinerario de conquista, colonización y expansión capitalista
que explica la posición/composición estructural de estos sistemas pesque-
ro-artesanales. Por ejemplo, si pensamos en dos de los asentamientos ai-
seninos citados más arriba (Puerto Melinka y Puerto Aguirre), encontra-
mos que sus fases de configuración económica y social se enmarcan en la
tala de bosques nativos primero, en la extracción sin “límite de captura”
de moluscos y peces después, y por último en el cultivo intensivo de sal-
mones en cautiverio. En el Estuario de Reloncaví, nuestros datos tienen
menor profundidad histórica. No obstante, a partir de los ochenta la con-
12. En particular en la aplicación de grupos de discusión y análisis de escenarios pre-
sentes y futuros con los actores locales. Tanto en las islas Guaitecas como en Reloncaví
hemos ajustado estas y otras técnicas a modo de espacios comunicacionales reflexivos,
distanciándonos de los enfoques que reducen la cuestión del desarrollo local a la “par-
ticipación” de los actores. Para nosotros el reto ha sido la configuración de este tipo de
espacios, incluso promoviendo dinámicas analíticas todavía más especializadas y más
exigentes con actores locales.
50 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
solidación de las pequeñas propiedades costeras con vocación agrícola se
ve condicionada e interpelada estructuralmente por el auge de la pesca de
la merluza y posteriormente con la expansión de la acuicultura industrial.
Las consideraciones que nos interesa destacar son las siguientes.
Primero, las economías costeras en la zona sur-austral de Chile han sido
históricamente inestables y cambiantes, y ello se explica en buena parte
por sus condicionamientos relacionales con otros sistemas y fuerzas eco-
nómico-políticas. Segundo, este dinamismo no solo aparece como conse-
cuencia de vectores externos, en rigor estructurales (como la expansión
modernizante del capitalismo en sus diversas fases). Principalmente, se
explica a partir de las cualidades internas y/o endógenas-endogeneizadas
que se ponen en juego y se activan en este tipo de coyunturas. En otros
términos, las mencionadas “estrategias de prosperidad” suponen en bue-
na parte respuestas locales a dinamismos globales.
Las presiones estructurales del mercado hacia los productores loca-
les son de diversa índole. En el caso de los recursos bentónicos, el cre-
cimiento de la demanda puede poner en riesgo el límite crítico para la
reproducción de las especies debido a una sobreexplotación de dichos re-
cursos, como ha ocurrido en diferente grado en la extracción del loco en
los años noventa y del erizo en la actualidad. En consecuencia, el merca-
do llega a generar una asignación ineficiente de los factores productivos
debido a los efectos negativos que la explotación intensiva tiene sobre la
renovación cíclica de los recursos. Escenario que -remarquémoslo- no se
explica al margen de una legislación que favorece las inversiones privadas
y el libre flujo de capitales.
Hacia fines de los años ochenta, este predominio extractivo condi-
cionaría la aparición de nuevas modalidades de organización de la pro-
ducción. En las islas Guaitecas y en otros puntos del litoral sur-austral,
dieron lugar a nuevas plantas especializadas en la semi-elaboración del
erizo, llamadas “desconchadoras” por los pescadores (Saavedra, 2011:
231-234). Junto a las conserverías locales, reseñadas como estratégicas,
estas plantas constituyen parte del imaginario de un desarrollo local en-
dógeno en este asentamiento. Ahora bien, la gran mayoría de las “des-
conchadoras” que se han ido instalando corresponden a inversiones de
pequeños empresarios externos, sobre todo provenientes de Chiloé o
Puerto Montt, mientras que en el caso de las conserverías artesanales se
trata de emprendimientos locales.
En el caso de la acuicultura industrial, la expansión salmonera en
los noventa produce una situación con resultados similares, pues la ali-
mentación de estos peces conlleva un importante deterioro ecológico de
51 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
los fondos marinos. En este caso, observamos implícito un cambio cul-
tural más profundo que afecta al conjunto del sistema productivo local
y que se traduce materialmente en transformaciones estructurales en los
métodos de producción, en los actores que protagonizan dichas transfor-
maciones y, a nivel territorial, en una pérdida de espacios extractivos y
una recomposición de las relaciones socioeconómicas entre los diversos
actores presentes en la zona (Saavedra, 2011: 347-353).
Aunque nos referimos a procesos estructuralmente diferentes, exis-
te una relación cultural entre la explotación intensiva de los recursos
bentónicos desde la década de los ochenta y el fuerte crecimiento de la
salmonicultura industrial en la década de los noventa. Anteriormente, en
las comunidades aiseninas de base tradicional los recursos bentónicos se
explotaban bajo restricciones en las que predominaba una simbolización
del fondo marino como fuente de cultura y de vida, donde debían ser
respetados ciertos ritmos de extracción.
En una hipótesis con un referente empírico-etnográfico que creemos
sugerente, consideramos que el borde costero y el fondo marino -y es
probable que el ecosistema en general- constituyen un campo semántico
mediado por una cosmovisión heredera del mundo mítico de Chiloé (de
matriz indígena). En otras palabras, el medio “natural” impone límites
construidos culturalmente
13
. Pensemos, por ejemplo, en lo que nos expli-
ca en 2006 Álvaro A., nuestro intérprete y traductor del mundo bentóni-
co en las Guaitecas:
El buzo nunca quiere sacar más de lo que saca normalmente, porque
si todos los días saca cincuenta bandejas, llega el día en que saca
ochenta o quiere seguir sacando hasta que complete las cien… por
creencia, lo más probable es que al siguiente día le vaya muy mal, así
que siempre los compañeros se conforman con una cuota que está
conversada ya.
Este testimonio no sólo contribuye a sospechar que existen “creencias”
respecto de la base de reproducción material, que condicionan las prác-
ticas económicas. La pregunta es si este tipo de visiones nos permite pen-
sar en economías no lineales en cuanto a la lógica de la acumulación
de riquezas. En esta misma perspectiva, otros relatos nos sugieren que
13. Aquí resultan muy pertinentes los planteamientos de autores como Philippe Descolá
(2001) o Arturo Escobar (1999), en cuanto a que no es sostenible la distinción entre na-
turaleza y cultura, en tanto la naturaleza siempre está subjetivada culturalmente, y en ese
sentido, socialmente construida.
52 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
la materialidad del mundo bentónico está habitada por elementos que
refrendan nuestra hipótesis. En este sentido, el ecosistema costero, en
tanto proveedor de recursos materiales y materias primas, no es tan solo
una fuente de mercancías sino una fuente de cultura y vida, un referente
de identidad
14
.
Paradójicamente, la modernización socioeconómica en las comuni-
dades bentónicas conllevó una pérdida de reflexividad en la gestión de los
“efectos colaterales” que la actividad económica tiene sobre la naturale-
za. En contraste, la extracción artesanal en determinadas localizaciones
se sustentaba en una cierta percepción cultural del territorio, del fondo
marino y del borde costero. Parece evidente que esta consecuencia mo-
dernizante es progresivamente predominante.
Por su parte, el Estado chileno ha intentado subsanar esta pérdi-
da mediante el establecimiento de nuevas reglas institucionales, con-
cretamente con la constitución de las denominadas Áreas de Manejo y
Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB)
15
. Las AMERB regulan la
presión sobre dichos recursos mediante la fijación de sucesivos períodos
de veda extractiva, pero sobre todo a través de una dinámica de localiza-
ción estática de la extracción. En principio fueron limitadas a la extrac-
ción del loco, aunque después se expandieron a otras especies, incluso en
la actualidad admiten el cultivo del mejillón chileno. Su aprobación no
exige la existencia previa de una tradición de pesca bentónica en el terri-
torio que se beneficia de la misma, aunque sí es necesaria la presencia de
sindicatos de pescadores.
En su formulación, se plantean varios problemas (Saavedra, 2011:
278-279). En primer lugar, resulta una forma institucional relativamen-
te inadecuada para esta actividad caracterizada por un fuerte carácter
translocal, móvil y desterrioralizado, pues combina la localización de la
pesca artesanal en determinados espacios delimitados con una periodi-
zación temporal de la misma mediante el sistema de veda extractiva. En
segundo lugar, las dinámicas organizativas locales no siempre se ajustan
14. Encontramos aquí una importante coincidencia con los trabajos de Arturo Escobar
(1999, 2000) y de Libia Grueso (2000, 2005) sobre la noción de territorio entre las co-
munidades negras del Pacífico colombiano. Nunca el territorio aparece disociado de su
dimensión significativa, está culturalmente significado y por lo mismo, subjetivado. En
una perspectiva similar, pueden considerarse los trabajos de David Barkin (2002) en el
campo mexicano.
15. En su definición técnica una AMERB “es una zona costera geográficamente deli-
mitada, entregada en uso, en forma exclusiva, por el Servicio Nacional de Pesca a una
organización de pescadores artesanales legalmente constituida, con el fin de realizar una
explotación controlada, de los recursos bentónicos presentes en el área, a través de un
Plan de Manejo” (SERNAPESCA, 2005).
53 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
a esquemas de tipo sindical, lo cual es especialmente evidente en zonas
donde la pesca artesanal es ejercida por comunidades indígenas (como
sucede en las Islas Guaitecas, en las Huichas y en algunas localidades de
la Isla de Chiloé). En buena medida, la solicitud de la AMERB ha estado
ligada a la obtención de un mayor control territorial sobre espacios cada
vez más demandados por las empresas salmoneras y de otras industrias
acuícolas, en lo que en toda regla remite a un proceso de “privatización
de los bienes comunes”.
En consecuencia, tanto por su fijación territorial como por la homo-
geneidad institucional que implican, son evidentes las limitaciones de las
AMERB como la institución idónea para la gestión territorial de recursos
bentónicos en este tipo de contextos comunitarios. En los hechos, incluso
desde una perspectiva meramente económica, se puede afirmar que las
AMERB fracasan como fórmula general
16
. Como ya planteaba Ostrom
(2000), la importación de instituciones modernas no siempre representa
una mejora en la gobernanza territorial y ambiental, sino todo lo contra-
rio, puede suponer un retroceso y una mayor pérdida de reflexividad, al
sustituir y marginar el ámbito de las prácticas y significados compartidos
de las comunidades de pescadores artesanales
17
.
Además, el conflicto entre estas instituciones diversas no se expli-
ca fundamentalmente por una cuestión de diseño del sistema de normas
para gestionar los recursos comunes, sino en primer lugar por una in-
compatibilidad de racionalidades. Como plantea Habermas, la conexión
entre el mundo de la vida y los “sistemas expertos” no puede completarse
mediante la difusión unilateral de una racionalidad de carácter cognitivo-
instrumental. En realidad, se necesitan espacios institucionales de diálogo
y comunicación entre racionalidades diversas. Y, en segundo lugar, por la
ausencia de una interacción a nivel de los significados y de las prácticas,
que vaya más allá del plano de la racionalidad y se adentre en las miste-
riosas grutas del afecto.
Volviendo a García Canclini (2001: 195-235), hay que tomar en
consideración que los productores locales no se aferran tercamente a
16. Un informe del Servicio Nacional de Pesca (2005) señalaba que el 60 por ciento de
las AMERB están al límite de no ser rentables, incluso el 12 por ciento generan pérdidas.
17. Esta aseveración supone otras complejidades que convendría investigar. Por ejemplo,
la reformulación local de la AMERB, incluso transgrediendo sus definiciones jurídicas,
en orden a adaptarse a los intereses y necesidades comunitarias. Como ha planteado
Marshall Sahlins (1988), la creatividad local hace insuficiente la explicación determinista
que apuesta por una respuesta mecánica de los acontecimientos frente a la estructura. En
realidad, las estructuras (jurídicas en este caso) son reinventadas desde las experiencias
localizadas.
54 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
sus tradiciones, sino que buscan estrategias de prosperidad que incor-
poran elementos de la modernidad a la vez que persisten otros elemen-
tos de naturaleza diferente, incluso contradictoria, pero que representan
una aportación fundamental para la conservación de su mundo vital.
Posiblemente, algo así nos podemos encontrar en la transición de la pesca
artesanal a la acuicultura de semejantes características en la exitosa expe-
riencia del Estuario de Reloncaví.
Resulta pertinente entonces la posibilidad de concebir la tradición
como innovación, en la medida en que puede representar un caudal en
permanente recreación de experiencias previas sobre la manera en cómo
una comunidad puede dar respuesta a los desafíos planteados por el en-
torno. En muchas ocasiones, los intentos de reafirmación ortodoxa de
los signos de identidad y de las instituciones tradicionales se relacionan
paradójicamente con la sensación de precariedad respecto a las relacio-
nes económicas establecidas y de dependencia estructural con actores
exógenos, ya sean agencias gubernamentales o empresas privadas. Por
el contrario, la adaptación al entorno global no debería necesariamente
entenderse como un fenómeno de subordinación, como suele ocurrir en
las interpretaciones funcionalistas. Más bien, lo interesante sería descu-
brir los recursos simbólicos que están detrás de adaptaciones creativas,
innovadoras, como la transición recreada de lo artesanal que se está ex-
perimentando en el Estuario de Reloncaví.
No obstante, se trata de un problema complejo. La identificación de
dichos recursos simbólicos no puede obviar que las capacidades innova-
doras de una comunidad local se encuentran íntimamente relacionadas
con sus elementos culturales propios, autóctonos o apropiados (Bonfil,
1991: 50-53). Pero también es cierto que esta cultura propia puede for-
talecerse mediante las relaciones económicas con el exterior, si obedecen
a estrategias de prosperidad adecuadas. Tal vez, la reelaboración de las
tradiciones presentes en Reloncaví pueda ser fuente simultánea de pros-
peridad económica y de reafirmación simbólica (García Canclini, 2001:
221-222). En la zona sur-austral aun está por verse.
A continuación presentamos una síntesis de los antecedentes etno-
gráficos reseñados más arriba. La primera serie contiene testimonios
de actores clave que ilustran las proyecciones del desarrollo en las Islas
Guaitecas (Puerto Melinka), en tanto la segunda serie hace lo propio en
el Estuario de Reloncaví. Las proyecciones corresponden a lo que hemos
denominado horizontes imaginados del futuro de desarrollo local realista
y deseado. En las citadas investigaciones trabajamos con cuatro horizon-
tes: pasado, presente, futuro realista proyectado y futuro realista desea-
55 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
do. Su obtención ha ocurrido a modo de espacios comunicacionales o de
diálogo reflexivo construidos en ambas investigaciones. Podrá advertirse
que también en este caso la tradición del procesamiento constituye el eje
central de las proyecciones dialogadas.
Serie 1: Futuros realistas deseados según prioridad
estructural, Islas Guaitecas (Aisén).
En un rango de primera prioridad, nuestros entrevistados señalaron que
el Procesamiento de recursos bentónicos a escala artesanal era una acti-
vidad de excepcionales proyecciones para la economía del lugar. Al res-
pecto hemos seleccionado los siguientes testimonios que, creemos, ilus-
tran aquella imagen de futuro:
“Los pescadores tenemos que apuntar a darle otro valor a nuestros
productos. Hablar de menos cantidad y un mejor precio. Por ejemplo
a apuntar a hacer una planta procesadora de productos del mar”,
entrevista a dirigente bentónico, Puerto Melinka, junio 2007.
“Y en vez de sacar un camión o una lancha con mil cajas de erizos…
saquemos veinte bandejas de erizo procesado, es menor el volumen,
pero generaste mucho más trabajo y vas a ganar mucho más”, en-
trevista a dirigente de pescadores artesanales (Marcos Silva), Puerto
Melinka, octubre 2003.
En el mismo nivel de prioridad, hemos considerado la recurrencia del dis-
curso sobre un futuro basado en la Diversificación de la pesca artesanal.
El siguiente testimonio, autocrítico pero significativo y pertinente, es lo
suficientemente revelador:
“Tienen la mente metida en un solo recurso, pese a que tenemos una
variedad enorme de recursos. [La gente] va a tener hoy en día que
cambiar de mentalidad, variar más en sus extracciones y no abocarse
solamente a una sola extracción”, entrevista a Genaro Barría, Puerto
Melinka, octubre 2003.
Las alusiones a la matriz de producción bentónica, encuentra declara-
ciones de importante peso político en la vida económica y cultural local.
Todo indica que sin aquella matriz la base de reproducción material se
56 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
pone en entredicho. En otros términos, lo bentónico es un proyecto de
futuro en sí mismo.
“Uno puede trabajar un tiempo en las salmoneras pero uno tiene un
espíritu, un espíritu de pescador…esas [oficios] pegas son prestadas.
Uno siempre va a ser pescador,” Grupo de discusión, Puerto Me-
linka, julio 2007.
“Hay que resguardar lo que [queda], no pongan más salmoneras en
donde se trabaja, nada más, y protegerlo y listo… porque esa es la
única, la única solución que podemos tener al mar”, Grupo de discu-
sión, Puerto Melinka, julio 2007.
Hasta cierto punto ha llamado nuestra atención que en un segundo nivel
de prioridad, aparezca con nitidez la Acuicultura a escala artesanal. Lo
llamativo estriba en los magros resultados de intentos anteriores por de-
sarrollar cultivos de Mejillón chileno, pero también en lo paradójico que,
en la visión extractivista de los pescadores de Guaitecas, podría ser la
práctica de la acuicultura en una de las reservas más grandes de recursos
bentónicos del planeta.
“Nosotros tenemos un sueño, es un sueño que no todos los pesca-
dores lo tienen: sembrar productos aquí, por ejemplo trabajar con
el chorito [mejillón]…”, entrevista asocio de sindicato de pescadores
artesanales, Puerto Melinka, julio 2007.
“La idea es formar un grupo de acuicultores dentro de la institución y
partir con cuatro cinco y los otros que vean que funciona”, entrevista
a Genaro Barría, Puerto Melinka, octubre 2003.
Con similar énfasis, también hemos situado en un nivel de prioridad dos
a la Salmonicultura. No dejó de sorprendernos la recurrencia de testimo-
nios, sobre todo entre mujeres empleadas en la industria, a favor de su
permanencia en el archipiélago. Ciertamente que es uno de los segmentos
de la población más favorecidos con la generación de nuevos puestos de
trabajo:
“Si tú pones una planta procesadora [de salmones] acá, significa que
va a haber más movimiento, va a haber más ingreso… Las empresas
producirían su mismo salmón aquí en Melinka. Y a lo mejor a futuro
57 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
uno quiere eso, o sea que el producto sea procesado aquí...”, entrevis-
ta trabajadora empresa de servicios acuícolas, Puerto Melinka, julio
2007.
Finalmente, aun como actividad emergente pero que tiende a ser declara-
da en los imaginarios locales, hemos clasificado en un rango de prioridad
tres al Desarrollo turístico. No obstante cabe observar aquí, que a dife-
rencia de las otras actividades, el turismo asoma aun como una idea de
otros, un proyecto exógeno:
“Hemos conversado harto con los muchachos estos, de la Universi-
dad Austral para desarrollar eso; incluso ellos ofrecieron un par de
personas que quieren llevar a Nueva Zelanda… para ir a ver cómo es-
tán trabajando los artesanales el tema del turismo, cómo lo han desa-
rrollado, aprender lo bueno y lo malo de ellos”, entrevista a dirigente
de sindicato de pescadores artesanales, Puerto Melinka, junio 2007.
El ejercicio realizado en las islas Guaitecas fue replicado en la investi-
gación de 2010 en el Estuario de Reloncaví. El referente fue una “me-
todología” específica que en el marco de nuestra investigación doctoral
desarrollamos para sistemas pesquero-artesanales (Saavedra, 2011). El
propósito es sistematizar los datos saturando información discursiva de
actores/informantes clave (muestra estructural) y proponiendo represen-
taciones. Como en el caso anterior construimos una serie de priorización
y jerarquización estructural de las actividades productivas visualizadas.
Lo que puede advertirse es que en esa dialéctica entre lo local y lo global
se visualiza lo que podríamos llamar un proyecto económico cultural que
recrea (en términos ideales por supuesto) desde su base pesquero arte-
sanal (tradicional) el sistema productivo en su conjunto. No deja de ser
interesante que ese imaginario sea inclusivo de proyectos aparentemente
tan ajenos como la salmonicultura.
El caso de Reloncaví es aun más nítido en varios aspectos. Incluso
en términos más objetivos es posible plantear que la transformación, la
diversificación y la innovación en el sistema productivo ocurre a par-
tir de una experiencia situada en la matriz económica tradicional pero
articulada de forma virtuosa a los agentes empresariales (insistamos en
que es una proyección). La serie 2 retrata imágenes de futuros realis-
tas deseados, a partir de información obtenida en grupos de discusión
realizados con ocho sindicatos de pescadores artesanales (mitilicultores)
del Estuario. Podrá advertirse que, a diferencia de lo que observamos en
58 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
Guaitecas, lo que aquí encontramos son básicamente proyecciones de
desarrollo del cultivo de Mytilus chilensis.
Serie 2: Futuros realistas deseados según prioridad
estructural, Estuario de Reloncaví (Los Lagos).
Como es de suponer, la primera prioridad en forma unánime para to-
dos los entrevistados y participantes en los grupos de discusión fue la
Captación de semillas de alta calidad. Esto teniendo en cuenta que el
Estuario posee excepcionales condiciones para ello. Un aspecto relevante,
destacado en casi todos los relatos, es la articulación a una buena red de
comercialización en los centros de engorda de la semilla:
“Este choro [mejillón] es de Cochamó y el que lo compren en Calbu-
co, que lo vendan y lo manden en una máquina para España, y que se
sepa de donde viene y que tenga un valor agregado. [A] eso tenemos
que apuntar para poder desarrollarnos”, grupo de discusión Sindica-
to de Cochamó, marzo 2010.
“Lo que sí sería bueno tener… es su buen centro. Cada socio sus
líneas ojala, su buen fondeo, seguro y poder entregar la semilla a una
empresa”, grupo de discusión Sindicato de Cascajal, enero 2010.
Una segunda priorización recurrente fue la Mitilicultura de engorda de
semillas. Aunque el Estuario, según los expertos, no tiene buenos rendi-
mientos en engorda del mejillón, el obtener el producto final listo para
exportar o comercializar en otro eslabón de la cadena es una perspectiva
siempre latente. Como en otras situaciones, observadas en escenarios de
restricciones a la pesca artesanal, se puede advertir aquí una tensión entre
lo que esperan los sindicatos y lo que afirman los expertos:
“Entonces esa es como la gran idea, el gran proyecto más a futuro
de llegar y hacer la engorda aquí nosotros mismos ya que tenemos
la materia prima”. Grupo de discusión Sindicato de Sotomó, mayo
2010.
“Engorde porque en este momento son solo semillas que vendemos a
Chiloé y Calbuco, pero ellos hacen engorde. Pero nosotros queremos
hacer engorde acá. ¿Cómo se puede hacer?, ¿cuáles son las investi-
gaciones?, hay que llevarlo a lo más concreto”, grupo de discusión
59 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
Sindicato de Sotomó bajo, mayo 2010.
Por último, en una tercera posición en las prioridades del futuro desea-
do, hay proyecciones hacia la actividad turística. Esto es más o menos
frecuente en espacios similares, en particular en el sur-austral de Chile,
donde las bondades paisajísticas son evidentes. Ciertamente que en diver-
sos puntos del Estuario, por ejemplo en Cochamó y Río Puelo, se viene
desarrollando en los últimos años un tipo de turismo destinado a visitan-
tes extranjeros, europeos principalmente, que buscan alternativas con el
sello Patagonia. Los pescadores poco a poco se han interesado en ello:
“Pienso que así como la pesca hemos ido cambiando al cultivo, con
el tiempo también deberíamos ir pensando en irnos cambiando al tu-
rismo, porque va a ser fuerte después aquí el turismo. Viene entrando
muy fuerte. Pero nosotros no estamos preparados”, grupo de discu-
sión sindicato Bosquemar, diciembre 2009.
Cabe decir que en todos los casos o situaciones en donde se propicia-
ron estos espacios comunicacionales, a modo de diálogos reflexivos (y
no de entrevistas convencionales), las proyecciones tuvieron siempre una
cualidad analítica que les reportó no solo aquella dosis de realismo re-
señado, sino especialmente la activación de una consciencia política de
la vida cultural y económico-cultural local. Pero esto en el sentido más
sociológico o antropológico de la política, como construcción deliberada
del orden social o como proyecto imaginado y posible en la subjetividad
compartida (Lechner, 2002)
18
. La dimensión consciente del pensamiento
culturalmente situado (Godelier 1990) y la capacidad imaginativa del co-
lectivo (Appadurai 1996), devienen potencialmente hacia la transgresión
de sus propios límites.
18. No hemos regresado a las costa de Aisén desde 2007, sin embargo por otras fuentes
de comunicación nos hemos enterado que en la actualidad, en el marco de unos acuerdos
compensatorios con los gobiernos regionales de los Lagos y de Aisén, la federación de
pescadores artesanales de Guaitecas ha concretado el sueño de la “desconchadora” apro-
vechando una infraestructura que estaba e desuso. Para el caso de Reloncaví, las imáge-
nes deseadas no resultan tan lejanas de lo que en la actualidad es observable en algunos
de los sindicatos. No obstante, en ambos casos es necesario hacer un seguimiento de los
procesos, que por cierto más allá de su condición “endógena” implica la capacidad de
aprovechar las oportunidades que supone algunas intervenciones externas.
60 TRADICIÓN E INNOVACIÓN EN LAS COMUNIDADES DE PESCA ARTESANAL
Reflexiones finales
Reconocer que se puede innovar desde la tradición, que se pueden recrear
las culturas locales, puede representar el principal argumento de la exis-
tencia de procesos reflexivos en las comunidades locales donde lo endó-
geno no está reñido con lo híbrido. Por el contrario, la sociología moder-
na ha defendido que en estos casos la reflexividad solamente sería posible
activarla desde un proceso de des-tradicionalización. Es decir, serían las
transformaciones estructurales derivadas del proceso de globalización
las que concederían a las comunidades la oportunidad de ser reflexivas.
Reflexionar sería el resultado reactivo de una obligación estructural.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que el saber-hacer local no
es el resultado exclusivo de procesos cognitivos, sino que está imbuido
de una significación simbólica y afectiva. En este sentido, es importante
que los procesos reflexivos alrededor de la invención o recreación de las
prácticas locales y de los sistemas productivos se sustenten en unos signi-
ficados compartidos de carácter positivo, principalmente en una solidari-
dad y en la identidad colectiva de las comunidades. No obstante, hay que
contemplar la posibilidad de que esta reflexividad pueda incorporar sis-
temas abstractos de diversas maneras, no siempre mediante la invención
de las tradiciones. Además, la democratización de la reflexividad puede
implicar nuevas formas de identificación con la comunidad, incluso por
parte de actores que no pertenecían originalmente al territorio. En este
sentido, las capacidades discursivas de los diversos actores pueden jugar
un rol muy influyente.
No queremos negar el carácter positivo que en términos de reflexi-
vidad pueden tener las transformaciones estructurales asociadas a la glo-
balización, especialmente cuando se vinculan con innovaciones tecnoló-
gicas. Ahora bien, sería interesante que en el trabajo etnográfico pudié-
semos identificar las nuevas formas de percepción que los actores comu-
nitarios poseen de estos cambios, que en esta época no pueden dejar de
lado la mayor velocidad a la hora de atribuir sentidos a los significantes
(Lash y Urry, 1998: 82-84). En este sentido, perfectamente puede ocurrir
que a la par que las transformaciones estructurales vacían de significado
a los significantes (por ejemplo, mediante la marginalización de ciertas
prácticas productivas en determinados territorios), el resultado de con-
junto no tendría por qué ser siempre una transformación del territorio
en un espacio abstracto sino que podría dar lugar a una resignificación
reflexiva del mismo. Por otro lado, no debemos descartar la posibilidad
de que las resignificaciones locales trasciendan sus entornos territoriales,
61 GONZALO SAAVEDRA GALLO Y ALFREDO MACÍAS VÁZQUEZ
logrando influir en las prácticas de producción y de consumo de actores
distantes, especialmente entre aquellos sensibles a los riesgos sociales y
ambientales derivados de la globalización.
En realidad, la reflexividad abre la oportunidad para que las co-
munidades locales puedan beneficiarse de una reproducción ampliada
y permanentemente recreada de su capital social y simbólico, a pesar
de que los cambios locales le fuerzan estructuralmente a convertirse en
un “riesgo-perdedor” como resultado de las consecuencias ambientales
y económicas no deseadas de los mismos. ¿Cómo enfrentar esta tensión
entre oportunidades y riesgos? Los casos analizados en este trabajo apun-
tan alternativas en varias direcciones.
En efecto, la complejización de los espacios locales y de sus proyec-
tos de existencia cultural en el marco de un capitalismo tardío que avanza
problemáticamente hacia esos espacios, supone respuestas diversas y rela-
tivas, creativas, transgresoras, funcionales y conservadoras. Ciertamente,
la sola constatación (etnográfica) de esta diversidad desestima la visión
unívoca y determinista de una irreversible desestructuración o bien fun-
cionalización de sistemas económicos locales. Es importante referirlo
con claridad: tanto los sistemas bentónicos de Aisén como los sistemas
costero-campesinos de Reloncaví, sostienen unas respuestas creativas y
en parte transgresoras de sí mismas (la reinvención de la propia tradición
extractiva de alimentos); respuestas cuya dinámica de consolidación se
juega sus posibilidades en la instalación del ejercicio reflexivo, incluso
más allá de aquellas tensiones que se revelan en la intersección de los
influjos transformacionales del avance capitalista global por los mundos
locales. Aun así, el “riesgo-perdedor” no deja de ser una condición de
este capitalismo globalizado.
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AIBR
Revista de Antropología
Iberoamericana
www.aibr.org
VOLUMEN 7
NÚMERO 1
ENERO-ABRIL 2012
Pp. 65 - 98

Madrid: Antropólogos
Iberoamericanos en Red.
ISSN: 1695-9752
E-ISSN: 1578-9705
POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO
DE TRABAJADORES EN ESPAÑA:
LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL
DE “EMIGRANTES PATRIOTAS”
E “INMIGRANTES RESPONSABLES”.
DÉBORA BETRISEY / UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
DE MADRID
66 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
RECEPCIÓN: 05.04.2011
ACEPTACIÓN: 21.12.2011
LABOUR RECRUITMENT POLICIES IN SPAIN:
THE SOCIAL CONSTRUCTION OF “PATRIOTIC EMIGRANTS” AND “RESPONSIBLE IMMIGRANTS”
SUMMARY:
Within the realm of the Anthropology of public policies, this paper analyzes the pro-
cesses and state practices surrounding the creation of the categories of "emigrant"
and "immigrant". It also analyses how these two categories are created, regulated
and managed in the specific context of two labour recruitment schemes in Spain:
Spaniards recruited to work abroad during the Franco dictatorship and non-Span-
iards recruited to work in Spain in the first decade of the 21st century (2004-2008).
The interest of this paper lies in the emergence of a set of discourses and knowledge
produced by governments and non-governmental institutions and which is under-
stood as part of a routine of power and tutelary control that fosters the construc-
tion of new subjectivities. This essay pays attention to the multiple interactions and
encounters of these immigrants and emigrants with civil servants, NGOs, cultural
mediators, politicians and businesspeople who are actively involved at the local or
national level in processes of labour recruitment for temporary jobs in certain areas
of the labour market.
KEY WORDS:
Migration policies, emigration, immigration, subjectivities, State, Spain.
RESUMEN:
Partiendo de los aportes que desde la antropología se han venido desarrollando en
relación a las políticas públicas, este trabajo se centra en analizar uno de los efec-
tos más destacados de los procesos y prácticas estatales como es la construcción
de las categorías de “emigrantes” e “inmigrantes” en el interior de su “comunidad
nacional” junto a su regulación o administración, a través de las políticas de selec-
ción de trabajadores llevadas a cabo por el estado español en diversos contextos
histórico-políticos, durante la dictadura franquista y en los últimos años del gobi-
erno democrático socialista (2004-2009). Para ello consideramos de interés la apar-
ición de todo un lenguaje y un saber por parte de las instituciones gubernamentales,
y no gubernamentales, que los clasifican y regulan, entendidos como parte de una
rutina de poder y control tutelar que conduce a la creación de nuevas subjetividades.
De este modo, prestamos atención a las múltiples interacciones y encuentros cotidi-
anos entre dichos grupos (“emigrantes”/ “inmigrantes”) con funcionarios, agentes
no gubernamentales, mediadores culturales, políticos y empresarios del ámbito na-
cional y local, que participan activamente en el proceso de reclutamiento de mano de
obra para trabajar de forma temporal en determinados ámbitos del mercado laboral.
PALABRAS CLAVE:
Políticas migratorias, emigración, inmigración, subjetividades, Estado, España.
67 DÉBORA BETRISEY
Introducción
El endurecimiento de las políticas migratorias en el contexto europeo
durante las últimas décadas ha dado lugar a múltiples trabajos sobre los
procesos de restricción/exclusión que las mismas generan en las vidas
cotidianas de los inmigrantes, y en la construcción de identidades socia-
les estigmatizadas. Menor interés han suscitado aquellas políticas que
favorecen una “selección” de hombres y mujeres, provenientes de los lla-
mados “países del tercer mundo” o “en vías de desarrollo”, para entrar
en la “fortaleza europea” con el objeto de trabajar de forma temporal en
distintos sectores el mercado laboral
1
y retornar a sus respectivos países.
En un marco de reformas políticas y económicas neoliberales, estas
prácticas de “selección” y regulación de población como fuerza de traba-
jo permiten la organización de un sistema laboral migratorio
2
(Burawoy,
1979) para un mercado de trabajo flexible (Harvey, 1998) que establece
un ordenamiento jerárquico de los grupos y categorías, a través de mar-
cadas distinciones entre los grupos de trabajadores (nacionalidad, etnia,
género, edad, ilegales/seleccionados).
De este modo, aparece en las nuevas agendas políticas internaciona-
les europeas una “resurrección” de los antiguos sistemas de reclutamien-
to de trabajadores y trabajadoras (guestworkers) de mediados de los años
cuarenta, a pesar de las duras críticas suscitadas debido a las normativas
discriminatorias que negaban derechos fundamentales a los trabajadores
inmigrantes (Castles, 2006). En palabras de Sayad (2010), a través de la
firma de estos acuerdos bajo la forma de intercambios bilaterales, tanto
el “país de emigración” como de “inmigración” se empeñan en llevar a
cabo un trabajo de imposición de intereses oficiales comunes, en el que se
afanan por ocultar las desigualdades de la relación establecida, negando
la violencia que las habita y los intereses de los propios “inmigrantes”.
Concretamente, dicho autor nos plantea una relación de intercambios
basados en la dominación y la disimetría, que siempre resultará favorable
1. En general se trata de puestos poco calificados en el ámbito de los servicios y en las zonas
rurales, aunque cabe destacar que estas políticas también favorecen la selección de trabaja-
dores de “alta calificación”, tal como se desarrolla en Alemania y Reino Unido desde hace
algunas décadas (Castles, 2006).
2. La característica principal del sistema laboral migratorio, según menciona Burawoy
(1979) quién analiza el caso de los trabajadores mineros en Sudáfrica durante al apar-
theid y a los trabajadores agrícolas en Estados Unidos, es la separación geográfica entre
la ubicación del lugar de trabajo y la región donde ocurre la reproducción social de estos
trabajadores. Esto implica la “externalización” a una economía o Estados alternos de deter-
minados costes de la renovación de la fuerza del trabajo, costes que deberían estar a cargo
del empleador.
68 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
al país proveedor de empleos a costa del país exportador de una fuerza de
trabajo que se ha convertido en disponible para la emigración.
Como sugieren Shore y Wright (1997), analizar estas políticas desde
un punto de vista antropológico implica considerarlas no sólo un ejem-
plo de persuasión y legitimación, sino también una forma particular de
acción social y simbólica que incide en la construcción de nuevas cat-
egorías del individuo y de subjetividad sometidas, en muchos casos, a la
mirada de los expertos. A través de dichas políticas, a los individuos se les
atribuye categorías como “ciudadanos”, “inmigrantes”, “extranjeros”,
“ilegales”, “clandestinos”, “seleccionados”, etc., y se generan tecnologías
y métodos que implantan normas y prácticas por medio de las cuales los
individuos deberán relacionarse entre sí. La fuerza de estas clasificaciones
contribuye a la formación de grupos que definen apriorísticamente la
relación entre “nosotros” y los “otros”, promoviendo en algunos casos
diferentes formas el etnocentrismo cultural y racismo, entendidas ambas
como prácticas de exclusión.
En este trabajo nos interesa analizar cómo se construyen determina-
das categorías de “emigrantes” e “inmigrantes” a través de las políticas
de reclutamiento llevadas a cabo por el estado español durante la dicta-
dura franquista como “país de emigración”, y en la última década de
democracia como “país de inmigración”.
Estos presupuestos tornan necesario apelar a enfoques históricos y
etnográficos que nos permitan analizar las causas que motivan dichas
políticas migratorias, así como las lógicas culturales que las impulsan
en los contextos sociopolíticos donde se encuentran insertas, otorgando
especial atención a las representaciones y prácticas de aquellos agentes
gubernamentales y no gubernamentales que están implicados en la for-
mación de “sujetos sociales” (Shore, 2010), y que tienen un papel activo
en la puesta en marcha de estas medidas (organismos internacionales,
agentes institucionales, elites políticas y económicas locales y nacionales,
asociaciones y ONGs).
En una primera parte, a través del análisis de archivos, informes y
documentos de trabajo, nos centramos en las acciones estatales impul-
sadas durante la dictadura franquista, que permitió la salida de miles
de trabajadores españoles hacia Francia, Alemania o Suiza, mostrando
todo un esfuerzo por intervenir, diseñar y controlar la movilidad de di-
chos “emigrantes” a través de un sistema de “asistencia en el extranjero”
fuertemente centralizado. Entendemos este sistema de “asistencia” como
un mecanismo de poder que tiene por objetivo transformar, mediante
acciones pedagógicas, ciertas conductas y comportamientos (Foucault,
69 DÉBORA BETRISEY
1997) en un marco más amplio de construcción de cultura nacional fuera
del “territorio” o “la patria”. En este sentido, uno de los efectos de esta
práctica estatal asistencial es la producción de sujetos “emigrantes” iden-
tificados con un fuerte sentimiento “hispánico”, apegado a las tradicio-
nes culturales y familiares de la “patria”, totalmente ajeno a la “nación”
donde se han instalado para trabajar, e impregnado del “mito de la pro-
visionalidad” (Bourdieu, 2010).
En una segunda parte, nos abocamos al análisis de las políticas de
reclutamiento de trabajadores implementadas por el gobierno socialista
durante la última década, desde países africanos, de Europa del Este y
latinoamericanos, siguiendo las directrices de los organismos internacio-
nales que plantean una mayor “flexibilidad” en términos de movilidad
laboral “seleccionada” (Comisión Europea, Banco Mundial, etc.). En
este contexto, como lo sugieren varios autores (Trouillot, 2001; Shore
y Wright, 1997) si bien el estado sigue teniendo un importante papel
en la “gestión de las poblaciones” extranjeras, se establece un desplaza-
miento de dichas funciones, no sin tensiones y conflictos, a los gobiernos
locales, a las ONGs y a las élites económicas que actúan como grupo de
presión política. En este sentido, se desarrollan determinadas prácticas
para dirigir la movilidad de las personas “importadas”, otorgando dere-
chos diferenciales en base a un contrato de trabajo, y para eliminar su
impronta amenazadora para el “orden nacional” (permanecer en el “país
anfitrión”) a través del llamado retorno, presentado como una “elección
voluntaria” y no coercitiva.
De forma similar a las intervenciones de los estados neoliberales que
producen formas de conciencia que dirigen a los sujetos-ciudadanos a
gobernarse a sí mismos en nombre de las libertades ganadas y las re-
sponsabilidades adquiridas (Trouillot, 2001; Shore y Wright, 1997), las
políticas de reclutamiento que analizaremos en este contexto incidirán en
la construcción de una nueva categoría, la de “inmigrante responsable”.
Dicho “inmigrante”, entendido por agentes gubernamentales y no guber-
namentales, como persona proveniente del “tercer mundo” que se inserta
en un “sistema moderno” de forma temporal deberá comportarse “adec-
uadamente” y elegir “responsablemente” el retorno, interpretado como
un bien para “su país de origen” y para su entorno cotidiano.
Ahora bien, en la medida en que un orden dominante establece un
conjunto de procedimientos legítimos para exportar o importar fuerza
de trabajo y genera un proyecto hegemónico (Roseberry, 1994) en torno
a él, este se confronta y resignifica al insertarse en relaciones de clases y
alianzas políticas locales y regionales históricamente situadas. De ahí que
70 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
sea necesario tener en cuenta la distinción entre el proyecto hegemónico
implícito en los procesos de reclutamiento en el ámbito nacional y los
efectos que se producen a medida que este proyecto se implementa en
diferentes contextos locales, poniendo énfasis en las dimensiones consti-
tutivas, culturales y discursivas de las prácticas sociales (Smith, 2010).
Por lo tanto, exploramos estos argumentos a través del trabajo empíri-
co realizado en uno de los municipios del sur de Andalucía (Huelva),
que se presenta como “ejemplo de gestión migratoria” basado en la
“contratación en origen” de mujeres extranjeras para trabajar en la re-
colección de la fresa
3
.
Emigración, “patria” y asistencia durante la dictadura
franquista
El discurso sobre el desarrollo liderado por los Estados Unidos y diversos
organismos internacionales en la década de los cincuenta, avalado por
expertos, profesionales y académicos, consideraba el crecimiento de la
“masa de pobres e ignorantes” como un “problema social” que dio lugar
a declaraciones, modelos y teorías de corte malthusiano sobre estos sec-
tores. Al rescatar el efecto negativo del crecimiento de la población sobre
el desarrollo, se proponía, entre otras medidas, agilizar la reducción de
la fertilidad en los llamados países del “tercer mundo” (Escobar, 1996).
El discurso de los organismos internacionales que establece la necesi-
dad de articular desarrollo con políticas de natalidad y migratorias cobra
cierta importancia en el contexto español durante los años cincuenta,
aunque no puede ser reducido a una simple asimilación. El gobierno de
la derecha nacional-católica franquista, por ejemplo, no se sumó a las
políticas de natalidad que fomentaban su reducción, por el contrario,
desde una moral cristiana promovió el aumento de la misma, pero sí
atendió a la población “sobrante” (“pobres”, “vagos”, “emigrantes”)
del nuevo modelo económico basado en la liberación de la economía, a
través de la “internación”, “la cárcel” y la “asistencia”.
En este contexto, el llamado “emigrante” que se trasladó a trabajar
mediante convenio a diversos países europeos (Alemania, Francia, Suiza)
en la década de los cincuenta y los sesenta adquiere un valor positivo
como “creador de divisas”. Algunos expertos explicarán este desplaza-
miento siguiendo las premisas hegemónicas de la teoría de la modern-
3. Gran parte del análisis etnográfico presentado en este trabajo se concentra en las fuerzas
sociales y de poder que están en juego para dar forma a las subjetividades de las trabaja-
doras “seleccionadas” y dedico escasa atención a la manifestación de esas subjetividades.
71 DÉBORA BETRISEY
ización, pero remarcando las particularidades de la emigración española
de forma abstracta, es decir, desvinculada del contexto socio-histórico, y
poniendo el acento en las expectativas y desajustes que se producen a niv-
el psicosocial de las poblaciones provenientes de zonas “tradicionales”:
Con relación a España, los grandes movimientos migratorios conti-
nentales se han desarrollado —y se siguen desarrollando— paralela-
mente al proceso de elevación del nivel de vida; esto significa que la
emigración —desde un punto de vista económico— no está motivada
por el descenso del nivel de vida, sino por la elevación del «standard»
o nivel de vida ideal al que el trabajador aspira. (Serrano Carvajal y
Montoya Melgar 1965:13)
La caracterización principal que constituye y define al “emigrante” es
su condición exclusiva de “trabajador” y su vinculación con el desarro-
llo del país. Así lo ponía de manifiesto el Director General del Instituto
Español de Emigración, en una conferencia dirigida al Club de Dirigentes
de Ventas de Oviedo, cuyos integrantes habían solicitado que se les ha-
blase sobre el papel de la emigración en la economía española durante el
Plan de Desarrollo de los años sesenta:
Es inmediato pensar en un control de nacimientos para facilitar, con
idénticas tasas de inversión productiva, el aumento de la renta por
habitante, especialmente en países en vías de desarrollo […] En Es-
paña no tenemos posibilidad alguna de hacer estos planteamientos,
puesto que nuestra concepción de la vida humana nos lleva a una
clara política de protección de la familia, sin reserva alguna de una
planificación encubierta. El desarrollo se basa, pues, en una política
demográfica abierta […] Teniendo en cuenta que teoría y práctica
del desarrollo económico enseñan que es la escasez de capital, ca-
pital en sentido amplio, comprendiendo también recursos naturales
y organización técnica, el obstáculo básico para el progreso de una
economía definida, se contrastaban las posibilidades de capital con
nuestra oferta de trabajo, resultando positivamente muy insuficien-
tes. […] De modo que la emigración es una necesidad impuesta por
los objetivos del desarrollo, cuyo éxito en su despegue dependerá así
en gran escala de la evolución de los desplazamientos colectivos de
personas. Se ha llegado en esa primera aproximación del Instituto a
definir un programa emigratorio hasta 1972 como base sustentado-
ra de un programa de desarrollo. La emigración permitirá el pleno
72 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
empleo, la plena producción en el exterior a aquellas personas que
estaban en situaciones de paro o de subempleo. Permitirá disminuir
la presión demográfica sobre los recursos existentes y con ello elevará
necesariamente la productividad del sistema. Por último, el ahorro de
estos hombres que obtienen una situación de remuneración satisfac-
toria se incorporará a las disponibilidades de la economía nacional y
contribuirá de esta forma a un aumento de la inversión necesario en
el progreso del desarrollo. (Rengifo Calderón 1966:9. Las cursivas
son propias)
Como podemos observar, se generó en torno al reclutamiento de “emi-
grantes” un discurso influenciado por una racionalidad económica bajo
el esquema de “costes” y “beneficios”, el cual se convirtió en la forma
“natural” de tratar el fenómeno imponiendo una determinada represen-
tación legítima de la emigración de la época (Sayad, 2010).
Paralelamente a la existencia de los efectos “beneficiosos” de la emi-
gración, algunos autores no dejaban de mencionar ciertos “costes” de
tipo social y económico para el país, tales como la ausencia de un poten-
cial humano en plena edad laboral y los problemas de desempleo que se
plantearán al tener lugar el “esperado retorno masivo de nuestros emi-
grantes” (Serrano Carvajal y Montoya Melgar 1965: 28).
Por otra parte, también se tiene en cuenta el análisis de los “costes”
individuales que pueden afectar al emigrante dado “el cambio brusco
de vida y de ambiente de trabajo”, el desconocimiento de la lengua, la
intolerancia a los alimentos, la inadaptación al clima y al temperamen-
to de los nativos del país de inmigración. Estos “costes” llevarían a los
“emigrantes” al aislamiento, la falta de “integración” y al padecimiento
de trastornos psiquiátricos, situación que remitiría y volvería a su “nor-
malidad” al reintegrase en “su ambiente de origen” (Serrano Carvajal y
Montoya Melgar, 1965).
Desde una perspectiva nacionalista, alimentada por las característi-
cas culturales distintiva de lo que significa “ser español”, “el emigran-
te” jamás podrá tener una identificación plena con la nación anfitriona.
Además, su permanente contacto con algunas “culturas” (alemana y sui-
za) más que otras (francesa) puede ocasionar cierta pérdida en relación a
las formas de trabajar, los valores familiares, morales y cristianos.
En este sentido, un halo de sospecha y desconfianza se instala sobre
hombres y mujeres que se trasladan a trabajar solos, sin su familia, a
pesar de las claras restricciones en materia de reagrupación familiar de
los países receptores, las duras condiciones de vida en los espacios labo-
73 DÉBORA BETRISEY
rales y el discurso desfavorable de viajar con la familia, que posterior-
mente se encargará de difundir el propio gobierno franquista.
No cabe duda de que el choque del emigrante con unas costumbres
morales, a veces opuestas a las suyas propias, tiene importantes reper-
cusiones sobre su comportamiento inmediato… Aparte del abandono
generalizado de las prácticas religiosas por una gran mayoría de los
emigrantes, el problema en que más acusadamente chocan las creen-
cias y vivencias tradicionales y las nuevas es el de la moral sexual.
Los casos de maternidad al margen del matrimonio son muy frecuen-
tes, y han dado lugar, en varias ocasiones, a repatriaciones de las
trabajadoras en gestación. La vida marital extraconyugal es también
sumamente frecuente. Son particularmente difíciles los problemas de
abandono de familia por parte de los emigrantes […] Del hecho de
obligar a vivir juntos a cientos de hombres solos en un régimen de
cuartel, prácticamente aislados de la sociedad del país de acogida y,
por lo tanto, imposibilitados de establecer relaciones sociales norma-
les. Ello hace que estos hombres caigan a veces en el vicio del alco-
hol, o recurran para romper su soledad a vulgares prostitutas que les
transmiten, con frecuencia, enfermedades de todo género, o, lo que
es todavía peor, se inicien en la homosexualidad (Serrano Carvajal y
Montoya Melgar 1965).
Los efectos positivos y negativos de la ausencia de estos nacionales fuera
del territorio pusieron en marcha un sistema de “emigración asistida”
que se llevó a cabo bajo estrictas medidas de intervención que permitían
al gobierno dictatorial modelar las corrientes migratorias para conseguir
una rápida acumulación de capital, movilizando el sector considerado
“tradicional” con el fin de estimular al sector “moderno”. Pero a su vez,
también, establecer todo un proceso de encuadramiento y moralización
de los emigrantes (hombres y mujeres) basado en su supuesta “provisio-
nalidad” en un ambiente extranjero y en su posterior reincorporación al
“territorio nacional”. Para lograr domesticar y redirigir a esta población
se puso en marcha un amplio campo institucional de “asistencia” lidera-
do por el Instituto Español de la Emigración a través de las Ayudas del
Fondo Nacional de Protección al Trabajo del Ministerio de Trabajo.
74 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
1. La administración de la población emigrante:
Selección estatal y privada de “emigrantes”
La Dirección general de Empleo dependiente del Ministerio de Trabajo
se encargaba de la planificación y control de las políticas migratorias. El
Instituto Español de la Emigración, creado en 1956, junto a las oficinas
provinciales de encuadramiento y colocación de la Delegación Nacional
de los Sindicatos, son quienes detentaran la autoridad profesional y legal
para clasificar y seleccionar a los “emigrantes”, la organización del trans-
porte y de asistencia. También tendrán un papel importante en el proceso
asistencial los consulados españoles en los distintos países europeos con los
que se firmarán acuerdos, y la dirección de Emigración-Asistencia Social
que estará inscripta en el área del Ministerio de Asuntos Exteriores, como
así también una fuerte participación de comisiones eclesiásticas y Caritas.
El proceso de “selección de emigrantes” se divide en varias etapas.
La primera se denomina preselección y consiste en estudiar la oferta
de puesto trabajos por parte de los países con los que se han firmado
convenios de reclutamiento de trabajadores. Luego el Instituto pide a
la Dirección General de Empleo las zonas geográficas donde se deberá
llevar a cabo el reclutamiento, generalmente las zonas donde existe
una gran cantidad de población desempleada e inscrita en los llamados
Servicios de Encuadramiento de la provincia. El proceso de pre-selec-
ción lo realizan delegados del Instituto en colaboración con los Servicios
Provinciales de Colocación, teniendo en cuenta la formación profesional
del candidato y las preferencias del país solicitante de fuerza laboral.
Con posterioridad pasan a ser “examinados” por las comisiones extran-
jeras, que solían incluir diplomáticos, empresarios y personal sanitario.
Si este proceso se realizaba satisfactoriamente, los “elegidos” debían re-
alizar un reconocimiento médico, realizado por la Dirección Nacional de
Sanidad y sus Servicios Provinciales, proporcionándoles un certificado de
“aptitud o ineptitud” de acuerdo con los parámetros médicos estableci-
dos por los países solicitantes. En algunos casos debían someterse a otro
reconocimiento médico realizado por las autoridades sanitarias de las
Comisiones Seleccionadoras. El proceso de fomentar y promover el trá-
fico de emigrantes implicaba un “filtrado” previo a través de la vigilancia
médica y policial lo menos costoso posible. Una fuerte preocupación por
las “enfermedades exóticas viajeras” que pudiesen contaminar el cuerpo
social de los países receptores, así como por la criminalidad, eran dos
de los aspectos a tener en cuenta por los agentes administrativos. De ahí
la necesidad de solicitar del Registro Central de Penados y Rebeldes un
75 DÉBORA BETRISEY
certificado de antecedentes penales que era fundamental para obtener el
pasaporte necesario para salir del país.
4
Ahora bien, este proceso de selección no se encuentra exento de con-
flictos y tensiones entre los representantes de los países contratantes y los
organismos oficiales españoles. El trabajo realizado por Ignacio García
(1999) sobre la llamada Operación Canguro, forma en que denominó el
Instituto Español de Emigrantes el acuerdo establecido entre el gobierno
español y australiano firmado en el año 1957 para trasladar españoles a
la industria azucarera, pone de manifiesto procesos de estigmatización
y diferenciación sobre los trabajadores contratados cuando se establece
una disputa en torno al “origen regional” de los mismos que debían ser
reclutados por parte del gobierno australiano. Dicho autor (1999) men-
ciona que el acuerdo establecía que los trabajadores serían preselecciona-
dos por el gobierno español en el número solicitado por el australiano (de
300 a 500), pero la aprobación final correría a cargo de los funcionarios
australianos. A su vez, la temporalidad de los contratos estaba marcada
por un periodo de dos años y condicionaba a devolver, por parte de los
trabajadores, el dinero en él invertido si no cumplía con la misma. El
gobierno de Australia garantizaba a estos trabajadores extranjeros los
mismos salarios, alojamiento, condiciones de trabajo y beneficios sociales
que a los trabajadores australianos en la misma ocupación. Ahora bien,
la clausula más conflictiva propuesta por los representantes del gobierno
australiano, a petición de los empresarios de los ingenios azucareros, es
exigir que fuesen de una zona geográfica determinada: el País Vasco. Esto
se debía a que los inmigrantes vascos poseían una “imagen positiva”, ya
que la pequeña colonia que existía desde los primeros años del siglo XX
había mostrado su capacidad de “asimilarse fácilmente”. De esta forma,
la delegación australiana hace énfasis en el condicionamiento del medio
ambiente y de la cultura como factor fundamental para remarcar una
serie de diferencias culturales que se consideran “esenciales” entre los
“vascos”. (“adaptabilidad”, “buen comportamiento”, “trabajadores”,
“mujeres con moral”, etc.) (García, 1999).
Para contrarrestar dicha propuesta, considerada como una intro-
4. En este contexto, una “verdad socialmente aceptada” era considerar a las clases bajas
sospechosas de albergar algún germen originario que las pudiese transformar en “masa
criminal”, por lo que se establece una excesiva vigilancia sobre estos sectores entre los
que se presuponía proliferaban diversas “epidemias morales”. La búsqueda de anteceden-
tes penales permitía detectar personas procesadas por delitos como “maleantes”, “vagos”,
“desviados” con el objeto de apartarlos de los programas de asistencia a la emigración y
ejercer una profilaxis social.
76 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
misión en los mecanismos de selección del gobierno español, el Instituto
Español de Emigración desarrolló un informe técnico en el que se podía
verificar científicamente “la adecuación” de la fuerza de trabajo que se
quería enviar para este reclutamiento desde Andalucía y las Islas Canarias
(García, 1999). Esta situación conllevó a un proceso de diferenciación y
estigmatización sobre estos trabajadores en la que se observa un primer
anclaje basado en la clase: los andaluces y canarios son braceros y exper-
tos en el machete (remarcando su origen campesino), y en los aspectos
medio-ambientales: la similitud climática entre el lugar de origen y des-
tino permitiría una mayor adaptabilidad.
Por otra parte, uno de los mayores “problemas” para los adminis-
tradores y gestores de esta corriente migratoria era la existencia de una
gran cantidad de “emigrantes pobres” que no atravesarán por este tipo
de “selección y asistencia”, pero igualmente se verán sometidos a me-
canismos indirectos de control y a una deslegitimación social a través de
la categoría “clandestinos”.
La acción protectora del I.E.E. constituye el más eficaz antídoto con-
tra la emigración clandestina. El emigrante asistido, por el hecho de
serlo, se encuentra en posesión de un estatuto jurídico en el que, al
lado de no muy gravosas obligaciones legales (de carácter administra-
tivo), posee importantes derechos asistenciales y de seguridad social
en sentido estricto. (Serrano Carvajal y Montoya Melgar 1965:38)
En este contexto, la sospecha invadía a cualquier persona que fuese re-
clutada por familiares, amigos o parientes, a pesar de iniciar los trámites
legales requeridos por el gobierno franquista y los convenios internacio-
nales. Dentro de la normativa vigente de la época, estos “emigrantes”
eran llamados “nominativos”, es decir, personas requeridas por el em-
presario de forma personal como consecuencia de relaciones laborales o
familiares previas. Las autoridades españolas consideraban este tipo de
contrato “viciado” por la simulación y el engaño, lo cual los llevaba a
ejercer un escrupuloso control de los requisitos para ser seleccionados y
obtener los “papeles” de salida.
Controlar a emigrantes “nominativos”, “turistas” o “clandestinos”
tenía como finalidad lograr que los “trabajadores asistidos” no sufrieran
competencias y los patrones buscaran en ellos sustitutos más baratos. Se
trataba así, de normalizar la “emigración asistida” en función de unos
intereses específicos sustentados en la ideología del desarrollo, la mod-
ernización del país y ciertos valores morales.
77 DÉBORA BETRISEY
2. La asistencia del emigrante:
ayuda, educación y moralización
Si bien el desarrollo económico de España dependía, entre otros factores,
de la organización de esta fuerza laboral, el discurso que se generó en tor-
no a ella no sólo estaba influenciado por una racionalidad “económica”,
sino también por una ideología nacional-católica que pretendía domes-
ticar las prácticas de la población emigrante asegurándose la existencia
de valores cristianos, familiares y de “cultura hispánica” a través de la
“asistencia”.
De esta forma, dicha asistencia implica complejas y múltiples in-
teracciones entre los “emigrantes asistidos” y los agentes del estado y la
iglesia, que estructuran gran parte del proceso migratorio. En el marco
de estas relaciones, dichos agentes se esforzarán por hacer que a través
de ellos los “emigrantes” reconozcan la autoridad estatal, a pesar de su
supuesta salida provisoria del Estado, ejerciendo un papel tutelar.
Entre los principales mecanismos asistenciales, entendidos por agen-
tes del gobierno como mecanismos de “protección” para una población
expuesta a múltiples problemas (vivienda, idioma, relaciones laborales y
sociales, morales, etc.) por su condición de analfabetos y pobres, encon-
tramos las denominadas “ayudas” previas al traslado (bolsas de viaje,
enseres e instrumentos de trabajo, documentación, gastos de desplaza-
miento), los “préstamos” o anticipos siempre que posean alguna garantía
o avalistas, y las ayudas en el extranjero (gastos de acogida o llegada al
país de destino, asesoramiento y defensa jurídico-laboral de los emigran-
tes, ayuda a Hogares y Asociaciones benéficas, asistencia cultural, ayudas
especiales para gastos imprevistos, repatriaciones solicitadas por enfer-
mos físicos y mentales o repatriaciones masivas por motivo de huelga,
etc.)
Algunos mecanismos puestos en marcha por el programa asistencial
tenían la obligación de conducir a la adaptación, y también al aprendiza-
je de terminadas conductas con el objeto de encajar las expectativas de
los emigrantes en un proyecto “viable de emigración asistida”. Para ello
utilizaron varias herramientas pedagógicas, entre ellas, la publicación de
libros orientativos que ponían en conocimiento de los “emigrantes” antes
de su partida, los requisitos para salir de España, consejos para el viaje,
la vida en el “país de recepción”, la “presencia de España” en dicho país,
etc.
Un aspecto significativo que aparece en los cuadernillos es una deter-
minada forma de concebir a la familia como “un problema” en el marco
78 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
del proceso migratorio. Si tenemos en cuenta que este tipo de recluta-
miento por convenio entre países se diseña para trabajadores hombres,
solos y en edad productiva, que debían ahorrar y volver a su “patria”,
viajar con la familia tenía de positivo “crear una atmósfera doméstica
que otorgaría la contención y ayuda mutua necesaria para una fácil adap-
tación por sentirse acompañado y cocinar al estilo español” (Guía del
Emigrante a Alemania. Instituto Español de Emigración, 1971: 14), y
de negativo un gasto mayor de dinero por el coste de vida, y por ende,
menos ahorro para invertir a su regreso, como así también, la posibilidad
de romper con su lugar de origen y valores comunitarios de forma defini-
tiva y comprometerse con el lugar de inmigración (Guía del Emigrante a
Alemania. Instituto Español de Emigración, 1971: 14)
5
.
Otra manera de orientar a los “emigrantes”, con objeto de establecer
cierta “re-educación” (modales, normas, reglamentos de convivencia, in-
formación de sus obligaciones, etc.) es a través de los llamados “cursos
de preparación medioambiental y social”, financiados por el Instituto
Español de Emigración y llevados a cabo por agentes de las delegaciones
provinciales y congregaciones religiosas. Los mismos tienen como misión
enseñar de forma práctica cómo hacer, estar y permanecer en el nuevo
lugar de destino.
En los cursos impartidos a mujeres solas que se trasladaron al ex-
tranjero se trasmitía un discurso patriarcal y católico que ayudó a con-
struir una determinada representación social de dichas mujeres como
portadoras de “valores correctos”, es decir, de moral cristiana, familiar y
apegada a los quehaceres domésticos de acuerdo a los tradicionales roles
de género y a los ejes de moralidad social imperantes durante la dictadura
franquista.
En el denominado Plan Marta, convenio firmado en 1960 en-
tre el gobierno español y australiano, en el que intervienen como sus
principales gestores el Instituto Español de Emigración, el Comité
Intergubernamental para las Migraciones Europeas, la Comisión Católica
Española de Emigración y el Comité Federal Católico de Inmigración de
Australia, se establece un trabajo previo de “preparación” por parte de la
iglesia católica de las “jóvenes solteras” que se dirigían a Australia para
trabajar en el servicio doméstico en “familias cristianas”:
5. Podemos leer con respecto a las “desventajas” de trasladarse a Alemania con la familia:
“Al adaptar la vida familiar al estilo alemán e ir solucionando las dificultades, se irá afin-
cando al país, siendo cada vez más difícil e improbable su regreso a la Patria” (Guía del
Emigrante a Alemania. Instituto Español de Emigración, 1971:14).
79 DÉBORA BETRISEY
Madrid 16. Sesenta y cuatro jóvenes solteras han salido rumbo a Aus-
tralia a las 4,30 de la tarde, del aeropuerto de Barajas, a bordo de un
tetramotor de Transporte Aéreos Internacionales. Esta es la cuarta
expedición organizada durante este año. El número de jóvenes que
integra estas expediciones es de ciento noventa y ocho. En régimen
de internado, y durante un mes, han recibido estas muchachas un
cursillo de preparación: inglés, formación religiosa y humana, cos-
tura, cocina, y costumbres de Australia. El Comité Federal Católico
de Inmigración de Australia tiene ya previstas las colocaciones en el
seno de las familias católicas, en las que prestarán sus servicios. El
contingente se distribuirá entre las ciudades de Melbourne, Sidney
[sic.], Brisbane y Adelaida. Como en las expediciones anteriores, mu-
chas de estas jóvenes son hermanas y novias de españoles residentes
en aquel continente. Algunas de ellas se casarán la semana próxima.
Llevan éstas sus trajes de novia consigo (ABC del 17 de diciembre de
1960. Las cursivas son propias)
La vinculación con diversos parientes y novios residentes en el lugar de
destino, y el trabajo exclusivo en el hogar propio y de otros, permite
restablece cualquier tipo de desequilibrio moral que pudiese provocar la
salida de mujeres de forma autónoma e independiente en contexto social-
mente opresivo para ellas.
Por otra parte, los “emigrantes asistidos” en su nuevo lugar de resi-
dencia serían estimulados a acreditar la existencia del Estado español
6
y
a construir parte de sus identidades sociales por referencia a esta creencia.
El Gobierno español, a través del Instituto Español de Emigración,
ha dedicado especial interés a la tutela de nuestros emigrantes, con el
fin de mantener viva su vinculación con la Patria, por un lado, y por
otro, para ayudarles a superar las necesidades que se les presenten
en el país de inmigración (Asistencia a la Emigración. Ministerio de
Trabajo. Instituto Español de Emigración, 1963:25).
En este sentido, uno de los lemas fundamentales del sistema de asistencia
era:
Fortalecer la propia personalidad del emigrante y su carácter hispá-
nico en todas sus facetas y proyecciones y cooperar al aumento del
6. Uno de los aspectos que vinculará a hombres jóvenes con “la Patria” es la obligación de
hacer el servicio militar a pesar de encontrarse en el extranjero.
80 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
acervo cultural del emigrante” (Asistencia a la Emigración. Ministe-
rio de Trabajo. Instituto Español de Emigración, 1963: 26).
Para ello, la mayoría de las inversiones se destinaban a organizaciones
colectivas más que a emigrantes individuales, tales como centros, hogares
y asociaciones españolas destinadas a realizar labores culturales, recrea-
tivas y asistenciales
7
. De esta forma, se realizaron múltiples inversiones
para desarrollar programas radiales y de televisión (Mensaje de España,
Mosaico Español, Nuestra Patria, Vuestra Patria, Aquí España) que se
podían escuchar o ver en el extranjero. A su vez, con el fin de completar
el llamado “acervo cultural del emigrante”, se impartieron “charlas cul-
turales”, tituladas “Así es España, en la que desfila una síntesis artística,
folklórica y cultural de nuestra Patria”, suscripciones a periódicos y re-
vistas aprobadas previamente por el Instituto de Emigración, o la orga-
nización de giras artísticas y de folklore en las diversas ciudades de gran
población española (Francia, Alemana, Suiza),-entre otras actividades-.
(Asistencia a la Emigración. Ministerio de Trabajo. Instituto Español de
Emigración, 1963).
A su vez, ante una constante prédica anticomunista, ligada al ejer-
cicio de control y represión realizado dentro del territorio español y tras
haberse detectados “errores” o “desvíos” en algunos “emigrantes asis-
tidos”, adquiridos por el “contacto” con “sociedades democráticas”, se
realizaron numerosos intentos de socavar las organizaciones y moviliza-
ciones políticas antifranquistas que crearon los trabajadores españoles
en el extranjero. Farré (2001:19) menciona, que la Embajada y la Iglesia
española habían favorecido la eclosión de una red de misiones católi-
cas en Suiza animadas por religiosos españoles y centros de reuniones
para los trabajadores españoles, cuyo objetivo principal era fortalecer los
lazos con la patria y ofrecer una ocupación con el fin de evitar “el tra-
bajo de zapa de elementos políticos que no se distinguen desde luego por
su amistad a España” (Informe del Cónsul español de Zurich al MAE,
13.03.1962, ACE. 2398/2-2401/1).
A pesar que las instituciones españolas pusieron todo su empeño en
impedir el desarrollo de organizaciones, centros, clubes, que no estuvi-
esen bajo su control, las mismas proliferaron y realizaron una importante
7. En el año 1963 según consta en los informes, la mayor cantidad de fondos destinados
por las organizaciones colectivas recae en la Comisión Católica Española de Migración
por “colaborar en la importante tarea de atender las necesidades espirituales de nuestros
emigrantes, aspecto que el Instituto Español de Emigración no puede estar ausente, dada
la trascendencia del mismo (Asistencia a la Emigración. Ministerio de Trabajo. Instituto
Español de Emigración, 1963:28).
81 DÉBORA BETRISEY
labor en términos políticos y sociales, respondiendo en muchos casos a la
inoperancia de las instituciones gobernantes de asistencia, pero también
basada en la necesidad de concientización de la situación vivida por los
obreros extranjeros en la que no faltaba la discriminación y procesos
de exclusión social, la ayuda mutua y la lucha antifranquista (Muñoz
Sánchez, 2008; Farré, 2001).
Por lo tanto, todo ese trabajo de legitimación y encauzamiento de
los “emigrantes” llevado a cabo por diversos agentes institucionales del
Estado franquista, que daba por hecho su reinserción en España como
una “obligación nacional”, no tuvo el éxito esperado. Una serie de hechos
históricos, políticos y sociales
8
, provocó que las expectativas de vida de
muchos “emigrantes asistidos” cambiaran y decidieran “fijarse” en estos
países. La permanencia definitiva de estos emigrantes y de sus familias
había roto con la ilusión de la “provisionalidad” de estos pobladores
por razones de trabajo, e implicó una fuerte reticencia por parte de los
“países anfitriones” por los altos “costes” sociales y económicos, lo cual,
junto a la grave crisis económica de los años setenta, puso fin al sistema
de reclutamiento.
Como analizaremos a continuación, los países europeos, y especial-
mente España, que en las últimas décadas retomaron estas políticas de re-
clutamiento de trabajadores para contratar “inmigrantes seleccionados”
proveniente del llamado “tercer mundo”, aprendieron de estas experi-
encias y establecerán nuevos mecanismos y dispositivos de control para
prevenir la residencia definitiva de los trabajadores.
La aparición de la categoría “inmigrantes seleccionados” en el pre-
sente, al igual que la construcción de los “emigrantes asistidos” del pasa-
do, formará parte de un discurso común de las políticas de reclutamiento
en la que intervendrán activamente diversos agentes gubernamentales
y no gubernamentales pretendiendo ordenar y administrar el desplaza-
miento de dicha población (Guerrero, 2007).
8. La fuerte recisión por la “crisis del petróleo” de los años setenta afectó con más contun-
dencia a España que otros países europeos. Algunos “emigrantes” se casaron y tuvieron
hijos en los países de residencia “temporal” y decidieron permanecer en el lugar, además,
algunos estaban integrados en el sistema de beneficios de sociedades democráticas (educa-
tivos, sanitarios, desempleo) y en la lucha por sus derechos en el marco de movilizaciones
políticas. Cabe mencionar que no todos los que se quedaron formaban parte de la “nación
política”, a pesar de haber obtenido la nacionalidad en muchos casos, ya que existía un
gran número de trabajadores emigrantes que se vieron marcados por la exclusión, el racis-
mo institucional, y las malas condiciones de vida (Castles, 2006)
82 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
Inmigrantes seleccionados, retorno y “responsabilidad
individual” en el estado neoliberal
Desde la legislatura del gobierno socialista (2004-2008) y en concordan-
cia con el principal partido de la oposición, se establece la puesta en
marcha de las políticas de reclutamiento de trabajadores extranjeros de
acuerdo con las previsiones de demanda laboral realizadas con antelación
por parte de los empresarios. Esta política es considerada por el gobierno
una de las medidas clave para garantizar el “orden y la regulación” de las
migraciones ante la “inmigración ilegal”, especialmente después de reci-
bir duras críticas por parte de los partidos de la oposición y otros gobier-
nos europeos sobre su política de regularización realizada en el año 2005.
De esta forma, se firmaron acuerdos con países con los que existe una
larga tradición migratoria (Ecuador, Colombia, República Dominicana,
Bulgaria, Polonia, Rumanía, Marruecos) para “seleccionar” una “inmi-
gración de trabajo temporal” que retorne una vez cumplida su función.
En lo que respecta a dicha “inmigración”, la antigua Secretaria de
Estado de Inmigración y Emigración, Consuelo Rumí, manifestó en el
Foro Político de Alto Nivel sobre Migraciones de la OCDE en París que:
La contratación en origen es la única alternativa viable a la inmi-
gración clandestina…las distintas dimensiones de los movimientos
migratorios se comportan como vasos comunicantes, de tal modo
que una canalización ordenada de los flujos de acceso a un país de
acuerdo a sus necesidades laborales, acaba de convertirse en un acica-
te para la inmigración legal. (Gabinete de Comunicación. Ministerio
de trabajo e Inmigración. 29-06-2009).
Al igual que durante el gobierno dictatorial, esta particular gestión estatal
de las poblaciones extranjeras es presentada como un espacio abstracto
e imparcial que debía servir de referencia para terminar con la “inmigra-
ción ilegal” o “clandestina”, ocultando que es el propio Estado el que po-
see la llave de la diferencia e instituye las fronteras entre “clandestinos”
y “legales” como sujetos dentro la “comunidad nacional” (Sayad, 1984).
Teniendo en cuenta los debates suscitados por la recuperación de
esta política en algunos países europeos (Alemania, Inglaterra), donde
se critica que al igual que en el pasado, se está “importando mano de
obra y no personas” (Castles 2006: 760) a las que se restringen sus dere-
chos, los políticos españoles ponen todo su empeño en declarar que estas
políticas destinadas a la “ordenación” de la inmigración “no se agotan
83 DÉBORA BETRISEY
en el mercado sino que han de verse complementadas con las relacio-
nadas con la integración” (Consuelo Rumí. Ex Secretaria de Estado de
Inmigración y Emigración. Gabinete de Comunicación. Ministerio de
trabajo e Inmigración. 29-06-2009).
En términos generales, el poder político y sus instituciones, los me-
dios de comunicación y sus diferentes mensajes, los “expertos” y sus in-
formes, se apropiarán del discurso economicista de “costes-beneficios”,
manteniendo intacto algunos de los presupuestos de la ideología del
desarrollo de los años cincuenta, a fin de legitimar la “nueva” gestión
migratoria. En un artículo publicado por Ferrero Turrión y López Salas
(2010) en la Revista del Ministerio de Trabajo e Inmigración, dichas au-
toras hacen referencia a los últimos acuerdos firmados por el gobierno
español con países africanos (Guinea Ecuatorial, Senegal, Malí, Nigeria
y Mauritania) para “seleccionar inmigración”, destacando, principal-
mente, los “beneficios” de dichos convenios para los “países exportado-
res” de trabajadores que se consideran en “vías de desarrollo”:
La principal diferencia, por tanto, entre este tipo de acuerdos y los
que hasta la fecha se habían puesto en marcha es que, no sólo preten-
den responder a las necesidades laborales del país receptor, sino que
entre sus objetivos se incluyen evitar la descapitalización de los países
emisores, limitando la fuga de cerebros y fomentando la permanencia
de su capital humano. Este último aspecto se ha señalado como una
de las virtudes que ofrecen las formas de migración circular frente a
los programas de establecimiento definitivo. […]Su diseño se enmar-
ca en una estrategia para fomentar formas de circularidad migratoria
que permiten la estancia temporal, pero que, dado su propio carácter,
impulsan el retorno. Este nuevo tipo de movilidad, una movilidad
reiterada, pero de ida y vuelta, puede tener efectos positivos para los
países de origen, no sólo a través del envío de remesas y la obtención
de rentas, sino a través de la formación y capacitación de su capital
humano. (Ferrero Turrión y López Salas 2010:129)
En el marco del discurso oficial la “formación-retorno” aparece como
una “gratificación” de los países demandantes de fuerza de trabajo, y se
convierte en un “ejemplo” de gestión migratoria, con independencia de la
forma en que se haga y de los resultados que se obtengan.
La utilización de un lenguaje técnico-racional por parte de diversos
agentes institucionales para dar sentido a estas políticas, permite, como
sugiere Shore (2010), desplazar el discurso a un registro que posiciona
84 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
el debate fuera de la política y, por lo tanto, en una esfera donde el de-
sacuerdo es visto como inapropiado o imposible. De ahí que muchos
políticos y expertos prefieran un lenguaje técnico y neutro de carácter
economicista, en vez de plantearse, como sugiere Sayad (2010), que este
lenguaje enmascara un sistema de valores que se encuentra alejado de la
estricta economía, y hace referencia a la pertenencia o no pertenencia a
un “grupo nacional”, o a la intolerancia hacia lo venido de “fuera”, que
se disimula bajo el aspecto de una simple operación de orden económico
–el binomio costes/ganancias.
Ahora bien, el análisis etnográfico llevado a cabo en una localidad
del sur de la provincia de Huelva en la que dichas políticas estatales se
entremezclan en una compleja red de relaciones entre empresarios, tra-
bajadores, agentes gubernamentales y no gubernamentales, nos permite
enfatizar el carácter problemático y frágil de sus marcos discursivos de-
bido a las tensiones y luchas que su aplicación pueden generar en el con-
texto local. En este sentido, el proyecto migratorio de reclutamiento de
trabajadores del estado postfranquista, al igual que pudimos observar
durante el periodo dictatorial, adquieren inflexiones particulares al inser-
tarse en relaciones de clase y de las alianzas políticas locales. Además, la
categoría de “inmigrantes seleccionados” no se verá libre de jerarquiza-
ciones, puesto que pueden ser fuentes eventuales de reconocimiento y
prestigio, pero también de discriminación.
1. “Un modelo ejemplar de migración”:
el municipio Los Fresales
9
.
Desde hace más de dos décadas, la economía agrícola de la zona de
Huelva se caracteriza por una producción intensiva, basada en la trans-
formación del uso del suelo y la utilización de determinadas técnicas de
cultivos (producción en invernaderos, riego localizado, agricultura gené-
tica). Se trata de pequeñas y medianas explotaciones que se aglutinan en
cooperativas y asociaciones de empresarios que ocupan importantes po-
siciones de poder dentro del campo económico onubense. La producción
está centrada al mercado interno, pero también es fuertemente depen-
diente de los mercados y canales de distribución extranjeros (Alemania,
Francia, Inglaterra). Este proceso impone unas determinadas condiciones
de producción (estándares de calidad, exigencias sanitarias, límites de
residuos, tamaños de las explotaciones, etc.) y un sistema de competiti-
9. Hemos utilizado un seudónimo.
85 DÉBORA BETRISEY
vidad que implica la reducción de los costes salariales y al mismo tiempo
incrementar la fuerza de trabajo disponible.
En este sentido, la propia dinámica expansiva del sector requiere
abundante fuerza de trabajo, especialmente durante el periodo de re-
colección de la cosecha. En muchas ocasiones, se ha puesto de manifiesto
una importante escasez de fuerza laboral. En términos generales, si bien
el desempleo en la zona rural ha sido relevante, el problema consistía en
obtener un contingente de trabajadores por un periodo concreto, y por
un periodo breve de tiempo, “sujeto” a determinadas condiciones marca-
das por la precariedad, los bajos salarios y la eventualidad.
En este contexto, como ya adelantara Eric Wolf (2005) para los com-
plejos industriales y las plantaciones, se establecerá una yuxtaposición
de grupos de diferentes orígenes sociales y culturales que solo puede ser
entendida en el marco de la propia organización del trabajo capitalista
para garantizar la máxima extracción de ganancias. Esto implica, además
de establecer una determinada relación entre capital y trabajo, generar
un ordenamiento jerárquico de los grupos y categorías, que provocan
distinciones entre los grupos de trabajadores.
A mediados de los noventa, se establece una disminución de la fuer-
za de trabajo local, y accede mayoritariamente al mercado laboral ru-
ral pobladores de Marruecos, Argelia, África subsahariana y Portugal,
si bien su presencia data desde principio del año ochenta. La atribución
de la condición de “irregular” o “clandestino” que tenían la mayoría de
estos grupos, junto a distinciones estigmatizantes asociadas a su lugar de
origen, servían para subsumirlos a peores condiciones de contratación
y de vida
10
. Pero también ha servido para aislarlos del mercado laboral
y ponerlo en el peldaño más bajo de la escala de preferencias de traba-
jadores cuando empezaron a considerar que su acceso a este mercado de
trabajo debía ser defendido políticamente.
La experiencia de lucha de los trabajadores inmigrantes, especial-
mente marroquíes, implicó no solo tomar conciencia de su posición es-
tructural, es decir, como poseedores de contratos (verbales) que los fijaba
a la temporalidad y bajos salarios de las tareas agrícolas en la provincia
de Huelva, sino también comenzar a denunciar las jerarquías que se es-
taban desarrollando en el mercado laboral de la fresa, en base a la nacio-
nalidad y el género provocada por las nuevas políticas de reclutamiento
de trabajadores.
10. Al igual que sugiere Sthepen (2002) en el caso de los inmigrantes mexicanos que traba-
jan en zonas rurales de Oregón, se crea una población “rehén” que debía aceptar penosas
condiciones de trabajo y bajos salarios a fin de poder ganarse la vida.
86 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
En el municipio Los Fresales, a causa de los disturbios racistas acon-
tecidos en el pueblo en contra de los trabajadores marroquíes consid-
erados “ilegales” y “problemáticos”, la repercusión mediática de las
condiciones de vida en la que la mayoría vivía durante su estancia en el
municipio y las demandas de los propios empresarios freseros, que se
quejaban de la inestabilidad de los trabajadores extranjeros, se llevó a
cabo un acuerdo entre las asociaciones de empresarios, sindicatos y rep-
resentantes del ayuntamiento para garantizar la fuerza de trabajo e impe-
dir que aumentasen los costes laborales, a través del reclutamiento exclu-
sivo de mujeres de diversas procedencia (Rumanía, Polonia, Marruecos y
Colombia). En este caso, se trató de establecer un precio homogéneo para
el pago del jornal, comprometerse a pagar el viaje de los trabajadores/ras,
otorgar alojamiento, dar de alta a los trabajadores/ras en la Seguridad
Social y controlar el retorno de los mismos mediante los sellos de entrada
y salida en el pasaporte para volver a contratarlos en la temporada agrí-
cola del año siguiente
11
.
2. La administración de la población inmigrante:
Selección estatal y privada de mujeres extranjeras.
A partir del año 2000, bajo el gobierno nacional conservador (Partido
Popular), se incrementa la contratación de trabajadoras por parte de los
municipios onubenses, recurriendo principalmente a mujeres de Rumanía,
Marruecos y Colombia. En los últimos años se establece una serie de
cambios con respecto a los cupos y procedimientos para la autorización
de los trabajadores por temporada, en los que se plantea, entre otras, que
las ofertas presentadas por los empresarios debían ser orientadas hacia
11. A pesar de estos acuerdos, algunos empresarios suelen descontar del sueldo de las tra-
bajadoras el importe del viaje, ya que sólo está obligado a pagar solo un billete del traslado
de ida y vuelta, también el pago de la luz, gas en la vivienda. La comida y los productos
necesarios para la vida diaria lo pagan de su salario dichas mujeres. En el marco de estos
convenios, está permitido que le puedan también descontar un 10% de la nómina como
pago del alojamiento ó el 50% del precio del alquiler de una vivienda entre los trabajado-
res que residan en la misma (Folleto informativo UGT). Debido a las características del
régimen de cotización agrario, las y los trabajadores empleados deben ser dados de alta
en la Seguridad Social por su empleador. Ahora bien, son los propios trabajadores los que
deben pagar “los cupones” o “sellos” a dicho organismo, que en la actualidad es de 84.97
euros al mes. Uno de los requisitos es que las y los trabajadores deben darse de baja una
vez finalizado su trabajo de temporada. En muchas ocasiones esto no sucede y quedan con
una amplia deuda a la Seguridad Social española. En algunos casos, los empleadores se
encargan de hacer estos trámites y descontar el “cupón” del sueldo y darle de baja, pero no
es una práctica generalizada, por lo que muchas mujeres se terminan endeudando.
87 DÉBORA BETRISEY
los países con los que España posee “nuevos convenios” sobre regula-
ción de los flujos migratorios (Bulgaria, Ucrania, Polonia, Marruecos,
Ecuador, Guinea Ecuatorial, Senegal, Malí, Nigeria y Mauritania, etc.).
A pesar de dichos convenios que avalan determinadas “preferen-
cias” nacionales, en el municipio Los Fresales, se pondrán en juego una
serie de atributos de género, social y culturalmente construidos, de etnia
y clase, que determinarán que sean sólo algunas mujeres las que pasen a
formar parte de este sistema de contratación y se conviertan en fuerza de
trabajo más disponible que los hombres, con el objeto de reafirmar los
intereses específicos del sector empresarial y político.
El sistema de reclutamiento de estas mujeres, es llevado a cabo por el
ayuntamiento los Fresales, que dispone de una oficina especial para dicha
tarea y los representantes de los empresarios que se trasladan hasta los
países de origen para establecer la selección. Los organismos estatales de
dichos países establecen una primera selección de mujeres que aparezcan
en los registros como desempleadas. Luego dichas mujeres serán admi-
tidas o excluidas en una especie de rueda de reconocimiento, realiza por
empresarios y agentes institucionales, de acuerdo a determinadas prefer-
encias y atributos basados en la edad, el estado civil y las cargas famili-
ares (preferentemente con hijos a su cargo).
A su vez, se busca también que su nivel educativo sea preferente-
mente bajo y que provengan de la zona rural. Según algunos empresarios
y agentes gubernamentales determinados signos de “urbanidad” podrían
comprometer la estancia temporal y pondría en peligro el retorno, por
falta de adaptabilidad a las tareas rurales. Un empleado del ayuntamien-
to, encargado de “seleccionar mujeres” en Senegal, muestra su reticencia
durante dicho proceso a pesar de tener que someterse a las “preferencias
nacionales”:
Vino un día una mujer con un montón de oro en las manos, pulseras,
collares, un bolso y las uñas largas hasta por aquí (señala sus uñas).
Le pregunto: “¿tú trabajaste en el campo? Sí, me responde. Vale, yo
no me lo creo”. Le digo: “bueno ya te llamaremos”. Me montó una:
“¿cómo que ya te llamaremos?!!, ponme en la lista”, me dice. Cogió
el móvil hizo una llamada y al rato me llaman… Allá hay militares,
me dice uno porque no está en la lista y le digo porque no cumple el
perfil y me decía que la pusiera. Entonces le puse una X adelante y le
dije que la pondría en espera y así me lo quité de encima (Entrevista
a M.C, marzo de 2008).
88 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
En un principio, las mujeres “polacas”, “rumanas” eran consideradas
“más trabajadoras” y menos problemáticas que los hombres. Con el
tiempo se fue restringiendo la llegada de mujeres polacas menores de 25
años, ya que se presuponía que eran dadas a salir por la noche, a no ir a
trabajar y no cumplían el compromiso de retorno luego de terminar las
cosechas. Me decía el alcalde de Los Fresales en una de las entrevistas:
Eran mujeres rubias, altas, que se levantaban temprano, se iban a
dormir, después cuando las dejaron sueltas nadie sabía lo que iba a
pasar, pero fue igual que los hombres (Entrevista J.J, abril 2009)
La mujer que sale de la “finca” es una mujer que se aleja de los espacios
laborales socialmente construidos para “lo femenino”, y se crea una ima-
gen que las convierte en moralmente sospechosa. En este caso el castigo
social para estas mujeres es ponerles el estigma de “mujeres públicas”,
dedicadas a robar maridos a las autóctonas y salirse del control de los
empresarios, haciendo un uso irresponsable de la “libertad adquirida” en
relación a su nueva situación de independencia.
La entrada de los países Este en la Unión Europea, provocó que
muchas mujeres de origen polaco, rumano o búlgaro ya no pudiesen ser
“seleccionadas” por el sistema de convenios, sino a través de las relacio-
nes previas creadas con los empresarios que solicitaban expresamente su
presencia. A partir de este momento, los empresarios empezarán, como
suelen llamarlo, a “experimentar” con mujeres de otras nacionalidades.
En este sentido, las mujeres provenientes de Marruecos aparecen
ante los empresarios y funcionarios del ayuntamiento encargados del re-
clutamiento como mujeres de una “disponibilidad ilimitada”, frente a
“polacas” y rumanas” que ya son “parte de la Unión Europea”, o las
mujeres “latinoamericanas” debido a los altos costos que implican el
traslado, o a las africanas “de difícil integración”. Por otro lado, muchos
empresarios considerarán a las mujeres de origen marroquí “más sumi-
sas”, debido a que provienen “de sociedades machistas” y están acos-
tumbradas a las tareas del campo. En términos generales, las mujeres
“polacas”, “rumanas” o “marroquíes”, serán diferenciadas de los hom-
bres por ser “mejores trabajadoras” en el discurso de los empresarios.
Estos procesos de diferenciación se asocian a la productividad en el tra-
bajo en función a unos atributos femeninos. Decía un empresario:
Si tú contratas a uno de la zona o algún moro, seguro que los ves a
los diez minutos tirados bajo un árbol durmiendo la siesta, en cambio
89 DÉBORA BETRISEY
las polacas son trabajadoras, tienen las manos más suaves, y no la vas
a ver descansado (Entrevista a J.G, diciembre 2008).
La “suavidad en las manos” es uno de los argumentos recurrentes entre
los empresarios de la zona. Consideran que las mujeres son “más deli-
cadas y cuidadosas” que los hombres para hacer la recolección, y tienen
un componente innato de “resistencia en el trabajo”. Algunos empre-
sarios dedicados a la exportación de la fresa insisten en el “cuidado en
la recolección”, ya que se trata de una fruta que se exporta a Alemania
y Francia, con amplias exigencias (tamaño, color, peso) y por lo tanto,
según mencionan, sólo puede ser recolectado por mujeres.
De este modo, podemos observar cómo se establece una ligazón con
los trabajos domésticos atribuidos culturalmente a las mujeres: manipu-
lación de alimentos, cuidado. Sin embargo, a pesar de la existencia de
estos “saberes” naturales femeninos, las mujeres no aportan ninguna ca-
pacitación específica para desempeñar dicho trabajo, y por lo tanto, de-
ben pasar por un curso de formación de manipulación o ser socializadas
en el trabajo por otra mujer más antigua que les enseñe. Esta formación
también se realiza a través de videos educativos cuyo visionado se hace
en su lengua de origen antes de venir a España y luego en la finca donde
trabajarán.
3. Formación y “responsabilidad femenina”
Una de las cuestiones fundamentales para que esta política de recluta-
miento dejase de verse como el resultado de una conjunción de intereses
políticos y económicos de determinados grupos de poder, es otorgarle un
efecto de “universalidad”, estableciendo cierta conexión con las ideas
asociadas al desarrollo, basadas en la contraposición de sociedad desa-
rrolladas vs. subdesarrolladas, o tradicionales vs. modernas. A través de
este discurso los intereses de grupos políticos y económicos dominantes
se conectan y coordinan con los de grupos de “pobres inmigrantes” en
una especie de equilibrio perfecto en el que “todos ganan”.
En este contexto, se pone en marcha el dispositivo de la “formación-
asistencia” hacia estas mujeres en la que participan ONGs, Cruz Roja y
mediadores culturales del ayuntamiento, ejerciendo un papel de orienta-
dores al mismo tiempo que ayudan a construir uno nuevo objeto y sujeto
de poder que es el “mujer-inmigrante-responsable”.
El Ayuntamiento de Los Fresales dentro del programa de “selección
de mujeres” para trabajar en la agricultura posee un número reducido
90 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
de mediadores, la mayoría hombres, que participan en el traslado de las
mujeres desde que salen de Marruecos hasta que llegan al municipio.
Algunos de ellos están encargados de ir a la “selección” y servir de tra-
ductores entre las autoridades marroquíes y la delegación española, y
esperarlas en el punto de embarque, donde les retienen el pasaporte hasta
la llegada a Tarifa. En dicho lugar les devuelven la documentación, se les
da el nombre del empresario y el lugar donde trabajarán, y el número
de teléfono del mediador que les es asignado. A partir de ahí, el resto
de mediadores viajará con ellas en un autobús hasta el lugar de destino
sometidas a su tutela. Una de las tareas principales además de darles
información básica (lugar de trabajo, números de teléfonos, etc.) es ase-
gurar que todas las mujeres lleguen a destino y evitar alguna “fuga”. En
cuanto al tipo de actividad que realizan habitualmente dentro del muni-
cipio, uno de los mediadores define su trabajo como un “solucionador de
problemas”, sin dejar de remarcar los límites de dicha actividad:
Hay veces que nos llaman cuando hay problemas con el empresario,
porque dice que no trabaja suficiente, siempre hay una que trabaja
más y el empresario quiere que todas trabajen como esa…entonces
nosotros le decimos que le dé otra oportunidad…Luego hay cosas
que nosotros no podemos interferir, que para eso están los sindicatos,
pero hay veces que los empresarios no les pagan o no les dan lo que
les dicen…entonces nosotros les decimos qué es lo que tienen que pa-
gar y, como son analfabetas, les explicamos (Entrevista a A.M, junio
de 2009)
Debido al sistema de aislamiento que muchas mujeres viven en la finca y
el desconocimiento del idioma, es común que generen cierta dependencia
con los y las mediadoras del ayuntamiento que les inspiran confianza.
Por otra parte, en la medida en que los mediadores asumen la responsa-
bilidad de resolver los problemas cotidianos de estas mujeres, se vuelven
particularmente susceptibles a los esfuerzos realizados desde las propias
instituciones locales y las dinámicas empresariales para dar forma y de-
limitar los objetivos de su participación como “solucionadores de pro-
blemas”.
Por otra parte, asumiendo los planteamientos de la política nacio-
nal, el traslado de estas mujeres no sólo es visualizado para realizar un
trabajo en el campo, sino también como un espacio de “oportunidades”
para recibir una educación. La educación en el lugar de destino consiste
en cursos de español organizados por algunos dueños de las fincas enfo-
91 DÉBORA BETRISEY
cados exclusivamente a las prácticas laborales. Durante el propio proceso
de aprendizaje estas mujeres demandarán, fundamentalmente, un con-
ocimiento del lenguaje para poder comunicarse durante los momentos
en los que van al pueblo a comprar mercancías (una vez a la semana).
También se considera parte de la educación recibida algunos cursillos
realizados por los agentes no gubernamentales, centrados en informarles
de cómo abrir una cuenta en el banco para que su dinero no quede en la
finca, y así evitar “problemas” (robos, pérdidas, etc.), o sobre el llamado
co-desarrollo. Los cursos sobre co-desarrollo se realizan con el objetivo
de lograr que las mujeres ahorren dinero y así puedan instalar un nego-
cio en su pueblo natal. De esta forma, se fomenta el trabajo autónomo/
emprendedor y la posibilidad, como manifiestan algunos de los orga-
nizadores, de lograr que algunas mujeres dejen de venir por este sistema
y dejen su lugar a “otras mujeres que lo necesitan”. Si bien estos cursos
no tienen el éxito de participación esperado por parte de sus organiza-
dores, a través de esta práctica se intenta que este mercado laboral rural
y femenino que se ha creado pueda ser racionalizado para asegurar una
participación más equitativa y continua de las mujeres pobres.
Los cursos de capacitación que llevan a cabo voluntarios de la Cruz
Roja en diversas fincas tienen como objetivo principal dar a conocer
sobre la trasmisión y prevención el sida, y educación vial
12
, aunque la
mayoría de los cursos comienzan con claras indicaciones relacionadas
con la limitación de su contrato de trabajo y la obligatoriedad del re-
torno. En una de las campañas informativas dada por un voluntario de
la Cruz Roja en una de las fincas donde todas sus trabajadoras provienen
de Marruecos se reproduce la siguiente escena:
Antes de empezar quiero decirles que no deben creer a nadie, nadie
(insiste de forma vehemente) que les diga que se pueden quedar más
tiempo, eso es falso, mentira, una vez que terminan deben volver,
12. Las charlas sobre el SIDA han despertado la reticencia de muchas mujeres, ya que no
comprenden el sentido de los mismos en el contexto de la finca. Los voluntarios de Cruz
Roja, que al comienzo se vieron sorprendido por dicha reacción, buscaron la forma de
seguir impartiendo dicha charla planteando que lo hacen, no para ofenderlas sino para
que ellas puedan comunicarse y trasmitirle información adecuada a sus hijos y hermanos
pequeños. En cuanto al curso de educación vial, se lleva a cabo para evitar accidentes en
las carreteras que comunican las fincas con los pueblos más cercanos. En algunas fincas,
muchas mujeres dependen de que sea el propio empresario el que las lleve al pueblo para
hacer sus compras. Este hecho no ocurre a menudo, por lo que muchas de ellas contratan
“taxis” o se organizan con algún compatriota para ser llevadas o caminan grandes kiló-
metros por la carretera para llegar al pueblo y hacer sus compras. Uno de los objetivos del
curso es enseñarles a través de imágenes a caminar por la carretera para evitar accidentes.
92 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
porque si no, no pueden regresar la temporada siguiente (Extracto del
diario de campo, junio de 2010).
En términos generales, muchos de los agentes involucrados en este cam-
po institucional basado en la formación o la asistencia, a través de sus
prácticas inculcarán hábitos de autogestión y auto-regulación por medio
de los cuales están mujeres se “gobernarán a sí mismas”, asegurando la
conformidad voluntaria del retorno acomodando así su conducta a los
principios legales y racionales estipulados por las normativas jurídicas.
Para ello trabajadores de ONGs, mediadores culturales, y empre-
sarios también harán referencia constante al ámbito doméstico de las
trabajadoras, el cual desempeña un papel central en la estabilización de la
relación de dominación legítima que se genera entre ellos y las “mujeres
inmigrantes”. En primer lugar, ellas no trabajan porque sea el papel de la
mujer trabajar sino porque las circunstancias de “carencia” de su grupo
doméstico así lo requieren. En algunos casos, el trabajo de estas mujeres
es visto como un “mal necesario” para “aliviar las duras condiciones en
las que viven ellas y sus hijos”.
En el caso de las mujeres con hijos que trabajan bajo estas condi-
ciones laborales se reafirma su función procreadora, de mantenimiento y
socialización de los hijos. Estas representaciones se entretejen con la idea
del inmigrante como motor de cambio en su sociedad (no sólo en térmi-
nos económicos, sino también culturales), gestada en los años cincuenta
por el discurso de la migración, mujer y desarrollo que siguen promul-
gando muchas ONGs y agentes estatales a pesar de sus múltiples críticas
(Escobar 1996). Es decir, se piensa que la salida de la mujer de “humil-
lantes hogares” para instalarse en las “fincas españolas” va a propiciar el
fin del atraso y el abandono de la barbarie al llegar a su lugar de origen.
Aquí la preocupación está centrada en la sociedad y en el papel de la mu-
jer como “motor de una nación” que se considera tradicional, y menos
en la emancipación de estas mujeres.
Un voluntario de la Cruz Roja, me decía después de terminar de
realizar unos de los cursos de capacitación en una finca:
No podemos cambiar la mentalidad de un país, pero hablando con
estas mujeres podemos hacer algo para que eso pase (Extracto del
diario de campo, junio de 2010).
93 DÉBORA BETRISEY
Un empresario me comentaba:
Ellas tienen que dejar a sus hijos, pero yo les digo lo hacen para dar-
les un futuro mejor, pienso también que el traslado de estas mujeres
va a cambiar la mentalidad de los hombres ya que son muy machis-
tas, en cambio nosotros lo tenemos más superado, allí están como en
España en los años 40 (Entrevista a J.M. noviembre de 2009)
Influenciados por un discurso de intervención feminista etnocéntrico que
construye a las mujeres del “tercer mundo” como pasivas y atrasadas e
incapaces de hacer nada por sí misma (Escobar 1996), se las presenta an-
cladas en un pasado que ya ha sido superado por las mujeres españolas,
por lo que en cierta medida hay que encaminarlas.
En este contexto social específico, tanto el conjunto de empresarios
como el resto de agentes institucionales, intentan imponer una imagen
legítima de “madre sacrificada” en la que se establece un vínculo indi-
sociable entre madre-hijos como eje articulador de la familia. De esta
forma, ayudan a amortiguar la culpa que sienten algunas mujeres por
haber “abandonado a sus hijos” para trasladarse a trabajar, y por otro,
se aseguran el regreso a su lugar de origen en la fecha estipulada, debido
a los “fuertes vínculos con la sociedad de origen”.
En este sentido, el traslado para trabajar en “la finca” no atenta con-
tra la maternidad y la familia, por el contrario, es un elemento positivo
para los empresarios siempre que se ejerza una “maternidad ausente”
13
.
En algunas ocasiones, se establecen ciertos conflictos con esa imagen de
mujer=madre sacrificada, espacialmente, cuando en los procesos de se-
lección “se filtran” mujeres embarazadas. En estos casos, dichas mujeres
trabajan en la recolección hasta el nacimiento de su hijo (muchas veces
se generan nacimientos prematuros por las duras condiciones laborales)
y luego son apartadas de la finca y del trabajo hasta que puedan ser
devueltas a sus lugares de origen junto a su hijo
14
. En este sentido, al igual
que durante el proceso de “emigración asistida” que hemos analizado, el
ejercicio de la “maternidad en solitario” durante la temporada laboral
genera la repatriación
15
. Por parte del empresario la maternidad ejercida
13. Agradezco esta referencia a Beatriz Moncó, que me lo señaló oportunamente en el
debate durante la mesa redonda titulada “Inmigración y género” realizada por el Instituto
Feminista de la Universidad Complutense de Madrid en mayo de 2010.
14. En estos casos, intervienen los mediadores culturales, algunos trabajadores de ONGs y
el Ayuntamiento, trasladando a estas mujeres a un piso ubicado en el pueblo donde perma-
necen hasta ser devueltas a su lugar de origen.
15. Ver Serrano Carvajal y Montoya Melgar (1965).
94 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
dentro de la finca consume tiempo y energía, por lo que resta productivi-
dad. El argumento que utilizan los mediadores culturales es que la finca
no es un lugar que cumplan las condiciones necesarias para “criar a un
hijo”, ya que en cierta medida obstaculiza las posibilidades de generar un
vínculo entre la madre y el hijo y tienen que ser devueltos a su lugar de
origen para que los familiares se hagan cargo.
En el ámbito económico y político local que hemos analizado, se
selecciona de la identidad de género aquellos aspectos que apuntan a
reafirmar los intereses empresariales y “fijar” la fuerza de trabajo de for-
ma temporal
16
. A su vez, también asumen una valoración estigmatizante
compartida por otros sectores de la sociedad (ONGs, mediadores cul-
turales, agentes institucionales) que se traduce en discursos estandariza-
dos que las visualiza como víctimas de una sociedad atrasada, tradicional
y pobre y por lo tanto, “sujeto” de tutela y re-educación en el lugar de
destino con el objeto de formar “mujeres-inmigrantes-responsables” que
eligen libremente el retorno para el “bien de su país y de su familia” sin
dejar lugar a la no-elección del retorno, limitando sus derechos y mante-
niendo un patrón consistente de estigmatización favorable a los sistemas
de explotación.
Conclusión:
por un análisis crítico de las políticas migratorias
A fin de no contentarnos con dar una explicación sobre las políticas de
reclutamiento de trabajadores en el contexto español, que contribuye-
ra al pensamiento dóxico basado en el economicismo o tecnicismo que
toma aspectos del pasado para reformular el presente, hemos pretendido
comprenderlas desde una perspectiva antropológica crítica. Para ello nos
interrogamos por las condiciones sociales de su producción, destacando
las tensiones políticas y culturales que enfrentan y sobre todo los pro-
cesos de objetivación y categorización que se producen alrededor de las
personas a las que van dirigidas (emigrantes asistidos/inmigrantes selec-
cionados), que hace que el estado a través de sus múltiples prácticas y
procesos no deje de ejercer el poder de “nombrar y actuar” conformando
16. Si bien no lo desarrollaremos en este trabajo, cabe mencionar que en los últimos años
debido a la grave crisis de desempleo en el país se han generado ciertos conflictos entre el
gobierno central y los grupos económicos locales por tener que contratar trabajadores del
lugar que estuviesen desempleados y reducir el cupo de mujeres “reclutadas”. Los empre-
sarios argumentan que han invertido “tiempo y esfuerzo” con las mujeres “contratadas en
origen” y no desean “correr riesgos” con una fuerza laboral local que presumen “inestable
y poco responsable”.
95 DÉBORA BETRISEY
identidades socioculturales dentro del “orden nacional”.
Ambas categorías, “emigrantes asistidos” e “inmigrantes seleccio-
nados”, construidas en procesos históricos diversos y entendidas como
práctica discursiva que se convierte en un dispositivo para gestionar a las
poblaciones e influir en su subjetividad, instituyen un ámbito atravesado
por relaciones de dominación que se ponen en juego en las prácticas co-
tidianas para mantener procesos desigualdad de clase, de género y de
etnia.
Como hemos destacado, durante la dictadura franquista la forma
de regular, definir y clasificar al “emigrante” hasta convertirlo en “asis-
tido” dependía de un estado central denso que mantenía, a través de sus
agentes, un férreo control en la administración y moralización de dichas
poblaciones consideradas “nacionales” en el extranjero por “razones de
trabajo” y de ausencia provisoria de su verdadera “patria”. Aún así no
faltaron las tensiones entre los propósitos del gobierno central dictato-
rial y los esfuerzos por romper con dichos mecanismos de dominación
por parte de grupos o individuos que se vieron definidos bajo dichos
términos.
En el presente, el reclutamiento y la gestión de “inmigrantes seleccio-
nados” “por razones de trabajo” con carácter “provisional” sigue estan-
do en manos del estado, pero en un contexto neoliberal marcado por las
transformaciones estructurales y privatización de sus principales funcio-
nes, dichas prácticas implican a múltiples agentes no gubernamentales y
sectores sociales que en determinados marcos de interacción, construyen,
al igual que el poder institucional, nuevos objetos y sujetos de poder. En
este caso, ayudan a establecer la categoría de “inmigrante-seleccionado-
responsable” que un número creciente de pobladores reclutados como
fuerza laboral llegan a ocupar, algunos de forma decisiva y otros con cier-
ta reticencia. Es precisamente la continuidad del trabajo etnográfico, en
determinados espacios locales, la que nos permitirá mostrar cómo estas
experiencias clasificatorias realmente reconstituyen la subjetividad de las
personas “reclutadas”, incorporado o produciendo imaginarios críticos
y alternativos al “discurso oficial”.
96 POLÍTICAS DE RECLUTAMIENTO DE TRABAJADORES EN ESPAÑA
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AIBR
Revista de Antropología
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VOLUMEN 7
NÚMERO 1
ENERO-ABRIL 2012
Pp. 99 - 119

Madrid: Antropólogos
Iberoamericanos en Red.
ISSN: 1695-9752
E-ISSN: 1578-9705
MERCANCÍA Y HOGAR:
LA CASA COMO NO-LUGAR.
ORIOL ALONSO CANO / UNIVERSIDAD DE BARCELONA
100 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
RECEPCIÓN: 02.08.2011
ACEPTACIÓN: 10.12.2011
COMMODITY AND HOME: THE HOUSE AS NON-PLACE
SUMMARY:
This paper purports to scrutinize one of the most important things of the contempo-
rary times: the commodification of the home. From this process, the house goes from
being the center of demarcation between public and private, and the establishment of
the roles and identity in the subject, to be a simple commodity defined primally by its
ability to be exchanged in any time. Thus, it becomes progressively, due to its com-
modification, to move to have the status of non-place, space of anonymity existence
and mere superficiality. So the home will become furtive encounters space, whose
relations will base on the contract and, therefore, the mere pragmatism.
KEY WORDS:
Home. Identity. Common. Money. Non-place.
RESUMEN:
Esta investigación tiene la finalidad de sacar a la luz uno de los mayores fenómenos
que se han producido en la época contemporánea, a saber: la mercantilización del
hogar. A la sazón de este proceso, la vivienda pasa de ser un centro de demarcación
entre lo público y lo privado, así como de la estipulación de roles e identidad en el su-
jeto, a ser una mera mercancía que se define primordialmente por su capacidad de ser
intercambiada en cualesquier momento. De esta forma, se transformará progresi-
vamente, debido a su mercantilización, hasta pasar a tener el estatuto de no-lugar,
es decir, devenir un espacio de anonimato y mera superficialidad. De manera que el
hogar se convertirá en espacio de encuentros furtivos, pasajeros y someros, cuyas rel-
aciones se fundamentarán en el mero contrato y, por ende, en la mera pragmaticidad.
PALABRAS CLAVE:
Hogar. Identidad. Mercancía. Dinero. No-lugar.
101 ORIOL ALONSO CANO
Introducción
El proceso de mercantilización, que domina en todos los ámbitos de la
existencia del sujeto, se ha inoculado en la concepción del hogar y ha
transfigurado la función de la morada. Si a lo largo de la historia, la
vivienda se ha caracterizado por erigirse en el ámbito de la privacidad,
así como de la estereotipia de una serie de roles determinados, en la con-
temporaneidad, con su mercantilización, ha pasado a desarrollar la fun-
ción de mercancía y, por consiguiente, a definirse primordialmente por
su valor de cambio.
Este proceso, entre múltiples efectos, ha provocado que la casa pase
a ocupar el espacio de no-lugar que definió Marc Augé como el elemento
característico de la sobremodernidad. Expresado en otros términos, la
vivienda pasa a convertirse en un espacio de fugacidad, de intercambio
y negocio, en el que garantizar la permanencia ya no es su principal fun-
cionalidad.
De ahí que este estudio tenga la finalidad de sacar a la luz este proce-
so de mercantilización que ha sufrido la vivienda, analizando, en primer
término, el concepto tradicional de hogar, como espacio que garantiza la
pervivencia de los roles preestablecidos por la sociedad, así como el con-
texto de demarcación entre el ámbito de lo público y lo privado.
Ulteriormente la investigación penetrará cómo el hogar se mercanti-
liza, prestando atención a los diferentes datos de los últimos años, acer-
ca del incremento del flujo de compra-venta inmobiliario. Se analizará
cómo el hogar pasa a definirse en términos de mercancía, adoptando sus
principales características (a saber, definirse por su valor de cambio, por
encima de su valor de uso, la necesidad de generar plusvalía…).
Finalmente, el estudio sacará una de las consecuencias más relevan-
tes de este proceso de mercantilización del hogar: su conversión en espa-
cio de mero tránsito pasajero y, por consiguiente, la adopción del hogar
en tanto que espacio de no lugar. De manera que la vivienda pasará a
ocupar el estatuto de una realidad cuya estancia se caracterizará por el
carácter efímero, así como por el afán de generar negocio con su capaci-
dad de intercambiabilidad.
Home sweet home
Desde los albores de la historia del hombre, el hogar se ha considerado
como la morada, es decir, la porciúncula en la que el sujeto lleva a cabo
su existencia, de una forma más íntima y personal. Por consiguiente,
102 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
constituye el ámbito de la intimidad. Ahora bien, dicha intimidad deberá
ser entendida en tanto que “supone la familiaridad en una intimidad con
alguien. La interioridad del recogimiento es una soledad en un mundo ya
humano. El recogimiento se refiere a un recibimiento” (Lévinas, E. 2002:
172). De manera que el fenómeno de la intimidad no hace referencia úni-
camente a una existencia solipsista o individual, sino que también denota
una vida en común con los más cercanos –familiares, amigos, pareja…-.
Si dirigimos la atención hacia la Antigua Grecia, se observará como
la administración de la casa (oikonomia) se erige en un ámbito esencial
del hombre, al ocuparse de la gestión del contexto que configura lo más
personal del individuo. De modo que, la techné oikonomiké hace refe-
rencia al paradigma:
de gestión y no epistémico; es decir, se trata de una actividad que no
está vinculada a un sistema de normas que ni constituye una ciencia en
sentido propio (…), implica decisiones y disposiciones que hacen frente
a problemas específicos en cada momento, que se refieren al orden fun-
cional (taxis) de las diversas partes del oikos. (Agamben, G. 2008: 33).
En tanto que el hogar se erige en este contexto de intimidad absoluta,
podemos afirmar que, históricamente, el hogar se ha erigido en el criterio
de demarcación entre dos formas de vida: la pública y privada. En conse-
cuencia, el mero acto de cerrar la puerta y entrar en la morada, conduce
al sujeto al ámbito de lo propio, certero, personal; expresado en un con-
cepto: de lo privado. Allí estamos a salvo de las veleidades de lo que nos
circunscribe. Asimismo, esta privacidad que ofrece la casa implica toda
una serie de fenómenos de ingente relevancia, verbigracia,
el adentro, lo interior, el ámbito de lo privado remiten a ideas, sen-
timientos o conductas que son objeto de reserva y no se someten al
juicio ajeno. En el cajón de lo externo, de lo público, se reúne todo lo
que se muestra a los demás, lo que es objeto de percepción y opinión
por parte de quienes están también ‘ahí fuera’, mirando y escuchando
todo lo que ha quedado súbitamente al descubierto. El dentro y el
afuera connotan, en sus expresiones extremas y respectivamente, el
secreto y la exposición total. (Delgado, M. 2007: 30).
De esta manera, a lo que nos conduce la construcción del hogar es a
la vieja dualidad antropológico-sociológica de lo público y lo privado,
así como las diversas maneras que tiene el individuo de comportarse en
103 ORIOL ALONSO CANO
ambos contextos. Si en la existencia privada, propia del hogar, priman la
opacidad, lo que no se deja mostrar al exterior, aquello que se oculta de
la mirada del prójimo, por el contrario, en la existencia en el horizonte de
lo público domina aquello que se muestra, revela a la alteridad.
En última instancia, esta visión tradicional de la casa remite a la aso-
ciación que se materializa entre el adentro, en tanto que espacio construido
y habitable, forjado a partir de un “pacto de franqueza y previsibilidad. En
la instancia social estructurada que ese dentro suele albergar se registran
relaciones estabilizadas” (Delgado, M. 2007: 32). De manera que, en el
interior de la morada se hallan las múltiples redes que configuran las insti-
tuciones privadas, en las que “uno reconoce y ve reconocido su puesto en
un organigrama de puntos más bien fijos. Dentro se alcanzan los máximos
niveles de claridad estructural” (Delgado, M. 2007: 32).
En esta tesitura, la vida allende los límites del hogar se asocia al
espacio que no está construido y, por consiguiente, no se encuentra habi-
table. El afuera, expresado en otras palabras, remitiría a la inestabilidad
e imprevisibilidad propia de la existencia que se escapa de los límites
estructurales del hogar. De manera que,
estar fuera es estar siempre fuera de lugar, con la sospecha de que en
el fondo no se tiene. Estar fuera es también estar ‘fuera de sí’, dado
que es uno mismo lo primero que se abandona cuando sale. El aden-
tro tiene límites, por el contrario, el afuera es un paisaje ilimitado
en que no vive apenas nadie y por el que lo único que cabe hacer es
deslizarse. (Delgado, M. 2007: 33).
El hogar, bajo esta mirada tradicional, tal y como se ha observado, es
considerado como el espacio que forja el espacio del adentro, la privaci-
dad y, por consiguiente, la seguridad y la estereotipia de roles. La morada
es vista como espacio que genera identidad y, por esa razón, se la valora
por lo que aporta al sujeto. Dicho sucintamente, históricamente, el hom-
bre valora su hogar por su valor de uso.
Revolución hogareña: la explosión de la compra-venta
de la vivienda
Se ha observado de una forma lacónica la visión tradicional de la vida
en el hogar del sujeto, así como su visión acerca del papel fundamental
en el momento de forjar identidades. De ahí que la morada sea conside-
rada por el valor que tiene para saciar nuestras necesidades más básicas:
104 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
cobijar, proteger, formar. La casa tiene una utilidad y ese es el valor que
domina en la relación que tenía el sujeto con su hogar.
Esta consideración, que se centra en la utilidad que tiene el hogar
para el hombre y que domina desde el inicio de los tiempos, -pasando
por la Antigua Mesopotamia, Egipto, Grecia Antigua, hasta la vida en el
Imperio Romano, el medievo, la época renacentista y moderna
1
-, empe-
zará a virar en la época contemporánea. A partir de este momento, el ho-
gar empieza a ser considerado como un mero lugar de paso, transitorio,
en el que su capacidad de ser intercambiada por cualquier otra mercancía
–generalmente dinero- aumenta en proporciones desorbitadas.
Para diferentes economistas, este fenómeno de considerar el hogar
como una mera entidad que puede ser adquirida o vendida en cualesquier
momento y, con ello, efectuar un determinado negocio, se inicia en 1985,
en España, con la subida progresiva del precio de la vivienda, del alqui-
ler y del suelo. Para el Banco de España, este fenómeno, en el contexto
español, se inicio en 1997 y tuvo una duración hasta agosto del 2007.
(Niño, S. 2009).
Durante este periodo de tiempo se observó una elevación sostenida
de los precios de la vivienda –tanto del alquiler como en la compra- que
era superior al 10% anual (incluso en algunas épocas se alcanzó el 30%).
De ahí que entre el 1997 y el 2006, en España, se incrementó un 150 % el
valor nominal del hogar (100% en términos normales). (Niño, S. 2009).
Asimismo, y concomitante a este aumento progresivo de los precios,
la construcción de viviendas durante este periodo de tiempo se incremen-
tó ingentemente. Se estima que entre los años 2000 y 2005 se proyec-
taron alrededor de 750.000 viviendas, de las cuales se acabaron mate-
rializando 300.000. Por consiguiente, la elevación de los precios y de la
construcción de nuevas viviendas constituyeron factores esenciales para
apreciar esta progresiva pérdida de considerar el hogar como espacio de
demarcación de lo público y lo privado, así como de la estipulación de
roles e identidades. (Niño, S. 2009). La vivienda pasa a ser una entidad
que puede ser canjeada en cualesquier instancia, dependiendo de los fac-
tores que entren en juego –una buena oferta, necesidad de traslado…-.
Los discursos imperantes han intentado justificar este aumento es-
1. Es evidente que la visión del hogar en tanto que morada que funda la privacidad y la se-
guridad, domina a lo largo de la historia de la humanidad. No obstante, es notorio destacar
como en las diferentes épocas históricas han existido toda una serie de pueblos nómadas
que se escapan de esta perspectiva. Lo que se está pretendiendo afirmar, aunque sea de una
forma sucinta y, por consiguiente, reduccionista, es que la manera que ha caracterizado el
contacto del sujeto con su vivienda, a lo largo de la historia, se basa en su consideración
acerca del valor de uso que tiene el hogar.
105 ORIOL ALONSO CANO
pectacular apelando a factores normativos, estructurales (por ejemplo,
la política española de regulación del suelo), económicos (bajo endeuda-
miento, en el caso español, de los ciudadanos, euríbor e intereses esca-
sos…), sociales, demográficos (el número creciente de la inmigración, en
territorio español, explica la enorme demanda de nuevos hogares para
los recién aterrizados). Ahora bien, allende estos factores, en el fondo, lo
que ha acontecido, es un cambio en la tendencia de percibir el hogar –y,
podría decirse que, en general, se ha efectuado un cambio genérico en la
manera de considerar nuestra relación con el mundo y los demás-, en el
que aquello que prima es su posibilidad de crear un negocio, de cambiar
la vivienda en cualquier instante.
El hogar en tanto que mercancía
Los datos vistos en anterioridad nos revelan una cuestión de ingente rele-
vancia: el hogar ha visto como ha entrado en un flujo continuo de inter-
cambios, en donde la permanencia y la estabilidad pasan a ser categorías
olvidadas. La morada se torna en un elemento más del cambio masivo,
que sufren la mayor parte de utensilios –y personas- en la actualidad. Por
consiguiente, puede afirmarse sin ambages que la vivienda ha pasado de
tener un determinado valor de uso, para caracterizarse primordialmente
en nuestros días, por su capacidad de ser canjeada –sea por dinero, sea
por otro tipo de instancia-. Expresado en otros términos, el hogar pasa a
tener el estatuto exclusivo de la mercancía. Ahora bien, analicemos más
detalladamente la categoría mercancía, y veamos como la realidad de la
vivienda se ajusta a la perfección con dicha categoría.
En primer término, advertimos que cualesquier objeto se basa en el
hecho de que es un utensilio, es decir, goza de una determinada utilidad.
Ahora bien, este uso que posibilita el objeto se halla determinado por las
propiedades materiales del objeto. Dicho de otra manera, la utilidad del
utensilio se fundamenta en sus componentes físicos (si está formado e vi-
drio, esta composición determinará una determinada relación con el obje-
to, de la misma forma que si tiene una configuración metálica, nuestro uso
deberá seguir otros derroteros). Pues bien, toda esta caracterización que
se está efectuando de un determinado objeto podría reducirse a una única
expresión: valor de uso. En consecuencia, el valor de uso del que goza un
determinado objeto determina su utilidad, es decir, aquello para lo que
sirve el objeto. De ahí que pueda aseverarse que “los valores de uso no se
hacen efectivos más que en el uso o en el consumo” (Marx, K. 2002: 12).
Si dirigimos la atención al fenómeno de la vivienda, advertimos que
106 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
esta caracterización es la que ha imperado a lo largo de la historia de las
diferentes culturas, tal y como se apuntó en el primer epígrafe del estu-
dio. El hogar era definido por la utilidad que tenía para el sujeto al pro-
porcionarle un espacio para la intimidad, privacidad y confidencialidad.
Configuraba un territorio en el que se estipulaban las jerarquizarías y se
consolidaban los roles.
Sin embargo, todo objeto oculta un rostro que lo aleja de la simple
utilidad que tiene para el sujeto. Es decir, junto con el valor de uso se
presenta un estrato espectral que tiene el objeto que le permite ser inter-
cambiado por cualesquier otra realidad. Sucintamente expresado, todo
objeto tiene un determinado valor de cambio. Este fenómeno,
se presenta en primer lugar como la relación cuantitativa, la propor-
ción en que valores de uso de una clase se cambian por valores de uso
de la otra, relación que varía constantemente con el tiempo y el lugar.
Así, pues, el valor de cambio parece algo arbitrario y puramente rela-
tivo. (Marx, K. 2002: 12).
Posibilidad que tiene cualesquier objeto de ser intercambiado con cual-
quier otro, capacidad de circulación, de tránsito, de unas manos a otras,
es lo que define primordialmente el valor de cambio. Bajo esta perspecti-
va, cualesquier realidad puede ser cambiada por otra. No existe nada se
que halle a salvo de esta universal intercambiabilidad.
En el momento en que se produce la acción de cambiar objetos, se
está produciendo una abstracción de su utilidad ya que lo que cuenta es la
capacidad de circulación que se pone en marcha con el objeto. De manera
que en el intercambio el valor de uso es ninguneado puesto que se convierte
en equivalente al del objeto con el que entra en la relación de comercio.
Esta capacidad de todas las cosas para entrar en una relación de co-
mercio con cualesquier otra es lo que le otorga su estatuto de mercancía.
Así pues, la mercancía no deja de ser más que un determinado objeto que
se define, principalmente, por tener un determinado valor de cambio, pa-
sando su valor de uso a ser una entidad con un escaso status. La utilidad
no es considerada en el momento en que el objeto se mercantiliza ya que
lo esencial es la posibilidad de ser canjeada, con absoluta independencia
de su uso.
Ahora bien, esta capacidad de universal intercambiabilidad de la
que gozan las mercancías debe corresponder, en última instancia, a un
elemento común, que unifique los valores de cambio y, por consiguien-
te, puedan quedar representados. Urge la existencia de una determinada
107 ORIOL ALONSO CANO
entidad que se encargue de nivelar la intercambiabilidad, para que se
pueda afirmar que el comercio ha sido más o menos justo –en este caso,
equivalente-. Y este elemento común no deja de ser el trabajo invertido
para su producción. Expresado en otras palabras, “todos se reducen al
mismo trabajo humano, a un gasto de fuerza humana de trabajo, siendo
indiferente la forma concreta en que dicha fuerza haya sido gastada”
(Marx, K. 2002: 14).
Por consiguiente, la productividad es la instancia que determinará
el valor que tiene una determinada mercancía en el universo comercial.
Productividad debe ser entendida en términos de la duración necesaria
para producir el objeto, es decir, “el tiempo socialmente necesario para
la producción de las mercancías es aquel que requiere un trabajo realiza-
do con la destreza e intensidad habituales en condiciones normales con
relación al medio” (Marx, K. 2002: 15). Tiempo socialmente necesario
significa que el tiempo empleado de forma individual en la producción de
la mercancía es absolutamente indiferente ya que lo que cuenta es el tiem-
po necesario que se ha marcado socialmente para producir la mercancía.
De ahí que “las mercancías que contienen cantidades de trabajo iguales,
o pueden ser producidas en el mismo tiempo, tienen, por tanto, el mismo
valor” (Marx, K. 2002: 15) Consiguientemente, la productividad
2
marca
el valor de cambio.
Esta mercantilización del objeto, con la entrada en escena del valor
de cambio, así como su primacía, se aprecia diáfanamente en la actual
consideración de la vivienda. Si, como se ha observado en anterioridad,
la utilidad es la consideración que ha primado a lo largo de la historia, en
la actualidad pasa a ser considerada, en términos exclusivos, por su gene-
ral intercambiabilidad. El hogar, tiene un determinado valor de uso pero
también goza de un valor de cambio. Puede ser canjeado en cualquier
momento y en cualquier situación, dependiendo de la oferta. La vivienda
se ve despojada de sus lazos emocionales para pasar a ser considerada
en términos de entidad que tiene la posibilidad de de intercambiada por
cualesquier otra mercancía –dinero, principalmente-.
Este hecho puede observarse con el fenómeno de la tasación. El ho-
gar es calificado en términos del valor monetario que tiene en el mercado.
Al verse dotado de ese valor, la vivienda pasa a ser una mercancía que se
encuentra presente constantemente dentro del mercado. Dotado del don
de la ubicuidad, el mercado se inocula en la realidad de la vivienda, y le
2. Tampoco puede olvidarse la importancia que goza la competitividad dentro de la circu-
lación comercial de las mercancías. Ahora bien, esa será una cuestión que se observará más
adelante cuando entre en juego la realidad del dinero.
108 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
otorga un determinado estatuto de mercancía –de sustancia potencial de
cambio-.
La mercancía conduce a la mediación del dinero
En el anterior apartado se ha destacado que uno de los fenómenos que
determina la mercantilización del hogar lo configura la capacidad de ser
tasado su valor. Por consiguiente, la tasación se convertiría en un diáfano
ejemplo de las distintas operaciones que conducen a la constitución de la
vivienda como una mercancía más. Sin embargo, en el momento en que
un determinado agente, encargado de materializar la tasación del hogar,
la materializa, entra en juego una realidad que es esencial en todo proce-
so mercantil: nos estamos refiriendo al dinero.
En el imaginario social se ha impuesto la certeza de que la vivienda,
en los últimos 25 años, ha incrementado su valor de una forma desorbi-
tada. Para analizar este proceso inherente a la mercantilización del hogar,
se efectuará un lacónico recorrido por la función del dinero dentro de la
actividad mercantil.
En particular, el dinero no deja de ser una mercancía, más dentro
del universo mercantil, cuya función primordial es desempeñar el rol de
equivalente universal. Expresado en otros términos, con la realidad mo-
netaria, “en lugar de que la equivalencia sea inmediatamente eficaz y
puedan fijarse sus correspondencias, cada uno de los objetos entra en
una relación de igualdad e intercambio con el dinero” (Simmel, G. 2010:
104). Por ese motivo, puede afirmarse sin ambages que el dinero, fuera
de la relación de intercambio, no deja de ser un determinado papel o
metal que goza de un escaso valor. Si no fuese por su carácter funcional,
el dinero, considerado per se tendría una consideración más bien baja.
De esta manera, se pueden determinar una doble naturaleza del di-
nero. Por un lado, tiene una determinada sustancia concreta y, por ese
motivo, es objeto de una cierta apreciación y consideración. No obstante,
y en segundo término, su auténtico sentido estriba en su disolución a la
sazón de su circulación a partir del movimiento de mercancías, de modo
que”existe como hipóstasis, como encarnación de una función pura, la
del intercambio entre los hombres” (Simmel, G. 2010: 104).
Ahora bien, si su realidad funcional es la instancia que dota al dinero
de su verdadera sustancialidad, su eficacia remitirá, en último término, en
un reconocimiento por parte de la totalidad social. Expresado en otras
palabras, si el dinero goza de la capacidad de convertirse en el equivalen-
te universal, que garantiza la general intercambiabilidad de las diversas
109 ORIOL ALONSO CANO
mercancías, ello es posible puesto que es el conjunto social quien la ha
reconocido como a tal. Su funcionalidad, y, por consiguiente, su poder,
depende de la aceptación y reconocimiento social. Sin ese apoyo, el dine-
ro pasaría a ser un objeto más dentro de la constelación de objetos que
configura nuestra existencia.
Este fenómeno puede apreciarse de forma evidente apelando al
“sentimiento de seguridad personal, que aporta la posesión del dinero,
constituye la forma más concertada y comprimida de la confianza en la
organización y en el orden estatal y social” (Simmel, G. 2010: 108). Por
ese motivo, cuanto mayor sea el círculo en el que rige el poder monetario,
más valor gozará el dinero, puesto que se producirá un incremento del
reconocimiento. Por el contrario, en grupos pequeños, existen garantías
–lazos sociales, emocionales, sociales y legales- que extirpan el valor y,
por consiguiente, su importancia, al dinero. Este adolece de valor, en
este tipo de comunidades, puesto que no es reconocido como fuente de
equivalencia universal.
Este reconocimiento se basa, en parte, por la necesidad de conseguir
una mayor comodidad y manejabilidad en el flujo de mercancías. El di-
nero, así como sus sucedáneos –cheques, transferencias…- provocan que
se produzca un incremento en la circulación de mercancías. De ahí que,
la estabilidad más perfecta del dinero se podría lograr desde el mo-
mento en que éste ya no existiese en ningún caso para sí, sino que
sólo fuera la expresión más acabada de las relaciones de valor entre
los bienes concretos. De este modo, el dinero habría llegado a una si-
tuación de absoluta inmovilidad que las oscilaciones de los bienes no
podrían cambiar, del mismo modo que la unidad de medida tampoco
cambia por las diferencias en las cantidades reales que han de medir.
(Simmel, G. 2010: 122).
Hasta aquí, se ha valorado, a grandes rasgos, las principales funciones del
dinero. No obstante, estos rasgos conllevan toda una serie de problemáti-
cas de enorme calado par el devenir social. En primer término, la realidad
monetaria produce una alienación del sujeto respecto a su propia naturale-
za así como para con su relación con la realidad que le circunda. En tanto
que el dinero se convierte en la mercancía equivalente de forma universal,
pasa a tener el estatuto de mediador entre el sujeto y la mercancía. En este
sentido, “el dinero, por un lado, produce una impersonalización desco-
nocida de toda propiedad económica; por otro, una independencia y una
autonomía crecientes de la persona” (Simmel, G. 2010: 2). Asimismo,
110 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
se hace posible, primero, la pura objetividad en los propósitos de la
asociación, su carácter puramente técnico (…); además el sujeto se
libera de los estrechos vínculos ya que ahora no se encuentra ligado
al conjunto como una persona concreta sino a través de entregas y
recepciones de dinero. (Simmel, G. 2010: 3).
Ahora bien, junto con esta alienación del sujeto, respecto a su mismi-
sidad y en sus relaciones intra e intergrupales, el dinero, considerado
como equivalente universal, se encarga de igualar un ingente número de
mercancías. Toda mercancía goza de una determinada especificidad e in-
conmensurabilidad. Sin embargo, el dinero, en tanto que se encarga de
mediar entre el valor de cambio de las mercancías, las iguala, eliminando
cualesquier resquicio de individualidad. De modo que,
las cosas quedan infravaloradas en un sentido amplio debido a su
equivalencia con este medio de intercambio accesible para cualquier
eventualidad. El dinero es “común” porque es el equivalente para
todo. (Simmel, G. 2010: 8).
De esta manera, con la irrupción de la realidad monetaria como elemen-
to cuya principal función es la de erigirse como equivalente universal,
se produce el establecimiento, en el sujeto, de la capacidad para poder
abarcar cualesquier mercancía. Dicho en otros términos, a la sazón de
la emergencia del dinero, se experimenta una asequibilidad de las cosas.
Consiguientemente,
“tan pronto como muchos objetos, antes no adquiribles, se colocan
al lado comprable, y algunas indisponibilidades aparecen de repen-
te como disponibles y reversibles (…) los valores tradicionales están
sujetos a transvaloración y desvaloración” (Sloterdijk, P. 2007: 248).
El sujeto experimenta la sensación de que todo es potencialmente adqui-
rible. Con el imperio de la realidad monetaria, la totalidad de lo real se
convierte en un enorme supermercado, en el que únicamente el individuo
debe escoger su presa –según tenga una necesidad de ella, o no-. El mun-
do se yergue en un gran boulevard, en el que el dinero desempeña un
papel principal. De ahí que,
en qué gran medida la mediación monetaria modifica todas las di-
mensiones determinantes de la existencia: tenemos acceso a lugares
111 ORIOL ALONSO CANO
(…), a datos (…), a bienes materiales. (Sloterdijk, P. 2007: 249).
Y es evidente que en esta situación, la experiencia que tiene el sujeto con
su hogar se ha visto afectada por este predominio de la realidad mone-
taria, en tanto que capacidad de equivalencia universal entre las diversas
mercancías. La morada, se ha observado, goza de un determinado valor
de cambio, que, a su vez, es equiparado a un determinado precio. Como
se ha destacado al inicio, el fenómeno de la tasación determina en mayor
medida el precio del hogar. De modo que, la vivienda pasa a definirse
principalmente por ese valor de tasación. La morada ya no se yergue en
el espacio de vida privada y estereotipia de roles, que se destacó al inicio
de la investigación, sino que, más bien, se halla determinada de raíz por
ese precio tasado por especialistas –juristas, economistas, banqueros… es
decir, un amplio espectro de figuras que se encargan de efectuar estudios
de mercado para determinar cuanto se estaría dispuesto a pagar por ad-
quirir esa mercancía-.
Es de este modo como un hogar, una vez tasado, pasa a ser una mer-
cancía más dentro del universo mercantil. Deja de ser una morada para
pasar a ser una mercancía, análoga a cualesquier otra (ordenador, mesa,
silla, bolígrafo o cepillo de dientes). La única diferencia estriba en su va-
lor de cambio, determinado por el acto de la tasación, pero, considerada
en sí misma, la casa pasa a ocupar un lugar más dentro del continuum de
mercancías que configura nuestra existencia.
Para el propio sujeto, en tanto que es conocedor de este valor, el
hogar deja de ser considerado como espacio de arraigo, de desempeño
de roles, o de práctica de la privacidad. Pasa a ser considerado como un
espacio más, en el que, en el presente, está desempeñando su vida, pero
en el que existe una potencial capacidad de abandonarlo. En el espacio
del hogar contemporáneo emerge la perpetua posibilidad de huida –por
impago, por recibir una oferta desorbitada, por encontrar otro lugar más
adaptado a sus necesidades, o más ostentoso para alardear con sus con-
géneres, por producirse un cambio de residencia debido a traslado la-
boral, de investigación…-. Las posibilidades de huida son múltiples, sin
embargo, en la raíz del fenómeno se halla el proceso en el que el hogar
pasa a tener el estatuto de mercancía y, como tal, ser susceptible de ser
intercambiada en cualesquier momento.
De modo que podemos hablar de un proceso que se retroalimenta:
por un lado el carácter mercantil del hogar se refuerza por esa posibilidad
perpetua que tiene el sujeto contemporáneo de huir pero, por el otro, ese
carácter huidizo viene explicado porque la morada ya no es un espacio
112 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
exclusivo de arraigo y formación de vínculos, sino que es una mercancía
más dentro del mercado.
El negocio inmobiliario: generación de plusvalía
Se ha observado como el hogar pasa a ocupar el rango de mercancía y,
como tal, posee un determinado valor de cambio, un precio por el que
puede ser intercambiado por cualesquier otra mercancía –generalmente
dinero, aunque las posibilidades de cambio son infinitas-.
No obstante, en tanto que se mercantiliza el hogar, se convierte asi-
mismo en un negocio, en el que se debe obtener el máximo beneficio
posible. Expresado en otros términos, como afirmarían los conductis-
tas sociales Berk y Homans, debe intentar extraerse el máximo beneficio
posible en toda relación de intercambio. La fórmula es clara: máximo
beneficio reduciendo al máximo los costes (principio del minimax o de la
competitividad). La vivienda, en tanto que negocio, debe proporcionar
un beneficio. Veamos el proceso de producción de ganancia –plusvalía-
para analizar como se instaura en el proceso de mercantilización de la
morada.
En una primera instancia puede afirmarse sin ambages que la forma
directa en la que circulan las mercancías responde al inveterado esque-
ma Mercancía-Dinero-Mercancía (M-D-M). Es decir, la posesión de una
determinada mercancía se transforma en dinero, ahora bien, ese dinero
se convierte en inversión respecto a otra mercancía. Expresado sucinta-
mente, se vende una mercancía para intentar obtener otra. En el caso de
la vivienda, este hecho puede apreciarse diáfanamente como a lo largo de
los años comprendidos entre el 1997-2007, se multiplicaron el número
de ventas de viviendas, por un determinado valor, para, ulteriormente,
con ese capital recibido, invertirlo en otra vivienda (u otra mercancía), tal
y como se apunto en el apartado 3.
Ahora bien, el fenómeno que ha dominado enormemente a lo largo
del transcurso de estos años de incremento en el flujo de compra-venta de
viviendas es otro bien distinto. En particular, el modelo que ha imperado
se ha caracterizado por
la forma D-M-D (dinero-mercancía-dinero), transformación del dine-
ro en mercancía y nueva transformación de la mercancía en dinero:
comprar para vender. El dinero que describe en su movimiento este
último círculo se transforma en capital. (Marx, K. 2002: 62).
113 ORIOL ALONSO CANO
Expresado en otros términos, se posee un determinado dinero que se
invierte en la adquisición de una determinada mercancía. Ahora bien,
ulteriormente, dicha mercancía no se destinará a saciar una necesidad
particular sino que, más bien, será puesta en circulación otra vez y se
venderá por una determinada cantidad de dinero. En esta modalidad es
básico que el dinero se encuentre en un constante proceso de circulación
ya que, si no es así, “si el dinero no fluye, la operación fracasa” (Marx,
K. 2002: 64).
Aquí el dinero debe ser retornado. Sin embargo, este retorno mone-
tario debe tener una particularidad, si se pretende aseverar que ha existi-
do un buen negocio; a saber,
el proceso D-M-D no debe su razón de ser a ninguna diferencia cuali-
tativa de sus extremos, puesto que ambos son dinero, sino únicamen-
te a su diferencia cuantitativa. Al final, siempre se ha sustraído a la
circulación más dinero del que se ha lanzado. (Marx, K. 2002: 65).
Es decir, para que la circulación sea fructífera, debe existir una diferencia
en la cantidad inicial de dinero invertido, y la cantidad final de dinero
recibido, en donde esta última debe ser superior a la primera. Cuanto
mayor sea la diferencia a favor de la última cantidad de dinero, mayor
beneficio podrá extraerse de la relación comercial. Por ese motivo, debe
distinguirse la primera forma de dinero respecto la segunda: D-D’. En úl-
timo término, la finalidad estriba en comprar una determinada mercancía
para venderla más cara. Así de sencilla es la fórmula. A su vez, la dife-
rencia existente entre la primera cantidad de dinero y la segunda, el ex-
cedente o incremento del valor de venta, es lo que se denomina plusvalía.
Puede vislumbrarse como en esta modalidad de flujo mercantil, el
valor se presenta
como una sustancia automática, dotada de vida propia, que, al cam-
biar incesantemente sus formas, cambia también de magnitud y,
como valor originario, da origen espontáneamente a un nuevo brote,
una plusvalía, incrementándose finalmente por sí mismo. (Marx, K.
2002: 68).
La generación de plusvalía merced la compra-venta de viviendas ha sido
una de las constantes en los últimos años. Las tasas, como se pudo obser-
var en anterioridad, se dispararon entre los años 1997-2008. Muchas de
estas operaciones, estaban destinadas a mejorar la calidad de la vivienda.
114 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
Se vendía una casa para poder adquirir otra. En otros casos, se la venta
estaba destinada a saciar otras necesidades con la recepción del dinero.
Sin embargo, la relación que más ha predominado en el transcurso de
estos años ha sido la operación de generación de plusvalía
3
.
Expresado en otras palabras, a los sujetos que disponían de un de-
terminado capital previo, se les abrió la posibilidad de efectuar un gran
negocio inmobiliario ya que, podían comprar una morada por una de-
terminada cantidad, para, ulteriormente, venderla por un número supe-
rior y, de esta forma, obtener una plusvalía. Este hecho está íntimamente
relacionado con el anterior fenómeno de la tasación. Si la vivienda, en el
año 2002, era tasada con un valor de 180.000 euros, por ejemplo, por
circunstancias del mercado (productividad, competitividad, demanda de
mercado…), en una ulterior tasación (en el 2007), su valor pasará a ser de
240.000 euros. De modo que, si, en este caso, el sujeto decidiese vender
su hogar obtendría una plusvalía de 60.000 euros. Así pues, la posesión
de una morada se erigió en una potencial fuente de negocios e ingresos.
Por consiguiente, el fenómeno de la plusvalía se daba –y se continúa
dando, aunque a cuentagotas- con la mercantilización del hogar, consti-
tuyéndose en uno de los factores primordiales del proceso de mercanti-
lización inmobiliaria. El hogar, tiene un valor de cambio, una tasación,
que, si al ponerse en circulación, puede dar lugar a plusvalía. En este
punto de nuestra investigación, lo importante no es la cantidad de be-
neficio que se genere, sino que, con el hogar, se busca esta relación de
competitividad, de obtención de beneficio, lo cual, reafirma, aún más si
cabe, su condición de mercancía.
El hogar como no-lugar:
consecuencias de su mercantilización
La investigación se ha centrado en el proceso de mercantilización que ha
sufrido el hogar a lo largo de las últimas décadas. De este modo, la casa
pasa a ser la instancia en la que se forjan los vínculos de identidad del
sujeto y las prácticas de la privacidad, a ser una mercancía más dentro del
flujo perpetuo de mercancías. Esta transformación, a su vez, constituye
un fenómeno característico a raíz de la contemporaneidad.
3. El objetivo de este estudio no es ofrecer una visión economista de la situación de espe-
culación inmobiliaria, sino mostrar el cambio de actitud del sujeto respecto a su relación
con el hogar. En la mercantilización del hogar y no ahondar en cuestiones acerca de la
famosa burbuja inmobiliaria. Aunque a lo largo de la investigación, se ha dejado patente
esta finalidad, por sus argumentaciones así como por la línea teórica seguida, no está de
más recordar al lector esta cuestión.
115 ORIOL ALONSO CANO
De esta manera, se observa cómo el hogar, con su mercantilización,
pierde progresivamente su carácter de lugar. Ello es de este modo puesto
que el lugar se caracteriza, primordialmente, por tener tres rasgos co-
munes: “identificatorios, relacionales e históricos” (Augé, M. 1994: 58).
Expresado en otros términos, en el momento en el que el sujeto nace, lo
hace en un determinado lugar y, por ende, tiene “destinado un sitio de
residencia” (Augé, M. 1994: 59), en el que formará su identidad.
Como se destacó en el primer punto del estudio, el hogar se configu-
ra como la constelación que garantiza la demarcación entre el ámbito de
la privacidad y de lo público, así como forja la estereotipia de roles. Todo
ello constituía una fuente de elementos que favorecían la formación de la
identidad del sujeto en tanto que pertenencia.
Ahora bien, con la mercantilización del hogar, y, por consiguiente,
con su capacidad de poder ser intercambiada en cualesquier momento,
si la oferta es jugosa, o las necesidades lo demandan, se observará una
mutación progresiva de la función identitaria del hogar, pasando a tener
el estatuto de no-lugar. A su vez, esta categoría debe ser entendida en los
términos en los que los formuló su ideologo Marc Augé como los espa-
cios “donde ni la identidad ni la relación ni la historia tienen verdadero
sentido, donde la realidad se expresa como exceso o vaciamiento de la
individualidad” (Augé, M. 1994: 92).
Expresado en otras palabras, los no-lugares deben ser entendidos
como aquellos espacios en los que no es posible establecer ningún vínculo
puesto que se caracterizan por la fugacidad de su encuentro, por el ano-
nimato que se genera en la relación. De modo que
por no lugar designamos dos realidades complementarias pero distin-
tas: los espacios constituidos con relación a ciertos fines (transporte,
comercio, ocio), y la relación que los individuos mantienen con esos
espacios. (Augé, M. 1994: 98).
Estos espacios de anonimato se encargan de mediar todo un conjunto
de relaciones que el sujeto mantiene consigo mismo, y con los otros, que
se caracterizan por la mera “contractualidad solitaria” (Augé, M. 1994:
98). De ahí que pueda afirmarse que,
el no lugar es el que crea la identidad compartida de los pasajeros, de
la clientela o de los conductores del domingo. Sin duda, inclusive, el
anonimato relativo que necesita esta identidad provisional puede ser
sentido como una liberación. (Augé, M. 1994: 104).
116 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
Es decir, el no-lugar genera una relación superficial, pragmática, con los
otros con los que se comparten estos espacios. Sin embargo, esta iden-
tidad contractual compartida por todos, esta identidad anónima grupal
que se forja en el no-lugar, se puede sentir como una liberación de los
roles cotidianos, “libera a quien lo penetra de sus determinaciones habi-
tuales” (Augé, M. 1994: 106).
Esta relación contractual, a su vez, es la garante del ulterior anoni-
mato del sujeto en el no-lugar, de manera que “sólo adquiere su derecho
al anonimato después de haber aportado la prueba de su identidad, refre-
nando el contrato de alguna manera” (Augé, M. 1994: 105). No puede
existir el derecho de la individualización anónima sin antes reafirmar el
contrato con los otros. Sin embargo, esta realidad contractual produce
uno de los efectos más devastadores en esta identidad anihilada ya que
homogeneiza al sujeto, convirtiéndolo en un símil del prójimo. El contra-
to que se firma en el momento en que el individuo penetra en el espacio
del no-lugar, elimina toda especificidad e inconmensurabilidad.
Pragmatismo, anonimato, homogenización, pero también soledad
aporta el no-lugar, tal y como puede observarse
en el diálogo silencioso que mantiene con el paisaje-texto que se di-
rige a él como a los demás el único rostro que se dibuja, la única voz
que toma cuerpo, son los suyos: rostro y voz de una soledad tanto
más desconcertante en la medida en que evoca a millones de otros.
(Augé, M. 1994: 106).
Identidad anónima, pasajera, y solitaria, en la que los vínculos con el
prójimo son meros acuerdos fugaces que se diluirán en el momento en
que desaparezcan de la vista el uno del otro. En el no-lugar rige la lógica
portuaria en la que
mientras espera, obedece al mismo código que los demás, registra
los mismos mensajes, responde a las mismas apelaciones. El espacio
del no lugar no crea ni identidad singular ni relación, sino soledad y
similitud. (Augé, M. 1994: 107).
Dadas todas estas circunstancias, se hace evidente que la temporalidad
que rige el funcionamiento en el interior de los espacios de no-lugar es el
puro presente. Dicho en otros términos,
como los no lugares se recorren, se miden en unidades de tiempo.
117 ORIOL ALONSO CANO
Los itinerarios no se realizan sin horarios, sin tablas de llegada o de
partida que siempre dan lugar a la mención de posibles retrasos. Se
viven en el presente. (Augé, M. 1994: 107).
La experiencia del sujeto cuando se halla inmerso en estos espacios se
sitúa en el presente perpetuo, ya que no existe el peso de la tradición ni
de la proyección del porvenir. Existe un presente perpetuo, que se dilata
hasta alcanzar todos los niveles de la historicidad del sujeto y del lugar.
No hay ni tradición, ni porvenir ni legado, sino mera instantaneidad.
Analizados los rasgos que caracterizan el no-lugar, puede apreciarse
cómo el hogar, debido a su mercantilización, se convierte paulatinamente
en un espacio en el que la permanencia cada vez está en entredicho. La
morada, con su posibilidad de ser intercambiada en cualquier momento,
pierde su carácter estable y sólido, que facilita la generación de toda una
de roles e identidades en los sujeto que configuran el núcleo hogareño.
Ahora bien, si se atiende a la primacía del valor de cambio en la casa,
se observa que el hogar propugna la posibilidad de huida constante, tal y
como se comento, de la permanencia fugaz y efímera. A su vez, provoca
que, cada vez más, debido a la necesidad de mantenerla, se generen vín-
culos pragmáticos –lo que se conoce como los compañeros de piso-, cuya
finalidad es establecer una determinada relación contractual para, de esta
forma, poder ocuparse del mantenimiento del hogar. Sin embargo, esta
relación esta sujeta a múltiples factores –trabajo de los sujetos que con-
figuran el núcleo hogareño, estancia fugaz, permanente o relativamente
permanente en la zona donde se halla la morada…- y, por ese motivo,
suelen ser vínculos pasajeros, con una durada entre un año y dos.
El hogar contemporáneo es un espacio de fugacidad, pero también
de ausencia de identidad. Al producirse este flujo constante de sujetos,
debido a las diferentes circunstancias que antes se han esbozado, no hay
posibilidad de establecer el arraigo, de forjar una identidad plena. Incluso
el hogar pasa a convertirse en un espacio en el que se fomenta el anoni-
mato –al ser tan frecuente la estancia fugaz, la relación con el prójimo se
convierte en anónima, en homogénea-. La casa, con su mercantilización,
se erige en un espacio en el que se rompen los lazos, se fomenta la homo-
geneidad y el anonimato, propios de la estancia pasajera y contractualis-
ta
4
. Se trata de un espacio compartido a través de un contrato, con lo que
4. La mercantilización del hogar no deja de ser un epifenómeno de la mercantilización de
todos los ámbitos de la existencia del sujeto. Inclusive, podría afirmarse sin ambages que
las propias relaciones humanas no dejan de ser una, dada la preponderancia del sistema
capitalista, relación comercial (Cruz, M. 2010). Asimismo, autores del conductismo social
118 MERCANCÍA Y HOGAR: LA CASA COMO NO-LUGAR
la situación hogareña se convierte en frágil y vulnerable.
Estas consideraciones nos conducen a considerar que, al primar las
relaciones teleológicas en los hogares contemporáneos, en última instan-
cia, el sujeto se verá a bocado a una existencia solitaria, solipsista, indi-
vidualista, en la que los lazos de compañerismo y fraternidad hogareña
se ponen en tela de juicio por el carácter efímero de la estancia. Soledad
provocada por la fugacidad de la compañía, por la finalidad pragmática
de las relaciones, por la necesidad de desprenderse del hogar dada la
situación.
Por consiguiente, este proceso tan característico de la actitud con-
temporánea de mercantilizar el espacio inmobiliario, a lo que nos condu-
ce es a romper con la privacidad propia del hogar, históricamente consi-
derado, con los roles que se forjaban y que se estereotipaban debido a su
reforzamiento hogareño. La morada ya no genera identidad puesto que
se ha convertido, dada la preponderancia de su valor de cambio, en un
espacio de anonimato, relaciones pragmáticas y homogeneidad. Así pues,
en la época contemporánea, al devenir mercancía, el hogar se convierte
en un no-lugar.
Conclusiones
A lo largo de esta investigación se ha observado cómo, en la época con-
temporánea, se produce uno de los fenómenos más sorprendentes de
la historia de la humanidad: el de la mercantilización del hogar. Si en
épocas pasadas lo que primaba era una consideración de la morada en
tanto que espacio que demarcaba la privacidad de lo público, así como
se encargaba de fomentar los roles e identidades en sus ocupantes, en la
contemporaneidad se erige en un espacio de intercambio, que a su vez
es intercambiable. En él reinan la fugacidad, la relación pragmática y
la ausencia de identidad. Asimismo, la vivienda se erige, en tanto que
mercancía, en una fuente de negocio con el que poder obtener unos de-
terminados beneficios.
Sin embargo, a lo que nos conduce esta situación de mercantiliza-
ción de la casa es al fenómeno del constante flujo, cambio, circulación
tanto de las personas como del hogar. Expresado sucintamente, el hogar
es ocupado constantemente por sujetos diferentes, y los sujetos habitan
viviendas diversas a lo largo de su vida. De ahí que pueda decirse que
entramos en un contexto de circulación perpetua, en el que el hombre
como Berk o Homans sostienen que las relaciones personales no dejan de ser un juego de
equilibrio entre costes y beneficios.
119 ORIOL ALONSO CANO
acentúa su carácter de metoikesis, es decir, “el hombre es el animal abo-
cado al cambio de domicilio” (Sloterdijk, P. 2001: 81). Por consiguiente,
puede aseverarse sin ambages que
somos, en efecto y radicalmente metoikoi, advenedizos, existencias
de tránsito (…), rostros extraños. Tránsitos de oikos a otro marcan la
forma del movimiento de la “vida humana” desde el principio hasta
el fin. (Sloterdijk, P. 2001: 89).
De modo que,
a la luz de una antropología adventista, ‘traslado de morada’ es la pe-
culariedad que aparta al hombre de la generalidad de las formas ani-
males y lo sentencia a la aventura ontológica y, por lo mismo, a la exis-
tencia en el movimiento del venir al mundo. (Sloterdijk, P. 2001: 91).
Referencias bibliográficas primarias
Agamben, G. (2008). El reino y la gloria. Por una genealogía teológica de la economía y del
gobierno. Valencia: Pre-textos.
Augé, M. (1994). Los “no lugares”. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobre-
modernidad. Barcelona: Gedisa.
Cruz, M. (2010). Amo luego existo. Los filósofos y el amor. Madrid: Trotta.
Delgado, M. (2007). Sociedades movedizas. Barcelona: Anagrama.
Lévinas, E. (2002). Totalidad e infinito. Salamanca: Hermeneia
Marx, K. (2002). El capital. Barcelona: Folio.
Niño, S. (2009). El crash del 2010. Barcelona: De Bolsillo.
Simmel, G. (2010). Cultura líquida y dinero. Fragmentos simmelianos de la modernidad.
Barcelona: Anthropos.
Sloterdijk, P. (2001). Extrañamiento del mundo: Valencia. Pre-textos.
Sloterdijk, P. (2007). En el mundo interior del capital. Por una teoría filosófica de la globa-
lización. Madrid: Siruela.
120 RESEÑA
M. SOLEDAD VIEITEZ CERDEÑO / UNIVERSIDAD DE GRANADA
RESEÑA
En abrir y cerrar de ojos, varios y sugerentes interrogantes contextualizan
esta compilación. Francisco Cruces Villalobos en el prólogo se pregunta
lo siguiente:
¿Qué significa ser antropólogo hoy? ¿Cómo continuar siéndolo en
un mundo donde los taxistas saben de historia y los comerciales cru-
zan más fronteras que uno? Esta pregunta puede desglosarse en va-
rias. Primero, nos aboca a interrogarnos sobre los conocimientos que
aporta la tradición antropológica para una comprensión del mundo
actual con sus contradicciones. ¿Cómo concebir las modestas ilumi-
naciones ofrecidas por la antropología como ciencia de las culturas
en relación con los desafíos de la contemporaneidad? ¿Cómo actuali-
zar sus teorías y datos, en competencia/complicidad con otras formas
de comprensión de la diversidad planetaria? (Cruces Villalobos y Pé-
rez Galán, 2010: 13; énfasis del propio autor)
La selección incluye una trecena de piezas escritas por las y los siguientes
autores: Michael F. Brown; Stuart Hall, de quien se aportan y tradu-
cen dos textos; Gerd Baumann; Ángel Díaz de Rada; Mary Louise Pratt;
FRANCISCO CRUCES VILLALOBOS
BEATRIZ PÉREZ GALÁN
Textos de Antropología
Contemporánea.
AÑO: 2010
ISBN: 978-84-362-6085-4
PÁGINAS: 413
121 M. SOLEDAD VIEITEZ CERDEÑO
Ruth Finnegan; Néstor García Canclini; Jesús Martín-Barbero; Marc.
J. Swartz, Victor W. Turner y Arthur Tuden; Verena Stolcke; Arturo
Escobar; Gerardo Fernández Juárez. La compilación no tiene vocación
de exhaustividad y así se nos indica desde un principio, sino de abrir
ventanas a la investigación antropológica más contemporánea. En este
sentido, Francisco Cruces Villalobos y Beatriz Pérez Galán proporcionan
un elenco de textos que les gustan e inspiran especialmente; una razón
tan legítima como cualquier otra para mostrar el amplio abanico de es-
tudios que contempla y explora la disciplina en los tiempos que corren.
Muy significativo de esta selección es, desde luego, que represente teórica
y metodológicamente nuevos horizontes de la antropología, desde los
estudios culturales y literarios a otros de carácter más aplicado o la teoría
de la práctica antropológica, entre otros posibles. Las fechas de publi-
cación de los textos van desde 1992 a 2008, a excepción del capítulo
de Marc. J. Swartz, Victor W. Turner y Arthur Tuden, cuyo original en
inglés de 1966 contaba ya con traducción al castellano de Cecilia García
Robles y Guadalupe González Aragón en la revista mexicana Alteridades
(1994). Se ofrece una breve descripción de los ámbitos de especialización
de cada autor o autora, también de los compiladores, al principio del
texto (Cruces Villalobos y Pérez Galán, 2010: 19-24).
En cuanto a los contenidos de esta complicación encontramos gran
riqueza de contribuciones. En el prólogo, Francisco Cruces Villalobos ya
relata con amenidad e impecable estilo esos nuevos retos de la antrop-
ología en la segunda mitad del siglo XX: descolonización, urbanización,
globalización y políticas de reconocimiento multicultural, temas todos
tratados en la selección de textos, de un modo u otro, a partir de diálogos
con autores clásicos, y no tanto, de la disciplina.
La paradójica y tensa relación de la antropología con el relativismo
cultural es una evocadora aportación del texto de Michael F. Brown, titu-
lado “Relativismo cultural 2.0”, quien revisa además la relación del con-
cepto con la exploración de los universales de la cultura en antropología,
comentando de paso el uso que se ha hecho de aquel y las repercusiones
que tuvo fuera de la disciplina.
Siempre es buena noticia ver traducidas las contribuciones de quien
es ya un clásico de los estudios culturales, Stuart Hall, sobre las prác-
ticas de representación: significados, valores culturales, diferencias.
Concretamente, esta compilación ofrece la introducción del libro que edi-
ta Hall, titulado Representation. Cultural Representations and Signifying
Practices (1997), así como la presentación del capítulo 4 (“El espectáculo
del «otro». Introducción”).
122 RESEÑA
Gerd Baumann, por su parte, aborda estructuralmente las gramáti-
cas que subyacen a las construcciones de la alteridad/identidad en los
campos de la política, la religión y la estética, usando como ejemplos el
orientalismo de Edward Said (1978), la segmentación de los linajes Nuer
del Sudán (E. E. Evans-Pritchard, 1940) y el “englobamiento” en el caso
de las castas indias en la obra de Louis Dumont (1980).
Ángel Díaz de Rada nos presenta los sistemas clasificatorios para
valorar la importancia del análisis global de representaciones y acciones
inherentes a los sistemas culturales desde la Etnociencia, haciendo una
inmejorable revisión de paradigmas y supuestos en la base de las antrop-
ologías cognitiva y simbólica. Con tal fin repasa investigaciones etnográ-
ficas importantes, incluidas las realizadas en colaboración con el propio
compilador, Francisco Cruces Villalobos.
El excelente texto de Mary Louise Pratt, “¿Por qué la Virgen de
Zapopan fue a Los Ángeles?. Algunas reflexiones sobre la movilidad y
la globalidad”, nos remite a la peregrinación de millones de devotos a la
ciudad de Guadalajara (Jalisco) para, de paso, reflexionar sobre cuestio-
nes de ciudadanía y las “expectativas de la modernidad” en relación con
esa enorme movilidad de gentes (“metáfora del flujo”), tan característica
del siglo XX en su segunda mitad y los inicios del XXI. Pratt refiere a la
movilidad de la gente de varias regiones del mundo en relación con los
imaginarios de la globalización y sus perversiones.
“¿Por qué estudiar la música?. Reflexiones de una antropóloga des-
de el campo” es la contribución de Ruth Finnegan en este libro. Desde su
experiencia de campo con grupos limba de Sierra Leona (África occiden-
tal), en Suva, (capital de las islas Fidji) y en la ciudad de Milton Keynes
(Buckinghamshire, Inglaterra), Finnegan demuestra que el estudio de la
música y del arte son centrales en la disciplina antropológica y no un ám-
bito especial o, a lo peor, marginal, de la misma. Con datos derivados de
su investigación etnográfica refleja claramente cómo y por qué la música
puede llegar a ser dimensión central de la realidad en algunas culturas.
De Néstor García Canclini contamos con el texto “Las cuatro ciu-
dades de México”, una revisión con idéntico título de la introducción
de una de sus obras, Cultura y comunicación en la ciudad de México.
Modernidad y multiculturalidad: La ciudad de México a finales de si-
glo (1998). Autor muy conocido y reseñado, en esta pieza particular in-
cide en el estudio de la heterogeneidad cultural en megalópolis como
México ciudad: un complejo urbano o conjunto de ciudades (multicul-
tural, histórico-territorial, industrial, comunicacional e híbrida) en una.
García Canclini propone la revisión de herramientas metodológicas y
123 M. SOLEDAD VIEITEZ CERDEÑO
teóricas más allá de una típica antropología urbana (de o en la ciudad)
que además se nutra de una perspectiva no sólo cualitativa, sino también
transcultural y macrosocial.
Jesús Martín-Barbero está presente en la compilación con “La ciudad
que median los miedos”, ponencia presentada en la II Conferencia inter-
nacional de estudios culturales sobre “espacio urbano, comunicación y
violencia en América Latina” (University of Pittsburg). En esta pieza en
particular, Martín-Barbero introduce dos experiencias históricas de me-
diación de la ciudad de Bogotá para analizar la relación entre violencia y
medios de comunicación – entre ciudad mediada y ciudad virtual – en un
contexto complejo de reinvención de las políticas culturales con el fin de
atajar las violencias urbanas en dicha ciudad suramericana.
Marc. J. Swartz, Victor W. Turner y Arthur Tuden con su texto
“Antropología política. Una introducción”, presentan un libro con aires
renovados para el estudio de la política, más allá del clásico Sistemas
políticos africanos, editado por Fortes y Evans-Pritchard (1940). El libro
resulta del encuentro anual de la American Anthropological Association
(1964) donde se solicitaron contribuciones para esa visión renovada de la
antropología política. Lo más llamativo es la atención a procesos, conflic-
tos o facciones y el giro hacia estudios diacrónicos y dinámicos. La falta
de armonía y estabilidad supera un anterior énfasis estructural conven-
cional, incluyendo la dimensión política de individuos y grupos. Es im-
portante la revisión de nociones esenciales como legitimidad, influencia,
coerción, apoyo, autoridad o poder.
El análisis del contenido histórico de conceptos clave como etnici-
dad/ raza y género/sexo es el objetivo del artículo de Verena Stolcke con
título ¿Es el sexo para el género lo que la raza para la etnicidad… y la na-
turaleza para la sociedad?”. Se trata de una revisión del escrito diez años
antes, un artículo ya clásico por lo importante, sobre la “naturalización”
de las desigualdades en el entramado de clase, raza y género. En la actual
revisión se han incluido las experiencias de las mujeres negras y las con-
strucciones inherentes a la noción “sexo” para incorporar las necesarias
matizaciones en los conceptos “género” y “naturaleza”, respectivamente.
Arturo Escobar en su texto “Antropología y desarrollo” expone la
polaridad de posiciones entre una “antropología para el desarrollo” y
otra “antropología del desarrollo”, a tenor de sus correspondientes de-
nominaciones en inglés. Escobar ilustra también las posibilidades de sín-
tesis de ambas posiciones – con las aportaciones de la antropóloga June
Nash, por ejemplo – y los cambios de paradigma en antropología desde
los años noventa en adelante, transformaciones en su mayoría derivadas
124 RESEÑA
del enfoque de género y desarrollo.
Una última contribución de Gerardo Fernández Juárez con su artí-
culo “«Al hospital van los que mueren». Desencuentros en salud inter-
cultural en los Andes bolivianos” refleja en sus propias palabras “la preo-
cupación académica por la interculturalidad aplicada a la salud” (Cruces
Villalobos y Pérez Galán, 2010: 383), una temática que, como él mismo
nos recuerda, no es nueva, aunque sí se ha puesto de moda en el ámbito
de las migraciones en Europa. El conocimiento de los contextos indígenas
bolivianos es imperativo para una adecuada aplicación de la intercultur-
alidad en salud.
Suponemos que la asignatura para la que estos textos se han selec-
cionado – no del todo explícita en el prólogo del libro – es una general e
introductoria o bien una de fundamentos de la antropología. Conocer de
cual se trataba en particular hubiera, quizás, contribuido a valorar mejor
la selección de piezas para esta compilación que, por otro lado, ya hemos
reconocido como magnífica. Desde luego, ofrece estupendas traducciones
al castellano de textos relevantes: Brown, Hall, Baumann o Finnegan, así
como ediciones más perfiladas de traducciones existentes. Como docente
agradezco enormemente este esfuerzo por facilitar el uso de materiales
teórica y metodológicamente relevantes en castellano, puesto que una
mayoría de alumnado no lee inglés con soltura.
Me veo en la obligación de mencionar, por último, que es una pena
que sólo se hayan rescatado textos de tres autoras en el conjunto de las
trece aportaciones. Hubiera sido una buena oportunidad para comple-
mentar – también en este sentido – el texto de Honorio M. Velasco,
Lecturas de antropología social y cultural. La cultura y las culturas. No
hago este comentario como crítica, sino como reflexión – acaso preocu-
pación – sobre la recurrente inspiración de textos mayormente escritos
por hombres en nuestra disciplina, aún cuando contamos con una abul-
tada muestra de trabajos escritos por mujeres, justamente en esos mismos
ámbitos contemporáneos y en estas últimas décadas.
125 LUIS RODRÍGUEZ CASTILLO
LUIS RODRÍGUEZ CASTILLO / UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MÉXICO
RESEÑA
Claude Bataillon afirmaba, a finales de la década de los sesenta en su es-
tudio sobre “Las regiones geográficas en México”, que uno de los rasgos
más enigmáticos de México era su red municipal. Bataillon hacía esa afir-
mación desde su mirada como geógrafo social y en referencia a los muy
diversos tamaños de los municipios y su relación tanto con la densidad
de la población como con sus características históricas y étnicas. Al exa-
minar Antropología de la participación política de Iñigo González de la
Fuente, el lector se dará cuenta que la mirada del antropólogo interesado
por el devenir de la participación de los ciudadanos en relación a la elec-
ción de sus autoridades en la institución municipal lo guía a constatar,
para México y España, la vigencia de aquella aparentemente vieja afirma-
ción para parafrasearla y afirmar: uno de los rasgos más enigmáticos en
los municipios iberoamericanos es la participación ciudadana.
Sin embargo, no por enigmática, el autor rehúye la tarea de ofrecer
explicaciones científicas. En el libro Antropología de la participación
política nos encontramos ante una lectura fresca de la realidad política
contemporánea, que se genera desde una visión trina: la economía políti-
ca, las condiciones de la participación y las interacciones o roles desempe-
ñados por los y las ciudadanas en las actividades electorales. Esa lectura
ÍÑIGO GONZÁLEZ DE LA FUENTE
Antropología de la participación
política.
AÑO: 2010
ISBN: 978-84-8196-314-4
PÁGINAS: 220
Salamanca: Amarú
126 RESEÑA
nos ayuda a comprender, tanto en el caso mexicano como en el español,
las características que adopta la llamada “normalidad democrática” y los
efectos de la “resaca” social derivada de “alternancias” que transforman
poco o, como señala la jerga política, “cambian todo, para que todo siga
igual”. A pesar de lo dicho, no se trata de una lectura pesimista, pues, el
autor consuma su análisis indicando que existen posibilidades para que,
una vez que el ciudadano decida participar, éste pueda influir, sobre la
base de “unas condiciones socioeconómicas que permitan el desarrollo
de una vida digna” (González, 2010: 205).
La introducción presenta el planteamiento general que orientó la
investigación de la cual da cuenta el libro y ahí nos enteramos de las
diversas razones que le llevan a seleccionar cuatro municipios para su
estudio, dos en España y dos en México: 1. Nava del Rey, perteneciente
a la Comunidad Autónoma de Castilla y León; 2. Valle de Trápaga, en el
País Vasco; 3. Xico, Veracruz; y 4. Jiquilpan de Juárez, Michoacán.
El primer bloque sobre Antropología Política presenta una mirada
amplia sobre el desarrollo de esta sub–disciplina de la Antropología so-
cial. Es de un gran valor no sólo por la síntesis que realiza, sino porque
este ejercicio actualiza los “estados de la cuestión” que presentaron
Lewellen (1983) en los Estados Unidos, González Alcantud (1998) en
España, y Castro y Rodríguez (2010) en México.
El segundo bloque sobre las formas de participación política en
España y México, presenta los escenarios políticos, los papeles que rep-
resentan los participantes y la “configuración de interacciones” en cada
municipio estudiado. Destaca en esta sección los esfuerzos por determi-
nar la autonomía de la decisión y de las posibilidades de acceder a los
roles políticos de un determinado escenario; así como las características
del asociacionismo en los contextos locales.
Es por ello que, en esta sección, el lector hará un recorrido por las
razones, materiales y simbólicas, que legitiman la emisión del voto; de la
participación en esos rituales de la vida política que son las campañas y
mítines de los partidos y conocerá a la “gente que se molesta en ir a las
casas” en España y a la “gente que jala a la gente” en México. Es decir, se
documentan etnográficamente los comportamientos e interacciones que
llevan al autor a caracterizar en los municipios mexicanos las formas
contemporáneas de clientelismo electoral y el fenómeno del voto identi-
tario para el caso español.
El autor encuentra, como producto de la comparación entre los mu-
nicipios en México y España, que los ciudadanos de este último país
tienen opciones reales a ocupar cualquiera de los roles presentes en un
127 LUIS RODRÍGUEZ CASTILLO
escenario político local, es decir, existe una distancia relativa entre los
actores y, por ende, las interacciones son cercanas; mientras que en el
caso mexicano, las diferencias socioeconómicas generan dependencia en-
tre unos actores y otros, por lo cual, los más desfavorecidos no podrán
ocupar la totalidad de los roles políticos, es decir, existe una distancia
absoluta entre los actores y, por ende, las interacciones son lejanas.
El tercer bloque sobre participación plena, limitada y dividida, es
una propuesta intercultural para el análisis de la participación política;
presenta un aporte metodológico que se encuentra en escasas ocasiones
en obras preparadas para su presentación como libro a un público am-
plio. Ahí el autor muestra las entrañas del razonamiento científico que
conduce a las conclusiones. Se trata de una reconstrucción del problema
de investigación en la que se replantean tres conjuntos de hipótesis sobre
la influencia de las condiciones socioeconómicas de los ciudadanos en:
1. La participación política, 2. El clientelismo político y, 3. La identidad.
Para comparar la participación política en ambos lados del atlán-
tico, el autor la caracteriza como plena cuando se interactúa junto a veci-
nos de un mismo nivel de privilegio; ésta será limitada cuando la inter-
acción ocurre con personas que carecen de las condiciones materiales
para influir; y dividida cuando un actor fluctúa entre interacciones con
actores de mayor privilegio y vecinos de menor nivel de privilegio. En
relación al clientelismo, la primera interacción habla de una autonomía
socioeconómica del actor para decidir no ser cliente, la segunda denota
una mayor asimetría en las relaciones patrón—cliente y una autonomía
limitada, mientras que la tercera refiere generalmente al intermediario.
En cuanto a la identidad, el desenlace es contundente: “cuanta mayor
igualdad socioeconómica tenga un municipio, […] mayores posibilidades
de que los valores identitarios de clase, género y/o étnicos tengan influen-
cia en la participación política” (González, 2010: 194).
La conclusión, aunque breve, es sustanciosa. Aquí es importante de-
stacar que el propio autor denota la importancia de su estrategia de in-
vestigación; la cual: 1. No se circunscribe a la comparación de democra-
cias occidentales avanzadas, 2. Utiliza a las interacciones cara—a—cara
como la unidad básica de estudio y, 3. Se sustenta en el nivel local y hace
uso de la etnografía como herramienta privilegiada de la recolección de
información empírica. En todo caso, la importancia de la etnografía y del
análisis de las interacciones cara—a—cara son los factores que permiten
al autor observar que ahí se construyen las esferas de identificación “con
el nosotros y las fronteras simbólicas frente a los otros” (González, 2010:
206).
128 RESEÑA
A pesar de sus aciertos, el libro, como todo “trabajo en proceso”,
presenta algunas debilidades sobre las que valdría la pena echar una mi-
rada para retroalimentar el programa de investigación que propone el
autor en su obra.
Si bien el primer bloque del libro es una síntesis bien lograda, al cen-
trarse en la revisión a las escuelas o paradigmas clásicos y contemporá-
neos se desdeña realizar una revisión más a fondo de los aportes realiza-
dos desde la Antropología política española que permitiría, no sólo una
discusión más amplia sobre su aporte a las antropologías del mundo, sino
un diálogo fructífero con otras antropologías locales. Asimismo, aunque
al final del bloque se destaca el aporte del antropólogo mexicano Roberto
Varela, sus categorías no son retomadas y se extraña un análisis como el
que realiza Castro (2006) para explicar, desde esa matriz, la participación
electoral.
Como municipalista, también me preguntaría si la participación
ciudadana tiene un impacto más allá del proceso electoral (campaña y
emisión del voto) para insertarse en la trama de gobierno. Ello sería de
utilidad a González de la Fuente para adentrarse en otras dimensiones en
las que opera la cultura como guía del comportamiento en relación a la
participación política. Por ejemplo, el caso de Xico, justo para el trienio
1991—1993 ha sido reconocido como una “experiencia innovadora”
por Cabrero y colaboradores (1996), no por adoptar los nuevos modelos
de la gerencia pública, sino por revivir formas “tradicionales” de orga-
nización comunitaria que coadyuvan a las tareas de la gestión local.
Si bien el libro propugna por un modelo de análisis “intercultural”
como “un espacio compartido de diálogo y de comunicación que no en-
trañe la supremacía de una culturas sobre las otras o una concurrencia
de muchas culturas viviendo próximas pero aisladas en especie de guetos
subculturales”, considero que además de plantear una antinomia, ambas
condiciones son etnográficamente inexistentes; si acaso —siguiendo la
argumentación de Varela (2005)– se encuentran presentes como obje-
tos culturales; la primera (dialogo sin supremacía) es una noble utopía,
mientras la segunda (culturas próximas pero aisladas) son veleidades de
ciertos grupos conservadores. Aclaro que soy un poco escéptico con la
interculturalidad y el multiculturalismo, pues coincido con Slavoj Zizêk
(1998) en el sentido que son formas ocultas de racismo. Por mi parte,
prefiero argumentar en torno a que desde la parte normativa sería dese-
able plantearnos como proyecto de sociedad un “pluralismo cultural”,
para aludir a las ideas clásicas de la poliarquía de Robert A. Dahl (1991).
Es decir, reconocer que la diversidad y el disenso son valores que en-
129 LUIS RODRÍGUEZ CASTILLO
riquecen al individuo y también a sus asociaciones políticas y, por lo
tanto, resulta conveniente establecer los mecanismos institucionales para
asegurar la equidad. Entonces, la tarea etnográfica debería plantearse en
la documentación “positiva” de las condiciones que guardan los indica-
dores del pluralismo o equidad entre culturas.
A pesar de esas limitaciones menores, el esfuerzo de Iñigo González
de la Fuente se verá pronto recompensado con un amplio reconocimiento
ya que no sólo demuestra magistralmente sus hipótesis, sino que nos in-
vita a un proyecto intelectual de gran calado: realizar análisis compara-
dos de la participación política en contextos de pluralismo cultural y
“reflexionar sobre la relativa importancia de referentes políticos identi-
tarios cuando de contextos poco favorecidos económicamente se trata”
(González, 2010: 19).
Referencias
Cabrero, E., García del Castillo, R. y Gutiérrez M. (1995). La nueva gestión municipal
en México. Análisis de experiencias innovadoras de gobiernos locales. México D.F.:
Centro de Investigación y Docencia Económicas – Porrúa.
Castro, P. (2006). Los que ya bailaron que se sienten: cultura política, ciudadanía y alter-
nancia electoral, México D. F.: Porrúa.
Castro, P. y Rodríguez Castillo, L. (2009). “Antropología de los procesos políticos y el po-
der”. Alteridades. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 38: 107-227.
Dahl, R.A. (1991). Los dilemas del pluralismo democrático. Autonomía versus control.
México D.F.: Alianza – Conaculta.
González Alcantud, J.A. (1998). Antropología y política. Sobre la formación cultural del
poder. Barcelona: Anthropos.
Lewellen, T.C. (1983) Political Anthropology. An inthroduction. Massachusetts: Bergin
and Garvey.
Varela, R. (2005). Cultura y poder. Una visión antropológica para el análisis de la cultura
política. México D.F.: Anthropos – Universidad Autónoma Metropolitana—Iztapalapa.
Zizêk, S. (1998). Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires:
Paidós.
130 RESEÑA
PAULA GONZÁLEZ GRANADOS
RESEÑA
Los estudios que se enmarcan dentro de la subdisciplina de la Antropología
Audiovisual se han multiplicado en los últimos años, aportando diferen-
tes maneras de entender la práctica antropológica. Estas investigaciones,
de manera sintética y en base a la definición de Ardèvol (1994), se de-
dican a utilizar los medios audiovisuales para recoger y construir datos
etnográficos, para la presentación de los resultados de la investigación y
para el estudio de la imagen como cultura.
Este libro presenta una serie de reflexiones de varios autores acerca
de la inclusión de las Tecnologías de la Información y la Comunicación
(TIC) con especial atención a Internet y los medios de reproducción au-
diovisual (fotografía, video) en las investigaciones antropológicas den-
tro del ámbito educativo, ya sea en la enseñanza obligatoria (primaria
y secundaria) o en el ámbito universitario. Se muestra un abanico de
posibilidades que, como observamos en el índice, se dividen en tres cat-
egorías: conocimiento escolar, investigación educativa y alfabetización
tecnológica. Entre otras, encontramos investigaciones acerca del trabajo
con documentos visuales de archivo, de la construcción de estrategias
pedagógicas que parten de la observación participante en el ámbito es-
colar, de maneras de intervenir e investigar en colaboración con los do-
ANTONIO BAUTISTA GARCÍA-VERA
HONORIO M. VELASCO MAILLO
Antropología Audiovisual: medios
e investigación en educación.
AÑO: 2011
ISBN: 978-84-9879-221-8
PÁGINAS: 272
131 PAULA GONZÁLEZ GRANADOS
centes de estos centros, de análisis de la imagen, de ética y crítica a la
hora de utilizar los medios audiovisuales y las TIC, de participación, de
alfabetización digital. Un aspecto muy interesante de este libro es que
encontramos desde reflexiones teóricas hasta estudios de caso, lo que
nos permite obtener diferentes visiones de una misma cuestión, que es
la problematización del uso de medios audiovisuales y de las TIC en la
investigación antropológica en ámbito educativo.
Hay que resaltar el tono crítico que recorre todo el libro a la hora de
evaluar el uso de estas tecnologías en las aulas, visibilizando una cuestión
relevante como es la desconexión entre la experiencia de los alumnos
fuera de los centros educativos y la que tienen dentro, en relación a los
materiales escolares. Esta desconexión provoca que los alumnos no pu-
edan trabajar de manera crítica y profundizar acerca de estos materiales
dentro del ámbito escolar, lo que podría provocar, según los autores de
este libro, un uso superficial de estas tecnologías, un desconocimiento
de sus potencialidades y una posición subalterna y pasiva a la hora de
enfrentarse a ellas.
En su artículo, Ángel San Martín destaca cómo la mayor parte de
las investigaciones relacionadas con las TIC están subvencionadas por
empresas multinacionales dedicadas a la comunicación, lo que se traduce
en informes que ofrecen una constatación cuantitativa de la expansión
en el uso de estas tecnologías. A partir de este dato, el autor reclama una
aproximación cualitativa a los fenómenos que se derivan de esta expan-
sión, teniendo en cuenta a los usuarios no como simples consumidores
sino como actores sociales activos y críticos que utilizan estos medios de
manera relacional y construyen una opinión propia sobre los mismos.
La apuesta por utilizar medios audiovisuales en la docencia puede
parecer en un primer momento arriesgada, ya que en cierta forma se
trata de dejar de lado antiguas maneras de hacer. Una de las cuestiones
más claras es que el paso del texto escrito (de la lógica de la imprenta) al
hipertexto (de la lógica de Internet), ha supuesto un cambio radical en los
procesos de creación, difusión y consumo conocidas hasta el momento.
Resistirse a estos cambios significa dar la espalda a nuevos fenómenos
sociales que se producen a través y a causa de estas tecnologías.
En el libro encontramos diversos ejemplos de las consecuencias de
dar continuidad a maneras de proceder en el aula que ya no forman parte
del universo cultural de los alumnos. Tal como asegura José Carmelo
Lisón en su artículo, no se trata de comparar las tecnologías analógicas
con las digitales para evidenciar las virtudes o aspectos negativos de unas
u otras, sino de tomar consciencia de los cambios reales que se han dado
132 RESEÑA
en las últimas décadas en todo aquello que rodea a la comunicación au-
diovisual de manera que entendamos las ventajas que conlleva utilizar
nuevas metodologías relacionadas a la imagen y el sonido. Este autor
también hace una firme apuesta por el uso de cámaras de video y foto-
grafía digitales para recolectar datos, evidenciando la facilidad de uso
y de accesibilidad a ellas y defendiendo la capacidad del antropólogo o
antropóloga para utilizarlas.
Una de las cuestiones que recorren el libro y de las que creo que
podemos obtener la aportación más interesante es la relacionada con la
necesidad de una mayor participación por parte de los alumnos. Según
los autores, las metodologías lineales han de dejarse de lado ya que el
funcionamiento de Internet permite que la información fluya en diferen-
tes sentidos pues una de sus características principales es la interactivi-
dad. Esta cuestión remite directamente a la de la alfabetización visual,
que tiene que ver con integrar las TIC, y los medios audiovisuales en
general, en todas las actividades del medio escolar, sin relegarlas a una
sola actividad en un “aula audiovisual”. En el trasfondo de estas afirma-
ciones aparece de nuevo la desconexión entre los saberes de los alumnos
y aquellas competencias que se trabajan en la escuela. Acceder a estas
tecnologías no es suficiente para considerar que una sociedad, un col-
ectivo, está alfabetizado en el universo digital. La alfabetización digital,
de manera sintética, sería la capacidad de gestionar la información de
manera crítica y relacional, para producir conocimiento a partir de ella.
Otra de las ramas de la Antropología Audiovisual que es de vital
importancia en la disciplina es la relacionada con el análisis crítico de
las imágenes que se utilizan en el entorno educativo. Una cuestión básica
y que se repite en varios capítulos es que las imágenes, más allá de ser
meros elementos descriptivos de una realidad, suponen “metáforas visu-
ales” (Edwards, 1999) que deben ser comprendidas a través de un análi-
sis crítico y una investigación acerca del proceso de creación. Tal como
expresa Banks (2001), la imagen audiovisual es una construcción social,
no una simple consecuencia tecnológica.
Hacer que los alumnos participen para la creación de imágenes au-
diovisuales en el aula es una de las posibilidades más evidentes que se
presentan a la hora de trabajar con estos medios. Tal como aseguran au-
tores como Pink (2001) la etnografía audiovisual permite establecer ca-
nales de comunicación mucho más comprensibles para las personas con
las que trabajamos, abriendo caminos para el entendimiento mutuo y la
colaboración en la investigación social. En el capítulo V encontramos la
experiencia de Laura Rayón y Ana de las Heras que aboga por la colabo-
133 PAULA GONZÁLEZ GRANADOS
ración en la creación de materiales audiovisuales para trabajar en el aula
y que tiene dos objetivos principales: por una parte, mejorar el trabajo
pedagógico y la relación entre alumnos y docentes y, por la otra, obtener
materiales para la investigación en referencia a la indagación acerca de
las representaciones del alumnado en un contexto intercultural. Muchas
de las investigaciones presentadas en este libro destacan la aplicabilidad
del conocimiento antropológico y del método científico en ámbito edu-
cativo y el trabajo colaborativo entre investigadores y docentes, impre-
scindible si uno de los objetivos es mejorar la calidad del trabajo dentro
del aula y de las relaciones que se generan en ella.
Este libro puede servir de guía para aquellos profesionales, ya sean
docentes o investigadores, que quieren poner en práctica la intervención
pedagógica y la investigación con medios audiovisuales y tecnologías de
la comunicación en el ámbito educativo. Lo que no debemos olvidar, y
es algo que apenas se explicita en el libro, es que el hecho de trabajar
con este tipo de tecnologías requiere igualmente una preparación técnica
y teórica, tanto conocimientos de software informático como de aspec-
tos técnicos de los aparatos de video o fotografía o conceptos teóricos
provenientes de disciplinas artísticas que son necesarias para compren-
der los elementos visuales. La multidisciplinariedad es un rasgo esencial
en el trabajo con medios audiovisuales y por ello tanto investigadores
como docentes pueden colaborar con otros profesionales especialistas.
Además, el hecho de que en muchas ocasiones sean los alumnos los que
poseen un conocimiento sobre las TIC que los docentes no tienen, puede
hacer el trabajo conjunto mucho más enriquecedor.
Pienso entonces que las reflexiones que aporta el libro son muy útiles
sobre todo en referencia a la postura crítica que aparece en todos los
artículos, que alerta acerca del peligro de rechazar el uso de las TIC y de
los medios audiovisuales en la investigación antropológica relacionada
al ámbito educativo. Si bien es cierto, como apuntan algunos de los au-
tores, que su mal uso puede suponer un obstáculo en el aprendizaje de
los alumnos o para los objetivos de la investigación. De este modo son
necesarios libros como éste, que aportan ideas y reflexiones en un área
de conocimiento que cada día es más necesaria y que hace referencia a
fenómenos sociales que nos ayudan a comprender mejor el mundo en el
que vivimos.
134 RESEÑA
Referencias
Ardèvol, Elisenda y Muntañola, Nora (coords.) (2004) Representación y cultura audiovi-
sual en la sociedad contemporánea. Editorial UOC, Barcelona.
Banks, Marcus (2001) Visual Methods in Social Research. Sage Publications, London.
Edwards, Elizabeth (1999) Beyond the boundary: a consideration of the expressive in pho-
tography and anthropology. En Visual Anthropology Rethinking. Yale University Press
London, Banks, Marcus & Morphy, Howard (ed.).
Pink, Sarah (2001): Doing Visual Ethnography. Gage Publications, Londres.
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