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Migraciones y desarrollo.

El informe de la Comisión Mundial para las


Migraciones Internacionales, dos años después
En 2005 la Comisión Mundial para las Migraciones Internacionales, organismo
creado a iniciativa del grupo de trabajo para las Migraciones de la Asamblea
General de Naciones Unidas en 2003 con el fin de “crear un marco apropiado para
formular una respuesta global, coherente y detallada al fenómeno de las
migraciones”, publicó su informe sobre migraciones y desarrollo.

Elaborado por un grupo de expertos de alto nivel de países como Suecia, Suráfrica,
México, Marruecos, Australia, Brasil, España, Egipto, Canadá, India, Filipinas, Suiza,
Pakistán, Países Bajos y la Federación Rusa, fruto de numerosas reuniones a lo
largo de dos años entre los 19 miembros de la comisión, es un ambicioso
documento con tres objetivos fundamentales:

− Incluir en la agenda internacional las migraciones internacionales


fomentando la participación de todos los miembros de la sociedad civil,
Gobiernos y otros actores implicados.
− Analizar las lagunas entre las diferentes políticas migratorias y fomentar la
interdependencia entre las diversas áreas relevantes, incluyendo los
distintos enfoques de todos los actores implicados.
− Formular recomendaciones a la Asamblea General y a los organismos
pertinentes acerca de cómo fortalecer a escala global, regional y local las
políticas migratorias.

La importancia del informe del Comité radica en su origen (fruto del acuerdo entre
un grupo heterogéneo de países, emisores y receptores de flujos migratorios), en
su carácter orientador para futuras actuaciones en materia de migración
proponiendo recomendaciones concretas y factibles, y en el hecho de que
constituye un primer paso hacia una coordinación de políticas migratorias y de
desarrollo globales basadas en el consenso y en una aproximación realista, no
alarmista y garante de los derechos humanos, destinada a comprender y
aprovechar el fenómeno migratorio para favorecer la equidad. Este informe ha
servido de referencia tanto al realizado por el Secretario General con vistas al
Diálogo de Alto Nivel de Septiembre de 2006, como a la Comisión Europea en su
comunicación al Parlamento, al Consejo, al Comité Económico y Social y al Comité
de las Regiones.

El informe se estructura en seis importantes epígrafes:

I. Tipos de migraciones, mercado de trabajo y creación de empleo.


II. Los migrantes como agentes de desarrollo.
III. Soberanía de los Estados y derechos humanos.
IV. Diversidad e integración.
V. Marco legal de los migrantes.
VI. Coordinación de políticas migratorias internacionales.

Del informe se extraen unas pautas de actuación concretas que deberían favorecer
una gestión armonizada, efectiva y beneficiosa de las migraciones. En ellas, con
carácter general se enfatiza la importancia de los movimientos migratorios como
fenómeno complejo y a gran escala, con un crecimiento cada vez mayor, lo que
debe guiar políticas migratorias realistas.

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Se señalan a su vez los factores positivos de las migraciones: son importantes
agentes de desarrollo y responden a una cada vez más extendida circulación de
competencias y capacidades.

Para la potenciación de estos efectos positivos es necesaria una buena gestión


basada en una adecuada coordinación de políticas que protejan los derechos de los
migrantes, potencien su participación e integración y favorezcan su condición de
vectores de desarrollo para los países de origen.

Si bien el objetivo no es fácil, debido a la escasa voluntad demostrada por los


países para implementar medidas de coordinación (plasmada por ejemplo en la
escasa firma y ratificación de convenios internacionales, como el de los derechos de
los trabajadores migrantes y sus familias del que se hablará más adelante; en el
abuso de medidas y recursos destinados a ejercer un control de fronteras; en la
demora en la tramitación de solicitudes de asilo y refugio con la correspondiente
desprotección a la que se ven sometidos los solicitantes, y en los escasos recursos
destinados a integración), el informe constituye un paso más en el intento de evitar
respuestas parciales y aisladas y en el de fomentar una aproximación global al
fenómeno de las migraciones, evitando la desprotección y las violaciones de
derechos humanos.

I. Un mundo de trabajo: los migrantes en un mercado de trabajo mundial

La mayor parte de los movimientos migratorios tienen su origen en la brecha de


desigualdad entre países del Norte y países del Sur. La pobreza, las diferencias
salariales, la incapacidad del mercado para crear puestos de trabajo, la demanda de
mano de obra en otros países y la limitada competitividad de determinados
sectores económicos impulsan a las personas a iniciar el proyecto migratorio.
También es fuente de migración la brecha democrática: las crisis, las emergencias
complejas y los conflictos, impulsan movimientos que a menudo se confunden con
la migración económica acarreando graves consecuencias para los derechos
humanos. La comisión señala estas causas como “las tres D”: disparidad de
desarrollo, democracia y demografía.

El informe señala pues como necesaria la creación de políticas eficaces que


contribuyan a aumentar las oportunidades en los países en desarrollo y que
favorezcan la migración por decisión propia y no por necesidad. Es necesario que
estas políticas favorezcan el potencial de los individuos, satisfagan sus necesidades
y sus aspiraciones y respeten los derechos humanos. Si no se realiza una inversión
en materia de desarrollo, potenciando los instrumentos de ayuda al desarrollo y la
cooperación internacional, se le estará haciendo flaco servicio a la gestión de
migraciones voluntarias y seguras.

Los Estados deben formular políticas migratorias donde se observen las tendencias
reales en materia de migraciones; diseñar programas junto al sector privado que
potencien los desplazamientos temporales para cubrir las necesidades de países de
origen y destino; favorecer la circulación de servicios y la circulación de personal
altamente cualificado y firmar compromisos multilaterales que favorezcan la
creación de oportunidades en los países en vías de desarrollo.

Este punto es interesante porque centra la elaboración de políticas migratorias en la


necesidad de abordar las migraciones desde un punto de vista realista. La
inevitabilidad del hecho migratorio debe conducir a los Estados hacia una mejora en
la gestión de éstas, que valoren al individuo y su potencial en lugar de un cierre de
fronteras o un establecimiento de contingentes que obvie la realidad de los
desplazamientos.

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II. Migraciones y desarrollo: aprovechar el potencial de la movilidad
humana

Para la comisión es esencial reforzar el papel de los migrantes como vectores de


desarrollo. Por tanto el diálogo a nivel institucional para fomentar la formación de
profesionales y la creación de un fondo de profesionales sería muy deseable.

La comisión señala también la necesidad de incluir las migraciones en la agenda del


desarrollo por la fuerte vinculación entre ambos conceptos. Si bien es cierto que
están estrechamente relacionados, y que las migraciones contribuyen (ya sea a
través de capital privado como son las remesas, o de capital humano en términos
de transferencias de capacidades y conocimientos) al desarrollo de sus
comunidades de origen, no hay que olvidar que la prioridad en materia de
desarrollo debe ser la atención a la vulnerabilidad, y en muchos casos una excesiva
atención a los países emisores de migraciones derivaría en un abandono de países
con mayor necesidad. No se puede olvidar que no migran los más pobres sino
quienes ya tienen unos ciertos recursos.

Por otra parte, el informe se centra excesivamente en el desarrollo como desarrollo


económico, que debe ser potenciado a través de inversiones de capital y políticas
macroeconómicas que generen competitividad. Sin embargo no se deben obviar
otras formas de incentivar el desarrollo a través de la capacitación, el fomento de la
buena gobernanza, el fortalecimiento institucional y de la sociedad civil, campos en
los que las migraciones también pueden contribuir de forma decisiva.

Se señala también la importancia de la participación de las diásporas como


promotoras del desarrollo a través de la inversión en proyectos en los países de
origen: esto está muy relacionado con el punto IV, donde se tratarán los temas de
integración social e interculturalidad puesto que la participación activa de las
diásporas se debe corresponder con un intercambio creciente en el país receptor
donde formen parte integrada (que no asimilada) de la sociedad.

III. El desafío de las migraciones irregulares: soberanía del Estado y


seguridad humana

Las migraciones irregulares, señala el Informe, tienen su origen en “factores


poderosos y complejos que incluyen la falta de empleo y de otras posibilidades de
subsistencia en los países de origen y la demanda de mano de obra barata y
flexible en los países de destino. [...] También se deben a la falta de oportunidades
de migraciones autorizadas y son facilitadas por las redes criminales que se
benefician con el tráfico ilícito de inmigrantes y la trata de seres humanos”.

Por lo tanto, la responsabilidad de los Estados pasa por, ante todo, proteger los
derechos humanos de los inmigrantes que se ven expuestos a una situación de
máxima vulnerabilidad, prestando también atención a las cuestiones de género.
Esta vulnerabilidad se debe a múltiples causas: por las condiciones inseguras de su
viaje, que pone en grave peligro su vida; por la posibilidad creciente de caer en
redes de tráfico de personas, condenadas en los protocolos de Naciones Unidas a la
Convención sobre Delincuencia Transnacional de 2000; por las condiciones
laborales precarias a las que se ven abocados por su situación irregular, y por el
creciente peligro de confundir solicitantes de asilo amparados por la Convención de
Ginebra de 1951 (necesitados de protección adicional) con inmigrantes en situación
administrativa irregular, con grave menoscabo de sus derechos y violación de los
compromisos internacionales adquiridos por los Estados.

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El informe señala, por tanto, que es necesario realizar enfoques a largo plazo para
canalizar la inmigración irregular, aplicando políticas realistas en función de la
situación real existente, tanto en los países de origen como en los de tránsito y
destino.

Por otra parte, ante el volumen de personas en situación irregular que ya se


encuentran en territorio de otro Estado, se plantean dos vías para dar respuesta a
su situación: por un lado, mecanismos de repatriación basados en acuerdos con
países de origen; en este caso la prioridad es realizar la repatriación en un
procedimiento con plenas garantías de respeto a los derechos humanos y aportando
una ayuda para favorecer la reinserción en el país de origen. Por otro lado,
mecanismos de regularización que reconocen que los inmigrantes en situación
irregular “han encontrado un lugar en sus economías y sociedades”. Para ello se
propone un estudio caso por caso en función del nivel de integración en la sociedad
de acogida.

Respecto a la primera alternativa hay que señalar que la repatriación plantea no


pocos problemas en cuanto se financia (como señala el informe) a través de AOD y
no redunda en un desarrollo de los países de origen. Es preciso además extremar
las garantías para no violar el principio de no devolución de los solicitantes de asilo
y garantizar los derechos humanos de los migrantes.

Frente al tráfico ilegal de personas y la trata de seres humanos, la comisión aborda


la necesidad de proteger a las víctimas a través de, ante todo, sensibilización y
formación de fiscales, jueces, policías, guardafronteras y trabajadores sociales,
para dar una respuesta adecuada; perseguir a los responsables conforme a las
herramientas de derecho internacional, y fomentar acuerdos multilaterales para
incrementar la colaboración con los países que no disponen de medios y suprimir la
demanda de servicios explotadores.

IV. Diversidad y cohesión: los migrantes en la sociedad

Es una prioridad fundamental fomentar la integración de los migrantes en la


sociedad de acogida y potenciar sus efectos positivos, implementando el ejercicio
de sus derechos fundamentales. En este sentido, la comisión recomienda adoptar
medidas no asimilatorias sino que favorezcan la integración especialmente a escala
local, a través de acciones consensuadas entre los grupos políticos. Para ello es
esencial la participación activa de los migrantes, participación que solo puede ser
efectiva a través del reconocimiento y la facilitación del ejercicio de sus derechos.
La comisión hace especial hincapié en la necesidad de prestar una mayor atención a
la situación de las mujeres, que presentan mayores necesidades en cuanto su
situación reviste más complejidad; son frecuentemente víctimas de abusos y de
infravaloración profesional, y padecen la carencia de redes de integración y la
brecha cultural.

También es necesario prestar especial atención a la situación de los menores,


sensibles al conflicto generacional y cultural. Es preciso proteger sus necesidades
educativas y crear mecanismos que les protejan frente a la carencia de
nacionalidad o de “patria”.

Respecto a los inmigrantes en situación irregular, se señala en el informe la


necesidad de proporcionar servicios básicos como sanidad y educación, además de
incrementar las medidas tendentes a la regularización.

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La comisión destaca también la responsabilidad de los individuos y las
organizaciones que influyen en la opinión pública, para evitar la magnificación de
estereotipos negativos y la generación de brotes de xenofobia y racismo.

El hecho de que las migraciones se utilicen como instrumento político genera una
utilización de un discurso negativo que las identifica con violencia e inseguridad. Es
esencial combatir ese planteamiento para evitar actitudes intolerantes.

La única vía para fomentar la integración es fomentar el acercamiento mutuo, que


no puede basarse únicamente en exigencias hacia los migrantes sino en un diálogo
bidireccional, abierto y participativo. El informe señala la importancia del voto, que
permite integrar a los migrantes canalizando sus inquietudes y necesidades a
través del mecanismo democrático.

Observamos que, en la actualidad, la mayor parte de políticas de integración


mantienen una aproximación multicultural (respeto a la diversidad sin fomentar la
participación y el intercambio) o asimilatoria (como defienden autores como
Huntington o Sartori). Sin embargo, sólo desde una óptica intercultural, que
defiende una transformación de la sociedad acorde con la transformación de la
composición de sus miembros, se conseguirán resultados no excluyentes ni
discriminatorios.

V. Un enfoque de principios: leyes, normas y derechos humanos

“El principal obstáculo a la protección de los derechos de los migrantes no es la


ausencia de leyes, sino la inobservancia de acuerdos y declaraciones que los
Estados han aceptado libremente”.

La comisión observa con preocupación como la explotación laboral, las precarias


condiciones de los inmigrantes en situación irregular y las medidas tendentes a
reforzar la seguridad en el marco de la lucha contra el terrorismo inciden en los
derechos humanos de los migrantes, por lo que exige reforzar el marco legal y
normativo e implementarlo con mayor eficacia.

Uno de los problemas que existen en este campo es la ausencia de un corpus


unificado; la dispersión de los principales instrumentos de protección hace que se
creen lagunas en determinados ámbitos como en los casos de reagrupación
familiar, doble nacionalidad y regulación de agencias privadas de contratación. Sin
embargo, la comisión recalca la obligación de todos los Estados, de origen, tránsito
o destino, de proteger los derechos humanos de las personas que se encuentren en
su territorio, independientemente de su situación administrativa y de establecer
mecanismos de coordinación adecuados que permitan, a través de acuerdos
multilaterales, disponer de un mayor número de recursos para hacer efectiva esta
protección.

Destaca los principales instrumentos de protección de los derechos humanos en lo


que afecta especialmente a las personas migrantes, como la Carta de Derechos
Humanos de la ONU y sus convenios firmados y ratificados en mayor medida por
los países de la comunidad internacional: no discriminación racial, prohibición de la
tortura y otros tratos inhumanos o degradantes, protección de los derechos del
niño, eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y derechos
de los trabajadores migrantes.
Destaca asimismo los convenios de la OIT, el Convenio de Ginebra de 1951 sobre la
condición de refugiado y la Convención de Viena de 1963 sobre relaciones
consulares.

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Señala con especial preocupación el escaso número de firmas y ratificaciones de
convenios especialmente relevantes para la protección de los derechos de los
migrantes, como es la Convención de 1990 para la protección de los trabajadores
migrantes y sus familias, de la que son parte sólo 34 Estados entre los que no se
cuenta España. El convenio, que entró en vigor en julio de 2003, incide en la
protección de los derechos fundamentales de los trabajadores migrantes cualquiera
que sea su situación administrativa: derechos ya recogidos en otros instrumentos
como la protección del derecho a la vida; la prohibición de la tortura y de los tratos
crueles, humanos o degradantes; la protección del derecho de opinión; la libertad
de expresión; el derecho al honor, y el derecho a la educación y al tratamiento
médico de urgencia. También señala otros de especial importancia, como el
derecho a indemnización por detención ilegal, la prohibición de confiscar
documentos por no funcionarios públicos y la prohibición de expulsión colectiva.

De especial importancia son también los dos protocolos a la Convención sobre


delincuencia transnacional de Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar
la trata de personas, en particular mujeres y niños, y el protocolo contra el tráfico
ilícito de migrantes por tierra, mar y aire, ambos de 2000 y ambos con un bajo
número de Estados parte.

La comisión recalca la importancia de aumentar los recursos dirigidos a los órganos


de supervisión de los tratados, apoyar en sus funciones a la Relatora Especial de
Naciones Unidas para los derechos de los migrantes y asumir las responsabilidades
que conciernen a cada Estado. Así, para los países de origen es especialmente
importante suprimir los abusos contra los grupos de población más vulnerables,
susceptibles de ser víctimas de la trata humana; ofrecer orientación a los migrantes
para que estén más y mejor preparados sobre sus derechos y obligaciones en el
extranjero, y prevenir la explotación.

Respecto a los países de tránsito, la comisión recuerda su importancia crucial para


asistir a los migrantes y prevenir la trata de seres humanos. Sin embargo, la
situación de pobreza de estos países exige una mayor cooperación para que
dispongan de recursos adecuados, infraestructuras y servicios que permitan facilitar
un regreso seguro a sus países de origen y una protección adecuada de su derecho
de asilo.

En cuanto a los países de destino, se vuelve a recordar la necesidad de evitar la


explotación laboral, la importancia de informar de los derechos y deberes y crear
instrumentos normativos adecuados para garantizar un nivel de vida digno con
medidas que favorezcan la integración así como una sensibilización y capacitación
de funcionarios públicos para que puedan ofrecer una respuesta adecuada al hecho
migratorio.

VI. Creación de coherencia: la gobernanza de las migraciones


internacionales

Los principales escollos con los que se encuentra una adecuada gestión de las
migraciones internacionales, señala el informe, se centran en cuatro áreas
fundamentales.

En primer lugar, las políticas migratorias son poco coherentes: mantienen una
visión a corto plazo que no permite actuar con previsión, no observan la realidad de
la demanda y de los desplazamientos efectivos y no aprovechan las posibilidades de
coordinación. Por ello es fundamental adoptar una visión conjunta más realista que
permita una gestión más adecuada.

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En segundo lugar, las políticas internas de los países se hallan descoordinadas.
Como norma general, no hay comunicación entre los diferentes ministerios, que
fragmentan los pasos del procedimiento migratorio, evitando una aproximación
global y efectiva y creando contradicciones y lagunas que influyen gravemente en
la situación de los migrantes. Es necesario instituir procesos de diálogo
interministeriales y con otros actores sociales para formular políticas globales y
coherentes.

En tercer lugar, hay una grave carencia de capacidades administrativas e


institucionales en un gran número de países, que impide que se pueda afrontar el
fenómeno migratorio con los medios humanos y materiales necesarios. Por ello es
necesario apoyar la capacitación, paso previo a la formulación y ejecución de
políticas eficaces.

Por último, la dimensión global de las migraciones exige un enfoque global. Los
acuerdos bilaterales, regionales y globales contribuirían a una mejor gestión de las
migraciones. Para ello es necesario crear políticas de consenso basadas en la
transparencia. El problema que se establece es, a menudo, la falta de colaboración
de los Estados que se benefician de la migración irregular, por una alta
dependencia de la economía informal, por ejemplo.

Para implementar la coordinación bilateral y regional, la comisión destaca la


importancia de evitar que el peso de los planes gire en torno a políticas de control,
para desplazarse hacia medidas que favorezcan el desarrollo mutuo y la circulación
de capacidades. El respeto a los derechos humanos debe ser una prioridad.

Por último, el complejo entramado de instituciones multilaterales dificulta una


aproximación integral al hecho migratorio. La CGMI insta a las Naciones Unidas a
crear un “grupo mundial interagencia” que aborde tanto la protección de los
derechos humanos como la garantía de cumplimiento de los instrumentos
internacionales. Sus funciones serían colaborar en la planificación de políticas,
ejercer labores de capacitación en los diferentes campos que inciden en las
migraciones, intercambiar datos que favorezcan un enfoque global y ajustado a la
realidad, vincular activamente migraciones y desarrollo y evaluar las políticas
diseñadas para permitir una retroalimentación que ayude a mejorarlas. Además, el
grupo dispondría de un marco de financiación adecuado que permitiera gestionar
recursos para la capacitación y las funciones coordinadas.

El informe del Secretario General de Naciones Unidas sobre migración y desarrollo


recoge implícitamente esta demanda, que se discutió en el Diálogo de Alto Nivel de
septiembre de 2006, mientras destaca el valor de las otras recomendaciones de la
CGMI.

Contribución del informe del CGMI al panorama internacional

El informe del CGMI fue una de las piedras angulares del informe presentado por
Kofi Annan sobre migraciones y desarrollo de cara a la Conferencia de Alto Nivel de
septiembre de 2006. El informe de la ONU, de carácter descriptivo, recoge sin
embargo gran parte de las recomendaciones de la Comisión Global, como pasos
decisivos de la Agenda Internacional de las Migraciones, surgida del proceso
consultivo interestatal conocido como Iniciativa de Berna.

Con todo, las recomendaciones señaladas en el informe necesitan del compromiso


de los Estados para avanzar en una gestión eficaz y garante de los derechos
humanos del fenómeno migratorio. La creación de un “grupo mundial interagencia”
en el seno de las Naciones Unidas que coordine, evalúe y diseñe políticas de gestión

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de flujos, choca frontalmente con la voluntad de los Estados de mantener su
soberanía y de decidir cómo y en qué términos permiten la entrada de no
nacionales en su territorio. Si bien en los instrumentos internacionales se reconoce
el derecho a la libre circulación y a la libre elección de residencia (artículo 13.2 de
la Declaración Universal de Derechos Humanos), los Estados son los que deciden en
última instancia quién tiene derecho a acceder a su territorio.

La política de la Unión Europea en este sentido es representativa. Con la


comunitarización del derecho de asilo para evitar el fenómeno del “asilo en órbita”
en el interior de la Unión y ejercer un mayor control de flujos, la creación de listas
de terceros países seguros, los acuerdos de repatriación y el endurecimiento de
medidas de regularización, se está avanzando hacia un modelo de “Europa-
fortaleza” que no observa ni la potencialidad ni la realidad de los flujos migratorios.

La necesidad de adoptar en las políticas de control fronterizo, como recomienda el


informe de la CGMI, una perspectiva a largo plazo que dé prioridad a las carencias
socioeconómicas, de gobernanza y de derechos humanos que instan a las personas
a irse de su país, requiere un cambio en la actitud de los Estados y una mayor
implicación para la consecución de los objetivos que propone el informe.

La necesidad de luchar activamente contra la trata de seres humanos requiere, en


primer lugar, un compromiso que se plasme a través de la firma y ratificación de
los protocolos del Convenio contra la Delincuencia Transnacional, y una
colaboración activa por parte de los Estados para erradicar la demanda de servicios
que generan comercio de personas, reproducción de la esclavitud del siglo XVIII.
Los Estados deben obligarse para ofrecer asistencia a las víctimas de la trata de
seres humanos, garantizarles atención psicológica y seguridad en el retorno a su
lugar de origen (a menudo inviable) o a un entorno seguro.

Propiciar una redistribución de recursos que priorice la atención a los más


vulnerables, inmigrantes en situación irregular, mujeres y niños; crear fondos de
asistencia; mejorar la capacitación de los trabajadores públicos, y destinar más
recursos para la integración y el desarrollo, son pasos fundamentales que necesitan
el compromiso de los Estados.

Como se ha repetido en numerosos foros (como la Declaración de Lima, en el seno


de la Conferencia Internacional Especial de Países en Desarrollo con Flujos
Sustanciales Internacionales de Migrantes, en mayo de 2006) la alta movilidad de
bienes, capitales, información e ideas que caracteriza a la globalización actual está
en fuerte contraste con las importantes barreras que siguen existiendo para la
movilidad de mano de obra, y en particular de mano de obra de baja calificación.

Sería deseable que los Estados adquirieran este compromiso necesario y abogaran
por una estrategia común y solidaria frente a las migraciones, que las vinculara
definitivamente con una cooperación al desarrollo efectiva y responsable que
redundara en un beneficio mutuo y comprometido.

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Algunos documentos básicos disponibles en Internet

COMISIÓN EUROPEA (2005): Migración y desarrollo: orientaciones concretas [COM


(2005) 390]. Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo,
al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones de 1 de
septiembre de 2005. Disponible en:
http://europa.eu/scadplus/leg/es/lvb/l14166.htm

GCIM (2005): Las migraciones en un mundo interdependiente: nuevas


orientaciones para actuar. Informe de la Comisión Mundial sobre las
Migraciones Internacionales. Disponible en: http://www.gcim.org/en/

OIM (2006): La migración internacional y el desarrollo. Perspectivas y experiencias


de la Organización Internacional para las Migraciones. Disponible en:
http://www.un.int/iom/IOM%20Perspectives%20and%20Experiences%20Spani
sh.pdf

PÉREZ GONZÁLEZ, Carmen (2006): “Aportaciones del Informe de la Comisión


Global de las Naciones Unidas sobre las Migraciones Internacionales a la
cooperación institucionalizada”. Revista Electrónica de Estudios Internacionales,
nº 11. Disponible en: www.reei.org

Ana Bustinduy
Investigadora