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VARIEDADES DEL ESPAÑOL

JULIO DEL PINO PERALES
























Universidad de Zaragoza

(2014)
LAS LENGUAS ROMANCES

Con la expansión del Imperio Romano por toda Europa, se extendió también su lengua,
el latín. Si bien existía una diferencia muy clara y consciente dentro de esta lengua
latina. Por una parte el sermo eruditus, lo que hoy se conoce como latín clásico y al que
se reservaba una función literaria. Por otra parte, el sermo vulgaris, el latín vulgar, la
forma hablada. En la expansión del Imperio, la variante que se extendió fue la segunda,
la hablada. Esta variedad del latín no era en absoluto homogénea, sino que tenía sus
registros diastráticos y diatópicos.
Surgieron a lo largo del territorio imperial muchas y muy diversas lenguas que
tienen su origen en un proceso de contactos y contaminaciones lingüísticas entre el latín
conquistador y la lengua regional conquistada. Esto se explica mediante la Teoría de los
estratos:
- Estrato es la subsistencia de ciertos rasgos de una lengua regional en la lengua
conquistadora, tras haber sustituido la segunda a la primera. Es el caso del vasco
y el ibero.
- Superestrato, en cambio, es el fenómeno de influencia que una nueva lengua
ejerce sobre la original de un territorio conquistado sin llegar a sustituirla. Es el
caso del árabe, el eslavo y el germánico.

Estas lenguas hubieran tendido a la unificación, de no ser por la caída del
Imperio Romano a manos de las invasiones bárbaras. La disgregación del Imperio
provocaría el aislamiento de las lenguas regionales y su independiente evolución. Sólo
la llegada del Cristianismo y su organización eclesiástica de Europa por diócesis
(centros administrativos y culturales después de todo) ejercería una leve unificación de
las lenguas.
Así, las lenguas romances (románicas o neolatinas) constituyen un conjunto de
lenguas dialectales indoeuropeas que derivan del latín vulgar a modo de prolongación
sin solución de continuidad. Hasta el siglo VIII no se produce la conciencia de una
existencia de lenguas románicas diferenciadas del latín.
Los primeros escritos en lenguas románicas son las glosas o palabras que,
apuntadas al margen o entrelíneas por los clérigos en los textos cultos, aclaraban el
significado de los vocablos latinos. Las primeras glosas en castellano son las
emilianenses (Monasterio de San Millán de la Cogolla) y las silenses (Monasterio de
Santo Domingo de Silos), ambas del siglo X. Aunque ya existían glosas anteriores en
otras lenguas neolatinas, como las glosas de Reichenau (francés, siglo VIII), la
Adivinanza de Verona (siglo VIII), o las glosas de Kassel (Baviera, siglo IX).
Estas lenguas regionales europeas sufrirían evoluciones distintas. Mientras que
algunas se estancaron en áreas delimitadas y aisladas, conservando su forma arcaica y
oral sin llegar a manifestarse literariamente (dialectos), otras sí que lograrían utilizarse
como forma de expresión literaria, estableciendo sus características diferenciadoras con
las vecinas (lenguas). Siguiendo este criterio, en la península ibérica se establecen las
hablas de la siguiente forma:
- Lenguas: portugués, gallego, castellano y catalán.
- Dialectos: astur-leonés, navarro-aragonés y, actualmente, murciano, canario,
extremeño y andaluz.

(!) Estrictamente, sólo serían variedades del español actual estos cuatro
últimos, pues los demás derivaron del latín vulgar a la vez que el castellano.



















EL ASTUR-LEONÉS

Origen: reino y corte de León, asociado también al asturiano, que tuvo su esplendor en
los siglos VIII y IX, cuando albergó la corte.
Esplendor: siglos X – XIII por el traslado de la corte de Asturias a León como
estrategia de la Reconquista, y por avance de la misma hacia el sur.
Decadencia: siglos XIV y XV por la expansión del castellano como lengua de cultura.
Situación actual: Asturias, occidente de Zamora y León.

CARACTERÍSTICAS

1. Fonético-fonológicas

- Diptongación de las vocales latinas breves [ě] y [ǒ] frente a yod.
En el caso de la [ě], tanto conservación de decrecientes /ei/ (veiga ‘vega’,
primeiru ‘primero’) como creciente sólo en los verbos (tiengo ‘tengo’, viengo ‘vengo’)
y como forma femenina (caldjera ‘caldera’, tixiera ‘tijera’).
En el caso de la [ǒ], tanto creciente (nueche ‘noche’, ueyo ‘ojo’, restruoyu
‘rastrojo’), como conservación de decrecientes /ou/ (cousa ‘cosa’, pouco ‘poco’) y /oi/,
en contraste con la tendencia castellana /ue/ (agoiro ‘agüero’, cobertoira ‘cobertura’).

- No se produce diptongación de [ě] + nasal (ponte ‘puente’, bono ‘bueno’, pimentu
‘pimiento’, sempre ‘siempre’).

- Conservación del diptongo /ie/ ante palatal (castiello ‘castillo’, siella ‘silla’, cuchiellu
‘cuchillo’), al contrario que el castellano, que redujo el diptongo a /i/.

- Conservación del pronombre i como le en Asturias (a pocu que i compres algu).

- Epéntesis de /i/ [j] a final de palabra (blandiu ‘blando’, andia ‘anda’, alabancia
‘alabanza’, ciercio ‘cierzo’).

- Diptongación en las formas del verbo ser, del latín ěst (yera ‘era’, yes ‘es’, yeran
‘eran’).

- Cierre de las vocales finales -o/-u, -e/-i (secu ‘seco’, tardi ‘tarde’, maridu ‘marido’).

- Inflexión de la vocal tónica por metafonía (trampusu ‘tramposo’, pilu ‘pelo’, vesu
‘vaso’, putru ‘potro’).

- Apertura de vocales finales en plurales femeninos (vaques ‘vacas’, cases ‘casas’) y en
terminaciones verbales -as/-es, -an/-en (compraben ‘compraban’, bebíes ‘bebías’).

- Lo anterior llega a producir fenómenos extremos como el sufijo -eiru en adjetivos
masculinos (primeiru ‘primero’, vaqueiru ‘vaquero).

- Forma arcaizante [ya] de la diptongación de [ě] (pia ‘pie’, diaz ‘diez’, bian ‘bien’).

- Conservación de la /f-/ inicial e intervocálica (farina ‘harina’, afogarse ‘ahogarse’), o
bien aspiración (jorno ‘horno’, jelecho ‘helecho’).

- Evolución de grupos iniciales latinos PL-, CL-, FL- a [ĉ] (chegar ‘llegar’, chamar
‘llamar’, chorar ‘llorar’, chover ‘llover’).

- Evolución de los grupos -CT- y -ULT- a /-it-/, no como la [ĉ] castellana (muito
‘mucho’, leite ‘leche’).

- Conservación del grupo interior /-mb-/ (llombu ‘lomo’, lamber ‘lamer’).

- Palatalización de la /j/ intervocálica proveniente de grupos latinos -LY- y -C’L-
(muyer ‘mujer’, abeya ‘abeja’).

- Se conserva del grupo secundario latino -M’N-, tras la pérdida de la vocal átona
intermedia, la reducción /-m-/ (fame ‘hambre’, fema ‘hembra’, nome ‘nombre’), por lo
tanto no ha llegado al grupo sincopado castellano /-mbr-/.

- Conservación del grupo latino -N’R- (vienres ‘viernes’).

- Se reduce el grupo -NN- a /-n-/ (cabana ‘cabaña’, dano ‘daño’).

- Palatalización de la /n-/ inicial (ñarigudo ‘narigudo’, ñube ‘nube’).

- Palatalización de la /l-/ inicial (llobu ‘lobo’, lluna ‘luna’, llingua ‘lengua’).

- Yeísmo. Que lleva a pronunciar la /ll-/ como /y-/, y esta, a su vez como [š] o incluso
como [ĉ] (luna > lluna/yuna/šuna/chuna).

- Neutralización de la /l/ y la /r/ (branca ‘blanca’, arma ‘alma’).

- Evolución de grupos latinos /-ss-/ o /d/ + yod a prepalatal fricativa sorda [š] (xuntar
‘juntar’, baxu ‘bajo’), en lugar de la velar sorda castellana [x].

- Asimilación de /-r/ final del infinitivo ante pronombre enclítico (compralu
‘comprarlo’, xuntanos ‘juntarnos’).

- Apócope de la /-e/ final tras /-n/, /-r/, /-l/, /-z/ (quier ‘quiere, diz ‘dice’, val ‘vale’).

- Epéntesis entre oclusiva cum líquida en inicio de palabra (gurupu ‘grupo’, torozu
‘trozo’, taranca ‘tranca’).

- Inserción de /-e/ paragógica tras líquidas átonas (trébole ‘trébol’, cónsule ‘cónsul’,
azúcare ‘azúcar’). A veces produce síncopa (azucre, almibre ‘almíbar’).

- Conservación de le /-e/ final detrás de /d/ (mezquindade ‘mezquindad’, piadade
‘piedad’).

- Conservación de alguna /-d-/ intervocálica (crudel ‘cruel’, paradiso ‘paraíso’).

- Pérdida de la /-d-/ intervocálica en vulgarismos (aentro ‘adentro’, piacico ‘pedacico’).



2. Morfosintácticas

- Empleo de los sufijos diminutivos -ín/-ina, provenientes del latín -inus (casina,
pequeñín, cerquina).

- Inserción del artículo ante el adjetivo posesivo (la mía casa).

- Posposición del pronombre en los verbos al comienzo de la oración (vaste ‘te vas’,
pegoume ‘me pegó’).

- Ausencia de formas verbales compuestas, empleo de los pretéritos perfectos simples
en lugar de los compuestos (compré ‘he comprado’, pagou ‘ha pagado’).

- Contracciones de formas prep. + art. (conos ‘con los’, pola ‘por la’, na ‘en la’).

- Uso de verbos pronominales sin pronombre (caí ‘me caí’, levanté ‘me levanté’).

- Uso de la forma asturiana non (‘no’).

- Empleo de los pronombres nos y vos.

- Empleo de los posesivos mío, to, so (masculino), mía, túa, súa (femenino).

- Empleo de genitivo sin preposición (la casa’l cura, el campu mi padre, el Valle les
piedres).

- Empleo del prefijo per- para reforzar la intensidad de una expresión (perbobu ‘muy
tonto’, perblancu ‘muy blanco’, perlloñi ‘muy lejano’).

- Empleo de la /a-/ protética (allevantar ‘levantar’, asentar ‘sentarse’) y de sufijos en- y
es- en uso vulgar (enquivocase ‘equivocarse’, espelleyar ‘despellejar’).

- Abuso del sufijo -al/-ar para crear nombres de árboles (castañal ‘castaño’, cerezal
‘cerezo’, cirolar ‘ciruelo’).

- Coexistencia de per y por con el sentido de locativo (per les calles, pel monte).

- Conservación de los adverbios interrogativos do/u, obviando el verbo estar (¿Do la
mía casa?, ¿U la leña?, ¿ula?).





























EL ARAGONÉS (LA FABLA)

Origen: el bilingüismo de latín vulgar y vasco en la zona del noroeste de Huesca
durante la romanización (siglos II – VII) y la unificación cristiana del reino durante la
conquista musulmana (siglos VIII – XI).
Esplendor: siglos XII – XIV.
Decadencia: castellanización por la llegada de los Trastámara en el siglo XV, reforma
de Felipe II de los Fueros de Aragón en el XVI y pérdida de la identidad de lengua al
cambiar su concepción a modalidad castellana en el XVIII.
Situación actual: norte de Huesca (La Jacetania, Alto Gállego, Sobrarbe y Ribagorza).

CARACTERÍSTICAS

1. Fonético-fonológicas

- Entonación especial, acentuación en más de una sílaba simultáneamente (jodó,
Zárágózá).

- Diptongación de la [ě] latina en /ie/ (siempre, tiempo, tiengo ‘tengo’, tabierna
‘taberna’) y en /ia/ (tiampo, yarba).

- Diptongación de la [ǒ] en /ue/ (fuella ‘hoja’, güello ‘ojo’) y en /ua/ (ruaca ‘rueca’,
buano ‘bueno’, fuande ‘fuente’).

- Diptongación de vocales tónicas cerradas o largas (niedo ‘nido’, güembro ‘hombro’).

- Diptongación de las formas del verbo ser (yes ‘es’, yera ‘era’).

- Apócope de la /-e/ final en más palabras que en castellano (fuent ‘fuente’, vall ‘valle’,
mont ‘monte’, grand ‘grande’), generalmente siempre que no sea precedida por los
grupos /tr/, /pr/, /gr/, /br/, /dr/, /bl/, /pl/.

- Apócope de algunas /-o/ finales tras /-n/, /-l/, /-t/, /-r/ y /-z/ (primer ‘primero’, man
‘mano’), y cierre de muchas otras conservadas (veníu ‘venido’, caíu/cayíu ‘caído’).

- Tendencia a suprimir los hiatos de diversas formas:
Cerrando la primera vocal (bandiar ‘bandear’).
Eliminando la vocal átona (almada ‘almohada’).
Mediante epéntesis consonántica (cayer ‘caer’, agún ‘aún’).

- Pérdida de las vocales átonas iniciales (statura ‘estatura’, stan ‘están’).

- Metátesis vocales: /e:o/ (arcebispo ‘arzobispo’, talentes ‘talentos’).
/e:a/ (trasoro ‘tesoro’, treballo ‘trabajo’).
/e:i/ (impero ‘empero’, nenguno ‘ninguno’, vesita ‘visita’).

- Diptongación de las terminaciones de los participios tras la pérdida de la /-d-/
intervocálica y seguida de un cierre de vocal (cerrado > cerrao > cerrau).

- Conservación de la /f-/ inicial o en interior de palabras (forca ‘horca’, Figueruelas,
enfornar ‘hornear’).

- Palatalización de /g-/ y /j-/ iniciales por pervivencia del prepalatal fricativo sordo [š]
(choben ‘joven’, chugar ‘jugar’).

- Palatalización de la /l-/ inicial en la zona oriental (lluego ‘luego’, llop ‘lobo’).

- Conservación de grupos PL-, CL-, FL-, CR- (plorar ‘llorar’, flama ‘llama’, clamando
‘llamando’, cremar ‘quemar’).

- Los grupos -C’L/LY/G’L/T’L- intervocálico palatalizan en /-ll-/ en lugar de
velarizarse en /-j-/ (vermello ‘rojo’, orella ‘oreja’).

- Los grupos -DI/DJ/DY- intervocálicos se convierten en /-y-/ (puyada ‘pujada’, enoyo
‘enojo’).

- Rechazo de la acentuación esdrújula, que se hacen paroxítonos (pajaro, endíce
‘índice’, arboles).

- El grupo latino -CT- intervocálico se convierte en /-it-/ (nueyt ‘noche’).

- El grupo latino -ULT- se convierte en /-uit-/ (muito ‘mucho’, feito ‘hecho’).

- Conservación de algunas oclusivas intervocálicas (foricar ‘hurgar’, melico ‘hombligo’,
capeza ‘cabeza’).

- La consonante /rr/ puede dar lugar a /rd/ (bardo ‘barro’, mardano ‘macho cabrío’).

- Metátesis (estentinos ‘intestinos’, premitir ‘permitir’).

- Reducción del grupo /mb/ > /m/ (amos dos ‘ambos dos’, intramas aguas ‘entre ambas
aguas’, camiamos ‘cambiamos’).

- Reducción del grupo /nd/ > /n/ (demanar ‘demandar’, penient ‘pendiente’).

- Sonorizaciones de grupos /nt/ > /nd/ (puende ‘puente),
/nc/ > /ng/ (barrango ‘barranco’),
/rt/ > /rd/ (chordiga ‘ortiga’),
/lt/ > /ld/ (aldo ‘alto’). Cada vez más desaparecidas.

2. Morfosintácticas

- Cambio de género en algunas palabras (la fin, la dolor, la val).

- Plurales en /-s/ tras consonante (capons ‘capones’, labradors ‘labradores’).

- Empleo de pronombres personales tónicos en lugar de átonos (para tú, con yo).

- Acotación de artículos (o, a, os, as), con apóstrofe (l’uno) o incluso su eliminación por
asimilación en preposiciones (voy ta escuela).

- Empleo del artículo lo como masculino, en lugar de el (lo fuego, lo segundo).

- Empleo de cuálo/s y cuála/s.

- Conservación del pronombre relativo qui para persona o cosa (¿Qui es ese?).

- Empleo y/i como adverbio pronominal locativo (yo también y voy allá) o como
pronombre de tercera del singular en objeto indirecto (noy dixeron ‘no le dijeron’, si no
i lo das ‘si no se lo das’).

- Empleo de pronombres adverbiales en/ne (m’en canso ‘me canso’).

- Empleo de demostrativos como exe, ixe, ixo (¿quie yes ixe? ‘¿Quién es ese?’, por ixo
‘por eso’).

- Adverbios propios (arrán ‘al mismo nivel’, hastí ‘hasta ahí’, hastirriba ‘hasta arriba’,
tammién ‘también’, ande ‘donde’).

- Preposiciones (ta ‘hasta’).

- Abuso del prefijo es- (escalabrar, eslomar).

- Empleo del sufijo diminutivo -ico/a/os/as del latín –icus (pequeñico, majico,
mañicas).

- Empleo del sufijo diminutivo -ete/-et/-etas (cabritetas ‘ovejitas’, chiquetes
‘chiquitos’).

3. Verbales

- Terminación de la 2ª del singular del perfecto en -s (comprastes, dijistes).

- El morfo de la 2ª del plural es /–z/ (vosotros amaz).

- Empleo del futuro por el presente de subjuntivo (cuando será de día).

- Empleo de –nos por –mos (cantábanos, correríanos).

- Conservación de la /b/ en las tres conjugaciones del imperfecto (teneba, dormiba).

- Indistinción de ser y estar (yes plorando ‘está llorando’).

- Desinencia muy particular de los perfectos (compré, comprastes, compró/ió,
compremos, comprez, compraron/oren/oron).

- Tendencia a emplear las desinencias generales en los perfectos olvidando los fuertes
(dicié ‘dije’, estieron ‘estuvieron’, dormiemos ‘durmimos’).






















EL ANDALUZ

Origen: siglos XV y XVI, momento en que revolucionó el sistema consonántico y
vocálico.
Esplendor: no deja de perder lustre.
Decadencia: ninguna.
Situación actual: vivito, coleando y contagiando.

CARACTERÍSTICAS

1. Fonético-fonológicas

- Yeísmo, fenómeno extendido por la práctica totalidad de la península. Se trata en
Andalucía de una /y/ tensa, con zumbido rehilante y con la lengua adelantada hacia los
alvéolos, cercana o igual a los sonidos africado [ǧ] o fricativo [ž] de nuestra /j/ antigua o
de la /j/ ([ž]) portuguesa.

- Aspiración de la /–s/ implosiva, dando lugar a una /h/ aspirada, que desaparece con
frecuencia ante vocal o pausa, y ante consonante, se acomoda a ella y toma su punto de
articulación. Es un sonido sordo, que puede llegar a ensordecer los sonoros que la sigan.

- El mismo fenómeno con [θ] en final de sílaba y palabra.

- Apertura y alargamiento de las vocales que preceden a la aspiración. Esto originó una
distinción fonológica vocal de timbre y duración, que permite, a su vez, diferenciar
palabras aparentemente homófonas, diferenciadas en un mero timbre, alargamiento o
ligera diptongación de una vocal.

- Esta revolución vocálica llega a crear oposiciones entre consonantes simples y
geminadas.

- Neutralización de /l/ y /r/. En ocasiones, sustitución de /-r/ en final de palabra por
nasal. La /l/ se neutraliza en los grupos /bl-/, /kl-/, /fl-/, /gl-/ y /pl-/ e, inversamente, la
/r/.

- Asimilación de la /r/ ante nasal o líquida. Se da con frecuencia en los infinitivos
seguidos de pronombres afijo o enclítico, o su pérdida total.

- Relajación radical de las sonoras interiores, con total omisión de la /d/ o la /r/,
reducción nasalizada u omisión de /n/, y mayor resistencia de /g/ y /b/.

- Lo anterior genera también frecuente sonorización de consonantes sordas, tanto de
fricativas como oclusivas. La más afectada, la /k/.

- Conservación aspirada de la /h/ procedente de la /f-/ latina con diferentes matices; la
fricativa uvular [x], la aspirada faríngea sorda [h] o la aspirada faríngea sonora [ɦ].

- La misma aspiración sufre la [x] procedente de [ž] y [š].

- Seseo en la mitad oriental. Ceceo en la mitad occidental. Mayor consideración social
del primero sobre el segundo.

- Relajación de la [ĉ], llegando a perder su oclusión y africarse en [š].

- Reducción de la tríada palatal [ĉ], /y/ y /ll/ a la pareja [š] sorda y [ž] sonora.

- Velarización de la /n/ en final de palabra ([mãmóŋ] ‘mamón’).

- Empleo en las áreas occidentales de ustedes por vosotros, con mantenimiento de
verbos en segunda del plural.

- Desplazamientos acentuales en las conjugaciones verbales, sobretodo en el occidente
andaluz.





EL EXTREMEÑO

Lo característico del extremeño es su mezcla de rasgos meridionales con rasgos astur-
leoneses.

CARACTERÍSTICAS

1. Fonético-fonológicas

- Cierre de las vocales finales en los singulares.

- Apertura de las vocales finales en los plurales.

- Epéntesis de /i/ en algunas palabras por influencia del leonés (alabancia ‘alabanza’,
quiciá ‘quizá’).

- Diptongación en verbos por asimilación al sustantivo (meriendá, juegaron).

- Vacilación en las vocales átonas (creminá ‘criminal’, intierro ‘entierro’, comendante
‘comandante’).

- Cierre de las vocales /o/:/u/ y /e/:/i/ en la zona noroccidental por influencia del leonés
(abaju ‘abajo’, dienti ‘diente’).

- Alargamiento de las vocales finales en la zona del sur de Badajoz, confiriendo una
entonación muy característica (Holaaa).

- Pérdida total de la /-s/ final por aspiración, y en posición implosiva (la
h
rosa
h
, e
h
to
h

niño
h
).

- Distinción entre /b/ bilabial y /v/ labiodental, fenómeno en decadencia.

- Intensa caída de la /-d-/ intervocálica (déo ‘dedo’).

- Conservación de consonantes sonoras dentales del castellano antiguo siete [sjéte] y
casa [káza]. Conservación de los fonemas:
Alveolar africado sordo ciento [çjénto].
Alveolar africado sonoro marzo [márdzo].

- Seseo en la zona sudoccidental por influencia portuguesa (desí ‘decir’, sapato
‘zapato’).

- Ceceo en la zona de Plasencia (cí ‘sí’, zola ‘sola’).

- Distinción en determinados puntos del centro y el norte de /ll/:/y/ para distinguir
algunas palabras (pollo/poyo), aunque está extendido el yeísmo.

- Fricación de /y/, produciendo un sonido semejante a [ĉ].

- Conservación del grupo latino /-mb-/ por influjo leonés (lamber ‘lamer’, lambucero
‘goloso’).

- Neutralización de las líquidas /l/:/r/ (borsa ‘bolsa’, cuelpo ‘cuerpo’), en las mismas
condiciones que el andaluz, con tendencia a la /l/.

-El grupo PL- da como resultado /l-/ (luvia, lover, luver).

- Mantenimiento de la /f-/ inicial en las zonas limítrofes de Portugal por influencia lusa.

- Aspiración sonora de la /h/ (procedente de la /f-/ inicial latina) y de la /j/ castellana
(jiguera ‘higuera’, jarto ‘harto’, oho ‘ojo’).

2. Morfosintácticas

- Generalización del femenino en casos masculinos por arcaísmo (la caló, la fanta
h
ma,
la idioma) o por vacilación (el/la aceiti).

- Empleo del sufijo diminutivo -ino/-ina (chiquinino, cajina).

- Anteposición del artículo al posesivo (la mi casa, el mi perro), sobretodo en el norte y
algún punto aislado del sur.

- Articulación de los nombres propios (la Juana, el Francisco).

- Vulgarismos en los pronombres personales (me se ha caío, nue
h
tro
h
mueble
h
, me dé
u
h
té er canné).

- Conservación del partitivo genitivo, sobre todo en la fórmula poco de (échame un
poco der vino, hay uno
h
cuanto de niño
h
, tiene uno
h
poco
h
de año
h
).

3. Verbales

- Terminación en -ear para muchos infinitivos (cocineá, amargueá).

- Apócope de la /-e/ en las terceras del presente.

- Formas fuertes en la 3ª del plural del perfecto (truhun ‘trajeron’, dihon ‘dijeron’,
puson ‘pusieron’).

- Empleo del verbo haber con el sentido de ser (habemo
h
do
h
hermano), estar
(habíamos mucha gente) y tener (e
h
te año no habemo buena cosecha).

- Empleo del verbo caer con sentido de verter/derramar (se caerá el vino), y tirar
(Juanito cayó el plato).

- Empleo del verbo quedar con sentido de olvidar/dejarse (me he quedao lo
h
libro
h
en
clase, me ha
h
quedao media hora e
h
perando).

- Empleo de entrar con sentido de meter (entra la compra en la nevera).

- Empleo de coger con sentido de caber (aquí no cohe nadie má).

- Empleo pronominal del verbo soñar (anoche me soñé contigo).

































EL MURCIANO

Lo característico del murciano es su mezcla de rasgos meridionales con ciertos rasgos
levantinos.

CARACTERÍSTICAS

1. Fonético-fonológicas

- El sistema vocálico del murciano es el mismo que el andaluz, con hasta diez timbres
vocálicos diferentes.

- Apertura de las vocales finales en plural ([lǫp-peřǫ] ‘los perros’, [læ
h
kasæ] ‘las
casas’). Así, es el timbre de las vocales, y no la pronunciación de una /s/ lo que
determina la diferencia entre singulares y plurales, o la 2ª y la 3ª persona de algunas
flexiones verbales ([aņda] él, [aņdæ] tú).

- Empleo de /e/ paragógica sólo en rede y huéspede.

- Yeísmo urbano. Distinción de /ll/ en el habla campesina.

- En zonas rurales, ceceo en inicio de palabra (zurco, zufrir, cencillo).

- No se produce la aspiración de la /h/ inicial procedente de la /f-/ latina, como ocurre en
el andaluz.

- Aspiración de la /-s/ implosiva, extensiva a las consonantes /b/, /d/, /g/, /c/, /f/, /p/ y
/z/. Ante vocal o pausa, esta aspiración desaparece con frecuencia, y la vocal que
antecede a la /s/ aspirada se abre, como ya hemos visto.

- Caída general de las consonantes finales /s/, /r/, /l/, /z/, /j/, /f/, etc., y su consiguiente
apertura de vocales.

- Por lo anterior, frecuente geminación fonética de consonantes ante otras por
asimilación, por acomodación a ellas y adopción de su punto de articulación ([dínno]
‘digno’, [addikæ] ‘abdicar’, [obí
h
po] ‘obispo’).

- El ensordecimiento de la /-s/ implosiva a menudo produce el ensordecimiento de la
consonante que la sigue ([o
h
tetrizia] ‘obstetricia’). Ante /b/ se mantiene un sonido
labiodental ([la-má
h
voníka] ‘la más bonica’).

- Neutralización de /l/ y /r/ implosivas, logrando ambas un mismo punto intermedio de
articulación, un único fonema mixto donde ninguna termina de predominar sobre la
otra. Sin embargo, en posición explosiva prevalece la /r/, y en final de palabra prima la
/l/.

- Ocasional neutralización entre /l/ y /n/ (alimal).

- Relajación o desaparición de consonantes sonoras intervocálicas (ve
h
tío ‘vestido’,
miaha ‘migaja’, [koóyo] ‘cogollo’).

- Palatalización, en casos especiales, de /l-/ inicial (lletra ‘letra’, llengua ‘lengua’).
Influencia levantina.

- En ocasiones se conserva, por la misma influencia, los grupos iniciales PL, FL, CL
(flamarada ‘llamarada’).

- Por influencia del aragonés, conservación de algunas consonantes oclusivas
intervocálicas (cocote, acachar); neutralización de [k] y /g/ en posición inicial
(cangrena, carrucha).

- Existencia de /v/ labiodental, no por continuación de la /v/ del romance, sino por el
fenómeno de fricación de /b/ tras /s/ aspirada.

- La /ch/ murciana es distinta a la castellana, su pronunciación es [ž], y no [ĉ]. Los
estudiosos la describen como ápico-dental mojada africada sorda con tenue resonancia
nasal.

- Ocasional velarización de /ye-/:/lle-/, procedentes de /hie-/, en /g/ (guierba ‘hierba’,
guierro ‘hierro’).

- Igualación de pronunciación entre la /j/ y la /h/ aspirada.

- La interdental [θ], en comienzo de palabra, sufre mayor ensordecimiento y enfatismo.

- Frecuente permutación entre [k] y [t] (chito ‘chico’, friolenco ‘friolento’, La Rápica
‘La Rápita’).

- Frecuente permutación entre /b/ y /g/ ante las vocales /o/ y /u/ (bujero ‘agujero’,
arbuyo ‘arguyo’, busano ‘gusano’).

- Ocasional evolución de /b/ > /m/ (moñiga, mandurria, meneno).

- Frecuente sonorización de consonantes sordas /p/ > /b/; /t/ > /d/; /k/ > /g/.

- Presencia del grupo /-ns-/ intervocálico (ansín ‘así’, ansa ‘asa’).

- Ocasional reforzamiento alveolar de la interdental (jarcinto, marzapán, bircicleta).

- Epéntesis de /n/ ante la palatal /ch/ (muncho, lunchar, menchero).

- Usual palatalización de la /n/ en posición inicial de palabra o intervocálica (ñiño,
ñudoso, añudar).

- Vocalizaciones consonánticas:
De /k/ ante /t/ (atraitivo, dialeuto, caraiter).
De /d/ ante /r/ (lairón ‘ladrón’, maere ‘madre’).

- Metátesis de:
/i/ (naide, maniantal).
/r/ (treatro, Grabiel, cofadre).
/u/ (frauga, estuatua).

- Evolución de la secuencia /pro/ a:
/pre/ (precurar, prenunciar, preduicir).
/po/ (pograma, poblema, pofesional).

- Confusión /per/:/pre/ (premitir, premanecer, pretenencia, predonar).

- Permutación vocálica /u/:/o/ por influencia valenciana (sofrir).

- Ocasional metatonía, desplazamiento acentual (ávaro, méndigo, ojala, epóca,
analísis).

2. Morfosinácticas

- Empleo del diminutivo –ico (toíco ‘todico’, animalico, probecico), con
desplazamiento acentual a la sílaba anterior (cansáica, temporáica).

- Otro diminutivo empleado es el –iquio, típico de la Huerta de Murcia. La /k/ ante yod
produce una africación sorda pospalatal muy característica de la región.

- Ruptura de hiatos en gerundios mediante /y/ (riyendo) al modo aragonés.

- Frecuente empleo de las preposiciones ca (voy ca mi tía; estoy en ca mi madre) y de
con (vengo de con mi padre).

- Empleo de las formas vulgares cualo/cuala.

3. Léxicas

- Abundancia de aragonesismos (esclafar, robín) y valencianismos (divinalla, bajoca,
rosigón).


EL CANARIO

En el canario predomina el elemento andaluz. Durante la conquista del archipiélago se
repobló con población andaluza. Fuerte relación con el continente americano.

CARACTERÍSTICAS

1. Fonético-fonológicas

- Aspiración de la /h/ inicial de palabra procedente de la /f-/ latina, igual que el andaluz.

- Aspiración de la /s/ final de palabra ante consonante, igual que el andaluz.

- Aspiración de la /r/ ante consonante nasal o líquida.

- Aspiración de la /j/, asemejándose a la /h/ aspirada.

- Generalización de un seseo con /s/ predorsal de tipo andaluz.

- Restos de ceceo en el campo de Tenerife con una variedad de [θ] posdental.

- Neutralización de la /l/ implosiva con /r/, asimilándose a la consonante que la sigue.

- Yeísmo en Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife.

- Conservación de la palatalizada /ll/ en otras zonas.

- La /ch/ se pronuncia como [y].

2. Morfosintácticas

- Clara distinción entre le y lo.

- Empleo de perfectos simples en lugar de los compuestos (vine hoy; ¿te caíste?).

- Frecuente personalización del impersonal haber (hubieron desórdenes; habíamos más
de cuarenta hombres).

- Empleo de ustedes como fórmula de tratamiento para la 2ª del plural.

- Empleo del diminutivo –ito.

3. Léxicas

- Léxico guanche: gofio, gánigo ‘vasija de barro’; baifo ‘cabrito’; chénique ‘piedra del
hogar’.

- Léxico arcaico del castellano de la conquista: asmado ‘atónito’; besos ‘labios’; apopar
‘adular’.

- Lusismos/galleguismos: fechar ‘cerrar’; ferruje ‘herrumbre’; magua ‘desconsuelo’;
garuja ‘llovizna’; cachimba ‘pipa’.

- Americanismos: guagua ‘autobús’; atorrarse ‘vaguear’; buchinche ‘taberna’;
machango ‘bromista’; rascado ‘ofendido’.













EL JUDEOESPAÑOL

El judeoespañol (ladino o djudezmo) es la variedad del español hablado por las
comunidades sefarditas, es decir, descendientes de judíos que vivieron en la península
hasta su expulsión (1492). Esta lengua presenta una base española, con aportaciones
hebreas, influencias del turco y del griego y con incorporaciones lusas, italianas y, más
recientemente, francesas.
Estas comunidades se reparten por todo el mundo y los hablantes no alcanzan los
100.000. Aunque preserva características arcaicas del castellano medieval, ha adoptado
rasgos de otras lenguas peninsulares y mediterráneas, así como ha desarrollado
innovaciones propias. Sus características varían o se alternan tremendamente en función
de la geografía. Se habla, principalmente, en Asia Menor, los Balcanes y el norte de
África.
Se trata de una variedad del castellano que la comunidad sefardita guarda y
procura conservar con impresionante cariño y aprecio, hablado sobre todo en ambiente
familiar. Pero las generaciones más jóvenes, adoptando las lenguas de los países donde
nacen y crecen, van relegando esta lengua poco a poco en el olvido.

CARACTERÍSTICAS

1. Fonético-fonológicas

- Sistema de diptongación irregular, debido al expulsión histórica de la península en un
momento de incertidumbre de diptongaciones del castellano, presentando así diptongos
donde hoy no los hay (pueder, adientro, vestimienta, muelino) y faltando en otros casos
(vidro, cualquer, preto, acordó, recordo).

- Reducción moderna (siglo XIX en Levante) del diptongo decreciente /ei/ > /e/ (acete
‘aceite’, pleto ‘pleito’, delete ‘deleite’).

- Apertura general de todas las vocales.

- Reforzamiento de la semiconsonante [w] con epéntesis de [ǥ] (cirgüela ‘ciruela’,
güerto ‘huerto’, jugüeves ‘jueves’). Influencia del árabe.

- Ruptura de hiatos y diptongos mediante la epéntesis de /y/ (diya ‘día’, friyo ‘frío’,
pátriya ‘patria’).

- Neutralización de las vocales /e/:/i/, /o/:/u/ cuando son átonas (escuro ‘oscuro’, lingua
‘lengua’). Influencia portuguesa, no astur-leonesa.

- En zonas de Croacia, Bosnia y Grecia, apertura /e/ > /a/ ante /rr/ o los grupos /rt/, /rd/,
/rn/, /rl/ y /rs/ (tiarra, parla ‘perla’, tarsa ‘tersa’).

- La semiconsonante [j] átona se representa con /y/ (luvya ‘lluvia’, demazyado
‘demasiado’).

- Oclusividad general de la /d/, incluso intervocálica.

- Consonantización de la semivocal [u] en /-v/ (cavsa ‘causa’, bivda ‘viuda’).

- Conservación de las fricativas sonoras y las sibilantes del castellano medieval ([š], [ʒ],
[ž], [ʦ], [ʣ], [s], [z]).

- En zonas de Macedonia, Rumanía y Bulgaria, cierre, en distintos grados, de la /a/
átona en final de palabra.

- Conservación de la oposición sordo-sonoro entre las fricativas [s] y [z].

- Extensión plena del seseo, pero considerando la distinción sordo-sonoro. No existe en
el judeoespañol el fonema [θ], y no se emplea /c/ para nada;
Se escribe /k/ para el sonido [k] (kasa, eşkema ‘esquema’).
Se escribe /s/, por seseo, para el sonido sordo [s] (sierto ‘cierto’, sielo ‘cielo’).
Se escribe /z/, por seseo, para el sonido sonoro [z] (kuriozas ‘curiosas’).

- Sonorización de la /s/ en final de palabra cuando se encuentra entre vocales o entre
vocal y consonante sonora (tienez otraz virtudes).

- Palatalización de [s] en contacto con /k/ ([sk] > [šk]), o con alguna vocal palatalizada
([séiš] seis). Emplean el signo /ş/.

- Conservación de la oposición oclusivo-fricativo entre /b/ y /v/, a la manera del
portugués.

- Mantenimiento de /-b/:/-v/ en posición implosiva en algunas palabras (sivdad, kobdo
‘codo’).

- Conservación etimológica, aspirada o eliminada en casos evolutivos (como en el norte
de África), de la /f-/ inicial latina (favlada ‘hablada’, fazer ‘hacer’).

- Conservación de los bigramas CH, PH y TH, pronunciados [k], [f] y [t].

- Extensión plena del yeísmo, escribiendo /y/ en lugar de /ll/ (yamava ‘llamaba’,
maraviya ‘maravilla’).

- Neutralización entre /rr/ y /r/, pronunciada [r] en la inmensa mayoría de los casos
(fyero ‘hierro’, arendataryo ‘arrendatario’).

- Cierta distinción entre [ŝ] y [dz]. Conservación etimológica de ambas.

- Inexistencia de la [ĉ] propiamente, sonido para el cual emplean [tš] (escrito /ç/ o /ch/).

- Inexistencia de la [x] (/j/), para el cual emplean [ž] (escrito /j/ o /dj/), y en otros casos
se produce una aspiración de la /h/ con sonido [ħ], o [ǥ] en caso intervocálico (agora
‘ahora’).

- Inexistencia de /ñ/, para la cual emplean [nj] (escrito /ny/).

- Sustitución de /n/ por /m/ en pronombres de la primera del plural (mosotros,
muestro…). El fenómeno se extiende a otras palabras que comienzan en nue- (mueve
‘nueve’, muevo ‘nuevo’).

- Mantenimiento etimológico del grupo /-mb-/ en lamber, lombo y palomba.

- Despalatalización de /ll/ en kaleja ‘calleja’, luvya ‘lluvia’ y pelişko ‘pellizco’.

- Pérdida de la palatal débil [y] en contacto con /i/ tónica (castío ‘castillo’, gaína
‘gallina’). Se extiende a la /l/ (famía ‘familia’). Lo cual contrasta con;

- Frecuente metátesis [rd] > [đr] (vedre ‘verde’, pedrer ‘perder’, guadrar ‘guardar’),
además de muchas otras que evidencian fuerte raigambre popular (presona, probe
‘pobre’, tiralaña ‘telaraña’), raigambre evidenciada también en los siguientes
fenómenos extendidos;

- Síncopas (trible ‘terrible’, endelantre ‘en adelante’).

- Epéntesis vocales (enpelasto ‘emplasto’).

- Prótesis (amañana ‘mañana’, asegun ‘según’).

- Aféresis (namorado ‘enamorado’).

- Crasis (lequinoccio ‘equinoccio’).

- Neutralización de /r/ y /l/ (sarçiça, almaryo).

2. Morfosintácticas

- Empleo de /k/ para el sonido [k] (kaza ‘casa’, kien, kriyaturas ‘criaturas’).

- Empleo de /z/ para la sibilante fricativa sonora [z] (kaza ‘casa’, kozas ‘cosas’).

- Extensión de la /g/ de los subjuntivos de haga o diga a todos los demás (kosga de
coser, protejga de proteger, acojga de acoger, eşkojga de escoger).

- Conservación de las formas do (dar), estó (estar), so (ser) y vo (ir) sólo para 1ª del
singular del presente de indicativo. Y la forma sos (ser) para 2ª del singular ([sós]) y del
plural ([sóš]).

- Pérdida de la /-d/ en los imperativos de 2ª plural. Conservada junto a pronombre
enclítico y con metátesis (dejaldo, compralde).

- Pervivencia del vos y su merced como fórmulas de tratamiento. También las
innovadoras mos, vo y mo, y la rehispanización moderna de usted.

- Conservación del sufijo –eno para ordinales (onceno, doceno, treceno).

- Feminización de sustantivos abstractos terminados en –or (la calor, la color, la ardor,
la dolor).

- Aplicación del artículo la para nombres femeninos sin importar cacofonías (la hambre,
la agua, la águila).

- En palabras terminadas en diptongo con /y/, el plural se forma con /is/ (rey/reis,
buey/bueis, ley/leis).

- Empleo del posesivo sus con valor de multitud de poseedores, y no multitud de
posesiones (estos vecinos cuidan mucho sus comunidad). Influencias del francés y del
italiano.

- Fuerte distinción de género en adjetivos en los que no existía, y en algunos extensión
del tipo /o/ vs /a/ (pertenecienta, jóvena/jóveno, actúala, fiela).

- Construcciones propias en comparativos (más mejor) y superlativos (muncho grande).

- Empleo de –ico como apreciativo y diminutivo por mayoría absoluta (-ito en el norte
de África).

- El nexo copulativo se escribe ‘i’ (estaz i akeyas).

- No se emplean acentos en la escritura y se producen frecuentes metatonías (nostalgía,
ultimaménte).

- Empleo de cualo/s y cuala/s.

- Empleo de la preposición ande, en lugar de donde.

- Abuso del adverbio encima [ansína] tanto con si propio sentido, como con el de
además.

- Empleo de cualsequier en lugar de cualquier.

3. Verbales

- Terminación en /–i/ en la 1ª persona del pretérito perfecto simple de la 1ª conjugación
(canti, empecí, vinié, cantimos, puedí ‘pude’). Por contagio paradigmático de los verbos
de la 2ª y 3ª conjugación.

- Terminación en /-ba/ en el imperfecto de los verbos de la 2ª y 3ª conjugación (teniba,
saliba ‘salía’).

- Las formas de la 2ª persona /-ais/ y /-eis/ han dado /-as/ y /-es/ (no voz atrevas ‘no os
atreváis’).

- Empleo del verbo tener con función auxiliar, en lugar de haber (no lo tiene visto hasta
agora).

- Empleo del verbo morar en lugar de vivir/habitar.

- Construcción del tema perfecto con formas no personales (kisendo ‘queriendo’, tuvido
‘tenido’).

- Frecuente construcción de ser + participio activo en lugar de formas imperfectivas
(era cavsante ‘causaba’, eran ganantes ‘ganaban’, no seas menosprecián ‘no
menosprecies’). No siempre, pero se alterna con el uso de las imperfectivas.

- A las formas verbales impersonales (infinitivo y gerundio) con pronombre enclítico
‘se’ se les añade una /-n/ final (kerian irsen, eşkondyendonsen).

- El adjetivo semejante pierde concordancia de género y número (unas kozas
semejante).

- Frecuente posposición del cuantificador (aviya kozas munças ‘había muchas cosas’,
mueva çika una ‘una chica nueva’).

- Duplicación del posesivo (su mano de Jose).

- Adición de todos/as en oraciones ya cuantificadas (todas las treinta partes).

- Frecuente elipsis copulativa (ser, estar) (el marido no Ø kon eya; ¿por ke tus faces Ø
tristes?; su nombre Ø Lidya). Esta elisión requiere la presencia de un sujeto (yo Ø uno
de eyos).

- Introducción de la partícula ‘si’ en las interrogativas directas totales (¿Si hay karne en
la kosina?).

- Se alterna con tener la construcción hay + C.I. (hay a tu padre hasiendas munças; hay
a el una fija).

- Se concuerda el verbo haber existencial con el complemento plural (habiyan ayi
mancebos munços).

- Construcciones hay tres anyos o son tres anyos, en lugar de hace tres años o tres años
atrás. Empleo de tres anyos antes con referencia al tiempo de enunciación, no de
enunciado.

- Empleo del relativo lo cual con valor adversativo (= sin embargo).

- Empleo de porque como conjunción causal, para que como conjunción de finalidad,
con que y de que con valor concesivo.

4. Léxicas

- Empleo del gerundio de ser (siendo) como conjunción habitual (siendo son treinta
presonas).

- Empleo del participio escrita con significado de carta.

- Léxico de base hispánica es: faldukera ‘bolsillo’; mansebo ‘joven, chico’; negro
‘malo’ (para el color emplean preto); punto ‘momento, minuto’; acoger ‘reunir’.

- Hebraísmos: emuná ‘fe’; galgal ‘rueda’; sedaka ‘limosna’; gadol ‘grande’; pikeah
‘listo’; davka ‘precisamente’; afilu ‘incluso’; edut ‘testimonio’;

- Por la fuerte influencia del hebreo en los verbos, a menudo se encuentran
construcciones del tipo:
Ser + participio de presente hebreo.
Infinitivo castellano de amplia semántica + sustantivo hebreo.
Añadidura de sufijos/prefijos castellanos a palabras hebreas.

- Turquismos: dolap ‘armario’; fener ‘farol’; jurmet ‘generoso’; rezil ‘despreciable, vil’;
soluc ‘aliento, hálito’.

- Galicismos: jartier ‘liguero’; regreto ‘arrepentido’; serioso; reusir ‘lograr’; portanto
‘sin embargo’; ¡ten! ‘¡ojo!’.

- Italianismos: comerço ‘peaje, aduana’; valuta ‘precio’; abocato ‘abogado’; jornal
‘periódico’; vila ‘villa’, nona ‘abuela’.

- Lusismos: buraco ‘agujero’; gaguear ‘tartamudear’; longe ‘lejos’, saluso ‘sollozo’.

- Grecismos: çaruka ‘alpargata’; espango ‘bramante’; polizai ‘policía’.

- Arabismos: alhad ‘domingo’; hasino ‘enfermo’.






























EL ESPAÑOL EN AMÉRICA

Con rasgos muy semejantes al andaluz, el español en el continente americano se
caracteriza por la entonación, la musicalidad, los desplazamientos acentuales y el léxico.
Algunos estudiosos mantienen la independencia de la evolución paralela del español en
América, y desechan el influjo andaluz.

CARACTERÍSTICAS

1. Fonético-fonológicas

- Es general a todo el continente:
El seseo.
El yeísmo.
El voseo. Sobre todo en el español rioplatense. Pierde uso conforme nos
dirigimos al norte (inexistente en el Caribe y México).
Empleo de ustedes para la 2ª plural, con verbo conjugado en
concordancia plural, a diferencia del andaluz.

- Aspiración de la /-s/ implosiva y en final de palabra, con su consiguiente asimilación a
la consonante siguiente y su ensordecimiento o geminación. Para distinguir singulares
de plurales y las personas del verbo, se emplean nuevos timbres vocales como en el
andaluz. Estos fenómenos no se dan en México, puntos altos de Centroamérica,
Ecuador, Perú, Colombia, Bolivia y algunas zonas argentinas.

- Aspiración de la /j/ como /h/. Se da en México, Centroamérica, Colombia, Venezuela
y las costas de Ecuador y Perú.

- Aspiración de la /h-/ procedente de /f-/ latina. Se da en las mismas regiones que el
rasgo anterior.

- Neutralización, vocalización o pérdida total de las líquidas /r/ y /l/ en posición
implosiva. Fenómeno que se da en regiones costeras e insulares, dejando libre la
mayoría del continente. En la costa del Pacífico se tiende a la /r/.

2. Morfosintácticas

- Contienda en el tratamiento de tú y vos:
El vos predomina en: Argentina, Uruguay, Paraguay, Centroamérica y la
región mexicana de Chiapas.
El tú predomina en: México, gran parte de Perú y Bolivia y las Antillas.
Existe contienda en: Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador y Chile,
zonas norteñas de Perú y el sur de Bolivia.

- El vos concuerda con formas verbales en origen plurales:
Presente de indicativo sin diptongar (andás, tenés, sos).
Imperativos plurales sin /-d/ (poné, cantá, vení).
En el futuro contienden sabrés/sabrás.
En el presente de subjuntivo contienden salgás, soltés/salgas, sueltes.

- El voseo no tiene correspondencia en posesivos (tuyo, tu) y afijos (te).

- El desuso de vosotros redefine el sistema de posesivos. Para evitar confusiones
(su/suyo es posesivo de usted siempre), se forman posesivos preposicionales (de
ustedes, de nosotros, de él, de ella).

- Frecuente quebranto de la concordancia numérica (los rayos de sol cada vez son más
débil).

- Preferencia del plural en el objeto directo de sujeto plural (todos levantaron las
manos; los invitados volvieron sus cabezas), al contrario que el español, que prefiere el
singular (todos levantaron la mano; los invitados volvieron la cabeza).

- Abundante diferenciación genérica en los sustantivos y adjetivos (antiguallo,
bromisto, feroza, serviciala, pianisto).

- Preferencia por el género masculino en los sustantivos posverbales (el llamado, el
vuelto, el aclamo).
- Abundancia de los sufijos –ada/-ida para la formación de sustantivos posverbales de
acción y efecto (atropellada ‘atropello’, insultada ‘insulto’, conseguida ‘logro’).

- Empleo de –ito como sufijo diminutivo. Los demás castellanos se emplean para crear
palabras con significados diferentes. A menudo se refuerza el diminutivo (ahoritita,
todotito).
El refuerzo se hace con –ico en Antillas, Costa Rica y los indios de
Ecuador (chiquitico, hermanitico, ahoritica).
Los infijos que se emplean para el diminutivo no coinciden a veces con
los españoles (viejito, rubiecita, mamacita, cuentito).

- Empleo del aumentativo –azo, también, para superlativos, en lugar del español –ísimo
(cansadazo, enfermaza).

- Empleo abusivo de adjetivos con función adverbial (nos vamos suavecito; ¡qué lindo
habla!).

- El habla vulgar emplea yo como término de preposición, en lugar de mí (esto es para
yo; lo que a yo me gusta). Se da desde Centroamérica hasta Perú.

- Empleo del neutro ello como sujeto impersonal, sólo en Santo Domingo y Puerto
Rico.

- Interjección del pronombre sujeto entre el interrogativo y el verbo (¿Cómo tú te
llamas?; ¿Por qué usted dice eso?). En las Antillas, Panamá y Venezuela.

- Los pronombres afijos pospuestos terminados en vocal toman la /n/ final de las
terceras personas de plural (demen eso; díganmen lo que pasó).

- Anteposición del posesivo en fórmulas vocativas (escucha, mi amigo; ven acá, mi
hijito).

- Empleo de posesivos, en lugar de pronombres tónicos, con adverbios (me encuentro en
tu detrás; no diré nada delante suyo).

- Conservación del interrogante cuyo (¿cuyas son estas sillas?). En zonas de Colombia,
Ecuador, Bolivia y noroeste de Argentina.

- Empleo de la fórmula no más con significado de ‘solamente’, ‘de una vez’,
‘mismamente’ y ‘¡ya basta!’.

- Empleo de la fórmula recién con significado de ‘apenas’, ‘en cuanto’, ‘después de’ y
‘ahora mismo’.

- Empleo de cómo no como afirmación generalizada.

- En la América rioplatense se emplea la interjección apelativa ¡ché!

3. Verbales

- Personalización de los verbos haber y hacer en su forma impersonal (hubieron
desgracias; habemos diez alumnos).

- Construcción reflexiva en regresarse, soñarse, enfermarse y devolverse (a un lugar).

- Preferencia por:
El pretérito perfecto simple frente al compuesto (Ay, ¿qué pasó? ¿pero
qué hiciste mijo?). Por el contrario, en Bolivia y el noroeste argentino se
abusa del compuesto.
El presente de subjuntivo frente al imperfecto.
La terminación –ra frente a la –se en el imperfecto de subjuntivo.

4. Léxicas

- Palabras que en España pertenecen sólo al ámbito literario o han desaparecido.
Lindo = bonito, hermoso.
Bravo = irritado.
Liviano = ligero.
Pollera = falda.
Recordar = despertar.
Esculcar = registrar, escudriñar.
Aguaitar = vigilar, acechar, espiar.
Escobilla = cepillo.
Barrial = barrizal.
Vidriera = escaparate.
Prolijo = esmerado, minucioso.
Retar = reprender, reñir.
Afligir = preocupar, inquietar.
Limosnero = pordiosero.
Jumera = borrachera.
Ñoña = mierda (hez).
Panteón = cementerio.
Pararse = quedarse/estar de pie.
Y así infinitamente…