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EUCARISTÍA:

“OTRO MUNDO
ES POSIBLE”

José M. Castillo
Este pequeño libro (que te vas a encontrar en forma de 6
folletos) no es un tratado sobre el sacramento de la eucaristía.
Porque, en un tratado sobre ese sacramento, sería necesario
estudiar y explicar una serie de cosas de las que aquí no se habla.
Por ejemplo, en este pequeño libro no se dice nada sobre la
historia de la misa, sobre los cambios que en eso se han
producido y por qué se han producido. No se estudia la doctrina
oficial de la Iglesia sobre la eucaristía. Ni se explican las normas
que actualmente hay en la Iglesia para celebrar correctamente la
misa. Pero conviene advertir, desde el primer momento, que, si
aquí no se habla de nada de eso, no es porque tales cosas no
tengan importancia.

Por supuesto, para un cristiano es importante conocer bien


la historia de la misa y las normas que han dado las autoridades
eclesiásticas para que los cristianos celebremos correctamente la
eucaristía. Pero ocurre que, sobre esos temas, ya se han dicho
muchas cosas. Y la gente, que acude a las iglesias, sabe bastante
sobre esos asuntos. Seguramente eso es lo que más y mejor
conoce la gente, porque es lo que ve todos los días que va a una
misa. Es evidente que, al ver cómo los sacerdotes celebran la
misa, todo el mundo sabe cómo se tiene que hacer eso. Sin
embargo, en los evangelios, se dicen otras cosas sobre la
eucaristía o relacionadas con la eucaristía, que muchos cristianos
no saben, y que tienen mucha importancia. Por ejemplo, hay
muchos fieles que no tiene claro lo que pasó en la última cena de
Jesús con sus apóstoles. Y por qué pasó todo lo que se vivió en
aquella noche trágica. Y eso es de la máxima importancia para
conocer y vivir lo que es la eucaristía.

Pues bien, eso es lo que se pretende en este escrito. Se


trata de explicar el origen de la eucaristía. Lo cual es importante
por una razón que se comprende enseguida. Las normas de la
Iglesia sobre la misa son importantes y necesarias. Las
costumbres de la Iglesia sobre la misa tienen un gran interés para
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nosotros. Pero, por muy importante que todo eso sea, es evidente
que tiene que estar de acuerdo con lo que hizo Jesús y con lo que
mandó Jesús a los cristianos de todos los tiempos. Porque nunca
deberíamos olvidar que, a fin de cuentas, el origen de la
eucaristía no está en las normas de la Iglesia, sino en la voluntad
de Jesucristo. Y es más importante que estemos atentos a lo que
dijo Jesús, cuando instituyó la eucaristía, que a lo que han ido
diciendo los hombres, con el paso de los siglos, sobre cómo hay
que decir la misa. Porque el Evangelio está antes que las
tradiciones humanas. Y, si hay tradiciones de los hombres que no
están de acuerdo con el Evangelio, está claro que tenemos que
hacer más caso al Evangelio de Cristo que a las tradiciones que
han ido implantando los cristianos con el paso de los tiempos.

En este libro, por tanto, no se trata de poner en duda la


autoridad de la Iglesia para disponer y ordenar cómo se tiene que
celebrar la misa. Lo único que se pretende aquí es conocer mejor
el origen de la eucaristía. Para ver con claridad, desde ese origen,
si la eucaristía tiene o no tiene nada que ver con lo que más nos
preocupa a todos los mortales en este momento. Y es evidente
que lo que más nos preocupa es que este mundo no nos gusta.
No estamos de acuerdo con este mundo tal como funciona y tal
como van las cosas. Porque en este mundo hay demasiado
sufrimiento, demasiadas desigualdades, muchos pobres que son
muy pobres y pocos ricos que tienen bastante más dinero del que
necesitan para vivir como quieren y mejor que los demás. Por eso
nos atrevemos a hacernos esta pregunta: ¿tiene algo que ver la
eucaristía con eso que ahora se dice de que “otro mundo es
posible”? Ésta es la gran pregunta que explica lo que se dice y lo
que no se dice en este pequeño libro.

Hace cuarenta años, antes del concilio Vaticano II, la misa


se decía de espaldas al pueblo. El sacerdote miraba al altar,
miraba a los santos, miraba al cielo. El concilio dispuso que el
sacerdote se diera la vuelta y se pusiera a mirar a la gente que
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tiene delante. Ese cambio de postura no es ninguna tontería. Es
algo que tiene una enorme importancia. Porque eso nos dice que
la voluntad de la Iglesia, que nos habla en nombre de Dios, es
que la misa no esté centrada en el cielo, sino en la tierra. Y, por
tanto, que no mire hacia el cielo, sino a lo que pasa en la vida de
la gente, que esté atenta a lo que sufre o disfruta la gente. Por lo
tanto, se puede pensar y se puede decir que Jesús no instituyó la
eucaristía para cambiar el cielo, sino para cambiar el mundo.
Dicho de otra manera, la misa está en la Iglesia para decirle a la
gente que “otro mundo es posible”. Y, por eso, que los que vamos
a misa tenemos que poner manos a la obra para conseguir que
ese otro mundo, que es posible, sea una realidad. Y pronto, lo
antes posible. Un mundo en el que, como en la eucaristía, haya
comida para todos. Y para todos por igual, en cuanto eso se
puede lograr. Y que haya bebida para todos. Lo que quiere decir
que haya alegría y felicidad para todos. En eso consiste el “nuevo
mundo” que deseamos. Y que vamos a lograr pronto, si es que de
verdad nos ponemos a celebrar la “nueva eucaristía”, que es la
eucaristía que Jesús quiso y sigue queriendo.

Capítulo 1. LA MISA QUE TENEMOS

Un contraste que llama la atención

Dicen los catecismos y los libros que escriben los sabios


de la Iglesia (los teólogos) que la misa es lo más importante, lo
más grande, que tenemos los cristianos. Dicen también que la
misa es “la fuente y la cima de toda la vida cristiana” (Concilio
Vaticano II). O sea, que la misa es lo mejor que tiene el
cristianismo. Y lo mejor también que podemos vivir los cristianos.
Y, sin embargo, todos sabemos de sobra que, para mucha gente,
la misa puede ser una ceremonia rutinaria, impuesta por
obligación, aburrida, que no nos dice mucho y que, según piensan
algunos, no sirve para nada. ¡Qué cosa más curiosa! De una
misma ceremonia, la misa, se dice lo mejor y lo peor; lo más
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estupendo y lo más vulgar. ¿Por qué? ¿Cómo se explica que de un
mismo acto religioso se diga lo más grande y lo más vulgar?

Este asunto es complicado. Seguramente más complicado


de lo que algunos se imaginan. Por eso, para empezar a poner las
cosas en su sitio, vamos a explicar los motivos o las razones por
las que mucha gente va a misa los domingos y fiestas de guardar.
Ciertamente hay personas que van a misa a celebrar la cena del
Señor y para ser mejores seguidores de Jesús. Personalmente,
me impactaron las eucaristías de las comunidades de gente pobre
en mis visitas a El Salvador. Pero no siempre es así. Según
parece, un gran número de las personas que van a misa se
pueden dividir en los cuatro grupos siguientes:

La obligación

1. Hay gente que va a misa por obligación. Como los


catecismos dicen que hay que ir a misa los domingos y fiestas de
guardar, de manera que, si no vas a misa, cometes un pecado
mortal, muchos cristianos (y sobre todo, cristianas) van a misa
para que cumplir con esa obligación, quizás antes más que ahora.
De esa forma se quitan un peso de encima, se quedan tranquilos
en su conciencia y no tienen que confesarse de ese pecado
cuando acudan a recibir el sacramento de la penitencia. Como es
lógico, para los que piensan de esta forma, la misa es una carga.
Una carga de la que hay que descargarse cada domingo y cada
día de fiesta. Los que van a misa así, por supuesto, evitan un
pecado (de acuerdo con sus conciencias y su manera de pensar).
Pero también es cierto que quienes piensan de esa forma dan la
impresión de que lo que les importa en la vida es no pecar. Es
como el que en la vida, lo único que le interesa es no enfermar.
Hacer cosas de provecho o no hacer nada en este mundo, eso
parece que le importa menos o quizá no le interesa nada.
Personas así, son personas raras. A lo mejor, esto indica por qué
hay tantos cristianos que, como cristianos, son gente rara.
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La devoción

2. Hay gente que va a misa por devoción. Porque los


sacerdotes enseñan en sus sermones que el Señor está presente
de verdad en cada misa y en cada comunión. Lo cual quiere decir
que mucha gente está convencida de que el mismo Jesús, el que
andaba por los caminos de Palestina, hace dos mil años, es el
mismo Señor que baja del cielo al altar, a las manos del
sacerdote. Y es el Señor que entra en nuestro pecho cuando
comulgamos. Con lo que algunos se imaginan que, después de
comulgar y durante algunos minutos, el que comulga es como un
sagrario, en el que está Dios. El mismísimo Dios vivo y verdadero.
Eso emociona mucho a algunas personas piadosas. Como les
emociona entrar en una iglesia y encontrarse el Santísimo
expuesto en la custodia. Lo que es motivo de mucha veneración y
de intenso fervor. Y es evidente que todo esto es bueno,
excelente. Y fuente de piedad y generosidad. El peligro que todo
esto puede tener es que haya personas que van a misa y de la
misa no sacan otra cosa. Salen de la iglesia muy fervorosas, pero
no mejoran en su vida, en sus costumbres, en comportamiento.
Lo que da pie para que haya quienes hablan de los “cristianos
beatos”, que son los que tienen mucho fervor y bastante
devoción, pero luego resulta que eso sirve para tranquilizar sus
conciencias. Con eso se sienten bien, se imaginan que son buenas
personas, que están muy cerca de Dios, pero luego, a la hora de
la verdad, tienen los defectos y las miserias que tiene todo el
mundo. Con cristianos así, no vamos muy lejos. La misa les
ayuda, pero también les sirve de engaño. Porque se ven a sí
mismos mejor de lo que son en realidad.

La rutina

3. Hay además cristianos que van a misa por rutina. Son lo


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que tienen la misa como una “costumbre”. Porque eso es lo que
se ha hecho toda la vida. Cuando llega el domingo, una de las
cosas que tiene que hacer una persona “de buena familia” (o “de
buena educación”) es ir a misa. Y, como es lógico, la rutina se nos
mete más en la cabeza y en las costumbres cuanto más se repite
una cosa. Las cosas que hacemos a diario, en el mismo sitio y a la
misma hora, las hacemos casi siempre de una manera rutinaria:
levantarnos, vestirnos, desayunar, ir a la calle, y tantas otras
cosas que hacemos casi mecánicamente. Por eso, las personas
que, en sus costumbres de cada día, entra también la misa,
tienen el peligro de que en eso se meta la dichosa rutina. De ahí
que la rutina se mete por todas partes: se mete en los conventos,
en la vida de las monjas y de los curas, de los seglares piadosos y
de los que no lo son tanto. Rutina hay en todo, en lo humano y en
lo divino. Y ya se sabe que las cosas que se hacen por rutina, se
pueden hacer a la ligera y sin vivirlas como Dios manda. Esto es
lo que le pasa a mucha gente con la misa. Entran y salen de ella
como el que entra a tomarse un café o sale a comprar un
periódico. Una rutina más entre las muchas cosas que hacemos al
cabo del día.

Un acto social

4. Y hay gente, bastante gente, que va a misa por


conveniencia social. Aquí entran los que van a bodas, entierros,
fiestas del pueblo o de la parroquia, etc, etc, porque eso es “lo
que hay que hacer”. Y se hace por mil motivos: para cumplir con
un vecino o un pariente, porque es la misa de la empresa o del
sitio en que uno trabaja, porque así me van a ver y se darán
cuenta de que yo no soy tan mala persona como algunos piensan,
porque lo quiere mi novia o me lo pide mi mujer, porque luego
aprovecho para pedirle un favor al párroco... Y por tantos motivos
que la gente nunca dice, pero que son los motivos que les
empujan a algunos a ir a determinadas misas. Esto no quiere
decir que los que hacen esto, por eso sean peores personas que
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los demás cristianos. Lo único que quiere decir es que a estas
gentes les interesa poco la misa. Y seguramente saben poco sobre
la misa. Lo que saben y les interesa es quedar bien con el
pariente o con el vecino, con el jefe o con la novia, etc, etc. Ni
más ni menos que eso.

La pregunta que más no importa

Sin duda alguna, además de estos cuatro grupos de


cristianos, hay personas que van a misa por otros motivos,
algunos de ellos seguramente bastante extraños. En cualquier
caso, lo que todo esto nos viene a decir es que tenemos que
responder a esta pregunta: ¿por qué hay tantos cristianos que no
van a misa por lo que quiso Jesús y para lo que quiso Jesús? Lo
que se pretende, en este pequeño libro, es responder a esta
cuestión. Cosa que, además, nos ayudará seguramente a
comprender mejor lo que es y lo que significa la eucaristía. Y esto
sí que es importante de verdad para cualquier creyente en Jesús
el Señor.

Para la lectura personal y el compartir de


Comunidad

1.- Trata de mirar atrás en tu vida. ¿Hay alguno de los apartados


que hayas vivido en alguna etapa de tu vida de forma especial?
¿Cuál?

2.- En el capítulo hay una parte destinada a la rutina. ¿Qué cosas


a lo largo de tu día vives con rutina? ¿de qué forma vives esos
momentos del día?

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3.- Si piensas en la Eucaristía , ¿qué parte consideras que vives
más desde la rutina? ¿Por qué crees que es así?