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Miembros del Foro Nicaragüense
de Cultura que actúan en el Progra-
ma Promoción de la Literatura Ni-
caragüense, me han sugerido la
facilitación de un taller o escribir
un ensayo con el tema La reseña
literaria. Al respecto, he respondi-
do que lejos de una metodología,
he basado mis ejercicios en un con-
cepto claro y sencillo, cuyo objeti-
vo principal es animar la lectura y
promover la literatura en Nicara-
gua. En concreto, no poseo ni
ofrezco un manual. He escrito rese-
ñas motivado por el placer de leer,
por el efluvio de su contenido al
grado de empujarme a escribir un
comentario panorámico general y
a veces, hasta analítico, en el es-
fuerzo de la síntesis y la claridad.
En julio del 2004, aproximada-
mente, la poeta Marta Leonor
González, editora de La Prensa Li-
teraria del diario La Prensa, me
Carta Literaria 03
Amiga de la docencia
LA RESEÑA LITERARIA

Por: Henry A. Petrie
Datos del ensayista:
Obras literarias publicadas:
Señal para mito oscuro. Poesía,
90 ps. Ediciones Pensar.
Managua, 2012; ¡Cómo va creer!
Cuentos, 104 ps. Ediciones
Pensar. Managua, 2010;
Urbanidad marginal. Poesía.
116 ps. Ediciones 400 Elefantes /
Foro Nicaragüense de Cultura.
Managua, 2010; Fritongo
Morongo. Novela corta. 136
págs. 400 Elefantes / Foro
Nicaragüense de Cultura. Managua, 2007; Tómame, y te contaré. Cuentos.
150 págs. Horizonte de Palabras. Managua, 2005; Inevitablemente humano.
Novela-Ensayo. 296 págs. Editorial CAMINO. Managua. 2001; Guanuca.
Cuentos y relatos. 289 págs. El Renacimiento. Managua, 1999 / Segunda
edición, Ediciones Pensar, Managua, 2011; Guerra del amor y los sueños.
Colección de ensayos filosóficos y poéticos. 179 págs. El Renacimiento.
Managua, 1998; Penacho de ilusiones. Poemario. 65 págs. El Renacimiento.
Managua, 1997; Alma navegante. Poemario. 113 págs. Editorial San Rafael.
Managua. 1995.
Henry A. Petrie,
Nació en Managua,
Nicaragua, el 18 de mayo de 1961.
Secretario del Foro Nicaragüense de
Cultura y coordinador de su Programa
Promoción de la Literatura Nicaragüense
(PPLN). Su labor Intelectual se estructura
en tres grandes ámbitos: a. Creación
literaria; b. Estudios e investigaciones
culturales y, c. Ensayos socio-históricos.
invitó a publicar reseñas de mane-
ra sistemática en este medio, ofre-
cimiento que acepté con gusto
porque esta actividad ha constitui-
do parte esencial de mi formación
literaria e intelectual, después de
la lectura. El cúmulo publicado da
como para un libro de buen grosor,
sin incluir material inédito ni prólo-
gos.
Por supuesto, podemos hacer
reseña oral o escrita acerca de una
obra de cualquier arte. Mi expe-
riencia está centrada en la literatu-
ra: síntesis del contenido, interpre-
tación o análisis sucinto; es funda-
mental trasmitir el disfrute de lo
leído con base a una crítica didácti-
ca y amigable, donde la persona
lectora se informe en lo general
acerca del libro reseñado. Reitero,
se trata de brindar una panorámica
sin el sesgo descalificador.
La reseña abraza el análisis de las
limitaciones o desaciertos de la
obra que tiene por objeto, pero
desde un plano objetivo.
Es breve. No se trata de un estu-
dio o análisis crítico a profundidad,
que requiera del planteo de una
tesis con demostración de razones
o fundamentos eruditos. Su princi-
pal cualidad es la síntesis y el análi-
sis breve-concreto. Jamás me he
preocupado por escribir reseñas
literarias sujeto a un manual o guía
de procedimientos formales –no sé
si en realidad exista-, porque para
mí es muy importante lo que el
libro inspire, lo que el tema mueva,
es decir, cómo vibre frente a lo que
me cuenta el libro y cómo compar-
tirlo-transferirlo a mis lectores.
Cuando me enfrento a la escritu-
ra de una reseña, los elementos de
estrategia que atiendo son: sínte-
sis, análisis, conocimiento y comu-
nicación. Pero también, en buena
medida, voy atendiendo –sin rigi-
dez alguna– al siguiente marco
técnico:
A Descripción de la obra o ficha
técnica: título, autor, editorial, año,
cantidad de páginas, entre otros;
B Síntesis del contenido: tema,
ideas importantes, estilo, técnicas,
lenguaje;
C Juicio crítico (valoración) objeti-
vo de la obra: aciertos y limitacio-
nes, aspectos controversiales,
aportes.
¿Por qué recomiendo la reseña
literaria? En el caso de quien la
escribe: desarrolla habilidad de
análisis y síntesis; es un ejercicio
intelectual, académico y docente
que hace crecer. En el caso de
quien lea: es un medio ágil y expe-
dito de enterarse de novedades
Foro Nicaragüense de Cultura 04
Forjando el desarrollo cultural
literarias en nuestro país; constitu-
ye un instrumento amigable para
la docencia.
A continuación, pues, presento
cuatro de mis reseñas publicadas
en La Prensa Literaria del Diario La
Prensa, entre el octubre del 2004 y
febrero del 2009.

1
Los Caminos de Pallais

En ocasión del cincuenta aniver-
sario de la muerte del padre Aza-
rías H. Pallais (1884-1954), está en
circulación la segunda edición de
su poemario Caminos (Hispamer,
2004), a 83 años de la primera pu-
blicación, tratándose de uno de los
considerados grandes o altos poe-
tas nicaragüenses, después de
Rubén Darío.
José Argüello Lacayo, en su libro
biográfico y antológico Un pobre
de Jesús (Hispamer, 2000), presen-
ta hermosos episodios y facetas
del padre Pallais como hombre,
religioso, filósofo, educador, lucha-
dor social y poeta. Era un apóstol
de los pobres. Argüello apunta que
su poesía está orientada hacia “la
gran liturgia cósmica de la crea-
ción” y que Caminos −el libro que
nos ocupa− evoca los caminos ni-
caragüenses, del tiempo y de la
historia.
Caminos, con versos alejandrinos
y apareados, desde el título nos
remite a la vida, a la inteligencia, al
peregrino paso en tierra, como
vuelo en rutas aéreas o navegación
marítima. Vamos y venimos, con-
templando y platicando con las
cosas, en silencio, imaginando,
hacia destino determinados, tem-
porales o eterno.
Pallais estructuró su poema en
siete tantos dominantes −¿los días
de la creación?−, un paréntesis
incrustado y el arribo final. En rea-
lidad es Cosmos, armonía humana
con tiempo e historia, tejido silen-
cioso y solitario, conjugación de
día, naturaleza e intelecto.
Primer tanto, Los caminos des-
pués de las lluvias, instantes pre-
vios a la marcha. Con la lluvia lle-
gan los recuerdos inocentes y los
cuentos disparan su imaginación.
La lluvia sana los caminos, lavándo-
los para el andar limpio y fresco,
sin pecado. Celebra el ambiente
alegre disponiéndose a la aventura
peregrina, con el despertar de ani-
malitos, veraneras y mariposas.
Inaugura el día con esperanzas en
paralelas: caminos de su tierra y la
amada Brujas de Flandes.
Carta Literaria 05
Amiga de la docencia
Segundo tanto, En las mañanitas
inocentes con geranio y albahaca.
Se manifiesta vitalidad, voz enérgi-
ca −“¡Que ladre la amenaza contra
la tiranía! / ¡que saluden los gallos
con clarines al día!”−, y la melan-
colía. El poeta describe voces y
entorno, “los pobres, humillados
bajo los poderosos” y “las grandes
aguas del silencio profundo”. Can-
ta como las aves, siente el mar en
su alma, al indio, armónico y
ecológico, huyendo del hombre
hacia él mismo, pero nos dice que
en los caminos hay cuentos o
cuentos de caminos, que vuela con
sus Hadas hacia el siglo trece, con
abadías y dioses. Y en el trayecto,
sus personajes.
Tercer tanto, Los caminos del
mediodía. ¡Uf! La inclemencia del
sol tropical, abrazador, cual infier-
no de Dante, plasma la figura de
locos asoleados y lunares. Pero,
para el peregrino la sombra es ali-
vio, renovación de energías, estan-
cia. Añora los nocturnos pictóricos
y a las cigarras tendidas en la no-
che, mágicas como constelaciones
que también son leyendas. Invoca
amor y tiene hambre justiciera: “Y
rezan las cigarras en sus perennes
gritos: / ¡Usureros malditos – usu-
reros malditos!”, y en aliento se-
guido: “¡Que se hunda el mentiro-
so, que muera el opresor, / que
venga a nos tu Reino de Justicia y
de Amor!”
Cuarto tanto, Los caminos del
crepúsculo. Pan y vino se transfor-
man en carne y sangre de Cristo, y
caen los mantos naranjas, y con
ellos el silencio, los secretos. “Ya
voy, en siete planos, humilde y si-
lencioso, / buscando los senderos
del Pozo Milagroso”. La oración
por la encarnación −ángelus Dómi-
ni−. Cercana la noche... otros soni-
dos e imágenes. Todo navega en
metáforas, símbolos y significados.
El recogimiento, la nostalgia bene-
dictina, de ahí su persistencia por
las ovejas perdidas, prostitutas y
borrachitos, para hacer compren-
der el pecado antes que condenar
al pecador. A lo largo del poema la
referencia a “los siete planos”
−¿esotérico?, ¿hermético?−, infini-
to mundo espiritual. Aquí enuncia
la Leyenda Dorada que “cambia la
noche en día”, el triunfo sobre la
tiranía, San Jorge sobre el dragón
−cocodrilo, caimán, para Pallais−
que dominaba la ciudad libia de
Silca. La Buena Nueva. La patria: “Y
al decir Nicaragua, la Leyenda Do-
rada / parece golondrina por el
tiempo enjaulada”.
(Entre la tarde y la noche. Al caer
el tiempo sobre los caminos, el
Foro Nicaragüense de Cultura 06
Forjando el desarrollo cultural
poeta peregrino lejos del ruido,
adherido al silencio, encantado,
manso, jugando como niño, la es-
trella dormida).
Quinto tanto, Los caminos de la
noche. Luna y espectros. El pere-
grino y los cuentos fantásticos an-
te siluetas embrujadas, a lo Quijo-
te en la mente de Poe. Cuadro
sombrío, lunático. Nos dice que es
la noche en pecado mortal, sin
estrellas, abismal. Y el temor del
poeta, pero... “¡Hay pozos bajo
tierra! Yo soy un peregrino, / que
busca entre las sombras, la luz de
su camino”. También hay noches
estrelladas, de rondas y serenatas,
juego de constelaciones: Boyero
−arreando a la Osa Mayor− con su
brillante estrella Arturo; Can Ma-
yor −corriendo detrás de los talo-
nes de Orión, el cazador griego−
con su estrella Sirio, la más brillan-
te del cielo. Y la Virgen, que es vir-
go muy alto, doncella con haz de
espigas, fertilidad y el sacrificio de
Berenice. La oración que contiene
el silencio y todas las voces, aun-
que no todos van por el mismo
camino, dice el poeta.
El sexto tanto, Los caminos de la
historia. Ubica las cardinales de la
antigüedad −Oriente, Grecia, Ro-
ma e Israel− con sus bondades y
vicios heredados, con sus respecti-
vas sentencias y denuncias del pre-
sente, como ha sido en todo el
poema. El imperativo de la re-
flexión. Ciudades y épocas. La refe-
rencia bíblica e histórica de la ma-
no, incisivo en las lecciones y ad-
mirador de las artes que son cami-
nos. Letras y filosofía, tragedias,
ruinas tras guerras, Nabucodono-
sor. En el amor, Helena. Gloria en
los hijos de la loba. Moisés y la tie-
rra prometida. Pallais empuja y
arremete, recuerda naciones bajo
pillaje y cautiverio, Tamerlán, Doc-
trina Monroe. “De flores que no
saben cómo el hombre ha sellado /
la historia de los tiempos, con ci-
fras de pecado”.
Séptimo tanto, Yo soy el camino.
Alusivo a Jesús, a su intimidad con
él. Dedica sus versos a Las Biena-
venturanzas apelando a la humil-
dad y mansedumbre. Invoca la vi-
da y la paz, por los que sufren, los
oprimidos, pacíficos y mártires.
Milagros frente a tempestades,
agua hecha vino, Lázaro. El pere-
grino dice que hay caminos para
todo tiempo, lavados, con avivadas
esperanzas, donde ciervos y cabras
anden contentas.
Y el Finis triunfante, como rama
florecida. Se dice estrella dormida,
quizá por terrena. Pinta árboles
encantados cobijados por sus som-
Carta Literaria 07
Amiga de la docencia
bras, embebido de silencio y su-
mergido en la voz de las hojas ver-
des. Alegría y esperanza.
Azarías H. Pallais, en Caminos,
nos entrega poesía vital y litúrgica,
contemplación del todo, arraigo y
universalidad, tiempos entrelaza-
dos, el bien y el mal en el transcu-
rrir humano. Colores, naturaleza,
perfumes. Se siente energía, acto
de fe. Cosmos en movimiento. En-
cuentro al ser humano mínimo
ante la inmensidad, humilde, man-
so y misericordioso, pintando lo
extraordinario, el epígrafe para los
necesitados. Y por supuesto, ya no
es estrella dormida en su ascenso
hacia alguna constelación, peregri-
nando siempre con su brillo, eté-
reo.

Managua, septiembre 2004.

2
En silencio esculpe el poema

¿Qué se ha dicho o escrito acerca
de Ana Ilce Gómez (Masaya,
1945)? Veamos: “Se desdobla. Se
ve. Y una mitad de ella es materia.
Y otra mitad es su forma” (Pablo
Antonio Cuadra). Juan Chow, ese
poeta incisivo también apuntó:
“Por la concisión brillante de sus
pensamientos, crea piezas memo-
rables”, y más delante de su ensa-
yo acerca de la generación de los
sesenta, clava el siguiente puntilla-
zo: “Cuando apareció en la palestra
nacional, alarmó mucho a sus con-
temporáneas, quienes de entrada
convirtieron el inteligente oficio de
la sensibilidad poética, en un re-
ducto áspero que hizo del movi-
miento literario de las nacientes
poetisas, una trinchera de la guerra
de los sexos” (La paja en el ojo, p.
27). Más reciente, Julio Valle-
Castillo confirma: “Acaso la más
sensible… se expresa con el dolor
de la condición humana, el vertigi-
noso paso del tiempo que encorva
a la esbelta muchacha y el silencio
resignado (El siglo de la poesía en
Nicaragua, Tomo III, p. 61).
Y aún hay mucho que decir y es-
cribir acerca de esta exquisita poe-
ta, que desde el silencio ha esculpi-
do palabras, versos, poemas, cons-
truido dos libros que se ubican co-
mo referentes ineludibles de la
poesía nicaragüense: Las ceremo-
nias del silencio (1975) y Poemas
de lo humano cotidiano (ANIDE,
2004), premio único del Concurso
Nacional de Poesía escrita por mu-
jeres “Mariana Sansón”.
Para Ana Ilce, la poesía ha sido su
vehículo primordial para expresar
lo que ha “sentido, deseado, queri-
Foro Nicaragüense de Cultura 08
Forjando el desarrollo cultural
do…” Según sus palabras, la crea-
ción, la vida, la felicidad y el espa-
cio-tiempo, han sido los temas que
la han obsesionado. Se trata de
una mujer que poetiza lo vivido, su
hondura está abrazada por el re-
ducto creador, sin ínfulas ni pre-
tensiones de farándula. Eleva su
sensibilidad poética al oficio de
vivir, desentrañando su intimidad
con ventana abierta a las manifes-
taciones sociales de su tiempo.
Según Vidaluz Meneses, en Poe-
mas de lo humano cotidiano, Ana
Ilce es “mucho más autoafirmada y
asertiva”, que se presenta con
“una alegría madura, sobria, que
consuela y alumbra nuestra oscuri-
dad esencial”. El libro está cons-
truido por un total de treinta y
cuadro poemas, que en general,
hacen gala de la esencia y significa-
do de ser mujer, del transcurrir de
ésta por la vida y de sus arrebatos
en la historia, encarnando poesía,
desnudándose en sus realidades:
“Estréchame contra la pared y di-
me/ si has visto brillo más infinito/
que el de mis ojos” (Desátame, p.
19). Una mujer intensa que canta
“Toda la brevedad convertida en
eternidad/ a través de esta larga y
recurrente noche/ de insom-
nio” (Máscara del insomnio, p. 27).
En siete de sus poemas, encuen-
tro lo más representativo de este
sentimiento, de esta voz elevada
con fuerza pero también suave,
como deseando penetrar en los
tuétanos más duros y en las almas
más leves. Extraigo de cada uno de
ellos algunos versos o estrofas para
brindar una idea de la poesía que
es indispensable leer y estudiar:
En Mujeres con guitarra (p. 13),
se expresa la reivindicación de su
género: “Mujeres que le devolvie-
ron al mundo/ la embestida,/ que
se inmolaron o tuvieron que ma-
tar/ para seguir viviendo,/ esas que
en la hora más oscura/ roturaron el
campo con sus uñas/ para que vos
y yo pasemos”. Y en Ama del día
(p. 83) la poeta se asume todas las
mujeres, sus voces, sus historias y
existencias cuando dice: “De uste-
des vengo. De las fuertes,/ las
vírgenes, las grávidas,/ las que pa-
garon caro, las esclavas”, porque
“La voz de ustedes es mi voz,/ mu-
jeres lejanas/ mujeres de mi tiem-
po/ por ustedes canto y brillo co-
mo la más/ simple de todas las es-
trellas”.
En La muerte no es una mujer (p.
15) nos presenta la otra cara de la
moneda, porque siendo ellas dado-
ras de vida cómo al mismo tiempo
se han de asociar a la muerte, y
Carta Literaria 09
Amiga de la docencia
nos dice: “La muerte es un hombre
que galopa/ entre las noches que
columpia el insomnio./ Es un varón
disfrazado de oscura damisela./
Tiene unas rosas en las manos/ y
un cordel para colmar el cuello”.
Más que una bandera feminista,
nos entrega el contraste del estig-
ma, el mito y la leyenda, poniendo
a la muerte “como un perro fiel” a
lamer sus pies. El poder asumido
desde su propia condición de ser,
de mujer rotunda.
Ser o no ser (p. 35) contiene una
crítica social incitando a la rebeldía
de la mujer en su rol tradicional
impuesto por la sociedad patriar-
cal y el machismo: “Vivir./ Ser o no
ser no es el problema/ sino plan-
char la ropa/ atizar el fogón/ escri-
bir unos tiernos y antiguos poe-
mas/ mirarse en el espejo el otro
rostro del rostro/ descubrirse lobo
triste por las noches/ por las ma-
ñanas mujer cuerda”. Y luego,
“Esgrime tus cuchillos argumento/
empuña tus espadas yo no quiero/
atrévete de una vez sueña tu sue-
ño…”
Cancerberos (p. 57) es un poema
que me gusta muchísimo porque
hiere al amante narciso: “Es cierto,
estuve enamorada de ti/ pero no
más de lo que tú estabas de ti./
Pozo de olvido/ altar de sombra/
eres el rival que más temí”. Y lo
vinculo a Ítaca (p. 63), otro poema
que nos da en la testa de manera
sabrosa: “He tejido esta tela/ y la
he destejido mil veces/ esperándo-
te./ Si tú lo merecieras/ Si tú me
merecieras/ por esperarte agota-
ría/ todos los telares de la tierra”.
Y no pudo faltar la referencia
acerca de su generación, Años 60
(p. 67), elegía y esperanza, recuen-
to y pormenor: “Lo que era revela-
ción es ahora destino/ Lo que era
eterno es ahora un pretérito perdi-
do/ No somos más la generación
privilegiada/ deslumbrada por sus
luchas y sus himnos”. Pero más
adelante, a pesar de todo lo con-
traído y consumado, “… a pesar de
la maleza/ que abatió nuestros
símbolos,/ tengo aún la certeza de
que no todo/ se ha perdido”.
Ana Ilce es un ejemplo del oficio
poético, paciente y dedicada, que
en silencio esculpe el poema y se
encuentra ella misma, también se
niega, confrontando máscaras e
insomnios, lamiendo sus pieles
mudadas y aguardando un tiempo
enigma que sólo puede ser en ella,
con voz y canto ajeno a toda pose
grandilocuente.

Managua, 10 de abril del 2006.

Foro Nicaragüense de Cultura 10
Forjando el desarrollo cultural
3
Invenciones de amor y siniestros
con rokonola

Veinte mujeres abandonadas,
catorce hombres, un perro y un
chocoyo, más algunas referencias
de las que lectores se darán cuen-
ta, es el nuevo libro de Rafael Var-
garruiz, escritor y cineasta nicara-
güense, que en esta oportunidad
nos entrega una especie de catálo-
go de variables del amor, el dolor y
las despedidas con destino al que
sus personajes recurren: la muer-
te, recurso caprichoso del autor
empecinado en desenlaces nada
felices hasta formar un cementerio
de amantes y aviones siniestrados.
En total son treinta historias es-
critas en poemas y narraciones
que asumen como pretexto letras
de canciones seleccionadas en una
rokonola por el susodicho perso-
naje que se instala a partir de las
siete y treinta y cinco en punto de
la noche en la cantina Zandor´s
Drinke, lugar imaginario, donde el
tiempo se congela y adquiere cua-
lidades dislocadas y elásticas en un
trayecto nocturno y etílico, con
sonrisas rutinarias de meseras que
circundan la inventiva del autor-
personaje artificioso, como para
hacer más livianas las frustraciones
o decepciones de amor, escuchan-
do: ¡Amor mío!, ¡Abrázame!, De
quererte así, La gata bajo la lluvia,
Bésame mucho, Me vas a extrañar,
Un gran amor y nada más, Por ti
volaré, A mi manera, etc., que dan
título a las historias.
Mientras en El decamerón de
Boccaccio, diez narradores evaden
el peligro inminente de la muerte
contando cien historias en diez
días, destacando lo sensual y eróti-
co, la vida al aire libre, los juegos y
devaneos amorosos, en el libro de
Vargarruiz nos encontramos, al fin
y al cabo, con un autor-personaje
caprichoso, mentiroso y obstinado
en el amor y el romance en cir-
cunstancias tortuosas, despedidas
dolorosas, ausencias, añoranzas,
suicidios, esperas eternas y la fata-
lidad. Aquí no se evade a la muerte
sino que ésta aparece repentina y
desafiante en cada delirio creativo
de la ingesta espirituosa.
Casi todas las historias están mar-
cadas por la presencia de un avión
que resulta siniestrado, símbolo y
también personaje, metáfora del
irse lejos, quizá huida, renuncia u
olvido. Como en La carreta (1932)
del uruguayo Enrique Amorim
(1900-1960), donde los personajes
son arrastrados –por este medio
de transporte que da título a la
Carta Literaria 11
Amiga de la docencia
novela– hacia un destino incierto,
quizá buscando una felicidad efí-
mera en un panorama de miseria y
desconsuelo.
También lucen metafóricos los
desenlaces de estas historias, don-
de las rupturas, desilusiones y de-
cepciones, dolores y heridas, insa-
tisfacciones e irrealizaciones, la
falta de plenitud existencial resul-
tan ser un desastre, como si todo
lo humano condujera a un destino
irónico, ridículo y absurdo reñido
con la felicidad. Así se explica la
espera a quien jamás llegará, a no
ser en un intento de regresión del
tiempo en presente ilógico desde
la perspectiva del sufriente frente
a una botella de guaro, abrazado
por la depresión y el zumo laceran-
te de las melodías, desgarrándose
con recuerdos intemporales y dis-
tante de buenos deseos y del buen
amor, porque la vida se ha tornado
superficial y cosmética, confun-
diendo felicidad con posesión ma-
terial y consumismo. A la postre, el
gran fracaso.
Veinte mujeres abandonas… es
irreverente al relato de Happy End,
se ubica al margen de la linealidad
y hace uso de recursos contraria-
dos del humor, constituye una es-
pecie de burla al amor trillado, cur-
si y sensiblero, de ahí su toque de
locura y lujuria, desamor y despe-
cho, infidelidad y traición, ardores
homosexuales, sacerdotes arreba-
tados en sexo, el crimen atroz y
calculado, pasión y muerte. Por
eso, al autor se le pegó la regalada
gana de no dejar personajes sin
cabezas, que como perfecto asesi-
no en serie hasta les inventó un
cementerio, así como al susodicho
que entra y sale de la misma canti-
na a la hora de siempre, convenci-
do que sus víctimas resucitan cuan-
do la mecánica del reloj se paraliza.
Entonces aparece angustiada y
confundida María Mercedes Encar-
nación, repartiendo su carta en las
calles de Managua como un fantas-
ma.
El tiempo está planteado en
dos planos: el primero: la totalidad
de la obra, que tiene como univer-
so el conflicto mental y existencial
del susodicho, cuyo efecto tempo-
ral no va más allá de las horas de-
tenidas en melodías que se trans-
mutan en historias, connotando
sufrimientos y fracasos; el segun-
do, la parcialidad contenida en la
obra, cada historia es el clímax
crítico de una composición musi-
cal, con sus ambientes y enredos
temporales que explotan circuns-
tancias y conflictos humanos.
Foro Nicaragüense de Cultura 12
Forjando el desarrollo cultural
Los relojes, ausentes o detenidos
en paredes imaginarias, se presen-
tan como símbolos de los intersti-
cios creativos del Zandor´s Drinke,
o de cualquier cantina, donde tan
sólo al entrar, a las siete y treinta y
cinco en punto de la noche, se ex-
perimenta la digresión del tiempo,
y como en la rokonola, una tras
otra, se imponen canciones que
hacen ladrar al perro, volar al cho-
coyo y que al nuevo susodicho es-
perando turno –usted, él, aquél o
yo– lo busque desesperada la Pa-
quita del Barrio con su Rata de dos
patas. Otra variable del amor aun-
que no sea bolero ni balada. Y
adiós avión, de lejos.

Managua, diciembre de 2007.

4
Acerca de La casa de fuego

Del Primogénito

A propósito de Huérfana embra-
vecida (1999) de Marta Leonor
González (Boaco, 1972), Ramos
afirma que contiene poemas que
“revientan en úlceras purulentas”,
que “jamás evade la severidad del
sufrimiento”. Entre sus calificati-
vos están: implacable, barriobaje-
ra, densa e irreverente.
1
Cuatro
años más tarde, expresó que dicha
obra “impacta –o escandaliza– por
su crudeza y vehemencia”.
2
Bran-
tome, por su parte, dice que hay
“una descarnada furia, dicha con
corrosiva disposición” y coincidien-
do con Ramos en lo implacable,
aporta: “contiene la raíz del asco,
ante un mundo violento, falso,
cruel, inhóspito”.
3
Sobalvarro res-
cata el término “furia” expresado
por Brantome y lo eleva a carac-
terística de la autora en el panora-
ma poético nacional, y agrega: “Los
retratos o cuadros creados en su
poesía poseen circunstancias socia-
les determinantes”.
4
En el 2006,
Roof habla de “sensualidad mucho
más cruda y sombría” y citando a
José María Mantero, asume que en
este libro se “utiliza un lenguaje
violento para destacar la calidad
solitaria de la existencia humana”.
5

Y finalizo con doña Nydia Palacios
Vivas, destacada crítica literaria
nicaragüense, que además de re-
afirmar lo irreverente, agrega que
esta “voz lírica inconforme” tiene
el afán de “subvertir el orden pa-
triarcal”
6
, que en alguna medida lo
sugiere Ramos en uno de sus artí-
culos consultados.
La obra primigenia de González
dio mucho de qué hablar y escribir,
en tanto surgió una voz poética
Carta Literaria 13
Amiga de la docencia
distinta. Lo rotundo, en el sentido
tajante y devastador, no dejó de
provocar reacciones infelices, so-
bre todo en círculos que abrazan
un concepto estético circunscrito a
lo divino-sublime. El convenciona-
lismo social y moral aún imperante
en la sociedad nicaragüense fue
emplazado.
Huérfana embravecida perfora
máscaras, hace trizas etiquetas y
refinamientos, repele lo sublime y
superficial. Se ubica al margen de
la moda y el maquillaje. Su objeto
es la gente sufriente, sumergién-
dose con numen crítico, para luego
revelar la animalidad circundante.
Indaga y cuestiona, denuncia por-
que busca libertad. En el fondo de
su irreverencia, de su ira, atisba un
brillo utópico. Ahí la esencia de su
arte poética.

Reseña del nuevo libro

Nueve años después, Marta Leo-
nor González nos entrega su se-
gundo poemario: La casa de fuego
(Ediciones 400 Elefantes. Mana-
gua, 2008. 60 ps.), con prólogo de
la poeta nicaragüense Daysi Zamo-
ra. Se estructura en cuatro seccio-
nes, a saber: (I) La casa de fuego,
(II) El barco del poeta, (III) Los
otros y (IV) Cuando ellas beben,
para un total de veinticinco poe-
mas –dos de los cuales dividido en
partes–. Según Zamora, el título
refiere “la casa primordial, el en-
torno familiar resguardado por los
padres y los abuelos”, afirma que
Marta Leonor González, con este
nuevo libro, “se asoma en el espe-
jo de los demás seres huma-
nos” (p. 7-9).
Su lanzamiento oficial estuvo
acompañado por un bien-
concebido vídeo que dramatiza el
aliento principal del poemario,
dirigido por la misma autora. El
crítico de arte, Arnulfo Agüero, lo
califica como “travesía fragmenta-
ria al mundo visual, el cual explora
una segunda lectura audiovisual y
contemporánea”.
7

La primera sección (ps. 13-23),
que da título al poemario, contie-
ne diez poemas que destacan a la
familia disfuncional y las perversio-
nes del régimen patriarcal
(dominio, incesto, pedofilia, vio-
lencia). La casa que refiere parte
de lo privado y se extiende al
ámbito público, estableciéndose
una simetría de significados que
denotan irrealizaciones y frustra-
ciones vitales, donde sus persona-
jes traslucen síndromes psicológi-
cos y secuelas del dolor vivido. El
origen se percibe distante o perdi-
Foro Nicaragüense de Cultura 14
Forjando el desarrollo cultural
do, cuya edificación desgastada
por el tiempo, se convierte en re-
fugio fantasmal de la vida pasada.
No hay sueños ni proyectos que
apunten a la plenitud, pero sí el
germen rebelde.
La segunda sección, El barco del
poeta (ps. 27-34), está compuesta
por dos poemas, uno de los cuales,
Gulf King el barco del poeta, está
estructurado en cinco parte llama-
das travesías. El personaje princi-
pal es el barco, la otra casa, donde
tiene lugar el romance navegante.
Fuera de la casa nodriza, el ruedo
por la vida, hacia el misterio de lo
nuevo. El recorrido poético implica
un cambio de perspectiva, la ruta
del reto. Se percibe aire marino
tendiente a la plenitud, el amor.
La tercera sección, Los otros (ps.
37-43), está integrada por cuatro
poemas que refieren relaciones
conflictivas extendidas hacia fuera,
donde las historias se entrecruzan
y lo singular se torna plural, otre-
dad reconocida. La condición de
mujer en urdimbre de afanes,
complicaciones y eventos que la
violentan, la abusan hasta el sufri-
miento asumido como cosa in-
herente, Vía Crucis en interiores,
laberíntico Gólgota con fachada de
ciudad, produciendo ruinas.
La cuarta y última sección, Cuan-
do ellas beben (ps. 47-57), está
integrada por nueve poemas que,
en la línea de trascender el reduc-
to, representan lo social cotidiano,
las diferentes situaciones de muje-
res, cuyos flagelos las convierten,
más que heroínas patéticas, en
guerreras que en sus luchas por
una identidad real, enfrentan sus
tragedias y sacrificios.

Disección de lo poético
dramático social

ESPECTRO OMBLIGO

De cualquier manera en el tiem-
po, se manifiesta la necesidad de
retorno a la semilla-raíz, como Ale-
jo tras los pasos perdidos. La cuna-
arraigo es el punto inicial a partir
del cual, la herencia transita en
sensaciones primarias y se extien-
de en recuerdos. Porque los abue-
los “aman cada piedra y la nom-
bran” (…) “y sellan las puertas con
la saliva de los años” (…)
“coleccionan aventajados tiempos
de sudor” (La casa de los padres, p.
13).
Sin embargo, hay un hueco tem-
poral: “En la casa de la infancia /
hay un sueño escondido / y no lo
encuentro” (Paseo en la casa de
Carta Literaria 15
Amiga de la docencia
los padres, p. 15). El tiempo-
paraíso se reconoce como casa
donde habitan “sombras de fan-
tasmas” (Idem), rostros evanes-
centes, estancia nodriza con las
primeras huellas, voces adheridas
al silencio, caricias gaseosas en
corredores y rincones, en definiti-
va, donde se quemaron las prime-
ras cenizas de la existencia.
Pero la primera casa no necesa-
riamente es la definitiva, aunque
el ombligo llame y reclame. Por
eso los cantos migrados son
nostálgicos. Devienen otras, como
el barco del poeta que representa
el vuelo, la navegación, el nuevo
rumbo que conduzca a una realiza-
ción deseada: “donde juntamos
conchas / espuma, arenas y hue-
sos de ballena / para hacer nuestra
casa” (Gulf King el barco del poeta,
Quinta travesía, p. 34).


INTERPRETACIONES ACERCA DEL SILENCIO
PATRIARCAL
8
Y VÍA CRUCIS INTERIORES

Cada casa es única. Tiene sus
propias dimensiones, formas y
atmósferas. Cada una tiene su psi-
quis. Karma y Darma la sustancian.
El mundo es una casa con dos
grandes continentes: privilegio y
exclusión. Tener linaje real abolen-
go burgués dominante no necesa-
riamente implica plenitud, por eso,
en La casa de ellos (p. 16) algo
cuestionable ocurre, encubriéndo-
se en la moralidad aceptada. El
poema denuncia incesto y pedofi-
lia, problemas encarnados en
nuestra sociedad desde ámbitos
privados, pobres y adinerados.
“Una buena parte de la so-
ciedad machista calló. Parece un
hito en la historia de un pueblo
parlanchín”.
9
“Tarde o temprano
los elementos controversiales de la
sociedad se conjugaron para edifi-
car el silencio y con ello, la compli-
cidad. ¡Viva la doble moral!”
10
Son
frases que me impactaron hace
once años, apropiadas para escri-
bir una novela.
La casa de fuego denuncia una
realidad latente en la sociedad
nicaragüense que degrada y con-
dena al abandono. Cuando Marta
Leonor nos dice: “Trago las púas
que mi padre sembró, / mi herma-
no las cultiva” (Cultivo familiar,
p.18), refiere el sufrimiento que
causa y extiende el sistema pa-
triarcal, encontrando en madre e
hija no sólo a receptoras-víctimas,
sino también a reproductoras de
esa tradición nefasta con sustrato
religioso. La frustración de mani-
Foro Nicaragüense de Cultura 16
Forjando el desarrollo cultural
fiesto trasciende lo familiar para
hacerse comunitario.

La complicidad en el dolor repro-
duce una condición discriminatoria
de género, que al final se impone
como revestimiento moral:
“Orgullosas hijas de pederas-
tas” (Cuando ellas beben, p. 50).
Niñas que se vuelven mujeres ne-
cesitadas de vida, de la palabra
porque es “fuente de sangre y
sol”. Y como el fuego puede ser
benévolo y constructor, también
puede consumir y negar. Aquella
niña se convierte en mujer maltra-
tada y abuela esclava, reprodu-
ciendo su condición como cadena
generacional viciosa.
El incesto y la pedofilia, inequívo-
camente, son reales en nuestra
sociedad. Ahí donde hay silencio y
secreto el patriarca no escucha:
“papá habla el lenguaje de los sor-
dos” (Papá duerme, p. 22). Se tra-
ta, al fin y al cabo, de decadencia.
El negativo de paternidad implica
una cultura de trastornos: “La es-
camosa página espera / lo que pu-
do ser el antónimo del padre” (El
antónimo del padre, p. 23), ma-
chismo que vuelve al hombre es-
clavo de sus pasiones.
Y como tarde o temprano el si-
lencio se rompe, el eco de gemidos
retenidos se explaya. Se reivindica
una identidad, ser una persona. Es
decir, dejar el “lodo que la tiñe de
hombre / con cabeza de toro y
cuerpo de mujer”. Surge entonces
la rebelde: “Mi hermana fuma ma-
rihuana” (La niña de la hierba, p.
17), mujer sagaz que merodea,
quizá, el símbolo-cautiverio o el
paraíso-infierno: “Pantera huérfa-
na, / sola y herida por los
años” (Pantera que ruge, p. 19),
cuya ternura sobrevive al odio. Su
fuerza es tal que dice: “Adiós,
amante de castigos, / estatua don-
de crecen raíces / soy la mujer que
mira dentro de mí / reina rodeada
de flores y serpientes / que la en-
vuelven los musgos de la infancia /
y ensaya su propia canción de cu-
na” (La heroína trágica, p. 55). Las
cadenas han de romperse, el supli-
cio cotidiano con espejismos amo-
rosos. Pero las quemaduras es-
tarán impregnadas en la piel, mar-
cas de alma, amargura acechando.
No existe heroicidad en el sufri-
miento patético, sólo en la visión
del cambio, en la forja guerrera
que madura reconstruyéndose y
reinventándose.
Esa rebelde es hija de la paterni-
dad irresponsable asociada a es-
combros de una ciudad: “Navajas
con filo se deslizan sobre pezones
Carta Literaria 17
Amiga de la docencia
vírgenes” (…) “y le fue encendido
su reino / de habitar entre latas y
cartón” (En un escombro de la vie-
ja Managua, p. 54). Y avista su
horizonte, la salida del paraíso-
infierno, preguntando si no fue
crucificada por madre y padre, y
debe seguir un camino, “como una
mujer abismos / que marca la hora
de su partida” (Calleja se pregunta,
p.56).
¿Cuántos sacrificios de corderos-
hijas se producen? Sacrificio de
nonatos, también. O desgarra-
mientos con destino inmundo y
desalmado. El abismo es guillotina.
Temor y sensación de suciedad
fortifican la posesión incestuosa, la
violencia doméstica. Y donde haya
germen de rebeldía, necesidad y
búsqueda de luz, hay poesía. Aun-
que hayan “espejos quebrados” y
“metáforas acorraladas” (El cuarto
de los violines, p. 20), ambiente
frío del encierro decorado, talante
triste, habitación enmohecida por
opresión. Entonces, más que un
simple retrato, una exhortación,
en La casa de fuego.

DOS POEMAS PARA LA POSTERIDAD

Comentario aparte me provocan
los poemas Familia grande (p. 14)
y Escena (p. 57), representativos
de la realidad social nicaragüenses:
disfuncionalidad familiar y nacio-
nal. Aporta a la sociedad fragmen-
tada y se nutre de ella, de su des-
composición. Definitivamente, es-
tamos patas arriba.
El primer poema, dice: “Todos
tienen una casa en llamas / aun-
que no la nombren / un travesaño
podrido, / el infiernito que los que-
ma / una carta de despedida / co-
mo único recuerdo de sus padres”.
Contundente, declaratorio y confe-
sional. Si me pidieran en el exte-
rior una descripción de Nicaragua,
recitaría estos versos enrumbados
a la posteridad.
El segundo, prosema que tam-
bién es cuento brevísimo, dice:
“una plaga de hijos habitó su vien-
tre”. Y sigue: “la podredumbre de
un útero rasgado, arañado, vuelto
al revés por otra mujer que habló
de ilustración médica”. Concluye:
“mujer de ovarios purulentos que
alojaba los restos de un hombre
que podrían [ser] de su padre, res-
tos de crucifixión”. El poema-
cuento habla por sí solo. Ese abor-
to (sin apellido) es el símbolo del
desgarre social y moral de nuestra
sociedad, que premia al político
delincuente y condena al pobre
roba-gallina. La impunidad tam-
bién fue parida.
Foro Nicaragüense de Cultura 18
Forjando el desarrollo cultural
En estos poemas, sobre todo en
Familia grande, está lo rotundo y
entrañable, el golpe certero del
confl i cto personal -fami l i ar-
nacional. Aunque una casa sea
“fruta de pan” o infierno con cara-
melos. Porque todo lo que hemos
creado y destruido tiene su aguje-
ro profundo en nuestras casas.

Conclusión-reflexión en fuego

La casa de fuego o el poder
de representación de la sociedad
nicaragüense, denuncia lo deca-
dente, el patriarcado y el machis-
mo como modelo de dominación
que se gesta y desarrolla desde su
asiento básico, la familia. El gran
personaje: la casa, a la vez metáfo-
ra dominante, cobijo de espectros
y ámbitos. Todo emana de la casa,
donde confluye, diluye o construye
recuerdos. Con la despedida, algún
fantasma queda. Y aunque la so-
ciedad aparente, está fraccionada.
Eso es lo que denota y connota la
poeta Marta Leonor González.
Ella clama y llama por el cambio,
por nuevos signos. Aboga por la
palabra comprometida, porque
sabe que la poesía es revelación,
luz. Condición natural y humana.
En La casa de fuego, como el ele-
mento mismo, persiste una furia
consciente.
El escrito bofo e insípido, lúdico
hasta el empalago, esconde o des-
precia el alma de la palabra. Lo
patético no está en el sufrimiento,
sino en lo recurrente, hasta volver-
se síndrome, terrible agujero con
multiplicación de miedo y vértigo.
La genuina poesía vibra y conmo-
ciona.
En La casa de fuego, Marta Leo-
nor González hace poesía crítica, lo
hueco no es lo suyo. Por eso su
proclama inconforme en mundo
superfluo. Interior y exterior se
comunican y establecen simetría –
¿me permiten agregar la palabra
semántica?–. Para romper el or-
den actual es necesaria la evolu-
ción.
La palabra, más que grafía y
símbolo, es vida, magia, transfor-
mación. Así como el fuego de Pro-
meteo prendió la civilización
humana a pesar de Zeus-Júpiter. Y
el símbolo, más que un simple re-
curso, se torna martillo, rayo, haz
de luz que penetra corazones,
abriendo brecha, porque lo peor
para la poesía es la complacencia y
la adulación a poderosos, produc-
tores de alienación e ignorancia.
¡La poesía no es autista! Su moral
está en la libertad. Se erige guerre-
Carta Literaria 19
Amiga de la docencia
ra ante el sufrimiento. Y su poder
radica en el fuego del espíritu
cósmico.

Managua, febrero 2009.

Notas bibliográficas:

1. Ramos, Helena; Marta Leonor
González: versos de mal decir.
Artículo. Revista 400 Elefantes.
Año 3, No. 9. Octubre 1999. ps.
33-35

2. Ramos, Helena; De por qué se
juntaron el hielo y el fuego. En-
sayo. Revista 400 Elefantes,
Año 6, No. 15, julio-agosto
2003. ps.7

3. Brantome, Carola; Marta Leo-
nor González, es implacable y
fiel a sus circunstancias, Revista
400 Elefantes. Año 5. No. 13.
Marzo 2002. ps. 32 y 33

4. Sobalvarro, Juan; Un vistazo a
las poetas nicaragüenses. Revis-
ta 400 Elefantes, Año 4, No. 10,
julio 2004. ps.9 y 10

5. Roof, María; Nuevos derroteros
en la poesía femenina nicara-
güense. Ensayo. Revista ANIDE.
Año 5, No. 12. Mayo-Agosto
2006. ps 66-73

6. Palacios Vivas, Nydia. La poesía
irreverente de Marta Leonor
González. Artículo. Revista Web
400 Elefantes:
http://ducacion.vivenicaragua.com/400elefantes/

7. Agüero, Arnulfo. En videoarte,
La casa de fuego. Artículo. Re-
vista Web 400 Elefantes:
http://ducacion.vivenicaragua.com/400elefantes/

8. Mariana Pessah, en su artículo
Desconstruyendo las paredes
del patriarcado, argumentó que
el patriarcado es “el más cruel
fundamentalismo y la mayor
fábrica de esclavas-os de todas
las épocas”.

9. Huerta, Juan Ramón. El silencio
del patriarca. 1998. p. 31.

10. Idem. p. 35.
Foro Nicaragüense de Cultura 20
Forjando el desarrollo cultural