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OBJETOS TRANSICIONALES Y OBJETOS AUTISTAS:¿CREASTE TÚ ESO O LO ENCONTRASTE?

Introducción:

María Paulina Hauser 1

Este documento se realizó con el objetivo de facilitar el estudio por parte de

los alumnos en lo referente a las diferencias que presentan los objetos

transicionales, esperables en el desarrollo psíquico temprano, y los objetos

autistas, objetos de la psicopatología.

Resultan importantes estas diferencias para poder detectar precozmente,

en el desarrollo del niño, cuando un uso normal de un objeto puede dar paso a un

uso patológico del mismo, teniendo en cuenta que lo importante no es el objeto en

sí sino el uso que el niño hace del mismo.

Definición de objeto:

La noción de objeto se considera en psicoanálisis bajo tres aspectos

principales, según plantean Laplanche y Pontalis en su “Diccionario de

Psicoanálisis” (1996):

a) Como correlato de la pulsión: es aquello en lo cual y mediante lo cual la

pulsión busca alcanzar su fin, es decir, algún grado de satisfacción. Puede

tratarse de una persona, de un objeto parcial, de un objeto real o un objeto

fantaseado.

b) Como correlato del amor: se trata de la relación de la persona total, o de la

instancia del yo, con un objeto al que se apunta como totalidad.

c) En el sentido tradicional de la filosofía y de la psicología del conocimiento,

como correlato del sujeto que percibe y conoce: es lo que se ofrece con

caracteres fijos y permanentes, reconocibles por la universalidad de los

sujetos, con independencia de los deseos y de las opiniones de los

individuos.

Si bien la palabra objeto en la literatura psicoanalítica aparece en

numerosas expresiones, esta no debe evocar la idea de “cosa”, de objeto

1 Alumna Pasante en Docencia en la Cátedra Psicopatología II (orientación psicoanalítica). Supervisado por las Profesoras responsables: Lic. Teresita Ana Milán y Lic. Laura Amelia Guiñazú. Año 2007.

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inanimado y manipulable, que corrientemente se contrapone a las ideas de ser vivo o de persona.

Objeto transicional:

Es un término introducido por D. W. Winnicott para designar un objeto material que posee un valor electivo para el lactante y el niño pequeño. Winnicott (1958) introduce los términos de “objetos transicionales” y “fenómenos transicionales” para designar la zona intermedia de experiencia, entre el pulgar y el osito, entre el erotismo oral y la verdadera relación de objeto, entre la actividad creadora primaria y la proyección de lo que ya se ha introyectado, entre el desconocimiento primario de la deuda y el reconocimiento de esta. A partir de esto, es que el parloteo del bebé y la forma en que el niño mayor repite una canción mientras se prepara para dormir se ubican en esta zona intermedia, como fenómenos transicionales, junto con el uso de objetos que no forman parte del cuerpo del niño aunque todavía no se los reconozca del todo como pertenecientes a la realidad exterior. Winnicott considera importante estudiar la naturaleza del objeto; la capacidad del niño para reconocer al objeto como un “no- yo”; la ubicación del objeto: adentro, afuera, en el límite; la capacidad del niño para crear, idear, imaginar, producir, originar un objeto; y la iniciación de un tipo afectuoso de relación de objeto. Sin embargo el autor remarca que resulta claro que lo transicional no es el objeto, sino que este representa el pasaje que realiza el niño de un estado en el que se encuentra fusionado a la madre, a otro en el que mantiene con ella una relación como algo exterior y separado. Este autor plantea que entre los cuatro y los doce meses, es común observar que los niños han adquirido ya uno o varios objetos blandos, como puede ser un pedazo de lana, el ángulo de un cubrecama, un osito, o una muñeca de trapo, que chupa, aprieta contra si mismo y que resulta muy importante para el niño e indispensable sobre todo al momento de dormirse. El hecho de recurrir a este tipo de objetos constituye, según el autor, un fenómeno normal que permite al niño realizar la transición entre la primera relación oral con la madre y la “verdadera relación de objeto”.

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Este objeto conserva su valor durante mucho tiempo, para luego ir perdiendo progresivamente su importancia. Sin embargo pueden reaparecer más tarde sobre todo cuando se aproxima una fase de depresión o frente a una amenaza de privación.

El autor plantea que es muy común que el niño se valla a dormir aferrado al

objeto que él denomina transicional, a la vez que se succiona el pulgar o se

acaricia el labio superior o la nariz. El pulgar dentro de la boca y el objeto en la mano simbolizan simultáneamente una parte del self y una del medio. Es importante destacar que no existe una diferencia apreciable entre las niñas y los varones en el uso que hacen de la primera posesión “no-yo”.

A su vez, se puede observar que cuando el niño comienza a utilizar

sonidos, puede aparecer una palabra para nombrar al objeto, generalmente ese nombre que se le da tiene importancia para el niño, y puede contener parte de una palabra empleada por los adultos.

Estos objetos representan objetos parciales, en especial el pecho, y son muy valiosos en tanto es el primer objeto intermedio entre el self y el mundo externo. Representan el pasaje desde lo subjetivo puro hacia la objetividad. Por otra parte resulta importante comparar el concepto de objeto transicional de Winnicott con el de objeto interno de M. Klein.

El objeto transicional no es un objeto interno, es una posesión, pero para el

niño tampoco es un objeto exterior. Solo si el objeto interno está vivo, es real y lo suficientemente bueno, el niño podrá emplear un objeto transicional. Cuando este objeto interno deje de tener significado para el bebé , por las características de insuficiencia del objeto exterior, solo entonces el objeto transicional también se vuelve carente de sentido. Los objetos y fenómenos transicionales pertenecen al reino de la ilusión que constituye la base de la iniciación de la experiencia. Esta aparece gracias a la capacidad de la madre de adaptarse de manera casi exacta a las necesidades del bebé, con lo que permite que este se forje la ilusión de que lo que él cree existe en la realidad.

Si bien Winnicott remarca la normalidad de los fenómenos transicionales, estos se pueden ver afectados por diversas circunstancias y dar lugar a una patología.

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Esto puede ocurrir cuando la madre, o cualquier otra persona de la cual el niño depende, se encuentra ausente por un periodo excesivamente prolongado. Esto puede dar lugar a que se disipe la representación interna de la madre, que es lo que le permite al niño tolerar esa ausencia. Cuando esto ocurre, los fenómenos transicionales pierden poco a poco el sentido y el bebé no puede experimentarlos. Frente a esto el niño puede hacer un empleo exagerado del objeto transicional como un modo de negar el peligro de separación. Esta idea no introduce en el otro concepto que se pretende trabajar aquí: los objetos autistas.

Objeto autista:

El autismo infantil temprano fue descrito por Kanner (1943). Existe una gran variedad de causas, tipos y grados de autismo, siendo el rasgo fundamental de todos ellos la ausencia de una relación primaria básica entre la madre y el bebé.

Tustin (1988) plantea que una forma de autismo psicógeno surge cuando un cierto tipo de bebé es cuidado, en su más temprana infancia, por una madre deprimida. Para estos niños, esta falta de respuesta por parte de la madre es tan traumática que aún cuando ella recupere su alegría de vivir, el niño ya está tan incomunicado y encapsulado en sus prácticas autistas que parece inalcanzable. Han bloqueado su capacidad para el juego y las relaciones. La pérdida de la ilusión de una conexión siempre presente con la madre que los amamanta, les ha significado la detención del desarrollo en la más temprana fase del proceso de duelo. La rabia a causa de la desilusión ha sido insoportable porque no fue suficientemente entendida ni recibida, y por lo tanto parece haber explotado hacia adentro contra el niño. El niño autista se encuentra absorto en sus prácticas, que es lo que la autora describe como objetos y figuras autistas. Este concepto fue propuesto por Tustin (1989) para hacer referencia a un fenómeno que observó en su trabajo con niños autistas. Ella advirtió que estos niños perseveran en el uso de ciertos objetos, peculiares para cada niño

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individual, según modalidades dominadas por la sensación, que impiden su desarrollo mental y emocional. Los denominó objetos autistas. Estos objetos son: o bien partes del propio cuerpo del niño, o partes del mundo externo experimentadas por el niño como si fueran su cuerpo. Los niños que utilizan objetos autistas tales como el caracol, el auto, objetos mecánicos y la mano de otra persona, tienen un mayor sentido de separación física. Estos niños han sufrido una sacudida que ha inducido en ellos un sentido exacerbado de separación física, y actúan sobre una profunda dicotomía entre el “yo” y el “no-yo”. Los objetos autistas permiten mantener a distancia al “no-yo” amenazador, y revisten un carácter anormal y patológico. La seguridad es la función principal de estos objetos autistas duros. Los objetos utilizados de esta manera son derivados de partes del cuerpo del niño que originalmente fueron usados como protectores. Eran cosas como la lengua enrollada, la carne de sus mejillas apelotonada, las heces duras en el ano. Luego son objetos externos experimentados como partes del cuerpo, los que toman el papel de protectores. Son objetos “yo” que lo ayudan al niño a sentir que existe y que su “seguir existiendo” está asegurado. Estos objetos mantienen fuera de la conciencia lo que es sentido como el peligroso “no-yo”, que parece amenazar tanto su existencia como su seguridad. Los objetos autistas duros reemplazan al pecho y bloquean la conciencia de una madre que alimenta. Estos pacientes han suplantado a la madre permanentemente.

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Comparación entre objetos transicionales y objetos autistas:

Luego de realizar una breve síntesis de las características principales de los objetos transicionales y los objetos autistas, podemos realizar una serie de comparaciones entre ambos.

Objetos transicionales (Winnicott)

 

Objetos autistas (Tustin)

 

Primera posesión no- yo del niño. Entraña una mezcla del “yo” y “no-yo”, del cual el niño tiene oscura conciencia. Es un puente hacia el “no-yo”.

Son “posesiones-a-mi”” elementales. No son objetos de sociabilidad, como lo es el objeto transicional. Es una barrera hacia el “no-yo” porque bloquea la aprehensión de una realidad que podría compartir con otros seres humanos.

Objetos transicionales como ositos y trapos consoladores presentan semejanza en el uso de muchos niños.

Los objetos autistas son peculiares para cada niño.

Son representantes del pecho materno.

Reemplazan al pecho. Han suplantado a la madre.

Permiten al niño tolerar la espera, soportar la frustración que le provoca la ausencia de la madre, durante cierto tiempo. Permite al niño esperar hasta que sobrevenga una satisfacción más apropiada y auténtica.

La incapacidad del niño autista para tolerar la pérdida lo llevó al uso obsesivo de objetos que se experimentan como si fueran partes corporales. Aportan una satisfacción casi instantánea y soslayan la demora.

El objeto no debe cambiar a menos que lo cambie el propio bebé.

Hay una promiscuidad de su uso. Los

objetos son usados, desechados reemplazados.

y

El objeto es acunado con afecto, y al mismo tiempo amado y mutilado con excitación. Al bebé le parece que irradia calor, que se mueve o posee cierta textura, o que hace algo que parece demostrar que posee una vitalidad o una realidad propias.

Para

el

niño,

 

un

objeto

autista

es

primariamente

una

sensación.

El

observador

discierne

diferencias

en

objetos

que

para

el

niño

son

todos

idénticos;

este

sólo

los

distingue

por

referencia

a

las

sensaciones

que

le

producen a medida que parecen tocar su cuerpo.

Entre los cuatro y los doce meses, es común observar que los niños han adquirido uno o varios objetos blandos que resultan muy importantes e indispensables para el niño, sobre todo a la hora de dormirse.

La dureza es un rasgo característico. Esto da al niño el sentimiento de que lo mantiene a salvo, ya que siente que su cuerpo inerme es blanco de ataques salvajes y brutales.

Estos objetos son experimentados como sustitutos de las personas añoradas.

Estos objetos son las personas añoradas que le procuran las sensaciones que él desea.

Los objetos transicionales han sido forjados por la experiencia, son creados por el niño.

Los objetos autistas son moldeados dentro de disposiciones innatas, por lo que son más proclives a hacerse añicos.

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A este objeto no se lo olvida ni se lo llora, simplemente pierde gradualmente significación.

La naturaleza y el origen de los objetos autistas nos permite suponer que su persistencia en el tiempo, puede tener que ver con el desarrollo de objetos fetichistas.

Tabla 1: Comparación entre objetos transicionales y objetos autistas.

Conclusiones:

A partir de analizar los conceptos de objeto transicional y objeto autista, podemos hacer mención de la riqueza e importancia que tiene la observación de las primeras experiencias del niño, que se expresan en su relación con los primeros objetos. En estos primeros momentos del desarrollo, la relación con la madre y el amamantamiento enfrenta al niño a todas las situaciones de la vida posterior que va a tener que manejar. El niño experimenta frustración y gratificación, alegría o dolor y rabia. Frente a esto, el niño puede recurrir a objetos que le permitan tolerar la espera, hasta que llegue el momento de la satisfacción verdadera. O bien, puede recurrir a un uso obsesivo de los objetos, como un medio de evadirse del mundo exterior que se le presenta como amenazador y terrorífico. Es por esto que resulta importante analizar las diferencias entre los objetos autistas y los objetos transicionales, ya que esto nos permitirá detectar precozmente cuando un uso normal del objeto, ha dado lugar a un uso patológico del mismo.

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Bibliografía:

Laplanche, J. y Pontalis, J.: Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Paidós. Bs.As. 1996. Tustin, F.: Autismo y Psicosis. Ed. Paidós. Bs.As. 1972. Cap. II, III, IV, VII, XI y X. (Pag. 21-39, 45-60, 61-93,145-170). Tustin, F.: Barreras Autistas en pacientes neuróticos. Ed. Amorrortu. 1989. Cap. 6:

Objetos autistas. Tustin, F.: Psicoterapia en niños que no pueden jugar. Libro Anual de Psicoanálisis. Ed. Psicoanalíticas. Imago. Lima. Perú. 1988. Winnicott, D.: La familia y el desarrollo del individuo. Parte I. Cap. 1 y 2. Ed. Hormé. Bs. As. 1984. Winnicott, D.: Realidad y Juego. Cap. 1. Ed. GEDISA. Barcelona. 1987.

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