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El cuidado de la naturaleza desde Génesis 1:28

El primer libro de la Biblia cristiana, heredada de la Toráh judía, comienza relatando el origen de
de la creación. Teniendo en cuenta las reglas de la interpretación de las Sagradas Escrituras (cf. DEI
VERBUM nº12, Conc. Vaticano II) es posible hacer una aproximación del versículo 28 del primer
capítulo del génesis, a la cuestión de la ecología, y el rol del hombre en la naturaleza.
“Y los bendijo diciéndoles: Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a
los peces del mar, a las aves del cielo ya todos los vivientes que se mueven sobre la tierra.” Es
necesario ir develando el sentido profundo de esta frase, entendiéndola en unidad con toda la
Escritura (ya que no se puede contradecir aquello que fue inspirado por el mismo Espíritu), en el
contexto en el que aparece, y en consonancia con lo que la Iglesia enseña.
Cuando se habla de este “poder” del hombre en la creación (“someter” y “dominar” parecen ser
verbos capaces de herir mucho la susceptibilidad),muchos ambientalistas sostienen, , que los
abusos de la naturaleza, son consecuencia de este texto. Los hombres se habrían tomado muy en
serio la autoridad que Dios les habría dado.
Pero el mismo texto del Génesis, apenas un versículo antes del citado, afirma que Dios creó al
hombre a su imagen y semejanza. Esta “imagen” la ponemos bajo la categoría de representación.
El hombre es un delegado, pero el representante nunca sustituye la realidad representada, está
siempre bajo dependencia y muchas veces es un simple emisor, como la imagen del Presidente y
un embajador, que en todo representa los ideales e intereses de su superior, e intenta hacerlos
propios. Los hombres son, entonces, administradores supuestamente sabios, con la finalidad de
llevar a término la obra creadora de Dios, y deben administrarla como Dios quiere.
San Pablo en su epístola a los romanos (Rom. 8:18-25), hace notar que la creación (la naturaleza)
no tiene el orden que le corresponde. Y esto no es a causa justamente del señorío bien ejercido
del hombre, todo lo contrario, si el hombre daña la naturaleza es a causa de su pecado, y
claramente, ni el pecado ni el fruto del pecado son queridos por Dios. También la creación, como
el hombre, espera la recreación, el tiempo de la “tierra y el cielo nuevos”.
El Génesis posee dos relatos de la creación: el primero, en el que se enmarca el versículo en
cuestión, pretende dejar un mensaje teológico, Dios es creador de todas las cosas, y nada escapa a
su providencia. En el segundo relato, desde el versículo 4b, el texto se centra mucho más en el
hombre, y aquí también se sugiere su función frente al resto de las criaturas. El hombre es el
centro de la creación, y frente a él pasan todos los animales (v.19) para que les dé un nombre.
Darle nombres resalta la posesión, además de la comunión (como en la revelación del nombre de
Dios), pero además marca un conocimiento profundo por parte del hombre. Para poder darles el
nombre apropiado, y discernir cuál le será de ayuda adecuada, el hombre entrará en íntimo
conocimiento de cada criatura. En sentido semítico, conocer también involucra amar, no es una
simple imagen en el intelecto, quien conoce aprecia, busca se preocupa, y ama. Este sentido se
realza en el nuevo testamento, el buen pastor “conoce y ama a sus ovejas”, describiendo ni más ni
menos que la relación del Señor para con los hombres.
Finalmente, someter y dominar la creación, no responden a la idea de la despótica acción del
hombre, que contamina con sus desechos, derriba los bosques, y hace uso indiscriminado de
recursos naturales. Más bien, sugiere que deben usar su razón, para velar por la obra creada,
considerada por Dios como muy buena (Gn. 1:31) y que toda ella alaba sus maravillas (cf. Dn.
3:57 ss.).

BONORA, Antonio, “Temi biblici per il nostro tempo”, ed. Cittadella, Asís, 1993, cap. 6, pgs. 37-
42.
MESSORI, Vittorio, “Los desafíos del católico”, ed. Planeta, España, 1997.