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Universidad Pedagógica Nacional.

Maestría en Estudios Sociales.
Seminario Metodológico de Énfasis.
Profesor: Pablo Nieto.
Angélica María Quiñones Q.



Reseña La Prosa de la Contrainsurgencia.
Ranajit Guha.


El autor inicia mostrando un panorama de lo que significo en la época del Raj (dominio
británico sobre una gran parte de la India), las rebeliones campesinas que de alguna
manera trazaban un discurso subalterno que se caracterizó por mostrar formas de lucha
que se desprendían de los rasgos dominantes impuestos a través de las relaciones que
marcaban las maneras de actuar de los sujetos. Así estas expresiones rebeldes por parte
de los campesinos no estaban dentro de los comportamientos establecidos en la
institucionalidad, inscritas en la ley.

Rebelarse significaba destruir muchos de estos signos familiares que
este campesino había aprendido a leer y manipular para extraerle
un significado al duro mundo que lo rodeaba y poder aceptarlo. Bajo
estas condiciones, el riesgo que se corría al turn thing supside
down2 realmente era tan grande que el campesino difícilmente
emprendería semejante proyecto impensadamente.
1



En este sentido una de los hechos importantes son las formas en las cuales aparecen
estos acontecimientos en la historias y surge entonces la pregunta por ¿Quién cuenta la
historia? ¿Y cómo se construyen los discursos de la historiografía? El autor plantea tres
ejes de análisis del discurso historiográfico, las fuentes primarias, los secundarios, y el
terciario.
Una de las características del discurso primario es la forma en la que configura, las
relaciones de los sujetos donde se manifiesta la lucha campesina como algo no
premeditado, que surge de la nada y que debe narrarse a partir de las reacciones más de
los colonizadores que de los mismos campesinos, la realidad era bastante distinta a las
elaboraciones historiográficas del discurso primario pues a estas antecedieron
movilizaciones que fueron construyendo las rebeliones de la masas pues fue un
movimiento que el autor denomina como las masas rurales.

1
GUHA. Ranajit (2002). La prosa de la contrainsurgencia. En Las voces de la historia y otros
estudios subalternos. ED. Crítica. Barcelona. pag, 46.
La historiografía se ha contentado con tratar al campesino rebelde sólo como una persona
o miembro empírico de una clase, pero no como una entidad cuya voluntad y razón
configuraron la praxis llamada rebelión.
2


Las fuentes que dotan a este discurso de un grado de inmediatez y que muestran una
aferrada forma de neutralidad inscrita en segmentos que se analizan en dos textos que se
dieron en dos hechos importantes: el levantamiento de Basarat de 1831 y el otro con la
rebelión santal de 1855 textos escritos y que describen las maneras de narra y construir el
discurso histórico que representa a los sujetos y que se dan a partir de códigos lingüísticos
que configuran el poder y trazan una secuencialidad lineal en la historia.

En este sentido aparece el discurso secundario como la transformación de estas formas
institucionalizadas del discurso primario, que se inscriben en la oficialidad, en este caso el
discurso secundario esta distante en tiempo y espacio y logra transformar la realidad de
los hechos en una figura lingüística que se denomina metanimia, esto no solo transforma
ese sentido, sino que consigue la contigüidad y proporciona lo metafórico asignando
características que designan la historia. Este tipo de discurso va dirigido a lectores y
administradores que trataban los temas de manera indirecta sin relacionarse con los
hechos pero construyéndolo a partir de lógicas de poder donde prima el dominio en
función del ritmo temporo- espacial de la historia.

En este sentido el discurso primario y el secundario configuran el tercer discurso que es el
terciario que es distantes de los dos anteriores con relación al tiempo y que aunque
existan cercanías con las formas de gobierno del Raj, se muestra una supuesta objetividad,
y neutralidad narrada en perspectiva de la tercera persona que dota este discurso de un
forma representada del campesino a partir de códigos que contrainsurgencia, que ponen
un carácter negativo a los sujetos rebeldes, entrando en un binarismo histórico donde
quien narra y lo que narra está marcado por el colonialismo.

El autor ejemplifica estas maneras de narrar en los textos de Hunter y Ray quienes hacen
uso de formas causales históricas para describir los sucesos de las rebeliones campesinas,
quitándole la posibilidad de conciencia colectiva, y escondiendo la importancia que tienen
estas luchas para la insurgencia y para la historia.

De manera muy similar, la historiografía radical tampoco ha logrado
captar la especificidad de la conciencia rebelde. Esto se debe a que la
encajaron en cierto concepto, según el cual las revueltas campesinas son
una sucesión de acontecimientos ordenados según una línea de
descendencia directa — como una herencia, como se le llama con
frecuencia— en la que todos los constituyentes tienen el mismo pedigrí y
repiten entre sí en su compromiso los más elevados ideales de libertad,
igualdad y fraternidad.
3


2
Ibid. Pág. 7.
3
Ibíd. Pág. 45
Por último es clave decir que el texto más que ser una crítica al sesgo histórico es un
análisis, tanto lingüístico de las maneras en cómo se construye la historiografía y como
muestra hechos de la subalternidad aun en el lenguaje del poder dominante, así esta
lectura de lo histórico presenta no solo la construcción de un campesino incapaz de
realizar hechos en contra de las formas de gobierno y presentan una importante
pasividad que se dio en la causalidad y linealidad que configuraron las maneras de ver la
insurgencia y las movilizaciones de las masas que se dan en una conciencia invisibilizada
en estas maneras de narrar lo histórico.